Uso del espacio y sociabilidad en los corrales de vecinos trianeros
Abstract
Esta tesis es una reflexión sobre la ciudad en general y sobre las transformaciones a las que están sometidas las mismas en el mundo contemporáneo. Todo ello a partir de un estudio de los "corrales de vecinos" del barrio de triana en Sevilla y del trabajo de campo que en los mismos se hizo. Estos edificios estudiados en la tesis aparecen como un caleidoscopio en el que se manifiestan con claridad los usos del espacio propiciados por la cultura que los sustenta y las relaciones sociales que en dicho espacio son posibles. De todos estos análisis se extraen conclusiones y se proponen soluciones a los problemas del urbanismo.
Full text
“Uso del espacio y sociabilidad en los corrales de vecinos trianeros” Ricardo Morgado Giraldo Tesis doctoral en Antropología Social leída el 21 de julio de 2003 en el Aula de Grados de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla _____________ que obtuvo la calificación de Sobresaliente “cum laude”
Ricardo Morgado Giraldo Sevilla, abril de 2003 Tesis doctoral dirigida por el doctor D. Antonio Mandly Robles
A mi padre, Ricardo, quien me enseñó a amar la ciudad de Sevilla y que vivió cada acontecimiento de la misma con alegría y cada tristeza como propia Agradecimientos: En una larga lista, quisiera mencionar en primer lugar a los vecinos de los corrales trianeros, víctimas inocentes de un proceso que los fue arrinconando y marginando del mundo que los vio crecer y madurar, y de los que quisiera destacar a: Ángeles Guisado de La Casa Alta, Eduardo Corrientes del Corral de la Encarnación, Gracia Villegas de La Cerca Hermosa, María Martínez del Corral de las Ranas y Teresa Rodríguez de la asociación de vecinos. Algunos de ellos o han fallecido o han tenido de trasladarse por causa mayor, pero para todos mi reconocimiento en estas líneas. También me debo referir a la persona que me dirigió el trabajo previo a esta tesis: la catedrática doctora Pilar Sanchís Ochoa, por su apoyo en los principios de mi trabajo de campo. Un lugar destacado de mis agradecimientos debe ser el dedicado a mi director de tesis: el profesor titular doctor Antonio Mandly Robles, por su acierto en los consejos sobre conceptualización del trabajo y sobre su estructuración, así como su apoyo constante a lo largo de toda la redacción del mismo. He de mencionar también a mi esposa, María del Carmen Mateos Llamas, quien con paciencia se leyó el borrador y supo dar inteligentes opiniones sobre el mismo, varias de las cuales están recogidas y asumidas en el mismo. También he de refirme a mi madre, Carmen, quien también me enseñó a amar el barrio de Triana y a interesarme por él, e incluso ha sido durante estos años una eficaz ayuda en la búsqueda de artículos de prensa sobre los corrales de vecinos. Y, finalmente, mi reconocimiento a todos aquellos que, de uno u otro modo, han contribuido con sus comentarios y opiniones a lo largo de todo este proceso que ahora parece culminar, entre los que destacaría a mis compañeros de trabajo doctores Antonio Albardonedo Freire y Andrés Moreno Mengíbar, los cuales me orientaron eficazmente en la búsqueda de la documentación archivística que aparece en esta tesis.
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 12 - Sin embargo, (volviendo al tema de las influencias arquitectónicas, subrayado en el párrafo inicial) no cabe duda de que a pesar de todas las influencias que hayan podido recibir las muestras de la arquitectura popular andaluza, que van a constituir el centro de nuestra atención en este trabajo -aparte de otras muchas a las que no se hará referencia en el mismo, en un amplio grupo que incluye tanto a edificios civiles destinados a viviendas como a edificios “industriales”, como los molinos, los hornos de cerámica,... entre otros-, éstas se podría decir que se resumen en dos influencias a lo largo de la historia 2 : el patio romano -con su impluvium, su peristilo, etc. y el adarve musulmán. Sin pasar por alto que, a su vez, los patios musulmanes se inspiran en los romanos o, al menos, beben de la misma fuente mediterránea que ellos. Y muchos otros ejemplos de casas con patio que podemos encontrar con más detalle en la obra de Werner Blaser (op. cit), o en la de Hannerz 3 , de la cual entresacamos un párrafo que nos puede dar una idea de lo difundida que está la idea de una vivienda colectiva con un patio central, aunque en este caso la influencia islámica puede servir de explicación bastante plausible, creemos: Empecé en Kafanchan a captar la totalidad de los racimos de relaciones ordenados de acuerdo con líneas étnicas, ocupacionales, religiosas, recreacionales y de otros tipos. La persecución de ese objetivo lo lleva a uno a las iglesias, tribunales, mercados, bares de alcohol de palma, patios de casas de vecindad y una variedad de otros escenarios. (Hannerz, p. 26) De esto, podemos deducir que el repertorio de este tipo de viviendas es muy amplio, tanto por lo que respecta a las viviendas tradicionales como a las contemporáneas. Y esta variedad tipológica que podemos encontrar es tan grande que incluso dentro del ámbito de la cultura andaluza existen otros tipos de edificios con patio que no son aquellos que van a constituir el objeto de estudio de este trabajo: se trata de las muy conocidas también casas-patio andaluzas, que tienen como elemento distintivo y eje de su arquitectura tam2 Y ya desde aquí advertimos que utilizaremos los datos históricos como base fundamental del trabajo de campo en el contexto urbano que nos ocupará; pues pensamos que al tiempo mítico de otro tipo de sociedades (ver Apartado 9.2: La dimensión temporal), la ciudad opone su cronología y su análisis histórico, que la sitúa en el tiempo (el cual será en nuestro trabajo de gran importancia en el interrelación con el espacio) y no inmersa en el tiempo, a la concepción mítica que traspone y traslada o recrea los hechos históricos según las necesidades del mito y de lo que quiera simbolizar. Por estos motivos convendremos con Hannerz en que: [...] la antropología del urbanismo en gran escala se distanciaría [...] de la tradición de la antropología de trabajo de campo, con sus prejuicios congénitos acerca de la sincronía. (Hannerz, p. 331) 3 . Ulf Hannerz. Exploración de la ciudad. Edit Fondo de Cultura Económica. México 1986 (1980). Trad. Isabel Vericat y Paloma Villegas.
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 13 - bién a uno o varios patios. Pero son edificios muy diferentes de aquellos a los que estudiamos, puesto que éstos, al contrario que los corrales y patios de vecinos, son viviendas de las que hoy en día hemos dado en llamar unifamiliares; sólo que en estos casos no estamos hablando de las residencias pequeñoburguesas que orlan la periferia de nuestras grandes y medianas ciudades actuales; sino que se trata del tipo de residencia tradicional de las clases burguesas y aristocráticas urbanas de Andalucía. Este tipo de residencia es, ante todo, pues una vivienda no colectiva y el patio es para ella -aunque se muestre con orgullo a la vista de todo el que pase por la acerael símbolo de la intimidad de familia que la habita. En ella se exhiben con frecuencia objetos ornamentales de gran valor, como pueden ser fuentes de mármol, cerámicas valiosas, menajes de cobre ornamentales, cuadros... que actúan de marcadores del estatus de la familia que allí habita. Por el contrario, el patio de la vivienda colectiva con patio del ámbito cultural andaluz: el corral o patio de vecinos, es un elemento no de intimidad sino de interacción social, aunque en él se pueda hablar de intimidad, pero es de una intimidad comunal que lejos de exaltar el espíritu individualista lo niega. Y en esos edificios la ornamentación que tienen también es índice de la condición social de quienes los habitan: sus macetas de humilde cerámica, el encalado o las construcciones con ladrillo son materiales muy baratos que demuestran los pocos recursos de que disponen sus habitantes. Y también se ha de considerar que este tipo de ornamentación es bastante diferente a la anterior, pues pese a que no pretende ser tan exclusiva como aquella, sin embargo es más indiferente a la visión exterior que la burguesa y aristocrática de las de las casas-patio. En efecto, los corrales y patios de vecinos dotan a su ornamentación de una cualidad íntima, para ser disfrutada por quien los vive, no para quien los observa desde la calle, a pesar de que esa visión tradicionalmente no se ocultaba. De este modo, los objetos en un corral de vecinos podían estar colocados de modo aleatorio, en un orden “anárquico”, según las apetencias de la vecina 4 , sin preocuparse del aspecto que podrían tener de cara a la calle. Naturalmente, este desorden y desconcierto sería impensable en las viviendas burguesas, donde cada objeto tiene su lugar determinado. Pero este panorama será ya muy difícil que se encuentre en los corrales de vecinos que 4 No cabría esperar que ningún varón se ocupara de esos menesteres, salvo que su mujer se lo pidiera.
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 14 - sobreviven en la actualidad, puesto que por un lado el turismo y por el otro el aumento del nivel de vida y la influencia de los valores estéticos burgueses -a los que las clases más desfavorecidas parecen empeñadas en una carrera sin freno por imitarloshan hecho que los patios de dichos edificios se ordenen según ese criterio de escaparate 5 , en vez de buscar la comodidad del que coloca los objetos donde interesa tenerlos para su disfrute personal, según la comodidad de cada vecina para realizar sus tareas domésticas diarias. Así, si el baño donde se aclara la ropa interesa tenerlo junto a la sala 6 donde se vive, pues se coloca a la entrada de la misma, junto a su puerta. Y si se han de colocar dos sillas en un lugar a la sombra para preparar la comida, también se colocan. O si el marido de alguna de las vecinas o alguno de los hijos utiliza algún rincón del patio para arreglar o engrasar una bicicleta o la moto que los lleva al trabajo. También puede ocurrir que la monotonía de los muros esté rota por algunas jaulas de pájaros, de algún vecino aficionado al canto de los mismos. Igualmente puede ocurrir que el transitar por el patio -sobre todo durante las horas del díatranscurra con las interrupciones debidas a los cordeles sostenidos por trancas, dispuesto así para colgar en ellos las ropas y sábanas de las familias del corral. Y toda esta disposición azarosa de objetos en el recinto del patio del corral tampoco le extraña a nadie, pues ese es el lugar común del que todos disponen y para lo primero que tiene que servir es para la vida cotidiana de los vecinos y vecinas, antes que responder a estándares estéticos que les son extraños por poco funcionales. El caso es que cada espacio cumpla su funcionalidad, sin estar sujetos al aspecto que éste da cara a la puerta exterior o al que viene de visita. Lo que no quita que en las ocasiones solemnes se exorne el patio para ser visto y, sobre todo, para marcar con claridad el tiempo de 5 Siguiendo seguramente un modelo venido del centro y norte de Europa: [...] Cuál es la parte delantera y cuál la posterior del escenario depende naturalmente, del tipo de representación de que se trate. Pero en la casa de alguien es práctica extendida usar la sala como región frontal y mantenerla en orden de modo que no transmita información discrepante. Las alcobas y armarios suelen ser, por el contrario, la parte entre bastidores. Cuando es posible se guarda el teléfono -o por lo menos un teléfonopara que las llamadas no formen parte de la representación. La cocina ha sido ciertamente parte de la región posterior; pero esto ahora está cambiando: se puede utilizar para un efecto dramático. Al convertir un lugar definido convencionalmente como posterior al escenario en lugar frontal, se demuestra que no hay nada que esconder. (Hannerz, p. 234) 6 Fracción de cada corral, que consta de una o dos habitaciones, que tiene una puerta de acceso al patio y que está reservado para una familia en particular de las que residen en él.
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 15 - fiesta con el de no fiesta -en una interacción espacio-tiempo que analizaremos más adelante en este trabajo-. Hoy por hoy, sin embargo, incluso ocurre que se oculta la vista totalmente, cerrando sencillamente el portón de entrada, lo que evita éste y otros inconvenientes de la vista al público. Seguramente, este afán por transformar los patios de los corrales de vecinos en lugares para enseñar ha hecho que se pierda gran parte del carácter original de los mismos, de tal modo que ya sólo se a posible encontrar este ambiente original de los patios en las fotos antiguas o en algún corral que, como el Corral de la Encarnación, mantiene buena parte de su población original. Este proceso -que tiene mucho que ver con el de transformar la cultura popular en patrimonio, puede reportar el beneficio de convertir en rentables estos edificios, pero los aleja de su autenticidad.-puede que se iniciara con los concursos de patios de los años sesenta, organizados por el ayuntamiento sevillano; época que coincide, seguramente no por casualidad, con el “boom” del desarrollo turístico en España. Así pues, en el ámbito geográfico en el que se va a desarrollar esta investigación -el barrio de Triana de Sevillase dan los corrales o patios de vecinos que tienen unos patios en su interior, los cuales actúan de espacio común de estas viviendas populares. No obstante Trillo y Martínez (1995) 7 consideran que: ... no todo espacio descubierto al aire libre, y delimitado por una construcción es un patio, deberíamos aceptar que puede ser la condición de estancia o de recorrido la que distinga en mayor medida el concepto de patio; así, todo y descubierto cuyas condiciones formales y topológicas (con una forma próxima al cuadrado o al círculo y situado como punto central de encuentro o como espacio terminal) estaría dentro de nuestro concepto doméstico de patio, ni siquiera el hecho de estar descubierto sería esencial, ya que determinadas cubriciones, como la montera de vidrio utilizadas en las casas del siglo XIX en Sevilla, no solo no desvirtuarían tal condición sino que la subrayan al transformar el patio en un estar familiar. Como la calla y la plaza, el corral y el patio se diferencian en su forma y en su uso, aún cuando ambos pueden contener funciones híbridas y formas ambiguas en los espacios fronteras entre los dos conceptos. (Trillo y Martínez; op. cit., p. 165) En principio parece que estos dos autores igualan la metonimia del patio con la metáfora del corral; es decir que se usa en Sevilla la expresión patio de vecinos, como una metonimia 7 . Trillo de Leiva, Juan Luis y Martínez Quesada, Carmen, “Los corrales de Triana, proyecto y patrimonio”, en Triana. Bajando el puente, coordinado por Faustino Gutiérrez-Alviz Conradi. Edit. Ayuntamiento de Sevilla. Sevilla, 1995.
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 16 - de esa parte de esos edificios populares donde el patio es su parte simbólica principal y a la vez lo que designa a su totalidad, aunque bien es verdad que esa igualación se hace en Sevilla de forma tradicional, cuando se diferencia entre corrales y patios de vecinos como dos tipos de viviendas diferentes. Por otra parte, en el caso de los corrales de vecinos, se trata de una metáfora, unos dicen que debido al mucho ruido que siempre había en ellos -semejante al de un corral de animalesy otros a la forma cercada, semejante ahora en lo físico, a dichos corrales de animales. Pero queda claro que puede ser lícito utilizar el término patio como estructura arquitectónica de un edificio, dada la polisemia del término, tal como acabamos de demostrar. Al margen de disquisiciones semióticas, también se afirma en el párrafo transcrito al comienzo de este apartado que mientras que los corrales son como calles, los patios (de vecinos) son como plazas. Este es un asunto que deberá ser esclarecido más adelante en este trabajo, pues entra de lleno en el análisis del uso del espacio que se abordará más adelante en el mismo. No obstante, podemos adelantar que es algo arriesgado afirmar primero una diferencia tan tajante entre ambos tipos de edificios, muy semejantes entre ellos pero con la sola diferencia de tener los servicios en común; tampoco se puede decir que sea una virtud el que sea el patio una calle -en el caso de los corrales de vecinosmás que una plaza -como en los patios de vecinos-, dado que tampoco eso puede ser una realidad sin tener en cuenta la dimensión temporal, pues en una primera observación se podrá ver que los patios (de ambos tipos de edificios) unas veces son a modo de calle, otras a modo de plaza pública y foro; otras son sala íntima de estar y, a veces, dormitorio donde dormir al fresco en verano, a pesar de los mosquitos. Y sobre esta costumbre de dormir sin la segregación espacial que se da cada vez con más intensidad en la cultura contemporánea 8 , donde ni los hermanos pequeños comparten ya dormitorio, podemos decir que está también muy en relación con formas de pudor muy diferen8 Forma ésta de dormir casi en cualquier parte, con tal de que se pueda conciliar el sueño, que tiene mucho que ver con la escasez de espacio de los corrales de vecinos y está testimoniada en las anécdotas que cuentan los antiguos vecinos sobre cómo dormían atravesados en sus camas para que todos los hermanos cupiesen en las mismas (Corral del Pileño, por ejemplo). También podemos encontrar testimonios de estas maneras informales de encontrar acomodo para el sueño en las obras de Witold Rybczynski (de cuya obra podremos consultar su referencia en la nota final 6 de este trabajo): Más importantes que las innovaciones técnicas eran los cambios en la organización doméstica. Los padres seguían compartiendo su cama con los niños pequeños, pero los mayores ya no dormían en la misma habitación. (Rybczynski, p. 57) sobre el ámbito cultural europeo, previo a la revolución industrial -durante el siglo XVIIy de Colette Petonnet, sobre el ámbito marroquí [ver referencia de esta autora más adelante en la página 94].
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 17 - tes a las nuestras actuales, seguramente porque son pervivencias de la costumbre de siglos pasados de compartir camas y dormitorios al antojo de cada cual o según convenga en cada momento: Sobre el hábito de dormir muchos en la misma cama y sobre la promiscuidad familiar en el siglo XVIII, se podrá consultar la reciente obra de J.-P. Goubert Maladies et medecins en Bretagne 1770-1790, Rennes, univesité de Haute-Bretagne, 1974:189 y siguientes. (GaillardBans 9 , p. 84) Y no hemos de olvidar que ya no se trata, por desgracia, de una cuestión de pudor o de costumbres, sino que bien podríamos decir esa promiscuidad en los lechos -sobre todo cuando sucedía en el interior de las atestadas salas 10 , donde convivían todos los miembros de una, con frecuencia, numerosa familiadesembocaba, por éstas y otras razones en unas condiciones de insalubridad en los corrales de vecinos de las que hablaremos en otros lugares de este trabajo (Punto 1.1.12: Los sanitarios de este primer capítulo Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran, y en el Inventario de la Colección Alfabética del Archivo Municipal de Sevilla (Legajo nº 1270) recogido en el Punto 5.1.2: Inventario de la Colección Alfabética del Archivo Municipal de Sevilla y del Anexo II de esta obra), causa del contagio de enfermedades y de la gran mortandad habida en los mismos durante la mayor parte del siglo XIX y principios del XX Pero si salimos del recinto de las salas y volvemos a los patios de los que estábamos hablando, habremos de referirnos a la clasificación que de los mismos hacen los citados anteriormente Trillo y Martínez (op. cit) y habremos de reconocer que ésta es digna de mencionarse y ser tenida en cuenta pues es una de las más imaginativas y precisas hechas hasta ahora, gracias a la condición de arquitectos de los mismos 11 . Aún así, tampoco nos parece que los argumentos que utilizan para distinguir los corrales de vecinos de Triana de los de Sevilla 9 . Patricia Gaillard-Bans. “Maison Longue et familie étendue en Bretagne”. Études rurales. 62, 1976. École des hautes études en sciences sociales. Mouton-Paris. 10 Término éste utilizado para designar la vivienda correspondiente a cada vecino (o dicho con más propiedad “a cada familia”, puesto que con el llamado “cabeza de familia” se quería significar a toda la unidad familiar), dicho en singular porque la mayor parte de las veces las viviendas sólo tenían una pieza, dada la escasez de espacio que proporcionaban los propietarios a sus inquilinos en los corrales de vecinos; y que seguramente estaría derivado de un concepto más general derivado del salle francés: El sitio donde se dormía ya no era simplemente una “habitación”: ahora era una cámara”. Las habitaciones públicas se seguían llamando salles (de ahí salle à manger -comedory salón), pero el dormitorio era una chambre á coucher. (Rybczynski, p. 95) 11 Paradojicamente, en el caso de los corrales de vecinos no son mayoría sino todo lo contrario los investi-
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 18 - estén demasiado maduros y la distinción algo forzada. Pero debido a su claridad, pasamos a exponer la taxonomía de estos autores, la cual arroja una gran luz sobre el tipo de edifico del que estamos hablando, más adelante, en otro apartado, recogeremos algunas otras de las publicadas hasta la fecha: REFERENCIA TIPOLÓGICA DIRECCIÓN ADARVE c/. Bernardo Guerra, 5 c/. Pagés del Corro, 128 c/. Alfarería, 32 c/. Castilla, 16 COMPLETOS c/. Alfarería, 85 (cerrado) c/. Pagés del Corro, 93 c/. Pagés del Corro, 50 c/. Pagés del Corro, 161 DIVIDIDOS c/. Castilla, 88 c/. Alfarería, 8 c/. Alfarería, 64 NUEVOS c/. Castilla, 7 c/. Alfarería, 138 DEMEDIADOS c/. Castilla, 158 (demolido) c/. Pagés del Corro, 103 MIXTOS c/. Alfarería, 49 c/. Castilla, 58 c/. Castilla, 105 c/. Pagés del Corro, 111 (reformado) (op. cit. p. 176) Para ellos los corrales adarve son “...corrales de una sola planta y sin galerías, que parecen convertir el adarve medieval en una propiedad privada y, al mismo tiempo, colectiva”; los autores siguen con otras características de los mismos y añaden “En estos corrales a la evidencia del pavimento se le une la existencia de un árbol que marca el eje del espacio y gadores que se han ocupado de ellos, siendo arquitectos.
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 19 - posee un carácter urbano” y más adelante “...se observa una escasa unidad de proyecto que pone en evidencia el carácter de calle del corral...” (op. cit., pp. 166-167). Para los mismos autores existen corrales completos y corrales demediados: ...refiriéndonos con ello a aquellos que establecen habitaciones a un lado y otro de la parcela, y a los que, por su estrechez inicial, sólo ocupan un lado de la parcela, enfrentándose a una pared medianera o a una escueta construcción de servicios comunales - lavaderos, tendederos, cocinas y retretes-, siendo estos los tipos que permiten una mayor racionalidad en su adecuación al uso residencial, permitiendo el máximo de prestaciones de todo tipo, con una mínima superficie de ocupación. (Trillo y Martínez; op. cit., p. 167) Los citados autores también se ocupan de los que llaman corrales divididos, los cuales existen para ellos porque “...la profundidad de algunas de las parcelas permite escindir el espacio central en dos, controlando el proyecto el tamaño de estos espacios...” (op. cit). Las otros dos tipos en realidad no necesitan aclaración, pues los nuevos se refieren sólo a la época en que han sido hechos y en los mixtos han incluido a aquellos que a juicio de ellos no encajan en los tipos arquitectónicos descritos anteriormente. No será de poca utilidad tampoco el analizar la etimología de la palabra corral, la cual nos trae evocaciones de aquellos recintos donde viven animales domésticos, donde suele haber mucho ruido provocado por los mismos. En la lengua española, la palabra corral también se utilizó como sinónimo de recinto teatral, en la expresión corral de comedias, sobre todo durante los siglos XVI y XVII, época de apogeo de este género literario hasta que fue prohibido por razones religiosas. Cuando reapareció el teatro ya los recintos en los que se representaban se llamaban teatros también, pero nos sirve de pista la utilización del término corral en estos casos, en los que, además, la configuración física guarda grandes semejanzas con las de los corrales de vecinos que son objeto de este estudio.
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 20 - Si volvemos al asunto de la etimología de la palabra corral no nos parecerá tan sorprendente la coincidencia entre las expresiones corral de vecinos y corral de comedias -el cual se acentúa cuando comprobamos que en ocasiones en la ciudad de Sevilla, los mismos edificios han tenido ambas funciones, tal como parece que ocurrió con el Corral de los Olmos o los situados en el antiguo palacio de Abu Haspues ambos proceden de la expresión latina currale, derivada de currus todo lo cual nos hará poner en cuestión la afirmación de Luis Montoto 12 de que el nombre de los mismos procedía de su comparación con el ruido que producen los corrales destinados a los animales domésticos. Más bien el significado de currus nos lleva a carro o curro a correr lo que significa que procede su significado del sentido de un recorrido alrededor de un estadio en el sentido original. Todo lo cual nos lleva a que corral se refiere a un edificio que corre alrededor de un espacio central semejante a un estadio, Tenemos pues que un corral es un edificio cuyas dependencias corren alrededor de un espacio central, y ese debe ser el significado común que tienen los corrales de vecinos y los corrales de comedias. No obstante, resulta un tanto arriesgado pensar que todavía en el siglo XVI se mantuviera la relación con el significado original y sólo como raíz será explicativo. Si tenemos que la palabra corral, cuando se refiere a recinto para animales domésticos también es un recinto cerrado alrededor del cual corre una valla de alambre, madera o de cualquier otro material, entonces estaremos otra vez en el mismo lugar y podremos regresar a un sitio donde hace mucho ruido. 12 . Luis Montoto y Rautenstrauch. Los corrales de vecinos (Costumbres populares andaluzas). Edit. Ser1. Los restos de un antiguo corral de comedias sobre otros anteriores del llamado palacio de Abu Has.
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 21 - Como no podemos decidir aquí qué significado fue primero, en los corrales de vecinos, si el de lugar en el que la edificación corre alrededor de un espacio central o de lugar con ruido, habremos de inclinarnos por esta doble significación -que afecta también a los corrales de comedias que en su época fueron tenidos como muy ruidosos, un resto de lo cual queda la expresión de “gallinero” para el último de los pisos de los teatros actuales 13 -. A fin de cuentas, los recintos cerrados, con construcciones alrededor que estén habitadas por personas, es normal que sean ruidosos, al proyectarse en ellos toda la actividad que se genera a su alrededor. Recinto cerrado y recinto ruidoso parece pues que son significados que van unidos en el caso de los corrales de vecinos y en la lógica de la habitación humana. Apartado 1.1: El patio en la vivienda Hemos echado pues un primer vistazo sobre la panorámica de los hábitats que pretendemos estudiar en el barrio de Triana de Sevilla, ahora nos dedicaremos a ver qué papel tienen los edificios con patio para el ser humano que los habita y para ello volveremos a hacer retroceder nuestro punto de enfoque para tener una perspectiva más global de esta realidad -la de la viviendade todas las culturas desde que nuestra espacie es tal, y de un elemento que aparece desde que existe al menos la civilización urbana: los patios. Las ventajas de los patios en los edificios son percibidas por muchos y desde diversas culturas se ha intentado utilizar este recurso arquitectónico, tal como se explica extensamente en el libro que se menciona a principios de este trabajo (Rybczynski, (1989 (1986)) 14 y como afirmaba un vecino de un barrio de Madrid cuyo testimonio recogen Villasante y otros (1989) 15 : “Los patios están muy bien, dan oxígeno, se está muy bien en verano... los cuidan los vecinos... han mejorado la convivencia” (op. cit., p. 124) vicio de Publicaciones del Ayuntamiento. Biblioteca de Temas Sevillanos, nº. 11, Sevilla (1981). 13 A lo que nos remite no sólo el ruido sino también, como en el caso anterior, la dimensión espacial, en este caso arriba como los palos de un gallinero. 14 . Witold RYBCZYNSKI. La casa (Historia de una idea). Traducción de Fernando Santos Fontenla. Madrid (1989 (1986)). Edit. Nerea, 253 pp. Edición original: Home (A Short History of an idea). Edit. Viking Pinguin. 15 . T. R. Villasante, J. Alguacil, C. Denche, A. Hernández Aja, C. León e I Velázquez. Retrato de chabolista con piso. Edit. Alfoz. Madrid, 1989.
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 28 - carácter que en el caso de los corrales de vecinos y otras viviendas populares similares. Punto 1.1.5: El revestimiento de las paredes Por lo que respecta al aspecto de los patios en los corrales de vecinos, podemos decir que éste depende mucho del revestimiento con el que estén dotados, ya sea encalado o con loza, con un plinto protector o uniforme en toda su altura. El que se use uno u otro elemento dependerá de las aspiraciones tanto del propietario como de los vecinos y del estatus atribuido a ambos, de forma que mientras mayor sea la calidad de los materiales empleados, mayores se supone que son las pretensiones de estatus de quienes tienen que ver con el edificio. Claro que esa aspiración a utilizar materiales más caros o una mayor complejidad en el revestimiento -y, por extensión, también en la ornamentaciónes un arma de doble filo, puesto que los materiales más caros no serán necesariamente los más adecuados y una mayor complejidad en el revestimiento no significa necesariamente estar acertado ni en el orden estético ni en el práctico. Nos hemos podido encontrar remiendos absurdos en patios, en los que se han colocado azulejos serigrafiados, moda años 60 -como en la Cerca Hermosa antes de su rehabilitación- , o lozas rojas de tamaño superior al tradicional -de 14 x 28 o de 14 x 14, o a lo sumo de 15 x 30 o de 15 x 15con olambrillas al estilo trianero, pero con una tonalidad propia del barro valenciano, como en el caso del Coral de Herrera rehabilitado hace pocos años. Estas adiciones extemporáneas -y poco prácticas pues privan a los patios de la luminosidad del encalado tradicional y resultan de mantenimiento demasiado costoso como para que sea llevado puntualmente por los propios vecinos 19 , sin la intervención de la propiedad-, han 19 Cuya participación y organización del encalado es también una ocasión propicia para reforzar la solidaridad vecinal, al participar todo el vecindario en el mismo, al obligar a los vecinos a limar sus diferencias, sa2. Corral de las Ranas durante su última rehabilitación.
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 29 - sustituido a la luminosidad mencionada y al poder comprobado del blanco para reflectar los rayos solares en los meses de verano, al tiempo que son el contraste ideal para el verde de las hojas de las plantas colgadas -a veces a gran alturaen tiestos o macetas o para la policromía de sus flores, sobre todo en época primaveral. O como en el Corral de Herrera antes citado, al que se le sustituyó su encalado y su zócalo a media altura de pintura de color verde, por los azulejos rojizos mencionados, dispuestos en diagonal y con las correspondientes llagas entre ellos tan a la moda actual. En otros lugares, como el Corral de las Ranas, donde el revestimiento de su zaguán era a base de azulejos “de cuenca 20 ” según la tradición heredada de la cerámica andalusí, pero que tras las últimas obras de rehabilitación y redistribución de los espacios habitables 21 -las segundas en pocos añoshan sido retiradas y sólo han mantenido dos pequeñas hileras verticales de 1 x 5 a cada lado del zaguán lo cual más parece una burla que un deseo de conservar el patrimonio) reduciendo además el tamaño de las fuentes donde están ubicadas las ranas (salvadas de manera milagrosa) 22 . En otros lugares podemos encontrar también cerámicas de interés, como es el caso de la fachada del Corral del Señorito o de un patio denominado el Colegio, en Alfarería 143 (llamado así por ser ésta su primitiva función), aunque con azulejos esmaltados en estos dos últimos casos. Más os que han desaparecido ante la cotización alta que en el mercado han alcanzado estas piezas antiguas de cerámica. De las cuales unas de las que se echa más en falta son los azulejos de “cuerda seca” situados en la fachada del Corral de la Encarnación (a la vez publicitarios 23 y decorativos), del cerrado -a instancias de la propiedad del corralbar de Alfonso. Dichos azulejos -del ceramista Navia de los años 50fueron retirados poco a poco liendo en estas ocasiones a la luz los comportamientos poco integrados, como me manifestaron en su momento vecinos del Corral de los Sombreros sobre una operación de pintura que realizaron en la escalera central del edificio 20 Tipo de azulejo en el que se dejan resaltar con relieve los perfiles de los dibujos para que el espacio entre ellos se quede en una hondonada o cuenca que se rellena de colores esmaltados. 21 Concluidas en 2002. 22 Hemos de destacar aquí el atentado al patrimonio que se ha realizado en este edificio, al cual -por otro ladose le han mejorado mucho las condiciones de habitabilidad de las viviendas, reduciéndolas de 20 a 16. No entendemos, sin embargo la necesidad del expolio al que ha sido sometido, innecesario para mejorar sus condiciones de habitabilidad y tampoco entendemos cómo el Ayuntamiento de Sevilla ha dado su permiso para tal desaguisado, el cual -si hubiera conciencia del patrimonio que suponen los corrales de vecinos. Sería considerado un delito (no obstante, sobre este tema de las rehabilitaciones tendremos ocasión de volver en el Apartado 6.3: El mantenimiento de los edificios. Rehabilitación y restauración. 23 . Alfonso Orce Villar, Juan Rey y Juan Carlos Rodríguez. Anuncios de antaño. Azulejos publicitarios de Sevilla. Edit. Fundación El Monte. Sevilla, 1995. Un valioso estudio sobre las diversas cerámicas publicitarias que todavía se pueden encontrar en la ciudad de Sevilla.
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 30 - por todo aquel que quisiera llevárselos, cuando no se caían solos al suelo fragmentándose en pedazos inservibles; todo ello con la pasividad de la propiedad o de los organismos competentes de Cultura - no olvidemos que está reconocido como Bien de Interés Etnológico por la Consejería de Culturao de la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento. Ha habido también intervenciones acertadas, como es el caso de la realizada en la Cerca Hermosa hace ya seis años, que supuso la eliminación de azulejos serigrafiados en las paredes de algunas viviendas del patio, al gusto de los años sesenta y no acordes con el ambiente general del mismo. Punto 1.1.6: La ornamentación extraordinaria y la exenta Podríamos considerar ornamentación extraordinaria a aquella que supone un hito en cualquiera de los muros del patio y en estos casos, la cerámica presente en los corrales no se refiere ya a un revestimiento general de los muros sino a motivos ornamentales concretos con un alto valor simbólico, de los cuales hemos podido recoger numerosos testimonios gráficos. Entre estos motivos ornamentales tenemos uno que incluso da nombre al corral en el que se halla situado, nos referimos al de la Virgen del Rocío de la calle Pagés del Corro y que está ubicado al fondo del patio de dicho edificio. Esta ubicación de imágenes religiosas al fondo del patio, cuando en dicho fondo hay una pared propicia lo suficientemente amplia para colocarlas en ellas. En estos casos están, por ejemplo, el Corral de los Corchos, recientemente el Corral de Herrera, el Corral del Naranjero -en su piso principal-... entre los que nosotros conocemos. También se pueden encontrar figuras religiosas en el zaguán de entrada, como en el caso de la Cerca Hermosa. Pero también se pueden dar otras iconografías diferentes a las religiosas, siendo las más frecuentes de estos otros casos las de los azulejos conmemorativos de algún premio recibido por el corral, entre los que se llevan la palma el Patio de las Flores, la Cerca Hermosa y el Corral del Naranjero, todos los cuales se han llevado primeros o segundos premios de pasados concursos de exorno convocados por el Ayuntamiento de Sevilla.
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 31 - También se pueden dar otro tipo de conmemoraciones, como la que se rememora al final del patio del Corral de la Encarnación, con motivo de su rehabilitación en 1999. En estos casos de iconografía dotada de algún tipo de simbolismo podemos decir que se encuentran, por un lado, elementos de protección como el de las imágenes religiosas, pero también de identificación en estas mismas imágenes -como en el caso de la virgen del Rocío tan evidente que hemos mencionado-. Por otro lado, estos iconos son elementos en los que se simboliza la solidaridad de los vecinos y el éxito en una labor de equipo, como en los casos de azulejos conmemorativos de premios. Finalmente, los azulejos del final del patio del Corral de la Encarnación podemos también considerarlos como conmemorativos, pero en este caso como resultado de una labor reivindicativa. Quiere todo esto decir que las distintas iconografías que podemos encontrar en los patios y corrales de vecinos no están colocadas en esos lugares al azar y que, por lo tanto, no se puede aplicar a las mismas la ley conmutativa de colocar en un edificio o en otro como meros elementos decorativos. Al ser iconos provistos de significado, de gran valor para la comunidad que los ha hecho poner ahí o que los ha adoptado como propios, son imprescindibles donde están, de igual modo que otros elementos colocados en restauraciones apócrifas con una mentalidad kitch no son sino elementos extraños que privan de significado el espacio que pretenden decorar. 3. Azulejos colocados no el interior sino en la fachada del patio de vecinos conocido como El colegio, del que en septiembre de 2002 aún se conservaba esta reliquia de los azulejos que el Ayuntamiento de Sevilla hizo colocar en los colegios de titularidad municipal, a principios del siglo XX.
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 32 - Por lo que se refiere a la ornamentación exenta, podemos encontrar principalmente las dos fuentes del Corral de la Ranas, el pilón del Corral de la Encarnación o el antiguo del Corral de Herrera desaparecido, entre los fijos al suelo y los grandes maceteros que podemos encontrar en otros patios como la Cerca Hermosa, El Jardinillo o el Corral de la Encarnación, etc., entre los móviles. Punto 1.1.7: El alumbrado Otros elementos menores a tener en cuenta en los corrales y patios de vecinos son los relativos al alumbrado de los mismos. Dicho alumbrado era a principios del siglo XX, como mucho, una pequeña bombilla a la entrada de los mismos y de antes de eso ni siquiera tenemos noticia. En la actualidad, el alumbrado de los pocos corrales o patios rehabilitados o que se mantienen en buen estado es cada vez más sofisticado, llegándose a alumbrados tan recargados como el del Coral de Herrera, con farolas de gran porte, dotando de iluminación casi escenográfica al mismo. En esta línea escenográfica está la iluminación del Patio de la Flores, la cual llama la atención desde hace años -por lo menos desde los años 80aunque con más fortuna en su elección que la del caso anterior, quizás porque en este caso fueron los mismos vecinos los que participaron en conseguir su instalación o porque fue una entidad pública como el Ayuntamiento la que lo llevó a cabo. En el otro extremo de la sofisticación están la iluminación con que se ha dotado al Corral de la Encarnación, con pequeñas luces encima de la puerta de cada sala. Es quizás ésta la solución más acorde con el tipo de vivienda que son los corrales de vecinos, porque aporta la suficiente luminosidad y porque no atenta contra el necesario ambiente de intimidad que requiere un lugar donde se reside. Y no es que creamos que los corrales de vecinos no deban incluir elementos arquitectónicos u ornamentales contemporáneos para su rehabilitación o mantenimiento, sino que esa inclusión no puede hacerse a la ligera y sin dejarse llevar demasiado por los gustos espúreos impuestos por el mercado inmobiliario, ni tampoco dejando que se deterioren aquellos que por su antigüedad o valor artístico contribuyen a hacer más habitables estos edificios y a valorizarlos.
Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran - 33 - Punto 1.1.8: Las azoteas 24 Otros elementos físicos de los corrales de vecinos son las azoteas y los umbrales de entrada. En el primero de los casos ya no estaremos hablando del cubrimiento del patio en el más estricto sentido, sino del cubrimiento de su parte habitable, la de las viviendas. En el ámbito rural andaluz y en la misma Sevilla hasta el siglo XIX eran predominantes los cubrimientos de los edificios a base de tejados a dos aguas, de acuerdo con las características climatológicas de la zonas en la que viene bien lo mismo la cámara de aire -que se forma entre el tejado y la horizontal del techo y el tejadoque aísla de los calores en los meses más secos del año que el talud del tejado que facilita el deslizamiento del agua en los meses lluviosos de Otoño o Primavera, y de paso ese espacio creado sirve como almacén para los productos del campo en su caso o como desván en el otro. Sin embargo, a finales del siglo XIX se comienzan a imponer las azoteas, ya sea como recurso para obtener más superficie habitable o ya sea porque las antiguas funciones del “soberao” o del desván se cubrían de otra manera o no era necesario cubrirlas. Aunque puestos a relacionar quizás podríamos encontrar razones en el aumento del vestuario personal que podría motivar la necesidad de mayores superficies para el soleado y secado de la ropa, cuando no se hacía en las inmediaciones de los lavaderos. 24 Término derivado del árabe stah, lo cual nos hace situarnos en el origen andalusí de dicho elemento arquitectónico. Testimonio gráfico de esta realida podmeos encontrarlo en los documentos gráficos que se conservan de la Sevilla de finales del siglo XIX, en los que la misma plaza de San Francisco aparece repleta de edificios con cubiertas de tejados a dos aguas. En el caso de los corrales de vecinos trianeros se observa la misma evolución que en el resto del caserío sevillano: la mayoría de los corrales actuales tiene una azotea y sólo persisten tejados en el 3 de Pagés del Corro, en el Corral de la Encarnación en la misma calle, pero a una sola agua y de “Uralita” (aunque era a dos aguas y de tejas antes de su “rehabilitación”) y algún resto en el Corral del Jardinillo y el Corral de los Fideos. Que nosotros recordemos también en el Corral del Zapatero había tejados a dos aguas. No obstante, en el entorno de Sevilla, hemos podido encontrar testimonios abundantes de patios de vecinos con tejados a dos aguas, como por ejemplo en Palma del Río (provincia de Córdoba) y Vejer de la Frontera (provincia de Cádiz). Entornos ambos que tienen aún mucho de rural, aunque no debemos olvidar que los corrales o patios o casas de vecinos (según la distinta terminología que se use en cada lugar) se dan preferentemente en entornos urbanos,
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 34 - aunque sea en pequeñas ciudades de economía fundamentalmente agraria: quiere decir esto que no los encontraremos en aldeas o pequeños pueblos donde la presión sobre el suelo sea pequeña o el sentido colectivista de las ciudades quede oculto por el individualismo de los pequeños agricultores. De cualquiera de los modos, las azoteas pasaron a la iconografía popular de finales del XIX y primera mitad del XX. En ellas los vecinos de los corrales que las tenían dormían en las noches de verano de mucho calor -aliviando con eso también el exceso de personas en unas salas tan pequeñase incluso celebraban festejos también 25 . Como reflejo de la importancia de las mismas, los hermanos Álvarez Quintero recogieron en sus piezas teatrales varias escenas en las que el marco eran azoteas. En algunos casos, los lavaderos se situaban en dichas azoteas, por lo que las mismas pasaban a recoger las funciones de aquellos en cuanto a lugares de sociabilidad y de intercambio entre mujeres. Entre estos casos quedan testimonios en el Corral de la Virgen del Rocío, el Corral del Señorito, el Corral de la Encarnación y el Corral de los Sombreros como ejemplos de aquellos que hemos podido conocer y visitar personalmente. Así pues, cambian los caracteres de dichas azoteas con el añadido de los lavaderos, los cuales dotan de mucha más vida a las mismas, con el aliciente de estar ocupada durante más tiempo que las que sólo sirven de techumbre o para tender la ropa, aparte de algún otro uso ocasional. Punto 1.1.9: Las escaleras Y para acceder a las azoteas o a los pisos superiores -en los casos de corrales o patios de vecinos con más de una plantaestá un elemento arquitectónico tan imprescindible como la escalera, la cual condicionará la estructuración del espacio en el edificio según que esté situada al fondo del mismo, discretamente en uno de sus laterales o en el centro del patio dividiendo al corral en dos, como se da en algunos casos trianeros. En el primero de los casos podríamos encontrar el Corral de la Encarnación, el pequeño corral de Paquita -una propietaria enamorada de su patio-, en Alfarería 63, cuya escalera exenta dominaba todo el fondo del patio -con un aire primitivo que hemos visto también en el patio sede de la Asociación de Amigos de los Patios cordobeses-, al fondo del Corral del Naranjero, a modo de mirador hacia la puerta de entrada del edificio. En el segundo están casi todos los que conocemos, ya sea a la izquierda o a la derecha del eje de entrada. A la izquierda del eje están las escaleras de 25 Información que hemos tenido ocasión de recoger, por ejemplo, en el Corral llamado de la Virgen del
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 35 - corrales como el de Herrera -cuya forma original fue tan modificada en la última reforma que levantó las críticas del arquitecto Juan Luis Trillo-, el Jardinillo -a una pequeña azotea-, el Patio de las Flores -a otra pequeña azotea-, la Casa Quemá, el Corral de Sánchez... Con escaleras a la derecha del eje podemos encontrar el Corral de las Ranas -aunque al centro mismo del patio, dividiéndolo en dos mitades de iguales dimensiones-, en el desaparecido 26 corral de la Casa Alta, cuya empinada y sinuosa escalera estaba muy al principio del mismo, junto a la casa-tapón; o el llamado Patio de Monipodio, en la calle Betis 59, supuesto escenario de las correrías del personaje cervantino, aunque el edificio parece ser del siglo XVIII: su escalera en el costado derecho del claustro que rodea al patio es la más suntuosa de las trianeras, incluso sin los cuadros y murales eliminados de la misma con el transcurso de los tiempos. A esta suntuosidad también contribuye el ventanal que la remata en su primer descansillo. No obstante, el último tramo de escalera tiene otra ubicación y es mucho más modesto que el anterior. Tampoco podemos olvidar las escaleras más secundarias, generalmente de acceso a la azotea, más oscuras y menos transitadas que las conducen a las plantas habitadas de los edificios, pero no menos importantes. Incluso podemos reseñar un caso de una escalera vallada por una pequeña reja, como señal de que el último piso del corral -en realidad sólo un ala de ese edificioestaba reservado para un par de vecinos que mantenían una especial relación de amistad entre las dos familias, si bien la razón que presentaban para justificar su presencia es que dicha reja estaba colocada allí para que no se escapara el perro. Nos referimos en este caso al Corral de los Sombreros. En el centro del patio, hacia su mitad o en su fondo, de forma exenta o integrada, con pasarelas entre cada costado del corral, ya sea en el primero o en el segundo piso, las escaleras son elementos de relación de las distintas estructuras del corral y no sólo a nivel físico sino también como soporte de relaciones sociales en las mismas. En las escaleras, las vecinas pueden hacer una parada al regreso de la compra diaria, pero también puede ser el momento de encuentro de los vecinos para tratar algún asunto que ataña a todos. De estos elementos de relación, de las distintas estructuras y planos, de los patios y corrales de vecinos, hemos podido apreciar una gran variedad que demuestra, por un lado, la riqueza arquitectónica de los mismos derivada de la gran vivacidad que tuvieron en su momento; por otro lado, también son muestra de la gran diversidad de situaciones y necesidades Rocío, en la calle Pagés del Corro.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 36 - diferentes planteadas y resueltas arquitectonicamente, debido a la complejidad de una situación social difícil (y quizás por ello) pero rica en matices. Punto 1.1.10: Los umbrales de entrada Cuando traspasamos el umbral de la casa nos encontramos no en uno, sino en una multiplicidad de espacios a la vez. Si la casa se constituye en esfera femenina, la calle masculina; si aquella en dentro, ésta en afuera; si en privada la primera, en pública la segunda; cuando la vivienda es concebida com ámbito familiar, nada más salir nos hallamos en el marco del vecindario [...]. Éste puede ser indistintamente identificado como una proyección del espacio interior de la vivienda, como una esfera que se interpone entre la casa y la comunidad, como la calle, entendida como accidente urbanístico o, en un sentido más amplio, como el pueblo o como territorio extraño y ajeno. (Sánchez Pérez 27 , p. 139) Pero desde el punto de vista más observable, este otro elemento de los corrales de vecinos que debe ser tenido en cuenta tiene unas características que han de ser analizadas antes de su interpretación Porque hablamos en este trabajo de las distintas partes del patio y del distinto significado que tienen los diferentes espacios del mismo; incluso se ha considerado el papel de la parte más próxima del patio a la calle, a la vez como acceso y como barrera para las ingerencias exteriores -de modo semejante a como ocurre con otro tipo de viviendas-. Pero no debemos olvidar que para acceder al patio se ha de pasar en muchos casos por un umbral, que no existe en todos los casos pero que su abundancia nos hace tenerlos en cuenta a la hora de hacer un análisis semiótico o proxémico de los espacios del corral. En primer lugar, debemos decir que los umbrales -que en las viviendas unifamiliares adquieren el nombre y características de zaguánlos podemos encontrar generalmente en los corrales más urbanos -de esos que hemos dicho que han perdido sus tejados a dos aguas, con crujías que transcurren de forma paralela a la calle 28 - que tienen ante sí una casa tapón; puesto que dicha casa ha de dejar en su planta baja un pasadizo que permita acceder al corral propiamente dicho. En otros lugares, sobre todo los de corrales o patios de vecinos edificados 26 Desalojado el 14 de mayo de 1999. 27 . Francisco Sánchez Pérez La liturgia del espacio. Casarabonela: un pueblo aljamiado. Edit. Nerea. Madrid, 1990. 28 Al contrario de los de Palma del Río, que hemos podido comprobar que los mantienen en su inmensa mayoría.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 37 - durante la época de preponderancia del regionalismo, a principios del siglo XX, los zaguanes se construían invariablemente a la entrada del edificio y entre estos casos podemos citar: el Corral de las Ranas, el Corral de los Corchos, el Corral del Señorito, el Corral de Sánchez, Casa Quemá, el Corral de Herrera, Villa Troya, la Casa Alta...; mientras que entre los que han añadido un pasadizo por causa de la edificación de la casa-tapón podemos citar a los siguientes: Corral de la Encarnación, Corral de la Galocha, Pureza 98 -muy transformado tras unas obras recientes-, la Casa Grande -desaparecido hace dos años-, Corral del Naranjero, Corral de Mensaque (llamado por los vecinos de la Peste), Patio de las Flores, la Cerca Hermosa, Corral del Pileño, Corral de Sánchez, el Corral de los Fideos... De tal modo, apenas si podemos citar, entre los que no tienen ni el zaguán de los edificios enterizos ni el pasillo bajo la casa-tapón de los edificios construidos en dos periodos, a algún corral como el Jardincillo donde, debido a su antigüedad, se pasa sin solución de continuidad de la calle a la casa, quedando a la vista de todo el que pasa los encantos del mismo. Seguramente, el comienzo de los corrales de vecinos debió ocurrir sin que hubiera en los mismos ningún tipo de transición hacia el patio interior, como reflejo de que la génesis de los mismos estuviera en los antiguos adarves cerrados con una simple verja 29 sin más preámbulo antes de ingresar en la calle que cerraban y, posteriormente ocurriera esto mismo en los patios que son sus herederos. Y esta ausencia de transición en el límite entre la calle y el interior del corral de vecinos seguramente tendrá que ver también con un estadio evolutivo anterior de los mismos, en el que la distinción entre lo privado y lo público no tenía la intensidad que ahora: periodo actual en el que el referido umbral se refuerza con la aparición de los porteros electrónicos o con el cierre de la puerta durante el día, cuando en el periodo “histórico” de los corrales de vecinos ésta no se cerraba sino durante la noche y para eso algunas veces se dejaba sin cerrar, por culpa de vecinos olvidadizos. Punto 1.1.11: Las puertas de entrada Otro paso más en el progresivo distanciamiento entre el corral de vecinos y la calle lo podemos encontrar en la mayor o menor opacidad que pueda tener la puerta de entrada y hasta en lo grueso de los materiales empleados. 29 De los cuales hemos podido encontrar todavía hoy algunos en la ciudad de Ronda, en la provincia de Málaga.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 44 - Así pues, unos cambios de tal entidad debían tener una importancia básica en el proceso de transformación de los hábitos en el uso del espacio, pero también en la forma de concebir al mismo y a las relaciones interpersonales. El poderse asear en casa o fuera de ella se convierte ya en el siglo XIX en algo que distinguirá a unos edificios de otros y a un vecindario de otro: unos tendrán la vitola de la modernidad y de la comodidad 36 y otros del atraso y de lo poco privilegiado; aunque como vemos aún se desarrollará después el concepto de confort que practicamente será el equivalente en vivienda de lo que en economía sería el desarrollismo: La noción de comodidad queda muy impregnada del modo de vida tradicional a la inversa de la noción de confort que, ésta, es más radicalmente signo de modernidad y puede entrañar modificaciones más profundas de las prácticas. (Martyne Perrot 37 , p. 11) Porque ese concepto de confort hubo de esperar a que se pasara del interés por la apariencia, como símbolo de estatus, al interés por las condiciones en que se vivía realmente, puesto que ya el poder no lo daban los títulos honoríficos o la aparente grandiosidad con que se vivían, sino que ahora, principalmente, el poder estaba en función de la mayor o menor cantidad de dinero de la que se disponía. No hacía falta pues alardear sino ocultar lo que se poseía, no fuese a ser que dicho dinero fuera sustraído o despertara excesivas envidias. En todo caso el alarde se reservaba para ocasiones muy concretas: [...] la arquitectura de las habitaciones había sido la de las fachadas, dada la vuelta. Hasta el rococó no pudieron arquitectos como Blondel especializarse en la “decoración de interiores”. Ello aceleró el confort doméstico y, a la larga, permitió los cambios que seguirían. (Rybczynski, p. 98) Por estos motivos podríamos decir que si el concepto de comodidad marcaría la diferencia entre corrales y patios, el de confort, ligado plenamente a la época de dotación de los electrodomésticos en las casas (en el entorno que estudiamos en esta tesis), supondría un salto cualitativo hacia otro tipo de vivienda, los bloques de pisos, en los que se aíslan a las familias unas de otras a cambio de tener las instalaciones eléctricas mínimas y los desagües lo suficientemente amplios como para poder recoger las grandes cantidades de agua de las lavado36 Otro concepto de la época junto con el de confort: Witold Rybczynski (op. cit.). 37 . Martyne Perrot. El cuerpo y la casa. Higiene, limpieza, comodidad, confort (La corps et la maison. Hygiène, propreté, commodité, confort). Ethnologie française. Revue de la societé d'ethnologie française. N.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 45 - ras y duchas primero y posteriormente las de los lavavajillas, sin tener que recurrir al varillero constantemente como ocurre en los corrales de vecinos cuyos desagües con poca luz 38 son incapaces de acoger el moderno consumo de agua. Si bien hemos de reconocer que dicho concepto del confort fue tomado bastante tardiamente en el entorno que estudiamos y practicamente en toda España, excepto para las capas de población más favorecidas, entre las que estaba naturalmente la burguesía industrial del norte y centro de España y la burguesía aristocratizada del sur. Así ocurrió también en el resto de Europa, sólo que con una diferencia de al menos cuarenta años, si nos atenemos a lo que podemos deducir de lo que nos dice Witold Rybczynski (op, cit) en el siguiente párrafo: El confort no sólo ha cambiado cualitativa, sino también cuantitativamente: se ha convertido en un producto de masas. A partir de 1920, especialmente en los Estados Unidos (algo más tarde en Europa), el confort en la casa deja de ser el privilegio de una parte de la sociedad y estuvo al alcance de todos. Esa democratización del confort se ha debido a la producción en masa y a la industrialización. (Rybczynski, p. 223) Claro que esa demanda del confort, que en la época del desarrollismo se ocupó bien el Régimen franquista en difundir, es e confort al que se inducía las clases populares para que lo demandara, era un confort de andar por casa, con viviendas que raramente excedían los 50 metros cuadrados y que apenas si superaban el algo la extensión de las que anteriormente habían disfrutado los vecinos. Y todo ello a cambio del desarraigo del barrio de toda la vida, y de un modo de vida para el que estaban adaptados por haber contribuido a formarlo durante generaciones. Vemos de este modo cómo los valores referidos a los modos de habitar que circulan en cada época influyen de algún modo en cómo escogen residencia los participantes de ese sistema de valoserie T. 11, nº 1. Enero-Marzo, 1987. CNRS -- Centre d'ethnologie sociale et de la psychologie. 38 Anchura de la tubería. 5. Evacuación de los vecinos del Corral de los Judíos el 30 de enero de 1970. Fotografía del archivo personal de Gregorio Cabeza, por entonces director de la Secretaría de Viviendas y Refugios del Ayuntamiento de Sevilla.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 46 - res, los cuales siguen esa vía bien por elección directa o por la vía de oponer menor resistencia a ser trasladados. Así pues, de cómo realicen su tarea propagandística los grupos interesados en cada época por ubicar a los colectivos sociales más dependientes de ellos en los lugares que les interesa, dependerá el éxito de dicha reubicación. Y planteamos la cuestión de esta manera tan general porque no creemos que sea éste un fenómeno reciente, puesto que posiblemente muchos de los “reasentamientos” o procesos de colonización se han producido por la presión física o ideológica de las clases poderosas de un país sobre sus clases dependientes, para que éstas propaguen, en su nombre, el poder que detentan en su país de origen (y de este modo podríamos explicar seguramente la mayoría de las expansiones colonizadoras). En el caso de los corrales de vecinos hizo falta también convencerlos de que era mejor el sitio al que iban que el del que provenían, al menos para reducir algo la resistencia que podían ejercer los vecinos. Quizás la estampa resignada de los vecinos cargando sus enseres personales en los camiones, durante las décadas de los sesenta y los setenta 39 fue posible gracias a este convencimiento provocado por la propaganda “modernizadora” de los poderes públicos y privados de entonces. Propaganda que no podía estar relacionada mas que con la Sociedad del Bienestar, a la que tenía como meta acceder el Régimen, o por lo menos los ministros “tecnocráticos” que fue incorporando durante la época. En efecto, para que los planes propagandísticos de los gobiernos de entonces tuvieran éxito era necesario que la apariencia de las ciudades y pueblos fuera otra de la que habían tenido hasta entonces. Con este objetivo diseñaron diversas estrategias entre las cuales podríamos citar las de incentivar el exorno de pueblos y barrios con diversos concursos o premios - 39 De las cuales es paradigmática la conocida de finales de enero de 1970, de los vecinos del Corral de los Judíos, a lo largo de la calle Castilla que se incluye en esta página. 6. Chiste aparecido en ABC en 1970, ilustrativo de la presión urbanística que se cita en el texto.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 47 - testimonios de los cuales podemos encontrar hoy en día en diversos corrales en forma de placas de azulejos que los acreditan como ganadores de los mismos en diversos años y eventos-, la utilización del aparato de propaganda -como el cine, la radio, la recién estrenada televisión, etc. que ya estudiaremos más adelante en este trabajo, en el Apartado 13.2: Las otras mediaciones: la literatura, el teatro, el cine, la música...- o el desplazamiento masivo de las capas más desfavorecidas de la población a las periferias de las grandes ciudades, lugares a los que no se les ocurría -ni se les ocurreir a ningún turista ni a ningún visitante extranjero que hubiera que impresionar. Pero también había que convencer a los desplazados de que esa idea del confort estaba muy en relación con el “bien” “estar” que se les pretendía vender. El paso siguiente fue persuadir a amplias capas de las sociedad de que ese “bien” “estar” no podía ser mas que físico y que la red de relaciones sociales y de intercambios (comunicación interpersonal) de que disfrutaban hasta entonces no contribuía en nada a ese “bien” “estar. Para lograr todo esto hizo falta que los conceptos individualmente hedonistas de la comodidad y del confort se impusieran; y que se sustituyeran las actitudes colectivistas (predominantes en las viviendas colectivas obreras) por otras individualistas. Una vez conseguido todo esto ya estaban puestas las bases de la sociedad de consumo que se pretendía imponer... y se impuso: El confort es el “bienestar”, pero el descubrimiento de esto no fue posible mas que marcando la diferencia con el pasado. (Martyne Perrot; op. cit. 11) Esta búsqueda del bienestar tendrá además como consecuencia la aparición de paradojas que no lo son tanto cuando se las analiza pero que han de ser observadas con detenimiento, como es el caso del aumento del número de habitaciones disponibles para cada familia cuando el número de hijos va descendiendo, caso ilustrado por el francés Philippe Bonnin 40 en su ámbito geográfico, pero que se podría aplicar igualmente a nuestros corrales de vecinos en los cuales sus habitantes tenían hijos en un número hoy día inimaginable para una o dos salas a los sumo: Vamos, por esto, a reexaminar cómo son vividas las principales fases de esta reorganización de la casa: de la cohabitación a los primeros signos de la separación, después a su cumplimiento. Lo decimos enseguida, nos fuerza a constatar que la aparición del dormitorio no responde a la emergencia de una necesidad de espacio: es por el contrario, 40 . Philippe Bonnin. “La reinterpretación de las estructuras espaciales (La réinterprétation des structures spatiales)”. CNRS -- Centre d’ethnologie et de psychosociologie. Ethnologie française. Revue de la Societé d’ethnologie française. Serie T: 11, nº 1 Enero Marzo.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 48 - como nos han demostrado los datos estadísticos, en el momento mismo en que la población familiar decrece cuando el número de habitaciones aumenta. (Philippe Bonnin, p.17) Posteriormente, los mismos vecinos pasaron a sentir la necesidad de tener al menos una habitación por hijo en sus nuevos lugares de residencia, debiendo pasar previamente por una nueva valoración de sus necesidades de espacio que no hubiera sido posible si no hubiera mediado 41 la intervención de nuevos modelos culturales difundidos por los detentadores del poder de hacer cambiar la ideología en materia de espacio de la población, puesto que: Hasta el siglo XVIII, el interior se concebía como una sola pieza. Blondel había diseñado habitaciones rococó como entidades singulares: paredes, muebles y complementos juntos. Lo mismo hicieron arquitectos georgianos como Robert Adam y Jhon Nash. Después, los interiores fueron resultando de la labor conjunta de arquitectos, tapiceros y ebanistas (no siempre de acuerdo entre ellos). Pero a mediados del siglo XIX los tapiceros, a los que ahora se llamaba decoradores de interiores, estaban adoptando la responsabilidad en exclusiva por todo lo relacionado con el interior de la casa. (Rybczynski, p. 153) Y para que esto fuera aceptado, fue preciso no sólo que variara la percepción de lo que es necesario, a través de que se sintiera como tal algo que se considerara antes como superfluo - proceso que, para bien o para mal, la sociedad consumista ha sido maestra en manejarlo-, sino que también fue preciso que se divulgaran las ideas higienistas que interesaban divulgarse y que, otro factor más, se considerara la cohabitación no sólo de habitación sino también de lecho, de padres e hijos -de uno y de otro sexocomo promiscua. Es decir, que se unieran moralmente cohabitación y promiscuidad; procedimiento mediante el cual lo que es un hecho puramente físico, más o menos incómodo o insano, se convierte en algo censurable desde el punto de vista moral. Se ha alcanzado de este modo el punto más sofisticado del complejo cultural: el sistema de valores: Esta cohabitación nocturna es pues la perfecta correlación del edificio social tradicional, donde los dueños de la casa jugaban el papel de transmisores y de garantes de los valores y de la cultura. Como repartían las tareas, repartían las camas. Como repartían el bien hacer manual, repartían el bien hacer social. Sólo es que bajo la influencia de los ataques exteriores esta práctica positiva del calor familiar se escurrirá enseguida bajo la versión peyorativa de la “promiscuidad”. (Philippe Bonnin; op. cit. p. 19) Y este mismo autor atribuye este desarrollo e imposición del concepto de promiscuidad a 41 Nos retrotraemos aquí al concepto de mediaciones de Martín Barbero del cual hablaremos más adelante, en el Punto 5.2.4: La televisión del Apartado 13.1: Repercusión, en los medios de comunicación, de estos tipos de vivienda y/o vida, situado en el Capítulo XIII: La mediación en los media y la construcción simbólica de la realidad de los corrales de vecinos.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 49 - los higienistas del siglo XIX: Los higienistas, inventores de la promiscuidad Este fue sobre todo el movimiento higienista de finales del siglo XIX quien precisa estos ataques, cuyo discurso ideológico y moral marca la voluntad de sometimiento de las clases trabajadoras a los modelos de la burguesía ciudadana. (Philippe Bonnin, op. cit., p. 19) Y es que no podía ser de otro modo, pues el individualismo -apoyado en sus argumentos por el evidente riesgo para la salud que suponía el hacinamiento de las ciudades, que había dado lugar a tantas epidemias en Europa, desde la Edad Media sobre todotenía que ser aportado por la clase social que lo abanderaba. También las consecuencias físicas de dicho individualismo: el aislamiento corporal ante los otros debía de seguir, en consecuencia, el mismo camino que había seguido la ideología. El círculo se cerraba y la clase que había obtenido el poder se disponía a hacerlo prevalecer 42 , utilizando fórmulas que, eso sí, se basaban en costumbres anteriores. De este modo, en los refugios sevillanos se volvió a hacinar a la gente so pretexto de liberarlas del hacinamiento anterior y del peligro de derrumbe, estando las familias separadas entre sí por cortinas tal como ocurría en otros medios culturales, por ejemplo el francés de principios del siglo XX: “Había dormitorios, pero era un sólo dormitorio; pero al comienzo se dividía por cortinas y a continuación se hacía un cerramiento de ladrillo”, (Philippe Bonnin; op. cit. p. 20) Así pues, llegó un momento en que las familias (en unos medios socioculturales antes y en otros después como en el que es objeto de nuestro estudio) ya no aceptaban esos dormitorios únicos y ello -que ya de por sí era producto de un creciente desarrollo del individualismo, además de un suficiente desarrollo de las fuerzas productivas como para que mayores capas de la población se pudieran permitir más de una pieza por familiaprodujo una exaltación de la individualidad dentro de cada familia, provocando fenómenos como la emancipación d e la mujer, posteriormente de los jóvenes... en un gran proceso retroalimentado en el que resultaría difícil saber qué fue antes -o qué fue causa de qué-, si es que eso fuera necesario de alguna 42 Lo que no evitó, en el caso de Sevilla, durante la crisis de los refugios de los años 60 y 70, que se obligara a la población desahuciada (muchos de ellos de corrales de vecinos) en dichos refugios -de los que se habla más adelante en este trabajoa vivir en la más absoluta cohabitación, sino que incluso muchas familias compartían una única nave habilitada al efecto, actuando como única separación una cortina entre cada unidad familiar. Doble moral apenas disimulada por los lamentos de la época acerca de lo difícil que era solucionar el problema
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 50 - forma. Aunque para nosotros se nos queda de interés el comprobar una vez más la relación existente entre modo y formas de habitar y modos de pensar y sistemas de valores de la sociedad en la que se asientan los primeros. La multiplicación de dormitorios no sólo indicaba que ahora se dormía de forma diferente a la de antes, sino una nueva distinción entre la familia y cada miembro de ella. En la casa las actividades estaban separadas verticalmente; las públicas abajo, las privadas arriba. (Rybczynski, p. 118) Sin olvidar otro tipo de razones que, en diversos momentos, también han podido ser argumentadas y que, en cierto modo, poseen cierto grado de peso, como son las que aduce Pezeu-Masabuau 43 en el siguiente párrafo: [...] las pacientes investigaciones de los Chombart de Lauwe 44 establecían con precisión, para el caso de un sector de la población francesa en la década de los cincuentas, una relación inquietante entre el número de metros cuadrados habitables pro ocupante (oscilando en ese caso los límites críticos entre los 10 y los 14 m2 y la aparición o el progreso de varias formas de patología social (enfermedades, criminalidad, alcoholismo). De una manera parcialmente independiente de las normas de “superpoblación” propias de cada sociedad, parecen existir límites mínimos de este lado de los cuales el individuo y la familia sufren una degradación provocada directamente por el alojamiento que ocupan. Cita en la que la tremenda precisión nos sugiere encontrarnos ante una muestra de ingenuismo neopositivista al que le costaría trabajo explicar cómo los hábitats que estudiamos en esta obra lograron sobrepasar los límites de espacio mencionados con bastante dignidad. Y volviendo al asunto que nos ocupaba del proceso de paso por diversos conceptos a medida que se iba desarrollando la ética y la ideología de la nueva sociedad consumista hubo de darse a base de una reinterpretación de los modelos culturales dominantes desde la perspectiva de los viejos modelos, ahora ya en proceso de caer en desuso porque ya no eran útiles para los autores de dichos modelos dominantes: Por reinterpretación entendemos esta forma particular de retraducir la norma en el lenguaje familiar de las prácticas de cada uno, instituyendo, durante un momento completo al menos, procedimientos específicos de consumo de los modelos culturales dominantes. de la vivienda en Sevilla. 43 .Jacques Pezeu-Massabuau. La vivienda como espacio social (La maison: espace social). Edit. Fondo de Cultura Económica. México, 214 pp. (1988). 44 Nota del autor: Paul Chombart de Lauwe. Famille et habitation. París, CNRS, 1959. Véase también Anatole Kopp, Changer la vie, changer la ville, París, UGE, 1975. Consistentes unicamente en un agujero circular que iba directamente al pozo negro del corral y que, en la actualidad va al alcantarillado general.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 51 - (Martyne Perrot; op. cit, p. 13) Esta retraducción no ha sido fácil para los habitantes de los corrales de vecinos -tanto para los que se fueron como para los que se quedaron-, y prueba de ello es que muchos de ellos se han resistido o a utilizar sus nuevas residencias de manera diferente a como utilizaban sus espacios cuando vivían en los corrales, dejando abiertas, durante la mayor parte del día, las puertas de los nuevos pisos, sobre todo; o resistiéndose sobre manera a abandonarlos -caso de los que han seguido viviendo en los mismos, a pesar de las muchas penalidades sufridas por ello-. Porque la realidad, lejos de ser hechos “objetivos” directamente observables y describibles se percibe a través de símbolos que son interpretados según la particular condición de cada uno y de la cultura en la que esté inserto. Pero volviendo al tema de los sanitarios, y dentro del ámbito de los corrales de vecinos propiamente dichos -es decir los que tenían sanitarios colectivos en vez de por familia como en el caso de los patios de vecinoslos habrá que tendrán uno o varios retretes por plantas - como el Corral de los Sombreroso los que tengan uno sólo y no ser éste más que una o varias tazas turcas como en el Corral de los Fideos. Por supuesto que la ubicación de estos retretes siempre se realizaba en lugares un tanto apartados del tráfico de personas habitual por razones bastante evidentes y ello marcaba una jerarquización más del espacio, en oposición a otras zonas consideradas “más limpias” -como las de la alimentacióny a otras con mayor rango simbólico -como las implicadas en las relaciones sociales-: Se patentiza así la tendencia a ocultar los espacios en donde se desarrollan acciones relacionadas con las funciones fisiológicas, pero también que dichas funciones, la relativa a la higiene y la de la alimentación, son consideradas con significados opuestos, y que están categorizadas como antitéticas con respecto a los contenidos con los que están connotadas las piezas situadas junto a la calle. (Sánchez Pérez; op. cit., p. 64) Y en el subsuelo de toda esta realidad un tanto nefanda -al menos a nivel simbólicoestaba otra realidad aún más sórdida que era el desagüe de todas esas inmundicias, asunto éste que afectaba en gran medida al bienestar de la población en general, principalmente en lo relativo a su salud y a la, por desgracia, alta mortalidad de la misma, sobre todo de los niños. Nos referimos a los pozos negros: método utilizado de manera generalizada antes de que el alcantarillado se generalizada en todos los barrios de la ciudad a mediados del siglo XX.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 52 - Dichos pozos negros eran simplemente agujeros practicados en la tierra a los que iban a parar las aguas negras y todos los desperdicios hasta que resultaban colmatados, momento en el que se cerraban y se volvía a practicar un nuevo pozo en las proximidades. La gran desventaja de los mismos era que las filtraciones acababan contaminando a los pozos de agua dulce tan frecuentes en la ciudad hasta mediados del siglo XX, de los que hemos podido detectar algunos de ellos cegados en corrales trianeros como el de los Fideos y el de la Encarnación. Evidentemente los pozos negros se mantuvieron en la ciudad mientras que fueron rentables, sobre todo por no haber en la misma una red de saneamiento aceptable, y mientras que la misma red de abastecimiento tampoco fue suficiente, a pesar de los intentos que se hicieron por mejorarla con la llamada “agua de los ingleses” 45 . Las consecuencias de este estado de dejadez de la red sanitaria local sobre la mortalidad -de los niños principalmenteen los corrales de vecinos y en otras viviendas populares fueron trágicas, tal como los higienistas, abanderados por Philippe Hauser 46 denunciaron 47 . Y todo ello a pesar de que esas corrientes higienistas no llegaron a España sino hasta bien entrado el siglo XIX 48 , cuando en lugares como Francia Louis Blanquet 49 ya en 1831 había hecho un estudio similar a los de Hauser en 45 Dicha agua se introdujo en la red de abastecimientos con el fin de sustituir a la de agua filtrada del Guadalquivir, muy contaminada. Este intento desembocó en la existencia en cada edificio de dos redes y de dos puntos de salida de aguas diferentes, siendo la de los ingleses la destinada para el consumo humano y la filtrada para las tareas de limpieza y riego. Pero como el agua de los ingleses no tuvo la calidad que se esperaba de ella, el vecindario seguía confiando en sus pozos de agua, sin tener en cuenta que estos estaban también contaminados por los pozos negros. Ante esta situación se alzó la denuncia de los higienistas -a los que citamos en este trabajo, cuando hacen referencia al estado médico sanitario de la población a finales del siglo XIXque tardó mucho tiempo en surtir efecto, dado lo tardía que fue la desaparición de este bi-abastecimiento, que aún perduraba durante los años treinta. 46 . Felipe Hauser. Memorias autobiográficas. Introducción y notas Juan L. Carrillo, Encarnación Bernal e Inés Bonilla. Edit. Universidad de Sevilla. Colección de Bolsillo. Sevilla, 1990. 47 . Philipe Hauser. Estudios médico-topográficos de Sevilla. Tipgr. Círculo Liberal. Sevilla, 1882. 48 Lo cual se refleja, por ejemplo, en los datos que recogemos en el Anexo III de este trabajo, donde se detallan minuciosamente las condiciones higiénicas en que vivían muchos de los habitantes de los corrales de vecinos trianeros, a finales del siglo XIX (en 1894), condiciones que bien pudieron ser las de toda la segunda mitad de ese siglo y de buena parte del XX, como mínimo. Dicho documento, termina abruptamente con el traslado del médico responsable de estas inspecciones, D. Valentín Montero, a los barrios de San Bernardo y San Roque. Podemos sospechar que este traslado pudiera responder a presiones de propietarios del barrio, alarmados por las denuncias que este profesor realizaba; puesto que ni siquiera se le felicita por la labor realizada hasta entonces en el barrio, como era costumbre en la época. De un talante parecido y, por las fechas, parece que antecedente de los datos recogidos en el Anexo III, podemos también ver en el Anexo IV, al final de esta tesis, los Preceptos higienicos que deben tenerse en cuenta en la construccion de las modernas edificaciones. En general y particularmente en las casas de piso de Sevilla y de reformas convenientes en las ya construidas, dirigidos por el Presidente de los mismos el Doctor Fco. José Morales Pérez (de 1892), los cuales constituyen unas bases teóricas sobre las que muy bien pudo basarse el trabajo de los médicos municipales en los siguientes años. En dicho documento se especifican algunos conceptos higienistas, una relación de corrales y casas de vecinos, las tasas de mortalidad tan altas de la época y el censo de pobres entre otros documentos. 49 . Louis Blanquet. Topographie médicale de la Lozère, Mende. Imprimerie Chaptal, 183. (En Martyne
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 53 - Sevilla, lo que permitió que a principios del siglo XX (1928) se promulgara la Ley Loucher en Francia, la cual facilitaba el otorgamiento de subvenciones para la introducción de sanitarios para mejorar las condiciones de salubridad de las viviendas: Si la higiene aparecía como una noción exterior que informa al cuerpo y a la casa desde finales del siglo XIX, es con la política de subvención del hábitat (ley Loucher 1928) cuando se inscriben en el espacio de la habitación reglas de salubridad al mismo tiempo que aparecían espacios específicos llamados sanitarios, condiciones obligatorias de sus localizaciones. (Martyne Perrot; op. cit, p. 8) Y llegaron hasta un punto muy preciso las recomendaciones que hacían los higienistas sobre la vivienda, estableciendo normas muy claras para un más correcto habitar. Como ejemplo de estas normas podemos encontrarnos el siguiente párrafo de Rybczynski, en el que podremos comprobar cómo dichas normas no se cumplían ni de lejos en los corrales de vecinos que nos ocupan; todo lo cual nos hará entender mucho mejor la preocupación de Hauser (op. cit) y de los médicos sevillanos influidos por el higienismo por esta circunstancia, fruto de la cual surgieron ese estupendo trabajo de Hauser y el informe de 1892 , que se adjunta del Dr. Morales Pérez sobre preceptos sanitarios en el Anexo II de este trabajo: La complejidad de los factores que influyen en el confort atmosférico no se hizo evidente hasta principios del decenio de 1900; hasta entonces, la ventilación se entendía únicamente en términos de diluir el dióxido de carbono. Por eso se exageraba el efecto de éste último. Nosotros consideramos que el nivel de dióxido de carbono en una habitación puede ser de aproximadamente un 250% mayor que al aire libre. A lo largo del siglo XIX existía el firme convencimiento de que el nivel de dióxido de carbono en una habitación no debía superar el 150% del nivel existente al aire libre. Debido en parte a ese requisito excesivo y en parte a que los científicos y los ingenieros subestimaban la cantidad de aire que entraba en una casa por grietas, ventanas mal cerradas y puertas abiertas y en parte a que la cocina, la calefacción y el alumbrado producían efectivamente humo y olores, los ingenieros y los científicos llegaron a la conclusión de que debían introducirse en la casa enormes cantidades de aire libre. En un libro sobre “residencias sanas” cuya primera edición data de 1880, el ingeniero británico Douglas Galton decía que hacían falta 50 pies cúbicos de aire libre por minuto y persona para ventilar bien una habitación 50 . El médico inglés W. H. Corfield citaba la misma cifra 51 . El médico militar John S. Billings mencionaba 60 pies cúbicos por minuto y por ocupante en una publicación estadounidense contemporánea 52 . Estas cifras deben compararse con las normas actuales de ventilación, que consideran que basta con 5 a 15 pies cúbicos por minuto por persona y que esto puede inPerrot. “El cuerpo y la casa. Higiene, limpieza, comodidad, confort” -“Le corps et la maison. Hygiène, properté, commodité, confort”-). 50 Jill Franklin, The Gentleman’s Country House and Its Plan 1835-1861(Londres: Routledge & Kegan Paul 1981), pág. 114. 51 W. H. Corfields, Dwelling Houses: Their Sanitary Construction and Arrangements (Londres: H. K. Lewis, 1885), pág. 52. 52 John S. Billings, The Principles of Ventilation and Heating and Their Practical Application (Londres: Trubner, 1884, pág. 41).
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 60 - (1964), tal como explicaremos en el siguiente apartado El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo, pues tenemos seguridad de la importancia de todos esos pequeños detalles cotidianos del lugar donde se viven que van moldeando la personalidad y el modo de percibir el mundo de quienes lo frecuentan. Punto 1.1.16: El ambiente vegetal A vosotros, descendientes de árabes, que hoy sois cristianos y europeos, yo os digo: Conservad la línea muelle y graciosa del arco de la caravana, y aprended la elegancia de la parábola moderna. Dad a vuestras fachadas un tinte suave, claro, delicado; y en el interior, sobre el nítido mármol, rebrillen los azulejos multicolores. Guardad el encanto misterioso y señero de vuestras existencias bajo las arcadas del patio y entre las flores de la azotea; pero asomaos también a la vida moderna, que pasa; convertid las celosías en verandas, que la cristalería es alegre y es buena. Sean vuestras casas miradores, no sótanos; que de las calles se suba a las casas, no al revés, com sucede en algunas partes... Y es probable que el destino os tenga reservada la efectuación de aquella paradoja sublime: “¿Por qué no han de levantarse las ciudades en medio del campo?”. 62 (J.M. Izquierdo 63 , p. 29) Como dato relevante de esta investigación quisiéramos hacer notar un dato que nos parece de gran relevancia y que conecta los corrales de vecinos aún más con el carácter urbano que pretendemos darles y, precisando aún más, como resultado del carácter urbano agrario de las ciudades del doble arco mediterráneo -entre otras zonas geográficas del globo-. Nos referimos a la importancia que tiene la ornamentación no sólo floral -lo que parece ser una recreación turística posteriorsino arbórea o también arbustiva, con especies frecuentes en los corrales que proporcionaban y aún proporcionan frutas de distintas clases, además de sombra, quedando de estos árboles y arbustos los siguientes, según hemos podido observar: Cerca Hermosa.- Una gran variedad de plantas (que puede rondar los cien ejemplares) y que se reparte de la siguiente manera: Estructurando el eje del corral tres alcorques con una morera -seguramente centenaria, tención de la suficiencia investigadora. 62 Los subrayados de este texto son nuestros. 63 . José María Izquierdo. Divagando por la Ciudad de la Gracia. Edit. ABC. Sevilla, 2001 (1914). El cual es, según nuestra opinión que ya expresamos en otro lugar de este trabajo (Capítulo VIII: La sacralización del espacio), el verdadero origen de las ciudades y no las culturas trashumantes ligadas al pastoreo, y mucho menos las que tienen su origen en la caza (¿quizás como la germánica o norte-europea?) o la recolec-
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 61 - dado su grosor y las referencias que tenemos de ellaa la que abraza una buganvilla, un limonero y una mimosa -que sustituye a una maltrecha buganvilla-. En los arriates laterales que orlan el lado sur del patio, varios árboles y arbustos repartidos en tres tramos, el primero de los cuales es el del fondo del corral -donde se ubica un pequeño taller de uso doméstico en el que suele pintar cerámica el marido de una de las vecinas y que ha actuado de cocina durante las fiestas celebradas en el corraldonde se van repartiendo sucesivamente y una yedra, una buganvilla y una dama de Noche. En el segundo tramo, ribeteando las paredes de la primera de las casas 64 , se reparten el espacio una adelfa, un laurel, y una flor de Pascua -no demasiado lucida actualmente-, y en el tramo final, ya embocan el vestíbulo de entrada, una celinda, una buganvilla y un jazmín. Por lo que a macetas se refiere las hay desde las latas recicladas a los macetones cerámicos esmaltados, pasando por los de barro cocido simple y por los de plástico duro. Los tamaños, además, varían de diámetros de unos 10 o 15 ctms. Hasta los de casi 1m. Y la disposición se reparte entre las que están colgadas de las paredes, las que reposan sobre un macetero o las colocadas directamente sobre el piso de loza de Tarifa artificial. En cuanto a las plantas, en las macetas y macetones podemos encontrar: Dos jazmines, varios rosales, 4 colocáceas, varias hortensias, varios geranios (muchos), una yuca, una costilla de Adán, 2 jazmines, dos adelfas, un cilodendro, varias pilistras 65 (sobre todo en el pasillo de entrada al patio del corral, actuando a modo de planta de la hospitalidad), varios helechos y cuatro palmeras, además de otras tantas que pasamos de enumerar. Todas estas plantas, además están al cuidado preferente de una sola persona, un antiguo vecino del corral (y residente actualmente en las Tres Mil Viviendas, como tantos otros trianeros, antiguos habitantes de corrales), que actúa a modo de jardinero y al que la comunidad de vecinos le devenga una cantidad mensual para tal fin. Y confirmando el valor de toda esta floresta y su entorno, un azulejo colocado en la pared de la hilera norte de las casas donde se confirma el último premio recibido: CONCURSO DE BALCONES, REJAS Y PATIOS DISTRITO DE TRIANA ción. 64 Ya que en este corral es más apropiado denominar casas que salas a las viviendas, dado el carácter independiente que tienen unas de otras, a pesar de estar adosadas en sus muros, lo que diferencia a este corral - junto con el Patio de las Floresde otros corrales trianeros. 65 En adelante llamaremos a esta planta de este modo y no adpidistra, tal como figura en el Diccionario de la R.A.E., pues ésta es la expresión que se usa en toda Andalucía y que la referida Academia se niega tercamente a admitir.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 62 - 1er Premio Comunidad e Intercomunidad de Propietarios Ayuntamiento de Sevilla. Año 2002. Corral de la Encarnación.- Un naranjo y un cilantro, este último destruido durante la restauración-reparación. Pero anteriormente -durante los años cuarentael corral tuvo, además de las anteriores plantas, una morera, una dama de noche, un jazmín y un melocotonero al menos, junto con las correspondientes plantas en macetas. En este caso, la plantación de los vecinos obedecía a criterios funcionales y de obtención del fruto, de ahí los árboles frutales. Tras la última rehabilitación -llevada a cabo por Urbanismo con cargo a la propiedad 66 - sólo ha permanecido el naranjo el cual es un árbol frutal, pero en este caso no parece sino que ha prevalecido el valor simbólico -al que se la añade como justificación funcional, que no es un árbol que levanta el acerado, como si los acerados hubieran de ser eternos o más valiosos que los mismos árbolesdel naranjo que, sobre todo en los últimos decenios, se ha visto convertido en árbol emblemático de la ciudad, en detrimento de otras especies: prima la imagen turística de la ciudad, del olor a azahar en primavera, que se ha extendido incluso a los barrios de nueva construcción, los cuales se dotan, en cuanto pueden, también de este árbol emblemático. De este modo se ha sustituido si no una función agrícola de los naranjos de las calles - que parece que nunca tuvieron la función de producir naranjas para el consumo humano directo, al contrario que los de los patios-, al menos sí productiva, pues se destinaban a fabricar pólvora -no olvidemos que uno de los patios se denomina “del Naranjero” por este motivoo para la exportación a Inglaterra, para hacer mermelada con ellos. Ahora todo se queda en un afán decorativo, olfativo y/o simbólico y los intentos de algunas entidades 67 por explotarlos economicamente carecen de continuidad y de intensidad. Mientras tanto, la ciudad va perdiendo biodiversidad en su flora, al darse este “monocultivo” cada vez con más intensidad y extensión hacia los nuevos barrios. El Jardinillo.- Un naranjo a la entrada y otro en el segundo patio. Diversos jazmines. Patio de las Flores.- En el patio alargado que constituye su eje, toda la ornamentación es 66 Que está por ver si paga de verdad.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 63 - en macetas, así como en el pequeño pasillo a la izquierda que conduce hacia los lavaderos en desuso. Al final del patio central hay otro pequeño pasillo que conduce a una vivienda, mientras que a la derecha conduce a otro patio de planta más cuadrangular y con viviendas de construcción más reciente, donde están las únicas plantas en arriate (una buganvilla y un naranjo). Resumiendo podemos decir que en primero de los tramos mencionados se suceden pilistras, aureolas, ficus, helechos, geranios, “alegrías de la casa”, rosales “lunarios”, helechos “finos”, begonias, costilla de Adán, “espina de Cristo”, más helechos y más pilistras en su lado derecho. En lado izquierdo pilistras, ficus, helechos, begonias, cintas y después del pasillo de la izquierda flor de Pascua, costilla de Adán y jazmín. Debiéndose tener además en cuenta que en el primer tramo de este patio hay colocadas dos estanterías (metálicas y de tres pisos en escalera) a cada lado del mismo y pegadas a la pared, donde se exponen macetas y que le dan peculiaridad a este patio. En el primer pasillo de la izquierda podemos encontrar más costillas de Adán, helechos y pilistras a un lado y una yuca y jazmín en el otro, estando rematado el pasillo al fondo con unas margaritas junto al pilón situado allí. En el segundo pasillo hacia la izquierda hay begonias, rosales, una cica revoluta y un jazmín. El pasillo de la derecha, comienza con un jazmín en s u esquina y otro al llegar al último patio, por un lado y un helecho y una buganvilla en un arriate situado en la misma esquina con el segundo patio. En el segundo patio nos encontramos con un alcorque cuadrangular en el interior del mismo donde hay situado un naranjo (quizás un limonero); también en el interior del patio una agrupación de tres grandes macetas, una de ellas con un naranjo y en otro lugar un conjunto de pilistras y helechos en una maceta circular. Al fondo una palmera de pequeña dimensiones en maceta y a la izquierda tres jazmines más de diferentes disposiciones junto con un banco de cerámica. Bien entendido también, que en las paredes y en las azoteas de las viviendas todo este conjunto floral se ve aumentado, con multitud de otras plantas colocadas en macetas. En resumen, todo un conjunto floral en una relación que, aunque extensa, no pretende ser exhaustiva puesto que no hemos mencionado todas las plantas existentes, pues nuestra inten67 La asociación de parados PM 40, por ejemplo.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 64 - ción es sólo hacer ver lo profuso de este exorno, al igual que en otros patios que se reseñan en este punto. Corral de los Fideos.- Este patio de planta casi cuadrangular con una edificación en su centro que lo convierte en deambulatorio, la cual tiene adosado un pequeño arriate por su lado oeste de un medio metro de ancho por dos de largo a modo de “subpatio” protegido por una valla de escasa altura en el que están sembrados en el suelo un rosal, una yuca y una dama de noche. Además de estas plantas del “subpatio” podemos encontrar, según se entra a la derecha pilistras, un heliotropo, esparragueras, una buganvilla en suelo (en la misma esquina de entrada), una colocácea y una costilla de Adán. En la pared sur yedra, cintas y un ficus y en la pared opuesta del edificio central un jazmín y un ficus blanco en macetas. En la pared este de la construcción central del patio heliotropos, violetas esparragueras y geranios, entre otras plantas. A la entrada del corral, a su izquierda un pacífico, un jazmín amarillo, helechos (en un arriate rectangular pegado a la pared) y un rosal que hace arco con el que hay en lo que hemos llamado “subpatio”. Todo esto, además, aumentado con las plantas situadas en las paredes (geranios y cintas, sobre todo) y en la balaustrada de la planta superior. Todo un conjunto floral muy a tono con la balconada de madera (pintada de color marrón) que tan valioso hace a este patio. Pureza 98.- Una palmera de grandes dimensiones (seguramente ha desaparecido tras la reedificaciónrehabilitación de la casa-tapón que ha “sufrido”). 9. Planta del llamado Corral de los Fideos, en la que se hace constar en verde la principal zona con vegetación y algunos de los lugares citados en el texto (sobre la base de un plano del estudio previo del Proyecto de Rehabilitación de Corrales de Vecinos de Triana de la Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía, op. cit.).
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 65 - Casa Quemá (Pureza, 72).- Una dama de noche de porte arbóreo y otra de tamaño más pequeño. Un platanero retorcido entre los dos arbustos anteriores. Estas tres plantas en el espacio central del patio, sobre unos de los lados del rectángulo que forma, pero con todo el suelo cubierto de cemento, sin dejarles alcorque alguno para que respiren sus raíces. Además de todo ello varios macetones, predominando los helechos entre los mismos. Patio de Monipodio(Betis, 59).- Ficus, costilla de adán, planta del dinero, algunos jazmines y geranios, agrupados en el centro del patio 68 , en macetas de diferente tamaño y material, eran algunos de los elementos del repertorio floral de este patio cuando lo visitamos. El conjunto, además, bien armonizado por las columnas de mármol que uno de los vecinos había tratado de recuperar de un encalado inoportuno. Corral de las Ranas.- Después de la última rehabilitación, los adornos florales han menguado mucho, no obstante, las vecinas están procurando recuperar parte del exorno perdido. Se ha de destacar que aquí todas las plantas están en macetas, debido al carácter de los dos patios centrales. Éstas se hallan repartidas por los laterales de ambos patios (sobre todo el del lado oeste, el más profundo), en torno a las dos fuentes con las ranas (incluso en el pretil de las mismas) o en los dos ventanillos abiertos en el lado derecho del espacio central, dando a cada uno de los patios del corral. Además de ello, las plantas colgadas de las paredes y en la barandilla de los corredores de la planta primera. Las especies de estas plantas son las siguientes, a grandes rasgos: En el patio del fondo, en su pared izquierda una costilla de Adán, una colocácea, un helecho, un ficus blanco y cintas. En la pared derecha un ficus, dos palmeras, pilistras y hele68 Seguramente para facilitar su riego. 10. Abigarrada forma de disponer las plantas en el Patio de Monipodio.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 66 - chos. En torno a la fuente una palmera, una chamadorea y pilistras. En el espacio central (en una de cuyas paredes han colocado un azulejo de El Cachorro) hay colocadas plantas en cada uno de sus ventanales, así como una pequeña palmera y cintas en un pilón que hay en el lado norte de este espacio. En el patio más exterior del edificio podemos encontrar helechos según se entra a mano derecha y en su pared derecha cintas, mientras que en la izquierda hay más cintas, pilistras y algún geranio. En el centro, junto a la fuente, esparragueras, una chamadorea y geranios. Por otro lado, de los geranios ha de decirse que están en este corral sobre todo en las paredes y barandillas de los corredores de las plantas superiores, debido a que la estrechez del mismo proporciona poco sol para estas plantas. Como resumen de esta panorámica de los exornos florales de los corrales de vecinos, hemos de decir que hay una gran similitud en el tipo de plantas que aparecen en los mismos; la cual seguramente estará motivada no sólo por similitudes en el tipo de hábitat que hacen más propicias unas plantas u otras, sino por patrones culturales similares que modelan los gustos de las vecinas 69 a la hora de elegir unas plantas u otras. Como en el caso de las pilistras, colocadas invariablemente a la entrada de los patios (aparte de otros lugares), siendo justificada su presencia por ser los lugares donde da menos el Sol, que perjudica a estas plantas. Sin embargo, nos inclinamos a pensar que esta elección está también guiada por cierto sentido de planta de la hospitalidad que da la bienvenida a los visitantes. También podemos decir sobre el tipo de plantas que hemos encontrado y de las que hemos tenido alguna información ya desaparecidas, que la tendencia actual es el ser sustituidos los árboles frutales por los ornamentales, seguramente influidos por el gusto de la cultura burguesa tan en boga en la actualidad y de cuyos efectos tendremos oportunidad de hablar en otras ocasiones; por ejemplo cuando nos referimos al efecto de escaparate de los patios, como tendencia en aumento (en el Apartado 9.1: La dimensión espacial, entre otros). No obstante, hemos de decir que éstos son practicamente los únicos corrales de vecinos trianeros que conservan ese carácter de arbolados (o, al menos, ajardinados), si exceptuamos los existentes en el Turruñuelo, que no son objeto de esta investigación por estar fuera del casco histórico de Triana. Así pues, podemos ver que la tendencia es hacia un progresivo “endurecimiento” de las características arquitectónicas de corrales y patios de vecinos, estando ausentes las zonas terrizas o siquiera los alcorques o arriates que alberguen árboles o ar69 Y decimos vecinas a sabiendas de que son ellas las que principalmente se preocupan por estos detalles.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 67 - bustos, quedando para los de nueva planta sólo los macetones facilmente sustituibles. Pero no sólo eso, cuando se han hecho reformas o reparaciones, la tendencia que han marcado los arquitectos es la sustitución de materiales blandos -tipo loza de barro rojo como en la Cerca Hermosapor otros aparentemente más lujosos pero menos ligados a la tierra y más “duros” incluso en el sentido físico, tal como ha pasado en los casos de la Cerca Hermosa o el Corral de la Encarnación. Una cuestión importante también, con respecto a este tema es que quizás no sea superfluo considerar cual sea el carácter de cubrimiento parcial que tenga el arbolado de un patio - cosa muy clara en el caso del emparradoy de cómo cambia el sentido del espacio en algunas de sus zonas, tal como apuntábamos al comienzo de este trabajo. Por supuesto, todo esta vegetación arbórea o arbustiva tiene un adecuado complemento en las numerosas macetas colgadas en las paredes o en el suelo del patio -algunas tan humildes como latas de conservas pintadas y recicladas para tal fine incluso macetones de grandes dimensiones donde tienen cabida plantas de mayor porte que los geranios, gitanillas o similares. Porque esa ha sido y continúa aún siendo una de las señas de identidad más destacadas en estos corrales que tanto han rozado el tópico y lo han alimentado: Patios En las casas populares, la maceta florida -aquí y allá. Sin orden aparente pero en asombrosa armoníatransforma el patio en jardín. Unos metros cuadrados, un poco de cal, una maceta de barro o unos tiestos inservibles en los que pueda crecer alguna planta, son suficientes para que una mano jardinera, un alma sensible, transforme ese lugar en patio, en bellísimo espacio en el que la atmósfera adquiera una tonalidad y una densidad propias, muy diferentes de las que puedan existir en otro lugar. Un sencillo arriate, una maceta o un emparrado -precursor popular de las actuales pérgolasproporcionan una gracia propia a estos espacios. La maceta es, ciertamente, el jardín de las clases más humildes. Un jardín que se puede mover y transplantar con facilidad, un jardín que exige muy poco, un jardín que, con tan poco, tanto y tanto nos da. José María Izquierdo, en 1914, nos contaba: Macetas en la azotea, macetas en los balcones, macetas en el patio. Floreros...Flores por todas partes. La maceta adorna la casa; las flores, el pecho y la cabeza de la jardinera. La maceta es el emblema de nuestra vida y de nuestro arte. Vida de jardinero, que cuida una flor; o muchas flores, pero flor a flor. Y vuestro arte es como nuestra vida. ¡Ojalá todos los hombres fueran jardineros!. Hasta hace pocos años, eran frecuentes los tradicionales corrales de vecinos, formados por humildes viviendas que organizadas en una, dos o tres plantasse abrían a un gran patio central. En aquellos corrales -en los que las familias disponían de unas estancias reducidas que no proporcionaban las mínimas condiciones de habitabilidad, con servicios higiénicos y lavadores comunes para toda la comunidadla vida transcurría y se compartía en el patio. La mayor parte de aquellas casas de vecinos han desaparecido. Algunas -como en Trianahan conservado su sabor popular. Entre las que se han restaurado, destaca el Corral del Conde, en la calle Santiago. Es un lugar extraordinariamente hermoso, en el que
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 68 - crecen robinias, plataneras, justicias, una palmera datilera, un aligustre matizado, cañas de Indias, helechos, buganvillas, violetas, cintas, geranios. (Bueno Manso, 2000 70 ; pp. 426-428) Todo este ambiente vegetal nos da pues un decorado y un ornamento ideal para hacer más habitables lugares muy privados de las más elementales comodidades 71 , pero eso no es todo, puesto que a nivel simbólico ellos también reflejan la oposición entre lo que es y lo que debe ser, entre lo que está demasiado alejado de lo natural y lo que guarda aún su relación con la tierra. Sin esa conexión con lo natural que les da el ambiente vegetal a los corrales de vecinos, éstos serían mucho menos habitables de lo que lo son o lo han sido, abrumando a sus habitantes por pequeños reductos espaciales y rodeados de paredes a veces en ruinas. En otros contextos, más rurales que éstos, parece que ocurre algo parecido tal como podemos observar en el siguiente párrafo sobre la vivienda en Casarabonela (Málaga): Naturaleza y cultura aparecen identificados en la configuración del edificio como dos ejes de referencia antitéticos que polarizan y ordenan, al tiempo que lo definen y lo significan, el universo de la casa. (Sánchez Pérez; op. cit., p. 65) Apartado 1.2: El valor de los patios como tipo de vivienda adaptada ecologicamente a la cultura urbana andaluza y a su clima En el caso concreto de las culturas mediterráneas está clara la influencia de los patios y su peso en la vivienda popular de toda esta zona, todo ello por evidentes razones ecológicas, que van desde las relacionadas con la climatología (proporcionan frescor y resguardo del Sol y amainan los vientos y lluvias de épocas más húmedas) hasta 70 . Francisco Bueno Manso. Jardines y parques de Sevilla. Proyecto de Francisco Bueno Manso y José Elías Bonells. Edit. Editorial Andaluza de Periódicos Independientes. Sevilla, 2000. 71 Como una de nuestras informantes del Corral de la Galocha, quien hubo de irse del corral finalmente harta ya de no poderse ni siquiera duchar con agua caliente al no tener en su vivienda suficiente presión el agua. 11. Mapa de Andalucía donde se hacen constar algunas de las localidades donde hemos podido constatar la existencia de viviendas con patio colectivo (ya sean desaparecidos o existentes en la actualidad); sin detrimento de que pueda haber otras que no hayamos podido documentar aún.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 69 - las relacionadas con las socioeconómicas, entre las que la más destacable parece ser el reparto de la tierra, predominando el latifundismo, que hace refugiarse a los desposeídos de la tierra en grandes núcleos urbanos, escasos generalmente de terreno para edificar, cercados como están por dichos latifundios. Tal como hemos expresado anteriormente, las viviendas con patios colectivos forman parte del patrimonio cultural andaluz y, con diversas variantes, se reparten por casi toda la geografía 72 73 andaluza, sobre todo la occidental y con más raigambre urbana. Aunque el patrón cultural parece ser el latifundista, como ya hemos dicho, y la raíz parece ser de núcleos de raigambre andalusí, puesto que, como ya hemos mencionado al principio de este trabajo, no es aventurado afirmar que las viviendas en torno a patio colectivo tienen su origen en los antiguos adarves musulmanes 74 . Y sobre el valor ecológico de los patios en la vivienda, nuevamente recurrimos a las afirmaciones de un autor en un medio cultural diferente al andaluz, para comprobar la universalidad de este hallazgo arquitectónico. Así pues, veamos lo que dice Pezeu-Massabuau al respecto de las viviendas con patio: Cap. V. Del interior al exterior: formas de apertura de la vivienda La casa encerrada dentro de un patio... la casa con numerosas ventanas... esta diferencia posiblemente expresa también un anhelo de apropiación más o menos intenso del espacio de la vivienda, inspirado a su vez por una urgencia variable de la necesidad de intimidad. Cuanto más se encierra la familia en sí misma y se aísla de la colectividad, más se cierra a las miradas. (op. cit., p. 48) el patio árabe o ibérico colmado de plantas y de fuentes cuyo frescor y murmullo se 72 Lo que ilustramos en la Figura 11, sobre la base de nuestras observaciones personales, sobre los datos proporcionados por informantes o (en el caso de Granada) por la bibliografía al respecto que se adjunta en la nota final siguiente. 73 . Julio Juste. Puntos de Encuentro. Viviendas señoriales al sur del Albaicín. Edit. Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Guías del Festival. Granada, 1990. 74 Hemos tenido ocasión de observar alguno de estos callejones cerrados con una verja, por ejemplo, en la ciudad de Ronda, no hace mucho tiempo. 12. Mapa municipal de Andalucía donde se hace constar en azul la extensión de los municipios con viviendas en torno a patios colectivos. Se puede apreciar la coincidencia con zonas de latifundio, ya sea de las Campiñas o Vegas, o costeras.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 76 - de los corrales de vecinos. Por otra parte, además, ésta es una circunstancia que cada vez se da menos en los corrales de vecinos y en el caso concreto de Triana, apenas si queda algún caso de patio con esta circunstancia de servicios comunes. De cualquier modo, habrán de tenerse en cuenta todos esos factores que hacen que la habitabilidad de un edificio o de una vivienda no sea resultado de un simple cálculo matemático y que a igualdad de superficies, en unos casos se soporta mayor y en otros una menor densidad de población; siendo esta tolerabilidad mayor o menor en función del uso del espacio que se haga y de las distancias personales que tolera una cultura u otra, tema que desarrollaremos más adelante en este trabajo (Apartado 4.6: El anonimato y la despersonalización de su Capítulo IV: Los ocupantes de los corrales): La densidad de población, como hemos visto, no es nunca un valor absoluto, en el sentido de que se pueda decir, guiados por estadísticas generales, cuando estamos territorialmente ante una baja, alta o media densidad de población. Ello dependerá, sin duda, de las relaciones sociales. (García 85 , p. 140-141) Por lo tanto, los corrales de vecinos aportan soluciones de acceso a amplias manzanas, sin disgregarlas y sin producir el efecto disociador que ello conlleva, perjudicando las relaciones sociales entre vecinos, efecto que los bloques aislados producen en las nuevas urbanizaciones, como veremos más adelante. Otro aspecto que se refiere a la génesis de los corrales de vecinos es el proceso mediante el cual éstos se van consolidando física a la vez que social y culturalmente. Habrá casos en los que los corrales de vecinos son el resultado de un largo proceso en el que se van adicionando estructuras arquitectónicas a lo largo de la calle que pasará a ser patio cuando el edificio se culmine y otros casos en los que la fidelidad al proyecto original del arquitecto se mantiene casi al cien por cien. Naturalmente los primeros casos -conocidos ultimamente como corrales adarveserán generalmente los más antiguos y los segundos serán los más recientemente construidos, coincidiendo con los cambios en los modos de producción de edificios, que hemos analizado en otro lugar 86 . En el caso de los corrales adarve, pero también en el de aquellos en los que se ha mantenido más fielmente el proyecto original del arquitecto, se puede reconstruir la historia del edificio a base de ir analizando los sucesivos estilos y las sucesi85 José Luis García. Antropología del territorio. Edit. Taller de Ediciones Josefina Betancor. Madrid, 1976.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 77 - vas técnicas constructivas utilizadas en sus diversas reformas y en sus diversas adiciones de nuevas estructuras. En el caso de los corrales más antiguos -aquellos que fueron construidos antes de finales del siglo XIXse ha de tener en cuenta que entonces no existían los arquitectos tal como hoy los conocemos y que eran los maestros de obras salidos de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando los que desempeñaban ese papel profesional 87 . Pero poco importa si fueron los arquitectos o los maestros gremiales durante la Edad Media los responsables de la construcción del edificio, el caso es que los primeros corrales de vecinos no fueran concebidos como un todo original sino como la suma de varios edificios en torno al adarve o al patio 88 . Son pues varios proyectos de edificios ante lo que estamos tratando en estos casos y estos proyectos constituyen lo que Lotman 89 llama un ensemble, quizás uno de los más claros que podemos encontrar en la arquitectura: [...] edificios de tiempos diversos y a veces creados en épocas muy remotas forman unidades. La diversidad de tiempos crea la diversidad, mientras que la estabilidad de los arquetipos semióticos y del repertorio de funciones culturales garantiza la unidad. En tal caso el ensemble se constituye orgánicamente, no como resultado del proyecto de un constructor, sino como realización de tendencias espontáneas de la cultura. Al igual que los contornos del cuerpo de un organismo, los contornos que habrá de alcanzar en su desarrollo están contenidos en el programa genético; en los elementos estructuropoyéticos de la cultura están encerrados los límites de la “plenitud” de la misma. Toda construcción arquitectónica tiene la tendencia a “crecer” hasta constituir un ensemble. Como resultado, el edificio como realidad histórico-cultural nunca ha sido una repetición exacta del edificio-proyecto y el edificio plano. (Lotman, p. 111) Para una ciudad como Sevilla en la que se mezclan sin solución de continuidad el gótico y el mudéjar en las iglesias, el estilo nazarí y el clasicismo renacentista en el Alcázar o incluso el gótico con las torres barrocas de la primera mitad del XVIII, no constituye ninguna novedad el ensemble que se produce en la mezcla de estilos y técnicas de sus corrales más antiguos, el cual es tanto el resultado de la no concepción inicial del edificio como conjunto en un diseño previo, como de la intervención de los sucesivos propietarios y vecinos que han ido aportando cada uno de ellos su impronta personal en el mismo, ya sea por medio de modifi86 En nuestro trabajo para la obtención de la suficiencia investigadora. 87 José Manuel Suárez Garmendia. Arquitectura y Urbanismo en la Sevilla del Siglo XIX. Edit. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla (1986), 350 pp. 88 De los que quizás sea la mejor muestra actual la llamada Cerca Hermosa, en la que se puede apreciar claramente como cada edificio que la compone es independiente en su concepción y en sus dimensiones, a pesar de los intentos unificadores de las normativas urbanísticas y de la última reforma realizada en él. 89 Iuri M. Lotman. La semiosfera III. Semiótica de las artes y de la cultura. Edit. Frónesis. Cátedra. Universitat de València. Madrid, 2000.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 78 - caciones estructurales o de aportaciones ornamentales, encaminándose todos a un proyecto que parecería inconsciente, pero no menos real. Y ello también en los corrales más modernos -los de corte regionalista, por ejemplo-, en los que los usos del espacio y las necesidades que ellos devengan han producido transformaciones en los espacios no pensadas originalmente al construir los corrales 90 . La génesis de los corrales de vecinos sucede en periodos de tiempo bastante largos, lo cual es garantía de una mejor adaptación a las condiciones medioambientales y sociológicas para cualquier edificio de que se trate. Todo esto son ventajas a la hora del valor que tienen como medio de habitación, puesto que permiten ir modelando los edificios a la medida de las necesidades más sutiles, casi como una prenda hecha a la medida. Pero también nos encontramos con desventajas con este fenómeno de la génesis tan lenta, y es la extrema vulnerabilidad que tienen cuando se producen discontinuidades en su uso o cuando se construyen de nueva planta. En el primero de los casos, cuando se sustituye el viejo vecindario por el nuevo, éste no posee los usos del espacio tan acordes con el edificio -como los poseía el anterior-, por haber sido realizados y evolucionado ambos a la medida uno del otro, y el desaprovechamiento de las funciones que se cumplían antes, produce una ruptura en el tiempo que no sólo es histórica o de genealogía de los integrantes del corral, sino que también tiene que ver con esos desaparecidos uso del espacio y de las funciones que cumplían. En el segundo de los casos, no es que hayan desaparecido los usos, es que no se han instaurado, porque cada nuevo vecino del edificio trae consigo usos del espacio aprendidos que no encajarán con la nueva estructura en la que habita -en los nuevos edificios con patio colectivo que hoy en día se construyen en Triana y en Sevilla, a los cuales por razones evidentes resulta impropio llamar corrales, faltos que están de esa génesis lenta de la que estamos hablandoy necesitarán ese periodo largo de adaptación -y de remodelación de la estructura 91 - del que hablamos en estas líneas. Apartado 2.2: El contexto perceptivo En el trabajo que ya hemos mencionado de K. Lynch (op. cit) se expone con claridad el poder atractivo que tiene un paisaje urbano bien estructurado, cosa que en el barrio de Triana 90 Corral de las Ranas, por ejemplo. 91 Lo cual será hoy en día más difícil dada la dureza de los materiales y de los diseños que hoy en día se emplean en arquitectura.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 79 - de Sevilla sería conveniente analizar pues estos factores son, como hemos dicho, dignos de tener en cuenta a la hora de ver qué toma de decisiones ha efectuado cada vecino a la hora de decidir quedarse o irse de su vivienda -en la medida en que pueda hacerlo-. El barrio de Triana es un arrabal antiguo de la ciudad del que, tradicionalmente, se han considerado dos áreas muy bien definidas aparentemente: la Cava de los Civiles y la Cava de los Gitanos, las cuales estaban definidas por el antiguo cuartel de la Guardia Civil la primera y por los numerosos gitanos que trabajaban en las fraguas o habitaban en los corrales de vecinos. En el primer caso se trataba de un hito muy definido el que marcaba la zona y en el segundo unas características con localización difusa las que lo hacían (en la terminología de Lynch, un mojón estructuraba el primer distrito, mientras que en el segundo era una actividad o el elemento étnico el que lo hacía). También se ha de tener en cuenta que la expresión Cava en realidad se refiere a la calle Cava (actualmente Pagés del Corro -el nombre del concejal del Ayuntamiento que mandó rellenarla y convertirla propiamente en calle-), por lo que en principio lo que se consideraba un distrito lo era por contaminación de una senda -que actúa de borde del barrio, aunque sus dos acerados se incluyan tradicionalmente dentro del mismoespecialmente característica. Si alguien se pregunta por qué ocurría eso deberá recurrir al análisis de la otra parte del barrio, la que linda con el río Guadalquivir, con dos sendas paralela al mismo, las calles Betis y Castilla, las cuales carecían de continuidad funcional debido a que mientras la primera estaba volcada hacia el río y la actividad portuaria, la segunda en cambio estaba al margen de ambas a causa del tapón que éstos historicamente sufrían a causa del puente de barcas primero y después por el puente de Isabel II. Ambos elementos suponían un obstáculo para el tráfico de los barcos y, por lo tanto, impedían la extensión del puerto a la parte norte de la ribera del barrio, apreciación que ya hicieron Trillo y Martínez en su trabajo Bajando el puente (1995, op. cit.). Como consecuencia de todo esto, la calle Castilla no tiene ninguna de sus vertientes hacia el río, como ocurre con la calle Betis, y sólo las partes traseras de las casas del costado occidental de la calle tenían vistas hacia el río. En resumen, podemos decir que la discontinuidad 92 entre la calle Betis y la calle Castilla les ha impedido servir como estructuradoras del barrio y ese papel le ha correspondido como consecuencia a la calle Pagés del Corro, la cual, en principio, no tenía posibilidades para ello, 92 La cual se intentó resolver en los años 70 con el trazado del Paseo de la O, el cual transcurre paralelo al río, formando parte en un principio de lo que fueron los Jardines de Chapina, hoy muy disminuidos con la apertura del cauce del río por aquella zona. Recientemente, los arquitectos responsables del Plan Especial de Triana también se plantearon esta problemática de la discontinuidad, pero parece no haberse encontrado la solución para ella hasta ahora.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 80 - sobre todo teniendo su carácter periférico y alejada de la zona de actividad económica más importante. Por otro lado el barrio tiene un trazado que sin ser ortogonal cumple las funciones en parte de un trazado de este tipo: predominan los viarios paralelos al río y el resto de ellos son casi perpendiculares a los anteriores, todo lo cual supone que dicho trazado tiene todas las ventajas de la orientabilidad de los trazados ortogonales en contraposición a los de tipo irregular de origen medieval, pero sin la monotonía y la falta de identificabilidad que tienen los ortogonales; circunstancia ésta que sólo tiene parangón en el casco antiguo de Sevilla en el barrio de San Vicente, el cual fue urbanizado en el siglo XVIII, época en la que se impuso este tipo de urbanismo en muchos lugares del ámbito hispano. Esta circunstancia contribuye a una facilidad en la orientación de cualquier vecino de Triana y también al bienestar del viandante por el barrio; son factores que tienen su importancia a la hora de juzgar la habitabilidad de esta zona. La aplicación al urbanismo de estas ideas es de un valor que no resulta difícil imaginar, sobre todo si recuperamos el hilo de las realidades urbanísticas sevillanas durante el siglo XX, de las que acabamos de hablar. Sin embargo resulta necesario explicar de qué manera pueden ser sociófugos los nuevos lugares a los que fueron a parar los antiguos ocupantes de los corrales de vecinos y eran sociópetos éstos, a pesar de las incomodidades que sufrían en ellos y también resulta necesario explicar cómo no sólo los patios y corrales de vecinos favorecían los enfrentamientos cara a cara que supuestamente favorecen la comunicación, sino que las distancias personales o, a lo sumo, sociales, que se podían dar en los mismos, también se podían favorecer en las calles de acerado inexistente o de apenas un metro, donde resulta difícil mantener las distancias que -por ejemploafirma Hall que sostienen los alemanes en sus conversaciones. Y desde un punto de vista más metodológico, nos resta por apuntar que en este trabajo hemos intentado que el contexto en el que se desarrolla el mismo, oscile desde las apreciaciones particulares de nuestros informantes a las nuestras propias o de otros investigadores, y por este motivo, tanto recogemos la percepción que de su medio cultural y físico tienen los mismos, como la más analítica que podemos aportar los investigadores. Algo parecido a lo que expresa Pitt-Rivers 93 en el siguiente párrafo: 93 Julian Pitt-Rivers. Tres ensayo de antropología estructural. “Contexto y modelo”. Cuadernos Anagrama. Serie Sociogía y Antropología, dirigida por José R. Llobera.Traducción de José Cano Tembleque. Barcelona, 1973. Título original: “Contextual Analysis and the Locus of the Model”. European Journal of Sociology,
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 81 - Me permito apuntar que el fundamento de la distinción 94 hay que buscarlo en el “locus” del modelo;: ya se halle en la mente de los actores o en la del investigador.[...]Es necesario reconocer que los dos roles no son fácilmente separables. (Pitt-Rivers; op. cit, p. 43) Si bien no deberíamos considerar sólo el contexto que se estudia como una materia prima, tal como nos sugiere el mismo autor en la siguiente cita, ya que seguramente hemos de convenir con la teoría gestáltica y la teoría de campo 95 , que el papel del contexto es mucho más activo de lo que de la misma parece desprenderse: [...] un contexto es en primer lugar un caso único, un acontecimiento, la materia prima de una clasificación elaborada no reflexivamente por el actor durante el tiempo de su vida o por el antropólogo en el curso de su trabajo de campo, mientras un concepto es un instrumento clasificatorio que se aplica a contextos específicos. (Pitt-Rivers; op. cit, p. 42) Apartado 2.3: La definición del ámbito La unidad de estudio territorial, sobre la que deben aplicarse unos patrones de planificación territorial, debe deducirse a partir de los límites reales de la interacción sociocultural. Ello no quiere decir, sin embargo, que todos los aspectos o puntos de esa unidad deban ser tratados de la misma manera, dado que la comunidad opera dentro de una gran complejidad de situaciones y los territorios subyacentes son, como hemos tenido ocasión de ver, de naturaleza bien diferenciada. (García; op. cit., p. 336) Si hemos de definir lo que consideramos en el trabajo presente barrio de Triana, habría que precisar que el ámbito de estudio nuestro será el territorio comprendido dentro del perímetro delimitado por las siguientes calles y accidentes geográficos: En una primera aproximación, la Triana clásica está delimitada por las calles Betis y Paseo de La O por el Este -o mejor aún, por la ribera del Guadalquivir-, por la calle Pagés del Corro por el Oeste, por el entorno de la plaza de Cuba al Sur -con límites imprecisos con el barrio de Los Remediosy con el entorno de la Iglesia del Patrocinio al Norte, con un límite claro excepto por donde se han realizado las nuevas construcciones. Y este concepto de la Triana clásica es el que los sucesivos planes ordenación urbana han recogido, soslayando - VIII (1967). 94 Entre el nivel etnográfico y el analítico, según Pitt-Rivers. 95 A las que también mencionamos en el Apartado 8.1: La sacralización del espacio y del tiempo en los
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 82 - injustamentea algunos de los bordes de ese terreno protegido, como pueden ser las dos orillas de las dos sendas más tradicionales de Triana; a saber: la calle Pagés del Corro (antes Cava) y la calle San Jacinto 96 . Tal como podemos observar en el mapa parcelario de Triana que adjuntamos, en el que - sobre la base del elaborado para el Plan General Municipal de Ordenación de 1986 97 - hemos señalado las parcelas que en el año 1990 reconocimos como pertenecientes a patios y corrales de vecinos trianeros (Morgado, 1993, op. cit.) (en color verde), las que correspondían a corrales y patios cerrados o desaparecidos (rayado en verde) y la línea que separa esa Triana reconocida como histórica de la que no goza de esa distinción (con una línea azul que actúa de cerca hasta el río). corrales de vecinos de este trabajo. 96 Argumento que ya hemos tenido otras veces ocasión de esgrimir en instancias oficiales, la última de ellas en un alegación personal al Plan Estratégico de Sevilla en 2002. 97 Damián Quero Castanys como Director, y Guillermo Díaz Vargas y José Seguí Pérez como Equipo de Dirección del Plan General Municipal de Ordenación de Sevilla. Sevilla, Septiembre de 1986.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 83 - 14
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 84 - Esta delimitación clásica que hemos expuesto se hace habitualmente en base a diversos criterios: primero el cronológico; es decir, que el interior del perímetro construido es el primero de la orilla derecha del Guadalquivir a su paso por Sevilla, si exceptuamos el Monasterio de Santa María de las Cuevas de La Cartuja. Otro criterio es el de la fisonomía del barrio, factor en el que se pueden incluir tanto la tipología de las viviendas como la red viaria y su distribución, encontrándose una gama variada de las primeras, entre las que se encuentran los corrales de vecinos. De cualquier modo, por lo menos en líneas generales, se percibe un aspecto formal de los edificios más o menos homogéneo, al menos en los lugares en los que la especulación no ha hecho mella significativa en el caserío tradicional 98 . Otro criterio más hubiera sido el de la composición social de los habitantes del barrio, primitivamente casi todos de la clase trabajadora y empobrecidos, aunque la actual situación urbanística ha hecho cambiar mucho esa composición social, transformando la población del mismo 99 , convirtiéndola o sustituyéndola por la de clase media. Un último criterio sería el antropológico, en cuya definición estamos trabajando por lo que será más difícil precisar en qué consiste, aunque no costaría trabajo afirmar que una de sus características sería en un principio era la residencia masiva en corrales o patios de vecinos, aunque en la actualidad no pasa de ser ya testimonial esta circunstancia como veremos más adelante. Al margen de este núcleo más precisamente delimitado, se pueden considerar -y se consideratambién como parte de la Triana tradicional a los edificios de la acera más occidental de la calle Pagés del Corro -la correspondiente a los números pares de la misma-, a pesar de que esta acera no se consideraba como parte del casco histórico de Triana en el vigente P.G.O.U. de Sevilla, y el llamado puente de Triana -oficialmente Puente de Isabel IIel cual claramente es simbolicamente trianero, a pesar de que une ambas orillas del río, y ello es así seguramente porque une más a Triana con Sevilla, que al resto de Sevilla con Triana. Podríamos para el estudio haber tenido en cuenta los corrales de vecinos existentes en el Turruñuelo 100 , barreduela fuera de los límites del que hemos definido aquí como casco histó98 Sobre este asunto se puede consultar la obra de Juan Luis Trillo y Mari Carmen Martínez (op. cit), los cuales han elaborado una tipología de los corrales trianeros y los distinguen claramente de los del resto de Sevilla. 99 Aspecto éste que abordaremos más adelante en un apartado específico: La población de los corrales de vecinos. 100 De los cuales quizás el más destacado sea el Corral de Leopoldo.
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 85 - rico de Triana, y ello sería debido a que el entorno del casco histórico del barrio de Triana ha recibido un tratamiento diverso en cuanto a la inclusión o no dentro del barrio de unas barriadas u otras, pasaremos a explicar esta afirmación: Aunque administrativamente toda la orilla derecha del Guadalquivir pertenece al mismo distrito para el Ayuntamiento de Sevilla, a saber el de Triana-Los Remedios. Esta doble denominación nos pone ya sobre aviso de cuales son las dos denominaciones que predominan en la orilla oeste del Guadalquivir, a su paso por Sevilla, reservándose el lado norte de dicha orilla para la denominación Triana y el lado sur para la denominación de Los Remedios donde está dicho barrio junto con el de Tablada. De los criterios de homogeneización del barrio de Triana que hemos considerado, el histórico, el tipológico o fisonómico, el social y el antropológico, sólo el social y seguramente el antropológico -lo cual podremos afirmar cuando se estudien desde el punto de vista antropológico estos barrioshomogeneizan a los barrios que se suelen asimilar a Triana -cosa que hacen los habitantes de los mismos-, como pueden ser el Tardón, el Barrio León o la barriada del Carmen, además del ya mencionado del Turruñuelo, sin olvidar “núcleos” como el de Virgen de la Esperanza en la Avenida de San Vicente de Paul, entre otros. Naturalmente que no sólo los factores sociológicos y antropológicos unen a estos barrios de la zona norte de la orilla derecha del Guadalquivir con Triana, también los une el aspecto simbólico, la identificación de los vecinos con el barrio más antiguo debido seguramente a que proceden muchos de ellos de familias trianeras, también quizás a que siguen con costumbres y formas de ser similares -incluso hay corrales de vecinos como en el caso del Turruñuelo que hemos mencionadoy sin olvidar el prestigio que tiene el nombre de Triana, derivado de la propia peculiaridad del barrio, pero también de la propaganda folklorista que éste ha “sufrido” durante años, lo cual ha convertido en una seña de distinción el ser trianero, muy prestigiada entre las clases populares sevillanas; justo lo contrario que ocurre con el barrio de Los Remedios, el cual está desprestigiado entre las mismas como símbolo de la burguesía y entre los urbanistas como un error que no debería haber ocurrido en la ciudad. Si unimos a esta identificación positiva con el barrio de Triana, con la negativa que genera el barrio de Los Remedios podemos explicarnos con más facilidad la extensión simbólica del barrio de Triana más allá de sus límites históricos, lo cual a su vez nos podrá servir de índice del tremendo prestigio que tiene el mismo en la ciudad de Sevilla y, por lo tanto, en sus mismos vecinos, circunstancia ésta que nos explicará más adelante el extraordinario apego que tienen muchos de los trianeros a su barrio, a pesar de que en determinados casos -
Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo - 92 -
- 93 - Capítulo III: Tipos de corrales Hemos hablado ya del patio en general como elemento importante de la vivienda humana y de su papel de “intermediario” entre lo natural y lo humanizado. También nos hemos referido a cómo en la cultura andaluza se utiliza este elemento arquitectónico y a qué tipos de edificios da lugar, para llegar a los que son el centro de este estudio: los corrales y patios de vecinos. Después nos hemos referido a cómo se incardinan dichos patios en estos últimos edificios, para pasar después a precisar en qué ámbito geográfico concreto los hemos estudiado. Ahora procederemos a analizar las distintas variantes y clasificaciones que se conocen de estos edificios objetos de nuestro estudio, como un paso más en la definición de nuestro objeto de estudio y su contexto. Para empezar aclararemos que casi todos los investigadores y autores que se han referido a los corrales de vecinos de Sevilla han intentado siempre alguna suerte de definición de dichos tipos de edificios y de forma de habitar; a la vez que han procurado relacionarlos con otros tipos de edificios semejantes y con otras culturas populares del espacio en distintos contextos culturales. No vamos a eludir nosotros este tema y comenzaremos intentando lo mismo, sobre todo por situar el trabajo siquiera sea conceptualmente, dentro del conjunto de trabajos sobre el tema, que ya comienza a tener un volumen aceptable. Por lo que se refiere a la definición de los corrales y patios de vecinos, comenzaremos por hacer una enumeración de las distintas taxonomías aparecidas hasta ahora de los corrales para poder llegar luego a la que nosotros mismos proponemos como resultado de la comparación con las llevadas a cabo por otros autores, tanto como de las conclusiones que hemos podido ir sacando a partir de nuestros sucesivos trabajos sobre el tema y sobre el trabajo de campo efectuado en la zona. El esclarecimiento de dichas taxonomías y, más que eso, el de los criterios utilizados por los distintos autores para realizarlas, nos permitirá ir perfilando la evolución sucesiva del concepto corral de vecinos en el ámbito de la ciudad de Sevilla y quizás el de patio de vecinos en el conjunto de la comunidad autónoma andaluza y creemos que también posibilitará hacer una definición diferencial con respecto a otros tipos de vivienda popular de la zona, no sólo geográfica sino cultural. Así pues, en ese intento esclarecedor, pasamos seguidamente a exponer las taxonomías de otros autores para desembocar luego en las propias:
- 94 - Apartado 3.1: Taxonomías de los corrales realizadas por otros autores: 3.1.1 Corral de vecinos y Casa de vecinos (distingue además los siguientes tipos de viviendas: cotarro, casa de dormir, partido de casa -o casa de partido-, piso, casa y palacio): Luis Montito y Rautenstrauch (op. cit) Para este autor, el corral de vecinos: “... es de ordinario un edificio de construcción antiquísima, que revela a la legua el haber sido, allá corriendo los siglos, casa solariega de un noble que vino a menos y por cuatro cuartos la malbarató para retocar los cuarteles de su enmohecido escudo. Un patio más o menos amplio, en cuyo centro se alza una fuente o se hunde un pozo, fuente o pozo que están al servicio de los vecinos, los cuales utilizan sus aguas para todos los usos de la vida, siempre y cuando lo permiten las cañerías y las lluvias; cuatro corredores que circunscriben el cuadrado del patio, y en ellos tantas puertas como habitaciones -salascomponen la planta baja, amén de un mezquino rincón destinado a depósito de inmundicias, y de un patio mucho más pequeño -patinillodedicado a lavaderos, cuando éstos no están en el mismo patio. La parte alta del edificio corresponde exactamente a la baja. Cada vecino, o lo que es lo mismo, cada familia, habita una sala. Sala hay que está dividida en dos compartimientos, sin perder por eso su denominación.” (Op. cit, p.9). Sin embargo para Montoto, la casa de vecinos “Es el corral de los trabajadores que en sus respectivos oficios, arte o industria obtienen mayores rendimientos. En ella se ejerce mejor policía y el vecino disfruta, por regla general, de más de una habitación.” (Op. cit., p7). 3.1.2 Casas de vecindad, corrales y cotarros: Vicente Gómez Zarzuela 105 . De este autor nos queda la primera relación de corrales que se hizo, aunque al hacerla no distingue las tres categorías que menciona al principio y los agrupa a todos dentro del mismo grupo (op. cit., p. 242-244). 3.1.3 Francisco Morales Padrón (1974 y 1981, op. cit.) Morales Padrón nos recuerda las semejanzas de los corrales sevillanos con las vecindades mejicanas, los callejones limeños, los conventillos bonaerenses y los portones canarios (p. 17 y ss.). También se aventura en una definición de corral y nos dice que.
- 95 - “El Corral no es sino un gran patio rodeado de habitaciones, que se vuelcan a él. La Casa de Partido es otra cosa. Viene a ser un antiguo palacio o casona, compartimentado para dar cabida a varios vecinos. Los Patios fueron hechos siguiendo una concepción especial arquitectónica tipo. En la actualidad muchas personas siguen denominando patio o corral de vecinos al convento, casona o palacio habitado por varias familias. Ciertamente que a veces la disposición que se le ha dado al edificio recuerda la estructura arquetípica del corral. Pero éste, en sentido puro, debe ser sólo el que desde su origen se alzó siguiendo el clásico patrón o traza corralera. Traza rectangular o cuadrada que puede evocar a una calle si es muy estrecha la planta y que está más cerca, por ejemplo, del adarve moruno o del callejón limeño que de la casa de partido o de vecindad por lo que a estructura y planta se refiere.” (op. cit. pp11-12). O dicho más claramente, para Morales Padrón es lo mismo decir patios que corrales de vecinos, aunque propone que no se confundan con conventos, casonas o palacios reconvertidos en casa de partido: “... decimos patios o corrales porque son palabras sinónimas. Es por ello por lo que al Patio de los Naranjos se le ha llamado también Corral de los Naranjos.” (op. cit, p. 11). “En la actualidad muchas personas siguen denominando patio o corral de vecinos al convento, casona o palacio habitado por varias familias... Pero éste, en sentido puro, debe ser sólo el que desde su origen se alzó siguiendo el clásico patrón o traza corralera.” (op. cit., p. 11). 3.1.4. Tarrés y Benvenutty (1990) 106 , por su parte se limitan a hacer una breve descripción, ya que el objetivo de su trabajo es otro (un inventario fotográfico): “El corral es una clase de vivienda donde se albergaba una parte importante de la población sevillana de oficios, y aun hoy día puede constatarse que los corrales supervivientes están ocupados por vecinos de nivel social bajo o medio-bajo. Hay que tener en cuenta, no obstante, que el corral no es sólo lugar de habitación sino además de convivencia y estrechas relaciones sociales. Por tal motivo, incluso podría hablarse de microsociedades susceptibles de ser estudiadas como comunidades peculiares, aunque actualmente hayan perdido la mayoría de sus rasgos diferenciadores” p. 5. 3.1.5. Vivienda modesta en torno a patio, que subdividen en: 1) corrales de vecinos, 2) corrales de vecinos provenientes de la readecuación de un palacio o convento, 3) corrales de vecinos provenientes de la readecuación de una casa familiar, 4) casas de vecinos modestas en torno a patio, 5) casas de vecinos modestas en torno a patio provenientes de la readecuación de un palacio o convento, 6) casas de vecinos modestas en torno a patio provenientes de la readecuación de una casa unifamiliar y 105 Vicente Gómez Zarzuela. Guía de Sevilla. 1885. 106 Corrales de Sevilla. Catálogo fotográfico. Jordi Tarrés Chamorrro e Ignacio Benvenutty Cabral. Sevilla, 1990. Subvencionado por el Instituto Municipal de Juventud y Deportes de Sevilla.
- 96 - 7) otras categorías de vivienda modesta en torno a patio: Víctor Fernández Salinas y otros 107 . Es decir que este autor se refiere tanto a la disposición física de las unidades del edificio (en torno al patio) como a la genética del mismo, para hacer su clasificación, precisando que: “Corral de vecinos es aquel inmueble formado por pequeñas viviendas o ‘partidos’, que ha servido de alojamiento a las clases obreras. Estos ‘partidos’ se han caracterizado en Sevilla, como en otras muchas ciudades del estado español, por poseer una o dos habitaciones en las que se alojaban una o más familias, y en las que gran cantidad de servicios se mantenían en común con el resto de los vecinos del edificio -letrinas, cocinas, patio, lavaderos, tendederos, etcétera-. Hoy en día; sin embargo, los vecinos de los corrales han aprovechado los partidos que se han ido quedando vacíos a lo largo de las últimas tres décadas para ampliar sus viviendas e incluir en ellas servicios higiénicos y cocinas independientes...” (op. cit. P 2). Esta definición de corral de vecinos la contrapone a la que otros autores denominan patio de vecinos y él lo llama casa de vecinos modesta en torno a patio: La casa de vecinos modesta en torno a patio se diferencia del corral en que originariamente su contenido social correspondía a la clase media, por lo que suelen haber contado desde siempre con los servicios básicos independientes; sin embargo, estos edificios se han ido deteriorando con el paso de los años y sus ocupantes pertenecen a una categoría socioeconómica que se encuentra bastante por debajo de lo que hoy se considera clase media en nuestro país” (op. cit. p. 4) 3.1.6. Corrales de vecinos y casas de vecinos: tal como distingue Alida Carloni, para la que los corrales son: “... un conjunto de viviendas de una, dos piezas (estar y dormitorio) o tres (según que la cocina esté dentro o fuera de la unidad arquitectónica). Y donde los servicios (lavaderos, aseos) se encuentran en el patio o, en todo caso, fuera de la vivienda. ‘Patio y nada más que patio como decía Hazañas de la Rúa’” (op. cit., pp. 217-217). y la casa de vecinos: “... es una vivienda con un cierto grado de complejidad, generalmente con patios secunda107 Víctor Fernández Salinas y otros. Inventario y catalogación de los corrales de vecinos y otras tipologías de viviendas modestas en torno a patios de la ciudad histórica de Sevilla. Sevilla. Septiembre de 1991. Encargado por el Ministerio de Obras Públicas y Transportes. Recientemente se ha elaborado una revisión de este inventario, coordinada por el mismo autor que encabezaba la primera y encargada por la Comisión de Patrimonio de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y con el título de Corrales y otras casas de vecindad modesta en torno a patio en el conjunto histórico de Sevilla. 2002. También sin publicar de momento.
- 97 - rios y con patinillos de ventilación o de iluminación. Y donde cada familia disfruta de tres o cuatro habitaciones, más los servicios. Todos estos servicios son individuales y el patio es un espacio donde las relaciones son de vecindad, aunque no de convivencia y que sirve de lugar de paso privado” (op. cit., p. 217). Para los otros tipos de viviendas sevillanas continúa siguiendo a Hazañas de la Rúa (1928) y nos dice que: “El primer grupo son los palacios reales, el segundo comprende las casas que Hazañas define como las de “simplemente caballeros” o de comerciantes enriquecidos y el tercer grupo, las casas modestas de la clase media. Los tres grupos precitados, son casas unifamiliares y repiten en su construcción -en mayor o menor escalael tipo descrito donde la nota esencial es el patio” (op. cit., p. 214). 3.1.7 Corrales Adarve, Corrales Históricos, Corrales Contemporáneos y Corrales Mixtos: Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía 108 . Este organismo elaboró un proyecto de rehabilitación de los corrales de vecinos de Triana que pretendía ser global y para ello hizo un estudio de los edificios en general, susceptibles de protección en Triana y de los corrales en particular de este barrio sevillano. Como consecuencia de este estudio y clasificación surge en el trabajo mencionado la siguiente taxonomía: “Corrales Adarve. Mas que corrales son calles que se introducen en una manzana ocupando el interior de la misma con edificaciones de una o dos plantas”. Corrales Históricos. Son edificaciones del siglo XVIII o anteriores y del siglo XIX caracterizados por la existencia de un gran patio vividero con una crujía en torno a él donde se sitúan las habitaciones a las que se accede a ellas en la segunda planta por unas galerías abiertas al patio. Corrales Contemporáneos. Son corrales de finales del XIX y del primer tercio del siglo XX, que se benefician de un cierto grado de complejidad, con un patio representativo apareciendo estructuras de dos o más crujías, y generalmente con patios secundarios de iluminación y ventilación. Corrales Mixtos. Son corrales tanto del XIX como del XX cuyas características no responden exclusivamente a uno de los tipos anteriormente descritos, sino más bien utiliza elementos de todos ellos.” (pp. 35-36). Por lo que se puede ver que en la clasificación propuesta por estos autores se renuncia a la denominación tradicional de patio de vecinos y se procede a hacer una clasificación que los considera a todos corrales de vecinos. Joaquín Hazañas de la Rúa. “Conferencia sobre Asuntos Sevillanos”. Algunas consideraciones sobre la casa sevillana, Sevilla, 1928. 108 Corrales y casas de vecinos de Triana. Estudios previos. Tomo 2. Estudio realizado para el Plan de Protección de los corrales de vecinos de Triana. Dirigido por José Román Ruiz Esteban y José Ignacio Aguilar García.
- 98 - 3.1.8 Corrales Adarve, Corrales Históricos, Corrales Contemporáneos y Corrales Mixtos: G.M.U. de Sevilla 109 . Como se ve se limitan a recoger la misma tipología que los anteriores en un estudio que se dedica principalmente a catalogar y establecer normas de protección de diversos tipos de edificios en Triana. 3.1.9 Corrales de vecinos, patios de vecinos y casas de vecinos: Isabel María Martínez Portilla 110 . Esta autora hace esta distinción con la novedad de hacerlo entre edificios similares de la Baja Andalucía, en concreto situando los corrales en Sevilla, los patios en Cádiz y las casas de vecinos en Córdoba. Cuando este patio se hace común a varias viviendas, aparece la casa de vecinos, solución no exclusiva de Cádiz pero, es sin duda en esta provincia donde alcanza mayor significado e importancia. Podemos encontrar ejemplos de este tipo de viviendas en Sevilla y Córdoba pero siempre, en menor proporción que el patio privado (7) 111 . En estas dos últimas provincias, como hemos señalado líneas atrás, se denominarán respectivamente “corrales de vecinos” y “casas de vecinos”. En Cádiz, siempre se utiliza el término”patio de vecinos”. (op. cit., p. 109) Naturalmente que todas estas afirmaciones habría que confirmarlas, pero tienen la virtud de ser de las pocas que ponen en relación estos distintos tipos de viviendas populares y ponen en la pista de la necesidad de hacer estudios comparativos en todo el ámbito cultural andaluz, el cual estamos seguros de que existe, a pesar de las reticencias que se manifiestan a menudo sobre el tema y este es uno de los méritos principales del trabajo mencionado. 3.1.10 Juan Luis Trillo Leyva y Mari Carmen Martínez Quesada (1995; op. cit.) Cuya tipología ya comentamos in extenso en el Capítulo I: Qué son los corrales de vecinos y dónde se encuentran, de esta obra y de la que recordamos aquí que distingue entre: Corrales adarve, corrales completos, corrales divididos, corrales nuevos, corrales demediados y corrales mixtos. Tipología que, por otra parte, ha sido seguida, al menos parcialmente, por posteriores in109 Plan Especial de Protección de Triana-Sector 14. Índice de las fichas del catálogo por orden alfabético de calles. Gerencia de Urbanismo del Excmo Ayuntamiento de Sevilla. Diciembre de 1997. Estudio realizado con motivo del Plan Especial de Triana. Varios autores dirigidos por Alfonso Jiménez y Fernando Mendoza, arquitectos encargados por el Ayuntamiento de Sevilla para la redacción de dicho Plan. 110 Isabel María Martínez Portilla. Ariadna, Revista de investigación, nº 7, dic. 1989. Edit. Ayuntamiento de Palma del Río. “Las casas de vecinos en Palma del Río: tradición y cambio”; pp.102-127. 111 Flores, Carlos. Arquitectura popular española. Tomo IV. Ed. Aguilar. Madrid, 1973.
- 99 - formes y trabajos de la gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento (op. cit) y de la Consejería de Obras Públicas (op. cit.). 3.1.11 Juan Martín Bermúdez 112 Este autor se limita a repetir la taxonomía del Plan Especial de Triana (op. cit), que a su vez es una versión reducida de la de Trillo y Martínez que se menciona en el punto anterior. Es decir, considera: Corral Adarve, Corral Histórico, Corral Contemporáneo y Corral Mixto. También tienen en cuenta el concepto de vivienda modesta en torno a patio de Víctor Fernández Salinas (op. cit), lo que le lleva a adaptar -de modo eclécticouna clasificación paralela a la anterior, que distingue entre: corral de vecinos, corral de vecinos proveniente de la readecuación de palacios y conventos (tal y como tenía en cuenta Montoto y Rautenstrauch, op. cit.), casas unifamiliares transformadas en corrales y casas de vecinos modestas en torno a patio, tal como el referido autor (Fernández Salinas) hace. Así pues, de la taxonomía que hasta ahora hemos podido ir perfilando personalmente - sobre la base del estudio de estos trabajos mencionados y sobre nuestro propio trabajo de campo y reflexión-, acerca de los patios de vecinos, hemos de decir que creemos que la más aceptable para un antropólogo es la que se deriva de la perspectiva emic de los hablantes, si bien son posibles otras taxonomías más objetivas si bien esperamos que no objetivables. Pasamos a continuación a expresar tanto la que creemos perspectiva emic como la que sería nuestra perspectiva ehtic: Atendiendo a la perspectiva ethic, se dirá aquí que creemos que, en un principio, la distinción entre corrales adarves y corrales de planta regular es básica, no sólo por su apariencia sino por la distinta “sociología” y el distinto uso del espacio que se genera en ellos. A la vez, creemos necesario distinguir, hoy en día, entre patios de vecinos de nueva planta, con una composición demográfica que posiblemente no tiene nada que ver -cosa que intentaremos comprobar en el transcurso de la investigacióncon la de los corrales de vecinos “tradicionales”. 112 Juan Martín Bermúdez. Triana y sus Corrales. De las Bandurrias al Zurraque. Edición de autor. Sevilla, 2002.
- 100 - Con respecto a la comparación con otros tipos de edificios, la que se antoja más fácil es la que se puede realizar con otras zonas geográficas próximas, del entorno cultural andaluz. Efectivamente, en una gran cantidad de municipios andaluces se pueden encontrar, o se han encontrado, patios de vecinos -ya que la expresión corrales de vecinos parece ser exclusiva o casi exclusiva de Sevilla-, coincidiendo casi siempre con zonas costeras o, en el interior de Andalucía, de alta densidad urbana, en comarcas de rica producción agrícola tradicional o de comercio floreciente. Para ilustrar esta última afirmación incluimos un mapa donde se destacan los términos municipales andaluces donde tenemos testimoniados patios de vecinos actuales o desaparecidos y debo aclarar que no hemos utilizado puntos para identificar los lugares por el muy diferente tamaño de los municipios, lo que daría una idea errónea de la verdadera concentración de este “rasgo” cultural. Si nos alejamos más de nuestro contexto cultural, podemos encontrar las corralas madrileñas, los conventillos argentinos o las vecindades mejicanas, estas últimas estudiadas incluso por Oscar Lewis 113 (1959) y construcciones con patio en la misma Habana (ciudadelas o cuarterías), por sólo mencionar los tipos de hábitats 114 más próximos a la cultura hispánica, puesto que no podemos evitar establecer correlaciones con los patios interiores y los adarves musulmanes o con los patios romanos que tanta influencia ejercieron en el Mediterráneo. Por lo que se refiere a patios y adarves musulmanes, seguramente están emparentados cada uno de ellos con un tipo de patio o corral sevillano diferente, el primero con el patio cuadrangular, rodeado por las tradicionales salas que correspondían cada una a la vivienda de un arrendatario y el segundo con los corrales tipo adarve, en torno a un callejón donde se han edificado los diferentes módulos habitables, aunque de este tipo quedarán muy pocos testimonios ya. Si nos referimos a la influencia del patio romano, ésta es más difícil de establecer dada la discontinuidad cronológica con la Andalucía actual, pero con respecto a la tipología más estrictamente arquitectónica parece que la conexión en todas las construcciones mediterráneas parece evidente. De cualquier modo, en la obra de Blaser (op. cit) (1997) se realiza un pormenorizado análisis de la función del patio como elemento arquitectónico a través de la historia, que será de utilidad para cualquiera que desee profundizar en el papel de éste en general y en el del patio romano en particular. Sin embargo, en nuestro trabajo, creemos que ha queda113 Oscar Lewis (1959). “La cultura de la vecindad en la ciudad de México”, en Ciencias Políticas y Sociales (UNAM), vol. V, n.º 17 (julio-septiembre), 360-372. 114 Concepto éste que utilizaremos cuando queramos referirnos tanto a los aspectos arquitectónicos como a los de cultura del espacio.
- 101 - do ya claro que no se va a hablar de estructuras arquitectónicas, sino de las cosas que en ellas ocurren, de cómo éstas se transforman para responder a nuevas funciones y nuevos tipos de relación y de acuerdo con construcciones derivadas de las posibilidades económicas de sus habitantes y de las posibilidades que los propietarios les dan para transformarlos. Así pues, el patio como tal no será más que un marco, privilegiado, en torno al cual se estructurarán todos los factores mencionados antes. Apartado 3.3: Nuestra propia clasificación de los corrales: Para empezar, lo haremos diciendo que después de estudiar todas esta taxonomías descritas en el apartado anterior y después de intentar llegar a una conclusión que nos aclarara las denominaciones que popularmente se dan, hemos tomado la decisión de considerar (que se trasluce al referirnos a los mismos a lo largo de este trabajo) que al cabo del tiempo la denominación que ha predominado sobre las demás (al menos por lo que se refiere a la ciudad de Sevilla) ha sido la de corrales de vecinos, ya sea porque la lucha reivindicativa de los últimos doce años 115 ha producido una revalorización de esa expresión -desprovista de las pretensiones clasistas de la distinción corrales/patios de vecinos 116 , o ya fuera porque la memoria evocadora de los tiempos más “heroicos” de estos edificios tenía mayor carga emocional, dada la mayor popularidad 117 de los corrales de vecinos y la mayor humildad en cuanto a recursos económicos y modo de vida de los habitantes de estos últimos. El caso es que en las denominaciones que se conservan en la actualidad aparecen tanto la de patio (de Monipodio, de las Flores...) como la de corral (de las Ranas, de la Encarnación, de Herrera...), las cuales no dicen mucho de por qué se le han aplicado a uno u otro de los edificios, puesto que el Corral de Herrera tenía servicios comunes en todas las salas, incluso antes de la última de las reformas (a principios de los noventa). Tampoco la fisonomía, la estructura, el número de plantas o la sociología de sus habitantes podría ser un indicativo; porque, por ejemplo: el Corral de la Encarnación y el Patio de las Flores (este último al menos en principio, antes de que los vecinos comenzaran a levantar una segunda planta, hasta llegar al momento actual en que sólo que queda una vivienda con una sola de ellas) son am115 Que comienza seguramente con la “rebelión” de las vecinas del Corral de las Ranas en septiembre de 1990, contra la ruina provocada exteriormente de su edificio. 116 Que durante mucho tiempo otorgó mayor estatus y prestigio al segundo término de esta oposición. 117 Porque sus habitantes estaban más inmersos en esa cultura popular, al estar más inmersos en las dificultades sociales y humanas que el pueblo sufría por aquel entonces, sobre todo teniendo en cuenta que ha bajado algo la influencia ideológica de los tiempos del desarrollismo (ya comentados en otros lugares de este trabajo), que tanto menospreciaba este tipo de edificios.
- 108 - hecho eco, como son los de José Núñez Asencio 121 (op. cit) y de José Santotoribio Sumariba 122 . Y sin embargo, parece de general acuerdo hoy en día para los especialistas en la ciudad que se mantenga el tejido industrial y/o comercial tradicional, evitando las concentraciones y la segregación espacial, dentro de la urbe, para las mismas: Para el diseño de la ciudad, de la propia vivienda, el trabajo adquiere una importancia fundamental. Intercalar comercios, talleres, pequeña industria compatible con la trama, permitir usos de trabajo en pisos según condiciones, valorar los espacios de almacenamiento, talleres, bricolaje. En los pueblos la vivienda es también una unidad productiva. En estos barrios, y en determinados casos, puede serlo. (Villasante y otros, p. 123) Desde una perspectiva más social, la separación entre los lugares de trabajo y los lugares de residencia adquiere un sentido más alienador y significa que el trabajador mantiene una mayor distancia entre su trabajo y él mismo, al convertirse su lugar de trabajo en un lugar distante que fomenta su despersonalización y su insatisfacción. De este modo es como Álvarez Mora y Roch lo ven: [...] la separación entre el obrero y su medio de trabajo se opera gracias al mercado de la vivienda que asume una división del espacio materializada a través de las rentas diferenciales de suelo, combinado con un mercado rígido de empleo y una zonificación funcional que agrupa y segrega los centros de producción. Esta organización espacial se opone a la que corresponde a la vieja producción mercantil, en la que el alojamiento del maestro y del obrero coincidían bajo el mismo techo con el lugar del trabajo y de la venta del producto [...] (Álvarez Mora y Roch, p. 29) En Triana, como parte de la ciudad histórica de Sevilla, se mantenía dicho statu quo y ello facilitaba la integración de sus habitantes y la de sus actividades en el pulso general de la misma, entre otras cosas porque los largos desplazamientos que tiene que hacer el trabajador en la gran ciudad, son tiempo que se le merma a su tiempo de ocio, cuando puede fomentar sus relaciones sociales; y no sólo eso, al residir y trabajar en la misma zona las relaciones sociales debidas a cada una de ellas se refuerzan debido a la interacción con la otra: La ciudad histórica [...] se constituía como el marco espacial donde no sólo se vivía y se trabajaba sino [...] como el espacio contenedor y generador de prácticas colectivas. (Álvarez Mora y Roch, p. 103) 121 José Núñez Asencio. El Corral del Conde de Sevilla. Anécdotas y vivencias. Edit. Ediciones Tartessos, S.L. Sevilla, 1997. 122 José Santotoribio Sumariba. El Corral de la Parra (Novelas ejemplares sevillanas). Futuro 3000 Edi-
- 109 - Pero lo que sí se puede afirmar es que la segregación espacial entre lugares de residencia y lugares de trabajo -que se puede observar en las ciudades modernas, aunque sean de pequeño o de mediano tamañono era perceptible en la época de auge de los corrales de vecinos (podemos decir que hasta la década de los pasados sesenta en Sevilla). En ese momento los corrales de vecinos eran tanto lugares de residencia como de trabajo, tal como lo atestiguan numerosos nombres de corrales en los que se hacía constar uno u otro oficio (véase el apartado 3.1. Los nombres de los corrales o la ilustración que acompaña a éste punto). Lo que no podríamos asegurar es que eso sea característico de ciudades “preindustriales” como sugiere Hannerz en el párrafo del principio de este punto, puesto que el prefijo “pre” sugiere algo que es anterior y menos evolucionado y ya hemos sostenido en varios lugares (Morgado, 2000; op. cit) que esa segregación espacial en las ciudades debería eliminarse al menos en ciertos aspectos, para hacerla más habitable y más “evolucionada”. Apartado 4.2: La población de los corrales de vecinos [...] un viejo principio de la cultura del urbanismo progresista: la permanencia de la población, ésta o cualquier otra, en su barrio. La remodelación nació, en sus albores, a partir de movimientos defensivos frente a amenazas de operaciones de renovación/expulsión en los trozos de ciudad que ellos venían ocupando desde años. (Villasante y otros, p. 169170) En un trabajo nuestro ya mencionado (Morgado, 2000), en el que se analiza la naturaleza de las relaciones casero-inquilino, ya recogíamos en parte datos sobre el tipo de población que habitaba o habita en los corrales de vecinos. Por los datos obtenidos en las entrevistas de dicho trabajo se podía deducir que gran parte de los vecinos de corral habían nacido en ellos o algún otro edificio de la misma naturaleza; lo que equivale a decir que, o son personas muy adaptadas a los mismos o, cuando cambian de residencia, lo hacen a otros del mismo tipo por falta de recursos para hacerlo a otro tipo diferente de vivienda. Lo que nos da idea de que son un grupo de población cerrado en parte sobre todo a la hora de salir de él -quizás no tanto para entrar-, procurando muchos de ellos volver a vivir en un corral de vecinos aún cuando hayan derribado el que les servía de cobijo. Quizás lo que haya cambiado en los últimos años sean las dimensiones de esa población, hoy ya muy mermada, a pesar de la resistencia de muchos de sus primitivos habitantes a ir a residir a otro tipo de vivienda. ciones, S.L. Sevilla, 1998.
- 110 - Es precisamente de esa resistencia a cambiar de un medio urbano a otro, de un barrio a otro y de un tipo de vivienda a otro de lo que habla el párrafo con el que iniciamos este apartado de la tesis; porque hemos estado hablando antes de cultura del espacio, que posibilita un determinado uso del mismo y no otro, de recursos económicos que delimitan las posibilidades de habitar en un sitio u otro de la ciudad -o del medio rural-, de identificación simbólica con los espacios y las viviendas... elementos todos ellos que acaban provocando dicha resistencia y marca la de muchos movimientos ciudadanos 123 . En cuanto a la cualidad de la población de los corrales, la hemos comentado ya en otros lugares (Morgado, 1993) 124 y (Morgado, 1993b) 125 , y tuvimos ocasión de poner en duda que los vecinos de los corrales estuvieran insertos en una llamada cultura de la pobreza, concepto que Alida Carloni 126 recoge de Oscar Lewis 127 . Sobre este tema Villasante y otros (op. cit., p. 99) se preguntan si este concepto no habría que transformarlo en pobreza de la cultura como parece ser en realidad, por el estado en que se sitúa a los vecinos que caen en la pobreza. En los trabajos que acabamos de mencionar (Morgado, 1993 y 1993b) ya expresábamos que no creíamos que los vecinos de los corrales tuvieran una cultura diferente a la de los demás habitantes de Sevilla; es más, nuestro trabajo de campo posterior y la documentación con que lo hemos acompañado nos permiten afirmar que los corrales de vecinos eran el tipo de vivienda propio de la clase trabajadora sevillana -y de muchas ciudades andaluzas, seguramentey no era precisamente el de una clase marginal que diera lugar a una cultura marginal. Puede que en la actualidad, el progresivo empobrecimiento de muchos ancianos de corrales de vecinos pueda hacer pensar que, efectivamente, estamos ante una población marginal, pero cualquiera que se acerque a ellos se da cuenta de su integración en la ciudad y el barrio y de la cualidad de ciudadanos -en el mejor sentido de la palabraque poseen sin ningún tipo de 123 Como la que citamos en este trabajo de la Plataforma para la Defensa de los Corrales y Patios de Vecinos de Triana, de CO.PA.VE.TRIA (de los que hablamos repetidamente en este trabajo),o de la Plataforma creada para el mantenimiento de la antigua casa del Pumarejo (transformada en corral de vecinos) y de su entorno. 124 Ricardo Morgado Giraldo. Los corrales y patios de vecinos de Triana. Sevilla, 1993. 2ª edición. 125 Ricardo Morgado Giraldo. “Los corrales y patios de Triana: Perspectiva psico-antropológicas”. Demófilo. Revista de cultura tradicional. El Folk-Lore Andaluz. 2ª época; número 11. Edit. Fundación Machado. Sevilla, 1993; pp. 133-150 126 Op. cit. 127 Oscar Lewis. Los hijos de Sánchez. Autobiografía de una familia mexicana. Méjico, (1968 (1961)). Editorial Joaquín Mortiz, S.A.. Título original: The children of Sanchez. Autobiography of a Mexican Family. Publicado por Random House, New York, EE.UU.
- 111 - dudas. Más bien deberíamos considerar al vecino de corral como el prototipo de habitante de Sevilla, al menos por lo que respecta al barrio de Triana. Más aún hemos de considerar que realmente esa cultura de la marginalidad no se debe buscar entre los vecinos de corrales si consideramos como cultura de la pobreza lo que consideran Villasante y otros (op. cit), tal como expresan en el siguiente párrafo: [...] este término está reservado a aquellas comunidades que reproducen de pautas de automarginalidad y falta de conciencia ciudadana. (p. 101) También tuvimos ocasión de analizar en nuestro trabajo de 1995 (op. cit) el punto de vista de Irving Press 128 , expresado sobre todo en el capitulo de su libro titulado Being a vecino, en el cual se expresa en los siguientes términos: "Vecino" mean less "neighbor" than "resident of." To be resident of a corral de vecinos is to occupy and use common physical space belonging to the building and private life space belonging to one's neighbor. ("Vecino" quiere decir menos "vecino" que " residente de". Ser residente de un corral de vecinos es ocupar y usar un espacio físico común que pertenece al edificio y el espacio de la vida privada pertenece a cada vecino.) Punto de vista negativo y opuesto al que venimos sosteniendo aquí que no dudamos estuviera basado en situaciones reales, pero sí opinamos que estaban vistas desde una óptica muy negativa de todo lo que se encontró en Sevilla el autor cuando hizo su trabajo de campo. Press hace gala durante su obra de una actitud casi hostil ante todo lo que se encuentra y en el capítulo que mencionamos resalta diversas situaciones de insolidaridad entre los vecinos del Corral de la Viudad Mojada 129 (Corral of the Wet Widow) estudiado. Lo que no acierta a reflejar es la situación de deterioro a que estarían sometidas dichas relaciones entre vecinos, en un momento en que estaba comenzando el declive y la desaparición de este tipo de residencias en la ciudad de Sevilla. Tanto más sospechosa es esta actitud de Irving Press cuanto que ningún otro autor que haya trabajado en el mismo campo la corrobora. También podemos decir que es sospechosa la ausencia de situaciones solidarias en la referida obra, lo cual es practicamente imposible cuando hay convivencia humana, a no ser que los miembros de la misma estén en guerra continua. 128 Irving Press. THE CITY AS CONTEXT. Urbanism and Behavioral Contrainsts in Seville. Edit. Board of Trustees of the University of Illinois.Chicago, 1979. 129 Seguramente un nombre ficticio.
- 112 - Punto 4.2.1: La etnicidad Porque hemos de considerar que ni en el sustrato de población más tradicionalmente relacionado con la marginalidad en muchos países del mundo, como es el de los gitanos, se daba esa marginalidad y existen testimonios históricos que hablan de su integración y de la intervención a favor de ellos por parte de la población para que no fueran deportados (según nos explica Pérez de Guzmán 130 ), no obstante siendo verdad que existieron corrales que eran exclusivos -o casi exclusivosde gitanos y que eran proverbiales las molestias que los mismos ocasionaban al resto de la población con sus cantes y bailes que duraban hasta altas horas de la madrugada 131 . Sin embargo la convivencia nunca presentó problemas graves y los mismos gitanos del barrio tenían su propio sistema de mantenimiento del orden, a base de los tíos o personas de respeto extraídos principalmente de la familia de los Puya (los Vega). Este tema de las diferencias étnicas no ha sido nunca tratado con respecto a los corrales de vecinos y seguramente nos daría una visión nueva sobre cómo eran las relaciones sociales dentro de los mismos y también -otro tema de nuestro trabajosobre cómo se usaba el espacio en los mismos. La etnicidad quedaría así como otro factor influyente en las formas de habitar y de relacionarse. El análisis de la etnicidad en los corrales de vecinos nos daría también algunas claves explicativas del desarrollo del flamenco en el barrio de Triana, del cual lo más representativo son las soleares 132 . Y para tratar más de cerca ese asunto de la etnicidad, tendríamos que aterrizar en cual fue la naturaleza del encuentro entre payos y gitanos, las dos etnias que convivieron en el barrio de Triana, al menos durante los siglos XVIII, XIX y XX. Dos etnias a las que antecedieron, casi con toda seguridad al menos, los moriscos y los esclavos negros 133 y creemos muy poco probable que en el mismo se asentaran judíos, recluidos en la Judería hasta 1391 en que se produjo la matanza de 4.000 de ellos y su correspondiente expulsión. Y seguramente que esas dos antiguas etnias de las que hablamos no pasaron por el barrio 130 Torcuato Pérez de Guzmán. Los gitanos herreros de Sevilla. Biblioteca de temas sevillanos, nº 17. Servicio de publicaciones del Ayuntamiento de Sevilla. Sevilla, 1982. 131 Comunicación de varios informantes. 132 Consideradas como uno de los cantes fundamentales del cante jondo flamenco, junto con la seguiriya, la toná y la debla. Existen diversas variantes sobre las soleares, en Jerez, Alcalá de Guadaíra o Utrera; todos ellos lugares de convivencia de payos y gitanos, en donde también son destacables las bulerías. 133 Documentada por el hecho de que uno de los corrales sobrevivientes en la actualidad (el Corral de los Fideos) fue precisamente un Hospital para negros durante el siglo XVI. También por la existencia en la iglesia parroquial de Santa Ana de un sepulcro de un individuo de esta raza, con una lauda sepulcral que pasa por ser la primera de estilo italiano en Sevilla, obra de Niculoso Pisano.
- 113 - sin dejar su rastro, aunque los testimonios documentales sean escasos, si bien la conexión moriscos-gitanos ya ha sido citada varias veces 134 aunque ésta hipótesis no deja de tener sus detractores 135 . Y por su parte los descendientes de los esclavos negros del siglo XVI, seguramente andan por ahí con su sangre mezclada y oculta por las sucesivas mezclas con la población local. Todas estas mezclas, como hemos dicho en otro lugar, se reducían durante el siglo XX a la conocida oposición entre payos y gitanos que se traduce en al toponimia del barrio en su clásica división entre dos “cavas”, la “de los civiles” y la “de los gitanos” (tal como explicamos en el Apartado 2.2: El contexto perceptivo de este trabajo); las cuales, no podemos afirmar hoy en día -con la distancia que proporciona el tiempo que ha transcurrido desde que ambas denominaciones dejaron de tener sentido efectivosi eran simplemente una manifestación de interculturalidad o se trataba de manifestaciones de multiculturalidad (siguiendo los términos tan en boga). De todos modos, recogemos un testimonio (en el Punto 4.2.2: La profesión) de cómo había corrales reconocidos como “de gitanos” y, por otro lado, nos consta que en otros corrales había corrales donde ambas etnias coexistían y convivían (y conviven). Si hiciéramos caso a Pérez de Guzmán en su pequeño (pequeño no por su calidad) trabajo sobre Los gitanos herreros de Sevilla (op. cit.), la multiculturalidad hubiera sido la nota dominante en el barrio de Triana, donde la población gitana había sido acogida positivamente, hasta el punto de interceder ante el rey por ellos en alguna de sus pragmáticas contra los gitanos. Y así parece ser la mitología que se difunde en los tiempos presentes sobre el pasado, aunque seguramente habría de todo, a pesar de los aspectos positivos que objetivamente se conocen y documentan. Punto 4.2.2: La profesión Como Sjober lo expuso, la gente de las ciudades preindustriales puede a menudo combinar el hogar y el lugar de trabajo. (Hannerz, p. 122) La profesión es otro elemento de no menos importancia para definir el tipo de población que habitaba y aún queda habitando en los corrales de vecinos. Por lo que respecta al barrio 134 Blas Infante, Manuel Barrios, etc. 135 Bernard Leblond entre otros. También he recogido datos de informantes que se quejaban de las fiestas de los gitanos, que molestaban a los demás vecinos por prolongarse hasta altas horas de la madrugada.
- 114 - de Triana, los oficios de alfarero, marinero, cigarrera, herrero, ganadero de los que iban a la dehesa de Tablada o agricultor de la Vega de Triana (con los géneros que les hemos puesto) marcan la tradición del barrio y la de los habitantes de sus corrales. No pensamos que el uso del espacio sí estuviera influido por este factor, pero sí que marcaría seguramente las relaciones entre vecinos, estableciendo afinidades y relaciones informales más fuertes dentro de los patios y entre patios diferentes. Si el estudio se hiciera en otro arrabal de Sevilla, también con muchos patios en su momento -el de San Bernardoéste reflejaría otro espectro laboral diferente, marcado seguramente por los trabajadores de la Pirotecnia 136 , por los del cercano matadero de la Puerta de la Carne y también por cigarreras que iban a la también cercana fábrica de tabacos. Así pues no podemos considerar que el estudio de los barrios populares de una ciudad sea equivalentes, pues no sólo son los factores de su ubicación, de su morfología o de sus servicios, sino que las mismas clases trabajadoras ofrecen un espectro muy diferente en función de los oficios y de los estatus y personalidades que éstos marcan. Una idea de la ubicación de este último barrio mencionado la podemos sacar a partir del mapa que se adjunta en esta página 137 . Efectivamente, el carácter declaradamente extrovertido de las cigarreras sevillanas seguramente marcó también la personalidad de los habitantes de corral (o viceversa), un tipo de residencia en el que las mujeres jugaban -y jueganun papel tan capital. Sin embargo, respecto a los oficios, creemos que sería difícil, por no decir imposible, 136 Fábrica de armamento antes ubicada en el barrio y hoy declarada bien de Interés Cultural, aunque sin uso definido. 137 Oficina del Plan de Sevilla (dirigida por Manuel Ángel González Fustegueras). Oportunidades y estrategias para la ordenación urbana-territorial de Sevilla. Sevilla, diciembre de 2001. 16: Mapa extraído del “Documento síntesis” sobre Oportunidades y estrategias para la ordenación urbana-territorial de Sevilla, en el que pueden apreciarse perfectamente los dos arrabales históricos: Triana (en el oeste del mismo) y San Bernardo (al sudoeste del centro histórico).
- 115 - afirmar que los oficios en los corrales de vecinos constituían un criterio de agrupamiento dentro de o en los mismos. Es decir que los hábitos de residencia actuasen a semejanza de lo que ocurría en otros sectores de la ciudad durante la Edad Media y primeros tiempos de la Moderna, en los que determinadas calles se especializaban en un oficio en particular y en ellas se agrupaban los cerrajeros, los borceguineros, los plateros, los panaderos, etc... para instalar sus negocios y regentarlos, según fuera el carácter que adquiriera cada una de ellas. Por el contrario, parece que en los corrales de vecinos sólo el azar o las relaciones personales con el propietario del inmueble, o en todo caso, con sus intereses económicos -es decir que se tuviera dinero para pagar el alquiler que exigíaactuaban como criterio agrupador en los mismos 138 , tal como hemos podido comprobar en algunos testimonios recogidos en nuestro trabajo de campo. Así pues, sólo la voluntad de los propietarios o propietarias de los inmueble de los corrales de vecinos parece que haya actuado de criterio agrupador de los vecinos, si bien es verdad que la red de relaciones entre compañeras de trabajo -en el caso de las cigarreras por poner un ejemplopudo haber ejercido de soporte para dicho agrupamiento, al haber quienes presentaran -al propietario o a la propietaria, o a la caseraa los candidatos a una sala próxima a la suya por este motivo. Y esta situación descrita puede ser muy diferente a la que se de en barrios de autoconstrucción, en los que la mayor libertad de los ocupantes de los mismos -al no haber propietarios que condicionen-, para ubicarse en una parcela u otra, provoca que estas ubicaciones se hagan por afinidad, de las que una de las de mayor importancia son las establecidas por cuestiones laborales o de oficio común 139 . Como es el caso del barrio sevillano de El Cerro del Águila, entre cuyos primeros pobladores figuró un gran número de albañiles inmigrantes que participaron en la edificación de la Exposición Iberoamericana de 1929 en Sevilla 140 (como ya explicábamos en otro apartado) y de cuya construcción, así como de otros barrios sevillanos de esa época, podemos encontrar referencia en la obra de Marín de Terán mencionada en 138 Aunque podríamos decir con Hannerz que: Para algunos urbícolas, los vínculos más determinados pueden no sólo especificar combinaciones de participaciones situacionales, sino implicar también una interacción con las mismas personas en dos o más dominios; los que son colegas pueden también elegir ser vecinos unos de otros y acudir a los mismos encuentros deportivos durante sus horas de ocio. Se convierten más bien en algo semejante al típico pueblerino urbano, de la vecindad mexicana de Oscar Lewis o de otros lugares, que tiende a reclutar al mismo puñado de personas como compañeros en uno y otro tipo de situación. Las fronteras entre los dominios se pueden tornar de nuevo difusas. Pero en un aspecto por lo menos, estas personas son diferentes de un pueblerino de verdad. Porque en torno a ese pequeño grupo, como descubrirán si se mueven así sea un poco por la ciudad, hay un océano de extraños y de relaciones de tránsito. (Hannerz, p. 130) 139 Casi podríamos decir que gremiales. 140 Francisco Narbona. Sevilla y la Exposición de 1929. Edit. Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Sevilla. Sevilla, 1987.
- 116 - otro lugar de este trabajo: La misma empresa inmobiliaria que promueve Nervión adquiere allí unos terrenos que divide en pequeños lotes, estrechos y profundos, que vende a los inmigrantes que acuden a Sevilla, para que edifiquen sobre ellos sus viviendas con los materiales que tienen a su mano. Estamos asistiendo al nacimiento del Cerro del Águila. (Marín de Terán; op. cit; p. 62) Si bien para estudiar la evolución de la ciudad en sus aspectos físicos y también sociales y para las transformaciones urbanas de esta época, podemos consultar, además de ésta, consultar la biografía del líder republicano, concejal del ayuntamiento en una época y sociólogo Alejandro Guichot, publicada por José Ramón Benítez 141 . En otros contextos culturales podemos encontrar también ejemplos de esta agrupación por oficios o por afinidad, pero siempre con la condición de que hay como sustrato una situación de autoconstrucción que permite a los ocupantes de las viviendas una mayor libertad a la hora de ubicarlas cerca o lejos de uno u otro convecino. Ese es el caso del “bidonville” 142 denominado Douar Doum, estudiado por la anteriormente mencionada Colette Petonnet 143 , la cual nos habla así de esta circunstancia: Alrededor de cada tribu y formando como un tejido conjuntivo, las gentes de otros orígenes son vinculados por alguna identidad geográfica, de edad o de oficio, se encuentran en el mismo lugar no uno sino varios soldados, muchos arrendatarios, muchos viejos, muchas parejas jóvenes, mucho emigrado reciente. A medida que cambia la mayoría tribal, la composición del tejido conjuntivo cambia también, prueba de que la toma de posesión del espacio no se hace al azar. (C. Petonnet, p. 63) Apreciaciones que nos llevan también a la cuestión de la identidad étnica en general como uno de los condicionantes de la agrupación, y no sólo razones sociológicas más o menos objetivas. Y si nos referimos a cómo los gitanos se agruparon durante un periodo histórico bastante amplio -posiblemente desde el siglo XVIen el barrio de Triana, en la llamada Cava de los 141 José Ramón Benítez. La sociología andalucista de Alejandro Guichot. Edit. Fundación Blas Infante. Sevilla, 1990. 142 Literalmente, barrio con casas hechas a base de bidones de combustible sin uso 143 Colette Petonnet. “Espace, distance et dimension dans une société musulmane. A propos du bidonville marocain de Douar Doum à Rabat”“Espacio, distancia y dimensión en una sociedad musulmana A propósito del "bidonville" (barrio de chabolas) marroquí de Douar Doum en Rabat”. Revue française d’anthropologie. Abril-junioi de 1972. Mouton editions. Paris-Les Hayes.
- 117 - Gitanos y aún en la Cava de los Civiles 144 , y en sus corrales de vecinos 145 ; entonces veremos que incluso el criterio de tribalidad del que habla la autora es aplicable en nuestro caso. Tampoco podemos afirmar que la fisonomía de las viviendas en los corrales de vecinos responda a tipos de oficios 146 , ya que si unimos al hecho de que los agrupamientos se hacían con un cierto grado de azar el de que los propietarios eran quienes decidían cómo debían ser las viviendas y qué equipamientos debían tener, entonces veremos que las coincidencias serán también azarosas y no atribuibles a los oficios de cada uno. Cabría, no obstante, intentar encontrar correspondencia de los oficios con los interiores de la salas, pero para ello nos hace falta más documentación no disponible en la actualidad 147 . Así pues, sólo queda el exorno del patio central como elemento donde podría detectarse algún rasgo de las distintas profesiones ejercidas, pero como éstas eran distintas sólo se reflejan en ellos elementos que podríamos denominar étnicos, comunes al patrimonio cultural sevillano y andaluz. Apartado 4.3: La solidaridad entre los vecinos Puntualizando el concepto, vecinos son aquellas personas cuyos lugares de residencia (o de trabajo como veremos) están cerca; ése es el mínimo obvio. Además, por regla general, se vuelven conscientes de la presencia recurrente unos de otros en el espacio circundante más o menos público y, en consecuencia, de la relación especial que tienen con él. También es probable que indiquen esta conciencia extendiendo el reconocimiento, unos de otros, cuando se encuentran, lo cual convierte esta relación en una diferente a la que existe entre desconocidos. (Hannerz, p. 293) Quizás debiéramos haber comenzado este capítulo (Los ocupantes de los corrales) definiendo qué es un vecino, al menos en el ámbito de nuestro estudio; aunque visto de otro modo a medida que se desarrolle el mismo podremos ir sacando adelante dicha idea. De cual144 Los dos sectores o sub-barrios de la Triana tradicional o histórica. 145 Algunos de los cuales eran identificados como “de gitanos”, tal como el informante E.C.C. ser refirió a uno de ellos en una reciente conversación (julio de 2001). 146 Lo que nos llevaría a un estudio sobre la influencia de las profesiones en los tipos de viviendas como es el caso del trabajo firmado por Noélle Géróme, titulado Las casas de los pescadores de Saintonge (“Les maisons des pecheurs de Saintonge”), publicado en Ethnologie Française. Revue d’ethnologie Française publicada por el Centre d’Ethnologie Française, serie T, nº 1. Año 181. París.. También sobre este tema podemos encontrar el trabajo de Colette Petonette en el poblado de chabolas de Douar Doum, en Marruecos, en el que describe cómo los habitantes del mismo que trabajaban para el Estado, decoraban sus viviendas a base de empapelarlas con cartelas turísticos editados po el mismo, o alguna cita en la obra La casa: historia de una idea, tal como la que sigue: [...] recuerdo (un dibujo de un barco por su hermano, el marino, que estaba fuera), en lugar de adornos. (Rybczynski, p. 119) 147 Excepto el caso documentado por nosotros del Corral de los Sombreros, en el que un vecino decoraba
- 124 - la de algún vecino o vecina con quien se mantenía una especial relación de proximidad; con lo que las afirmaciones que siguen, en el párrafo transcrito, se quedan vacías de contenido: Seabrook observa que las relaciones entre vecinos estaban “basadas en la observancia de un sistema rígido y complejo de normas y convenciones”, que “los vínculos más cercanos se establecían generalmente con los vecinos inmediatos”, y que “los que vivían a unas cuantas casas de distancia eran tratados con una cordialidad que disminuía conforme aumentaba la distancia de sus viviendas, hasta el punto de que los que vivían al final de la calle se tenían que contentar con un rápido saludo y la más breve mirada de reconocimiento”. (Hannerz; op. cit., p. 296) Apartado 4.4: El control social [densidad]. Se suele definir como la proporción de relaciones realmente existentes dentro del número de las que existirían entre una cantidad determinada de personas si estuvieran todas directamente unas con otras (véase la gráfica 4). Hemos señalado ya que Bott y Philip -éste en su estudio sobre los shosasvinculan la densidad al control social. Es de esperar que una persona que esté en una red densa se vea expuesta a la influencia de cualquier otro participante tanto a través de los vínculos directos como de los indirectos. Pero aunque muy probablemente hay cierta verdad en esto, varios comentaristas han señalado que es necesaria una mayor especificación de las condiciones. (Hannerz; op. cit., p. 205) Uno de los puntos en los que coinciden casi todos los testimonios es en el del gran control social de las conductas que se ejercía y se ejerce en los corrales y patios de vecinos. Y ello sería seguramente no sólo por el reducido espacio en el que estos de desenvolvían, que hacía más difícil la privacidad, sino también por las razones que aduce Hannerz: la mayor densidad de las relaciones, definida ésta tal como se describe en el párrafo que encabeza este apartado. Intentaremos realizar también, en el mismo, algunas de las especificaciones que solicita dicho autor: por un lado procuraremos ver quines son los agentes de dicho control y veremos también que el mismo control está en la génesis de los corrales de vecinos, pues nacieron como una necesidad de seguridad y controlar quien entraba en el adarve y quién no. También comprobaremos cuales son las consecuencias sobre los vecinos que son, a fin de cuentas, los que más directamente sufren o se sirven de ese control. Como veremos más adelante, el control social en los corrales de vecinos lo ejercían las caseras, por delegación de los propietarios o propietarias, pero también por cierta autoridad moral que se les reconocía, aunque en realidad resulta difícil ahora dilucidar qué fue antes.
- 125 - Pero en la actualidad ese control social no puede ser desempeñado por la figura de las caseras porque las mismas ya no existen, si bien existen figuras sustitutorias tal como expresábamos en nuestro trabajo sobre las relaciones entre propietarios e inquilinos en los corrales de vecinos (Morgado, 2000) 153 . Pero ese control social ya no se ejerce de la misma manera, tan focalizado en una sola persona, porque vivimos en una época menos autoritaria, por lo que los sustitutos de las caseras más bien parecen ejercer un papel de liderazgo moral o activista -según los casosmás en la línea de los líderes vecinales modernos que de otra cosa.. No obstante el control social se ejerce, en la forma de opinión colectiva -la cual se formula, no lo olvidemos, por medio del lenguaje-, en un sentido con el que los jóvenes no suelen sentirse demasiado cómodos, sobre todo en estos tiempos actuales en que los mismos gozan de mayor libertad que en la última época de auge de los corrales de vecinos: la primera mitad del siglo XX. Testimonio de esta incomodidad juvenil lo hemos podido recoger en algún caso en el que se quejaban de que no sólo el ojo de un adulto era el que veía a qué hora llegaban -pongamos por caso-, sino el de todos los que viven en viviendas que dan al mismo patio. En los patios de nueva construcción no se da tanto ese control social, pues los vecinos viven menos volcados hacia el espacio común y son menos conscientes de lo que ocurre en el mismo -pues está la mayor parte del tiempo vacíopero no obstante los jóvenes requieren hoy en día mayores dosis de privacidad que en épocas anteriores, acostumbrados como están a tener un dormitorio para ellos solos, un televisor y hasta una paga fija. Los grupos de jóvenes no suelen encontrase a gusto en lugares donde adultos -aunque sólo sea de pasovulneren el espacio privado -y colectivo del grupoen el que ellos basan su identidad de jóvenes. Algo así es lo que se observó en algunas de las urbanizaciones de remodelación en Madrid que tenían patios interiores, como en el caso de uno de los complejos de bloques en torno a un patio, denominado Corral de la Pacheca: La estructura general es poco clara, los corrales 154 no pueden cumplir las misiones de un parque por el control social de los vecinos, se producen conflictos entre grupos (ancianos, niños jóvenes) lo que obliga a buscar zonas más libres sobre los antiguos barracones. (Villasante y otros, p. 166) Y todo lo expuesto nos puede ayudar a explicar algunas causas de los abandonos de corrales de vecinos por parte de matrimonios jóvenes en los que no sólo un mayor espacio les 153 Trabajo para la obtención de la suficiencia investigadora ya citado anteriormente. 154 Nota del autor de este trabajo: Urbanización del Corral de la Pacheca, por ejemplo.
- 126 - era necesario. También necesitaban mayor libertad y menor control social de los vecinos mayores sobre sus conductas. Claro que en algunas de las nuevas barriadas esa falta de control social ha traído como consecuencia que no haya ningún tipo de control y los espacios abiertos sin vigilancia vecinal se han transformado en casi todas las ciudades en espacios de marginación, pues los jóvenes no son capaces de ejercer la función de control que representa el colectivo de los adultos. El progresivo proceso de fragmentación de las manzanas (J.L. Trillo, 1991; op. cit.) en la ciudad de Sevilla -fenómeno extendido en el urbanismo y la arquitectura modernas de todo el mundono ayuda tampoco a mejorar la situación, pues eliminan los espacios cerrados en los que la impunidad es menos factible y la escapatoria para los infractores -en los más diversos sentidosmás complicada. También se puede decir que dicha fragmentación, consiste principalmente en la elevación de las cotas de los edificios, con el supuesto objetivo de liberar suelo para servicios o para zonas verdes. Pero dichas zonas verdes están la mayoría de las veces abandonadas porque su carácter de abiertas impide una mejor identificación de los vecinos con las mismas, y no siempre son responsabilidad de las comunidades de vecinos 155 convirtiendo la superficie edificada en una serie de islotes sin conexión entre ellos, lo que a la larga equivale a fragmentar también las relaciones sociales y, por ello, a disolverlas. Hasta tal punto esas zonas verdes son tratadas más como zonas de tránsito que como lugares donde estar que cuando éstas están más próximas a lugares de paso o atravesarlas supone un ahorro de camino, ello supone que se han de vallar para evitar su deterioro. Todo esto nos puede dar una idea de cómo son consideradas esas zonas verdes al menos por una parte de los habitantes de la ciudad: son intersticios vacíos de significado para el ciudadano y para dotarlos del mismo hace falta un esfuerzo de los movimientos vecinales que no siempre se puede mantener durante mucho tiempo. Así que queda claro que las dotaciones de los barrios no son una garantía para que sea posible una mayor convivencia en ellos, sino que ésta depende más de la significación que tienen los espacios, su accesibilidad, la posibilidad de un control social sobre los mismos... Y 155 Es una vieja reivindicación del movimiento vecinal de Sevilla el que el Ayuntamiento de la ciudad “recepcione” a los barrios, lo que quiere decir que se haga cargo del mantenimiento del viario y de las zonas verdes. Esto, que parecería una obviedad que es competencia del Ayuntamiento, es un problema legal que surge cuando las inmobiliarias crean esos espacios intersticiales entre los bloques que construyen, y acto seguido pasan la propiedad a las comunidades de vecinos. Todo esto además de barrios construidos en su momento sin dotaciones, por distintos organismos o simplemente de autoconstrucción, de cuyo mantenimiento el Ayuntamiento nunca se hizo cargo, y que, a su vez, dejaban amplios intersticios también en forma de grandes solares sin construir, e impidiendo la comunicación entre barrios.
- 127 - no vemos nosotros que ello sea a causa, como opinan Villasante y otros (op. cit.) unicamente de la insuficiencia de medios para mantener las viviendas, con la consiguiente degradación que ello supone. No obstante el panorama que representan de los barrios en los que la marginalidad se ha presentado creemos que resulta muy ajustado a la realidad: [...] barrios enteros entran en una espiral de la que resulta difícil salir. La pobreza creciente degrada el medio urbano lo que a su vez hace más difícil salir de la situación de pobreza. De inmediato proliferan las pandillas, se extiende el clima de inseguridad, la droga campa por sus respetos. Y esto se da sorprendentemente, y a diferencia de otros tiempos, , en barrios cuajados a veces de equipamientos, bien dotados de parques, sin problemas de plazas escolares. (Villasante y otros, p. 168) Nos resulta difícil imaginar que existan barrios con tales cualidades en alguna ciudad contemporánea, pero el ejemplo vale, por lo que ilustra sobre cómo la anomia y la falta de control social producen su efecto en la convivencia ciudadana. Hemos dicho antes que la censura social se ejerce por medio del lenguaje, y queremos señalar ahora que el primer paso de ese lenguaje entre vecinos es el que permite el saludo, inicio de cualquier conversación. En efecto hay lugares en los patios -como la entrada o el mismo patio a determinadas horasen los que el saludo es preceptivo y no darlo resulta mucho más violento que en un espacio abierto o que, incluso, en un edificio con patio moderno, con población de clase media en sus viviendas. Pero incluso es que el concepto de saludo varía según los contextos y según los grupos sociales de los que se trate. En un corral de vecinos puede que no se considere apenas saludo el “hola y adiós” habitual en contextos más impersonales. Saludar en un corral de vecinos es pararse, preguntar cómo se está, saber cómo están las cosas... de ahí a opinar sobre lo que pasa en la vecindad, en el mismo corral, hay un paso: queda abierto el camino para la censura o la aprobación y el control social ha encontrado una sólida base para desenvolverse. Así pues, creemos que se ha de tener muy en cuenta el control social que se ejerce o se ejercía en los corrales de vecinos, garantía de defensa contra los comportamientos asociales o conflictivos. Anteriormente este control contaba con la garantía de la figura de la casera, pero hoy en día también existe el mismo pero con un control más difuso por parte de la colectividad; todo esto favorecido por un ecosistema arquitectónico que favorece la sociabilidad y obliga a los individuos a someterse a normas que una forma de vivir más individualista no requiere. Además, dicho control no debería ser entendido solo por lo que respecta al interior
- 128 - del patio sino también con respecto al exterior, actuando como barrera protectora a las intrusiones. Este último elemento mencionado pudiera ser que pasara desapercibido en un momento en el que la tradicional hospitalidad de los vecinos de corral pudiera hacer pensar que todo el que pasara era bien recibido. Sin embargo, en los momentos actuales, en que la inseguridad ciudadana o la avanzada edad de muchos de los vecinos los hace estar algo más indefensos ante las intromisiones de quienes deseen robar o buscar altercados, sí que se hace necesaria esa barrera protectora. Una consecuencia de todo ello ha sido la introducción de porteros electrónicos -como en Pagés del Corro 176 o en Alfarería 158 (Corral de los Corchos)-, gruesos portones de madera la mayor parte del día cerrados -como En Pagés del Corro 111 (Corral de Herrera) o en Castilla 7 (Corral del Señorito) o verjas encerrajadas como en Castilla 18 (Patio de las Flores), Alfarería 49, (Corral de la Galocha), Pureza 72 (Casa Quemá) o Bernardo Guerra 5 (el Jardinillo). Todo lo cual no se nos antoja que es sino expresión de la falta de control social con respecto a las intromisiones sociales, que ha de ser suplida con barreras físicas, ante la ausencia de las miradas incriminatorias o la censura verbal ante extraños que pretendían entrar en el patio sin guardar la debida compostura; por no hablar de la presencia disuasoria de los varones del corral cuando la situación era más o menos violenta 156 . También es verdad que la menor presencia de vecinos, durante la mayor parte del día, en el patio lo hace más vulnerable a las intromisiones foráneas. Una vez más el envejecimiento de la población de los corrales actúa haciéndolos estar más expuestos a las distintas dificultades con las que se pueden encontrar los corrales de vecinos en particular y la vivienda popular en general, en casi cualquier parte del mundo 157 . Pero de cualquier modo, los corrales de vecinos han seguido manteniendo ese difícil equilibrio entre la hospitalidad y la defensa de las intromisiones; funciones que se han ido desempeñando a lo largo de su historia de diversas maneras. La de defensa antes con la figura de las caseras y ahora con los porteros electrónicos, la de hospitalidad con la apertura casi permanente de las puertas (incluso de sus salas) y en la actualidad con el mantenimiento de una actitud hacia el que viene mucho más abierta de lo que ocurre en el resto de la ciudad. 156 Testimonio de lo cual pudimos obtener en una entrevista celebrada en el Patio de las Flores, recogida en nuestro mencionado trabajo para la obtención de la suficiencia investigadora. 157 Otras formas en las que el envejecimiento actúa negativamente en la conservación de estos edificios pueden ser la menor capacidad adquisitiva que impide un mejor mantenimiento -la pintura, la escayola cuestan dineroy menor energía física para afrontar tareas que esos vecinos llevaban a cabo cuando eran más jóvenes, etc.
- 129 - Por lo que, evidentemente, la forma de control social -y de uso del espaciode los corrales de vecinos tiene ventajas pero también puede tener inconvenientes, para aquellos que aspiran a un mayor grado de independencia en su vida diaria. No obstante, queda por estudiar cómo aprovechar las ventajas de ambas formas de concebir el hábitat (la habitual en los corrales de vecinos tradicionales y la que se da en las modernas edificaciones, que otorgan una mayor libertad de movimientos y de acciones a sus habitantes), para obtener soluciones para los tiempos que vienen, en los que la forma de vida de los corrales de vecinos puede actuar como antídoto contra el individualismo exacerbado de la sociedad post-industrial y globalizada de la actualidad. Apartado 4.5: La población de los corrales de vecinos de vecinos a través de los tiempos [¿de la historia?] Pero a pesar de las afirmaciones que hemos hecho hasta ahora en este Capítulo IV acerca de la población de estos edificios, hemos de matizar que los mismos han pasado por momentos históricos 158 muy diversos, los cuales podrían resumirse en las siguientes etapas: 4.4.1 Etapa de formación, que marca la transición entre los adarves y los primitivos corrales de vecinos, con las influencias previas del patio romano. 4.4.2 Época de expansión, alrededor del siglo XVI, cuando la ciudad alcanza probablemente su máximo demográfico antes del siglo XX inmediatamente antes de que se produjera la serie de epidemias y hambrunas del siglo XVII. En esta época aumenta este tipo de alojamiento que precisaba escasa superficie para una alta densidad poblacional 4.4.3 Época de transición, previa a la segunda expansión de los mismos, durante un largo periodo en el que la ciudad sufre un lento decaimiento. 4.4.4 Época de la segunda expansión, en un nuevo periodo de expansión demográfica y antes de que aparecieran las nuevas formas de alojamiento surgidas durante el siglo XX y las 158 Y utilizamos la expresión “de la historia”, porque creemos que los corrales de vecinos se hayan afincados en un periodo histórico y no mítico, a pesar del recurso al mito por parte de sus habitantes (tema que ya tratamos en Morgado, 2000, op. cit.) para reafirmar el valor de sus edificios y su modo de vida. Sostenemos, sin embargo, que el tiempo de los corrales es histórico y no mítico (ver Apartado 9.2: La dimensión temporal), al corresponder a una cultura plenamente urbana.
- 130 - consiguientes técnicas constructivas y la producción de edificios en serie, que las hicieron aparecer. 4.4.5 Época de declive acelerado, a partir de la riada de 1961 y del terremoto de 1969 y las inundaciones de 1970. Que provocan la desaparición masiva de muchos de estos edificios en los que, según algunos cálculos llegó a vivir hasta el 95 % de la población sevillana. 4.4.6 Época patrimonialista y reivindicativa, en la que la influencia de las nuevas corrientes medioambientalistas en el espacio urbano redescubren los valores potenciales de estos edificios de los que aún quedan algunos ejemplares significativos. Esto supone la realización de los inventarios de corrales más exhaustivos hasta la fecha. También se percibe una recuperación del patio central como elemento constructivo en algunas construcciones contemporáneas, en Triana y otros lugares de Sevilla. En cada una de estas épocas mencionadas está claro que los habitantes de los corrales debieron ser muy diferentes con respecto a las demás, aunque pudiéramos encontrar el denominador común de los escasos recursos económicos; hasta el último periodo en el que el esnobismo o el temperamento bohemio pueden haber hecho añadir a la serie de tipos humanos habituales de los corrales de vecinos a personas de clase de media, artistas, trotamundos... que han supuesto en algunas ocasiones una ruptura en la sociología de los mismos, aunque nunca demasiado significativa cuando se ha mantenido parte de la población original. Pero cuando la sustitución de la población ha sido completa nos encontramos con casos como el del Corral del Conde en el que ya nada es como era antes de su restauración. Y precisamente esta variabilidad de los vecinos de los corrales a lo largo de los distintos periodos por los que estos han pasado, nos hace tomar con precaución los datos que tenemos sobre la población de los mismos, obtenidos sobre la población actual en muchos casos, cuando no podemos pretender que lo comprobado en una época se refiera a la población de las otras. Así, podremos decir que el envejecimiento de la población local ha modificado sustancialmente el espectro profesional de los vecinos y vecinas, al que incluso ha modificado también el progresivo deterioro de los mismos, atrayendo en algunos casos a indigentes o personas con muy escasos recursos económicos.
- 131 - También podemos decir que la composición étnica de los corrales de vecinos ha variado enormemente desde que desaparecieron las fraguas trianeras -lo cual está también en relación con el tipo de profesión que se daba en la zona-. En efecto, las fraguas trianeras, especializadas en el herraje de caballerías estaban llevadas exclusivamente por gitanos herreros (Pérez de Guzmán, op. cit) y cuando se llevó a cabo la progresiva edificación de los terrenos agrícolas conocidos como Vega de Triana y, más aún, con la paulatina mecanización de las faenas agrícolas no ya de la Vega de Triana sino también de la zona del Aljarafe más próxima al barrio, la clientela de dichas fraguas desapareció al no haber caballerías que errar, tal como se relata en la obra mencionada anteriormente. Con la desaparición de las caballerías que llevaban a cabo las faenas del campo, ocurrió también la de las fraguas y con ellas los gitanos que las regentaban se hubieron de marchar del barrio privados de su modo de vida. La gran mayoría de gitanos que poblaban los corrales de Triana hubo de cambiar no sólo de dedicación sino también de lugar de residencia, de modo que en los años sesenta ya estaba consumado este proceso. También podemos decir que ha cambiado la procedencia de los ocupantes de los corrales según las épocas. Es lógico pensar que durante las épocas en las que el incremento de población en la ciudad y el barrio ha sido amplio, la proporción de población inmigrante también se ha incrementado en los mismos y en las épocas de recesión -como la actualla misma desciende. Lo cual equivale a decir que no es cierto siempre que la mayoría de los ocupantes de los corrales sean de procedencia rural, tal como sea ha dicho en alguna ocasión en otros lugares. Apartado 4.5: Las relaciones con los propietarios En estas circunstancias, muchos propietarios de casas de vecindad que gozaban de las rentas que éstas proporcionaban vieron muy mermados sus ingresos, llegando en muchos casos a obtener balances negativos si se tienen en cuenta los numerosos gastos que comportaba el mantenimiento de los edificios en condiciones de funcionamiento. La solución que se les ofrecía era sin duda enajenar sus propiedades, lo que prioritariamente afectó al conjunto edificado de peor calidad, que era donde se obtenían las rentas más bajas, garantizando así, paradojicamente, la conservación de los edificios con menos aptitudes y de más difícil acondicionamiento, al propio tiempo que se producía una fuerte selección de la población residente, con lo que la ciudad histórica se convirtió en algo muy semejante a un “ghetto” de habitantes envejecidos o con escasos recursos; es decir, de débil capacidad de réplica, aunque hoy ejercen parcialmente su dominio alternativo. (Álvarez
- 132 - Mora y Roch; op. cit., p. 56) Ya en el trabajo para obtener la suficiencia investigadora expresabamos que: ...las relaciones casero-inquilino están sujetas a cambios difíciles de explicar por la cantidad de intereses socioeconómicos en juego... También explicábamos que eso es aplicable a las relaciones casero-inquilino en casi cualquier ciudad del mundo, lo que tenía de peculiar el caso que estudiábamos era precisamente el tipo de vivienda que se estudiaba. En dicho marco, la cualidad y la cantidad de las relaciones entre propietarios fueron estudiadas, observándose cómo habían evolucionado a lo largo del siglo XX y en parte del XIX, qué figuras intervenían y qué papeles tenían. Para realizar dicho estudio tuvimos en cuenta las siguientes invariantes: a) proximidad-distancia en las relaciones (si son directas o a través de Administrador o de casera) b) cantidad de trato entre ambas partes (sólo para arreglar desperfectos y cobrar o por más razones) c) situaciones en las que se producen o producían esas relaciones (sólo por motivos derivados de la situación contractual que une a ambas partes o hay también razones personales) d) calidad de las relaciones (si son sólo derivadas del contrato de inquilinato o son de tipo personal: si ha habido padrinazgos, amistad, etc.) e) si vive el propietario en el edificio o en otro lugar (tanto antes como ahora) Como resultado de dicho estudio, la investigación proporcionó como respuesta que se había producido un progresivo distanciamiento de la relaciones propietario-inquilino, con el agravante de que las figuras intermediarias de las caseras habían desaparecido completamente en el momento de la investigación, si bien algunas de sus funcionas habían sido reemplazadas por algunos vecinos o vecinas con especial ascendiente entre sus convecinos. Por otra parte, el trato entre propietarios e inquilinos había ido disminuyendo hasta quedarse reducido a unos pocos contactos esporádicos en situaciones especialmente conflictivas y a veces ni eso, porque los propietarios evitan encontrarse en situaciones especialmente incómodas con los inquilinos. También pudimos comprobar que las relaciones de tipo más personal, incluso en momentos en que el distanciamiento entre propietarios e inquilinos no era tan grande, tuvieron
- 133 - lugar en una medida bastante escasa -sólo en algún momento, 3 de los dieciséis corrales estudiados 159 y ello a pesar de que al menos en 4 más de ellos incluso vivían en el mismo corral los propietarios o tenían negocios instalados en el mismoApenas en un caso pudo decirse que había habido una relación de amistad y jamás los propietarios apadrinaron a ningún hijo de vecino, ni en ninguna boda. En la actualidad incluso no han visto nunca a los propietarios en algunos casos. En el momento de realizar nuestro trabajo de campo, no vivía ningún propietario a la entrada de su corral respectivo, como llegó a ser tradicional y estos residen en la actualidad hasta fuera de la ciudad, como en uno de los casos 160 , ya que es una inmobiliaria 161 la que ostenta la titularidad de este edificio. A estas conclusiones pudimos llegar a partir de un trabajo de campo, basado en 16 entrevistas a la par que en nuestra participación activa en la labor reivindicativa vecinal durante 4 años. Dicho trabajo de campo, además., se subdividió en varias fases que comenzaron por una de diseño de los instrumentos y de observación participativa, otra de ejecución del estudio piloto, sobre la base de seis entrevistas, una más de rediseño de los instrumentos de observación, la siguiente de realización del trabajo de campo propiamente dicho y la conclusión con el correspondiente proceso de análisis antropológico de los datos obtenidos. Como consecuencia de ello el estudio arrojó los siguientes resultados: Punto 4.5.1: Items de identificación Edad Edad media de los entrevistados: 1256/20 = 62.8 (sólo teniendo en cuenta las edades conocidas). Resulta una media de edad adecuada y un intervalo también adecuado (entre 47 y 77 -aunque hay una informante de 85, debidamente auxiliada por su hija-), pues permite obtener información lo más lejana posible en el tiempo, sin que, por ello, se pierda fiabilidad por fallos en la memoria de informantes demasiado ancianos. Por otro lado, éste es el intervalo de edad más frecuente, hoy en día, en los corrales y patios de vecinos. 159 Corral de las Ranas, El Jardinillo y Corral de los Corchos. 160 Corral de las Ranas. 161 Restaura.
- 140 - diendo en ocasiones que éstos realicen las reparaciones a su costa. Además, a pesar de que algunos de ellos aducen falta de medios para efectuar las reparaciones, sin embargo, no tuvimos noticias de que ningún propietario de los corrales estudiados haya hecho uso de las Ayudas para la Rehabilitación Privada que convoca el Ayuntamiento de Sevilla, o se hayan acogido al Plan de Rehabilitación de los Corrales de Vecinos de Triana, de la Consejería de Obras Públicas. Los casos en los que no se hacía ningún tipo de mantenimiento se elevaban, en el momento de las entrevistas, a 4, pero en varios de los otros, la calidad de ese mantenimiento había disminuido bastante, equivaliendo, casi, a un abandono. Sólo se puede decir que había un mantenimiento correcto en 2 de los corrales estudiados: los casos 13 y 15, el primero por un interés poco común del dueño y el segundo porque los vecinos son la gran mayoría propietarios. Grado de conocimiento con el dueño En este apartado las diferencias son muy significativas, pues en periodos anteriores, practicamente en todos los corrales -excepto en uno con datos poco fiables, dada la juventud de la informante, por entonceslos vecinos conocían a los dueños, mientras que en los tiempos actuales, en sólo 5 de 14 casos, los vecinos los conocían realmente; en 4 más tenían cierto conocimiento y en hasta 5 casos de ellos no los conocían en absoluto; los 2 corrales restantes son desechables para el estudio por motivos anteriormente expuestos. Esto es, pues, uno de los apartados en los que se ve más claramente el paulatino distanciamiento en las relaciones propietarios-inquilinos que, en este caso, se manifiesta en la desaparición del más mínimo contacto físico o social que permita saber quién es quién. Conoce el propietario a los inquilinos En este apartado, de parecidas características que el anterior, se muestra de nuevo cómo se evoluciona en las relaciones propietarios-inquilinos hacia un progresivo distanciamiento: mientras que en épocas anteriores, de los 14 casos de los que tenemos datos, en 13 casos los propietarios conocían personalmente a los inquilinos y en uno sólo parcialmente; en cambio en la actualidad, sólo en 4 casos conocían los propietarios a los inquilinos, en 2 casos más conocían a algunos vecinos, en 7 casos no conocían los propietarios a los inquilinos. Es decir, que la misma tendencia mencionada en el apartado anterior se marca en éste último y quizás más acentuada porque los vecinos ponen más interés en conocer a los propieta-
- 141 - rios de sus viviendas -de quienes dependen sus vidas en muchas ocasionesque éstos últimos en conocerlos a ellos, pues posiblemente los vecinos no sean para ellos más que un ingrediente más para sus ingresos en el mejor de los casos -aunque a veces haya habido amistad verdaderay un estorbo para sus planes de enriquecimiento fácil en el peor de ellos -si bien esto último es un acicate para conocer a los vecinos, pero en un sentido más bien negativo. Viene por gestiones acerca del corral Las visitas “profesionales” de los dueños de los corrales eran hace unos años generalizadas y éstos mantenían un contacto directo con sus propiedades y con sus vecinos, para gestionar con más eficacia; así ocurre al menos en 3 de los casos de los que tenemos datos; en los 13 casos restantes acudieron a veces a los patios para este tipo de actividades. Esta tendencia ha cambiado y sólo en 8 casos, de los 13 señalados, acuden al patio para realizar algún tipo de gestión. Éste es, pues, en un nuevo ítem que marca la tendencia al distanciamiento en el tipo de relaciones que estudiábamos, siendo tanto más significativo en cuanto que ni siquiera se pide aquí una implicación personal, sino intereses puramente egoístas para mantener el contacto - suponiendo que tuvieran algún interés en esos corrales como tales, que seguramente no lo tienen-. Viene por motivos no interesados En épocas anteriores, había 4 propietarios, de los que tengamos datos, que venían por gusto o por algún gesto amistoso y 3 de ellos no venían con seguridad, aunque seguramente serían más esos que no venían. En la actualidad, no hay ningún propietario que venga por gusto o sin ningún interés egoísta, teniendo en cuenta que de esta circunstancia hay datos en 10 de los casos y del resto -otros 2 casosno tenemos ninguna referencia. Se ve de nuevo que los pocos lazos personales que existían entre propietarios e inquilinos se deshacen y se va convirtiendo cualquier posibilidad de comunicación en irrealizable. Viene a fiestas familiares En 10 de los corrales estudiados hay constancia directa de que se han realizado en el pasado ese tipo de fiestas familiares en común, al menos en alguna ocasión y sólo en 2 casos nos afirmaron que no se habían celebrado nunca, por lo que podemos suponer que en los 4 casos restantes también se celebraron ese tipo de fiestas.
- 142 - Sin embargo, sólo en 2 de los casos habían acudido los dueños a fiestas familiares y en los últimos tiempos en ningún caso, a pesar de que aún se celebran ese tipo de fiestas, en común para todos los vecinos, al menos en 3 de los casos (en los últimos 5 años) y aunque tenemos seguridad de que en 6 casos no se celebran, en el resto puede que se celebre en alguno de ellos. No obstante, ningún propietario viene en la actualidad a estas fiestas familiares. Tenemos, pues, una nueva demostración del progresivo enfriamiento de unas relaciones que casi nunca fueron cálidas y muy frecuentemente tuvieron un único carácter utilitarista y/o rentable para los propietarios. Viene a Cruces de Mayo o similares En 4 casos nunca hubo Cruces de Mayo 162 . Desde los años 60 sólo se han celebrado algunas Cruces esporádicas en los corrales de los casos 4, 8 y 12. En los casos 4 y 8 recuerdan que vinieran los dueños; en otros casos puede que también vivieran, pero no hay certeza de ello. En 1 caso (el número 4, las Cruz era sólo para los vecinos del patio) y en 2 (casos 8 y 9) entraba todo el quisiera; de los demás casos no hay referencias directas. Vive el propietario o algún hijo en el corral De 5 de los patios no hay datos sobre este tema, en 5 de los corrales no ha vivido nunca el propietario/a, aunque 2 más de ellos tenían un negocio en el mismo y en 1 de éstos vivieron, además en el corral -y en 1 caso vivían en una casa de al lado-, así como 2 propietarios más llegaron a tener vivienda en el corral, aunque sólo 1 llegó a vivir en él. En 1 de los casos, los vecinos llegaron a refugiar a los propietarios durante la guerra civil, aunque nunca 162 La fiesta de la Cruz, ha perdurado. Por una extraña y oculta razón, de lo típicamente sevillano, sólo se han salvado, hasta ahora, aquellas manifestaciones populares ligadas íntimamente con la religión, o francamente litúrgicas. Así, las Cofradías, y así, la Cruz de Mayo. En los corrales -los palacios vencidosque fueron abandonados por la aristocracia y ocupados gozosamente por la plebe, que les dió vida nueva, celebra el pueblo la fiesta de la cruz. Todas las noches de fiesta del mes de Mayo, en el patio del corral, fantásticamente engalanado, se reúnen las mocitas de los barrios; tras ellas acuden los galanes flamencos, pintureros. Hay unas guitarras o un piano de manubrio, y las musiquillas suenan incansables, mientras los cuerpos se regodean y complacen en el baile. La Cruz, en tanto, encaramada en los improvisados altares y cubierta con las primorosas colchas trocadas en doseles, preside el festín, complacida, olvidada y sublime. El portentoso símbolo, acaso haya perdido la razón de su simbolismo, y desde luego, las fiestas que ante su altar se hacen, no son las fiestas del Triunfo de la Cruz; pero esas aspas mudas, inexplicables, de las fiestas de Mayo, son el símbolo inevitable de este pueblo, que aún para sus bailes y cortejos, siente la imperiosa necesidad de algo mítico y simbólico. El corral del Jandincillo celebra también la Fiesta de la Cruz. Todas las vecinas han prestado las primorosas cortinas y las colchas de desposada. Unos mozos de rumbo costearon la instalación, los chiquillos robaron flores y follaje en los jardines, y las muchachas hicieron con papel y engrudo grandes montones de cadeneta. Una vecina, santurrona y pudiente, prestó una hermosa cruz; con peana del siglo XVI, y el casero, hombre de sólidos conceptos, de estética sevillana, aderezó y compuso el viejo patio del corral, sacando de aquí y de allá
- 143 - vivieron ahí. En la actualidad no vive ningún propietario en el corral, lo que habla también del proceso paulatino de distanciamiento entre propietarios e inquilinos que, en este caso, se manifiesta también en distanciamiento físico. Más tarde veremos que ese distanciamiento se traducirá en no conocerse mutuamente. El último de esos propietarios -el de la entrevista número 3había vivido allí hasta hacía unos 16 o 18 años. Vive algún familiar en el corral Del caso número 2 no hay datos, así como tampoco de los casos 14, 15 y 16. Hay 6 corrales en los que nunca ha vivido un familiar y otros 4 donde alguna vez ha vivido un familiar, además de otros 2 casos en los que, aún hoy en día, tienen negocios en la casa-tapón, o en la fachada, algún familiar de los propietarios. De los 4 casos de corrales donde han vivido, 1 lo es en la actualidad y recientemente. En 1 caso -el número 9un familiar llegó a ser portera. Lugar de residencia del propietario Menos en 2 casos: el que se trata de tiempo pasado y aquel en el que los vecinos son propietarios en la actualidad, en 7 de los casos conocen el lugar de residencia de los dueños, en 3 de los casos sólo conocen el lugar donde está su oficina (en los casos 4, 5 y 11) y en 2 de ellos sólo tienen una idea aproximada de donde está. En el resto de corrales desconocen totalmente donde pueden vivir los dueños (en los casos 1 y 7). De los dueños anteriores a los actuales, los vecinos sabían en todos los casos sus direcciones (15 casos). De los casos antiguos, 5 propietarios vivían en Triana (1 en Santa Cecilia), 2 en Los Remedios y los demás en el resto de la ciudad. Podemos decir que era una burguesía local la que se ocupaba de este negocio, aunque recientemente tenemos noticias de que una inmobiliaria 163 se ha hecho cargo de 1 de los corrales estudiados (el número 4). En la actualidad 2 viven en Triana, 1 en Los Remedios y 6 en el resto de la ciudad. Comparte aficiones con los inquilinos En cuanto a compartir las aficiones, aquí se ve con bastante claridad un distanciamiento más tradicional, pues el paternalismo no permitía ciertas confianzas. Sólo hay un caso (el sus elementos decorativos. pp. 151-152. (Las negritas son nuestras). Manuel Chaves Nogales (1921). 163 “Restaura”.
- 144 - número 9) en el que se diga que se comparta algún tipo de afición (es decir, que haya una amistad real y no protocolaria). Hay confianza o amistad En 5 casos reconocen un trato amistoso, siempre hablando del pasado, pues en la actualidad ninguna de esas relaciones persiste; en 4 de ellos hay una enemistad manifiesta. De 3 casos no hay ninguna información (2, 11 y 12). En 3 casos la relación es y ha sido neutra. Hay padrinazgos Ningún dueño ha apadrinado ninguna boda o bautizo, aunque una de las caseras sí lo hizo en un bautizo (en el caso número 5). Entre los vecinos ha habido 5 padrinazgos, sin incluir al caso de la casera. Opinión sobre el propietario Sobre los dueños de hace algunos años, pudimos recoger 10 casos en los que se expresaban opiniones más o menos positivas; en 2 casos no se expresó ninguna opinión y en 3 casos la opinión fue negativa; en otro caso más era imposible que se expresara alguna opinión. Sin embargo, en la actualidad sólo pudimos recoger 2 opiniones positivas; en 3 casos no opinaron; en otro caso hubo una opinión ambigua; en 2 casos no era posible recoger ninguna opinión (casos 2 y 15) y en 7 casos la opinión era negativa. Dejando aparte la tendencia a considerar que cualquier tiempo pasado fue mejor, que sin duda influiría a la hora de pensar que los dueños eran más buenos y considerados que los actuales; sin embargo las diferencias tan grandes entre épocas anteriores y las actuales, lo son tanto que pueden permitirnos pensar que alguna diferencia habrá -para empeorarentre ese pasado impreciso y mítico y la actualidad, en la que los sucesos cotidianos son más difíciles de distorsionar. Punto 4.5.3: Las figuras intermediarias [...] ¡Oh corral sevillano...! ¡Oh panal donde moran las abejas obreras con su reina y su zángano...! Eres el triste estigma de mi Sevilla de ahora aunque en el norte de América gusten mucho tus cuadros.
- 145 - La reina es la casera... El zángano el marido... Las hormigas obreras, la hueste del corral [...]. (F. Villalón, pp.60-61) En este fragmento de nana del poeta de Morón de la Frontera, Fernando Villalón se describe breve pero certeramente el papel de las caseras, sus maridos y el resto de la vecinos, que s de lo que va a tratar el presente punto de este trabajo. ¿Hubo casera?, ¿cuándo? Sólo en 1 caso (el número 16) no hubo nunca casera, seguramente debido al pequeño tamaño del patio en la época de auge de las porteras y también debido a su tardía construcción. En la actualidad no queda ninguna de ellas. El cargo estaba reservado, casi en exclusiva, a las mujeres, pues sólo se habla de un caso en el que hubiera, en algún momento un portero o “casero”. El caso más reciente de casera se remontaba hasta hacia unos 13 años atrás (en el caso número 8); es decir, 1984. Relación de la casera con el dueño De los 8 casos, de los que hay datos, en 2 de ellos las caseras habían sido sirvientas de los propietarios; en 2 casos más había parentesco con ellos, en 1 la hija de la casera era empleada en un negocio del dueño; en otro caso, la casera tenía parentesco con otra casera de confianza del dueño en otro corral y en otro más había cierta amistad con la familia de los propietarios. Es decir, que el cargo de confianza, que suponía ser casera no se lo daban a nadie que no fuera previamente conocido o no tuviera referencias ciertas de que podría guardarles a los dueños una cierta lealtad. Funciones de la casera De los 16 casos, tengo datos de 13, pues en 1 no me facilitaron datos sobre las funciones de la casera (caso número 1), en otro (caso número 16) no hubo nunca casera y en otro (caso número 6) sólo se nos dijo que vivían a la entrada del corral, pero sin especificar ninguna de sus funciones. En 6 de los casos de los que tenemos datos (en los casos 3,8, 9, 10, 12 y 13), las caseras limpiaban el patio, los servicios, etc, aunque en uno de ellos este servicio lo pagaban aparte los vecinos; la función de cobrar la ejercían las caseras en 3 patios (casos 3, 10 y 11), aunque en uno de ellos no es seguro que fuera así; en 9 casos mantenían el orden (casos
- 146 - 2, 3, 4, 5, 8, 9, 10, 15 y 16), si bien en unos casos parece que tenían más competencias con los niños, para controlar el desorden que provocaban sus juegos y/o su indisciplina, y en otros parece que la mayor parte de su poder se basaba en la regulación del uso de las pilas de lavar, por las que había frecuentes peleas, dada la escasez de éstas y del suministro de agua, que no solía ser durante todo el día; en 2 casos nos mencionaron el papel de interlocutoras con los dueños (casos 8 y 9) y en 1 de éstos se encargaba de los arreglos del patio (caso número 9); en 1 caso (el número 2) se mencionó las gestiones de “papeleo”; en 2 casos se mencionó la función de encender y apagar las luces y en otros 2 abrir y cerrar la puerta (casos 12 y 13). Es de destacar que en algunos casos los informantes utilizaban la expresión porteras y no caseras, seguramente mal utilizada porque las funciones de las caseras no eran, por lo que vemos aquí, las mismas que las de los porteros o porteras -término tan evidentemente relacionado con la palabra puerta y con una función que tendría que ver con guardar la puerta o estar junto a ella 164 -. Es verdad que los porteros -de fincas urbanasno sólo “guardan la puerta”, pero tampoco hay una correspondencia exacta entre las funciones de uno u otro oficio, por lo que no podemos decir que ambos sean lo mismo. En 3 de los casos (3, 5 y 7) se nos mencionó que las caseras no pagaban el alquiler, aunque posiblemente esa fuera una práctica generalizada en todos y la única forma de pago que tenían por sus servicios, además de la gratuidad de la electricidad o de alguna ventaja más. También hemos de pensar que las funciones mencionadas fueran más generalizadas de lo que aparece en este estudio, pues unos vecinos pueden haber recordado unas y otros otras, sobre todo teniendo en cuenta que algunos de ellos hablan de lo que le han oído decir a otros vecinos o parientes más antiguos. Punto 4.5.5: Otros Otros datos En este apartado se introdujeron datos de muy diversas naturalezas, por lo que preferimos no hacer un resumen de éstos, si bien aconsejamos en su momento leerlos (Morgado, 200; op. cit) ya que consideramos entonces que hacerlo podía aportar datos que trascendiesen de la anécdota y que podían ser sumamente ilustrativos de cual es y fue la realidad de los corrales de vecinos. 164 A este respecto, parece ser que, por los datos obtenidos, las caseras solían vivir junto a la puerta, por lo que la función de porteras también podría serles adjudicadas, pero no en exclusiva, pues tenían otras funciones
- 147 - Es decir, que resultó un panorama de relaciones entre propietarios e inquilinos que resumía, de manera bastante ilustradora, el actual panorama y el del todo el siglo XX del urbanismo, de la especulación inmobiliaria, de los problemas de vivienda de la sociedad actual y, en definitiva, de todos las maneras de habitar que se presentan en el mundo contemporáneo, además de manifestarse en el estudio cuales son las principales contradicciones sociales que se manifiestan en el área de estudio -el barrio de Triana y la ciudad de Sevillay en la mayor parte de las zonas del mundo. Y además, dicho panorama fue en consonancia con lo que cabría esperar de un mayor distanciamiento en las relaciones entre propietarios e inquilinos, muy en la línea de la tendencia contemporánea de distanciamiento de las relaciones sociales en general, debido al creciente auge del individualismo que conduce al aislamiento (a pesar de los paliativos como Internet). Y todo ello a pesar de las afirmaciones demagógicas (y comprometidas con el sistema dominante) de que ya no existen las distancias sociales. Todos nuestros vecinos parecieron pues hallarse en un universo en el que se pasó de un orden en el que parecía dominar la situación descrita por Bourdieu en el párrafo siguiente -de distanciamiento, pero efectiva-, a otra situación caracterizada por la ausencia de las mismas (valga la paradoja): Las disposiciones adquiridas en la posición ocupada implican una adaptación a esta posición, lo que Hoffman llamaba el sense of one’s place. Este sense of one’s place es el que, en las interacciones, conduce a las personas que en francés se llaman “les gens modestes” a mantenerse en su lugar “modestamente” y a las otras a “guardar las distancias” o a “mantener su rango”, a “no familiarizarse” . Estas estrategias, hay que decirlo al pasar, pueden ser perfectamente inconscientes y tomar la forma de eso que se llama timidez o arrogancia. En realidad, la distancias sociales están inscritas en los cuerpos, o, con más exactitud, en la relación con el cuerpo, el lenguaje y el tiempo (otros tantos aspectos estructurales de la práctica que la visión subjetivista ignora) (Bourdieu, p. 132) Además, del panorama que se nos perfiló entonces acerca de las relaciones entre propietarios e inquilinos y de lo que se podía esperar de las mismas, no pudimos más que pensar en la dificultad de un mantenimiento de los edificios de los corrales de vecinos habida cuenta del poco interés de los propietarios por su mantenimiento como tales. Por el contrario, la constatación de que en los escasos casos en que la propiedad de los inmuebles recaía en los mismos vecinos suponía un mejor mantenimiento de los mismos. Estábamos sobre la pista de lo que significa el que los inquilinos puedan acceder a la propiedad de sus viviendas, con implicaciones que podríamos resumir de la manera siguiente: los vecinos dejarían de estar a merced de la buena voluntad del propietario de que podían coincidir pero no siempre eran las mismas que en el caso de los porteros.
- 148 - turno. S los vecinos que fueran propietarios tendrían un mayor interés en el mantenimiento de los mismos y no tendrían los obstáculos que para realizar dicho mantenimiento ponen los propietarios. S el mantenimiento más continuado mejoraría el estado de las viviendas y ello aumentaría el valor de las mismas, lo que repercutiría en una mejora de la posición social de los ocupantes, que contarían con una reserva patrimonial para salvaguardarlos en las épocas difíciles. S la fragmentación de la propiedad, por su parte, dificultaría la posibilidad de ser enajenados los edificios al completo, al tener que tratar los aspirantes a propietarios de la totalidad con muchos titulares. A la larga esa fragmentación convierte en muy difícil que se vuelva a concentrar y, por lo tanto, que sea demolido el inmueble con la facilidad con que se hace cuando hay un sólo propietario. Este factor influye también a favor de que todos procuren un mejor mantenimiento del edificio pues no hay intereses claros en que se derruya. Apartado 4.6: El anonimato y la despersonalización La tecnología y la industria no sólo modifican y a veces destruyen el medio irreversiblemente, sino que plantean, además, otros problemas no menos arduos; ¿quién controla el arrollador poder tecnológico?, ¿qué tipo de estructuras sociales produce? ¿La despersonalización, la educación competitiva, que sobrevienen necesariamente, encuentran condiciones psicológicas adecuadas en los miembros del grupo para que la adaptación tenga menos aristas? ¿No puede parcialmente interpretarse como una sutil reacción romántica la de algunos grupos de estudiantes de Columbia, Harvard, más la de los ingleses, pero, sobre todo, la de los estudiantes suecos -y no todos del ala izquierda-, la de levantar la bandera contra la mamut estructura de negocios, su falta de responsabilidad social, la machacona y versátil propaganda y la destrucción del medio? (Lisón Tolosana, p. 225) Una de las características que generalmente se atribuyen al medio urbano es la del anonimato, con todas sus ventajas e inconvenientes. Tanto puede significar el anonimato aislamiento como libertad; es decir que el ciudadano puede pasar desapercibido en su ciudad y no solamente en ella como conjunto sino incluso en su barrio o en su calle y ello puede suponer que no se es nadie para sus vecinos, pero a la vez también se le garantiza la intimidad, pues
- 149 - nadie estará pendiente de sus acciones ya que los mecanismos de censura y sanción no funcionarán eficazmente en un ambiente así. Cabría preguntarse si el anonimato es un fenómeno que se percibe en todas las ciudades y si se ha manifestado siempre. En el primer caso estamos por afirmar que ese fenómeno del anonimato es una característica que se ha ido extendiendo como una mancha de aceite desde las ciudades protagonistas de la revolución industrial, puede que expresando características culturales norte y centro-europeas. [...] culpar o responsabilizar hoy a la ciudad, sólo por su tamaño o forma, de los conflictos, tensiones, polución, violencia, hacinamiento o criminalidad -como afirma la ideología burguesa dominante-, es querer ocultar que, por el contrario, la ciudad concreta que hoy rechazamos (Alicante, Nueva York, Manchester u Hong-Kong) está producida por un determinado modo de producción dominante, en interés de una concreta clase social dominante. La pretensión de que la ciudad crece y se desarrolla con vida propia, “como un árbol”, con leyes mecánicas que la dirigen, diciendo que es la ciudad la que al crecer produce por sí misma desequilibrios, caos o violencia, justifica la práctica burguesa reformista de medicarla para la curación de sus enfermedades aparentes, de sus síntomas, sin tener que cuestionar el modo de producción y su clase dominante ( de ahí las discusiones teóricas sobre su tamaño óptimo, su forma ideal, la especialización funcional, las jerarquías urbanas y el resto de idealizaciones del urbanismo). LA VIOLENCIA QUE MANIFIESTAN LAS RELACIONES SOCIALES ENTRE LOS HABITANTES DE LA CIUDAD NO ES UN PRODUCTO INEVITABLE DE SU PROPIO TAMAÑO, DENSIDAD O EXTENSIÓN, SINO QUE SURGEN COMO CONSECUENCIA DE LA EXISTENCIA DE UNAS relaciones sociales de producción BASADAS EN LA DOMINACIÓN Y LA EXPLOTACIÓN DE UNA CLASE SOCIAL POR OTRA. (García Bellido y González Tamarit 165 , pp. 28-29) Desde luego no cabe duda de cual es el punto de vista de los autores sobre por qué ocurren los problemas en la ciudad, causas extraídas del análisis marxista que también se pueden extender al resto de la sociedad. Nosotros compartimos este punto de vista, pero deseamos en este trabajo no caer en la tentación reduccionista de creer que todo lo que ocurre es por el tipo de relaciones sociales de producción que se dan en una sociedad. Hay otros niveles de lectura de la realidad de los que no queremos prescindir, algunos de los cuales pasaremos a analizar posteriormente. Hay, además, otras escuelas sociológicas que también han tratado el tema, con distinto enfoque, recurriendo más bien a una perspectiva psicologista (en el sentido peyorativo del término), pero teniendo la virtud de: 165 Javier García Bellido y Luis González Tamarit. “Para comprender la ciudad”. Claves sobre los procesos de producción del espacio. Edit. Nuestra Cultura. Madrid, 1980 (1979).
Capítulo VIII: La sacralización del espacio - 252 - los estricto indispensable, los elementos de la vida cotidiana. (A. Carloni 258 , p. 149) Así pues, vamos a partir de la base de que -como sucede en toda el área culturalse produce una sacralización del espacio en las ciudades andaluzas y por ende en los corrales de vecinos, sacralización que necesita ser analizada más pormenorizadamente para los objetivos de este trabajo. Trazas de dicha sacralización la podemos encontrar en la idealización -con frecuencia desmesuradadel tiempo y del espacio en que los vecinos vivían en el corral, cuando se han ido de él o incluso cuando aún viviendo en él no se percibe ese corral como el que era antes -por motivos de edad, de abandono de sus habitantes, del estado físico en que se encuentra, etc.-. En todas estas situaciones se produce una puesta en valor que no se corresponde con ventajas materiales o bienestar -entendido en el sentido contemporáneo 259 - sino con una re-valorización que no puede estar en relación más que con una sacralización. Cabría preguntarse si dicha sacralización tiene sólo que ver con lo pasado o ejerce su actuación en tiempo presente; es decir, ¿actuaba en un tiempo pasado de igual manera que lo hace ahora? ¿es también sagrado por lo que se refiere a la actualidad?. Nuestra opinión es que sí. Queremos decir que los corrales eran sagrados ya para muchos de sus ocupantes en los “tiempos míticos” de supuesta felicidad y lo son ahora para muchos de los que aún viven en ellos. Habría que ver si en realidad no son un espacio sagrado para todos. Otra cuestión que queda también en el aire es si es el mismo tipo de sacralización en cada tiempo y en cada lugar; es decir si representa lo mismo el corral para un vecino o vecina ahora mismo o cuando ellos eran jóvenes y si el corral de cuando ellos y ellas eran jóvenes les representaba lo mismo que ahora con la perspectiva de la edad. Dos cuestiones que parecen la misma pero que no lo son. No obstante en ambos casos nos inclinamos a pensar que no son ni pueden ser lo mismo. En efecto, la sacralización de lo ocurrido o vivido en el tiempo pasado se relaciona con el sentimiento de la pérdida y tiene mucho que ver con una situación presente que se percibe como indeseable. En esta situación se revaloriza lo antiguo por referencia a lo actual, muchas veces no basándose en elementos objetivos -lo que no quiere decir que se prescinda de los mismos en todas las ocasiones-, pero reaccionando ante las dificultades con una huida de la 258 Alida Carloni Franca. “Macarena, o como la conciencia llega a una muchacha de un corral de vecinos sevillano”. En Mujer andaluza, ¿la caída de un mito?, dirigido por Pilar Sanchís. Edit Muñoz, Moya y Montraveta, editores, s.a. Brenes (Sevilla), 1992. 259 Ver La Casa (Historia de una idea) de Witold Rybczynski (1989 (1986)); op. cit en la nota 6 de esta
Capítulo VIII: La sacralización del espacio - 253 - realidad que supone no tener esperanza con respecto al futuro -otra vez la interacción con el tiempo-. En el caso opuesto, la huida de la realidad se hace con respecto al futuro lo que nos habla de personas que todavía tienen esperanza de las cosas cambien en su beneficio. Puede que en esta situación se sacralice más la situación presente, puesto que la misma se percibe como mejorable y con elementos de bondad prestos a salir a la luz. Podemos deducir, pues, que los vecinos de los corrales de vecinos trianeros han pasado de esta última actitud -de la exaltación (no comprometida socialmente) de lo popular, propia del costumbrismoque caló fuerte en el sentimiento popular (la cual vio así una forma de hacer más soportables sus existencias) a la otra actitud de búsqueda en el pasado de situaciones más propicias y felices. Todo ello casi como un remedo de la evolución del movimiento romántico en el arte. Claro que eso no debería extrañarnos, puesto que ante una actitud romántica parece que estamos. Se pueden encontrar, además, testimonios tanto de la lucha más reivindicativa -como la de los años 30, según el testimonio de Chaves Nogales (op. cit)- como de la exaltación más chovinista -como en los casos del costumbrismo antes mencionado-. Pero estas “huidas de la realidad” que mencionamos no podemos pensar que están asentadas en ilusiones, pues hemos visto bien al principio de este trabajo y más adelante del mismo. Que están alentadas por beneficios reales para estos vecinos, siendo estos beneficios de orden ecológico -relacionados con la extraordinaria calidad ambiental de estos edificiosy socioculturales -por la sofisticada red de relaciones sociales y de representaciones de realidad que se dan en ellos-. También hemos de constatar, volviendo al tema de inicio de este apartado, que ese proceso de puesta en valor es un fenómeno que se da en muchas viviendas populares, no sólo en nuestro ámbito cultural de estudio, sino también en otros ámbitos urbanos, tal como un repaso de la literatura antropológica sobre vivienda nos revela enseguida: Advirtamos desde ahora que a menudo se trata de formas de alojamiento semicolectivo donde la estrechez de los ámbitos, y algunas veces el uso común de un pozo o de los retretes, mantienen cierta forma de sociabilidad entre los inquilinos. Mientras más bajo es el nivel económico de éstos, más estrechos se tornan los vínculos entre ellos y más reforzada se ve la solidaridad de los habitantes a través de la situación de casi-convivencia que, en caso extremo, este tipo de alojamiento trae aparejada. (Pezeu-Massabuau (1988); op. cit. p. 103) trabajo.
Capítulo VIII: La sacralización del espacio - 254 - No es que se vaya a pretender desde estas líneas que la miseria económica o social es la responsable exclusiva de los sentimientos solidarios que pueda haber entre los seres humanos, puesto que en ese caso habría que renunciar a ver hechos que están a la vista de cualquiera. Sin embargo, parte de razón tiene el autor del párrafo reseñado cuando afirma las virtudes de ese tipo de convivencia; pero no podemos considerarlas debidas a la miseria económica -que una gran parte de las veces es precisamente un inconveniente para la convivencia, como todos los fenómenos de lumpen demuestransino al hecho de compartir servicios o bienes, que es lo que verdaderamente refuerza la solidaridad entre las personas. Tesis ésta que no sería malo discutir en su momento, no sin reconocer previamente que las situaciones de extrema dificultad también crean ese tipo de sentimiento, pero ¿no será eso sólo en situaciones puntuales y extremas o con las condiciones favorables de que hablamos en el párrafo anterior? Siguiendo con el hilo de la argumentación referente a la sacralización del espacio en los corrales, la siguiente pregunta que quizás cabe hacerse es si todo el corral es sagrado o sólo una parte de él, cuestión importante de resolver porque ella nos dará bases para entender los usos que se hacen o se hacían en él del espacio. En un principio, el hogar parece ser sagrado desde un principio, quizás en el sentido de centro del mundo 260 que ya hemos comentado anteriormente. Y buena prueba de ello creemos que son los dioses lares del mundo romano, los cuales obtenían su sacralidad del espacio que ya lo era 261 , como creemos haber demostrado en un trabajo anterior 262 . Pero en un corral de vecinos podríamos distinguir varios espacios simbólicos y lo que se puede considerar hogar es sólo uno de ellos si bien debemos precisar con exactitud si ese hogar se corresponde con lo que se llamaban salas 263 , si es sólo una parte de ellas o si la excede y si eso es así durante todo el día, durante una parte de él o de la noche, en este momento histórico o en otros anteriores. Es decir, que nos vemos de nuevo poniendo en relación las 260 Lo cual puede ser considerado, hemos de reconocerlos así, una reminiscencia -o al menos una coincidenciade sociedades más nómadas que urbanas y más basadas en vínculos de sangre que territoriales. 261 Se entiende: sagrado. 262 Ibid. Ricardo Morgado Giraldo. “Cofradías y Enculturación en Sevilla”. Comunicación presentada en el curso de religiosidad popular celebrado en Andújar en Octubre de 1997. 263 O habitáculo, de una o dos habitaciones, reservado a cada familia en particular, como ya se ha mencio-
Capítulo VIII: La sacralización del espacio - 255 - dimensiones espacial y temporal para llevar adelante el trabajo. Los usos del espacio que se hacen en los corrales, podríamos considerar desde una perspectiva estrictamente funcionalista que estarían determinados por la disposición arquitectónica de sus distintas unidades, por los equipamientos que posee, por la distribución espacial de los vecinos y/o unidades familiares, ya sea en los patios propiamente dichos o en el interior de las referidas salas, de modo semejante a como Philippe Bonnin (op. cit.) encuentra que ocurre en las casas campesinas del Macizo Central francés. No obstante, en el caso que nos ocupa la posibilidad de adaptar la arquitectura a la familia depende mucho más de los usos que se les den a los espacios, porque los arrendatarios de las salas de los corrales sólo tienen esa posibilidad de adaptar los espacios a sus necesidades, ya que la posibilidad de hacer obras o de ampliar estaba y está muy mediatizada por los propietarios de los inmuebles: La forma en la que la familia se instala por la noche revela bastante bien las relaciones establecidas entre sus miembros, y determina la organización de una buena parte de la casa. La aparición de múltiples dormitorios, por tanto correlativa con la constitución de la familia nuclear, es el signo arquitectural más manifiesto de estas profundas conexiones. (Philippe Bonnin, p. 16) Y además, los usos del espacio a los que nos estamos refiriendo pueden estar determinados por las relaciones que establecen los vecinos entre sí, pero todos estos factores y alguno más actúan muchas veces como un todo que se relaciona dialécticamente con la jerarquización de los tiempos y de los espacios que significa la sacralización de algunos de éstos en detrimento de otros. Así pues, hemos de tener en cuenta además que sacralización significa en esta investigación también jerarquización, tanto de espacios como de momentos temporales. Es decir, que supone la puesta en valor de algo por encima de otro algo, lo que quiere decir, ni más ni menos, que es siempre una puesta en relación de dos o más términos que equivale a una comparación y, por ende, a una relación asimétrica; asimetría que será la que haga de estructurante y de organizante del espacio y del tiempo. Son estas organización y estructuración, las que otorgan lo que la antropología tradicional llama una mayor “complejidad” del mundo urbano con respecto al rural o al de las sociedades no complejas o simples. Posiblemente lo que se percibe como mayor complejidad es una estructuración y organización del tiempo y del espacio que ya no está basada en la unidimensionalidad del centro del mundo en las “sociedades simples” sino que se basa en un espacio en dos -o tres en el crecimiento vertical de las ciudanado anteriormente.
Capítulo VIII: La sacralización del espacio - 256 - desdimensiones considerado como sagrado, o en un tiempo que ya no se estructura basándose en la dicotomía pasado mítico-presente conocido por todos, sino que se basa en un tiempo continuo y secuenciado, a veces, incluso, dotado de sentido histórico. El caso de los corrales de vecinos, como fenómeno urbano 264 participa de estas características y tener ello en cuenta podrá permitirnos entender mejor este fenómeno socioarquitectónico andaluz y él, a su vez, nos permitirá encontrar algunas claves para entender el fenómeno urbano en su conjunto, e incluso entender también a la cultura andaluza donde se desarrolla. No obstante, existen circunstancias en las que sí se puede hablar de un centro del mundo en los corrales de vecinos, centro del mundo que se ha ido desplazando en el correr de los tiempos hacia el exterior de los edificios; nos referimos a la prioridad ritual que adquieren los espacios cuando en ellos se ubica una Cruz de Mayo. Esta celebración en franco retroceso en casi toda Andalucía, sin embargo todavía tiene alguna entidad y ha experimentado alguna recuperación en ciudades como Sevilla, si bien ya no se realizan en su mayoría en el interior de los patios sino que se plantan en las plazas o lugares públicos 265 , lo que viene determinado en gran medida por la desaparición paulatina de estos edificios. Desde luego que afirmar que las cruces en los corrales de vecinos constituyen un centro del mundo, al menos durante el lapso de tiempo en el que se implantan, supone una contradicción con las reflexiones hechas más arriba acerca de que esos centros del mundo se corresponden más con culturas no urbanas. Es evidente que una parte del corral, -estimada por los vecinos como más noblepasa a tener una valoración superior, dentro de una escala de valoraciones que, como ya he expresado, tiene mucho que ver con el tiempo; sin embargo ese punto en concreto no es el único que se valora, ni del que se llora la pérdida cuando se pierde. Resultaría absurdo verse lamentar a un vecino de la pérdida de ese lugar concreto del corral - que podría ser permutado por otro, si estuviera en ruina, por ejemplopuesto que la pérdida en estos casos se experimenta con respecto al patio y al edificio en general, e incluso con respecto a una época concreta de ese edificio, como marcos de una forma de vida que se experimenta como deseada y/o deseable. Retomando la cuestión, podemos decir que nos encontramos pues con que la jerarquización del espacio posibilita un uso del mismo que no estará definido exclusivamente por va264 Fenómeno del cual hemos hablado en el Capítulo II: El contexto urbano de los corrales de vecinos: el ámbito de nuestro trabajo. 265 Tal como ocurre en Lebrija (donde incluso las hermandad alquilan locales para este fin) eso Granada,
Capítulo VIII: La sacralización del espacio - 257 - riables de utilidad o funcionales sino por aspectos simbólicos que marcan los distintos espacios y tiempos de distinta manera a los demás, les da un color diferente que los resalta sobre el campo 266 267 y organiza el campo de distinta manera. El uso del espacio en un corral de vecinos seguramente está regido por estas premisas. Aunque no podemos olvidar los aspectos que se podrían llamar sociales como influyentes también en lo que hemos dado en denominar uso del espacio: por ejemplo. 266 Tal y como lo entendía la escuela de la Gestalt, la cual también se expresaba en términos de figura y fondo, como Kurt Lewin a la cabeza de la Teoría de Campo y como Wertheimer, Köler y Koffka con respecto a la Escuela Gestalt más pura. 267 Lewin k., 1949: Field theory in social science, Londres, Tavistock Publications. También es fundamental en el estudio antropológico del medio investigar el uso del espacio: la competencia entre grupos, agresión, invasión, segregación, concentración y centralización, etc. -estudio conocido con la etiqueta de Ecología dinámica. (Lisón Tolosana, p. 224) Desde luego que esos aspectos que hemos llamado simbólicos actúan ligando a los moradores de los corrales de vecinos a estos edificios, con vínculos que sobrepasan lo práctico, como nos explica Kevin Lynch: Ciertas zonas sagradas pueden llegar a adquirir una carga muy elevada, de modo tal que se produce una poderosa concentración de atención, una sutil diferenciación de partes y una gran densidad de nombres. Es evidente que la Acrópolis de Atenas, saturada por una larga historia cultural y religiosa, fue asignada y parcelada por los dioses un pedacito tras otro, casi piedra por piedra, haciendo extremadamente dificultosas las renovaciones... (op. cit, p. 149)
Capítulo VIII: La sacralización del espacio - 258 - Claro que para este autor, esa carga de las zonas sagradas puede llegar a ser inconveniente, pues retrasa lo que él llama la imaginabilidad de la ciudad; o lo que es lo mismo, la posibilidad de transformarla sin límite. Evidentemente no es éste un argumento conservacionista 268 , precisamente, lo que no es extraño viniendo del país que viene esta argumentación. En otro orden de cosas, podríamos preguntarnos ¿de qué manera se realiza toda esa sacralización, jerarquización y marcaje del espacio y del tiempo? Se puede intentar abordar esta cuestión: Podríamos para ello retomar algunos de los argumentos utilizados hasta ahora como el de la búsqueda de una realidad diferente a la que se vive como frustrante, también podríamos recordar el contexto urbano de estos corrales de vecinos que estudiamos y pensar que los mismos necesitan ubicarse en esa realidad; en la cual se produce -como creemos haber demostrado en este capítulode forma natural la sacralización de los espacios. Hemos de considerar también la existencia de un tiempo histórico -propio de los ambientes urbanosbien nutrido de actos ceremoniales y de conductas ritualizadas 269 que van estructurando al mismo a la vez que esparcen su mana en torno de los espacios en los que se celebran. Y para consolidar toda esa sacralización, la constitución de toda una mitología en el imaginario popular, que ha convertido estos lugares en auténticos lugares de leyenda donde la memoria histórica se disuelve para no renunciar a lo más esencial de sí misma. 268 Entendido este concepto no como conservador, sino como defensor del patrimonio cultural o natural. 269 De los cuales hablamos más adelante en el Apartado 12.5: Los rituales, el tiempo y el espacio.
Capítulo VIII: La sacralización del espacio - 259 -
- 260 - Capítulo IX: El espacio y el tiempo como dimensiones en las que se construye la cultura Apartado 9.1: La dimensión espacial Nosotros hemos recibido de la civilización que nos ha formado, una semiología del espacio que define rigurosamente cada una de nuestras acciones y de nuestras más íntimas exigencias en cuanto a las distancias que deben separarnos o acercarnos al prójimo. Así mismo, las formas de nuestro hábitat tienden, más o menos espontáneamente, a reflejar esta semiología y a satisfacer sus exigencias. (Pezeu-Massabuau; op. cit., p. 18) En primer lugar habría que hacerse la pregunta de por qué en patios aparentemente semejantes se utiliza el espacio de manera totalmente distinto. En esos patios las relaciones vecinales -en las que priman unos vecinos sobre otrospueden hacer que, por ejemplo, los entornos de las viviendas de los vecinos más sobresalientes o “líderes” o sus viviendas mismas son lugares prevalentes sobre los demás, pues en ellos se realizan más encuentros, más reuniones, etc., pero es necesario en otras ocasiones que el espacio dentro de cada patio sufra esa jerarquización y ese coloreado del que hemos hablado antes; por ejemplo permitiendo que una zona del patio sea considerada como más idónea para reunirse, para efectuar celebraciones, para compartir confidencias, etc. Esos encuentros y esas relaciones que se desarrollan en ellos es lo que cualifica a los patios como territorio de la comunidad del patio de vecinos 270 y lo que los convierte en lugar público de todos los miembros de esa comunidad: ... lo que cualifica el espacio para convertirlo en territorio humano son una serie de delimitaciones cargadas de formas específicas de interacción, que reproducen la estructura de la entidad social que las ocupa, y que estas delimitaciones se encadenan a su vez en una organización que refleja la dialéctica de la misma vida social. (García; op. cit, p. 74) Además de ello, se dan espacios propios de cada familia, que será el entorno más próximo a las salas de los corrales y será más difícil encontrar espacios propios de cada habitante 270 Resulta interesante retomar la reflexión acerca del nombre de patio de vecinos, y sobre el hecho de que éste toma su nombre de una parte del mismo, lo cual constituye una metonimia del mismo -el todo por la parte-, la cual profundiza en la verdadera naturaleza de estos edificios, para lo que el patio constituye la verdadera razón de su ser.
Capítulo X. La proxémica del espacio del corral - 261 - del corral puesto que eso sería demasiada fragmentación en un horizonte colectivo en el que la individualidad está muy limitada en sus expresiones; no obstante sí puede ser verdad que ese territorio colectivo de la familia responda a la interacción de los de cada uno de sus miembros: La familia y cualquier grupo es una unidad discontinua. El territorio que podemos llamar familiar no anula los territorios de sus miembros, sino que los integra dentro de un sistema peculiar de relaciones. (García; op. cit, p. 72) El patio de Triana donde quizás se pueda ver con más claridad esta jerarquización del espacio de la que hablábamos anteriormente -seguramente porque mantiene suficiente vida social y suficientes rituales como para que se produzca la sacralización de determinados espacios y la cadena de consecuencias que hemos descrito anteriormentees el conocido como La Cerca Hermosa, Alfarería, 32) donde se pueden distinguir varias zonas con claridad: un primer tramo de paso, donde viven personas que no están en el centro de las relaciones sociales. Sin embargo es una zona que actúa como presentación, donde se colocan imágenes religiosas y otros azulejos -el primero de ellos en la pared exterior que da a la calle, en el que se data el patio y se coloca su nombreconmemorativos o donde se exponen los premios, otorgados por el Ayuntamiento de Sevilla, que ha recibido el corral por su exorno en algunos años. Lugares donde sólo se saluda o, a lo 22. Planta del edificio conocido como La Cerca Hermosa. En ella se ven algunos detalles previos a la última rehabilitación y se especifican en verde las zonas en las que está ubicada preferentemente la vegetación (Plano extraído del estudio previo realizado por la Consejería de Obras Públicas para su Plan de Rehabilitación de los Corales de vecinos de Triana).
- 268 - No obstante, somos conscientes de que en un corral de vecinos lo que los define más propiamente no es que sean públicos o privados sus patios, sino que son colectivos, lo que da una nueva matización más explicativa de cómo ningún vecino puede sentirse extraño en él pero tampoco puede reclamar su exclusividad: cosa que también explicará en parte el carácter tradicionalmente abierto de los corrales de vecinos, puesto que si nadie puede reclamar su exclusividad nadie puede tener derecho a vetar la entrada en él. Nadie excepto la colectividad, tema que ya tratamos cuando vimos el Apartado 4.4: El control social.. Por supuesto que el análisis del espacio que hemos hecho se refiere unicamente al espacio central de los corrales, el patio propiamente dicho, y hemos dejado aparte el interior de las salas, las que constituyen el espacio que podríamos considerar privado, en contraposición al comunitario del patio; si bien es difícil distinguir entre lo comunitario y lo privado en un patio de vecinos, precisamente por la idiosincrasia de los mismos donde tanto el espacio como las relaciones sociales están dotados de un claro carácter ambiguo o, mejor aún, ambivalente; donde el espacio privado es difícil que se mantenga así, al menos durante todas las horas del día, hasta que algún vecino decide hacer una visita sin previo aviso 283 , y las relaciones sociales poseen ese carácter intermedio entre familiares y de vecindad que ya hemos reseñado en un trabajo anterior 284 . En el interior de las salas 285 los enseres se agrupan generalmente de forma desordenada, o mejor dicho, comprimida, pues no es tal el desorden sino la necesidad de hacer que quepan en un espacio reducido los útiles del hogar necesarios, que por cierto son muchos más que los habituales en la época en que los corrales de vecinos estaban en su apogeo. El fenómeno de las piezas de habitación, pensadas principalmente para enseñarlas a los visitantes no se da aquí tal como ocurre en muchas de las culturas estudiadas, tanto españolas como no, y de las que existen numerosos testimonios etnográficos como el de Villasante y otros, realizado en los barrios periféricos de la ciudad de Madrid: En estos casos la pieza que se utiliza realmente es siempre la más pequeña de ambas. La otras sirve principalmente “para enseñar”, tiene un carácter de museo-exposición de la propia casa ante los visitantes exteriores, de emblema del prestigio familiar. (Villasante y otros, pp137-138) 283 Como tuvimos ocasión de grabar en video en una entrevista en el Corral de las Ranas. 284 Morgado, 1993, op. cit.
Capítulo X. La proxémica del espacio del corral - 269 - Otro ejemplo del mismo tipo, pero en el extranjero lo podemos encontrar en el trabajo de C. Petonnet en el Norte de África. Pero si el fenómeno de la pieza para enseñar no se da en los corrales de vecinos no es seguramente por falta de ganas o porque no encaje en los esquemas culturales de los habitantes de los corrales de vecinos; es sencillamente porque en las salas de estos edificios no hay espacio apenas ni para las funciones más básicas -no olvidemos que hasta recientemente no han tenido ni cocina ni retrete ni agua corriente en el interior-. Sin embargo, la función de enseñar, pieza para enseñar la cumple perfectamente el patio. Esta función del patio para enseñar ya tiene un sustrato en la cultura local sevillana y en la andaluza. En el barrio de Santa Cruz de la misma ciudad de Sevilla se explota turisticamente esa función de patio para enseñar con las llamadas casas-patio, que pueden ser considerada la variante burguesa o aristocrática 286 de los corrales de vecinos y en la ciudad de Córdoba, también en Andalucía, es famoso el concurso de los patios cordobeses donde los mismos se convierten durante el mes de Mayo en una vitrina donde se exhibe la arquitectura de los mismos, sus enseres y la misma ciudad cara al exterior. A buen seguro que no habrá tras esa función de enseñar sólo la necesidad de darle uso a espacios sobrantes que no tienen apenas uso, porque ese mismo fenómeno se da en viviendas donde el poco espacio invalida ese argumento, aunque muchos de los ocupantes utilicen el argumento de que así se calientan los espacios más pequeños más facilmente. Porque generalmente son las piezas mejores y más amplias las que se utilizan para ser enseñadas, privándolas de otra utilidad destacable. Seguramente no sea sólo la vanidad la que deba mover a ello; también será la necesidad de crear espacios intermedios de transición hacia los puramente privados, por eso en ellos se trata de expresar el estatus de la familia con la decoración más rica que se pueda, porque según ese estatus reconocido así será tratada la familia en su medio social. En el caso de los corrales de vecinos, el estatus de cara al exterior no puede ser más que colectivo según los argumentos expuestos y así parece que sea, dada la fuerza que tiene la identificación, tantas veces expresada por nosotros, de los vecinos con “su” corral. Ese mostrarse hacia fuera se hace en el caso de los corrales de vecinos con la modestia de los materiales propia de esos edificios; las macetas de flores son el recurso de más colorido y que, de 285 O espacio del corral de vecinos destinado a cada unidad familiar, como ya se ha explicitado antes. 286 Cuyos ejemplos en hipérbole pueden ser el Palacio de las Dueñas de la Casa de Alba o la Casa de Pilatos de la de Medinaceli.
- 270 - paso, proporciona mayor frescor en las fechas del verano. Una vez hechas estas consideraciones y antes de pasar a la dimensión temporal de este fenómeno quisiera regresar al tema de cómo se produce la puesta en valor de determinados espacios o tiempos, puesto que ese asunto tiene numerosas implicaciones que no repercuten sólo en cómo se usa el espacio, tal como hemos venido defendiendo hasta ahora. Efectivamente hay ocasiones en las que es el propio destino oficial que se le da a los espacios -y por ende a los corrales de vecinosel que está influido por la valorización positiva o sacralización que se le proporciona a determinados de ellos. Se ha dado en los tiempos recientes en el mismo barrio de Triana -que constituye el contexto de la unidad de análisis de este trabajoun caso bastante significativo de cómo se utilizan o cómo se manipulan determinadas puestas en valor de los espacios y los tiempos: nos referimos al caso del antiguo castillo de San Jorge, cuyos restos se encontraban bajo el edificio del mercado del barrio y que afloraron a la superficie una vez que se iniciaron las obras de reparación y remodelación. Para efectuar dichas obras el mercado de Triana fue desplazado a un solar próximo donde se instalaron las nuevas dependencias provisionales -que no obstante estaban en mejores condiciones que las anterioresy donde han permanecido bastantes años. A raíz de estos acontecimientos se ha producido una polémica en el barrio que creemos muy interesante comentar al hilo del tema de que se trata. En efecto, una vez comenzadas las obras de remodelación se sacaron a la luz los restos del castillo, dentro de una actuación de las denominadas de urgencia, encontrándose numerosos restos y pudiéndose datar el castillo en la época almohade, con enterramientos de dicha época. No obstante comprobarse el valor arqueológico de estos restos, los comerciantes del mercado siguieron insistiendo en que ellos querían volver al mercado antiguo, no aceptando ningún emplazamiento alternativo que respetase los restos. Como estrategia para lograr sus objetivos, los comerciantes hicieron hincapié en que la vuelta al antiguo emplazamiento era lo deseable, lo preferible y la vuelta a un pasado añorado de Triana en el que no sólo ellos volverían a hacer buenos negocios sino que se volvería a una Triana tradicional ya desaparecida. Surgieron cartas al director con anécdotas o añoranzas del desaparecido mercado. Sin embargo, en defensa de los restos arqueológicos la única voz pública que se alzó fue la del erudito trianero Manuel Louriño. Los partidos políticos del barrio eran conscientes de
Capítulo X. La proxémica del espacio del corral - 271 - que la pérdida de clientela del mercado no se debía al cambio de emplazamiento sino a los diferentes hábitos de los consumidores y a que la mayor parte de sus antiguos clientes - muchos de ellos vecinos de corrales que habían desaparecidose habían trasladado a otros lugares de la ciudad o habían fallecido. Los cambios en las pautas de comportamiento de los consumidores no han sido apenas tenidos en cuenta en todo este proceso y la decisión final fue tomada tras muchas presiones de los comerciantes, en asambleas multitudinarias -con o sin políticos presentesa las que fue invitado todo el barrio, teniendo nosotros ocasión de asistir a dos de ellas, una en el salón de actos del colegio José María del Campo y otra en uno de los salones del centro cívico Casa de las Columnas. Finalmente, pues, fue tomada la decisión de construir otra vez el mercado en el antiguo solar del castillo 287 , con aparcamiento incluido, ya que de algún modo los comerciantes habían llegado a la conclusión de que éste les era imprescindible -arrasando con parte del subsuelo arqueológico-ya sea para que aparcaran sus futuros clientes o para la carga y descarga de sus proveedores. Como consecuencia de esta obra también se ha desplazado un establecimiento de gran raigambre en el barrio como es el titulado bar “Kiosko de las Flores”, ubicándolo en la actualidad en otro lugar de la calle Betis mucho menos apropiado y con una construcción de dudoso gusto. Todo este proceso del mercado de Triana ha puesto de manifiesto, según creemos, otro de puesta en valor de una determinada época histórica, la que figura en la memoria de una determinada generación trianera, que añora una época pasada en la que ellos eran jóvenes y unos espacios en los que ellos se desenvolvían cotidianamente. El mercado era para ellos un lugar muy importante, puesto en valor y sacralizado gracias al uso cotidiano, a las vivencias tenidas en él y a la reinvención de ese espacio desaparecido y ese tiempo pasado. Ambas dimensiones, pues, han sido reconstruidas con diversas finalidades y de una forma inconsciente tanto como sospechosamente consciente, por parte de intereses económicos. Se puede intentar analizar aquí cuales han sido las fuerzas que han intervenido en todo este proceso: en primer lugar un colectivo de comerciantes angustiado por la falta de rendimiento en sus negocios, en segundo lugar un grupo generacional añorante de una Triana que todo el mundo les ha cantado pero que nadie ha mantenido, en tercer lugar -no mencionados 287 El tiempo dirá si lo han hecho dándole la espalda a los nuevos hábitos de consumo -tal como sospechamosque se dirigen más a comercios abiertos durante todo el día, que permiten la compaginación de horarios de todos los miembros de la familia que trabajan. Aunque con ello no pretendemos decir que el comercio tradi-
- 272 - hasta ahora-, los propietarios del solar donde ha estado ubicado el mercado de manera provisional y cuyo papel es difícil de precisar pero del que es fácil sospechar que ha intervenido activamente convenciendo a los comerciantes de las bondades del traslado al antiguo recinto, en cuarto lugar los grupos políticos que tienen arraigo en el barrio, más preocupados por no perder votantes que por otro tema y, en quinto lugar un conjunto de personas aisladas por la conservación del patrimonio que no se han dejado guiar para realizar su puesta en valor por presiones y han tenido en cuenta otros criterios, como son la mayor antigüedad de los restos a conservar y la irreversibilidad de la desaparición de una Triana caída en gran parte ante la piqueta y por los fenómenos sociales acaecidos en las últimas décadas. Son interesantes todas estas disquisiciones en torno al mercado de Triana, porque cerca de él se han movido fuerzas que son practicamente las mismas que las que actúan alrededor de los corrales de vecinos y a su desaparición o mantenimiento. Efectivamente, la puesta en valor de los corrales de vecinos ha corrido a cargo sólo de una pequeña minoría de ciudadanos -aunque una mayoría esté a favor de su conservacióny otras fuerzas bien distintas se han ocupado de difundir -en diversos momentos o épocasargumentos a favor de las nuevas barriadas, con sus apartamentos o pisos, siempre dispuestas a acoger a los antiguos vecinos de los cascos antiguos de las ciudades -con el paso previo en Sevilla de los refugios municipales de La Corchuela o el cuartel de la Alameda, entre otros 288 , durante los años 70-, con una interpretación bastarda de las propuestas higienistas del siglo XIX y principios del XX. Otros han procurado hacer ver la rentabilidad de los nuevos traslados de población, convenciendo a todo el mundo de que es rentable para toda la ciudad lo que sólo es el negocio de algunos pocos 289 y otros más quieren hacer ver la necesidad de viviendas y de “remodelación” urbanística, so pena de perder una oportunidad maravillosa de adaptar la ciudad a “los nuevos tiempos”. Pero este proceso de valoración de determinados tiempos y espacios no se detiene en la cional no tenga su sitio, sino que éste es más reducido que en el pasado. 288 Sobre este respecto, hemos incluido en el Anexo XI de esta obra algunos datos obtenidos en el Archivo Municipal sobre este tema; en concreto los conseguidos de la antigua Secretaría de Viviendas y Refugios (antes Secretaría de Viviendas) en el documento: GC/MM, Libro 103, no 763. En otros lugares, además, recogemos también datos sobre la referida Secretaría en el Apartado 13.1: Repercusión, en los medios de comunicación, de estos tipos de vivienda y/o vida de esta tesis. 289 Argumento con el que consiguieron en Sevilla y en otras ciudades derribar las antiguas murallas romanas o medievales, con el pretexto de que así se “liberaba” suelo para construir, o derruyendo el acueducto almohade -conocido como los Caños de Carmona-, un poco más tarde (en 1911), con la excusa de que adosadas a él había muchas de lo que hoy en día llamarían “infraviviendas”.
Capítulo X. La proxémica del espacio del corral - 273 - ciudad de Sevilla en los casos mencionados. Como ejemplo de esta situación podría aducirse el caso de los múltiples yacimientos de la época de la colonización romana que aparecen sobre todo en la zona sur del casco histórico de la ciudad. Dichos yacimientos son continuamente dados de lado, atendidos solamente por las llamadas excavaciones de urgencia en las que el estudio que se hace es necesariamente apresurado y tras las cuales se construye haciendo tabla rasa en el solar. De estos últimos casos se han dado recientemente algunos en la calle Francos, la plaza de la Virgen de los Reyes, o las calles Navarros -del siglo XVIo Sol y, ultimamente, en la plaza y mercado de la Encarnación. Debajo de esta facilidad para ocultar o destruir elementos históricos está sin duda una puesta en valor de determinados momentos históricos sobre otros. En una ciudad como Sevilla, por razones ideológicas, estéticas o histórico-circunstanciales, se da una puesta en valor de la época barroca 290 sobre todas las demás, lo que lleva a minusvalorar casi todas las demás épocas. Todo esto hace que cuando se destruye un patrimonio de una época no suficientemente valorada no se produzca la suficiente alarma social que frene dicha destrucción. Por el contrario, si el edificio en cuestión tiene alguna connotación religiosa entonces se convierte en casi inviolable. En el caso de Triana se han dado otros casos similares como el de algunos hornos cerámicos de varios siglos en los corrales de Pagés del Corro 47 y Pureza 98 291 , que han sido destruidos para levantar las nuevas edificaciones. En definitiva, que el modo en que se sacralizan tiempo y espacio -y cuales de ellos reciben ese beneficiono es en absoluto ajeno al rumbo que toma el urbanismo en la ciudad, primando unos espacios y unos usos sobre otros. Como consecuencia de ello, la suerte que le deparan los planes urbanísticos y la especulación a los corrales de vecinos tampoco es ajena a estas puestas en valor. Así pues, no sólo a nivel micro del recinto propiamente dicho de los corrales de vecinos es donde se nota esa puesta en valor de los espacios y tiempos sino también en los contextos ciudadanos donde se ubican dichos corrales. Pero retomemos ahora el curso que toma la dimensión temporal para poder hacer un balance final sobre la estructuración y el uso que se hace de los tiempos y espacios, de cómo se distribuyen y cómo se utilizan. 290 Ejemplo de la cual puede ser la no sabemos si ingenua o descabellada idea del Ayuntamiento de Sevilla de poner como entrada del jardín medievo-andalusí de la Buhaira una portada de una iglesia barroca. Suponemos que para darle mayor realce al recinto.
- 274 - Apartado 9.2: La dimensión temporal ... el tiempo y el espacio son conceptos tan vinculados que las conclusiones de las ciencias que se ocupan de ellos no pueden operar con cada uno por separado. (García; op. cit., p. 69) El tiempo cualificado culturalmente es un elemento inseparable del territorio humano. (García; op. cit., p. 90) El espacio y el tiempo son los dos sistemas referenciales que permiten pensar las relaciones sociales, ya sea en conjunto o por separado. (García; op. cit, p. 345) ... el sentido que en una circunstancia determinada adquiere un muro, una puerta, una escalera, un cuarto o la casa misma, en otro se puede ver modificado en función de las diferentes configuraciones estructurales que se manifiesten en cada momento. Posiblemente los escenarios son los mismos, pero la manera en que son percibidos, el modo en que son interpretados varía. (Sánchez Pérez; op. cit, p. 136) Por lo que se refiere al tiempo, ocurren cosas semejantes a las que suceden con el espacio, y quizás en el caso del tiempo se ve con más claridad cómo sucede el cambio social -por razones obviaspues se perciben con mayor nitidez los momentos o lugares en que hay una estructuración del tiempo: mediante fiestas periódicas -Feria de la Cerca Hermosa, Cruces de Mayo del Corral de las Ranas, del Corral del Naranjero, del Corral de Herrera, etc., Velá de Sant’Ana en Villa Troya, La Cerca Hermosa o la Casa Quemá 292 -, los Fines de Año y las Navidades en varios corrales, el “Santo de los Antonios” en la Cerca Hermosa, encuentros habituales entre vecinos -como la comida de los sábados que han estado haciendo juntos los vecinos del Corral de las Ranas-, celebraciones por algún acontecimiento no repetible -celebración por la terminación de las obras en el Co291 Al cual pudimos fotografiar antes de ser destruido. 292 Estos dos últimos casos organizados por entidades proteccionistas o vecinales. La primera de ellas organizada por la Plataforma para la Defensa de los Corrales y Patios de Vecinos en julio de 1996 y coordinada por el autor de este trabajo y la segunda organizada por CO.PA.VE.TRIA. -Corrales y Patios de Vecinos de 23. Cartel utilizado para el primer pregón corralero.
Capítulo X. La proxémica del espacio del corral - 275 - rral de la Encarnación, culminación de algunas reparaciones en Villa Troya, etc.-. De todo ello nos advierte José Luis (1976) en el trabajo ya mencionado anteriormente: ... “insisto sobre el hecho de que entre las diferentes funciones que cumplen las fiestas, una de las más importantes es la ordenación del tiempo. El intervalo que existe entre dos fiestas sucesivas del mismo tipo es un ‘período’; habitualmente un período denominado, por ejemplo, ‘semana’, ‘año’. (García; op. cit., p. 68) El mismo autor nos pone en guardia de cómo estas celebraciones transforman el tiempo y convierten a éste en manejable, más comprensible para el ser humano y haciendo más agradable la existencia del mismo: ...tanto el tiempo reversible como el espacio discontinuo permiten la reiteración y consecuentemente la predictibilidad, sin la cual la vida social sería inconcebible.. [...] ... la discontinuidad espacial puede ser un elemento cualificativo de la reversibilidad del tiempo, y el tiempo, por su parte, puede introducir discontinuidad en el espacio. (García; op. cit, p. 74) Además de todo ello, se han de tener en cuenta los momentos o lugares en los que se vuelve al “tiempo mítico”. Esta vuelta al tiempo mítico (germen del tiempo reversible) posiblemente sea indicativa de la degradación en que se pueden encontrar no sólo las condiciones físicas en algunos de los corrales más abandonados, sino también las relaciones sociales, la cultura del corral - incluido su uso del espacio y su “temporalidad”- y la percepción que cada vecino tiene de él y de su situación. En dicho tiempo mítico ya no hay una estructuración clara del tiempo, sino que sólo existen dos tiempos: uno pasado -que casi siempre fue mejory uno actual cuya máxima aspiración es volver al anterior. En ese tiempo actual ya no existen ni los acontecimientos cíclicos ni los extraordinarios que permiten fraccionar la existencia en periodos significativos por sí mismos. Naturalmente, los anteriores razonamientos no quieren decir que no haya estructuración del tiempo, sobre la base de la medición abstracta del tiempo) en sociedades no urbanas y que no haya tiempo mítico en las urbanas, sino que la preponderancia de ambos tiempos en uno y otro espacio es diferente y las consecuencias sobre la autovaloración y la valoración del espacio que se tiene como propio es muy diferente. En el primer caso el individuo se tiene a sí mismo como sujeto de su propia historia y protagonista de ella, en el segundo considera que Trianaen 2000.
- 276 - la única manera de participar en ella es reintegrarse al tiempo mítico y todos sus rituales y acciones tienden hacia ello. Las distintas actitudes que tienen los vecinos de corral con respecto a sí mismos y al lugar donde viven posiblemente tengan mucho que ver con estas dos formas básicas de vivir el tiempo. Una forma histórica de entender el tiempo hará que se vean las situaciones con más optimismo y con posibilidad de intervenir en ellas, una forma mítica de entender el tiempo manifestará su inutilidad para un medio urbano y provocará una actitud resignada que impedirá modificar las situaciones e injusticias que puedan y pueden sufrir estos vecinos y vecinas. La participación en los movimientos vecinales estará entonces más ligada con la primera de las actitudes y la segunda con un dejar ir los acontecimientos, propio de los vecinos más ancianos y menos concienciados. Como ya hemos apuntado más arriba, el uso de los espacios y cómo se invierte el tiempo en cada uno de los corrales -y seguramente en cualquier espacio y en cualquier tiempodependerá no sólo de razones “lógicas” sino que estarán determinados por criterios relacionados con la jerarquización que sufren los espacios y los tiempos, posibilitando que se usen determinadas zonas del corral no directamente por su confortabilidad, por su privacidad o por ser un lugar central -equidistante de todas las puertassino por el “marcaje” al que hemos hecho referencia en apartados anteriores (sobre todo en el Apartado 8.1: La sacralización del espacio y del tiempo en los corrales de vecinos). Si no fuera así, no sólo no tendría sentido el uso de espacios determinados para la charla o el contacto diarios y, menos aún adquiriría el conjunto del patio ese poder atrayente que mantiene a sus vecinos en ellos, a pesar de las muchas incomodidades y la inseguridad que les brinda el mal estado de los edificios o la amenaza de los desahucios 293 . También podemos diferenciar usos del espacio, en los corrales de vecinos, en función del tiempo, en razón de la semiótica que los rige, como en los casos que registra Sánchez Pérez (1990) en su obra mencionada: ...en las horas en que el hombre ha de estar fuera, entonces dicho espacio (la parte delantera de fuera de la casa) es considerado como territorio femenino, cosa que se pone 293 No obstante, no habría que despreciar la influencia que en algunos vecinos ha ejercido la posibilidad de obtener un piso, otorgado por la propiedad o alguna indemnización -a cambio de irse del corral-, si bien es verdad que en los casos de vecinos más reivindicativos, ellos han rechazado esas compensaciones que muchas veces eran migajas, tal como yo pudimos observar en una entrevista con uno de los propietarios del Corral de la Encarnación.
Capítulo X. La proxémica del espacio del corral - 277 - de manifiesto con el comportamiento del varón, que adopta una actitud ausente o bien acaba por marcharse. (Sánchez Pérez; op. cit., p. 87) Que es algo parecido a lo que ocurre en los patios de los corrales de vecinos a medida que van transcurriendo las horas del día, dando lugar a que los habitantes varones del mismo se sientan incómodos durante el transcurso de algunas de ellas, durante las cuales sólo las mujeres se dejan ver -sobre todo durante la primera mitad del díay en las que los hombres se sienten incómodos de permanecer debido a este predomino femenino. Seguramente debido a este predominio femenino -y debido también a otras causas más objetivasen el patio del corral durante las primera horas de la mañana es por lo que la actual restricción de entrada en muchos patios, que desemboca en el cierre muchas veces a cal y canto de sus puertas, se ve algo más relajada durante esas primeras horas, cuando las mujeres -muchas de ellas ancianas, que siguen un régimen de vida tradicional, siendo su ocupación principal el cuidado de la casa o de los h ijos cuando los hayse sienten más seguras, más en su terreno y más en su momento. Aunque es conveniente aclarar que esa mayor sensación de seguridad la proporciona seguramente el mayor trasiego en las calles de repartidores, tráfico, mujeres que van a hacer la compra, etc. Pero sí creemos que sería demasiado arriesgado extrapolar los resultados obtenidos por Sánchez Pérez en Casarabonela al contexto urbano de Triana donde el papel de las mujeres es más activo y todavía más en los corrales de vecinos donde son figuras centrales. A pesar de ello, algo del panorama que el mismo autor describe a continuación también lo hemos podido constatar en corrales de Triana, en los que hemos podido encontrar mujeres muy seguras de sí mismas en su ambiente del corral pero absolutamente tímidas cuando se trataba de salir de ellos, lo que se ha reflejado en limitaciones para una mayor agilidad en las reivindicaciones vecinales: Mientras la mujer permanece en su morada, su reputación está salvaguardada. Pero la cosa cambia cuando frecuenta la calle más de lo debido; en el momento que traspasa los límites de un territorio a otro ha de cuidar su imagen, dado que ésta, junto con la de la casa, es fiel reflejo de su propia reputación. Bien es verdad que algunas de sus actividades, como es la de la compra, la obligan a salir; mas no es cuestión de abusar, ya que todo lo que sea sobrepasar un tiempo prudencial puede inducir a crítica. (Sánchez Pérez; op. cit., p. 93) Y es que dentro del corral de vecinos, la situación es, al menos durante algunas horas del día, la de un hogar compartido por varias mujeres y en la que todas se encuentran en su terreno ante la calle, pero cuando salen del mismo la seguridad (y en algunos casos liderazgo)
- 284 - excesiva proximidad de las salas donde viven los vecinos está compensada por el espacio abierto de los patios, donde la intimidad, efectivamente sólo se puede mantener con el silencio; es decir que si un individuo se quiere mantener al margen simplemente ha de mantenerse al margen de las conversaciones, aunque fisicamente mantenga su proximidad. Porque no podemos olvidar que el espacio para el ser humano no es simplemente una dimensión física que percibe de manera aséptica, independientemente de quién sea el que la perciba; el espacio humano está dotado de significado pues cada cultura se ocupa de dotarlo de sentido, es decir, cada cultura lo “semantiza” siguiendo la terminología de J.L García - semiótica según otras culturas-, suponiendo ese otorgamiento de significado el que un mismo espacio supondrá cosas diferentes, dependiendo del “lenguaje” que se utilice para interpretarlo: Interés por los aspectos significativos del territorio. Hemos definido el territorio humano como un espacio semantizado, es decir, portador de unos significados que sobrepasan su configuración física. (García; op. cit, p. 342) Una base teórica que podría justificar los supuestos de Hall 297 , podríamos encontrarla en la obra La imagen de la ciudad del geógrafo Kevin Lynch, en la que las distintas distancias reconocibles por Hall tienen una explicación filogénetica, al paso que se asienta en la función que los distintos sentidos tienen en esa percepción de las distancias, biología y cultura quedan así relacionados de una manera muy imaginativa: Extender y profundizar nuestra percepción del medio ambiente equivaldría a prolongar un dilatado desarrollo biológico y cultural que ha ido desde lo sentidos de contacto a los sentidos de distancia, y desde los sentidos de distancia ha pasado a la comunicación simbólica... (op. cit., p. 23) Referencia ésta a las distancias que, a nuestro juicio, podría indicar una influencia -quizás no reconocidade Lynch sobre Hall, dada la diferencia de 9 años que hay a favor de la obra del primero. Retomando el tema de las distintas distancias de las que habla Hall, hemos de recordar que en esta percepción de las distancias juega un papel fundamental el sentido de la visión, el cual para la especie humana tiene una importancia fundamental, tal como nos recuerda José 297 Y de todos quienes tienen en cuenta su trabajo, entre los que está el mismo García.
Capítulo X. La proxémica del espacio del corral - 285 - Luis García (1976) en el trabajo mencionado líneas atrás: El espacio visual es consiguientemente el que ofrece la imagen más concluida respecto a la espacialidad del mundo humano. La vista permite al hombre registrar más cantidad de información que cualquier otro sentido, y tiene una importancia capital en el territorio humano no sólo porque le proporciona la imagen última de su espacio, sino porque le permite a su vez una mayor movilidad. (García; op. cit, p. 40) Pero no sólo Hall se ocupa de la influencia de la cultura en la percepción del espacio. En nuestro ámbito, aunque de una manera más general, el mencionado José Luis García se ocupa de este mismo tema y tras recordarnos que el espacio pasado por la cultura es algo diferente al espacio “virgen” por el que ésta no ha pasado -claro que es difícil imaginarse alguna experiencia humana que no esté tamizada por lo cultural, si no es haciendo una abstracción, para conveniencia de disciplinas que no se ocupan de la cultura; véase el espacio para la física, para la ecología, etc.- y se convierte para él en territorio, es decir espacio apropiado y no tenido por neutral. Las implicaciones que se sacan de este punto de vista nos llevan a valorar aún más la importancia de la cultura en cómo cada persona percibe su propio espacio y, por consiguiente, su espacio más próximo que es su vivienda, tema que es el central de este trabajo, de ahí el valorar con detenimiento estas apreciaciones de García: ...el territorio es un espacio con unas características determinadas, que de manera general podríamos denominar sociales y culturales. De otra manera: el territorio es un espacio socializado y culturizado. (García (1976, op. cit.), p. 26) ...el territorio se trata de un espacio socializado y culturizado, de tal manera que su significado sociocultural incide en el campo semántico de la espacialidad y que tiene, en relación con cualquiera de las unidades constitutivas del grupo social propio o ajeno, un sentido de exclusividad, positiva o negativa. (op. cit, p. 29) Así pues, queda claro que no podemos transformar la percepción del espacio en una mera obtención de información, como si el ser humano consistiera en una máquina que registrara datos sin la más mínima realimentación y sin que participe él mismo en la selección de los datos que han de considerarse relevantes. La cultura -elaborada por generaciones sucesivas de personases la que guiará la percepción puramente física del entorno -y, por tanto, del espacioy además de la cultura, también la guiará la red de relaciones sociales que sirve de soporte a esa cultura y sin la que la transmisión de la misma se convierte en imposible: ...el territorio para el hombre no es un espacio de terreno delimitado, en el plano que sea, materialmente, sino que los límites están impuestos por relaciones. (J.L. García op.
- 286 - cit., p. 43) Pero no sólo hemos de considerar que la forma de percibir el espacio determina a las culturas, sino que éstas están influidas sobre manera por la forma de percibir el espacio que se da en su interior, de modo que una alteración en ese espacio produce grandes transformaciones culturales que llevan en muchas ocasiones a la dislocación completa de la cultura que ha dado lugar a ese uso del espacio. Pruebas de lo que estamos diciendo las podremos encontrar en todas las ocasiones en que un proceso colonialista ha arrinconado a una cultura sometida a aculturación que se ha visto, además, reducido su solar a un espacio mucho más reducido que cuando se inició el proceso. El caso de los indios de las praderas quizás sea el más paradigmático, pues en ese caso resulta muy evidente que su reclusión en reservas les impidió seguir con su modo de vida basado en la caza del bisonte. En el caso de nuestro estudio podemos también sacar como conclusión que la cultura del habitante de los corrales de vecinos resulta alterada cuando se transforma su medio físico y, por lo tanto, el uso del espacio que en él se da. La anomia y la despersonalización del habitante de los modernos barrios de la ciudad de Sevilla, que en el caso que nos ocupa sufre un doble desarraigo quizás más fuerte que el de otros barrios de la ciudad: a) el de su barrio, Triana, el cual genera más relación afectiva que seguramente ningún otro barrio de la ciudad, por razones que exponemos a lo largo de este trabajo y b) la pérdida de su hábitat más cercano, el corral de vecinos. Cuando se le modifica el espacio en el que se basa su sistema cultural completo, es su sistema cultural el que se resiente y las lógicas anomia y despersonalización casi no necesitan demostración, puesto que la red de significados referenciales que constituyen su universo perceptivo se encuentra sin soporte y porque la pérdida de una de las bases de una cultura, el territorio que actúa como significante del sistema de valores, ya no puede servir más de sostén de los significados, ya se llamen sistema de valores, cosmovisión o formas de percibir la realidad: La pérdida de los significantes y la permanencia de los significados no puede menos de crear una situación angustiante, que proviene de una falta de contacto con la realidad. (García; op. cit, p. 342) Porque si se convierte en un fracaso la semántica propia de cada integrante de la cultura y la significación de lo que le rodea, cada miembro de la misma se convierte en huérfano de significados, lo que equivale a dejarlo sin normas y sin identidad, lo que es lo mismo que la
Capítulo X. La proxémica del espacio del corral - 287 - anomia y la despersonalización de la que hablábamos en el párrafo anterior Por todo lo expuesto, resulta fácil ver que la inserción de una persona en una cultura dependerá en gran medida de que pueda conservar el espacio que le era propio cuando realizó el aprendizaje de dicha cultura, pudiéndose ver un rastro de esta dependencia en los actos fallidos de utilización del espacio en las ubicaciones de los nuevos barrios; los cuales serán un indicio de la procedencia de esos vecinos. Por ejemplo cuando esos vecinos se dejan la puerta abierta todo el día en su bloque de pisos y utilizan la escalera como lugar para la charla, de modo semejante a como se utilizaba el patio del corral. Por razones parecidas a éstas, seguramente es por lo que J. L. García afirmaba que: ... un observador conocedor de las claves interpretativas de una cultura puede tener gran probabilidad de descifrar el comportamiento de una persona por el simple análisis de su utilización del espacio. (García; op. cit, p. 70) * * * Pero comenzamos el apartado hablando de tiempo y espacio y es la interacción entre ambas dimensiones de la que hay que hablar también, pues ambas, al interactuar, dan lugar a situaciones nuevas que las transforma y convierte en algo distinto, previa la intervención de la cultura. De cómo el tiempo interactúa con el espacio hemos tenido ocasión ya en el apartado anterior de apuntar cómo la hace, sobre todo en el caso de los cambios de cualidad del espacio del patio en el corral, según los momentos del día o del año. Y a un nivel más general también podemos decir que ocurre así, como otros muchos autores han podido comprobar, como en el caso que nos ilustra a continuación V. Turner (op. cit), acerca de su trabajo con los ndembu: El período del mukanda, incluidas su preparación y sus inmediatas secuelas, se corresponde con el tiempo de la situación. La vecindad donde tuvo lugar lo sitúa en el espacio. Tanto el “tiempo” como el “espacio” tienen límites o delimitaciones. Y éstas tienen sus condiciones propias. Entre estas condiciones está su grado de permeabilidad o impermeabilidad. (Turner; op. cit., p. 304) Y seguramente, no será por casualidad que durante el siglo XX muchos de los investigadores en Ciencias Sociales se hayan visto compelidos a estudiar esta mutua interdependencia entre tiempo y espacio, no sólo al nivel mecanicista que antes de la teoría de la relatividad era
- 288 - posible, sino también, influidos por los trabajos de Albert Einstein, cuya influencia no sólo se extendió al campo de la Física o de las Matemáticas, sino que abarcó otros muchos campos, tal como parece expresarse en el siguiente párrafo del Prólogo de una recopilación de sus trabajos: Otra importante consecuencia que se deriva de la teoría de la relatividad es la referente a la noción de materia, tradicionalmente ligada a la “substancia”. Ésta tenía como distintivo, en primer lugar, el de ser propiedad lógica atribuible al sujeto de una proposición, pero jamás al predicado; y, en segundo lugar, se caracterizaba por su permanencia a través del tiempo. Este atributo esencial de permanencia o duración quedó devaluado desde el momento en que la relatividad permitió considerar un fragmento de materia como una serie de acontecimientos o manifestaciones que responden a unas determinadas leyes, y que más que una entidad singularizada es una cadena de entidades que observan unas relaciones mutuas, sujetas a una cierta duración en modo alguno absoluta. (R.B.A. 298 ; Prólogo) Porque incluso Ortega y Gasset llegó mencionar la influencia de esta teoría en el pensamiento, más allá de su primer ámbito de aplicación 299 . No nos extrañan pues las conclusiones y las observaciones que hemos hecho a lo largo de este trabajo sobre este tema, dada la similitud con la corriente de pensamiento más contemporánea. 298 Albert Einstein. Sobre la Teoría de la relatividad y otras aportaciones científicas. R.B.A. Proyectos Editoriales, S.A. Traducción José M. Álvarez Flores y Ana Goldar. Edit. Sarpe. Madrid, 1983. 299 José Ortega y Gasset. En su ensayo Sentido histórico de la teoría de Einstein (1947). En R.B.A., Prólogo; op. cit.
Capítulo X. La proxémica del espacio del corral - 289 -
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