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Comentarios y respuesta a "Sesgos de medida y problemas de muestreo en las encuestas de poblaciones inmigrantes"

Molina, José Luis; Medina Díaz, Francisco José; García Macías, Alejandro; Molero, Fernando; Maya Jariego, Isidro

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José Luís Molina Universitat Autónoma de Barcelona Fernando Molero Universidad Nacional de Estudios a Distancia Alejandro García Macías Universidad Autónoma de Ag uascalientes Francisco J. Medina Díaz Universidad de Sevilla Isidro Maya Jariego Universidad de Sevilla Metodología de Encuestas Vol 3, Núm 2, 2001, 215-226 ¿Para quién trabajan los investigadores sociales? José Luís Molina El trabajo de Isidro Maya, recoge de una forma sistemática y completa, los problemas de información con los que se enfrenta cualquier investigador que trabaje con comunidades o grupos étnicos diferenciados. En mi propia experiencia de investigación con marroquíes bereberes en Vic y con vendedores ambulantes en Barcelona, me he encontrado con los problemas señalados: existencia de colectivos ocultos o difíciles de acceder (y nada proclives a contestar tu batería de preguntas en el momento que le va bien al investigador o al calendario del proyecto de investigación), segregación por género (mujeres en el hogar), dificultad de hablar el idioma en cuestión (bereber, chino o árabe clásico, por citar algunos), sobrerepresentación de las redes personales de los entrevistadores del equipo o de los usuarios de los servicios públicos u ONGs, y así sucesivamente. Las respuestas adoptadas han seguido (y me felicito ahora por ello) en buena parte las buenas prácticas recomendadas por Isidro Maya y que paso a enumerar a continuación: COMENTARIOS Y RESPUESTA A ‘SESGOS DE MEDIDA Y PROBLEMAS DE MUESTREO EN LAS ENCUESTAS DE POBLACIONES INMIGRANTES’ 216 J.L. Molina, F.J. Medina, A. García, F. Molero e I. Maya • Colaboración con alguna institución pública para la obtención de contactos y canales de entrada a los diferentes colectivos. Esta fuente de reclutamiento debe combinarse con otras, efectivamente, para no sesgar la muestra. • Presentación del proyecto de investigación a representantes o personas influyentes de los respectivos colectivos con el objetivo de mantenerlos informados y, al mismo tiempo, lograr su colaboración. • Utilización de mediadores culturales de ambos sexos y también de entrevistadores de ambos sexos para acceder, en el caso de comunidades fuertemente segregadas —como es el caso de la bereber en Vic—, al mundo doméstico y al mundo de los hombres, en igualdad de condiciones. • Sobre-representación de los colectivos con los cuales se dispone de menos puntos de contacto, con el objetivo de corregir el sesgo introducido por las redes personales de los equipos de entrevistadores. • Utilización de entrevistas semiestructuradas, categorizadas a posteriori por el entrevistador, antropólogos en nuestro caso (y, por tanto, ya formados en la metodología de trabajo de campo). Un último comentario. Isidro Maya acierta al señalar la saturación de los “encuestados”. Un ejército de investigadores sociales salimos todos los días a hacer preguntas que nos sirven sólo a nosotros. Si queremos realizar un trabajo continuado con estas comunidades, debemos ser respetuosos, en primer lugar, con su situación, sin pretender una colaboración entusiasta en un estudio o en unas prácticas que durarán unos días, para no volverlos a ver nunca más. En segundo lugar, deberíamos acostumbrarnos a dar un retorno de nuestras conclusiones a todos los informantes, de la forma más adecuada posible en cada caso, con el objeto de no quemar futuras colaboraciones. Quizás esta curva de aprendizaje ya se ha producido y es demasiado tarde… ¿Alguien confiará en nosotros mañana? La necesidad de adaptar la metodología al objeto de estudio Francisco J. Medina Díaz Para aquellos investigadores que deseen iniciarse en el estudio de las poblaciones inmigrantes, contar con el artículo escrito por Isidro Maya resultará de gran ayuda, por diferentes razones. Este trabajo aclara qué aspectos deben de considerarse en la traducción y validación de los cuestionarios, orienta sobre la selección y la formación de los encuestadores, y da ideas para la selección y localización de la muestra. En definitiva, creo que el presente trabajo sirve de apoyo tanto para las personas que pretenden iniciarse en la investigación, como para aquellos que se dedican en la actualidad a esta labor, los cuales pueden considerarlo como una vía de reflexión sobre sus propios procedimientos y técnicas. Además, hay un aspecto que fortalece, en gran medida, este artículo: está fundamentado en casi una década de trabajo de campo con inmigrantes, fruto de la cual han surgido algunos textos de referencia sobre la inmigración en la comunidad autónoma andaluza (p.e. Martínez Comentarios y respuesta a ‘sesgos de medida y problemas de muestreo en las ... 217 García, Maya, Rodríguez y Checa, 1996; Martínez, García y Maya, 2001), o la propia tesis doctoral del autor (Maya, 1999). En toda la línea argumental seguida por Isidro Maya, se detecta un principio subyacente que comparto: la necesidad de adaptar la metodología al objeto de estudio. Esta necesidad aparece cuando el autor refleja su interés en que el entrevistado comprenda con detalle la entrevista, conteste con un formato afín a sus características idiomáticas y sociales, y responda sin verse afectado por el grupo étnico o social al que pertenece el encuestador. A pesar de estas medidas tan acertadas, sigo cuestionándome si es posible evitar que los entrevistados, provenientes de una población con características socioeconómicas tan peculiares, utilicen respuestas que no reflejen con exactitud su situación social o económica real. Es posible que este fenómeno sea menos acuciante cuando se analizan aspectos interpersonales como el apoyo social, pero quizás sea muy relevante cuando se investigan aspectos económicos o laborales; o cuando se entreviste a poblaciones irregulares, con un trabajo inestable, o ilícito. El propio autor ya apunta este problema cuando asume que las respuestas del entrevistado pueden diferir en función de algunos aspectos —como la nacionalidad del experimentador— y cita el experimento de Taft (1986). Un ejemplo curioso que apoya este hecho es el descrito por Stiles y colaboradores (1998), quienes encuentran, paradójicamente, que las hijas de inmigrantes y refugiados noruegos tienen una descripción de sí mismas más positiva que la que manifiestan poseer las propias chicas noruegas. Este posible sesgo quizás podría paliarse de diversa forma: (a) considerando a la deseabilidad social dentro de los análisis —algunos autores ya analizan su efecto (p.e. Livaditis y otros, 2000; Okazaki, 2000)—; (b) contrastando los datos derivados de la encuesta con metodologías alternativas; y (c) contando, cuando fuese posible, con variables objetivas complementarias. La utilización de estas variables permite, además, evitar un sesgo del que se habla con insistencia en los estudios basados exclusivamente en encuestas o autoinformes: the common-method variance. De todas formas, sería muy interesante obtener datos sobre la sinceridad de estas poblaciones al responder a determinadas encuestas, y analizar la forma de controlar este posible sesgo. Por otro lado, la flexibilidad metodológica también nos lleva al análisis de fenómenos complejos, como el de la aculturación y la adaptación, mediante diferentes prismas, y diferentes metodologías. Algunas tendencias de investigación dan la impresión de que fenómenos muy complejos, como la adaptación, son únicamente personales, y que la responsabilidad del mismo es del propio individuo. El propio autor apunta que es necesario tener en cuenta los diversos dominios en los que ésta se produce. En este sentido, sería interesante analizar, mediante diversas metodologías, en qué medida los factores individuales, familiares, grupales, laborales o comunitarios, afectan al proceso de acomodación, utilizando para ello el análisis multinivel. La consideración de estos aspectos en su globalidad, nos permitirá tener un acercamiento más preciso al objeto de estudio. 218 J.L. Molina, F.J. Medina, A. García, F. Molero e I. Maya La diversidad metodológica Alejandro García Macías Los estudios sobre inmigrantes y en particular los temas de aculturación y adaptación demuestran sin duda ser un insumo necesario también para la sociología industrial y del trabajo. En el caso latinoamericano y quizá con mayor claridad en el de México, las elevadas tasas de migración hacia los Estados Unidos de América y aún las del orden inter-regional presentan una causalidad notoriamente referida a motivos laborales. De una de las tantas historias de vida de trabajadores inmigrantes, realizada durante uno de los esporádicos retornos a la localidad de origen que se dan luego de pasar largas temporadas —a veces lustros— en el país del Norte, se recuerda una frase que denota con toda crudeza lo complicado del problema de absorción cultural de los trabajadores: “Allá nomás trabajamos. Onde vivimos es acá”. No obstante, a partir del análisis de los productos de investigación relativos a grupos de migrantes en América Latina, incluyendo a los provenientes del área de industria y trabajo, se comparten preocupaciones similares a las diagnosticadas por Isidro Maya Jariego, fundamentalmente a causa de la enorme diversidad étnica que necesariamente entraña una heterogeneidad cultural y lingüística que, por supuesto, no se reduce a la confrontación castellano–inglés o a la dualidad entre estilos de trabajo artesanal y tecnificado, por ejemplo. La frontera de México y Estados Unidos es escenario de intensos flujos migratorios por motivos laborales como principal factor de atracción, dado que ahí se ubica un porcentaje considerable de las industrias maquiladoras del país; pero también lo es del surgimiento de un sinnúmero de manifestaciones culturales híbridas cuyo estudio científico requiere de guías metodológicas actualizadas que eviten los sesgos estadísticos y los “lugares comunes” en que frecuentemente se incurre. El trabajo que aquí se comenta es de suyo ilustrativo. Encuentro que la consignación puntual de los problemas metodológicos que entraña la investigación del fenómeno migratorio y la generación de propuestas específicas consecuentes para resolverlos —plasmadas sistemáticamente y con lenguaje comprensible en el artículo— resultan en una aproximación bastante consistente que, además de manifestar congruencia teórica, también ha dado muestras de solidez pragmática, al provenir de aplicaciones directas en las investigaciones a que hace referencia. En el planteamiento de las alternativas para los problemas centrales, la validez y confiabilidad de los instrumentos de recogida de datos y la accesibilidad y representatividad de las muestras de población, es posible encontrar un reconocimiento explícito a la importancia de la interlocución, no sólo entre distintas ramas de las ciencias sociales, sino también entre paquetes metodológicos y técnicos distintos. Se propone que para estudiar la diversidad no hay un camino mejor que la propia diversidad: la práctica del pluralismo metodológico, en palabras del autor. Y se demuestra que el problema de la triangulación a partir del viejo y casi rebasado debate cuantitativo versus cualitativo no es de ninguna manera una alternativa simple o fácilmente asequible, sino que requiere del diseño cuidadoso, la prueba sistemática y la evaluación permanente, tal como se pone de manifiesto en la adopción que hace Maya tanto de vías de exploración cualitativa previa —que permitan Comentarios y respuesta a ‘sesgos de medida y problemas de muestreo en las ... 219 anticipar potenciales problemas con los instrumentos—, como de las estrategias con un enfoque eminentemente etnográfico para el trabajo de campo. Particularmente interesante parece la incorporación de la técnica de bola de nieve como una posibilidad específica de curso de acción ante la complejidad de los problemas de muestreo. Como señala el autor, la dispersión geográfica, la condición de clandestinidad, la habitual carencia de datos censales confiables, entre otras características propias del fenómeno de la migración, son factores que plantean al investigador la necesidad de recurrir a las redes de relaciones sociales de los sujetos. Vale decir que el comportamiento migratorio está definitivamente identificado con la existencia de lazos relacionales preexistentes, tanto de familia, lugar de origen, amistad, etcétera. El emigrante difícilmente podría instalarse, adaptarse e incluso sobrevivir si careciera de una estructura mínima de contactos, generalmente previos, que influyen en él desde la elección del lugar receptor hasta la obtención de vivienda o empleo. Así, la red social puede perfectamente constituirse como la unidad de análisis de partida en este tipo de investigaciones. Desde la perspectiva del Análisis de Redes Sociales, en el que Maya Jariego también incursiona, una red social completa no acepta muestreos; en cambio, parece existir un alto grado de confiabilidad a partir de la utilización de la técnica de la bola de nieve, que a partir de informantes clave y en una serie de olas sucesivas, vaya sacando a la luz aquellos actores cuyas características o condiciones específicas los tornan de difícil acceso para el muestreo tradicional. En el estudio sobre africanos en Andalucía a que hace referencia el artículo, se describe cómo esta técnica se utilizó exitosamente como estrategia de selección complementaria de la muestra para la aplicación de la encuesta respectiva, lo que aparece como uno de los factores que contribuyeron para que se dispusiera de una muestra representativa y heterogénea y se redujese el número de rechazos a la respuesta. En suma, el artículo demuestra que en la prolongada lucha por la confiabilidad y la validez en la investigación social, la convivencia plural de métodos y enfoques, cuando es bien lograda, supera el aparente caos que el sentido común anunciaría. Es pues una llamada a la diversidad y a la creatividad de los científicos sociales. Ya seguiremos incorporando sus propuestas en la sociología del trabajo. Contexto y objetivos en la metodología de la investigación social Fernando Molero El artículo de Maya me parece especialmente oportuno y relevante en un momento en el que la afluencia de inmigrantes a nuestro país, y en general a todos los países europeos ricos, es cada vez mayor. Poco tengo que añadir a las adecuadas recomendaciones metodológicas proporcionadas por el autor a la hora de diseñar encuestas rigurosas y sensibles a la especificidad cultural de los diferentes grupos de inmigrantes. Me gustaría comentar, sin embargo, algunos aspectos que van más allá 220 J.L. Molina, F.J. Medina, A. García, F. Molero e I. Maya de la metodología propiamente dicha y que tienen que ver con los objetivos que de una manera implícita o explícita guían cualquier investigación. En efecto, las encuestas, sobre todo las que se realizan con grupos que padecen exclusión social, como sucede frecuentemente con los inmigrantes (Molero, Navas y Morales, 2001), no son un acto aislado que obedezca simplemente al capricho o a la curiosidad intelectual del investigador, sino que están enmarcadas, o al menos deberían estarlo, en un contexto más amplio de intervención y mejora de la sociedad. Esta idea ha sido desarrollada por numerosos autores. En primer lugar por Kurt Lewin (1946), con su famoso concepto de investigación-acción que alcanzó gran repercusión posterior. Para Lewin la investigación social comprende tres etapas: planificación, que implica tomar conciencia del problema y diseñar una intervención adecuada a la luz de los datos disponibles; acción, que sería la puesta en marcha de la intervención; y reconocimiento, que implicaría la valoración de los resultados obtenidos a través de la intervención. Mayo y LaFrance (1980), en la misma línea, insisten en el carácter “aplicable” de la Psicología Social, que debe buscar la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, construyendo para ello un adecuado conocimiento psicosocial y pasando después a la utilización de dicho conocimiento en la fase de intervención. Por su parte, Fernández-Ballesteros (1996:50), desde una perspectiva relacionada con la evaluación de programas, también nos habla del ciclo de intervención social que constaría de siete fases: 1) identificación del problema y necesidades; 2) planteamiento de objetivos y metas; 3) pre-evaluación potencial de los cursos de acción; 4) diseño y configuración del programa; 5) implantación del programa; 6) evaluación del programa; 7) toma de decisiones sobre el programa. Todos estos modelos tienen un carácter cíclico, es decir los datos obtenidos en la fase de reconocimiento o evaluación de resultados servirían para planear la siguiente intervención y así sucesivamente. La encuesta sería un instrumento muy valioso en diversas fases de este proceso de intervención social. En concreto, en la fase inicial ayudaría a detectar las necesidades y problemas, tanto reales como percibidos, en la población objeto de estudio. Asimismo, en la fase final serviría para detectar los cambios producidos por la intervención y, por lo tanto, el posible éxito del programa. En las fases intermedias ayudaría a detectar los posibles problemas y desviaciones producidos durante la realización del programa. Por otra parte, la encuesta no es, o no debería ser, un conjunto de preguntas formuladas más o menos al azar, sino que debe estar guiada por un marco teórico que posteriormente ayudará a la interpretación de los resultados; todo ello con el fin de conseguir una mejora de la sociedad. Esto queda recogido en dos de las afirmaciones más citadas por los psicólogos sociales, que se atribuyen al propio Lewin, y que señalan que “no hay nada más práctico que una buena teoría” y que “la investigación que sólo produce libros no es suficiente”. De esta forma, volviendo al tema de la inmigración, si se piensa que lo importante es que los inmigrantes se asimilen a la sociedad de acogida, aunque pierdan para ello sus propias señas de identidad, la Comentarios y respuesta a ‘sesgos de medida y problemas de muestreo en las ... 221 intervención será diferente que si se piensa que lo ideal es que se integren conservando su cultura y costumbres (Sabatier y Berry, 1996). Además, muchas veces los aspectos teóricos y los objetivos de la investigación determinan la metodología que debe adoptarse. De esta forma, si lo que nos interesa es mejorar la situación de la mujer inmigrante, este interés obviamente va a determinar la elección de la muestra. Por otra parte si lo que nos interesa es conocer la situación de un determinado colectivo en un área concreta (los inmigrantes magrebíes en El Ejido, por ejemplo) ello va a guiar el muestreo (nos centraremos en los inmigrantes magrebíes), el sitio de aplicación (El Ejido) y la manera de pasar la encuesta (según el grado de conocimiento del castellano y la receptividad por parte de la población objeto de estudio). Finalmente, no hay que olvidar que en el caso de la inmigración, y también en el de muchos otros temas de carácter social, las investigaciones suelen estar financiadas por Ayuntamientos y Comunidades Autónomas. Esto plantea una serie de cuestiones éticas, en las que no es posible entrar ahora, acerca de las relaciones del investigador con el poder o entre la ciencia y la política. En cualquier caso, el político determina o en todo caso influye en gran medida, a través de la financiación, los temas que han de ser investigados y la utilización que se hace de los resultados. En definitiva, a lo largo de estas líneas he querido poner de manifiesto que si bien es importante garantizar la adecuada fiabilidad y validez de los instrumentos psicométricos, es necesario también tener en cuenta que dichos instrumentos se utilizan dentro del contexto más amplio de la intervención social y son guiados por un marco teórico y unos objetivos que inciden a su vez sobre los aspectos metodológicos. Tener en cuenta estas cuestiones es de vital importancia, no solo a la hora de diseñar encuestas sobre poblaciones inmigrantes, sino también a la hora de interpretar sus resultados y de utilizarlos para mejorar la situación de dicho colectivo. Respuesta Isidro Maya Jariego Agradezco a los cuatro revisores de mi artículo los acertados comentarios con los que me han dado la oportunidad de ampliar mis reflexiones sobre el reto que la diversidad cultural supone para la metodología de encuestas. Me complace comprobar que hay un acuerdo básico con las prácticas de investigación que recomiendo, máxime cuando la valoración proviene de varias disciplinas (psicología social, antropología y sociología del trabajo), e incluye la comparación con el sistema migratorio México-Estados Unidos. Pero cada uno de los comentarios pone el acento en alguno de los problemas metodológicos que se discuten en el artículo, y merecen por eso de nuevo nuestra atención. En concreto, me referiré a (a) los problemas de acceso y “saturación” de los potenciales encuestados, (b) la deseabilidad social en las respuestas, (c) el muestreo en “bola de nieve”, y (d) el lugar que ocupan estas prácticas de investigación en el ciclo de intervención planificada. Paso a comentar dichos aspectos en el mismo orden en que han sido citados. 222 J.L. Molina, F.J. Medina, A. García, F. Molero e I. Maya (a) Problemas de acceso y fines sociales de la investigación En primer lugar, José Luis Molina pone de manifiesto cómo la relación que mantenemos con la comunidad determina que seamos bien o mal recibidos, y resulta clave para evitar los problemas de saturación. Al respecto, el caso de una inmigrante de Fez asentada en Almería puede servir para ilustrar los problemas de acceso a los que nos referimos. En una primera visita ―realizada por un español miembro del equipo de investigación y una encuestadora marroquí―, los problemas se centraron en localizar su lugar de residencia habitual, ya que habitaba en una de las viviendas diseminadas entre los invernaderos del poniente almeriense. Pero además, fue necesario asistir en una segunda ocasión ―en este caso sólo la encuestadora marroquí―, puesto que el marido había interrumpido la primera conversación, desautorizando el consentimiento de la mujer a ser entrevistada. La dispersión geográfica, la escasa visibilidad social y las actitudes autoritarias del marido ―factores que concurren en este ejemplo― pueden ser obstáculos suficientes para que un determinado subgrupo de mujeres tienda a estar suficientemente representado en las encuestas a la población inmigrante. En este caso, la persona a la que nos referimos llevaba dos años residiendo en España, y en ese tiempo sólo había visitado en dos ocasiones el pueblo más cercano (ambas para que su hijo fuese atendido por el pediatra). El nivel de aislamiento llegaba a tal punto, que -además de su marido y su cuñadosólo había entrado en contacto desde su llegada a Almería con una mujer marroquí, residente en un domicilio vecino en los primeros meses de su estancia en España. Sus avances en el aprendizaje del castellano -con un nivel básico de conversacióntenían como única fuente la televisión española. Sin lugar a dudas, este ejemplo contrasta con otra referencia de mi artículo en la que se señala que un 40% de mujeres marroquíes ya había sido encuestada previamente. Ese dato corresponde a un estudio exploratorio de evaluación de necesidades de la Asociación Amal Andaluza. Es de suponer que la proporción sea incluso más elevada entre los marroquíes en general, puesto que las internas del servicio doméstico son un colectivo al que es particularmente difícil acceder. Además hay que tener en cuenta que los inmigrantes no sólo son objeto de atención por parte de investigadores sociales, sino también de técnicos de organizaciones no gubernamentales, evaluadores de programas de inserción laboral, periodistas, alumnos en prácticas, etcétera. El panorama podemos completarlo con las dificultades de los inmigrantes para acceder de modo normalizado a los servicios sociales y sanitarios de la comunidad receptora, o con las condiciones de marginación en que viven muchos de ellos. Tenemos, en definitiva, una población que recibe muchas solicitudes de información para conocer su situación, pero en un contexto de clara desigualdad en el acceso a los recursos. Eso hace imprescindible reflexionar sobre los fines sociales de la investigación. Por eso en la práctica creo que hay que combinar el esfuerzo por localizar y entrevistar a la población, con la preocupación por la utilidad social de los resultados. Abundando en esta idea, no es habitual hacer referencia a componentes actitudinales Comentarios y respuesta a ‘sesgos de medida y problemas de muestreo en las ... 223 cuando se revisan los aspectos metodológicos del muestreo. Sin embargo, elementos tales como la tenacidad o la tolerancia a la frustración también tienen un impacto en el desempeño del trabajo de campo. La supervisión directa del equipo de encuestadores a medida que se realizan y obtienen los cuestionarios garantiza un estándar de calidad. Una adecuada divulgación de los resultados -que implique devolver información a participantes y colaboradoreses la mejor forma de preparar el terreno para posteriores estudios. E informar a posteriori a aquellos que declinaron participar es un procedimiento práctico con el que combatir el recelo a ser entrevistado. En definitiva, el trabajo de campo debe estar presidido por la idea de que no es la última encuesta que vamos a realizar, y -consecuentementeel interés de no “quemar” los recursos de futuras investigaciones. Sobre la utilidad social de nuestros resultados volveremos en el último apartado. (b) Deseabilidad social En segundo lugar, el profesor Medina hace una excelente glosa de los sesgos que puede introducir la tendencia a la deseabilidad social en estas poblaciones. En efecto, los encuestados pueden mentir sobre su situación socio-económica pensando en las consecuencias que podrían derivarse de sus respuestas, y dependiendo del rol que se atribuye al encuestador. Coincido con sus comentarios cuando deja entrever que estos problemas no son exclusivos de las poblaciones inmigradas, o cuando sugiere (a) tratar de modo explícito los problemas de deseabilidad en los análisis, con ítems diseñados para ello, (b) estudiar de modo sistemático la sinceridad en diversos grupos étnicos, y (c) aplicar procedimientos de triangulación metodológica. La observación natural de encuestadores y mediadores durante el desarrollo de la encuesta es otra fuente de validez en la aplicación de cuestionarios. Para llevarlo a la práctica puede realizarse un diario del trabajo de campo, o bien incorporar un apartado de observaciones al final de la entrevista. La observación directa es una vía de contraste de las condiciones de vida que declara el entrevistado: a través de ella pudimos comprobar, por ejemplo, en uno de los estudios mencionados, que dos mujeres marroquíes que afirmaron trabajar en el servicio doméstico se dedicaban en realidad a la prostitución. (c) Muestreo en bola de nieve Como apunta Alejandro García Macías, el muestreo en bola de nieve se utiliza habitualmente para constituir una red social, y no una muestra. Hemos señalado los problemas de representatividad de las encuestas con inmigrantes. Las características de las poblaciones desplazadas y las condiciones de asentamiento son tan diversas, que entraña una gran dificultad extraer generalizaciones simples sobre el proceso migratorio. Son muy frecuentes los trabajos que se limitan a un grupo particular, en un momento y lugar determinados. Y el muestreo intencional es más habitual que el de carácter aleatorio. El estudio-tipo consistiría en un análisis de los antecedentes de la adaptación psicológica en un pequeño grupo de inmigrantes de la