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La batalla de Lepanto : romance histórico

Aparici y Puig, Rafael

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LA BATALLA DE LEPANDO, BOMANCE HISTÓBICO. I. Atí patria me dirijo, áti mi querida patria; oye mi pobre romance, óyeme, pueblo de España: óyeme,sí ,que boy mi lira de laurel engalanada, las glorias vá árecordarte que en otro tiempo alcanzaras. Hoy mi lira, patria mia, áotros dias se traslada para cantar tus proezas, tus gloriosos hechos de armas, tus continuadas victorias, tus gigantescas batallas. Hoy cantaré la gloriosa que obtuviste allá en las aguas de Lepante; la mas grande que álas huestes mahometanas dejára materialmente deshechas ytrituradas. Yo bien sé, patria querida, que tus glorias fueron tantas. ^que el laurel de la victoria s'ornó todas tus batallas. íHablen sino Covadonga, Ien la que con gente escasa Ivenció Pelayo las huestes ;numerosas musulmanas; Iysiete siglos mas tarde !la rendición de Granada. ¡Hablen San Quintín, Pavía, jGravelines yLas Navas. ;Hablen.... pero áqué cansarme, Isi todos saben que España Ifué siempre, siempre valiente, ifué siempre, siempre esforzada; Iyque al escudarse humilde ien su ardiente fé cristiana, ¡debió al cielo que en sus lides ;benévolo la amparara. I II. IYa. el siglo décimo cuarto Imas de su mitad pasara, ^cuando Selim el Gran Turco, ique allá en Oriente reinaba, 2BIBLIOTECA DE LA por Mastafá aconsejado en su avaricia insensata pidióle nn dia áVenecia la isla de Chipre apreciada. Venecia la dueña siendo de la isla ,negóse ádarla; mas Selim ,no respetando la propiedad que es sagrada, decidió según consejo de Mustafá, conquistarla. Üluc-Alí mientras tanto con una potente armada penetrando por el golfo de Venecia en las cercanas riberas, cual el torrente que se desborda, yarrasa cuanto ásu paso se opone en su incontrastable marcha, negro luto fuó sembrando por todas aquellas playas; tan pronto llega áuna aldea yprende fuego álas casas, yásus pobres habitantes los esclaviza ólos mata, como vá por los sembrados las ricas mieses tala, sla tempestad terrible; es el rayo que desgarra el tronco de añosos árboles; que Üluc-Alí por do pasa, pasa tras de sí dejando deflación, luto ylágrimas. Venecia ante estragos tales la protección demandaba de las naciones vecinas; pronto socorrióla el Papa, que en aquella sazón era Pío Quinto el que reinaba, mandándole diez galeras en ausilio de su escuadra. Mientras esto sucedía las tropas mahometanas de Selim ante Nicosia sus reales asentaban. No me detendré ácontaros los apuros que pasaran los intrépidos guerreros que defendían la plaza. Selim sitióla por hambre. 1LÜ3TEAC10N POPULAS. iyNicosia estenuada jtuvo por ñn que rendirse Iálas enemigas armas. Viendo el Papa que los turcos gran incremento tomaban, álos príncipes cristianos les dirigió una llamada, áque Felipe Segundo correspondió sin tardanza. Entonce# formóse en Boma con Venecia ycon España para combatir infieles una poderosa alianza; una liga contra el turco que se llamó liga santa. IYa el año mü yquinientos Isetenta yuno marchaba Ihácia su fin ;yen el puerto Ide Mesina ya se hallaban 5por aquel tiempo reunidas ?casi todas las escuadras. lLlegaban de todas partes Igaleras ygaleazas, Iunas conduciendo tropas, iotras provisiones yarmas. ITantos bajeles se vian Ique todo el puerto llenaban, Iybien pudiera decirse Ique desde épocas romanas <jamás habían pesado Ide aquel mar sobre las aguas iáun mismo tiempo reunidos ltanto bajel, tropa tanta. =Ciento setenta galeras Iperfectamente equipadas lbajo el mando del invicto Igeneral D. Juan de Austria, leran las representantes ¡del grande poder de España. IDoce seguían áéstas, ide Pió ,coa. seis fragatas; Iluego ciento treinta ycuatro ^de las tropas venecianas. iAntes de hacerse ála vela >llegó nn legado del Papa 3 LA BATALLA DE LBPANTO.^ TOrtador de la noticia de indulgencias yde gracias para todos los aliados como en tiempo de cruzada. *••••••••• Por fin ála mar se dieron al comenzar la mañana del diez yseis de Setiembre, en medio de la algazara de las músicas sonorasyel vuelo de las campanas. Famagusta mientras tanto por Uluc-Alf sitiada resistir no pudo el choque de las huestes mnsulmanas. ün dia junto ásu tienda Uluc-Mí se encontraba sentado con el orgullo del que despótico manda, cuando se llegó un soldado yárespetuosa distancia se detuvo:—«ün mensagero, le dijo ,que de la plaza llega en este mismo instante quiere hablaros sin tardanza. —Que pase. Aver si se esplica esa cobarde canalla.» Casi al punto se presenta un hombre ya de avanzada edad ,su rostro arrugado ysu cabeza ya cana. —«Pasad aquí, mensagero. —Soy el gefe de la plaza. —Sentaos. —^No, no me siento. —¿Qué queréis? —^Hablar con calma. —¿Capituláis?—Si es con honra para las armas cristianas, sí.—Pues pasad ámi tienda, tened plena confianza.» los dos sin mas testigos que una mesa de campaña yvarias sillas ,entraron en la tienda capitana. No trascurrió mucho tiempo sin que ambos ádos firmaran un ^iego que contenia claramente estipuladas las bases de la honrosísima capitulación ,pues trata Bragadino ,el buen anciano, ^el de la ca^za cana, I 'que se respeten las vidas yhaciendas; mas ¡negrainfamia! después cuando ya las tropas del turco posesionadas de Famagusta estuvieron, faltando ála fé pactada Uluc-Alí áBragadino yáotros gefeá que aUí estaban Ientre suplicios horribles lla existencia les arranca. La escuadra en tanto áLepanto .buscando al turco marchaba. Por fin el siete de Octubre al comenzar la alborada dos horas antes que el sol sus rayos de oro mostrara, 1 ^de las cristianas galeras levantáronse las anclas. Ya estaban frente ála costa de la deliciosa Albania }ála altura de las islas iCurzolares óEquinadas Icuando las galeras turcas <distii^uió una veneciana. IDon Juan mandó enarbolasen Í la bandera sacrosanta de la liga: un cañonazo anunció que la batalla I iba ácomenzarse pronto reñida yencarnizada. m. Estaba el cielo sereno; con dulzura el sol brillaba, yreflejaban sus rayos los aceros ylas aguas, los esplendentes escudos ylos yelmos deslumbraban yen las popas de los barcos 4BIBLIOTECA DE LA ILUSTRACION POPULAR. inscripciones de oro yplata. Todo se hallaba en süencio; todo en aparente calma. Cnando se encontraron cerca frente áfrente las .armadas Don Juan exhortó álos suyos pronunciando estas palabras. «Nobles yheróicos soldados «de las naciones aliadas. «Vosotros que siempre fuisteis «valientes ;ios de la España «nobles hijos :de Venecia . «fue:/tes guerreros :romanas «huestes :átodos os hablo. «Santa ynoble es nuestra causa, «no dejeis que nos pregunte ' «esa morisma insensata «¿por qué vuestro Dios os deja? «decid ¿por qué no os ampara? «Pelead con fé en su nombre «que la victoria os aguarda.» INunca la fé verdadera nunca queda defraudada. Soplaba el viento contrario para la flota cristiana; cuando el cielo dió una muestra de sus favores muy clara, pues el viento de repente cambió en dirección contraria. ¿No habéis visto con frecuencia la tempestad ,que con calma vestida de negras nubes '* muda ysilenciosa avanza, yluego rompiendo ronca , con fuerte bravura estaÜá entre el horrísono trueno" yal huracán que rebrama? Pues así las enemigas silenciosas avanzaban yendo ábuscarse una áotra con magestuosa pausa, hasta que rompiendo el fuego las galeras capitanas en confusa gritería chocaron las dos armadas, del cañón al ronco estruendo yal silbido de las balas. Muy pronto se hizo el combate una lucha encarnizada ^en que los hombres reñian \cuerpo ácuerpo ,cara ácara. IChocaron primeramente !las galeras mahometanas íde Siroko entre el estruendo Ide los gritos de batalla Icon las heroicas galeras Ique Barbarigo mandaba. ;Astuto cual la serpiente ¡que por el suelo se arrastra conocedor de la costa IMahomed-Síroko trata rde envolver áBarbarigo >yásus tropas denodadas; ;mas conseguirlo no pudo isino en una parte escasa ;ante el valor ypericia >de las galeras cristianas. iManiobra muy semejante icontra el de Doria intentaba iÜluc-Alí el argelino ^hacer en la izquierda ala, fmas Doria estendjó su línea Ipara impedir que pasaran. 5Ulue observando en tanto Ique estaban muy separadas Ien su frente las galeras, \casi todas venecianas, >aprovechó este descuido \para de cerca atacarlas. ^Valientes sus defensores ;hasta la audacia rayaban >oponiendo con sus pechos >inquebrantable muralla, ;dique fuerte que no rompen ilas saetas ni las balas. \Sola se encontraba entonces >la galera capitana jque llevaron áLepante I los caballeros de Malta. Audaces se defendían contra las turcas galeazas que en número mas crecido por aquel lado atacaban, yen su valor indomable, en el pecho la cruz santa no consintieron rendirse álas enemigas armas-. Redoblaron el ataque 5 LA BATALLA DE LEPANTO. los tarcos con fuerte rabia rodeando por ambos lados el fuerte bajel de Malta, mas éste incansable siempre por todas partes lanzaba cual un foco de granizo de sus mosquetes las balas. «A-1 abordaje,» los turcos ccfti furia feroz gritaban asediando la galera numerosísimas lanchas. Los escasos defensores que dentro de ella quedaban, antes que Terse vencidos por las tropas mahometanas se agruparon en el puente con incomparable audacia aguardando el abordaje para pelear cara ácara. Cual el numeroso rastro de las hormigas que asaltan de rico trigo un granero tal hácia el bajel se lanzan los turcos; por teclas partes cubriendo al bajel las bandas en número tan crecido que casi centuplicaban el número ya pequeño de los guerreros de Malta, que audaces en heroísmo con la fuerza que les daba su valor nunca amenguado en su indómita pujanza, emprendieron con los turcos una lucha encarnizada hasta que murieron todos menos tres, que se salvaran confundidos con los muertos ymal heridos estaban. Mientras todas estas cosas sucedían en las alas, en el centro con empeño *unos á otros se buscaban con grande estruendo chocando las galeras capitanas. AK-Bajá con sus fuertes tropas esperimentadas comenzó un nutrido fuego, lluvia de flechas ybalas ial que con ardor creciente icontestó D. Juan de Austria I cón las tropas españolas que.en su galera llevaba, que heróicas cual siempre fueron yde gloria inmortal ávidas, Icontra los turcos genízaros, ?los guerreros ae mas fama Ique entonces se conocían <por todas aquellas aguas, Iemprendieron una lucha ^ Idescomunal ytitánica. ?Por todas partes el fuego Icon furor se redoblaba, ívomitaban los cañones ila destructora metralla iyrelumbracan en torno 5estremecidas las aguas. ILas nubes que el humo hacia, Ilentamente se elevaban \en espiras caprichosas, lora negras ora blancas, ?ocultando álos bajeles lámedida que engrosaban >todo lo que sucedía Iáno muy larga distancia. I La sangre en vapores rojos por las galeras rodaba yde la mar se tiñeron despareciendo sus aguas. lTodo confusión ymuerte Iera allí; sus negras alas Itendió sobre las galeras Ila fea yhorrible parca. ICuadro triste ,sí ,muy triste Ilos bajeles presentaban; Icuadro de terror yespanto ique de luto llena el alma. INo hay pintores, no hay poetas Ique esta sangrienta bataUa Icon sus colores mas vivos Ipuedan siquier sea pálida Iretratar, siempre sus copias Idébiles serán ylánguidas, Ique aquella lucha terrible, >tan cruda ytan sanguinaria sno la describe la pluma, Iningún pincel la retrata. ILas tropas que Barbarigo 6BiBUOttÓA DB ÍX contra Siroko mandaba se batían con denuedo hamendo berdicas hazañas. Barbarigo ,de una fiecha que le desteozd la cara ? rle hizo saltar un ojo ué herido, mas no fuá causa de que sus valientes tropas su ardor bélico amenguaran. Un valiente capuchino atando en una alabarda su cruz ,fué áocupar el puesto que Barbarigo dejara. Entusiasmadas las tropas al mirar la enseña santa redoblaron el ataque, mientras las tropas contrarias iban con mucha cautela tomando la retirada. Notáronlo los cristianos, yaumentando la pujanza de su valeroso ataque en contra la capitana de Egipto, de él no cejaron hasta conseguir tomarla. Mahomed-Siroko fué muerto álos golpes de la espada de Cortarini, yen tanto que áBarbarigo anunciaban la noticia ,satisfecho la oyó mientras espiraba. IV. En el centro con empeño indecisa la batalla seguía aun :por dos veces el abordaje intentaran los valientes españoles al grito de Dios yPatria. Un hombre ,no, un elemento, con indómita pujanza corría por todas partes entre las tropas cristianas moviendo cual torbellino su nunca rendida espada; desparecía entre el humo del canon, entre las llamas; aparecía de nuevo dominando su mirada los bajeles enemigos tLUSnU.OION POPULAB. I cón la fiereza del águila. Corría de un lado áotro mas con lijereza tanta, que era el movimiento mismo pero con formas humanas; tan pronto estaba en la popa sobre la parte mas alta como en la proa óel puente • I óasomado por las bandas. Era el fulgor de la guerra el genio de la batalla, era el general invicto, Iera en fin D. Juan de Austria. ICon infatigables bríos Iápesar de su avanzada Iedad Sebastian Veniero ?ásu lado peleaba. IYReqnesens yColonna Icon el príncipe de Parma, IyFigueroa el valiente, ICarrillo ,ürbino yZapata. INo menos digno de gloria Itambién fué en esta batalla Iun soldado que rendido I por una fiebre en la cama abandonando su lecho pidió que le colocaran en un sitio peligroso por defender la cruz santa. Este soldado valiente Ique tanto ardor demostraba, Ifué herido en la mano izquierda Iyel pecho; yestas palabras Idijo entonces :«Las heridas I«recibidas en batalla I«á nuestro Dios defendiendo, I«son estrellas que nos marcan ?«el camino de la gloria, I«el templo do está la fama.» I¿No conocéis al soldado Ique de esta manera hablaba? IPues era el inmortal genio Ide la lengua castellana: Iera Cervantes el héroe Ide la España literaria, Ique si lauro alcanzó entonces Imayor lauro le aguardaba Icon su Quijote, modelo ide nuestra querida habla. LA BATALLA DE LEPANTO. Tambiénjnsto es qne nombremos tributando elogio en aras de la pericia ,áD. Alvaro de Bazan, que con su escuadra de socorro ,siempre átiempo átodas partes llegaba. ¿M^ para qué ir relatando las inauditas hazañas de capitanes ytropas, si estas fueron tantqs ,tantas, que en cien romances como este no se vieran acabadas? Baste con decir que todos, desde el mismo D. Juan de Aushasta el último remero (tria cumplieron cual se esperaba, que todos fueron heróicos todos por la liga santa. * Continuaba en el centro con ardor aun la batalla. Por tercera vez el toque de ataque en la capitana resuena ,ylos españoles al abordaje se lanzan. Opénenles los Genízaros otra vez fuerte muralla lanzando con mucho tino sus flechas envenenadas,- pero los arcabuceros que llevaba D. Juan de Austria, ante tan nutrido fuego nunca cobardes desmayan contestando con espesa lluvia de certeras balas. Aproximábanse heróicos cuando allá en la capitana de los turcos se vé un hombre caer inerte de espaldas, yaUmomento se oyen gritos yuna confusión estraña yal mismo tiempo las tropas españolas se abalanzan abordando la galera al grito de «¡viva España!» ¿Mas qué confusión impera en las tropas musulmanas? ¿Por qué todos gritan yhuyen óarrojan al mar sus armas? ¡[Ahí mirad, mirad, el hombre 5que antes cadáver quedara <es Alí-Bajá, los turcos íhan perdido la jornada, sMirad el asta bandera, Iya la enseña sacrosanta tde la liga en ella flota, sLa media luna de plata lse ha amainado ;la victoria \es de las tropas cristianas. ¡«¡Victoria!» todos repiten, <«demos ála Virgen gracias I«¡sí ,porque hoy la del Remedio i«nos dió su protección santa!» iAun Ülnc-Alí ignorando Ila ya victoria alcanzada isostenia su combate ^con las tropas venecianas ^de Doria; que socorridas spor Bazan,pronto rescatan ídel capitán argelino ¡la capitana de Malta. \Yluego al ver la bandera Ide los cristianos izada Ien sus bajeles ,con todps Ilos qne pudo ,en retirada Ise pronunció yen su fuga <del cabo en la playa baja Imuchas galeras que huian ise quedaron encalladas. ;Temerosos los cristianos <ycon razón no infundada íde una tempestad que entonces \se cernía en lontananza, íapresaron las galeras ;que los turcos entregaran ^libertando álos esclavos I cristianos que allí remaban: las galeras inservibles entregaron álas llamas • apresurados marchándose <hácia el puerto de Pétala, Ique la tempestad de prisa <con ronco mugir llegaba. IV. IPueblo español, ya escuchasIqne cual mi lábio lo canta, (te Isiempre por tu fé venciste, * Ique siempre victoria alcanza 8BIBLIOTECA DE LA quien al cielo humilde implora cuando desnuda la espada, que por la razón esgrime, que sin honor nunca envaina. Pueblo español ,satisfecho puedes estar de tu patria, áque alfombran los laureles de esta yotras mil batallas, que el mundo entero llenaron de tu gloria yde tu fama, de tu valor indomable, de tn hidalguía estremada. ILUSTBACION POPDLAB. I Pero, tú, pueblo querido, si esta trova te entusiasma no dejes por su influencia de amar la paz dulce ysanta, madre de todo progreso, lazo de flores que halaga, yque áDios nos aproxima yhasta el cielo nos levanta. Así, pues, mientras tus glorias este humilde poeta ensalza, tú pide siempre ála Virgen !paz conceda ánuestra España. Eafael Apaeici tPdig. Valencia: Imp. de J. Jí. Ayoldi.