Discurso inaugural que pronunció en el Ateneo Español D. José Joaquín de Mora, uno de sus socios, al abrir un curso de derecho natural el dia 7 de Marzo de 1821
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/ DISCURSO INAUGURAL QÜ 8PROHtJVClÓ # EN EL ATENEO ESPAÑOL D. JOSE JOAQUIN DE MORA, OVO DI SOS SOCIO! , AL ABRIR UN CURSO DE DERECHO NATURAL II PIA 7DI MARZO P* l8al. MADRID : Imprenta del Cbvsor, Carrera deS. Francisco. 1821.
8 de nuestra existencia civil vmoral. Alguna luzh* de disipar las tinieblas de tan intrincado laberinto :esta luz es el saber ,desdeñado en vano por la ignorancia presuntuosa, pero indispensable para aqnelloS que buscan de buena fe el orden ,la paz rla ventura. F,1 fruto mas precioso de la civilización ,el producto mas útil de la filosofía es esta ciencia incomparable ron cuyo auxilio sabemos lo que somos, yporqué lo somos ;lo que alcanzamos ylo que sentimos ; los limites de nuestras fuerzas ,el uso de nuestras prerogativas ,las cláusulas del pacto que nos liga con nuestros sem^antes, yla amplitud de la esfera en que es lícito movemos. Prendados los bombees de este estudio ,siempre que han egereido su razón han aplicado áél todo su conato, con un celo que ha sido casi generalmente mas loable que feliz. I.os antiguos cuyas ideas religiosas, por ahsmdas que fuesen, no llegaron jamas áinvadir el dominio del pensamiento, nacidos bajo el régimen libre de las repúblicas ,ylibres de muchas trabas que los progresos de la cultura han puesto al egercicio de la razón ,consideraban el estudio del derecho natural ,como el mas importante de cuantos se podían emprender. En cultivarlo ,decia Cicerón ,está cifrado todo el’ mérito de nuestra vida ,ysu descuido es una mengua ignominiosa. Pero las sutilezas filosóficas vinieron muy en breve ádegradar sü noble sencillez ,sobrecargando sns principios •ydocumentos Con clasificaciones inútiles ydistinciones imaginarias. Era necesario escribir según la
9 línea trazada va por nn gefe de secta: et académico no entendía la naturaleza de nuestras obligaciones como el estoico. Carneados no pensaba como Cratipo acerca de las mas sencillas nociones de nuestra existencia moral. F.l mismo Cicerón que aspiró álibertarse de este yugo yápensar por si, consultando la razón primitiva ,no pudo deshacerse completamente de los hábitos filosóficos que había adquirido en su juventud. Sin embargo se acerró cnanto pudo al verdadero origen de todo raciocinio en las ciencias políticas ymorales. Tomó al hombre en su desnuda existencia por objeto de un sabio análisis, ydespnes de haber trazado una ligera comparación entre las dos naturalezas animal yrarional, establece las prerogativas de la última en estas hermosa» palabras: «El hombre ,dotado de razón ,con la cual penetra las consecuencias de las cosas, ve sus causas ysus progreso* ,adivina su origen, compara sus semejanzas, ynne las presentes con las futuras ,conoce de antruqino el curso de su vida yprepara cuanto para ella es necesario. Htírno autern quod rationts est particeps ,per ijuam eonsequentta rrrtitf, causas rerum videt ,earumque progresáis el quasi antecesiones nen ignorat ,similitudines comparat,et rebus preesentibus atljungit ñique annectitfuturas-, facilr totius vitas eursuni eider, ad eamque degendetm ,prceparat res nes esturias. Este era el verdadero camino de acert arse ála verdad :asi es -que si en ol magnífico tratado de oficiis l'altí el complemento de aquella /
10 profundidad filosófica que solo pudo ser efecto del adelanto simultáneo de todos los conocimientos humanos, las definiciones sin embargo son en estremo claras yprecisas ,el método sencillo yanalítico ,los documentos sanos Vperfectos. Cicerón será áveces nuestra guia, cuando en el «amen de las relaciones sociales busquemos la razón en que se fundan. En los siglos posteriores ycuando la restauración de las letras hizo despertar al entendimiento humano del letargo en que vacia, como la jurisprudencia fue una de las ciencias que mas llamaron la atención, ycomo los libros de los antiguos sobre leyes acudian con frecuencia al derecho natural, como último fallo en las cuestiones complicadas, los hombres se aplicaron ásu estudio ,luchando con los infinitos obstáculos que le oponian las preocupaciones de los tiempos yel régimen político bajo el cual vivian todos los pueblos de Europa. En efecto ,era difícil descifrar las cláusulas del pacto primitivo ,cuando no se reconocía ma» ley que la espada ;era inútil hablar de la igualdad de derechos cuando el feudalismo había alzado las mas odiosas barreras entre el hombre yel hombre :era en fin peligroso descender ála profundidad del corazón, sin mas guia que la razón humana, cuando ardía» las hogueras de la inquisición ycuando las guerras religiosas destruían las nacioues que son hoy modelos de civilización yde tolerancia, brillaban de cuando en cuando algunas verdades de aquellas que revelan al hom-
bre su dignidad ;ylos teólogos mismos osaron indicar la soberanía del pueblo como origen de todos los poderes, pero esto no constituía un cuerpo de doctrina ,ni un sistema seguido yprofesado. Grocio, Heinecio, Puffendorf ,escribieron en tiempos posteriores yno alzaron sino una parte del velo que ocultaba la verdad. Después apareció esta en todo su esplendor álos ojos de los hombres. El filósofo de Ginebra fijó las causas de la desigualdad ylas condiciones del contrato en que se funda el edificio social ;Volney inspirado por las ruinas de un imperio poderoso ,revistió con los colores de una fantasía poética aquellas verdades esenciales ;Montesquicu les dió todo el peso de una dialéctica irresistible; la escuela de Escoria las unió ron el conocimiento metafisico del hombre ,considerándolas romo emanaciones precisas de sus facultades ;el mismo Montesquicu, Beraria, F¡- langieri, Servan, Brissot yotros muchos, las aplicaron al examen de las leyes positivas, y Bentham desbaratando cuanto habían hecho sus predecesores ,sacó de principios mas nuevos ymas positivos ,consecuencias mas fecundas ,aplicaciones mas vastas yresultados mas útiles. Entre las dos épocas que acabamos de distinguir, floreció el autor que me propongo seguir en este curso :el sajón Burlamachi ,dotado de un discernimiento clarísimo, de una vasta erudición yde una afición decidida ála jurisprudencia ,consagró toda su vida á
13 despojar esta ciencia de los errores que la afeaban. Sus elementos del derecho natural no son una obra completa ,capaz de llenar enteramente las atenciones de un curso; pero su método analítico ,sus clasificaciones acertadas ,la claridad de sus principios ,le recomiendan altamente como un conductor seguro en el vasto laberinto de especies que van áreclamar nuestra atención. Ninguno en mi sentir ha ligado con mas tino que este escritor las relaciones morales con las políticas; ninguno ha pasado por transiciones mas insensibles del hombre aislado al hombre social; ninguno ha manifestado de un modo tan claro la intima relación que existe entre el hombre yel ciudadano. Por esto le be elegido para que sirva de testo ánuestras meditaciones, reseñándome el derecho de separarme áveces de sus consecuencias ,de ampliar sus principios yde aplicarlos álas instituciones politieas qtie nos rigen, ycuyo estudio debe sernos tan precioso como necesario. Porque no me ha parecido conveniente limitarme ála desnudez clásica con que este yotros muchos escritores han tratado las doctrinas de la legislación natural. Juzgo que la 'ciencia que vamos áestudiar yla moral filosofa tienen entre sí la mas íntima ronexion; pero esta dirige al hombre en el recinto de sus relaciones domésticas, ósi le sata de ellas es para trazarle una corta serie de deberes pasivos ;pero el derecho natural no considera las relaciones privadas ,sino como rudimentos
1 i3 de las obligaciones públicas, ypara ello aplica sus atentas miradas álos principios fundamentales de la sociedad, del gobierno, de la legislación. Miembros de un pueblo libre ,regidos por uu Código político en que están consignados los dogmas mas filosóficos, nosotros debemos aspirar ápenetramos de su espíritu yáconocer los limites hasta donde nos pueden llevar sus aplicaciones. No creamos que las Constituciones se observan ,como se obedecen los mandatos de un monarca absoluto: para esto no se necesita mas que el ciego instinto de la esclavitud; para aquello es indispensable el libre uso de la razón, yeste uso es tanto mas libre cuanto es mas ilustrado. Un simple ciudadano es un ser infinitamente mas noble ymas digno que el vasallo inas eminente. Para egerCcr cualquiera de las funciones que puede confiarle la Patria, es menester algo mas que la egecucion rutinera de las obligaciones sabidas: el depósito que se le confia no es un peso inútil: es áveces la balanza de la justicia ,el cuidado del reposo público, la representación de los inas sagrados derechos ;en fin la salvación entera de la gran familia áque pertenece. Para llenar fines tan elevados, apliquémosnos áconocer la diguidad yel curso de nuestros destinos, yexaminemos los diferentes medio» con que pueden egercerse las facultades que hemos recibido de la naturaleza yde la sociedad. Pero apartémonos eu tan importante estudio l
de todo espíritu de secta yde sistema; rompamos sobre todo cuantos obstáculos hallemos entre nosotros yla verdad. 3Vo procedamos en el examen de verdades prácticas con una fé ciega en los que nos han precedido: analizemos las ideas que se noS presenten :confrontémoslas antes de establecerlas como bases de ulteriores raciocinios, yya que el hombre ha de ser en último resultado el principio yel fin de nuestras investigaciones, tengamos presente que este ser indefinible es un compuesto admirable de órganos yde facultades, de sensaciones yde ideas ,de necesidades yde prerogativas ;ypor consiguiente que el conocimiento fisiológico de su organización es un auxiliar poderoso para penetrar en los abismos de su existencia mental. Partiendo de estos principios ytrasladando la misma regla del hombre ála sociedad, considerémosla como una máquina inmensa, cuyos diversos resortes se mueven por el misino impulso vceden ¿los mismos choques. Descompongamos este todo complicadísimo, y hallaremos por elementos constitutivos de la masa ,los deseos ,los intereses ,las pasiones de los individuos :admiremos la armonía que resulta del concurso de tantas acciones yde la lucha de tantos intereses ;pero tengamos presente que esta armonía vá áconvertirse en un caos, en el momento en que cada cual desconozca sus atribuciones ysu» deberes :nuevo ypoderoso motivo de empeñarnos en su estudio.
5i Fijemos como piedra fandamental de esta difícil enseñanza que toda nación se compone físicamente de hombres ,los cuales no solamente dependen del derecho natural primitivo ,sino que están ademas sujetos áuna autoridad soberana; pero la cualidad de ciudadanos no les borra la esencia de hombres; asi ,pues ,nada disipa ni puede disipar en ellos el carácter originario de elevación ydignidad. Si nuestra ventura particular es el objeto de nuestra conducta, la ventura social es el objeto del legislador ,la utilidad general deberá ser el fundamento de toda ley. Con este instrumento en la mano desaparecerá á nuestra vista esa especie de fanatismo político ,que considerando álos hombres como otras tantas teorías ,convierte las leyes en especulaciones abstractas, yadmite como principios demostrados lo que se funda en una creencia ciega, tan necesaria en las materias de fé ,como perjudicial en la ciencia del derecho. Conocer ei bien de todos ;esto es lo que constituye la ciencia de la ley :hallar los medios de realizarlo ,tal es el arte de la legislación. La naturaleza ha colocado al hombre bajo el imperio del placer ydel dolor. Aellos debemos todas nuestras ideas ,áellos referimos todos los juieios, todas tas determinaciones de nuestra vida. £1 que pretende sustraerse ásu imperio yrecurrir álas quimera» de un soñado equilibrio, es ua temerario óun faná-
ifi tico. Cuando buscamos lo que no» contiene, cuando huimos de lo tjue nos daña ,cuando satisfacemos las necesidades del coraron: mas es, cuando nos sometemos resignada, pero voluntariamente ñlos mas penosos sacrificios, entonces redemos áuno de aquellos dos agentes imperiosos. En vano queremos sustraernos ásu influjo :él ocupa toda nuestra existencia ,yamolda .digámoslo asi ,nuestra vida. Sometidos ,pues ,átan innegable necesidad, apliquémonos áconocer estos dos grandes motores de todo cnanto hacemos ypensamos ;y si en las doctrinas qne van docupamos en este curso no los perdemos de vista ,hallaremos un campo inmenso de descubrimientos yun germen inagotable de aplicaciones. Rentham, áquifn citaré con frecuencia como mi qumdo maestro, yel escritor roas nuevo yoriginal de cuantos han tratado materias legislativas ,funda en aquellos dos cimientos todo el edificio de las leyes positivas; pero nosotros discurriremos el camino que él no ha tenido por conveniente tra/.ar ,yhallaremos que en las leyes naturales que preceden álas positivas ,como la oaturalrxa precede al arte ,el placer yel dolor son las autoridades mas *eguras ,ylas barreras roas indestructible». De aquí resultaran doctrina» que parecerán meras paradojas ;porque nos liemos t~ durado aplicando átoda esjiecie de conocimiento la abnegación yel estoicismo de la doctrina evangélica :teoria sublime ála verdad ,divina como su autor ,ytau superior
17 ála filosofía humana, como el cielo ¿la tierra. Pero la religión tiene su templo en el corazón ysu esfera en nuestros sentimientos íntimos. Al salir de este círculo se necesita, por desgracia de la humanidad, el peso de lo que es positivo ,real ,sensible yaun exactivo y violento. Por esto la fuerza de la sociedad entera se desploma, digámoslo asi, contra el individuo que la ultraja ;por esto hay gobierno ypolicía ,ypoderes ycastigos ;ytodos estos elementos yprobabilidades unidos con los que emanan de nuestras sensaciones, deben entrar como partes integrantes en la ciencia á que vamos áaplicarnos. Resueltos ádescomponer ,digámoslo así, las ideas antes de darles valor ,renunciemos igualmente al uso de esas palabras vagas é indefinidas, que han pasado de las escuelas á los Códigos, yque han abierto el santuario de la justicia ála arbitrariedad yála interpretación. La persuasión intima ,la conciencia, el honor ,la simpatía ,el tacto moral ,todos estos principios equívocos ,que cada cual aplica á su modo yque tantas veces han sancionado los mas espantosos descarries, deben proscribirse de la legislación filosófica. Esta no quiere enigma ni entusiasmo, ni inspiración, sino datos seguros ydatos invariables. Para celebrar un pacto, es forzoso conocer los derechos de los contrayente» yel valor de sus respectivas condiciones :para egecutarlo, es indispensable atenerse alo escrito. Ahora bien :cuando se trate de obedecer los