Economía, fomento de la riqueza nacional y plan de única contribucion directa
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ECONOMÍA, FOMENTO DELA RIQUEZA NACIONAL r PLAN DE UNICA CONTRIBUCION DIRECTA. JEREZ DE LA FRONTERA: Por D. Manuel Ruiz, calle larga, año de 1821*
i NOTA. Esta memoria, fué escrita en el año de 1819, sin previsión alguna del trastorno ocurrido después en el gobierno, yhablando con el anterior proponía algunas medidas que ya son superfinas, respecto áque esencialmente coinciden con varios decretos yreglas constitucionales posteriores áaquella época. Refiriéndose áella tampoco se estrenará que otros principios difieran de los sentados después •, yá por que el autor no alcance mas en materias agenas de: su profesión 5yá por que entonces no pudiese escribir con la franqueza ylibertad que hoy. Concebido esto, adviértase que sin alterar dicho escrito le hemos agregado el gasto de las dos nuevas Secretarías de Estado, yalgunas rentas que emanan del actual sistema de gobierno, se han substituido ciertas voces con otras mas adaptables al régimen constitucional ;yen obsequio de los lectores hemos convertido los tiempos de presente en pasado ,circunstancia que no alterando la narración del manifiesto parece darle hoy un sentido mas natural.
DISCURSO PRELIMINAR. ( sabemos en que se fundaría el antiguo gobierno para que muchos jueces careciendo de letras, con el vano título de corregidores mandasen ciudades populosas áexpensas de una continua ydegradante asesoría ;para conservar en muchos pueblos los gobiernos municipales, radicados por herencia, alquileres, ventas, donaciones ytodo género de tráfico ;para reunir áveces el mando militar con el político, en perjuicio de ámbos y del vecindario sometido áellos ,ypara otras instituciones que bien examinadas no alcanzábamos sus fundamentos aunque algunas se apoyasen en las leyes, yotras en la costumbre inveterada. Sin apurar este asunto, ni aspirar como otros ála reforma general que según ellos necesitaba el reino, se notaban ciertas dislocaciones que defenderlas era un crimen ,ysin embargo había muchos que lo cometiesen dorando con míseros sofismas el desorden cuya perpetuidad deseaban para sacar de él nuevos partidos, óconservar los que lograban. Ysiendo esto así, ¿por qué se quejaba la nación, cuando ella misma aumentaba sus males eludiendo las buenas providencias que alguna vez dictaba la superioridad, en medio de sus muchos abusos ylastimosa conducta? Si interpretábamos las órdenes mas claras, traduciéndolas ánuestro gusto; si no se obedecian las pragmáticas yleyes vigentes; si siempre estábamos pugnando con las medidas favorables por que muchos querían las adversas ¿que prosperidad es la que esperábamos, ycuando la obtendría un reino constituido sobre tales principios? Muy sensible es indicarlos á quien tiene la gloria de haber nacido en él; pero conviene demostrar el estado infeliz áque había llegado la nación, por causas muy públicas que progresivamente la habían sumergido en él. Los tribunales de justicia, depósitos de la confianza yseguridad pública ,mal dotados yno bien asistidos ,era muy difícil que antepusiesen la rectitud ásu propia existencia ;pero si el pundonor ydignidad de estas régias corporaciones, supo preferir la indigencia propia yde sus hijos áios ruegos del
suplicante yálos alagos del ínteres, no es posible eme mirbv. fn f re , S p 1Stlr °S - t0 , d°S , lo fJueces Particulares, niPel milñar cuando porí dC -l0S aUXÍ Í0S qUC eXÍge la subsistencia cor- '‘I" la rul£la Pe , rPetua del “feliz injustamente condenado.a serlo en materia de bienes, acaso por que el contrano tema inas que el, oinflujos poderosos que escudasen su injusticia; de aqm la desconfianza con que vivía el poseedor, temeroso de que el mas rico lo despojase algún día, con los derechos que facilita la torpe seducción; de aquí también la lentitud de los pleitos entre litigantes pobres desnudos de favor, yotra infinidad de males de una transcendencia incalculable; pero mayor que todos el de la impunidad, última desconsuelo que admite un reino desgraciado. Para serlo aún mas, veíamos el continuo choque de multitud de fueros que sostenidos coa °r ^formaban en la monarquía una porción de repúblicas ó pequeños, estados donde cada uno tenia su peculiar señorío ,con el cual se juzgaba independiente, cuando nó superior álos demás. Esta, pugna reciproca originó en fin una triste división entre los miembros del estado ,yhe aquí una de las causas que han influido en la inmoralidad de una nación grande, heroica, magestuosa ydigna de conservar las virtudes que fueron algún, dia su noble patrimonio. Descendiendo de los tribunales de justicia álos órganos de ella ,¿que no diriamos siendo licito hablar de esto ,ymenos pública la conducta de los que manchaban la de sus dignos compañeros? Semejantes abusos eran demasiado notorios; pero veiamos otros, tal vez. mas insoportables, cuales eran acriminar comunmente. el procedimiento ageno, éinfamar álas corporaciones sin eximen ni pruebas suficientes de su mala comportación. Exagerando siempre las flaquezas de las personas constituidas en. el mando ,también les imputaban otras debilidades que á. veces no cometían, yesta mordacidad tan frecuente en la. época anterior, si muchas veces procedía de malas elecciones del gobierno, apoyándose en ellas tendría cierta disculpa el que las criticaba, mas no asi cuando advirtiese que los abusos nacían de los mismos cuerpos elegidos por él ,pues entonces los defectos no. serian del gobierno, sino de la nación áquien pertenece el mismo que la vituperaba, cuya razón basta para contener un vicio que suele degenerar en insultos. Desconceptuado el mando, mal reputados los cuerpos, yblasfemando siempre de las autoridades ,¿como es posible que ningún hombre justo aceptase los primeros cargos del estado, óque admitiéndolos se conservase
en elí°s perseguido de tantos enemigos como abrigaba su patrié Ministros, consejeros, capitanes generales, gobernadores /jueces ydemas dignidades, todas tenían contra sí una infinidad de hombres dedicados ála caída de los que en realidad la merecían 5yála de aquellos sólidamente buenos, hábiles yamantes ^del buen orden. Muy propia de los hombres ha sido v sera siempre esta fatal emulación ;pero no tan común el arrojo de ocurrir ála calumnia, ni la bajeza de introducir anónimos, buscando por ámbos medios la deposición referida yá con el fin de reemplazarla ,yá con el de vengar resentimientos que es peor todavía, ymuestra con mayor escándalo la prostitución áque llegaron las costumbres de una nación naturalmente generosa. Apenas se reunian tres sugetos en calidad de junta, óá uno se le conferia algún mando ,cuando ya éste yaquellos juzgándose facultados sin límites creían que sus súbditos eran otra clase de hombres de inferior condición, óuna especie de insectos que viviendo ásus pies tenían derecho de pisarlos. Tal era el desprecio con que solian mirarnos muchos superiores consagrados al tormento de su patria, yde aquí un nuevo argumento para no hacerlo siempre contra la dirección del gobierno, aunque los anteriores yotras causas hubiesen producido la corrupción yestado miserable en que se veia la nación. Ultimamente ya ella conspiraba contra si misma por los vicios que la dominaban, yhe aquí el mayor conflicto en que podía verse un Rey amante de sus súbditos, por mucho que se desvelase buscando el bien general. Algunos ministros ypersonas hábiles le dictaban saludables medidas, yotras abusando de la libertad que presta el desorden procuraban destruirlas ántes que tuviesen efecto, ósin dar tiempo áconocerlo. El Rey mandaba distribuir las rentas del estado con equidad yjusta proporción entre todos sus servidores, yéstos mismos hacían de ellas el uso que llamaban conveniente, por que lo era para ellos, y con esta voz eludian los preceptos superiores. Quería S. M. que todos los pueblos rescatasen su antiguo ynatural derecho de elegir por sí mismos los empleos de república ygobiernos municipales; pero éstos átoda costa resistían la voluntad general ,ypara ello invocaban altas protecciones que sostuviesen su perpetuidad ,esto es :la vinculación del mando que ejercían sin sueldo ,en prueba de su afecto ,desinterés yanhelo por el bien público. Si hablamos de buena fé, muchos eran los vicios del anterior gobierno, por la remoción continua de los
sugetos que le formaban, por la instabilidad de sus medidas, ypor . otras causas diferentes ;pero muchos también los que se le atribuían siendo nuestros, aunque originalmente casi todos procediesen de aquel. Para convencerse de esto, léanse con reflexión los artículos siguientes ;ybien examinados hallaremos que el amargo estado que tanto afligia ála nación, era en gran parte obra suya, óálo menos de aquellos cuya relajación basta para interrumpir el orden, yobscurecer las virtudes de los buenos ciudadanos. La justicia habia degenerado en una sombra que alucinaba al vulgo con vagas iluciones de antiguas fórmulas ,justificaciopruebas ,defensas ,trámites legales yotra porción de yones ces, que reducidas áun juego de ellas imponían mucho al ignorante, pendiente de estas apariencias. Verdad es, que abusando de ellas son temibles generalmente ,yde aqui el fatal origen de casi todos los males que estaba sufriendo España. La real jurisdicción celosa de su extenso dominio ,creía que el militar no podía substraerse de él aunque el Rey quisiera separarlo ,yapelando ásutilezas que suministran las letras con preferencia álas armas, siempre estaba tratando de usurpar el fuero yprivilegios de ellas. Quejosa de esto la milicia, no solo defendía su juzgado yprerogativas, sino que atropellando la razón multiplicaba ámbas cosas ásu antojo ,yabusaba de sus privilegios creyendo que los tenia en la fuerza. Tal era la pugna continua de los diversos fueros mal contenidos en sus límites, ytales los desastres que nosotros mismos causábamos en la nación ,víctima de los excesos del militar y del letrado. Por desgracia nadie queria conservarse en el círculo de sus atribuciones, por muchas yamplias que fuesen; pocos se sometían ála obediencia de las leyes ,yala de los magistrados, ysi alguien era perseguido de ellos ,sabiendo que podía serlo menos ánte otro, invocaba su jurisdicción para minorar la sentencia óretardarla álo menos; subterfugio muy común para eternizar los pleitos. Pero si no había justicia que SendLe nuestra inocencL ypropiedad» i ¿ ™ sudes en una nación que fui ejemplo de ellas «a ira ésta la generosidad de juzgarse asimisma, observando pro Símente 1u conducta anterior, en la parte agena del gobierno yfranco uso de sus acciones. njvivir enlos sitios No bastaba confinarse, en.unipueblo sembrados dfi mas públicos, por que si Pdepósitos, de ellos, asesinos, las ciudades principales eran los
yel honrado vecino víctima de continuos robos ycrueldades. Estos signos de absoluto desorden, lo eran también de la degradación nacional, por que el gobierno contaba con los tribunales de justicia destinados áhacerla, yno era culpa suya la del magistrado indulgente, ni la del monstruo enemigo de la humanidad. Verdad és que todo lo corrige el castigo, yque empleado en los jueces disminuirían mucho los delitos ;pero nótese también la dificultad que había de probarlos entre muchos criminales cuyas declaraciones eran falsas, yentre otros que sin serlo tampoco las daban ciertas, temerosos de la venganza de los reos (cuya prisión era una fórmula de poco tiempo ) , ómovidos de una piedad mal entendida ,origen de nuevos delitos posteriores. ¡Infeliz estado el de una nación condenada al robo, ala calumnia, al homicidio yála inquietud general ;pero mas desdichada si notaba la debilidad de su marina, la impotencia de sus tropas yla total decadencia de los demas ramos del estado! Sacrificadas á^la intriga, ála arbitrariedad yásu débil constitución, perecieron en fin las grandes escuadras en que se apoyaba la monarquía, ytras ellas los vínculos de amistad y buena armonía sostenidos por mas de tres siglos entre España ysus Américás. Los crecidos ejércitos que valerosamente defendieron ayer la independencia ydignidad del trono, solo nos muestran hoy débiles fragmentos que excitan la compasión pública, por su desnudez, mala asistencia, éimpericia consiguiente áámbas cosas. Aquella antigua arma que tanto imponía dentro yfuera de España, yá suele causar impresiones tan distintas, que él hombre mas circunspecto deja de serlo ávista de caballos exanimes, pobremente arreados, yde marcas tan pequeñas que llegan áser ridiculas. El comercio marítimo desamparado de los buques de guerra, nos ofrece lastimosas reliquias de su antiguo esplendor, yávista de las primeras plazas perecían diariamente los restos del infeliz espectador, que siéndolo de su ruina lo era también de la de el departamento ácuyas puertas fue robado, yde la general pérdida que la suya ocasiona comunmente. Todo pues, finalizó en nuestros dias, ysolo conservamos los tristes nombres de marina ,ejércitos ,comercio yotros igualmente ilusorios, que lejos de consolar afligen mucho álos dignos españoles interesados en la prosperidad yglorias de su patria. Pero si estos lloraban la suerte de ella por que la veian en peligro yse acordaban de su antigua grandeza, también vertían muchas lágrimas sobre el triste
militar cuya existencia era milágrosa careciendo de los corto» auxilios que le estaban señalados, yprivado por su carrera de buscarlos en otra que le fuese mas grata. Compadecían como es justo álos profesores de armas ydemás empleados, víctimas de situación tan crítica ;pero crecía su dolor cuando veian que el sudor del pobre ya no alcanzaba para alimentar ásus hijos, ni los bienes del rico para evitar el término de una insolvencia general ,en cuyo caso las armas llegarían áser inútiles, ysu suerte igual ála de toda la nación. Muy fácil e§ sacar de ella doble ingreso del que se le extrae actualmente, yaun mas con el auxilio de la fuerza siempre dispuesta áello, ¿pero que fruto dará una planta después que enteramente la arranquemos ?Los pobres no podían resistir el yugo de las autoridades que trataban de enriquecerse ácosta de ellos, ni el horrible peso de alojamientos perpetuos, continuos bagages, cuotas de policía, repartimientos de sal, arbitrios de sus pueblos, diezmos, primicias, voto de Santiago yotras contribuciones tácitamente agregadas ála general del reino, que por sí sola llega en algunas partes yexcede en otras al veinte por ciento, óquinta parte de los bienes gananciales. Las frecuentes ynumerosas quintas que exigia la pacificación de América ,los estragos que estaban sufriendo muchos pueblos por la violencia de sus mismas tropas ,el continuo choque de sus gefes con los jueces ydemás magistrados, yotras aflicciones semejantes ¿no eran todas reunidas muy superiores al funesto azote de una guerra cruel ysanguinaria ?Díganlo francamente los que lejos del bullicio estaban llorando sobre las ruinas de su amada patria ,infeliz monumento de virtudes ,heroísmo ygrandeza $aquellos que retraídos en sus casas no podin eximirse del hospedage militar que fiscaliza las de todos pero desde ellas notaban cuanto se ha referido ymucho mas que ellos dijeran coa superior discernimiento al mió. Así és que apenas encontrábamos hombres dignos de la estimación publica aunque viésemos muchos dotados de viveza yotros atributos seductores los cuales sin juicio ybuena moral, lejos de ser apreciables suelen ocasionar muchos males. El verdadero ingenio la vtrtud yrecta Opacidad, se habían ocultado en términos de no hallar quien reuniese tales prendas entre millones de personas, seducidas unas reuniese ;r_.votras por el vil ínteres tan £ca^^ C° qfC2^ ciso variar de sis etn ,pmismo tiempo no establecía el al fia resultaría inútil, si al r'
gobierno una severidad que enfrenase el desorden, una recta justicia que alentase álos amantes de ella, yfirmes providencías que desmayasen álos que fundaban su suerte en la continua anulación de ellas. No era esta la opinión de algunos demasiado piadosos, ni la de otros bien hallados con la indulgencia anterior ;pero respetando álos primeros cuyo dictamen honra ála humanidad se engañan mucho creyéndola en general tan buena como ellos* ^corregible siempre por medios suaves yamorosos. Estábamos yá. en el caso de ser insignificantes los apercebimientos mas serios ,las duras amonestaciones ,yhasta el desagrado que el mismo Rey mostraba en algunas de sus órdenes ,quejoso de no ser obedecido. En tal situación, repito, era forzoso acudir al triste recurso de severos castigos 5pero no extrayendo vagos, ni condenando asesinos por meras delaciones ósimples escritos, tal vez hijos de la equivocación óla calumnia ;no sepultando ¡en las cárceles al infeliz cuya indigencia era el delito que perpetuaba su prisionj vigorisar la justicia no puede ser faltar áella, cometiendo excesos muy superiores al de la impunidad, yambas libertades conducían el reino áun precipifilo. Sin fondos conocidos ni herencias posteriores al empleo, sin tráfico ni lícito manejo que -hubiese mejorado ja fortuna de muchos servidores del Rey,veíamos algunos con grandes caudales viviendo en la abundancia ,ysin rubor para ocultarla. No es de admirar este arrojo ,conociendo jas flaquezas ¿el hombre? ¿pero como se eximia el usurpador de los tesoros nacionales del dogal que se aplica áun ladrón público por que solo roba pna peseta exponiendo su yida «n Íps caminos? Después de un cuadro semejante ,fiel .copia de nuestra horrible situación, parece imposible que ja actual generación llegue áver el restablecimiento del orden ,de la justicia ,yde la cotnun felicidad. Sin embargo es obra de pocos años, ciñendo] a áun orden sucesivo de providencias benéficas, pero de tal modo estables, que mas bien conserven esta cualidad sujetas áalgún defecto ,que para evitarlo ( si no es grande )demos en el antiguo vicio de variarlas diariamente. No es tan fácil mejora; las costumbres de una nación viciada hasta el es.tremo de motejar las virtudes; pero también se consigue con la restauración de la justicia en menos tiempo del que suponen muchos ,creyendo que la parte moral es hija únicamente de la ilustración ,del ejemplo ,yde otros principios que se adquieren con mucha lentitud. Verdad és que la educación forma en 2
i6 serian siempre mucho mas que un corregidor óalcalde (transeúnte digámoslo así ) , Heno de asuntos varios ymuy graves de continuas querellas, yresponsable del orden, tranquilidad^ ydemás puntos que abraza la superior policía ,juiciosamente cometida álas autoridades judiciales. De aquellos directores serian exclusivamente las propuestas de edificios propios para cuarteles ,hospitales ,hospicios ydemás casas de beneficencia ;y de ellos también el cargo absoluto de la porción de caminos comprendida en el término de sus respectivas poblaciones, auxiliados para ello de los portazgos, cuya exacción deberá subsistir aparte de la total contribución. Si repugna esto por que entonces no será única ,considérese que la renta de correos, la de loterías ,yotras semejantes ,pueden continuar del modo que ásu tiempo diremos ,yque si en efecto producen un ingreso separado de dicha única exacción ,al fin es yserá siempre enteramente voluntario. No lo es tanto el que rinden los portazgos ,considerando la necesidad que tienen muchos de viajar ipero éstos cargarán dicho costo al de sus mercancías ,yel que camine por gusto ,pagará en hora buena el precio de su curiosidad sin retribución ni desquite. ¡Que diverso aspecto no tomaría el reino en pocos años si al mismo tiempo de fomentar la agricultura atendiésemos mucho ála limpieza ,gusto yhermosura de las principales ciudades ! ¡ Muchas calamidades estaba sufriendo España ,tal vez por la inmundicia áqu.e -ya estábamos habituados en pequeñas ygrandes poblaciones ,cuyas crecidas rentas lejos de invertirse en su ornato ,apenas evitaban los precipicios que diariamente amenazaban ásus habitantes !Nos decían áesto, que las urgencias del estado estaban en contradicion con su prosperidad ,fomento ypolicía ;yáesta razón apelaban muchos para disculpar la poca óninguna que hay en España; para no estrañar que los caminos fuesen un continuo peligro del viagero; ypara que en cierto modo se tuviese por feliz el que concluía su tránsito sin haber sido robado ni maltratado por un vuelco. Los que discurrían así ciertamente ignoraban las verdaderas causas de nuestro general abatimiento ,y es muy sensible que propendiendo el Rey ála felicidad de sus súbditos estos mismos procurasen desmayar su benéfica inclinación con juicios mal formados ,hijos de laequivocación ,y alguna vez de la malicia. La falta de economía, ynuestra general dislocación consumían mas millones que producía la América, ymuchos mas que los precisos para tranquilizarla;
peto no es este el punto que yá debe ocuparnos, tratando de corregir abusos yno de manifestarlos. Muy estimados eran nuestros códigos de algunos antiguos ymodernos letrados jpero es estraño que careciendo de principios hubiese tantos apologistas de una facultad que ignoraban, éhiciesen de ella elogios dignos de la veneración pública. En materia tan grave no me és lícito impugnar el dictámen de los sábios jurisperitos ;pero sí el de la pluralidad consagrada al encomio de nuestra antigua legislación, sin mas nociones de élla que sus efectos ,de los cuales se quejaba al mismo tiempo que bendecía las causas. Por consiguiente, dudo si dichos efectos procederían siempre de los abusos ycorrupción de las leyes, ósi estaría 'yá el mal en ellas mismas, ápesar del alto concepto que merecen ydel nombreque dieron ásus dignos autores. En cualquiera de los dos casos era precisa una seria corrección sobre ordenanzas ,reglamentos ,pragmáticas y demás leyes que constituían nuestra antigua policía, yen buen hora siguiesen como ántes los trámites judiciales observados en lo civil ycriminal ,aunque yo crea también que podrían simplificarse mucho, sin perjuicio de la razón en que se fundan ámbos derechos. Tildadas algunas leyes, yvigorisadas otras en términos de causar todas efectos positivos, la cuestión propuesta de economisar lo posible podrían resolverla los dignos ministros ácuyo cargo estaban todos los ramos del estado fpero como estos señores por sus muchas ocupaciones tendrían que valerse de súgetos intermedios, yno todos estos eran capaces de dictar el verdadero arreglo de sus respectivas carreras, siempre sería imperfecto -el plan de economía que no saliese de una sola mano abrazando todas las partes suceptibles de ahorro ,con el magisterio propio de una obra universal, delicada, ydigna de superior recompensa. Ofrecida ésta por el supremo gobierno al ciudadano que la mereciese, en muy poco tiempo hubiéramos visto infinidad de escritos bien ymal concebidos $pero entre ellos alguno que en juicio contradictorio fuese acreedor al referido premio, siempre muy pequeño por grande que pareciese, respecto al fruto que de él sacaría la nación. No había ni hay otro medio de descubrir los ingenios que pueden mejorar nuestra suerte ,éÍnterin permanescan ignorados ,huyendo como ántes de las aflicciones públicas, sus lágrimas no enjugarán las nuestras, ni sus máximas llegarán jamás áoidos de la suprema autoridad. Entre los planes muchas veces ridículos, y
i8' otras ingeridos con el fin mezquino del interes personal, pue-. de haber alguno que distinguiendo á su autor lo haga digno de algún encargo respectivo ála materia de que trata, como versado en élla mas que otros, yhe aqui otra utilidad para aceptar un método de ningún riesgo ydespreciable gasto, aunque todos los premios arreglados áquince óveinte mil duros pasaran de tres millones de reales óllegasen ácuatro, optando áellos los que presentasen el plan mas correcto, sencillo yeconómico de cualquier ramo civil ómilitar, yaun el que demostrase la nulidad de alguno ysu precisa reforma. Dignos de ella consideran muchos álos empleados en las rentas de sal ,tabaco ,pólvora ydemás géneros estancados ,y álos fieles de ellas, cuyo celo tiene inundadas las cárceles y presidios. En esta materia apenas hay que añadir después de haber declamado tanto contra élla los amantes de la libertad j pero dejando aparte las familias perdidas por el cebo del contrabando, la dificultad de privarlo sin un grandísimo costo, la humillación que sufrimos por el continuo registro de equipages ,casas ,yaun personas ,yotras vejaciones semejantes, diremos algo contra los partidarios de un establecimiento iln-- sorio en sus efectos ,por que jamás corresponden al interes del gobierno, ymuy gravoso realmente por el costo que origina. Si fuese solo el de los sueldos, cotejado con los produce tos, se diría que era moderado, yque toda administración consume una pequeña parte de las rentas, en cuyo caso están las referidas fpero no es así ,porque sabemos que prodigiosamente se intercepta un fuerte contrabando, yque entre tanto se salvan los menores yotros grandes, con sacrificios muy públicos que pesan sobre la nación ,como que élla es quien los hace por roancr del contraventor ,lo mismo que sostiene la administración de dichas rentas por medio del gobierno. Los millares de hombres destinados en éllas, no solo gozan crecidos sueldos yobvenciones, sino que substraídos del trabajo y utilidad pública nos privan de mayores riquezas que producirían la tierra, la industria, el comercio ylas artes aplicándoles roas brazos. Pero si estos perjuicios son tácitos _desembolsos que está haciendo la nación con dicho establecimiento, no serán menores los del propietaria de bienes estancados cuya esclavitud se opone al fomento de éllos, de suerte _que hemos Derdido ricos frutos de América ,patrimonio esdusivo de una natte de élla que rendida infinito si gozase una plena líber-. KhSi «dinero que «•«»•« “*“» **
r9 dio del contrabando ,ni de las pretensiones de los empleados para que también lo sean sus hijos yparientes jpero sí es cierto que la nación sostiene costosamente áaquellos ,yque sobre élla gravitan los demás pesos referidos, poco producirán dichas rentas aunque subsista el plan de conservarlas. Por otra parte, sabemos que toda prohibición desgraciadamente incita al quebranto de élla, yen especial mediando intereses que alaguen la ambición ynecesidades del hombre, por eso se inclinan tantos al contrabando, sin embargo del riesgo áque se esponen en sus obscuros ypeligrosos tránsitos, ydel término infeliz, que ofrece una carrera sembrada de escollos, sustos y continuas turbaciones. Nada de esto exime al contraventor de las penas que le están señaladas ;pero como no todos tienen suficiente dominio para reprimir su mala inclinación, lejos de provocarla con alicientes seductivos, parece que debíamos privar las ocasiones, cerrando las puertas de un delito, muy fácil de cometer estando abiertas. Por este orden se mostrarían nuevos perjuicios que justificasen la enunciada reforma, úotras igualmente necesarias ,yesforzada la prueba hasta el grado de evidencia que la constituyese legítima ,también el que _la hicierasería acreedor como dijimos áuna recompensa inferior álas propuestas jpero ofrecida ántes por el supremo gobierno tan clasicamente como todas, ysatisfecha después con la misma exactitud. El ejemplo anterior basta para figurar la facilidad yconveniencia que ofrecen los referidos premios^ pero como al fia han de ser conferidos por ciertas corporaciones destinadas ai examende cada materia, es necesario detallar las condiciones generales que forzosamente ha de incluir todo plan digno de aquella recompensa Ásaber: un máximo laconismo, sin perjuicio de lacomún inteligencia ,ni del claro sentido que hace apreciables los escritos aunque carescan de elocuencia, y mucha sencillez en los principios que establescan 5por manera ,que la complicación sea un vicio constantemente reprobado ,ylo mismo el sistema que incluya aquel defecto, aunque su autor desplegue conocimientos sublimes, dignos de superior aprecio. No se confundan estos dos preceptos, por que és muy diferente la concisión de que habla el primero concretada a la simple narración del escrito ,de la sencillez que previene el segundo relativa ála organización del ramo que cada uno se proponga mejorar. Circunstancias precisas son las dos referidas ;pero inútiles ámbas si reunidas por unplan concertado
50 no gira todo él sobre la religiosa economía que tanto necesitamos, viendo su íntimo enlace con las dos materias de riqueza pública yplan de contribución respectivo áélla. Verdaderamente son muchos los requisitos que piden los citados premios para conferirlos dignamente ;pero de las tres cláusulas supuestas ,ninguna admite dispensa ,yasí éstas como las demás que el gobierno estime convenientes ,debe manifestarlas cuando ofrezca dichas recompensas ,áfin de que la nación trabaje sobre datos fijos que sirvan de fundamento ásus tareas. Sin perjuicio de éllas podíamos adelantar mucho, vigorisando entre tanto las ordenanzas, reglamentos yleyes que nominalmente constituyen nuestra actual policía, haciendo efectivos los soberanos preceptos continuamente eludidos con maliciosas consultas ysiniestras interpretaciones ,yúltimamente, mostrando un nuevo aspecto de circunspección ycarácter que impusiesen ála nación, de suerte que ella misma reconociese la necesidad de tomar nuevos rumbos, temerosa del gobierno cuya firmeza es el móvil del buen procedimiento yrectitud generaL Mientras la nación trabaja los planes referidos ,se pueden establecer también otras reglas generales ,como son :prohibir la creación de nuevos empleos ,juntas ,comisiones ytodo género de pensión que directa óindirectamente añada algún peso al erário nacional. Arreglados los cuerpos militares como se dijo en un principio, reducirian mucho el gasto de éllosj pero es necesario que S. M. realice su constante designio de colocar á los oficiales sobrantes en los ramos civiles, por manera, que solo el retirado voluntariamente, el jubilado yel inhábil gocen sin nuevo trabajo del fruto que adquirieron en su carrera. Provistas todas las vacantes de empleos civiles en sugetos que actualmente correspondan álas armas, en muy poco tiempo crecerían las rentas del estado sin necesidad de aumentarlas, y al mismo tiempo veríamos nuevos agricultores yartesanos formados de los que hoy viven en el ocio ácosta de sus laboriosos compatricios. El reiuo estaba lleno de empleados, muchos de éllos superfluosj pero ademas veíamos millares de personas que no estándolo gozaban crecidos sueldos, jubilaciones, pensiones yotras regalías clasificadas con diversos nombres ,mas todas ellas muy gravosas en ocasión que apenas podíamos sostener el gasto de una corta marina, el de un pequeño ejército yel de los demás ramos yocurrencias de forzoso dispendio. También debía ahorrarse el de las encomiendas cedidas en obsequio del mérito, luego que fuesen resultando vacantes.
por que si bien los servicios merecen alguna vez tamañas recompensas, yaun otras muy superiores, estábamos en el caso de no poderlas conferir sin perjuicio visible del reino yde la augusta mano que generosamente sabia distribuirlas. Pero si dichos bienes debian engruesar los fondos públicos ,privándonos de la opcion referida, yáS. M. de ejercer los actos de franqueza propios de su benigno corazón ;penetrado el gobierno de los perjuicios que causan los privilegios esclusivos ,las nuevas exenciones, el aumeuto de fueros, yotras regalías particulares, no debía concederlas en ningún caso, aunque mediasen circunstancias extrañas óalguien tratára de comprar dichas facultades ápretesto de socorrer alguna urgencia del estada Todo esto ymucho mas era yaun es necesario, éínterin se forman los referidos planes debemos economisar tanto que cuando aquellos aparescan, mas bien pasemos de un sistema mezquino áotro generoso ,que de éste áuno ceñido ,cual debe ser hoy el nuestro si advertimos ,repito ,la total decadencia en que está el reino ,su imposibilidad de rendir fuertes contribuciones, yel crecido gasto que han causado las Américas en vez de los tesoros que ántes nos producían. Tampoco era necesario esperar la rectificación propuesta de los ramos que abraza el estado, para redondear desde luego los sueldos ytodo pago que incluyese alguna fracción, reduciéndolo áun número justo de decenas ,de modo que resultase mas simple la cuenta yrazón de éllos ,yde consiguiente cercenadas algunas oficinas de esta clase, óálo menos el crecido número de empleados en éllas. Esta regla de economía, sobre ahorrar muchas plumas con la estincion de fracciones ,evitaría también algunos yerros involuntarios de éllas, yaun otros áque dá lugar un sistema complicado, figurando inevitables las equivocaciones maliciosas. Pero si arreglado este punto, quedaba abierto algún camino para que los tesoreros, depositarios úotros tenedores de los fondos públicos pudiesen disponer de éllos haciendo pagos ásu arbitrio, entonces dicha medida no cortaría de raíz los abusos que puede ingerir el interés en la recta administración de hacienda ;los fondos públicos serían asaltados por la codicia individual ,y el estado jamás podría contar con la totalidad de sus rentas. Los empleados actualmente en éllas, no necesitan mas freno que el de sus nobles cualidades ;pero como nó siempre estas virtudes son comunes á multitud de hombres que invierte dicha administración, mientras haya medios para abusar de élla.
el riesgo será inminente, yal fin delinquirá alguno cuya ambición prostituya su decoro. Para conciliar la estrecha economía de que hablamos, con las urgencias ylegítimos gastos del estado, sería muy conveniente que S. M. pidiese al Pontífice una bula de reunión en -un mismo claustro para todos los regulares de una propia orden, yentónees resultarían vacantes algunos edificios muy propíos para hospitales ycuarteles, yaun para hospicios ,casas de niños expósitos yotras de beneficencia en las grandes ciudades donde fuesen varios los conventos que quedasen vacíos. Entonces cesaría la esclavitud de los alojamientos, el desorden que éstos introducen en las tropas, yla corrupción que origina en las familias honradas el lenguage libre ycostumbres viciadas del soldado. Los ministros del altar, ejemplos de caridad yde las buenas costumbres, como fiscales de ellas, serían los primeros que aprobarían esta medida, ybajo un mismo techo sabrían, observar sus institutos ,aunque difiriesen algo de los que profesan sus hermanos con distinto hábito. Si no es tiempo de abrir canales de comunicación, ni de emprender otras obras públicas que inviertan alguna parte ,de la riqueza territorial ,también deberán suspenderse las que estén empezadas de cualquier clase que sean ,pues todas éllas consumen efectivo metálico estraido con el nombre de arbitrios úotros semejantes ;pero siempre arrancado de la masa general productiva destinada ásocorrer primero las urgencias constantes del estado. Dicese áesto, que el dinero invertido dentro del reino, lejos de empobrecerlo lo enriquece, por que pasando ámuchas manos resulta mas productivo, óálo menos socorrida la necesidad de los pobres aplicados ádichas obras: que muchas de éllas se hacen con fondos muertos separados del superior dominio ,yque si algún pueblo quiere pagar un tributo en beneficio suyo, contrayéudolo áobjetos generalmente útiles ¿por qué no concedérselo cuando de éllo resulta un bien particular ypúblico, ventajoso también para el gobierno? Todo esto es cierto, ópodrá serlo; pero si el costo de una obra semejante asciende por ejemplo áun millón de pesos, y con él se pueden construir tres navios ;¿que sera mas uní, la ampliación del tráfico interno variando el curso de un rio, óla seguridad del comercio «tenor yde la misma monarquía? La construcción naval también distribuye las riquezas entre muchas manos ;es obra muy necesaria como acabamos de ver, ysin embargo tampoco en el día podemos consagrarle
mas fondos que los picosos para reanimar los fracmentos de una opulenta ydesgraciada marina. Tal és, repito, el sistema económico que debe abrazar un reino destituido de recursos yobligado áestinguir su deuda mas bien con el arreglo yceñida conducta ,que con arbitrios ynuevos sacrificios de la _misma nación interesada en .dicho crédito. Siguiendo estos principios de estrecha ygeneral economía, se ciñeron los mayores sueldos al máximo de cuarenta mil reales ,yesta providencia que subsiste aun ,bien ómal observa-? da, mereció en su origen yconserva hoy la aprobación general, como un ahorro de los mas visibles para el público, y de los menos sensibles para los empleados con dotaciones cortas. Sin embargo ,no es de olvidar que el sueldo adquirido dignamente es una agencia como cualquiera otra ,yque de élla no es lícito despojar ánadie violando los derechos de propiedad. No será absoluta la que tenga un empleado en sus sueldos ,ni justa si están señalados con exceso $pero ¿quie* duda que los primeros cargos del estado no pueden sujetarse á dotaciones miserables, yque siendo arregladas deben cobrarlas por entero lo mismo ómejor que el último servidor de la patria ?No abusemos de la palabra economía obrando con parcialidad en materia tan delicada ,ni se crea dicho ahorro capaz de figurar entre los infinitos que legalmente puede hacer un gobierno dedicado ála felicidad de su patria. La anterior reflexión dice con las que haremos sobre los sueldos que llegan ádoce mil reales, considerando injusta la contribución impuesta sobre éllos ,yrenueva también aquella útil advertencia de que la imprudente economía es perjudicial al estado. Mucho mas útil sería que además de las cuentas que rinden anualmente las tesorerías, todas éllas inclusa la general diesen un parte diario ásu gefe inmediato ,de las entradas ,salidas yexistencia que resultase en cada una después de cerrar las oficinas. Esta simple medida facilitaría la exacta noticia que deben tener siempre el ministro de hacienda ydemás empleados en élla de las inversiones diarias ,cuyo examen diría si habían sido legítimas ósi se había hecho algún pago vicioso como es posible retardando dicha inspección, y ciñéndola áépocas determinadas. Nuestro antiguo gobierno vagando siempre entre disipaciones efectivas yarreglos nominales, unas veces mostraba total indiferencia sobre la multitud de empleados que invertía el ramo de hacienda, yotras creyendo casi átodos sobrantes, que-
24 ria cercenarlos de modo que un solo hombre desempeñase la ocupación de muchos. Tal era yés comunmente la propensión de casi todos los que dictan planes, sistemas ynuevos reglamentos ;pero no demos nosotros en aquellos estremos de profusión ni de miseria ,por que en el primer caso está ya dicho que la nación no puede ni debe sostenerla ,yen el se-- gundo pierde mucho mas de lo que ahorra cargando ásus empleados con mayor peso del que naturalmente puede soportar cualquier hombre. Verdaderamente no es fácil hallar el justo medio en que consiste la perfecta economía ;pero ántes de proceder al arreglo de las oficinas óparte reglamentária de lahacienda ¿por qué no hemos de suprimir ciertos empleos que visiblemente indican el objeto con que fueron creados ?¿Las cuentas que anualmente rinden los tesoreros, serán un motivo justo para que el año siguiente deban ser otros los que estén de ejercicio, ycesantes los primeros vayan áinvertir sus sueldos donde quieran sin trabajo ni responsion alguna ?No ignoro la razón que se dá para duplicar estos empleados}, pero si en efecto es mas difícil la quiebra de una tesorería servida por dos sugetos ,tampoco es tan fácil hallar cien hombres puros como cincuenta ,ni es reflexión aquella bastante poderosa cuando lo sean las fianzas respectivas ádicho encargo. El ministerio de marina (ramo de hacienda afecto áélia ) escudado con el precioso objeto de purificar mas la cuenta y razón de la armada, logró que se introdujesen en las oficinas de su cargo los empleos de veedores ,yen efecto alguna vez podrán ser útiles ,rectificando una confrontación mal hecha; pero mañana se dirá que es preciso un nuevo examen para justificar los anteriores ,yentre tanto por evitar un yerro accidental ,fijamente estaremos cometiendo el de recargar el tesoro público yel de complicar ^un ramo ,cuyo feliz desempeño está en razón directa del justo número de manos destinado áéL Quien dice esto de la hacienda no exceptua á los demás cuerpos que estén en igual caso, ni olvida tampoco los antiguos caprichos de un valido que introdujo en la nación el prurito de ser casi toda ella empleada por el gobierno, ácosta del sudor de ios pobres yde los tesoros de la América. Tan funesto vicio no se ha alejado de nosotros, ni es fácil dé estinguir, por que áunos ofrece la dulce espectativa de una suerte feliz, yaotros la facultad de concederla tomando la voz del Rey yla del bien del estado. _ ¿Pero que conseguiremos con depurar el sistema económico,
si al mismo tiempo se estraen visiblemente cantidades inmensas ácambio de granos yotros frutos ,éinvisiblemente por medio del contrabando yde otros caminos subrepticios? ¿Que numerario entra en España para que quede alguno en pocos años, si no acudimos luego al remedio de tan funesto mal, invocando para ello álos dignos sugetos que profesen la carrera de hacienda y-conoscan áfondo la economía política ?Las prohibiciones son casi inútiles ,yno todos convienen en la justicia de éllas ;pero sí en la necesidad de conseryar el metálico ósignos equivalentes que sufraguen las contribuciones yurgencias respectivas ácada individuo. El aumento de la moneda es un remoto arbitrio para multiplicar el numerario ,yá por la repugnancia de los demás gobiernos ,yá por el riesgo que ofrece abriendo un ancho camino álos falsarios ,yá finalmente por el trastorno universal que siempre causa semejante medida considerando el dinero que está fuera del reino con el cuño de éL Crear papel moneda donde no tiene crédito el que hay ,es un plan quimérico ,destructor absoluto de la poca estimación que conservan los vales, envilecidos por la desconfianza nacional, la cual subsistirá mientras no se adquiera una total seguridad del procedimiento ybuena fé del gobierno. En tal concepto ,yno pudiendo nosotros esportar frutos ,manufacturas ,ni efectos 'que ingresen en el reino metálico respectivo al que sale de él, consideremos también que el dinero estraido, al mismo tiempo que agota las fuerzas de la nación, dá mayor impulso al estrangero ,yno es cordura prestar armas áquien algún día puede ofendernos con éllas. Cortada la estraccion del metálico con sábias yenérgicas medidas ,ycerradas las puertas de la disipación ,vamos á abrir las del tesoro público, removiendo algunos obstáculos de la preciosa agricultura, origen del comercio, de la industria ylas artes. Lo referido hasta aquí sobre aprovechamientos, ahorros yestrecha economía ,es un breve diseño de materia tan dilatada 5pero basta con él para despertar la útil emulación de los que aspiren áser recompensados por la patria pecuniariamente según dijimos ,ycon la gratitud de élla que es un premio muy superior áaquel ,yátodos los que el gobierno puede dispensar.
'53 sus dueños ,mientras se permite en las huertas ,viñas ydemás plantaciones cuyos frutos son menos necesarios ála vida que el trigo yotros granos abiertos ála codicia del ganado ageno, dei-pasagero yde cuantos quieran interesarse en éllos. No es necesario citar las provincias de España donde florece mas la agricultura, para convencernos de la utilidad referida, ni apelar tampoco al sublime discurso que sobre esto hizo la sociedad económica de Madrid, por medio de su ilustre miembro el inmortal Jovellanos. Es cierto que las cercas ,especialmente no siendo de manipostería ,embeben alguna parte del terreno útil ,en perjuicio de. la maxima labranza $lo es también, que dichas defensas necesitan reparos ácosta de dinero ygente substraída del cultivo ,ysabemos por último ,que podrían servir de abrigo álos vagos ymalhechores ,sino hubiese. justicia que estinguiera semejante plaga en un reino civilizado. ¿Pero que medida por muy útil que sea está enteramente libre de todo perjuicio ,para que los citados deban privar en las campiñas los derechos de seguridad que gozamos en las ciudades ,cerrando cada uno las entradas de su casa, almacenes ydemás edificios? El adagio vulgar, de poner puertas al campo, si en algunas provincias se dice irónicamente como cosa impracticable, no así en otras donde las hay ,y con éllas el dueño lo és absoluto de su hacienda ;establece allí su hogar, multiplica sus labores con su propio sudor, cuida por sí sus ganados, yal fin es retribuido con muchos mas frutos que daría su heredad estando abierta ,yél habitando en los pueblos. Bien sé que no es fácil cerrar tierras inmensas, poseídas por un solo dueño 5pero si los mayorazgos permutasen sus bienes rústicos por otros urbanos grangeanan mucho en orden ála administración de sus caudales, por que todos quedarían ála vista de los poseedores, ylos grandes loaos qu ,.iíimensas vegas de única propiedad, r»"r’J <p*»*» 4“*?» aunque .,.estencion por medio de herencias, esta calidad 1“1 ,-oneS,Entonces veríamos los campos de ventas, pagos yrovincias desiertas, igualmente poblados Andalucía yde otras que lo8 de <falicia Asturias y ymas reconocidos ^agricultura española, yentonces se Guipúzcoa, modelos feracidad de un suelo abandonasabria hasta donde Ikg^ ^pQr maneraj que solo un do a!a:alternativa ,¡v0 mientras las huertas, arbolados yrodeoíde riadea anualmente multiplicadas cose-
33 chas ,éincansables con el abono ,muestran palpablemente lo que puede el beneficio ,cuan útil es la asistencia constante de los dueños, yel bien que áélios resulta de amurallar sus haciendas. Para verificarlo en todo el reino, es necesario que el gobierno lo conceda ampliamente ,yaun así habrá quien repugne semejante medida ,yá por que no teniendo propiedad, cuente con la de todos para el pasto de sus ganados, yá por que teniéndola ,suponga impracticable todo lo que es nuevo en su país; obstáculo moral muy dañoso ála agricultura, pero mayor aun el de la prohibición ,por que mientras élla subsista ,en vano el despreocupado mostrará al labrador la Utilidad de que también lo sea. Felizmente se abolieron las ordenanzas de montes ,respecto álos particulares dueños de élios ,ydesde entonces muchos arbolados que nada rendían con aquella esclavitud ,se han convertido en otra clase de plantíos bastante lucrativa, de suerte que sus amos han hecho de una pensión un caudal, yel gobierno participará de él ,siendo ya contribuyentes los que con el mismo terreno eran ántes miserables. Hablo de los pinares ydemás arboledas infructíferas ,substituidas por viñas donde éstas son muy apreciables ,ycuyas fincas gozan el privilegio de estar circumbaladas ;circunstancia que les dá mas valor ,respecto áque un solo hombre basta para celar los frutos que indefensos serían comunes átodos, como lo son los sembrados áorillas de los caminos, yen la concurrencia con baldíos ótierras de labor destinadas al pasto del ganado. Nadie puede impedir el paso de él ,por mucho celo ybuena fé que tenga en su custodia ,yes de admirar que las frecuentes denuncias promovidas sobre esto ,al fin nó desvanescan ciertas preocupaciones de los mismos que continuamente están sufriendo daños considerables ,reparados las mas veces con litigios costosos yen general desagradables ;pero tal és el imperio de las costumbres ,yel amor que conservamos ala practica yusos .de nuestra primera edad. Mucho clama la agricultura por la protección del gobierno •pero si éste la concede parcialmente, juzgando algún ramo de élla mas importante que otros, dicho amparo sera un privilegio esclusivo ,ruinoso como lo son todos, si únicamente se escluye el caso estraordinario de un descubrimiento muy útil Aun entonces admite muchas dudas este género de premio; pero sin detenemos en éiías ¿que efecto general causara en la labranza la protección que el gobierno dispense aos 5
34 t criadores del ganado lanar ,al agricultor de cáñamos ,óal propietario de un monte útil para la construcción naval? Por mucho _que sea el interes del gobierno en fomentar dichos ramos ,jamás podrá llegar al de los dueños ,ysi es verdad que algunos de éstos ,protegidos ahora especialmente encuentran mayor utilidad que los demás, no por que sus privilegios resulten nulos, haciéndolos generales, dejarán ellos mismos de sacar igual fruto yaún más que el que hoy adquieren ,si en vez de dicho apoyo logran una completa libertad; Con efecto ,en ira mismo tamo las franquicias concedidas á unos ,son grillos que oprimen áotros $pero quitarlos áquien los tiene, no es ponerlos áaquellos que anteriormente lograban él benefició dé estar íibres. Ámás de ésto ,observemos que si dicha protección recayese especialmente en el cultivo de los cáñamos, como se ha supuesto, este mismo fruto envilecido al cabo por su eStrema abundancia ,haría despreciables los mayores privilegios, aunque el' gobierno se empéñase en multiplicarlos yen dispénsar nuevas regalías que sugiriesen mayor codicia al labrador. Pero tampoco las gracias contraídas áuif ramo determinado de agricultura alcanzan siempre el fin que se proponen, yvemos entre tatito prosperar otros sin necesidad de auxilios ,ni mas apoyos que los dé la libertad. Una prueba de ésto nós dán nuestros caballos, cada vez mas débiles sin embargó de ia protección que gozan sus criadores ,y el ganado mular, cuya estimación basta para que muchos se dediquen áél prefiriendo está especulación áaquella. La necesidad del cultivo, nuestra adhesión natural ásus" prodigiosos efectos ,ylos millares de años en que la tierra" ha sido siempre el primer objeto de los hombres, nada ópoquísimo dejarían que añadir hoy álo inventado por ellos con ei fin de adquirir mas frutosyriquezas. Sin embargo, los descubrimientos útiles también perecen con el tiempo, yel que los halla después es tan inventor cómo el primero jcircunstancia que dehe excitar mucho álos grandes ingenios para trabajar con esperanzas de perfeccionar la agricultura ,yal gobierno para estimularlos con premios respectivos ála entidad tfe sus hallazgos.
3^ PLAN SÉ ÚNÍCA CONTRIBUCION DIRECTA. 'vJTraduar la riqueza de cada uno ,por la ostentación ,lujo, ydemás signos de ella ,es un error manifiesto ,por que" muchos gastan menos de lo que tienen anualmente, otros en corto tiempo disipan sus caudales ,ymuy pocos gastan en justa proporción álos suyos jsiendo éstos cabalmente, los únicos que los demuestran, óálo menos sus productos, que son ydeben ser ios bienes contribuyentes. Descubrir éstos por medio de juramentos ,de simples declaraciones ,por la conciencia ,honor yotros compromisos semejantes ,es una obsecácion de los gobiernos que juzgan suficientes su autoridad y espiaciones para lograrlo en materias de industria, éinfinidad' de artes con que el hombre procura su existencia ,haciendo de jélla un mérito superior átodas lás necesidades del estado. Pero dejando aparte las feas delaciones que admite ,yaun, premia el sistema de exacción qué rige, el público escrutinio de los bienes de cada uno, yotras humillaciones dolorosás, no es posible, repito, salvar la oposición en que está el gobierno con los pueblos sobre punto de contribuciones. La mas prolija inquisición no alcanza ádescubrir, ni aún remotamente ,la suerte de quien quiera ocultarla ,ydesgraciadamente son tantos los que piensan así ,qüe reunidos formán millonea dé personas resueltas" áno decir la verdad ,por qué saben que nadie puede ayériguaria. ¿Yen tai casó, restableceremos las rentas' provinciales, sábiendo que directamente pesan sobre el pobre, que invierten infinidad de manos muy costosas ,yque por é'ltás claman los campos, las artes, el comercio ylas armas? Semejante contribución es inhumana en sus efectos ,impolítica en su administración, yapetecida solo del poderoso, cuyo alimento diario ,si bien es delicado ysuperior al del pobre ,no por eso está jamás en proporción álo que tienen uno" yotro ¿sien-
S6 do' también de notar ,que el infeliz lo adquiere con su sangre, yel rico sin trabajo, ócon una molestia muy inferior ála de aquel. Esta reflexión produjo sin duda el estraño (aunque nulo )privilegio de no incluir al bracero en el plan de contribuciones que rige ;pero es indudable ,que así como no debe sufrir una carga respectivamente mas pesada que el rico ,tampoco puede eximirse de aquella parte mínima correspondiente ásu escasa fortuna. Semejante indulto le eximiría siendo efectivo, de las prerogativas que logra como miembro del estado ,del precioso derecho de ciudadano ,yde la inmu- .nidad que goza por serlo como parte de la nación constituida á.defenderlo. Mas bien recaería aquella gracia en el pobre mendigo ydesgraciados inhábiles ;pero dolorosamente, ni aun con ellos puede hacerla efectiva ningún sistema de contribuciones ,aunque en él se ofrezca para consolar al desvalido. Siendo esta pues, una excepción teórica que no tiene lugar prácticamente, ydeclaradas, no yá las dificultades, sino la imposibilidad de averiguar los bienes productivos de cada uno ,es necesario desterrar el sistema de exacción que rige, renunciando como vanas las estadísticas mas prolijas ,las medidas mas eficaces, ycuantos medios sugieran los que desgraciadamente confunden la teórica ydigna locución de los escritos ,con la práctica yejecución de éllos. También es forzoso condenar al olvido las rentas provinciales ,no solo como injustas ,complicadas yespuestas ámala versasion ,sino como opresoras ycontrarias ála libertad del tráfico ,industria yfomento de las riquezas ;pero si escluidos estos métoaos, bajo cualquier otro la contribución es excesiva ,siempre afligirá mucho, yse creerá entonces que el plan de ella es injusto ,aunque realmente no lo sea. El que voy áproponer ofrece áprimera vista una parcialidad repugnante ,.por que solo habla de uu corto número de individuos que directamente sufre toda la contribución del reino ;pero visto ámejor luz, se notará la facilidad ycerteza con que ellos distribuirán en toda la nación yrecobrarán de ella la parte respectiva ácada uno, por manera que ningún perjuicio resultara álos que se juzguen agraviados creyendo sobre si tono el peso de la citada exacción. ,,. Es necesario pues ,que recaiga esta ,única ytotalmente en los productos de los bienes raíces; pero también lo es que antes adquiera el propietario una absoluta libertad, ae suerte
Í7 <jae el gobierno jamás fiscalice' ni obstruya sus contratos; que éstos sean religiosamente observados; que nunca se limiten los valores ni réditos de las fincas; que sus dueños estén también privados de recobrarlas ántes de espirar los contratos, aunque sea con el fin de usarlas por si mismos; que resulten sometidas áaquellos las sucesiones yventas posteriores ,de modo que el segundo pacto no destruya al primero ;yúltimamente, que goze el propietario de aquella natural yjusta libertad con que posee sus bienes muebles ,casi siempre adquiridos á menos costa, ymas dueño de éilos que de los otros. Esta franca yverdadera posesión, reintegrará álos contribuyentes directos ,por que subirán los alquileres de sus fincaiS en proporción álo que de élias paguen, yaunque es cierto qüe algunos procurarán encarecerlas tanto, que resulten libres yaun lucrados, después de pagar su cuota, el desengaño de' no conseguirlo les reducirá en breve ála puja común ,Óaumentó general que naturalmente adquieran las tierras yedificios. Siendo esto evidente ,también lo será ,que entonces él gobierno recaudará fácil yprontamente el tanto por ciento qué señale sobre dichos productos ,pues es claro que de nó pagarlo el dueño de la finea lo satisfará el inquilino, prevenido qué sea de no anticipar rentas capaces de exceptuarle dé dicho cargo. Resultará también ,que no habrá necesidad de estadísticas (operación frágil, variable, ycostosa )ni de juntas repartidoras, de peritos constantes, ni de otras personas que sirviendo sin sueldo, realmente no son gravosas; pero si dé poco fruto consiguiente ála violencia con que están empleadas. Bastan en nuestro Caso las precisas para el recaudó de la contribución ,ydótense en buen hora con respectó ásu trabajo, cargo yresponsabilidad ,por que solo de esté modo puede imponerse aqttélla justamente. El sistema de exacción propuesto ,ahorra también el disgusto general que siempre ocasionan todas por justas ymoderadas que sean, pues comprendiendo solamente áun millón de sugetos (que por ejemplosea el número dé fincados ),los nueve ódiez restantes ,nada contribuirán directamente ,de suerte que ^ sin sabefló concurrirán ála exaeeiori dnual ,mientras el propietario cofió árbitro de recobrar sus cargas directas por el nuevo rédito qíté imponga ásus fincas ,fijamente sabrá qne há de reintegrarse del exceso ,óllamémosle empréstito que hace al gobierno por el resto de la nación. Todo esto es clarísimo y dé ninguna invectiva ,mas no pdr esó dejara de ser útil y
3» muy preferente álos sistemas confusos }por naturaleza impracticables. Se dirá acaso que el método propuesto visiblemente nos conduce al de las rentas provinciales, óque es un mixto de ellas ydel plan que rige; que ápesar de lo espuesto sería escandaloso exigir veinte ómas por ciento del producto de una casa ,cuyo dueño no tuviese otros bienes ,ynada del crecido rédito correspondiente áun grueso capital de efectos girados por manos industriosas ;que nadie podría sembrar si las tierras adquiriesen un crédito mitad mayor ó doble del que tienen ;ypor último ,que sería forzoso abandonar el reino ,huyendo de la carestía impresa por un plan semejante en los prédios rústicos yurbanos. Sin embargo ,suspéndase el juicio en materias que admiten mucha equivocación, yno se juzgue de éllas hasta oir las reflexiones siguientes Difiere mucho el plan de que se trata del de las rentas provinciales ,por que éstas se extraen únicamente de los géneros de consumo necesarios para vivir, de donde resulta que el empréstito hecho según yo quiero por los ricos, lo hacen entonces los pobres ,cuyo reintegro solo pueden buscar en la carestía de sus jornales, así como el propietario en la de sus fincas ;pero este tiene como dijimos un desquite seguro ,mientras aquellos están espuestos áno hallar trabajo, ápostrarse de enfermedades, ácargarse de familia, yúltimamente de años, en cuyos casos, lejos de adquirir el exceso de jornal necesario para distribuir su carga entre todos los miembros del estado, quedan gravados con ella, ysin recursos para vivir, respecto áque sus manos eran su única propiedad. He aquí la notable diferencia que hay de un sistema áotro, aunque en efecto sea un mixto el que propongo, yes de advertir que cualquiera que adoptemos infaliblemente ha de producir una carestía general, respectiva al tamaño de la imposición, por que jamás ésta deja de transmitirse en todo el país, circunstancia que no es de olvidar cuando se note el mayor rédito que adquirirán las tierras ycaseríos ,como único efugio de los dueños áquienes se adjudica la total contribución. Sentado esto ,vamos ádemostrar prácticamente como _se igualará Juan ,que solo tiene una casa arrendada en cien, pesos anuales, de que pagará veinte por ejemplo, con Pedro, fuerte labrador órico negociante ,que sin estár fincado adquiere anualmente quince óveinte mil duros libres de toda imposición. Para relevarse Juan de la que el gobierno le se-
39 Sale ,naturalmente procurará subir el arrendamiento de su casa hasta cubrir con él la demasía que advierta en dicha contribución ,ylo mismo harán los dueños de las tierras ,protegidos también de su amplia facultad para subirlas; pero como es forzoso dedicarse ai campo yvivir en jas poblaciones, la puja referida solicitada por Juan ydemás fincados, no será ilusoria ,sino real yverdadera. Con élla se reintegrarán de la parte que abonaron por otros, áespecie del comerciante cuyos derechos carga después al comprador ;pero con mas certeza, respecto áque las fincas son de uso indispensable, privilegiado ycontinuo. Desquitado Juan de dicho empréstito, tampoco haya recelo de que abuse de él para resultar libre de todo pago como dueño de imponer la ley sobre los arrendamientos, pues aunque quiera hacerlos excesivos, no lo conseguirá según dijimos, yde lograrlo él mismo sufriría el sacrificio de su ambición, pagando demasiado la casa en que viviese, las tierras que labrase, el fruto de ellas, las manos, yen general todos los efectos cuyos precios buscan siempre su natural equilibrio. . La anterior prueba destruye los recebos del propietario, justificándole el modo con que precisamente obtendrá su reintegro, aunque directamente sufra él solo todo el peso de las contribuciones, ymanifiesta también que si lográra evadirse de ellas como contribuyente directo ,pagaría entonces como uno de los indirectos ,de suerte que estaría siempre exactamente nivelado con ellos. Siendo esto efectivo ,también lo sera que Pedro, rico labrador ófuerte negociante, creyéndose libre de exacciones, las pagará indirectamente en los efectos de su giro ,en los comestibles ,jornales ,casa ,ydemas gastos respectivos ásu caudal. En una palabra, el reparto general que hoy hace el gobierno, yel particular cometido alos pueblos, .tácitamente lo harían entonces los propietarios ;pero con ta equidad que nadie dejaría de concurrir áel en justa proporción á sus facultades ;circunstancia tnconseguible bajo ^cualquier otro medio de dulzura ,rigor ,sagacidad ,ydemas ar- *“ n** «> «r abandonado, yyermas las casas, luego que aquel yestas se declarasen únicos factores de la total contribución? Muy estrago sería el plan de élla que produjese efectos tan funestos, ñero mas raro aún, si el mismo recomendaba ántes el fomento de la agricultura, éinspiraba los medios de su maxtma
4»_ prosperidad ;sin estos auxilios perecería íanibieh él propietario, yen váno se hablaría de él ,cuándo los bienes raicés fuesen el simple título de su anterior riqueza. Si el labrador fesultá grabado con el crecido arriendó de las tierras ,considerétambién, que nada Jé exigirá el gobierne# por stis ganados yfrutos, ni por otros bienes muebles, respectó áestar todos ellos libres de la contribución directa; L-tí misaió diría-- Jilos de los inquHinós respectivos álaS fincas urbanas ,y¿svisto que las quejas dé ellos, lejos de probar desigualdad en lós pagos, darián áconocer los que Omiten ahora, ocultando sus verdaderas ganancias. Con efecto ,sé dijo qué el propietario ,incapáz de reservarlas ,há dé sátisfacér lo qué le liiandén ;pero no1así el industrial ,de donde resulta aquel cada día mas gravado ,yal fin llegará él áser único contribuyente bajó el sistema actual ,de modo que éste mismo líos conduce al que propongo, con la diferencia, de que ahora está esclavizado el dueño de los bienes raicés, yentonces podría sácar de ellos el fruto respectivoála exacción que le impusiesen. El labrador en tal caso si pagába mayor arrendamiento, también estaría relevado de gran parie de los diezmos ,stis granos tendrían toda la estimación qúe pl les diese (^circunstancia que hoy logra nominalmente, respectó ála introducción que deprime dichas especies ),libre dé los bagajes, sé ahorraría de una imposición aflictiva ygravosa, contando con sus gánados como único dueño de ellos ;yen fin, aunque se duplicasen las rentáis dé las tierras ,siempre el agricultor lograría una utilidad muy superior ála que hoy tiene ,obstándole aquellas la mitad. Para demostrarlo prácticamente, consideremos que uñá fanega de tierra, sin grande esfuerzo, puede producir diez de trigo ymayor cantidad dé otrós granos ,pót manera qué solo el diezmo de éllos importa áún precio medio sesenta ymas reales, cuya mitad Básta para duplicar los arrendamientos aunque actualmente estén muy caros. Concebido esto ,no es necesario repetir las demás ventajas que adquiriría la agricultura con lá ámplia libertad de que hoy carece, ni añadir pruebas qúe justifiqúen lós bed'éfifcio’s' qúe obtendría el labrador. Concretada la únicá exacción al producto de los bienes raicea, é'éría tina violencia exigirla de las fincas sin uso, por que harta desgracia es la del propietario qué no puede arrendar la Suya ,óservirse de élla (que es lo mismo ),ysi alguno es tatt necio contra sí propio que huyendo de la
4i contribución prefiere aquel raro partido, nada importa su exeep-» clon comparada con las legitimas de fincas ruinosas ómuy mal situadas, con las que nadie quiera por su estrema aridez, con las tierras pantanosas inútiles para el cultivo, yen fin con todas las que realmente nada produzcan ásus dueños. Es cierto que muchas de éllas suelen estar gravadas con censos ,cuyo religioso pago es inconexo de la utilidad que adquiera el propietario 5pero no de esto se infiera que deben contribuir en dicho caso, yes estraño que hombres de buen juicio apelen áesta comparación ,para juzgar razonable una injusticia manifiesta. El capital de un censo es una cantidad que recibe el comprador de la finca en el acto del contrato (no dándola, que es lo mismo), de cuyo modo se compromete libre yespontáneamente ápagar un rédito sobre aquel capital. Por consecuencia, este es un negocio enteramente igual al de tomar dinero ápremio con ciertas condiciones ,cuyo cumplimiento solo podrá exigir quien las impone, del que se contrae áéllas por su propia utilidad (aunque después no la logre )mediante áestar el contrato celebrado con mutua conformidad ¿Pero quien la ha prestado al gobierno para contribuirle sobre una finca sin uso ,no habiendo recibido de él, cantidad que garantice tal quebranto, ni precedido el pacto de responsabilidad que constituye la referida obligación ? Desechada pues, la implicatoria yestravagante idea de que pagando sobre los productos contribuya quien no los tenga, yconcediendo al censualista cierto derecho de propiedad sobre las fincas, como ápesar de él no puede disponer de éllas, ni alterar sus precios, ni .pretender mayor rédito, por mucho que produzcan ásus dueños ,es claro que dichos censualistas no deben ser contribuyentes directos, ni molestados jamás con descuento alguno que cercene sus premios anuales. Esto no admite duda en el sistema de que se. trata; pero si alguien la tiene, consulte nuevamente los principios sentados, yhallará que la total exacción impuesta únicamente sobre los bienes raices, se funda en el amplio dominio de sus dueños para sacar de éllos lo que puedan. Examinemos ahora como serán tratadas las casas de campo óhaciendas de recreo, los cotos, ydemás^ posesiones e esta clase, pues aunque nada rindan ásus dueños si lao sfrutan ,están en el caso ordinario de poder ser arrendadas ypor consiguiente sujetas ásu respectiva contribución, ¿'ara fijada con tcierto conviene tener presente la autoridad que 7
4® autor que dejó en ellas estampado su nombre con el de fórmula neutoniana. Cómoda en hora buena será la división de tercios con que en el dia se exhibe la contribución directa ;pero como los pagos muy frecuentes afligen mucho áquien tiene poco, yno en todas las provincias rige el mismo estilo sobre los arrendamientos de las fincas, únicos factores de la total exacción, sería mejor hacerla anualmente, empezando ácobrar desde el primero de Octubre ,áfin de que en tres meses se recaudase el todo con la comodidad posible, ylos nueve anteriores gozasen los propietarios de la anticipación que hoy hacen ,con la cual muchos grangearian un rédito capaz de satisfacer áfin de año sus respectivas cuotas ,óparte de ellas que basta para justificar el beneficio general. Si es mayor el que resulta al gobierno cobrando como hasta aqui ,ó no tienen lugar las reflexiones anteriores juzgando imaginarias las ganancias que yo creo efectivas ,tomemos álo menos el término medio de seis meses ,yuno ántes de espirar cada plazo se puede proceder al recaudo correspondiente áél ,mitad del señalado anualmente. Estas diferencias no imprimen verdadero carácter en el sistema de la contribución; pero cuando se trata de un asunto tan grave, es necesario estrecharlo hasta que resulte enteramente depurado. De cualquier modo que se satisfaga dicho impuesto ,será bien recibido si guarda una razón moderada con los productos gananciales del reino ,ysi al mismo tiempo vemos que las necesidades de él exigen la suma mandada repartir, circunstancia que pide el presupuesto de élla ,muy fácil de hacer mientras no se incluyan las urgencias estraordinarias del estado, ácuyo fin dedica el plan de contribución que rige cierta cantidad que forma una parte de la total exacción. Respeto como es justo al sublime autor de tan precioso escrito ;pero no creo posible que dicho plus satisfaga su delicado pensamiento, por que son tales ytan varias las ocurrencias imprevistas de un reino, que nadie puede someterlas áun cálculo exacto, ni aun al prudencial fundado en quinquenios cuyo promedio se tome por via de aproximación. Rara vez se logrará ésta, yentre tanto nos esponemos ásiniestras inversiones de fuertes cantidades que no teniendo un objeto fijo ni del dia ,pueden proponerse al gobierno para cubrir Otros gastos, dorándolos con la urgente necesidad áfin de que penetrado de ella subscriba aquel al nuevo destino de
49 dichos fondos ,óal de otros dedicados áfines particulares, igualmente respetables. El referido autor sabiamente juzgaria, que asi como un particular debe reservar algún dinero por si le ocurre un gasto estraordinario ,del mismo modo el gobierno además de lo preciso para sus pagos yobligaciones anuales, debe tener en cajas algunos millones con que poder contar en casos ejecutivos. Semejantes depósitos respetados como es justo, no necesitan ejemplos que confirmen su utilidad jpero es muy distinto el uso que de ellos hace un legítimo dueño ,único interesado en sus bienes ,del que puede hacer la multitud de sugetos por cuyas manos pasan dichos caudales, sin mas propiedad en ellos que la de administrarlos bien ,ómal ,según la pureza de cada uno. Concebido esto ciñamos la contribución álas necesidades constantes del estado, ycuando ocurra alguna estraordmaria ,cargúese en hora buena lo preciso para acudir áella ,en el concepto de que un gobierno amante de su patria la halla siempre dispuesta áfranquearsus bienes, no solo con el imperio de la fuerza rsino por un efecto de lealtad. Para cerciorarse el gobierno de que la exacción general no ha excedido al tanto señalado por él en todo el reino, después de hecho: el total recaudo ,debe publicar la parte de contribución que haya correspondido ácada provincia, ypueblos, yá como digo áfin de obtener una exacta comprobación, yá' para calmar la sospecha de algunos contp uyentes maliciosos, yaun la de otros que sin serlo advierten la necesidad de dicho paso. Ninguna degradación sufre con el un gobierno interesado en la felicidad pubhca yconvencido de esto, también debe mostrar las demas entradas que haya tenido el erário aparte de la contribución, de suerte fiue u“' da ésta con aquellas, formen todas un solo cuerpo, donde vea la nación que si es mucho lo que se recauda por diferentes vias, todo se necesita para cubrir los gastos forzosos del estado Dicho manifiesto señalará primero la consignación hecha ácada ministerio ,como cargo de la nación _ inseparable de élla ;después las datas de los ramos producá^ ingresos separados de la contribución directa ,yP,jcq_ valor de ésta con espresion de lo que cupo acada p fio° "ó Sra^rq^Taya ^*?, j‘
5o Bien está por ahora el recaudo de ella en manos de los Ayuntamientos, como una parte de economía que modifica la exacción general ahorrando algunos sueldos en el ramo de hacienda ;pero luego que la nación se desahogue ,dicho cargo debe pasar álos empleados en aquella, devolviendo ásu lugar una cosa que está ahora fuera de él. Entre tanto sería muy del caso que todos los municipales prestasen alguna fianza, separada de las que dan los depositarios de dichos fondos, por que si bien éstos están afectos hoy áaquellas corporaciones con alguna violencia en vista de lo referido, de su legítimo cargo han sido yson hasta ahora los propios ycuantiosas rentas que administran en sus respectivos pueblos, yes necesario restablecer la antigua maxima de que todo empleado en los intereses públicos sea responsable de élios ,no solo personalmente, sino con hipotecas que salven un descubierto involuntario ómalicioso. Asi está mandado ,yexactamente obedecido por muchos $pero no tanto por otros áquienes el favor, la intriga, sus notorias riquezas, úotras causas, han indultado del todo ómucha parte de las fianzas que debieron prestar para obtener sus destinos. Sentado este principio ylos demás que anteceden, vamos ácontraerlos ála práctica, mostrando por un simple cálculo de aproximación el tanto por ciento que deberá cargarse en todo el reino al producto de los bienes raíces, para cubrir las cargas del estado con una sola contribución directa.
PRESUPUESTO DEL GASTO ANUAL. Reales vellón : Casa Real yaugusta familia •• Ministerio de la Guerra. . Ministerio de Marina. Ministerio de Hacienda Ministerio de Estado. Ministerio de Gracia yJusticia. .• Ministerio de la Gubernacion de la Península. Ministerio de la Gubernacion de Ultramar. . Gasto anual. 48.000. 000. 300.000. 000. 100.000. 000. 60.000. 000. 18.000. 000. 16.000. 000. 6.500.000. 1.500.000. 550.000.000. PRESUPUESTO BE RENTAS ANUALES ,CON esclusion de las estancadas ,de los diezmos nacionales ,yde otras destinadas al crédito público. Reales vellón. La general de aduanas. :•• Subsidio del Clero Bulas de Cruzada •• * Papel sellado (cuyo estanco debe subsistir ).. Minas de azogue ,plomo ycobre. ..... Renta de loterías. .....*•••*• Idem de correos Idem de lanas Lanzas ymedias anatas civiles yeclesiásticas. . Patrimonio Real • • • Penas de cámara ,efectos de ellas ,ynades de escribanos * Espolios yvacantes 89.500.000. 35.000. 000. 15.500.000. 14.400.000. 12.500.000. 11.400.000. 10. 500.000. 10.000. 000. 5.600. 000. 3.800.000. a. 500.000. 1.500.000. so2.aoaooo.
5aSuma de la vuelta rs. vn. 202.200.000. Del indulto cuadragesimal 600.000. Maderas de Segura 500.000, Redención de Cautivos, ... ... .... 400.000. Regalia de aposento en Madrid 379. 500. Imprenta nacional. .... ....» «... _... . 100.000. Por secuestros, donativos, caducos de loterías, depósitos, yotros ingresos anuales. .... 18.000.000. Total de rentas líquidas. ...222.179.500. Gasto anual. .'. ...550.000.000. Déficit óúnica .contribución directa. .. .....327.820.500. Teniendo España ysus Islas próximas 15-336 leguas cuadradas, ysuponiéndolas de 5<D varas de longitud que son las mas cortas ,si de aquel número bajamos 1.336 con respecto álos caminos, rios ,poblaciones ,montes inaccesibles ,ydemás tierra infructífera ,quedarán en todo el reino 14.00a leguas de terreno productivo, que reducido áaranzadas, nos dá 54,687.500, yarrendada cada una en 15 rs. vn. anuales la cantidad de 820.312.500. Contando también con 1.949.500 edificios que tiene el reino ,ypuesto uno con otro en 420 reales de líquido arrendamiento ,darán todos anualtnente ... ^••818.790.000. Renta, total de lo? predios rústicos y. urbanos del reino ysus islas adyacente?. ...... i.63 9* 102. 500, Veinte por ciento de. esta cantidad ,igual al déficit óúnica contribución directa•....... 327.820.500. Tal és el gravamen que sufrirían los propietarios de bienes raíces siendo efectivas la¡s rentas que les hemos supuesto, ysiéndolo también .los gastos ,éingresos figurados anteriormente 5pero como todo .esto puede ser ilusorio, también podrá creerse que el cálculo lo sea, girando sobre datos inciertos, elegidos ádiscreción. No se trata de justificarlo plenamente.
?3 ni hemos hecho mención de los maravedises yotras fracciones mínimas que nada representan al lado de millones de duros ; pero dejando aparte rigores matemáticos inconexos de esta materia, vamos áilustrarla con las reflexiones siguientes. El primer presupuesto del gasto anual, es inferior al que señala el plan de contribución que rige, ylo sería mucho mas considerando la restricción que admite con una verdadera economía 5pero es preciso irlo reduciendo sucesivamente, de modo que sin contraer nuevas deudas cubramos todas las atenciones del estado, incluyendo en éllas álos reformados ycesantes cuyos individuos pertenecen áuna nación demasiado generosa para abandonarlos, sumiendo también en la miseria ámillares de familias que perecerían con ellos. Nuestro amor al Rey, su alta dignidad ,yel decoro de su augusta familia exi- •gen mucho mas en tiempos felices 5pero S. M. que suscribió gustoso ála corta dotación de 57.000.000 de reales viviendo sus augustos padres, sin duda se conformará hoy^ con la de 48 ,dando esta nueva prueba del afecto que profesa ásus pueblos ,yun virtuoso ejemplo de la mas estricta economía. Reducida á300 000.000 de reales la consignación del Ministerio de Guerra, aun debe bajar mucho si el Rey verifica su constante designio de colocar en los ramos civiles álos militares sobrantes por que suprimidas las expediciones de ultramar ,ycreadas las milicias nacionales, en tiempo de paz es muy crecido dicho gasto. Sin embargo, como el fin es satisfacer puntualmente las necesidades del dia ,yningunos mas dignos de atención que ios ilustres profesores de armas áquienes debe el remo su independencia ylibertad, es necesario consagrar ádios la referida cantidad hasta verificar dicho arreglo. No sé si podré hablar de la Marina con la imparcialidad que de otros ramos ;pero si es forzoso despojarla de ciertas galas que la hacen muy costosa, también parece justo que no muera de hambre un cuerpo digno de meior suerte ,es necesario reparar los pocos buques que nos quedan, yabastecer los arsenales con el acopio de pertrechos respectivo áellos. No bastan para esto x00.000.000 de reales ni muchos mas en casos de armamentos 5pero también es forzoso ceñirnos por ahora ádicho señalamiento, esperando días mas felices en que desahogada la nación llegue áconocer la im- -norancia de su Marina, deponiendo el ceño que naturalmente causa un ramo tan costoso de la Monarquía. Por consiguiente deb°n aplicarse áél todos los sobrantes que sucesivamente vayan resukando del Ministerio de la Guerra, yaun de la misma Marina cuyo universal arreglo producirá mas fondos aplicables al ’9
54 fomento de élla. El ramo de Hacienda cnya dotación actual es de ii o.ooo.ooo de reales, despojado de los estancos ydiezmos nacionales como supone este plan, no solo subsistirá sin contraer nuevas deudas con 6o.ooo.ooo sino que con ellos podrá dotar mejor ámuchos empleados que lo están hoy con unos sueldos miserables, yentonces el costo de la administración guardará con la hacienda una razón mas moderada, por que es escandaloso que llegue áun 24 por ciento ,como puede verse comparando 110.000.000 de reales con 460.000.000 áque asciende la totalidad de rentas, incluyendo en éllas el subsidio eclesiástico, los diezmos nacionales, yotras cuyos recaudos exigen poquísimo ó ningún gasto. Al contrario diremos del Ministerio de Estado, si advertimos que no siempre bastan los recursos de la política para conservar los lazos de amistad que felizmente unen las relaciones esteriores, yque es preciso sostenerlas áveces con demostraciones de brillo yaparato, fundadas mas que en escritos en líquidos desembolsos. Son insuficientes 15.000.000 de reales para sostener embajadores ,ministros ,yenviados con el decoro propio de la nación que representan, yen tal concepto se ha ampliado aquel presupuesto á18.000.000 sin el menor recelo de que los económicos puedan graduarlo de pomposo. Tampoco lo será entre ellos el tanto señalado áGracia yjusticia ,si observan la infinidad de cargos que tiene este Ministerio, con cuyo motivo le hemos asignado 16.000.000 de reales, yaun asi es necesario que ciña sus gastos con la mayor prudencia, áfin de no abrir nuevos créditos que aumenten los actuales. Observando este principio no será grande el sacrificio que haga la Gubernacion de la Península ciñéndose á6.500.000 reales, ni muy grave el esfuerzo de la Secretaría de Ultramar para reducirse á1.500.000, cantidad casi igual ála que obtuvo dicho Ministerio en su creación. No sé si estas consignaciones estarán bien ómal hechas 5pero nada importa su poca exactitud si la suma de ellas basta para cubrir las necesidades actuales ,por que el gobierno es dueño de alterar el tanto de cada Ministerio, sin que de esto resulte diferencia en la totalidad de gastos, primer argumento sobre que gira nuestro cálculo. El segundo presupuesto de rentas anuales, no dirá exactamente con la práctica^ pero diferirá muy poco de ella, yacaso en favor de la hacienda pública respecto ála moderación con que se han graduado todas. En mi juicio ninguna debía aplicarse ála estineion del crédito nacional hasta que el reino multiplicase sus recursos, de forma que dichas rentas no exigiesen después una excesiva contribución directa para cubrir los pagos yobligaciones presentes. Sin embargo respetando los ingresos que el
,II gobierno consagra ádicho fin, no se ha hecho mención de ellos en el citado presupuesto, ni del derecho de puertas que pasa de 56. 000.0Q0 de reales. Tampoco se han incluido los productos de géneros estancados, ni los diezmos eclesiásticos respectivos ála nación, de suerte que no contamos coa 12.000.000 de duros óalgo mas que rinden anualmente dichos ramos, ni aun con el ingreso del tabaco, sal, ydemás géneros desestancados, cuya renta deberá ser alguna en este caso. ¿Ycomo és ,se dirá ,que queriendo adjudicarlas todas álos gastos yocurrencias del dia, al mismo tiempo se escluyen sumas tan copiosas, resultando de esto la enorme exacción directa de 327.820.500 reales? Verdad es que excede ála actual en 77.820.500 reales 5 j pero quien dá hoy los 240.000.000 referidos átítulo de diezmos, sai, derechos de puertas yotras rentas, y250 mas de exacción directa, que hacen 490.000.000 de reales? Sin duda alguna la nación, y esta misma en nuestro caso se ahorrarla 162.179.500 reales, esto es mas de 8.000.000 de pesos fuertes, después de esunguidos los estancos yla mayor parte de los diezmos. He aquí como se concilla la primera especie de no consagrar renta alguna ala -esiincion del crédito público, con la segunda de suprimir para siempre otras que directa éindirectamente son la ruina üei estada Prescindiendo de esto, nuestro objeto ha sido ilustrar el presupuesto de ingresos anuales tal como aparece en el calculo, ypara fundarlo entraremos ahora en otras reflexiones sino tan poderosas como las referidas, por hablar hasta aqui en materias demostrables álo menos igualmente claras yámi juicio convincentes. En vez de adoptar la legua de 8.000 varas castellanas cuya magnitud tiene en los caminos, ola de 20.000 pies de Burles que hacen próximamente 6.667 varas, la hemos supuesto de fooo que es la mas corta, ycuadrada produce enorme baja, respecto álas superficies que en igual caso forman las dos ciasesPde leguas anteriores. De 15.336 cuadradas que tiene el reino vsus islas europeas, se bajaron 1.336 por caminos, nos, montanas inaccesibles, ydemas tierra HÍ«feia¡ pe™ SLlSo „: nn tampoco fue electiva, ni se tendrá por corta, examinando la efectiva esclusion que actualmente ofrece una basta campiña, tuva subdivisión es conocida. Jerez de la Frontera nene próximamente 70 leguas cuadradas de término ,yapesar de sus as- “s sferLde los bosques, pantanos, yotros espacios infrucperas sierr ,j¿as su terreno perdido, pues solo conais» sfs íXa >pu«.tc„pa-
5<S rand° una cantidad con otra, ó5leguas escasas con 70 cumplíip^ro abaja supuesta en todo el reino pasa de la undécima parte, uego aun escluimos de él mucha mas cantidad de superficie que la respectiva al término de dicha ciudad, cuya despoblación, tamaño, yotras causas no son comunes átodos los pueolos ni provincias. También puede notarse que siendo la fanega de tierra comunmente menor que la aranzada, si el objeto luese abultar los productos nos serviríamos de la primer medida respecto al mayor número de élias que incluye la legua cuadrada; pero como el fin no es aquel, yai mismo tiempo dicha fanega no es igual en todas partes ,hemos preferido áélla la aranzada ,que como todos saben consta generalmente de 6.400 varas cuadradas.^ Si parece excesiva la renta media de 15reales vellón asignada acada aranzada ,por que en algunas partes tengan las tierras menor estimación ,considérese que en otras la tienen mucho mayor, sin llegar áValencia, Murcia, ni otros parages de regadío, cuya circunstancia les dá un valor inmenso. No hay duda en que es muy corto eJ término de Sevilla, ypor lo mismo mas apreeiable que otros; pero sabemos que 12.063 aranzadas miles en que consiste todo él, rentan anualmente 1.256.656 reales. Por consiguiente cada una sale ámas de 104 reales, yeste arrendamiento próximamente cubre el de 7aranzadas al redito supuesto de 15 reales vellón, de modo que las 12.063 referidas representan en nuestro cálculo 84.441 ,ymuchas mas considerando lo que renten las mas débiles aunque solo ganen á6 ú8reales. Concebido esto no es violenta dicha hipótesis ;pero en todos casos al gobierno le és fácil adquirir datos fijos que comprueben ófalsifiquen los sentados, no para condenarlos aunque difieran de la práctica, por que si la del dia demuestra que cada aranzada de tierra resulta en todo el reino á10 reales vellón por ejemplo, libres los propietarios, la subirán á15 para pagar el 20 por ciento señalado en el cálculo, óámas, de suerte que con el aumento resarsan su exclusivo quebranto. No es necesario esforzar las pruebas cuando el gobierno es dueño de hacerlas prácticamente; pero si se duda que el reino tenga las leguas referidas, consúltesela memoria del Señor Tcfiño publicada en 1789, yallí se verá que 10,891 leguas cuadradas de 8.000 varas cada una, forman una superficie mucho mayor que la supuesta en nuestro cálculo. El de dicho señor fue aproximado hasta un cienmilésimo de milla, cuyo rigor sobra para justificar su operación, ysegún élla tendrá España 108.9 10.000 aranzadas, cantidad casi doble de la que le hemos asignado, suponiendo la legua de 5.000 varas castellanas.
,57 Con respecto álos bienes urbanos ,observaremos que la renta líquida de 420 reales señalada á cada casa ydemás fábricas del reino ,aunque en efecto exceda ála que hoy dan en algunas provincias ypueblos pequeños, no es nueva en otros mayores, sin hablar de Madrid ,Cádiz yotras capitales cuyos caseríos rinden considerablemente. El mismo Jerez que ántes nos sirvió de ejemplo, cuenta 3.445 edificios valuados poco mas que esteriormente en 95.375.432 reales. No hay duda en que hecho este aprecio con exactitud resultaría un capital mucho mas fuerte; pero hablando solo del que sabemos, supóngase por un momento que reditúe anualmente un 6por ciento líquido, para lo cual hablando como siempre de un edificio con otro, debe ganar cada^ uno 1.938 reales, cantidad casi cuadrupla de la supuesta en el cálculo, aunque de élla bajemos la sexta parte por huecos yreparos ,de suerte que el dueño solo perciba 1.615 reales líquidos. ¿Y que razón hay para que los prédios rústicos no hayan de dar un 6por ciento, ylos urbanos próximamente un 7, áfin deque los dueños de éstos ,deducidas obras yalbaquias tengan igual ganancia líquida que aquellos ?Conforme el propietario con sus antiguos réditos de un 2ó3por ciento, oye quejarse al industrial de que su incierto giro aunque produzca mucho algunas veces siempre está espuesto áquiebras yáuna total ruina que jamás sufren los caudales fincados, ni por consiguiente sus dueños. Yo añadiré que estos merecen menos recompensas respecto asu menor trabajo ytranquila vida ;pero si el comerciante peligra mucho con riesgo de perderlo todo, también puede multiplicar sus ganancias, yengruesar su capital, mientras el propietario de bienes raíces lejos de poder fomentarse, necesariamente va a menos con el deterioro de sus fincas. Es decir ,que aunque las clases laboriosas se lamenten temiendo la inconstante fortuna, saben que protegidos de élla pueden Ser ricas prontamente, yque jamáfio Lía? con una renta fija, respectiva áun capital muy superior al de sus giros. Concebido esto adquieran en buen hora mavor rédito los que trabajen en obsequio suyo ydla patria, haciende, especulaciones arriesgadas; pero desterremos la ms.e SpMoí de que el dinero Aneado se. de inferior e.pec.e¿restante cuando los bienes rústicos son el origen de la pntma a riqueza, ylos urbanos el depósito de ella, la comod^ad jfrmo siempre mas que otros en la conservación de su país, cornea