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Sor María de Jesús (1602-1665). La historia de una monja entre Ágreda y Nueva España

Pérez Berardo, María Luisa

Abstract

En este artículo se estudia cómo Sor María de Jesús mostró una particular vivencia sobrenatural: la bilocación en Nueva España sin salir de su convento de Ágreda. De una manera más particular, exploramos cómo mediante estos trayectos, sor María mostró un papel activo en la evangelización del Nuevo Mundo, a pesar de su estado de clausura. Finalmente, se analiza cómo su figura fue clave ya que son muchas las crónicas históricas que documentan su presencia física en estos territorios.

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145 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL2025.i28.12 María Luisa Pérez Berardo University of Dallas SOR MARÍA DE JESÚS (1602-1665). LA HISTORIA DE UNA MONJA ENTRE ÁGREDA Y NUEVA ESPAÑA SISTER MARÍA DE JESÚS (1602-1665): THE STORY OF A NUN BETWEEN ÁGREDA AND NEW SPAIN Resumen: En este artículo se estudia cómo Sor María de Jesús mostró una particular vivencia sobrenatural: la bilocación en Nueva España sin salir de su convento de Ágreda. De una manera más particular, exploramos cómo mediante estos trayectos, sor María mostró un papel activo en la evangelización del Nuevo Mundo, a pesar de su estado de clausura. Finalmente, se analiza cómo su figura fue clave ya que son muchas las crónicas históricas que documentan su presencia física en estos territorios. Palabras clave: Sor María de Jesús, bilocación, protoevangelizadora, Nueva España. Abstract: In this article, we study how Sister María de Jesús exhibited a supernatural experience: the phenomenon of bilocation in New Spain without leaving her convent in Ágreda. We explore how Sister María played an active role in the evangelization of the New World despite her cloistered state. Furthermore, we will show how her figure was pivotal in the evangelization, as many sources document her physical presence in these territories. Keywords: Sister María de Jesús, bilocation, proto evangelist, New Spain. 146 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, enero 2025 ISSN: 1885-3625 Sor María de Jesús (1602-1665). La historia de una monja entre Ágreda y Nueva España DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2025.i28.12 1. Introducción Sor María de Jesús (1602-1665), también conocida como María de Ágreda, es una de las mujeres más sobresalientes de la España del siglo XVII. La monja castellana destaca como teóloga, escritora, mística, evangelizadora de Nueva España y consejera del rey Felipe IV. Esta religiosa concepcionista desarrolló toda su actividad dentro de la villa de Ágreda, sin embargo, no le impidió convertirse en una de las mujeres más influyentes y relevantes del Siglo de Oro español. Aunque durante muchos años la obra y vida de María de Ágreda permaneció en el olvido, desde finales de siglo XIX, gracias a la publicación Vida de la Virgen María de la venerable Sor María de Jesús de Ágreda (1899) de la escritora Emilia Pardo Bazán y Cartas de sor María de Ágreda y Felipe IV (1885) de Francisco Silvela, se ha reavivado el estudio en torno a esta mística castellana. A comienzos del siglo XX, Eduardo Arroyo inició la edición de los escritos de sor María, en un intento de publicar de nuevo las obras más importantes de esta mística castellana. En los últimos años, los trabajos de Beatriz Ferrús Antón (2008), Marilyn Fedewa (2009), Ana Morte Acín (2010), Consolación Baranda Leturio (2013) y Anna Nogar (2018) han abierto de nuevo un interés por el legado de esta religiosa y se ha vuelto a valorar la figura de esta mujer tan polifacética. En este artículo, trazaremos unas breves pinceladas sobre su vida y obra y procuraremos entender algunas de las incógnitas que la definieron a partir de sus palabras y escritos, sobre todo, el misterioso caso de la bilocación. Para ello, mostraremos diferentes textos coloniales del siglo XVII que revelan cómo sor María se trasladaba a Texas, Nuevo México y Sonora, sin abandonar su convento de Ágreda. Por ello, la monja castellana se convirtió en una de las figuras claves de la colonización y cristianización de Nueva España, dejando un legado duradero en estas primeras comunidades y misiones franciscanas. 2. Biografía de sor María de Jesús Los rasgos principales de la vida de sor María de Jesús aparecen descritos en la biografía que recogió y publicó el famoso hagiógrafo de la segunda mitad del siglo XVII, Josef Jiménez Samaniego (1621-1692). Partiendo de sus propios escritos, de los testimonios narrados por las personas más cercanas a su entorno, y de las narraciones hechas por los historiadores de su época, se pueden reconstruir críticamente su vida y su obra. No se trata, por tanto, de datos biográficos que plasman del todo hechos 147 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, enero 2025 ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL2025.i28.12 María Luisa Pérez Bernardo reales, sino de tratados espirituales redactados por un esquema similar –todos indican las cualidades extraordinarias y virtudes de la monja–. María Coronel y Arana nació en Ágreda el 2 de abril de 1602 en el seno de una familia hidalga y de ascendencia judía. Desde pequeña, mostró cualidades extraordinarias para el estudio: literatura, teología, arte e incluso música. Leyó con avidez tanto los clásicos, como las obras religiosas más importantes de su época1. Aunque en 1559, Fernando de Valdés, el Inquisidor General, publicó el Index, parece ser que Coronel y Arana pudo tener acceso a muchos libros que habían sido aprobados por la Iglesia. Por lo que se deduce de la biblioteca del convento, la joven estaba familiarizada con Subida del Monte Sión de Bernardino de Laredo, Tercer abecedario espiritual de Francisco de Osuna, Via spiritus de Bernabé de Palma y Flos Sanctorum de Jacobo de Vorágine. También parece que leyó las obras de santa Teresa –Camino de perfección y Castillo interior– que habían sido publicadas por fray Luis de León en 1588. Una formación que seguiría ampliando con las conversaciones y correspondencia que mantenía con las figuras más importantes de su época: los Borja, Juan Chumacero, Francisco Chiriboga, Mariana de Austria y el mismo rey, Felipe IV. Desde la adolescencia, Coronel sintió una inclinación a la vida religiosa, e incluso quiso ingresar en el convento de las Carmelitas Descalzas de Tarazona. Ahora bien, en 1615, su madre, Catalina de Arana, tuvo una revelación, según la cual, debía transformar su casa en convento, mientras que su marido e hijos –Francisco y José– entrarían en la Orden Franciscana. Catalina quiso que el monasterio perteneciera a la Orden Concepcionista que originariamente había sido fundada en Toledo por Beatriz de Silva y Meneses (1424-1492). La regla concepcionista, con una clausura estricta, constituía el modelo acabado de comunidad monástica femenina promovida por el cardenal Cisneros, y cuya aprobación como orden religiosa, dentro de la familia mendicante, fue constatada por Julio II en 1511. La vida de sor María de Jesús en el convento de la Concepción, aunque muy fervorosa y edificante desde el comienzo, sufrió algunos altibajos, debido principalmente a sus muchas enfermedades, a la falta de comprensión por algunos de sus confesores, y también a las críticas y murmuraciones por parte de algunas de sus hermanas religiosas. También hay que destacar que desde el inicio de su vocación, la monja concepcionista tuvo arrobos, levitaciones, éxtasis, revelaciones místicas y toda una serie de fenómenos espirituales. Además, sor María de Jesús experimentó otro suceso extraordinario: el fenómeno de la bilocación en tierras de lo que hoy en día se conoce como Nuevo México y Texas, y que en aquella época pertenecía a Nueva España. 1 Según Luis Gómez Canseco: “Los libros devotos, las vidas de los santos, las horas y los tratados de enseñanza morales fueron las lecturas que más ávidamente gastaron los lectores contrarreformistas, nobles o villanos, y los libros que más repetidamente se imprimieron” (2004: 323). 148 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, enero 2025 ISSN: 1885-3625 Sor María de Jesús (1602-1665). La historia de una monja entre Ágreda y Nueva España DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2025.i28.12 Ahora bien, a causa de estos fenómenos místicos y bilocaciones, la Inquisición intervino: se abrió una investigación en 1635 para analizar las pruebas y testimonios presentados2. Efectivamente, el Tribunal del Santo Oficio actuó contra la histeria religiosa que rebasaba los límites considerados razonables, las falsas beatas, los engaños místicos, la brujería o las prácticas mágicas. En este sentido, la Iglesia estaba preocupada por aquellos herejes, “alumbrados”, que trataban de infiltrar prácticas luteranas y protestantes: “Se trataba de una mística que aspiraba a la completa unión con Dios por medio de la iluminación interior y la oración mental. En contra de la doctrina de la Iglesia, propugnaron el abandono de las obras externas y de los sacramentos y cuestionaron la jerarquía eclesiástica” (Gómez Canseco, 2004: 366). Parece ser que la investigación se inició porque sor María de Jesús era objeto de críticas malévolas y corría el rumor de que era favorecida con visiones y revelaciones extraordinarias. El proceso se llevó a cabo en la Audiencia de Logroño y tomaron declaración varios testigos: Francisco González de Álvaro, Vitores Díaz, fray Juan de Santa María y fray Sebastián Marcilla. El interrogatorio versó sobre las cuestiones relacionadas con los arrobos, la circulación de cuentas y cruces, unas letanías que había escrito y sobre la bilocación. La monja concepcionista habló de sus visiones en el Nuevo Mundo; identificó lugares concretos de la geografía, incluso describió datos específicos del clima, la flora y la fauna de estos territorios. También afirmó que asistió al franciscano Cristóbal Quirós en la administración del bautismo y detalló información precisa sobre el religioso3. Aunque en este año, la Inquisición dio por cerrado el caso, en 1650 se volvió a abrir la investigación, aunque de nuevo los encargados del Santo Oficio certificaron que la doctrina y vida de sor María se ajustaban perfectamente a la ortodoxia católica y avalaron la legitimidad de sus visiones. Además, sor María de Jesús no fue la única religiosa que supuestamente viajó a América a evangelizar a los indios. Según Ana Morte Acín: En la documentación inquisitorial referente a sor María, se cita el proceso abierto contra fray Francisco de la Fuente, condenado a salir en el auto de fe de 1632, en el que el religioso, además de afirmar que él era transportado a las Indias a predicar, señala que lo hacía de la misma manera que sor María de Ágreda. Fray Francisco añade que sabe por un cuaderno manuscrito de la agredana, que esta había viajado a las Indias muchas veces y que lo hacía acompañada de santa Inés. 2 Como ha documentado Marilyn Fedewa: “In 1635 the Holy Office in Madrid opened an inquiry about Sor María’s bilocation accounts, relegated to a category the Inquisition labeled as to maravilloso, or “sensational marvels” potentially attributed to witchcraft” (2009: 88). 3 De acuerdo con García Royo: “Asimismo asistió al padre fray Cristóbal Quirós a unos bautismos, dando las señas verdaderas de su persona y rostro, hasta decir que aunque era viejo no se le echaban de ver las canas, que era carilargo y colorado de rostro, y que una vez, estando el padre bautizando en su iglesia, iban entrando muchos indios, y se iban amontonando a la puerta, y que ella por sus mismas manos los estaba empujando y acomodando en sus lugares para que no le estorbasen” (1951: 261). 149 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, enero 2025 ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL2025.i28.12 María Luisa Pérez Bernardo Así, pues, vemos cómo la orden franciscana tenía efectivamente mucho interés en dar publicidad a su misión en América (2010: 186). En cuanto a los rasgos de su carácter, parece ser Sor María de Jesús tenía unas cualidades específicas muy atractivas y una personalidad muy carismática. A los veinticinco años fue elegida priora del convento, para lo cual, tuvo que recibir una dispensación papal, al no tener la edad suficiente para ejercer el cargo4. La monja desempeñó esta posición hasta el final de su vida, excepto durante tres años (16521655), cuando disfrutó de un periodo sabático para dedicarse a la redacción de Mística Ciudad de Dios. Además poseía muchos talentos, como el administrativo y el financiero, al poder reconstruir el monasterio y dotarlo de todo tipo de necesidades apropiadas para las religiosas. El 24 de mayo de 1665, sor María de Jesús, después de recibir los últimos sacramentos, falleció en el monasterio concepcionista, rodeada de todas las monjas de la comunidad. Fue asistida en los últimos momentos por el provincial Samaniego y por el mismo general de la Orden franciscana, el padre Salizanes, que de camino a Santo Domingo de la Calzada se desvió a Ágreda y así pudo estar presente en el funeral. Tras su fallecimiento, muchos fueron los que abogaron por su rápida beatificación y canonización, pero desgraciadamente, su obra Mística Ciudad de Dios impidió dichos procesos. Hasta la fecha, sor María de Jesús de Ágreda no ha sido beatificada formalmente, pero sigue siendo venerada como una figura santa y mística dentro de la Iglesia Católica. Lo cierto es que la religiosa ha dejado un legado significativo a través de sus muchos escritos, su correspondencia con el monarca Felipe IV, su ejemplo de vida religiosa y sus múltiples apariciones en el Nuevo Mundo. 3. El fenómeno de la bilocación Como previamente hemos indicado, junto a los arrobos, visiones místicas y levitaciones, sor María experimentó otro suceso extraordinario: el fenómeno de la bilocación en tierras de lo que hoy en día se conoce como Nuevo México y Texas, y que en aquella época pertenecía al norte de Nueva España. El interés de María Arana 4 Sor María de Jesús, en su autobiografía, al inicio de Mística Ciudad de Dios comenta: “El año octavo de la fundación del convento, a los veinticinco de mi edad, me dio la obediencia el oficio que hoy indignamente tengo de prelada del; hallándome turbada y afligida con gran tristeza cobardía, porque mi edad y deseo no me enseñaba a gobernar ni mandar, sino a obedecer y ser gobernada, y el saber que para darme el oficio se había pedido dispensación, y otras justas razones, aumentaban mis temores con que el Altísimo ha tenido toda la vida crucificado mi corazón, con un pavor continuo que no puedo explicar, de si mi camino es seguro, si perderé o tendré su amistad y gracia” (1860: 347). 150 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, enero 2025 ISSN: 1885-3625 Sor María de Jesús (1602-1665). La historia de una monja entre Ágreda y Nueva España DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2025.i28.12 por el continente americano comenzó en 1609, cuando la pequeña contaba con siete años, y se representó en la villa de Ágreda la obra de Lope de Vega El Nuevo Mundo descubierto por Cristóbal Colón (1599). La niña se conmovió al conocer el famoso drama histórico, donde se exponía la cuestión de la evangelización del Nuevo Mundo y la conversión de la población Guanahaní. Tras la representación de la obra de teatro, empezó a interesarse por aquellas tierras lejanas a las que todavía no habían llegado los misioneros franciscanos. Era tanto el celo que sentía por aquellas almas, que a partir del año 1620 se produjeron los primeros casos de bilocación. En efecto, según lo que posteriormente se supo, sor María se trasladaba a catequizar a los indígenas de lo que hoy en día es el suroeste de Estados Unidos, sin abandonar su convento de Ágreda. El padre Josef Jiménez Samaniego relata todos estos fenómenos sobrenaturales que experimentó sor María: En una ocasión que oraba constantemente por la salud de estas almas, habiéndola el Señor arrebatado en éxtasis, inopinadamente sin percibir el modo, le pareció que se hallaba en otra diversa región, muy diferente clima, y en medio de un pueblo de aquel modo, traza y disposición de gente, que se le había manifestado, por especies abstractivas aquellos indios (Jiménez Samaniego, 1860: 207). En efecto, según lo que posteriormente se supo, sor María se trasladaba a catequizar a los indios jumanos del suroeste de Estados Unidos, sin abandonar su convento de Ágreda. Estas experiencias fueron más tarde comunicadas a sus confesores: fray Juan de Jesús de Torrecilla, Juan Bautista de Santa María y Tomás Gonzalo, quienes pidieron al recién nombrado obispo de Nueva España, Francisco Manso de Zúñiga, que se asegurara de la veracidad de los hechos. Los misioneros franciscanos confirmaron las apariciones cuando enseñaron a los indios jumanos un retrato de sor Luisa de la Ascensión, también conocida como la monja de Carrión –otra religiosa que también poesía el don de la bilocación– y estos dijeron que no se trataba de esa mujer, sino de otra mucho más joven y con el mismo hábito. Según lo confirmado por estos, una bella mujer, vestida de azul, se les aparecía, pidiéndoles que se trasladaran a las misiones franciscanas de Nuevo México para ser bautizados. Entre estos jumanos, se encontraba el “Capitán Trueno”, el jefe de la tribu, que aseguró que entre 1620 y 1623, la Dama Azul les pedía que se convirtieran al catolicismo e iniciaran la construcción de una misión. Tras lo ocurrido, en 1629, fray Juan de Salas y fray Diego López, acompañados por algunos soldados españoles, partieron hacia el norte y después de un recorrido de cien leguas encontraron al grupo de los jumanos. Cuando el provincial de Nuevo México comunicó la extraña noticia a sus superiores de Madrid, el general de la orden no dudó en identificar a sor María de Jesús. 151 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, enero 2025 ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL2025.i28.12 María Luisa Pérez Bernardo Efectivamente, en 1630, el padre Alonso de Benavides (1578-1635), un franciscano misionero de origen portugués, que había sido el custodio en la misión de Nuevo México, se entrevistó con el general de la Orden franciscana, el padre Bernardino de Siena, quien ya había oído hablar de sor María. Benavides viajó a Ágreda y, junto con otros dos franciscanos, fray Sebastián Marcilla y fray Andrés de la Torre, entrevistaron a la monja y se convencieron de que la historia era cierta. Sor María de Jesús aseguró que se había aparecido más de quinientas veces, de cómo hablaba a los indios en castellano y que estos comprendían a la perfección lo que les decía. La monja concepcionista en una carta dirigida a los padres de Nuevo México les informaba sobre lo maravilloso de la bilocación y les daba datos concretos sobre las numerosas tribus americanas: Así digo, que es lo que me ha sucedido en las Provincias de Nuevo México, Quivira, y Jumanas, y otras naciones, aunque no fueron estos los primeros reynos donde fui llevada, por la voluntad de Dios, y por mano y asistencia de sus ángeles, fui llevada donde me sucedió, vi, e hize todo lo que al Padre he dicho: y otras cosas que por ser muchas, no es posible referirlas, para alumbrar en nuestra Santa Fe Católica todas aquellas naciones: y los primeros donde fui, creo están al Oriente, y se ha de caminar a él, para ir a ellos, desde el reyno de Quivira, y llamo estos reynos, respecto de nuestros términos de hablar, Titlas, Chillescas y Caburcos, los quales no están descubiertos, y para ir a ellos, de gente muy belicosa, los quales no dexarán pasar los Indios christianos del Nuevo México, de quien ellos recelan lo son, y mucho más a los religiosos de nuestro Seráfico Padre San Francisco, porque el demonio los tiene engañados, haciéndoles creer, que está el veneno donde está la triaca, y que han de estar sujetos, y esclavos, siendo christianos, consistiendo su libertad, y felicidad en esta vida (De Jesús, 1787: 338). Tras el viaje a Ágreda, Benavides escribió dos versiones de Memorial (1630 y 1634), que junto con la versión de sor María, constituyen la piedra angular de lo que hoy se conoce como la leyenda de la Dama Azul5. En este Memorial, Benavides relató cómo una delegación de tribus de jumanos se había acercado a su misión de San Antonio de Isleta, portando crucifijos y pidiendo ser bautizados: En este estado dejaron estos religiosos aquella milagrosa conversión y se vinieron entre nosotros a darnos parte de lo que habían visto y a llevar más compañeros y adherentes para fabricar allí una iglesia. Por lo cual nos persuadimos que aquella religiosa era la madre María de Jesús contenida en aquella relación del Arzobispo, que merecía ser apóstol de Dios milagrosamente (2021: 117-118). 5 De acuerdo con Beatriz Ferrús Antón: “Fray Alonso de Benavides no solo demuestra conocer a fondo las crónicas de la conquista; sino dominar los escritos legales de su tiempo, de los que habrá de servirse para conseguir sus objetivos” (2008: 62). 152 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, enero 2025 ISSN: 1885-3625 Sor María de Jesús (1602-1665). La historia de una monja entre Ágreda y Nueva España DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2025.i28.12 Pero lo cierto es que este religioso ya conocía la existencia de las visitas de sor María de Jesús a Texas y Nuevo México, porque en 1627, el arzobispo novohispano, Manso y Zúñiga, había enviado a treinta frailes liderados por Esteban de Perea en busca de la Dama Azul. Algunos historiadores han visto este fenómeno de bilocación de la monja de Ágreda como un punto clave en el interés que tenían los franciscanos por corroborar los hechos, en un momento en que las diferentes órdenes religiosas estaban llevando a cabo la evangelización y competían entre ellas. Además, existía una pugna entre los religiosos por contar entre sus filas con el mayor número de santos, ya que según Morte Acín: La evangelización de América era la mayor empresa que la orden franciscana estaba llevando a cabo fuera de las fronteras, y la que podía colocarles un paso por delante de jesuitas y dominicos, así que la aparición de una joven religiosa catequizando a los indios americanos era algo que no podía ser desaprovechado en su labor publicista” (2011: 300). Así pues, parece ser que los jumanos acudieron a los franciscanos no solamente por un interés espiritual, sino también pragmático. Como bien se sabe, los apaches, tribu que vivía en las llanuras del suroeste de Estados Unidos, eran una amenaza para los jumanos que se dedicaban al comercio. De hecho, para estos últimos una misión implicaría una ruta protegida entre la población de Santa Fe y sus asentamientos, puesto que los frailes siempre venían acompañados y escoltados por destacamentos militares. En todo caso, el Memorial se convertiría en un elemento decisivo en la evangelización de esa zona de Nueva España y sería promovido un siglo después por el propio san Junípero Serra (1713-1784), e incluso por los jesuitas de los territorios de Baja California y Sonora6. También, el Memorial de Benavides fue clave para que Felipe IV llegara a conocer la existencia de la monja de Ágreda, y para que los franciscanos se convencieran de la importancia que había tenido la religiosa como la proto-evangelizadora de Nueva España, ya que según Marilyn Fedewa: “Los datos históricos incluidos en el informe le ha llevado a ocupar un lugar de honor en la documentación de la historia colonial de América, porque contiene, documentación de primera mano muy valiosa y, por 6 Como ha documentado Anna Nogar: “Jesuits in Baja California and Sonora openly discussed the Lady in Blue, and Sor María’s writing emerges in eighteenth-century Jesuit mission libraries there. Expeditions involving Jesuit friars (including Fray Eusebio Kino) reported on Sor María’s evangelization in Arizona and Sonora” (2018: 168). 153 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, enero 2025 ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL2025.i28.12 María Luisa Pérez Bernardo primera vez, se tiene información de un territorio explorado recientemente” (2015: 169). Además de Benavides, otro franciscano, fray Gerónimo Zárate Salmerón, escribió Relaciones de todas las cosas que en el Nuevo-Mexico se han visto y sabido, así por mar como por tierra, desde el año 1538 hasta el 1626. En esta crónica, Zárate narra la historia de Nuevo México, tratando con detalle la expedición de Francisco Coronado, así como la conquista y el asentamiento de Juan de Oñate. La narrativa de la Dama Azul aparece en la última sección del manuscrito, titulada “Relación de la Santa Madre María de Jesús, abadesa del convento de Santa Clara de Ágreda”. En este capítulo, Zárate vuelve a atribuir la primera evangelización de esta parte de Texas y Nuevo México a la monja concepcionista, ya que como bien ha señalado Anna M. Nogar: “Zárate Salmerón’s version connects specific places (Tidam and Quivira) and specific tribes (Chillescas, Guismanes, and Aburcos) to Sor María and to the project of evangelization” (2018: 16). También fray Agustín de Vetancourt (1620-1700), un fraile franciscano, que se dedicó al estudio de la historia colonial de México, aseguró la presencia de la abadesa de Ágreda en Nueva España. De esta forma, Ventacourt escribió Teatro mexicano. Crónica de la Provincia del Santo Evangelio de México (1698), donde menciona sucesivamente la figura que tuvo sor María de Jesús en la cristianización de Nueva España7. En el capítulo IV titulado “De la conversión de los xumanos”, afirma cómo la monja de Ágreda fue la principal evangelizadora, mucho antes de que llegaran los franciscanos a esos territorios de Nuevo México y Texas: Súpese allí de cierto cómo varias veces se les apareció la venerable madre María de Jesús, abadesa del convento de Ágreda, y cómo después se lo refirió ella misma al padre fray Alonso de Benavides, custodio que fue, y después arzobispo de Goa. Y desde allí tuvieron noticia de otras naciones, de los hijos, escanjaques, urracas, lupies, chillescas, jambujos, tulas y quiviras, cuya relación se imprimió en México, año de 1630, en la imprenta de Bernardo Calderón, por orden del señor arzobispo don Francisco Manzo, a quien le remitió el padre fray Esteban de Perea” (De Ventacourt, 1871: 303). De la misma manera, Juan Mateo Mange, un militar que había acompañado al jesuita Eusebio Francisco Kino en sus exploraciones por la Pimería Alta y por el desierto del 7 Según Anna Nogar: “Sor María the mystical evangelist functioned as a protomissionary model: her conversions were a touchstone and reference for religious and secular explorers, and the accounts became a fundamental episode in the history of the region” (2018: 2).