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La época de Hernando Colón y su historia del almirante

Rumeu de Armas, Antonio

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LA EPOCA DE HERNANDO COLON Y SU HISTORIA DEL ALMIRANTE por ANTONIO RUMEU DE ARMAS l. EL POLIGRAFO HERNANDO COLON Y LA PRIMERA EDICION DE LA HISTORIA DEL ALMIRANTE De la descendencia del descubridor de América y primer almirante de las Indias don Cristóbal Colón la figura de mayor relieve y categoría fue Ja de su hijo natural Remando , nacido en Córdoba, en 1488, como fruto de los amores con Ja joven andaluza Beatriz Enríquez de Arana. Hernando Colón destaca por Jos sobresalientes servicios que prestó a la Corona y al Estado. Fue, entre otras cosas, paje de los Reyes Católicos; acompañante de su padre en Ja cuarta navegación, apenas cumplidos los trece años; gentilhombre del emperador Carlos V, integrado en su séquito durante el viaje por Italia y Alemania; comisario para dirimir las encarnizadas disputas con Portugal sobre Ja posesión de las islas Molucas, etc. etc. El eximio cordobés rayaba por su vasta cultura en auténtico polígrafo. Humanista y bibliógrafo eminente, fue además un jurista de nota, cultivando de paso Ja poesía, la música y Ja pintura. Sin embargo, las actividades en que más destacó, por Ja solidez de sus conocimientos, fueron la cosmografía, Ja geografía y la náutica. Hernando Colón fue uno de Jos bibliófilos más destacados de su tiempo. El trato frecuente con prestigiosos humanistas como Erasmo, Nebrija y Clenard, y las adquisiciones de libros en España y en los má s diversos escenarios de Europa, a lo largo de sus múlti- 8 ANTONIO RUMEU DE ARMAS ples viajes, le permitieron reunir en su casa sevillana de la Puerta de Goles la famosa Biblioteca Colombina, auténtico te soro, sinigual en la época. Ahora bi en, de las diversas actividades rese ñada s de nuestro protagonista, la fama po stuma se le va a deber por entero a la Historia del Almirante, libro de excepcional valor, dado a luz en extrañas circunstancias. En 1571 se editaba en Venencia en los tórculos de Francesco de Franceschi, en traducción al italiano por Alfon so de Ulloa, la obra más discutida de la historiografía moderna. Su título exacto era este: Historie de S.D. Fernando Colombo, ne/le qua/i s'ha particolare et vera relatione dell'Ammiraglio D. Christoforo Colombo, suo padre ¿Cómo pudo arribar a Venecia dicho manuscrito? El prólogo-dedicatoria del libro, suscrito por Giuseppe Mole to , no s ilustra sobre las incidencias del éxodo. Según dicho escrito el texto original de don Remando había sido entrega do al patricio genovés Baliano de Fornari por el almirante de las Indias don Luis Colón, sobrino del autor. El personaje ligur se tra slad ó, andando el tiempo, a Venecia para negociar la edición del pr ec ioso manuscri to , en cargo que traspasó a su amigo y conterráneo Giovanni Battista de Marini. Este delegó a su vez la comisión en Giuseppe Moleto, que fue quien co nvino la tra du cción con el español emigrado Alfonso de Ulloa; contrató la impresión con F ra nceschi; vigiló la edición, y redactó el prólogo. ¿ Dónde y cuándo le fue entregado el manu sc rito hernandino por el primer duque de Veragua a Baliano de Fornari? La presencia de este importa nt e hombre de negocios genovés en Sevilla en 1548 y 1560, cuando menos, circunstancia hasta ho y desconocida, viene a dar solidez a la entrega en España. Como don Luis Colón, nacido en Santo Domingo en 1521, se reintegró a la m et rópo li en 1551 y permaneció ininterrumpidamente en ella hasta 156 7 (en que fu e condenado a pena de destierro en Orán por un delito de bigamia) creemos que ambas datas delimitan el plazo de recepción del manuscrito. LA EPOCA DE HERNANDO COLON 9 No estará de má s añadir que el duque de Veragua , siempre falto de numerario, pensó obtener provecho económico en 1554, con la edición del Diario de a bordo de la primera navegación. Con dicho fin obtuvo el op ortun o privilegio del rey Felipe 11 . Sin embargo, no llevó a efecto su propósito, dand o por ello pie a la pérdida del texto en toda su integridad. Por igual razó n la Historia del Almirante debió ser otro de los objetivos en sus plan es crema tí sticos. El responsable de Ja ed ición Giuseppe Moleto hace un acalorado elogio del autor: «Escri ta ha ti empo por el ilustre don Remando Colo mbo .. ., cosmógrafo del invictís imo Carlos V. Fue don Rem ando de no menos valer que su padre , y dotado de más letras y ciencias que este ... ». Por lo que respecta a la pro cede ncia del texto y a su autenticidad, Moleto quiere convencerse a sí mism o, con lo que acaba por confesarnos un punto de vacilación: «También es ta fuera de sospecha que no fuese escrito por manos del susodicho ilustre don Hernando, y que Jo qu e ha visto vuestra señoría (Fornari) no sea el mismo original, pue s a vuestra señoría lo dio por tal el ilustre don Luis Colombo , muy amigo de vuestra señoría, y en el día de hoy almirante de Su Majestad Católica ... , sobrino del di cho don H ernando ... ». 2. CONOCIMIENTO REMOTO DE UNA OBRA HISTORICA DE HERNANDO COLON La obra histórica de Remando Colón , antes de que fuese divulgada por la imprenta , llegó a conocim iento de diversos cronistas españo les, bien por referencias indirectas, bien a través de una consulta má s o menos pormenorizada del texto manuscrito. Destaca en vanguardia el cronista mad rileño Gonzalo Fernández de Oviedo, quien en su conocida Historia general y natural de las Indias, impresa en 1535, recoge en términos confu sos un pasaje del polígrafo relativo a la cuarta navegación colombina. Le sigue, en un orden cronológico, fray Bartolomé de las Casas con su importantísima Historia de las Indias. En treinta y siete ocasio ne s, cifra en verdad inu sitada, cita este autor la autorid ad de Remando Colón como historiador, para discutir y contradecir sus 10 ANTONIO RUMEU DE ARMAS opiniones, unas veces, e insertar otras diversos párrafos en reproducción textual. El fraile dominico recoge dichos datos de una obra inédita, cuyo título exacto y demás circunstancias silencia por completo. Digamos, como complemento, que todas las menciones expresas se concretan a los descubrimientos y exploraciones de Cristóbal Colón, sin que nada similar pueda verificarse en lo relativo a la biografía de tan insigne personaje. La impresión de la obra en Venecia, en 1571 , se vio acompañada por un resonante éxito, pues se agotó en escaso período de tiempo. Esto explica que en dos centurias se acometiesen en Italia ocho nuevas ediciones, merced a las cuales la obra atribuida a Hernando Colón fue de general conocimiento para los eruditos y de no menos unánime aceptación. En el siglo XVIII un historiador español, don Andrés González Barcia, acometió la empresa de retraducir el texto hernandino al castellano, con escaso acierto en la tarea por su pésimo conocimiento de la lengua italiana. En 1932 el ilustre americanista don Manuel Serrano y Sanz llevó a cabo una segunda traducción de la Historia del Almirante, que hoy es la más solvente y consultada de las ediciones en castellano. La Historia hernandina aunque se divulgó por Italia de manera prefente, y de ella transmigró a los demás países europeos, no tuvo en un principio la resonancia y valoración que había de adquirir con el tiempo. Los historiadores españoles de los siglos XVI y XVII la ignoraron por completo, aunque se hacen eco en sus escritos de la existencia de la obra en términos tan confusos que apenas si consignan un título aproximado. Gonzalo Argote de Mólina y Diego Ortiz de Zú - ñiga reseñan entre la producción hernandina «la Historia de las Indias y conquistas de su padre». El cronista Antonio Herrera de Tordesillas merece particular mención. En su conocida Historia general de Los hechos de Los castellanos en las Islas y Tierra Firme del Mar Océano destila la principal sustancia del texto hernandino a través de su fiel copista fray Bartolomé de las Casas, cuya Historia de Las Indias disfrutó, en texto manuscrito, por disposición oficial. Herrera guarda doloso silencio sobre el uso y abuso de ambas fuentes, a sabiendas de que su LA EPOCA DE HERNANDO CO LON 11 gloria se eclipsaría asi que fueran c onocida s y divulgadas por medio de la impr enta . Pero nuestro objetivo es más concreto: ¿dispuso Herr era de un texto manuscrito de Hernando de carácter histórico? A esto h ay que responder afirmativamente. El cronista indiano de clara hab er poseído una obra que identifica co mo de Don Hernando Colón: Cosas del Almirante su padre, qu e pudiera ser muy bien el texto que andamos rastreando. Des de luego puede afirmarse que en la His toria general. .. herreriana figuran pasajes que no proceden de Las Casas, sino que han si do transcritos directamente de una obra histórica de Hernando, bien en copia manusc rit a, bien traduciéndolos de la edición veneciana de las Historie ... 3. VALOR INTRINSECO DEL TEXTO HERNANDINO. EL RIGUROSO EXTRACTO DE LOS CUATRO DIARIOS DE A BORDO DE LOS VIAJES A AMERICA. LAS ETAPAS INTERMEDIAS. La Historia del Alm irante, tal cual hoy la conocemos, se co mpone de dos partes bien diferenciadas. La primera se compone de los capítulos 1 al XV , y polariza su atención en biografiar a Cristóbal Colón antes de acomet er la gesta impe re cedera del descubrimiento. La segunda comprende los capítulos XVI a CVIII, y hace objeto de su estudio la descripción pormenorizada de las cuatro inmortales navegaciones al Nuevo Mundo, que par ecen e nl azadas ent re si conrelatos sucintos de Jo s acontecimientos intermedios. Dejando par a más adelante le examen de los capítulos biográficos, nos interesa aho ra consagrar a las empresas náuticas la atención que se merecen por tratarse de una aportación de imponderable valor al conocimiento de la primigenia Historia de América. H ay que destacar en primer término el capítulo VI de la o br a, donde se exponen por el autor las razones que habían inducido a su pa dr e a acometer la empresa de navegar ha cia or ie nt e por la ruta occidental. Este texto, de apasiona nt e interés, aparece garantizado en cuanto a su originalidad hernandina por el reiterado testimonio de fray Bartol omé de las Casas. 12 ANTONIO R UMEU DE ARMAS A partir del capítulo XVI el autor consagra su pluma al relato pormenorizado de los cuatro viajes de descubrimiento y explor ación, sobre la firme base de los Diarios de a bordo redactados por el almirnate a lo largo de aquéllas trepidantes travesias. Los extractos de los Diarios paterno estan hechos con tal acier to en la elección de los episodios principales, tacto en registrar aspectos secundarios de la navegación, orden, claridad y sencillez, que pueden ser considerados como modélicos. Si algún demérito se les puede seña lar es un desmedido afán de concisión, que hoy todos lamentamos, por nuestro insaciable deseo de conocer aquéllas si ngladuras has ta en sus más leves latidos. En este aspecto es sumamente curioso señal ar que teniendo fray Bartolomé de las Casas a la vista al pergeñar la Historia de las Indias, la mayor parte de los Diaios de a bordo y los extractos de Hernando Colón, prefiera en muchas ocasiones, estos a aquéllos, porque le resulta cómodo servirse de una reducción hecha con tanto acierto y precisión. Ningún trabajo costaría editar en columnas paralelas los textos lascasiano y hernandino, para que sea fácilmente perceptible hasta que punto se in spiró aquél en éste al redactar su famosa obra. Más aún: es ta identidad se percibe cuando el polígrafo cordobés añade en el relato, por cuenta propia, exégesis, comentarios, incisos o identificaciones toponímicas, que el fraile dominico se apresura a registrar, con escaso espíritu crítico, dejándose atrapar en la trampa. Hay que destacar asimismo que en este ap arente plagio Las Casas guarda si lencio sobre la fuente indirecta en que se inspira, manteniendo la ficción de que es él quien resume los Diarios de a bordo del alm ir ante, cuyos textos tiene a la vista para contrastar la reducción de Remando y añadir aquéllos pormenores supletorios que estimaba de particular interés. El primer viaje de Cristóbal Colón a través del Océano, que habría de culmin ar con el descubrimiento de América, ti ene en la pluma de Remando un cronista excepcional, despegado por criterio de l detalle mínimo; pero sabiendo calar siempre en aq uéllo que ti ene dimensión y hondura. Hay otra circunstancia que revaloriza al máximo el relato. El hi storia dor cordobés tuvo a su alcance el texto completo del Diario de a bordo de la prim era navegación. En cambio, Las Casas, contra el común pa recer, no disfrutó de tan valiosa LA EPOCA DE HERNANDO COLON 13 guía. El extracto que hoy guarda, como singular tesoro, la Biblioteca Nacional no fue obra personal del fraile dominico, si no una s imple copia -por él mismo interpolada - de un resumen anterior, ejecutado por una mano ignorada. Antes se ha señalado la estructura simplista de la obra histórica de Hernando Colón. Para que las navegaciones y descubrimientos del almirante no quedasen aislados entre sí, los enlaza con relatos unas veces sucintos y otras minuciosos de los acontecimientos intermedios, que tuvieron por escenario la corte de los Reyes Católicos y el incipiente establecimiento colonial de la isla Española. Como es sobradamente sabido, el Diario de a bordo de la primera navegación concluye el 15 de marzo de 1493 con el triunfal arribo de los expedicionarios a la villa y puerto de Palos. Desde este instante has ta el apresto de la segunda armada, Rem ando Colón escribe, por su cuenta y riesgo, unas breves páginas, en las que registra el viaje del almirante a Barcelona; el recibimiento regio en el marco solemne de la corte; la negociación de las bulas « lnter caetera»; la ratificación de los privilegios, y la partida para Sevilla, en junio de 1493 , con objeto de ultimar los preparativos de la magna expedición colonizadora. Como es sobradamente conocido, la segunda y tercera exploración al Nuevo Mundo tuvo como respectivo escenario las Antillas y el golfo de Paría, este último en el propio continente americano. Para el segundo periplo atlántico Remando Colón se ciñe, con riguorsa puntualidad, al pertinente Dario paterno, cuyas páginas ex - tracta y compendia. En esta jornada el almirante estuvo enfermo en dos ocasiones, obligándole su estado a interrumpir las anotaciones. En ambos períodos nuestro personaje suple los vacíos con unos cuantos pormenores, extraídos de su particular cosecha, sobre la vida interna de la colonia. Una breve estancia en la metrópoli entre 1496-1498, y la subsiguiente navegación para emprender la tercera travesía le permitenhilvanar unas brevísimas páginas que establezcan el oportuno nexo1• l. Al finalizar el capítulo LXII de la Historia del Almira nt e, el relato general queda interrumpido para in sertar un tratado sobre el origen, religión y costumbres de los indios, escrito por el ermitaño catalán fr ay Ramón Pan e, cumpliendo un mandato expre so del descubridor. 14 ANTONro RUMEU DE ARMAS La tercera navegación oceánica de Cristóbal Colón quedó en su día refle jada en el correspondiente Diario de a bordo. Hernando no se aparta del plan que se ha marcado, limitándose a compendiar el cuaderno del almirante. Este adolecía, sin embargo, de notoria brevedad, apenas los tres meses que había durado la travesía del Atlántico y la subsiguiente exploración marítima. El día que el descubridor avistó La Española, en agosto de 1498, suspendió por completo el relato. Había que suplir de alguna manera este importante lapso de tiempo, dos años largos, interpuestos entre la fecha últimamente indicada y el regreso del almirante a la metrópoli, en octubre de 1501, destituido del mando por arbitraria decisión del comendador Bobadilla. Por esta forzada circunstancia, Remando Colón vuelve a empuñar la pluma, y a él debemos, de manera exclusiva, un importante número de capítulos, donde quedan registrados los dramáticos sucesos de la rebelión del alcalde mayor Francisco Roldán, que sumió en la anarquía a la incipiente colonia, poniéndola al borde del colpaso político. Se completa el relato con la decisión regia de designar un pesquisidor, que aclarase los móviles de la insurrección y restaurase el orden, así como la inesperada resolución de Bobadilla de reducir a prisión al almirante, remitiéndolo a la metrópoli, encadenado, en el primer navío pronto a zarpar. Hemando Colón pone fin a esta etapa con unos sucintos pormenores sobre el generoso comportamiento de los Reyes Católicos con el almirante, en cuanto conocieron el desacato del pesquisidor. El cuarto viaje a América merece una particular consideración, por ser Remando Colón historiador y actor a un tiempo. El hijo del descubridor se convierte por este solo hecho en testigo presencial de las peripecias de esta expedición, salpicada, como ninguna otra, de episodios apasionantes y dramáticos. Aunque el futuro cronista apenas contaba con trece años de edad, el recuerdo de aquéllos hechos trepidantes no se borrará jamás de su memoria. Antes se ha puntualizado que Cristóbal Colón, enfermo y maltrecho, debió redactar a lo largo de la travesía un Diario somero, acaso unas simples notas o apuntamientos. A Remando le bastará esta guía, combinada con su propio «cuadernillo, ¿por qué no?, y otros documentos similares, para, en edad madura, hacer fluir de la plu- LA EPOCA DE HERNANDO COLON 15 ma un pa sado redivivo. Su relato continua siendo fuente primordial, de valor imponderable, en cualquier tentativa por reconstruir es te crucial momento de la historia de América . Desde el capítulo LXXXVIII de la Historia del Almirante hasta el CVIII, en que la obra finaliza, la paternidad de Hernando se acentúa por su carácter de creación personal, mucho más libre de la tutela de los Diarios que en anteriores singladuras. La obra histórica de Hernando Colón concluye con una brevísima referencia a los postreros días de la existencia del descubridor, hasta que su vida se apagó en Valladolid el 20 de mayo de 1506, sin pena ni gloria, en medio de un silencio estremecedor que contrasta con la fama póstuma. 4. PANEGIRISTAS, CRITICOS Y DETRACTORES DE LA HISTORIA DEL ALMIRANTE La Historia del Almirante, atribuida a Hernando Colón, aunq ue se divulgó por Italia de manera preferente y de ella transmigró a los demás paises europeos, no tuvo en un principio la resonancia y valoración que había de adquirir con el tiempo. Por lo que respecta a España, la obra histórica del polígrafo cordobés tuvo un eco muy tardío, ya que apenas fue conocido antes de que Barcia la tradujese al castellano en 1749. Habrá que esperar al siglo XIX para que la renovación de los estudios relacionados con Ja historia de América, por un lado, y el espíritu crítico que inspira las nuevas escuelas, por otro, plantee con toda su crudeza el problema de la autenticidad del texto hernandino. La tarea crítica degeneró en polérrúca, y puede asegurarse que desde hace siglo y medio la Historia del Almirante no ha sido valorada más que por crédulos panegerístas o por implacables impugnadores. Entre los primeros, que constituyen mayoría, hay que destacar en vanguardia a Washington lrving, uno de los pioneros del colombinismo, quien califica al libro hernandino «como piedra angular de la historia del continente americano». Otro ilustre colombinista Cesare de Lollis, lo califica «como el primero y más importante documento para la historia de Colón y de América». 22 ANTONIO RUMEU DE ARMAS Casas se inspira en Hemando Colón, anuncia haber cambiado de criterio, considerando ahora que es la Historia del Almirante la que plagia a la Historia de las Indias. El profesor Imbrighi es de idéntico parecer. Este autor insiste en que el texto hernandino deriva claramente del manuscrito lascasiano. Por su parte, Alexandre Cioranescu, en un agudo y documentado estudio que lleva por título Primera biografía de Cristóbal Colón. Fernando Colón y Bartolomé de las Casas , apunta su firme convicción de que el fraile dominico sirvió de involuntario autor para montar un fraude escandaloso. De acuerdo con Ja tesis del profesor rumano, la Historia del Almirante no se ría otra cosa que una versión alterada de la Historia de las Indias de Las Casas, o, en términos más claros, el borrador o redacción primitiva de esta última obra. Dicho manuscrito, una vez en poder del tercer almirante don Luis Colón, fue transportado a Italia, adulterado sin miramientos por el traducor Alfonso de Ulloa e impreso en Venecia. 7. UNA POSTURA CONCILIADORA RAZONABLE: LA BIOGRAFIA DE COLON Y LAS EXPEDICIONES A AMERICA APARECEN REGISTRADAS EN DOS ESCRITOS INDEPENDIENTES ENSAMBLADOS Por cuanto hasta aquí se ha expuesto, se comprenderá que uno de los problemas con que tropieza hoy la historiografía americanista es desentrañar el misterio que se oculta tras las páginas, en apariencia válidas, de la Historia del Almirante. El problema planteado era acuciante para un historiador. Profundizar en el enigma tenía algo de juego intrincado para atinar con el portón de salida de este auténtico laberinto. A esta delicada empresa consagramos hace veinte años las páginas de un libro titulado Hernando Colón, historiador del descubrimi ento de América. Nuestro objetivo era buscar solución al enigma, usando más de la lógica que de la crítica histórica. Pasado este lapso de tiempo nos ratificamos en los mismos puntos de vista. A este estudio remitimos a nuestros oyentes, pues la presente conferencia es un pálido resumen de las tesis sostenidas en el mismo. LA EPOCA DE HERNANDO COLON 23 Destaquemos que nuestro propósito ha sido buscar una solución conciliadora, con la finalidad de dejar a salvo lo mejor y más valioso del texto hernandino. La Historia del Almirante, tal cual hoy la conocemos, se compone , como se ha dicho, de dos partes bien diferenciadas. La primera abarca los capítulos 1 a XV, y polariza su atención en biografiar a Cristóbal Colón antes de acometer la gesta imperecedera del descubrimiento. La segunda comprende los capítulos XVI a CVIII, y hace objeto de su estudio la descripción pormenorizada de las cuatro inmortales navegaciones al Nuevo Mundo, que aparecen enlazadas entre si con relatos sucintos de los acontecimientos intermedios. Si parangonamos ambas partes biografía y viajes, nos será fácil advertir antagónicas diferencias. La primera adolece de vacuidad, inconsistencia y pobreza de datos; Ja segunda, de prolijidad, solidez y riqueza de pormenores. Aquélla se significa por una cronología esporádica y débil; esta hace alarde de una datación reiterada y firme. Los capítulos biográficos están plagados de supercherías, invenciones, errores y anacronismos; las páginas consagradas a los viajes son modelo de veracidad, precisión y justeza. Hasta el tono es distinto. La biografía es agria, rencorosa, agresiva y polémica, en desacuerdo absoluto con el carácter y el temperamento de Remando , según lo retratan los contemporáneos. La crónica de los viajes objetiva y serena, aunque con la natural pasión para defender de todo escarnio, vejación o mancha la gloria paterna. Pues bien: la biografía es algo añadido y postizo, ajeno por completo a Ja pluma de Hernando Colón. El engendro se debe a un autor desconocido que buceó sin embargo, en buenas fuentes, cuando Ja ocasión se lo deparó. En cambio los viajes pertenecen en su integridad al polígrafo cordobés. Es su gran aportación a la historia de América. Ortiz de Zúñiga en el siglo XVI y Serrano y Sanz en nuestros días apuntaron o intuyeron esta solución. Para descifrar el enigma ha sido Las Casas nuestro más firme y seguro puntal. Algo así como la piedra de Roseta, portadora de la clave misteriosa. La Historia de las Indias del fraile dominico se compuso en su día teniendo a la vita la biografía anónima y los viajes de Remando Colón. La distinta manera de enfrentarse este au- 24 ANTONIO RUMEU DE ARMAS tor ante ambas obras va a servirnos de guía para denegar o probar, según los casos, la autenticidad de la fuente. Veamos ahora la postura personal de Las Casas ante el manuscrito de la biografía y el texto asimismo manuscrito de los viajes. La biografía anónima aparece íntegramente vertida en la Historia de las Indias. El fraile dominico, con su escaso espíritu crítico, va resumiendo cuanto en ella se decía, sin hacer ninguna descriminación entre los pormenores y datos válidos y las abundantes supercherias, invenciones, errores y anacronismos. En diversas ocasiones procede a rectificar a su mentor, pero guarda absoluto silencio en cuanto a la paternidad de la obra, porque ignora simplemente quien era el autor de la misma. Ni por asomo puede abrigar en su mente la sospecha de tener ante sus ojos un escrito del historiador cordobés. Si fijamos ahora nuestra atención en los viajes de Hernando Colón veremos que aparecen aprovechados y resumidos de idéntica manera en la Historia de las Indias. Sin embargo, las reiteradas alusiones al hijo del descubridor, hasta con el ingenuo prurito de rectificarle, son hoy la mejor prueba de la paternidad del mismo sobre esta parte sustancial de la Historia del Almirante. Los problemas pendientes pueden condensarse en estas dos preguntas: ¿C uándo y cómo se fraguó la biografía anónima? ¿Quién fue el promotor del arreglo que ensambló dicho texto con los viajes del almirante debidos a la pluma del polígrafo cordobés? La primera, la biografía, tuvo que nacer en el círculo de personas afectas a doña María de Toledo, sobrina del duque de Alba y esposa del segundo almirante don Diego Colón. El resentimiento producido por los pleitos de su marido con la Corona y la megalomanía, de que siempre hizo alarde, debieron propiciar la elección de un escritor asalariado que enalteciese la memoria del inmortal descubridor del Nuevo Mundo. La biografía anónima nace con una exclusiva finalidad: exaltar al héroe o sujeto de la misma don Cristóbal Colón. Con este fín había que labrar una ascendencia y un pasado honrosos, a tono con la categoría presente de la familia, derivada de sus títulos y enlaces. De ahí la desmedida obsesión por desmentir el origen humilde de los progenitores y del propio descubridor, encumbrándole en las alturas con una ascendencia y parentela ilustre, a base de cónsules romanos LA EPOCA DE HERNANDO COLON 25 y almirantes-piratas. El autor pudo ser alguien del séquito de la vi - rreina, acaso su propio capellán. En cuanto al montaje de la refu ndi ción, ensamblando y retoca ndo ambos escritos -biografía y vi ajesla tarea debió acom ete rse por un escrit or venal, de pocas lu ces , bajo la di re cta inspiración de do n Luis Colón, primer duque de Veragua. Dos circunstancias más se impone destacar antes de dar fin a la disertación. La primera, el valor intrínseco de parte de la biografía, al tener su autor acceso al archivo familiar. La segunda, una nueva racha de supercherías interpoladas por el refundidor.