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Discurso aspirando al premio que ofrece la Academia Sevillana de Buenas Letras para el año 1840 : sobre el programa, ¿Puéden darse hoy algunas rigorosas demostraciones del movimiento de la tierra, base del sistema copernicano?...

Anónimo, Un; Amador de los Ríos, José, 1818-1878; Mármol, Manuel María del, 1776-1840; Real Academia Sevillana de Buenas Letras

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Ohdu del Mufrw Jyc. u* itcm m di CümíWwia, (¿t le MifonQV SH. U, toMtAjju&tQ oUafaul/luíuktrii.' w íí¡55 ú(i f incitu'm di ¿V y ¡Hita pb Cmtvw di J^twnux/ sh. Im cfáuat dt líX hsnJciiCLC 1 tj Ylditp duíU Ceatirió y, Puircrjcit^pv. SUpiranto al JJrétwo. NOTA. La Academia sevillana de Buenas Letras siente que el au¬ tor de esta memoria haya ocultado su nombre. Hubiera desea¬ do conocerlo, para mostrarle su gratitud, por la suma maestría con que presenta las demostraciones, y por el interes que se ha tomado en la gloria de la Academia, y en los adelan¬ tos de la ciencia astronómica. Esta reserva -del autor, tan dig¬ na de la modestia de un sábio, ha impedido á la Academia devolverle la memoria, por si gustaba hacer alguna leve cor¬ rección, y por lo tanto la da á la prensa, en la misma forma que la ha recibido. 17 PLAN DE ESTE DISCURSO. INTRODUCCION. DIFICULTAD DE LA EMPRESA. NARRACION. Antecedentes ú las demostraciones, que >e piden del movimiento de la tierra. Proposición y división. Los dos miembros del programa afirmados. Señalamiento de las demostraciones y efectos notables del movi¬ miento del sol en giro del centro. CONFI KM ACION. II. PARTE. Novedad del objeto. Se prueba la distancia del sol del centro del sistema y su giro en torno de él. Por autoridad. Por razón. Efectos mas notables de esta po¬ sición y giro. Variación del apogeo y perigeo. Precesión de equinoccios. Se refuta la mutación del eje de la tierra como causada de ellos. Se prueba que nacen de la posicion y giro del sol. Se hace ver equivalen d estacio¬ nes, direcciones, y retrograda» c iones del sol. EPILOGO. Se hace una breve reseña de todo lo dicho en el discurso. Se pide indulgencia por la clase de estilo de que se ha usado, por ser la obra puramente didáctica, y que no admite muchos adornos. I. rAKTE. Preocupaciones, que pueden im¬ pedir el efecto de las demos¬ traciones, que se piden. 5 d e los sentidos, del amor propio, de ideas religiosas. Se procuran desvanecer. Dos demostraciones del movi¬ miento de la tierra. 1. a Se toma de la simplicidad del sistema copernicano. 2. d De la llamada paralaje annua. 3 24 Y para usar de razones mas manuales y mas senci¬ llas (pues aquellos á quienes ahora' dirijo mis palabras, las necesitan) ¿no se concibe que una esfera puede ser ilu¬ minada sucesivamente en cada parte de su superficie, ora dé vueltas al rededor de una quieta, ora la luz dé vuel¬ tas al rededor de la esfera inmoble? Asi la tierra seria su¬ cesivamente iluminada en sus parles, si girase al rededor, y también pudiera serlo girando el sol al rededor de la tier¬ ra. Y si esto es mas complicado y difícil, y mas sencillo y natural el giro de la misma tierra, ¿por qué se le nie¬ ga este giro? Bien: dirá el iluso que no se atreve á contradecir al informe de sus ojos ; bien: yo confieso, que podria ser el moverse la tierra y no el sol; pero no es así, pues yo veo lo contrario. Contéutome por ahora con esta so¬ la confesión. Ya habrá solo que demostrar que eso que puede ser, es. Lo haré ver á su tiempo con tanta clari¬ dad, que me parece triunfaré de los ojos aun obstinados. Amor propio. La ilusión, que padece el hombre al ver movido el sol, y quieta la tierra donde habita, es cier¬ tamente seductora, dice Libes ; (a) al haga la vanidad, y complace sin duda al amor propio. Por esto se concede con una suerte de complacencia la inmovilidad eselusivamente á la tierra. La luna y el sol. ios demas planetas y sus satélites giran al rededor de ella sin interrupción , los primeros para alumbrar y calentar su superficie: los otros para dar mas brillo á su corte; y el hombre se considera rey del universo. iVo se desengaña de qnc esto es una qui¬ mera, porque perdería su grandeza imaginaria, y vería ras¬ gado el velo, que ocultaba la poca importancia de la tier¬ ra en el sistema del universo. ¿ Y quien te ha dicho hombre orgulloso, que me¬ rece este punto pequeño donde moras, mas que otros enor¬ mes cuerpos, que se colocan en el inmenso espacio , y á tu vista? ¿Será mas este globo peqicuo y opaeo é inani¬ mado, que el sol fuente de la lumb*c,que le ilustra, y del calor, que le vivifica? ¿ese sol que tanto le escode en perfecciones, que recibió'"de muchas naciones los inciensos debidos á las deidades? ¿Merecerás tú inaí que los demas (a) Mundo físico, carta 3.* 2 $ habitantes de otros globos, que quiza te csccderán en apre¬ cíales dotes? Sí : porque los demás globos no se han he¬ cho para estar despoblados. Su configuración, colocación y semejanza con tu tierra piden seguramente moradores. Se los dan los sabios^ y algunos creen infinitos los globos ha¬ bitados, (a) para que se comunique la beneficencia infinita de un Criador, para quien seria nada el número de habi¬ tantes terrestres , que participasen de sus bondades. Has¬ ta el mismo sol, no obstante sus fuegos, puede ser liabiladoj ya porque Dios puede criar seres, á quienes el fue¬ go no empezca, así como á muchos uo les empece el agua, lo que no creerlas sino lo vieses: ya porque , según las ob¬ servaciones del célebre Herschell, (b) es el sol un glo¬ bo sólido y opaco cubierto de nubes fosfóricas, las cuales no quemarán y solo ese liarán en nosotros la sensación del calor, poniendo en libertad el calórico, que contenemos. Y no recurras á ideas religiosas mal entendidas, para^creertc el solo habitante del universo , á quien como á señor único rodeen y obsequien los desiertos astros. El testo en que te apoyas , (c) habla solo de la tierra., que vive el hombre, y del hombre descendiente de un Adan, primero entre ellos. No habla, ni había para que hablase, de habitantes de otros planetas, que ninguna relación tienenj ni pueden tener con el habitante terrestre, ni de otros seres, que no fuesen hombres. Los habitantes de otros pla¬ netas , por no serlo de la tierra, ni deber ser hombres; pues serán de otra distinta naturaleza , según la calidad de su morada, no pueden ni deben descender de ese Adan, de que habla ese testo, que tan mal entiendes, y tan fue¬ ra de propósito haces valer ahora. ¿ Y te parece mediano el don del movimiento, que ahincadamente rehúsas? Es el mas precioso de la naturale¬ za,. es su principal obra, y el que concede con mas pro¬ fusión que los. otros: es su principal base, tanto, que ig¬ norado el movimiento, se ignora la misma naturaleza, según la atinada espresion de Aristóteles, (d) Por eso le conce- (a) Malebranch, en el libro titulado el infinito criado, (b) Libes Mundo físico. (c) Libro del Génesis. )d) En los libros de los físicos.. 4 fifi díó aun al sol, que debe ocupar un lugar menos apto para el movimiento , como que es centro de todos, alguno; y para recompensarle, le dio la primacía entre los demas se¬ res inanimados, y el privilegio de darles la vida. Nó: no perderá nada tu predilecta tierra en girar con un continuo movimiento. Grande filé Napoleón cuando, le Laclan corte cu Paris los mas de los reyes de la Euro¬ pa , (a) rindiéndole los homenages de su respeto; pero no aparecía menos grande, cuando atravesando la Europa , le salian los reyes al encuentro, ofreciéndole sus dones y su¬ misiones, caminando él como en triunfo por todas las sen¬ das del mundo culto. Grande se presentaba Juno, cuando en su alzado solio, al lado del tonantc Júpiter era acatada como diosa; pero no la presenta menos grande Virgilio (b) cuando la hace marchar magestuosamente por los cielos entre diosas y genios , entre admiraciones y obsequios. Asi egOj qtue Diviím incedo Regina. Déjate, hombre orgulloso, llevar en tu globo terres¬ tre como en nn carro de triunfo por la vasta estension de los ciclos. Ya saldrá á tu encuentro la primavera alhagüeña, regándote el camino de rosas fragantes, y purpurados alhe¬ líes; ya el verano, coronándote de ricas espigas, y brindán¬ dote sabrosas pomas; ya el otoño entoldando tu morada de pomposas vides, y dándote el licor suave, que vivifique y alegre tu corazón insaciable; ya el invierno, derramando la fecundidad entre sus aguas; ya el alba risueña, que te alhague, al despertar de tu sueño; ya el encendido medio-dia, que te invite á descansar entre copados árboles cabe bulli¬ dores arroyos, y claras fuentes; ya la noche, que le reco¬ ja cu sus brazos , y te aduerma, presentándote en blandos ensueños las delicias del pasado dia. Los planetas , ya mas de cerca , ya mas de lejos, te reciben á tu paso con faz brillante y • serena. El sol te manda sus influencias vivíficas do. quiera, que llega el cuerpo de esa tierra que pisas. Pa¬ rece que solo se han hecho las horas, las estaciones y los astros, para obsequiar y -gasajar en su paso á esta tierra, (a) Historia de Napoleón, por Horvins. (b) Eneida, 27 que hombres ciclos , ó ilusos, quieren dejar en inacción perpetua, donde como insensible y estática reciba los dones que quieran darle. Permitidme, señores académicos, estas pocas flores, entre la aridez de discursos sobre materias no tan amenas como útiles. Nada pierdes, hombre engreído, de la grandeza, que cifrabas en la quietud de tu morada terrestre. Nada, ó al menos nada, que no compenses con dones de igual valía. Oye pues sin esa necia prevención las razones que eviden¬ ciarán el movimiento del globo, que • te contiene. Ideas Religiosas. Los que no entienden, ó no quieren entender, ó no quieren admitir el sistema copernicano, se acogen como al último atrincheramiento , se aferran con el último áncora de la esperanza á la religión respetable. Estrechados por razones , oprimidos por el número de sus contrarios, la escritura santa, dicen, se opone al movimien¬ to de la tierra, y á la quietud del sol, que defendéis. La iglesia no consiente esa defensa. Es inútil hacerles ver, que los mas de los testos, que citan, no hablan de la quietud de la tierra, que pien¬ san , sino de su permanencia , cuando el veloz tiempo lleva tras sí las generaciones, inútil el citarles otros, que presentan á la tierra movida: Qui commovet terram de lo¬ co sao , (a) (el que conmueve á la tierra de su lugar.) Y no es esto hablar de terremotos, porque estos no sacan de su lugar á la tierra. Inútil alegarles otros que aun mas cla¬ ramente indican la translación de la tierra misma. Josué man¬ dó parar al sol. (b) Sol , contra Gabaon ne movcaris. Mas habló así, porque este era el movimiento, que veían los judíos, y no le hubieran ciertamente entendido, y aun se hubieran burlado de él, si hubiera dicho á la tierra que pa¬ rase en un tiempo en que ni aun se sospechaba, pudiera mo¬ verse, ni había quien esto pensase. Pero el sentido de su mandato fue que parase la tierra. Sino ¿para qué mandó parar la luna, que no hacia falta para la victoria, et luna ne movearis contra vallcm Ajalon ? porque , obedeciendo la tierra á su voz, necesariamente debía aparecer sin el movi¬ miento diurno la luna, y no habiendo oido, dirigir también (a) Libro de Job. (b) L:bro de Josué. 28 á ella el precepto, se hubieran confundido, y no entendi¬ do el milagro. Inútil es también interpretar los testos mas espreso» según la doctrina comnn de los teólogos, especialmente S. Agustín (a) y Santo Tomas, (b) La Escritura, dicen, no euseña física ni astronomía, sino piedad y religión, y el ca¬ mino del ciclo. Por lo demas se acomoda al modo de ver, y á las ideas, que tienen los hombres. Por ejemplo: los romanos orgullosos se creían señores del universo, no obstante serlo de una parte pequeña, comparada con el ámbito de la tierra. Decia un poeta de los suyos que mandabau Qiui marcj qud tclliis, qud a idus currit utrumque . Pues , acomodándose á este sentir la escritura, dice, que salió un edicto de Cesar Augusto para que se empa¬ dronase todo, el orbe. Universus orbis. (e) Ultimamente muchos teólogos, principalmente Petavio y Muratori , (d) les citan muchedumbre de testos semejantes. La autoridad de la iglesia, dicen, solo nos debe en estas materias guiar, y esta autoridad no nos permite creer movida la tierra, y al sol en quietud permanente. Pues bien, os diré yo, para desalojaros de esta últi¬ ma posición á que os habéis acogido: bien. Esa autoridad, que condenó á Galileo ; que espurgó al cartujo Astúnica, primer espositor copernicano; que solo permitía defender el sistema como hipótesis se lia portado después, y se porta, como vais á oir en boca del español Fcijoó. (c) ,,IIubo un tiempo en que la iglesia católica no per- ,,mitia hablar del sistema copernicano, sino es como hipó¬ tesis. Hoy, y antes de boy, todos, ó casi todos los físi- ,,cos de Europa sostienen como efectivo el movimiento real ,,de la tierra. Es seguido el sistema copernicano por innu- „merables autores católicos, y se enseña dentro Je la inis- (a) Lib. l.° de Gene9. cap. 39 Lib. 1,° cap. 10 contra f. Manicheum. (b) S Tomas 1. a pte. g. 70. (c) Evangel. (d) Muraior de ¡ngeniorum moderatione in religionis negotio. (e) Tomo 4.° de Cartas, carta 21, 29 »Tna Roma á vista y ciencia del Papa, del colegio de Car5 , denalcs. de otro» muchos ilustres y doctos eclesiásticos , ? ( ]uc hay en. aquella capital del catolicismo, y á la del tri¬ bunal de ,fe, que hizo abjurar del sistema á Cableo. Iaoy ,,sc permite su pública enseñanza en Roma á \ista deí mis- „mo tribunal. Y no permite dictarlo y escribirlo solo» co¬ cino hipótesis, pues esto lo permitió antes espresamente aquel ,,venerable senado. Por las memorias de Trevoux consta que „se enseña y escribe en tono asertivo. „La inquisición romana no prohibió absolutamente el ,,sistema copermeano } antes sí con la csccpeion del caso, ,,cn que se llegase á hacer evidencia de su verdad 5 y es ,,cierto que la prohibición está concebida en estos térini- „nos. Llegó ya el easo de hacerse tan dominante este sis- ,,tema, que como dije arriba, fundado en la sentencia deci3 , s iva de los autores de las memorias de Trevoux, sugetos 33 quc por las circunstancias que concurren en ellos, es im- ,,posible que padezcan error en un hecho de esta clase, 33 casi tollos los físicoS' modernos son copernicanos. Ahora ,,pregunto ¿no es un juicio muy prudente y muy racional 3, el de que , citando tantos doctos físicos de diferentes in3 , tereses, naciones, y religiones, de quienes la mayor par3 > te respeta la autoridad de la Escritura, en que está el úni- > 5 co tropiezo del sistema eopernicano, conspiraron unánimes 3 , á admitirlo, fueron sin duda movidos de tantas, y tan poderusas razones, que su eoleceion para el efecto de per- ,,sua ir , se puede reputar por en algún modo equivalente ,,a una perfecta evidencia? Parece que sí. ¿Pues quién 3 ,quita pensar , que los señores ministros de aquel venera¬ ble tribunal hicieron esc juicio, y por eso permiten la pú- „blica enseñanza de la doctrina de Copérnieo? Digo permi- ,,ten, porque para la simple permisión 110 es menester una ,,evidencia de la mas rigorosa csactitud. ,,Anado, que. como no siempre se prohíbe la acepta- ,,cion de una doctrina por su absoluta falsedad, mas taro- ,,bien, porque de ella, aun siendo verdadera ó probable, 3 , por las.circunstancias de los tiempos se pueden seguir al- ,,gunos inconvenientes, que debe precaver el hnen gobierno} ,,puede ser que un tiempo tuviese algún inconveniente el ^seguir á Copcrnico, que después baya cesado. Pongo por ^ejemplo, puede ser escandalosa en un tiempo, y ofensiva 3° ,,dc oídos piadosos aquella doctrina; y hoy que se sabe, ,,que es tan común, no escandalizar á persona.” Hasta aquí Fcijoó. Ya en el día bay autores, que dicen clarísima y termi¬ nantemente que boy deja la ighsia romana libres á los filéofos para sentir con Copérnico, (a) y la iglesia deja cor¬ rer este libro; y aun este libro, sin reclamarlo autoridades eclesiásticas, se ha enseñado ahora poco por órdenes de ios soberanos de España (b) . Tolera la misma autoridad que se llame por algunos autores invención divina el sistema copcrnicano. (c) Sabe y sufre que otros tengan como demos¬ trado este sistema, (d) que es lo que la inquisición de Ro¬ ma pidió á Galileo, para dejarlo defender como tesis, pues jamas estorbó se tuviera como hipótesis, según está ya an¬ tes dicho. Y últimamente en un espurgatorio, recientemen¬ te publicado, se omiten los autores, que en los anteriores se prohibían ó mandaban espurgar como copernicanos. Es un hecho; y lo cita espresamente La-Eandc. (c) Aquiétate , pues hombre tímido , en tus miedos, y oye sin recelo de contravenir á tu religión Jas razones que te convencerán de la realidad del movimiento de la tierra. Bien veis, señores académicos, que no ha sido fuera de mi propósito procurar remover los óbices que á las de¬ mostraciones que pediis, ofrecían las prevenciones de los sentidos, el amor propio, y aparentemente la religión mis¬ ma. Si he logrado desvanecerlas ¡cuánta mas impresión ha¬ rá la luz que brille á unos ojos ya desembarazados y cla¬ ros ! Perdonad la comparación, si es algo humilde; mas espresa perfectamente mi proceder. El diestro artista, que ha de horadar un durísimo y grueso madero, abre con la lezna el camino á la barrena que debe taladrar hasta el contrario cstremo. Estamos pues, ya en el caso de demostrar, cuya obra arrostro. Si pidiera esta ilustre y sabia academia, solo prue¬ bas del sistema copernicano, podria con poco trabajo espo- (a) Guevara. (b) Plan vigente de estudio*. (c) Dechales en sus obras filosóficas. Cd) Brisson diccionario físico, y Hassemfrats física celeste. ( e ) Véase á Guevara edición de Amanta toin. 3.® fol. «371. «crias, paca que las mas de ellas las proporciona Mr. Li¬ bes. (a) Pudiera en este caso esparcir algunas flores, que tem¬ plaran la aridez de una materia, que tan poco deja obrar á la imaginación, y tanto ecsigc el raciocinio. Imitaría en¬ tonces á aquel autor, que procuró embellecer estos tratados,, cuando entre otras cosas decía: (b) ’Al padre y rey de las luces vuelve su corona y cetro Copérnico, el trono alzando en el medio de los cielos. ”Y alegría, y luz, y vida manda mezclada en sus juegos a los menudos planetas, que uadan en éter terso. ”¿Y qué, arrastrará con mengua en torno á ninguno de ellos, dependiente de un vasallo llevando su augusto cuerpo? ”¿Y por que no caminara por reducido sendero, él anhelante corriera, rodando por orbe inmenso. "Copérnico el sol coloca del universo en el centro, al rededor del que giren los demas celestes cuerpos. , v Numerosas serian tales pruebas ; mas debiendo ser demostraciones, solo bailo dos., que merezcan el nombre de tales. Una se toma de la sencillez del sistema, y otra de la paralágc annua. Una y otra se hallan en los autores, (c) Yo las estenderé y presentaré á mi modo, procurando dar¬ les el realce y claridad, de que son suceptibles. Sencillez. Doctrina es, que por sus lenguas nos han traído los siglos desde la antigüedad mas remota, la de que son muchos los medios para conseguir una cosa cuando pne- (*) Libes tom. 1 ° de su física y Mundo físico. fbj Mármol sistema de Copérnico en verso. Ccj Brisson diccionario y Hassemfratz, física. 52 dan ser menos. Frustra fmnl per paucaj quw ficri possunt per pautiora. La voz de lodos los hombres, y la ra¬ zón universal la garantizan. ]\ T o ha dejado de resonar cu los labios de los sabios todos, los que, espesándola cada cual a su modo, convenían en la misma «nácsima. Dios y la na¬ turaleza nada hacen en vano, decían linos. Deus et natura nihil moliuntur frustra. Dios y la naturaleza obran en com¬ pendio, decían otros. Deus ct natura studenl compcndtum. E! mínimo de fuerzas decia en nuestros días Mauricrtais (a). Y ciertamente , si el autor del mundo adoptara mas medios de los absolutamente precisos 5 si se valiera de los inas com¬ plicados, desechando los mas sencillos, ó manifestaba igno¬ rancia de los menos, y mas simples, ó una profusión necia, que evita aun el hombre mas limitado, como habla en su fí¬ sica castellena uno de vosotros mismos (b). IVo lo haría el Criador ciertamente por ostentar su magnificencia. La mag¬ nificencia está, dice Libes (c) en producir muchos efectos con pocas causas, en la sencillez, en las causas y riqueza, y abundancia en los planes y los efectos. Ejemplo sea , y no sal¬ dremos para ponerlo de nuestro asunto, la inclinación del eje de la tierra. Solo de esta nacen los ardores del estío, las nieves del invierno, los frutos del otoño, las flores de la pri¬ mavera. Una vuelta sola de la tierra al rededor de sí misma, hace montar sobre el umbral de oriente á la risueña alba} coloca al medio-dia cu la cumbre del cielo, animando con sus potentes rayos á los seres desalentados} presenta á la lar¬ de, cubierto de sombras su cuerpo, y su frente de tibios esplendores} y deja salir de sus lóbregas estancias á la no¬ che, que, haciendo rodar su carro de ébano entre brilladoras estrellas , dá al cansado hombre el reposo y la calma. Y se suceden estos alhagüeños espectáculos sin interrupción sobre todos los puntos de la tierra. No usemos de pruebas no necesarias. Este obrar del Criador por las menos causas posibles, y mas sencillos me¬ dios , es un acsioina, que sirve de base á la física, y á todos los autores, que estudian y enseñan á estudiar la sabia na¬ turaleza. (a) Tomo de sus obras filosóficas, (b) El Sr. Mármol. (c) Mundo físico, 55 ¿ Y qué medios liay de producir los fenómenos , que nos presenta el que llamamos sistema planetario? Dos, y no mas. O se mueve el sol , ó se mueve la tierra. Com¬ bínense las apariencias como se quiera. Idéense sistemas. Hasta siete se cuentan boy; ó se mueve el sol ó la tierra. Dios con su ilimitado poder liabrá hecho y podrá iiaccr diversas combinaciones. Mas ó el sol se moverá, ó la tier¬ ra. Y así respondemos á Feijoó, (a) cuando dice, que aun¬ que el sistema copernicano es mas sencillo, no por eso es el verdadero , pues Dios puede valerse de otros medios para formar el sistema. Bieni ¿y qué es mas sencillo? ¿cómo se escasean las velocidades y fuerzas? Esto es lo que va á ocuparnos, aunque no era seguramente necesario , pues no hay uno, ni aun de los opuestos al movimiento de la tierra , que niegue esta mayor sencillez y economía. Encaprichados en sus doctrinas hallan imposible el movimiento de nuestro glo¬ bo; pero no niegan la economía y sencillez, que ofrecerla en el sistema. ¿Y qué pruebas dan en que asegurarse? Pueriles las llama Libes, (b) Compasión da ver á un filó¬ sofo sensato, como Fortunato Brixia, gastar folios en aglo¬ merar argumentos, que nada valen, nada prueban, nada, nada. Pudiera yo, ya dar por concluida mi demostración, que presento en estos términos. Dios obra por los medios mas sencillos. Tiene esta proposición evidencia matemática. Es mas sencillo, se esplica y ve con mas sencillez el mundo moviéndose la tierra, que moviéndose el sol. Tiene esta proposición evidencia física. Luego en el sistema mundano se mueve la tierra. Consecuencia necesaria, puesto que hemos ya probado que uno ú otro se mueve, escójase el sistema, que se quisieraPero algo dirémos, con que se palpe mas esta eco¬ nomía y sencillez, que inculcamos; mas sin dilatarnos, pues está confesada. Solo citaremos alguna otra prueba, inas co¬ mo ejemplo de dicha sencillez, que como argumento para confirmar la doctrina. (a) Tomo 4.° de Cartas, (b) Tomo l.° de su física. 5 40 Las estrellas polares se mueven a lo que se ve, en una pequeña elipse al rededor del polo, y las ecuatoriales en línea recta en el mismo plano de la órbita de la tier¬ ra. Evidencia moral tiene esta proposición y evidencia físicaj pues se funda en el dicho de testigos fidedignos, y en observaciones repetidas. Es así qne las fijas son inmobles realmente. jEvidencia moral., pues se funda en el unánime con¬ sentimiento 5 y física , pues asi lo acreditan las observa¬ ciones. Luego es aparente este movimiento. Consecuencia forzosa. Es asi que si es aparente, el movimiento real está en la tierra. Es evidente, pues no queda otro medio. Luego la tierra se mueve. Forzoso. Mas me estendiera sobre materia tan bella é importante$ pero ¿cuándo acabaría mi discurso , si me dejara ir hasta donde me llevan las alliagiieñas perspectivas , que se me presentan? Necesario es recoger velas para no engolfarse en un inmenso piélago casi sin orillas, donde hacer arri¬ bada, y dar descanso á los que en mi navegación me sigan. II/ a Hasta aquí hemos corrido campos cruzados de sendas, que marcaron huellas humanas: hemos sulcado mares , en quienes hay señalados rumbos y derroteros ya conocidos. Mas en lo sucesivo debemos vagar por terrenos jamas pi¬ sados: tenemos que navegar por aguas jamas hendidas. To¬ do es nuevo de aquí adelante , y no tendremos mas luces que las propias. Poco nuevo he tocado en mi primera parte, y casi no lie hecho mas que dar forma nueva a materias co¬ nocidas. La academia sevillana de Buenas Letras invita á entrar en un campo, que se descubría a lo lejos, y á correr unos inares cuyas orillas con dificultad se divisaban. Espero to¬ da su indulgencia, cuando cscitado por su voz, arrostro es¬ ta temible empresa. Se vislumbraba el movimiento del sol, que se tenia por fijo en el centro del sistema, al rededor de este cen¬ tro. Efectos notables deberá producir esta situaeion y este 41 giro, si fuesen ciertos. La academia ccsige se hable de uno y otro. Yo me atrevo, aunque lleno de lemor y de respe¬ to á satisfacer sus nobles deseos. Aunque resido en un pueblo, en que no abundan los inteligentes en la bellísima astronomía, lve hablado con algu¬ nos, y soilo uno conocia el movimiento lentísimo en el sol, y en curva muy cercana al centro del sistema planetario. Aunque escasean los libros de estas materias muchos lie visto, y solos dos tocaban y creían este movimiento. He oido espiraciones en algunas Universidades. Solo en la de Sevilla oí admitir el movimiento citado. El filósofo de es¬ tos últimos tiempos, á quien parece reservaron los ciclos hacer la iniciativa en los descubrimientos modernos (a} supone al sol en el centro del sistema; pero no estando es¬ te en el centro de aquel astro, sino en un punto dentro de su brillantísimo cuerpo, muy cercano á su circuufcrencia, y por consiguiente algún giro tendida, en su sentir, al rededor de aquel centro. Habiendo aun tan pocos datos pa¬ ra establecer el sol fuera del centro, v su giro al rededor de él, dije, y no mas, que se vislumbraba. Mas repetidas observaciones deben asegurarnos de esta novedad en el sis¬ tema admitido ya en toda la Europa culta. En el dia me adelanto solo á concederla como probable. Dos autores, según dije antes, hablan con decisión en la materia. D. Vicente Berriz , dignísimo militar español, publicó un tomitq, bajo el título del equilibrio absoluto (b) en que consigna un nuevo sistema del mundo, sobre que trabajó veinte y ocho años. Consultó, leyó, pensó, y escribió con conocimiento. Dice terminantemente que el sol no está en el centro, y que gira lentamente al rededor del centro de fuerzas, aunque no puede aun asegurarse del ta¬ maño del radio vector de la órbita , que describe, ni del tiempo periódico de su movimiento. Mr. Libes (c) dá al sol un movimiento lentísimo, Ctves leger.J Traduzco lentísimo , porque así, y no mas, puede, entenderse la misma espresion, cuando la aplica á la mutación del eje de la tierra, ó al círculo que supone ha- (a) Nevvton. (b) Impreso en Sevilla á principio de este siglo. (c) Primer tomo de su física. 6 42 eer el eje de la tierra al rededor del polo de la eclíptica. No se puede entender el movimiento, que dá éste autor al sol de su movimiento de rotación , ya porque lo pone después por separado, y no Labia de decirlo do& veces á continuación una vez de otra, ya porque, si asi fuese, no lo calificara de lentísimo; pues, aunque lo es respecto de Ve¬ nus, no lo es respecto de los mas de los planetas, princi¬ palmente de la tierra, que es once veces mas lento ; y en verdad que no le llama lento. Y ciertamente, debe el sol distar algo del centro, y por consiguiente girar en rededor del mismo. Este rey de los plauctas contrabalanza á los demas cuerpos celestes, y los contiene. Es verdad que para conseguirlo tiene una ma¬ sa, que como dijo un astrónomo y poeta (a) Sobrepuja tan gran masa y no con muy poco csceso á todas las masas juntas de los plauctas diversos;. pero ¿y otros muchos planetas, que habrá y se podrán des¬ cubrir , como sucedió con Urano, Vesta, Palas, Céres y Juno? ¿Y las distancias enormes, que tienen todos estos planetas inferiores en favor suyo? Considero yo , y no considero mal , á los planetas todos colocados como en un brazo de una palanca apoyada cu un centro, y al sol en el otro brazo, contrapesándolos y sosteniéndolos. Si ha de lograr esto, cuando tanto suman las masas, y distancias de todos, que producen enorme fuerza , parece preciso que, no obstante su escesiva mole, tome distancia con que au¬ mentar sus fuerzas, y dominar las agenas, que obran con¬ tra él mismo. Ademas: los movimientos de rotación y translación no son dos movimientos producidos por dos diversas impulsio¬ nes, sino por sola una. Recordad las palabras de Libes an¬ tes citadas. Todos los planetas tienen movimiento de rota¬ ción y de translación, como que se les comunicaron á un tiempo. ¿Y no diremos por analogía que también los ten¬ drá el sol? Porque está en el centro, dirán. Esa es la cues- (a) Mármol en el sistema de Copérnico en verso. 45 tion. Se ve en el centro $ pero es una ilusión , como los inas de los fenómenos del sistema planetario. Y ¿que sabe¬ mos si los planetas se mueven en círculos al rededor de un punto, en torno del cual gire también el sol á alguna dis¬ tancia de él, y por eso aparezcau elipses las órbitas de los planetas, todos que se cree tienen por centro al sol mis¬ mo ? (a ) Y si es cierto este movimiento, ¿qué efectos notables producirá en el universo? Yo bailo dos: la variación del perigco y apogeo, y la precesión de equinocios. Estos dos fenómenos, como os consta, son conocidos y espuestos por todos los astrónomos. Es verdad que los atribuyen á la nu¬ tación ó cabeceo del eje de la tierra, y este á la figura de la misma tierra aebatada por sus polos, y á la de la luna oblongada por les suyos. Aquí, señores académicos, jueces mios, pido toda vues¬ tra atcneion. Voy á abrir un nuevo camino , voy á aban¬ donar las sendas trilladas, voy á introducir una novedad, que bace variar de faz á la astronomía. Voy áesponerme á con¬ tradiciones. ¿Sed quid leiitassc nocebit ? (b) ¿Pcrdérase algo en que lo intente? Tal vez otros, trabajando sobre lo que yo alcance, llevarán á términos felices mi idea. Menos firmes principios fian tenido otros inventos, que con el tiem¬ po fian prosperado. El que empieza en materias tan árdnas no puede llevarlas á cabo. Luces de muchos, esfuerzos de mué ios., y muchos siglos podrán solamente lograrlo. Tcmau o me acerco á descubrir mis ideas. Oídlas con benigm adj que creo la merecen mis deseos de acertar en punto tan interesante y curioso. IVo debiera yo, á mi ver, impugnar la opinión que atribuye los efectos que nos ocupan , á la nutación del eje terrestre ya insinuada. El temor de ser yo impugnado en unas ideas, de que no puedo estar muy seguro, pues ni fia pasado por el crisol del eesámen, ni se fia consolidado con el tiempo, debia retraerme sin duda, ¿ Y quién soy yo pala mgir mis voces contra tantos sabios, que son como astios cu el ciclo de las ciencias? Se me miraría como al ne¬ cio y atrevido can, que ladra á la brillante luna. Pero, se- (a) Véanse las notas del mundo físico de Libes traducido (o) Ovidio. 44 ñores , algunas csprcsioucs se me escapan, que no me es dado contener. Sé bien , que la figura de los cuerpos atraentcs y atraídos influyen en la atracción, (a) Pero siendo tan corta la diferencia entre los dos ejes mayor y menor de la luna y la tierra, y siendo ademas, como es sabido, tan grande la tierra respecto á la luna, ¿quién admitirá ni esta nuta¬ ción, ni la causa que quieren la produzca? ¿T no tendría también movimiento y nutación la luna en su ecuador, cau¬ sada por el esccso de masa en el de la tierra, respecto á la de sus polos? Y siendo los tres periodos de la luna tan bre¬ ves en duración, ¿ cómo producirían un movimiento de mas de 25000 años? Debía durar tanto como la vuelta comple¬ ta de la luna á la primera posición, y desde ella volverlo de nuevo á producir en el eje de la tierra. Sé que D’ Alambcrt (b) ha hecho sus cálculos, y parecen csactos, se¬ gún la idea que conservo desde que los leí, que ha tiem¬ po. Ahora no he podido haber su obra á las manos. Mas á un matemático hábil no es difícil, supuestas causas, aun¬ que no se prueben, valuar sus efectos, según las suposicio-- nes. Es verdad, que D’Alambert sabia bien matemáticas, que es casi lo único que sabia; pero era hombre, y hom¬ bre , que veia admitida generalmente una causa que nadie puso en duda, porque no se alcanzaba otra. ¡Qué fácil es equivocarse en tales circunstancias! Ademas, el movimiento de nutación, si lo hubiera, podría variar el sitio del corle de la eclíptica en los equinociosj pero no el punto del apogeo y perigeo, pues para esto era preciso variar la posición de la tierra , yendo su órbita por otros puntos, y esto no puede hacerlo la referi¬ da nutación. Pero tratemos ya de dar algunas razones de mi nuc-- va opinión arriba manifestada. Se mueve el sol. Su masa es enorme respecto á la tierra. Al pasar esta lo mas cerca de él, al tocar al perigeo es, y debe ser arrebatada tras el sol, y hacerle mover al¬ go tras él, cabeceando su órbita. Luego la tierra se acer¬ ía) Chabaneau elementos de física. (b) Obras de D’ Alambert investigaciones sobre precesión de equinoccios, y memorias de la Real Academia de París año de 17M. 4o Cá mas al sol al pasar mas cerca de él, y es llevada por su masa con su órbita en la dirección que va el movimiento del luminar primero. A este movimiento se deben los dos fenómenos de la variación del apogeo y perigco, y la pre¬ cesión de equinoccios. Cuando supongo la aprocsimacion de la tierra al sol, mas en un punto de su órbita que en otro, resuenan en mis oidos penetrantes voces, que se alzan contra ella. Una vez, dicen, aumentada la fuerza centrípeta y vencida la centrífu¬ ga, ¿cómo puede después esta tierra volver á nn punto mas distante del centro en el otro cstremo de su órbita? Al fin, al fin se precipitaría sobre el sol, y acabaría su giro. Oigo con serenidad tales voces. En esta parte no he variado las doctrinas recibidas. Elipses dicen que se corren por los pla¬ netas y elipses las dejó, todo el escuadrón de los astróno¬ mos capitaneados por Ñcwton, Kcplcr y La-Laude acallarán tales voces, y rechazaran á los que quieren turbar la po¬ sesión, que se cree tener boy la astronomía. Pero, permitidme, aunque se crea digresión, que os asegure que jamas me he inquietado con las pertlibaciones en las órbitas y distancias de los astros. El Creador ha dis¬ puesto y calculado el giro de todos ellos de manera , que si el paso de alguno cerca de otro lo desquicia en algún tanto, pasa otro después que repone lo variado ^ y sigue el orden y disposición primitiva. Lo ensenan así los astróno¬ mos, principalmente el sagaz Flamstad, como puede verse en muchos autores, (a) Gcnúcnse escribe, (b) que las fuerzas de los cuerpos celestes se aniquilarían con el tiempo, sino se recrearan, ó repusieran. Se reponen con estos pasos de unos planetas que robustecen á la fuerza vencida. Se reponen con el paso de los cometas. No es sin misterio el giro de estos cuer¬ pos por órbitas que atraviesan los inmensos espacios de los cielos, y pueden así acercarse y desviarse respecto á todos los mas de los astros. Filósofos hay, que han creído este el principal destino de los cometas. Asi lo escribe el que (a) Véase apuntes sobre la creída aprocsimacion de la luna á la tierra publicados poco ha por un individuo de esta Acade¬ mia: el Sr. Marmol. ^b> En su metafísica grande latina. 46 dejando por un tiempo los encantos de la poesía, corrió el país sabio de los JVew Iones para gozar de los brillos de su física, (a) Cometas tan temidos como el bramador trueno, dejad de causar sustos á los medrosos pueblos. En inmensas elipses haced el curso vuestro, al astro autor del dia ya acercándoos, ya huyendo. Vuestros fuegos lanzando, volad, yendo y volviendo de envejecidos mundos á animar los esfuerzos. Y de esto tenemos nn caso reciente. IVo ha muchos anos que se publicó en el diario de comercio de Sevilla un artículo, (b) en que se hacían ver mudanzas en la situa¬ ción de la tierra, puesto que la duración del dia, y la ilu¬ minación de ciertos puntos de su superficie en sitios y ho¬ ras, que antes no da recibían , variaba. Se recibieron con aceptación estas observaciones, y periódicos de la corte las insertaron. Apareció el cometa Vikla, que tanto alarmó á los astrónomos, principalmente a los alemanes , por su pa¬ so cercanísimo á la tierra, y no se lian notado después de su paso aquellas variaciones en nuestro globo terrestre. Homenages de admiración y alabanza á un Ser Supre¬ mo, que marchando sobre las alas de los vientos, numera la multitud de las estrellas, á todas las llama por sus nombres, tiene de sus dedos pendientes los astros, (c) valúa sus enor¬ mes fuerzas, la contrapesa y modera, para que equilibrados todos con sus mutuos esfuerzos, ponderibus líbrala suis , (d) conserven un sistema tan sábio, tan grande y tan bello, qne es el encanto de sus venturosos espectadores. (a) Voltaire en carta áJa Sra. Marquesa de Chatelet. (b) Su autor el Sr. Mármol, director actual de esta sabia academia. (c) Espresiones todas de la Sagrada Escritura (d) Ovidio, metamorfóseos. 47 En dos palabras: varía por el movimiento del sol, y el llevar algo á la tierra tras sí, la relación de los dos pla¬ netas con los puntos del ciclo, á que se va el sol retiñendo desde la tierra, luego varía la relación de los puntos prin¬ cipales. Y, aunque no se admitiera este llevar del sol tras si á la tierra, en lo que no insisto, moviéndose el mismo sol, varían las dichas relaciones. Si se desecha mi doctrina, puede que no se estrañe, si la espreso en otros términos mas conocidos. Debe suce¬ der con ei sol, movido por una órbita mucho mas pequeña que la ue la tierra, lo que á la tierra respecto á Aicrcu110 y Venus, planetas llamados inferiores: esto es ubser- >ar en él rctr ogradaciones, estaciones y direcciones. Luego se adelantarán, y á veees pospondrán los equinocios. Se dirá que ¿cómo en tanto tiempo, que va de mun¬ do, no se han visto mas que antepuestos? Respondo que la órbita del sol es pequeñísima, y larguísimo el periodo del movimiento. Ln la euarta parte del que aun no está pasaa, no ha podido suceder la cstaeion y dirección. Por esto auguro que dentro de poco, pues va corrida casi la cuarta parte del tiempo periódico del movimiento del sol, sucede¬ rá una estación , y después por mus de seis mil años, una postergación en los equiuoeios. 1 \° me digáis por Dios, señores académicos, que no esliendo y pruebo largamente mis ideas. En caminos desu¬ sados, en mares no corridos temo á cada paso bailar un pi ocipieio, o una sirte. Voy como tentando. Ale contento con m icai. si lian empezado todos los nuevos descubrimientos . lie procurado desvanecer las preocupaciones, que los ojos, el amor propio y las ideas religiosas formaban contra eí movimiento de la tierra. He demostrado este, caminando* por dos sendas diversas, esto es manifestando su sencillez, y la paraláje annua de las estrellas. He probado, como se puci c hoy en medio de las tinieblas que se palpan sobre es¬ os objetos, la posición del sol fuera del verdadero centro del sistema, y el lento giro de este astro en rededor de él. He indicado los efectos mas notables de esta situación y este giro, que son la variación del apogeo y perigeo, y a precesión de equinocios. ¿Qué me resta para satisfacer á las cuestiones que presentó esta ilustrísima corporación de sábios? ¿Indicar, mas efectos de esta posición del sol, y de 43 este giro entorno del centro? No lo hago, ya porque so¬ lo pide la academia los mas notables, ya porque estoy te¬ miendo, atendida la rudeza de mi pluma, oir..— ¡Ea! basta, basta ya, pobre discursillo. ¡Ohe! jam satis est ¡ohe! libclle. (a) Si be de prosperar, bastante he escrito: si no lia de ser di¬ chosa mi suerte, cscusado es dar mas ocupación á mi plu¬ ma, diré con Chateaubriand (b) al despedirse de las musas que le inspiraban. Perdonad, señores académicos, os rogaré pa¬ ra concluir , pidiéndoos indulgencia para mi estilo , sino ha sido tan alto y llorido, como tal vez podría esperarse. Tened presente que se pedia una obra no ue imaginación, sino de puro raciocinio, á quien no dicen bien muchas galas: una obra puramente didáctica. Dignaos recordar las palabras del nunca bien celebrado La-Landc, (c) escribiendo, como yo, ra¬ ciocinios astronómicos. «Se hallará decia el estilo de esta obra «poco esmerado. He observado frecuentemente que una csac- «titud gramatical y rigorosa alarga los discursos sin esclarc- «cerlos. Platón (d) lo pensó también así en su tiempo, cuan- «do escribía, Nominum et verborutn facilitaSj et nom ní- «mis accurata examinatio, ut plurimüm non est sórdida «et illiberallis $ sed ejus potius eontrarium; est autetn «nonnumquám necessaria. «Por otra parte no es el estilo el que se busca en un «libro de ciencias, á no ser que se pierdan de vista las ma¬ terias que trata, y que hacen todo su precio. Declaro y o «que no aspiro á la gloria de la elocución. Pienso como el «poeta filósofo, que escribía : . h S í forte lepos austera carentes nDefficit , cloquio victire yincimus ipsd . ” Hasta aquí La-Landc, y hasta aquí yo, que dejo y» de molestaros. D. O. M. MINERVA. BETICiE. (e) Cu) Marcial en los epigramas. (b) Itinerario. (c) La Lande en el prefacio de su astronomía. (¿) Platón in thexteto. ( e ) Lema en los timbres de la Academia, &t>jttMcanon M premio ¿ Q,uis me insolenter concutit ebriuin de fonte potus Castalio furor ? (Lengletius.) ¿ Adonde vuela ini ardorosa mente, surcando esferas por los aires vagos de la guerra olvidando los estragos y la mundana pompa altivamente? ¿Quien al solio esplendente del almo sol, que el universo adora, con brazo prepotente me arrebata veloz, y en pura lumbre mi pecho baña y con su ardor devora la ecsistencia mortal, de noble orgullo ini corazón llenando, v á mis plantas postrando la humana estirpe, la empinada cumbre de los montes altísimos trepando ? (*) Hecha por encargo especial de la corporación. 7