Roma y el mar: del Mediterráneo al Atlántico
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Roma y el mar: del Mediterráneo al Atlántico Genaro Chic García Universidad de Sevilla Para un hombre antiguo que hubiese llegado a tener conocimiento de la realidad de la cuenca mediterránea, el Océano se mostraba como lo indefinido, lo cercano a la irrealidad, privado de límites precisos y por ello inseguro como el propio Caos. En el pensamiento mítico dominante, la realidad objetiva de las tierras conocidas se suponía envuelta en las brumas de una especie de río proceloso que circulaba por todas las partes, superiores e inferiores. Desde hacía mucho tiempo el Estrecho de Gibraltar era concebido como la pue1ta que daba acceso al fin de la Tierra y Cádiz era -no podía ser menosun regalo de Melkart, quien había decidido introducir en el Cosmos de los tirios un espacio caótico del Lejano Oeste. La concepción del progreso iba entonces ligada siempre a la del regreso a la voluntad divina, y los hombres intrépidos -como Odiseasentían en su espíritu el aliento divino que les impulsaba a realizar acciones arrojadas e incluso temerarias, como la de meterse en un barco y buscar la gloria y el botín que la materializase donde era fácil que perdiesen incluso la posibilidad de que se hallasen sus cadáveres, último testimonio de su valor. Por ello durante mucho tiempo, mientras no hubo posibilidad de contrastar las noticias, los periplos o «navegaciones en tomo» carecieron de la precisión del logos, como ya señaló J. Desanges 1 y acaba de retomar con muy buen criterio A. Balboa Salgado2• Aún en el siglo V a.C., como recoge este autor, ese gran viajero 1 Recherches sur l'activité des méditerranéens aux confins de l'Afrique (Vle siecle avant J.- C. -!Ve siecle apres J.-C.), Roma, 1978, p. 371. 2 «Himilcón y el Océano Occidental: una propuesta de análisis», 111 Congreso Peninsular de Historia Antigua. Preactas, Vitoria, Julio 1994, pp. 353-359. 55
que fue Herodoto se siente obligado a decimos que «de la parte extrema que en Europa cae hacia Poniente, confieso no tener bastantes luces para decir algo de positivo. No puedo asentir a lo que se dice de cierto río llamado por los bárbaros Erídano, que desemboca en el mar hacia el viento Boreas y del cual se dice que nos viene el ámbar, ni menos saldré fiador de que haya ciertas islas llamadas Casitérides de donde proceda el estaño, pues en lo primero el nombre mismo de Erídano, siendo griego y nada bárbaro, clama por sí que ha sido hallado y acomodado por los poetas; y en lo segundo, por más que procuré averiguar el punto con mucho empeño, nunca pude dar con un testigo de vista que me informase de cómo el mar se difunde y dilata más allá de Europa, de suerte que a mi juicio el estaño y el ámbar nos vienen de algún rincón muy retirado de Europa»3• Pero esos lugares apartados existían y había hombres, como aquellos gaditanos de los que Estrabón4 diría que se distinguían por su virilidad ( avópEía) en las cosas de la mar, que arriesgaban sus vidas por contactar con ellos y obtener los preciosos aya/q.ta'ta de que nos habla L. Gemet al estudiar la noción mítica del valor en Grecia5, recordándonos que en todo comercio hay unos principios religiosos que sería muy saludable que tuviésemos en cuenta los historiadores cuando hablamos, por ejemplo, de la función mercantil de los templos. Poco a poco los viajes exploratorios se fueron haciendo más intensos y las ideas se fueron fijando y contrastando. Como veremos a continuación, si el pensamiento geográfico se fue precisando en el mundo helenístico posterior a Aristóteles ello no se debe, sin más, a un esfuerzo mental realizado por determinados sabios con vistas a precisar los términos del discurso, sino sobre todo al hecho de que esos datos se habían ido fijando realmente al poder contrastar la opinión de muchos navegantes, que era lo que echaba de menos Herodoto. Según Desanges, con el periplo del Pseudo-Scylax, escrito en el siglo IV a.C., nos aproximamos ya a la esencia del género, de forma que la precisión va siendo mayor y con ello su utilidad para el navegante que se dirige a lugares para él desconocidos6; y ello no es casual desde luego. Veamos lo que nos dice la Arqueología. Observamos en primer lugar que los cepos de áncoras en plomo sólo se generalizan en el litoral portugués a partir del siglo IV a.C., aunque es cierto que son frecuentes los hallazgos, en el mismo litoral, de vestigios mediterráneos de la época del Bronce Final y de la primera Edad del Hierro, incluida una factoría fenicia en Abul, en la orilla del Sado, entre Setúbal y Alcácer do SaF, así como 3 Heródoto, III, 115. Traducción de P. Bartolomé Pou. 4 III, 1, 8 (140). 5 Antropología de la Grecia antigua, Madrid, 1980 [Paris, 1968], pp. 85-122. En p. 90 nos recuerda que «esto no es algo exclusivo de Grecia». 6 Obra cit., p. 372. 7 V. Correia, <<A expansao orientalizante na fachada atlantica peninsular. Dados e perspectivas conhecidas», Homenagem a Ernesto Veiga de O liveira, Trabalhos de Antropofagia e Etnologia, Porto, 30, pp. 178-185. Citado por F.J.S. Alves, F. Reiner, M.J.R. Almeida y L. Veríssimo, «Os 56
otros establecimientos en la zona del Tajo, como Almaraz y Castelo de S. Jorge8, que conocieron también una relativamente intensa re ladón comercial con el Mediterráneo en los siglos VII y VI a.C. Destacan, entre los referidos restos de navegación, los dos grandes cepos (el barco de Mahadia tenía seis) hallados en las proximidades de la isla de Berlenga, a la altura del cabo Carvoeiro (Peniche ), de 423 y 422 Kg. y unas longitudes respectivas de 2'55 y 2'63 m., lo que supone que las anclas medirían unos 6 m., cosa que es propia de un navío del tipo que Aristófanes denomina ¡..tupt<XIHPOpos (o sea unas 138 Tm.9) y que Estrabón10 considera que podían remontar las aguas del Tajo; uno de dichos cepos conservaba aún restos del alma de madera, que han podido ser fechados por radiocarbono hacia fines del siglo V o comienzos del IV a.C. 11 • Y es evidente que dichos barcos se encontraban perfectamente preparados técnicamente para navegar de bolina a partir del cabo San Vicente, pues el régimen de vientos en la zona oeste peninsular está marcado por el predominio de los del cuadrante norte (N. O.) en la época considerada en la Antigüedad como buena para la navegación (primavera-verano)l2. Por otro lado, es notable que será a partir del siglo IV a.C. cuando destaquen los poblados de tradición púnica del litoral algarveño (Castro Marim, Cerro do Cavaco, Ossonoba, Rocha Branca, Cerro Moliao ), aunque algunos de ellos remonten a época anterior (ss. VII-VI a.C.), cuando «la costa SW se integra en un sistema económico y cultural constituido por establecimientos costeros atlánticos, de Mogador (costa marroquí) a Santa Olaia, de carácter fenicio-púnico cuyo "centro" se localizaría, hipotéticamente, en Cádiz» 13 • Y será ahora también cuancepos de ancora em chumbo descobertos em águas portuguesas -contribu<;ao para urna reflexao sobre o navega<;ao ao longo da costa atlantica da Península Ibérica na Antiguidade», O Arqueólogo Portugués, s. IV, 6/7, 1988-1989 [1993], p. 112, n. 3. Véase también F. Mayet y C. Tavares da Silva, «Abul: um estabecimento orientalizante do séc. VII a.C. no baixo vale do Sado», Setúbal Arqueológica, IX-X, 1992, pp. 315-333. Deseo agradecer al Profesor Carlos Fabiao, de la Universidad de Lisboa, el apoyo bibliográfico que me ha prestado para la realización de este trabajo. 8 C. Tavares da Silva y J. Soares, Ilha do Pessegueiro. Porto romano da Costa Alentejana, Lisboa, 1993, p. 180. Los contactos orientales, muy posiblemente a través de las factorías establecidas en Andalucía y por medio de una navegación de cabotaje, han sido estudiados recientemente en su conjunto por A. M. Arruda, "Orientalismo" e "orientalizante": génese e aplica<;ao dos conceitos na Idade do Ferro do Centro/Sul de Portugal», Estudos em Homenagem a Jorge Borges de Macedo, Lisboa, INIC, 1992, pp. 33-48, con amplia bibliografia. Las minas alemtejanas serian, en buena medida, las responsables de este interés de los orientales por una zona que, no lo olvidemos, ha dado los mayores testimonios de la escritura llamada del sudoeste. 9 Ar., Pax, 521. J. Rougé, Recherches sur l'organisation du commerce maritime en Méditerranée sous l'Empire romain, Paris, 1966, pp. 68 y 79. 10 III, 3, 1 (151). 11 F. J. S. Alves et alii, art. cit., pp. 121, 126-127, 130, 134 y 136. 12 F. J. S. Alves et alii, art. cit., p. 114. 13 C. Tavares da Silva y J. Soares, Ilha do Pessegueiro, p. 188, n. 115. 57
do comience la ocupación de la isla de Pessegueiro, enclave marítimo a mitad de camino entre el cabo de S. Vicente y el estuario del Sado, identificado por algunos con la isla de Poetanion de la Ora Maritima (v. 199)1\ que habría de servir de apoyo en la exportación del mineral de la zona1 S, de lo que bien podría ser un indicativo el barco feno-púnico naufragado frente al Cabo de Palos por esta época y que, además de colmillos de marfil africanos con inscripciones, llevaba lingotes de estaño y de plomo16• El mapa indicativo de los lugares de la fachada atlántica peninsular con cerámica griega, realizado por A.M. Arruda17, en el que quedan señalados yacimientos que van desde Castro Marim (junto al Guadiana) hasta Coto da Pena (junto al Miño) -con mucha mayor intensidad en el cuadrante S.O.-, y que se podría completar con el de distribución de los hallazgos de cerámicas finas, áticas y greco-itálicas, de «barniz negro», en la zona gallega -siempre en el litoralrealizado por Juan L. Naveiro López 18 , entendemos que es una buena confirmación material de la intensificación de estos viajes atlánticos -el más famoso de los cuales fue el del masaliota Pytheasa partir del siglo IV a.C. que, como hemos señalado, incidirían en la consideración progresivamente científica de la geografía de la región atlántica. Desde luego Aristóteles y, sobre todo, sus seguidores -Teofrasto, Estratón, Eratóstenescontaron con muchos más datos que sus antecesores para abordar los problemas oceanográficos desde una perspectiva lógica o, si se prefiere, científica. 14 C. Tavares da Silva, J. Soares y L. F. Dias, «Trabalhos arqueológicos na Ilha do Pessegueiro (1980)», Setúbal Arqueológica, VI-VII, 1980-1981, pp. 219-221 y 244-245. Negado por V.G. Mantas, <<As cidades marítimas da Lusitania», en Les villes de Lusitanie romaine, París, 1990, p. 156, en base a la transgresión marítima experimentada por el litoral, que supone una subida del nivel del mar de por lo menos 1 '5 m. con relación al nivel del Alto Imperio. En el sudeste español el hundimiento de la costa respecto al cambio de era es de unos 4 m., según R. Montes Bernárdez, «El ciclo transgresión-regresión y hundimientos costeros en el sureste español. Su influencia en asentamientos pleistocenos», VI Congreso Internacional de Arqueología Submarina. Cartagena 1982, Madrid, 1985, p. 110. Hay que hacer notar que dicha isla es llamadaAnion en la versión del poema realizada por J. Gavala y Laborde, El poema «Ora Maritima» de Rufo Pesto Avieno, apéndice a la Explicación de la hoja 1061, Cádiz, del Mapa Geológico de España, Madrid, 1959, p. 55 y XIII: Post Anion en vez de Poetanion. 15 C. Tavares da Silva y J. Soares, Ilha do Pessegueiro, pp. 177-180. 16 J. Mas, «El polígono submarino de Cabo de Palos. Sus aportaciones al estudio del tráfico marítimo antiguo», VI Congreso Internacional de Arqueología Submarina. Cartagena 1982, Madrid, 1985, pp. 155-161: Yacimiento fenicio-púnico del Bajo de la Campana l. 17 Cerámicas áticas do Castelo de Castro Marim, no quadro da exportat;óes gregas para a Península Ibérica, Lisboa, 1993. Tesis doctoral inédita (multicopiada), p. 101 y mapa l. 18 El comercio antiguo en el N. W. peninsular. Lectura Histórica del Registro Arqueológico, A Coruña, 1991, pp. 26 y 234-235, mapa4. Hacia la misma época comienzan a llegar las ánforas del tipo Mañá A (p. 69). 58
En el siglo III a.C. una nueva potencia, que hasta entonces se había despreocupado de los asuntos de la Península Ibérica 19 , hace su aparición en ella para enfrentarse a los cartagineses y apoyar los intereses de sus aliados masaliotas20• Conocida es la trascendencia que la campaña hannibálica habría de tener para el futuro de la Península, pero hoy nos queremos detener en lo que supuso para Roma el contacto con la ciudad fenicia de Cádiz que, desde mucho antes, mandaba a sus marinos hacia el Atlántico, tanto en la ya referida dirección Norte como hacia el Sur, donde explotaba las pesquerías de la costa marroquí con el apoyo de una serie de establecimientos costeros, como Lixus o Mogador 1• Durante un tiempo R. Mauny22 impuso la teoría de la imposibilidad de navegar, en la Antigüedad, mas hallá del cabo Juby dada la dificultad que ofrecía el regreso debido al régimen de los vientos, de tal forma que habría que dar la vuelta por las Azores 23 , pero esa idea ha quedado muy matizada posteriormente tras el posterior estudio de R. Lonis acerca del problema del regreso2\ 19 Cass. Dio, XII, frag. 48 (ed. Boissevain), recogido en A. Schulten, Fontes Hispaniae Antiquae, III, Barcelona, 1935, p. 13. 20 G. Chic, «La actuación político-militar cartaginesa en la Península Ibérica entre los años 237 y 218», Habis, 9, 1978, pp. 236-241, siguiendo a G.V. Summer, «Roman policy in Spain before the Hannibalic War», Harvard Studies in Classical Philology, LXXII, 1967, p. 208. 21 Cf. G. de Frutos Reyes, Cartago y la política colonial. Los casos norteafricano e hispano, Ecija, 1991, pp. 67-71 y 126; y sobre todo G. de Frutos Reyes y A. Muñoz Vicente, «Hornos púnicos de Torre Alta (San Fernando, Cádiz)», Arqueología en el entorno del Bajo Guadiana, Huelva, 1994, en pp. 406-409. 22 «La navigation sur les cotes du Sahara pendant 1' Antiquité», Revue des Études Anciennes, 57, 1955, pp. 92-101. 23 Ha existido una larga polémica acerca de la veracidad del hallazgo en 1749 de un tesorillo de monedas cartaginesas datables a fines del siglo III a.C. en la isla de Corvo. La exploración arqueológica realizada hace un decenio no ha dado ningún resultado positivo. Véase al respecto B.S.J. Isserlin, «Did Carthaginian Mariners reach the Island of Corvo (Azores)?. Report on the result of Joint Field Investigations undertaken on Corvo in June, 1983», Rivista di Studi Fenici, XII, 1, 1984, pp. 31-46. Dejando a un lado el tema de la supuesta inscripción fenicia de Parahyba (Brasil) [I. Joffily, «L'inscription phénicienne de Parahyba», Zeitschrift der Deutschen Morgenliindischen Geselleschafi, 122, 1972, pp. 22-36], el tema de la presencia cartaginesa en una de las Azores (Madeira) o en América, según la interpretación que se hiciese de un fragmento del De mirabilibus auscultationibus, sirvió a españoles y portugueses en su discusión acerca de los derechos históricos a la posesión del Nuevo Mundo tras el arbitraje del papa Alejandro VI en 1493 con sus bulas Inter caetera que intentaba repartir las zonas de influencia, cosa que sólo se conseguiría con el tratado de Tordesillas, firmado el 7 de Junio de 1494 entre Portugal y Castilla. Este claro ejemplo de manipulación de la Historia al servicio de una causa ha sido puesto de relieve por E. Accuaro, en «Cartaginesi in America: Una disputa del XVI sécolo», L'homme méditerranéen et lamer, Túnez, 1985, pp. 99-103. 24 «Les conditions de la navigations sur la cote atlantique de 1 'Afrique dans 1 'Antiquité: le probleme du "retour"», Afrüjue naire et monde méditerranéen dans l'Antiquité, Dakar, 1978, pp. 147-162. 59
que no hace tan descabellado el relato de Herodoto 25 acerca del comercio silencioso realizado por los cartagineses en un paraje «más allá de las Columnas de Hércules» para obtener oro. La entrada de Cádiz, en suma, en el ámbito de influencia romana tras el acuerdo del año 206 a.C. iba a abrir para la ciudad italiana la ventana hacia un nuevo mundo que en adelante no dejaría de atraerle. La primera noticia de este vivo interés la tenemos casi veinte años después del establecimiento de la colonia latina de Carteia (171 a.C.) en la bahía de Algeciras, en medio de las tierras de tradición púnica, poniendo fin de forma definitiva al aplastamiento de la sublevación de la provincia Hispania Ulterior. Roma observaba con atención por entonces los movimientos del rey Masinissa contra Cartago mientras bandas de lusitanos bajaban hasta el Océano y pasaban a Africa, bien desde el Algarve o desde zonas más occidentales de Andalucía, siendo perseguidos por mar en alguna ocasión por los romanos, a pesar de no tener allí ninguna base, lo que nos ha llevado a pensar en la posibilidad de que acudiesen en defensa mercenaria de Cartago26• Y es muy posible que sea en conexión con esta campaña (Scipione Aemiliano res in A.frica gerente) cuando haya que situar el periplo de Polibio a lo largo de la costa africana del que nos habla Plinio27 y que parece haber alcanzado el cabo Juby, siendo considerado por J. Desanges como «el documento marítimo más preciso que poseemos sobre el conjunto de la costa atlántica del antiguo Marruecos»28• A raíz de aquella guerra y en un intento de reprimir a los pueblos del Oeste ibérico que incordiaban a su provincia Hispania Ulterior, Roma habría de ocupar directamente, por medio de D. Junio Bruto, todo el territorio hasta Galicia. Estrabón nos dice que la expedición tomó como base Morón, cerca del Tajo, y que el general «fortificó Olisipo para tener expedita la navegación río arriba y el transporte de víveres»29, llegando hasta el río Miño 30 y pudiendo comprobar que los habitantes de la zona utilizaban barcas de cuero y piraguas monóxilas 31 para las subidas del mar y los pantanos y que usaban mantequilla en vez de aceite32• Pero sabemos por la Arqueología que por entonces comienzan a llegar a Galicia las cerámicas campanienses y, sobre todo, el vino envasado en ánforas de tipo Lamboglia 4 y 25 IV, 196. 26 G. Chic, «Consideraciones sobre las incursiones lusitanas en Andalucía», Gades, 5, 1980, pp. 21-23. 27 N.H., V, 1, 8-9. 28 Recherches sur l 'activité des méditerranéens aux confins del 'Afrique (V! e siecle avant J.- C. -!Ve siecle apres J.-C.), citado, p. 372. Sobre las relaciones entre el mundo romano y el mauritano en el siglo II a.C. puede verse J.M. Lassere, Vbique populus, Paris, 1977, pp. 71-72. 29 III, 3, l. Traducción de Ma José Meana, Ed. Gredos, Madrid, 1992, p. 77. 30 III, 3, 4 (153). 31 Sobre el estado de la investigación de este tema en la Península Ibérica puede verse F.J.S. Alves, «A piroga monóxila de Geraz do Lima», O Arqueólogo Portugues, serie IV, 4, 1986, pp. 209-234. 32 III, 3, 7 (155). 60
Dressel1, de tradición greco-itálica, y algunas de tipo Dressel2-4, tal vez de la Tarraconense 33 • De esta forma, entre las gentes del norte acostumbradas a la cerveza se irán introduciendo elementos de prestigio como la ya aludida cerámica fma o ese vino del que Estrabón dirá que «lo beben en raras ocasiones, pero el que tienen lo consumen pronto en festines con los parientes»3\ sirviendo de elementos de distinción a una aristocracia que afirma su posición social. Es posible que las ánforas tarraconenses llegasen por intermedio de los masaliotas quienes, tras la senda de Pytheas, podían haber seguido la ruta costera en naves como la pequeña (12 a 15 m. de eslora) y sobrecargada que naufragó en las aguas de Bagaud, junto a las islas Hyeres de la costa provenzal, llevando lingotes de hierro y de estaño: estos últimos llevaban la estampilla YIIOKEAT.QN IIEPI HPAKAEMHN y se pueden datar gracias a monedas de Massalía y un ánfora Dressel1A a fines del siglo II o comienzos del I a.C.; su editor, L. Long35, estima que el barco podría proceder de Lusitania, donde había celtici y donde Plinio36 nos dice que, al igual que en Galicia, se extraía estaño. Por la misma época (139 d. C.) Q. Servilio Cepión levantaba un faro junto a la entrada en el Guadalquivir y poco después Poseidonios, que había acudido a Cádiz para estudiar el fenómeno de las mareas atlánticas, recogía noticias sobre el viaje que Eudoxos de Cízico había emprendido desde el mismo lugar para buscar la India rodeando Africa37 y evitar así las cargas aduaneras que imponía el estado egipcio ptolemaico. Un pecio de Tánger con ánforas greco-itálicas tipo Will E nos habla de la realidad material de este tipo de navegaciones hacia el Sur en el siglo II a.C.38• 33 J.L. Naveiro López, El comercio antiguo en el N. W. peninsular, pp. 27 y 63-66. 34 III, 3, 7. Véase A.J. Domínguez, «El vino y los pueblos del Norte de la Península Ibérica: aproximación histórico: arqueológica», El vi a l'Antiguitat, Badalona, 1987, pp. 376-382. Entendemos que en el texto estraboníano la expresión ¡.Lc'ta 'tÓÍV G'UY'{CVffN hace referencia a las fiestas comunes de las poblaciones emparentadas, donde se darían las «competiciones gimnásticas, de hoplitas e hípicas, con pugilato, carrera, escaramuza y combate en formación» a que ha hecho referencia con anterioridad. Serían en suma esos conventus de tipo religioso que luego aprovecharían los romanos en todas partes para hacer llegar de forma regular sus órdenes y arbitrajes. Cf. M• D. Dopico Cainzos, «Los conventus iuridici. Origen, cronología y naturaleza histórica», Gerion, 4, 1986, pp. 265-283, y L. Gemet, «Agapes campesinos antiguos», en Antropología de la Grecia antigua, Madrid, 1980 [París, 1968], pp. 25-58. Véase también nuestra opiníón en «Lucubraciones en tomo al Conventus de Hasta (Estrabón, III, 2, 2. 141 )»,Homenaje al Pr. Dr. F.J. Presedo Velo, Sevilla, 1994, pp. 391-402. 35 «L'épave antique Bagaud 2", VI Congreso Internacional de Arqueología Submarina. Cartagena, 1982, Madrid, 1985, pp. 93-98. La forma de parte de los lingotes, en casquete esférico, es igual a la que muestran los referidos antes al hablar del pecio fenicio-púnico de Cabo de Palos. 36 N.H., XXXIV, 156. 37 Estrabón, III, 5, 8-9 (174). II, 3, 4 (99). 38 A. J. Parker, Ancient Shipwrecks ofthe Mediterranean and the Roman Provinces, Oxford, 1992, p. 418, n° 1129. 61
Que los contactos de la gente del S.O. hispano con Africa eran bastante intensos por aquella época parece quedar bien patente en el episodio ocurrido a Sertorio a comienzos del otoño de 82 a.C., cuando las flotas pesqueras se retiraban a sus bases y presuntamente le dieron noticias de unas «islas de los afortunados»39. Sea como fuese la manera como se despertó su interés por Africa, lo cierto es que poco después tenemos aSertorio apoderándose de Tingis, posiblemente enredado en las luchas con el pro senatorial rey Bogud según P. Romanelli 40 , y de donde sólo habría de salir para ponerse al frente de un ejército lusitano -que le esperaba enBaelo 41 - en la Península Ibérica, donde intentaría recuperar la legalidad formal presentándose como procónsul 42 . Roma se asomaba así, siquiera fuese tímidamente, al atlántico africano de forma directa 43 . La actuación de César, pocos años después, habría de ser mucho más decidida. En otro lugar hemos señalado 44 que ya en 61 a.C., cuando había comenzado a hacer valer su fuerza en el escenario político romano, G. Julio vuelve como gobernador a la Provincia Hispania Ulterior, donde había sido cuestor en 68, y enseguida emprende acciones militares en la zona de Lusitania con el pretexto de erradicar el bandolerismo, pero en realidad para buscar la gloria por un lado y riquezas por otro para poder pagar sus inmensas deudas, avaladas por Craso en Roma. El hecho de que antes de emprender la expedición implorase la protección del Hércules gaditano; de que llevase a L. Comelio Balbo consigo, en calidad de praefectus fabrum; y de que emplease barcos gaditanos en la toma de una isla que Schulten entiende que debía ser la de Peniche45, nos hace ver que la relación con Cádiz fue básica en esta expedición atlántica que le habría de llevar hasta el centro distribuidor de Brigantium. Por otro lado Gades, enclave oriental en el extremo Occidente, era la puerta del Atlántico, el punto de partida hacia un mundo ignoto pero que se presentía lleno de posibilidades, lo que no podía dejar indiferentes a hombres, como César, que veían en Alejandro III de Macedonia el modelo a imitar, como bien supo ver J. Gagé 46 . 39 Plut., Sertorio, 39. Un análisis reciente puede verse en F. García Morá, Un episodio de la Hispania republicana: la Guerra de Sertorio, Granada, 1991, pp. 42-54. Véase nuestra opinión en «La actuación político-militar de Q. Sertorio durante los años 83 a 80 a.C.», Actas del I Congreso Andaluz de Estudios Clásicos, Jaén, 1982, pp. 168-171. 40 Storia delle Province Romane dell'Africa, Roma, 1959, pp. 96-97. 41 Para las navegaciones entre Baelo y Tingis, vd. Estrabón, III, 1, 8 (140). 42 G. Chic García, «Q. Sertorius, procónsul», Actas de la Reunión sobre Epigrafía hispánica de época romano-republicana, Zaragoza, 1986, pp. 171-176. 43 Las palabras de Lucrecio, V, 35-36, pueden evidenciar esta timidez: propter Atlantem litus pelagisque severa, 1 quo neque noster adit quisquam nec barbarus audet. Trad. de E. Valentí: «cerca del litoral del Atlas y de aquel borrascoso Océano que ninguno de los nuestros visita ni el bárbaro se atreve». 44 G. Chic, Cádiz: Historia Antigua, en Provincia de Cádiz, Ed. Gever, Sevilla, 1984, p. 83. 45 Fontes Hispaniae Antiquae, V, Barcelona, 1940, p. 13. 46 «Gades, l'Inde et les navigations atlantiques dans l'Antiquité», Revue Historique, 205, 19S1, pp. 189-216. 62
Pocos años después la ocupación de la Galia por César, y en particular la del territorio véneto (57 a.C.) por su legado P. Licinio Craso (asistido luego por el propio César, al que acompañaba como consejero L. Comelio Balbo ), había supl,lesto la ruptura del orden económico internacional del mundo atlántico. Barry Cunliffe, en su estudio de las relaciones entre Britania y Galia en la época que ahora nos interesa 47 , ha puesto de manifiesto cómo éstas, a las que habría que sumar las relativas a la Península Ibérica desde el siglo IV a.C., habían comenzado a alterar claramente la vida de los isleños tras el establecimiento de la provincia de Gallia Transalpina a raíz de la llamada de auxilio de Massalía en 125 a. C., la derrota de los Salluvii en 124 a. C. y la conquista de la orilla mediterránea en 122 a.C .. Los romanos, establecidos desde 118 a.C. en la colonia Narbo Martius, remontaron enseguida el río Aude y, a través de Carcasona y Tolosa, ganaron el Atlántico siguiendo el curso del Garona. Que la vía era económicamente interesante por el oro de la región lo pone de relieve Estrabón 48 cuando hace referencia al tesoro sagrado, valorado en 15.000 talentos, obtenido por el cónsul Q. Servilio Cepión en 106 a.C. de los tectósages tras el saqueo a que fue sometida Tolosa. Pero, sobre todo, significaba un acercamiento por sus propios medios a las ricas fuentes metalúrgicas de Britania, como lo muestra el hecho de que enseguida comenzasen a llegar a la isla las ánforas DressellA de vino italiano, que -a juzgar por el pecio de Hampshire, que no contenía cerámica indígena49nos muestra que en alguna ocasión debía de estar el comercio en manos romanas. Este comercio, cuya cabeza en Britania se encontraba en Hengistbury, en la costa de Dorset, afectó al sudoeste de la isla y posiblemente mostraba las relaciones tanto desde Iberia (según lo prueba el yacimiento submarino de Fuenterrabía, Guipúzcoa50) como desde Armórica, entre el Sena y el Lo ira, lugar donde los vénetos de Morbihan desarrollaban su tráfico de estaño y esclavos, según han demostrado los estudios de E. Déniaux en la Baja Normandía 51 • Posteriormente, a partir de 80 a.C. aproximadamente, comenzaría a tomar importancia también -según los hallazgos arqueológicosla región S.E. de Britania con un comercio desarrollado a través del Sena. Este desplazamiento de parte del comercio hacia el N.O. de la Galia, que L. Harmand52 achaca al agotamiento 47 «Relations between Britain and Gaul in the First Century B.C. and Early First Century A.D.», en S. Macready y F.H. Thompson (ed.), Cross-Channel Trade between Gaul and Britain in the Pre-Roman !ron Age, Londres, 1984, pp. 3-23. 48 IV, 1, 13 (188). 49 D.P.S. Peacock, «Amphorae in Iron Age Britain: a Reassessment», en Cross-Channel trade between Gaul and Britain in the pre-roman !ron Age, Londres, 1984, p. 38. 50 A.M. Benito y R. Emparan, «Anforas del yacimiento submarino de Cabo de Higuer, Fuenterrabía (Guipúzcoa)», El vi a l'Antiguitat, Badalona, 1987, pp. 74-84. Anfora Dressel lA en p. 76. 51 Recherches sur les amphores antiques de Basse-Normadie, Caen, 1980, pp. 126-128. 52 L'Occidente romain. Gaule-Espagne-Bretagne-Afrique du Nord (31. av. J.C. -235 ap. J.C.), Paris, 1970, p. 402. 63
Pero volvamos a los planteamientos que la Roma oficial sostuvo frente al Océano. Los intereses de Gades en el Norte de Africa eran antiguos e importantes, como numerosas investigaciones han puesto de manifiesto 85 , y las buenas relaciones mantenidas entre los libio-fenicios de uno y otro lado del Estrecho de Gibraltar86 venían siendo aprovechadas por los comerciantes romanos desde hacía bastante tiempo 87 y eran por tanto bien conocidas sus posibilidades. Esta ciudad (y con ella toda la costa libio-fenicia hispana) era sinónimo de comercio y de pesca. F. Chaves y E. García Vargas 88 han puesto de relieve cómo la serie de monedas que representan al Hércules gaditano y los célebres atunes y que emiten ciudades no sólo costeras sino también del interior, evidencian los intereses industriales y comerciales gaditanos siempre ligados a las actividades del mar 89 • El banco pesquero sahariano, adonde llegaban los pequeños «caballos» de los gaditanos90, y las numerosas almadrabas, fijas o móviles, que interceptaban el paso de los escómbridos por el Estrecho en sus desplazamientos estivales 91 , habían permitido desde hacía mucho tiempo el desarrollo de una activísima industria de salazón de pescado, cuyos productos y subproductos (salsas:garum, allec, muria) eran ampliamente conocidos en el otro extremo de la cuenca mediterránea ya en el siglo V a.C.92• De los gaditanos nos dice Estrabón 93 que «son los hombres que aprestan los más numerosos y mayores barcos para viajar no sólo hacia el mar que nos concierne sino también hacia el de fuera». Y todo ello habría de pesar en el ánimo de César ante la evidente necesidad de atender a una guerra en Africa. La inteligente política de éste y luego la de Augusto habría de llevar a la 85 Un resumen general de las mismas puede encontrarse en J. Alvar Ezquerra, La navegación prerromana en la Península Ibérica: colonizadores e indígenas, Madrid, 1981, pp. 294-301. 86 Para las navegaciones entre Baelo y Tingis, vd. Estrabón, III, 1, 8 (140), ya citado; para las relaciones comerciales de Malaca con la costa opuesta, Estrabón, III, 4, 2 (156). 87 Vd. J.M. Lassere, Vbique populus, pp. 71-72. 88 «Reflexiones en torno al área comercial de Gades: Estudio numismático y económico», en Estudios en Homenaje a Michel Ponsich, Madrid, 1991, pp. 139-168. 89 La explotación de las salinas, según los citados autores, jugaría un papel preponderante. El texto de Estrabón, III, 2, 6 (144), nos dice refiriéndose a los turdetanos que «hay en sus tierras sales minerales y no pocas corrientes de rios salados, y también no poca salazón de alimentos, no sólo de allí, sino también del otro litoral de fuera de las Columnas». 90 Estrabón, II, 3, 4 (99). Sobre estas navegaciones, que llegarian hasta las islas Canarias, puede verse A. García y Bellido, «La navegación ibérica en la Antigüedad, según los textos clásicos y la Arqueología», Estudios geográficos, XVI, 1944, pp. 553-559. J. Alvar, obra citada, p. 297, pone de relieve en cambio la ausencia de restos arqueológicos prerromanos en las propias islas. Véase S. Jorge Godoy, «Los cartagineses y la problemática del poblamiento de Canaria>>, Tahona, I, 1992-93, pp. 229-236. 70 91 Cf. P1inio, N.H., XXXI, 94; Oppiano, ese. III, 620 (= F.H.A., VIII, p. 308). 92 R.l. Curtis, Garum and salsamenta, Leiden, 1991, pp. 46-64. 93 III, 5, 3 (168).
integración de la alta burguesía comerciante de la ciudad fenicia en el marco estamental de los caballeros al producirse la ya aludida transformación jurídica de aquélla en municipium civium romanorum94, lo que explicaría el alto número de equites aquí existentes de que hablará Estrabón 95 • En cuanto a Augusto su política atlántica parece haber evolucionado con el paso de los años. Al principio parece mantener de manera abierta los planes africanistas y atlantistas de su antecesor en defensa de los fuertes intereses de los libio-fenicios hispanos (y en particular los gaditanos), pesqueros y comerciales, en la costa africana. En 38 a.C. Tingis había recibido el mismo estatuto jurídico romano que Gades por su apoyo a la causa de Octavio, en tanto que Boceo 11 de Mauritania se hacía cargo de un reino muy mediatizado por la política romana. En 33 a.C. muere este rey sin descendencia y Octavio gobierna directamente sus estados por medio de dos prefectos hasta 25 a.C .. Durante estos años Roma afianzó su presencia en esta zona atlántica estableciendo colonos (Zelis, Banassa, Babba, etc.) en medio de un trasiego de población entre ambas orillas del Estrecho de Gibraltar que nos ha quedado reflejado por la Geografia de Estrabón96• Pero tras el pacto constitucional de 27 a.C. las cosas iban a cambiar bastante en apariencia: en 25 a.C. se reconstituye el reino para el númida Juba 11, en tanto que las colonias atlánticas quedaban ligadas a la Bética97• Mauritania no quedaba integrada directamente en el Imperio de momento, pero la presencia de Roma tampoco se esfumaba. Además, el hecho de que Juba 11, auténtico rey vasallo de carácter helenístico, fuese honrado como patrono y duovir quinquenal al menos en dos de los principales centros comerciales semitas de la Península, como eran Cádiz 98 y Cartagena99, es todo un síntoma de las buenas e intensas relacio94 W. Seston, «Gades et l'Empire Romaim>, Cuadernos de Historia, II, 1968, p. 9. M. Clavel y P. Léveque, Villes et structures urbaines dans l'Occident romain, París, 1971, p. 228. 95 III, 5, 3 (169). 96 III, 1, 8 (140): «También Zelis era vecina de Tingis, pero los romanos la trasladaron a la orilla opuesta, añadiendo incluso algunos habitantes procedentes de Tingis; enviaron también colonos propios y denominaron Julia loza a la ciudad». Esta nueva colonia debía hallarse muy próxima a Carteia a juzgar por lo que nos dice su ilustre hijo Pomponio Mela (II, 5, 96): Et sinus ultra est in eoque Carteia, ut quidam putant aliquando Tartesos, et quam transvecti ex Africa Phoenices habitant atque unde nos sumus: Tingentera. Hemos cambiado los signos de puntuación porque entendemos que así se superan todas las dificultades de lectura del texto: «Y más adelante hay un golfo y en él está Carteia, que algunos creen que en otro tiempo fue Tartesos, y [también está]la que habitan fenicios trasladados desde Africa y de donde además somos nosotros: Tingentera». 97 Plinio, N.H., V, 2. Cf. H. Pavis d'Escurac, «Les méthodes de l'imperialisme romain en Maurétanie de 33 avant J.C. a 40 aprés J.C.», Ktema, 7, 1982, p. 230. 98 P. Rufo Festo Avienio, Ora Marítima, vv. 257-283. 99 C.I.L., II, 3417. Por las monedas podemos saber que fue duovir quinquenal junto con Gn. Atellius, y también por las monedas llegamos a conocer que repitió el cargo el hijo de aquel rey y Cleopatra Selene, Ptolomeo, quien compartió duovirato con C. Laetilius Apalus (A. Delgado, 71
nes comerciales mantenidas por los hispanorromanos en el área atlántica meridional en esta época. Este rey mantenía fuertes intereses comerciales e industriales (púrpura) en el Atlántico100 y pensamos que no debe andar muy descarriado P. Schmitt 101 cuando entiende que su reconocimiento de las Islas Canarias, relatado por Plinio102, fue realizado con el apoyo de una flota romana a fin de completar los datos del informe de Polibio, que habría podido conocer durante su larga estancia en Roma como rehén tras la derrota de su padre en Tapso. Y es que no debemos olvidar que, como señala Pavis d'Escurac 103 , una de las principales obligaciones de los príncipes vasallos de Roma era «asegurar, en su reino, la libre circulación de los inmigrados romanos o itálicos, y favorecer su instalación y el florecimiento de sus actividades comerciales». Por ello resulta perfectamente normal que las monedas de plata y de bronce acuñadas por Juba 11 o su hijo Ptolomeo se adecuen a los patrones romanos y que por otro lado, que nos interesa resaltar especialmente, sean tan abundantes en esta zona los bronces acuñados en Hispania104• Con respecto a Britania la política de Augusto no fue menos ambigua. R. Syme, siguiendo a Casio Dión 10 S, señala que cuando, tras el pacto constitucional de 27 a.C., se dirigió a la Galia, «en todas partes se esperaba sin fundamento (esperanza aireada en las preces de los poetas y recordada por los historiadores) que su propósito fuese invadir la lejana isla de Britannia, que su divino padre había descubierto para los romanos y había sido el primero en hollar con sus plantas»106; pero que esta conquista no entraba en sus planes. Estrabón, que nos indica que «hay cuatro trayectos usuales que se utilizan para ir a la isla desde el Nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de España, Sevilla, 1876, tomo III, p. 69. ). También es igualmente interesante que este mismo C. Laetilius fuese homado por los pis cato res et propolae (revendedores) cartageneros, lo que podría ser un indicio de la preocupación por los temas pesqueros por parte de las autoridades, lo cual sería el motivo principal para mantener estrechas relaciones con los reyes mauritanos. 100 Véase P. Romanelli, Storia delle province romane dell'Africa, Roma, 1959, pp. 164, 168169 y 171-173, especialmente estas últimas. Cf. Plinio, N.H., V, 1, 16. 101 «Connaissance des Iles Canaries dans l'Antiquité», Latomus, 27, 1968, p. 375. toz N.H., VI, 37, 203-205. 103 Art. cit., p. 231. 104 Véase el cuadro realizado por C. Rodewald, Money in the age ofTiberius, Manchester, 1976, p. 148, sobre los hallazgos monetarios en Mauritania. Véase también J. Marion, «Note sur la contribution de la numismatique a la connaissance de la Maurétanie Tingitane», Antiquités Africaines, I, 1967, pp. 117-118, y J.M. Blázquez, «Relaciones entre Hispania y Africa desde Alejandro Magno hasta la llegada de los árabes», Die Araber in der alfen Welt, Berlin, 1969, p. 477. Es interesante constatar, como hace J. Marion, el mayor peso que adquieren ahora las relaciones económicas entre Carteia y Mauritania, en detrimento de Gades. 105 LIII, 25, 2. 106 La revolución romana, Madrid, 1989 [1939], p. 419. 72
continente, partiendo de las desembocaduras del Rin, del Sena, del Loira y del Garona»107, muestra el escaso interés económico de la conquista con las siguientes palabras: «Ahora, sin embargo, algunos de los que allí ejercen el poder, habiéndose agenciado con embajadas y servicios la amistad de César Augusto, han consagrado exvotos en el Capitolio y casi hicieron familiar toda la isla a los romanos; así, no sólo soportan pesados impuestos por las cosas que llevan de allí a Galia sino también por las que hacen salir de aquí (son éstas cadenas y gargantillas de marfil, servicios de ámbar y cristal y otra mercancía menuda por el estilo), de suerte que en absoluto hay necesidad de ocupación de la isla: pues se necesitaría por lo menos una legión y alguna caballería, de modo que al sacar tributo de ellos el gasto para el ejército llegaría a ser igual a las riquezas entregadas; pues la necesidad de la fuerza aplicada haría decrecer los resultados de los tributos impuestos y ofrecería algunos peligros»108• O sea, que los romanos habían heredado los derechos aduaneros a que hacía referencia César cuando nos hablaba de la conquista de Normandía y no pensaban, de momento, en la conquista. Pero en absoluto se puede ver despreocupación por el tema en Augusto. De hecho entendemos que la inmediata iniciación de la campaña (26 a.C.) para ocupar todo el Norte de la Península Ibérica tiene una dimensión atlántica que no ha sido suficientemente resaltada, pues significaba unir de forma directa bajo el gobierno de Roma el territorio de Galicia con el galo 109 , lo que habría de favorecer en el futuro en gran medida las comunicaciones marítimas en el eje Norte-Sur del Imperio. En 19 a.C. el objetivo estaba conseguido (tal vez hiciese alusión a ello el Portus Victoriae Iuliobrigensium) y D.S. Peacock 110 llama nuestra atención sobre la temprana aparición en Britania, ya en la época de Augusto y por tanto bastante antes de su conquista por Roma, de un producto como el aceite bético que era símbolo de la romanidad y que difícilmente se explica cómo comenzó a ser empleado de forma tan notable por un pueblo ganadero, acostumbrado a la grasa animallll, cuando sabemos que no sucedió lo mismo en el N. O. de nuestra Península donde el aceite «prácticamente no aparece documentado» 112 , frente al vino, que conoce una fuerte expansión representada arqueológicamente 107 III, 5, 2 (199). 108 IV, 5, 3 (200). 109 Augusto, Res Gestae, XXVI, 2: Gallias et Hispanias provincias, ítem Germaniam qua includit Oceanus a Gadibus ad ostium Albis fluminis pacavi. Cf. J.L. Naveiro López, obra citada, pp. 132-133. Floro, 11, 33, 49, habla de las acciones bélicas apoyadas desde el mar. 110 «Amphorae in lron Age Britain: a Reassessment», en Cross-Channel trade between Gaul and Britain in the pre-roman !ron Age, Londres, 1984, p. 40. 111 Señala J. Fontana, en La Historia después de la Historia, Barcelona, 1992, pp. 52-53, citando a G. Orwell, que «parece que es lícito sostener que los cambios de dieta son más importantes que los cambios de dinastía o incluso de religión». 112 J.L. Naveiro López, El comercio antiguo en el N. W. peninsular, p. 67. 73
por las ánforas béticas de tipo Haltem 70 que se encuentran no sólo en yacimientos costeros sino también del interior, aunque normalmente ligados a las grandes arterias fluviales de la zona 113 • Cobra amplio sentido así la apreciación de Horacio sobre aquel mercader «que vuelve a ver tres y cuatro veces al año impunemente el mar Atlántico»n4• A este respecto la comparación teórica de costes del transporte a Britania realizada por D.S. Peacock 115 con la mucho mayor baratura relativa del transporte marítimo desde el Mediterráneo (evidentemente más aún desde la desembocadura del Guadalquivir) hacia la isla explica por sí misma el interés de la conquista del territorio de cántabros y astures cuando se plantease nutrir a los ejércitos que luchasen en Germania en las dos últimas décadas del siglo 1 a.C., convirtiendo la frontera del Rin «en una zona comercial consumidora de materias primas y productora de bienes manufacturados»II6 que tiene su reflejo en yacimientos isleños como el de Skeleton Green, lo que influyó a su vez sobre el desarrollo de la cultura indígena. En este sentido M. Beltrán Lloris ha llamado la atención sobre el hecho de que los envases olearios béticos (tipos Oberaden 83, Rodgen 70, Haltem 71, ... ) alcanzan desde el primer momento los mercados de Roma y Renaniam en tanto que J. Baudouxii8 constata ya su tímida presencia en el Nordeste de la Galia. A. Desbat y St. Martin-Kilchern9, por otro lado, han puesto de manifiesto cómo las ánforas olearias de la Bética (Dressel20), presentes desde los años 30-20 a.C. en el valle del Ródano, no hacen sino aumentar muy considerablemente su número a partir del15 a.C., como sucedió igualmente con las ánforas que contenían normalmente productos de la vid (Haltem 70) y de 113 J.L. Naveiro, Obra citada, pp. 66-67. 114 Carm., I, 31, vv. 13-15. 115 «The Rhine and the problem of Gaulish wine in Roman Britain», enRoman shipping and trade: Britain and the Rhine provinces, Hertford, 1978, p. 49. Véase también C. Carreras Monfort, Una reconstrucción del comercio en cerámicas: la red de transportes en Britannia. Aplicaciones de Modelos de Simulación en PASCAL y SPANS, Barcelona, 1994. 116 B. Cunliffe, «Relations between Britain and Gaul in the First Century B.C. and Early First Century A.D.», ya citado, pp. 14-15 y 19. 117 «El aceite en Hispania a través de las ánforas: la concurrencia del aceite itálico y africano», JI Cong. Int. sobre producción y comercio del aceite en la Antigüedad, Madrid, 1983, pp. 540-541. A. Hesnard, «Un dépot augustéen d'amphores a la Longarina, Ostie», Memoirs ofthe American Academy in Rome, XXXVI, 1980, p. 148. En este último lugar las ánforas olearias béticas duplican ya a las de Brindisi, que en adelante desaparecen del mercado. Cf. S. Loeschcke, «Die romische und die belgische Keramik», en Ch. Albrecht, Das Romerlager in Oberaden, II, Dortmund, 1942. 118 «Le commerce des amphores dans le Nord-Est de la Gaule. Premier hilan», Ktema, 13, 1988, p. 100. 119 «Les amphores sur l'axe Rhone-Rhin a l'époque d' Auguste», Arifore romane e storia economica: un decennio di ricerche, Roma, 1989, pp. 339-365. 74
salazones (Dressel7, 8 y 9; también algunas Dressell2)120• En Vienne y Lyon, la disminución de los productos itálicos en provecho de los productos hispánicos es evidente. En el primero de estos lugares observan cómo a lo largo de los últimos treinta años anteriores al cambio de era los productos itálicos caen del 52% al 21% en tanto que los productos hispánicos pasan del 18% al 3 9%. Y si en estos lugares las ánforas de vino de Cataluña ocupan una parte muy importante, no sucede lo mismo en los lugares limitáneos del Rin, donde las ánforas de aceite y sobre todo de salazón béticas exceden ampliamente a las ánforas de vino. Así, en Rodgen -de manera similar a Haltem- «las ánforas de aceite y salmuera son ampliamente mayoritarias con un 72% (de un total de 118 ánforas, las Dressel20 cuentan con 46 ejemplares, o sea el39% y las Dressel 7/11, 39 ejemplares, o sea el33%). Las importaciones hispánicas se aproximan al86% con 101 ánforas. A pesar de todo esto se nota la ausencia de Pascual1». Algo similar se observa en Nimega, donde las ánforas de aceite y salmuera representan respectivamente el 45% y el 60% frente al 9% de las ánforas de vino. Concluyen los autores del estudio sobre el eje Ródano-Rin en la época de Augusto que «lo más flagrante es la rápida desaparición de las ánforas italianas y la precoz emergencia de las importaciones hispanas, que sobrepasan el 50% desde el comienzo del siglo I d.C., y en particular las de la Bética». Queda, no obstante, por dilucidar qué parte de estas ánforas viajaron a Germanía través del Ródano y cuántas pudieron llegar al Rin por la vía más barata, aunque peligrosa, del Océano. El pecio de la isla de Wight, con ánforas de tipo Haltem 70 121 puede ser todo un síntoma de este último tipo de navegaciones. No tenemos ninguna noticia acerca de la política atlántica de Tiberio, pese al estudio que sobre él hemos realizado con anterioridad y que nos podría haber dado alguna pista al respecto122, aunque sabemos que la minería del S. O. experimentó un notable avance que hubo de repercutir en el transporte marítimo de dicha fachada 123• Hay que destacar, en todo caso, que el desarrollo de dicha zona litoral, hasta Olisipo, la «capital litoral de Lusitania», que ha sido estudiado por V.G. Mantas124 y que aparece claramente relacionado con el área mediterránea a 120 J. Baudoux, art. cit., p. 99, constata el mismo fenómeno para el Nordeste de la Galia. 121 A.J. Parker, Ancient Shipwrecks ofthe Mediterranean and the Roman Provinces, Oxford, 1992, pp. 218-219, n° 521. No conocemos confirmación de la noticia acerca de un pecio con ánforas «redondas» (¿Dressel 20?) que M. Reddé, «La navigation au large des cotes atlantiques de la Gaule a l'époque romaine», cit. p. 487, n. 29, refiere como cercano a Guemsey. 122 G. Chic, «Economía y política en la época de Tiberio. Su reflejo en la Bética», Laverna, 2, Munich, 1991, pp. 76-128. Es anecdótica la noticia que transmite Plinio (N.H., IX, 4, 9) acerca de la legación que los magistrados de Olisipo enviaron a Tiberio para informarle de la existencia de un tritón marino que tocaba la caracola en una cueva. 123 Cf. F. Chaves Tristán, «Aspectos de la circulación monetaria de las cuencas mineras andaluzas: Riotinto y Castulo (Sierra Morena)», Habis, 18-19, 1987-1988, pp. 625 y 628. 124 «As cidades maritimas da Lusitania», en Les vil/es de Lusitanie romaine, Paris, 1990, pp. 149-205. 75
través de un activo comercio, se nos muestra ligado a la distribución de los minerales alemtejanos. No debe ser sólo una casualidad el hecho de que casi todos los hallazgos de anclas con cepos de plomo de la costa portuguesa se encuentren por debajo de la desembocadura del Tajo, siendo bastante más raros más al norte, donde sólo se encuentran en la isla de Berlenga y, ya en costa gallega, en la ría de Pontevedra (Punta Udra) 125 • Otra cuestión que hay que tener presente es el hecho sacado a la luz por A. Desbat de la posibilidad de que se transportase vino o salmuera desde Hispania y a partir del siglo I en barriles de madera, de la misma manera que hoy sabemos que se hacía el traslado de productos a granel en dalia, siendo luego trasvasados a otros envases más pesados o caros, como parece haber sido el caso de las ánforas producidas en Lyon desde fines del siglo I a.C.126• El autor opina que estos embalajes, perfectamente datados en el siglo I contra la opinón generalizada, podrían explicar la debilidad relativa de determinados tipos de ánforas en ciertos campamentos, y recoge, para España, los ejemplos gráficos de la pátera de Castro Urdiales y la estela deSentiaAmaranis, en Mérida, ambos datables en el siglo I. Que los salazones se trasladaron en tiempos pasados en toneles de madera queda claro por el hallazgo de uno de éstos, del siglo XVI, aún con su contenido en la Praia de Barra (Cangas de Morrazo, Pontevedra)127, lo mismo que todo parece indicar que, frente a lo que sucede en el Mediterráneo128, en la 125 F.J.S. Alves, F. Reiner, M.J.R. Almeida y L. Veríssimo, «Os cepos de ancora em chumbo descobertos em águas portuguesascontribu<;ao para urna reflexao sobre o navega<;ao ao longo da costa atlantica da Península Ibérica na Antiguidade», citado, pp. 114 y 118. 126 A. Desbat, «Un bouchon de bois du ler s. apres J.-C. recuilli dans la Saone a Lyon et la question du tonneau a l'époque romaine», Gallia, 48, 1991, pp. 319-336. 127 A. de la Peña Santos, «Primeras prospecciones arqueológicas subacuáticas en el litoral de Pontevedra», Pontevedra Arqueológica, 1, 1984, pp. 217-219. 128 Parece fuera de discusión que el principal producto alimenticio exportado por la Bética, y desde una época más temprana, fue el pescado salado y sus derivados, al menos si juzgamos por los datos proporcionados por la arqueología submarina que nos indican la superioridad numérica de las ánforas de salazón. En este sentido R. Pascual Guasch, en un estudio estadístico realizado sobre los pecios del Mediterráneo occidental («La evolución de las exportaciones béticas durante el Imperio», 1 Cong. Int. sobre producción y comercio del aceite en la Antigüedad, Madrid, 1980, pp. 233-242), ha puesto de manífiesto que la exportación de salazones hispanas era importante desde antes de la obra colonízadora de Augusto, y que en la época floreciente de la primera mitad del siglo 1 d. C., cuando el aceite había comenzado a exportarse de forma destacada, seguían constituyendo las salazones un porcentaje muy elevado (80% según el autor), aunque creemos que del mismo habría que deducir una parte correspondiente al vino, cuyas ánforas no distingue de las de conservas de pescado. Ver P.R. Sealey, Amphoras from the 1970 Excavation at Colchester Sheepen, Oxford, 1985, pp. 145-146. El predominío de las ánforas de salazones se muestra con claridad en el pecio augusteo de Sud-Perduto (P. Pomey, «Recherches sousmarines», Gallia, 19871988, 1, p. 53; B. Liou y C. Domergue, «Le commerce de la Bétique au ler siecle de notre ere. L'épave Sud-Lavezzi 2 (Bonifacio, Corse du Sud)», Archaeonautica, 10, 76
zona atlántica son más escasas las ánforas de salazones, como señalaD .S. Peacock, dándose proporciones similares en Britania y en, p. ej., Vindonissa 129 , aunque no sucede así con las de aceite, que sin embargo casi están ausentes de Galicia130• Aunque el tema no deja de ser muy inseguro y las motivaciones pueden ser diversas, tal vez no estaría de más recordar que algunas de las sepulturas en cupae del S.O. peninsular (Mértola, Quinta do Marim, Beja) muestran clarísimamente la forma del tonel 131 • Si la política de Tiberio parece haber sido la continuación de la llevada a cabo por Augusto, sucede de forma muy distinta con Gayo «Calígula». Descendiente tanto de Augusto como de Marco Antonio (el auténtico heredero político de las ideas de César), va a recuperar las ideas de este hombre, tal vez más amante de Egipto que de Cleopatra, y no será por simple capricho por lo que termine prohibiendo la celebración de la victoria de Actium en 39 132 • Hombre joven (accede al poder con 25 años) y con una popularidad heredada de su padre Germánico, se encuentra con una situación financiera mejor que la que tuvo que soportar su antecesor en el comienzo de su reinado 133 • Todo ello va a coadyuvar a que el Imperio se convierta de nuevo con Calígula en expansivo y agresivo y, en el aspecto que ahora nos interesa, se vuelve a mirar abiertamente hacia el Atlántico. En el referido año 39, habiendo tomado el consulado, se dirigió a la Galia para pasar luego al Rin y se dispuso a invadir Germanía y Britania el año 40, aprovechando el pretexto de la querella del rey Cunobelino -que había situado su capital en la próspera Camulodunumcon su hijo Amminio134• Por razones 1990, p. 122), y lo mismo se puede decir del depósito contemporáneo de ánforas encontrado en La Longarina (Ostia) (A. Hesnard, «Un dépot augustéen d'amphores a la Longarina, Ostia», The Seaborne Commerce of Ancient Rome: Studies in Archaeology and History (Memoirs of the American Academy in Rome), XXXVI, 1980, p. 149: de un total de 139 ánforas béticas, 32 son Haltern 70, 6 Dressel20 y 101 Dressel 7-11). El pecio Lavezzi 3, del primer cuarto del siglo l, contenía ánforas de salazón de tipo Dressel 14 (B. Liou, «Le commerce de la Bétique au ler siecle de notre ere. Notes surl' épave Lavezzi 1 (Bonifacio, Corse du Sud)», Archaeonautica, 1 O, 1990, p. 134). 129 «Amphorae in Iron Age Britain: a Reassessment», en Cross-Channel trade between Gaul and Britain in the pre-roman !ron Age, Londres, 1984, p. 42. 130 J.L. Naveiro López, Obra citada, p. 69. 131 J. Encarna<;ao, Inscrü;oes romanas do Conventus Pacensis, Coimbra, 1984, n° 50, 103 y 256. 132 Cf. P. Ceausescu, «Caligula et le legs d'Auguste», Historia, 22, 1973, pp. 269-283. Esta tendencia egiptizante de la monarquía romana que se muestra abiertamente a partir de Calígula ha sido bien esquematizada por P. Petit en Le Haut-Empire, Paris, 1978, p. 89. 133 Suetonio, Calig., XXXVII. 134 Suetonio, Calig., XLIII-XLVIII. J.P.VD. Balsdon, The Emperor Gaius (Caligula), Oxford, 1934, pp. 58-95. Este autor niega la «locura» del joven emperador y estima que hay un plan en toda su política que fue rechazado por sus enemigos, quienes lo presentaron como un demente. Cf. del mismo autor «The Principates ofTiberius and Gaius», A.N.R. W., II, 2, Berlín-New York, 1975, pp. 86-94, y en particular p. 93. Estimamos que su postura es mucho más sensata que la de sus detractores por razones de tipo económico que habrá que desarrollar en otro momento. 77
que en realidad ignoramos, la empresa no se llevó a cabo, pero es sintomático que este hombre que se preocupaba por el comercio -como demostró proyectando la construcción del canal de Corinto, que luego habrían de intentar realizar Nerón y Vespasiano 135 , y procurando una cierta unificación monetaria que suprimía particularidades locales 136dejase como testimonio un faro, presumiblemente en Boulogne, destinado a favorecer la navegación en la zona 137• Hay un hecho en el reinado de Calígula que tendrá gran importancia en la Península. Se trata de la política en el Norte de Africa. La provincia deA.frica era uno de los principales abastecedores de trigo para Roma, por tanto el control de esa zona era vital para el emperador. Augusto había seguido con respecto al territorio una política ambigua. A pesar de ser una provincia urbanizada y pacificada había dejado un cuerpo de ejército, la legio III Augusta. Se trataba de una provincia senatorial sin dejar de ser imperial. Su situación no era clara (por ser senatorial y tener ejército). Calígula pone el ejército de la provincia directamente bajo su control; elimina el poder efectivo senatorial y nombra un representante directo para el gobierno de la zona fronteriza. Es, en síntesis, la política iniciada con Augusto y Tiberio según la cual los emperadores buscan el control directo de las fuentes de abastecimiento para dominar las bases del régimen. En realidad, las noticias que tenemos acerca del aprovisionamiento de Roma en la época de Calígula nos hablan de dificultades, que luego Claudio intentará afrontar con 135 Suetonio, Calig., XXI: ante omnia Isthmum in Achaia perfodere, miseratque iam ad dimitiendum opus primipilarem; Nero, XIX. Josefo, Bell. Iud., III, 10, 10. Cf. R. MacMullen, «Roman Imperial Building in the Provinces», Harvard Studies in Classical Philology, LXIV, 1959, pp. 207-235. 136 La sustitución de la moneda local por la estatal se fue haciendo en Hispania de forma paulatina y progresiva hasta la época de Calígula. Cf. J.-P. Bost y F. Chaves,Be/o IV. Les monnaies, Madrid, 1987, pp. 40 y 45. También M. Grant, «The decline and fall of city-coinage in Spaim>, N. C., IX, 1949, pp. 93-106. En p. 98 sitúa el final entre el otoño de 39 y el mes de Enero de 41. 137 Suet., Calig., XLVI: «Hizo también construir [Calígula], en recuerdo de su victoria, una torre muy elevada, donde tenían que brillar fuegos todas las noches, como sobre la del Faro [en Alejandría], para iluminar el camino de las naves». «El empleo de faros en el mundo antiguonos dice S. Ordóñez Agulla [«El faro de Gades y las fuentes medievales», 2° Cong. Pen. de Ha Antigua, Coimba, 1993, p.]- es un fenómeno bien constatado en las fuentes; su construcción se hacía ineludible por los problemas técnicos que presentaba la navegación y por las cada vez mayores necesidades -ya refiriéndonos al mundo romanoque el intercambio comercial y la apertura de nuevas fronteras requerían. La inexistencia de la brújula, relojes, cartas náuticas, hacía necesario el recurso a la construcción de edificios cuya misión primordial era señalar los escollos y las formaciones arenosas y ayudar al navegante en la travesía nocturna; no obstante la función fundamental de los faros en la antigüedad era indicar con claridad la entrada a los puertos, marcando los lugares para fondear. En este sentido eran más bien faros portuarios que faros en el sentido moderno del término». 78
medidas estructurales. Séneca 138 nos dice que a los pocos días de morir Gayo no quedaban suministros en la ciudad más que para una semana, lo que Casio Dión139 achaca de forma inverosímil al empleo de barcos de carga para construir un puente entre Baias y el malecón de Puzzoli. En realidad, como sugiere P. Gamseyl 40 , la escasez del último año en Roma se puede poner mejor en relación con los disturbios ocurridos en Africa en 40, que afectarían amusulamii y numidae y que habrían impedido un correcto aprovisionamiento. Es en el marco del afianzamiento del poder imperial en Africa en el que hay que situar, según J.C. Faur 141 , el asesinato, por fútiles motivos, del último rey de Mauritania, Ptolomeo, descendiente de Juba II y de su esposa Cleopatra Selene -hija,de Marco Antonio-- y la anexión de su reino en el momento en que Calígula se dirigía al Océano, como señala Casio Dión 142 . Esta circunstancia nos inclina a pensar que la conquista del reino atlántico había sido contemplada en el marco de una política general en la dirección ya apuntada en el siglo I a.C .. El hecho de que luego se dividiera Mauretania en dos provincias, una mediterránea y otra atlántica143 podría apuntar a lo mismo. No obstante Calígula no pudo concluir la conquista, debido a la revuelta de Aedemón, pues fue asesinado no mucho después, en el citado año 40. Claudio, que continúa en muchos aspectos la línea de su sobrino, prosigue la campaña de Mauritania, que termina con la conquista total y la ya citada división en dos provincias, posiblemente hacia el año 43, según D. Fishwick 144 . El abastecimiento de las tropas en campaña se llevó a cabo a través de la Bética, lo que es muy probable que estuviese en relación con las dificultades de abastecimiento desde Africa que marcaron el final del reinado de Calígula 145 . Esta habría de ser la razón de que Claudia castigara, expulsándolo del Senado en 44, a Umbonio 138 Brev. vit., 19, 5. 139 LIX, 17, 2. Cf. Suetonio, Calig., XIX. 14 ° Famine andfood supply in the graeco-roman world, Cambridge, 1988, p. 229. 141 «Caligula et la Mauritanie: le fin de Ptolémée», Klio, 55, pp. 249-271. 142 LIX, 25, l. Cf. D. Fishwick, «The Anexation of Mauretania>>, Historia, XX, 1971, pp. 467-487. 143 Plinio, N.H., V, 2. 144 Art. cit., pp. 480-484. 145 Una de las primeras medidas que el nuevo emperador hubo de tomar fue la de hacer frente al problema de desabastecimiento que afectaba a la Urbs cuando murió Calígula (Séneca, Brev. vit., 19, 5). Las acuñaciones de 41 y 42 nos dan testimonio de esta preocupación imperial mediante la leyenda CERES AVGVSTA (BMC, 1, pp. 183-184, 191) y Casio Dión (LIX, 17.2.) nos indica que en este último año el emperador, en medio de una fuerte crisis de abastecimiento, se planteó la necesidad de construir un nuevo puerto que agilizara los suministros. P. Garnsey (Famine andfood supply in the graeco-roman world, Cambridge, 1988, p. 223), quien recoge estos datos, estima que «debió resolver la crisis persuadiendo a los comerciantes a navegar en invierno, como en 51». 79
ción que se organicen ahora cuatro ciudades en la costa de los Artabros: Brigantium Flavium, Flavionavia, Flaviolambris e fria Flavia (en cuyas cercanías se situaría la «famosa Torre de Augusto» de que nos habla Mela 187 ), todas ellas, pero sobre todo la primera, en relación con la navegación que habría de dar salida a la producción minera. Y también las minas de hierro del Norte parecen experimentar una intensa explotación, lo que determina el crecimiento del «puerto de Amano, donde ahora está la colonia deFlaviobriga» (Castro Urdiales)188• Un pecio romano con su carga de hierro ha sido encontrado, de hecho, junto al Cabo de Higuer, en Fuenterrabía189• Todo ello habría de facilitar la navegación, «alrededor de Hispania y de las Galias» en expresión de Plinio190, hacia Britania 191 donde Petilio Cerialis primero (71-7 4) y Frontino después (7 4-77) retomaron la iniciativa, y donde Gn. Julio Agrícola desarrolló, a partir de 78 y hasta 84, la más formidable campaña de ocupación y circumnavegación de la isla, que nos ha sido narrada por su yemo 192, en tanto que durante el reinado de Domiciano no sólo aumenta el número de senadores hispanos, sino que también aumenta su categoría, de tal forma que gran parte de los citados senadores adquieren el rango consular, con lo que tenían acceso a los más elevados puestos del gobierno militar, lo que les dará enseguida el Imperio. Pero tras el último de los Flavios la política atlántica de Roma experimentó un vuelco y el ejército de Britania se redujo progresivamente en número193, quedando ya sólo dos legiones hacia la época de Hadriano, y perdel a rationibus: la rareza de este metal y su uso en el dominio monetario pueden permitir explicar este hecho», según C. Domergue, Les mines de la Péninsule Ibérique dans l 'Antiquité romaine, Roma, 1990, p. 288. 186 «Vespasian's reconstruction of Spain», Journal of Roman Studies, 8, 1918, p. 98. 187 III, 1, 11. 188 Plinio, N.H., IV, 34, 11 O. No he podido ver el trabajo de C. Fernández Ochoa y A. Murillo, De Brigantium a Oiasso. Una aproximación al estudio de los enclaves marítimos cantábricos en época romana, publicado en 1994. 189 A.J. Parker, Ancient Shipwrecks ofthe Mediterranean and the Roman Provinces, citado, p. 185, no 430. La datación provisional es de hacia 100-150. Cf. A.M. Benito y R. Emparan, «Anforas del yacimiento submarino del Cabo Higuer Fuenterrabía (Guipúzcoa)», El vi a l'Antiguitat, citado, p. 79. 190 N.H., II, 67, 167: A Gadibus Columnisque Herculis Hispaniae et Galliarum circuitu totus hodie navigatur Occidens. 191 Orosio, II, 3, nos dirá más tarde del faro o Torre de Hércules: Brigantia Callaecia civitas altissimum pharum et ínter pauca memorandi operis ad speculam Britanniae erigit. 192 Tácito, Agrícola. Para la circurnnavegación, Agr., X, 4; Cass. Dio, XXXIX, 50. 4; LXVI, 20. 1-2. 193 Sobre el consumo del ejército y su incidencia en la bajada de las importaciones en Britania al disminuir su número, puede verse P. Garnsey y R. Saller, en El Imperio Romano. Economía, sociedad y cultura, pp. 110-113. 86
diéndose en adelante toda iniciativa romana en la isla194• A partir de entonces el Imperio, por razones económicas que no nos es dable considerar ahora, fue basculando progresivamente hacia Oriente, por más que Elio Aristides nos diga que los comerciantes se trasladan contínuamente del mar interior al exterior y viceversa llevando sus mercancías, lo que no deja de ser en buena medida cierto 195 , y por más que el comercio dirigido del aceite bético para abastecer las tropas se mantenga en la vía atlántica como evidencian tanto las ánforas Dressel20 encontradas en Britania196 como el epígrafe, encontrado en Tocina (Sevilla), de M Cassius Sempronianus, diffusor olearius de origen olisiponense197• La Arqueología confirma lo que venimos diciendo. J.L. Naveiro 198 constata que «probablemente desde época Flavia, y con claridad desde mediados del siglo II d. C., el tráfico marítimo decae considerablemente» en el área del N.O. peninsular. En tanto que C. Domergue199 señala que «en el Noroeste, en ninguno de los 194 C.E. Stevens, The Oxford Classical Dictionary, 2" e d., Oxford, 1970, p. 181, s.v. Britannia. La evolución de las tropas y su incidencia en el consumo del aceite bético las hemos reflejado en «Rutas comerciales de las ánforas olearias hispanas en el Occidente romano», Habis, 12, 1981, pp. 243-246. 195 Orat., XXXVI, 91, p. 292 (ed. Keil, vol. II). Quizá lo más novedoso sea el hecho de que las ánforas egeas contenedoras de vino comiencen a llegar a Occidente, habiéndose localizado un ejemplar del tipo Agora M-54 en un lugar tan distante como la antigua Balsa (Torre de Aires, Tavira), en el Atlántico, según me comunica el Prof. Carlos Fabitio; estas importaciones orientales estudiadas por C. Panella, «Oriente ed Occidente. Considerazioni su alcune anfore 'egee'», Recherches sur le amphores grecques, Paris, 1986, pp. 609-636, y A. Desbat y M. Picon, «Les importations d'amphores de Méditerranée Orientale a Lyon (Fin du Ier siécle avant J.-C et Ier siécle aprés», Idem, pp. 637-648, hacen la contrapartida de las ánforas olearias béticas encontradas por la misma época en el Mediterráneo Oriental. Cf. E. Lyding Will, «Exportation of olive oil from Baetica to the Eastem Mediterranean», Actas del JI Congreso Internacional sobre Producción y Comercio del Aceite en la Antigüedad, Madrid, 1983, pp. 391-440. 196 D.F. Williams y D.P.S. Peacock, «The importation of olive-oil into Iron Age and Roman Britain», Actas del JI Congreso Internacional sobre Producción y Comercio del Aceite en la Antigüedad, Madrid, 1983, p. 268. 197 J. González, «Nueva inscripción de un diffusor olearius en la Bética», Actas del JI Congreso Internacional sobre Producción y Comercio del Aceite en la Antigüedad, Madrid, 1983, pp. 183-191. Véase también nuestro artículo <<Diffusores olearii y tesserae de plomo», Revista de Estudios Locales de Lora del Río, 5, 1994, pp. 7-12. Las ánforas olearias béticas están presentes en dicha época tanto en Lisboa como en otros lugares de la costa portuguesa, sobre los que nos informa C. Fabiao, de quien es de desear que vea pronto su trabajo sobre «As il.nforas do sitio arqueológico de Torre de Aires (Tavira)» que ha de aparecer en la monografia sobre este lugar coordinada por J. Nolen y que constituye una excelente síntesis general sobre los datos relativos a la distribución de ánforas en el actual territorio portugués. Quede constancia de nuestro agradecimiento por su generosidad al poner a nuestra disposición un trabajo aún inédito. 198 El comercio antiguo en el N. W. peninsular, p. 133. 199 Les mines de la Péninsule Ibérique dans l'Antiquité roamine, Roma, 1990, p. 290. 87
hábitats de época romana que están ligados a la explotación de las minas de oro y que han constituido objeto de excavaciones en los últimos quince años se ha evidenciado una ocupación posterior a fines del siglo 11» 200• «Sólo algunas ánforas lusitanas -Dr. 14/Bel. IV, nos sigue diciendo Naveiro201-habrían llegado desde el sur o centro de Portugal, por vía marítima», lo que el autor liga también con la estabilización del proceso romanizador, con un notable desarrollo de la red viaria, y en general de las producciones locales o regionales. Cosa que es constatable en la zona Cantábrica, donde a partir de las últimas décadas del siglo 1 la cerámicasigillata hispánica comienza a desplazar rápidamente a los productos galos venidos desde Aquitania en la etapa anterior202• La Lusitania, por su parte, que se ha integrado cada vez más en el mundo romano a través de la Bética, empieza a competir con ésta en la producción de salazones203 y en el siglo III (ánforas Dressel14, Almagro 50 y 51 C) tenderá incluso a desbancarla en los mercados, que por otro lado se encuentran cada vez más localizados, y a mantener unas relaciones cada vez más activas con el Norte de Africa, en detrimento de las relaciones con la Bética y con Italia20\ de tal forma que en los pecios en que se encuentran ánforas del tipo Almagro 50 éstas se hallan la mayoría de las veces asociadas a ánforas africanas205 de aceite, lo que llevó aG. Cardoso a preguntarse qué le habría pasado a los olivares béticos y lusitanos en esa época206• El III es por algo el siglo en que son más abundantes los senadores lusitanos, nunca anteriores al siglo 11 207, mientras por la costa gallega navegaban pequeñas embarca200 La disminución del tráfico-minero sería también, para V.G. Mantas, art. cit., p. 181, la causa de la decadencia de Salasia (Alcácer do Sal). 201 Lugar citado. 202 J.C. Sáenz Preciado, «Marcas de alfarero aparecidas en las excavaciones de Santa María de El Juncal (lrún-Guipúzcoa)», Caesaraugusta, 69, 1992, pp. 75-96. 203 Cf. J.C. Edmondson, Two Industries in Roman Lusitania: Mining and Garum Production, Oxford, 1987, y especialmente el citado trabajo de C. Fabiiio. 204 C. Tavares da Silva y J. Soares, !!ha do Pessegueiro, pp. 181-189. 205 A. Parker, «Amphores Almagro 50 de l'épave de Randello (Sicilia)», Amphores romaines et histoire économique: dix ans de recherche. Act. du Col!. de Sienne (1986), Roma, 1989, pp. 650-653. En este pecio concreto, de comienzos del siglo IV d.C., las ánforas, posiblemente procedentes de la zona del Sado, contenían sardinas. Para V.G. Mantas, artículo citado, pp. 171 y 179, también las sepulturas en cupae de la zona evidencian estos contactos. 206 «Anforas romanas no Museu do Mar (Cascais)», Conimbriga, 17, 1978, p. 72. También C. Tavares da Silva, A. Coelho-Soares y J. Soares, «Nota sobre material anfórico da foz do Arade (Portimiio)», Setúbal Arqueológica, VIII, 1987, p. 218, llaman nuestra atención sobre la abundancia de ánforas de aceite norte-africano en Portugal en esta época. 207 R. Etienne, «Senateurs originaires de la province de Lusitanie», Tituli, 5, 1982, pp. 521529. V.G. Mantas, «As cidades marítimas da Lusitania», en Les villes de Lusitanie romaine, Paris, 1990, p. 152, entiende que fue el reciclaje de las grandes fortunas obtenidas en el comercio y la industría lo que permitió la elevación social de estas élites. A. Guerra, en su trabajo «Marcas de ánfora provenientes do Porto do Cacos (Alcochete)», Primeiras Jornadas sobre 88
ciones de carga como la representada en la estela de Vilar de Sarria208• Y es que, en opinión de J. Rougé2°9, el siglo III conoce una progresiva limitación en el tonelaje de los barcos, invirtiendo la tendencia de la etapa anterior, en concordancia con la limitación del tráfico impuesta por las circunstancias en que se desenvuelve por entonces el Imperio. Pero la navegación entre el Mediterráneo y el Atlántico nunca se interrumpió. Es más, en el siglo IV se observa cierta reactivación, aunque moderada, y junto a las ánforas norteafricanas -apreciables también en Galicia210-vemos aparecer cerámicas fmas tanto de la misma procedencia (terra sigillata clara e y D) primero como después del Mediterráneo Oriental (Late Roman C), observables lo mismo en PortugaF 11 que en Galicia212 y llegando hasta Britania213• Pero esto nos introduce ya en un mundo del que nos puede hablar con bastante más autoridad nuestro colega en este Curso el Dr. García Moreno214• romanizar;áo dos estuarios do Tejo e do Sado (1991), en prensa, estima correcta la apreciación de Edmonson acerca de la complementariedad de la actividad agrícola con la transformación del ,pescado, sobre todo en la costa algarvia. Una vez más deseamos manifestar nuestro agradecimiento al autor por hacemos llegar un trabajo inédito. 208 F. Alonso Romero, «La nave romana de la estela de Vilar de Sarria (Lugo )», Brigantium, 1981, vol. 2. pp. 105-116. 209 Recherches sur l'organisation du commerce maritime en Méditerranée sous l'Empire roamin, p. 492. 210 J.L. Naveiro, Obra citada, p. 70. 211 M. Delgado, «Contribuiyao para o estudo das ceramicas romanas tardías do Médio Oriente», Cuadernos de Arqueología, serie Il, 5, 1988 [1994], pp. 35-49. 212 J.L. Naveiro, Obra citada, pp. 45-46. 213 J.W. Hayes, Late Roman Pottery, Londres, 1972, p. 464, mapa 33. 214 Hace ya más de veinte años publicó en Habis, 4, 1973, un artículo sobre «Colonias de comerciantes orientales en la Península Ibérica. Siglos V-VII». Desde entonces son varias las ocasiones en que ha tratado temas atlánticos. 89