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Política

Aristóteles, 0384-0322 a.J.C.

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E.N.R. LA POLITICA por ARISTOTELES Traducción de PEDRO SIMON ABRIL EDICIONES NUESTRA RAZA MADRID • PROLOGO Aristóteles nació en Stagira, en el año 384 a. J. C. Su padre, Nicomaco, médico de Amintas II, rey de Macedonia, murió cuando su hijo contaba pocos años de edad, quedando el niño bajo la tutela de Proxenes, de Atarnes, en el Asia Menor. A los diez y siete años fué Aristóteles a estudiar a Atenas; tres años después comenzó a seguir las enseñanzas de Platón, y no dejó la Academia hasta el fallecimiento del citado filósofo. En el año 348 regresó a Atarnes, e hizo amistad con el tirano Hermias, con una hija del cual se casó. Tres años después fué Hermias asesinado, y Aristóteles se refugió en la isla de Lesbos. Filipo, rey de Macedonia. le llamó a su corte y le confió la educación de Alejandro. Cuando Alejandro subió al Trono, Aristóteles pasó a Atenas, donde abrió una escuela de Filosofía en el gimnasio llamado Liceo. Muerto Alejandro, en 323, el filósofo se vió obligado a marchar de Atenas para escapar de una acusación de impiedad, y se marchó a Calcis, en Eubea, donde murió a fines del año siguiente, a los sesenta y dos años de edad, 8  ARISTÓTELES Los escasos fragmentos que se conservan de las poesías de Aristóteles nos autorizarían a considerarle como uno de los primeros poetas de su tiempo, si el genio filosófico no hubiese hecho olvidar los demás títulos que su nombre tiene para la inmortalidad. A imitación de su maestro, Platón, escribió diálogos, de los que se conservan los nombres del Eudemo y el Gryllus. Más tarde abandonó la forma dialogada y compuso tratados populares, que, según Quintiliano, se distinguían por la brillantez y la elegancia de su estilo. Entre las obras mayores de Aristóteles debemos mencionar, en primer término, La Política, compuesta, según parece, hacia el año 344, en Mitilene. En este tratado, el autor desdeña toda clase de brillantes futilidades para imponerse al lector con la única fuerza de los razonamientos, sin más atractivo que la verdad. Su forma es ya de una severidad escolástica; pero la naturaleza del asunto obliga al autor a cada instante a apartarse del tono severo y a esclarecer la discu sión con ejemplos históricos y apuntes de costumbres o de caracteres. La Política se dirigía a los gobernantes y a los pensadores de todos los países y todas las escuelas. Las otras obras mayores de nuestro autor parecen haber sido escritas para uso de los discípulos del Liceo. Son éstas los famosos tratados acroáticos o acroamáticos, cuyo mismo nombre indica a lo que se destinaban, pues la palabra «po l ka. significa lección. Tales son, por ejemplo, la Física, la Metafi- LA POLÍTICA  9 sita y los tratados de lógica que forman el Organon. La misma Retórica requería a veces los comentarios del maestro. La Poética es un informe retazo de una obra perdida, o acaso el esbozo de un libro inacabado. En los tratados acroamáticos, y entre aquel inextricable dédalo de distinciones. definiciones y sigolismos, encontramos a veces cosas más humanas, tras las que se vislumbra al Aristóteles platónico. Sin embargo, en ellas tropezamos a cada instante con pasajes difíciles, escabrosos, ininteligibles a veces, y otras susceptibles de diez interpretaciones diversas, lo cual hace que La Política, donde tales defectos no abundan, sea la más humana., la más perfecta y la más asequible, para los lectores modernos, de las obras del inmortal pensador., 16  ARISTÓTELES hace innecesaria, y, entre todos los animales, sólo el hombre tiene uso de razón y de lenguaje. Porque la voz es indicio de la pena o deleite que se siente, y así, otros animales tienen uso de ella, porque la naturaleza de los mismos hasta esto se extiende, que es tener sentimiento de lo que da pena o deleite, y dar señales de ello unos a otros. Mas el Lenguaje es para demostrar lo que es provechoso y lo que es perjudicial, y, por la misma razón, lo que es justo e injusto. Porque esto es peculiar de los hombres y distinto de los demás animales, que sólo ellos tienen noticia y sentimiento de lo que es bueno y de lo que es malo, de lo que es justo y de lo que es injusto, y de las demás cosas semejantes. Y lo que hace la familia y la ciudad es la confederación de cosas semejantes ; por lo que debe considerarse a la ciudad como anterior a la familia y aun a cada uno de nosotros, pues el todo necesario es primero que cada una de sus partes, ya que si todo nuestro cuerpo se destruye, no quedará pie, ni mano, sino solamente cuanto a la comunidad del vocablo. Porque cada cosa se distingue por su propia obra o facultad, de manera que pues no tienen ya el mismo oficio o facultad, no se ha de decir que son las mismas partes sino en cuanto a la ambigüedad del nombre. Consta, pues, que la. ciudad es cosa que consiste en natura, y que es primero que ninguno de nosotros. Porque si cada uno viviera solitario no podría bastarse a sí mismo ; será, comparado con la ciudad, de la LA POLÍTICA  17 misma manera que las partes con el todo. Pero aquel que en ninguna cosa puede hacer compañía, o el que por ser para si mismo suficiente no tiene necesidad de cosa alguna, ninguna parte es de la ciudad ; de manera que, o será bestia o será Dios. Todos los hombres, pues, tienen naturalmente este deseo de vivir en semejante compañía. Y el primero que la juntó fué autor de los mayores y mejores bienes. Porque así como el hombre, puesto en su perfecta naturaleza, es el mejor de todos los animales, así también, apartado de la ley y de la justicia, es el peor de todos ; porque no hay cosa tan terrible corno un hombre injusto con armas y poder. Pero el hombre, puesto en poder y señorío, modérase con la prudencia y la virtud, aunque puede hacer también un uso contrario. Por esto, este tal es un hombre sin Dios y muy cruel, si no está adornado de virtud, y es el más perdido de todos en lo que toca a los carnales deleites y al comer. Pero la justicia es una cosa política o civil ; porque no es otra cosa sino regla y orden de la compañía civil, y este juicio es la determinación de lo que es justo. CAPITULO III Habiendo dicho de qué partes se compone la ciudad, no es forzoso tratar primero de la Economía o regimiento de familias, pues cualquiera ciudad está compuesta de familias. Las partes de la Economía son aquellas de que la familia se compone ; la cual, si es perfecta, consta de siervos y de libres. Pero, pues entre las últimas cosas habremos de inquirir las que son primeras, y si las primeras y últimas partes de la casa son el señor y el siervo, el marido y la mujer, el padre y los hijos, tendremos que tratar de estas tres cosas y lo que cada una de ellas debe ser. Estas son : la disciplina señoril, la conyugal—porque el ayuntamiento del macho con la hembra no tiene propio nombre—, y la tercera, la paternal, que tampoco tiene nombre propio en la lengua griega. Sean, pues, estas tres las que hemos dicho. Pero hay otra parte cierta, que a muchos les parece ser la misma Economía entera, y a otros la más principal parte que ella tiene, digo la que se llama arte de ad- LA POLÍTICA  19 quirir, de la cual también habremos de considerar su trascendencia. Tratemos, pues, primeramente del señor y del siervo, para que entendamos lo que habremos menester para el uso necesario, y si podemos hallar alguna cosa para entender esta materia más apropiada que lo que hasta ahora habremos dicho. Porque a unos les parece que la señoril disciplina es ciencia y que todo es uno : la disciplina de regir la casa y la de regir siervos, y la de administrar la república, la misma que la de regir un reino, como ya dijimos al principio. Otros hay que tienen por opinión que el señorear es cosa fuera de la Naturaleza, porque la ley es la que ordena que éste sea siervo y el otro sea libre ; pero que, cuanto a lo natural, no difieren en nada, y que por esto no es cosa justa la servidumbre, pues es cosa forzosa y violenta. Pero, pues la posesión o alhaja es parte de la familia, y el arte de poseer es parte de la Economía—porque sin las cosas necesarias ni se puede vivir, ni bien vivir—, de la misma manera que en las vulgares artes de necesidad ha de haber los propios instrumentos, si ha de darse a la obra su remate y perfección, de la misma manera también es en lo que toca a la Economía. Los instrumentos, pues, unos son animados, y otros, cosas muertas y sin vida. Como al piloto le es el timón instrumento muerto ; pero al que rige la proa de la nave le sirve de instrumento vivo. Porque en las artes el ministro tiénese en cuenta de instrumento, de la misma manera la posesión es el instrumento 20  ARISTÓTELES de la vida, ni es otra cosa la posesión que abundancia de instrumentos. El siervo, pues, es una alhaja viva, y todo ministro es como instrumento que precede a 'todos los otros instrumentos. Porque si cada instrumento pudiera, cuando lo llamaron o cuando sintiera que convenía, hacer lo que a él le tocaba por sí mismo—como dicen que lo hacían los, instrumentos de Dédalo o las ollas de tres pies de Vulcano, las cuales dice el poeta que sin llamarlas ninguno salieron de suyo a la divina contienda—, así también si los peines por sí mismos tejiesen, y la pluma por sí misma tocase la cítara, ni los oficiales tendrían necesidad de ministros, ni los señores de siervos. Estos instrumentos, pues, que decimos son instrumentos de hacer ; pero la posesión o alhaja, es instrumento de obrar. Porque del peine de tejer procede alguna cosa fuera del uso del tal peine ; pero del vestido o de la cama sólo el . uso se pretende. Demás de esto, pues, el hacer y el obrar son cosas diferentes en especie, y lo uno y lo otro tienen necesidad de instrumentos ; por }a misma razón habrá entre los instrumentos la misma diferencia. El vivir, pues, es obrar, pero no hacer, y por esto el siervo es ministro de las cosas que pertenecen al obrar. De aquí se colige claramente cuál es la naturaleza y facultad del siervo. Porque aquel que es hombre, y naturalmente no es suyo mismo, sino de otro, este tal es naturalmente siervo. Pero si hay alguno que de su naturaleza, sea tal, o si no lo hay, y si a alguno le es mejor y cosa justa el servir, o si no, y si toda ser- LA POLÍTICA  21 vidumbre es cosa fuera de naturaleza, más adelante lo disputaremos. Aunque no es cosa dificultosa entender esto por razón y verlo por la experiencia de las cosas que suceden. Porque el regir y el ser regidos no solamente es cosa que la necesidad lo requiere, sino también cosa conveniente ; y ya desde el na- , cimiento de cada uno salen unos para ser mandados y otros para mandar, y aun hay muchas diferencias entre los que mandan y también entre los que son mandados ; y siempre es mejor el gobierno de los mejores regidos, como mejor es gobernar hombres que gobernar bestias. Porque siempre es mejor obra la que se realiza por los que son mejores, y donde uno rige y otro es regido, cada uno tiene su propio oficio, y así, en todas aquellas cosas que se componen de otras muchas, entre las cuales hay alguna comunidad, ora sean continuadas, ora interpoladas, parece que hay alguna que mande y rija, y otra que sea regida y gobernada. Lo dicho puede referirse de todas las cosas animadas, de cualquier naturaleza que sean, teniendo en cuenta que las cosas que carecen de vida también presentan su manera especial de señorío y de armonía, aunque el tratar de esto cae fuera de nuestra consideración. El animal está compuesto de cuerpo y alma, de los cuales elementos el alma señorea naturalmente, y el cuerpo es el sujeto, debiendo considerar que esto suceda en los: que tienen su naturaleza dispuesta conforme al buen concierto natural, y no en los que la ARIST ÓT ELES tienen estragada. Porque en los perversos o perversamente dispuestos, muchas veces parecerá que el cuerpo rige al alma, por estar mal ordenados y fuera de su natural disposición. En el animal, pues, primeramente, como decimos, se echa de ver el señoril gobierno y el civil. Porque el alma sobre el cuerpo tiene mando de señor, y el entendimiento sobre los afectos, de gobernador y re y ; en los cuales claramente se muestra ser conforme a naturaleza y utilidad que el cuerpo sea regido por el alma, y la parte que es sujeta a los afectos, por el entendimiento y por la parte que alcanza uso de razón. Pero el querer mandar por igual, o al contrario, es perjudicial a unos y otros. Lo mismo se observa en el hombre, si se le compara con los demás animales, porque los animales mansos naturalmente son mejores que los fieros, y a los unos y a los otros les es mejor ser regidos por el hombre, porque de esta manera se libran de peligros. Asimismo, el macho, comparado con la hembra, es el más principal, y ella inferior ; y él es el que rige, y ella, la que obedece. Pues de la misma manera se ha de hacer de necesidad entre todos los hombres. Aquellos que entre sí difieren tanto como el alma del cuerpo o como el hombre de la bestia están dispuestos de la manera referida, y todos aquellos cuya propia obra es el uso corporal—que es el mejor que pueden hacer—estos tales son naturalmente siervos, para los cuales les conviene •más ser gober22 LA POLÍTICA  23 nados por semejante señorío, pues lo es también en los cosas que están dichas. Todo aquel que puede ser de otro, es naturalmente siervo, y por esto se dice ser de otro el que hasta tanto alcanza razón que pueda percibirla, mas no la tiene en sí. Porque los demás animales sirven no percibiendo las cosas por uso de razón, sino por los afectos, aunque el servicio de unos y otros difiere poco ; pues los unos y los otros no valen en las cosas para el cuerpo necesarias, esto es, los siervos y los animales domésticos y mansos. Aun la Naturaleza parece que quiere hacer los cuerpos de los libres diferentes de los de los siervos, pues hace los cuerpos de los siervos robustos para el servicio necesario, y los de los libres, derechos e inútiles para obras semejantes, pero aptos para la vida civil y su gobierno, el cual está en dos tiempos repartido : en tiempo de paz y en los menesteres y usos de la guerra. Algunas veces suele acontecer al revés que unos tengan los cuerpos de hombres libres, y otros los ánimos. Esto, pues, consta claramente : que si en sólo lo que al cuerpo toca hubiese tanta diferencia como hay entre nuestros cuerpos 'y las imágenes de los dioses, todos los demás juzgarían ser los tales merecedores de que todos los sirviesen. Y si esto es verdad en lo que se refiere al cuerpo, con mayor razón lo ha de ser respecto al alma, debiendo existir diferencia notoria. Sino que no se entiende con tanta 24  ARISTÓTELES facilidad la hermosura del alma como la del cuerpo. Conste, pues, que naturalmente hay algunos hombres libres y otros siervos, a los cuales les conviene más servir y es justo que sirvan. n d fc cc lo ir bi 111 gu tic olr CAPITULO IV Aunque algunos afirman lo contrario, bien fácilmente puede demostrarse que no tienen razón. Porque el servir y el siervo se dice de dos maneras : uno hay que es siervo conforme a la ley—siendo la ley le conformidad o consentimiento—, por lo cual dicen que los que son por guerra vencidos vienen a ser de los vencedores. Aunque la justicia de este hedao es reprendida por muchos de los que tratan de leyes, pareciéndoles cosa fuerte que sea el más poderoso el que sojuzgue al débil. Pero la causa de esta cuestión, y lo que hace titubear a las razones es que en alguna manera la virtud, cuando viene a tener el señorío, puede muy de veras forzar, y cualquiera que vence a otro siempre es por hacerle ventaja en alguna manera de bien, de manera que parece que la fuerza no se hace sin alguna manera de virtud ; y que la cuestión nunca es sino acerca de la justicia ; y por esto a unos les parece que lo justo consiste en una buena voluntad, y a otros, que es lo justo que sea señor el que más puede. Y pues estas razones son tan diferentes unas de otras, las razones que dicen 32  ARISTÓTELES Una especie, pues, del arte de poseer naturalmente es parte de la Economía, la cual ha de tener en sí o proveerla de manera que haya abundancia de las cosas, de las cuales se puedan sacar dineros, los cuales son para pasar la vida necesarios, y muy útiles para la conservación de la compañía, así civil como familiar. Y aun parece que lo que verdaderamente se ha de llamar hacienda son los dineros, porque el tener suficientemente abundancia de ellos para pasar bien la vida tiene su término, y no es, como dice Solón en su poesía : Ningún límite hay puesto a los mortales en la codicia y copia del dinero. Porque realmente lo hay así en las demás artes ; puesto que en ninguna hay instrumento infinito ni en número ni en grandeza ; y el dinero es copia abundante de instrumentos, así para regir la familia como también para el gobierno de la República. Queda, pues, probado cómo, así en los que gobiernan familia como en los que administran República, existe la facultad de poseer y la causa de ella. CAPITULO VI Hay otra manera de posesión, la cual lianian arte de adquirir dineros, y es justo que se llame así, por no haber otro término para designar las riquezas y posesiones. La permutación de las cosas comenzó primeramente por naturaleza, por razón que de las cosas necesarias para el vivir unos hombres estaban más provistos que otros. De aquí se colige que el arte de revender las cosas, naturalmente, no se comprende en el arte de adquirir dineros. Porque de necesidad habían de hacer el contrato o permuta entre sí, según y cuanto a ellos les bastase. En la primera compañía, pues, quiero decir en la familia, claramente consta que no lene que ver el arte de revender sino cuando ya la compañía viene a multiplicarse y hacerse ma y or. Porque de aquéllos, los primeros lo tenían todo común, y los otros que ya se apartaban, con todo esto comunicaban entre sí muchas y diversas cosas, con las cuales, por necesidad, habían de hace/' las permutas, según vemos hoy día en muchas tierras de bárbaras naciones en las 8 34  ARISTÓTELES maneras de sus contratos, puesto que permutan unas cosas útiles por otras, dando y recibiendo vino por trigo y otras mercancías semejantes. Esta manera de contratar ni está fuera del uso natural ni tampoco en especie alguna del arte de adquirir dinero ; porque solamente sirve para suplir lo que falta o escasea para el mantenimiento natural. Pero es innegable que de ésta nació la otra conforme a la razón. Porque como había de venir de lejos el socorro, adquiendo lo que había de menester y llevando lo que les sobraba, por necesidad hubo de introducirse el uso del dinero, ya que todas las cosas que son necesarias para la vida no era fácil transportarlas. Por esto acordaron entre sí dar y recibir, unos y otros, en sus contrataciones, alguna cosa tal que siendo útil tuviese mayor facilidad para el trueque, como son ,el hierro, la plata y otros semejantes, objetos. Al principio, solamente lo tasaban por cierta cantidad y peso ; pero después, por librarse de la fatiga de pesar, pusiéronle ño o sello. Este se colocaba para indicar la cantidad. Inventado, pues, el uso del dinero, per la necesidad de las contrataciones, se descubrió luego el otro género de adquirir, que es el arte de comprar y vender, que si en un principio fué ruda y llana, poco a poco se hizo artificiosa, pensando los hombres cómo lograrían y de dónde mayor ganancia. Por esto parece que el arte de adquirir consiste particularmente en el dinero, y que su pro- o POLÍTICA pio oficio estriba en entender de dónde se podrán sacar y ganar muchos dineros, ya que este arte es el que da las, riquezas. Otras veces, si se . considera el dinero, parece cosa de vanidad y niñería, y que solamente es una ley ; p e r o , naturalmente no es nada ; porque si los que de él se sirven se cambiaran, no tendría ningún valor ni sirve para cosa alguna de las que son necesarias para la vida. Y acontece que : . el . que está muy rico de, dineros, con todo esto carezca del necesario sustento ; pareciendo una sin razón que las riquezas sean de tal manera que aquel que las posee pueda perecer de hambre, como cuentan las fábulas de Midas, del cual, por la insaciable codicia que tenía de dinero, decían que todo lo que tocaba se le convertía en oro. Por esto, los hombres. buscan otra manera de riquezas y, :otra manera de adquirir, no faltándoles razón para ello. Porque hay otra manera de adquirir y otro género de riquezas conforme a naturaleza, .y este arte de adquirir semejantes riquezas es la Economía, Porque el arte de los mercaderes es arte de sacar dineros, no de cualquier manera,. sino contratando con el dinero ; y parece que este arte consiste en el dinero,. porque éste es el principio, y fin, de los contratos,. y las riquezas que proceden de . esta manera de adquirir. no parece que tienen cierto tér-. mino. Porque así como la Medicina es arte de alcanzar la salud, y en esto no  pone tasa. y cada una de las demás artes no , pone término en su fin, porque aquélJds , es lo ,que 36  ARISTÓTELES más ellas desean hacer y ejercitar ; pero a los medios que van encaminados al fin, término les ponen ; porque el fin que pretenden es el término de cada una ; de la misma manera, en el fin de este modo de adquirir no hay término, siendo su móvil único el dinero y las riquezas.. La disciplina de regir la casa, que no es arte de ganar dineros, tiene su término y su fin, porque el oficio propio de la Economía no es ganar dineros. Por esto parece que en la Economía todas las riquezas, por necesidad, han de tener su término y su límite, aunque por lo qué se acostumbra parezca lo contrario, ya que todos los que adquieren hacienda pretenden acrecentar su dinero sin término ninguno, lo cual proviene de la gran afinidad que hay entre ambas partes, aunque se varía el uso de una misma cosa, siendo diferente del de el arte de adquirir, porque de un mismo uso es el poseer, aunque no por una misma razón. La Economía tiene otro fin diverso, y el arte de adquirir solamente acrecentar el dinero. De manera que a algunos les parece que acrecentar la hacienda es el oficio propio de la Economía, y están firmes en esta opinión, o sea, que' la posesión del dinero o se ha de conservar o aumentar sin término ni límite ninguno. La causa de esta opinión consiste en que estos tales precian más el vivir que el bien vivir, y, como su codicia no tiene límites, desean también poseer todas aquellas cosas tocantes a la conservación de la vida. Pero los que procuran vivir bien conténtanse con LA POLÍTICA  :37 tener aquellos que se requiere para las necesidades corporales, y como esto parece también que es una manera de adquirir y poseer, toda su conversación y trato estriba en la adquisición de dinero, y de este modo de adquirir procedió el otro. Porque, como el gozar es excesivo, procuran todo aquello que les conserve en el exceso de gozar, y si para esto no les basta el arte de adquirir dineros, para tener abundancia de ellos procuran buscar otros medios, aprovechándose para esto de todo género de fuerzas, aunque no conforme a la naturaleza de ellas. Porque el oficio de la fortaleza no es hacer dineros, sino hacer los ánimos valientes ; ni tampoco es oficio del arte de Capitán ni de la Medicina hacer dineros, sino, de la una, conseguir la victoria, y de la otra, reparar la salud. Pero los hombres convierten todas las artes en ganancia, como si éste fuese el último fin. Ya hemos dicho cuanto se refiere al arte de adquirir no necesaria, qué arte es y por qué causa tenemos necesidad de ella. y bién hemos tratado del arte necesaria de adquirir, cómo es diferente de la otra y que la natural Economía es la que considera lo que toca al mantenimiento, no con infinita codicia como aquella otra, sino con codicia limitada. Como !.; Manifiestamente,' pues, 'se -ve , 7 1o , que ál principio se dudaba : si el arte 'de 'adquirir'dinerbs era parte de la Economía y 'referente al > gobierno' de la :República, o 'si . 110' lo:era', p : ero . convenía que precediese . Porque así cómo la ' disciplina del -gobierno público no hace a los 'hombres, sino . que turnándolos ' dé la Naturaleza se sirve yaprovecha deellos, de la Misma manera el mantenimiento lo ha de Producir y dar la -tierra o el mar,. y de ahí conviene que el gobernador de . la familia disponga y ordene estas cosas como 'Corresponda. Porque no toca al arte' del tejer el hacer las hilazas, sino servirse de ellas y entender cuál es buena y conveniente y cuál Mala' y sin provecho. De la misma manera podría dudar alguno por qué el arte de adquirir ha de ser parte de la Economía y no 10 ha de ser también la Medicina, , , ya que también conviene que los que viven en la casa tengan salud, como que vivan, Todo esto, como poco ha decíamos, conviene que proceda de la misma naturaleza muy cumplidamente, porque oficio propio de la naturaleza es dar mantenimiento a lo en- LA POLÍTICA Ç, E A 39 gendrado. Por esto es natural a Modos el arte de adquirir de los frutos y dé TOS animales ; pero como ésta es de dos maneras, como hemos dicho, y una de ellas es el arte de vender y comprar, y otra el arte de regir la familia, y esta postrera es la necesaria y la más digna de alabanza ; porque la primera es inconstante y vituperada con mucha razón (porque no adquiere conforme a la naturaleza, sino tomando de unos y de otros), y así es reprendida la manera de adquirir con logro y usura ; porque del mismo dinero pretende sacar ganancia, y no de aquello para que fué inventado el uso del dinero, esto es, para uso de los contratos. Pero la usura se acrecienta a si misma ; por lo cual se llamó en griegos Locos, que quiere decir parto, ya que éste es semejante a quien lo pare, y el logro es dinero parido de otro dinero. De manera que, entre todos los modos de adquirir, éste es el más contra natura. Ya hemos declarado bastante en lo que respecta al conocimiento del arte de adquirir ; conviene ahora que declaremos lo que se refiere a la práctica y uso de ella. Estas, pues, son las partes útiles del arte de adquirir : tener experiencia en lo que se refiere a la posesión, distinguiendo las cosas más provechosas y convenientes, tanto animadas como inanimadas, para obtener el debido provecho. Tratar de cada una de ellas en particular sería, ciertamente, útil para los negocios ; pero sería muy pesado el escribirlas por menudo. De todo ello ya han escrito varios au- 40  ARISTÓTELES tores, como son Cares Pario y Apolodoro Lemino, de la agricultura, y de la misma manera otros de varios géneros de cosas, las cuales, el que las habrá menester, de allí podrá tomarlas y entenderlas. Será también utilísimo entender y recopilar las diversas cosas que en diversas partes están escritas, por medio de las cuales algunos se hicieron ricos. Todas estas cosas son provechosas para aquellos que tienen en mucha estima el adquirir riquezas, como se escribe de Tales el milesio, aunque de él se cuenta por su sabiduría. Vituperándole una vez—a Tales—ciertas gentes por su extremada pobreza, y despreciando la Filosofía, corno cosa sin utilidad, se refiere que hubo de conocer por la Astrología que aquel año había de cosecharse mucho aceite, siendo aún invierno, y que, corno tenía poco dinero, arrendó sobre prendas todos los molinos de aceite que había en Mileto y en Chío por poco precio, como no hubiera quien diese más por ellos. Pero cuando vino el tiempo de la cosecha todos procuraban recoger prestamente sus olivas y él alquilaba los molinos al precio que quería, y sacando de esta manera muchos dineros mostró cómo es fácil que se enriquezca un filósofo. Corno hemos dicho, es general esta manera de adquirir, si uno puede por si solo hacer la compra de las cosas. Por esto algunos pueblos usan de este linaje de arbitrio cuando tienen necesidad de dinero, porque compran todo aquello que se ofrece en venta. LA POLÍTICA  41 En Sicilia hubo cierto individuo que compró todo cuanto hierro había en las herrerías. Después, como los mercaderes venían a comprarlo, lo enajenaba sin gran exceso en el precio, y de este modo, con cincuenta talentos que empleara en el negocio, ganó otros cincuenta y los hizo ciento. Cuando lo supo Dionisio (1), le mandó que se llevase su dinero ; pero no le permitió por más tiempo residir en la ciudad, corno a persona que había descubierto un modo de renta nada provechosa para el interés del común. La consideración, pues, de Tales y del último citado fué la misma, toda vez que ambos procuraron con su maña acaparar la mercancía. Mucho importa conocer esto a los gobernadores de la República, porque muchas ciudades tienen necesidad de dineros y de semejantes réditos, de la misma manera que la casa, y aun con más urgencia. Por lo cual han de tener cuenta de ello los que administren la República. (1) El tirano de Siracusa. LIBRO SEGUNDO CAPITULO PRIMERO Siendo nuestro propósito tratar por extenso la civil comunicación, la cual es la más principal de todas las compañías para que los más puedan vivir conforme a sus deseos, conviene también que consideremos las demás disciplinas de gobierno público, de las cuales se aprovechan y sirven algunas ciudades de las que se tienen por mejor regidas y gobernadas y poseen mejores leyes, como también de las otras formas de gobierno, por algunos tratadas, y que parezcan tener en sí buena disciplina de gobierno, para que de este modo se eche de ver lo que está bien y lo que es útil, y al mismo tiempo para que al considerar o inquirir algo diferente de aquellas maneras de gobierno, no parezca del todo hecho de hombres que quieren sofisticar esta disciplina ; sino que atendiendo a las formas de República que . ahora se hallan, y no están lo bien regidas que fuera de desear, por esto se entiende que nos ponemos a tratar de ello. 511 LA POLÍTICA  49 Primeramente, pues, habremos de comenzar por lo fundamental, esto es : los lazos comunes entre unos y otros ciudadanos ; pues es de necesidad que todos ellos o han de tener todas las cosas comunes o ningunas, o unas sí y otras no. El afirmar que no han de tener nada en común no se ajusta a la razón, porque el regimiento de la República es una comunicación. En primer lugar, pues, han de tener corno necesidad común el lugar y asiento de la ciudad, ya que el territorio es sólo uno y los ciudadanos son participantes de él. Pero ¿ podremos decir acaso que es más conveniente que la ciudad, donde cómodamente se ha de habitar, tenga común todo lo que se puede comunicar, o que conviene más que tenga unas cosas comunes y otras no ? Porque puede acontecer que los vecinos de la ciudad tengan entre sí comunes los hijos, las mujeres, las posesiones, como en La República, de Platón. Porque allí Sócrates es de parecer que conviene que los hijos, las mujeres y las haciendas sean comunes. ¿Diremos, pues, que . es mejor que todo esto se halle de la manera como hoy está o conforme a la ley que se dispone en aquella República ? Tiene, realmente, aquella comunidad de las mujeres otras muchas dificultades, y más que aquello por cuya causa le parece a Sócrates que conviene hacerse aquella ley de aquel modo, no parece deducirse de las razones que allí se exponen. Además, que para el fin que Sócrates dice que conviene proponerse en la República, según ahora hemos dicho, de nin4 1 - a1 que os, las eiu )Yes) (10» 16' YO di' 50  ARISTÓTELES surta manera puede conformar. De cómo se haya de distinguir y repartir todo esto no se habla allí palabra alguna. Digo de cómo ha de ser una ciudad, casi presuponiendo que es cosa muy importante que sea muy una, porque esto es lo que en aquella obra se propone tratar. Manifiesta cosa es que si en esto pasa muy adelante y viene a hacerse muy una, ya no será ciudad. Porque la ciudad es, naturalmente, multitud, y si mucho se viene a hacer una, de ciudad se hará familia, y de familia un hombre solo. De manera que, aunque fingiésemos que se pudiera hacer una cosa como ésta, no convendría que se hiciese, porque sería destruir del todo la ciudad, la cual no sólo consta de muchos hombres, sino de muy diferentes en especie. Porque la ciudad no se constituye con personas semejantes, siendo distinta cosa de la guerra, en que la utilidad depende de la multitud, aunque toda sea de una misma especie. También habrá diferencia entre la ciudad y la nación cuando la muchedumbre de las mismas no esté repartida por aldeas, sino como los de Arcadia ; pero aquellas cosas de que se ha de componer una tercera han de ser diferentes en especie. Por esta razón, lo que conserva en su ser a las ciudades es la igualdad en el dar y recibir ; pues entre los que son libres y, por necesidad, iguales, se ha de hacer de esta manera, ya que todos no pueden mandar juntamente, sino de año en año o por espacios de tiempo determinados. Y así sucede, en efecto, qiie todos man- LA POLf TICA  51 dan y gobiernan, como si se trastrocasen los zapateros y los arquitectos, y no fuesen unos mismos siempre zapateros o siempre arquitectos, Pues, si es mejor que las cosas que tocan a la civil compañía se estén de este modo, podría preguntarse si no sería tal vez más conveniente que siempre gobernasen unos mismos. Pero donde no es posible, por ser todos, naturalmente, iguales, es muy justo que todos participen del gobierno, bien sea bueno, bien sea malo, y procurar por todos los medios vivir en igualdad, como lo hacían los del primer tiempo. Porque, en parte, unos mandan y otros son regidos por sus veces, corno quien se convierte en nueva persona. De la misma manera, unos gobernadores de República rigen un cargo y otros rigen otro. De todo esto se colige claramente que no puede ser una la República de la manera que algunos dicen, y que aquello que constituye para ellos el mayor bien de las repúblicas es lo que las destruye, y, por el contrario, lo que es el propio bien de cada cosa es lo que la conserva. También se colige, por otra parte, que el procurar hacer muy una la ciudad no es lo mejor del mundo, porque más bastante es para sí misma una familia que no un hombre solo, y una ciudad más que una familia. Y entonces presume una compañía ser ciudad, cuando hay en ella bastante multitud para hacer aquella compañia. Y, pues, es más de desear lo que más suficiencia tiene, habremos de desear más lo que menos unidad tuviere, que lo que es más uno. CAPITULO II Aunque lo dichoanteriormente fuese lo más conveniente, esto es; el ser muy una la compañía, no parecería muy cierto si todos juntamente dijeran : mío y no mío. Porque esto le parece a Sócrates ser señal de que la República sea perfectamente una. Porque esto de decir todos entiéndese de dos maneras ; pues si se entendiese que cada uno por sí dijese : mío y no mío, acaso sucediera mejor lo que Sócrates pretende. Porque cada uno diría de uno ¿fue es su hijo, y de una misma mujer que es suya ; y en lo que respecta a la hacienda y a las demás cosas, ocurriría lo propio. No lo entienden de este modo los que tienen las mujeres comunes y los hijos, sino que todos los tengan así en común ; pero no como cosa que . particularmente sea suya. Y de la misma manera en lo que toca a la hacienda, que es de todos y particularmente de ninguno de ellos. Consta, pues, que al decir todos hay engaño y razón sofistica ; porque el vocablo todos, por entenderse de dos maneras, dice lo uno y lo otro, quiero decir, lo igual y lo LA POLÍTICA  53 desigual ; y aun en las disputas hace argumentos litigiosos. De manera que el decir todos es lo mismo que afirmar que de una manera es bueno, aunque imposible, y de otra manera es cosa ajena de todo buen entendimiento y de toda concordia. Además, hay otro inconveniente en esto que decimos ; porque de lo que es común a muchos se tiene menos cuidado que de lo propio. Así acontece con los criados, donde algunas veces los muchos sirven peor que los pocos. De este modo, a cada ciudadano le saldrían mil hijos, no como suyos precisamente, sino que con el primero que topara, y todos tendrían que preocuparse por los hijos de los demás, sin cuidarse de quién los engendró. ¿No es mucho mejor que cada uno pueda decir : éste es mío? Y así a un mismo hombre se le llama hijo, hermano o primo, según el grado de parentesco que con él se tenga, lo cual es más conveniente para, que se conozcan y se amen unos a otros. Algunos geógrafos nos dicen que existen en el Africa superior ciertas gentes que tienen comunes las mujeres, y que los hijos que nacen de ellas se los reparten conforme a las señales del padre a quien parece. Hay también algunas mujeres, y aun ciertas hembras en otros géneros de animales, como son yeguas y vacas, las cuales tienen esta natural propiedad de parir los hijos muy semejantes a sus padres. Dejo aparte que, con todo eso, no puede evitarse con facilidad semejantes deficiencias por los que introducen comunidades seme- 54  ARISTÓTELES jantes, con las consecuencias anejas de disturbios y muertes, forzadas y voluntarias, con acompañamiento de palabras injuriosas y continuas reyertas. Estas cosas se evitan por el conocimiento mutuo de padres, hermanos e hijos. Otro inconveniente se presenta al tener los hijos en comunidad ; pues no sólo se evita que se junten los que se aman ; pero no se prohibe que no se amen, siendo gran fealdad que se crucen padres e hijos y hermanos con hermanas, pues aun el amarse solamente por aquella razón es cosa torpe. El mayor bien que puede disfrutarse en las ciudades es la amistad, porque, existiendo ésta, habrá en ella menos disensiones. Esto de ser muy una la ciudad encarécelo Sócrates en grado sumo, lo cual, según él dice, es el resultado de la amistad, como vemos que confirma Aristóteles en su Diálogo del amor, cuando dice «que los enamorados, por lo mucho que se quieren, desean juntarse en uno, y de dos que son, en uno convertirse». En éstos, pues, por necesidad, uno o ambos habrán de corromperse. Pero en la República, necesariamente habrá de enfriarse la amistad cuando exista semejante comunidad, y con menor afecto dirá el padre : «éste es mi hijo», o el hijo : «éste es mi padre». Porque, así como un poco de dulce lo mezclais en muy grande cantidad de anua no se echará de sentir tal mixtura, de la misma manera acontecerá que, con la conformidad y afición que pueda haber entre individuos de nombres semejantes, no haya LA POLITICA  55 necesidad de tener tanta cuenta en el gobierno de la República, como se requiere el tener el padre con los hijos o los hijos con el padre, o los hermanos entre sí. Porque dos cosas hay que hacen a los hombres tener más solicitud y cuidado de las cosas y cobrarles mayor afición : el serles propias y el estar enamorados de ellas ; de las cuales ninguna puede haber en los que de aquel modo administraren la República. Además, el transportar los hijos que nacieren de labradores y oficiales a soldados, o viceversa, es gran revuelta y Babilonia. Asimismo, todo aquello que arriba decíamos ha de suceder por necesidad con los últimos, esto es : los agravios, amores y muertes. Porque ya no tendrán a los soldados por hermanos, ni por hijos, ni por padres. los que a otro género de ciudadanos fueren transportados, y de la misma manera de vivir. De suerte que el respeto de la genealogía y parentesco no les refrenará de hacer cualquier cosa de aquellas. CAPITULO III Ya hemos determinado lo referente a la comunidad de los hijos y mujeres. Síguese, tras esto, el considerar lo que toca a las posesionesde qué manera han de ordenarse por los q e ue han de regir la República, conforme a la mejor manera de gobierno. La primera cuestión es la de si conviene o no conviene que las posesiones de las cosas sean comunes pero esto lo puede discutir cualquiera, independientemente de lo establecido acerca de los hijos y mujeres. Hablo, en lo referente a las posesiones, si es mejor que estando repartidas, como hoy día lo están por todas partes, deba ser común la propiedad de ellas y el servicio de las mismas ; o que las granjas y huertos estén divididos, como están, y que los frutos que se obtienen se traigan a montón común, como hacen algunas naciones, o, por el contrario, que la tierra sea común y que comúnmente se cultive, pero los frutos se repartan conforme a la necesidad de cada uno, lo cual dicen que se acostumbra en algunas naciones bárbaras (1). También podría discutirse la conve- (1) Pág. 47, LA POLÍTICA  57 niencia de que tierras y frutos fueran comunes. Si los que cultivaran la tierra fueran diferentes de los que la gozaran, ya constituiría otra manera más fácil de negociar ; pero como tuvieran que trabajarlas ellos mismos, presentaría más dificultades el problema de la posesión, porque no siendo los hombres iguales en el gozar de los frutos y la diligencia y trabajo para obtenerlos, habría muchas quejas contra los más favorecidos y menos trabajadores. Par lo general, el poseer las cosas en común ofrece serias dificultades, especialmente cuando median intereses encontrados. Esto se observa en las compañías de los que caminan juntos, los cuales riñen por minucias propias de niños. Asimismo, altercamos más con los siervos que nos sirven frecuentemente. El poseer en común las haciendas tiene graves inconvenientes ; pero el orden actual establecido, con leyes justas, evita muchos conflictos, porque así se obtiene todo el bien de ambas maneras de poseer la propiedad. Llamo ambas maneras de poseer la propiedad a tenerlas en común y propias. Porque, en cierta manera, conviene que sean comunes, aunque absolutamente hablando han de ser propias ; porque estando repartidos los cuidados de la administración habrá ocasión de quejarse los unos a los otros ; y por esto se acrecentarán y medrarán más teniendo cada uno cuidado de lo suyo propio. Pero en cuanto a servirse por la virtud, serán, corno cIer 11(1 biei 'irl oca 101 11)1 mc eu cie 64  ARISTÓTELES tó muy poco Sócrates, y queriéndolo hacer éste muy común a las ciudades, casi lo reduce otra vez a la otra manera de república. Porque, exceptuada la comunidad de las mujeres y haciendas, todo lo demás es igual en las dos formas de república, ya que les asigna una misma manera de doctrina y que vivan sin ejercitarse en las cosas necesarias de la vida ; y por lo que respecta a los convites o cofradías, de la misma manera ; excepto que en esta segunda república dice que también han de tener las mujeres su cofradía, la cual ha de ser de mil mujeres que puedan tomar armas, y la de los varones, de cinco mil. De manera que todas las discusiones de Sócrates tienen esta falta, pues son prolijas, llenas de novedades y perplejas. Aunque decir y tratar bien todas las cosas es, en verdad, dificultoso, pues aun esta multitud que ahora decíamos, habremos de considerar que tendría necesidad, para mantenerse, de una tierra como Babilonia o de otra que fuese tan espaciosa como ella, en la cual hubiesen de mantener cinco mil personas ociosas y, además, sus mujeres, con otra mayor canalla de gente de servicio. Bien puede, pues, uno fingir y presuponer a su deseo y voluntad ; pero no lo que es imposible de realizar. Dícese, pues, que el legislador, al confeccionar las leyes, ha de tener cuenta de dos cosas : la región y los hombres. Pero puédese añadir a éstas una tercera, que es : con las tierras comarcanas, si el pueblo ha de vivir una vida civil. Por- LA POLÍTICA  65 que no solamente es necesario que la ciudad use de aquellas armas que sean más convenientes para la guerra, conforme a la manera y sitio de la tierra, sino también conforme al modo de las tierras comarcanas. Y ya que alguno no aprueba esta manera de vivir, ni particularmente para sí, ni comúnmente para su ciudad, con todo eso, conviene que los ciudadanos se muestren feroces a los enemigos, no solamente cuando vengan a hacerles guerra a sus casas, pero aun cuando se vayan. Se ha de considerar también la cantidad de las haciendas, si se puede tasar y determinar de otra manera que allí se tasa, con mayor certidumbre y claridad. Porque dice que ha de ser la hacienda tanta cuanto baste para vivir moderadamente, que es como decir para vivir bien. Porque decirlo de esta manera es decirlo más generalmente. Además, que puede acaecer que uno viva templadamente y, con todo esto, viva con miseria. Mejor se define, pues, diciendo : moderada y liberalmente. Porque si está lo uno sin lo otro, el vivir liberalmente puédese entender como vivir lujuriosamente, y el vivir moderadamente, como el vivir en . trabajos y fatigas. Solas, pues, estas dos virtudes consisten en el uso de la hacienda, porque de la hacienda no decimos que nos servimos mansa ni valerosamente ; pero templada y liberalmente bien decimos ; de manera que los usos de estas virtudes han de consistir, por necesidad, en la hacienda. Sería, pues, cosa falta de razón que el 5 ARIST.45TELES que reduce a igualdad las haciendas no determine también el número de ciudadanos y que deje sin indicar los hijos que tiene cada uno, corno cosa que está suficientemente llana y declarada, lo cual suele ocurrir ho y día en las ciudades. Pero esto no conviene que esté de la misma manera reglado, siendo las haciendas iguales que estando como ahora están. Porque ahora ninguno pone esto en duda, porque para cualquier número que sea están las haciendas repartidas. Pero entonces, no estando divididas, los desiguales en dignidad y más bajos no tendrían cosa alguna, ora fuesen menores en número, ora fuesen más. Más conveniente cosa le parecería a alguien que se pusiese tasa en tener hijos que no en la posesión de la • hacienda, de manera que ninguno engendrase más de cierto número de hijos, y que este número y límite le pusiese considerando las desgracias que pueden suceder, o si acaso muriera alguno de ellos, y también teniendo en cuenta los que no tienen hijos. Porque el autorizar a que cada una críe todos los hijos que quisiere, como en las más de las ciudades lie hace, por necesidad ha de causar pobreza en los vecinos de ella, y es motivo de que haya discordias y motines y que se hagan muchas maldades. Fidón, natural de Corinto, que es uno de los más antiguos legisladores, es de parecer que se conserven iguales las familias y el número de los ciudadanos, aunque al prin- LA POLÍTICA no ladah .e Ici OO. esto iera que e. IR DII cll/).. lo 115 Dás b ;en 111. dr cipio tuvieran desiguales suertes en la cantidad. Más adelante trataremos de todas estas cosas y de la manera que nos parece han de estar mejor dispuestas y ordenadas. También notamos otra falta en estas leyes, y es que no determinan, en lo que toca a las personas de gobierno, la diferencia que ha de haber entre ellas y los súbditos. Pórque dice que, así como el estambre se hace de una manera de lana y la trama de otra, de la misma suerte se han de haber los que . gobiernan con los gobernados. Y pues dijo que se podía acrecentar la hacienda hasta cinco partes más, ¿por qué no ha de ser lo mismo en lo que respecta a la posesión de la tierra? ; debiendo ponerse algún límite para poseerla. Conviene también considerar el repartimiento de los patios de las casas, si acaso no conviene para la administración de la familia. Porque asigna a cada uno dos patios, de casa, apartando el una del otro con distancia de lugar, siendo cosa muy difícil morar en dos casas diferentes. Toda la disposición que allí propone (1) de república tira a ser, ni bien administración popular, que se dice Democracia, ni bien gobierno de pocos, que se llama Oligarquía, sino media entre estas dos, la cual llaman comúnmente Policía, que es administración de República, porque consta de personas que gobiernan la República. (1) Sócrates. es  ARISTÓTELES Si dispone, pues, Sócrates esta manera de República como la más común de todas para las ciudades, dice bien ; pero si la propone como la mejor, después de aquella su primera República, no acierta. Porque aunque haya alguno que alabe más la República de los lacedemonios o alguna otra que se incline más al gobierno de los principales, hablan mejor los que hacen mezcla de muchas maneras de gobiernos, porque el gobierno público que de más diferencias está compuesto será más ventajoso que aquél. Además de esto, no parece que tenga cosa que huela a monarquía, sino a oligarquía y democracia, y aun parece que se inclina más a la oligarquía, lo vial se colige claramente de la elección ore los magistrados. Porque el decir que escojan los más dignos, común cosa es de ambas maneras de gobierno ; pero el estatuir que los más ricos, de necesidad tengan autoridad para juntar concejo y hacer elección de magistrados, excluyendo a los demás, todo esto tira a oligarq uía o gobierno de pocos, y el procurar que los más de los cargos públicos se den a los ricos y que los mayores cargos se den a los más ricos, también sabe a lo mismo. Hace también la elección del Consejo o Senado conveniente a tal manera de gobierno ,porque manda que todos, por necesidad, sean elegidos ; pero, primeramente, de los del primer grado de hacienda ; después, otros tantos del segundo ; tras éstos, del tercer grado o del cuarto, excepto que del tercer grado o del cuarto no obliga a elegir nece- de ara Polrise es, 111• 10. 11. r. LA POLÍTICA  69 sariamente. Después de esto, dice que de cada grado de censo o hacienda conviene que se escoja igual número de senadores. De manera que los de los mayores censos serán los más y los mejores, pues no es necesario escoger de los otros censos. Que no deba, pues, esta manera de República constar de democracia y monarquía colígese de lo dicho como de lo que trataremos más adelante, cuando se nos ofrezca hablar de esta manera de República. También hay peligro en aquello del elegir los gobernadores, y cómo se deban elegir de los buenos los mejores. Porque si algunos se quieren confederar y son en número suficiente, harán siempre la elección a su gusto y voluntad, de manera que lo que acerca del gobierno público se trata en los libros de leyes pasa de esta suerte. CAPITULO y (1) Hay también otras maneras de gobierno, escritas unas por personas particulares, y otras por filósofos y hombres de gobierno. Y todas ellas están más conformes a las que hoy día están en ser y a las que se guardan actualmente en los gobiernos de los pueblos, que ninguna de aquellas dos socráticas. Porque ninguno , innovó nada acerca de la comunidad de los hijos ni de las mujeres, ni tampoco de los convites o cofradías de las mujeres ; antes comienzan a tratar su gobierno por las cosas necesarias. Paréceles, pues, a algunos que es cosa de suma importancia disponer bien lo que respecta a las haciendas, porque dicen que sobre éstas se promueven todos los alborotos. Por esto Paleas el calcedonio fué el primero que introdujo lo de la igualdad de las . haciendas, porque dice que conviene que las posesiones de los ciudadanos sean iguales ; (1) En los capítulos anteriores impugna Aristóteles las dos repúblicas de Sócrates, que se hallan descritas en los Diálogos de Platón ; en este capitulo y siguiente trata de otros autores, analizando sus obras.—(N. de los E.) LA POLÍTICA  71 íe is • lo cual no era dificil de introducir en las repúblicas que de nuevo se fundaban, aunque en las ya establecidas era más irrealizable, aunque brevemente se podrían igualar con ordenar que los ricos diesen dotes y no las recibiesen, y, al contrario, los pobres las recibiesen y no tuvieran que darlas. Pero Platón, en los libros de leyes que escribió, fué de parecer que, hasta cierto término, se permitiese a los ciudadanos el acrecentar los patrimonios ; pero que no se permitiese que ninguno lo acrecentase más de cinco veces más que el que menor fuese, y que esto fuese lo sumo que pudiera poseer cualquier ciudadano, como ya hemos dicho anteriormente. Pero se ha de tener en cuenta con esto, como no la tienen estos legisladores, que los que ponen tasa en la posesión de las haciendas conviene que la pongan también en el número de los hijos. Porque si el número de los hijos excede de la cantidad de la hacienda, por necesidad se ha de quebrar esta ley, y además redundará en daño de muchos ricos, que se volverán pobres. Y conviene procurar que estos tales no vengan a buscar novedades, constreñidos de la necesidad. Cuán importante cosa sea esto de la igualdad de los patrimonios para lo conservación de la compañía civil, ya lo entendieron muchos de los antiguos, como Solón, que lo dispuso así por ley ; y en otras tierras también se prohibe que pueda cualquiera aumentar su hacienda según su voluntad. 72  ARISTÓTELES Hay, asimismo, otras leyes que prohiben que ninguno pueda vender sus posesiones, como en las de los locrenses, en que se hacía esta prohibición, y únicamente se toleraba cuando se hubiera demostrado que la desgracia obligaba a vender. Esta referida ley no la observaron los de Leucades, que han hecho muy popular su gobierno de República, porque ya no se usa entre ellos elegir los cargos y magistrados conforme a cierta tasa de haciendas, sino que todos procuran tener tanta como los demás, y que, ora sea excesiva corno para vivir con deleite, o tan mezquina que le obligue a la vida miserable y muy por onzas. Consta, pues, que no basta que el legislador haga las haciendas iguales, sino que ha de procurar reducirlas a un medio. Además, aunque se les tase a todos la hacienda, no ha de aprovechar nada, por más que se ha de procurar que la codicia no se enseñoree de los cuidadanos, para lo cual bastan las leyes suficientes. Tal. vez dijera Faleas que esto mismo es lo que él pretende, porque es de parecer que en los pueblos haya igualdad en estas dos cosas : en la hacienda y en la doctrina. Respecto a la doctrina, conviene que se declare cuál haya de ser, porque no es conveniente para el bien común que en la Rept'iblica exista una sola manera de doctrina y que todos aprendan la misma. Porque bien puede ocurrir que la doctrina de la República sea una misma y de tal modo que haga a los hombres aficionados a tener más de s • ES  LA POLÍTICA  73 ta lo que tienen, tanto en dinero como en honra, o ambas cosas a la vez. Además de esto, riñen entre sí los hombres, no solamente por la desigualdad de las haciendas, sino también por la desigualdad de las dignidades y honras ; pero, al contrario, por cada cosa de éstas. Porque la gente vulgar riñe porque no son iguales las haciendas, y los principales porque los igualan con otros en las honras. De donde dijo Hornero : Honra procura el malo y el perfecto. Pero no solamente hacen agravio los unos a los otros por las cosas necesarias, para lo cual Faleas tiene por buen remedio la igualdad de los patrimonios y haciendas ; porque la desnudez y hambre no fuerce a los hombres a hurtar, aunque tal vez hacen agravio por satisfacer sus deleites y deseos. porque si su codicia excede a la necesidad, por satisfacerla hacen agravios, y no por ésta solamente, sino por el deseo que tienen de gozar de las cosas y deleites sin ninguna pena. ¿ Qué remedio se dará para estas tres cosas? Para los unos es buen remedio darles una poca hacienda y algún oficio en que trabajen. Para los otros es el remedio la virtud de la templanza. Para los terceros, si en sí .mismos quieren buscar los deleites, no hallarán y podrán encontrar otro remedio que darse a la filosofía, porque los demás delei- ARISTÓTELES los que cultiven la tierra común, y además la suya propia, en tal caso la recolección de los frutos no será bastante para que cada uno mantenga dos casas. Ahora bien ; ¿por qué razón los labradores se han de privar de parte de su mantenimiento, recogido de su propia: tierra, para darlo a los puestos en armas? Todas estas cosas ocasionarían realmente graves confusiones y revueltas. Tampoco está bien ordenada aquella ley de la Judicatura que manda que el juez juzyt gue dividiendo la Judicatura y que el juez haya de ser repartidor. Porque esto, en el juicio arbitrario, acaece caundo son muchos ij os árbitros, porque comunican entre sí la sentencia que han de dar ; pero en las audiencias eso no se sufre ; antes, por el con-. trario, los que hacen las leyes, siendo muchos, consultan entre sí para que los jueces lo tengan que hacer lo mismo. Dejo aparte qué el tal juicio no puede dejar de tener en  sí mucha confusión y revuelta, si el juez juz-  !it 12,-a que el reo debe, pero no tanto como se le pide. Porque el que pide dice que se le de-  ben doscientos ducados, y el juez sentencia  0 que no son sino , ciento, aunque tal vez haya otro juez que lo estime en menos, etc.  En lo que se refiere a la ley de los que  e inventan alguna cosa útil para la República á la conveniencia de que se les honre debiamente, diremos que no es muy fácil dictar esa ley, sino que es ley apacible en la apariencia, porque trae consigo muchas falsas acusaciones, y tal vez alteraciones en la LA POLÍTICA  81 República. Pero esto ya cae en otra cuestión diferente, y se presta a diversas consideraciones. Tal vez aconteciera que algunos, pensando introducir y persuadir alguna común utilidad, tratasen de la disolución de las leyes y 'aun de la misma República. Ya que he-. mos hecho mención de esto, será conveniente que tratemos algo de ello, porque es negocio que tiene en sí verdadera dificultad. Aceptamos que deben cambiarse las leyes, porque en las demás ciencias ha sido esto útil,' como en la Medicina y el arte de la 33 4  lucha y en las demás ciencias y facultades. Si volvemos la vista atrás, observaremos que las leyes antiguas eran muy simples y más uque bárbaras, porque en aquel tiempo todos los griegos iban cargados de hierro, y u, unos a otros se compraban las mujeres, y es  así en todo lo demás ; como en la ciudad de Cunas hay una ley de homicidio, que si el ell  que acusa a otro de matador se acompañase iZ  de muchos testigos, aunque fuesen parienle  tes suyos, pudiera ser condenado el reo por le  los dichos de aquéllos. Además, las leyes escritas no conviene hacerlas tan firmes que no se cambien nunca, porque lo mismo que acontece en las 9e  demás artes ocurre también en el orden y o  disposición civil : que no se pueden prejuz- ) i•  gar todas las cuestiones ni anticiparse a los ie •  hechos. De todo se colige que las leyes han de ser mudables, y cuáles y cuándo han de muga  ; pero este es negocio en el que hay que 8 jL 82  ARISTÓTELES ir con gran recato, porque si el provecho de mudar las leyes fuere poco, y adema el cambiarlas frecuentemente fuere malo, claro está que han de disimularse algunos yerros de los legisladores y de los que gobiernan la República. Porque no se sacará tanto provecho de mudar las leyes como daño se producirá no dando crédito a los que gobiernan. La similitud que se toma de las artes es falsa, porque no es lo mismo cambiar un arte que una ley. La ley no tiene fuerza para persuadir si no es por la costumbre, y ésta no se confirma sino en largo tiempo. De manera que mudar fácilmente las leyes recibidas en otras leyes nuevas es hacer que la fuerza de ellas sea escasa o nula. Asimismo, ya que hayan de mudarse, habrá que ver si conviene que sean todas o sólo algunas, y por quién. En todo ello hay grandes dificultades ; por eso será bien que dejemos esta cuestión por ahora y la tratemos en el lugar conveniente. bo el 8 ye. )bier. tan. date 3 go. r pan Csd 1111 Ie la 118. sólo de. CAPITULO VII En lo que respecta a la República de los lacedemonios y de los de Candía, y casi a todas las demás maneras de gobierno público, se han de hacer dos consideraciones : la primera, si hay en ella alguna cosa que esté bien o mal establecida, conforme a la mejor manera de gobierno; y la segunda, si hay alguna cosa dispuesta al contrario de lo que ellas presuponen y de la manera que proponen de República. Cosa es muy clara y manifiesta que en la República que ha de ser bien administrada ha de haber provisión de las cosas necesarias ; mas de qué modo la haya o es cosa que se pueda entender ligeramente, porque la gente de servicio, que en Tesalia llaman Pénestia, se ha rebelado muchas veces contra los mismos tesalios, y de la misma manera los siervos (1) contra los lacedemonios. En cambio, nada les ha sucedido, a los de Candía, lo cual se explica porque las ciudades comarcanas, aunque hayan tenido guerras entre sí, ninguna ha prestado socorros (1) Les llaman hilotas. _ARISTÓTELEs •• nnn ••• I. • y•.~4 1111~1~~1., a 1os rebeldes, mientras que los lacedemo- , mas tenían , por enemigos a todos los pueblos vinos (arsivos, mesemos y axcadios), p ues wun contra los de Tesalia se ,rebelaron I. principio por verlos envueltos en guerra con :Sus vecinos los aqu'eos, perrebos y magnesios. • Parece que si no hubiese otra dificultad • que la del cuidado de los i servos, constitui- • ría -una muy grave pesadumbre. 'Porque si los halagáis se ensoberbecen y se tienen por tan bueno l y dignos de tanta honra como los señores, y si son maltratados hacen vein- • te traiciones y aborrecen al señor. • Así, los lacedemonios, que en esta parte • no tienen buen modo, les acaece lo referido con los hilotass, Además, la excesiva libertad y disolución de las mujeres eS muy perjudicial para el buen gd p ierno de la ciudad. Porque, así .ccumo el 'marido y la mujer son partes de , la familia, de la misma manera se ha de entender que se divide la ciudad en dos partes, casi, que es en la multitud de los varones y en la, de las mujeres, de manera que eh todos los pueblos donde lo que toca a las mujeres va mal regido habremos de entender que la mitad de la ciudad está sin ley. De modo que en . la República donde esto ocurre, por necesidad han de ser muy estimadas las riquezas, a causa de que los vaOneS están sujetos a . las mujeres, especialente los soldados ygente de guerra, except um i do a los francos y algunas otras gentes que Públicamente " abusan del ayuntamiento LA POLÍTICA  85 de unos machos con otros ; porque el primero que sacó la fábula del ayuntamiento de Marte con Venus no parece que lo fingió fuera de propósito, porque todos los que son aficionados a la guerra se muestran muy inclinados al amor o de los machos o de las hembras. Por esto, entre los lacedemonios ha sido de este modo, y cuando ellos eran señores del gobierno, muchas cosas eran gobernadas por mujeres. Porque, ¿ qué diferencia hay de gobernar las mujeres a gobernar los que son regidos y mandados por mujeres? El mismo mal procede de lo uno que de lo otro ; porque siendo la osadía más útil para la guerra que para las otras cosas ordinarias, eran para esto las mujeres de los lacedemonios muy perjudiciales. Lo cual se mostró muy claro en la empresa de los tebanos, en la cual no sirvieron las mujeres de Esparta para otra cosa sino para sembrar más terror que los mismos enemigos. Este mal les ocurrió a los lacedemonios desde un principio, o sea la excesiva libertad de sus mujeres, a causa de las prolongadas ausencias con motivo de las guerras que sostuvieron, primero contra los argivos y después contra los arcadios y mesenios. Después, cuando ya tuvieron reposo, ellos mismos se entregaron a su legislador, Licurgo, dispuestos ya para ello por la disciplina militar, la cual contiene en sí muchas partes de virtud ; pero de las mujeres escríbese que, queriendo Licurgo sujetarlas a las 86  ARISTÓTELE'S leyes y no prestándole ellas obediencia, desistió de tal empresa. El no estar, pues, las cosas tocantes a las mujeres bien establecidas, como poco ha se dijo, parece que no solamente causa en la ciudad cierta indecencia o deshonestidad, sino que induce a los hombres a cierta co-, dicia del dinero. Además de lo que antes decíamos, reprenderá alguno la poca regla y orden queen lo referente a las posesiones hay en Esparta, porque hay varios que tienen haciendas extremadamente grandes, y muchos otros muy pequeñas y hasta miserables. De ello ha resultado que todos los términos y posesiones están en poder de pocos. lo cual está mal ordenado por las leyes. Por otra parte, las mujeres poseen gran cantidad de términos, por razón de quedar herederas de sus padres, como también por las dotes, que se dan tan grandes y excesivas. Mas valiera, pues, ordenar que ninguna mujer se casara dotada,o que la. dote fuera pequeña o por lo menos mediana. Pero ahora *se permite que la pupila de su hacienda pueda designar libremente al heredero. De aqui ha resultado que aquella tierra que antes bastaba a sustentar mil quinientos hombres de armas y tres mil infantes no basta ahora para sustentar a mil. Así se ha visto, por experiencia en los sace. z as, la mala orden y disposición de todo ello, pues con sola una adversidad que recibió aquella República, nunca más pude alzar LA POIATICA  87 s e cabeza, sino que quedó destruida por los pocos hombres que le quedaron. Dicese también que en tiempo de los primeros reyes recogían en su República a los extranjeros y les daban privilegios de ciudadanos ; de donde sucedía que, aunque durase la guerra mucho tiempo, no venía a haber falta de hombres. Y aún dicen más : que en aquel tiempo mantenían los espartanos diez mil hombre de guerra. Pero, con todo eso, sea o no verdad, mejor fuera henchir de hombres la ciudad, reglando y poniendo tasa en las haciendas, porque la ley que allí hay de criar los hijos se opone por completo a lo que decimos. Deseando su legislador, Licurgo, que los espartanos fuesen muchos en número, induce a los ciudadanos a que engendren muchos hijos, porque la ley dispone que el que engendrare tres hijos esté dispensado de ser guarda, y el que cuatro, se le dispensase de todo. Cosa, pues, es cierta y manifiesta que si se engendran muchos hijos y las posesiones y términos están de tal manera repartidos, por necesidad habrá muchos pobres. En lo que respecta al magistrado y cargo de los éforos, no está bien ordenado, porque este oficio tiene entre ellos autoridad y poder sobre las mayores cosas, y los éforos son elegidos por la gente plebeya y popular. De manera que acontece muchas veces ser nombrados para este cargo hombres muy necesitados, los cuales ponen en venta su parecer a causa de su pobreza. Lo cual se ARISTÓTELES 111 ha visto otras veces claramente, y sobre  1(11 todo ahora, en las cosas de los andrios, porque algunos de ellos, sobornados con dine1'11t ro, destruyeron la ciudad. Y por ser tan grande y poderoso este magistrado, y casi igual al poder tiránico, 1 hacíanle muchas veces los reyes que ellos 1111 gobernasen al pueblo y lo rigiesen. De b  ú modo que, aun en esto, ha sufrido detrimento la República, porque de aristocracia se  á ,i1.1 ha venido a convertir en democracia. Este modo, pues, de gobierno contiene en sí a toda la República, porque el pueblo,  lo, , gistrado, está quieto y no busca novedades.  :;11:' viéndose participante del más poderoso rnaPara conservar la República y hacerla duradera es conveniente que se cuiden, y en-  ‘)101 tretengan todas las partes de la ciudad. Con-  P sérvanse, pues, los reyes por la propia honra  1 que tienen, y los buenos y principales, por  R tic la autoridad del Senado, porque este oficio es el premio y la insignia de la virtud, y la gente vulgar y popular, por la dignidad del eforato, porque de todos se hace la elección, aunque no debía elegirse, ciertamente, del modo como ahora se efectúa, que es cosa  II de rapacería. Además que, siendo los éforos gente vulgar y de baja condición, los hacen señores de muy grandes judicaturas. Por lo cual sería mejor que no juzgasen las causas por sus propios pareceres, sino conforme a las leyes puestas por escrito. También se observa que la vida de los Moros es muy distinta de lo que pretende la ciudad, porque 88 re e. el vivir de los mismos es muy regalado, y el de los demás tan áspero. En lo que toca al gobierno del Senado, no está bien organizado, aunque tal vez diga. alguno que, por ser sus componentes hombres de bien e instruidos, convienen a la República. Pero el hecho de ser hombres de grandes negocios los que compongan el Senado no creemos que sea muy conveniente ; y el ser viejos también admite discusión, porque, así como hay vejez en el cuerpo, las ha y , asimismo, en el entendimiento. Además, los que participan de tales cargos se muestran poderosos para dar y repartir a su gusto las cosas comunes de la ciudad. Por lo cual sería mejor que se les pusiese algún freno de castigo y no tuviesen tan absoluta la potestad como la tienen. Pero parece que el magistrado de los éforos corrige a todos los otros magistrados ; el cual derecho o libertad es para ellos demasiadamente grande, ni es ésta la manera por la cual decíamos que se había de tomar cuenta al Senado. Además de esto, el modo que tienen para efectuar la elección de senadores es cosa de risa y niñería ; ni está bien que el que ha de ser electo para senador, él mismo lo pida y lo pretenda, juzgándose por digno. Porque el que es apto para serlo había de ser electo, quisiera o no quisiera. Pero, así en esto como en todo, el legislador parece que hace lo mismo ; porque, induciendo a los ciudadanos a la ambición, encarga después a estos mismos la elección de los senadores, 89 96  ARISTÓTELES goza y participa el pueblo del mayor cargo y magistrado, y huelga la conversación sobre aquel modo de gobierno ; pero en Candía no se eligen los cosmos de todo género de gentes, sino de ciertos linajes y familias, y los senadores, de los que ya han sido cosmos ; contra los cuales se pueden proponer las mismas razones que se expusieron contra los senadores de Lacedemonia, porque el no tomárseles residencia, y el ser todo el discurso de su vida jueces es la mayor honra que la dignidad de ellos merece, el gobernar, no conforme a la prescripción de la ley, sino a su voluntad y parecer, es cosa peligrosa, y el estar el pueblo sosegado y no amotinarse, no participando del gobierno, no es bastante argumento para probar que está bien ordenado el gobierno y administración de la República. Porque los cosmos no reciben del cargo provecho alguno, corno los éforos lo reciben en Esparta, y así se apartan lejos por la isla cuando hay algún motín del pueblo, y el remedio que para este mal procuran es ajeno de toda razón, y nada civil, sino tiránico. Porque, muchas veces, algunos hacen entre sí conjuración, o de los mismos cosmos o de los particulares, y echan por fuerza a los cosmos, y así éstos tienen libertad de renunciar el cargo. Todo esto fuera mejor que se hiciera conforme a ley que conforme a la voluntad y movimiento repentino de los hombres, por que esta regla ni es cierta ni segura. Pero lo peor de todo es la revuelta y violencia . de LA POLÍTICA  97 los hombres poderosos, de la cual usan muchas veces cuando no quieren ser condenados por sentencia. De lo cual se colige claramen te que esta manera de gobierno tiene algo de República, pero realmente no lo es, sino antes tiranía. Suelen también juntar el pueblo y sus amigos, y hacer monarquía, y amotinarse unos con otros y venir a las manos entre sí. Lo cual es lo mismo que dejar por algún tiempo de ser República y deshacerse de la civil comunidad. Y la ciudad, en un tan mal estado puesta, está en gran peligro de perderse; si hay alguno que tenga poder para enseñorearse de ella ; pero, como ya hemos dicho, consérvala el lugar y puesto en que está constituida, porque siempre ha despedido lejos de sí a los extranjeros, y por esto persevera entre los de Candía el servicio de los periecos. Pero, en cambio, los hilotas se han rebelado a los lacedenionios muchas veces. Mas los candiotas nc participan de gobierno de extranjeros, aunque ahora nuevamente les ha sobrevenido guerra de fuera a los de la isla, la cual ha mostrado claramente cuán débiles y flacas son sus leyes. Pero a nosotros bástenos lo que hasta aquí se ha tratado de ella. CAPITULO IX Los cartagineses también parece que tienen buena manera de gobierno de República, y en muchas cosas hacen ventaja a todos los demás gobiernos, y también algunas cosas tratan casi de la misma manera que los lacedemonios. Porque estas tres Repúblicas, en cierta manera, son muy conformes entre sí, y a las demás hacen muy gran ventaja ; digo, la de Candía y la de Esparta, y también la de Cartago, pues muchas cosas hay en ella muy bien ordenadas. Y la señal en que se conoce estar una República bien ordenada es ésta : que conserva el pueblo en el orden del gobierno j ue está ya establecido, y ni se levanta en ella alboroto o motín que sea digno de contar, ni hay ninguno que sea tirano en ella. Conforma, pues, la República cartaginesa con la de los lacedemonios en las comidas de las compañías, que son aquí como allá las fiditias; v el gobierno de los ciento cuatro de Cartago ') es conforme al de los éforos, excepto que en esto le hace ventaja aquél a éste : que los éforos son de todo género de gentes, pero los ciento cuatro de Car- LA POLÍTICA  99 Lago se escogen de entre los mejores de la ciudad, y los capitanes y Senado de Cartago corresponden a los reyes y senadores de Lacedemonia. Pero en esto hacen ventaja a los cartagineses, que ni eligen siempre los capitanes de un mismo linaje, ni tampoco eligen a cualquiera, sino al que de todos se distingue, más por el valor que por la edad. Porque si los que son reyes o capitanes son gente de poco, al darles el señorío de cosas muy grandes e importantes, hacen a la República muy notables daños, como ya muchas veces los han hecho a la República de Esparta. Las más de las cosas que hay dignas de reprensión por exceder de lo que el legislador pretende, comúnmente se hallan en todas estas tres maneras de República Pero de las cosas que tiran al presupuesto de la aristocracia y del público gobierno, hay unas que se inclinan más al gobierno popular, y otras que tiran más a oligarquía. Porque si se ha de proponer o no al pueblo una cosa, los capitanes y el Senado lo han de determinar. Pero si no se conforman, de esto y de ellos es señor el pueblo. Y en lo que éstos proponen al pueblo, no solamente tiene éste autoridad para aprobar lo que a los gobiernos les parece, sino también para juzgar si conviene o no conviene ; lo cual, aunque alguien lo dude, no se permite en las otras formas de gobierno. Pero el tener potestad el Senado de elegir por sí mismo aquellos cinco varones que son señores de muchas y grandes co- 1 inn  A TtISTÓTELF, sas, v el tener potestad estos cinco varones de elegir los cien varones, que es el supremo magistrado, y además el permanecer en el gobierno estos cinco varones más tiempo que los otros magistrados (porque tienen señorío, aun después de cumplido el cargo, y también antes de entrar en él para servirlo), esto sabe mucho a oligarquía. Pero el administrar los oficios públicos sin salario y sin ser electos por suerte tiene lo de la aristocracia o gobierno de buenos ;y si alg una otra cosa hay de esta manera, y también el ser conocidas y juzgadas todas las causas o pleitos por todos los magistrados, y no unas por unos y otras por otros, corno en Lacedemonia. Pero, al parecer de muchos, en cierta manera, el orden de gobierno de los cartagineses declina mucho de aristocracia a oligarquía, porque tienen por uso de hacer elección de magistrados, no solamente conforme a la virtud, sino también conforme a la riqueza y hacienda. Porque tiene por cierto que no es posible que un hombre necesitado gobierne bien ni procure la quietud de la República. De modo que si el elegir los magistrados con arreglo a las riquezas y hacienda es propio de la oligarquía, v el hacer lo mismo conforme a la virtud es de la aristocracia, serán una tercera manera de hacer elección de magistrados, conforme a lo cual están ordenadas las cosas del gobierno de Cartago. Porque al hacer elección tienen en cuenta estas dos cosas, especialmente cuando hacen elección de los mayo- LA POLÍTICA 101 res cargos, como es de emperadores y capitanes. Este exceso, pues, de la aristocracia habremos de juzgar como error del legislador, porque el tener consideración de esto desde el principio de la República es cosa en todas maneras necesaria para que los mejores del pueblo puedan conservarse en quietud y no hacer bajeza ninguna, no solamente administrando cargo público, sino aun estando fuera de él. Y si, con la abundancia de riquezas, se ha de tener cuenta Para conservar en quietud y sosiego la República, no es, por cierto, bien que los cargos mayores estén puestos en venta, como son los de emperador y capitán. Porque tal ley corno ésta hace que el dinero sea tenido en mucha estima, y todos los ciudadanos han de coincidir en esta apreciación, porque aquel pueblo donde no es honrada y preciada la virtud no puede seguramente ser regido conforme a la aristocracia. Y es cosa conforme a razón que el que compra los cargos por dineros los compra para ganar con ellos, porque no es razonable que el que es pobre y virtuoso pretenda ganar con el oficio, mientras que el ruin y a quien le cuesta su dinero no quiera ganar con él. Por esto es conveniente que los que son aptos para gobernar, gobiernen. Y valiera más que el legislador no hiciera cuenta de. la hacienda de los buenos, sino que tuviera cuidado de que los que gobernasen tuviesen conservada la República en sosiego. También parece mal que un mismo hom- 102  ARISTÓTELES bre tenga muchos cargos, lo cual entre los cartagineses es tenido en mucha estima, porque mejor se administra cada cosa cuando el que la administra con sola aquélla tiene cuenta. Debe, pues, el legislador tener cuenta en esto : cómo se haya de hacer que un mismo hombre sea a un tiempo zapatero y músico de flautas. Y donde el pueblo no es pequeño, más civil y más popular es que muchos participen del gobierno, porque, como hemos dicho, más en provecho de la comunidad y más pronto se hace y concluye cada cosa por los mismos. Vese esto claramente en las cosas de la guerra y de la navegación, porque en estas dos cosas a todos toca el mandar y obedecer. Pero siendo el gobierno de la ciudad conforme a oligarquía, defiéndense bien enriqueciendo a alguna parte del pueblo y mandándola a que pueblen otros lugares.. porque con este remedio les parece, y ello es así, que conservan su manera de gobierno. Pero eso es cosa que depende de la fortuna y el legislador, por sí mismo, había de hacerlos quietos y pacíficos, porque si alguna desgracia sucede y el pueblo se amotina con el gobierno, no hay remedio ninguno por las leyes para sosegarlos. De esta manera, pues, hemos tratado del gobierno de los lacedemonios, de los candiotas y de los cartagineses, las cuales Repúblicas, con razón, son tenidas por más ilustres y de fama. do no no lo. tos lo. 111. 111 CAPITULO X Entre los que han tratado algo de República ha habido algunos que no se ejercitaron en el gobierno de ella, ni en otra cosa alguna, sino que perseveraron en propio recogimiento de particular vida, libre de negocios ; de los cuales, si había alguna cosa digna de recordación, ya se ha dicho casi todo. Hubo otros que fueron legisladores y dictaron leyes, unos a sus propias ciudades y otros a algunas extranjeras, estando ellos colocados en el público gobierno. Y de éstos, unos solamente escribieron leyes ; otros, también maneras de gobierno, como fueron : Licurgo y Solón ; porque éstos ordenaron leyes y Repúblicas. De la República de los lacedemonios ya hemos tratado. Solón parece a algunos que fué buen legislador, porque deshizo la oligarquía que, en Atenas, había excesiva, e hizo que el pueblo no estuviese más tiempo esclavizado, introduciendo la democracia en la patria, mezclando bien la manera de gobernar. Porque el Consejo del Areópago era a 104  ARISTÓTELES manera de oligarquía (el sacar los cargos públicos por elección tira a aristocracia ; la manera de la judicatura es de la democracia). Parece, pues, que Solón no deshizo lo que ya estaba establecido anteriormente, digo, e l Consejo y la elección de magistrados, sino que puso al pueblo en libertad, haciendo que se escogiesen jueces de todo género de gentes. Por esto, algunos le reprenden diciendo que deshizo todo lo otro, haciendo señores de todo a los jueces, los cuales son elegidos por todo género de gentes. Porque, como el pueblo puede tanto en los juicios, complaciendo todos al pueblo como a tirano han traído el gobierno a la potencia popular en que hoy día está puesto. Al Consejo del Areópago le quitaron aw toridad Efialtes y Pericles, y, adem á s, el propio Pericles hizo que se diese salario a ]os jueces, y de la misma manera cada uno de los que gobernaban el pueblo ha acrecentado la potencia popular, hasta traerla al estado de democracia que ahora tiene. Pero esto no parece haber sucedido conforme al propósito y determinación de Solón, sino antes acaso y por un suceso fortuito. Porque, corno el pueblo fué causa de la victoria naval que los griegos tuvieron de los medos, crecióle el brío y alcanzó después malos gobernadores contra los buenos que estaban en el gobierno. Porque Solón no parece que le dió al pueblo más potestad que aquella que era necesaria, esto es : elegir los magistrados y tomarles residencia. LA POLÍTICA  105 Porque si el pueblo no tuviese et3ta potestad, seria siervo y les sería contrario y enemigo. Solón escogió todos los mogistwados de los más ilustres y más ricos, C3L1.0 de los Iae  que tuviesen quinientos cahices de tierras 0 ) 9  o cierto número de yuntas, y la tercera orbo  den hizo de los que mantuviesen caballo;, los cuales se llaman caballeros. La cbarla la erg  constituyó de oficiales, los cuales no tenían ido  derecho a ningún cargo público. También hubo otros que fueron legislan  dores, como Seleuco, que dió leyes a los loo el  crenses, que moran en Poniente, y Carondas, natural de Catania, que dió Leyes; a los de su tierra y a otras ciudades pobladas por rey  los calcedonios, que están en Italia y en Sicilia. Otros hay que quieren estirar esto 'íant-), que dicen que Onomácrito fué el primero que tuvo habilidad y facultad de hacer lel yes ; el cual, siendo locrense, tuvo ejercicios de letras en Candía, haciendo profesión de agoreros, y que Tales fué amigo de  y que Licurgo y Seleuco fueron discípulos de Tales, y Carondas, de Seleuco. Toda esto dicen, sin considerar bien la conformdad de los tiempos. ty, También Filolao, corintio, dió leyes a hs tebanos, el cual era de linaje de los bacchiadas, y fué amigo grande de Diocles, aquel (1/ i '  que ganó la joya en las fiestas del Olimpo ; el cual se fué de su tierra huyendo de los amores de su propia madre, Alcyones, y se Rú  recogió en Tebas, donde ambos acaba, on su vida, y aun hoy día se muestran sus ;3epul- /1/ Calístenes en Atenas, después que.hubo echado a los tirant e s. Porque a muchos extranjeros y a muchos siervos los distribuyó por orden de parroquias y los hizo ciudadanos. La d uda, pues, que acerca de éstos ruede haber 1;o es si son o no ciudadanos, sino si son juda o injustamente. Y t P ,un podría dudar alguno si el que -injustamente es ciudadano se puede de algún modo decir que no es ciudadano, de manera que valga lo mismo el ser injustamente tal que (1 serlo falsamente. IR re, pues vemos que muchos gobiernan injustamente, de los cuales decimos que realmente gobiernan, y el ciudadano se -define con ∎ . ;(rta participación del público gobierno, nihnifiesi a cosa es que habremos de confesar s,zr los tales ciudadanos. CAPITULO II Habremos ahora de declarar cuándo y cómo es una misma la ciudad y cuándo no es la misma, sino diferente. Esta cuestión, en lo que respecta al lugar y a los vecinos, no tiene dificultad alguna. Porque puede acontecer que se dividan así el lugar como los vecinos, y que unos se vayan a morar a una parte, y otros a otra. Tampoco hay dificultad en inquirir, cuando los hombres moran en un lugar, si hemos de tenerlo por sola una ciudad, porque no consiste el negocio en estar cercada de murallas. Porque bien podrían las gentes hacerle una muralla a toda la Morea, y tal como ésta es la ciudad de Babilonia, la cual tiene más circuito de región que de ciudad. Porque cuentan de ella que, habiéndola tomado por la fuerza de las armas los enemigos, en cierta parte de la ciudad, y al cabo de tres días, aún no se sabia la entrada de ellos. Pero de esta cuestión trataremos en otro lugar. El que trata de la disciplina de República ha de entender lo que toca a la grandeza y extensión de la ciudad, y si conviene ser Una 114  ARISTÓTELES o muchas, en número. Pero cuando unos mismos vecinos moran en un mismo lugar es de ver si, mientras el mismo linaje de gentes perseverase en él, habremos de decir que es una misma la ciudad, puesto que, de ordinario, unos mueren y otros nacen, como solemos decir ser los mismos los ríos y las fuentes, aunque unas aguas nacen y otras se despiden. O habremos de decir, por esta razón, que los hombres son los mismos, pero que la ciudad es diferente, porque la ciudad es una comunidad, y comunidad de ciudada+ nos, y siendo el modo de gobierno diferente en especie y siendo diversa la manera de la República, parece ser cosa necesaria que no sea la misma la ciudad. De la misma manera decimos que el coro es diferente cuando unas veces es coro de comedia y otras de tragedia, aunque lo constituyan unos mismos hombres. Del mismo modo será diferente cualquiera otra comunidad y composición, siendo diferente su especie, corno diremos que es diversa la armonía o consonancia de unos mismos sones, si unas veces es armonía dórica v otras veces frigia. Si ello es de esta manera, claramente se entiende que, diciendo lo mismo del gobierno, habremos de confesar que es una misma la ciudad. CAPITULO III También es pertinente a las referidas cosas el discutir si ha de ser una misma la virtud de un buen varón y la de un buen ciudadano, o si ha de ser diferente. Primero habremos de considerar cuál es la virtud del ciudadano. De la misma manera que decimos que el marinero pertenece a una comunidad, así habremos de juzgar al ciudadano. Entre los marineros, pues, aunque las facultades de ellos son diversas (porque uno de ellos es remero, otro piloto, y cada uno tiene su oficio), manifiesta cosa es que la propia definición de cada uno declara manifiestamente su virtud, y del mismo modo será la definición común que abarque a todos. Porque el poner la nave en seguridad de puerto es el oficio común de todos ellos, pues esto pretende cada uno de los marineros. De la misma manera el fin de los ciudadanos, aunque diferentes en la facultad, es la conservación de la comunidad, y esta comunidad es el público gobierno. Por lo cual, la virtud del ciudadano, por necesidad ha de ir enderezada al público 116  ARISTÓTELES gobierno. Y pues hay muchas especies de público gobierno, manifiesta cosa es que no es posible que una sola sea la perfecta virtud del ciudadano. Consta, pues, que puede acontecer ser uno buen ciudadano y, con todo esto, no poseer la virtud que hace al hombre bueno y virtuoso. Pero aun de otra manera se puede p u  llear al cabo de esta cuestión del mejor - e bierno de República, porque, si es imposible que todos los que la constitu y en sean hombres de bien y virtuosos, y cada uno de ellos ha y a de realizar su oficio como debe, es imposible que todos los ciudadanos sean de una misma condición y semejantes ; y, por tanto, no será una misma la virtud del buen ciudadano y la del hombre bueno y virtuoso. Ahora cabe preguntar si habrá alguno, en que se den ambas cualidades, porque generalmente decimos que el buen gobernador de República ha de ser hombre de bien y prudente. También dicen algunos que la doctrina del que ha de ser señor ha de ser desde luego diferente, como se ve en los hijos de los reyes, los cuales aprenden desde luego el arte de regir un caballo y de gobernar un pueblo ; y Eurípides dice : No me enseñes las cosas delicadas, sino lo que requiere el buen gobierno. casi dando a enteder que hay alguna ciencia propia del gobernador de la República. Y pues si en toda una la virtud del príns, I LA POLÍTICA  117 cipe y la del buen varón, y es verdad que hay otro ciudadano que ha de ser súbdito, no será cierto, generalmente hablando, toda una la virtud del príncipe y la del ciudadano. Por esto, por ventura, decía Jasón que sentía mucha pena cuando no reinaba, como hombre que nunca había aprendido a ser persona particular. Pero, con todo eso; se alaba mucho el ser persona apta para mandar como para obedecer bien. Pues si la virtud de un buen varón llamamos ser virtud señoril, y la de un buen ciudadano el poder mandar y obedecer, no serán ambas cosas de la misma manera dignas de alabanza. Tal vez colija alguno que sea conveniente aprender ambas cosas o alguna de ellas, según si se ha de mandar u obedecer. Porque hay un gobierno que se llama señoril, en el cual no es necesario que el señor aprenda a realizar las cosas que son necesarias para el vivir, sino que aprenda a servirse de ellas. Porque lo otro es cosa servil. Decimos también que hay muchas especies de siervos, porque son muchos los oficios de los cuales es uno el de los que viven del trabajo de sus manos. Por esto, en algunas tierras tienen por costumbre antigua que los oficiales y gente que vive de un oficio manual no participe del gobierno sino en caso que el pueblo viniese mucho a disminuirse. Tales ejercicios, pues, como los de éstos que son súbditos, no los ha de aprender el hombre bueno, ni el ciudadano, ni siquiera 118  _ARISTÓTELES el hombre de gobierno, a no ser que tuviera que servirse a si mismo ; porque sucedería de ahí que ya no sería uno señor y otro siervo. Pero hay otro señorío, conforme al cual señorea uno a los que le son semejantes en linaje v gente libre, y éste es el que llamamos señorío civil. Por esto dicen muy bien que no es posible que sepa gobernar bien quien nunca ha sido gobernado. Conviene, pues, que el buen ciudadano aprenda a poder regir y ser regido. Y ésta es la virtud del ciudadano : aprender el régimen de gente libre para los dos fines. Finalmente, solamente aquellos que son hijos de ciudadano y ciudadana se tienen por tales. De aquí se coli g e claramente que hay muchas especies de ciudadanos y que aquél se dice señaladamente ciudadano porque par7 ticipa de las honras y cargos de la ciudad. Pero donde tal cosa está encubierta se procura encubrirlo a los que juntamente son vecinos, como lo dijo Hornero en sus poesías : Como un infame y triste desterrado. Porque el que no participa de las honras públicas es tenido como extranjero. Si es, pues, la misma o si es diferente la virtud conforme a la cual es hombre de bien y conforme a la cual es buen ciudadano, se colige claramente de cuanto va dicho, ra ro al lo o IP CAPITULO IV Ahora habremos de examinar las diversas formas de gobierno y las diferencias que tienen entre sí. Es, pues, la República orden y gobierno de la ciudad y de los demás otros magistrados ; pero señaladamente del magistrado, que es señor de todos los demás. Porque, dondequiera, es señor el que manda y rige a los demás, y esto es el público gobierno. Digo de esta manera, que en las democracias o gobiernos populares es señor el pueblo ; y por el contrario, en las oligarquías son los pocos, y decimos que el gobierno de éstos es diferente del gobierno popular, y del mismo modo diremos de las otras diferencias de repúblicas. Pero primeramente habremos de presuponer el fin por cuya causa se instituyeron las ciudades, y cuántas clases hay de señorío. Lo que pertenece al hombre y a la comunidad de su vivir ya está tratado en el primer libro, en el cual se habló de la Economía o gobierno familiar y del señorío, declarándose al propio tiempo cómo el hombre, naturalmente, es animal civil ; y por 120  ARISTÓTELES esto, aun los que no tienen ninguna necesidad, gozan del favor de otro y apetecen vivir en compañia. Además, les hace vivir en comunidad el provecho mutuo y bien de todos, en cuanto de ello les redunda a cada uno alguna parte para vivir bien y honestamente. Este es, pues, el principal fin, así para todos comúnmente como para cada uno en particular. Consta, pues, que los más de los hombres, agradados del vivir, sufren y toleran muchos males, casi mostrando que el vivir tiene en sí una dulzura y gusto natural. Pero, con todo eso, las diferencias y maneras propuestas del señorío fácilmente se dividen. Porque el gobierno señoril, aunque en realidad de verdad es una misma la utilidad del que es naturalmente siervo. y la del que es señor nat Iralmente ,con todo eso, no menos rige en pi ovecho del señor v, accidentalmente, en provecho y utilidad del siervo. Desaparecido el siervo, no podría conservarse el gobierno señoril. Pero el gobierno de los hijos, de la mujer y de toda la familia, que se llama Economía, o es por el bien de los gobernados, o a lo menos por algún bien común a todos. El que gobierne uno pretendiendo el provecho de los demás lo vemos en las demás artes, como en la Medicina :s r en el ejercicio y arte de la lucha. Porque bien puede ser que el mismo maestro de la lucha sea alguna vez uno de los que ejerciten, de la misma POLf TICA  121 e. el te ;O• [Os eD manera que el patrón o gobernador de la nave es siempre uno de los marineros. El maestro, pues, de la lucha, o el patrón de la nave, considera el bien de aquellos que a su gobierno están sujetos. Pero cuando él fuere uno de aquéllos, él también, accidentalmente, participa de aquella utilidad, porque es uno de tantos navegantes. Por esto, en los civiles magistrados, cuando se constituyen conforme a la igualdad de los ciudadanos, se tienen por dignos de gobernar en parte, teniendo por bien que en aquella parte el apto en parte gobierne, y que después, por la misma razón, otro considere el bien y utilidad de aquél, así como el primero, estando en el gobierno, consideraba el bien del otro. Pero ahora, por las utilidades que de las cosas públicas prciceden, quieren gobernar continuamente, como si los que están puestos en el gobierno fuesen hombres enfermizos y por gobernar hubiesen siempre de tener salud ; porque si de esta manera acaeciese, por ventura que procurarían mucho los magistrados. Consta, pues, que aquellos gobiernos que tienen cuenta con la común utilidad son buenos y rectos, según justicia perfecta y absoluta ; pero aquellos donde solamente se pretende el bien de utilidad de los que rigen, todos son gobiernos errados y viciosos y defectos de repúblicas bien administradas. Porque son gobiernos como de señores para con esclavos, y la ciudad es comunidad de gente libre. 128  ARISTÓTE'LES sa de la vida perfecta y bastante para sí misma ; lo cual no puede realizarse no morando todos en un mismo lugar y entre sí juntando matrimonios. Por esto, en las ciudades está ordenado que haya parentelas, parroquias, sacrificios, conversaciones propias .del vivir en compañia, lo cual es oficio exclusivo de la amistad, porque la amistad es la elección del vivir en compañía. Es, pues, el fin de la ciudad el bien vivir, y las demás cosas se procuran para vivir bien. Y la ciudad, es comunidad de familias y de barrios por causa de la vida perfecta v suficiente ; y esto es lo que decimos vivir próspera y honestamente. Por causa, pues, de los buenos hechos, habremos de decir que fué inventada la ciudad, y no por vivir juntamente. Por lo cual, los que más parte de virtud ponen en semejante compañía, a estos les ha de tocar más parte de la ciudad que a los otros, ora sea en libertad y linaje iguales, ora sean mayores, si con todo eso en la virtud civil fueren menores, y más que a los que excedan en riquezas, quedándose muy atrás en la virtud. Consta, pues, de lo tratado, que todos aquellos que, sobre el gobierno público, tienen contiendas entre sí, no tratan sino cierta parte de justicia. CAPITULO VII Pero hay otra dificultad acerca de quién ha de tener el señorío de la ciudad, porque, o lo ha de tener el pueblo, o los ricos, o los buenos, o alguno que sea mejor que todos. o algún tirano. Pero todas estas cosas parecen tener su dificultad, porque si los pobres, por ser más en número, se repartiesen entre sí las ha ciendas de los ricos, ¿ no sería esto cosa injusta? En cambio, a los que fuesen señores les parecería ser justamente hecha. ¿ Cuál, pues, diremos ser extrema injuria, si ésta no lo es? Asimismo, tratándolo todo, si los más se reparten las haciendas de los menos, es cosa clara que destruirán la ciudad, pues la virtud no destruye al que la tiene, ni tampoco lo justo es causa de que se destruya la ciudad. De lo cual se colige claramente ser semejante ley injusta de necesidad. Además, todo lo que el tirano haga había de ser tenido por justo, porque hace fuerza por ser más poderoso, así como el pueblo a los que son ricos. ¿Diremos, pues, por ventura, que es justo que manden los que son menos y los ricos? Porque si lo es, también lo será lo otro. 9 130  ARISTÓTELES Consta, pues, que todas estas cosas son malas e injustas. Pero conviene que los buenos tengan el mando y señorío sobre todos, aunque de ello no se ha decolegir, necesariamente, que todos los demás queden sin honra, al no ser agraciados con las magistraturas. Tampoco diremos que mande uno solamente, aunque sea el mejor de todos, porque también tira mucho esto a oligarquía. Mas dirá alguno, por ventura, que no es bien que el hombre tenga absoluto señorío, sino la ley, pues puede ocurrir que en el ánimo de tal hombre se escondan las pasiones. Y, pues, si la ley sabe mucho a oligarquía o a democracia, ¿ qué diferencia habrá de la ley al hombre en lo que hemos dicho? Porque de la misma manera sucederán las cosas que anteriormente están ya dichas. Lo que parece, en verdad, más conveniente es que el pueblo sea señor, y no los buenos, aunque pocos. Porque aunque cada uno de los muchos, por sí considerado, no sea hombre de bien y virtuoso, pudiera ocurrir que juntándose todos en común sean mejores que aquellos otros pocos, no como particulares, sino como todos juntos ; así como las -enas que se hacen a escote de muchos son más suntuosas que las que se hacen a costa de un particular. Porque siendo muchos tendrá cada uno su partecilla de virtud y de prudencia, y juntos todos en uno, será todo aquel pueblo como un hombre que tenga muchos pies y muchas manos y muchos sentidos ; LA POLÍTICA  131 y lo mismo será en las costumbres y en los pareceres. Pero los hombres de bien y virtuosos difieren de cada uno de los muchos, en particular, de la misma manera que se diferencian los hermosos de los feos, y las cosas hermosamente dibujadas, con artificio, de las naturales y que existen realmente ; porque lo que en la naturaleza está repartido lo pone el artífice en un solo dibujo ; porque si se hace examen de las partes de una mujer, más hermosos serán los ojos que las demás partes, y viceversa. Pero si es verdad que en todo pueblo y en toda multitud puede haber semejante diferencia de los muchos a los pocos y buenos, está incierto. Pero que en algunos pueblos no la puede haber, acaso es verdad y cosa cierta. Porque la misma razón cuadraría también para las bestias ; porque, a decir verdad, hay pueblos que difieren muy poco de los salvajes. Pero, en alguna multitud, bien puede ello ser verdad. Y,' por esto, podrá cualquiera, con esta distinción, expresar la duda poco antes propuesta y la que debajo de ella se contiene, que es : de qué cosas han de ser señores los libres y toda la multitud de los ciudadanos ; digo : los que ni son ricos ni muy señalados en las cosas de virtud. Porque hacer a estos tales participantes de las ma y ores magistraturas no es, er verdad, cosa segura. Porque en algunas cosas harán agravios por su injusticia, y en otras errarán por su ignorancia. Pero no repartirles nada ni hacerles participantes de 132  ARISTÓTELES ninguna cosa es de temer y muy peligroso. Porque cuando en una ciudad hay mucha gente sin honra y necesitada, por fuerza ha de estar la dicha ciudad llena de enemigos. Resta, pues, hacerles participantes del Consej o y de la judicatura. Por esto, Solón y algunos otros legisladores disponen que el pueblo tenga señorío sobre la elección de los magistrados y sobre tomarles residencia ; pero no les permiten que rijan por sí solos el gobierno y cargos de la República ; porque, juntos todos, tienen bastante conocimiento, y estando mezclados con los mejores, ayudan al gobierno de la ciudad. Pero esta disposición y manera de República tiene primeramente esta dificultad, que parece que es de una misma habilidad juzgar de una cura si está o no está bien hecha, y hacer que el tal enfermo quede bien curado de la presente enfermedad, y el que esto hace es el médico ; y lo mismo es en las demás cosas que consisten en arte y experiencia. De la misma manera, pues, que el que en cosa de Medicina ha de tomar residencia ha de ser médico, así también ha de ser en ]as demás cosas que son a ésta semejantes. Porque, hablando así, en común, en todas las artes hay algunos tales como éstos. Así, atribuimos el juzgar a los que están bien instruidos. no menos que a los que lo entienden bien. En lo que toca, asimismo, a la elección, parece que existe la misma dificultad, porque el hacer buena elección es oficio propio LA POLÍTICA  133 de los que bien lo entienden. Porque si en algunas obras y artes tienen algún conocimiento los que no son artífices de ellas, ¿ diremos, por ventura, que lo entienden mejor que los artífices? De manera que, conforme a esta razón, no sería bien hacer al vulgo señor ni de la elección ni de los magistrados, ni el , de tomarles residencia. Pero hay otra cuestión aneja a ésta, porque no es cosa ajena de razón que los malos sean señores de mayores cosas que los buenos, pues las residencias y las elecciones de magistrados son las mayores cosas, las cuales en algunas formas de República están a disposición y orden de los pueblos, Porque el concejo es señor de todas estas cosas, del cual participan y en el cual aconsejan y juzgan hombres de poca hacienda y de cualquiera edad ; pero los oficios de tesoreros y de gobernadores, y los demás graves magistrados, no los sirven sino hombres de mucha hacienda. Alguno dirá, tal vez, si esto está bien o mal ordenado, porque ni el que toma residencia, ni el que aconseja, ni el que entra en consejo es el que tiene el señorío, sino todo el colegio de los jueces, y todo el consejo y todo el pueblo ; y cada uno de los que hemos dicho es una partecilla de estas cosas. De manera que, con mucha justicia, el pueblo es señor de las mayores cosas, parque en el pueblo, en el consejo y en las residencias entran muchos, y la hacienda de ARISTÓTELES todos éstos es mayor que la del particular y la de los pocos que rigen los magistrados. Mas la cuestión, que al principio se propuso, no demuestra otra cosa sino que las leyes, rectamente establecidas, conviene que sean señoras y que manden, y que el gobernar, sea de una o de muchas cosas, es oficio privativo del señor. Así, pues, las leyes han de estar bien de- .terminadas y ser conformes a la manera del gobierno de la República, y, por tanto, han de ser justas las de las buenas repúblicas, e injustas las que sean malas. 134 CAPITULO VIII En todas las ciencias y artes, el fin que se pretende es bueno, y el mejor y más principal bien en el arte y la ciencia, que es señora de todas las demás, es la potestad civil, y el bien común es lo justo, pues a todos conviene comúnmente. Pero a todos les parece que lo justo es una cosa igual, y hasta cierto punto conforman con las razones filosóficas en que se trató de las costumbres, porque lo justo es una cosa determinada y para ciertas 'personas especialmente. Dicen, pues, que conviene que para los iguales sea lo justo igual ; pero se ha de entender qué cosas son las que tienen igualdad y cuáles las que no. Porque hay en esto dificultad, y en esto consiste la filosofía de la República. Porque diría, por ventura, alguno que los magistrados se han de repartir conforme al exceso de todo género de bienes, si en todo lo demás no difieren en nada, sino que fueren semejantes ; porque aquellos entre quienes hubiere diferencia han de tener diferente dignidad. Pero si eso fuese así verdad, los que excediesen también en el color 14: • 136  ARISTÓTELES y en la cantidad, y en cualquier otro género de bienes, habrían de tener, asimismo, más parte en las cosas justas de la República, lo cual es llanamente falso, porque se ve a las claras en las demás ciencias y facultades, pues cuando los músicos de flautas son semejante en las habilidades, los que fueren de más claro linaje no han de tener señorío sobre las flautas, porque no por ser ilustres las tañerán mejor. Pero al que en aquel género de música hiciere ventaja a todos los demás, a éste conviene que se le entreguen las mejores flautas. Y si esto que decimos aún no se entiende bien, veremos si lo podernos expresar más claramente. Porque si hubiese alguno que en el tañer de la flauta fuese muy señalado, pero en la nobleza del linaje y en la hermosura fuese menor que los otros, aunque uno de estos bienes es de mucho más valor que la música de flautas (digo la nobleza del linaje y la hermosura), y que, conforme a proporción, exceden tanto en valor a la música de las flautas, con todo eso, a este individuo se le deben dar las mejores flautas, cuando el tal les hace a ellos ventaja en la misma música. De esto habrá de seguirse que cualquier bien, conforme a esta razón, se podría conferir con otro. Porque si una particular cantidad se compara con las riquezas y con la libertad, también se podrá hacer lo mismo con la cantidad en general. De manera que, si este particular' excede en la virtud, la grandeza de la virtud. absolutamente hablando, también excede. y así :LIS'. LA POLÍTICA  137 todos los bienes se podrían comparar ; sino que la cuestión ha de ser por necesidad en aquellas cosas en las cuales consiste la ciudad. Por esto, con razón, los nobles en linaje, los libres y los ricos andan en competencias sobre la honra, porque por necesidad han de ser libres y tener hacienda ; porque no podría ser ciudad aquella donde todos fuesen pobres o todos fuesen siervos. Pero si de estas cosas hay necesidad, consta también que la habrá de justicia y de la virtud militar, porque tampoco se puede habitar en una ciudad sin éstas. Parece, pues, que para que exista una ciudad, con razón se requieren casi todas estas cosas. Pero para el vivir bien habrá de preferirse la doctrina y la virtud, como ya se ha dicho anteriormente. Ya hemos dicho también que todos, en cierta manera, tienen justicia ; pero, absolutamente hablando, no todos, porque los ricos tienen la mayor parte de los términos, y los términos son una cosa común. Pero los libres y los de buen linaje trátanse corno muy cercanos los unos de los otros, porque más de veras son ciudadanos más generosos que los de baja suerte, y el buen linaje dondequiera es tenido en mucha estima. Hay para esto, asimismo,- otra razón que parece muy verdadera : que de mejores padres han de proceder mejores hijos, porque la nobleza es virtud de linaje. De la misma manera, pues, diremos que la virtud con buen derecho se usurpa la mayor dignidad. 144  ARISTÓTELES El bajo pueblo, vil, sin hora y brío, a Pittaco levanta por tirano : el gobierno de todo y seflorio a un hombre da, de vil y baja mano, y aquel que nada sube encima el suelo, lo encumbra, en alabanzas, hasta el cielo. CAPITULO XI Las enumeradas, pues, son las especies que hay de reinos : una, la que era en tiempo de los Héroas, y ésta era reino sobre gente voluntaria, en casos ya determinados, porque el rey era el capitán de la guerra y juez y señor de las ceremonias y sacrificios que a los dioses se les hacían. La segunda especie era el reino de los bárbaros, que procedía por herencia de linaje, y tenía sobre los suyos mando de señor. La tercera era la que llaman Esimnetia, y ésta es una voluntaria tiranía. La cuarta es la de los lacedemonios, la cual es, sumariamente hablando, un perpetuo gobierno militar heredado por linaje. La quinta especie de reino consiste en que el rey, siendo uno solo, es señor de todos. En realidad, de verdad, casi son dos solas las especies que hay de reinos, de las cuales habremos de tratar : esta postrera que decíamos y la de los lacedemonios, porque casi todos los demás reinos son como mezclas de estos dos. 10 146  ARISTÓTELES De manera que nuestra consideración ha de versar sobre dos cosas : una, si conviene o no a las ciudades tener perpetuo capitán, y si éste ha de proceder por herencia de linaje o por elección, y la otra, si es cosa que cumple que uno sea señor de todos o si no conviene. El tratar, pues, del gobierno de guerra semejante más manera tiene de cuestión de leyes que de gobierno de República. Porque en todas las maneras de gobierno puede acaecer esto ; de modo que hay que tratar de la primera. La otra manera de reino es especie de República, y así conv i ene tratar de ella y pasar por las cuestiones que al hablar de ella se ofrezcan. Es, pues, el principio de nuestra consulta si es mejor ser regidos por un buen varón o por buenas leyes. Paréceles a algunos que conviene más ser regidos por rey, porque las leves hablan solamente en general y no cuadran del todo a las cosas que puedan ocurrir ; y así, es simpleza, en cualquier arte, gobernarse conforme a la letra de la ley. No obstante, conviene que los que han de gobernar tengan en sí aquella general razón, siendo más robusto aquello que no está sujeto a pasiones de ánimo que lo que naturalmente las tiecie. Esta falta, pues, no se halla en la ley ; pero en cualquier hombre se ha de hallar por necesidad. Tal vez dirá alguno que los hombres pueden consultarse entre sí mejor LA POLÍTICA  147 ha que en las leyes ; lo cual, en último término, te les llevará a legislar. Siempre será más conveniente que golf  muchos que uno solo, con tal que esa  sean gente libre y no hagan cosa contra la si  ley o fuera de ella, sino en aquello donde, por necesidad, la ley no pudo disponer o ra  prever. de  Tal vez se oponga el argumento de que or.  los muchos pueden tener contiendas entre ue .  sí, mientras que si fuera uno solo el que gotro  lo haría sin contradicción. A esto se puede responder que ya se preRe  que los muchos han de ser buenos, P.  de la misma manera que lo ha de set uno. 5 111  Y pues el gobierno de muchos, pero buenos, decimos ser la aristocracia, y el gobierno de uno decimos que es el reino, más conveniente será para las ciudades la aris1SP tocracia que el reino, ora sea el reino sin poder, o con él. , Por esto, antiguamente, se regían por reves, porque era cosa rara hallar muchos hombres excelentes en virtud, por más que entonces las ciudades eran pequeñas. Elegían, asimismo, los reyes por buenas obras que recibían de ellos, lo cual era propio de hombres de bien y virtuosos ; pero cuando sucedió que ya había muchos dotados de la 1  misma manera de virtud, no lo sufrieron más, sino que buscaron algo que fuese a todos común, y así introdujeron el público gobierno. Pero como después, viniendo a gasta r y hacerse peores, procuraban gananlos  propia de lo común, es de creer que na- ),1 Jr 148  ARISTÓTELES cieron de allí las oligarquías, porque se estimaron en mucho las riquezas y se codiciaban con afán. De las oligarquías, primeramente, se convirtieron en tiranías, y después de las tiranías, en democracias ; porque como, por su muy torpe codicia, se iban reduciendo a muy pocos, hicieron a la multitud mucho más poderosa, hasta hacerla levantar e introducir las democracias o gobiernos populares. Y como sucedió que las ciudades se hicieron mayores, procedió, por ventura, de aquí que no pudo fácilmente introducirse otra manera de gobierno fuera de la democracia. Pero si se afirmara la conveniencia de que las ciudades se rijan por reyes, ¿cómo se ha de arreglar lo de la sucesión de los hijos? ¿ Convendrá que también reinen los que de ellos procedieren? Esto es cosa perjudicial, por la razón de que los hijos pueden salir tales cuales. tira. Sil mur .9 p. Iducir co. ue. u.1 Tia de ./,,eedu de en los CAPITULO XII Ofreceremos ahora haber de tratar del re y que todo lo rige a su voluntad. Porque el rey, que conforme a la ley se llama rey, no constituye una especie diversa de reino, como ya se ha dicho ; porque en todas las diferencias de repúblicas puede haber perpetuo oficio de capitán de guerra, como lo es en la democracia y en la aristocracia. Y aun muchos hacen que sea señor de la jurisdicción. Pero aquí hemos de tratar de la potestad real que llaman absoluta, la cual es cuando el rey, por su propia voluntad, gobierna todas las cosas. Paréceles, pues, a algunos que no es conforme a naturaleza que uno sea señor de todos los ciudadanos, cuando la ciudad está compuesta de gentes semejantes, porque los que tienen una misma naturaleza y se parecen entre sí tienen también una misma manera de justicia y una misma dignidad. Porque, así como es notable daño para los cuerpos que los que son desiguales en cantidad tengan igual mantenimiento o igual vestido, de la misma manera acaece en lo de las honEs 'Ixsoto modo es dañoso 3 que los n ~es la . tengan desigual ; i)or 4:11tceu que no es más jus to regir que ser , siendo lo mismo cuando en parta fi .» y en: p  son regidos, porque esto , y la ley es el orden de las'cosas. 0, pues, más 'útil que, la ley mande, que quier particular ciudadano. or, la misma razón, si algunos han de :S el gobierno y señorío como cosaimscIdible, han de ser éstos como par_ I r lianea y ejecutores de las leyes ; porque, por ine f esidad, 'ha de haber algunos magistrados, dice que no es justo que sea uno solo cuando : son todos semejantes. La > ley enseñándonos convenientemente, q ue lo demás 'lo juzguen e inquietados con muy justa sentenes asimismo, facultad de enmen- . reformar la leyes en lo que, por exéliéncil, les pareciere mejor. ue ordene, pues, que la ley sea la que no; parece que dispone que el mismo bierne, y también las leyes. Pero el exila que el hombre mande, dispone que la bestia fiera sea la que regule pues, de lo dicho, que, entre los son; 'semejantes e iguales, ni es -Útil ni AMO sea el señor de todos, aunexistan leyes, ni aunque el tal sesea más señalado en virtud, sino en cieranera. Primeramente . habremos de dislir qué ;'_cosa es , la más apta para pma Aristoora • , a n y qué otra para que E A POL 1 TICA  151 los )r lo ser rj. ra '131 República. Será, pues, más apto para ser regido por rey aquel pueblo que esté dispuesto a sufrir y tolerar. Para aristocracia, aquel pueblo que tolere que muchos, aunque aptos y buenos, administren el gobierno de gente libre ; pero la multitud que es apta para gobierno de república es aquella que está dispuesta para la guerra y para regir y obedecer conforme a la ley, que distribuye las dignidades y cargos a los que no son ricos, según el valor y merecimientos de cada uno. Cuando aconteciere, pues, así, que todo un linaje o algún singular entre todos se señalare más en virtud que todo, el resto de los hombres, de tal manera que la virtud de ese individuo haga notable ventaja a la de los demás, en tal caso será muy justo que sea linaje real y aquél sea el rey de todos. Resta, pues, solamente, que todos se dejen regir por el gobierno de este individuo, y que él sea señor absolutamente. LIBRO CUARTO CAPITULO PRIMERO En todas las artes y ciencias que no tratan de las cosas en particular, sino genéricamente, y son ciencias perfectas, corresponde considerar qué es lo más excelente. De donde se colige claramente que a una misma ciencia pertenece el considerar cuál es la mejor manera de República y qué clase conviene para cada pueblo. De manera que el legislador y el que realmente ha de ser gobernador de República deberá entender cuál es, absolutamente, la más perfecta manera de República, y cuál es la mejor conforme a los supuestos en que consiste. Debe, pues, entender cómo se ha de fundar desde un principio, y, después de fundada, cómo se ha de conservar por largo tiempo. Sobre todo, se ha de entender lo que conviene a cada pueblo, y no como hacen algunos tratadistas de República, que mucho ye- LA POLÍTICA  153 rran en el . uso de las cosas necesarias ; porque no solamente interesa considerar la mejor manera de República, sino también aquélla que es posible alcanzar. Pero aquellos tratadistas se ponen a contemplar solamente la más perfecta manera de gobierno y que tiene necesidad de mucho aparato, y otros, poniéndose más de propósito a tratar de la común manera de gobierno y refutando las que realmente se hallan en ser, alaban la República de los lacedemonios o alguna otra. Conviene, pues, introducir tal orden de gobierno, que, conforme a las cosas presentes, puedan hacerse en comunidad ; porque no menos trabajosa obra es retornar una República que fundarla de nuevo, así como no es menos trabajo desenseñar lo mal enseñado que aleccionar de nuevo. Por esto, además de lo dicho, conviene que el varón civil y buen gobernador de República tenga facultad para favorecer a las repúblicas que ya están en ser, lo cual no puede hacerlo si no entiende cuántas maneras hay de República. Paréceles a algunos que sólo son repúblicas la democracia y la oligarquía, lo cual, no es verdad. Así, según fuere la manera de República, se han de ajustar las leyes. Porque la República es orden para la conservación de las ciudades, la cual dispone cómo se han de repartir los cargos públicos y quién es el que ha de tener el supremo señorío en el gobierno. Pero las leyes son cosas consideradas fue- 256  ARISTÓTELES bién para el descanso, y es muy útil cosa descansar en los deleites de la música, no solamente como en cosa más ordinaria, sino también por el deleite y contento que en sí tiene. Esta, pues, conforme a buena razón, es Ya causa que cualquiera podría dar, porque los hombres procuran alcanzar la felicidad por medio de deleites semejantes. Pero cuanto al participar de la música, no solamente por esta causa, sino también por ser útil para gozar de los descansos, habremos de observar si su naturaleza es de-- mayor precio .y estima que otras artes (porque la música contiene en sí en deleite natural, y es preciada en toda edad y en las diversas maneras de costumbres), y si su influjo en el alma tiene el poder que suele atribuirsele. Claramente podrá verse que la música hace cambiar las costumbres con sólo recordar las melodías de las fieras del Olimpo ; porque de ellas ha dicho todo el mundo que mueven los ánimos con furor divino. F I N