De cómo en la arqueología de la violencia nos tropezamos con el género
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©Universitat de Barcelona De cómo en la arqueología de la violencia nos tropezamos con el género Nuestra investigación se inicia con el objetivo de indagar sobre la construcción fundante de la violencia doméstica y sexual en la región andina venezolana. Bajo la mirada arqueológica de Michel Foucault (1984, 1987, 1988) como recurso teórico/metodológico e instrumento diagnóstico de la violencia, identificamos el género como una de las estructuras básicas que se articula a las condiciones de construcción sociocultural de la violencia, el cual opera en una doble efectuación: 1) el género, en tanto experiencia de vida en situación de un diferencial de poder, donde resulta clave el proceso de socialización dicotómico y desigual de varones y mujeres y los cambios sociales generados por el movimiento feminista. 2) el género, en tanto dimensión teórica como categoría de análisis cargada de significación discursiva. Una arqueología de la violencia, ubica el género en su acción crítica y afirmación de libertad contra la dominación masculina en el centro del debate, como una opción teórica insoslayable en el estudio de la violencia contemporánea, en tanto prácBlanca Elisa Cabral1 Carmen Teresa García 2 tica discursiva, que es necesario arqueologizar y deconstruir, a la vez que abre distintas posibilidades de transformación y acción social contra la violencia. Los resultados preliminares que presentamos, se sustentan en datos primarios (extraídos a partir del recurso metodológico cualitativo de las historias de vida, casuística clínica, denuncias de violencia doméstica y sexual) y secundarios: arqueo hemerogrático de la prensa local) de la región andina en la década de los 90 y el arqueo teórico conceptual sobre el tema en cuestión. Aguas abajo ... El presente trabajo se inicia con la idea de dar cumplimiento a uno de los objetivos fundamentales que orienta la investigación-acción del Grupo de Investigación de Género y Sexualidad (GiGeSex-ULA) en apoyo al Proyecto de Prevención y Atención contra la Violencia Doméstica y Sexual de la Casa de las Mujeres de la ciudad de Mérida. Desde hace aproximadamente dos años, se viene implementando 1 Psicóloga Clínica, Sexóloga. Profesora investigadora del Grupo de Investigación de Género y Sexualidad. Facultad de Humanidades y Educación. Universidad de Los Andes (ULA) Telefax 58-74-401851. Email:[email protected] 2 Socióloga. Profesora investigadora del Grupo de Investigación de Género y Sexualidad. Facultad de Humanidades y Educación. ULA Telefax 58-74-632966. Email: [email protected] 9
©Universitat de Barcelona este programa que atiende las denuncias de maltrato doméstico y sexual. A partir del trabajo con historias de vida de las mujeres, (algunas de las cuales son tratadas en casuística clínica psicológica y sexológica) comienza nuestra inquietud por investigar las bases fundantes de la violencia doméstica y sexual en la región andina venezolana ( estados Trujillo, Mérida y Táchira). Es de esta forma, como empezamos a descender "aguas abajo" y, es en primer lugar, en el re lato mismo de la historia de vida de las mujeres, donde sale a la superficie la violencia de género como experiencia vivida; para continuar luego, en segundo lugar, por un recorrido teórico (arqueo hemerográfico de la prensa local, bibliográfico, análisis de discurso sociosimbólico de la violencia a través de los sistemas de creencias, imágenes, pensamientos, lenguaje cotidiano) de diferentes estudios sobre la violencia como fenómeno social, que nos ha permitido ir identificando una cartografía discursiva, que va desde las posturas, concepciones y prácticas discursivas3 fijadas a un modelo androcéntrico y con fuerte sesgo sexista al que subyace una estructura de poder y un imaginario colectivo enraizado en una concepción patriarcal que oculta y encubre, o bien, ''naturaliza" la violencia doméstica y sexual, e incluso, el maltrato y abuso sexual infantil; hasta posturas, concepciones y prácticas discursivas (surgidas en las últimas décadas) como consecuencia de los planteamientos y luchas del movimiento feminista mundial; iniciándose así, un importante desplazamiento teórico de índole reflexivo, crítico y revolucionario; propiciador de verdaderos cuestíonamientos y rupturas, al visibilizar expresiones de la violencia encubiertas bajo visiones esencialistas y principios "universales", "absolutos" e "inmutables"; franqueando así, un ''umbral de epistemologización"4 en el que nos topamos con el género, en su doble efectuación, tanto como experiencia de vida cotidiana de mujeres y varones como en su dimensión de categoría de análisis. Es en este contexto, donde revisten especial importancia para la investigación que estamos llevando a cabo, los aportes teórico-metodológicos de Michel Foucault (1984, 1987, 1988)5 fundamentalmente a partir de sus propuestas arqueológicas y la vinculación entre saber, poder y prácticas. Debido a la complejidad del problema de la violencia en relación con el género, a la profundidad de los planteamientos toucaultianos y al estado actual de la investigación; el 3 Prácticas discursivas como prácticas que obedecen a unas reglas y normas de validez que se han formado históricamente y sus posibilidades en relación con el ejercicio de poder y su objetivación a través de la internalización e individualización de los seres humanos (Vásquez García, 1995) 4 Foucault entiende por umbral de epistemologización, "Cuando en el juego de una formación discursiva, un conjunto de enunciados se recorta, pretende hacer valer (incluso sin lograrlo) unas normas de verificación y coherencia y ejerce, con respecto del saber una función dominante ( de modelo, de crítica o de verificación" (1987: 314) 5 Las palabras y las cosas (1984), El nacimiento de la clínica (1986), Arqueología del saber (1987) 10
presente trabajo es una versión preliminar, por lo que se trata de una aproximación a la comprensión del problema de la violencia de género desde la arqueología de Foucault. Es importante destacar que el trabajo directo con las mujeres que denuncian la violencia doméstica y sexual como experiencia de vida y la cartografía discursiva analizada bajo un sentido arqueol óg ico, evidenció todo un entramado sociosimbólico entre saber, poder y práctica tejido alrededor de la violencia, donde nos tropezamos en forma persistente con el género. La investigación-acción bajo un enfoque arqueológico de la violencia (cuyo análisis fundamentalmente discursivo no implica caer en reduccionismos, ya que lo tomamos como eje/clave, más no como determinante de l problema) nos ha permitido reformular el trabajo de atención a mujeres y niños/as, e incluso a parejas en situación de violencia de género bajo nuevas estrategias metodológicas y de acción social. H ac ia u na arqueo l ogía de la violencia La violencia es un fenómeno social complejo y una forma de relación tan frecuente y con múltiples expresiones infiltradas de ta l manera en el tejido social, que ha terminado por invadir la vida pública y privada: los actos, el lenguaje, las relaciones, nuestras prácticas e incluso, los r es - quicios más íntimos de la vida cotidiana, formando parte de la expresión agresiva de nuestras emociones (reacciones de rabia, ira, frustración, miedo, ansiedad, conflictos y diversidad de acciones, complicidades y omisiones). Se trata de una violencia 11 inscrita y modelada en la cultura, internalizada en nuestras mentes y ob jetivada en prácticas sociales de relación, de tan profundo impacto en la vida individual/interpersonal y colectiva, que se ha ido imponiendo en nuestro medio como forma de cultura dominante. La carga semántica de l término violencia conlleva la noción de fuerza, se trata de l uso de la fuerza, generalmente con intencionalidad manifiesta o encubierta de someter a otro/a y ocasionar daño físico o psíquico; se manifiesta en cualquier ámbito de la vida individual y social e implica múltiples formas de expresión, pero sea cual sea su rostro, expresa daño, coacción, abuso, hostilidad, control, ataque, destrucción y, fundamentalmente, violación de los derechos humanos. Así como la violencia trae una carga semántica que ayuda a definirla, también lleva una carga discursiva, que en su proceso de construcción sociocultural en un contexto histórico determinado, se conforma y despliega al interior de la complejidad social en múltiples redes discursivas de significación sociosimbólica que ayudan a identificar su vinculación con el género. En éste contexto de significación se abre una perspectiva de análisis, que lejos de ser reduccionista, determinista o cientificista, afincada en vie j os paradigmas; busca cuestionar lo evidente, lo obvio, lo "natural"; describir lo que aparece en la superficie e indagar la violencia como práctica discursiva, así como seguir el desplazamiento de las diversas formas que asume entre saber y poder. La vía epistémica/teórica y metodológica de Michel Foucault, asumida
como un importante recurso heurístico, nos permite aproximamos al análisis arqueológico de la violencia como práctica discursiva en relación con el género, que por sus posibilidades de indagación de la racionalidad dominante y, por ser "relatos que invitan a transformar la propia identidad y la relación con los otros mediante una ascesis que consiste en despojarse de las certidumbres que bloquean la existencia autónoma, que mantienen a los seres humanos en la minoría de edad" (Vásquez García, 1995:25) muestra en su labor arqueológica: relaciones, regularidades, discontinuidades, contradicciones, comparaciones, rupturas, cambios y transformaciones, que se han ido sedimentando, cristalizando en formaciones discursivas al ser representadas, verificadas, legitimadas, formalizadas, naturalizadas, evidenciadas como certezas e institucionalizadas a través de dispositivos de saber y poder. Grosso modo, para Foucault (1987: 233-235) "La arqueología pretende definir, no los pensamientos, las representaciones , las i mágenes, los temas, las obsesiones que se ocultan o se manifiestan en los discursos, sino esos mismos discursos, esos discursos en tanto que prácticas que obedecen a una reglas ... se dirige al discurso en su volumen propio, a título de monumento ... su problema es . .. definir los discursos en su especificidad; mostrar en qué el juego de las reglas que ponen en obra es irreductible a cualquier otro; seguirlos a lo largo de sus aristas exteriores,... un análisis diferencial de las modalidades del discurso ... es la descripción sistemática de un discurso-objeto" . En nuestro intento de arqueofogizar el discurso de la violencia, vemos cómo se ha constituido en uno de los dispositivos del poder que facilita y sostiene la afirmación del género masculino en términos de un ejercicio diferencial de poder, que mantiene el control y los privilegios detentados por una sociedad androcéntrica. En este sentido, reafirmamos fa idea de la violencia como cultura dominante ejercida fundamentalmente por los hombres.6 Gran parte de los estudios sobre la violencia desde diferentes perspectivas teóricas concentran su atención con base a hechos y a establecer causas, efectos y posibles determinantes en términos de "objetividad" y "rigurosidad" científica, generalmente privada de reflexión crítica. En términos de los planteamientos de Foucauft, es importante estudiar cómo se van articulando la relación entre: -los saberes (en este caso sobre fa violencia, por ejemplo, desde la biología, medicina, psiquiatría, psicología, educación, sociología, criminología etc.) que objetivan un discuíso 6 Esta constante de violencia de género la ha investigado también , entre otros, Corsi (1995 :13) quien señala " .... al adulto masculino como quien más frecuentemente ejerce las distintas formas del abuso (físico, sexual o emocional)" y Roberto BriceñoLeón (1997) en su estudio sobre la violencia en la ciudad de Caracas, encontró que los hombres, jóvenes y pobres son los grupos de riesgo (1997 :51-53) Diferimos con él, en el sentido de no incluir (al parecer no visibiliza la violencia de género, en particular la doméstica y sexual} a las mujeres como gr upos de mayor riesgo. 12
social y "científico" sobre la violencia (que atraviesa incluso el imaginario colectivo, en forma de arraigadas ,creencias, hábitos de pensamiento, opiniones, proverbios, actitudes, etc.) -las prácticas sociales aprendidas e internalizadas por las personas para dar forma a su propia existencia ( objetivadas, por ejemplo, en las relaciones de género, en términos de un diferencial de poder y situación de vulnerabilidad y alto riesgo {mujeres, ancianos/as y niños/as) prácticas especificas de dominio-sumisión, prerrogativa masculina del "derecho a controlar", "derecho a castigar", sentimientos de inferioridad, pasividad, y culpabilización en caso de mujeres y niños/as, aceptación de la negación y violación de !os derechos como personas) y -las estrategias de poder (códigos y normas socioculturales, legislaciones, procesos de socialización diferenciales/dicotómicos, prácticas policiales y procesos judiciales, sanciones y castigos, calificaciones, clasificaciones, escindiendo a las personas y sus conductas en opuestos irreconciliables y encerrándolas en compartimientos estancos: masculino-femenino, bueno/a-malo/a, normal-anormal, aceptado/a-rechazado/a, delincuente-honrado ciudadano/a, víctima-victimario/a ... ) Los relatos de vida de las mujeres maltratadas va dejando en la superficie este entramado (entre saberes, prácticas y poder) que se ha ido fijando a la práctica discursiva de la violencia, la cual se mantiene a expensas de la constitución de unos determinados saberes {desde los imaginarios colectivos hasta los saberes "científicos" que se ocupan de la violencia) que con su criterio de autoridad, pretensión universalista, modelo naturalista concepción sexista a la que subyace una racionalidad científica instrumental, contribuye a legitimar e institucionalizar la violencia entre relaciones y estrategias de poder y, en la medida que son internalizadas (mentalizadas) y expresadas en la prácticas sociales de la vida cotidiana cobran fuerza en el ejercicio cuasi naturalizado de la violencia en la relación hombre mujer. A continuación destacamos someramente los tres ámbitos de análisis de la violencia de género. Primer ámbito: los saberes a través de las unidades discursivas Debido a las limitaciones, en aras de la brevedad del presente trabajo, solo reseñaremos las tres unidades discursivas sobre la violencia (García, C. 1997), de acuerdo a: su función legitimadora de una racionalidad científica occidental (característica de la modernidad) y del modelo androcéntrico; su función visibilizadora y reorganizadora del campo te órico y discursivo que no profundiza en la complejidad de la violencia y, su f unción desestabilizadora, por la crítica y el ejercicio deconstructivo que pone en juego la estabilidad y" ... la aceptabilidad de la práctica discursiva" anterior (Foucault, 1987 : 261 ). En nuestro estudio, nos referimos al campo teórico de algunas disciplinas que reseñaremos a continuación.7 7 Siguiendo la tendencia argumentativa de Foucault (pero guardando las distancias) en este trabajo no pretendemos hacer una "historia de las ideas" sobre la violen13
Primera unidad discursiva: En esta unidad incluimos los estudi os basados en el modelo biológico del comportamiento humano de ntro de una noción determinista de la violencia que ha "biologizado" los comportamientos bajo una visión esencialista acerca de la "naturaleza" del varón agresivo y violento como condición genética ; los estudios basados en el modelo psiquiátrico que subordina la violencia a una concepción de enfermedad mental reduciéndola a patologías (anormalidades, adicciones: alcohol, drogas, etc.) cuyas técnicas de poder se dejaron sentir en algunos tipos de terapias neurológicas y psiquiátricas para el tratamiento de delincuentes; y los estudios derivados de modelos y enfoques teóricos psicológicos (psicoanálisis, conductismo mecanicista de corte pavloviano y skinneriano, neoconductismo y sus prácticas de control y modificación de conducta, incluso aversivas, etc.) que en general, estudian el problema de la violencia como expresión de conducta agresivas aprendida en asociación con situaciones de frustración, conflicto, aversión, extinción y castigo, dentro de un esquema de aprendizaje por condicionamiento, bien sea clásico u operante. Sin dejar de reconocer los aportes de las distintas disciplinas teóricas en el en foque y tratamiento de la violencia, en la perspectiva de nuestro análisis, se articulan como saberes en función legitimadora de la violencia. Segunda unidad discursiva: En esta unidad incluimos los estudios del aprendizaje social de la agresión y la violencia bajo situaciones de aprendizaje a través de la observación, imitación y modelamiento de conductas agresivas. A partir de allí, se plantean diferentes formas de prevención, control y eliminación de conductas agresivas. Dentro de este marco explicativo, se entiende, que as í como se aprende a ser violento, también se puede aprender a no serlo. También incorporamos en esta unidad, diferentes estudios sobre violencia y medios de comunicación, donde se destaca fundamentalmente el efecto socializador de la televisión y el cine en la transmisión de modelos e imágenes que estimulan y/o refuerzan la violencia. Hay otros tipos de estudios sobre la violencia (derivados de la psicología social, de la criminología etc.) que sobre todo, intentan explicar la violencia doméstica y sexual, aunque permite describir, visibilizar y calificar este tipo de violencia poco estudiada, pero al igual que los anteriores, no profundiza en sus causas ni en los mecanismos que intervienen en sus condiciones de procia, en el sentido de realizar una revisión exhaustiva de obras y autores/as, sino tan sólo mostrar las tendencias teóricas en las "unidades discursivas ". 8 Es importante mantener la diferencia entre los conceptos de agresión y violencia. La agresión es la realización de un acto cuya finalidad, tanto consciente como inconscientemente, sea la de provocar lesiones, daño o la destrucción de otras personas o a uno mismo ( Lindzey, Ha ll y Thompson, 1978 :401 ); es decir, la conducta agresiva es defensiva y restauradora del equilibrio interno del sujeto, orientada a "devolver el golpe ", mientras que la violencia alude al uso de la fuerza con referencia a un vínculo de poder, jerárquico y desigual, es decir, es un vínculo, una forma de relación social por la cual uno de los términos realiza su poder acumulado. (lzaguirre, 1998 :136-137). 14
ducción y reproducción; en particular destacamos los trabajos sobre los "ciclos de la violencia", que la describen y explican como cicl os repetitivos que van desde agresiones menores, que cada vez con mayor frecuencia y regularidad se incrementan e intensifican para luego decrecer ... , todo esto dentro de una misma escena de arrepentimiento/perdones/culpas ... donde se evidencia la relación dicotómica víctima-victimario/a ; lo cual ha permitido definir perfiles psicológicos de ambos y entender la dinámica de la relación. El aporte de estos estudios es realmente importante porque incorpora a la discusi ón y comprensión de la problemática de la violenci a, conceptos y categorías ( aprendizaje social de la violencia, violencia doméstica y sexual, formas de violencia a partir del daño ocasionado o de la función que persigue el agresor/a, etc.) que adicionan y reorganizan el conocimiento, contribuyendo a enriquecer los saberes, pero adolecen todavía de profundidad crítica. Tercera unidad discursiva: En esta unidad integramos fundamentalmente los estudios generados dentro del movimiento feminista, sobre todo, los planteamientos de las feministas radicales y los más recientes estudios de género. La crítica feminista al modelo patriarcal y sexista ha sido determinante en la denuncia de la violencia de género que permanecía oculta tras su "naturalización" en la mayoría de los estudios y, en particular, en los de la primera unidad en su función legitimadora. La investigación de género ha develado una lógica de racionalidad androcéntrica que implica (y explica) a su vez, la génesis, refuerzo y mantenimiento de l as re laciones asimétricas de poder entre hombres y mujeres, ancladas en arraigadas creencias, actitudes, emociones y conductas (mentalizadas y expresadas) con fuerte carga de inferioridad y discriminación de las mujeres ; siendo la violencia de género en sus múltiples manifestaciones, uno de los elementos clave para sostener el orden jerárquico de la estructura patriarcal. Lo que significa que, a partir del hecho biológico de las diferencias sexuales en cuerpos sexuados: macho y hembra, diferenciación que se convierte en la mayor excusa biohistórica de virilización de la cultura para dividir a los seres humanos en dos clases sexuales bien diferenciadas: varón y mujer; escindidos en dos géneros socialmente construidos: masculino-femenino ; y establecer en coherencia con el orden del discurso social dominante, profundas desigualdades e injusticias sociales entre l os hombres y las mujeres, cuyo devenir sociocultural delata una historia de relaciones de dominación a la que subyace el Poder (Cabra!, Blanca, 1997). En este sentido, es obvio (aunque no siempre visibilizado) cómo el ejercicio del poder se articula a la práctica de la violencia, vale decir, la violencia se ha constituido en uno de los dispositivos de pode~ que facilita y refuerza la afirmación del género masculino en la relación del par domi9 Es importante señalar que género y violencia están atravesados permanentemente por otros dispositivos de poder como: etnia, raza, clase social, generación, edad, religión, etc. 15
nación masculina/subordinación femenina. El género se constituye a través de ta socialización diferencial en et espacio privilegiado para detentar el poder y base fundamental del aprendizaje de ta violencia como parte de la construcción de la masculinidad y feminidad. La importancia de esta unidad discursiva radica, en et ejercicio de la crítica y el devetamiento de las relaciones de dominación de orden falocéntrico y sexista (subsumidas en categorías como clase social, relaciones de producción, etc.) entre relaciones de poder; cuyo cuestionamiento ha sido clave para desestabilizar los saberes, el orden del discurso de una determinada racionalidad "togofalocéntrica", lo que ha llevado a una ruptura epistemológica. Segundo ámbito: las prácticas tras el ocultamiento y la impunidad de la violencia de género. La escena .. . " Cada noche cuando mi marido llega borracho a la casa me golpea, me insulta delante de mis hijos, me obliga a que me acueste con él , hasta ha intentado quemar la casa conmigo adentro. Yo he soportado esta situación por mis hijos, porque él me amenaza con quitarme/os si lo dejo. Lo denuncio en la prefectura, a veces se lo llevan preso y cuando fo sueltan me vuelve a pegar como si nada y todo sigue igual. Ya no aguanto más y no se que hacer, por eso cuando supe de ustedes, pensé que me podrfan ayudar". Tras el relato revelador ... 16 Con este relato revelador de una violencia acallada en el hogar que va quedando impune, llega a la Casa de las Mujeres de Mérida, una de tantas mujeres víctimas de violencia cotidiana en el ámbito doméstico, que recrea estereotipos sexuales y reproduce relaciones desiguales de poder, situación de alta incidencia en la región andina venezolana que arroja evidencias alarmantes, no sólo por el número de casos denunciados y las cifras extraídas de la prensa diaria, por ejemplo, en la década de los 90 en el Estado Mérida, fueron asesinadas brutalmente por su pareja, 35 mujeres; violadas 86 mujeres (niñas, jóvenes y ancianas) y heridas (con diferentes tipos de armas) 65 mujeres; sino porque el 98% de estos hechos fueron perpetrados en el hogar afectando a la mujer y a la familia. Las denuncias que llegan a la Casa de las Mujeres, ejemplificada a través del tipo de relato reseñado, se trabaja con el método de historias de vida y la casuística clínica, a partir del cual se revela el drama psicosocial (baja autoestima, miedo, inseguridad, pánico, stress, abandono, depresión etc.) que limita el desarrollo y realización personal de la mujer víctima del impacto emocional de vivir bajo violencia dentro de su espacio privado. El entramado de la violencia A través del relato de la experiencia vivida, de hombres y mujeres en situaciones de violencia cotidiana, se devela la compleja trama sociosimbólica entretejida entre relaciones de poder, saber(es) y práctica(s). Ser hombre y mujer no tiene la misma significación ni es compartida
de la misma manera, aun desde el imaginario colectivo y la pertenencia a un determinado pueblo, una región, cultura, religión o comunidad; coexisten multiplicidad de variables, (ya señaladas como etnia, status económico, cl ase social, edad, generación, modos de vida, opción sexual, etc.) que junto a las diferencias sexuales le imprimen significados diversos al ser hombre y ser mujer, se van complejizando, hasta hacer de la experiencia vivida bajo el impacto de la violencia, un abigarrado cuadro de circunstancias, que no solamente son propios de la dinámica de la relación de la pareja y la familia, puesto que están imbricadas a todo un conjunto de prácticas sociales institucionalizadas (técnicas de poder) establecidas y legitimadas por los saberes (científicos y populares) y mentalizadas en el imaginario colectivo y, que se convierten en verdaderos obstáculos, haciendo difícil el acceso al entramado de la violencia, que unas veces la oculta, la invisibiliza, otras sólo muestra apariencias que la explican y la justifican y en otras que la exculpan o la mantiene impune. Cuando las mujeres se atreven a denunciar la violencia recibida en su "propio" espacio como es el hogar y por la persona más cercana afectivamente a ella, como es su pareja;10 una de las primeras expresiones que se desprende de las historias de vida (de mujeres maltratadas por su pareja) es que tras la escena típica de violencia, hay todo un conjunto de prácticas discursivas, que por su formación y arraigo en cogniciones (sistemas de creencias, pensamientos, formas de lenguaje y comunicación) en emociones (una gama muy variada de sentimientos y afectos muchas veces ambivalentes: amor-odio, culpa-perdón, aceptación-rechazo, etc); objetivadas en actitudes, conductas y formas de relación de pareja, que se cristalizan en dos cosmovisiones diferentes, todo ello aprendido fundamentalmente a través de un proceso de socialización diferencial (dicotómico y desigual) de hombres y mujeres, donde se transmiten, internalizan y expresan estereotipos sexuales, roles que definen formas de relaciones de género tipificado como "normales" y "naturales" por la cultura. Marta Lamas (1995: 62) señala al respecto que, " en cada cultura, la diferencia sexual es la constante alrededor de la cual se organiza la sociedad. La oposición binaria hombre/mujer, clave en la trama de los procesos de significación, instaura una simbolización de todos los aspectos de la vida: el género. Esta simbolización cu l tural de la diferencia anatómica toma forma en un conjunto de prácticas, ideas, discursos y representaciones sociales que dan atribuciones a la conducta objetiva y subjetiva de las personas en función de su sexo" Ser macho ... hombre ... masculino El proceso de aprendizaje social no es igual para niños y niñas. pues, valores, expectativas y roles son distintos y transmitidos de forma diferen10 Según la Comisión Bicameral para los Derechos de la Mujer (1996) del Congreso de la República en Venezuela solamente se denuncian el 10% de los casos de violencia doméstica y sexual. 17