Estado actual de la fiesta de los toros
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Revista de Estudios Taurinos N.º 6, Sevilla, 1997, págs. 105-136 ESTADO ACTUAL DE LA FIESTADE LOS TOROS Álvaro Acevedo Pérez I.– PRÓLOGO a fiesta de los toros, desde sus orígenes hasta nuestros días, ha sufrido, como cualquier otra actividad, una evolución constante con todas las ventajas e inconvenientes que cualquier otro cambio conlleva. Esta evolución ha afectado a todas las facetas del espectáculo taurino, aunque en alguna de éstas, las modificaciones han sido menos significativas debido a lo que de rito ancestral y tradición tiene la corrida de toros y toda la parafernalia que la rodea. Las normas en cuanto al soporte de los toros, el vestuario, el despeje de plaza, las órdenes del presidente, el toque de clarines y su significado, los brindis, etc., siguen siendo, si no iguales, sí muy parecidos. Seguramente, uno de los secretos de que este espectáculo perdure en la actualidad es la raigambre que tiene en el pueblo español. Precisamente, el ritual que presenta una corrida de toros antes, durante y después de la misma, casi inamovible a través de los años, da idea de lo que de tradición intrínseca tiene en nuestra cultura. Sin embargo, a lo que sí ha afectado profundamente el paso del tiempo ha sido a los diversos protagonistas del
mundo taurino: toro, torero, organización empresarial... También, como consecuencia de dicha evolución, el público ha sufrido un proceso de metamorfosis aunque, por otro lado, existe la teoría de que el espectador ha producido, con sus nuevos gustos, dichos cambios, en los otros componentes de la fiesta. El objetivo de este trabajo no es analizar cuál de las dos circunstancias se produjo antes sino exponer los cambios o, por lo menos, los que consideramos más significativos en las diversas facetas del espectáculo y analizar lo que de positivo y negativo han tenido. Si en el desarrollo y progreso de la Humanidad ha habido componentes que han perjudicado notablemente a los seres humanos por su mala utilización o abuso, en el mundo de los toros, algunas modificaciones, han traído consecuencias de las que hoy nos estamos lamentando y traerán otras que las padeceremos a no ser que se ponga remedio de inmediato dentro de un no muy largo plazo de tiempo. II.– EL TORO DE HOY. LAFIEREZA PERDIDA Sin duda, el principal protagonista de la fiesta es el toro y, posiblemente, el objeto de las más encendidas polémicas de aficionados y profesionales de este maravilloso mundo. Cuando se compara el toro de los años cincuenta con el de ahora, algunos no encuentran más que aspectos negativos. Otros retroceden mucho más atrás, aunque ¿sabe alguien, en realidad, cómo eran los toros del siglo XVIII? Nos tenemos que dejar guiar por los escritos de la época y Álvaro Acevedo Pérez 106
la conclusión a la que se llega es que aquel toro de hace ciento cincuenta, doscientos años, era, sobre todo, más fiero que el de hoy. Los ganaderos fueron buscando, principalmente, a raíz de la revolución que trajo Juan Belmonte, un toro con una embestida más acorde a las nuevas formas. Estas consistían en una mayor quietud de los pies y en un intento de desviar la embestida de la fiera con el juego de los brazos. Para ello era imprescindible imprimirle al toro una dosis de bravura y nobleza que llevaba oculta dentro de sí; nobleza porque era necesaria para perseguir el engaño en vez de buscar el cuerpo del torero y bravura porque, una vez despedida la embestida, el toro bravo vuelve sobre sus pies para buscar las telas que el diestro le pone por delante así, una y otra vez, hasta el momento de la estocada final. Estas dos cualidades del toro –nobleza y bravura– se convirtieron en imprescindibles a partir de ese momento y se fueron aumentando, a través de un largo proceso de selección, que tuvo su punto culminante en los años cincuenta y sesenta. Este es el instante en que la dosis de bravura y nobleza, unida a la porción importante de fiereza que aún se conservaba, hacen que podamos decir que la embestida del toro alcanzó su máxima expresión. Ganaderías como Domecq, Pablo Romero, los «patas blancas» de Cobaleda, Carlos Núñez, Urquijo, Galache, Antonio Pérez, Conde de la Corte, Benítez Cubero, los «Santa Coloma» de Buendía y Bartolomé, etc., eran signo de garantía en cualquier feria taurina de importancia. Si a ésto le unimos la indiscutible ventaja que supone un menor peso y volumen y, en algunos Estado actual de la fiesta de los toros 107
momentos incluso, también de edad, se podrá comprender que en aquella fecha, se reunieron unas inmejorables condiciones para el éxito ganadero y, en consecuencia, un auge importantísimo del espectáculo taurino. Sin embargo, en la actualidad estamos viviendo una crisis preocupante dentro de la cabaña brava española. Esta crisis tiene nombre y apellido: las caídas de los toros y la falta de movilidad. ¡Qué difícil es ver hoy a los tres toreros salir en hombros junto al ganadero y mayoral en una plaza de cierta categoría! El cambio ha sido tan brusco que algunos ganaderos han respirado tranquilos en alguna feria de tronío cuando su corrida no se ha caído a pesar de haber dado un juego nulo para los toreros. Los toros inválidos estaban siendo tan habituales que si, en el ganado de su propiedad, no se producía semejante desastre se podía considerar un éxito. Pero ¿por qué se caen los toros? y ¿por qué se paran? Las causas son muchas y de muy distinto origen, pero en mi opinión existen dos fundamentales: la selección equivocada y el aumento de peso y volumen de las reses. Como decía antes, el ganadero encontró hace unas décadas un magnífico equilibrio entre bravura, nobleza y fiereza. Esta última condición traía aparejada consigo la movilidad. Aquel toro, más o menos bravo, más o menos noble, por encima de todo, se movía y la movilidad es sinónimo de emoción e interés, en suma de «coradas». Desgraciadamente, si queremos definir de una forma expresiva y absolutamente clara la principal diferencia en cuanto al comportamiento de aquel toro no tan lejano y el de éste que tenemos hoy hay que afirmar que al de antes se le citaba una vez y repetía ocho Álvaro Acevedo Pérez 108
veces la embestida, mientras que al actual es preciso llamarlo ocho veces para que embista una sola vez. Aunque generalizar es siempre injusto, no cabe duda que los ganaderos, en su mayoría, le han echado al vino de la fiereza al agua de la nobleza en mayor medida de la necesaria. Han buscado un toro con grandes dosis de esto último en detrimento, irremediable, de lo primero. En la Feria de Sevilla de 1996 se lidió un toro bravo y noble: bravo para el caballo y nobilísimo en la muleta aunque con una notable escasez de fuerza, falta ésta que estuvo a punto de echar a perder sus otras magníficas cualidades. Afortunadamente, el bravo animal aguantó sin caerse y sin pararse propiciando el éxito del torero y, seguramente, la satisfacción de un criador. Sin embargo, ese toro que produjo alegría a ambos, estuvo en el límite de la fiereza, es decir, de la movilidad y la fortaleza. Este tipo de toro ha sido el que han buscado los ganaderos en la mayoría de las ocasiones aunque también, casi siempre, se han encontrado con otro bien distinto, un toro que se ha parado y se ha caído, arruinando así el espectáculo. Apesar de que hoy el toro es más bravo y noble que nunca al faltarle, en ocasiones, ese punto indispensable de fiereza, el aburrimiento del espectador es cada vez más habitual. Además, la debilidad la suelen acusar más los toros bravos ya que se emplean y se entregan con mayor generosidad a lo largo de la lidia. Este defecto de la debilidad está demostrado que es hereditario, por lo cual, los ganaderos deben tenerlo muy en cuenta a la hora de la selección. No obstante, en los últimos tiempos, el problema no ha sido tanto la selección equivocada como la ausencia de ella. Estado actual de la fiesta de los toros 109
Los motivos de esta sinrazón son, evidentemente, económicos. Hoy en día, el toro bravo tiene un alto precio y los ganaderos, cada vez que sacrifican una becerra tras el tentadero, saben que también están eliminando un posible toro dentro de cuatro años. Además, hay que tener en cuenta que el gran número de festejos que se están celebrando hacen factible el aumento de las cabezas, puesto que la mercancía no se queda sin vender en las dehesas. De todas formas parece que el exceso de demanda se está reduciendo en los últimos años. Lo anteriormente expuesto conlleva otro peligro añadido: los nuevos ganaderos, al comprar reses para formar su ganadería propia suelen levantar las bases de ésta con unos productos de muy poca garantía. Por ejemplo, si un ganadero desecha y sacrifica un 70% de las eralas de la camada durante el tentadero y, posteriormente, vende, del 30% restante, lo peor que tenga a un nuevo criador, éste siempre comprará sobre un producto ya seleccionado. En cambio, si ese mismo ganadero no sacrifica ni una sola becerra y le vende los peores productos a otro, este último tendrá que trabajar con una mercancía estropeada. La única solución posible sería que la Administración tomara cartas en el asunto y obligara a los ganaderos a sacrificar un importante número de becerras de cada camada a cambio de la subvención correspondiente. Pero ¿es toda la culpa del criador de reses bravas? Creo rotundamente que no. Veamos que la segunda gran diferencia entre aquel toro de los 50/60 y éste, no en cuanto a comportamiento sino en lo que a morfología se refiere, es el considerable aumento de tamaño y peso. Ante la exigencia en la mayoría de las plazas de un toro más grande y gordo, los ganaderos se han visto obligados a elevar el volumen utiliÁlvaro Acevedo Pérez 110
zando sementales de mayor alzada y, como suele decirse, fuera de tipo con respecto a las características tradicionales de sus toros. Las videotecas nos demuestran que el toro de antes, en la mayoría de las ocasiones, era muy inferior al de hoy en kilos y alzada. La revista taurina Aplauso publicó los pesos de una corrida de toros del Conde de la Corte lidiada en Bilbao en la década de los sesenta y arrojaba un promedio en canal de 240 kgs., es decir, en torno a los 400 kgs. de peso en vivo. Por contra, en octubre de 1996, otro semanario especializado, 6 Toros 6, ha publicado la relación de pesos, también en canal, de seis novilladas lidiadas en septiembre de dicho año en dos plazas de cuarta categoría y las cifras eran las siguientes: 296, 292, 286, 295, 306 y 307 kgs. En otros lugares sabemos que algunos han llegado a pesar hasta 357 kgs. en canal o, lo que es lo mismo, 600 kgs. en vivo. La diferencia es abismal y, este caso, que no es aislado ni mucho menos, demuestra que los novilleros de hoy en día lidian, en plazas portátiles, reses bastante más grandes que los toreros de hace una década en plazas de primerísima categoría. Si esto ocurre con las novilladas, nos podemos imaginar que otro tanto sucede con las corridas de toros. En la revista 6 Toros 6, citada anteriormente, aparece el peso en canal de un toro lidiado en una plaza de cuarta categoría. Dicho peso era de 435 kgs. lo que viene a ser en vivo la friolera de 725 kgs. Repasando algunas ferias taurinas durante los últimos años podemos comprobar la influencia del volumen del toro Estado actual de la fiesta de los toros 111
en su posterior comportamiento. En ciertas plazas donde se está exigiendo –¿por qué?– un toro muy grande, léase Logroño, el aburrimiento y el desencanto se está apoderando de los espectadores un año y otro también. El lucimiento por parte de los espadas es mínimo y el número de trofeos obtenidos se va reduciendo paulatinamente. En cambio, hay plazas donde sale un toro bien presentado, pero dentro de una normalidad morfológica, léase Almería, y el espectáculo está garantizado casi todas las tardes. Cierto, se podrían poner ejemplos de casos en los que sucede lo contrario pero, siendo realistas, hay que admitir que, con un toro desfasado en su volumen y desproporcionado en su peso, las posibilidades de éxito alcanzan índices bajísimos. Resumiendo todo lo anteriormente expuesto y teniendo además en cuenta otros factores como los problemas de consanguinidad, alimentación y reducción de espacios en las dehesas, las bases para conseguir una mejoría sustancial en el comportamiento del toro de lidia son, por un lado, practicar una selección rigurosísima eliminando totalmente los productos que presenten la más mínima duda en cualquiera de sus características y, por otro, fomentar un toro acorde con los caracteres zootécnicos propios de cada encaste. III.– ¿CÓMO SE TOREA HOY? «Los de antes sí que eran buenos toreros, no los de hoy». ¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase? Seguramente muchas, pero no solamente nosotros, sino todos Álvaro Acevedo Pérez 112
los aficionados de casi todas las épocas. En el mundo del toro el dicho de que «cualquier tiempo pasado fue mejor» ha estado vigente en todo momento. Remontarnos cien años atrás nos llevaría a comprobar que los toreros de aquellos tiempos más que artistas eran fundamentalmente matadores de toros. Basaban su faena de muleta en una breve serie de pases ejecutados sobre los pies con objeto de preparar al toro para la muerte. Tras la revolución de Belmonte, el toreo fue cambiando en su forma de plantear la lidia creándose las bases que perduran en nuestros días. La comparación, para no perdernos demasiado en el tiempo, la enfocaremos principalmente con relación a los toreros de hace tres y cuatro décadas y bajo diferentes puntos de vista. 1.– ASPECTOS TÉCNICOS Aquí parece claro que los toreros actuales han superado a los anteriores. Esto no es más que un lógico proceso de evolución que se ha ido dando a lo largo de la historia. Por tanto no creo que sea mérito del torero sino fruto del irremediable perfeccionamiento que trae consigo el paso de los años. Debemos tener en cuenta, en cualquier caso, que el toro que tenemos en la actualidad, debido a sus características, precisa toreros con grandes dosis de técnica para poder aprovechar las pocas arrancadas que suelen llevar dentro. Dentro del alto nivel técnico actual, hay que destacar a algunos diestros que han alcanzado cotas realmente extraordinarias en este campo. En mi opinión, el más claro expoEstado actual de la fiesta de los toros 113
verónica en vez de dedicarse a otras cosas. ¿Qué incompatibilidad puede existir entre el perfeccionamiento de una suerte y la práctica de otras? Está claro que lo que hacían, de forma inconsciente, era seguir el ejemplo de las figuras de la presente época. Afortunadamente, las Escuelas Taurinas están incidiendo mucho en este problema y los profesores, que suelen ser toreros retirados, enseñan a los alumnos toda una serie de quites que hoy apenas se practican. También en el tema de la variedad se dan excelentes excepciones, y en mi opinión, los dos toreros más representativos en lo referente a este aspecto son Luis Francisco Esplá y José Miguel Arroyo, Joselito. El primero de ellos es algo más que un diestro variado en el tercio de quites. El torero de Alicante ha basado su éxito y reconocimiento profesional en una continua búsqueda de suertes nuevas y en la recuperación de otras que parecían perdidas para siempre. Todas estas novedades las aporta a lo largo de la lidia, ya sea con el capote, las banderillas o la muleta. Joselito, uno de los mejores practicantes de la suerte suprema de todos los tiempos, ha demostrado que el torear muy bien a la verónica no implica renunciar, necesariamente, a otro tipo de formas de manejar el capote. Esto se pone de manifiesto de modo más acentuado cuando se enfrenta en solitario a una corrida de toros en plazas de primerísima categoría. La variedad imprimida a su toreo con la muleta y, sobre todo, con el capote le ha permitido el complicado logro de no aburrir en ningún momento a los espectadores y mantener el interés a lo largo de la lidia de todos los toros. Álvaro Acevedo Pérez 120
También un caso especial lo representan los toreros mexicanos que han continuado la tradición de sus antecesores y siguen realizando vistosos quites, aunque luego, cuando llegan a la Península, no soportan la tremenda dureza de nuestra fiesta. Resumiendo lo expuesto diremos como conclusión final que toreros buenos y malos los ha habido y habrá siempre; que los actuales se enfrentan a un toro mucho más serio que el de las épocas doradas del toreo y que el nivel de exigencia en ciertas plazas supera al de cualquier tiempo pasado. Pero también es necesario afirmar que en algunos aspectos y tomando a los toreros en su conjunto, con el grado de injusticia que implica toda generalización, la lidia ha experimentado un cambio negativo que, por el bien de la fiesta, deberá solucionarse cuanto antes. Yesta solución pasa ineludiblemente por las manos de los propios toreros que si son capaces de seguir emocionándonos con sus faenas también pueden lograr la restauración, el regreso de viejas costumbres, hoy olvidadas y actualizar las esperanzas que aquellos contenían. IV.– LAPROBLEMÁTICA DE LOS NOVILLEROS El problema de las novilladas es, sin discusión alguna, el más grave de los que se pueden abordar en la actualidad. Nunca en la historia del toreo, habían concurrido tantas circunstancias negativas dentro de este sector de profesionales, del cual saldrán necesariamente las futuras figuras del toreo. La palabra novillero ha significado siempre ilusión, ganas, esperanza, promesa y todos estos sustantivos que se Estado actual de la fiesta de los toros 121
relacionan con el deseo de llegar a la difícil meta de ser torero. Desgraciadamente, hoy en día, decir novillero es decir también dinero, padrino (que no es lo mismo que apoderado), 33%, montajes, y un largo etcétera que debe provocar náuseas a todo aquel que ame la fiesta de los toros. Para analizar profundamente este tema dividamos en bloques los festejos menores que se celebran en España. – En el primero incluiremos las novilladas en las cuales los actuantes tienen que pagarle al empresario para poder torear. Las cantidades que se abonan en estos casos son de hasta un millón de pesetas y los gastos de cuadrilla, viaje, comida y estancias se sitúan entre las trescientas y las quinientas mil pesetas. Un simple cálculo matemático nos llevará a comprobar que el déficit puede llegar a ascender al millón y medio de pesetas por una sola novillada. – En un segundo bloque se incluyen los montajes organizados bajo la fórmula del 33%. El método es bien sencillo y bastante caro. Tres novilleros se unen para hacer el papel de empresario organizando un festejo en el que, lógicamente, ellos serán los actuantes. Se suelen realizar en plazas de escasa categoría, aunque no son exclusivos de ellas, y el resultado final casi siempre arroja un balance común: algunas orejas cortadas y muchísimo dinero gastado ya que las pérdidas que ocasione el festejo tendrán que ser sufragadas por los tres «empresarios». – El tercer bloque puede estar formado por los espectáculos en los que los futuros toreros actúan sin pagar, pero también sin cobrar. Por supuesto, los gastos de cuadrillas, hotel, desplazamiento, etc., a los que antes hacíamos referencia, corren a cargo del novillero. Álvaro Acevedo Pérez 122
– En el cuarto bloque se encuentran los festejos en que los novilleros se contratan por unas cantidades inferiores a las mínimas establecidas en la reglamentación vigente. Esta práctica se ha puesto muy de moda en algunas localidades en las cuales se lidian unos novillos totalmente antirreglamentarios por su exceso de peso. En estos festejos, los novilleros estoquean auténticas corridas de toros y con el dinero que cobran ni siquiera pueden pagar los gastos de forma completa. ¿Se imaginan lo que significa jugarse la vida ante reses tremebundas, en una plaza portátil, con una ambulancia por enfermería y sin la más mínima repercusión en caso de éxito de cara a otro tipo de plazas de más importancia? Pues si, después de todo esto, el novillero tiene que pagar de su propio dinero gran parte de los gastos ocasionados es como abandonar cansado de todos y de todo. – Yal fin llegamos al quinto y definitivo apartado. El de las novilladas que se organizan bajo el denominador común de la legalidad. El porcentaje que ocupan dentro de la totalidad de festejos menores celebrados durante toda una temporada es insignificante. Ni siquiera en algunas plazas de primera categoría se cumple esta bendita norma. Incluso en algunos cosos franceses, donde siempre había sido costumbre contratar legalmente a los novilleros, se han extendido actualmente, como si de una epidemia se tratase, todas las indignas e injustas modalidades de contratación citadas anteriormente. Naturalmente, todas ellas se pueden combinar en un mismo espectáculo, es decir, tres novilleros pueden actuar el mismo día y en la misma plaza con diferentes condiciones económicas. Estado actual de la fiesta de los toros 123
¿Quiénes son los culpables de esta situación? Sin duda son varios los sectores que están actuando de forma ilegal y fraudulenta. Por una parte la Administración, que no hace nada por intentar reducir los gastos que ocasiona la celebración de espectáculos de este tipo. Por otro, las entidades de profesionales taurinos, que no denuncian las irregularidades producidas. Por supuesto, los empresarios pero, también, los Ayuntamientos, que son los primeros en desarrollar y promocionar prácticas denigrantes. También algunos banderilleros colaboran en el despropósito actuando por menos dinero del establecido. Pero, por encima de todos, los principales responsables son los propios novilleros que, además, tienen en su mano la facultad de solucionar esta situación. Efectivamente, existe una fórmula algo utópica, no por falta de posibilidades, sino por escasez de voluntad de los propios interesados. Si los novilleros acordaran una temporada de forma global, actuar única y exclusivamente en festejos donde se les contratara dentro del marco de la más absoluta legalidad económica, el problema se solucionaría en gran medida. Cierto es que se celebraría un número inferior de novilladas, pero ¿de qué sirve tan elevado número de espectáculos menores si la mayoría los van a protagonizar quienes posean mayores recursos económicos? Además, muchos festejos de este tipo que hoy se organizan de forma ilegal, se convertirían automáticamente en legales. La explicación es la siguiente: En muchas plazas, los empresarios están obligados a celebrar una serie de novilladas a lo largo de la temporada. Álvaro Acevedo Pérez 124
Esta obligatoriedad viene reflejada en el pliego de condiciones del contrato de arrendamiento. Pues bien, en la actualidad, muchos novilleros se ofrecen a torear esas novilladas en cualquiera de las condiciones que comentábamos anteriormente. En cambio, si todos se unieran y exigieran que se les abonara el mínimo establecido sucederían tres cosas: – Primero, que el empresario, al seguir obligado a celebrar dichas novilladas, le daría la oportunidad a los aspirantes basándose en los méritos taurinos que hubieran alcanzado anteriormente o en las referencias positivas que tuvieran por parte de los propios profesionales. Esta contratación nunca se realizaría, como está sucediendo en la actualidad, bajo la total influencia del poder económico. – En segundo lugar y, como consecuencia de lo anterior, se eliminaría la competencia desleal, de un lado, entre los novilleros que están dispuestos a prostituirse taurinamente hablando y, de otro, los que exigen percibir sus honorarios por encima de todo. – Finalmente, el empresario buscaría fórmulas para lograr que el público acudiera al festejo, algo que hoy no le preocupa tanto. Haciendo referencia de nuevo al descenso de novilladas que habría, pienso que como consecuencia del mismo, se produciría una alarma en todos los estamentos de la Fiesta. Todos se verían presionados por la necesidad de atajar el problema, adoptando y, a la vez, exigiendo a la Administración las medidas correspondientes para hacer más viables económicamente la celebración de estos espectáculos. Desde luego que si algún compañero imcumpliera lo establecido tendría que ser vetado por los restantes al competir de manera desleEstado actual de la fiesta de los toros 125
al y antirreglamentaria con el resto del colectivo. En vistas de como está la situación actual, todo esto parece impensable, pero si algún día se llevara a cabo los beneficios obtenidos serían extraordinarios. Es verdad que siempre han existido los cuatro o cinco padrinos dispuestos a gastar, o incluso a blanquear, su dinero a espuertas, pero es que hoy en día el 90% de los novilleros actúan de esta forma en el número de novilladas que les sea posible. Hay veces que un padre de familia con tres millones de pesetas ahorradas por ejemplo, los utiliza para que su hijo toree unos pocos de festejos, llegando incluso en ocasiones a darse casos de auténticas ruinas económicas dentro de la propia familia. Además, si repasamos los escalafones de la novillería durante los últimos años, podemos observar que los que ocuparon los primeros puestos sin otro mérito que el de tener una gran fortuna a sus espaldas, se encuentran actualmente en el más absoluto de los olvidos una vez tomada o, mejor dicho, comprada su alternativa. Por tanto, estos enormes desembolsos económicos no ofrecen ninguna garantía de éxito si el novillero en cuestión no cuenta con las innumerables condiciones que se necesitan para alcanzar el difícil objetivo de ser figura del toreo. Pero no acaban aquí los perjuicios producidos por esta lacra. También influye en la adquisición por parte de los empresarios de plazas donde se celebren espectáculos menores exclusivamente. Por ejemplo, si una empresa solicita al Ayuntamiento de una localidad una determinada subvención para celebrar una novillada con picadores y en cambio otra empresa ofrece un espectáculo de las mismas características Álvaro Acevedo Pérez 126
pero pidiendo una subvención inferior, el Ayuntamiento en cuestión le proporcionará la plaza a este último empresario. Aunque los festejos tienen el mismo rango, difícilmente pueden aportar la misma calidad al espectador. El primer empresario contratará a tres novilleros que tengan posibilidades de ser toreros y el segundo contará con otros tres de los que solamente le importará su capacidad económica, y obviamente, el dinero y la categoría artística no tienen nada que ver. Además, los novilleros que actúan en estas nefastas condiciones, para que el perjuicio económico sea menor, contratan cuadrillas a bajo precio que, lógicamente, no pueden tener nunca el mismo nivel que las que exigen el cobro de los honorarios en su integridad. Todos estos factores unidos darán como resultado la celebración de un acontecimiento taurino de muy baja calidad, que provocará el desencanto del público y su reticencia a volver a la plaza en futuras ocasiones. Por otra parte el objetivo de las Escuelas Taurinas también se ve dificultado por la actual situación. Los jóvenes que torean novilladas sin picadores gracias a las Escuelas, cuando tienen que debutar con picadores se topan de bruces con el consabido problema que nos ocupa. Si no quieren o no pueden entrar o formar parte de los llamados ponedores se ven obligados a debutar automáticamente en alguna plaza de máxima responsabilidad, buscando un triunfo que, con ser difícil para cualquiera, lo es mucho más para ellos, que cuentan con una muy escasa experiencia. Naturalmente que ese debut, aunque precipitado, viene solamente en el mejor de los casos porque no todos tienen siquiera esa oportunidad. Es necesario hablar también de la contribución, involuntaria, que otorga a estos ponedores la publicación del Estado actual de la fiesta de los toros 127
escalafón de novilleros. Las comisiones de festejos de muchas localidades exigen al empresario responsable de organizar su feria, la inclusión, única y exclusivamente, de novilleros que se encuentren bien situados en la clasificación sin saber, seguramente, que un alto número de éstos han conseguido tan privilegiado puesto gracias al desembolso de una más que considerable fortuna. El escalafón novilleril es tan irreal y engañoso que debería ser ignorado por todos los aficionados y profesionales y, por encima de todo, no tendría que influir en absoluto a la hora de la configuración de carteles en cualquier plaza de toros. Como hemos visto, los problemas que depara el actual sistema de contratación de los novilleros son múltiples y de muy variado ámbito, pero todos proceden de la misma podrida raíz. Por consiguiente, para solucionarlos es necesario abordar la situación desde su origen y, una vez atajado éste, los perjuicios derivados que hemos expuesto se solventarán, si no por añadidura, sí de una manera más sencilla y factible. Mientras continúe existiendo un porcentaje tan elevado de novilleros dispuestos a pagar por torear en cualquiera de las modalidades ya conocidas, seguiremos inmersos en este caos que sólo conduce a poner barreras aún más elevadas a la ya de por sí difícil aventura de querer ser torero. V.– ELMUNDO EMPRESARIAL Los principales protagonistas de la Fiesta son el toro y el torero, pero también juega un papel esencial la persona que hace posible la puesta en escena de este maravilloso rito. Esa Álvaro Acevedo Pérez 128
persona es el empresario que, por suerte o por desgracia, desarrolla una tremenda influencia en el negocio taurino. Resulta obligado emplear la palabra negocio porque el toreo, aparte de ser un arte único, es también un espectáculo en el que se mueven enormes cantidades de dinero. El sector empresarial está dominado por un reducido grupo de señores que acaparan la dirección de la mayor parte de las plazas de toros de España y Francia, poseedoras de una considerable importancia. La consecuencia inmediata de este dominio es un notabilísimo poder sobre la totalidad del orbe taurino. Dicho poder aumenta todavía más en el momento que asumen otras funciones adicionales como las de apoderado o, incluso, ganadero. Esta situación tiene que provocar necesariamente consecuencias negativas para la Fiesta. La pluralidad de actividades de unos pocos hace posible la organización de las ferias con el irremediable intercambio de toreros entre los empresarios que ostentan el mando. Cierto es que la mayoría de las figuras que tienen auténtica fuerza, muy pocas dicho sea de paso, están dirigidas por apoderados independientes, ya que al no tener otros intereses que defender se encuentran en mejor disposición de velar exclusivamente por sus respectivos toreros. Pero si exceptuamos esos cuatro o cinco nombres que están en la mente de todos, el resto de los diestros se encuentran bajo la protección de poderosas casas empresariales. Sólo así se puede comprender que toreros que todavía no han triunfado rotundamente en Sevilla o en Madrid, toreen un número elevadísimo de tardes durante varias temporadas. Esto, hace cuarenta años, era algo impensable. Los diestros que fracasaEstado actual de la fiesta de los toros 129