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VINCULOS DE APEGO CON LOS PADRES Y RELACIONES CON LOS IGUALES DURANTE LA ADOLESCENCIA Inmaculada Sánchez-Queija y Alfredo Oliva Universidad de Sevilla Correspondencia con los autores: Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Psicología. Universidad de Sevilla. Avda San Francisco Javier, s/n. 41018. Sevilla.
2 VINCULOS DE APEGO CON LOS PADRES Y RELACIONES CON LOS IGUALES DURANTE LA ADOLESCENCIA RESUMEN Las interconexiones entre diferentes tipos de relaciones sociales es un tema que viene suscitando mucho interés entre los investigadores del desarrollo social. En el presente artículo analizamos la relación que existe entre el recuerdo de los vínculos de apego que los adolescentes establecieron con su padre y/o madre y el tipo de relación que mantienen con sus iguales. Los resultados muestran que aquellos que recuerdan relaciones con sus progenitores basadas en el afecto, la comunicación y la estimulación de la autonomía son quienes mejores relaciones afectivas desarrollan con los amigos en general o con el mejor amigo en particular durante los años adolescentes. Al mismo tiempo encontramos que aunque existe bastante coincidencia entre el vínculo que el adolescente establece con el padre y con la madre, en los casos en que el vínculo no coincide, basta con que exista un vínculo seguro con uno de los dos progenitores para que exista una relación positiva con los iguales. Palabras clave: Vínculo de apego, relaciones entre iguales, intimidad, adolescencia, relaciones padres-hijos
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4 INTRODUCCIÓN Si a lo largo de todo el ciclo vital las relaciones con los iguales juegan un papel fundamental en el desarrollo y bienestar psicológico de los seres humanos, durante la adolescencia, y en la medida en que chicos y chicas se van desvinculado de sus padres, las relaciones con los compañeros van ganando importancia, intensidad y estabilidad, de tal forma que el grupo de iguales va a pasar a constituir un contexto de socialización preferente y una importante fuente de apoyo. Igualmente, el amigo íntimo irá ganando importancia sobre otras figuras de apego, y a partir de la adolescencia media se convertirá en la principal figura de apego, de forma que el apoyo emocional y la intimidad será una característica esencial de las relaciones de amistad (Hartup, 1992, 1993; Allen y Land, 1999; Oliva, 1999). Durante los años de la infancia la familia representa el contexto de desarrollo más importante, sin embargo, tras la pubertad tendrá que compartir con el grupo de iguales su capacidad de influencia, hasta situarse en muchos casos en un segundo lugar (Savin-Williams y Berndt, 1990; Larson y Richards, 1994; Harris, 1995). La importancia que estas nuevas relaciones tienen para el desarrollo adolescente queda reflejada en los numerosos estudios que encuentran una fuerte asociación entre el hecho de tener unas buenas relaciones de amistad durante la adolescencia y una alta autoestima o una mayor satisfacción vital (Robinson, 1995; Chou, 2000), un menor riesgo de mostrar problemas emocionales o de conducta (Berndt y Savin-Williams, 1993; Cauce, Mason, Gonzales, Hiraga y Liu, 1994; Garneski y Dickstra, 1996; Coiee y Dodge, 1997, Chou, 2000), o un mejor ajuste escolar (Berndt y Hawkins, 1987; Miller y Berndt, 1987). Por lo tanto, los beneficios derivados del establecimiento de relaciones con los iguales son evidentes, y parece claro que aquellos adolescentes que muestran una mayor competencia para
5 establecer relaciones con los compañeros presentan un mejor ajuste emocional y conductual. También existe un cierto consenso entre investigadores respecto a los antecedentes o factores que parecen influir en el desarrollo de la competencia social, ya que la calidad de las relaciones establecidas con los padres suele ser destacada como el factor más influyente (Berlin y Cassidy, 1999; Musitu, Buelga, Lila y Cava, 2001). Algunos autores han apuntado a la existencia de una cierta compensación entre las relaciones con los padres y las relaciones con los iguales, de forma que aquellos chicos y chicas que encuentran un menor apoyo emocional en su familia se vincularían de forma más estrecha con sus compañeros (Steinberg y Silverberg, 1986). Sin embargo, la mayor parte de los estudios apuntan en sentido contrario, y son aquellos niños y adolescentes que han establecido mejores vínculos afectivos con sus padres quienes se muestran más competentes para establecer relaciones estrechas con sus compañeros (Furman y Wehner, 1994; Brown y Huang, 1995; Freitag, Belsky, Grossmann, Grossman y Scheuerer-Englisch, 1996; Shulman, Laursen y Karpovsky, 1997; Allen, Moore, Kuperminc y Bell, 1998). En la familia se aprenden patrones conductuales, estilos relacionales y habilidades sociales que posteriormente se generalizarán a otros contextos de desarrollo como el grupo de iguales. Esta asociación entre ambos tipos de relaciones puede entenderse desde distintos enfoques teóricos, así, para la teoría del aprendizaje social niños y niñas adquirirían estas habilidades sociales a través del modelado y la imitación de los comportamientos de sus progenitores (Bandura, 1977). Sin embargo, y sin negar la influencia de los procesos de imitación, la teoría del apego ofrece una explicación más completa y que ha dado lugar a un importante número de investigaciones. Tanto Bowlby (1979) como Ainsworth (1989) apuntaron la importancia que tienen los vínculos de apego establecidos con los padres
6 durante la infancia para el establecimiento de posteriores relaciones afectivas, de forma que aquellos niños y niñas que establecieron relaciones de apego seguro con unos padres que se mostraron cariñosos y sensibles a sus peticiones, serán más capaces de establecer relaciones con los iguales caracterizadas por la intimidad y el afecto. El mismo Bowlby (1979, 1980) hizo referencia a los mecanismos que subyacen a esta asociación causal entre el tipo de apego infantil y las posteriores vinculaciones emocionales: los modelos representacionales. Se trata de representaciones mentales, generadas en la primera infancia a partir de la interacción con los padres o cuidadores principales, que incluyen información sobre sí mismos, la figura de apego, y la relación entre ambos. Es decir, una idea de quiénes, y cómo son sus figuras de apego y qué pueden esperar de ellas. Con este modelo representacional como base, niños y niñas, y posteriormente adolescentes, se enfrentan al resto de relaciones interpersonales que establecen, de manera que la forma de relación establecida con las figuras de apego influirá en otras relaciones, entre ellas las que se establecen con los iguales. Así, los sujetos que establecieron un vínculo y un modelo representacional seguro con unos padres o cuidadores que se mostraron sensibles y responsivos desarrollarán una actitud básica de confianza en las personas con las que se relaciona. Por el contrario, las experiencias negativas de rechazo, inconsistencia o falta de atención llevarán a otros sujetos a tener unas expectivas igualmente negativas en sus relaciones sociales posteriores ( Hazan y Shaver, 1987; Mayseless, Sharabany y Sagi, 1997). Schneider, Atkinson y Tardif (2001) realizaron un metaanálisis con 63 investigaciones en las que se analizaba la relación entre el apego establecido con los progenitores y las posteriores relaciones con los iguales. De los resultados de este metaanálisis caben destacar tres aspectos. De una parte, a nivel metodológico, no aparecen grandes diferencias en los resultados entre aquellos estudios que realizan un seguimiento
7 longitudinal de los niños cuyo vínculo con el cuidador fue evaluado en la primera infancia, y aquellos que utilizan un modelo transversal, evaluando el recuerdo o modelo representacional del vínculo establecido y la relación con los iguales en el mismo momento. De otra parte, y a nivel conceptual, encontraron más continuidad entre el apego a progenitores y el vínculo con el mejor amigo o amiga que con las relaciones con el grupo de iguales, lo que apoya la idea tanto de Bowlby (1979) como de Ainsworth (1989), de que la capacidad predictiva del vínculo de apego se aplica principalmente a las relaciones afectivas estrechas. Un último aspecto a destacar de este metaanálisis es la constatación de que los estudios que se realizan en este sentido se refieren fundamentalmente a la madre y poco sabemos del papel del padre. Efectivamente, son escasos los estudios en los que se tiene en cuenta el vínculo establecido con ambos progenitores. Por ello, es interesante reseñar el trabajo de Fox, Kimmerly y Schafer (1991), quienes en un metaanálisis sobre 11 investigaciones encuentran una alta coincidencia entre el tipo de vínculo de apego establecido con ambos progenitores, aunque también hay estudios que encuentran que un niño puede formar distintos tipos de apego con distintos cuidadores (Goossens y Van Ijzendorn, 1990; Howes y Hamilton, 1992). La concordancia puede deberse a la influencia que ciertas características temperamentales del niño pueden tener sobre el establecimiento del tipo de apego (Kagan, 1982), o a la semejanza entre los valores y prácticas de crianza de los cuidadores (Fox et al., 1991). Sin embargo, hay que recordar que de acuerdo con el concepto de Bowlby de monotropía, los niños suelen tener una principal figura de apego, generalmente la madre, y que este tipo de apego principal puede influir sobre otros vínculos, incluyendo el apego a otros cuidadodres (Bowlby, 1969; Steele, Steele y Fonagy, 1996). Los datos procedentes de estudios que han considerado el apego a ambos
8 progenitores revelan la mayor importancia que el vínculo con la madre tiene para el desarrollo de la competencia social (Howes, Rodning, Galuzzo y Myers, 1988). Con el presente trabajo pretendemos contribuir a la mayor comprensión de la relación que existe entre los vínculos afectivos que se establecieron con los progenitores y las relaciones con los iguales durante la adolescencia, distinguiendo entre la relación con el mejor amigo o amiga y la relación con el grupo de amigos cercanos o íntimos. Esperamos encontrar una relación positiva, es decir, que aquellos chicos y chicas que establecieron un vínculo con sus progenitores caracterizado por la comunicación, el afecto y la autonomía serán quienes en la adolescencia mantendrán relaciones con sus iguales más positivas. Este hecho, creemos se dará tanto en la relación con el mejor amigo o amiga como con los iguales en general. Igualmente, intentaremos aportar algo de luz a la coincidencia o no del vínculo de apego que se establece con el padre y con la madre. Desde nuestro marco teórico, muy próximo a la teoría del apego, esperamos replicar los resultados encontrados por Fox et al (1991), y que los modelos representacionales que los adolescentes han formado a lo largo de la infancia hacia padre y madre tiendan a coincidir. También nos interesa analizar cómo influye en la capacidad para establecer relaciones de amistad el hecho de que los vínculos formados con el padre y con la madre no coincidan. Por último, esperamos confirmar la hipótesis de que a lo largo de la adolescencia irán aumentado la intimidad y el apego hacia los amigos. MÉTODO Sujetos La muestra sobre la que se realizó el estudio estuvo formada por un total de 513 adolescentes (221 chicos y 292 chicas) de edades comprendidas entre los 13 y los 19 años
9 (media=15,43, y d.t.=1.19) que asistían a centros educativos públicos y privados de Sevilla y su provincia. Fueron seleccionados un total de 9 centros educativos (5 en la capital, 3 en zonas rurales y 1 en el área metropolitana) teniendo en cuenta distintos criterios: tamaño poblacional, titularidad (pública, privada), y tipo de estudios ofrecidos (1º ciclo de secundaria, Bachillerato, COU y FP), es decir, tanto colegios como institutos. En cada centro fueron entrevistados todos los alumnos de un aula correspondiente a cada uno de los siguientes niveles educativos: 2º ESO, 4º ESO, 2º BUP, COU, 2º FP y 4º FP. Instrumentos Insertos en una batería más amplia de instrumentos, los chicos y las chicas de nuestra muestra cumplimentaron un cuestionario que hace referencia a la relación con los iguales en general, otro cuestionario que evalúa la relación con el mejor amigo y un tercero que evalúa el vínculo de apego establecido con los progenitores. Como medida de la relación con el grupo de iguales utilizamos la escala de apego hacia los iguales, una adaptación de 21 ítems de la original de Armsden y Greenberg (1987), que evalúa los siguientes aspectos: Confianza (alfa = 0.83), referido a la comprensión y el respeto en las relaciones con los amigos, con ítems como “mis amigos me aceptan como soy”. Comunicación (alfa = 0.81), con el que se evalúa grado y calidad de la comunicación verbal, por ejemplo “Cuando hablamos, mis amigos tienen en cuenta mi punto de vista”. Alienación (alfa = 0.72), referido al grado en que existe aislamiento, resentimiento o alienación. Se evalúa a través de aseveraciones del tipo “contarles mis problemas a mis amigos me hace sentir vergüenza”. La escala completa obtuvo una fiabilidad de alfa = 0.70.
16 el apego hacia el grupo de iguales, de forma que los y las adolescentes con madres más sobreprotectoras son quienes informan de peores relaciones con el grupo de iguales. TABLA 2. Medias en apego hacia los iguales e intimidad con el mejor amigo en función del vínculo de apego con el padre. Tipo de vínculo con el padre Seguro Carencia Constreñido Control Frío Apego Iguales 51,57 45,88 49,57 45,62 F = 4,6771** Intimidad 184,40 174,77 182,54 175,6289 F = 2,40 * * p<0,05; **p<0,01 TABLA 3. Medias en apego hacia los iguales e intimidad con el mejor amigo o amiga en función del vínculo de apego con la madre. Tipo de vínculo con la madre Seguro Carencia Constreñido Control Frío Apego Iguales 51,11 47,35 48,50 43,71 F = 5,6199** Intimidad 185,87 174,61 181,88 174,40 F =3,4684** * p<0,05; **p<0,01
17 A continuación, realizamos un análisis similar pero teniendo en cuenta el género del adolescente. Para facilitar la lectura de la información, y puesto que no aparecen grandes diferencias si lo que analizamos es el modelo formado con el padre o con la madre, creamos dos nuevas variables: afecto y sobreprotección de los progenitores. Para ello, realizamos la media de las variables afecto recordado de la madre y afecto recordado del padre por un lado y, sobreprotección que recuerdan haber recibido del padre con sobreprotección recordada de la madre por otra. A continuación, hallamos las correlaciones entre estas dos variables (afecto-sobreprotección) y las puntuaciones con apego a iguales e intimidad. Los resultados del análisis se muestran en la tabla 4 TABLA 4. Tabla de contingencia entre el vínculo con el padre y con la madre (en cursiva los residuales tipificados) Vínculo con la madre Seguro Carencia Constreñido Control frío Vínculo con el padre Seguro 68,5% 8,4 23,8% - 1,5 23,8% - 2,0 5,7% - 5,8 Carencia 13,5% - 1,6 52,4% 6,0 7,9% - 2,6 15,7% -0,8 Constreñido 7,9% - 2,9 0% - 3,2 50,8% 8,0 10% - 1,9 Control frío 10,1% - 4,9 23,8% - 0,9 17,5% - 2,4 68,6% 8,3 Chi cuadrado Valor Grados libertad Significatividad Pearson 186,88380 9 ,00000 Podemos observar como continúa siendo el afecto percibido en la relación con los progenitores la variable que está más relacionada con las variables de iguales, tanto en chicas como en chicos. En este caso es llamativa la diferencia de género que observamos en cuanto a la sobreprotección percibida y el apego al grupo de iguales. Mientras en los chicos van unidas una alta relación afectiva con el grupo de iguales y la estimulación de la
18 autonomía por parte de los progenitores, esa relación es inexistente en las chicas de nuestra muestra. Uno de nuestros objetivos era analizar la coincidencia entre los vínculos establecidos con el padre y con la madre, para ello, hemos comprobado el grado de solapamiento de ambos vínculos. TABLA 5. Correlaciones de Pearson entre Afecto y Sobreprotección percibida de la madre por chicos y chicas y apego hacia los iguales e intimidad tras controlar la edad del adolescente. Apego Iguales Intimidad Amigo Chicos Afecto p 0,1875** 0,008 0,23** 0,001 Sobreprotección p -0,2033** 0,004 -0,118 0,09 Chicas Afecto p 0,23** 0,000 0,1179* 0,05 Sobreprotección p -0,03 0,61 0,1069 0,078 Como observamos en la tabla 5, los residuales tipificados más elevados y positivos se sitúan en la diagonal de la tabla 5. Es decir, la coincidencia de los tipos de vínculo establecidos con el padre y con la madre es importante y significativa, siendo mayor en el caso de los vínculos o modelos seguros (68.5%) y de control frío (68.6%). No obstante, la coincidencia no es total ya que en los otros dos tipos de vínculo apenas supera el 50%. Así,
19 observamos que con cierta frecuencia existe un vínculo seguro con uno de los progenitores e inseguro con el otro. El siguiente paso para comprobar nuestro objetivo fue realizar una recodificación. La nueva variable creada, vínculo con los progenitores, está formada por tres categorías: Seguros, integrada por aquellos chicos y chicas que han establecido un vínculo seguro con padre y madre; Seguro—Inseguro, aquellos adolescentes que han desarrollado un vínculo seguro con uno de los progenitores e inseguro con el otro, ya sea porque el vínculo es constreñido, de control frío o haya carencia de vínculo; e Inseguros, categoría en la que entrarían quiénes informan de un vínculo inseguro con ambos progenitores. Las figuras 5 y 6 muestran las puntuaciones medias en las escalas de apego a los iguales e intimidad con el mejor amigo en función del tipo de vínculo establecido con los progenitores. FIGURA 6. Media de apego hacia los iguales en función del tipo de vínculo de apego establecido con los progenitores Vínculo con progenitores inseguro con am bos s eguro-inseguro seguro con am bos Apego hacia iguales 54 52 50 48 46 44
20 FIGURA 7. Media de la Intimidad con el mejor amigo o amiga en función del vínculo de apego establecido con los progenitores. Resulta evidente, la relación que en los adolescentes de nuestra muestra se observa entre el vínculo de apego con los progenitores y las relaciones de apego con los iguales (Figura 6) y la intimidad con el mejor amigo (Figura 7). Aquellos chicos y chicas que tienen un vínculo seguro con al menos uno de los dos progenitores establecen una mejor relación con los iguales como grupo (F = 9,44; p = 0,00) y una mayor intimidad con el mejor amigo (F = 7,92; p = 0,00), siendo los que presentan vínculos inseguros con ambos padres quienes obtienen las puntuaciones más bajas en ambas escalas. Tanto en apego hacia los iguales como en intimidad, las diferencias significativas se establecen entre el grupo de adolescentes que sostienen vínculos inseguros con la pareja de progenitores y los otros dos grupos, no apareciendo diferencias entre el grupo de quienes establecieron apegos seguros con ambos padres y el de aquellos que sólo lo hicieron con uno de ellos. Vínculo con progenitores inseguro con am bos s eguro-inseguro seguro con am bos Intimidad con mejor amigo/a 190 188 186 184 182 180 178 176 174 172
21 DISCUSIÓN Los datos de este estudio han revelado la existencia de importantes diferencias de género en las relaciones que los adolescentes establecen con los amigos, ya que tanto en lo referente al apego hacia los iguales como en la intimidad con el mejor amigo las chicas se sitúan claramente por encima de los chicos. Esta mayor sociabilidad femenina aparece ampliamente documentada en la literatura científica, que indica que las chicas mantienen relaciones más estrechas, cálidas y cercanas que los chicos (Martínez, 1998; Fuertes, Martínez y Carpintero, 1998; Lundy, Field, McBride, Field y Largies, 1998; Shulman, Laursen y Karpovsky, 1997). En cuanto a los cambios con la edad, apego e intimidad muestran una clara tendencia ascendente a lo largo de toda la adolescencia, lo que también coincide con lo hallado por otros estudios ( Berndt, 1996; Furman y Buhrmester, 1992; Helsen, Vollebergh y Meeus, 2000), y pone de relieve el papel creciente que los iguales van adquiriendo a partir de la pubertad como fuente de apoyo emocional. El tipo de vínculo afectivo establecido en la infancia también guarda relación con el género, ya que entre las chicas es más frecuente un vínculo de apego seguro, caracterizado por un alto afecto y una baja sobreprotección, tanto con el padre como con la madre. En cambio, entre los chicos es más frecuente el vínculo del tipo control frío con la madre (alta sobreprotección y bajo afecto). Con el padre, puntúan más alto que las chicas en el citado control frío y en carencia de vínculo (bajo afecto y baja sobreprotección). Por tanto, podemos concluir que chicos y chicas adolescentes recuerdan un trato diferencial tanto en función del género de sus progenitores como del suyo propio. Estas diferencias pueden estar basadas en los diferentes roles de género asignados a chicos y chicas. Así, mientras
22 que de ellas se espera que sean cariñosas y mantengan relaciones estrechas con sus padres a ellos se les pide que sean independientes y resolutivos (Oliva, 1999). Cuando analizamos la interrelación entre este vínculo afectivo y las variables referidas a la relación con los amigos, descubrimos que el tipo de vínculo está relacionado tanto con el apego a los iguales como con la intimidad establecida con el mejor amigo o amiga, en el sentido de que aquellos chicos y chicas adolescentes que han desarrollado un vínculo seguro con sus progenitores desarrollan también mayor apego hacia el grupo de iguales y una mayor intimidad hacia el mejor amigo o amiga. Esto es así tanto con el vínculo establecido con la madre como el establecido con el padre. Por lo tanto, se cumple nuestra principal hipótesis y se pone de relieve la importancia que tiene el establecimiento de un vínculo emocional con los padres que proporcione confianza y seguridad para que chicos y chicas puedan desarrollar la competencia social que les permita establecer relaciones estrechas con los iguales. Resultados parecidos han sido encontrados por otros investigadores (Freitag et al, 1996; Kerns, Klepac y Cole, 1996; Mayless, Sharabany y Sagi, 1997; Waters, Weinfield y Hamilton, 2000). Como Bowlby (1979) había apuntado, las relaciones de apego que los niños y niñas establecen en la infancia con sus cuidadores juegan un rol fundamental en las posteriores relaciones afectivas. Probablemente porque las interacciones cotidianas con los padres o cuidadores llevan al niño a desarrollar unas expectativas sobre las conductas que esperan de estas personas que se organizarán como modelos o representaciones cognitivas e influirán sobre otras relaciones posteriores (Berlin y Cassidy, 1999). Así, el disponer de unos padres sensibles y cariñosos facilitará el establecimiento de relaciones íntimas con los iguales. Nuestros resultados no apoyan los hallazgos de otras investigaciones que encuentran que el vínculo establecido con la madre ejerce una mayor influencia sobre la competencia social que el vínculo con el padre
23 (Howes, Rodning, Galuzzo y Myers, 1988; Main y Weston, 1981). Para los adolescentes de nuestra muestra los vínculos con padre y madre son igualmente importantes para el establecimiento de relaciones estrechas con los iguales. De las dos variables que conforman el vínculo de apego, es de destacar que el recuerdo de sobreprotección recibida del padre y/o de la madre, en las chicas no correlaciona con ninguna de las variables de iguales. Es decir, la relación que las chicas establecen con sus iguales correlaciona con el afecto que recuerdan haber recibido en sus familias, pero no con el recuerdo de haber sido sobreprotegidas o de que se haya estimulado su autonomía. Sin embargo, en los chicos, ambas variables: afecto y sobreprotección, están relacionadas con los vínculos con los iguales, en especial la sobreprotección correlaciona negativamente con el apego hacia el grupo de amigos en general. Estas diferencias de género bien pudieran deberse a los valores culturales que asignan una mayor importancia a la autonomía en el caso de los chicos que en el de las chicas (Oliva y Parra, 2001). Así, aquellos chicos más sobreprotegidos desarrollarán una menor autonomía y competencia social y serán menos valorados por los iguales, lo que dificultará el establecimiento de sus relaciones de amistad. En cambio, para las chicas la autonomía personal no es un valor tan prioritario y una chica dependiente de la familia no será valorada de forma tan negativa, no limitando su competencia para establecer relaciones estrechas con sus iguales. Aunque no podemos decir que el tipo de vínculo establecido con el padre y con la madre guarden una coincidencia total, hay una cierta concordancia que indica que cuando el apego establecido con uno de los progenitores es seguro, hay mucha probabilidad de que también lo sea el establecido con el otro, lo que apunta en la misma dirección que el metaanálisis llevado a cabo por Fox , Kimmerly y Schafer, 1991), y que otros estudios posteriores (Steele, Steele y Fonagy, 1986; van Ijzendoorn y De Wolff, 1997), y apoya
24 parcialmente el concepto de Bowlby de monotropía: los niños establecen un tipo de vínculo con la principal figura de apego que luego es generalizado a otras figuras. Sin embargo, en nuestra muestra la coincidencia entre el tipo de vínculo con cada progenitor dista mucho de ser total, y son bastantes los casos en los que no se produce esa coincidencia, por lo que estamos en condiciones de responder a una pregunta que está planteada casi desde que Bowlby describió la teoría del apego. ¿Qué ocurre si no coincide el vínculo de apego desarrollado con ambos progenitores? Los resultados encontrados son muy claros, e indican que el tener un vínculo seguro con al menos uno de los dos progenitores, está claramente relacionado con una alta puntuación en apego hacia los iguales y desarrollar una buena relación de intimidad con el mejor amigo. Aquellos chicos y chicas que han aprendido en la relación con su padre, con su madre o con ambos a querer y ser queridos, a considerarse válidos, a respetar y ser respetados, con un buen balance entre autonomía y afecto, traspasan estos modelos a su relación con los iguales. Son aquellos adolescentes que tienen un vínculo inseguro tanto con la madre como con el padre los que desarrollan peores relaciones afectivas con el mejor amigo o amiga y con el grupo de iguales, ya que con ninguno de sus progenitores pudieron construir un modelo seguro de la relación que les llevase a acercarse a los demás con una actitud de seguridad y confianza. Este hallazgo supone un cierto optimismo evolutivo, ya que un único vínculo seguro parece garantizar un buen desarrollo socioemocional. Al mismo tiempo, posibilita nuevas vías hacia la intervención en este mismo ámbito del desarrollo. Los interesantes resultados a los que hemos llegado en esta investigación han de ser tomados con la cautela que exigen los diseños transversales. Sin embargo, y tal y como demuestra el metaanálisis de Schneider et al. (2000), los resultados transversales aportan datos que probablemente no se diferenciarán en exceso de lo que podamos obtener con
25 otros tipos de diseños. También hay que recordar que toda la información obtenida procede de la misma fuente, ya que es el mismo adolescente el que informa de sus relaciones interpersonales con sus progenitores y con sus iguales. La comparación de estos datos con los obtenidos de otras fuentes como padres, educadores o iguales sería de gran interés. Por último, hay que decir que los padres son una importante fuente de influencia en el estilo relacional con los iguales, pero no la única. Hacen falta estudios en los que se inserten variables personales, tener en cuenta a los hermanos, vecinos, y variables del macrosistema, que indudablemente estarán ejerciendo una importante influencia y en consecuencia matizando la interdependencia entre los dos contextos de desarrollo en este artículo analizados.