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La Semana Santa en la poesía sevillana

Caro Romero, Joaquín

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LA SEMANA SANTA ENLA POESIA SEVILLANA * po JOAQU!N CARO ROMERO A la ho a de elegi el ema de la lección inaugu al del cu so de es a R ea l Academia de Buenas Le as, me incliné po el de la Sema- na San a en la poesía se illana como ecue do a un buen «amigo de la poesía y de los poe as», como lo llamó nu es o compañe o don Luis Jiménez Ma os. Un «amigo de la poesía y de los poe as» del que se cumplen ya dos décadas de su mue e y al que es a Real Co po ación inde homenaje a su memo ia anualmen e con la con o- ca o ia, el allo y la edición en Adonais del p emio que lle a su nom- b e: don Flo en ino Pé ez-Embid, miemb o que ue de es a Acade- mia. Pe o a o o amigo de la poesía y de los poe as -y poe a él mis- mo -le hubie a gus ado es a p esen e en es e ac o de ape u a. pues du an e má s de ein a años es u o inculado a es a Doc a Casa, don- de llegó a ocupa el ca go de Vicedi ec o . Su ausencia cons i uye pa a noso os un acío eno me. Me es oy e i iendo a don Ca los Ga cía Fe nándcz, compañe o del alma. El me dio la bien enida a es a Academia ha ce ca o ce años, como an es lo había hecho con don Juan de Dios Ruiz-Cope e. Don Ca los nos dijo adiós la semana pa- sada pa a i a euni se co n el Al ísimo. que lo end á ya en su glo ia, esa glo ia que nunca se ma chi a. • Di~cu so de ape u a dd cu so 199. -9 5. p onunciado en la s es ión pública del 7 de oc1uh c de 199. po el Académico Excmo. S . D. Joaquín Ca o Rom e o. 48 JOAQUIN CARO ROMERO ----------- ---'- ------ -·----- - - Ames de aden a nos en el ema de es a di se ación debemos ha- ce unas conside aciones sob e poesía eligiosa. La poesía eligiosa -aunque oda poesía en el ondo y en la aspi ación lo s ea- es una uen e emá ica inago able. De s de el poema de «Mío Cid», a o es el poe a español que no haya ca n ado a Dios, y quien dice a Dios dice a la Vi gen y la co e ce les ia l. Y no es po que la e sea un ema li e a- io, sino una condición como bien se echa de e po pa e de odos. La «O ación de Jimena» en el poema de «Mío Cid» es la mues a de poesía eligi osa más emo a que conocemos en lengua española. Pe o, en in, no es mi p opósi o emon a me an al o, ni siquie a ceñi me a las más al as cúspide s: San Juan, Lope, San a Te esa, Ca lde ón ... Alguien ha dicho que «el poe a - de spués del sace do e- ha ecibi- do en odos los iempos la misión de da espues a na u al a la llama - da de Dios. La poesía eligiosa es Ja mani es ación li e a ia más an i- gua y pe du able en las li e a u as conocidas y ma ca siemp e el pun- o de <ma nque de esos pe íodos espe anzados y c ecien es que cono- cemos con el nomb e ele enacimien o». En España la poesía sag ada u o sus al zas y sus bajas en el me - cado de odas las edades. En España la poesía sag ada, as una lagu- na de dos siglos demasiado isib le dada su eno me pujanza en el ba oco, co b ó signo de au en icidad pa a sensibilidades inas y des- pi e as a inales de los años ein a, excep uando, cla o es á, lo que se ha ll amado la «p o es an e eli giosidad>> de Miguel de Unamuno y la eligiosidad « aga y neblinosa» de An onio Machado. Es innegable, sin emba go, el in lujo unamuniano. Es imponen e su «C is o de Ve- lázquez». Re co dando las palab as de un an ólogo, se ha hablado de Dios en el seg undo e cio de es e siglo «Con ciega sobe bia que que- ía dis aza se de e n añable humanidad, con g an desco no ci mi en o de las e dades eológicas. Y se ha hablado de Dios pa a ha ce ala - des de al a de e y de sensacionalis a o igina li dad». G andes poe as, a aíz de la e minación de la gue1Ta, des ia on sus oces hacia el emendismo, hacia la angus ia exis encial. Hicie on una poesía e - belde, de clamo , pe o eligiosa en po encia. Caso ípico, po ejem- plo, el de Bias de O e o con su «A ngel ie amen e hum ano» O el de León Felipe. Es en plena República, en 1931, d on de hay que busca el p ime b o e con empo áneo au én ico de poesía eligiosa. Es á en el lib o «Viac u cis», de Ge a do Diego, quien se duele en el p ólogo de que las «di icul ades c on que opezaba el a is a en aquel iempo pa a a a un e na eligioso e an m ás que nunca c ecidas». LA SEMANA SANTA EN LA POES!A SEVILLANA 49 -- ---- - - - -- --- - - ---- - - Su gen g upos de poe as sace do es. El pad e Félix Ga cía, he e- de o de ay Luis de León, había dado a la imp en a, ecién e mina- da la con ienda, un lib o in e esan e i ulado «Ro o casi el na ío». Jo ge Blajo , poe a y eligioso ambién -cualidades indispensables, según Paul Claudel, pa a log a una au én ica poesía eligiosa- se da a conoce con «Homb e in e io » y « La ho a sin iempo». Ci a é solo nomb es que me pa ezcan de cie a impo a ncia en es e encua- d e de la lí ica sace do al: Juan Bau is a Be án, Ca los de la Rica, Jesús Tomé, José Luis Ma ín Descalzo, José Sie a Co és y, a mi juicio, el más impo an e de odos: Julio Ma u i, que ing esó en la O den Ca meli a con el nomb e de ay Cas o del Niño Jesú s. Julio Ma u i es á en e los lau eados de Adonais y ganó muy jo en el P e- mio Nacional de Li e a u a. Hace muchos años que no sé nada de él. Lle a lo menos es décadas sin publi ca nada e igno o si con inúa esc ibiendo, incluso si i e. En e las g andes oces eligiosas del siglo no quie o deja sin menciona a José Luis Hidalgo, José Ma ía Val e de, José Ga cía Nie o, Ca los Bousoño, Dámaso Alonso, Leopoldo Pane o, Lu is Ro- sales, Ra ael Sánchez Mazas, Vic o iano C éme , José Luis P ado Noguei a, José Ma ía Pemán, Vicen e Gaos, Concha Lagos, Julio Ma- iscal. .. Al lado de es a poesía eligiosa, an inculada po su espí i u a la del Siglo de O o, clásica ambién y de una eno me majes ad de con- enido y o ma, exis e o o ipo de poesía más popula , más accesible al pueblo y a los no iniciados: me es oy e i iendo aho a a una poesía más localis a, casi absolu amen e localis a, a una poesía de ascen- dencia meno , de alo aciones nega i as ue a de los lími es de o i- gen. Es una poesía que, sal o con adas excepciones, cae en un es e i- cismo mal dige ido, al se icio de lo con encional, espec acula y ópico. No es que yo c ea que la can e a lí ica de la Semana San a de Se illa es á ya ago ada. Los modelos olcló ico- eligiosos se epi en has a la saciedad en una desquician e oleada de alienaciones p im a- e ales. Reco demos el diálogo en e Don Quijo e y el Caba ll e o del Ve de Gabán: «La poesía, seño hidalgo, es como he mosa doncella ie na y de poca edad y en odo ex emo he mosa, a quien ienen cuidado de puli y ado na o as muchas doncellas, que son odas las o as ciencias, y ella se ha de se i de odas, y odas se han de au o iza con ella; pe o es a al doncella no quie e se manoseada, ni aída po las ca lles, ni publicada po las esquin as de las plazas, ni po los incones de los palacios. Ella es hecha de una alquimia de al 50 JOAQUIN CARO ROMERO i ud, que quien la sabe a a la ol e á en o o pu ísimo <l e ines i- mable p ecio». Lle a azón Ce an es: la poesía es como una donce- lla que no se debe manosea . De ahí que la poesía sea la más mino i- a ia de las a es. La poesía es esencialmen e mino i a ia. Siemp e lo ha sido. Manuel Machado se ha ap oximado al ema de nues a Semana San a de una mane a ocasional, sin sen a ninguna base en su ob a. En uno de sus au o e a os dejó bien cla a su iliación: «Con Mon - ma e y con la Maca ena comulgo ... » Y a la Espe anza Maca ena dedicó un sone o que io la luz en 1937. Al año siguien e, publicó su poema «La sae a ». Ambas composiciones o ma ían luego pa e de su poema io eligioso, que sald ía en edición pós uma con el í ulo de «Ho a io». Aho a Manuel Machado a a iesa una e apa de esu gi- mien o, con la apa ición <le su «Poesía de gue a y posgue a» y de sus «Poesías comple as». Más jo en que Manuel -sie e años de di e encia -, Fe nando Villalón se a a decla a ambién maca eno en uno de sus «Ro man- ces <le! 800». El maca enismo del poe a, nie o de Jos ma queses de San Gil, ue c eciendo po aquella moci a di ina que enía su sede en San Gil. Villalón humaniza a la Vi gen de la Espe anza con una au - dacia y un sen ido del humo an de licado y en e necido que pa ece que se di ige a una mozuela del ba io. Quizá Lope de Vega hubi e a esc i o así. an signado po la g acia, de habe nacido en Se illa, aunque poco le al ó. Has a e la ep oducida en g an edición de Jacqucs Isso el yo no conocía la oda «A la Vi gen de la Maca ena », que o m a pa ce de las « Poesías inédi as» de Fe nando Villalón, cuyo ingenio jo - coso se pone de mani ies o o a ez en el molde es ó ico de la li a, donde sale a eluci has a el Ta o y el Go di o, el ba be o y el cu a. El ex o co ns i uye una o igina l es am pa cos umb is a po la que as oma esa «ce lo sa mo ena / que echa ía i iolo/ en el os- o a su P epe o su Manolo ». Hoy se nos an oja i epe ible la de li - ciosa es am pa de colo ido, paz, equilib io, sencillez y b onanza que Villalón aslada an g aciosam en e de lo i o a lo pin ado: «Tu cu a dice misa / y se sien a a cha la con el ba be o / en mangas de camisa./ Echa alpis e al jil gue o / y se come anquilo su pu- che o». O o de los poemas maca enos de Villalón, apa e del que dedicó a los a maos, es el que iene po p o agonis a a un o e illo que, mon- ado en los opes ele un en, le p ome e a la Vi gen: «Cuando yo LA SEMANA SANTA EN LA POES IA SEVILL ANA 51 o ee en Mad id, I e comp a é una co ona / y un man o de ca mesí / que no puedan seis pe sonas /me e lo en u cama ín». Cuán a Maca ena y cuán a Se illa ha y en la ob a de Villalón. Como esc ibió su ilus e p imo Manolo Halcón «S u ciudad ue Se i- lla ». Solo un poe a como él podía encon a ma e ia lí ica en el Me - cado de la Enca nación o en el p egón de las ac ei unas. La isión maca ena de Villalón dis a mu cho de la con encional y ópica y no le encuen o pa angón con ninguna. ¿Es posible esc ibi un poema en Se ill a mien as pa sa una co adía? Fe nando Villalón esc ibió uno en la pl aza de San F ancis co en 1926 donde no al a la palab a Maca ena. Dos años más jo en que Villalón e a Felipe Co ines Mu ube, un impo an e poe a mode nis a andaluz, doc o en De echo, nacido en Los Palacios, que se ca eaba con Unamuno nada menos. El poe a y p o eso Jacobo Co ines publicó hace diez años una selec a an olo- gía de su ob a poé ica, p ecedida po un magní ico es udio. La edi- ción cons aba de mil ejempla es nume ados (el mío es el 167) y se ago ó ápidamen e. Coincido po comple o con la opinión de Jaeobo Cm ines cuando es ima que «pa a los que esc i ben sob e Se illa, suele se Ja Semana San a ema obligado y p edilec o a la ez. En o no a e ll a se ha c eado una abundan e li e a u a de ca ác e local que cae gene almen e en el ópico del se illanismo. Di ícil es, po an o, pa a un esc i o que abo de el ema, lib a se de los luga es comunes de la al li e a u a. Co ines Mu ube a a el ema de la Semana San a( ... ) y la isión que de ella o ece, aunque pa icipa de Jo an e io men e dicho, es la del homb e cul o que cap a con hondu a la belleza que encie a al mani es ación popula y sabe exp esa l a, p o o a pa e, con emoción eligiosa. ( ... ) El ema de la Se mana San a no se qu eda en los lími es de un cos umb i smo que busca lo pin o esco, sino que esponde a una id en i icación con el espí i u de la ciudad en su lado se io y cul o a la ez que popula ; y aunque ya no apa ezca es e ema en o os lib os de e sos, la Semana San a se illana se á en años pos e io es mo i o de nume osos poemas y a ículos que se publica- ían en su mayo ía en las páginas de las e is as dedicadas a ena l e- ce es a mani es ación a ís ico- eligiosa del pu eb lo se i ll ano». O o poe a poco y mal conocido ac ualmen e es Fe nando de los Ríos y Guzmán, sob i no de Bl anca de los Ríos, nacido en Se illa el 31 de mayo de 1886. Tu o una exis encia aza osa y desg aciada. Yo ll egué a a a le de una mane a muy supe i cial en Alcalá de Guada i- a. de donde e a c onis a o icial. Fu e académico p eeminen e de la 52 JOAQUIN CARO ROMERO --- Real Academia Se illana de Buenas Le as. Mi maes o Ra ael La- ón, cuya acan e engo la hon a de ocupa en la Academia, le pidió a don Fe nando, en la p ima e a de 1943, que con es a a a su discu - so de ing eso, que a ó sob e «Dos oman icismos: Esp onceda y Bécque ». La ob a li e a ia de Fe nando de los Ríos - ue amb ién pin o - es inmensa y anda muy dispe sa. A dua a ea se ía euni la en e a. Debe habe bas an e ma e ial inédi o, apa e de muchos ex os diseminados en publicaciones como la Re is a F anco-Española, Bé- ica, Andalucía, La Exposición, El Libe al... Na u almen e, cul i ó el ema de la Semana San a en su poesía den o del más pu o clasicis- mo, demos ando sabe se el o icio de poe a que a sus soledades a y de sus soledades iene. Del año 1957 es el lib o «Sae as», de Juan Rod1íguez Ma eo, poe a nacido en Co ia del Río el 31 de diciemb e de 1889, que desde 1946 e a académico de núme o de la Real Academia Se illana de Buenas Le as, a cuya jun a de gobie no pe eneció en calidad de sec e a io. Fue ambién p esiden e de la sección ele Li e a u a del A eneo hispa- lense. Rod íguez Ma eo ue la pe sona más bondadosa e indulgen e que yo ecue do den o del complejo g emio de las le as. Su p ime lib o -de los más de ein a que io imp esos- se publicó en 1921. Poe a de acend ada idelidad, oz cuila del campo andaluz, can o del Alja a e y la ma isma, de sus adiciones y de ociones, cuyo «en- añable popula ismo ue hace ya muchos años pues o de elie e po Manuel Machado », como nos eco dó en un p ecioso y p eciso p ó- logo a su úl ima selección de poemas, i ulada «Espigas», el p o eso En ique Mo eno Báez. No sé si Manuel Al a conoce la ob a de Rod ígu ez Ma eo, que es muy digno de igu a en una nue a edición de su a ado an ológi- co de «Poesía española dialec al», pues es e «Hijo P edilec o y P e- cla o de la Villa de Co ia del Río» demues a se uno de nues os mejo es poe as dialec ales. Desde aquí ei indico la memo ia de es e ie no y ol idado jugla , que en sus años mozos eci aba e sos po las abe nas de su pueblo y que de niño enía «en su bo iquillo a ende u as a Se illa». En su lib o «S ae as» podemos encon a un amplio mues a io de loo es a la mayo ía de las imágenes p ocesionales se illanas. Un poe a sob e el que se uel en a de ene los es udiosos, que muy abandonado le enían, es Ad iano del Valle. Nació en Se illa en 1895, en la calle Sie pes, guiñándole un ojo a la de Ce aje ía y jugando al escondi e con Rioja. Es bau izado en la Jglesia pa o- LA SEMANA SANTA EN LA POESIA SEVILLANA 53 -- ·· - · ----- -- -- quia] de la Magdalena, donde c is ianiza on a Mu illo. Ad iano se asomó a la ida con signáculo de p edes inado. Las imposiciones de un des ino labo al - ue ep esen an e de maquina ia ag ícola- le obliga on a desplazamien os cons an es po den o y ue a de Es - paña. Reco ió muchos países, en e ellos I alia, F ancia, Po ugal, Ma uecos ... A los ein iún años, sus ojos había aca iciado los más di e sos paisajes. Ins i uye en 1918, en su ie a na al, el ó gano li e a io angua dis a «G ecia», con Isaac del Vando-Villa y Luis Mosque a. Casi dos lus os después, en Huel a -donde conoce ía a la mad e de sus sie e hijos-, unda con Fe nando Villalón y Ro- gelio Buendía la e is a «Papel de Aleluyas». Ad iano c ece, p o- duce, se ep oduce. Con inúa sumando éxi os. Ob iene dos P emios Nacionales de Li e a u a: en 1933 y 1941. Y ecibe el p emio «Ma- iano de Ca ia» de 1943 po un a ículo sob e la Semana San a se illana i ulado «S ella Ma u ina». El alo y la ue za de la poesía de Ad iano del Valle eside en su ex ao dina io pode ío e bal, que odo lo esis e. Con azón dijo Dá - maso Alonso: «G an a e es e de a o men a , de iolen a el idioma, en ance de pa o a cada palab a. Puede se que, desde don F ancis- co de Que edo, nadie haya salido an a en ajado en él como Ad iano del Valle». Guille mo Díaz-Plaja e oca su p ime encuen o con el poe a en los siguien es é minos: «Se me apa eció, la p ime a ez, Ad iano del Valle, en Se illa -en su Se illa-, en la p ima e a de 1940 (¿o de 1941 ?), y, cla o es á, po Semana San a. (. .. ) Me o ecía, gen ilmen- e , esa doble es ampa de su igu a, que ya se había hecho ípica. Daniel Vázquez Díaz le había e a ado, o a con oga de empe ado omano, o a con a uendo de picado de o os». ¿Igno aba u ol idaba Díaz-Plaja que Vázquez Díaz ambién e a ó al poe a con hábi o de la O den Me ceda ia? La Semana San a se illana inspi ó al p odigioso Ad iano p ec io- sas joyas en p osa y en e so. La Maca ena, la Ama gu a y la Vi gen del Valle e an las es p incipales imágenes de su numen y su de o- ción. Solo es meses más jo en que Ad iano del Valle e a Ra ael La- ón, pues nació ambién en 1895, no en 1900, como se c eía. Po la ob a de es e «Góngo a se illano» de nues os días ci cula cie o ca- ác e que ha sido cali icado de «se illanismo esencial», de «se illa- nismo ó ico», an ípoda del se illanismo de pande e a. Su monumen- al «Discu so de las Co adías de Se illa», publicado hace más de 54 JO/ QUIN CARO ROMERO medio sig lo , no ha pe dido su ac ualidad, su incandescencia, su pode- osa g a i ación. Cabe explica se el milag o. La ob a de La ón ebosa un ba oquismo esplénd id o y genuino. Su p oducción li e a ia ha es ado casi siemp e o ien ada po lo s clási- cos. Su e bo exp esa un «bu ilamien o» de acusada o denación co n- cep ual. Su ba oquismo, en el aspec o ideológico, con as a con el ba oquismo del XVII en que no se opone a cánones enacen is as. El p ime o en insis i en su «condición de a is a ba oco» ha sido el pad e Schockel, que lo e ique a de «neoba oco». El p opio poe a con esó que a ese ba oquismo quizá debe conside á sele en unción de Se illa, de lo se illano; «de ello esul a ía una luz especial, un especial en endimien o. Si se mi a Jo ba oco como un en endimien- o, ese desbo damien o iene en Se illa un «bo de» p óximo, de g a - e en idad: Jo clásico. Es la cu a de la G acia». Su «Discu so de las Co adías» es un majes uoso mues a io de has a dónde pu eden ascende las palpi aciones de un co azón legí i- ma e in eligen emen e se illano. A los naza enos de la Espe anza Maca ena los cali ica de «co ades inspi ados»; a la llama emblo osa del ci io la descub e bailando «como una danza ina a quien le que- man los pies»; eco e las calles de Se illa y comp ueba que Ja ciu - dad espi a po «el do ado pulmón de la p ima e a»; goza de la «Co - e sía - co esanía- » del Jue es San o; an e una imagen del San Juan E ange li s a, de Hi a del Cas illo, ad ie e la «yux aposición ma a i- llosa de los ímpe us de p oseli ismo del Hijo del T ueno a un he oico designio de caudillo español»; se ocupa de esa «made a exp esi a» donde hipe boliza on sus do es magis ales los imagine os, quienes encon a on en ella « ib ación de músculo y sang e, o ganismo de emoción y diálogo», no ya pa a sus inspi aciones, sino pa a sus ide- lidades - y inalidades- a ís icas; la candele ía de cualquie paso de nues as Dolo osas se le an oja un ó gano celes e hacia cuyo « e- clado imagina io» ienden sus manos esas desconsoladas Ví genes pa a «in e p e a la sona a pa é ica de « Los sie e p111iales e 11 el co azón». No se con unda aquí ba oquismo con men alidad ba oca. Es e- mecedo poema su «Lección de c uz», donde C is o es una «Ve dad de cla o pasado». Den o de es e mismo omance ad ie e el p o eso López Es ada que el poe a desea «a ae a los a í ices que mejo han ele en ende en su e ocación poé ica de las manos y pies san- g an es del Seño , y en onces llama a los o eb es a a és de una honda asociación en e la belleza exp esada y el abajo delicado: Venid, O! eb es: mi ad/ es a labo de ma illo». LA SEMANA SANTA EN LA POESIA SEVILLANA 55 Las décimas a «Los es c uci icados» -Jesús, Dimas, Ges as- bien pudie on inspi a se en ese C is o de Ja Salud, de la Ca e e ía, o en el C1is o de la Con e sión del Buen Lad ón, de Mon se a . O a pieza p odigiosa es su sone o «A Jesús del G an Pode , en sus andas de la mad ugada». O a pe ec a mues a de acen uado ba oquismo. El molde del endecasílabo ya no admi e esquicio con- cep ual posible; los epí e os o malizan igo es de ma ización; las p e- posiciones eje cen una unción coo dinable; el e bo luye pode oso, su icien e. En la composición, con a iamen e a lo que e a de espe a , no se islumb a el meno én asis. No hay an í esis, g adaciones o epi onemas. En dos ocasiones solamen e se u ilizan ocablos esd ú- julos. mien as que los agudos o ecen el coe icien e de una docena. Con empo áneo de La ón. el poe a Juan Sie a ue el úl imo su- pe i ien e del g upo undacional de «Mediodía». A pun o es aba de cumpli los ochen a y ocho años cuando mu ió. Había nacido el 20 de diciemb e de 1 901 en la Plaza Nue a. Es un poe a muy a ene en cuen a. Esc ibió y publicó poco. Pe o es o no menoscaba su iden i- dad c eado a. El legado a la pos e idad sue le educi se a un conjun o de poemas. a eces a uno so lo. Y pienso en el caso del au o de la «Epís ola Mo al» que, as siglos de anonima o y alsas a ibuciones, lo hemos ecupe ado pa a siemp e como And és Fe nández de An- d ada. Los lib os publicados po Juan Sie a se pueden con a con los dedos de una mano: son cua o en e so y uno en p osa. A sabe : «Ma ía San ísima» (1934), «Palma y cáliz de Se illa» (1944), «Cla i- dad sin echa» ( 1947), «Alamo y ced o» ( 1982) y «Se illa en su ciclo» (1984). Puede obse a se que en e la publica ción del e ce o y el cua o lib o hay una laguna de ein a y cinco años de silencio. Bueno, de silencio ela i o pues Juan Sie1 n publicaba de ez en cuando a ícu- los y poemas en pe iódicos y e is as. En li e a u a -y en odo, qui- zá- es p e e ible calla se an e la duda o el con encimien o de da un paso en also. Pa a es o hay que posee ol a o au oc í ico, un sen- ido del que la mayo ía ca ece. L os decli es de in ensidad son e- cuen es, po lo gene al, en poe as de p oducción ex ensa. Los o os, los de ob a b e e -Bias de O e o, Ca a is, el p opio Sie a, sal an- do las dis ancias, e cé e a-, suelen se más o undos, de alo es más condensados y pu os, y de mayo alcance y iqueza. Yo p e ie o an- es la poesía sob ia qu e la que se de ama en exube ancia. La ob a de Juan Sie a se halla en e la sob iedad y el lujo bai n- co. Ob a encla ada en su iempo, que es el de la gene ación del 27.