Historia de la antigüedad. T. 6
Abstract
T. I. Los egipcios, las naciones semitas -- T. II. Los asirios. Las tribus de Israel -- T. III. Los aryas. El brahmanismo... -- T. IV. Los aryas del Irán Oriental. Dominación de los medas y persas -- T. V. Historia de los griegos... hasta la época de las emigraciones -- T. VI-XII... hasta la [batalla] de Aurimedon
Full text
HISTORIA DE LA ANTIGUEllkü OR MÁXIMA DUN TKER V - ERTIDA DEI, ALENI,N POR ID. 0G1-zILIECÍA. ALWUS() SEGUNDA EDICIÓN TOMO V f Comprende desde la época de las emigraciones hasta. la Era de las Olimpiadas MADRID LIBRERÍA DE FRANCISCO IRAVEDRA callo del Arenal, núm. 1 8 96
EMIGRACION DE LOS TESALIOS , ARNEOS Y DORIOS. «Antiguamente, dos eran las naciones más distinguidas entre los griegos; la pelasgica y la helenica; ésta jamás salió de su tierra, pero la otra mudó de asiento muy amenudo. En tiempo de su rey Deucalion habitaba en la Pthiotide, y en el de Doro, ocupaba la region Istieotide que está al pié del Olimpo.» (1) Este pequeño pueblo que se extendia por la vertiente meridional del Olimpo , estaba gobernado por un rey llamado Egimio, en ocasion en que los lapitas que ocupaban el valle del bajo Peneo, hicieron una escursion contra los dorios. Desconcertado el infeliz monarca, segun cuenta la tradicion, dirigióse á Hércules en demanda de socorro, no sin pro- (1) Herod., I, 56. Herodoto supone que los dorios habitaron en la P thiotide antes que en la Istieotide porque los hacia originarios de Hellen, hijo de Deucalion, que dió tambien el nombre de Hellada á Pthia. Hicimos notar en el tomo anterior que, en sentir de este historiador, los dorios y tesalios componian el verdadero pueblo heleno, lo que hasta cierto punto era exacto, dado que los tesalios fueron los primeros en designar á, los griegos con el nombre de helenos. bien Diodoro, (IV. 37, 69) y Estrabon (437, 475, 476, 571) opinan que el Olimpo fué la primitiva residencia de los dorios.
6 meterle que, si arrojaba de sus dominios á los invasores, le cederia la corona con la tercera parte de sus estados. El héroe admitió la proposicion, venció con su acostumbrada rapidez á los lapitas, dió muerte á su monarca Corono, hijo de Ceneo y, terminada la campaña, ordenó á Egimio que conservase la corona hasta que su hijo Hilo, habido en Deyanira, estuviese en disposicion de ceñirla. Egimio, aunque tenia dos hijos llamados Dyma y Pánfilo, no queriendo faltar á su promesa, cumplió la órden del libertador de su pueblo, entregando las riendas del gobierno á Hilo, luego que éste hubo vencido y muerto en Atica al tirano de su padre (1). No contento Hilo con mandar sobre los dorios, quiso tambien conquistar el trono de Micena de que su padre habia sido despojado por las astucias de Juno y del que se habia apoderado Atreo, á la muerte de Euristeo. Con este propósito quiso saber la voluntad del oráculo de Delfos y obtuvo por respuesta que, «si los heraclidas esperaban hasta la tercera recoleccion, entrarian en Micena como en su propia casa.> Conformándose con la respuesta del oráculo, salió Hilo á campaña contra los habitantes del Peloponeso. En el Istmo habia plantado sus tiendas el ejército de Atreo, compuesto de tegeatas, aqueos y jonios. Entonces Hilo, propuso que un solo campeon del ejército peloponesio entrase con él en batalla cuerpo á cuerpo, y aceptada la propuesta del retador, fué otorgado bajo juramento un pacto de que si Hilo vencia al campeon del Peloponeso, volvieran los heraclidas (1) Apolod., II, '7, 7. (Diod., IV, 37., Pind., Pythiw, I, 62, V, 66. Ef oro supone que cuando Egimio reinó sobre los dorios, no habitaban estos en la Istieotide sino en el Oeta; pero en este caso no se comprende cómo pudieron ser atacados por los lapitas4.
7 á apoderarse del estado de sus mayores, pero que si Hilo fuese vencido partiesen de allí los pretendientes con su ejército. Sucedió, pues, que Equemo, rey y general de los tegeatas, habiendo sido elegido de entre todos los aliados , para el duelo, venció en él y quitó la vida á Hilo (1). A este sucedió en el reino dorico su hijo Cleodeo que á su vez trasmitió la corona al suyo Aristomaco. Este hizo un nuevo viaje á Delfos para saber la voluntad del oráculo, y aunque no obtuvo contestacion á su pregunta, le ordenó el Dios que volviese al país de sus mayores ; entonces comprendió Aristomaco que al decir el oráculo á su abuelo Hilo que esperase hasta el tercer fruto, habia querido significar hasta la tercera generación. Entre tanto habian sucedido á Atreo en el trono de Micena sucesivamente Agamemnon, Orestes y Tisamenos. Este último, habiéndose casado con Hermiona, hija de Menelao y de Helena, ciñó la doble corona de Micena y Esparta (2). Aristomacó volvió á preguntar al oráculo délfico que le prometió un buen resultado «en el estrecho.» Oida esta respuesta partió lleno de confianza en direccion al Istmo donde fué derrotado y muerto como su abuelo. Sucedióle su hijo Terrenos, quien advertido por el númen de que con la palabra «estrecho» no se habia querido significar el Istmo sino el estrecho de Rhion, se trasladó con sus hermanos Cresfonte y Aristodemo al promontorio de Antirrhion, en cuyos alrededores, sobre el territorio locrense, construyó varias naves, razon por la cual se dió á este sitio el (1) Herodoto, IX, 26, Pausanias, I, 44. (2) Isoeratis archidamus, p 119.
8 nombre de Naupaktos ó construccion de buques (1). El mismo oráculo dió á entender á Temenos que debla tomar por quia «al hombre de los tres ojos,» y como encontrasen poco despues Temenos y los que le acompañaban al etolio Oxilo, hijo de Andremon, que iba montado á caballo y habia perdido un ojo, á consecuencia de un flechazo, creyeron haber hallado al guía que les señalara el númen. Pusiéronse entonces en marcha con direccion al Peloponeso y derrotaron en una gran batalla al ejército, que los opuso Tisamenos. Despues de la victoria convinieron los tres hermanos en que la suerte determinase la parte que cada uno debia gobernar del territorio conquistado , habiendo correspondido á Temenos el Argos, á Cresfonte la Mesenia, y Esparta á Aristodemo (2). Los tres hermanos convinieron entonces en ceder á Oxilo el país de los epeos que habia conquistado por su cuenta, despues que el etolio Pirejmes venció en duelo al epeo Degmenos (3). Tampoco los hijos de Aristomaco permanecieron ociosos. Falces, hijo de Temenos, salió una noche de Argos y asaltó de improviso á Sicion, en cuya ciudad levantó un templo á Hera en accion de gracias porque le habia mostrado el camino de Sicion y le habia dispensado su apoyo en aquella empresa (4). A Falces sucedió su hijo Rhegnidas que conquistó á Fliunte. Temenos habia repartido su reino entre sus hijos, dando el Argos al mencionado Falces á 5 Ageo la comarca de Trecena y á su yerno Deifontes (1) Pausanias, II, 18. Eforo, Fragm. 14. (2) Eforo, fragmentos, 15. Pausan. V, 4. (3) Herodoto, VI, 52. Isocrat. Archid., p. 119. Apolodoro, II, 8. (4) P ausan., II, 6.
9 la de Epidauro (1). Hippotes, descendiente de Antio_ co que á su vez era hijo de Hércules, habia acompañado , á los tres hermanos hasta el campamento de Naupaktos con ánimo de tomar parte en la guerra (2); pero al llegar á dicho punto cometió un asesinato en la persona del adivino Camus, despues de lo cual no le fué permitido seguir acompañando á los expedicionarios, y tuvo que retirarse (3). En cambio su hijo Aletes dió á los corintios una gran batalla y se apoderó de su capital. En Argos sucedió á Temenos su hijo primogénito Ceisos que dejó el trono al suyo Altemenes. Este, deseando anexionar á sus dominios el reino de Atica , se coligó con el monarca de Corinto. El oráculo délfico les habia prometido la victoria, siempre que se abstuviesen de causar daño alguno al rey de Atenas; pero habiendo llegado este oráculo á oidos de los atenienses, su rey Codro se trasladó al campamento de los dorios disfrazado de campesino, y en él promovió intencionadamente una disputa, en la cual uno de los contrarios le mató sin conocerlo. Advertidos los príncipes coligados de este suceso, abandonaron la empresa, y contentándose con la posesion de Megara, que habían ya conquistado á los Micos, se retiraron á sus respectivos paises (4). Segun otra version de la leyenda de los heraclidas, éstos se establecieron entre los dorios despues de (1) Pausanias, II, 13, 26, 28. VII, 4. Estrabon, p. 389. (2) Paus., II, 4. Los cuatro 'sucesores directos de Hércules, á saber: Antíoco, Fylas, Hippotes y Aletes, corresponden á las generaciones que señalan las tablas genealógicas de Hilo y sus descendientes. (3) Apolod., II, 8. (4) Herodoto, V, 76. Estrab. 393. Ferecid., Fragm. 110. Licurgo contra Leocraten., c. 20. Polyaen. I. 18 Con. narrat. 26. Paus., I, 39.
16 po que eligió para su residencia el valle del Pamiso sometió á los pilienses y fundó el nuevo estado de Mesenia, no sin ser auxiliado en esta empresa, segun todas las apariencias, por guerreros arcadios. Entre los varios hechos confirmativos de esta hipótesis, merece particular mencion uno relacionado con Cresfonte, fundador del estado de Mesenia, de quien se cuenta que se casó con la hija de Cypselo, príncipe arcadio que reinaba en Basilis, ciudad del alto Alfeo (1). Por otra parte, el no haber establecido su residencia los monarcas mesenios en Pylos, eligiendo por capital á Stenyclaros, no lejos de la frontera de Arcadia y las amistosas relaciones que desde esta época existieron entre ambos pueblos, son hechos que demuestran la pa•ticipacion de los arcadios en las conquistas realizadas por los dorios del Pamiso. Entre tanto el segundo grupo, más numeroso que cl anterior, se habia internado en el valle bañado por el Eurotas , cuya conquista hubieron de realizar sin gran esfuerzo mediante el auxilio eficaz que les prestó un indígena llamado Filonomo, quien en recompensa de sus servicios, fué investido por los conquistadores con la posesion de Amyclae (2). Sea de esto lo que quiera, hese demostrado con entera evidencia que los dorios entraron en el Peloponeso por el Norte y que por espacio de dos siglos limitaron sus conquistas al valle superior del mencionado Eurotas , dado que Dor el año 800 toda la mitad inferior de la llanura que comprendia las ciudades de Amiclae, Faris, Gerontrae y Helos, la última de las cuales domina el pasó que conduce al golfo lacónico, se hallaba en poder de sus an- (1) Pausanias, VIII, 29. (2) Eloro citado por Estrabon, 364, 365.
17 tiguos moradores. Por tanto, debemos creer que la historia de la traicion de Filonomo y de la recompensa que recibió por ella, es una fábula inventada posteriormente para explicar el hecho que acabamos de apuntar, sin que por eso rechacemos de todo punto la suposicion de que una parte de los antiguos habitantes del valle superior del Eurotas fraternizase con los invasores. Mucho mayor fué la resistencia que encontraron estos en Argos y en la costa del Norte, ocupada por los egialeos. Segun cuenta una tradicion autorizada, Temenos, caudillo de los dorios, no llegó á reducir la ciudad mencionada sino despues de levantar una fortaleza á orillas del mar, entre la embocadura del Inaco y la del Charadro en la que estableció su campamento, haciendo de ella la base de sus operaciones. De este hecho se desprende además que el ataque á dicha ciudad partió del Sudoeste ó sea de la costa oriental de Laconia. El objeto de la mencionada fortaleza no pudo ser otro que el de servir de refugio á los sitiadores, quienes de esta suerte podian atacar con más seguridad á los argivos, molestarles constantemente, devastar sus campos y cortar sus comunicaciones con el mar; y debió ser grande su importancia, puesto que se mantuvo en pié durante muchos siglos, siendo designada con el nombre de Temenion en recuerdo de su fundador (1). Por un procedimiento análogo, llevaron á cabo la conquista de Corinto, perteneciente á los egialeos, hecho de armas que la tradicion atribuye á Aletes. Edificó este caudillo una fortaleza sobre la colina Solygeos en el golfo de Cencrea, desde la cual dirigia sus operaciones contra la plaza. (1) Estrabon, 368. Pausan. II, 38. Polywn., II, 1 Ross, Rutas de viaje, (Reiserouten) I, 149.
18 Sin embargo, debieron resistir los corintios durante mucho tiempo, dado que su conquista fu.6 posterior á la de otras muchas ciudades renombradas, como Sicion, Epidauro y Trecena que fueron entregadas á los hijos y al yerno de Temenos; Fliunte que cayó en poder de Regnidas, nieto del mismo caudillo, y Megara, una de las últimas y más difíciles conquistas de los dorios, cuya toma realizó Ceisos, hijo mayor de Althemenes, que á su vez era nieto de Temenos. El destino reservado á los antiguos moradores del Peloponeso fué tambien muy diverso. Mientras que los montañeses arcadios conservaron su independencia y sus costumbres pastoriles, los epeos viéronse precisados á obedecer las leyes de los etolios ó confundirse con estos para formar la nueva tribu elida resultante de la mezcla de ambos pueblos (1). Los pisates y caucones, á los que más tarde se agregaron algunos de los minyos arrojados de Orchomenes, permanecieron en sus primitivos hogares y conservaron su organizacion, teniendo por capital á Elis, y por verdaderos jefes á los caudillos eleos que, en todo tiempo, hicieron valer sus derechos, al mando supremo en el estado que se llamó Trifylia. De la misma manera que Elis mantuvo la supremacía sobre las (1) Herod., VIII, 73. Eforo, citado por Estrabon, 357, dice que los etolios arrojaron del país á los epeos; y en otro lugar, 354, hace notar el mencionado geógrafo, que epeos y etolios habitaban en coman una misma comarca. Pausanias, V, 4, observa que Oxylo repartió los terrenos entre epeos y etolios, pero dejando en todo lo demás á los primeros en posesion de sus antiguos derechos,
19 comarcas de Pisa y Trifylia, aparece Argos á la cabeza de los territorios de Cynuria y Thyrea, situados en el centro de la costa oriental. En las provincias meridionales, ó sea en Mesenia, y Laconia, únicamente fué sometido al yugo de los invasores una parte de la poblacion indígena , conservando su libertad el resto: así hemos visto que en la última de dichas provincias mantuvieron su independencia los primitivos habitantes del valle del bajo Eurotas y en la costa de Pilos se veían algunos pueblos fortificados en poder de los antiguos moradores del pais (1). Pero en el distrito de los egialeos sucedieron las cosas muy de otro modo, ya que una vez tomada la ciudad de Argos toda la comarca se rindió á los invasores. Por lo que respecta á Trecena, que segun afirma la tradicion fué donada por Temenos á su hijo menor Ageo, aumentó su poblacion «con nuevos habitantes que vinieron de Argos» (2), no sin mantener las más amistosas relaciones con los jonios de Atenas y dar cierto tinte jónico á su carácter y costumbres. Tampoco los corintios hubieron de oponer gran resistencia al cambio de gobierno, dacio que, segun cuenta la tradicion, Hy-antidas, antiguo soberano de la ciudad y descendiente de Sisifo, continuó residiendo en Corinto despees de entregar á Aletes las riendas del Gobierno (3). Análogo procedimiento siguieron otras ciudades, como Sicion, cuyos habitantes continuaron viviendo en el pais mezclados con los (1) Estrab., 545. Pausan., IV, 18, 1; 23, 1. Plut. apophth. lacon., p. 221. (2) Pausan., II, 28, 30. Estr., 389. (3) Paus., II, 4, 3. La tradicion ha conservado el nombre de Doridas, hermano de Hyantidas, cuya existencia es dudosa. Supónese que en su tiempo tuvo lugar una division entre indígenas y dorios.
20 invasores y gozando todos iguales derechos, aunque una tradicion afirma que el caudillo dorio Falces tomó dicha poblacion por asalto, y de los fliasios se cuenta que celebraron un contrato con los dorios, en virtud del cual les cedieron la mitad de su territorio para tener el derecho de habitar la otra mitad, formando con los invasores un Estado nuevo (1). De los hechos que acabamos de apuntar resulta que una parte de la poblacion indígena, conservó su independencia; otra celebró con los extranjeros convenios por los que se garantizaba la igualdad de derechos; algunos se sometieron á los dorios y otros fueron reducidos á la mísera condicion de esclavos. Pero hubo tamláen un gran número de indígenas que prefirieron el destierro á la humillacion de vivir sometidos á extranjero yugo. Así gran parte de los que habitaban la costa oriental, no pudiendo rechazar la invasion, se dirigieron hácia el N. O. y buscaron asilo en las montañas de la costa del Norte, no lejos del Golfo de Corinto, á donde no habia probabilidad que llegasen los dorios. Conocíanse estos fugitivos con la denominacion de a q ueos, nombre que en la Epopeya sirvió para designar á todas las tribus helenas y que aún en el siglo que precedió á la emigracion de dorios y tesalios conservaba esa significacion genérica. Era muy natural que se aplicase este antiguo nombre á los habitantes del estado más floreciente y más poderoso (le toda Grecia antes de la emigracion dorica, cual fué el reino de Micena , y por eso sin duda se comprendió bajo esta cornil denominacion á los fugitivos de la costa oriental del golfo de Argos, que, si bien por su origen local pertenecian á distintas tribus, (1) Pausan., II, 7. 13. 30.
21. formaban todos parte de la nacion que gobernaron los atridas. Segun hicimos notar anteriormente, los dorios se apoderaron de varios territorios y pueblos situados en la parte oriental de la costa del Norte pertenecientes á los egialeos, quienes poco despues se vieron tambien acometidos por los aqueos del Golfo de Argos y arrojados de las comarcas occidentales que les dejaron los dorios. Abandonaron entonces el país y se refugiaron primeramente en las ciudades de Bura y Helice, situadas en los puntos extremos de la costa, para buscar en seguida asilo en Atica al lado de sus compatriotas y de los pylienses que habían huido, allí, cediendo al empuje de los dorios (1). Posesionáronse los aqueos de la costa del Norte comprendida entre Sicion y Dyme, país que desde aquel suceso, sin consideracion á los egialeos que antes le habitaban, se llamó Acaya ó de los aqueos. De este manera quedaron los dorios dueños absolutos de las mejores comarcas del Peloponeso, y Men puede asegurarse que el resultado de su expedicion aventurera habia sobrepujado .á sus esperanzas. Hácia el Sur, en la fértil llanura del Pamiso, fundaron el estado de Mesenia; otro Estado dorio, con Esparta por capital, existia en el valle del alto Eurotas; en el Norte poseian sobre el Itsmo la hermosa Corinto, y de esta ciudad salió el ejército, en su mayor parte compuesto de dorios, que verificó (1) Herodoto, 1, 145. VIII, 73. VII, 94. Aseguran algunos escritores que Tisamenos, hijo de Orestes, fué el caudillo que dirigió la retirada de los aqueos á Acaya: en tanto que otros suponen que murió en la primera gran batalla que ambos pueblos libraron. Véase Eforo, Fragm. 15, ed. de Müller.
22 la conquista de Alegara, última poblacion importante que cayó en sus manos (1). Pero sobre estos tres estados se elevó muy luego el de Argos, que, emulando las glorias de la opulenta Micena, llegó á ser el más importante del Peloponeso. El poder de la vieja Argos se estendió entonces mucho más que el de la jóven Micena. Comprendia por un lado toda la costa oriental, y rebasando por el otro los limites de la comarca de Cynuria se estendia en direccion al Sur hasta el promontorio de Malea, abrazando el territorio de Corinto. Algunos aseguran que comprendia en sus dominios varias islas, entre ellas la de Citheres (2); en el Nordeste obedecian sus leyes las ciudades de Epidauro , Trecena, Fliunte y Sicion, fundadas y conquistadas por los argivos ; al extremo Nordeste se hallaba la isla de Egina, que formaba parte de sus dominios marítimos, y fué, segun se dice, una conquista de los dorios de Epidauro (3). Sin embargo, la soberanía d e Argos sobre los territorios mencionados, no era tan absoluta corno pudiera convenir á la unidad del Estado; antes por el contrario, sábese que Sicion, Fliunte, Epidauro y Trecena eran regidas por príncipes especiales, siquiera la tradicion les haya hecho hijos y yernos de Temenos, soberano de la metrópoli, y existiesen en realidad usos á instituciones que contribuian poderosamente á mantener la unidad y la armonía entre los diversos elementos nacionales, como los sacrificios patrióticos que se celebraban en honor de Apolo en (1) Herod., V, 76. Estrab., 602, 965. Pausan,, I, 39. Seymn. Ch., 503. (2) Herod., I, 82. (3) Cp. Müller ./Eginet., p. 43.
23 el santuario que este númen tenia en Larisa de Argos, á los que concurrian representantes de todas las ciudades que formaban la confederacion argiva. Y á este propósito débese hacer notar que mucho tiempo despues de haber perdido Argos la autoridad soberana sobre dichas ciudades, conservó todavia el suficiente prestigio para imponer multas y castigos á sus antiguos confederados, si por acaso tenían la desgracia de incurrir en el enojo de los argivos (1); todavia en la época de las guerras con los persas, quisieron aquellos hacer valer sus pretensiones á la heguemonia sobre toda la Grecia, dando por razon de su derecho, no tan solo la antigüedad de su metrópoli, sino los méritos de sus ascendientes los famosos atridas y el incontestable poderío que alcanzó la regenerada Argos durante el período que siguió á la conquista del Peloponeso por los dorios (2); estos no podian olvidar que habian levantado en Argos el más poderoso estado del Peloponeso, y en la conciencia del pueblo argivo se mantenia vivo el recuerdo de los gloriosos hechos de armas que le llevaron á la posesion de tan ricas comarcas y le dieron la supremacía sobre numerosos pueblos (3). Espuestos á grandes rasgos los hechos más culminantes relativos á la emigracion de los dorios y tesalios, que tan grave trastorno produjo en la constitucion social de Grecia, réstanos examinar los datos (1) Herod., VI, 92. Tucidides, V. 53. (2) Platon, Leyes, 692. Herodoto, VII, 148. 159. (3) Tucidides, IV, 126.
24 cronológicos de esteimportante período. Segun hici. mos constar anteriormente (p. 381), la mayoría de los historiadores convienen en fijar para este suceso la fecha de 1150 y 965 antes de la era cristiana. Tucidi.- des supone que entre la troyana guerra y la emigracion de los dorios, mediaron tres generaciones, ó sea 90 años, y deduciendo de esta suma los 10 que duró dicha guerra, obtiene como resultado final el año 60 despues de la toma de Ilion para la entrada de los tesalios en el país que lleva su nombre, y el año 80 para la entrada de los dorios en el Peloponeso; de suerte que entre la toma de Troya y la invasion tesálica, mediaron dos generaciones, y una entre esta última y la emigracion de los dorios al citado Peloponeso. Pero se hace indispensable admitir otros puntos de partida fuera del de la guerra de Troya, para poder fijar con más seguridad y precision la fecha en que ocurrieron los sucesos de que nos ocupamos. El primer año que puede fijarse con alguna seguridad en la historia de los griegos, a es el 776 ó sea aquel en que se verificó el sacrificio religioso celebrado por Licurgo de Esparta y por Ifito de Elis sucesor de Oxilos en Olimpia, ciudad situada sobre el Alfeo. Las tablas genealógicas de los reyes espartanos cuentan tres, cuatro y, segun el cómputo más elevado, seis generaciones entre la edad representada por Licurgo y los fundadores del estado dorico en el valle del Eurotas. Por tanto, aún aceptando corno verdadero el cómputo más alto, resulta que con seis generaciones se llenan tan sólo 200 años, en cuyo caso la emigracion de los dorios no pudo tener lugar antes del reinado c í e l es decir, que á lo sumo coincide con el año 1.000 antes de J. C. El mismo cálculo nos obliga á suponer que
25 la irrupcion de los dorios en Ática se verificó hácia el año 950 antes de la Era cristiana. Pero aún podemos aducir otros datos que confirman este cómputo cronológico, siquiera no deba dárseles más importancia que á los anteriormente apuntados. Aunque las tablas de los reyes espartanos no merezcan entero crédito , . aisladamente consideradas, puede presentarse como dato confirmativo de la cronología por sus autores sustentada, la série de reyes admitidos por la tradicion, á partir del momento que ofrece algun hecho seguro en la historia de este pueblo. Más tarde haremos ver que no tiene fundamento alguno la hipótesis imaginada por Timeo, segun el cual, la olimpiada de Licurgo tuvo lugar 100 ó más años antes de la de Corebo. Admitimos desde luego que el sistema - cronológico por generaciones solo puede dar resultados ciertos cuando se aplica á periodos largos de 500 años por lo ménos. Y por eso no vemos inconveniente en prolongar la série de reyes espartanos, ya que de todos modos quedará probado que la fundacion de Esparta no se remonta más allá del año 1.000 antes de la Era cristiana. Antes de Ariston y Anaxandrides , que subieron al trono hácia el año 560 antes de Jesucristo, se cuentan 14 euristenidas y 13 proclidas. Partiendo de este dato y contando para cada generacion, en un periodo de 500 años, de 25 á 26 y medio años, resulta que la fundacion de Esparta viene á coincidir con el 935 ó 910 antes de nuestra era. Si se cuentan los individuos que reinaron antes de Leotychides y Leonidas, cuyo gobierno empieza el 490 antes de J. C. resultan 16 euristenidas y 17 proclidas, que llenan un periodo de 890 á 915 años; lo cual viene tambien á demostrar que la invasion de los dorios no se
32 premo de aquellas provincias como primer vencedor de los dryopes en el Oeta y conquistador de Elis, Pylos y Laconia, siquiera renunciase de buen grado á su posesion para legalizar con su noble desprendimiento las conquistas de los dorios y de los etolios.
II. LAS EMIGRACIONES AL ASIA. De todas las comarcas que formaban la mitad oriental de Grecia, Atica era la única á que no habian llegado las turbulencias y terribles efectos de las emigraciones mencionadas en el capitulo que antecede. Sus pacíficos moradores no tenian más noticias de los trastornos que en las provincias inmediatas ocurrian que las recibidas por los fugitivos que allí acudiafi en busca de asilo. Refugiáronse en Atica los lapitas de Girton y de Elatea arrojados de su pais por los tesalios; los pelasgiotas. de Larisa y de las cercanías de los lagos con los minyos y cadmeos arrojados repentinamente de Orchomenes y Tebas por los ameos; los pilienses procedentes del S. O. del Peloponeso; los egialeos de Trecena, y más tarde las masas originarias de la misma tribu que los aqueos espulsaron de la costa N. O. del Peloponeso (1). Pero muy luego se turbada la paz de esta pequeña comarca, asilo hasta entonces de todos los perseguidos. Los ameos, no satisfechos con la posesion de Beocia, invadieron (1) Pausan., II, 30. 3
34 el Atica, y trataron de apoderarse del distrito de Enoi, situado en la vertiente Sur del Citeron (1). Cuenta la tradicion que á Teseo sucedió en el trono de Atica Menesteo, despues de cuya muerte fué reinstalado Demofonte, hijo de Teseo, en los dominios de su heróico padre. Siguieron á Demofonte, Oxynthas y Afeidas, y un hermano de éste último cenia la corona cuando los ameos trataron de hacer valer sus injustas pretensiones. Para decidir más pronto y de una vez el pleito, propúsole Xanthos, rey de estos últimos, que entrase con él en batalla cuerpo á cuerpo. El cobarde Thymetes, que este era el nombre del monarca ateniense, se negó á combatir, pero en su lugar aceptó el desafio Melantho, uno de los refugiados pilienses, descendientes de la familia de Nestor, venció en él, y quitó la vida á su contrario. Entonces el pueblo ateniense, agradecido á tan señalado benefició, obligó á Thymetes á despojarse de las insignias reales, y puso la corona en las sienes del animoso Melantho (2). De tan indigna manera fueron arrojados del trono los descendientes del heróico Teseo, habiendo reinado 60 años desde la muerte de Menesteo, que es el tiempo trascurrido desde la conclusion de la guerra troyana hasta las invasiones de los tesalios y ameos (3). El hecho que acabamos de mencionar nos da sin embargo á entender que los descendientes de Nestor, que tan eficazmente contribuyeron á rechazar el ataque de los beocios contra Atenas huyeron de su pátria al ser ésta acometida por los dorios: y corno quiera que la invasion de éstos no ocur- (1) 0. Müller, Los dorios, I., 239. (2) Estrab., 393. Fragment. de Eforo, 25 ed. de Müller. I, 19. (3) Paus. II, 18. Euseb. Chron.
35 rió sino 80 años despues de la toma de Ilion, debemos suponer que los descendientes de Teseo reinaron sobre Atenas un periodo igual por lo ménos. Merece particular mencion la extraña coincidencia de que el nuevo monarca ateniense era, segun la tradicion popular, descendiente de Poseidon, es decir, del númen representado por Teseo, que no era otro segun vimos al tratar de este héroe el padre de la familia destronada. Sábese efectivamente que en la costa de Pylos se daba culto especial al Dios de las aguas, númen protector de la comarca, y los descendientes de Nestor sostenían que su antepasado Neleo fué en realidad hijo de Poseidon y no. de Creteo como se suponia (1). Melantho tuvo la suerte de alejar para siempre y de una vez el peligro que por el Norte amenazaba á su pátria adoptica, y su hijo Codro, que le sucedió en el trono, tuvo el acierto de conjurar la tormenta, aún más terrible, que por el Sur descargó sobre Atenas. Los dorios, dueños ya de las mejores provincias del Peloponeso, lanzaron sus huestes sobre el Atica, con intencion, á lo que parece, si hubieran logrado someter este pais, de penetrar en Beocia, trasponer el Istmo de Corinto, y llegando de nuevo á Erineos, «la comarca azotada por el viento» , y punto de donde partieron á sus expediciones, extender su domínacion por toda Grecia. Pero el sacrificio heróico de Codro, qué dió la vida por su pueblo , detuvo la marcha triunfal de los invasores y los valerosos atenienses rechazaron el ataque de los dorios, como habían re- (1) Odisea, XI , 255. Esta opinion no carecia de fundamento, puesto que siendo Creteo hijo de Eolo, dios del viento, era muy natural suponer que Pelias y Neleo, caudillos de los antiguos navegantes de Yolcos y de Pylos, fuesen hijos de Neptuno.
36 chazado el de los beocios, no sin dejar en las garras de aquellos la importante comarca de Megara (1). 4 Atica habia conquistado su independencia; velase libre de enemigos, pero al propio tiempo comprendia la necesidad de rodear su capital de murallas que sirviesen de abrigo á sus moradores y de segura defensa contra nuevos ataques. Los asilados, procedentes de Pelasgiotide, entre los que habia arquitectos inteligentes , inauguraron estas obras levantando una fuerte muralla por el lado más accesible de la roca Cecropea, sobre la que estaba situada Atenas, y cerraron todo el costado occidental, donde estaba la subida, coif las famosas nueve puertas. Para honrar la memoria de sus constructores, dióse á esta fortaleza el nombre de Pelasgicon. Entre tanto, los pelasgiotas, no contentos con idear estos medios de defensa, emprendieron en el valle del Hymeto, que se les habia señalado para su residencia, una série de trabajos, por medio de los cuales lograron trasformar sus áridos Y pedregosos campos en un país fértil y hermoso. Pero ni la extension del territorio ateniense ni la fertilidad de su suelo eran suficientes á mantener las considerables masas que se habian allí refugiado de las comarcas inmediatas, por lo que gran número de emigrados, especialmente de los que entraron por el Norte, resolvieron buscar fuera de Atica una nueva patria, aunque para lograrlo tuviesen que trasponer el mar. No es menester advertir que una gran parte de los asilados permanecieron en Atica, como cla- (1) Véase pág. 9 de este torno.
37 ramente lo demuestran las familias nobles lapitas y tebanas que residian en Atenas, entre las que - pode mos citar las de los Peirithoidas, de Gyrton, los Coronidas, de Elatea, y los Gefyreos, de Tebas. Fieles á su propósito, los pelasgiotas de Tesalia se trasladaron, por mar, á Tracia y se fijaron en varias penínsulas ó lenguas de tierra que hoy se conocen en aquel país con el nombre de Calcidice, donde fundaron algunos pueblos de escasa importancia. Que estos pelasgos eran originarios de Tesalia lo da á entender Herodoto cuando dice que los habitantes de Crestana fueron en lo antiguo vecinos de lós dorios, y moraban entonces en la region llamada Tesaliotida (1). Pero muy luego abandonaron esta comarca , y subiendo de nuevo á sus embarcaciones trasladáronse unos á la isla de Creta y á las asiáticas playas otros. Huellas inequívocas de su presencia nos ofrecen las Larisas, nombre de las ciudadelas que los pelasgos levantaron en Tesalia, que hallamos en las cercanías de Górtyn, en la costa meridional de Creta, en. las inmediaciones de 'Cyme (Cumas), sobre la costa de Misia y sobre la de Lidia, no lejos de Efeso (2). El mismo historiador hace notar que Antandro era una ciudad de los pelasgos, y que los pelasgos fugitivos de Tesalia y refugiados por algun tiempo en Atenas eran tambien los que fundaron.á Placia y Scylace en el Helesponto (3). Por otros escritos posteriores sabemos que los pelasgiotas fundaron á lo largo de la costa asiática del Egeo una sé- (1) Herodoto, I, 57. (2) Estrabon, 621, 622. Eustathe, Ad. lijad. H, 840. Esteb. de Biz. Fórtüs. (3) Herod , VII, 42. I, 57,
38 rie de establecim ientos, comprendidos entre el Laicos por el Norte y la desembocadura del Caystros por el Sur, que crearon algun movimiento en aquellos parajes, siquiera no llegasen á adquirir más importancia que los poblachos antes levantados por ellos en la costa de Tracia. Los pelasgiotas, arrojados de 'su pais en los primeros momentos de la invasion tesalio-dorica, abrieron el camino á todos los griegos que emigraron al Asia Menor y sus establecimientos coloniales, especialmente su Larisa de Cyme, fueron los primeros que tuvo Grecia en aquellas costas. 1-16 aqui por qué los pelasgos tornaron parte en la guerra de Ilion como auxiliares de los troyanos y combaten no solo contra los pueblos que entonces acudieron de Grecia á las asiáticas playas, sino tambien contra los demás colonistas helenos que en ellas se habian establecido (1). Los minyos de Yolcos y Orchornenes, de la misma manera que los cadmeos abandonaron tambien el Atica y fijaron su residencia en las islas de Lemnos, Imbros y Samotracia, donde ya existian otras colonias fenicias que habian propagado en estos puntos las creencias religiosas de su pátria. Tambien estds colonistas se llamaron pelasgos, nombre que en épocas más modernas sirvió para designar á todas las tribus expulsadas de los distritos del Norte por los invasores que, á su vez, echaron las bases de la colonizacion griega (2). (1) lijada, II, 840. Esto mismo se da á entender en la Odisea XIX, 175 y siguientes. (2) Herod., II, 51. IV, 145. I, 146. V, 57. 62.
39 Supónese que los minyos fueron de nuevo arrojados de Lemnos por emigrados pelasgiotas; pero no hay dato alguno qüe confirme esta agresion, inventada quizás para poder presentar una causa que explique la emigracion de los minyos que colonizaron á Trifilia, Thera y Cirene, ya que dichos minyos, como descendientes de los argonautas, habitaban la mencionada isla mucho antes que la visitasen los colonos griegos. Por lo demás, es un hecho histórico que varios grupos de, minyos, de igual procedencia que los colonizadores de Lemnos, ocuparon á Thera y Trina, , como es cierto que los jonios encontraron en Teos gran número de minyos originarios de Orchomenes. El nombre Trifilia parece hacer referencia á la union de las tres tribus que poblaron esta ciudad, á saber: caucones, epeos y minyos, ó segun otros; caucones, minyos y eleos , cuyas fuerzas unidas se apoderaron de su comarca (1). De todo esto, lo que parece deducirse con algun viso de certeza, es que los minyos de Yolcos y de Halos colonizaron á Lemnos y los de Orchomenes á Teos, Thera y Trifilia, única hipótesis que explica las diversas emigraciones de este pueblo, cuyo recuerdo ha conservado la tradicion. Estas primeras emigraciones de los griegos al Asia fueron el preludio de otras mucho más numerosas y más importantes, en cuya comparacion aquellas no merecen sino el nombre de ensayos apénas dignos de memoria. La mayor parte de los egialeos ó jonios refugiados en Mica emigraron á las islas que forman el archipiélago comprendido entre las costas griega y asiática, siendo de las primera s ocu- (1) EBtrabon, 337.
40 padas la de Naxos, notable por la hermosura y fertilidad de su suelo, con otras situadas en circulo al rededor de Delos (1) . Por mucho tiempo se conservó en Atenas el recuerdo exacto de estas emigraciones y hasta de los caudillos que habian ocupado cada una de las islas, siendo digno de consideracion que los atenienses consideraban como uno de sus principales servicios á la pátria el de haber arrojado del archipiélago á los carios, sus antiguos moradores (2). Hé aquí cómo la tradicion ateniense explicaba los orígenes de esta emigracion de los jonios. Dicese que á la muerte de Codro sus dos hijos mayores se disputaron la posesion de la corona de Atenas. El más jóven, por nombre Neleo, alegaba como razon de su pretendido derecho, el que Medon, por ser cojo, se hallaba excluido del trono; defecto que en algunos paises, como Esparta, podia incapacitar efectivamente para ejercer el cargo de jefe del Estado. Pero en el caso presente el oráculo de Delfos decidió el pleito en favor de Medon, cuyos derechos fueron desde luego reconocidos. Tal decision no hubo de parecer bien á Neleo, quien embarcándose con los que quisieron seguirle, se trasladó primero á la isla de Naxos (3), y de aquí á la costa asiática, donde echó los cimientos de Mileto, sobre territorio cariano. La antigua ciudad de este nombre ocupaba una punta de tierra que se internaba bastante mar aden- (1) Sabemos que algunos permanecieron en Atica, puesto que segun hace notar Pausanias, II, 30, los fundadores de Anaflystos y Sfetos en Atica eran trecenios, que huyeron ante los dorios. (2) Tucidides, I, 4 a 8. Herod, I, 171, VII, 95, VIII, 46, 48, Isócrates, Panath. 241. Dionisio Periegeta, 525. Plut. de exilio, 603. (3) Aelian. var. hist. VIII, 5.
41 tro, en la orilló meridional de la magnifica bahía en que vierte sus aguas el Meander. La primitiva colo - nia edificó sus viviendas sobre una eminencia cuya raíz azotaban las olas, mientras que la verdadera ciudad se fue levantando sucesivamente en la llanura que se extiende á 16 largo de lá playa. En el costado Norte de lá bahía de Mileto, y frente á la ciudad, se veia un templo que hubo de levantar Filisteo, hijo de Pasides, y uno de los compañeros de Neleo, en honor de la Céres Eleusina (1), y no lejos del puerto se conservó durante mucho tiempo el sepulcro en que se guardaban las cenizas del mencionado Neleo (2). Por su parte los milesios mantuvieron vivo el recuerdo de las tradiciones pátrias, y se consideraban, bajo todos conceptos, como una colonia de Atenas; por lo cual sostenían que sus antepasados llevaron consigo el sagrado fuego del hogar regio ateniense ó del Pritaneo para conservarle en su ciudad de Mileto (3). De que estas tradiciones eran hasta cierto punto fundadas y verdaderas, son pruebas evidentes el culto que en dicha ciudad jonio-asiática se tributaba á Athene y á Ceres Eleusina, así como la fiesta de las Apaturias que en ella se celebraba con iguales ceremonias y ritos que en Atenas. Por estas y otras razones no cabe duda que los fundadores de Mileto procedian de la capital de Atica, y fueron conducidos en su expedicion por un individuo de la familia reinante en este pais, por nombre Neleo. Los descendientes de (1) Herodoto, IX, 97. (2) Pausanias, VII, 2. (3) Herodoto, I, 146. V, 97.
48 tion de la g tribus que llevan ese nombre, y que desde aquel país salieron para fundar colonias en Grecia, verificando más tarde algunos grupos de familias nobles la emigracion inversa al Asia menor. El principal testimonio que se presenta en favor de esa teoría es el de algunos documentos de la antigua literatura de Oriente, en los que se da por supuesto que los j onios ocupaban parte de dicha costa con antelacion al año 1000 antes de la era cristiana. Pero la prueba que Curtius cree encontrar en ciertos documentos de la época de Sethos y Ramses en que aparece el nombre jonios no tiene valor alguno ya que, segun es notorio solo se ha logrado identificar un corto número de nombres de los pueblos que pretenden haber sometido los Faraones y que en tal concepto se citan en documentos egipcios. Es verdad que en las leyes de Manu y en otros documentos de la literatura india ocurre con frecuencia el nombre yavana, pero esta circunstancia podria servir de argumento para demostrar la antigüedad de dichos escritos y no como prueba confirmativa de la antigüedad de las cQlonias jónicas en Anatolia. En cuanto á la tabla genealógica del Génesis, en que igualmente aparece el nombre de yavan, tampoco es argumento de gran fuerza una vez que, en mi sentir, la redaccion de ese sagrado libro apenas se remonta más allá del siglo X antes de Jesucristo (1). Por otra parte la tradicion griega, con Herodoto y Tucidides á la cabeza, está en abierta contradiccion con esa teoría al suponer unánime- (1) Está sin embargo bien demostrado que este sagrado libro se remonta cuando ménos al siglo XV antes de la era cristiana. (11 7. . hl T.)
49 mente que la poblacion de las islas del Egeo , antes de la ocupacion griega, se componía exclusivamente de carios y fenicios; y es evidente que si los jonios hubieran pasado de Anatolia á Grecia debieron ocupar prévia,mente estas islas, como lo verificaron los emigrantes al seguir el camino contrario. Por lo demás no está en modo alguno demostrado que el pueblo heleno se dividiese desde un principio en cuatro grandes grupos ó tribus; antes bien sabemos que los nombres de eolios y aqueos no figuran sino cuando la constitucion social de este pueblo habia alcanzado cierta estabilidad y por efecto de acontecimientos determinados; lo propio puede decirse del nombre jonio. Entre todos los establecimientos griegos de Anatolia, descuellan por su importancia Mileto, Efeso Colofon. El territorio perteneciente á la primera de estas ciudades se fué ensanchando sucesivamente en direccion al Norte, desde la embocadura del Meander hasta la falda meridional del Micala, comprendiendo en este espacio fértiles campos de cultivo, que se extendian especialmente por la orilla del rio, y excelentes prados, en la parte más próxima á la montaña, donde se criaban numerosos ganados. Su excelente bahia formaba también el puerto más seguro de aquellos parajes (1) . Los efesios, por su parte, no se descuidaron en acrecentar sus dominios, y tras innumerables combates con los lidios lograron extender aquellos hasta la vertiente meridional del Tmolos. Dos siglos duró esta (1) Estrabon, 978. 4
50 empeñada lucha entre efesios y lidios, y en todo ese tiempo no pudieron éstos recuperar un solo palmo del terreno que con heróico esfuerzo arrebataron los extranjeros á los soberanos indígenas, al decir suyo descendientes del númen solar Sandon. Los colofonios ensancharon Cambien sus conquistas por el Norte. No satisfechos con haber obligado á los lidios á internarse en el continente, traspusieron la lengua terrestre, sobre la cual se hallaban situadas Teos, Lebedos y Erythrea, y se apoderaron de Smyrna, ciudad fundada por aqueos, procedentes del Peloponeso. Por eso Mimnermo pone en boca de los colofonios estas palabras: «Partiendo de Colofon, situada en las márgenes del Halos, y obedeciendo el consejo de los dioses, nos apoderamos de Smyrna, ciudad de los eolios» (1). Hé aqui cómo cuenta Herodoto la pérdida de Smyrna por los eolios: « Ciertos colofonios, vencidos en una sedicion doméstica por ellos suscitada, y arrojados de su pátria, hallaron asilo en Smyrma. Estos fugitivos, abusando de la hospitalidad que recibieron, en un cija en que sus bienhechores celebraban fuera de la ciudad una fiesta solemne á Baco, les cerraron las puertas y se apoderaron de la plaza. Concurrieron todos los eolios al socorro de los suyos, y sitiaron la ciudad, pero se terminó la contienda por medio de una transaccion, en la que se convino que los colofonios se quedasen con la villa restituyendo los bienes muebles á los de Smyrna. Estos, conformándose con lo pactado, fueron repartidos en las otras once ciudades eolias que los admitieron por ciudadanos suyos» (2). (1) Estrabon, 620. (2) Estrabon, 634, Herodoto, I, 16,143. 150. Pausan., VII, 5.
51 Mimnerm o cuenta este suceso, y da á entender que tuvo lugar poco tiempo despues de la fundacion de Colofon, opinion que no se halla destituida de fundamento, una vez que por otros testimonios dignos de crédito sabernos que los colofonios eran dueños de Smyrna antes del año 720, ó sea con antelacion al reinado de Gyges, monarca lidio que acabó con el poderío de dicha colonia griega. Por su parte los efesios sostienen tambien que los jonios se apoderaron de Smyrna antes del año 850, y fundan su aserto en que esta poblacion fué levantada, antes de la llegada de los aqueos, por los de Efeso que habitaban el barrio de esta ciudad llamado Samorna; inútil es advertir que todo el fundamento de esta suposicion estriba en la semejanza de los vocablos Samorna y Smyrna, que es tambien el único argumento en que los jonios fundan sus derechos á la posesion de la villa. Hasta el reinado de Gyges habia sido Colofon la más fuerte y tambien la más pendenciera entre todas las colonias jónicas. Mientras que los de Mileto se dedicaron especialmente á la navegacion, los efesios y colofonios emplearon todas sus fuerzas en acrecentar su territorio y obtuvieron, por lo general, brillantes resultados. Tornando sin duda por modelo á los lidios ejercitáronse los colofonios en el arte de la equitacion, desconocido á los griegos, y llegaron á, formar una excelente caballería, con la que se hicieron respetar en toda la costa hasta que el mencionado Gyges devolvió al reino lidio su anterior poderío. Los habitantes de las ciudades anteriormente des-
52 critas reconocian un mismo origen y hablaban el mismo dialecto; y áun cuando en su fundacion tomaron parté egialeos, aticos y eubeos, comprendianse todos bajo la comun denominacion de jonios. Al verse en extraño suelo, lejos de su pátria y por doquier rodeados de enemigos, los fundadores de las colonias griegas comprendieron la necesidad de estrechar sus lazos y de formar un solo cuerpo, á lo ménos en todo lo que con su defensa mútua se relacionaba. Su situacion era efectivamente la más adecuada para despertar en ellos el sentimiento de la unidad nacional; así vemos que de todas las ciudades nuevamente creadas en la costa asiática concurrian de cuando en cuando á la celebracion de sacrificios ofrecidos en comun al númen que los aticos y egialeos adoraban especialmente en las costas y promontorios de su antigua pátria y que les habla conducido á través de su imperio al opuesto continente. A este mismo dios, que no era otro que Neptuno, levantaron los coloristas de Priena un templo solitario al pié de la falda Norte de la montaña de Micala; donde se le tributaba, el mismo culto que en su antigua pátria de I-lelice (1); y donde los reyes de Priena , descendientes de Epyto, sacrificaban toros en honor del númen de los mares de la misma manera que lo hicieron los jonios en sus primitivos hogares de Egion y de Helio° (2). Concurrian á este sacrificio habitantes de Mileto, Myunte y Efeso, dándole así carácter de solemnidad nacional. Mientras reinaron en Mileto y Efeso los sucesores de Neleo y Androclo conservaron estas ciu- (1) Diodoro, XV, 49. (2) Iliada XX, 403: Estrabon, 639,
53 un poder superior al de los pueblos vecinos, á Jades los cuales, en caso de apuro, poclian prestar eficaz auxilio, ejerciendo sobre ellos, como natural consecuencia, cierto influjo: así se cuenta que en una ocasion salió Androclo á campaña contra los carios, en socorro de sus compatriotas los de Priena, y que pereció en esta guerra. Hé aqui por qué las otras poblaciones griegas de la costa de Lidia, imitando el ejemplo de Efeso y Mileto, enviaron representantes al gran sacrificio de Micala. Tambien los de la isla de Chios fueron admitidos á esta solemnidad nacional, pero no hasta la cuarta generacion despues del desembarco de los jonios, sea unos 100 años despues del reinado de Amficles, vencedor de los cardos, y en ocasion en que gobernaba dicha isla su viznieto Hector (1). Digno de observacion es el hecho de que los milesios y efesios, orgullosos de sus tradiciones, y teniendo en cuenta que sus respectivas ciudades habian sido fundadas por hijos de Codro, y fueron siempre regidos por descendientes del célebre caudillo ateniense, establecieron como condicion precisa para poder tomar parte en la fiesta la de haber tenido por fundador á un hijo del mencionado príncipe. Hé aqui por qué la tradicion supone que Epyto, Cydrelo, Nauclo y Knopo, fundadores respectivamente de Priena, Myunte, Teos y Erithrea, fueron hijos de Codro, aunque ilegítimos, con lo cual se descubre la falsedad de semejante genealogía. Los colofonios sostenian Cambien que su fundador Andremon era hijo de Codro, pero si tal pretension no tiene fundamento alguno, parece cosa probada que (1) Este suceso ocurrió hácia . el año 850; Pausanias, VII, 4,6.
54 no pudieron ingresar en la sociedad de los jonios de Asia sino mediante determinadas condiciones, dado que un escritor hace notar que el servicio y los oráculos del númen solar que se veneraba en el bosque de. Claros, no lejos de Colofon, estaban al cuidado de sacerdotes milesios (1) . Despues que Smyrna cayó en poder de los jonios pretendió ser admitida en la solemnidad de Micalas la ciudad de Focea, perteneciente á los eolios, y situada á corta distancia de la embocadura del Hermes, en direccion al Norte. Por la tradicion sabernos, y su nombre lo confirma, que fué fundada por fociense, originarios del centro de Grecia (2), y como no eran gobernados por príncipes de la familia de Codro, fuéles negado lo que pretendian. Pero resueltos sin duda á entrar en la confederacion jónica , hicieron venir de Teos dos supuestos descendientes de Codro, y les entregaron las riendas del gobierno de la ciudad (3). De esta suerte la confederacion que en un principio se componia de cinco y luego de nueve ciudad es, llegó á contar doce, á saber : Mileto, Priena, Myunte, Efeso, Colofon, Lebedos , Teos, Erithrea, Clazomenas y Focea, con las islas de Samos y Chios (4). Los de Smyrna solicitaron Cambien entrar en el consorcio de las doce villas; pero sea que se considerase suficiente su representacion por Colofon, de cuyos dominios formaban á la sazon parte, ó que los confederados se hubiesen propuesto no pasar del número de doce, para los griegos sagrado, es lo cierto que no fueron admitidos á la participacion del sacri- (1) Tacito, Anales, II, 54. (2) Pausanias, VII, 3. (3) Pausanias, VII, 3, 3. f,4) Diodoro, XV, 49.
55 ficio nacional (1). Tampoco formaban parte de la confederacio n jónica los cíe Magnesia, ciudad importante situada en el interior del pais, cerca de la confluencia de los ríos Leteo y Meander, que Labia sido fundada por magnesios arrojados de su país durante la invasion de los tesalios (2). El gran sacrificio de Micala se celebraba á expensas de todos los que en él tomaban parte, aunque siempre bajo la direccion de los de Priena, y desempeñando las funciones sacerdotales sucesores de Epyto. Más tarde se reunian allí mismo los confederados en asamblea general para deliberar sobre asuntos de interés comun, dirimir sus contiendas y arreglar sus cuestiones con los pueblos vecinos, siendo uno de los principales resultados de la fiesta nacional el que ninguno de los pueblos confederados podia ser atacado por otro, ya que cualquier asunto de esta índole debla ser préviamente discutido en la asamblea federal, si tal nombre puede darse á estas sencillas reuniones (3). Entre tanto los colonistas jonios mantenian intima comunicacion con el oráculo délfico. Así vemos que, cuando el año 366 antes de nuestra era se pensó en trasladar á otro punto el mencionado santuario de Micala, ordenóles el oráculo que ofreciesen un sacrificio sobre el primitivo altar de Helice en Acaya y que éste sirviese de modelo para construir el nuevo. (1) Herodoto, I, 143. (2) Vita Homeri, c. 2. Estrab., 636, Conon. narrat. 29. Hay quien asegura que estos emigrados procedian de Ferae en Tesalia. Parthen. narrat. 6. (3) Dionisio Halic. IV, 25. Herod. I. 141.
56 Segun vimos anteriormente, una parte de los antiguos moradores de Argos y Lacedemonia conquistaron la costa NO. del Peloponeso, mientras que el resto, de que formaban parte egialeos, aticos y eubeos, abandonaron su pátria para buscar otra nueva en las islas y en el Continente asiático. Tisamenos, hijo legítimo de ()restes, fué el que condujo á las masas aqueas que se refugiaron en las montañas de Acaya, aunque otros suponen que este caudillo pereció en la gran batalla librada contra los heraclidas en que se decidió la suerte futura del Peloponeso (1). Entre tanto Pentilo, hijo tambien, pero ilegitimo, del mismo Orestes, púsose al frente de un grupo de aqueos, atravesó el istmo, y trasladándose con ellos á Beocia se embarcó en Aulis con rumbo á las costas de Tracia. De aquí partieron los emigrados con direccion al Helesponto, conducidos ya por Ejelao, hijo de Pentilo, y así hubieron de vivir algun tiempo sin morada fija, hasta que G-ras, nieto del mencionado Pentilo, condujo á los fugitivos á la isla de Lesbos, donde definitivamente fijaron su residencia y fundaron la ciudad de Mitilene, gobernada durante mucho tiempo por los descendientes de Pentilo (2). El ejemplo de este caudillo fué muy luego imitado por Cleues y Malaos, tambien originarios de la familia de Agamemnon. Al frente de nuevas masas aqueas llegaron á la costa locrense, y despues de incorporar á su ejército á los que de este país quisieron agregárseles, se embarcaron con rumbo á la costa asiática, y tomaron tierra en el golfo de Elea, en ter- (1) Pausanias II, 18, 5. (2) Pausan., III, 2. Aristot., Polit. V, 8. Plut. de soler lia animal., e. 36.
57 ritorio misio, donde levantaron la ciudad de Cyma, que fué gobernada con notable acierto por los deseen dientes de Cleues y Malaos (l). El nombre de b Auamemnon era tan respetado en esta ciudad que los cymensos no se contentaron con menos que con hacerle aparecer en la lista de sus reyes (2). Fácilmente se echa de ver que en esta leyenda de la colonizacion aquea hay elementos históricos envueltos con una capa fabulosa. Por la ligera reseña que antecede se ve que la expedicion de Pentilo abraza varias generaciones, y se refiere, por consiguiente á una serie de emigraciones sucesivas completamente independientes las unas de las otras. Lo más extraño de todo es la ruta verdaderamente anómala y singular que siguieron los emigrantes conducidos por Pentilo y Gras para arribar á la isla de Lesbos; pero la tradicion sin duda creyó ver señales inequívocas de su paso por Tracia y el Helesponto en las ciudades de Enos y Sesto, siquiera su origen sea muy posterior á la fecha de la expedicion capitaneada por los mencionados caudillos, pues no se remonta más allá del siglo VIII (3). Por tanto, y puesto que análogo argumento puede sacarse de la ciudad de Mytilene en Lesbos, no hay el más leve inconveniente en suponer que los emigrantes aqueos siguieron el camino directo por mar á Lesbos, y de aquí al golfo de Elea. Las primeras construcciones en Mytilene se verificaron sobre un islote que se alzaba entre el conti- (1) Helanico , fragm. 114. Veleyo Paterculo, I , 2, 4. Estrabon, 10, 401, 403, 582, 621. (2) Pollux, Onom. IX, 83. Al decir de Píndaro, Nem. XI. 43. el mismo Orestes fué quien condujo á los emigrados desde Amielae al Asia. (3) Herod., IX, 115. Tucid., VII, 57.
64 un compatriota llamado Teras, hombre principal, que en aquella sazon se disponía á fundar fuera de la provincia un establecimiento, y á quien los mínyos encomendaron la direccion de sus negocios. Animado de estos propósitos salió Teras de Lacedemonia con una colonia de minyos, dorios y aqueos que habla reclutado en el país, y arribó á una isla situada en las cercanías de la costa oriental de Laconia, llamada entonces Calista y despues Teras, del nombre del conductor de la colonia. Supónese que este caudillo era descendiente de Edipo, y su genealogía era la siguiente: Edipo, Polinices, Tersandro, Tisamenos, Autesion, Teras y su hermana Egia. En dicha isla se establecieron los emigrados, y vivieron en perfecta armonía con los fenicios que antes la habitaban (1). Una segunda expedicion de aqueos, originarios de Lace s demonia, ocupó la isla de helos, siendo digno de notar que estos colonos vivieron luego en relacion amistosa con los de Esparta (2). Pero una parte de esta colonia aquea siguió su ruta en direccion al Sur, (1) Herodoto, IV, 145, á 149. Píndaro, ed. de Boeckh, 115. Pausan., III, 1, 7. Egia era esposa de Aristodemo y madre de los mellizos Euristenes y Procles, en cuya menor edad tuvo Teras la regencia del reino de Esparta. Pero cuando los príncipes, llegados ya á la mayor edad, quisieron encargarse del gobierno, Teras, que había tomado gusto al mando, sintió tan gran repugnancia á ser mandado, que dijo no poder vivir más en Lacedemonia, sino que preferia volverse por mar á vivir con los suyos. Los nombres de algunos lugares que los raizyos fundaron en Tera, como Eleusis, Oea, Peireon y otros, son indicio seguro de que aquellos vivieron por algun tiempo en. Atica, así como lo3 siete distritos de que se componía la isla denotan alguna relacion do los colonos con Beocia. Herodoto, IV, 153. Tolomeo, Geografía, III, 15. Boeckh, Corp. inscript. I, 729. (2) Herodoto, VIII, 48. Tucidides, V, 84 y siguientes. Plutarco, Qwest. grocce, e. 2i . Con. narrat. 36. Dionisio Perieg. v. 213.
65 arribó á Creta y se apoderó allí de Gortyn, ciudad. importante de la costa meridional de dicha isla. y Mu salió de la costa oriental de Laconia la tercera hielo s expedicion, compuesta exclusivamente de dorios, que tomaron tierra al Sur de los establecimientos y territorios jónicos. Forma aquí el continente una península sumamente estrecha y larga, rodeada casi toda por el mar y que los griegos designaban con el nombre de Triopio. En frente del cabo en que dicha península termina hay una islita sobre la cual edificaron los dorios parte de la villa de Gnido, que fué su primer establecimiento en aquellos parajes (1). Al N. O., y á muy corta distancia de esta península, encuéntrase la isla de Cos, con las dos más pequeñas de Calydnos y Nisyros, ocupadas tambien por dorios procedentes de Epidauro, aunque se ignora si dicha ocupacion se efectuó antes ó despues de la fundacion de Gnido (2). Vemos, pues, que los dorios, siguiendo el mismo derrotero que los eolios en Lesbos y los jonios en Chios y Samos, se posesionaron primeramante de algunas islas situadas en la costa cariana, que les sirvieron como puntos de partida para sus conquistas ulteriores en tierra firme. La mencionada islita no era suficiente á contener la poblacion de Gnido, y se continuó la construccion de la ciudad sobre la ribera de la península inmediata. En otra lengua terrestre situada al Norte de Cos, se levantaron dos importantes ciudades: Myndos y Halicarnaso; obra comun de dorios y jonios, que procedentes de Trecena, se habian (1) Herod., I, 174. Diodoro, V, 61. Pausanias, X, 11. Estrabon, 653. (2) Herod., VII, 99. 5
66 aliado para formar un solo pueblo, gozando todos de iguales derechos. El primitivo Halicarnaso se reducia á un corto número de viviendas asentadas sobre una roca que se levantaba en la misma orilla del mar; 'pero más tarde extendióse la ciudad por el llano, sirviendo de ciudadela dicho peñasco (1). De estos establecimientos doricos, ó segun creen otros, de las posesiones que esté pueblo tenia en la isla de Creta y de Argos, salieron tambien individuos á colonizar la isla de Rodas, situada en aquellas cercanías. Componíase por aquel entonces la poblacion de la mencionada isla de indígenas carios y de colonos fenicios que allí poseian varios establecimientos, en los cuales se daba ferviente culto al númen solar Baal-Melkarth, y se adoraba á Moloch, bajo la figura de toro: estos hijos de Tiro y Sidon debieron ocupar tambien los alrededores de la montaña más elevada de este pais, á la que dieron el histórico nombre de Tabor (2). No tardaron los dorios en posesionarse de casi toda la isla, quedando únicamente en poder de los fenicios 'alisos y su comarca, en que reinaba á la sazon Falanto. Sitiáronla los griegos al mando de Ificles, y había ya trascurrido mucho tiempo sin que los sitiados dieran señales de querer rendirse, cuando un oráculo anunció que no tomarian la plaza hasta tanto que no apareciesen peces en sus fuentes y los cuervos se volviesen blancos. Encargóse el mismo Ificles de llenar las condiciones indicadas por el oráculo, y al efecto mandó coger algunos cuervos, y pintándoles (1) Herodoto, VII, 99. Pausanias, II, 30. (2) Tucidides, VII, 57. Conon. narrat., 47. Los nombres geográficos de la isla demuestran que los primitivos habitantes eran carios. Véase Movers, Los fenicios; II, 255.
67 con yeso blanco, los soltó ' en direccion á la plaza; entre tanto logró sobornar á los servidores de Falanto que cumplieron la segunda condicion echando peces en la fuente de su casa. Convencido el rey (le que el oráculo se hacia cumplido, entregó voluntariamente la plaza despues de obtener para sus habitantes libertad omnímoda para abandonarla ó permanecer en ella; y aunque la mayor parte optaron por lo primero, enterrando allí previamente sus tesoros, con la esperanza de recuperarlos algun dia (1), muchos permanecieron en sus hogares y se confundieron por completo con los vencedores. Son muchos y de diversa naturaleza los hechos que demuestran la presencia de los fenicios en Rodas, despues de la invasion dorica en la isla. En el templo consagrado á Athenea á Astarte sidonia en Lindos se encontraron mucho tiempo despues inscripciones cadmeas (e); durante la dominacion griega se inmolaron seres humanos Cronos por otro nombre Moloch, á la manera que so hacia bajo el mando fenicio; Júpiter fué adorado en toda la isla bajo la figura de toro, que era la representacion ordinaria de Baal–Moloch, y en los trabajos que la tradicion fenicia atribuye á Ba,al–Melkarth reconocieron los dorios una alusion manifiesta á, las hazañas de Hércules. Las indicaciones que anteceden, no solamente demuestran lo arraigadas que estaban en Rodas las iradiciones fenicias, sino que á la vez ponen de manifiesto que los dorios no llevaron á cabo su conquista de un golpe y sin gran esfuerzo, por lo que con ra,zon se supone que aquella no se remonta más allá del año 850 antes de Jesucristo. (1) Athenaus, XIII, 360. (2) Diodoro, V, 56. 58.
68 La supuesta colonizacion de Rodas por Tlepolerno antes de la invasion dorica, no tiene más razonable fundamento que la de Creta por Teutamo, la de Cos por los heraclidas, Feidipo y Antifo, ó la de Chipre por Ayax de Salamis, de que hacen mencion las tradiciones helenas; y por lo que respecta á Althemenes, hijo de Creteo y nieto de Minos, más bien que colonizador de Rodas, parece ser un caudillo al servicio de Fenicia (1). No cabe en modo alguno suponer que los do "ríos estuviesen en condiciones de medir sus fuerzas con los fenicios, antes de la era olimpiada, época en que empezó á manifestarse el poder marítimo de los colonos griegos del Asia; por tanto, cuando Estrabon asegura que la expedicion dorica á dicha isla se efectuó con anterioridad á las olimpiadas, ó sea hácia el año 800, debe sin duda entenderse de los primeros ensayos de colonizacion que los dorios hicieron en aquellos parajes, toda vez que para nosotros son un mito los hechos que cuenta Eusebio relativos al poder marítimo que alcanzó ese pueblo en Rodas por los años 915 antes de la era cristiana. El templo que Danao. fundó en Lindos no estaba n realidad consagrado á la Athenea de los griegos, sino á la Astartc de Rodas, diosa virgen tutelar de la guerra, y númen de la luna como lo, de quien se supone que descendia Danao. Las tres ciudades doricas de Rodas, Lindo, Yalisos y Camiro, con las de Halicarnaso y Gnido en el continente y la isla de Cos, formaban la Exapolis ó especie de confederacion, cuyos representantes se reunian en el Triopio inmediato á Grnido, donde celebraban un solemne sacrificio en honor de Apolo (2). (1) Diodoro, V, 59. Apolodoro, III, 2, 2. (2) Dionisio de Halle., IV. 25.
C9 que hacian parte de la fiesta solían En los juegos j udicar por premio á los vencedores unas trípodes de bronce, si bien con la precisa condicion de no llevárselas consigo, sino de ofrecerlas al dios en su mismo templo. Pero sucedió que un tal Agasides, de Halicarnaso, declarado vencedor, no quiso observar esta ley, y llevándose la trípode la colgó en su casa. Por esta transgresion las otras cinco ciudades excluyeron de su comunion á Halicarnaso, llamándose desde entonces la confederacion Pentapolis (1). Entre tanto los milesios que hacian extendido sus dominios por el Sur, se apoderaron de Yasso, ciudad situada al Norte de Halicarnaso, que habla sido fundada por dorios de Argos, enviaron á ella nuevos colonos, y pusieron al frente de su gobierno á un descendiente de Neleo (2). Creta, la más rica y fértil entre todas las islas del gran archipiélago, situada en la parte más meridional del Egeo, era una posesion demasiado preciosa para no despertar la codicia de los colonos griegos. Así vemos efectivamente, que desde el principio del movimiento se trasladaron muchos griegos de distintas procedencias á Creta, .donde fundaron establecimientos en los sitios más despoblados: sucedía esto como un siglo despues que David, rey de Israel, admitió á los cretenses á formar parte de su guardia régia. Fierodoto da á entender que si los griegos hallaron la tierra cretense casi despoblada, fue; porque muchos de sus habitantes perecieron en la guerra que emprendieron (I) Herodoto, 1, 144. (2) Polibio, XVI, 1, 5,.
rto contra los sicilianos para vengar la muerte de su rey Minos, procurada por engaños del monarca siciliota Cócalo, otros se vieron precisados á quedarse en Sicilia, por carecer de medios para regresar á su pátria y no pocos sucumbieron á los terribles golpes de la peste y del hambre que les asaltaron en pena del descuido con que procedieron al vengar la muerte de Minos y de la defensa que prestaron á Menelao en la expedicion contra Troya (1). A las primeras expediciones de los pelasgos, que fundaron una Larissa en las inmediaciones de Gortyn, y de los aqueos, que procedentes de Laconia, ocuparon esta ciudad, siguieron otras colonias compuestas igualmente de aqueos que arribaron á Creta por los años 800 antes de nuestra era, ó sea despues que la parte meridional del valle del Eurotas cayó en poder de los dorios de Esparta. Los nombres geográficos Therapne, Amycleon y Micena, propios de poblaciones cretenses, indican con perfecta claridad el origen de sus fundadores (2). Pero antes que los aqueos habianse establecido en Creta los dorios, cuando una colonia de los mismos, procedente de Argos, se posesionó de Cnosso, y otra que salió de la costa oriental de Laconia, á la sazon perteneciente al estado argivo, se apoderó de Lycto, trasformándola por completo en una poblacion dorica, hasta el punto de que con el trascurso del tiempo impuso tambien á los de Gortyn las leyes y usos de los dorios (3). (1) Herodoto, VII, 190-1'71. (2) Odisea, XIX, 175. HOkh, Creta, págs. 417, 447. Platon, Leyes, 708. (3) Aristóteles, Política, II, 17. Estrabon, 481. ilükh, Creta, 1I, 433 y I, 145.
'71 Los eteocretenses, como los griegos llamaban á los primitivos moradores de la isla que eran de origen carian°, fueron perdiendo una por una todas sus poblaciones, hasta quedar reducidos á diversos territorios de la region oriental, especialmente á Preso y á las comarcas más élevadas de la cordillera que corta la isla en toda su longitud; es decir, á la sierra del Ida, que en sus cimas ostenta siempre blanco ropaje y que en nuestros dias ha servido de baluarte á los esfaciotas para mantener su independencia contra los turcos. En la region opuesta, regada por el Jardano, vivían los cydonios, cuyas principales poblaciones eran Minoa, Cydonia, Falasarna y otras situadas en los promontorios de Drepanon y Hermion, como el puerto y ciudad de Fenix, cuya poblacion era una mezcla de colonos fenicios, filisteos y eteocretenses, aunque otros pretenden que se componía tan sólo de fenicios y sirios (1). Cydonia era el lugar más notable de este pueblo y el que le dió su nombre; pero más tarde pasó Cambien esta ciudad á manos de los colonos griegos que llegaron á poseer muy pronto toda la parte central de la isla, siendo Gortyn, al Sur, Lycto y Cnosso, en el Norte, sus principales ciudades (2). En los poemas-homéricos aparece la isla de Creta como una comarca rica y floreciente, «habitada por un pueblo innumerable que estaba repartido en noventa ciudades.» Y sin embargo, 'más tarde, sólo se (1) Herodoto, VII, 169-175. Estrabon, 475-478, Aristofanes, Plut. 1398. (2) Hesiquio, H'uUeios.
72 han encontrado en ella diez y siete lagares independientes ó con vida propia (1). Los colonos griegos hallaron establecido en Creta el culo de varias divinidades, entre las que merecen particular mencion el Minotauro y Talos, ó sea el Baal-Moloch, númen solar, bajo sus dos aspectos de dios benéfico y dios destructor ó dañino, con Europa y Ariadna, que no es otra cosa que Ashera-Astarte. Supónese que la cuna de Minos estuvo en Gortyn, mientras que Cnosso fue' su ordinaria residencia y la de Ariadna, y por tanto la del Minotauro. Hé aquí de qué manera los griegos, que con gran energía hablan antes luchado por arrojar de su propio pais á los fenicios y desterrar de sus hogares hasta el último resto de las tradiciones religiosas de dicho pueblo, vinieron á buscar 200 años más tarde la cuna de esas mismas influencias cuyos efectos no tardaron en manifestarse en las tradiciones griegas. Así vemos que los colonos de Creta, siguiendo una costumbre general entre los helenos, se apropiaron el culto de las divinidades extranj eras para fundirle con el que tributaban á las suyas, formando así un rito nuevo cada dia más complejo. Pero no se crea que por eso dejaron de fijar su atencion en los adelantos que en las artes poseian los fenicios cretenses y de apropiarse los que tenian aplicacion á sus particulares usos y género de vida. Por eso, á Minos, considerado como el genuino representante de la civilizacion fenicia en la isla antes de ser ocupada por ellos, y la verdadera personificacion del poder marítimo que los fenicios ejercieron en el Egeo durante los dos siglos que precedieron á la colonizadon griega, le dieron un rival en Dedalo, padre del ( 1 ) 1 -141:., Creta, II, 443.
73 arte griego en todas sus manifestaciones. Está perfectamente demostrado que el arte fenicio ejerció en la cultura de los colonos cretenses una influencia análoga á la que las tradiciones religiosas del mismo pueblo ejercieron en las creencias de los últimos, y que dió no pequeño impulso á su progreso. Entre los artistas griegos de aquella remota época figuran los nombres de Dipono y Scillis, oriundos de Creta; que unos suponen ser hijos y otros discípulos de Dedalo (1). Segun todas las probalidades, los griegos aprendieron en Creta y Rodas el valor de las letras fenicias, y ellos fueron tambien sus maestros en el uso de las pesas y medidas. No debe maravillarnos que los griegos, bajo la favorable impresion que tan extraordinario progreso les produjo, junto con el órden admirable que observaban en todas las manifestaciones de la vida de aquel pueblo, hiciesen de Minos el más sabio legislador de la antigüedad, y adornasen su vida con rasgos maravillosos tomados de los hechos del dios Melkarth, cuya muerte y resurrecciones periódicas sirvieron tambien de temas para adornar la vida de dicho personaje. En los poemas homéricos aparece Minos como juez de los muertos, y se supone que de vez en cuando se traslada á la gruta de Cnosso, donde recibe las revelaciones del Tonante (2). Cuando las grandes ciudades doricas de Creta llegaron á consolidar sus instituciones se apropiaron Cambien la legislacion de Minos, aunque es digno de observacion que algunas mantuvieron con más fidelidad que otras sus antiguas leyes y redactaron un código especial que se hizo notar por la sabiduría de (1) Brunn, Artistas griegos (Griechische Künstler), p. 43. (2) Odisea, XI, 568. XIX, 175.
80 y de progreso, el vate puede muy bien escoger para desarrollar su concepto poético esta ó la otra forma social, esta ó la otra situacion política, entre las diversas que han ensayado casi todos los pueblos civilizados; pero tratándose de las épocas primitivas en que los pueblos apénas han pensado en otra cosa que en organizarse, la produccion poética no puede traspasar los límites del horizonte dentro del cual se desenvuelve; casi siempre halla elementos y requisitos para embellecerle, á lo sumo para idealizarle, pero de todos modos esto sólo debe entenderse en cuanto á los detalles, porque en cuanto á la esencia no se apartará de la verdad del asunto. Dicho se está con esto que en una descripcion poético-etnográfica de este género no tanto se dará á conocer la época que se proponga describir el poeta, como la suya propia, abstraccion hecha de los elementos ideales ó puramente poéticos que sirvan de adorno á la composicion. El poeta no puede suponer en sus héroes pensamientos contrarios á los que á él mismo le animan, ó poner en su boca otras palabras que las que brotan espontáneamente de sus propios labios; ni los motivos que les impulsan á obrar pueden ser otros que los dictados por su propio corazon que se retrata en las palabras, consejos y hechos de aquellos héroes; por eso los fines á que en sus obras aspiran son precisamente los que el poeta, y con él la sociedad entera, consideran entonces corno los más saludables y los más dignos del esfuerzo de un héroe. En una palabra; el poeta no puede hacer otra cosa más que trazar el genuino retrato de la sociedad, reproduciendo en su cuadro detalles que por su especial ingenio se le representan con más intuicion que á la
81 generalidad del pueblo, y de cuyas causas y efectos tiene más ó ménos cabal idea. por lo demás no es siempre tan difícil corno á primera vista parece separar los elementos ideales ó puramente poéticos de la realidad histórica; ya en los poemas homéricos se hace con frecuencia la debida separacion entre la fuerza y poderío de que se hallaban dotados aquellos héroes de la troyana contienda, que sostenian relaciones directas con los dioses ó habian sido engendrados por los mismos inmortales, y las que poseian los humanos «de la generacion presente.> Por lo que respecta á las causas morales que pone en acción el poeta, precisa no perder de vista que éste las presenta no tanto como en realidad son cuanto como deben ser, y en esta calificacion atiende más á su propio concepto que al de la sociedad en que vive, dado que en las épocas primitivas en que todo es naturalidad y sencillez, no hay que buscar ni la ocasion ni los medios indispensables para cambiar ó trasformar el fundamento sobre que el edificio social descansa. Hechas estas salvedades, y á falta de más seguras fuentes, vamos á trazar un cuadro, que represente, siquiera sea de una manera incompleta y rudimentaria, la situacion de la sociedad griega hácia la mitad del siglo IX, siguiendo las indicaciones que nos ofrecen las poesías homéricas. Los griegos de esta época poseian conocimientos por extremo limitados acerca de los mares y tierras que confinaban con su país. Por el Oeste no llegaban sus noticias más allá del Adriático y las islas situadas en la costa del Epiro, mientras que por el Sur se exTOMO VI. 6
82 tendian hasta el Nilo , que ellos llamaban Egipto. Pero es digno de observacion que de este país tan sólo conocían el mencionado rio, la isla de Faros y el nombre de su famosa capital Tebas, sobre la cual hace notar Hornero que estaba situada en las inmediaciones del mar. Más allá de estos límites no habia para ellos sino regiones fabulosas y desconocidas. Porque si bien es verdad que sus escritores hacen frecuente mencion del país de Libia, pero no tenian la más ligera noticia respecto á esta comarca, tan distante de Grecia, que en su sentir, un pájaro necesitaría un año para trasponer los mares que separaban ambos paises. Más claras y precisas eran las noticias que poseian relativamente á los pueblos y países vecinos á Grecia, por el lado del Egeo especialmente. En el Norte éranles conocidos los tracios y los nombres de diferentes ríos que bañan esta region, así como los escitas ú ordeñadores de caballos, que vivian más allá de los tracios; pero en los autores helenos de esta época no se hace mencion alguna del mar Negro. Tambien sobre la geografía de los países orientales del continente, situados del otro lado de Frigia, estaban los griegos completamente á oscuras. Por el contrario, en el S. E. érales conocida la isla de Chipre con la ciudad de Pafos y el culto que allí se tributaba á Afrodita, y en esta direccion llegaban sus noticias hasta las costas de Fenicia donde sabian que se hallaba situada la ciudad de Sidon. La situacion del mar Egeo, de sus islas, costas, cabos y puertos les era perfectamente conocida, y la descripcion que se hace en las poesías homéricas de la isla de Creta y de su posicion topográfica demuestra bien á las claras que, al tiempo de redactarse estos poemas, habia en aque-
83 líos parajes establecimientos griegos de alguna importancia. Todos los pueblos que han vivido en las cercanías del mar se ocuparon desde los primeros momentos de su existencia en la navegacion: el mar ha sido siempre la via más preciada para el desarrollo del comercio y de toda clase de relaciones entre los pueblos más apartados de la tierra que viven en sus orillas, y los vehículos para recorrer sus espacios eran ya conocidos en la infancia del humano linage. Por lo general los buques de los primeros tiempos eran movidos por cincuenta remos, ó sean veinticinco á cada costado de la nave. Pero estos barcos eran usados para expediciones de rápido movimiento, corno excursiones piráticas ú otras análogas, mientras que para el trasporte de cargamentos las habla más pesadas, de veinte á cien remos, segun su. cabida; y aún en el catálogo de las naves se hace mencion de los buques beodos que eran movidos por ciento veinte remos (1). Aunque los fenicios evacuaron las islas del Egeo, sus buques mercantes continuaron surcando aquellas aguas y visitando los puertos que antes fueron suyos. De ordinario ofrecian á los griegos objetos artísticos, diversos artículos fabricados de estaño, oro, plata, electron y marfil; vestidos preciosos y muebles de lujo: así vemos que los vestidos más lujosos y los más elegantes muebles que adornan las cámaras de los príncipes helenos y llenan las arcas de sus tesoros; los adornos más preciados de las damas griegas, como collares de oro y de ámbar, brazaletes, etc., son obra (1) Odisea, IX, 322. lijada, XX, 247. Debe advertirse que la Dota relativa á las naves beocias tiene todos los caractéres de una interpolacion posterior.
84 de los artistas fenicios, y salían de los talleres de Sidon. A cambio de estos productos daban los griegos prisioneros de guerra, vino, cereales, cobre y hierro, sirviendo de tipo regulador de los precios el de un esclavo jóven ó trozos de oro de un peso determinado, toda vez que por aquel entonces apénas se hace mencion de la plata, y la moneda acuñada era tambien de todo punto desconocida, puesto que áun el talento de que se hace mencion en las poesías homéricas no era más que un pequeño pedazo de oro de peso fijo (1). Tambien los griegos habían hecho en esta época progresos en las artes y oficios de más inmediatas aplicaciones á la vida, y tenian diestros alfareros, herreros, carpinteros, fundidores de oro y broncistas. Las señoras, sin distincion de clases ni gerarguías, se ocupaban en la confeccion de telas, vestidos y tapices, y áun los príncipes no se desdeñaban de trabajar en la construccion de sus viviendas y de manejar los útiles del carpintero. La ocupacion más general era la agricultura y la ganadería, siendo practicada esta última especialmente en las colonias, cuyo suelo estaba en su mayor parte dedicado á pastos. Por eso la principal riqueza de sus reyes y caudillos consiste en numerosos rebaños de caballos, bueyes y vacas, cerdos y carneros, que eran de ordinario guardados por esclavos, aunque no pocas veces se hace mencion de jóvenes príncipes que se ocupaban en custodiar y defender de enemigos y bandidos los rebaños de su padre. Los terrenos destinados al cultivo se hallaban divididos en pequeños lotes separados entre si por lindes, cotos ó mojoneras, circunstancia muy digna de (1) Brickh, Metrología (Afetrologie), pág. 33.
85 atención, dado que el deslinde y separación de terrenos inmediatos es siempre señal de civilizacion y cultura (1). Para la roturacion de la tierra empleóse el arado tirado por bueyes ó mulas; usábase la hoz para segar las mieses que habian alcanzado su madurez, las cuales, extendidas sobre un suelo duro y llano, eran trilladas, haciendo correr sobre ellas varios animales sujetos al yugo. El cultivo de las viñas y del olivo constituian entre los griegos dos ramos importantes de la agricultura, y su cuidado estuvo muchas veces encomendado á príncipes ancianos, incapacitados para el manejo de las armas y para la direccion de los negocios (2). Las irrupciones de los montañeses obligaron muy temprano á los labradores del valle á establecer sus viviendas en sitios elevados y rocas de dificil acceso. En un principio se construyeron muros para la defensa de los puntos más accesibles; luego se rodearon por completo de murallas, teniendo buen cuidado, en todo caso, de proteger por este medio los santuarios y templos consagrados al culto de sus divinidades. Con los progresos de la navegacion viéronse expuestos los habitantes de las costas á los ataques cada vez más frecuentes de los piratas, y tuvieron que acudir tambien al sistema de las fortificaciones; pero, sin duda, para hacer más dificil una sorpresa y ampliar los medios de defensa, levantaron de ordinario estas fortalezas á regular distancia del mar (3). En ellas se refugiaban en el momento del peligro, y alrededor de las mismas edificaron desde luego sus vi- (1) Odisea, VI, 10. (2) Iliada, IX, 579. XVIII, 540 á 580. Odisea, XXIV, 245. (3) T ueidides, I, 7.
86 viendas aquellos que no tenian absoluta precision de permanecer á la orilla del mar; de esta manera se formaron las más notables poblaciones de Grecia, cuyo crecimiento y prosperidad eran más seguros al abrigo de sus ciudadelas. Pero con el trascurso del tiempo crecieron los peligros, y se hizo necesario rodear tambien de murallas las casas construidas en el llano al pié de la ciudadela, siquiera esto sólo pudiera realizarse en poblaciones de importancia ó que contaban con recursos para llevar á cabo tan costosas obras. Esto es lo que se desprende de la descripcion que hacen los poemas homéricos de Ilion, de Tebas, construida al pié de la ciudadela Cadmea, de la ciudad de los feacios y de otras poblaciones de inferior categoría (1). Para los colonos de la costa asiática era todavía más imprescindible la fortificacion de sus respectivos establecimientos; así vemos que su primer cuidado era levantar ciudadelas ó fortalezas que sirviesen de refugio á los colonos y defensa para sus viviendas; y todas las ciudades griegas de la costa se hallaban guarnecidas de murallas, por más que sus moradores se dedicasen en su mayor parte á los trabajos agrícolas. Las viviendas de los príncipes formaban igualmente recintos amurallados, cuya disposicion era, por regla general, la siguiente: Una puerta de dos hojas daba entrada al patio que estaba rodeado interiormente de cobertizos, establos y depósitos de basuras para el abono de las tierras. Con el patio comunica un pórtico por el que se entra en las verda- (1) Odisea, VI, 9.
deras habitaciones de la familia régia, compuestas de un gran salon llamado Megaron, en cuyo centro estaba situado el hogar de la casa, y que recibia la luz por la puerta y por pequeños huecos ó ventanas abiertas en las paredes. Con este salon comunicaban las siguientes piezas, cuyo suelo estaba algunos grados más alto que el del Megaron; el cuarto de la dama de la casa, que á la vez servia de taller donde aquélla hilaba y tejía con sus esclavas, dormitorio del príncipe, sala de armas y tesoro. El tesoro era una pieza importantísima en la que el soberano guardaba todas sus riquezas y objetos de algun valor, como muebles, armas, vestidos y toda clase de adornos, de origen nacional ó extranjero. Sábese que los príncipes y nobles de aquella remota época eran aficionados á los trajes lujosos y brillantes, á los baños y afeites y á todo lo que constituye el boato, por lo cual ponian especial diligencia en procurarse ricos muebles y vestidos elegantes. Contiguo al cuerpo principal del edificio se hallaban las b.abitaciones para la servidumbre y esclavos. Inútil es advertir que éstos últimos constituian la más baja etapa de la escala social, lo mismo entre los griegos de la península que entre los colonos de la costa asiática. Esos desventurados séres eran, por lo general, indígenas que habian caido en poder de los conquistadores extranjeros, prisioneros de guerra cogidos en sus excursiones y razias piráticas ó cazados por los traficantes fenicios que, en sus empresas mercantiles, no perdian ocasion de atrapar algun ex# traviado que tenia la desgracia de caer en sus manos, cualquiera que fuese su nacionalidad y su alcurnia, porque en aquellos tiempos no se hacia escrúpulo de sacar á la plaza pública un plebeyo con un príncipe,
y de cambiar un hombre de regia estirpe por una mercancía. Sin embargo, la situacion de los esclavos en Grecia no era tan dura como en otros países, aunque eso no quiere decir que podamos absolver á los magnates helenos de crueldad y barbárie en el tratamiento de sus siervos, á quienes, por leves faltas en muchos casos, se imponian severísimos castigos, se les mutilaba. y hasta se les daba una muerte cruel, precedida cíe atrocísimos tormentos. Por lo demás, en lo que respecta á la edueacion y cultura, no existia diferencia alguna entre señores y siervos, y eso era causa de que los primeros viviesen en íntima y familiar relacion con los segundos. Por eso es frecuente oir, en escritos y tradiciones, que los príncipes no se desdeñaban de sentarse á la mesa con los pastores de sus rebaños, y á las esclavas les estaba permitido besar la cabeza y las manos de sus señores. Segun costumbre muy general entre los pueblos poco civilizados, las esclavas desempeñaban los más penosos trabajos. Ellas acarreaban el agua de las fuentes y pozos á las casas de sus amos, situadas no pocas veces en sitios elevados y distantes ; limpiaban el grano, lo molian á mano, y preparaban la harina para cocer el pan que en la casa se consumia. En cambio los amos que pretendian acreditarse de nobles y generosos, premiaban á los esclavos que les habian servido con fidelidad durante largo tiempo, regalándoles la libertad, y con ella casa, corral y un pequeño campo. Por encima de los esclavos estaban los thetes, que constituian la clase más baja de la poblacion libre entre los griegos. Eran ciudadanos libres, que careciendo de bienes de fortuna con que atender al sus-
sº tento propio y de su familia, servian á un amo, ya ejecutando trabajos agrícolas, ó guardando sus rebaños, y recibian en cambio el sustento y vestidos, ó una determinada cantidad de grano. Considerábase como el non plus ultra de la desgracia el tener que ejecutar estos servicios en casa de un labrador; pero los que servian á príncipes y á personas de elevada posicion, eran mejor tratados, y hasta gozaban de cierto prestigio entre el pueblo (1). De la clase labradora se formaron con el trascurso del tiempo los grandes propietarios, que no solamente tenian á su servicio cierto número de thetes y de esclavos encargados de cultivar sus tierras y guardar sus ganados, sino que además se hallaban en disposicion de gastar armas y lujosos trajes, carrozas, caballos para lucir su habilidad en los juegos, y á veces hasta buques para hacer com9rcio ó para su propio recreo. En las colonias grifdgas constituían esta especie de nobleza los primeros colonos que tomaron parte en la reparticion de los territorios conquistados. Estos nobles acompañaban siempre á los príncipes en sus excursiones guerreras ó en sus razias por las comarcas vecinas y acrecentaban sus riquezas con la parte que les correspondía de la presa; fuera de esto, sus ordinarias ocupaciones eran el ejercicio en el manejo de las armas, los juegos del disco y de la lanza y las carreras á caballo ó en carro. Todo el que poseia bienes de fortuna pertenecía de hecho á esta clase, que en realidad solo se distinguia del resto del pueblo por sus ocupaciones y sus hábitos guerreros (2). (1) Odisea, IV, 643. XI, 490. (2) Odisea, XIV, 213.
96 masía; impetuosos, prontos á montar en cólera y exsivamente sensibles á los humanos afectos; así vemos que no pocas veces hace Hornero derramar lágrimas á sus héroes. Añádase á esto que todos iban armados, áun durante las ordinarias ocupaciones de la vida, y se comprenderá que la violencia, el asesinato y los más brutales atropellos estuviesen á la órden del día (1). El hombre tenia que buscar los medios para su propia defensa, y las mujeres y los niños veíanse abandonados y en el mayor desamparo, cuando les faltaba la eficaz proteccion del esposo ó del padre. Nadie podia verse libre de injusticia ó alcanzar reparacion en sus derechos sin el concurso de poderosos amigos, compañeros ó parientes. No obstante, podía cualquier ciudadano acudir al rey en demanda de justicia, y como un nuevo signo de cívica moralidad y cultura debemos hacer notar, que el padre de familia no ejercia absoluto dominio sobre los suyos, antes por el contrario, se hacia justicia á todos los individuos del Estado segun los antiguos usos y tradiciones del país. A pesar de estas garantías, ni el estado ni el rey eran de ordinario los encargados de imponer al asesino el merecido castigo: por regla general se encargaban de hacer justicia á la víctima sus propios parientes, cuya venganza era tan segura , que para evitar el golpe no tenia el culpable más remedio que abandonar la comarca. Y cuéntese que pocas veces dejaba de aplicarse esta pena del Talion, áun en los casos en que la víctima era pobre y carecia de parientes y amigos, dado que este deber era para todos sagrado, y su cumplimiento fácil en extremo, puesto (1) Tucidides, 1, 6.
97 que el Estado retiraba por completo su proteccion al asesino, fomentando así la sed de venganza que ardia en los pechos contrarios (1). Por eso el asesino, si no poseia cuantiosos medios de fortuna, velase casi siempre obligado á abandonar el pais, segun repetidas veces se hace notar en las poesías homéricas. Pero aún habla otro medio, tal vez más seguro de evitar la venganza, que consistia en sobornar á los parientes de la víctima, y comprar su voluntad por medio de ricos presentes y regalos. Mediante esta satisfaccion pecuniaria renunciaba el padre á vengar la muerte de su hijo, el hermano olvidaba la sangre de su hermano, villanamente derramada, y el asesino podia continuar viviendo en el país con los mismos derechos y consideraciones que antes (2). Una vez satisfecho por el asesino el precio de la expiacion convenido con los parientes de la víctima, quedaba aquél bajo la proteccion del Estado, perdian los segundos ipso facto todos sus derechos sobre él, y nadie volvia á turbar su reposo (3). El rey se hallaba investido en tiempo de paz y de guerra de los más ámplios poderes para imponer toda clase de penas y para resolver pleitos y litigios, siendo inapelable su sentencia. De ordinario daba él mismo sus fallos en las asambleas del pueblo ó los hacia conocer por medio de personas autorizadas y escogidas entre los más ancianos de la nobleza, ó sea entre los gerontes de más notoria reputacion y experiencia; por eso se hace frecuente mencion en las poesías homéricas del agoré ó asamblea del pueblo en que se (1) Odisea, XXIII, 118. XXIV, 433. (2) Macla, IX, 631. (3) Riada, XVIII, 498. TOMO VI. 7
98 resolvian los zernistes ó casos de derecho conforme á uso antiguo (1). Sentábanse los gerontes que constituian el tribunal sobre unas piedras dispuestas al efecto en el mismo lugar donde se celebraban las asambleas populares, y allí comparecian demandantes y acusados con sus respectivos testigos, siendo digno de observacion el hecho de que no pocas veces se prolongaban estos litigios casi dias enteros, pues se dice que los gerontes se retiraban muy tarde á sus hogares y permanecian largo tiempo sin comer. El pueblo asistia á estos litigios y demostraba con estrepitosas interrupciones sus simpatías por una y otra parte, de suerte que los heraldos se vejan á veces precisados á intervenir para restablecer la tranquilidad y el silencio. Los jueces daban sus fallos en conformidad con las leyes del país y los usos recibidos de la tradicion, dado que el quebrantamiento del derecho era considerado como un gravísimo delito que nunca dejaba de provocar la cólera de los dioses, y se tenia por seguro que Júpiter nunca dejaba impune el perjurio, y castigaba las infracciones del derecho en los tribunales enviando plagas sobre toda la comarca. Eso no obstaba, sin embargo, para que la parte agraviada ofreciese á los gerontes ricos dones en dinero cuando pronunciaban sentencia favorable á su causa (2). fr Los príncipes y nobles de la antigua Hellada pa (1) Iliada, II, 391. XV, 348 y siguientes. XX, 4. Odisea, II, 69. XII, 440. (2) Iliada, XVIII, 507. Véase Hesiodo, Trabajos y dias, 27 á 36-
99 san su regocijada existencia en medio de los placeres de la mesa, en las tumultuosas algaradas de la caza, ó entre los azares de la guerra. De ordinario reuníanse los magnates helenos desde muy temprano en el hogar régio, y allí pasaban en banquetes y francachelas una gran parte del dia, y no pocas veces, tras un breve descanso, durante el cual se retiraban á sus respectivos hogares, volvianse á reunir para continuar su interrumpido jolgorio y pasar la noche comiendo y bebiendo vino mezclado con agua, segun era costumbre entre los griegos. Los trovadores amenizaban estas fiestas con canciones en que, de ordinario, se conmemoraban los hechos de los antiguos héroes. Análogas eran las ocupaciones de los jóvenes oriundos de la nobleza helena. Ejercitábanse en el baile y en el manejo de las armas; jugaban á los dados ó salian á la caza de leones, jabalíes, corzos, cabras monteses y liebres , sirviéndose de perros adiestrados al efecto; otras veces equipaban buques con que sorprendian alguna poblacion indefensa al objeto de entregarla al saqueo, ó bien se ocupaban en ejercicios militares. En aquellos tiempos no se tenia por acto criminal ni deshonroso el atacar á un pueblo con el que no se mantenían relaciones amistosas, ni se hacia escrúpulo de emplear la fuerza ó la astucia con objeto de apoderarse de sus riquezas y haberes (1). Los griegos apénas hacian uso del arco, que como hemos observado en su lugar, era el arma predilecta de los indios, iranios, egipcios y de casi todos los pueblos del Asia central. Es verdad que Hércules ejecutó con el arco sus más famosas hazañas, y que todavía, en la época á que nos referimos, los buenos (1) Como claramente se ve por la Odisea, XXI, 30.
loo tiradores gozaban de grandísimo prestigio en toda la Grecia; pero los héroes de más renombre prefieren la lucha á corta distancia valiéndose de la lanza. Pesada armadura compuesta de yelmo, coraza y calzones metálicos cubre su cuerpo, y su principal habilidad consiste en arrojar la lanza con tal vigor que atraviese á la vez el escudo y la coraza del contrario, ya que sólo en casos apurados la emplean para herir á golpe. Cuando se rompía la lanza, echaban mano de la espada, y á falta de ésta se valían de piedras. Los caudillos, para animar á sus huestes, marchan siempre á la cabeza del ejército, montados en carros, que se mueven tirados por briosos corceles, bajo la direccion de hábiles aurigas, aunque no sabemos si los griegos usaban ya esta costumbre al tomar posesion de Hellada, en cuyo caso pudieron aprenderla de los indios é iranios, ó si la tomaron de los lidios y misios, que como los troyanos, eran excelentes ginetes y tenian una caballería tan hermosa como bien adiestrada. Toda la vitalidad del pueblo heleno de esta época se hallaba concentrada en la guerra. No habia ocupacion más honrosa que la del guerrero, especialmente en las colonias greco-asiáticas, donde puede decirse era la única profesion que en algo se estimaba, dado que la agricultura y el pastoreo se reputaban por ocupaciones viles y despreciables. Felizmente aquella bélica actividad estaba casi limitada á pequeñas escaramuzas y combates sin importancia, cuyo principal objeto era la defensa de sus hogares y de los santuarios de sus dioses; y gracias á eso, el movimiento militar, más que á corromper ó enervar las costumbres, contribuía á mantener vivo el sentimiento de la libertad en el individuo, y á despertar
101 en el pueblo la idea del derecho individual; por lo que con entera -verdad puede asegurarse que el sentimiento elevado y noble que caracteriza á este pueblo, es en gran parte producto de aquella incesante lucha y de la inquebrantable constancia con que defendió su libertad y su independencia, así como la integridad de sus tradicionales instituciones. Obsérvase esta tendencia del sentimiento nacional de los helenos en la vida de sus héroes, que por medio de la guerra, más aspiraban á alcanzar gloria y honor entre los hombres, que botin y riquezas. El héroe griego preferia una muerte honrosa, aunque fuese temprana, á una vida larga pasada en la oscuridad y sin gloria; por eso les vemos trabajar con empeño por sobrepujar á sus compañeros de armas y lograr que el recuerdo de sus hechos se perpetúe en los cantos populares ó en las composiciones del poeta. Al logro de este resultado dirigen todos sus esfuerzos, y áun en los más sérios combates no pierden de vista que á su lado luchan otros caudillos que tratan de oscurecer su gloria. El valor de los héroes helenos afecta no obstante un carácter especial que no parece estar en armonía con estas aspiraciones. No miden sus fuerzas con cualquiera ni aceptan la lucha cuando tienen seguridad de sufrir un descalabro; dando claramente á entender con su conducta que no poseen la impasible frialdad ó indiferencia con que los grandes héroes de otros pueblos afrontan los peligros más terribles y áun la muerte, ni aquella indomable y loca valentía de que se hallan poseidas ciertas tribus y pueblos salvajes en el momento de entrar en combate. Antes por el contrario, vemos que los más animosos caudillos griegos se sienten con frecuencia dominados por el
120 miedo y sobrecogidos por el espanto, y no consideran afrentoso el retroceder ante un enemigo más poderoso y abandonar el campo. La habilidad y la astucia son entre los héroes griegos cualidades tan estimables y tan honrosas como el valor más impasible. Por eso las cualidades que en sentir de los griegos debian adornar á un verdadero soldado, eran una gran prudencia y una imperturbable presencia de ánimo en la lucha; y la divinidad que especialmente invocaban en líos combates era la prudente y sábia Minerva, cuya proteccion se tenia por más eficaz que la del impetuoso Ares. Hornero, al describir estos caractéres del héroe y del guerrero entre los griegos, no ha hecho otra cosa que trazar bócetos tornados del natural, segun claramente se desprende de mil tradiciones y se halla confirmado por la historia de épocas más modernas. Pero el valor, la fuerza, la destreza y la prudencia en su más alto grado consideradas, no completan el cuadro de las virtudes y cualidades que debian adornar al caudillo griego; sabiduría en el consejo y maestría en el uso de la palabra, eran dotes que no debían faltar en un buen jefe, y que especialmente se exigian en los nobles y en los príncipes, que más que nadie habian menester de esos dotes naturales, á fin de poder exponer en las asambleas las supremas resoluciones y defender con la debida energía sus actos y sus mandatos para mover al pueblo á la sumision y á la obediencia. El buen monarca heleno debia ser fuerte y animoso en el combate; sábio en el consejo y elocuente en las asambleas del pueblo. Así se dice en la Teogonía: «Cuando nacen los reyes que los dioses alimentan, las musas hijas del gran Júpiter, que contemplan
103 su nacimiento, derraman sobre su lengua un rocío dulce, en virtud del cual fluyen como la miel las palabras de su boca. Los pueblos fijan en él sus miradas cuando pronuncia una sentencia recta y equitativa. Inteligente en los negocios y fuerte en el uso de la palabra resuelve con notable facilidad los grandes litigios; pues los reyes han recibido la inteligencia para dar, sin esfuerzo, la debida satisfaccion al hombre del pueblo que ha sufrido una injuria y tranquilizar su ánimo con suaves palabras. Por eso cuando el rey sale por la ciudad todos le veneran, como á un dios, con respetuoso acatamiento y en las asambleas descuella tambien su persona sobre las de todos los presentes.» (1) Si fijamos nuestra consideracion en el carácter de sociabilidad, en la índole casi comunista y en la publicidad que afectaban todos los actos y manifestaciones de la vida entre los colonos de las ciudades greco-asiáticas, no debe maravillarnos que se exigiese á sus reyes el don de la elocuencia, ó á lo menos 4cilidad en el uso de la palabra. Los nobles hacen vida comun con el rey, dado que no sólo comen á su mesa, sino que con a se ejercitan en el manejo de las armas, van á caza y emprenden otras expediciones; de ordinario el príncipe anuncia por si mismo al pueblo sus mandatos y soberanas decisiones, y todo esto exigia una gran maestría en el uso del lenguaje. Los nobles debian estar igualmente versados en la oratoria, por ser no pocas veces los encargados de trasmitir al pueblo las órdenes del soberano, de presidir las asambleas públicas y formar los tribunales de justicia. Costumbres análogas se encuentran en los eo- (1) Teogonía, 82 y siguientes.
104 mienzos de la vida política entre los árabes, israelitas y germanos; pero nunca llegaron á adquirir una forma „completa y bien desarrollada ó desaparecieron con el trascurso del tiempo, mientras que en el Estado griego no solamente llegaron á constituir la base del organismo social, sino que, por su extraordinaria importancia, ejercieron un influjo decisivo en todas las manifestaciones de la vida pública. Ya en la infancia de la sociedad helena presentan estas instituciones un desarrollo que nunca alcanzaron en otras partes, y en la firmeza con que el pueblo las mantenia se dejaba entrever su importancia para lo futuro. Pero no debe buscarse el origen de este carácter nacional únicamente en la tendencia del pueblo á la sociabilidad, á la vida comun, en su pasion por hablar, ó en el singular interés con que seguia el curso de un debate, particularmente si presentaba cierto carácter dramático y plástico, á lo cual se prestaba maravillosamente su hermoso idioma; es bien seguro que la costumbre de pasar la mayor parte de la vida en la morada del soberano y en el lugar donde se celebraban las asambleas públicas no habria, subsistido mucho tiempo, ni ménos habría llegado á ser la base fundamental del organismo del Estado, si los griegos hubiesen vivido desparramados por comarcas extensas y de carácter uniforme; si aquellas ciudadelas levantadas sobre empinadas rocas no hubiesen á la -vez servido de refugio á los moradores del valle y de centro hácia el cual convergia toda la vida social; si los labradores, acometidos con harta frecuencia por los pastores y bandidos que albergaban las escarpadas montañas del país, no se hubiesen visto en la necesidad de establecer sus viviendas en las inmediaciones de aquellas fortalezas que les servian de asilo
105 y de amparo, formando así ciudades relativamente populosas, y si, por último, como consecuencia de estas condiciones topográficas, los estados helenos no hubiesen permanecido encerrados en límites estrechísimos, como que por lo general no traspasaban los de una sola provincia. La situacion y todas las condiciones bajo las cuales vivian los nuevos estados griegos de la costa asiática eran lo más á propósito para fomentar y sostener esta mancomunidad de intereses, dado que los colonos veianse precisados á defender sin cesar la estrecha faja de tierra que comprendian sus dominios contra los ataques de los indígenas ó de sus dueños anteriores y á refugiarse á cada momento dentro de los muros de las poblaciones. 4 Los efectos de la estrecha union que predominaba en los diversos elementos que abraza el Estado heleno se manifiestan, de la misma manera, en otros actos de la vida. Así vemos que los héroes de Romero nunca pierden de vista el juicio que llegarán á formar los hombres de sus acciones, y no pocas veces, cuando se dejan arrastrar con demasiada violencia por las pasiones ó desordenados afectos de su espíritu, se les trae á la memoria ese juez severo que les contempla, y que en la economía moral de aquella época desempeña casi el papel de la conciencia. Si bajo este punto de vista era de la más alta importancia la mancomunidad de intereses en la sociedad civil, aún la tenia mayor y de más trascenden ta - les efectos, considerada en la asociacion individual, en la familia. No debemos buscar en otra causa la nobleza de sentimientos y la pureza de aspiraciones
lo' bl IV. LOS CANTOS HERÓICOS. La poesía, en todas sus manifestaciones, tiene por fundamento y punto de partida la religion. Por eso observamos que los griegos, lo mismo que los indios y casi todos los pueblos de la antigüedad, celebraban sus sacrificios con acompañamiento de himnos. En otro lugar de nuestra obra hicimos notar cómo los arios que moraban á orillas del Indo, ponian especialísimo cuidado en dirigir sus plegarias á los dioses en tiempo oportuno, y los iranios atribuian á ciertas jaculatorias y oraciones la virtud de ahuyentar á los malos espíritus. Así la leyenda griega supone que los primeros hombres que cantaron himnos en honor de los dioses, ó sea Orfeo y Thamyris, vivian en las inmediaciones de la montaña de los dioses, al pié del Olimpo, que era sin duda el lugar más adecuado para entonar semejantes canciones (1). (1) Segun todas las probabilidades, Lino, Himeneo y Yalemo, más bien que personajes reales, son ideales ó personificaciones imaginadas por la tradicion. Sobre Marsias, Olimpo y Hiagnis hemos hablado en otro lugar de nuestra obra, y Olen es un personaje originario de Licia. 1 t
113 Entre los griegos, de la misma manera que entre los habia familias encargadas de cantar estos himnos durante los sacrificios, ya para invocar la proteccion de los dioses, ya tambien para dirigirles alabanzas; y estas familias conservaban con intachable fidelidad aquellos himnos, tal vez con4mestos para invocar la proteccion divina en favor de algun atribulado príncipe en un sacrificio ofrecido por el mismo, los modificaban segun las circunstancias, y componian otros nuevos, enriqueciendo así la coleccion de cantos religiosos, base de la literatura pátria. Con el trascurso del tiempo se dió tal importancia á esta ocupacion, que no pocas familias, como la de los eumolpidas y panfidas de Atica, adquirieron con ella envidiable renombre. Pero más tarde, y sucesivamente, adoptaron estas familias cantoras el tono solemne y elevado que mejor convenía á la majestad de los dioses, y emplearon en sus himnos la forma rítmica y cadenciosa, perfeccionada despues con la invencion de ciertas medidas ó tonos musicales adecuados á las modulaciones características del lenguaje y á los conceptos expresados en la composicion. El primitivo entusiasmo que despertaban las musas en el ánimo de estos cantores, se fué trasformando en una especie de inspiracion, ó más bien habilidad artística perfeccionada con la práctica, en un principio vinculada en un corto número de cantores que eran llamados á ejercer su profesion en determinadas ocasiones, como cuando se necesitaba implorar la gracia ó proteccion de los dioses, y en las fiestas y sacrificios con que se honraba á los inmortales. Cuando el movimiento guerrero, anteriormente descrito, trasformó las costumbres pacíficas de los TOMO VI. 8
114 pastores montañeses y dió más variedad á la vida monótona de los agricultores del valle; cuando inquietos caudillos impusieron su autoridad y sus leyes á unos y otros; cuando los jefes de aquel gigantesco movimiento se pusieron el frente de los nuevos estados y pequeñas soberanías que fundaron en las islas del Egeo y en las costas asiáticas que dan á las mismas aguas, y en todas partes nació un loco dan de novedades y trasformaciones; entonces se abrió tam-- bien un nuevo campo á la mision de los cantores que á la sazon servian únicamente para amenizar las fiestas religiosas. Los nuevos príncipes se aficionaron á la-vida bulliciosa y celebraban frecuentes banquetes á los que invitaban á sus nobles y compañeros de armas. De ordinario se ofrecia un sacrificio antes de dar comienzo á la profana fiesta, y con tal motivo se hacia tomar parte á los bardos en el banquete á fin de oir una vez más sus himnos. De esta manera y por tan natural procedimiento aquellos cantos fueron perdiendo su carácter exclusivamente religioso; ya no tenian por único objeto elevar el alma de los oyentes á la region de los inmortales fomentando su devocion y recogimiento, dar expresion y carácter á la ceremonia piadosa; antes por el contrario debian servir para alegrar y dar expansion al ánimo en un acto puramente profano; fuá por tanto necesario cambiar el fono solemne, pomposo y elevado del himno religioso por otro más expansivo, detallado y bullicioso. Estas canciones no iban encaminadas á invocar á los dioses con el recogimiento y piadoso temor que á la oracion acompañan; tenian más bien por objeto pregonar sus alabanzas por los hechos que en beneficio de los hombres realizaban; de suerte que la entonacion lírica de los
115 himnos religiosos tomaba en estas canciones un aire épico más animado. Con el trascurso del tiempo no sólo se modificó la forma sino tambien los asuntos objeto de aquellos cantos. Los príncipes y los guerreros que vivian casi constantemente en los campos de batalla, para quienes no habia otra ocupacion que la guerra, ni aspiracion más alta que la de vencer al extraño, tenian tambien sus canciones favoritas y apropiadas en que se ensalzaban las hazañas y combates de los dioses, ó se hacia memoria de los gloriosos hechos de los antiguos héroes que se presentaban como modelos dignos de imitacion á los modernos, se contaban sus trabajos, sus combates y las aventuras de su azarosa existencia. Abundaban muy especialmente estas canciones guerreras en las colonias greco-asiáticas que, por su singular situacion, tenian hartas y frecuentes ocasiones de emplearlas en los campos de batalla, pues nada podia halagar y conmover mejor que estos patrióticos himnos el ánimo impresionable, vivo y altamente susceptible de aquella raza esencialmente guerrera; que consideraba la naturaleza entera corno un conjunto animado por innumerables espíritus que le comunican vida; que escuchaba con sin igual interés las palabras de los bardos como si aquellos reprodujesen con exacta fidelidad los sentimientos que yacían escondidos en su pecho. Los poemas homéricos nos presentan algunos de estos bardos ocupados en cantar las alabanzas de los dioses y de los más famosos héroes, en las córtes de los reyes helenos, donde se les miraba con cierto respeto, y sin duda teniendo en cuenta el origen religioso de aquellos himnos que en un principio se can-
116 taban únicamente durante las ceremonias del culto, se consideraba el oficio de bardo como una institucion sagrada (1). Creíase que los dioses y los héroes no podian ménos de proteger al hombre que se ocupaba en pregonar sus alabanzas y dar á conocer sus glorias: y por eso Agamemnon deja encomendado el cuidado de su mujer é hijos á un trovador, en el momento de partir á la troyana guerra. En los convites de los príncipes empiezan los bardos su tarea invocando la proteccion de una divinidad cualquiera, á cuya alabanza van dirigidas las primeras palabras ó estrofas de su encanto (2), pasando en segúida á exponer las hazañas de los dioses y los grandes hechos de los héroes, cuyo canto acompañan con los acordes de la forminge (3). Tambien estas canciones patrióticas en honor de los dioses y de los héroes se trasmitian por tradicion de padres á hijos, como antes sucedia con los himnos religiosos, en determinadas familias de bardos, que las consideraban como exclusivo patrimonio suyo. A éste propósito conviene tener presente que en los tiempos á que referimos nuestras consideraciones no se conocia otro medio, para trasmitir á las generaciones venideras hechos ó sucesos importantes, que la tradicion oral. Así un bardo trasmitia á su prole su coleccion de cantos que, multiplicada aquella, llegaba á ser muy luego del dominio de una corporacion entera, y de esta suerte se aseguraba más y más su perfecta conservacion. (1) Odisea, XXII, 345. (2) Los himnos á que se da el nombre de homéricos son, en una gran parte al ménos, introducciones breves de esta naturaleza. Véase Tucidides, III, 104. (3) Véase Odisea, VIII, 266. Iliada, IX, 190.
117 Pero debe observarse que estos himnos, loas y cantos, precisamente por ser patrimonio de ciertas familias, sólo podian aprenderse ingresando en la corporacion de los cantores, entrando á formar parte de esas familias privilegiadas, únicas que conocian el secreto de la música y del canto en aquella época. Por esta razon los discípulos que admitia, en su escuela un maestro famoso, considerábanse desde luego como hijos de la familia de que aquel era jefe; de suerte que la adopcion valia en este caso tanto como la generacion, y la escuela venia á identificarse con la familia, aunque siempre se miraba esta corno base y fundamento de aquella. • En la isla de Samos llama nuestra atencion la familia de los creofilidas, descendientes del gran bardo y maestro Creofilo. Hácia el año 800 ó sea en la época en que Licurgo redactaba la constitucion de Esparta, figuran ya varios individuos de esta familia cuyo nombre aparece en las tradiciones del país hasta el año 500 antes de nuestra era (1). En la de Chios floreció por la misma época otra generacion de cantores que, por considerarse originaria en línea recta nada ménos que de Homero , tomaron el nombre de homeridas y de la cual, subsistian igualmente restos hácia el año 500 antes de la era cristiana (2). Apropósito de lo mismo se dice en los Escolios al mencionado pasaje de Píndaro que, «en los tiempos antiguos se daba el nombre de homeridas á los descendientes (1) Heracl. Pontic. Fragm. II. Diógenes Laercio, VIII, 1, 2. Suídas, Piteagóras. (2) Píndaro, Nem. II, 1. Estrabon hace notar esta misma circunstancia, (545; y noticias más detalladas sobre los homéridas pueden verse en Helanico, Frag. 55. Acusilao, Fragm. 31, ed. de Müller; Platon, Fedr., 252 y Rep. 599. Harpocration, HonWridaí.
118 de la familia de Hornero que tuvieron el privilegio de cantar las poesías del ilustre vate, que habian recibido por herencia de familia (ek diadojés): más tarde llamóse tambien homeridas á los rapsodistas, siquiera no pudiesen aspirar á la gloria de ser verdaderos descendientes de Romero.» Las familias de bardos que florecieron en las colonias greco-asiáticas, fueron verdaderas depositarias de todas las tradiciones y leyendas que constituian á la sazon el tesoro poético-literario de la Grecia entera. Segun vimos anteriormente en las islas de Lesbos, Chips y Samos, como en las ciudades de la costa, habíanse establecido emigrados procedentes de todas las comarcas de Hellada, desde el Olimpo hasta Pylos y, como era natural, cada grupo aportó las peculiares tradiciones de su distrito, los recuerdos de sus antepasados y la memoria de las hazañas de los héroes que le dieron fama y renombre. De esta suerte se fundieron casi en un solo cuerpo, obligadas por la estrechez del espacio en que se movian, las tradiciones y leyendas de Gyrton y Elatea, del Ossa y del Pelion, de Ferae y de Pthia; de la costa locrense y de los montañosos distritos de Focea, de Atica y Salamina; de Argos y Micena, de Lacedemonia y de Pylos, dado que todos estos distritos se hallaban representados en las colonias de Anatolia. Muy luego los bardos y sus escuelas aprendieron estas leyendas de boca del pueblo y de los príncipes y caudillos que conservaban la memoria de sus antepasados ó de sus hazañas, y haciendo suyo tan preciado tesoro le ordenaron, le acrecentaron con elementos nuevos y le sustrajeron á toda suerte de cambios y mutilaciones. Nada más natural que los príncipes y caudillos de los nuevos estados escuchasen con especial placer, en
119 sus banquetes y fiestas, los cantos en que se ensalzaban los hechos de sus antepasados, se conmemoraban sus gloriosas hazañas y se tributaban alabanzas á su familia y descendencia. En realidad de verdad no habia asunto que con .más fuerza y viveza conmoviese el ánimo del bardo, á la vez que despertaba interés en los oyentes, que los heróicos esfuerzos con que sus antepasados conquistaron aquel suelo que era para ellos segunda pátria, y las penalidades y horribles contratiempos que en la expedicion troyana sufrieron; porque ellos sabían perfectamente que los conquistadores de aquel suelo eran, á la vez que antepasados suyos, descendientes de Agamemnon y Menelao, de Nestor y Antiloco y de otros mil caudillos antiguos, y que con sus heróicos esfuerzos levantaron las ciudades que fueron fundamento y origen de su bienestar y riqueza, como Mitilene, Cyma, Mileto, Efeso y Colofon. Nada podia mejor despertar su entusiasmo que el recuerdo de aquellos héroes, tambien eolios, que les dieron ejemplo combatiendo en aquella misma tierra troyana, en los mismos valles .y montañas, y contra el mismo pueblo teucro, cuya ciudad tomaron por asalto y redujeron á cenizas, así como la relacion de las hazañas que llevaron á cabo luchando contra los misios, lidios y carianos que prestaron auxilio á los troyanos, contra los cuales habian combatido en época tan reciente jonios y eolios, sobre los mismos lugares y campos de batalla. Precisamente fundaban su derecho á la posesion de aquellas comarcas en las victorias de Agamemnon y de sus héroes helenos, de la misma manera que los dorios que de Grecia les expulsaron, apoyaban sus pretensiones al Peloponeso en las hazañas de Hércules de que este pais fuera teatro y en su procedencia del famoso caudillo. Com.-
120 préndese, pues, que los bardos que ejercían su profesion en aquellas ciudades arrebatadas con la espada en la mano á los teueros, misios, lidios y caños no podian escoger para los cantos con que divertian á sus príncipes y señores, asunto más agradable y que más despertara su entusiasmo que los heróieos hechos y extrañas aventuras de que fueron testigos aquellos parajes, aquellas playas y costas, aquellos bosques, montañas y puertos. Sin duda alguna , estas analogías y singulares coincidencias fueron parte á que la troyana leyenda se hiciese casi asunto exclusivo de las canciones populares, y adquiriese tal importancia en las colonias greco-asiáticas, que las tradiciones relativas á hechos anteriores, como la expedicion argonauta, las guerras de lapitas y centauros, las famosas hazañas de Teseo y Hércules, las historias de la guerra tebana y de las luchas entre epeos y pilienses quedaron poco ménos que relegadas al olvido, mientras que los hechos todos del sitio de Ilion se cantaban en tonos diversos y bajo distintas formas, sin que decreciese lo más mínimo el interés que tales narraciones dOspertaban. De asunt©s para estas patrióticas canciones sirvieron: el alistamiento de los guerreros que formaron el ejército acaudillado por el noble monarca de Micena, la partida de la flota confederada. de Aulis, la muerte de Protesilao, las hazañas de Diomedes, los heróicos hechos de Agamemnon, el combate alrededor de las naves, la astucia y los ardides del divino Ulises, la muerte de Hector, el regreso de Agamemnon y de los otros héroes, con mil sucesos más que cuentan las tradiciones y narran los cronistas de aquella expedicion famosa. Positivamente eran estos asuntos muy apropósito
121 para servir de tema á los cantos patrióticos y popup laxes, toda vez que despertaban tan vivo interés en los oyentes como entusiasmo en los bardos, quienes parecian hallarse inspirados por el mismo sentimiento de amor pátrio que hizo realizar aquellos maravillosos hechos, y que ()idos una vez producian irresistible deseo de escucharlos de nuevo, siendo esto causa de que los maestros y vates los presentasen á cada paso bajo nuevas formas y ampliasen los primitivos datos en composiciones llenas de inspiracion y de vida. De esta suerte cada familia de bardos llegó á ser poseedora de una extensa y preciosa coleccion de cantos populares que abrazaban todos los sucesos de la guerra de Ilion, dignos de ser trasmitidos á las generaciones venideras. El entusiasmo despertado en el pueblo por estos cantores, empezaba tal vez á amortiguarse y á entrar en un período de decadencia, que hubiera sido funesto para la literatura clásica griega, si en aquel crítico momento no se presenta en la escena un cantor que en inspiracion y génio sobrepujaba á cuantos vates le precedieron, dotado de tan relevantes cualidades que le hacen aparecer desde luego como un hombre de superior esfera, que ha recibido la alta mision de regenerar la poesía épica y elevarla á un grado de perfeccion incomparable; un bardo poseido de inefable entusiasmo en favor de los héroes que por doquier llevaron la fama y la gloria del nombre griego, capaz como ninguno de dar un giro nuevo y más perfecta forma á los cantos de los rapsodistas, presentando no ya narraciones aisladas de las aventuras que ininor-
128 contrario, Eneas, hijo de la misma diosa, es el caudillo que, con su valor, salva al estado teucro de una completa ruina. Con razon observa la Iliada que el hijo de Venus «era venerado como un dios entre los troyanos,» y que estaba profundamente enojado contra Priamo, «porque el monarca de Ilion no le dispensaba ningun honor, aunque era el más valiente entre los suyos;» (1) pero Venus cuida de su hijo; abrázale con sus blancos brazos cuando le ve acosado y vencido por los aqueos en el combate, y le cubre con su refulgente manto para librarle de los dardos enemigos. Síguele de cerca Apolo, y cuando le ve herido le retira á su templo de la ciudadela de Pergamo; el mismo Poseidon, enemigo declarado de los troyanos, le salva de las manos del terrible Aquiles, á fin de no despertar el enojo del Tonante, que si bien se ha declarado contrario á la causa de Priamo , no quiere que perezca toda la raza de Dardano, antes bien ha decretado que «el brazo de Eneas gobierne á los troyanos, y tras él los hijos de sus hijos.» (2) En el catálogo de las naves se hace resaltar más la oposicion de Eneas y Priamo, suponiendo que el primero reinó sobre los dardanios y sobre los troyanos el segundo: lo mismo se sostiene en el himno á Venus. De esto han querido deducir algunos la consecuencia de que Eneas hizo traicion á su pátria para vengar la injuria que le hizo Paris, despojándole de ciertos privilegios ó derechos sacerdotales de que se hallaba investido (3). (1) lijada, XI, 58. XIII, 460. (2) lijada, XX, 307. (3) lada, II, 819; Himno á Venus, 162, 197. Jenofonte, De venatione, I, 15. Menecrates de Xanthos, segun Dionisio de Halie., 48. Livio, I, 1.
129 Anteriormente dimos á conocer los nombres de álgunás „ divinidades á que los troyanos rendian culto. En el lIelesponto y en las comarcas del Ida se ado- , especialmente á la gran Madre del Ida ó sea al númen de los nacimientos venerado por casi todas las naciones del Asia menor, miéntras que los pueblos de la costa occidental y meridional de Troade profesaban Particular devocion al dios solar de los mismos asiáticos, cuyo culto florecia de una manera especial en Tymbra, situada al. Sur de Ilion sobre el Simois; eñ Crisa. y Cilla; en la comarca de Adramythion y en la isla de Tenedos (1). Invocábasele bajo el nombre de Sminteo, vocablo indígena con el que, segun parece, se quiso significar su cualidad de matador de ratones (2). Sábese que en la Ilion eolica se celebraron más tarde en honor de Apolo las fiestas esminteas (3). En la costa de Misia, ó sea en las comarcas de Myrina y Cyma, situadas más al Sur, se veneraba otra divinidad de carácter guerrero y virgen á la vez. Tanto éste como otros númenes de los pueblos a s iáticos fueron pronto y sin gran dificultad admitidos en el Olimpo heleno, siendo unas veces asimilados á otras divinidades de Grecia, con que presentaban analogía, (1) Estrabon, 604, 605, 612. (2) Schol. Ven. ad Iliad., I. 39. Segun todas las apariencias el poema titulado Batracomionaaquia ó combate de las ranas y de los ratones, atribuido á Hornero, debió su orígen á la multitud espantosa de ratones que infestaban las comarcas marítimas del Asia menor. Véase Plut de malign. Herod. e. 43. (3) Menander, Peri epideiklikón, citado por ^5 , 1 T alz, Retórica IX, 809. TOMO VI. 9
130 y bautizados con sus nomhres ó conservándoles su propio culto, si no se hallaba semejante entre los dioses griegos (1). Hé aqui por qué se dice en las poesías homericas que Jove, encendido en amorosos deseos, celebra secreto coloquio con la altiva Juno sobre la sagrada cima del Ida; y se observa además que Afrodita, diosa del amor, que tenia su especial residencia en dicha montaña, se declaró protectora de Ilion, por lo cual dotó de singular belleza á Ganimedes y Paris, hijos de de Dardano, y dió nacimiento á varios héroes troyanos. Ella es tambien la que en union con el dios que sabe manejar el arco ó sea el Sminteo de Tymbra y de Crisa , correspondiente al Apolo de los griegos, defiende á Ilion y libra de la muerte á los héroes que combaten detrás de sus muros. Para defender á los teucros contra el extranjero enemigo se unieron á los dos númenes menciónados Artemis y Enyo, esta última diosa de la guerra y uno de los númenes tutelares del país, aunque no se dice si es la guerrera diosa de cuyo culto y servicio estaban encargadas las amazonas, al decir de la lijada. Es verdad que en otro pasaje del poema homerico se habla del culto que en la ciudadela de Ilion se tributaba á Palas, pero con este nombre se quiso sin duda significar la diosa guerrera de los troyanos, toda vez que Palas-Athene aparece siempre, en dicho poema, como génio tutelar del ejército griego y enemiga declarada de los defensores de Ilion (2). En las poesías post-homericas se dan á conocer con más precision y claridad los elementos propios (1) Véase el tomo V, págs. 394 y siguientes. (2) Véase tomo V, págs. 320 á 327.
131 de la religion de los teucros y los ritos especiales de su culto. Por ellas sabemos el papel que en este culto desempeña ban las Amazonas; allí se cuenta que Casandra fué elevada á la categoría de profetisa, tomando por modelo las sibilas (le Gergis, que tambien predecian las cosas futuras, y se nos da á conocer la significacion simbólica que se atribuia á la granada de la Afrodita-Ashera, así como el poder que, segun el concepto de sus adoradores, gozaba la Afrodita del Ida en las empíreas regiones (1). Más seguros eran los datos que poseían los bardos griegos relativos á las divinidades que tomaron parte en la lucha en pró ó en contra de sus compatriotas. Por de pronto ninguna duda podia caberles respecto á los que defendieron la causa de los vencedores de Ilion. Si en el campo teucro luchaban Afrodita, Apolo y Artemis, Athene era en cambio invencible auxiliar del ejército heleno, verdadera diosa (le la guerra y de la victoria, especialmente venerada por la raza jonica á que pertenecia la familia de los homeridas; y en su favor estaba tambien Poseidon, númen al que los junios tributaban, en su nueva pátria, tan ferviente culto como el que le habian dedicado en las colinas y rocas del golfo de Corinto, y que dispensó - eficaz auxilio á sus antepasados cuando con sus naves cruzaron el Egeo. Siendo caudillo de las tropas aqueas el soberano de Argos, que tuvo antes su residencia en Micena, compréndese que Juno, númen tutelar del pueblo a•- givo, defendiese la causa de los griegos y no omitiese esfuerzo alguno para decidir en su favor el pleito. Con tal ardor luchaba la reina del Olimpo, que (1) Véase tomo V, págs. 338 y 339.
132 chas veces cansó los fogosos corceles que montaba conduciendo á los héroes griegos á la pelea contra los troyanos, y hasta se dice que, con Palas, hizo juramento de no librar de la muerte á ningun enemigo (1). Su enojo contra los moradores de Ilion llegó á tal extremo que, segun hace notar el autor de la Iliada, Júpiter hubo de preguntarla qué daño le habian causado Priamo ó sus hijos, que mereciese tan constante y encarnizada persecucion (2). Por lo demás en esta lucha no podemos ménos de reconocer él antagonismo de Hera que, en su calidad de númen tutelar del matrimonio, defendia á Menelao y á los griegos sus confederados contra la diosa del amor y de los voluptuosos placeres, que sostenia la causa del licencioso Paris y de los troyanos. - En Cyma y Mitilene, primeras poblaciones que levantaron en Asia los eolios á quienes sirvieron de base y punto de partida para sus ulteriores conquistas en la troyana tierra, reinaban los descendientes de Atreo; nada más natural que conceder á éstos caudillos uno de los primeros puestos en el ejército espedicionario. Las tradiciones que sobre esta ilustre familia corrían en boca del pueblo, los cantos en que se ensalzaban las hazañas, las singulares aventuras y el valor nada coman de los atridas; las loas en que se pregonaba la aristeia de Agamemnon, el duelo de Menelao y de Paris y otros mil hechos famosos, compuestos ó conservados por los bardos eolios, ofrecian rasgos y datos suficientes para apreciar la manera con que desempeñaron su cargo y cumplieron su mision en aquella guerra. (1) lijada, XX, 315. (2) 'liada, IV, 25 y siguientes.
133 Por lo que á Menelao respecta, es cosa averiguada que solament e en atencion al culto que á Helena se tributaba sobre la colina próxima á Esparta, se le nombra entre los más famosos héroes atridas. Pero Diomedes el argivo merecia distincion tan señalada, puesto que, segun cuenta la leyenda, levantó en Argos un templo en .honor de Palas y su nombre era tan respetado que, en la fiesta de Minerva, se llevaba en procesion el escudo del héroe atrida por las calles de Argos (1). Así no debe maravillarnos que la lijada presente á Diomedes corno un favorito (le la guerrera diosa, que se encarga de dirigir su carro y en su fogosa marcha le cubre siempre con su Egida para que no le alcancen los dardos que contra él disparan Afrodita y Ares, divinidades protectoras de Ilion. En el poema !homérico se describe á Diomedes corno un guerrero de carácter impetuoso, imágen perfecta de la diosa de las tormentas cuando sale victoriosa del fogoso y violento combate. El poeta homerida Arctinos cuenta que Diomedes fué el héroe que arrancó de las murallas de Ilion la imágen de Palas, cuya presencia en aquel sitio era condicion precisa para la conservacion de la ciudad (2). Los héroes pilienses ocupan tambien un lugar distinguido en las descripciones de la lijada y desempeñan en el sangriento drama un papel apénas inferior al de los de Micena y Argos. En las principales localidades jonicas, en Ática, en Mileto, Efeso, Colofon y en Smyrna, desde que se incautaron de ella los colofonios, reinaban los descendientes de 'estor y de Antiloco de Pylos, y como era natural, los hechos de tan (1) Véase tomo V, pág. 68 Pausanias, II, 24. 2. (2) Asi lo dice Arctino segun hace notar Dionisio de Halle.. I, 69.
134 ilustre familia fueron asunto privilegiado para los cantos heroicos de los siglos X y IX antes de la era cristiana. Las tradiciones que de esta familia se conservaban entre el pueblo ofrecían á los primeros bardos rasgos y datos suficientes para describir su carácter y determinar sus cualidades. Sabiase por autorizadas tradiciones y por cantos ó loas .que en ellas se fundaban, que los héroes pilienses no tuvieron la gloria de dirigir la expedicion ni tampoco la de ser los primeros en entrar en combate; pero el cantor de la Iliada supone, en cambio, que descollaban sobre todos los caudillos griegos por su sabiduría y prudencia en el consejo, su profundo conocimiento de los hombres y de las cosas y su persuasiva oratoria, cualidades que les dieron gran autoridad en el ejército expedicionario y que, en general, se consideraban como signo distintivo de la raza jonica. Los poetas posteriores oriundos de este pueblo llevaron más adelante su entusiasmo en favor de la familia régia de Pylos; así vemos que Arctinos presenta á Antiloco, hijo de Nestor, como el amigo predilecto de Aquiles (1). No se crea que con estos nombres hemos agotado la lista de los héroes que, en representacion de la raza jonica, figuran en el gran poema de Homero. Además de los soberanos de Mileto, Efeso y Colofon y de los reyes aticos representados por sus ascendientes Nestor y Antiloco, subsistian en Atica las dos nobles familias de los eurisacidas y fileidas que contaban en el número de sus antepasados á Ayax de Salamina; pues (1) Véase tomo 'V, pág. 330.
135 se dice que Eurysaces y Fileo, hijos del mencionado caudillo, abandonaron sir ciudad natal para fijar su residenci a en Atenas (1). Los eurisacidas rendian culto á su patriarca en un santuario especial que con el nombre de Euris‘aceo se erigió en la capital de Aticajlelativamente la época en que floreció Fileo, hace notar Ferecides que vivió diez y seis generaciones antes que el vencedor de Maraton, Milciades, originario tambien de esta familia (2). Homero describe á Ayax de Salamina corno el héroe de más elevada estatura entre los griegos, hombre de hercúlea fuerza, que manejaba un escudo impenetrable como que estaba hecho de siete pieles de toro superpuestas; cuyo indomable valor sólo cede al de Aquiles; por lo cual jamás pudieron los troyanos hacerle retroceder en el combate; antes bien sucediales cuando contra él luchaban lo que á «los muchachos que hacen pedazos la vara golpeando el lomo del asno sin ser capaces á separarle del frondoso sembrado, hasta que el animal haya saciado su apetito.» Si alguna vez cede Ayax lo hace «como el leon que, atacado durante la noche por los pastores con chuzos, lanzas y palos ardiendo, á fin de apartarle de los rebaños, no retrocede sin volver á cada paso la cabeza y lanzar horribles bramidos» (3). Ayax no entró jamás en combate sin rechazar al enemigo; por eso le llama el autor de la fiada <torre de los aqueos,» y último baluarte en las más rudas batallas. Segun todas las probabilidades, los antiguos bardos griegos ó el mismo cantor de la fiada tomaron (1) Herodoto, VI, 35. (2) Ferecides, fragmento 20, ed. de Müller, comparado Con Herod. VI, 35 y 127. (3) lijada, XI, 546.
136 la idea del gran escudo de Ayax y el título de «héroe que aparta el peligro y para los golpes del enemigo» con que designan á su dueño, de Eurysaces, hijo mismo Ayax, cuyo nombre significa_porçador de ancho escudo (1). En las monedas de la isla de Salamina estaba dibujado el famoso escudo de este caudillo, cuyo recuerdo se quiso tambien conservar en el nombre do sú padre, que segun la Iliada y las tradicionesgriégas, fué Telamon, ó sea el portador che escudo: los vocablos Telamon y Eurysaces envuelven, por consiguiente, la iba de la fuerza con que el héroe aguantaba las más duras pruebas, apartaba los peligros y rechazaba los ataques (2). En brusca oposicion con el carácter de Ayax, más propio parola defensa que para el ataque, preséntanos la Iliada e]. cTe Aquiles, héroe - tan valiente como impetuoso, que nunca conoció el miedo , y siempre fué el primero en tomar la ofensiva, cuyos hechos constituyen el núcleo del argumento que en la Iliada se desenvuelve, y á cuya lanza, arma terri- (, ble en sus manos, se tributan más altas alabanzas y mayores elogios que al escudo de Ayax. Segun dijimos antes, los magnetes, emigrallos, procedentes del'Ossa y del Pelion, de las comarcas Ferae y de la Phtiotide, fueron los único s - en ` tre los colonos griegos que osaron fundar establecimientos en el interior de Anatolia, edificando dos ciudades con el nombre de M ' ag - nes ' ia . una en la comarca del otra en en Hermos, lejos del Sipy"lo‘ las márgenes del Meander, enclavada por consiguiente en territorio ca/4ano. Con tal motivo se hace notar (1) Sofocles, Ayax, 550 y siguientes (2) Brdndsted, Viajes (Reisen) II, 312.
137 que aventajaba n á todos los colonos en valor y osadía, que fueron los que mayores daños ocasionaron á los misios y carianos, y tambien los que más rudos combates sostuvieron con estos enemigos. El héroe que más asuntos suministró á los cantos y leyendas de esta tribu, Aquiles de Pthia, tuvo que ser por natural consecuencia, el guerrero más valiente, el más osado de cuantos asistieron al sitio de Ilion, y el que más victorias ganó á los troyanos. Su padre se llamó Peleo, en recuerdo de la montaña que con sus riscos y ásperas laderas cruzaba toda la costa ocupada por los magnetes , y sobre la cual, en todo el espacio comprendido - hasta la bahía de Pagasas, se ofrecian sacrificios y se daba culto á las Nereidas ó vírgenes marinas, bajo cuya tutela y proteccion estaba todo aquel trozo de costa (1). Estas Nereidas ú ondinas de la mitología griega, que recorren la onda amarga montadas en delfines y caballos marinos; que con sus animados bailes alegran el imperio de Neptuno cuando no se ocupan en secar sus humedecidos cabellos á la orilla del mar, son veneradas como génios benéficos del líquido elemento y de las movedizas olas (2); así vemos que los nombres con que las designan Homero y Hesiodo hacen alusion á los atractivos y encantos que ofrece la fresca morada del mar; á la rápida marcha, á la impetuosa corriente de las ondas y al brillo refulgente de las aguas. Son hijas de Nereo, es decir, del bondado so anciano que personifica, el líquido imperio y habitan en (1) Herodoto, VII, 191, y Pausanias, II, 1, '7; por donde se ve que en varios puntos de la costa griega habia altares consagrados á las Nereidas. (2) Iliada, XVIII, 35 y siguientes. Müller, Manual. § 402
144 por conquistadores jonios las tres islas de Jacinto, Samos, por otro nombre Cefalonia l é Itaca, es natural suponer que sus compatriotas de Mileto, Colofon y Smyrna mantuviesen con ellos amistosas relaciones (1). Sea de esto ló que quiera, no cabe dudar que el cantor de la Odisea, al concentrar en una sola persona las innumerables peripecias y aventuras que acaecieron en el regreso de los principales héroes de la troyana guerra, corno hasta cierto punto lo hizo el vate de la Iliada con los sticesos del sitio, se propuso especialmente presentar el modelo de un héroe de raza jonica, que no tuviese igual en la prudencia, ni semejante en la astucia; de gran práctica en los negocios, é intrepidez en el peligro; tan diestro en el arte de construir un buque como hábil para dirigir el timon, tan temible por su elocuencia como por su presencia de ánimo en el campo de batalla. La lisiada tiene por objeto describir una lucha gigantesca entre dos pueblos, en la que se destacan los héroes y los sucesos que en el poema se mencionan; el argumento de la Odisea se desarrolla por fuerzas y procedimientos más naturales y humanos. Los innumerables contratiempos, penalidades y obstinadas luchas que sostiene el héroe del poema, se reflejan en el limitado circulo de una familia antes en la abundancia, reducida despues al último extremo por la prolongada ausencia de su jefe, cuyo regreso vuelve las cosas á su primer estado; pero en medio de tan terribles pruebas no se amengua en el héroe el deseo de volver á sus domi- (1) Tucidides, II, 66. Los emigrados jonicos designaban con el nombre de Samos tanto la isla por ellos ocupada en las inmediaciones del Micala como la situada en el mar de Tracia. Odisea XIII, 239 y siguientes.
145 nios de Itaca, ni en la esposa se ha extinguido el anhelo de ver al esposo, ni el hijo ansia ménos abrade nuevo á su padre. En la Odisea se traspasan zar ménos los límites de la unidad de accion que en la fiada; no se descubren vacíos ni se cometen contradicciones; el argumento se desarrolla con más interés y en Condiciones más dramáticas; desde luego sobresalen más las condiciones artísticas de la composicion, ya que á la vez se desenvuelven dos argumentos bien distintos aunque en relacion el uno con el otro; los viajes y peligrosas aventuras de Telémaco por un lado y las interminables expediciones é inauditos riesgos de Ulises por otro, hasta que por fin se reunen ambas partes para dar solucion al argumento. Los griegos atribuian á Hornero no solamente la composicion de la Riada y la Odisea, sino tambien de la Tebaida, los Epigones y las Ciprias, es decir, de todas las poesías épicas que en la literatura griega se conocen; pero los escritores sensatos, como Herodoto, aseguran lo contrario, siquiera algunos como Calmo de Efeso y áun el mismo Herodoto le hagan autor de la Tebaida, negándole tan sólo la paternidad con respecto á los Epigones y Ciprias (.1). Relativamente á la vida y carácter personal de Homero estaban los griegos tan á oscuras como nosotros, ya que no supieron decir á punto fijo la ciudad en que vino al mundo, siendo siete nada ménos las que se disputaban el honor de haber visto nacer al divino (1) Pausanias, IX, 9, 3; Véase Grote, Historia de Grecia (hi,starg 0/ areece) II, pág. 173. TOMO VI. 10
146 vate. Pindaro le hace en una ocasion originario de Smyrna y en otra de Chios. Simonides asegura tambien que fué oriundo de esta isla (1). Por el contrario Aristoteles observa que si bien los de Chios honraban sobremanera el nombre del cantor de la Iliada, es seguro que no nació en su isla. Sabemos efectivamente que los. chienses tenian por oriundo del pais al patriarca y maestro de la familia de bardos que allí floreciera y le tributaban honores de héroe (2). Sobre una elevada roca que dominaba por completo el verjel de jardines, huertas y viñedos de aquella hermosa isla, se levantaba el homerion ó monumento consagrado á la memoria del autor de la Iliada , del que todavia se conserva hoy un altar de forma cuadrada y adornado con figuras de leones, de un trabajo artístico verdaderamente notable. Pero sin duda alguna es Smyrna la ciudad que con más justicia se atribuye la gloria de haber sido cuna de este incomparable vate. Dicese que fué hijo del divino Meles y de la Ninfa Criteida, por lo que algunos poetas le nombran el nacido de Meles, y Smyrna se hallaba precisamente situada sobre un rio de este nombre (3); otras veces se le llama hijo del Meon, y sabemos que Meonia es el nombre con que los griegos designaban en la antigüedad el país de Lidia, en el que estaba enclavada la mencionada villa. En la Iliada se hace mencion del númen Bubrostis, y en Smyrna había tambien un templo consagrado á su nombre (4). Es igualmente digno de observacion (1) Pindaro, fragm. incerta. 189. ed. de Bergk. Scylax c. 98. ed. de Müller. Simon. fragm. 85. (2) Arist., Retórica, II, 23. (3) Vita. Homeri, 1. e. (4) lijada, XXIV, 532, y Eustathe, sobre este pasÑe.
14'7 que el autor de las poesías homericas demuestra un conocimien to especial de la topografia de Lidia, en particular de su costa, y sin duda alguna le eran familiares las riberas del Caystro con sus innumerables cisnes, el Sipylo sobre el cual llora sin cesar la piedra de Niobe y el Tmolo con el lago gigeo. Los colofonios se llamaban , Cambien compatriotas de Hornero; pero esto mismo puede servir de argumento en favor de las pretensiones de Smyrna, que como hicimos notar anteriormente, fué no ' sólo incorporada á Colofon, sino poblada de nuevo por los jonios de esta villa que se la conquistaron á los eolios; y así vemos que á Mimnermo, poeta que floreció en la primera mitad del siglo VI, se le da unas veces et título de smyrnense y otras el de colofonio, por descender de los colofonios que conquistaron á Smyrna (1). Lo que de esto se desprende, en nuestro sentir, es que el cantor de la Iliada, ó el padre de la familia de los homeridas, nació y pasó los primeros años de su vida en Smyrna para trasladarse más tarde á Chios. Sabemos que tanto en Smyrna como en Chios dominaban los jonios, pero en la primera hallaanse confundidas ó casi amalgamadas las razas jonica y eolica, allí mejor que en ningun otro punto pudieron los jonios asimilarse las tradiciones y leyendas de sus vecinos. No cabe desconocer el carácter jonico que revisten laspoesías homéricas. En ellas se atribuye una influencia especialisima sobre la marcha de los sucesos á Palas y á Poseidon, que eran precisamente las divinidades á que más rendida devocion (1) Hacemos caso omiso de las pretensiones de Atenas y Salamina, que no reconocian otro origen ni tenian más fundamento que el de haber sido Atica_el punto de partida de los primeros colonizadores jonieos.
148 profesaban los naturales de dicha raza; la primera de las cuales además se designa siempre con el nombre atico de -Athene. Son tambien frecuentes en dichos poemas ciertos vocablos y calificativos característicos de las tribus jonicas, como el de las fratrias para designar extensas familias que comprenden diversas afinidades de parentesco. Pero lo que principalmente revela el origen jonico del autor ó autores de los cantos homericos es el lenguaje, que está impregnado de peculiaridades y giros propios de este pueblo. Obedeciendo á un criterio, en nuestro sentir perfectamente natural, algunos escritores griegos suponen que el patriarca y maestro de los homeridas fué de$cendiente de Orfeo, el. más antiguo de los cantores helenos. Al decir de Helanico, Ferecides y Damastes, Dorion, hijo del mencionado Orfeo, engendró á Eucles, de éste nació Idmon, de Idmon Filoterpes; éste fué padre de Jarifemo, éste de Epifrades, que lo fué de Melanopo; de Melanopo fué hijo Apeles, de éste Meon, que á su vez fué padre del gran Homero (1). Este árbol genealógico tiene tan escaso fundamento histórico como el que hace al cantor de la Macla originario del rio Meles y de la ninfa Criteida. De los nombres que en él figuran, únicamente Melanopo aparece citado en diversas ocasiones como un antiguo cantor de Cyma, capital de los colonos eolios (2); por lo que hace á Meon es un vocablo con que se designaba el suelo de Lidia, y los demás nombres especificativos de las generaciones que mediaron entre Orfeo y Homero, son vocablos usados por lo general para sig- (1) Helanico, Fragm., 6. ed. de Müller. Plutarco, de vita HornoTi, 1059. (2) Pausan., V, 7, 4
149 nificar la gloria, las cualidades ó los efectos del canto. En realidad7de verdad, los griegos no tenian la menor noticia tocante al nacimiento de Hornero, ni á los sucesos de su vida, y cuantos esfuerzos hicieron para llenar con hipótesis y fábulas este vacío, fueron completamente estériles. Sin embargo, es di gn o de consideracion que en estas tradiciones resulta casi unánimemente confirmado el hecho de que el autor de la Liada fué ciego. Es verdad que la ceguera se consideraba entre los griegos como signo de profundidad en las ideas y de recogimiento interno, por lo que sus tradiciones hacen frecuente mencion de poetas y adivinos que eran ciegos; pero esta creencia reviste •un. carácter de fijeza y de precision, cuando se trata del cantor de la troyana guerra, que no podemos ménos de atribuirla un , fondo de verdad que en otros casos análogos se echa de ménos. En diferentes ocasiones se hace mencion de un cantor perteneciente á la familia de los homeridas que residia en Chios, y en un himno cantado en helos, durante la fiesta de Apolo se llama á sí mismo el hombre ciego. Al terminar su canto, se dirige el bardo á las doncellas que han tomado parte en la danza ejecutada alrededor del altar en honor del númen, con estas palabras: «Concédanos misericordia Apolo con Artemis. ¡Sea la alegría con vosotras todas, oh vírgenes! Acordaos Cambien de mi en los tiempos veni leros; y cuando uno de los hombres que en la tierra habitan venga á estos parajes y despues de haber sufrido penalidades os pregunte por el hombre que os entona los más agradables cantos y que más despierta en vosotras la alegría, respondedle todas á una sin vacilar, con bondadoso acento: el hombre ciego
150 que mora en la roquiza Chios» (1). Tucidides opina Cambien que este bardo ciego no es otro que el cantor de la lijada y de la Odisea (2). Los datos relativos á la época en que floreció el vate en cuestion, difieren en cinco siglos nada ménos. Algunos autores son de parecer que vivió poco despues de la destruccion de Troya; otros creen que floreció bastantes años despues de este suceso; estos le suponen contemporáneo del regreso de los heraclidas al Peloponeso, aquellos le hacen aparecer durante la época de la colonizacion griega en Asia, y ya vimos anteriormente cuánto distan estos sucesos unos de otros segun los diversos historiadores y sistemas cronológicos. Los que hacen al famoso vate contemporáneo del regreso de los heraclidas, suponiendo que tal suceso ocurriese ochenta años despues del sitio de Ilion y admitiendo para este la fecha más alta posible, obtienen el año 1260 antes de Jesucristo como fecha del nacimiento de Homero. Eratostenes supone que floreció un siglo despues de la contienda troyana, ó sea, segun el cálculo cronológico de este escritor , hácia el año 1083. Pero si se admite con Aristóteles y otros historiadores de nota, que fué contemporáneo de la invasion dorica, los datos son áun más variables y ménos seguros, como se desprende de lo que dijimos al hablar de este suceso. Apolodoro le hace florecer un siglo despues de dicha invasion, ó lo que es lo (1) Himno á Apolo, 165 y siguientes. (2) Tucidides, III, 104.
151 mismo, segun los cálculos cronológicos de este escritor, que coinciden con la era troyana de Eratostenes, hácia el año 943, mientras que Euforion y otros cr()- nistas, suponiéndole contemporáneo de Arquiloco, dan corno seguro que floreció en tiempo del rey Gyges de Lidia ó sea del 719 al 681. Teopompo es Cambien de parecer que Hornero floreció cinco siglos despues de la destruccion de Ilion, de suerte que sus cálculos coinciden próximamente con los de Euforion, aunque nos es desconocida la fecha que dicho escritor admitió para la guerra de Troya (1). Desde luego podernos descartar como insostenible la hipótesis de los que pretenden rebajar la fecha del nacimiento de nuestro vate hasta el reinado de Gyges. Por autorizados testimonios sabemos que Arctino de Mileto, imitador de Homero y continuador de la 'liada; autor de los poemas titulados los Etiopes y El saqueo de Troya, floreció en el período de las primeras Olimpiadas, ó sea en la primera mitad del siglo VIII antes de nuestra era. Sabemos además que los conocimientos geográficos relativos á los mares y tierras limítrofes de Grecia, especialmente en direccion al NE. y O., es decir, al mar Negro y al Mediterráneo, que tan escasos y limitados aparecen en las poesías homericas, hicieron muy notables progresos entre, los griegos á partir del siglo VIII; por tanto el ciclo de los poemas homéricos debió cerrarse antes de dicha época. Podernos por consiguiente admitir como verdaderos los cálculos de Herodoto, segun los cuales «Hesiodo y Homero no le llevan de ventaja más que 400 años de antigüedad (2). Y puesto que el (1) Clinton, fastos helenicos, 145 y siguientes. (2) Her., II, 53.
152 célebre historiador halicarnasiense vivió entre los años 480 y 420, resulta que el autor de la lijada pudo florecer entre el 880 y el 820 y la publicacion de sus trabajos poéticos coincidirla en tal caso con el 850 antes de la era cristiana; es decir, aproximadamente un siglo despues que los helenos empezaron la obra de la colonizacion en la costa asiática. La ignorancia en que se hallaban los griegos relativamente á la persona de Homero, no puede en buena critica servir de argumento para negar la existencia de un vate de ese nombre que concibió y desarrolló el tema fundamental de la Riada y de la Odisea, dado que, segun es notorio, no andan muy sobrados de noticias con respecto á Licurgo, Hesiodo y otros escritores y poetas más modernos que Homero, siendo este achaque de todos los pueblos antiguos que no se cuidaban de conservar la memoria de los que cultivaban las letras. No obstante, á nadie se le ha ocurrido poner en duda la existencia del autor de los Trabajos y dias, que floreció poco antes de la primera Olimpiada, ni la de Arctino que vivió tal vez un siglo despues del cantor de la guerra de Troya. Aseguran algunos que los poemas homericos no son otra cosa que el conjunto de canciones populares originadas más bien en leyendas fabulosas que en hechos históricos, y fundan su hipótesis en ciertas incoherencias y contradicciones que aparecen en la Riada, ya que no ha sido posible descubrir esa falta de unidad en la Odisea. Pero aparte de que esos y mayores defectos no probarian en manera alguna lo que se pretende, Grote ha hecho notar con entera justicia, que los partidarios de esa teoría no han demostrado todavía que uno sólo de los cantos populares de que se zurció la lijada forma una composicion independiente
153 que pueda subsistir por si misma, cosa que ni álin con respecto á la Doloneia ó al catálogo de las naves puede asegurarse. Hay quien atribuye á cierto Pisistrato la gloria de haber redactado la leyenda de las aventuras que constituyen el núcleo histórico-cronológico de la Iliada, sin parar mientes en que con ese nuevo subterfugio se incurre en . el grave escollo de retardar tres siglos nada ménos la composicion del poema, haciendo aparecer la Epopeya en una época demasiado tardía, en que realmente faltaba argumento ó materia para la misma, y en que convirtiendo á Pisistrato en autor de la lijada se le hace subir nada ménos que á la categoría de primer poeta del orbe entero. Eso aparte de que hay una contradiccion manifiesta en el aserto de los que, á fin de hacer creible su hipótesis, sostienen que el poema épico no pasó entre los griegos de la primitiva y rudimentaria forma que presenta en las leyendas de las famosas Aventuras. Apelando á otro género de argumentos, hacen notar ciertos críticos que los griegos de la época liomerica no conocian la escritura, y por tanto no cabe suponer que entonces pudiera realizarse la composicion de tan largo y complicado poema. Pero este argumento, que comprenderia tambien á la Odisea, no tiene valor alguno, y lo saben perfectamente cuantos en el estudio de las antiguas literaturas se ocupan. Entre los pueblos de la antigüedad, cuyo circulo de accion era mucho más limitado que el campo que abraza la actividad de los modernos, la memoria se mantenia fresca y vigorosa, y la atencion no se hallaba ocupada por tan notable diversidad de objetos; por eso los cantores y bardos de aquellos tiempos poseian una facilidad asombrosa para recitar de me-
256 tan notable por sus anchas calles, como por sus magníficos edificios (1). Ocupaba, pues, Esparta varias colinas que partiendo de la vertiente oriental del Taigetes, se extendian por la márgen derecha del Eurotas. Sobre la más elevada de todas, se . alzaba la ciudadela de los dorios que en su recinto comprendia los santuarios más antiguos de la ciudad. Allí estaba el templo de Minerva, cuyo culto en aquellos parages era anterior á la invasion dorica y que más tarde fué trasformado en la famosa casa de bronce. No lejos de aquí, vejase el sepulcro de Tindareo, que la tradicion considera como primer soberano de la comarca y á quien otras leyendas hacen padre de los divinos dioseuros y de la famosa Helena, y á corta distancia se levantaba el santuario de la guerrera Afrodita, cuyo culto pasó de Citerea al valle del Eurotas en época muy remota. Al pié de la ciudadela, en direccion al Este, se abria una espaciosa plaza que llegaba hasta el Eurotas, en la cual celebraban sus reuniones los antiguos dorios, y en la que despues se estableció el mercado de Esparta, uno de los más concurridos de Grecia, como que muchas veces bullian por la mencionada plaza más de cuatro mil personas (2). A lo largo del rio, en una gran explanada que se hallaba á cubierto de las inundaciones por fuertes di- - ques, veíanse las aldeas ó barrios de Limnae, Pitana y Mesoa que por el Sur confinaban con un bosquecillo de plátanos cerca del cual estaba el templo de Febo y los altares de los mencionados dioscuros; mientras que siguiendo más al Oeste se veja, el santuario consagra- (1) Terpandro, en Plut. Lyc., e , 21. Píndaro, Nem. X, 52. (2) Jenofonte, Helen, III, 3.
251 do á las hijas de Leucipo que fueron esposas de los dioscuros, cerca de la vía que conduce á Amiclae. Más arriba se vejan otros dos barrios, el de Cinosura y otro cuyo nombre nos es desconocido. Limnae era el más septentrional de los barrios que formaban la famosa capital de Laconia y Cambien el más inmediato al rio, circunstancia que le valió ese nombre que significa laguna. En este barrio, se daba culto especial á Artemis, númen tutelar de las hondonadas pantanosas, bajo el nombre de Orthia. El origen de éste culto, lo explica la tradicion espartana diciendo que, pasado algun tiempo despues de la emigracion, su compatriota Astrabaco habia hallado entre la maleza que coronaba la orilla del rio, la pequeña imágen de talla de la diosa que Orestes y su hermana habian llevado á Tauris. Asegúrase que, en los primeros tiempos, los espartanos ofrecieron sacrificios humanos en honor de esta imágen de Artemis. Desde el barrio de Pitana, se pasaba por el puente de Babyka á la orilla izquierda del Eurotas donde se alzaba, al borde mismo de las aguas, el cerro de Menelao, una de las más altas estribaciones del Parnon por aquel sitio, que alcanza 800 piés de altura y domina perfectamente toda la ciudad. Sobre aquél cerro, cuyas rojizas piedras contrastan notablemente con los verdes plantíos de chopos y plátanos que ocupan la orilla del Eurotas, estaba el sepulcro de Menelao y el santuario de Helena, y en el fondo de un bosque sombrío, donde en otro tiempo tuvieron una ciudadela los aqueos, estaba la santa Therapna rodeada de fuertes murallas, junto al santuario y los sepulcros de los dioscuros. Algo más al Norte, en direccion al pequeño valle que riega el Oeno, se levanta TOMO VI. 17
258 el cerro de Tornax, sobre el que se tributaba antiquísimo culto al luminoso Apolo (1). En suma, aunque Esparta era una ciudad más bien guerrera que artística, admirábanse en ella cuantiosas muestras y productos de los primeros tiempos del arte griego y puede decirse que todos los dioses y héroes de la antigüedad tenian allí un templo, una estátua ó un monumento consagrado á su memoria. Algunos creen que el nombre de la ciudad hace alusion á la fertilidad del llano que la rodeaba (2). Hácia el Oeste, no lejos del lugar en que los dorios fundaron las cinco aldeas ó barrios mencionados, se alzaban dominando con su imponente altura, de más de 8.000 pies, los inmediatos campos y plantíos de moreras, higueras y olivares, los más elevados cerros del Taigetes, llamados Taleton y Euoras que significa el de la hermosa vista (3). La falda del Taigetes se ensancha por este punto considerablemente formando una meseta inclinada, como á 2.000 pies sobre el nivel del valle, en la cual no sólo se cultivan cereales, sino que tambien prosperan la viña y el olivo. De esta meseta arranca la cima de la montaña, presentando un aspecto en extremo escarpado y agreste. Sin embargo, la parte próxima á la meseta se halla cubierta de bosques formados por pinos, encinas y castaños, entre los que se destacan á trechos grandes peñascos. Estos bosques, cruzados por un sinnúmero de arroyos y torrentes, cubrian con la impenetrable (1) Alkman. Fragm. 4, ed. de Bergk. Curtius, Peloponeso, II, página 316, observ. 42. (2) Suponiéndole derivado de spéird sembrar. (3) Ross, Viages (Reisen) pág. 190.
259 red de sus copudos árboles y plantas trepadoras las cavernas y barrancos que durante muchos siglos ofrecieron seguro albergue á innumerables osos, lobos, ciervos, javalies y cabras monteses, que hacian de la sierra inmediata á Esparta, comprendida entre el Taleton y el Euoras, el mejor cuartel de caza que habia en toda la montaña (1). Algunos pasos más arriba, bosques de árboles de aguja suceden á los plantíos de encinas y castaños y, pasada una estrecha faja sembrada de verde yerba, arrancan al borde mismo de la pradera ó del bosque, gigantescas murallas de rojiza piedra, cuyas cimas se hallan cubiertas de nieve durante dos tercios del año: estas enormes masas de piedras rojas y completamente peladas presentan un aspecto grandioso y forman con la corona de verdor que las rodea un panorama singular en extremo. La tradicion espartana asegura que Aristodemo, hermano de Aristomaco, fué el caudillo que condujo á sus antepasados al valle del Eurotas, donde murió poco despues del nacimiento de los dos mellizos que le parió su esposa Argia, hija de Autesion. Conformándose con los antiguos usos y -leyes del pais, los lacedemonios resolvieron que el mayor de los dos hermanos fuese proclamado rey; pero como eran tan parecidos, hubieron de preguntar á la madre, quien con la mira de que sus dos hijos fuesen soberanos, declaró que no sabia cuál de los dos nació el primero, aunque con perfecto conocimiento de que no decía verdad. Los lacedemonios, en vista de semejante declaracion, enviaron un mensaje á Delfos con encargo de esclarecer este asunto; pero el profético númen les mandó únicamente que honrasen especialmente al (1) Curtius, Peloponeso, II. 206.
260 mayor de los mellizos. Quedaron con este oráculo tan confusos como antes; pero ocurrióles entónces la feliz idea de observar á la madre para ver á cuál daba el pecho ó lavaba primero. Gobernados los espartanos por tan ingenioso consejo, notaron que la esposa de Aristodemo daba siempre á uno la preferencia en todas las cosas; y tomando al gemelo que la madre preferia, criáronle y educáronle por cuenta del Estado, poniéndole por nombre Euristenes, mientras que al segundo le llamaron Procles. Entre tanto fué encargado de la tutela de los mellizos su tio Theras, hermano de su madre, quien ejerció la regencia del reino durante la menor edad de sus sobrinos. Casáronse éstos con dos hermanas gemelas hijas de Thersandro, sucesor de Ctesippo, que tuvo por padre á Hércules, y cuyos nombres eran Lathria y Anaxandra. Pero no obstante los múltiples motivos que Euristenes y Procles tenian para amarse, nunca fueron buenos hermanos, sino émulos entre si y contrarios sempiternos , en lo que les imitaron siempre sus descendientes, hasta que Licurgo puso término á esta anarquía con sus sábias leyes (1). A Euristenes sucedieron en el gobierno sus descendientes Agis y Ejestrato, y los sucesores de Procles fueron Euripon, Pritanis y Eunomo, hijo, nieto y biznieto de Procles respectivamente. Historiadores griegos más modernos ponen al rey Soos entre Euripon y Pritanis, aunque Herodoto no hace mencion alguna de ese príncipe, y con razon, (1) Herodoto, VI, 52. IV, 147. Pausan., III, 1, 16. Segun una tradicion corriente entre los griegos, Aristodemo fué muerto en Delfos antes de pasar con sus huestes el Golfo, ó por un rayo ó por el mismo Apolo; aunque otros opinan que pereció en un combate librado contra los argivos. Véase Apolodoro, 8.
.. n 261 puesta que así como Agis, por ser el sucesor inmediato de Euristenes, dió nombre á la familia regia de los Agidas, Euripon, que dió el suyo á la linea segunda, debe seguir inmediatamente á Procles. Por tanto no puede decirse que Herodoto omitiese en su lista uno de los reyes espartanos, sino más bien que fue añadido por historiadores más modernos, con objeto de igualar las dos lineas que ocuparon el trono de Lacedemonia. En la lista de Herodoto aparece Eunomo despues de Pritanis y Polidectes, pero Simonides le hace figurar antes. Al morir Ejestrato dejó un hijo llamado Labotao, pero siendo de menor edad se encargó de la regencia del Estado Licurgo, hermano de su padre. Hallábase á la sazon reducido el reino á tan espantosa anarquía, que nadie obedecia las leyes, por lo cual vínole á Licurgo el pensamiento de reformar la constitucion, segun el modelo de la que regia en Creta, no sin adoptar eficaces medidas para hacer que sus leyes fuesen respetadas. Sujetó á nuevos reglamentos el servicio militar, las Enomotias, las triacadas y las sisitias, y creó el cuerpo de inspectores y el consejo de los ancianos. Tal es el resúmen de las noticias que da Herodoto sobre Licurgo y las leyes que introdujo en Esparta. Pero el poeta Simonides supone que el famoso legislador fue descendiente de Procles, y no de Euristenes, como da á entender el historiador de Halicarnaso. Al decir del mencionado vate, el rey Pritanis tuvo dos hijos, llamados Eunomo y Licurgo; á la muerte del primero se encargó Licurgo de la regencia del Estado, durante la menor edad de su sobrino Jarilao (1). (1) Plut. Lyc. II. Suidas, Lukúrgos. Schol. Plat. in Bekker Cominent. II, 419.
262 Existe aún otra version, segun la cual, el . rey Eunomo tuvo dos hijos: . Polidectes y Licurgo; el primero de los cuales, que era el mayor, le sucedió en el trono; pero á su muerte tomó las riendas del gobierno el segundo, por no haber dejado aquél más que un hijo de menor edad, llamado Jarilao. La mayor parte de los historiadores convienen en que Licurgo era tio de Jarilao y hermano menor de Polidectes, opinion sustentada igualmente por Aristóteles (1). Muchos aseguran además que fué el sexto soberano despues de Procles, y algunos sostienen que fué tio de Eunomo (2) . Pero segun otra tradicion, sustentada por escritores más modernos, el rey Eunomo, padre de Polidectes y de Licurgo, fué muerto en uno de los tumultos que se promovieron durante su reinado en Esparta, donde imperaba el más completo desórden (3). Sucedióle Polidectes, que murió poco despues de su aseension al trono; y no habiendo dejado descendencia, habia ya tomado Licurgo las riendas del gobierno, cuando supo que la mujer de su hermano estaba en cinta. Entonces la desnaturalizada hembra se ofreció á abortar el fruto que llevaba en su seno, si Licurgo aceptaba su mano. Éste, aparentando favorecer los planes de la madre, con objeto de salvar al niño, contestó que él se encargaria de imaginar los medios para deshacerse de la criplura despues que naciese. Cuando llegó el tiempo del parto, aquélla dió á luz un niño, que inmediatamente fué entregado á Licurgo, para que cumpliese lo pactado; pero éste presentó (1) Aristot. resp. II, 7. V, 10. (2) Eforo, en Estrabon, 481. Plut. Lyc. 2. Justin. III, 2, Pausanias, III, 2. IV, 4. Dionisio de Halic. II. 49. (3) Plut. Lyc. II.
263 la criatura á los que se hallaban presentes, diciendo: «Espartanos, un rey nos ha nacido.» Y en seguida le colocó sobre el trono, dándole por nombre Jarilao, que quiere decir «alegría del pueblo.» Todos reconocieron á Licurgo como tutor de su sobrino; pero la viuda de Polidectes, para vengarse del desprecio que hiciera de su mano, ayudada por los hombres malévolos que la rodeaban y por enemigos del tutor, hizo esparcir el rumor de que Licurgo conspiraba contra la vida de su pupilo; sabido lo cual por el noble hermano de Polidectes, abandonó la ciudad con el propósito de no regresar á ella hasta que su sobrino llegase á la mayor edad (1). Dirigióse primeramente á Creta donde, al decir de Aristóteles, permaneció una larga temporada; de aquí emprendió un viaje á las colonias jónicas de la costa asiática y desde estas hubo de trasladarse á Egipto (2). De regreso en Esparta, hacen notar algunos historiadores que halló á Jarilao en posesion de una autoridad tiránica, siquiera otros aseguren que por aquél entonces habian perdido los reyes de Esparta su anterior prestigio (3). Sea esto lo que quiera, la situacion de Esparta no debia ser muy halagüeña, cuando Licurgo determinó reformar la constitucion del Estado, segun los principios y leyes que habia conocido en otros paises, particularmente en Creta. No es menester advertir que tan importante cambio encontró una oposicion vigorosa; pero el legislador rechazó la fuerza con la fuerza, y un dia se presentó de improviso en el mer- (1) Estrabon, 482. (2) Aristot. Polit. 11,1. (3) Aristot. Polit. Y, 10. Heracl. Pont. II, 3. Epist. Plat. 8, 354.
264 cado con treinta de sus partidarios bien armados, al objeto de imponer respeto á los enemigos de la reforma ( I). En un principio huyó Jarilao á la casa de bronce de Athenea, pero luego abrazó la causa de Licurgo y tomó parte activa en la reforma de la ley fundamental del Estado. Como principal apoyo de su constitucion estableció Licurgo el consejo de los ancianos; en seguida procedió á deslindar los derechos del pueblo y de los reyes; y para igualar en lo posible las clases sociales y evitar que unos nadasen en la opulencia mientras otros se hallaban sumidos en la miseria, hizo una nueva reparticion de tierras, con lo cual logró que, por entonces á lo menos, no hubiese entre los ciudadanos de Esparta más diferencia social que la procedente de sus buenas ó malas acciones. Para mejor lograr esta igualdad estableció los banquetes comunes, y suprimió las monedas de oro y plata introduciendo en su lugar el uso de monedas de hierro. Para evitar el excesivo lujo en las habitaciones y muebles, no sólo prohibió la práctica de todas las artes y oficios inútiles ó supérfluos, sino que además prohibió en Esparta toda clase de comercio. Considerando corno una de las más nobles é importantes tareas del legislador la que se refiere á los niños, recomendó como base primordial de la enseñanza los ejercicios del cuerpo, encaminados á proporcionar robustez y fuerza, la práctica de la obediencia y el respeto á los padres y á los ancianos. Al objeto de que los espartanos no se dejaran seducir por el mal ejemplo les prohibió absolutamente viajar fuera del país y mandó salir del mismo á todos los extranjeros. (1) Plut. Lyc. c. v. Hermippo de Smyrna hace rnencion nominal de veinte de estos partidarios de Licurgo.
265 Era preciso imaginar un medio para lograr que esta constitucion fuese por todos y en todo tiempo observada y Licurgo ideó uno tan ingenioso como heróico. Primeramente hizo jurar á los reyes, consejeros y á todos los espartanos en general, que no introducirian en ella modificacion alguna hasta que volviese de un viaje que se proponia emprender á Delfos, á fin de preguntar al númen si las leyes por él dictadas serian suficientes para procurar la salud del Estado y fomentar la virtud entre los ciudadanos. Dirigióse efectivamente á Delfos, donde cumplidas las usuales ceremonias, le respondió el profético númen que las leyes eran buenas y que Esparta alcarizaria incomparable fama si era constante en guardar la constitucion de Licurgo. No bien le fué comunicado este oráculo por la pitonisa, empezó á poner en práctica un pensamiento por cuya realizacion ligaba para siempre á los espartanos á la observancia de sus leyes. Despidióse de sus hijos y amigos, y desde aquel instante se abstuvo de tomar alimento, ofreciendo por su pueblo este sacrificio voluntario de sus ancianos dias. Algunos historiadores aseguran que este hombre extraordinario murió en Cirra, ciudad de Focide, y otros sostienen que acabó sus dias en Elis. Sin embargo, Timeo es de parecer que murió en Creta, y el espartano Aristócrates cuenta que los amigos que Licurgo tenia en dicha isla, obedeciendo las instrucciones del ilustre finado, quemaron su cuerpo y arrojaron sus cenizas al mar, á fin de que los espartanos nunca lograsen rescatar sus restos y se creyesen por este hecho libres del juramento prestado (1). Por otra (1) Plut. Lyc. c. 31.
272 fundamentos en que esas noticias descansan, toda vez que ni áun los nombres de los reyes con quienes mantuvo relaciones Licurgo se hallan de. todo punto exentos del carácter legendario que afecta á la mayoría de los personages que figuran en la historia helena de esta época. A lo ménos es sospechosa la significacion que tienen estos nombres: así Labotao, de quien fué tutor Licurgo, al decir de Herodoto, significa «pastor del pueblo,» Pritanis es «el que preside,» Eunomo «el buen derecho» y Jarilao «la alegría del pueblo.» En lo que todos los historiadores están acordes, es . en afirmar que los espartanos eran entre todos los griegos los que peores leyes tenían para gobernarse; los que vivian con más licencia, y los que por más largo tiempo estuvieron divididos en partidos y facciones; por lo general nos representan á sus monarcas ó como príncipes débiles ó corno tiranos (1). Es cosa averiguada que el período de combate y de lucha fué para los espartanos mucho Más largo que para las otras porciones de la raza dorica que contribuyeron á la conquista del Peloponeso. Por tanto no debe maravillarnos que un pueblo que durante dos siglos enteros vivió en guerra constante contra los de Amiclae, adquiriese, al par que hábitos guerreros, costumbres casi salvages, y carácter más indómito y levantisco que el de las otras tribus afines. Por lo demás, en aquellos tiempos en que el predominio militar constituia el primer elemento para la vida de las naciones, que todo lo resolvian por la fuerza de las armas, no podia ménos de elevarse á gran altura el (1) Véase págs. 349 y 351; Isócrates, Panath. pág. 280 y siguientes, donde se supone existente ya en aquel tiempo la lucha entre Aristocracia y Democracia.
273 prestigio de un estado esencialmente militar y guerrero como el de Esparta. En las poesías homericas aparecen los reyes investidos de un poder absoluto casi ilimitado; pero si esta autoridad era compatible con las instituciones y género de vida de los nuevos estados greco-asiáticos , formados por la sucesiva agregacion de pequeños territorios conquistados en diferentes épocas y por distintas tribus, cuyos individuos se sostenian lo mismo con el producto de la estrecha porcion de terreno que coronaba sus ciudades, que del tráfico marítimo y de la pesca, no sucedia lo propio en Grecia, cuyos estados se constituyeron por la emigracion de los habitantes de unos territorios á otros y donde aquellos abrazaban además considerables porciones de terreno. Así vemos que en el Peloponeso, lo mismo que en el valle del Peneo, la mayoría de los conquistadores, una vez posesionados de los territorios que les cupieron en suerte, se presentai ante sus soberanos, no ya como simples soldados de un ejército conquistador, sino como individuos de un cuerpo noble y rico en bienes de fortuna y en esclavos; capaz, por consiguiente, de defender por cuenta propia sus intereses contra los antiguos dueños del país, en los puntos donde estos no apelaron á la expatriacion ó á la fuga. TOMO VI. 18
IX. LA_ CONSTITUCION DE LICURGO. Por los hechos expuestos en el cqpítulo que antecede, vemos que la situacion de Esparta distaba mucho de ser lisonjera. Posesionados los dorios de las fértiles campiñas del valle del Eurotas, que no lograron defender las armas amiclenses, redujeron á casi todos los labradores indígenas á la despreciable condicion de hilotas ó siervos (1), que eran los encargados de labrar las tierras de los nuevos señores, dejando en arrendamiento á los perioikoi ó convecinos, únicamente algunos territorios poco feraces de las vertientes del Taigetes y del Parnon. Como sucede en todo reparto de bienes ajenos, aún entre los vencedores era mayor el número de los descontentos que el de los satisfechos; casi todos se creian perjudicados en el reparto, y pocos vivían exentos de ambicion: los más poderosos entre los conquistadores del Eurotas, formaron un partido influyente que, adoptando una posicion provocativa, llegaron á desconocer la autoridad de los reyes; los pequeños propietarios, y gran número de familias oprimidas, al contrario, pedian (1) De heáldtes ó heildtes, prisioneros.
275 que las tierras se repartiesen por igual entre todos los que habian tomado parte en la conquista, y de todo esto resultaba una confusion que hacia imposible la paz y el buen gobierno. Hechos análogos se repitieron en todos los nuevos estados fundados por los invasores en diversas comarcas de Grecia, consecuencia inevitable del sistema de conquista que habian adoptado. Pero en Esparta no sólo se prolongaron estas luchas intestinas contra los aqueos mucho más tiempo que en los otros distritos, sino que aún concurrió otra circunstancia que recrudeció la lucha y elevó al más alto grado el desórden y el ódio de los partidos: dos familias se disputaban allí la posesion del trono. Es verdad que una tradicion corriente entre los espartanos presenta esta doble monarquía como una institucion legitima, sancionada por el voto unánime del pueblo, como que fué creada poco despees de la conquista. Pero los dos hijos gemelos de Aristodemos, representantes de esa monarquía, son persónages de dudosa existencia que tal vez nacieron en la fantasía de un historiador ó de un poeta. Efectivamente, para revestir con caracteres de verosimilitud la leyenda relativa á los dos pretendientes, y dar colorido de legalidad á la division de la soberanía regia entre las dos familias rivales, no habla medio más adecuado que el de suponer á estos descendientes de dos príncipes gemelos que ocuparon simultáneamente el trono. Tenemos una nueva y no despreciable prueba de que el reinado de los dos gemelos es pura fábula, en el hecho, bien singular por cierto, de que las dos familias reinantes en Esparta, no tomaron el nombre de sus progenitores Euristenes y Procles, sino de Agis hijo del primero y de Eurypon hijo ó nieto del
276 se g undo. Así vemos que se denominan agidas los descendientes de Euristenes, y eurypontidas los de Procles, con lo cual se da bien claramente á entender que, al suponerles originarios de los mencionados gemelos, no se tuvo otro objeto que el de explicar el origen de esa doble monarquia, r y probar que ambas familias se hallaban asistidas de iguales derechos á la posesion de la corona. Mas por otra parte, hace notar la tradicion, se tributaban á Euristenes más altos honores que á su hermano, de lo cual se desprende que los agidas formaban la familia más antigua y los eurypontidas constituian la línea más j óven y por tanto la que ménos derecho tenia á ocupar el trono. Ofrécesenos un nuevo é importante dato, relativamente á la situacion en que se hallaban estas familias y á sus relaciones miltuas, cuando se nos dice que tanto ellos como sus descendientes fueron siempre émulos entre si, y contrarios sempiternos, noticia que cuadra perfectamente á pretendientes que se disputan una corona, y de la cual parece deducirse que ocuparon el trono de Esparta alternativamente príncipes originarios de estas familias, hasta que se avinieron á terminar la contienda celebrando un convenio en virtud del cual se dividieron entre ambas la soberanía régia, con todos sus deberes y privilegios. Estas hipótesis presentan el asunto en cuestion bajo un aspecto más claro y verosímil, ya que no cabe explicar ni entender de otra manera una institucion tan extraña como la de esta doble monarquía, de que no hay otro ejemplo en la historia del humano linage. Poco despues que los espartanos se posesionaron , del valle del alto Eurotas, un descendiente de la familia de Eurypon trató de hacer valer sus preten-
277 didos derechos á la corona, contra los sucesores de Agis, que á la sazon ocupaban el trono.. Es de advertir que ambas familias se creian con iguales derechos.al mando por descender de Hilo, hijo de Hércules. Como siempre sucede en tales casos, los dorios, particularmente la nobleza, aprovecharon estas disensiones domésticas para debilitar más y más la autoridad régia; cosa fácil en extremo toda vez que el reconocimiento de uno de los pretendientes por cualquiera de las facciones en que el pueblo se hallaba dividido, era siempre consecuencia de privilegios y concesiones que el agraciado les hacia; por eso hablando de los monarcas de este período se dice en diversos documentos tradicionales que la autoridad régia estuvo unas veces en manos de príncipes débiles y en poder de tiranos otras. Dános á entender este dato, por lo, ménos, que en el trono de Esparta se sentaron alternativamente príncipes de las dos familias pretendientes, no sin que, á veces, subiesen los unos sobre las ruinas de los otros, hasta que llegando al más alto grado posible el desconcierto y la perturbacion interior, y amenazada la existencia de un Estado jóven, cuya base estaba constituida por un corto número de dorios, teniendo bajo su dominacion numerosas y heterogéneas masas de perioikoi y de hilotas, algunos hombres que conocian lo peligroso de situacion tan anómala, pensaron en poner término á este estado de cosas.—Ocurrió entonces una minoría en una de las familias pretendientes, no se sabe con certeza en cual, pero la version de Herodoto hace creer que fué en la de Agis, y Licurgo en vez de ceñir á sus propias sienes la corona, como otros hubieran hecho, aprovechó esta feliz circunstancia para celebrar un convenio con la familia rival de su so-
218 brino, en virtud del cual, para lo sucesivo, llevaria las riendas del gobierno simultáneamente un príncipe de cada linage. Si este arreglo no favorecía gran cosa los intereses de la nacion, era en extremo ventajoso para la nobleza, toda vez que esta division de la autoridad suprema quebrantaba no poco el prestigio de la soberanía régia, cuya principal fuerza estriba tanto en la unidad como en el mérito personal del que la ejerce; pero la generalidad de la nacion aceptó con placer un arreglo que ponia término á una lucha tan larga como perniciosa para el pais. Este compromiso entre las dos familias pretendientes al trono de Esparta constituye la parte más importante de la reforma introducida por Licurgo en la ley fundamental de su pátria. Una institucion tan nueva y tan extraña, como la doble monarquía originada de este convenio, no podía subsistir mucho tiempo, si no se promulgaban leyes y disposiciones que regulasen el ejercicio de la régia soberanía. Precisaba en primer término definir con claridad los derechos y prerogativas de los soberanos, y los que correspondian á los nobles, tarea difícil por extremo despues de una guerra tan prolongada en que todo se habia confundido y trastornado, ya que debia comenzarse por quitar á las dos familias rivales hasta la posibilidad de encender de nuevo la guerra, y de aumentar sus respectivos partidos por medio de concesiones á la nobleza, con las cuales compraban antes el apoyo de su causa. Pero en una época tan tumultosa, en circunstancias tan criticas y azarosas como las que Esparta atravesaba, no podia mantenerse por mucho tiempo la paz, ni subsistir el mencionado convenio, si las leyes en que se fundaba no se hacian proceder de los
279 dioses ó á lo menos se obtenia para las mismas la sancion de los inmortales, de tal suerte que no se acatasen como leyes exclusivamente humanas, sino más bien como preceptos divinos. lié aqui porque Licurgo antes de promulgar sus leyes, fué á Delfos para consultar al oráculo que, segun dijimos antes, gozaba de gran autoridad entre los dorios, desde los tiempos más remotos; y al punto mismo de entrar en el templo le dijo la pythia: A mi templo tú vienes, ¡oh, Licurgo! De Jove amado y de los otros dioses, Que habitan los palacios del Olimpo. Dudo llamarte dios ú hombre llamarte, Y en la perplejidad en que me veo, Como dios, ¡oh, Licurgo! te saludo (1). Vemos, pues, que los sacerdotes del santuario délfico, no contentos con poner á Licurgo bajo la proteccion especial de su poderoso númen y con decir que la Pythia le enseñó los excelentes reglamentos que normalizaron la situacion de Esparta, eleváronle por encima de todos los demás hombres y los mismos espartanos le tenían en veneracion suma, habiéndole consagrado un templo despues de sus dias, donde se le tributaba el culto propio de los grandes héroes. A la consulta de Licurgo, sobre la manera de arreglar la constitu cían interior de Esparta, respondió el oráculo en estos términos: «Levanta un (1) Herodoto, I, 65, traduccion del P. Pou. Hay quien niega la autenticidad de este oráculo, pero Plutarco (Adv. Coloten, e. 17) asegura que se encuentra en las actas ó antiguos escritos de los lacedemonios (en Uds palaiotátais anagráfais). Por lo demás, el hallarse redactado en verso no puede servir de argumento, ni en pró ni en contra, toda vez que ignoramos si en la antigüedad se comunicaban los oráculos en prosa ó en verso, siendo muchos y muy distinguidos los escritores que aceptan lo último.
280 templo á Júpiter Helanio y á la Athena Helania; divide las tribus y establece treinta obes ó secciones; instituye el consejo de los ancianos con los jefes supremos del gobierno; convoca de vez en cuando las asambleas entre Babyca y Cnakion ante las cuales presentarás (las leyes ó reformas) y abolirás (lo defectuoso); haciendo que el pueblo tenga sus asambleas y su participacion en el poder» ( 1). Aunque el oráculo ordenó á Licurgo que dividiese el pueblo en tribus, conviene hacer notar que esta division existia ya, en parte al ménos, 'mucho tiempo ántes que apareciese este legislador. Dividianse los espartanos en las tres tribus de los hyleos, dymanes y pamfilios. Los primeros pretendian descender nada ménos que de Hércules, por su hijo Hilo; mientras que las dos últimas tribus descendian respectivamente de Dyman y Pamfilo, hijos á su vez, de Egimio, antiguo príncipe que reinó sobre los dorios, cuando estos moraban en las vertientes del Olimpo y del que hicimos mencion anteriormente. Dedúcese de esta genealogía que el pueblo espartano se componia de heraclidas y dorios; siquiera la leyenda que atribuye origen heraclida á los hyleos se funde únicamente en que los reyes oriundos de esta tribu pretenden ser descendientes del más famoso de los héroes helenos. La tribu de los pamfilios comprendia un gran número de familias de diversas procedencias agregadas á ella en épocas diferentes y por esa razon, presentaba un carácter más heterogéneo que las otras. Pero la circunstancia de aparecer los nombres de estas tribus no solamente como elementos constitutivos del pueblo espartano, sino (1) Plut. Lyc., c. 6.
281. tambien como parte integrante de los otros estados dorios fundados en el Peloponeso: en Argos ' Sicion, Epidauro, Trecena y Megara, nos hace suponer que esta division existia ya guando los dorios atravesaron el estrecho de Rhion para invadir el mencionado Peloponeso (1). Por tanto el oráculo délfico no hizo otra cosa que sancionar una institucion ya vigente, y á la que Licurgo, por hallarse tal vez algo olvidada, dió límites más precisos incluyendo en las mencionadas tribus á todas las familias de los emigrados, áun aquellas que hhsta entonces no habian pertenecido á ninguna, y haciendo que todos los dorios que componian la verdadera nobleza espartana, estuviesen afiliados á una de las tribus. Pero Licurgo no ,puso tanto cuidado en organizar estas tres tribus como en formar gremios ó asociaciones dentro de las mismas, que habian de ser la base de su organizacion política. Nadie ignora que la forma primitiva y más natural de asociacion en la sociedad humana es la que se funda en la comunidad de origen, en la relacion de la sangre. Atento á este principio Licurgo no solamente reunió á su pueblo en tres grupos ó tribus segun sus orígenes ó analogías, sino que tambien siguió este criterio para establecer las subdivisiones intermedias entre la tribu y la familia, en su más simple acepcion considerada. Es muy natural que así procediera el sabio legislador espartano toda vez que la organizacion politica de un pueblo cualquiera ha de partir necesariamente de la familia, tomada en su más genuina acep- (1) Boeckh, Corpus inscript. núm. 1.123. Müller, Los dorios (Do, rier), II, pág. 75.
288 á cada uno de los príncipes doble racion que á los demás convidados, debiendo tambien ellos dar comienzo á las libaciones religiosas. En todas las Neomenias y Hebdomas, ó sea en lom dias 1.° y 7.° de cada mes se presentaba á cada uno de los reyes, en el templo de Apolo, una víctima mayor ó macho, que ellos mismos ofrecian al rubio númen por el bien comun, , con un medimno de harina y un cuartillo lacedemonico de vino (1); de esto se desprende que ellos eran tambien los que más directa relacion mantenian con el santuario délfico, siendo esta una de las principales prerogativas de la monarquía, en virtud de la cual aún despues que perdieron su prestigio y casi todos sus privilegios, pudieron los reyes ejercer una gran influencia sobre el pueblo: á ellos pertenecian asimismo las pieles de las víctimas sacrificadas en todo el reino. En las fiestas y juegos públicos, los primeros asientos estaban reservados á sus personas; á ellos correspondia el nombramiento de proxenos, comisarios ó procuradores públicos encargados de los negocios de las otras ciudades, y cada uno de los príncipes podía elegir dos Pitios ó consultores religiosos que eran diputados para Delfos, donde servian para mantener más activas las relaciones con el númen allí adorado; personas alimentadas del público erario como los mismos reyes, y que venian á ser corno los teólogos del Estado, á quienes, juntamente con los reyes, estaba encomendada especialmente la conservacion de los oráculos que hacian relacion al bien público. Las leyes de Licurgo obligaban á que los esparta- (1) El medimno venia á tener 6 celemines.
289 nos comiesen en comunidad, repartidos en diversos refectorios ó Sisitias , en que los reyes formaban mesa aparte; pero si estos no concurrían á la mesa y comida pública, se les pasaba en sus casas dos chenices de harina, y una cotila de vino para cada uno, mientras que si asistian á la mesa comun dobla,baseles la racion, debiendo ser tratados en los convites particulares de la misma manera que en las comidas públicas. Reservábanles tambien un lechon de cada parto de sus marranas, á fin de que nunca les faltasen víctimas para los sacrificios. IJabia además ciertas causas cuyo conocimiento estaba reservado á los reyes, como son: decidir con quien debia casarse la pupila heredera que no hubiese sido desposada con nadie por su padre, si los parientes no estaban acordes; cuidar de todo lo relativo al mantenimiento de los caminos públicos, y examinar las adopciones, de tal suerte, que si uno quería tomar por hijo á otra persona, la adopcion debia celebrarse en presencia de los príncipes (1). Cuando estos entraban en una asamblea ó réunion pública todos los concurrentes debian levantarse de sus asientos. Por la reforma de Licurgo, una gran parte de los bienes que se les habian asignado al verificarse la conquista del país, pasó á ser propiedad del municipio ó del comun, que por vez primera en la historia, aparece como una entidad real é independiente en el Estado, y que á su vez se encargó de suministrar á los reyes los subsidios antes mencionados. No obstante, conservaron aquellos algunos bienes y el producto de lo que se llamaba «impuesto real,» que debian abonar los perioicos, con lo cual y con (1) Herod., VI, 56 y 57. Jenof. Rep. de Laced., 15 TOMO VI. 19
290 los regalos que de oficio les estaban señalados, venian á ser las personas más pudientes de todo el reino (1). Por residencia tenian una casa antigua y sencilla en extremo cuya construccion se atribuía á Aristodemo (2). Cuando fallecia un rey le sucedia el hijo mayor habido, despues de su advenimiento al trono, en mujer espartana precisamente. Si no dejaba ningun hijo que á estas condiciones reuniese las dotes de inteligencia y de cuerpo que en un rey se requieren, le sucedia el pariente varon más próximo, que era Cambien el designado para desempeñar la regencia durante la menor edad del legítimo heredero. El advenimiento de un rey al trono de Esparta se celebraba con sacrificios, bailes y coros, costumbre que se seguia desde los comienzos de esta monarquía (3). Si grandes eran las demostraciones de honor que los espartanos reservaban en vida á sus príncipes, mayores aún se las hacian despues de muertos. Lo primero unos mensajeros á caballo iban dando la noticia de la muerte por toda Lacedemonia, y en la capital, unas mujeres iban tocando un atabal por todas las calles. Al tiempo que esto pasaba, era forzoso que de cada familia dos personas libres, hombre y mujer, se desaliñasen y vistiesen traje de luto, incurriendo en gaves penas si dejaban de hacerlo. Al entierro concurrian no solamente los espartanos, sino los naturales ó vecinos de toda Lacedemonia. Juntos, pues, en un mismo lugar y en número considerable los vecinos libres, hilotas y perioicos, en compañia de sus respectivas mujeres, se daban fuertes golpes (1) Plut. Alcib., I, 122. Müller, Los Dorios, II, 106 y 107. (2) Jenofonte, Histor. grieg. V, 3,20. (3) Tucidides, - V, 16.
291 en la frente moviendo un gran llanto y diciendo siempre, que el rey que acababan de perder era el mejor de los reyes. Durante los diez dias consecutivos al entierro real como en dias de luto público, cerrábanse los tribunales y cesaban los comicios y toda clase de trabajos públicos. Los reyes espartanos, segun hace notar Jenofonte, eran honrados á su muerte, no como hombres ordinarios sino como grandes héroes. El panteon de los eurypontidas estaba situado al Sur de la ciudad, no lejos de la vía de Amiclae, y el de los agidas, que como sabemos eran los legítimos dueños del trono, se hallaba debajo de la ciudadela (1). El cuerpo de representantes de las obes, con los dos reyes á la cabeza, era el encargado de resolver todas las cuestiones de interés público. Pero cualquiera que fuesen las resoluciones de este consejo, y aun despues de ser aprobadas por sus presidentes, si se referían á la paz ó á la guerra, ó tenian por objeto introducir alguna innovacion que afectase á las instituciones vigentes del Estado, no tenian efecto sin la sancion del pueblo. En tiempos anteriores á la conquista de los dorios, como ahora en los estados jonios del otro lado del mar, la gran asamblea del pueblo se reunía únicamente para escuchar los decretos emanados del soberano y previo el conocimiento de las razones en que se fundaban ó que les habian motivado, prestarle ciega y al parecer voluntaria obediencia; pero en los estados dorios del Peloponeso sucedian las (1) Herod., VI, 58. Jenofonte, Hellenica, III, 3, I. Repúbl. de Lacedem. 15. Pausan., III, 12. 14. Curtíus, Pelopon. II, 232. 214.
292 cosas muy de otro modo. Reducida la poblacion antigua á la categoría de perioicos y de esclavos, el verdadero pueblo le formaban exclusivamente los vencedores. La mayor parte de estos eran personas pudientes que, al verificarse la conquista, se habian incautado de los mejores y más feraces terrenos del país, y que, mediante este titulo y el de conquistadores, formaron la clase noble, no sin arrogarse póderes y prerogativas de que carecia el pueblo, los guerreros y aún la nobleza de los tiempos antiguos. Por tanto, el nombre pueblo con que en Esparta se designaban las familias doricas, era sinónimo de nobleza y ésta, en la mayoría de los estados fundados por los dorios con el fruto de sus conquistas, representaba la clase dominadora, la aristocracia. Obedeciendo el mandato contenido en el oráculo de otorgar al pueblo su asamblea y el poder correspondiente,*puso Licurgo en manos de la asamblea de los nobles la verdadera autoridad soberana, ó sea el derecho de fallar las grandes cuestiones en última instancia, y con esta radical medida resolvió en favor de la privilegiada clase el pleito empeñado desde antiguo entre la monarquía y la aristocracia. En-virtud de esta reforma, los reyes no solamente dependian del supremo tribunal formado por los representantes de la nobleza ó de las obes, cuyos consejos eran para , ellos mandatos, sino que la asamblea general del pueblo resolvia, con entera independencia de los mismos, todos los asuntos de interés común, como son la paz y la guerra, la sucesion al trono en casos dudosos, los convenios con pueblos extranjeros, la introduecion de leyes nuevas y otros de esta índole. Todo espartano que hubiese cumplido treinta arios tenia derecho para formar parte de esta magna asare
293 blea y emitir en ella su voto (1). Celebrábase esta por expresa prescripcion del oráculo, en un lugar situado entre el rio Cnacion, que se reune al Eurotas no lejos de Esparta, y el puente de Babyca; debiendo tener lugar precisamente en el plenilunio de cada mes que era, en sentir de los espartanos, la época más adecuada para empezar y llevar á cabo empresas de alguna importancia: ese era tambien el tiempo señalado, en Lacedemonia, para la salida de los ejércitos .á campaña (2). Antes y despues de la reforma de Licurgo, la presidencia de estas asambleas estaba reservada á los reyes; quienes, con los gerontes, eran los únicos con derecho para hablar en ellas, de suerte, que los simples nobles no podian hacer uso de la palabra ni menos presentar á su aprobacion proyecto alguno. Los embajadores extranjeros eran admitidos en la asamblea de la soberana nobleza, despues que los ancianos se habian puesto de acuerdo en el asunto que allí reclamaba su presencia, y solo entonces les era permitido exponer el objeto de su mision, ya sea que demandasen auxilio de Lacedemonia ó que llevasen el encargo de hacer proposiciones de paz ó de guerra. Expuesto el objeto de su embajada, debian retirarse los interesados para dar lugar á que la asamblea tomase acuerdo, no sin escuchar antes el parecer de los reyes y de los gerontes, cuyas funciones desempeñaron más tarde los eforos. El pueblo soberano wnifestaba su conformidad ó disentimiento á los discursos de los reyes y del supremo consejo y á los proyectos que á su aprobacion se exponian, por aclamaciones (1) Plut., I.ye. c. 25. (2) Curtius, Pelopon., II, 237. Escolios á 'rucidid., I, 67.
294 significativas de su voluntad. Pero si esta no se hallaba expuesta con claridad ó si se creia conveniente poner más de manifiesto la cantidad de votos que se habian declarado en favor ó en contra, los reyes mandaban retirar á distinto lado del lugar en que se celebraba la asamblea á los que habian votado en pró ó en contra (1). Apaciguada la lucha entre las dos familias que por largo tiempo se habian disputado el trono, mediante la creacion de una doble monarquía; satisfechas las pretensiones con que la nobleza trataba de mermar el poder régio por el establecimiento de un consejo supremo que representaba, de hecho y de derecho, la soberana autoridad de la clase noble, solo quedaba á Licurgo la árdua tarea de apaciguar las intestinas luchas de los partidos en que la misma nobleza se hallaba dividida. Principal causa de estos disturbios, era la desigual reparticion de las tierrasradquiridas por los esfuerzos de todos, siendo así que cuantos en la conquista tomaran parte, ó sus respectivos sucesores, tenían derecho á un lote igual del botin ó sea del territorio arrebatado con da espada á los vencidos; aún en la época de la guerra del Peloponeso se enorgullecian los dorios de haber conquistado con las armas este país, lo cual demuestra que durante mucho tiempo se mantuvo entre ellos fresco y vivo el recuerdo de los hechos de armas que les valieron la posesion de tan ricas comarcas (1). Siguiendo, pues, su política de concordia, (1) Tucid., I, '79. 87. (1) Véase Tucid. IV. 126.
295 y con medios y procedimientos análogos á los empleados para establecer la paz entre los príncipes primero y entre éstos y la nobleza despues, trató de poner término á las peligrosas discordias entre las familias ricas y pobres, ó sea entre los propietarios y los que no tenian la fortuna de serlo, efectuando una reparticion más equitativa de las tierras. Era forzoso asignar terrenos á las familias que carecian de toda clase de bienes y aumentar las pequeñas propiedades en términos que bastasen á suministrar alimento á los individuos que de ordinario constituyen una. Esto no podia lograrse confiscando las propiedades de que los dorios se posesionaran al objeto de hacer un nuevo repartimiento de las mismas, toda vez que semejante medida, caso de ser realizable, hubiera tropezado con insuperables obstáculos y con una oposicion vigorosa. Esta consideracion se tuvo sin duda en cuenta para no molestar á los :actuales propietarios tomando 115s terrenos necesarios para llevar á efecto la nivelacion, en la medida posible, de los estensos bienes que poseian los reyes desde la época de da conquista, y que en gran parte pasaron á ser propiedad del pueblo, mediante la reforma de Licurgo. Aún habia otro medio de indemnizar á los ménos favorecidos en el primer reparto, del que sin duda echaria mano este sabio político, dado que era el ménos ocasionado á contiendas. El trabajo manual del hombre era tan necesario y casi tan valioso para los conquistadores dorios, como la propiedad de las tierras, toda vez que aquellos, ni por sus anteriores costumbres ni por su carácter de señores, se avendrian fácilmente á empuñar la esteva con la mano que antes empuñaran la espada. Por otra parte no hubie
296 ran podido conservar sus conquistas, ni mantener su. carácter de dominadores sobre las numerosas masas de hilotas y perioicos sin tener sobre las armas un número proporcionado de guerreros de su propia nación, perfectamente adiestrados en el arte de la guerra cuya ocupacion era incompatible con los trabajos agrícolas y con los cuidados que consigo lleva la necesidad de procurar el diario sustento á una familia. No hemos exagerado nada al decir que á los dorios les era tan necesaria la posesion de un número más ó ménos considerable de familias obreras, como la propiedad de las mismas tierras. El gran número de Motas que habia en el pais, era más que Suficiente para llevar á cabo todos los trabajos agrícolas; lo que importaba, pues, era repartirlos equitativamente entre los diversos propietarios dorios, segun la importancia de sus posesiones. Sometidos estos hilotas por «las lanzas doricas» y reducidos á su condicion mísera por el comun esfuerzo, todos los dorios tenían igual derecho á utilizar sus servicios; lié aquí por qué dispuso tambien el legislador espartano que se efectuase un repartimiento equitativo de hilotas, haciendo así más difícil un levantamiento de estos desgraciados que, desde entonces, podian con más propiedad considerarse como siervos cuyo usufructo correspondia por igual á todos los dorios. Desde luego se comprende que este repartimiento ofrecía sin comparacion ménos dificultades que una nueva y más equitativa division de las tierras. De esta manera supo acallar Licurgo, si no todas, al ménos una gran parte de las pretensiones de las familias ménos acomodadas de su pueblo, haciendo á la vez desaparecer una interminable fuente de discordias y privando á los reyes del auxilio que, en momentos
297 dados, pudieran encontrar en los descontentos para el logro de sus ambiciosos fines, con lo cual favoreció tambien la educacion militar de los dorios, tan necesaria para la seguridad del Estado. Y aunque la conservacion del equilibrio económico que trató de crear Licurgo entre los vencedores dorios, se hallaba sujeta á no pocas contingencias, esta consideracion no debió preocupar gran cosa al legislador espartano, puesto que no adoptó medida alguna para evitar que la propiedad volviera á su desnivel primero. En los tiempos que consideramos , teníase por gravísimo desacato el enajenar una parte, por pequeña que fuese, de los bienes que constituian la paterna herencia; holgaba, pues, toda disposicion encaminada á evitar semejantes trasmisiones de dominio, ya que los griegos de aquel tiempo no consideraban la tierra como objeto con que pudiera traficarse. Sábese que en la antigüedad, lo mismo en Esparta que en otros muchos paises, existia la costumbre de no dividir la herencia paterna entre los hijos, conservándose intacta á manera de mayorazgo, por lo cual, hasta en época relativamente moderna, los hermanos menores vivian bajo la autoridad del primogénito, ó sea del guardian del hogar (hestiopámón), como una sola familia, y no sólo consumían en comun las rentas de los bienes heredados de sus progenitores, sino que, en el caso de que aquellas fuesen de reducida cuantía, se contentaban con una mujer que compartia el lecho de todos (1). Hace notar Aristóteles que en Esparta se tenia por vergonzoso el traficar . con fincas rurales, y otros escritores añaden que no era permitido enajenar ó divi- (1) Polybii excerpt. Vatie. XII, 6.
304 un rasgo esencial y distintivo del carácter nacional heleno que entre los dorios, por sus especiales circunstancias y su vida de guerras y aventuras, llegó á ser una necesidad, hasta el punto de que no ya los príncipes y nobles sino todos los guerreros que componian su ejército, veíanse precisados á vivir reunidos por secciones, comiendo juntos los manjares que en el mismo fuego se guisaban. Establecida como ley esta costumbre, en virtud de la cual, todo espartano debia pertenecer á una de estas comp a ñías de guerreros, que, aún en tiempo de paz, comian , juntos, vivian en tiendas y observaban en todo una vida de campaña, no habia peligro de que los conquistadores dorios se desparramasen por el país, antes bien se hallaban siempre acuartelados y dispuestos á la lucha. Como primera y más importante á todas las disposiciones militares de la reforma de Licurgo cuenta Herodoto la creacion de las Sisitias, por la cual todo espartano que habiendo cumplido veinte años, estuviese apto para salir á campaña, debia inscribirse en una de estas compañías militares (Skéne) cuyos individuos comian siempre juntos. Todo el que dejaba de cumplir este deber sagrado, era ipso facto excluido de las filas del ejército, y por consecuencia privado de ejercer los derechos que la constitucion otorgaba á todos sus individuos, únicos que podian llevar el titulo de nobles (1). De este hecho se deduce que para los espartanos los derechos de ciudadanía eran inseparables del deber de servir á la pátria en el ejército y que no podia gozar de los primeros el que no cumplia con el segundo. La obligacion de vivir en tiendas y de ejecutar (2) Arista. Polit. II, 6, 21.
305 todos los actos de un soldado en campaña, hacia que el pueblo espartano tuviera siempre delante de los ojos la imágen de la guerra y que sus villas y aldeas más presentasen el aspecto de tumultuosos campamentos que de poblaciones pacificas que buscan en el trabajo los medios de satisfacer las necesidades de la vida; por lo demás, el trato constante de unos individuos con otros trasformó con el tiempo las compañías en pacíficas hermandades. En estos campamentos la tienda del rey ocupaba el lugar de preferencia. A la mesa de los reyes comian, además de los cuatro pitios, los oficiales ó polemarjos más inmediatos á sus personas que,, en la córte de Esparta, desempeñaban el papel que la nobleza al lado de los príncipes jonios. Cada tienda formaba una asociacion libre, compuesta, por regla general, de quince individuos, en lo cual claramente se descubre que Licurgo estableció la asociacion libre como base fundamental de la organizacion del ejército, sin tener para nada en cuenta los lazos de familia ó de parentesco. Cuando la muerte ocasionaba alguna vacante, al menos en época más moderna, se procedia á elegir sucesor, por votacion que se efectuaba echando cada uno de los individuos de la compañía un pedacito de pan en una urna que sucesivamente les iba presentando el asistente; no pudiendo ser admitido sino el candidato que obtuviese unanimidad de votos (1). Cada individuo de la compañía contribuia mensualmente para su sostenimiento con una fanega de cebada que hasta despues de las guerras medicas fué el único grano empleado en todo Grecia en la fabricacion del pan, diez y nueve azumbres de vino, cinco (1) Jenof., Rep. de Laced. 15. TOMO VI. 20
306 minas de queso, tres libras y media de aceitunas ó de higos y diez óbolos en moneda corriente (1). La comi7. da ordinaria consistia en sopa engrasada con tocino, cocida luego con sangre y aderezada con sal y vinagre, pan y vino en abundancia. Despues de esto solia presentarse un plato extraordinario, regalo de alguno de los individuos del gremio á sus compañeros, y que, por lo general, consistia en caza, cogida por el donante en las faldas del - Taigetes. En dias festivos se servian otros extraordinarios, y cuando se celebraban sacrificios á los dioses, repartiase entre las diferentes compañías la carne de las víctimas. Podian excusarse de concurrir á la mesa coman los que habian inmolado en su casa alguna víctima en honor de los dioses y los que salían de caza; pero nadie podia retirarse á sus posesiones, ni áun bajo el pretexto de girar una visita á los hilotas, sin prévio permiso de la respectiva compañia. El mando y vigilancia de estos cuerpos estaba á cargo de los polemarjos y para la preparacion y servicio de las comidas había maestros cocineros, que con sus dependientes, acompañaban al ejército en. sus expediciones. De ordinario, estos cargos eran hereditarios en ciertas familias de perioicos y de hilotas (2). Los 15 ó 16 guerreros que dormian bajo el techo de una tienda haciendo vida coman, cual si fuesen individuos de una sola familia, formaban la division más pequeña en el ejército espartano, cuyo nombre (1) Schdmann, antig. griegas, I, p. 271 y 273. (2) Llamábanse estas comidas públicas, á que concurrian todos los hombres libres de Esparta, feiditia, vocablo que Schómann deriva de
30'7 enómotia ó de los ligados por mútuo juramento, es man ifiesta prueba de la obligacion en que todos se hallaban de ampararse y defenderse mútuamente en la pelea (1). Dos enómotias, es decir, 30 ó 32 hombres, formaban la division inmediata superior, llamada triaka á la cual seguia el Ojos que tenia á su frente un polemarj o. Parece ser que el ejército espartano se componia de cinco lujos, correspondientes á las cinco villas ó barrios en que estaba dividida la capital, siendo variable el número de plazas que le formaban, por depender esta circunstancia del número de soldados que hubiesen de salir á campaña. Jenofonte da seis polemarjos, pero sin duda comprende en este número el jefe de los hippagretes ó escuadron de la guardia montada, toda vez que, como observa Tucidides, no habia lujos que llevase el nombre del barrio de Pitana (2). Por lo demás, se tiene noticia de muchas y sustanciales modificaciones introducidas, con el trascurso del tiempo, en la organizacion del ejército espartano; así vemos que en tiempo de Jenofonte servian en él gran número de perioicos, cosa que no tuvo lugar hasta despues de la guerra del Peloponeso y otras muchas trasformaciones se advierten comparando los datos de Herodoto, Tucidides y Jenofonte. Entre los .jóvenes de 25 á 30 años escogíanse 300 robustos y de buena presencia, pertenecientes además á las familias mejor acomodadas y 100 de cada uno de los tres blos, todos los cuales servian plazas monhitzonai, sentarse ó estar sentado y de hedos asiento, aunque otros buscan su origen en féidomai ser económico, por la moderacion que ea estos festines se recomendaba. Schómann, p. 250 y 272. (1) No hay completa seguridad respecto al número de soldados que componial la endmotia.- (2) Tucid., I, 20.
308 tadas, de donde les vino el honroso nombre de caballeros (hippeis), considerándoseles como la paree más escogida del ejército. Cada escuadron de estos se dividia en dos (liamos de 50 ginetes (1). Al frente de los escuadrones habia tres hippagretes ó caudillos de los caballeros que eran al propio tiempo los encargados de escoger la gente que debía servir bajo su mando y quizá tambien de designar los 100 que debian formar la escolta del rey, cuando este salia á campaña (e). - Antes de llevar á cabo este acto solemne, celebraba el príncipe un sacrificio en honor de Júpiter Hagetes ó supremo caudillo de los ejércitos. Si los augunos eran favorables á la empresa, el portafuegos encendia en la llama del altar el fuego sacro que debia llevar consigo, para que el rey se sirviese de él en los sacrificios durante la campaña. Antes de trasponer las fronteras del país inmolábanse nuevas víctimas en honor de Júpiter y de Athene y no pasaba de allí el ejército si los augurios eran desfavorables. Más de una vez el ejército espartano retrocedió desde las mismas fronteras por haberse manifestado en este segundo sacrificio que la voluntad de los dioses no era propicia á la expedicion emprendida (3). Una antiquísima imágen de los Dioscuros, hecha de madera, acompañaba á los reyes en todas sus empresas militares. El culto de los dos hijos de Júpiter en el valle del Eurotas era anterior á la conquista, por lo cual sin duda los (1) Plut. Lyc. 23. (2) Jenof., Repub. de Laced. IV, 3. Herod, I, 67. En tiempo de Jenofonte, sufragaban estos ginetes los gastos que ocasionaba su propio sostenimiento y el de su montura, lo cual es buena prueba de que los 300 caballeros debian pertenecer á las más ricas familias del país. (3) Jenof., L. c. 13.
309 espartanos les declararon númenes protectores del nuevo Estado, y la presencia de su imágen en los campos de batalla tenia el doble objeto de presentar á los soldados el más acabado modelo de un buen guerrero y ponerles delante de los ojos un vivo ejemplo de inquebrantable compañerismo en la guerra. Un pueblo que vivia en las condiciones y circunstancias anteriormente descritas, tuvo por precision que poner especialísimo cuidado en la organizacion de su ejército, en fomentar las prácticas militares, y todos cuantos ejercicios pueden ser aptos á desarrollar la fuerza y la destreza en el manejo de las armas: los juegos y pugilatos que en otros Estados de Grecia, y especialmente en las ciudades jonicas, se hallaban en uso, tanto para dar realce á determinadas solemnidades, como para despertar aficion á los ejercicios militares, ivestian aquí un carácter guerrero. Teniendo en cuenta la situacion excepcional del país, los caudillos y legisladores espartanos tuvieron buen cuidado de dar á la juventud una educacion puramente guerrera, fomentando esta inclinacion natural desde la más tierna edad, y haciendo converger á ese objeto hasta los juegos de la infancia, los cuales, pasado este periodo de la vida, se trasformaban en verdaderos ejercicios militares, y así resultaba que cuando los jóvenes de Esparta se hallaban en aptitud de empuñar las armas, eran ya consumados militares; condicion precisa en un Estado que sólo por el respecto y la fuerza podia sostenerse. Así se dice que el mismo Licurgo estableció, con este objeto, un inspec-
310 lor ó paicimó n encargado de vigilar la enseñanza que á los niños y jóvenes se daba (1). Gracias á tan severos reglamentos y rígidas instituciones, y mediante la práctica que alcanzaron los espartanos en las diferentes guerras que sostuvieron en las épocas subsiguientes á Licurgo, lograron formar el ejército mejor organizado y más valeroso de toda la Grecia. Herodoto en las pocas palabras que dedica á la constitucion espartana hace resaltar la excelente organizacion dada por Licurgo al ejército del país. El combate irregular por grandes masas, los heróicos, hechos de armas de los reyes y de los nobles, se hallaban aqui sustituidos, con ventaja, por movimientos uniformes de los diferentes grupos y compañías y por ataques eficaces y simultáneos de una masa compacta, cuyos diversos cuerpos se prestaban mútuo auxilio. Los espartanos fueron los que sustituyeron la antigua lanza arrojadiza y el pesado escudo discoidal, por larga lanza para herir á golpe y escudo támbien prolongado que constituian las principales armas de sus infantes. Jacéábanse los dorios de haber introducido el ataque en masas cerradas, y el poeta Tirteo, que floreció en la segunda mitad del siglo VII, describe con gran precision las bien ordenadas huestes de hoplitas espartanos, que marchando siempre á la vanguardia, protegian á los cuerpos de más ligera armadura. Segun tradicion unánime de los griegos, fueron igualmente los espartanos quienes introdujeron en Grecia la útil costumbre de establecer campamentos bien ordenados, y se hace notar además que mientras los otros pueblos helenos acampaban en cuadro, los de (1) Plut. Lyc. 17.
311 Esparta, por sugestion de Licurgo disponian en forma circular sus campamentos. Los hilotas que acompañaban al ejército vivaqueaban fuera del campamento de sus señores, al rededor del cual se establecían además numerosos puestos de guardia. A estas precauciones se agregaba el precepto severo de que nadie pudiese despojarse de su armadura y de su lanza. Apenas despuntaba la aurora inmolaba el rey una víctima á los inmortales, y antes de empezar la batalla ofrecia una cabra á la Artemis Agrotera, cuyo favorable resultado era condicion precisa para dar la señal del ataque. Parece ser que más tarde se introdujo entre los espartanos la costumbre de ofrecer tambien un sacrificio á Erós, númen del amor, y á las musas, antes de la batalla, cuyo objeto era pedir al primero que mantuviese reunidos con los lazos del cariño á los combatientes, y á las segundas que conservasen en el ejército la armonía y el órden, haciendo recordar á los guerreros las enseñanzas y sentencias de los poetas (1). Cuando salian á campaña despojábanse de la camisa de lana y manto, que constituia su ordinario vestido, para cubrirse con tabardo encarnado. Su cuerpo se hallaba además protegido por grandes escudos de bronce perfectamente pulidos y tan altos que desde el hombro llegaban hasta cerca de la rodilla, estando sujetos al cuello con una correa: durante la campaña adornaban los yelmos con coronas, para dar á entender que miraban la guerra como una fiesta. Algun tiempo despues acompañaban á los ejércitos tocadores de citara; pero esta costumbre «de oponer el bello son de la citara al crujido del hierro» co- (1) Afilen., XIII, 561.
312 mo observa un poeta (1), no se introdujo sino despues que Terpandro y Tirteo, durante la segunda guerra de Mesenia, despertaron entre los espartanos la aficion á la músicay les dieron á cononocer la melodía del ritmo. Primeramente tocábase el kastoreion ó ária de Castor puesta en música por Terpandro, á la cual seguia el embaterion que era un verdadero paso doble y á la vez señal de que los que formaban á la vanguardia debían enristrar sus lanzas. Al son de la cítara y más tarde á los acordes de las flautas, marchaban al combate los hoplitas, conducidos por los descendientes de Hércules, con paso uniforme y mesurado y en perfecta formacion cerrada (2). Los espartanos, observa Tucidides, «no van á la pelea al compás de la música, para honrar con esta á los dioses, sino porque, siendo así su marcha más regular y acompasada, no se perturba el órden ni se pierde la direccion del ataque, cosas fáciles de suceder en largas filas de soldados que van á paso ligero» (3). • • • Réstanos considerar la situacion de las dos clases más numerosas de la poblacion de Laconia en esta época, ó sea la de los perioicos y la de los hilotas. Tocante á los primeros hace notar Isocrates «que no vivian menos oprimidos que los esclavos y que de sus propiedades solo les habian dejado los vencedores las tierras más estériles y tan mermadas que apenas obtenian de ellas lo indispensable para la vida, en tanto que los conquistadores se habían apropiado los más (1) Alcman. Fragm. 27. (2) Pind., Pyth. 2, 125. Jenof., Rep. de Lacedem, 13. (3) Tucid., V, 70.
ale 313 estensos y feraces territorios. Sus poblaciones no merecian en modo alguno el nombre de ciudades, toda vez que, por su importancia, no podian siquiera equipararse á los demos de Atica: estaban asimismo excluidos de los derechos que gozaban los hombres libres y hasta podian ser condenados á muerte por cualquiera de los altos funcionarios espartanos, sin formacion de causa ni sentencia» (1). Indudablemente está demasiado recargado el cuadro que aquí traza el célebre escritor ateniense. Pero son hechos perfectamente seguros, que los vencedores se apropiaron las mejores comarcas del país, despojando á los perioicos no sólo de sus tierras, sino de todos los derechos que hacen al verdadero ciudadano,, ya que no les dejaron participacion alguna en el gobierno del Estado; que además debian pagar tributo á los reyes, y que sus municipios no tenían más jurisdiccion que la relativa á los asuntos puramente locales, estando en todo lo demás sujetos á las órdenes de los reyes ó de los funcionarios por ellos delegados, para entender de los asuntos de los perioicos, entre los cuales se contaba la administracion de justicia en todas sus partes (2). • De lo dicho se deduce que los perioicos no perdieron su carácter de personas libres con el cual se les dejó además una parte de sus bienes. Tampoco era déntica la situacion de todos los lugares habitados por perioicos, antes bien se sabe que algunos habían logrado celebrar convenios con los doríos que les aseguraban el ejercicio de ciertas libertades y no pocos privilegios. En este número se hallaban, tal vez, (1) Panatenacias, 207, (2) Como claramente se desprende de lo que dice Tucidides, IV, 53.
320 que habian adoptado los otros cantones sometidos por los dorios y la práctica de aquellos principios era tambien más fácil en la reducida estension que abrazaba la monarquía espartana, la cual de esta manera llegó á ser el Estado más poderoso y mejor organizado, aunque el más pequeño, entre todos los fundados por los dorios, á quienes muy luego demostró prácticamente las ventajas de su organizacion político-administrativa y la superioridad de sus fuerzas militares. Sin la proteccion del oráculo délfico, sin el eficaz auxilio de los sacerdotes del famoso santuario y no obstante las pruebas de heróico desinterés que habia dado en más de una ocasion, hubiera encontrado Licurgo insuperables dificultades para llevar á cabo su reforma; pero la sancion del más popular de los númenes griegos aseguró á sus instituciones y reformas, al par que sólida base el respeto de las generaciones venideras. Con este mismo'objeto puso la nueva Constitucion bajo el amparo de Júpiter Hellanio y de Athena Hellania, dos divinidades cuyo culto era Cambien nuevo entre los griegos. Atendido el desconcierto que en aquella época de guerras y revoluciones reinaba en los estados helenos estuvo acertadísimo Licurgo al buscar en la religion el más eficaz apoyo para su reforma; pero no creyendo suficientes las ceremonias religiosas que á la sazon estaban en práctica, creó ó dió nueva vida y más sábia direccion á un gran sacrificio que en las épocas sucesivas de la historia de Grecia figura como uno de los más importantes factores del desenvolvimiento del pueblo heleno y de los que más poderosa influencia ejercen
321 en su civilizacion y cultura. No satisfecho, pues, con haber establecido en Esparta el culto y las prácticas religiosas que se recometdaban en la Retra del oráculo délfico, dispuso que los espartanos tomasen parte en un solemne sacrificio que se celebraba del otro lado de sus fronteras. Sobre la márgen derecha del Alfeo, precisamente en la frontera del territori6 de los pisates sometido á los eleos y no léjos de la confluencia del Cladeo y del Alfeo, habia un altar antiquísimo consagrado á Júpiter olímpico, que se levantaba en el centro de una hermosa alameda de plátanos y olivos. Estaban encargados de la custodia del altar los sacerdotes Yamidas, quienes además profetizaban los sucesos venideros, segun la manera con que ardian los trozos de las víctimas ofrecidas á los dioses, y segun el aspecto que la ceniza del altar presentaba (1). La ereccion de este santuario era anterior á las emigraciones, y tambien á la conquista de la provincia de Elis por los etolios; los pisates primero y los eleos más tarde ofrecian allí sacrificios al más poderoso de los dioses que moran en el Olimpo. Contaban las antiguas tradiciones doricas que Hércules, despues de vencer á Ameas, ofreció en este altar un sacrificio á Júpiter olímpico en accion de gracias por la victoria alcanzada: era, pues, punto de honor para los dorios el admitir en sus ritos el culto de una divinidad adorada por el más famoso de sus progenitores, y á la cual, sin duda alguna, rindieron ellos mismos adoracion ferviente, antes de abandonar sus primitivos hogares de las gargantas de la montaña de los dioses. (1) Pind., Olimp. VIII, 3. Boeckh Pindari expl. p. 152. TOMO vi. 21
322 Para estrechar los lazos de amistad que unjan ó. los eleos y espartanos, cuando juntos acometieron y llevaron á feliz término la codaquista del Peloponeso, celebró Licurgo un convenio con Ifito, á la sazon soberano de Elis, en virtud del cual los súbditos de Ifito permitieron á los espartanos tomar parte en su gran sacrificio de °limpia. Convinose al efecto, en que cada cuatro años se trasladase á Elis una diputacion de espartanos, encargada de presentar las viotimas que, juntamente con las ofrecidas por los eleos, debian ser sacrificadas en honor de Júpiter olímpico, y á esa diputacion oficial se agregaban todos los peregrinos que, sin obedecer á otros estímulos que á los de la piedad, quisieran asistir á la ceremonia religiosa. El año 776 celebróse el primer sacrificio en que tomaron parte eleos y espartanos. Segun era costumbre entre los antiguos helenos, despues de la ceremonia religiosa tuvieron lugar unas justas que, por la circunstancia nunca conocida de tomar en ellas parte campeones de dos comarcas distintas, ofrecían singulares atractivos. Un campeon eleo, Corebo, salió vencedor en el torneo. Para perpetuar la memoria del convenio celebrado entre Ifito y Licurgo, á nombre de sus respectivos paises, mandóse grabar en un disco, de los que se usaban en esta clase de simulacros, de cuya custodia y conservacion se encargaron los eleos. Si es verdadera la tradicion que hace ocurrir en Elis la muerte de Licurgo, la celebracion de este tratado fue uno de los últimos hechos memorables de su vida. Como quiera que sea, esta fue la primera vez que, despues de la invasion tesalio-dorica, se reunieron dos estados del Peloponeso con el solo objeto de en-
323 tablar amistosas y pacificas relaciones y sin que mediasen vínculos de parentesco. Fué el lazo de la religion el que unió, al pié de los altares, á dos tribus distintas que hasta entonces se habian mirado, si no con rivalidad, á lo menos con perfecta indiferencia.. Mucho tiempo despues de la época á que referimos nuestras observaciones, era general entre los espartanos y aun entre todos los griegos la creencia de que las leyes y todas cuantas disposiciones re,rin.n en Esparta que no se hallasen en otros estados helenos, procedian de Licurgo; y esta opinion adquiere más visos de verdadera si paramos mientes en que, aun en el siglo V, se observaba allí la constitucion que va unido el nombre del famoso legislador griego, en sus elementos externos á lo menos, ya que la organizacion interior del Estado habia sufrido, en tan largo periodo, notables modificaciones. Los historiadores, para dar satisfactoria explicacion de un fenómeno extraño por demás en la historia de este pueblo impresionable, acuden á los procedimientos heroicos, y explican esta duracion extraordinaria de la constitucion espartana diciendo que Licurgo echó mano de la piedad y de la astucia para obligar eternamente á los espartanos á su observancia: el mismo criterio ha inspirado á Plutarco los detalles con que ha enriquecido la vida del legislador, sin más objeto que el de hacer resaltar su lealtad inquebrantable al mantener con religiosa fidelidad el derecho de sucesion en favor de los herederos del trono, su desinteresado patriotismo y la abnegacion con que trabajó por el bien público; y al mismo concepto o
824 doce el mencionado historiador cuando supone que Licurgo, al redactar las leyes que dió á Esparta, no tuvo otra inspiracion que la de su propio criterio y los conocimientos adquiridos en los viages que se supone hizo con este objeto á Creta, Egipto, Libia y aun á la India (1). No cabe dudar que la g tradiciones espartanas presentan muchos puntos de contacto con Creta. Antes hicimos notar la influencia que los fenicios cretenses ejercieron sobre las tradiciones religiosas y sobre todas las manifestaciones intelectuales de los colonisfas dorios que á su lado se establecieron, y vimos tambien que esta influencia la trasmitieron á Delfos los dorios de Cnoso; pero en el trascurso del tiempo adquiere más fuerza el influjo de Creta sobre el desenvolvimiento de las ideas religiosas en Grecia. Entre los usos cretenses que pasaron á Esparta se cita la danza guerrera llamada pürrijé que, segun parece, era un remedo de los bailes militares con que carianos y fenicios amenizaban sus solemnidades religiosas (2). Dicese tambien que el cantor Thaletas, que en la segunda mitad del siglo VII introdujo en Esparta la cancion nacional cretense, mantuvo relaciones con Licurgo (3). De la costa oriental de Laconia, á la sazon perteneciente á los argivos, salieron los fundadores de Lyctos, importante villa de Creta, y en todas las ciudades fundadas en estas islas por colonistas dorios subsistian leyes y prácticas análogas á las que en (1) Plut., Lyc. 4 (2) Plinio, Hist. Müller. Hay quien los dioscuros. (3) Plut. Lyc., 4 , nat. VII, 56. Nicol. Domase. Fragm., 115, ed. supone que los fundadores de esta danza fueron . Eforo citado por Estrab., 480. 481.
325 Esparta se observaban. En las dos ciudades nombradas, lo mismo que en todos los estados dorios, hallábase dividida la nobleza en las tres tribus de hileos, dimanos y pamfilos, mientras que la poblacion indi gena, formaba dos clases equivalentes en un todo á las de perioicos y de hilotas; el consejo de los ancianos, la mesa comun para los hombres (andre¿a) eran igualmente instituciones comunes á los estados dorios, y en todos ellos se daba á la juventud una educacion tan severa y militar como la que marcaban los reglamentos de Licurgo. Tales y tan extraordinarias analogías solo pueden explicarse por el estrecho parentesco de ambos pueblos, el cual pocas veces ó nunca deja de engendrar semejanza en las costumbres, mucho mas si se halla favorecido, , como en el caso presente, por la analogía de situaciones que habia entre los espartanos y los dorios de Creta, dado que unos y otros habían conquistado con la espada en la mano sus respectivos territorios, no sin reducir 4 la categoría de siervos á sus antiguos moradores (1); unos y otros veianse precisados á vivir constantemente sobre las armas y á dar á sus hijos una educacion 'puramente guerrera, á fin de evitar sospresas ó rechazar imprevistos ataques de los vencidos, cuyo número era sin comparacion mayor que el de los vencedores. Al lado de estas analogías existían no pocas diferencias en las instituciones por que se regian dorios y espartanos. Eran tan notables estas divergencias, que Polibio no puede ocultar su admiracion de que algunos escritores pongan empeño en establecer paralelos entre dos cosas tan distintas, como lo son la (1) Sehónaann, Ant. griegas, 1, pag. 297 y sig.
326 constitucion de Esparta y la de los dorios de Creta (1). Y aunque varios escritores griegos de los siglos Y y IV se declaran partidarios de la opinion que busca en Laconia el origen de las instituciones cretenses, muy luego la autoridad de Eforo hizo inclinar la balanza en favor de la tésis contraria (2). Por su parte los cretenses rechazaban ambas hipótesis y hacian á Minos no solo autor de sus antiguas leyes é inventor de todas las artes que se practicaban en la isla antes de su inmigracion en ella, sino tambien de todas las instituciones por que ellos particularmente se regian (3), considerándole como su legislador más antiguo, á quien el mismo Júpiter comunicaba en la gruta de Cnoso sus profundas revelaciones, segun atestigua el autor de la Iliada. Por tanto, el legislador de los dorios cretenses, floreció durante el periodo homerico, mientras que el autor de la legislacion espartana fué muy _posterior, y no habiendo recibido inspiracion directa de los dioses, solo podia presentar los oráculos del númen délfico como prueba de que Cambien sus leyes Merecieron la sancion divina. Entre los oráculos relativos á Licurgo, hácese mencion de uno que prohibia terminantemente á los espartanos emplear la escritura para conservar sus leyes. Tan extraña prescripcion demuestra que si el uso de los signos gráficamente representativos del lenguage era á la sazon bien conocido entre los grie- (1) Polibio, VI, 45-48 (2) Eforo, citado por Estrab., 481. !,3) Arist. Polit., II, 7.
327 gos, aún les faltaba que recorrer un espacio considerable para llegar al estado de cultura y de progreso en que la escritura no tan sólo se emplea para facilitar las ordinarias transacciones de la vida, sino muy especialmente, para perpetuar conocimientos útiles, para reunir la legislacion en un código escrito, siquiera comprenda únicamente las más esenciales prescripciones de la constitucion y del derecho. Pero esta retra, segun todas las apariencias, ni es de Licurgo ni aún de su época. Efectivamente, vemos en ella una prueba de que en un período posterior, que no se remonta quizá más allá del año 600, empezó á surgir en Esparta la idea de modificar la forma exterior de la constitucion de Licurgo, y, siguiendo el ejemplo de los otros estados de Hellada, adoptar el sistema de legislacion escrita en lugar de las leyes orales, y sustituir el código perpetuado por la escritura á las retras conservadas por la memoria, al derecho tradicional cuyos intérpretes eran los gerontes; pero sea que la opinion pública se declarase en favor de la conservacion del sistema antiguo ó que la, autoridad del oráculo délfico se impusiera á los defensores de la reforma, es lo cierto que no se llevó á efecto. Atribuyese tambien á Licurgo, una retra aun más inverosímil que las anteriores, en la cual se prescribía que para construir los techos de las casas no se emplease más instrumento que el hacha, y que la, sierra fuese el único empleado en la construccion de puertas; precepto que tiene todos los caractéres de apócrifo, siquiera se declare en su favor Plutarco, diciendo que con esta y otras prescripciones análogas, trató Licurgo de inculcar á los espartanos el amor á las costumbres moderadas y el mantenimiento (1(3
328 su primitivo género de vida. Por otra parte, el año 800 ántes de Jesucristo, no había para qué recomendar moderacion y sencillez de costumbres , á un pueblo que, Como el dorico, solo estaba habituado á las durezas del campamento y á las privaciones de la guerra, y cuyos nobles, no teniendo nocion alguna de las artes pacíficas que engendran el lujo, apénas podían procurarse las comodidades más comunes hoy entre las clases labradora y artesana. Las escasas nociones que de algunas industrias habian aprendido los griegos de los fenicios, sus vecinos y maestros en las artes y oficios mecánicos, habian desaparecido entre el tumulto de las guerras subsiguientes á las emigraciones, y quedaron sepultadas en las ruinas que produjeron las invasiones de los tesalios, arneos y dorios; así vemos que, al terminar la época que hemos estudiado, lo mismo los habitantes de la Península que los colonistas de Asia 45 de Creta empezaban de nuevo á recuperar la perdida cultura y aprender de sus vecinos fenicios y lidios las artes é industrias olvidadas por sus antepasados. Por tanto, no se necesita gran esfuerzo para comprender que la mencionada retra es Cambien de origen posterior á Licurgo, y que algun personage importante la fué á buscar á Delfos, con el piadoso objeto de contener el lujo, que ya se iba aclimatando entre los griegos, especialmente en las casas de los nobles, y volver á las costumbres su carácter de primitiva pureza. No comprendemos tampoco la necesidad de que Licurgo prohibiese á los espartanos la salida de su territorio para evitar la corrupcion de costumbres que, de ordinario, se origina por el roce con extranjeros, toda vez que semejante recomendacion era
329 inútil en una época en que la proteccion de la ley no alcanzaba más allá de las fronteras del Estado. Pero no obstante, habia una antiquísima prescripcion que prohibia á los espartanos abandonar : su país para emigrar á otro, cuyo rigor llegaba al extremo de iniponer la pena capital á los emigrados que regresaran á su pátria (1). Por la misma razon hubiera sido inútil expulsar á los extranjeros del territorio espartano, corno se dice lo hizo Licurgo, fundado en los mismos principios de moralidad y patriotismo que motivaron su resolucion contraria, ya que no habiendo en Esparta extranjeros, holgaba semejante medida. Sin duda se atribuyó á Licurgo esta ley de reimpatriacion, porque más tarde, cuando los demás cantones griegos no sólo toleraban en sus dominios á los extranjeros sino que les otorgaban carta de naturaleza, y en Atenas llegaron á constituir una parte considerable de la poblacion, que gozaba del beneficio de las leyes lo mismo que los ciudadanos indígenas, Esparta persistió en arrojar de su seno á los extranjeros, permitiéndoles á lo sumo una residencia temporal en el pais; debiendo advertirse que no solo eran expulsados los extranjeros que motivasen con sus actos esta medida de rigor, sirio que de vez en cuando se dictaba una órden general de destierro contra todos los no espartanos (2). Pero las leyes de Licurgo no se limitaban á prohibir á sus conciudadanos todo trato con pueblos extraños; para cerrarles todas las puertas de la corrupcion, para quitarles todo pretexto que despertase (1) Plut. Agis, c. 11. (2) Teopompo, Fragm. 19'7. Sehómann, antig. gr. 1, 277.
Págittao, El trabajo, la eleccion de esposa y de amigos; operaciones agrícolas; la recoleccion y la vendimia, la navegacion Época de Hesiodo; datos cronológicos; sus obras VIII. LOS DORIOS EN ESPARTA. 239-247 247-250 Conquista de los dorios; el valle del Eurotas; Lacedemon; Amiclae 251-255 Esparta; sus cinco barrios; templos; el Taigetes 255-258 Los gemelos de Aristodemo; pretedientes al trono 258-261 Licurgo; sus viajes; situacion de Esparta; bases de su constitucion; el oráculo délfico; muerte de Licurgo 261-265 Época de Licurgo; datos cronológicos; el disco de Ifito; h ipótesis . 265-271 Juicio crítico; deplorable estado de Esparta. 271-273 IX. LA CONSTITUCION DE LICURGO. La leyenda de los mellizos; guerra dinástica; minoría 274-278 Pacto de Licurgo; consulta al oráculo délfico; respuesta 278-283 Las tribus; obes ó gremios; sus caudillos 280-283 Consejo de los ancianos; eleccion de los gerontes; atribuciones de la guerusia 283-286 Prerogati vas y derechos de los reyes; honores que se les tributaban; sus deberes 286-289 Exequias reales; la asamblea de la nobleza 289-291 La reforma agraria; leyes sobre trasmision de dominio 291-299 Consecuencias de la reforma; desigualdad de la propiedad 299-303 Las compañías militares, las sisitias 303-306 • Division del ejército; caballería; sacrificios de campaña. . 306-309 Ejercicios militares; campamentos, órden de batalla, cantos guerreros 309-312 Situacion de los perioicos é hilotas; sus relaciones con la nobleza; los siervos de la gleba 312-316 Ocupaciones de la nobleza; importancia de la reforma legislativa de Licurgo 316 — 320 El oráculo délfico; sacrificio de Olimpia 320-323 Origen de las leyes de Licurgo, viajes del legislador 323-326 Prescripciones apócrifas sobre la moneda, el lujo y el comercio 326-330