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Cuando el servía en la corte del rey católico ¿Estuvo Iñigo de Loyola en Sevilla?

Borja Medina, Francisco de

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CUANDO EL SERVIA EN LA CORTE DEL REY CATOLICO ~ ¿ESTUVO INIGO DE LOYOLA EN SEVILLA? por FRANCISCO DE BORJA MEDINA, S.J. INTRODUCCION El año pasado, 1991, se conmemoró el V Centenario del nacimiento de San Ignacio de Loyola. Toda celebración de una persona que hace siglos que murió, tiene un motivo. No se trata únicamente de recordar ni de exaltar lo pasado, sino de penetrar en una realidad que pervive no obstante una tan larga ausencia. Ignacio pervive también en su obra, la Compañía de Je sús, cuyo 450 aniversario de existencia se cumplió el 27 de septiembre del año anterior, 1990. Diremos que ambas presencias, la de Ignacio y la de la Compañía de Jesús, están vivas en Andalucía y concretamente en Sevilla, donde hubo seis casas de la Compañía. Como muestra basta hojear el NOTA: Sig la s más utilizadas en las notas: AHSI: Archivum lilst oricum Socíetatis /esu. Roma 1932 ... MHSI: Monumema llistorica Societat1s lesu. Autobiografía: Acta P. lgnatii ut primum scripsir P. Ludovicus González excipiens ex ore ipsius Patris (e n Fom es narr. 1 ). Chr onicon: Vita lgnatii Laio/ae et rerum Societatis lesu Historia. Au ctore J.A. de Po lanco. 6 vol. Madrid, 1894-1898. Epp. mixtae : Episto la e m ix tae ex variis Europae locis ab a11no 1537 ad 1556 script e. 5 v ol. Ma drid 1898-1901. Fontcs narr.: F onres narrativi de S. Jgnatio de Loyola et de Societatis /e su initiis, Ed. Cándido de Dalm ases, 4 vo l. Roma 1943-1965. Fontes doc .: Fontes documentales de S. lgnatio de Layo /a . Documenta de S. lgnatii familia et patria, iuventut e, primis sociis. Ed. C. de Dalmases. Roma 1977. 20 FRANCISCO DE BORJA MEDINA, S .J . libro recientemente publicado en esta ciudad sobre iconografía ignaciana en Andalucía', para constatar el recuerdo que dejó Ignacio a través del arte pictórico o escultórico en las casas e iglesias que fueron proliferando por el territorio andaluz, aunque éste no cubre toda la extensión de lo que fue la provincia de Andalucía fundada por Ignacio en 1554, una de las tres en que dividió el territorio de España en 7 de enero de ese año: Aragón, Castilla y Andalucía2• Hay constancia documental de la presencia física de Ignacio de Loyola en los territorios de las provincias de la Compañía de Jesús de Aragón y Castilla, pero no en el de la provincia de Andalucía. Sin embargo, existen indicios en la documentación para suponer, co n fundamento, que Ignacio estuvo también en el territorio de esta provincia antes de su conversión: en 1508 y 1511. Esta posible estan cia habñ a dejado su huella en lñigo de Loyola y explicaría trazos de su personalidad, relevados en diversos aspectos de su mentalidad y actitudes. Sí podemos afirmar, como cierto, que uno de los primeros pensamientos de Iñigo de Loyola después de su conversión se dirigió hacia Sevilla: a la Cartuja de Santa María de las Cuevas donde pensó recluirse. Entre los muchos estudios que ha merecido la figura de San Ignacio de Loyola, abundan los relativos a las influencias que las lecturas ejercieron, o pudieron haber ejercido, en su carácter, ideas, a ctitudes, ropaje imaginativo de su lenguaje, etc. y se han realizado excelentes estudios sobre las obras que posiblemente pudo tener a mano, aunque no consta que las leyera3• Pensamos, sin embargo, que se ha insistido demasiado en el influjo que podíamos llamar literario y menos en la experiencia histórica personal de Iñigo previa a su conversión. Por ello, convendría analizar también esta experiencia que marcó, sin duda, una huella mucho más profunda en su carácter y mentalidad que la s meras lecturas que «serían pocas y de puro entretenimiento», como observa R. García Villoslada4• l. F. Ga rcía Gutierrcz. Iconografía de San l ¡¡11 aci o de Loyola e11 Andalucía. Sevilla, 1990199 1. Siglas más utilizadas. Siglas más utilizad as en las notas: 2. A. As1rain, Historia de la Compañfa de Jesús en la Asístencía de España, 7 vols. Madrid (1912-1925). San Ign aci o de Loyola 1540-1556, 401-403. 3. Citamos dos autores a queines prácticamente siguen los posteriores: P. de Leturia El Gentillrombre lñígo de Loyola, Madrid 1949 y F. Gonzál ez Olmedo, Introducción a la Vida de San Ignacio de Loyola, Madrid 1944. Y más recientement e, L. F em ández Man ín, Los años juv eniles de fñigo de Loyola. Su formación en Castilla, Valladolid, 1981, con nuevas e interesantes aponaciones documentales sobre la biblioteca de la familia Velázqucz de Cuélla r, pp . 76 -80. CUANDO EL SERVIA EN LA CORTE DEL REY CATOLICO 21 En este aspecto, los estudios recientes de Luis Femández Martín y Rogelio García Mateo han puesto de manifiesto la formación cortesano-caballeresca de Iñigo durante los años de Arévalo, de 1506 a 1517, y su preparación teórica y práctica para la administración de Castilla, junto al contador mayor y consejero real, Juan Velázquez de Cuéllar, lo que supone un positivo avance en la historiografía ignaciana de este período5• Importa proseguir en esa línea y profundizar aún más en el mundo de las relaciones interpersonales y ambientales de Iñigo para lograr una mejor comprensión de esa etapa de su experiencia vital. Es interesante, sobre todo, penetrar en el significado de su servicio en la corte del Rey Católico, de cuyo hecho consta documentalmente. l. IÑIGO LOPEZ DE LOYOLA EN LA CORTE DEL REY CATOLICO Ignacio mis mo afirma que estuvo al servicio del contador mayor, Velázquez de Cuéllar", y que sirvió en la corte del Rey Católico7• Doble afirmación que corrobora el otrora paje de Velázquez, el arevalense Alonso de Montalvo, amigo de Jñigo: «lñigo de Loyola [ ... ) -dice - estuvo en casa del dicho contador, unas veces en la corte y otras en Arévalo, hasta que el dicho contador murió sin poderle dejar acomodado, como deseaba»8• Se interpretan estas afirmaciones quizás en un sentido demasiado restringido, identificando el servicio en la corte con la asistencia a la persona del Rey. Da la impresión de que todo gira en torno a la función de paje que ejercían los hijos de Velázquez y no Jñigo. Se intenta 4. R. García-Villoslad a. Sa n Jgnacio de Loyo/a. Nueva biografía, Madrid 1986 (BAC Maior 27). p. 9 1. ' 5. Además de la obra citada (nota 3) de L. Fcmánd ez Martín, fundamental 0 para este período formativo de !fügo, s on muy meritorios e ilumina do res l os do s art íc ulos de R. Gar cía Mateo public ado s en la revista Manr esa: « La forma ci ón caste ll ana de Ign acio de Loyola y su es piritu alid a d ~ 58 ( 1986) 375-383 y «Formación administrativa de Ignacio de Loyola en Castilla y su personalidad» 59 ( l 98 7) 279 -288. Han sido repr od ucidos en Ja obra de conjunto Jgna ci o de Loyola en Cas tilla, Va ll adolid, 19 89, pp . 103-114, 129-141 r es p ec tivame nt e. Ullimamente ha recogido y ampliado los datos de sus estudios anteriores en «El mundo caballeresco en la vida de Ignacio de Loyola», AHSI 60 (1991) 5-28. A estos trabajos ha y que añadir el de J. ltunioz •Años juveniles de S. Ignacio en Arévalo (1506-1517) •, Ig na ci o de lo yo la en Castilla, 45-7 1. Para los datos biográficos y la personalidad de Velázquez de Cuéllar: Femándcz Martln, 23-33. 6. Ignacio a Mercado. Roma, [octubre, 1548]. Epp. Ign. 1, 70 5. 7. Autobiografía, V, n• 53. Fontes narr. 1, 434. 8. Fonres narr. 3, 463. 22 FRANCISCO DE BORJA MEDINA, S.J. atribuir a éste, tanto en las visitas reales a Arévalo como en la corte, las mismas funciones de Jos otros, aunque no de modo oficial sino oficioso. Se olvida, por otra parte, al parecer, que lñigo ha pasado de la niñez a la adolescencia en Loyola antes de partir para Arévalo. Hay mucho más detrás de la afirmación de Iñigo, respecto a su servicio en la corte del Rey Católico, que el mero recuerdo de una visión juvenil del mundo cortesano consistente en servir a la mesa a las personas reales, darles aguamanos, ayudar a montar, cambiar de ropa, asistir a brillantes jornadas y, mucho menos, el recuerdo del estudio, bajo maestros acomodados, de las artes liberales -que sólo hizo, y con trabajo, después de su conversióno de la música, a la que sí era aficionado9• Una cosa parece clara, y Ribadeneira lo afirma desmintiendo a Maffei: Iñigo «no fue paje del Rey Católico sino de Hemán [sic] Velázquez, su contador mayor [ ... ) y ay oy muchos que lo saben, y algunos que se acuerdan dello»10• La corte era mucho más que el palacio del rey, eran también los órganos de Ja Corona que estaban junto al rey. Una cosa es no se rpaje en la Casa del Rey y otra no estar integrado en la comitiva real al servicio de los magnates de la alta administración de la Monarquía. Y hacia esto apunta la posición de lñigo en ese tiempo: miembro del séquito de uno de los dos contadores mayores de Hacienda de Castilla, puesto de los más relevantes de la administración real castellana11. La gestión de la Hacienda de Castilla corría a cargo de los Contadores mayores y de las Contadurías. Durante las Cortes de Madrigal (1476), los Reyes Católicos promulgaron (27 abril) unas ordenanzas para la Contaduría Mayor de Hacienda. Se redujeron Jos contadores 9. Femández Martin. 44-46. Villoslada, 80. En cuanto al cs lUdi o, según recuerda Ribadeneira, el mismo lñigo diria de sí que «co n no ser tirado al estudio de la afición, antes grandemente siéndole cuesta arriba, por sola la inlención de servir a Dios estudió dozc años», Dichos y hechos de N.P. Ignacio. Fontes narr. 2, 47 3. Los que le conocieron afirman su falta de letras antes de su conversión así como su diligencia posterior en los estudios en España primero y en París después: Nada!, Adhortationes in Collegio Romano 2 et 4 lanuarii 1557. lbidem 2. 6. 10. Fontes narr. 3, 217. 11. R. Gar c ía Mateo «Formación administrativa de Ignacio de Loyola ... », 280-286. Este autor se basa en las ordenanzas de Juan 11 (1436), pero en las eones de Madrigal (1476) los R eyes Católicos establecieron nuevas ordenanzas para la Contaduría Mayor de Hac ienda y Contaduría Mayor de Cuentas. L. Suárez Femández. los Reyes Católicos. La conquista del trono. Madrid, 1989, pp. 234 -238. Ordenanzas Reales de Castilla recopiladas y compuestas por el Doctor Alonso Dfaz de Montalvo, ley J, til. JJ , lib. VI: De los Contadores mayores, en Los códigos españoles cnncordados y anotados, t. VI. Madrid 1849, p. 427. cfr. Recopilación de las Leyes del Reino. Tercera Parte. Madrid, 1640 , ley !, tit. !, lib. JX. CUANDO EL SERVIA EN LA CORTE DEL REY CATOLICO 23 mayores a dos por cada contaduría: la de Hacienda y la de Cuentas. Se fijaron también los aranceles por el despacho de documentos12 • La Contaduría Mayor de Hacienda tenía a su cargo la cobranza, administración y libranza, o distribución, de las rentas reales. Constaba de dos contadores mayores, un asesor y diez y seis contadores menores, dos por cada uno de los ocho despachos en que estaba dividida: sueldo, tierra s, tenencias o acostamientos, mercedes, quitaciones, rentas, relaciones y extraordinario. Los contadores mayores dirigían el despacho de la Hacienda, nombraban los funcionarios de las contadurías, dictaban las providencias para la cobranza y distribución de las rentas, refrendaban la s provisiones, libranzas y receptoría s, resolvían, con la ayuda del asesor letrado, los pleitos originados en la gestión de la Hacienda. La Contaduría actuaba a modo de Consejo. Todos los días, por la mañana, excepto los domingos, debían reunirse en Audiencia los contadores mayores y menores con todos los oficiales y lugartenientes de Mayordomo, en casa de uno de los contadores menores por tumo semanal. Los contadores mayores debían reunirse con los menore s, en Audiencia, dos veces por semana, martes y viernes, por la tarde, para despachar los asuntos de su competencia y señalar las cartas de merced y justicia sujetos a la firma real. Fuera de las Audiencias, los contadores no debían señalar ningún documento por su cuenta 13 • En el tiempo en que Iñigo estuvo en la casa de Juan Velázquez de Cuéllar, el otro contador mayor de Hacienda de Castilla era Antonio de Fonseca, consejero real 14 • 12. Para la organización de la Hacienda en Castilla. véase A. de la Plaza Bores, La Hacienda de la Corona de Castilla: lnstit11cianes y Documentos. en Guía del inl'estigadar. Archivo General de Simancas. (3 ' ed.), 1986. pp. 217-218. 245-246. 13. Ordenar1zas Reales de Castilla ... lib. VI, tit. 11, ley 11 : De las ordenanzas, y tasas que deben guardar las Cantadores mayores, y sus oficiales, en Los códigos españoles ... , t. VI. p. 427, cfr. Recopilación de las Leyes del Reino. Tercera Parte, leyes IX-X , tit. I, lib. IX. cfr. Plaza Borcs, La Hacienda de la Corona de Castilla ... , pp. 217·218, 245-246. 14. Antonio de Fonseca ( + 1532), era hijo de Hemando de Fonseca y Ulloa, II señor de Coca y Alaejos (+ 1463), y de su segunda esposa, doña Teresa de Ayala, y sobrino camal de Alonso de Fonscca (1418-1473), l señor de Coca y Alaejos, arzobispo de Sevilla. Fue capitán en la guerra de Granada y emba jado r de los Reyes Ca tólicos cerca del rey de Francia, Carlos Vlll, con la misión de disuadirle de intervenir en Nápoles, sin resultado ( 1494). Era contador mayor al momento de redactar Isabel la Caiólica su testamento del que fue uno de sus ejecutores (1504). Según Bartolomé de las Casas, era «caballero valeroso, muy señalado y muy prudente, y muy estimado y privado de los Reyes Católicos, contador mayor de Cas tilla, que es el más preeminente oficio que en su casa y corte real tienen». En 1508, estuvo al frente de las tropas destinadas por el Rey Católico para el socorro de la plaza africana de Arcila en la costa atlátnica, en ayuda del rey de Portugal, con parte de las cuales tomó Niebla. Intervino de modo destacado en la guerra de Navarra (1512-1513). Asistió 24 FRANCISCO DE BORJA MEDINA, S.J. Los contadores mayores eran señores absolutos en la dirección y manejo de la hacienda real castellana. Por su importancia, este cargo se solía proveer en personajes influyentes, como en el caso de Antonio de Fonseca y Juan Velázquez de Cuéllar al tiempo de Iñigo, pero, con frecuencia, los contadores mayores tit ul ares no desempeñaban directamente sus funciones burocráticas sino qu e las delegaban en lugartenientes, o tenientes de contadores, nombrados por ellos mismos. Apenas hay cons tan cia de su presencia en el despacho ni de su la bor burocrática. La acumulación de pr ebendas y el servicio de los reyes en otras esferas de poder eran causas, entre otras, de este absentismo15• Es posible que Velázquez hubiera procurado a Iñigo al g ún empleo remunerado por la hacienda regia16, pero no ne cesariamente como oficial dentro de la estructura burocrática de la Contaduría sino más bien como uno de los «continuos comensales» del contador mayor, fi gura que se contemplaba en las ordenanzas de Madrigal17• Se llamaba « COntino» o «Continuo», el allegado a un señor, muy favorecido y mantenido por él, a quien estaba obliga do a seguir y obedecer. El término comensal añade un aspecto de intimidad y rango propio del familiar. a la muerte de Fernando el Católico en Madrig alejo (1516). Part ic i pó en la guerra de la s Com uni dades y fue responsable del saqueo e incendio de Med in a del Campo. Junto a su hermano Juan, actuó en los asuntos de India s, en particular en el proceso de Las Casas. Su hermano lo dejó heredero univers al de todos sus bienes, lo que provocó competencias con la sede burgalesa, pero el pa pa Clemente Vil falló a su favor. Al tiempo de su muerte (23 agosto 1532), era Comendador Mayor de Castilla. L as Casas His1 or ia de las Indias 11 . cap. XL il , 233; Santa Cruz l y ll, passim; P. Girón, Cróni ca del Emperador Carlos V (ed. J. Sánchez Montes). Madrid, 1964, pp. 175-1 76 . T. Teresa León «E l obispo D. Ju an Rodriguez Fonseca, diplomático, mecenas y m ini stro de Indias», Hispania Sacra 13 (1960), 251-304. 15. R. Carande, Carlos V y sus banqueros, 2. la hacienda real de Castilla, Barcelon a, 1990, 56-57. Plaza Sores, Contadur(a May or de Ha cie11d a, en Gufa del inves1igador 245. Lo mismo ocunía con otros oficios, como la Escribanía Mayor de Rentas, dependencia de la Coniadurfa Mayor de Hacienda. Por el honor y los pingües beneficios qu e reportaba, la quiso para sí el conde de Benavente, un o de los señores más poderosos y ricos de Castilla. ld em Escribanía Mayor de Rentas. lbldem 235. La creación de Consejo de Hacienda (1523) privó a los co niadores mayores titulares de la dirección de la Haci en da real y de su condición de jueces en asuntos económicos. En las Cortes de 1534 se incorpo ro la Escribanía Mayor de Rentas a la Corona. lbid em 235, 246. El emperador se reservó más tarde el nombramiento de los ten ie ntes de Contadores mayores, at ri buyéndoles las co mpe te ncias de éstos en la administración de la hacienda real, pr ov isión y determinación de los negocios a ella tocantes, cfr. Recopilación . .. Tercera pa rt e, l ey U, tit. !, lib. IX. 16 . Agradezco es ta oportuna sugerencia al Académico de la Real de la Hi storia, Profesor Don Mi guel Angel Ladero Qu esada. Una búsqueda dete ni da en las secciones de Co ntaduría del Suel do , Co nt aduría de Cuentas y Escribanía Ma yor de Rentas del Archivo General de Simancas podria deparar noticias de interés. 17. En las ordenanzas de Madrigal se supone la c>tis tencia de estos «Continuos comensales» de los contadores mayores. As( se manda «que ningún o fi cial de Contadores mayores, ni menores, ni del tesorero, ni del escribano de las rentas, ni del mayordomo, ni de su lugarteniente, ni de CUANDO EL SERVIA EN LA CORTE DEL REY CATOLICO 25 Este concepto cuadra más con los datos ofrecidos por el amigo y compañero de Iñigo, Alonso de Montalvo: fue el mi smo Velázqu ez quién pidió al padre de Iñigo, Beltrán Yáñez de Oñaz, «u no de sus hijos para que él con su favor le ay uda se y tuvi ese en su ca sa» 18 • Otro documento, la Historia del colegio de Arévalo (1600), indica que la intención de Velázquez, al pedir a Beltrán uno de sus hi jos, fue «c riarle en su casa como propio, y ponerle d es pués en la casa real» 19 • La mi sma fraseología de Iñigo de sc ribiendo su relación con la familia del contador habría que interpretarla en este sentido. En 1548, por medio del Licenciado Mercado, corregidor de Valladolid, enviaba a Juan Velázquez, regidor de la misma ciudad, nieto de Juan Velázquez de Cuéllar, sus «humildes encomienda s, como de inferior qu e ha sido, y es suyo, y de los señores su padre y abuelo y de to da su casa»2º. Su condición «de inferior» indica un a relación de d epe ndencia, e in cluso, de servicio, pero entendiendo en el se ntido de ob edi encia y seguimiento debidos a su protector, a título personal y no en cuanto empleado u oficial de un organismo de la Corona como podía ser la Contaduría. También pi enso que la carrera ofrecida a Iñigo en la corte, o ca sa real, un a vez abandonada la eclesiástica, a la que habría s ido destinado por su padre -como parece evidente por su tonsurairía más bien en la línea de cargos de gobierno, que incluía el mando militar, más en con so nan cia con su condición de noble, qu e no de mera función burocrática más propia de otros estamentos socia le s. Iñigo co nfi esa de sí mismo que era «hombre dado a las vanidades del mundo, y principalmente se deleitaba en ejercicio de armas, con un grande y vano deseo de ganar honra» 21 • Pretendía, pue s, ganar secretarios, ni de sus lugartenientes. ni olros sus continuos comensales, no acepten cargos de despachar qualquier privilegio o libranza ... ni lleven fuera de sus derechos cosa alguna ... », Ordenanzas Reales de Castilla ... ley U, tit. 11 , lib. VI, en les códigos españoles ... t. VI, pp. 428-429, cfr. Recopilación de las Leyes destos Reinos. Tercera Parre ley V, lit. IV, li b. IX. La redacción de es la ley introduce una modificación interesante (de) respecto de las ordenanzas de Madrigal, que indicaría que los continuos comensales tenían también oficiales a su cargo: «que ningún oficial de Contadores mayores ... ni de otros s us conlinuos comensales ... ». 18. Fontes narr . 3, 463 . E ste document o, de 1599, reproduce una relación basada en las noticias trasmitidas por el P. Antonio de Lárcz (+ 1590) que las oyó de labios del mismo Montal vo (+ 1577). 19. Ibídem. Es otra versión, por el P. Pedro de Guzmán, basada en las mismas fuentes. 20. Ignacio a Mercado. Roma. [oct ub re 1548). Epp. lgn. J, 705. 21. Autobiogr afí a r, n• l. Ibídem l, 364. Su posterior secretario, Juan de Polanco afirmaba de lñi go: «era especialmente travieso en juegos y en cosas de mujeres, y en revuelta y en cosas de armas ... por vicio de costumbre». Sumario de las cosas más notables que a la institución y progreso de la Compañ(a de Jesús tocan I, n• 4. Fo/l/es narr. 4, 154. 26 FRANCISCO DE BORJA MEDINA, S.J. honra por el ejercicio de l as armas -y no de la pluma (léase burocracia). Lo confirma la «buena tenencia» que el duque de Nájera quería darle «por el crédito que había ganado en lo pa sa do»22• Creo que en este sentido se han de explicar también las palabras del propio señor de Loyola, Martín García de Oñaz, a su hermano Iñigo cuando se dió cuenta del cambio operado en su personalidad: «que no se eche a perder; y que mire quánta esperan c;:a tiene dél la gente, y quánto puede valer ... »23• Jerónimo Nad a! lo explicaba claramente en sus diálogo s: «A unque educado en su casa como convenía a su condición de noble, sin em bar go no se dio a los estudios, sino mo vi do de ánimo generoso, se consagró, según la costumbre de la nobleza española, a granjearse la gracia del rey de los magnates, y a alcanzar Ja gloria militar. Así, hasta los 26 años de su vida, esto es, has ta 15 21, tuvo una gran ambición y una gran codicia de gloria ... » 24 • Juan Alfonso de Polanco, su secretario, abundaba en la misma idea al describir la formación de Iñigo: «La institución suya fue más conforme al espíritu del mu ndo que aJ de Dio s; porque desde mochacho, sin entrar en otro ejercicio que de leer y escribir, co men zó a seguir corte como paj e; después sirvió de gentilhombre al duque de Nájera [sic], y de solda do hasta Jos 26 años, cuando hizo mutación en su vida»25• 22. Autobiografla JI , n• 13. Fumes narr. 1, 380. Por estas razon es se me ha ce difícil atribuir a Jñigo el oficio de pendolista y menos en la Escribanía ma yo r de rentas, como hacen otros autores: Tampoco creo sea necesario e nr ender •porque era muy buen escrib ano » (Aulobiografla 1, n• 11) en otro sen tido que el de tener muy buena caligraffa como lo indica su biógrafo, Pedro de Ribadeneira, al afirmar que tenía •muy escogida letra (que era muy buen escribano)» (Vira I, 2. Fontes narr. 4. 95), la que podía haber aprendido en Lo yo la con los maestros de Azpeitia, donde había, por otra pane. esc ribanos reales co n sus oficial es . 23. Autobiograffa 1, n• 1 2. Fo111es narr. 1, 378. 24. «Hic [lgnatius Loyol iu s] quum fuisset dontl liberaliter educatus, operam tamen littcris non dedit, sed generosa quadam mente incitatus, e mo re nobilitaris hispanicae, totum se co ntulit cum ad r egis principumque gratiam promerendarn, rum ad militarem gloriam co mparandam. Magna igitur usque ad annum aetaris suae 26 , hoce s! 1 521-, fuít ambitione magna gloriae cupiditate ... », J. Nadal, Dialogi pro Socielali comra haereticos. Pars prior secu11 di dialogi l. 121. Fomes narr. 3. 231. Sobre Ja dificultad del cómputo de los 26 años de edad que Ig nacio se atribuy e a sí mism o en la Aurobiograffa, véa se Ob ras de San Ignacio de Loyola (5' ed.). Madrid, 19 91 (Biblioteca Autores Cristianos, n• 86), pp . 83-84. 25. Sumario de las cosas más norables qu e a la institución y p ro greso de la Compañía de J eslÍS tocan, n• 3, lbfdem l. 154. CUANDO EL SERVIA EN LA CORTE DEL REY CATOLICO 27 lñigo, pues, a fuer de noble, y dada su afición a las armas, debía ejercitarse en su manejo y en el arte militar para acudir al servicio del rey en la guerra, como lo demostró en Pamplona. Lo habían hecho sus antepasados y ahora, en la m is ma guerra de Navarra, su propio hermano Martín, señor de Lo yo la, al frente de 50 ó 60 hombres de a pie y de a caballo. Después de su herida, lñigo «tenía propó si to de llevar adelante los exercicios de guerra que avía comen~ado», como comenta Ribadeneira. Por ello se sometió a las brutales curas de su pierna rota 26 • Precisamente su deseo «de seguir la soldadesca» le había llev ado al servicio del duque de Nájera, como recordada, años adelante, la hija de Juan Velázquez, Catalina de Velasco refiriéndose a la etapa arevalense de lñigo en casa de su padre: « .. . deseó mucho seguir la soldadesca, y la mujer del dicho contador, Juan Velázquez, le dió quinientos escudos y dos caballos con que fuese a visitar al duque de Nájera con cuya casa tenía deudo; y de allí se partió para Pamplona, cave9a del r ey no de Navarra, donde le succedió lo que de él cuenta su historia» 27 • 26. Vida I, l. Fo111es 11arr 4, 85. 27. «Historia del co legio de Arévalo», Fontes narr. 2, 463. Esta hiscoria, está basada en los testimonios directos del compañero de Iñigo, Alonso de Montalvo, y del sacerdocc de Arévalo, Alonso Estcvan, que, a su vez, trasmitía lo oído a Catalina de Velasco, hi ja de Juan Velázquez de Cuéllar. con quien Ignacio mantenía correspondencia. En Pamplon a, lñigo queda, por orden del duque de Nájera, al servicio de su lugarteniente, Ped ro de Beamontc, y es uno de los cuatro que asumen la defensa de la ciudadela y presta su asistencia y consejo al alcaide en el parlamento con el jefe francés, Andrés de Foix, señor de Asparros (Autobiografía 1, nn. 1-2. fbfdem 1, 364-366. Polanco Sumario n• 4, lbldem 154· 155. Leturia El gentilhombre 129-132. Villoslada 146-154). No hay que argUir la ausencia de l nombre de lñigo en la nómina de sueldos de los defensores de Pamplona, en la Contaduría de Hacienda, para demostrar que no era capitán de los ejércitos imperiales de Carlos V. cosa que aún no existía en España. Como gentilhombre del duque de Nájera, virrey de Navarra y último responsable de su defensa militar, lñigo recibía la paga del mismo duque, su •acostamiento•, esto es. la soldada habita! que el vasallo recibía por mantenerse a punto para el servicio del r ey en la guerra. El vasallo del rey la recibía del mismo rey. normalmente en tierras o en otras propiedades de Ja Corona. El noble de clase inferior o caballero que servía a un magnate como vasallo, •c riado» o •contino» de su casa. recibía su acostamiento del propio señor de cuya hueste fonnaba pane. Este era el caso de lñigo respecto del duque de Nájera. De ahí, los dineros que éste Je debía y fue a cobrar a Navarrete camino de Monserrat (Autobiografía JI , n° 13. Fontcs narr. l. 380). Martfn de Oñaz, señor de Loyola, vasallo del rey, recibía su acostamiento en los 2.000 maravedís de las ferrerías de Barreoola y Aranaz y en el patronato del monasterio de San Sebastián de So reasu con sus décimas, rentas, heredades, ecc ., co ncedidos y confirmados por los reyes a sus mayores. Fonres doc. 110-128. Por cada 1.100 maravedís, el vasallo real de acostamiento debía tener. en punto de guerra, un hombre de a caballo armado y do s peones, uno lancero y otro ballestero. Para la institución del acostanúcmo. véase L. García de Valdcavellano Curso de Historia de las Instituciones españolas (2' rcimpres. en Alianza Editorial), Madrid 1986, pp. 390, 615. 623; y M.A. Ladero Quesada Castilla y la conquista del reino de Granada, Granada, 1987, pp. 11 1-117, 129-132. 34 FRANCISCO DE BORJA MEDINA, S.J. safiando Jo s planes del Rey Católico, desposó a Enrique co n su her - mana María Girón. Este paso causó a Femando un gran enojo. El duque y su tutor se negaron a presentarse al Rey hasta que, requeridos una y otra vez, bajo diversas penas, por el mismo Feman - do, acudieron a Sevilla. El Rey trató al duque con benevolencia, pero se negó a hablar a don Pedro Girón y le ordenó salir de la ciudad. Retirado a la Cartuja de Santa María de las Cuevas, por la noche huyó con su pupilo a Portugal al seguro del rey Manuel, yerno de Femando. Este convocó a todos los alcaides de las tierras del duque y les exigió su entrega poniendo alcaides reales en nombre de la reina, su hija, y suyo. El alcaide de Niebla, capital del condado de su nombre, se negó a entregarla y opuso resistencia armada. El contador mayor, Antonio de Fonseca, se dirigió con l .500 peones a Ja suiza que la tomaron a saco 44 • Entretanto el Rey había acudido asimismo en favor de su yerno, el rey Manuel de Portugal, en socorro de Arcila, plaza africana portuguesa del Atlántico, atacada por el rey de Fez que tomó la villa y cercó su fortaleza. El conde Pedro Navarro, que se encontraba en la mar hacia Orán con la Armada Real de Castilla, cambió el rumbo y se dirigió a Arcila, levantando el cerco. El corregidor de Jerez, Ramiro de Guzmán, pa só con gente de su ciudad, El Puerto de Santa María y Cádiz y Femando envió, al mando de Antonio de Fonseca, parte de las guardias reales e infantería a la suiza que le habían acompañado, así como gente de armas y jinetes de Sevilla y muchos caballeros de su corte. La mayoría de la tropa quedó acantonada en Utrera, Lebrija y lugares vecinos de la bahía de Cádiz, algunos pa saron al socorro de Arcila y un contingente de infantería se empleó en la toma de Niebla. Hasta la llegada de los refuerzos portugueses, la armada de Navarro y el socorro de gente se mantuvo en Arcila. Asegurada Ja plaza y regresada la fuerza a Sevilla, el Rey partió el 10 diciembre 1508 para Castilla45• 44 . Pulgar, 526: Bemáldcz. cap. CCXV ll , 543-546; Sama Cruz II, ca p. XXV, 108-112. cap. LX , 282-283: Ortiz de Zúñiga 3, 27 4279, 288. Este auto r i ndica que Femando se oponía a J os enlaces matrimonial es de las grandes casas para evitar que acrecentaran su poderío. A Ja muenc de Enrique (20 enero 151 3), el R ey Católico ca só sucesivamente a su nieta Ana de Ara gón co n J os dos herman astros y he r ederos del duque , hi jos del seg undo matrimonio de su padre co n Le onor de Zúñiga; Alonso. cuyo matrimonio fue anul ado por incapacidad física y mental, y Jua n Alon so que sustituyó a su h erma no en el gobierno y, de focto. en la titularidad del ducado. 45 . Bemáldcz cap. CCXVllT, 546-547; Santa Cruz, 11, cap. XXVI, 11 2-1 13; J .M . Doussinague, Polltica lnternacimial de Fernando el Católico. Madrid. 1944, pp. 179-181. CUANDO EL SERVIA EN LA CORTE DEL REY CATOLICO 35 No obstante la severidad del castigo de los nobles malcontentos, sus personas fueron respetadas y, en s eñal de su benevolencia y perdón, Femando llevó en su compañía a la s Cortes Generales de Aragón, convocadas en Monzón (1510), al marqu és de Priego, al duque de Medina Sidonia, a don Pedro Gir ón y al padre de éste, conde de Ureña. Con ellos pasó, luego, a las Cortes de Castilla, en Madrid, a la s que fueron convocados por derecho propio y a las que también acu - dió el contador mayor, Juan Velázquez46• Celebradas las Cortes, el Rey pasó uno s 20 días en Tordesillas con su hija la reína doña Juana y tomó a Madrid. A la ida y a la vuelta se detuvo unos días en Arévalo 47 • b) La gran empresa de Africa: 1511 Las victoriosas campañas del norte de Africa (1508-1510) culminaron con la conquista de Trípoli el día de Santiago (25 julio 1510)48• Coincidiendo con estas victoria s, el Papa Julio 11 había proclamado la cruzada co ntra los turcos en la misa solemne de Pentecost és celebrada en la iglesia del Espíritu Sant o en Roma (28 mayo 1509). En la homilía se había hecho mención especial de Femando. El Papa había invitado a los príncip es cris ti a no s y exhortaba a Femando a proseguir la empr esa africana y unírsele, luego, en esta cruzada. El llamamiento del Papa respondía a la s cláusulas de la Li ga de Cambray (noviembre 1508), promov ida por Femando y conce rtada entre éste, el Papa, el Emperador y el rey Cristianísimo, con el fin de procurar la paz y la libertad de Italia turbada por Veneci a. La Señoría se había apoderado de territorios pert enecientes a los cuatro confederados y se trataba de conseguir su dev olu ción, por la fuer za si fuera ne cesario, para volv er al sta tu quo de 1494 y, luego, emprender todos unidos la expedición contra el Turco49• El Rey Católico se congratulaba por la decisión del Papa, le animaba a realizarla y, en caso de que lo s otros príncipes se excusaran, 46. J. de Mariana, Historia de España. Obras del Padre . .. 11. BAE 31, lib. XXIX. c ap . XXIV, p. 343; J.M. Carretero Zamora, Corres, monorqu ío , ciudades. las C or les de Castillo al co mie nw de la é po ca nueva 1476-1515. M ad rid , 1 988. p. 2 27 . 47 . Rume u de Ann as, 364 -3 65 . 48. Para l as campañas de Africa y la nueva fa se, ya desde 1 50 7, en los o bj eti vo s de Femando en relación con la guerra contra los turcos, J.M. Dou ssi na gue, Polftica Inter na cional de Fe mando el Católico, Madrid, 1944, 154-229. 49. Barcón de Terral eig. Polftica en Italia del Rey Católico 1507-1516. Correspondencia inédita con el embajador Vi c li , 2 vols. Madrid, 1963. l. 86-100. 36 FRANCISCO DE BORJA MEDINA, S.J. se ofrecía a acompañarle, en persona, «con la potencia de los Reynos de la Reyna de Castilla mi fija y míos para no volver a descansar si no perseverar has ta acabar en ella la vida»5 º. Al mismo tiempo, Fernando planea las operaciones y procura el concurso del rey de Hungría y del príncipe de Georgia para que, en el momento de lanzar el ataque co ntra el Turco, ellos, por su parte, rompan las hostilidades y se formen tres frentes 51 • El 25 julio 1509, el Papa dirige al Re y Católico un Breve comunicándole su propósito de guerra co ntra el Turco: había enviado la s cartas de Fernando «Sob re la santís ima expedición» a los príncipes cristianos, poniéndolo por modelo e invitándoles a unírseles a ambos - al Papa y al Rey Católicoen la empresa. El Pa pa había escrito a los confederados y al rey de Inglaterra y lo mismo haría con los reyes de Polonia y Hungría a fin de que «se animen para dicha expedición co n tu ejemplo» (el de Fernando)52. El R ey Ca tólico, desde el verano anterior, 1509, estaba dando pasos para la preparación de Ja expedición. En Valladolid, expuso al Co nsejo Real sus proyectos53. Al año siguiente, solicita ba un s ub sidio a las Cortes Generales de la Corona de Aragón, reunidas en Mon zón (28 abril-3 se ptiembre 1510), para la continuación de la guerra contra los infieles exponiéndoles su determinación de hacer efectivos sus títulos de rey de Jerusalén y duque de Atenas y Neopatria, así co mo los derechos al trono de los Paleólogo s: Constantinopla54• El 7 de julio 1510, Julio II otorga la investidura del Reino de Nápoles al Rey Católico55 y 13 de agosto, las Cortes de Monzón votaron un servicio de 544.000 libras en razón del propósito del R ey relativo a la conquista de Bujía y Túñez, pertenecientes a la Corona de Aragón, «Y de todas las provincias y region es de dicho Reyno que se continúan hasta el Reyno y Casa Santa de Jerusalén, del cual tenía el título»56. 50. El Rey a J eró nimo de Vic. Valladolid. 10 junio 1509. Tbfdem, l, 115; 11, 76. 51. lbfdem. 52. Bre ve de Julio TI al Rey Ca1ólico. Roma. 25 julio 1 509 [lraducción cas1ellana). Doussinague, 548-549. 53. Doussinague. 230 -241. 54. Ibí dem, 483-493. 55. Bula de Ja invcstudur a de Nápoles en favor de l R ey Cató lico. Roma , 7 ju lio 1510 [traducción cas1e ll :ma], Ib ídem 620-635. El embajador en Roma. Jerónimo de Vi c, co n poder del R ey Ca16Jico (Monzón, 5 agosto) y. en su nombre, pres1ó a Julio TI, en Bo lonia (8 noviembre 1510). «pl eno homenaje. ligio y acostumbrado va sa llaje de fidelidad» por Ja investidura de Nápoles. Te xto en traducción cas1ell:ma: Terrateig 11 , 151-154. CUANDO EL SERVIA EN LA CORTE DEL REY CATOLICO 37 En octubre del mi smo año, Femando consigue también el subsidio de las Cortes de Castilla, reunidas en Madrid. Lo s procuradores castellanos votaron el servicio de unos 104 millones de maravedís en números redondos57• Obtenidos estos subsidios, el Rey Católico notificó al Papa su decis ión de emprender la campaña de Africa para el verano próximo sª . El desastre español de los Gelves, frente a Túnez (29 agosto 1510), apenas un mes después de la toma de Trípoli (25 julio), había urgido a Femando a poner por obra sus propósitos cuanto antes. Ordenó la concentración de un ejército en Andalucía, del que tomaría el mando en per s ona s ~. Con el fin de acel erar los prepar ativos de la armada que se aprestaba en los puertos andaluces y debía reunirse en Cádiz,.el 7 enero 1511, el Rey Católico partió de Madrid para Sevilla por la ruta de Extremaduraro. De acuerdo con la obligación de los contadores mayores y consejeros reales de seguir la Corte, no hay razón seria para dudar de la presencia en Sevilla de Velázquez de Cuéllar y, junto a él, Iñigo, hombre ya de 20 años 61 • Llegado a Sevilla, el Rey Católico pregonó la guerra contra los infieles y comunicó su propósito a todos los príncipes cristianos. En Sevilla recibió el Bre ve (Mirándola, 2 febrero 1511) y la Bula (Boloni a, 26 marzo 1511) de Julio U, aprobando la empresa, animando a ella y concediendo gracias espirituales. Le ratificaba el Papa su propósito de inducir a todos los príncipes cristianos a una expedición univers al contra el Turco, de preparar una gran e sc uadra y de ayudar al Rey Católico con toda su fuerza posible, para, que acabada la empresa de Africa, se pudiera comenzar la del Turco. En la Bula, entre otros apelativo s, el Papa denominaba a Femando «fortissimus Chris ti athleta»62• 56. J. ZuriJa, Historia del Rey Don Fe rna11d o. Lib ro IX. cap. XIV, citado en Doussinague. 330-331. Para el plan de la campaila de Femando contra el Turco, Ibídem, 483-493. 57. De éstos correspondieron a Andalucía poco más de 20 millones. de los que la mi tad al Reino de Sevilla. pagad eros en dos añ os: 151 0-151 1. J.M. CarrcJ ero Zamora. And alu c( a en l as Cortes de los Reyes Católicos. en Ac tas // coloquios H is toria de A 11dalu c fa . Córd oba , 11 0 1·i e mb re 1980, 11 , pp. 4356 . 58. El R ey a Jerónimo de Vic. Madrid, 2 no viembre 1510. Terrateig !, 222; 11 , 149. 59. Bcmáldez. ca p. CCXXVI, 57 0-5 71 ; Santa Cruz, U. cap. XXXlll. 136-137; Douss in agu e. 359-37 1. 60. Rumcu de Arrnas, 36 9-370. 61. En cuanto a las cédulas real es dirigidas a l os aposentadores pa ra el alo jamie nt o de Vel áz.quez en los viajes de la co11e, Femández Martín (44-46 ), sólo encontró en Simanca5, al parecer. las de los años 1508, 15 14 y 1515. 38 FRANCISCO DE BORJA MEDINA, SJ. Enrique VIII atendió a la petición de su suegro y puso a su disposición 1.000 arqueros al mando de lord Thomas Darcy que llegaron, en cuatro naos castellanas fletadas por Femando, a primeros de junio a Cádiz donde la flota estaba ya aprestada63• A Sevilla , llegó el mensaje del Maestre de Rodas, Emery d'Amboise (fechado el 10 mayo 1511), avisando al Rey Católico de la ocasión propicia para dirigir una expedición contra los turcos por la parte de Grecia o Albania y «proclamar la libertad de los griegos, albaneses y habitantes de Eslavonia, Bosnia, Servia, Valaquia y otras naciones» 64 • Anteriormente (8 septiembre 1510), con motivo de la toma de Bujía y Trípoli, el Maestre había ofrecido a Femando unírsele con sus fuerzas, en persona, para emprender la campaña de Egipto65• Las ciudades, en especial Toledo, Segovia y, sobre todo, Sevilla, pidieron a Femando que no saliera de sus reinos y que sólo enviara a sus capitanes, pero «el rey respondió a todos satisfaciendo muy bien que en todo caso con la ayuda de Dios él avía de pasar en persona»66• El 18 de mayo, el Rey Católico recibió, cartas de Julio 11 solicitando su ayuda. Luis XII había invadido las tierras de la Iglesia y había promovido y apoyado la convocación, por parte de cardenales disidentes, de un concilio general en Pisa. Su embajador ante el Rey Cristianísimo, Mosén Jerónimo de Cabanillas, le comunicaba la convocatoria (Milán, 16 mayo) de un Concilio General en Pisa por parte de los cardenales disidentes, promovida y aprobada por Luis XII; la toma de Bolonia por los franceses (10 mayo) y la derrota del ejército pontificio67• Poco después, el 12 de junio, llegaron a Sevilla los legados de los cardenales disidentes para invitarle al Concilio convocado en Pisa. El Rey no quiso admitirlos y los mandó salir de sus dominios68. 62 . Bu la de Julio 11 al Rey Católico. Roma, 26 marzo 1511 (traducción castellana). Doussinague, 228-229, 370, 591-592. Este autor atribuye la Bula a 1510 ligándola a la toma de Bujía, pero es de 151 l, en las circunst anc ias de la preparación de la gran e mp resa africana: Terrateig [, 223-224. 63. Doussinague, 459-462; Bemálde z, cap. CCXXYI, 57 1-573, afüma que fueron «mili e quinientos in gleses frecheros e onbr es darrn as» los enviados por el rey de Inglaterra y arribados a Cádíz. 64. Doussinague, 456. 65. Ibídem. 340. 66. Bemáldez, cap. CCXXY!, 571; Santa Cruz, II. ca p. XXXIII, 136-137, trae un ex.tracto de la carta de l regimien to de la ciudad de Seviila; Ortiz de Zúíiiga, 3, 28 2. 67. El Rey a Jeróni mo Cabanmas. Sevilla (9 ] junio 1511. Doussinague, 466-472, 661-663. Santa Cruz ll, cap. XXIV, 138145 . Este autor trae un extracto de esta carta (143-145), fechada en Sevilla a 9 de julio. El mes está ciertamente equivocado ¿error del ms. o del editor, o erra ta del impresor? Terrateig 1, 264-265. 68. Ortiz de Zúñliga, 3, 282, nol. l. CUANDO EL SERVIA EN LA CORTE DEL REY CATOLICO 39 Días más tarde, el 16 junio, recibió la noticia de la de cisión de Julio JI de convocar un Concilio General. Femando estaba plenamente de acuerdo y encargó a su embajador Jerónimo de Vic hacér se lo sa - ber al Papa y «segurarle que yo seré s iemp re constantíssimo en ayudar a su Sanctidad y a la Iglesia»69• Ante los acontecimientos, Fernando suspendió la empresa de Africa, «aunque los navíos estavan a punto e los mantenimientos llegados, y mucha gente de la que avía de pasar ya venidos y partidos de su tierra para pasar», e hizo saber a todo s los impediment os que le obligaban a dejar «la pa sa da de allende [ ... ]. de lo qual fu e mucho enojado, e ovo de mandar despedir las ge ntes»7 º. La estancia de Femando en Sevilla se había prolongado d es de el 1 febrero hasta el 21 junio. Durante este tiempo, el Consejo R ea l expidió doc um entos datados, en Sevilla, en 11 fechas diferentes. Y los contadores ma yo res los expidieron, al menos, en I 7 abril 71 • 3. RODRIGO DE PORT UN DO E IÑIGO DE LOYOLA Ignacio nos ofrece un a pi sta para deducir un a posible estancia suya en Sevilla. Al fin de sus días, en 1554, informaba a Luis Gon9alves da Camara que, en 15 24, en Génova, a su vuelta de Jeru sa lén, «le conosció un viscaino que se llamaba Portundo, que otras veces le había hablado cuando él servía en la corte del Rey Católico». Portundo le proporcionó embarcación para Barcelona72• Se trataba de Rodrigo de Portundo, o Portuondo, que había sido capitán de las galeras de la defen sa de la costa del Reino de Granada. Enviado a Génova con sus cuatro ga leras al se rvicio de Hugo de Moneada, nombrado capitán general de la s galeras de España para la campaña contra el rey de Francia, Fra ncisco l. hecho prisionero Moneada, en el ataque francés a Sa ona, Portuondo cubrió Ja ret aguardia hasta Génova. Portuondo fue preferido a otros en la sustitución de Hugo de Moneada como general de las galeras de España, entre ellos a don 69. El Rey a Jerónimo de Vic, Sevilla 16 junio 151 1. Terrateig !, 233-234: ll . 166·167. Santa Cruz Il , 143-145. 70. Bemá ld ez, cap. CCXXVI. 572-573. La su spe nsión de la empr esa de Afri ca en la mente de Feman do era temporal. Así se deduce del enterado ( 15 junio 15 1 1) del virrey de Sici li a, Hugo de Moneada. Oo ussinague, 458-459. 71. Se dataron en 7. 9, 11-12 y 24 febrero: 24 marzo; !O y 28 abril: 1, 11 y 26 mayo. Rumeu de Annas, 370 -372. 72 . Autobio¡¡raffa V, nº 53 . Fomes narr. l. 434. 40 FRANCISCO DE BORJA MEDINA, S.J. Luis de Requesens. En 1525, condujo a la escuadra de vuelta a España llevando a bordo de la capitana de su mando al rey de Francia Francisco 1, tomado prisionero en Pavía. En 1528, el rey Carlos 1 puso bajo la supervisión de Portuondo el apresto de las 50 galeras que se construían en Barcelona. En 1529, como capitán general de SS.MM., a bordo de la galera real Santa Trinidad, mandó la armada que llevó a Carlos desde Barcelona a Italia. Preparada esta galera para conducir a su bordo al Rey, este subió, luego, a la de Andrea Doria que se había pasado del servicio del rey de Francia al del emperador a quien se unió en Barcelona. Juan Portuondo, hijo de Rodrigo, mandaba la San Jerónimo. El 21 de agosto 1529, en Génova, el rey nombró a Portuondo capitán general de la defensa de las costas del Reino de Granada con ocho galeras y dos bergantines a su mando y firmó con él un asiento que sería modelo para los sucesivos. Poco después, el 25 octubre de ese mismo año, murió en un desafortunado encuentro co n Cacciadiávolo, segundo de Barbarroja, en Formentera. Portuondo había intentado darle caza con su galera y la de su hijo Domingo. Este, malherido, fue hecho prisionero co n otros capitanes y murió empalado en Argel, por orden de Barbarroja, con otros 17 capitanes, en represalia del ataque de Doria a Cherchel73• De familia de armadores, con casa solar armera en la anteiglesia de Mundaca, partido de Guemica, en Vizca ya, armador, se ñor de naos y reputado marino, Rodrigo de Portuondo había nacido en Sevilla. Consta de su participación en la expedición a Orán en la armada de Pedro Navarro (1509) al mando de su propia nao de 310 toneles (c. 260 toneladas) con 50 marineros, 16 grumet es y 4 pajes. Pocos años después, en 1516, se unión, con dos naos propias de 550 toneles en total (c. 460 toneladas), a la armada de Diego de Vera aprestada en Cartagena contra Argel. De estas naos, denominadas «portundas», se decía que eran «muy buenas naos de casi treszientos toneles y más cada una, muy bien en orden»74• 73. F. Ló pcz de Gómara •Choronica de los muy nombrados Omiche y Haradín Barbarroja», Memorial Histórico Español (M HEJ, t. VI, p. 32 7. C. Fernández Duco, Armada española desde la unión de los reinos de Castilla y de AraMn, 5 vals. Madrid, 1895-1899, 1, 136-137, 156, 359, 361. 369. 370, 406, 408. 74. •Instrucciones dadas por Diego de Vera y Juan del Río a Vi ce nte Pérez de Albornoz para trat ar c on el Cardenal acerca de la armada, y acuerdos tomados por éste», MHE Vl , Ap~ndice 19, pp. 47 1-480; L. Zapata, «De algunos hombres señalad os de Sevilla» en Miscelánea. MHE XI, 318, 320 . C. Fcmández Duro, Armada espa1iola . .. 352, 361. A. y A. García Carraffa, El solar vasconavarro, 5, 337. E.J. de Labayru y Goicoechea, Historia General del Señorfo de Bizcaya, en CUANDO EL SERV IA EN LA CO RTE DEL REY CATOLJCO 41 En Sevilla había una importante comunidad vizcaína y guipuzcoana, sobre todo de armadores y mercaderes dedicados al comercio del hierro del Norte. Por este tiempo, enrre 1504-1515, la flota mercante vasca en Se vi lla contaba con 58 unidades, 39 de Guipúzcoa y 29 de Vizcaya. Era la más numerosa después de la sevillanotri anera con 149 unidades. Pero en la vasca predominaba la nao de gran tonelaje75. Sería interesante estudiar las relaciones de los mercaderes y marinos vascos establecidos en Sevilla con los Loyola. Algo indicaremos más adelante. El hecho de haber Portuondo reconocido a Iñigo y la afinnación de éste de «que otras veces le había hablado cuando él servía en la Corte del Rey Ca tólico» suponen un tr ato relativamente intenso en relaci ón con el contexto de la Corte. Y ta mbi én, sin duda, en relación con el servicio desempeñado por lñigo en ella. Ningún lugar más adec uado que Sevilla para un encuentro de Iñigo con un marino, como Rodrigo de Portuondo, cuando, 13 años atrás, en 1511, se encontraba la corte de Femando en ella y se aprestaba la gr an armada para coronar Ja empresa de Africa. Tanto más si Portuondo tenía su domicilio en Sevilla y la arma da se reunía en un puerto tan cercano como Cádiz. 4. SEVILLA EN EL PLAN ORGANIZATIVO DE LA ARMADA La organización de la annada, en y de sde Sevilla, suponía toda una intensa actividad admi ni strativ a: armamento, aprovisionamientos, libramientos de pagos a tropas, fletes de buques, etc. Sevilla, desde el bajo medioevo, había adquirido, por una parte, una amplia experiencia en el pertrecho y organización de empresas Bibliote ca de la Gran Enciclopedia Vasca. t. IV. Bilbao l968, pp. 77-78. M.V. de Gondra y Oráa. Mundaka y Ped ernales. Primeras anteiglesias de una vieja merindad. Villapalmira Busturia 1981, pp. 18-20. 75. M.A. Ladero Quesada, El crecimiento económi co de la Corona de Castilla en el siglo XV: eje mpl os and al uces, en Los mudéjares de Castilla y otros estudios de Historia Andaluza. Granada, 1989, pp . 280-281. F. Morales Padrón, Historia de Sevilla. LA ciud ad del Qu i ni entos. 31 ed., Sevilla, 1989, p. 75. E. Otte, El Comercio exterior andaluz a fines de la Edad Media, en Actas del 11 coloquio de historia medieval andaluza. Hacienda y comercio. Sevilla 8110 abril 1981. 235-236. Según este autor, de las unidades de la flota guipuzcoana, la mayoría correspondía a San Scbastián (18) seguida por Motrico (10). Fuenerrabía (3). Guetaria (2). Zumaya (2), Cestona (!) , Rentería (1). Azcoitia (1) y Deva (!).De las 29 vizcaínas, la mayoría (24) penenccía a la ría del Nervión: Bilbao (15). Deusto (7) y Ponugalete (3). El resto se repartía entre Escalante (2). Bermco (1) , Mundaca (!) y Lequeitio ( 1 ). 42 FRA NC ISCO DE BORJA MEDINA, S.J. marítimas, uno de los aspectos que cristalizan en la recién creada Casa de Contratación (1503) y, por otra, se había convertido en una plaza comercial y financiera de primer orden donde comenzaban a establecerse grandes casas de banca como consecuencia de la llegada masiva de metales preciosos. La casa de la moneda sevillana había sido durante el siglo anterior la más activa de todas las cecas reales de Castilla, debido al oro africano. Al mismo tiempo que se intensificaba ahora el gran comercio con las Indias, crecían las necesidades de la ciudad y su comarca y se daba un gran impulso a la economía y a la agricultura andaluzas. Este mismo año 1511, los judeoconversos, Pedro y Melchor de Espinosa, creaban su banca en Sevilla 76 • La organización de la expedición africana desde España, sobre la base de 500 hombres de las guardias del Rey, 1.000 jinetes, 300 ballesteros de a caballo y 7.000 infantes, se hacía en Andalucía, y no en Cataluña o Valencia, porque respondía precisamente, según el mismo Rey Católico, a la abundancia de mantenimientos y de caballos y otras cosas necesarias para la armada, con que contaba la región andaluza, sobre todo el valle del Guadalquivir, y no las regiones antes citadas de la corona aragonesa 77 • Como ejemplo de esta compleja actividad administrativa de la corte en las circunstancias que Ja llevaron a Sevilla, al suspender se la expedición africana, el Rey Católico envió, en 16 de junio, a Cádiz, a su capellán mayor y consejero real, Juan Rodríguez de Fonseca78, 76. M.A. Ladero Quesada. /li sl()ria de Se1•illa. La ciudad medie mi (2' ed. ). Sevilla 19 80, pp. 85, 97-103. Id. Sohre la ~é11e sis medieval de la idemidad andaluza, en Los mudéjares de Casril/a ..• 240.242. 77. Así Jo declara el mismo Femando: El Rey a Pedro Navarro. Madrid, 24 diciembre 1510. Doussinague, 360-363. 641-643. 78. Juan Rodríguez de Fonseca ( 14 51-1524), hcnnano del contador mayor Antonio de Fonscca e hijo. como éste, de Hemando de Fonseca y de Teresa de Ayala. Nacido en Toro, protegi do de Fr. Hemando de Talavera. arzobispo de Granada, fue provisor de Granada y deán de Sevilla. Capellán de la reina Isabel desde 1484, se ordenó sacerdote en Barcelona, el 6 abril 1493 y fue obispo de Badajoz (1495), Córdoba (1499), Palencia (1504) y Burgos (1514). Presentado por el Rey Católico ( 151 3) para Patriarca de las Indias, con ju ri sdicción so bre todos los nuevos territorios. el Papa no co nsintió. Acompañó a la in fa nta Catalina a Inglaterra para su boda con el príncipe Arturo y desempeñó misiones de confianza cerca de la princesa Juana en Flandes y en España. Retirado en Pa lencia durante el reinado de Felipe, volvió a la Cone durante la gobernación de Femando (150715 J 6). Talento organizativo, tuvo a su cargo las armad as de Indias desde el segundo viaje colombi no, en 1493, y el apresto de las mesnadas de Gonzalo de Górdoba para las guerras de Italia. De él dependieron Jo s as untos de la Casa de Contratación desde su fu ndación ( 1503) y prácticamente pasaban por sus manos tod os los asuntos de Indias. Capellán mayor real, era comisario para la Cruzada en los reinos de Castilla. T. Teresa León. «El obispo Juan Rodríguez de Fonscca ... •. Femando lo propuso a Julio n para ca rdenal. El Rey a Jerónimo de Vic. Sevilla, 16 junio 1511. Barón de Terrateig, Polltica en Ira/ia del Rey Católico 1507151ó. Correspondencia inédita con el embajadar Vich, 2 vols. Madrid 1973. II. 166. CUANDO EL SERVIA EN LA CORTE DEL REY CATOLICO 43 obispo de Palencia, con el encargo de despedir a las tropas inglesas y de pagarles sus sueldos, así como, a los capitanes de las naos que lo s trasportaban, los sueldos y fletes de la armada hasta fin de julio 79• Este prelado, hábil organizador de expedicione s, considerado amigo de unos y enemigo de otros, era, en frase de uno de estos últimos, Bartolomé de las Casas: « muy capaz para mundanos negocios, señaladamente par a congregar gente de guerra para armadas por el mar , que era más oficio de vizcainos que de obispos, por lo cual siempre los Reyes le encomendaron las armadas que por mar se hícieron mientras vivieron »w. Como lo muestra el hecho de su misión a Cádiz, el obispo estaría encargado por el Rey de organizar también esta expedición. De la complicada burocracia que comportaba la gestión de estos asuntos, no estarían ausentes, en esta ocasión, lo s contadores mayores que necesitarían, para la dirección de la s diversas funciones de su empleo, todo el personal a su servicio. Sobr e todo el de la sección de sueldos a cuyo cargo estaba el pago de la gente de guerra y de la s armadas así como el de su provisión y abastecimiento 81 • lñigo, como allegado, o familiar - «continuo comensal »- del co ntador Juan Velázquez, podría hab er participado en el desempeño de algunas de estas gestiones. Tampoco sería extraño que, siendo el otro contador mayor, Antonio de Fonseca, hermano de Juan Rodríguez de Fonseca, cola bora sen con ést e los allegados de ambos contadores mayores en la supervisión de la s libranzas de los pagos a tropas y armadas. Por otra parte, Iñigo podría haber intervenido de un modo o de otro, en los asuntos de la sección de tierras que entendía en la concesión de ciertas rentas en Vizcaya y Guizpúzcoa para sostenimiento de lanzas y ballesteros mareantes 82 • 79. Bemáldcz, cap. CCXXYJ, 573: Doussinague, 461 -463. 80. Fr. Bartolomé de las Casas, Obras escogidas de ... l. Hist or ia de las Indias, BAE 95. Madrid 1957, cap. LXXVIII, p. 233; E. Schiifcr, El Consejo Real y Supremo de la s l11dia s. l. Historia y orga11ización del Consejo y de la Casa de Co111rata ción de Indias. Sevilla 1935, pp. 23, 26-27, 50 (no !. 2), 56 (not. 1 ). 81. Apare nt emente o hay una laguna en la documentaci ón de estos años en relac ió n con Rodríguez de Fonseca, como se desprende del artículo de Teresa Le ón (p . 25) citado en nota 14 , o no se ha esrudia do el papel de Rodríguez de Fonseca en Ja preparación de esta expedición africana. 82. Cfr. Plaza Bares, 127, 1255, 158. 50 FRANCISCO DE BORJA MEDINA, S.J. muerte de su padre(+ 29 noviembre l538)w1• Otra hija de Juan López de Rec al de, Isabel, se casó con el primo hermano inseparable de Beltrán de Oñaz, Beltrán López de Gallaiztegui, señor de Ozaeta ¿Fruto también de gestiones o consejos de lñigo a quien este sobrino siempre veneró?1º2• A su vez, uno de l os testigos de la boda de Beltrán de Oñaz con Juana de Recalde, Juan Martínez de Lasao, siendo secretario del Con sej o de la Suprema y General Inquisición, se casó en Loyola (16 abril 1542) con una sobrina de lñigo, Catalina Vélaz de Loyo la , hermana de Beltr án de Oñaz, que era ya señor de Loyola. Lorenza de Oñaz, hija y heredera de éste último y de Juana de Recalde, casaría, en 1552, con Juan de Borja, hijo del duque de Gandía, Francisco de Borja. Este, admitido en la Compañía de Jesús y ordenado sacerdote, había celebrado su primera misa en el oratorio de la casa de Loyola en el año anterior, acompañado de su hijo Juan. No es extraño que surgiera, en esta ocasión, la idea del matrimonio. Con este fin, las capitulaciones matrimoniales se firmaron el 7 agosto 1552. Celebró el matrimonio el r ec tor de Azpeitia, Andrés de Loyola, y asistió a la ceremonia el Provincial de la Compañía de Jesús en España, Antonio de Araoz, parientes ambos de la novia. Días después, Borja visitó Loyola para bendecir a los nu ev os esposos. Esta boda levantó duras críticas contra Ignacio, qu e no tuvo la menor parte en ella y parece que le disgustó positivamente 103 • Otra de las posibles relacio ne s que Iñigo pudo tener en Sevilla, fue con el tesorero de la Casa de la Mon eda sevillana, el caballero veinticuatro de esta ciudad, Luis de Medi na , señor de La Membrilla, futuro marido de la mayor de las hijas de Juan Velázquez de Cuéllar, Isabel de Velasco, que había sido dama de la reina Isabel la Católica desde 15001 ()4. Por otro lado, en Sevilla estuvo, en 1510, Hernán de Loyola, hermano de lñigo, camino de América donde murió en Tierra Firme, Protocolos de Sevilla. Siglo XVI. Madrid 1935 y Catálogo de los fondos americanos del Archivo de Protocolos de Sevilla, t. V, S igln s XV y XVI. Sevilla 1937. IO l. Fontes doc. 599. 102 . Cfr. Beltrán López de Gallaiztegui a Ignacio. 6 diciembre 15 51. Epp. mixtae 2, 64 1-64 3. Ambos Beltranes mantuvieron relación con su tfo. incluso después de fundada la Compañía. Es cu rioso el documento de venta de un caballo, por valor de 30 ducados de oro, hecho el 23 julio 1535 en Ja cas :!. :0~ de La y!'!?. ~e '1e::C:! :; ! ::.~:.-:::~ .:.:~ I'_:; ~.:~~ ~ 7.! p:!=-::o P. ~! !r!~ ¿~ Or.~z. e! ~o !a:fr ·. ~ .. el hennanastro legitimado de éste, Pe ro García de Loyola, y uno de los testigos, lñigo López de Loyola, es decir San Ignacio. F omes doc. 466-467. 103. Araoz a Ignacio. Loyola, 3 septiembre 1552. Epp. mixtae. 2, 777: Chronicon 2, 671. 711 -712. 104. Cfr. Fcmández Martín, 26. CUANDO EL SERVIA EN LA CORTE DEL REY CATOLICO 51 probablemente en la ex pedición del Darién llevada a cabo por el guipuzcoano, Lope de Olano, pariente de los Loyola. En 1509, éste había fonnado, en Sevilla, una compañía mercantil con sus paisanos Nicolás Sánchez de Aramburu y Andrés de Arostegui para el abastecimiento de la nao Santiago105• La relación que Iñigo tuvo necesariamente que mantener con los hennanos Fonseca -Juan y Antonio-, contribuye a explicar también su conocimiento del sobrino, Alonso de Fonseca106, arzobispo de Santiago y luego del Toledo. Y aclara la confianza con la que lñigo acudió a Valladolid, en 1527, a entrevistarse con él y poner en sus manos el asunto de las sospechas de que había sido objeto, en Alcalá, por parte de su vicario, Juan Rodríguez de Figueroa, y Ja deter - minación de éste. Y, por el lado del arzobispo, su ofrecimient0 a Iñi go de un puesto en su colegio de Salamanca y la limosna de 4 escudos que le entregó para el viaje 107 • 6. LA CARTUJA DE SANTA MARIA DE LAS CUEVAS Por otra parte, la posible estancia de lñigo en Sevi ll a explicaría mejor uno de sus primeros propósitos después de su conversión, que mencionamos al comienzo de este trabajo: entrar en la Cartuja de Sevilla, Santa María de las Cuevas. Así lo expresa el relato de Luis Gom;alves da Camara: «Y echando sus cuentas qué es lo que haría después que vinie se de Jeru salén para que s iempre v iu i es e en penitencia, ofrecíasele meterse en la Cartuxa de Sevilla, sin dec ir quién era para que en menos le tuviesen, y allí nunca comer sino yerbas»1 08 • 105. Documenros americanos del Archivo de Protoco lo s de Sevi/fa. Siglos XVI. Sevilla, 193 5, n• 601. Lopc de Olano era hennano de Juani9a de Loyol a, Fomes do c. 623, 824. 106. Alonso de Fon se ca er a hi jo natural de su omónimo el arzobispo de Santiago de Compostela (+1 51 2) y de Maria de Ulloa, hermana del conde de Monterr ey . Su padre. Al onso de Fonseca, llamado el Joven para dist in g uir lo de su tío con q ui en conmutó un tiempo la sede compostelana por la hispalense (1460-1464), era hi jo de Di ego González de Acevedo y de Catalina de F:m seca, hennana de Al onso de Fonseca el Vie jo , arzobis po de Sevilla (1454-1460; 1464· 14 73), ! :~~a: de la C:x:?. y Al :i.ejc-:. y de Her:umdn de Fnn<er.• :i•df'! de Juan y de Antonio. Teresa l .eó n ~ El obispo Juan Rodríg ue z de Fonseca ... ». C. Ros, Los Ar zobisp os de Sevilla. Luces y sombras en la Sede Hispalens e. Sevilla 1986, 101 - 106. 107. Autobiografía VI, n• 63. Fontes narr. 1, 450-45 2. 108. Ibídem 1, n• 12. Ibídem 376-377. 52 FRANCISCO DE BORJA MEDINA, S.J. La cartuja sevillana se yergue extramuros de la ciudad en la margen derecha del Guadalquivir. Fácil de contemplar desde la otra orilla, donde se asienta la ciudad, es una de las primeras vistas que se ofrecen al caminante que llega a Sevilla desde Córdoba por Carmona y La Rinconada, o desde Extremadura por El Pedroso, Cantillana y Alcalá del Río, que fueron las rutas seguidas por Fernando1 09 • Más que la lejanía del ambiente y de la tierra natural en que se mo vía Iñigo110, o la hipotética l ectura de las obras de su prior, el «Cartujano» sevillano, Juan de Padilla: Retablo de la vida de Cristo (1516) y Los doce triunfos de los doce apóstoles (1521) 111 , sería el recuerdo personal de Santa María de las Cuevas, lo que le movería a pensar en ella como lugar de su retiro penitente. El deseo de alejarse de su tierra y de su ambiente poco podía influir en lñigo para escoger Las Cuevas, ya que Sevilla contaba con la presencia de guipuzcoanos al frente de la Casa de Contratación y con abundancia de mercaderes y señores de naos originarios de la Provincia y, en concreto de Azpeitia y Azcoitia, poco distantes de Loyola y en relación con sus señores. No hacían falta, por otra parte, los versos de Padilla para dar a conocer la Cartuja de Santa María de las Cuevas por España 112 • Era de sobra conocida desde hacía más de un siglo. El viajero alemán, J. Münzer, por ejemplo, la consideraba, en 1495, la más rica y suntuosa después de la cartuja de Pa vía, con una renta de 4.000 ducados y 70 celdas par a 40 sacerdotes y 30 legos. Y apostillaba como explicando las excelentes posibilidades que le ofrecían sus rentas: «además todos los alimentos van allí muy baratos debido a la gr an abundancia que hay de ellos en Andalucía)> 113 • 109. Para la ruta del Rey Católico, Ru meu de Armas, 348, 370. En 1508, se deruvieron en el Hospital de San Lázaro, donde íucron a su encuentro ambos cabildos. con el Arzobispo, Diego Deza, y el Asislente, Tñigo de Vclasco. y. con la carrera cubiena por más de 10 .000 infantes. entraron, bajo palio, por la pucna de la Macarena: On iz de Zúñiga 3. 276. Desde esa zona se puede contemplar perfcc1amcnte la canuja. 110. Villoslada, 80. basa la resolución de lñigo de recluirse en Santa Maria de las Cuevas en la lejanía de su tierra y en el desconocimiento de su persona en la canuja sevillana. 111. Leruria, El Gentilhombre 8 l. 112. /bfdem 83. 11 3. Jeróninw Münzer. Viaje por España y Portugal en los años 1494 y 1495, versión del latín por Julio Puyo! BRAH (1924) 200-201. La s ciíras de Münzcr par ecen elevadas: según oiros cómputos, en t omo a 1492. tenía de renta la cartuja sevillana 1.1 11.000 maravedís, esto es unos 2.962 ducados. Con todo, superaba a todas l as demás órdenes monásticas eslablecidas en Sevilla: poseía prácticamente el doble de la que Je seguía en riqcuza, los jerónimos de San Isidoro del Campo cuyas rentas ascendían a 555.000 maravedís ( =l. 466 ducados). Ladero Que sa da, Historia de Sevilla, 186. Para un estudio más completo, vid. B. C uan cro y Huena. Historia de la Cartuja de Sama María de las Cuevas. y de su filial de Cazalla de la Sierra, Madrid 1950. CUANDO EL SERVIA EN LA CORTE DEL REY CATOLICO 53 Por otro lado, las relaciones económicas de la Cartuja con la población de Sevilla y su comercio y el influjo espiritual de sus monjes en los sevillanos hacían verosímil un recuerdo de la Cartuja de las Cuevas por parte de Iñigo de tipo más personal, además del causado por la contemplación de sus edificios. Tampoco se puede argüir en contra de su conocimiento directo de la cartuja sevillana, fundados en la frase «sin decir quién era para que en menos le tuviesen». Precisamente la frase indicaría lo contrario: que pudieran reconocerle. Sería muy problemático que los cartujos sevillanos hubieran podido conocerle por su origen familiar. Sin embargo, la posible venida de Iñigo a Sevilla, en el séquito de un magnate castellano al servicio del Rey Católico, y su contacto personal, durante la estancia de la corte en la ciudad, con personas influyentes, explicaría de modo más coherente esa reserva que hacía oportuna la ocultación de su personalidad en beneficio de la vida de humildad que excogitaba. Sin olvidar los muchos vascos, guipuzcoanos en particular -marinos, mercaderes, oficiales reales, etc.- residentes o estantes en Sevilla, que podían conocerlo y darlo a conocer. 7. SEVILLA EN EL PENSAMIENTO DE IGNACIO DE LOYOLA Sevilla ocupará más tarde la atención de Iñigo y recibirá su ayuda. En efecto, poco más de 30 años después, fundada la Compañía de Jesús y apenas establecida en España, uno de sus primeros propósitos fue la fundación de un colegio; «especialmente en Sevilla, donde, por el concurso de mucha gente y otras particulares circunstancias, con ra(j:ón se esperaría gran fructo si vuiese quien les reboluiesse y supiesse ayudar» 114 • Como paradoja serán ambas casas andaluzas -Priego y Medina Sidoniacastigadas por el Rey Católico por su rebeldía a la Corona, en 1508, las primeras que ofrecen su colaboración a Ignacio para la fundación de la Compañía en Sevilla, representadas en dos parientes de Femando: su nieta, Ana de Aragón, mujer del duque de Medina Sidonia, Juan Alonso de Guzmán, y su sobrina, en segundo grado, Catalina Femández de Córdoba, JI marquesa de Priego, casada con 114. Ignacio a Simón Rodríguez. Roma, octubre 1547. Epp. Jgn. 1, 602. 54 FRANCISCO DE BORJA MEDINA, S.J. Lorenzo Suárez de Figueroa, conde de Feria. El promotor de las fundaciones, un biznieto de Fernando: Francisco de Borja, duque de Gandía, sobrino carnal de Ana, por Aragón, y sobrino en segundo grado de Catalina, por Enríquez 115 • Un hijo de Catalina, don Antonio de Córdoba 11 6, se unirá a la Compañía de Jesús movido por el ejemplo del duque de Gandía. El fundador del colegio de Córdoba (1553), don Juan de Córdoba, deán de la catedral de esta ciudad, abad y señor de las villas de Rute y Zambra, era hijo del III conde de Cabra, Diego Fernández de Córdoba, otro de los confederados de la liga antifernandina constituída en Sevilla. Las fundaciones andaluzas promovidas personalmente, en vida de Ignacio de Loyola, por Francisco de Borja, su Comisario para la península Ibérica, fueron las de Sevilla, Sanlúcar de Barrameda y Granada (1554). En la de Córdoba (1553) había intervenido su antecesor, como Comisario, P. Jerónimo Nada!. La fundación de Sevilla era la que más interesaba a Ignacio y a Borja. Desde que el entonces duque de Gandía, Francisco de Borja, Virrey de Cataluña, conoció en Barcelona, en 1542, al compañero de Ignacio, Pedro Fabro, se sintió atraído a Ignacio y a la nueva orden, fundada dos años antes, en 1540. Al suceder Francisco de Borja a su 11 5. Francisco de Borja (futuro santo) era hijo de Juan de Borja y de Juana de Aragón y Gurrea, hi ja de Alfonso de Aragón. arzobispo de Zaragoza, al igual que Ana, mujer del duque de Medina Sidonia. Su padre, Juan de Borja, era nieto de Rodrigo de Borja (Alejandro VI) y de Vanozza Catanei. Su abuela paterna, María Enríquez, era hija de Enrique Enríquez, hermano de la reina de Aragón. Juana Enríquez, madre del Rey Católico, y de Elvira Enríquez, madre de Catalina Fernández de Córdoba, marquesa de Priego. Francisco de Borja era, por tan to , biznieto de Fernando por su madre y de Alejandro VI por su padre. M. Batllori « La stirpe di san Francesco Borgia dal Ducento al Cinquecento ». AHSI 41 (1872) 5·47. 116 . Nacido en 1527, discípulo del Maestro Juan de Avila estudió en Salamanca donde fue elegido rector de los estudiantes. Había sido propueslo para cardenal. Por consejo de Avila fue a Oñate donde hizo ejercicios espirituales con Borja que le recibió en la Compañía el 29 mayo 1552. Se ordenó sacerdote al año siguiente y dijo su primera misa en Burgos, en la festividad del Co!J>us Christi. 1553, en la que predicó Borja. En otoño fue como rector del grupo fundador, a comenzar el colegio de Córdoba fomentado por su madre e inaugurado el 25 noviembre, fiesta de santa Catalina. Colateral de Antonio de Araoz, provincial de Castilla, y supcrinlendente del colegio de Salamanca, desde 1554, fue nombrado por Ignacio, en 1555, colateral de Borja con encargo de vigilar su salud. Fue viceprovincial de Andalucía en 1558 y 1559. Residió, casi siempre, en el colegio de Alcalá, donde hizo su profesión solemne el 20 mayo 1564. Murió en Oropc sa (Toledo), el 24 enero 1567, en casa de sus tfos lo s condes de Oropesa y fue enterrado en el panteón de estos en el convento de San Francisco. hasta su traslado a Montilla. J. de Santiváñcz, Hist or ia general de la pr ovincia de Andalucía de la Compañía de Jesús (ms. en la Biblioteca Universitaria de Granada. Copia recicnle en el Archivo Histórico de Ja Provincia de Andalucía, Granada), lib. 1, caps. 7 y 14; F. Sacchini, S.I. Hi storiae Societatis /esu pars secunda sive Lainius, pars tertia sive Borgia, pars quarta sive Everardus, pars quinta sive Claudius tomus prior, 4 vols. (Antuerpiae 1620-Romae 1661) , 111, 3, 172179. Uriarte-Lecina, 2, 286-287. CUANDO EL SE RVIA EN LA CORTE DEL REY CATOLICO 55 padre en el ducado de Gandía, en 154 3, una de sus primeras preocupaciones fue Ja fundación de un colegio de la Compañía de Jesús en la capital del ducado para la educación de sus vasallos, especialmente de los recién convertidos del islamismo, los llamados moriscos, que se inauguró en 1547 . Al mismo tiempo, el duque estaba activando, con sus pa ri entes, la fundación de un colegio en Zaragoza y otro en Sevi ll a, éste por medio de su tía la duquesa de Medina Sidonia, Ana de Aragón, nieta de Femando el Católico. Ignacio de Loyola aprueba los designios de Borja y promueve, sobre todo, el colegio de Sevilla, encargando, en 1547, a uno de sus compañeros, el portugués Simón Rodríguez, confesor del rey de Portugal, Juan III, que colaborase act iv amente co n Borja y: «funda se espiritualmente, como el duque temporalmente, el edificio que allí [en Sevilla] se hiciere, donde de nuestra mano proveyéderes los que han de comern;ar tal obra, mayormente en Sevilla que, por ser vecina a Portugal parece se ría más al propósito la correspondencia de un colegio a otro [Coimbra]» 117 • Para ello, Simón Rodríguez debería trasladar se a Sevilla, o al menos enviar al P. Francisco de Estrada, en ese momento el mejor predicador que tenía la Compañía de Jesús en Ja Península Ibérica. Borja, en person a, había escrito a Juan III para que se desprendiera de Estrada por cuatro meses y le dejara partir para Sevilla, a lo que el rey accedió, en principio, por ser voluntad de Ignacio. Asimismo Borja activaba la fundación económica del colegio de Sevilla con sus parientes de Andalucía, Ana de Aragón y Catalina Fernández de Córdoba, y el mis mo ofrecía la s rentas de su encomienda de Reina, de la Orden de Santiag o, junto al reino de Sevilla. La correspondencia de Borja y de Ignacio en estos años abunda en la preocupación por procurar las personas y l as rentas suficientes para sustentar a los estudiantes que se preveía entrarían en el colegio. Por diversas razones no se pudo dar comienzo a este colegio sevillano hasta 1554. En este momento, la rápida proliferación de colegios en España obligaba a cercenar y suspender sus fundaciones, pero Ignacio excluía de esta medida al colegio de Sevilla. El 30 diciembre 1554, escribía a Borja, ya de camino para esta ciudad, lo que se pretendía con el colegio: 117. Ignacio a Simón Rodríguez. Roma, 0<;tubre 1547 . Epp. lgn. I, 602. 56 FRANCISCO DE BORJA MEDINA, S.J. « La yda de Sevilla seruirá para su lugar, vltra de lo que en la misma se pretiende, de dexar un buen principio, para que Dios N.S. se sirua de la Compañía perpetuamente en lugar tan inportante. Y si la necesidad de gente hiziere apretar la mano para adelante en el acetar colegios, de crear es que el de Sevilla, si se comienza con buen fundamento, dará contentamiento á V.R. de no hauerle dejado atrás. Creo también que sea lugar para hacer gente, por razón del estudio, y grande concurso que ay en ella»118• Ignacio de Loyola confirmaba así su visión de lo significaba Sevilla para la misión apostólica de la Compañía de Jesús: por una parte, en razón de los estudios universitarios, la posibilidad de reclutar y formar a los nuevos miembros. Por otra, un campo extenso para ese apostolado por el gran número y la importancia de su población. esa atención a Sevilla quedará patente con la fundación, en años sucesivos, de la casa profe sa , colegios de San Hermenegildo, Inglés, Irlandés y de las Becas, noviciado de San Luis y Hospicio de Indias. +++ Con estas notas sólo hemos querido contribuir a establecer una hipótesis de trabajo para una mayor profundización en la experiencia vital de Iñigo de Loyola, muy posiblemente tenida en Andalucía y, sobre todo, en Sevilla. Experiencia que pudo haber ejercido un influjo importante en la formación de una mentalidad y un modo de hacer que se manifestarían en rasgos de su personalidad y en el proceso de maduración espiritual y humana en su vida y obra. Entre otros aspectos, la expresión literaria de algunos de Jo s grandes temas de los Ejercicios Espirituales -Rey Temporal, composición de lugar de la contemplación sobre la Encamación, Dos Banderas, Tres binarios de hombres-tendrían su explicación má s obvia, a nivel vivencial más que intelectual, en el contexto de una experiencia cordobesa y sevillana vivida posiblemente por lñigo de Loyola en estos años. Esto estaría más acorde con su modo de ser, hombre de experiencias y realidades y no simplemente de recuerdos y fantasías, aunque fueran nacidas de sus lecturas caballerescas. Pero estos aspectos pertenecen a otro campo del que nos ocuparemos en otro estudio. 11 8. Polanco a Borja (ex co mm.) . Roma, 30 diciembre 1 554. Epp. lgn. 8, 218.