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Las instituciones eclesiásticas

Spencer, Herbert, (1820-1903.)

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BIBLIOTECA DE JURISPRUDENCIA , FILOSOFÍA E HISTORIA --,0•••••• nnn LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS POR HERBERT SPENCER. Biblioteca PixeLegis. Universidad de Sevilla. VERSIÓN DIRECTA DEL INGLÉS CON NOTAS MADRID LA ESPAÑA mon•nmv.A_ Cuesta de Santo Domingo , 16 , principal. Teléf_ 260.. Es propiedad. Queda 11.6clio el depósito que marca la ley. AGUSTÍN AVRIAL, impresor.—San Bernardo, 92. Teléfono aatinzri._ 3-074 PRELIM â \ - 111, DE LA TRAD â CC101\ ESNYOLI LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS forman un capítulo independiente, sin duda , de una de las partes del gran sistema de filosofía evolucionista á que Spencer va poco á poco dando cima. Por eso , para comprender el alcance de las ideas sustentadas en este libro que hoy ve la luz pública en España , y explicarse el procedimiento que en su investigación y exposición sigue su autor , será preciso tener presente que se trata en él, ante todo y sobre todo , de desenvolver las consecuencias de principios generales sentados, y de aplicar á una esfera particularísima de la realidad, concepciones filosóficas expuestas en otros libros , y con ocasiones diferentes. Con el fin de ofrecer al lector español todos 6  PRELIMINARES los elementos necesarios para apreciar convenientemente el valor absoluto y relativo de LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS, y teniendo en cuenta las indicaciones hechas , se ha procurado añadir algunas llamadas ó notas al texto, de carácter aclaratorio , y se pensó en poner al frente de esta traducción un prólogo que sirviera de com plemento explicativo , tanto de La Justicia como de Las Instituciones políticas (1), y en el cual se procuraría referir al sistema general de la filosofía spenceriana,, cada una de las obras indicadas y la presente. Pero estudiando bien el asunto, se ha creído que se podía sustituir el prólogo , de tantas pretensiones, con una brevísima indicación bibliográfica ordenada de la obra total de Spencer , dejando á éste exponer la parte fundamental de su filosofía en un resumen breve y sucinto, escrito por él mismo. La obra total de Spencer, que se comprende bajo el título general de Sistema de filosofía (A System of synthetic philosophy ), abarca hoy varios volúmenes , y se sigue en su publicación cierto orden lógico muy cuidado. En el amplísimo cuadro que supone este sistema, figura, en primer término, una de las obras más trascen- •••••••• t (1) Las I nstituciones políticas, por H. Speucer, dos grandes volúmenes, Publicados por LA ESPAÑA MODERNA. e 2 PRELIMINARES  1 dentales de nuestro autor : Los Primeros principios (Firts Principies), especie de síntesis general de las ideas fundamentales del sistema, que entraña la determinación de sus lineamientos filosóficos , la de la ley de la evolución y la de la posición especial del punto de vista evolucionista en la ciencia moderna. Las obras siguientes vienen á ser desenvolvimientos y aplicaciones de los Primeros principios á los diferentes órdenes de la evolución que comprenden el mundo inorgánico ( evolución inorgánica) , de que Spencer no habla especialmente ; el mundo orgánico ó evolución orgánica, expuesta por Spencer en los Principios de Biología (dos tomos) , y en los Principios de Psicología (dos tomos), y el mundo superorgánico (social) y evolución superorgánica , expuesta en los Principios de Sociología ( cuatro volúmenes) , habiendo estudiado Spencer además la Ñtica (obra de la cual lleva publicados tres volúmenes). Esto, aparte de otros trabajos especiales, como los P; studios sobre Educación , la Clasificación de las ciencias, El Individuo contra el Pistado y los ii2 7 nsagos científicos, políticos, etc., etc. (tres volúmenes). LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS 5 al igual que Las Instituciones políticas , forma parte de los Principios de Sociología, que por si mismos, y PRELIMINARES precedidos de una Introducción á la Sociología (The Study of Sociolog y), constituyen uno de los sistemas de ciencia social más completos (verdaderamente enciclopédico) de cuantos se han producido hasta el día. La Justicia forma parte de los Principios de Ftica, según puede verse en el prólogo del autor á dicho libro (1). He aquí ahora la exposición breve y sucinta, en forma de proposiciones dogmáticas , de la parte fundamental del sistema de filosofía sintética de Spen.cer : (1) Traducción española publicada por La Espofa 31-oderizo, un gran volumen, siete pesetas. o lai PRÓLOGO DE SPENCER 1. En el universo en general, y en detalle, se produce una distribución incesantemente renovada de materia y de movimiento. 2. Hasta distribución, renovada siempre, constituye la evolución allí donde predominan la integración de materia y la disipación de movimiento , y constituye la disolución allí donde predominan la absorción de movimiento y la desintegración de materia. 3. La evolución es simple cuando el procedimiento de integración, ó en otros términos, la formación de un agregado coherente, se verifica sin complicación por otros procedimientos. 4. La evolución es compuesta cuando , al lado de ese cambio primario de un estado incoherente en un estado coherente, se producen cambios secundarios debidos á diferencias en las c ircunstancias de las distintas partes del agregado. 5. Esos cambios secundarios constituyen 10  PRÓLOGO la transformación de lo que es homogéneo en lo que es heterogéneo—transformación que , como la primera , se da en el universo , considerado como un todo, y en todos (ó casi todos) sus detalles ; en la masa de las estrellas y de la nebulosa ; en el sistema planetario ; en la tierra, como masa inorgánica; en cada organismo , vegetal y animal (ley de Von Baer) ; en el agregado de los organismos á través de los tiempos geológicos; en el espíritu ; en la sociedad; en todas las producciones de la actividad social. 6. El proceso de integración, obrando tanto local corno generalmente, se combina con el procedimiento de diferenciación para que ese cambio no sea sólo de la homogeneidad á la heterogeneidad, sino de una homogeneidad indefinida á, una heterogeneidad definida ; y tal carácter de definición creciente, que acompaña á la heterogeneidad creciente, es también observable en todas las cosas y en todas las divisiones ó subdivisiones, aun las más pequeñas. 7. Al lado de esta redistribución de la materia componente de todo agregado en vía de evolución, se produce una redistribución del movimiento conservado por sus compuestos en relación los unos con los otros ; y aquí también el carácter heterogéneo se hace poco á poco más definido. 8. A falta de una homogeneidad infinita y absoluta , esta redistribución, de la cual la evolución es una fase, es inevitable. tqlt PRÓLOGO  11 nio • Ele aquí las causas que la hacen necesaria: 9. La instabilidad de lo homogéneo, resultante de los diversos peligros que causan las diferentes partes de un agregado limitado cualquiera en virtud de fuerzas incidentales. Las transformaciones que de ahí resultan están complicadas por : 10. La multiplicación de los efectos. Cada masa ó parte de una masa , sobre la cual se ejerce una fuerza, subdivide y diferencia esta fuerza, que de este modo va produciendo cambios diversos , y cada uno de esos cambios genera otros cambios que se multiplican análogamente, llegando á ser esta multiplicidad cada vez más grande á medida que el agregado se hace más heterogéneo. Y ambas causas de diferenciación creciente están formadas por : 11. La segregación, procedimiento que tiende á, separar las unidades que difieren entre sí y á reunir las unidades que se asemejan, sirviendo continuamente , de este modo, para hacer más vivas y más definidas las diferenciaciones resultantes de otras causas. 12. De esas transformaciones que sufre un agregado en evolución, resulta , finalmente, el e quilibrio. Los cambios se prosiguen hasta que ese e quilibrio se haya establecido entre las fuerzas , á las cuales todas las partes de este agregado están expuestas , y las fuerzas que esas partes las oponen. El equilibrio puede atrave-- - 18  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS muerte? El jefe, llamado Commoro, responde: ¿Una existencia después? ¿cómo es posible eso? ¿Puede un muerto salir de su tumba á menos que se le desentierre?— ¿Piensas , entonces , que el hombre sea como la bestia, que una vez muerto todo ha concluido  Commoro: Ciertamente; un buey es más fuerte que un hombre, y muere sin embargo; sus huesos son más largos y más gruesos. Los huesos del hombre se rompen con facilidad; el hombre es débil—El hombre, ¿no es superior á él en inteligencia? ¿No tiene un espíritu que dirija sus acciones?—Commoro: Hay hombres que no son tan hábiles como el buey. Es preciso que el hombre siembre sus granos para tener que comer , mientras que el buey y los animales salvajes, pueden procurarse el alimento sin sembrar. . - \ T o sabéis que hay algo más que la carne , que ¿— hay un alma? ¿Es que acaso no soñáis? ¿Es que no viajáis lejos en vuestro sueño ? Y sin embargo, vuestro cuerpo no cambia de sitio. ¿Cómo explicar eso ?— Pues bien — dice Commoro riendo ¿cómo lo explicáis? es una cosa que no puedo comprender y que todas las noches me ocurre...—¿No tenéis idea alguna de la existencia de espíritus superiores al hombre ó á la bestia? ¿No tenéis temor de ningún otro mal que no sea el proviniente de causas físicas?—Tengo miedo á los elefantes y á otros animales respondió Commoro —cuando me encuentro de noche en las selvas, pero nada más—¿Entonces no creéis en nada? ¿ni en el buen espíritu ni en el malo? ¿Creéis que, POR H. SPENCER  19 después de muerto, todo ha concluido para viles- ,' tro cuerpo y para vuestro espíritu; que sois corno todos los demás animales; que no hay ninguna diferencia entre el hombre y el bruto; que uno y otro acaban al morir ? — Naturalmente.» Cuando Baker le presentó el argumento de San Pablo , tomado de la podredumbre del grano , sobre el cual se apoya la liturgia de los funerales, Commoro , respondió: «Muy bien: eso lo com- . prendo. Pero el grano primitivo no resucita; se pudre como el hombre muerto, y todo ha concluido; el fruto que recoje no es el grano enterrado, es un producto del mismo ; asi ocurre con el hombre. Muero , me descompongo y acabo; pero mis niños crecen como el fruto del grano. Hay hombres que no tienen hijos ; pero también hay granos que perecen sin dar frutos; unos y otros han concluido (1).» Evidentemente, las ideas religiosas no tienen I).  el origen sobrenatural que por lo común se les atribuye, y dados los hechos, debemos afirmar }1Y 40  § 584. En el primer volumen de los Prin- [11'  cipios de sociología hemos consagrado cerca de 4¿  veinte capítulos á dar cuenta de las ideas primitique tienen un origen natural. ¿Cuál es este origen? vas en general, y especialmente de las ideas relati1a  vas á la naturaleza y á las acciones de los agentes sobrenaturales. En vez de remitir al lector á esos (1) Sir Samuel Baker : Albert A r yanza, 1 , 247. 20  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS capítulos, creernos más del caso resumir la doctrina expuesta en ellos, primero porque esta doctrina, diferente de las creencias reinantes y de las de los mitólogos , necesita que la reproduzcamos con insistencia, y además porque podernos fortificarla con nuevos hechos y producir una mayor impresión, relacionando más estrechamente los diversos grupos de hechos y las conclusiones. He aquí un ejemplo tipo de la génesis de las concepciones religiosas, cuya marcha vamos á sewiir de nuevo en este capitulo ; lo encontramos en la obra de Mr. Brough Smyth , intitulada Los Aborígenes de Victoria. Cuando se sepulta á un australiano de nota, cazador ó miembro del consejo, el hechicero, sentado ó acostado sobre su tumba, elogia al difunto y se tiende como para escuchar sus respuestas: « el muerto , dice, ha prometido que si su muerte es suficientemente vengada, su espíritu no rondará la tribu, ni meterá miedo á nadie, ni inducirá á ninguno á seguir falsas pistas , ni pondrá á nadie enfermo , ni producirá ruido por la noche (1)». Por nuestra parte reconocemos sin esfuerzo en este ejemplo los primeros elementos de un culto ; encontramos ahí la. creencia en un ser sobrenatural., un espíritu, y vernos además los elogios dirigidos á ese ser que se supone escucha. A condición de que sus órdenes sean obedecidas, se dice que promete no hacer (1) B. B. Smyth: The Aborigenes of Victoria. Melbourne, 1872, ,107. POR H. SPENCER  21 aso de su poder sobrenatural, no hacer daño á los vivos ni atemorizarlos. ¿No es evidente que tales gérmenes pueden desenvolverse y producir religiones avanzadas? Leyendo la plegaria, citada por Al. Reville, del malgache adorador de los antepasados «Nyang, malo y potente espíritu , no hagas retumbar el trueno sobre nuestras cabezas; di al mar que no traspase sus orillas. Cuida , Nyang, los frutos que maduran ; no agostes el arroz en flor (1) », no puede menos de afirmarse que Y - yang no es más que una forma más desarrollada de un espíritu como aquel que el australiano trata de calmar con .1' sus ruegos. Se dice en el Japón que los espíritus, de los muertos, continúan existiendo en el mundo invisible que nos rodea por todas partes , que se han convertido todos en dioses con caracteres diferentes y poderes más ó menos grandes..., que es preciso aplacar los dioses maléficos para que no castiguen á aquellos que les han ofendido, que es preciso honrar con un culto á todos los dioses para inducirles á aumentar sus favores (2). Este ejem11'  plo da gran fuerza á la opinión de que los dioses maléficos, como los benéficos, se derivan de «los espíritus de los muertos... , diferentes por el rácter y por el influjo ». Encontramos otro argu- , 5• mento en favor de esta idea en el hecho de que en ri' (1) Alberto Reville: Histoire du Diable, 9. (2) E. M. Satow: Thc Revival of Pire Shinto. Apéndice i. las Transactions of the Asiatie ,S T ociely of Japan, in, 79. 22  LAS INSTITUCIONE S ECLESIÁSTICAS .1 n ••••• la India, según dice Alejandro Lyall , «parece que los honores que se dispensaban primero á todos los espíritus de los muertos, se hayan concentrado como honores divinos, para los manes de las personas notables (1)». Hechos de un mismo género, en tiempo de Platón, nos recuerdan también , que reinaban análogas creencias entre los griegos. Así. vemos, en La República, á Sócrates poner entre los primeros deberes «los cultos de los dioses, de los semidioses y de los héroes... , y además los ritos que el hombre debe observar para ganar el favor de los habitantes del mundo infernal». La persistencia de esta creencia demuestra que el « temor á la cólera de los muertos se había apoderado con fuerza del ánimo de los primeros griegos (2) ». La analogía de esas creencias, admitidas en las razas más diferentes en el tiempo , en el espacio y por la cultura intelectual, es un poderoso argumento en favor de la conclusión que hace originarse las religiones todas del afán de tener propicios á los espíritus. A cualquier lado que miremos, encontramos hechos favorables á nuestra conclusión. No ha mucho todavía se creía que no existía vestigio alguno del hombre primitivo; pero hoy que la atención se dirige sobre ese punto, en todas partes se encuentran instrumentos del hombre primitivo; de igual suerte, una vez formulada la hipótesis que deriva las (1) Sir. A. C. Lyall: Asiatic Studies, 1892, 18. (2) Platón: República.—Grote: .Historia de Grecia, ur, 187. 11) POR H. SPENCER  23 religiones en general del culto de los a ntepasados, encuéntranse pruebas en pro en todas las razas y en todos los países. Ningún libro de viajes deja de aportar hechos nuevos, y examinando de cerca las historias de los pueblos de la antigüedad , se descubren en ellas ejemplos numerosos para apoyar nuestra hipótesis. Vamos á dar nuevos ejemplos de los factores y de las etapas, de la génesis de las crencias religiosas. Los tomaremos de obras publicadas después que hemos escrito el primer volumen de los Principios de sociología. § 585. El salvaje africano Commoro, de quien hemos hablado antes y el cual demostraba con sus respuestas un espíritu más penetrante que el de su interlocutor, no tiene teoría alguna del sueño. A la pregunta de cómo explicaba el sentimiento del cambio de lugar durante el sueño , respondía: « es una cosa que no comprendo». Se puede notar, de paso, que cuando la idea de un doble que viaja durante el sueño no existe, la creencia en doble otro que sobreviva después de la muerte no existe tampoco. Pero los salvajes más dispuestos que Commoro á, aceptar interpretaciones, admiten que las aventuras de los sueños son reales. Un zulú decía al obispo Callaway: «cuando un muerto vuelve (en sueños), no aparece bajo la forma de una serpiente, ni corno una sombra pura; viene en persona, como si no hubiese muerto: habla á un hombre de su tribu; no se sabe que sea un muerto hasta después de haber despertado y entonces se dice: en verdad, que 24  LAS INSTITUCIONES ECLES1,1ST S fulano se me ha aparecido vivo aún , y en verdad que su sombra es la que ha llegado hasta mi (1) .» De igual modo , los andamenes , que creen que la sombra de un hombre no es más que una de sus almas tienen una creencia según la cual «en los sueños, el alma es quien saliendo por las narices, vive y se conduce de la manera representada al hombre dormido (2)». Ciertas formas anormales de insensibilidad, se reputan corno ausencias más prolongadas del otro yo emigrante, importando poco que la insensibilidad sea el efecto de causas naturales ó artificiales Así se explicaban en otro tiempo habitualmente esos estados insólitos de inconsciencia aparente. Encontramos la prueba de esto en una creencia expresada por Montaigne. Para él, el alma del hombre , puesta en libertad y separada del cuerpo , sea por el sueño, sea por algún éxtasis divino, predice y ve cosas que no podría percibir cuando está unida al cuerpo. En nuestros días, entre los ouaraus, indios de la Guayana, el hombre que quiere adquirir un poder mágico toma una infusión de tabaco; y « en el estado de debilidad semejante á la muerte á que eso le reduce, su espíritu vese obligado á abandonar su cuerpo, visitar los gauhahus, y recibir de ellos el poder... Se cree que permanece en adelante sometido al influjo de esos seres temidos... (3)». (1) Callaway: The Religions Systems of the amazulu, 1868, 230. (2) Journal of the Anthropological Instituto, xii, 162. (3) Re y . J. 11. Bernau. Missionary Labours in Britisít Guya - na, 1847, 153. POR H. SPENCER  25 De la creencia en la ausencia ordinaria • del doble, durante el sueño y de la extraordinaria durante el síncope, la apoplejía, etc., etc., se pasa á la creencia en su ausencia ilimitada durante la muerte , cuando después de un intervalo de espera se ve obligado á renunciar á la esperanza de verle volver. Se consigna también la creencia en que, sordo á las súplicas, el doble vuelve de tiempo en tiempo ó volverá al fin. Comúnmente se supone que el espíritu vaga cerca del cuerpo ó viene á visitarle. Los iroqueses y los chiriuikes «hablan del muerto que marcha de noche; le creen despierto y en busca de alimentos (1 )». Esta creencia en los supuestos viajes nocturnos de los espíritus desmateriali zaclos ha persistido largo tiempo en las razas superiores; vésela, además, bajo su forma grosera de los primeros tiempos en las historias de vampiros en boga en ciertos paises. La creencia primitiva en la materialidad del doble, tiene por consecuencia el deseo de atender á las aspiraciones manifestadas por él durante su vida. A este fin, se ve á la madre andamena depositar cerca de la tumba de su hijo una concha « con un poco de su propia leche ( 2) » , á los chipeuayos « ofrecer alimentos y regalos á los muertos», á los chinukes colocar cerca del cadáver todos los objetos útiles ; á los uraus «mantener el fuego cerca (1) United States Expedition, por el com. Wilkes, Filad.,1845, v, 118 (2) Journal of the Anthropological Inst;tute , xtr , 142. 26  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS de la tumba durante varias semanas (1) ; en Urua, Africa central , según Cameron , se inmola, después de la muerte de un jefe, á su mujer y á sus esclavos (2). Con el mismo fin, todas las razas no civilizadas ó á medio civilizar, conservan los ritos fúnebres que implican la creencia en que el espíritu tiene las mismas sensaciones y las mismas emociones que el vivo. En un principio se creía en eso á la letra; los zulús son un ejemplo. Uno de ellos decía que «los espíritus antepasados vinieron comiéndolo todo, y que cuando las gentes volvieron del baño encontráronló todo comido (3)». En otros pueblos, el espíritu concebido como menos material , se le supone obligado á aprovecharse de la cosa ofrecida; los naturales de Nicaragua , por ejemplo, «colocan sustancias alimenticias en el cuerpo muerto antes de quemarle  y los ahts queman las mantas cuando amortajan á sus amigos (4) « para que éstos no tengan que tiritar de frío en el mundo subterráneo (5)». Los sacrificios al doble del muerto , hechos por lo común en los funerales, llegan á ser en ciertos países usos permanentes, reproducidos ya en ocasiones especiales , ya en intervalos regulares. En efecto, si se abandona al espíritu, puede (1) Bernau, loe. cit., 53. (2) Cameron: Across Africa, u, 110. (3) Folk Lore, South African Journal, u, 29. (4) Bancroft: The Native Razes of the Paci,fic States of North America , u, 801. (5) Id. ibid.,  521. POR H. SPENCER  27 resultar un daño. Los hombres de diversos tipos visitan sus muertos de tiempo en tiempo para llevarles alimentos , bebidas , etc. ; los gondos , por ejemplo, llevan á las tumbas de los muertos que honran «ofrendas anuales durante varios años (1)». Otros , como los ukiahs y los saneles de California, «esparcen alimentos alrededor de los lugares que el muerto frecuentaba preferentemente (2)». En otras partes, por ejemplo , entre los zulús , se supone que los espíritus tienden hacia los lugares donde los alimentos han sido preparados para ellos. El obispo Callaway cita un zulú , que decía: « Esos muertos están locos ! ¿Por qué se han revelado matando al hijo de esta manera , sin hablarme? Id y traed la cabra (3).» Las razas se forman ideas diferentes de los lugares habitados por esos espíritus de los muertos, que se parecen á los vivos en sus apetitos y por sus pasiones. Algunos pueblos , como los chilukes del Nilo Blanco «se figuran que los muertos frecuentan los lugares de los vivos y se ocupan en ellos (4)». Otros , como los santales , creen que los espíritus de sus antepasados habitan los bosques cercanos. Entre los sonores y los mohaves de América del orte se cree que las rocas y las colinas son la morada de los espíritus. «La tierra de los bienaven- (1) Re y . Hislop : Aborioinal Tribes of the Central Provinces , 19. (2) Bancroft, ob. cit., u , 524. (3) Callaway, ob. cit. 372. (4) Schweinfurth, ob. cit., 91. 3-1  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS agradecidos por las ofren - das depositadas ante sus imágenes. Algunas veces se les da el nombre de jefes muertos (1)». Bastión refiere que una negra de Sierra Leona tenia en su cuarto cuatro ídolos , cuyas bocas embadurnaba diariamente con maíz y aceite de palma. Una vez lo hacia por ella misma, otra por su marido muerto, y otra por cada uno de sus hijos (2). Con frecuencia , la imagen es grosera en extremo. Los clamaras tienen una imagen hecha con dos piezas de madera que representa la divinidad de la casa , ó, más bien , el pariente deificado (3)», y el cual es llevado fuera en ciertas ocasiones. «Las ceremonias habituales de los láhils consisten simplemente en embadurnar su ídolo, que nó es sino una piedra informe , con vermellón ó aceite , y en ofrecerle algún animal ó licor , haciendo en tal momento protestas ó peticiones (4)». Tenemos aquí ya la transición á la especie de fetichismo que admite que un objeto, groseramente semejante á un ser humano, y sin parecido alguno con éste, está habitado por un espíritu. Podemos añadir que la relación entre el desenvolvimiento de la teoría espiritista y la del fetichismo se revela en un hecho donde uno y otro faltan. Tal se observa en un pueblo africano , según dice Thomson. « Los wahabis parecen libres de la idea supersticiosa, como ninguna otra tribu del mundo. No se (1) Livingstone: Last Journals in Central Africa , 1874, 1, 553. (2) Bastian: Der Mensch in der Geschichte 1860, II, 129. (3) Anderson: Lake 110gami , 229. L t) Tran,sactions of the Royal Asiatic Society, , 1, 72. á 1:p POR H. SPENCER  35 encuentra en ellos rastro alguno de ese fetichismo que en otras reina. Ni aun se observa en los wahabis el respeto hacia sus muertos ; arrojan los cadáveres entre las malezas , donde las hienas los devoran (1).» Igual relación se revela precisamente en la descripción de los masüs , que el mismo autor nos da más recientemente. La identificación de los antepasados con los animales se hace de diversas maneras: resulta la veneración de éstos , ya bajo forma de atenciones supersticiosas , ya bajo forma de culto. Los animales que frecuentan los lugares de las sepulturas ó los que creen habitados por los espíritus, así como también las bestias que rondan por la noche, son naturalmente considerados como las formas elegidas por los muertos. Los bongos temen á «los espíritus, cuya morada está en la sombra oscura de los bosques. Los espíritus, los diablos y las brujas se los llama por lo común bitabohs ; llámase especialmente á los vampiros del bosque songas (2), designando con el mismo nombre á todos los murciélagos... y á los buhos de toda especie. » La creencia de que todos los espíritus vuelven á sus antiguas moradas , induce á pensar que esos espíritus encarnan en las serpientes que frecuentan las casas. Los negros de Blantyrc creen que ,<si un muerto quiere meter miedo á su mujer, (1) Thomson: To Me Central Africa Lake& , and back, 1881, 1, 23-7. (2) Schweinfurth, ob. cit., 1, 305. 36  LAS INSTITUCIONES EGLESIkSTICAS puede aparecérsele bajo la forma de una serpiente». Cuando alguno mate una serpiente perteneciente á un espíritu , procura disculparse ante el dios ofendido , diciendo : «Perdón , perdón, no sabia que esa serpiente fuese cosa vuestra (1)». Un gran número de pueblos indo-europeos, han mirado las serpientes como divinidades doméstica s .. «En ciertos cantones de Polonia , en 1762, los campesinos cuidaban mucho de dar leche y huevos á una especie de serpiente negra que anda alrrededor de la casa, y se desesperaban cuando alguien hacia daño á esos reptiles (2) ». En la América del Norte obsérvanse creencias análogas, sugeridas de otro modo. Los apaches «ven en las serpientes de cascabel , la forma que los malos toman después de la muerte (3)». Los naturales de Nayarit creían « que durante el día los espíritus podían visitar á los vivos, bajo forma de moscas, para buscar los alimentos (4)». Esto nos recuerda> un culto de los filistinos y una creencia de los babilonios expresada en la leyenda de Izdubar , donde se dice que «los dioses de Uruk Suburi (los bienaventurados) se convertían en moscas». La identificación de los espíritus de los muertos con los animales , ya con los que frecuentan las casas ó los lugares que se suponen habitados por aquéllos, ya con los que se asemejan á los di- (1) Mac Donnald: Africa, etc., i, 62. (2) Maury: Bistoire des religions , etc., u, 463. (3) Baneroft: The A r ative Races, etc., ni, 529. (4) Id. ibid., nx, 527. • POR H. SPENGER  37 funtos por su buena ó mala naturaleza, se revela en otros hechos por la falsa interpretación de los nombres. Entre los aYnos del Japón , «el mayor cumplimiento que puede hacerse á un hombre , es compararlo á un oso. Así, Chinondi , dice de Benri el jefe: es más fuerte que un oso; y el viejo Fate, para ponderar á Pipichari , le llamaba «el joven oso». Ahí vernos también el paso de la comparación á la metáfora servir de ejemplo en el origen de los nombres de animales. Más lejos, observamos á los aYnos rendir culto al oso , aun cuando lo maten y lo coman cantando en coro en el festín : «Te hemos muerto , oso , vuelve en un aYno (1) »; todo lo cual nos hace comprender cómo puede llegarse á la identificación del oso con un aYno antepasado , y por consiguiente , al uso de buscar el favor del oso. Esta causa de identificación de los antepasados con los animales, y el carácter sagrado que se concede, en su consecuencia á esos animales , nos sorprenden cuando sabemos que «el antepasado de la familia real mongola era un lobo , que esta familia llevaba el nombre de Lobo (2) », y recordamos los casos innumerables de nombres de animales llevados por los indios de América y el uso del totem que á ellos se asocia. Aun sin salir de Europa, encontramos ejemplos muy significativos. Según una antigua tradición, el Earle Siward de Nortumbria , tenia un abuelo (1) Miss I. L. Bird; Uebeaten, Tracks in, Japon, 1880, 97 y siguientes. (2) Howorth : Tlistory of the .1fonr,ols,1116, r, 83. 38  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS que había sido oso en las selvas de Noruega; y «este oso, antepasado de Siward y de Ulf, tenia, además , á lo que parece , osos entre sus descendientes». Ahora bien ; Siward, distinguiase por su «gigantesca talla, su fuerza enorme y su valor» (1) , así podemos afirmar con razón , que, al igual que en el caso de los aYnos, la filiación referida de un oso , provenía de un error de interpretación de una metáfora aplicada á un antepasado análogamente poderoso. En otros casos , el carácter sagrado de ciertos animales , resulta de la idea de que los muertos han pasado al cuerpo de esos animales. Hay dayaks que se niegan á comer carne de venado porque creen que «toman la forma del gamo después de su muerte (2)». Entre los esquimales, «el angekok anuncia á los parientes afligidos á qué animal ha pasado el alma del difunto (3)». El respeto hacia un animal, y á veces el culto de que es objeto , pueden , pues , producirse de varias maneras; pero todas suponen la identificación de este animal con un hombre. Un pensionista de la institución de sordo-mudos de Edimburgo decía, «que antes de ir á la escuela , creía que las estrellas estaban colocadas en el firmamento como ascuas de fuego (4) ». Esta frase nos recuerda una creencia de algunos pueblos ',1) Freeman: History of the ISTormand conqu.?st of England, 1870, I, 768. (2) Boyle: Adventure: amony the Dwahs of Borneo, 1865, 229. (3) Hayes: Artis Boal - Tourney, 1780, 1:J9. (4) Dr. J. Kitto, The Lost Senses, 199. POR H. SPENCER  39 de América del Norte, para quien las estrellas más brillantes son fuegos de campaña encendidos por los muertos en su camino hacia el otro mundo.. En ambos casos , vemos corno puede establecerse la identificación de las estrellas con las personas. Cuando un cazador, al oir el ruido de un disparo, dice: es Jones, no quiere decir que Jones es el ruido, sino que Jones ha hecho el ruido. Pero cuando un salvaje muestra cierta estrella que se supone el fuego del vivac de un difunto y dice : allí está él, el niño que oye y aprende con tales palabras, supone naturalmente que en el pensamiento del salvaje, la estrella es el difunto mismo, sobre todo, cuando recibe esta enseñanza en una lengua no desarrollada. De ahí la creencia de los californios , según la que los espíritus van al lugar « donde la tierra y el cielo se tocan, conviértense en estrellas y los jefes toman las formas más brillantes.» De ahí también la creencia de los mangaianos según los que ciertas estrellas son niños. «Su madre era una diabla, que no les concedía ningún descanso: subiéronse sobre una roca elevada y de allí cayeron al cielo, siguióronles sus padres pero aún no los han encontrado (1)». De análoga manera, se forma la personificación de las estrellas y de las constelaciones. Con sólo recordar que la identificación de los hombres con los animales, es un hecho general en las sociedades primitivas , se puede comprender como se llega á la identificación de los animales y de (1) Bancroft, ob. cit., ni, 523. 40  LAS INSTITUCIONES ECLESLI.STICAS las constelaciones; por ejemplo Calixto, metamorfoseado en oso, se le considera como oso en el cielo. Tenemos también la prueba de que las apela-  1>' ciones metafóricas pueden dar lugar á la personificación del cielo en general. Un rey havaiano llevaba el nombre de Kalani-Nui-Liho-Liho lo que quiere decir, «los cielos grandes y sombríos» : de donde resulta, invirtiendo el orden admitido por los mitólogos , que Júpiter ha sido acaso un hombre vivo y que su identificación con el cielo proviene de su nombre metafórico. Está probado que una confusión semejante á esa de la metáfora con el hecho, conducen al culto del sol. En todas partes se encuentra el uso de los cumplimientos por medio de comparaciones con el sol; cumplimientos que se hacen hereditarios cuando se refieren á hombres potentes. Los ;efes de los Hurones llevaban el nombre del sol; y según Humboldt, los reyes soles de los natchez hacen pensar en los héliadas de la primera colonia oriental de Rodas. Entre los numerosos hechos tomados de la historia de Egipto, puede citarse una inscripción de Silsilis: «Salud á ti, rey de Egipto, sol de los pueblos extranjeros... A él, vida y salud; es un sol brillante». En semejantes casos el culto del antepasado se convierte pronto en el culto del sol. Lo mismo ocurre con los otros meteoros. En la escuela de Beyrouth, dice Yessup... «hay y ha habido jóvenes llamadas... Aurora, Rocío, Rosa..., una -Vez visité á un hombre en la ciudad de Brunmana que tenía seis hijas: las llamaba Sol, Mañana, Ce'fi- I f POR H. SPENCER  41 ro, Brisa, etc. Otra se llamaba Estrella (1)». Aquí también la superioridad del rango, la fortuna, un destino excepcional de algún individuo, habrán sido el punto de partida de un culto del fenómeno personificado. Una leyenda de los boschimanes da un origen análogo á la personificación del viento. «El viento, dice, era en otro tiempo una persona, convirtióse en una cosa con plumas , que volaba y no andaba como antes, volaba y vivía en la montaña..., habitaba en una caverna, en una roca (2)». En diversas partes del mundo se encuentra la idea de que, no sólo los antepasados divinos procreadores de la raza humana salían de las cavernas, sino que los Dioses-Naturaleza , procedían también de ahí. Una leyenda mejicana nos enseña que el sol y la luna salían de las cavernas. El boschiman moderno no hace otra cosa que repetir, en su leyenda del viento, las creencias de los antiguos griegos. Esas historias, consideradas como derivadas de las tradiciones de los trogloditas y el culto que las acompaña, tienen un origen natural: de otro modo provocarían absurdos inútiles que no se podrían imputar legítimamente á los hombres más inteligentes. Está probado que en los tiempos primitivos se usaban los nombres con esa falta de precisión que produce las confusiones de que hablarnos. Según Grote el nombre de la diosa Até se empleaba á veces para designar la persona, otras (1) Jessup, Tize Womesz of the Trabes, [874, 24:3. (2) Folh Lore ( South Afritua ) Journal, u, 42. LAS INSTITUCIONE S ECLESIÁSTICAS veces el atributo ó el suceso no personificado. Por otra parte, se ha notado que «en Homero, Kides es invariablemente el nombre de un dios ; pero más tarde tal nombre se aplicaba á la muralla del reino del dios (1)». El culto de la naturaleza no es, pues, más que una desviación del culto de los espíritus. En sus formas normales , lo mismo que en las anormales, todos los dioses provienen de una apoteosis. En:un principio, el dios es el hombre vivo superior en quien se concibe un poder sobrehumano. Los pueblos salvajes de nuestros días y los pueblos civilizados en su pasado , nos dan prueba de ello. «Los amandebeles, dice M. Selous, miran al jefe de esos kraales como un Umlimo muy potente es decir, un dios (2)». Otro hecho : «El general Nicholson , cuando vivía, era adorado por los indios á pesar de la violenta persecución con que oprimía á sus adoradores (3)». Esos indios son de nuestros días , pero el Rig Veda nos enseña que los de la antigüedad hacían lo mismo. Así decían á sus dioses : «Tú , Agni, el más antiguo de los sabios y el semejante á Angira... Tú, Indra, tú eres un richi nacido en los antiguos tiempos... Indra es un sacerdote , Indra es un richi». La apoteosis de Aquiles , y la tradición según la cual Pythia quiso hablar á Licurgo como á un dios, nos (1) Grote: Histoire de la Grece, i, 14.—W. Smith: Dictionnary of Greek and Roman Biografy and Mitkology, , 1844, ir, 319. (2) Selous: A Ilunter's Wandering in Africa, 1881, 331. (3) Sir Alfredo Lyall: Asiatic Studies, 1882, 19. a POR H. SPENCER  43 recuerd an cómo se derivaban entre los griegos las divinidade s del hombre. Todos sabemos también que, entre los romanos y los pueblos sometidos al Imperio , el culto del emperador había hecho muy grandes progresos. En «cada una de las ciudades de las Galias , un gran número de hombres pertenecientes, á las clases más elevadas , así como á las clases medias, eran sacerdotes de Augusto, de Vespasiano ó de Marco Aurelio (1) ». Las estatuas de los emperadores eran «verdaderos ídolos á los cuales se ofrecía incienso , víctimas , y se dirigían plegarias ». Un incidente de la campaña de Tiberio en Germania, en el año 5 , nos hace ver de una manera curiosa, de qué modo las ideas que imperaban en esos cultos eran naturales en los demás pueblos de Europa. Los romanos y los germanos hallábanse frente á frente, separados por el Elba. «Uno de los bárbaros , de edad avanzada, de vigorosa presencia , y , á juzgar por sus vestidos , de elevado rango , entraba en un tronco de árbol ahuecado, de los que servían á los germanos de canoas, é impulsaba el esquife hasta la mitad del río. Una vez allí , pidió y obtuvo un salvoconducto para pasar del lado de los romanos á ver al príncipe. Después de echar pie en tierra, permaneció largo tiempo mirándole sin decir una palabra. Por fin , exclamó: verdaderamente , nuestros jóvenes estan locos. Estáis lejos, os veneran como (1) Fustel de Coulanges: Histoire des Institutions .politiques de l'ancienne France, I, 89. JQ  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS un chacal... ¡ Soy yo quien te protege, hijo mío querido ! , lloras, toro valiente que reina sobre la Tebaida.» Vemos en esta cita lo que ya hemos visto en el ejemplo de los asnos ; esto es , que se pasa de la comparación á la metáfora. « Tu Majestad, como el toro » , llega á ser Horus , « el toro valiente». Esta transición conduce por una pendiente natural, en una época subsiguiente, á confundir al hombre con el animal, y, por tanto, al culto del animal mismo. Por otra parte , vemos también que la comparación con los animales como cumplimiento, pasando de modo igual por la metáfora para llegar á la identificación, dará probablemente origen á los individuos divinizados bajo diversas formas. Otro caso nos hace ver de qué manera un nombre que no era más que un apelativo en son de elogio, de un jefe local, puede ocasionar la adopción de la imagen de un animal para una persona viva conocida. «Ram es el señor de la ciudad de Mendés, el Gran Dios , la vida de Ra, el Generador, el príncipe de las jóvenes.» El rey se llama á si mismo « la imagen del divino Ram, el vivo retrato de ese Dios... , la emanación divina del prolífico Ram... , el hijo mayor de Ram...» Se nos dice en otro lugar que el rey deificaba á la primera de sus mujeres y « ordenaba que su efigie, á semejanza de Ram, fuese colocada en todos los templos». La interpretación literal de las metáforas conduce al culto de los cuerpos celestes. Según hemos visto , la estrella Seschet se identifica con un indi- POR H. SPENCER  51 viduo : lo mismo le ocurre al sol. «Mi señor el Sol, Amenhotep III, el príncipe Thebas me ha recompensado. El es el dios Sol ; ningún rey ha hecho cosa semejante desde el reinado del dios Sol Ra , el señor de la tierra.» Cuéntase, á propósito del sarcófago preparado para el rey Aménemhat, que «jamás se había preparado nada igual desde los tiempos del dios Ra». Esas citas muestran que esta metáfora del saludo ó cumplido se empleaba de una manera tan positiva, que se aceptaba como un hecho, dando tal origen á la creencia según la que el sol había sido el soberano real de Egipto. Por muy claro que percibamos cómo todas esas creencias se derivan del culto á los antepasados según los hechos que acabamos de citar, aún lo vemos más cuando observamos , de una parte , que el nombre dios se aplicaba á un superior vivo, y de otra , que los dioses no tenían sino atributos humanos. «Adviértese perfectamente que la diferencia entre las ideas de lo divino y de lo humano es relativamente débil , dado el hecho significativo de que en los jeroglíficos , uno y el mismo determinativo expresa , según el contexto , la idea de dios, antepasado , persona augusta . Cuando vemos la apoteosis de un hechicero vivo, no puede sorprendernos el ver al rey Sahara de la V dinastía, llamado « dios que castiga todas las naciones y alcanza á todos los paises con su brazo» , ni encontrar análoga deificación para otros reyes y reinas históricos, por ejemplo, Mena dres y Nofert-Ari-Aahrnés. Desde el momento en que se atribuye á un rey vivo, 52  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS Ramsés II , por ejemplo , la omnipotencia y la. omnipresciencia , no se anda lejos de la deificación. En realidad se toca en ella; pues que al lado de esas ideas que elevan al hombre, encontrarnos otras que rebajan á los dioses. «Los dioses tienen un cuerpo y un alma; tienen miembros y pasiones, sufren hambre y sed. Sudan, sus miembros tiemblan, la cabeza les duele, sus dientes tiritan , vierten lágrimas sus ojos, sangre su nariz, el veneno invade su carne... Todos los grandes dioses piden protección. Osiris sucumbe sin socorros bajo el poder de sus enemigos; su mujer y su hermana protegen y cuidan sus restos (l).» (1) Es curioso ver cómo el espíritu prevenido se cierra á la evidencia. Hubiera podido creerse que tantas pruebas, conformes con las de otros pueblos, convencerían á todos de que la religión egipcia era un culto de los antepasados avanzado. Sin embargo,. tales pruebas no parece que hayan hecho efecto alguno en el ánimo de los teólogos y de los mitólogos. No importa que, según las antiguas tradiciones de Egipto, «la tierra de Punt era la morada primitiva de los dioses», de donde «los santos vinieron para el valle del Nilo , llevando á la cabeza á Ammon , Horus , Hathor no importa que, según otra tradición, «durante los primeros tiempos, reinaba sobre la tierra una dinastía de dioses, la cual fué seguida por una, era de semidioses , y que la dinastía del misterioso Manés cerraba el período prehistórico»; tampoco importa nada que esas tradiciones coincidan con la deificación de los reyes, de los sacerdotes, de los pequeños príncipes y de las personas ordinarias que la historia de Egipto en general nos da á conocer ; todo eso se desdeña por el placer de proclamar un monoteísmo ó un culto de la naturaleza primitivos. La única autoridad sobre la cual tales ideas se apoyan, consiste en las tradiciones debidas á los sacerdotes egipcios de la última época, tradiciones escritas ú orales, necesariamente precedidas por un largo período, durante el cual el arte de fijar los recuerdos no existía, y por otro también largo, de civilización; tradiciones ea POR H. SPENCER  53 Hase dicho que una mitad del mundo no sabe cómo vive la otra mitad ; otro tanto puede decirse respecto de que una mitad del mundo no tiene idea alguna de lo que la otra mitad piensa , ni de lo que en otros tiempos ella misma pensaba. De ordinario , las cosas que eran familiares en una época dada del desenvolvimiento mental se olvidan en una época siguiente. Comúnmente, muchas ideas y sentimientos de la infancia se desvanecen en tal forma en la edad madura, que es imposible representárselos y reproducirlos; de un modo análogo, determinadas nociones naturales para la conciencia de los hombres desprovistos de cultura , han llegado á desaparecer de la conciencia de los hombres ilustrados, hasta una medida tal, que es punto menos que imposible creer que hombre alguno haya podido nunca aceptarlas. Así como las creencias absurdas de que los padres se ríen cuando las ven expresadas por sus hijos, fueron en un tiempo las suyas propias, así los pueblos civilizados que encuentran ridículas ciertas ideas primitivas , descienden de antepasados que profesaban esas ideas mismas. Su propia teoría de las cosas proviene por fin, que expresaban naturalmente ideas relativamente avanzadas. Casi es lo mismo esto cuino si se negase que el culto hebreo primitivo fuera el que el Levítico prescribe, por la razón de que ese culto está declarado por Amós y Oseas, ó decir que la idea que Sócrates tenía de Júpiter, es una prueba de que el antropomorfismo de los primeros griegos no era grosero, ó sostener que las ideas refinadas que ciertos modernos, Maurice por ejemplo, se forman del cristianismo, expresan las creencias de los cristianos de la Edad Media. 54  LAS INSTITUCIONES ECLESIASTICXS lentas modificaciones de la teoría primitiva de las cosas, en la cual la supuesta realidad del objeto visto en sueños , daba lugar á la supuesta realidad de los espíritus , de donde se originan todas las especies posibles de seres sobrenaturales. § 587. ¿ Hay alguna excepción en esta generalización? ¿Debernos admitir que entre las nume rosas religiones, con sus formas y sus elaboraciones diversas que tienen este origen común , existe una que proviene de origen diferente? ¿Debemos decir que todas las religiones son naturales, pero que la de los hebreos, que se nos ha transmitido modificada, es sobrenatural? Si , para responder , compararnos esta religión que se supone excepcional con las demás , no la encontrarnos tan diferente de las otras , que sea necesario asignarla una génesis distinta. Por el contrario , la encontramos muy semejante á las demás en todo. En primer lugar, el plasma de supersticiones por medio del cual la religión de los hebreos ha evolucionado, era de la misma naturaleza que aquel que por todas partes encontramos. Sin duda alguna que, durante la era de la vida nómada, la creencia, en un alma dotada de una existencia permanente no estaba desenvuelta, pero encontrarnos entonces la creencia en la realidad de los objetos vistos en sueños. Más tarde observamos la suposición de que los muertos oyen á veces y responden. Creiase que los espíritus de los muertos habitaban los lugares de los sepulcros; los demonios que se POR H. SPENCER  55 introducían en los hombres eran causa de sus enfermedades ó de sus pecados. Muy creyentes, como los salvajes actuales , en los amuletos , en los encantos, en las hechicerías, etc., etc., los hebreos tenían entre ellos gentes cuyas funciones correspondían á las de los hechiceros , esto es, hombres inspirados por « los espíritus familiares», magos (Isaías ,  19) y otros , primitivamente llamados visionarios y más tarde profetas (I Samuel, ix, 9), á quienes se hacían presentes en cambio de sus declaraciones, hasta para encontrar asnos. Samuel, que invocaba el rayo y la lluvia, desempeñaba el papel de un doctor del tiempo, y es personaje éste que se encuentra aún en ciertas partes del mundo. Los hebreos conservaban varias tradiciones que les eran comunes con otros pueblos. Su ley enda acerca del diluvio es de la misma familia que la de los acadienses y la de los indios, entre los cuales el Sathapata-bráhmana nos enseña que Manú recibió de Vichnú la orden de construir un arca para librarse de la inundación , la cual ocurría según se había predicho y «arrasaba todas las criaturas vivas (1)». Sólo Manú se salvaba. La historia del nacimiento de Moisés tiene su análoga en una leyenda asiria, en la cual leemos lo que sigue : «Yo soy Sargina el gran rey..., mi madre... me llevaba á un lugar secreto..., me colocó en una cesta de juncos... y me lanzaba al río... (2) . (1) Prof. Monnier Williarns: Indians Wisdom, 1875, 32. (2) Records on the Past, etc., y , 3. 56  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS Lo propio ocurre con el calendario y las observaciones que prescribe. «Los meses asirios eran lunares... el siete, el catorce , el veintiuno y el veintiocho eran sábados. En esos días de sábado estaba prohibido todo trabajo , aun el de obras de beneficencia... Las disposiciones legales tenían el mismo carácter que las del código judío (1). » Igual pasa con su teología. El título común de Elohi n, aplicábase á la vez á los vivos distinguidos , á los espíritus ordinarios y á los espíritus superiores ó dioses. Lo que quiere decir que para los hebreos, como para los egipcios y muchos otros pueblos, un dios no es más que un ser potente de una existencia visible ó invisible. La palabra egipcia Nutar, , empleada para designar los dioses, empleábase también para designar la fuerza: de la propia suerte Il ó El, entre los hebreos, aplicábase á los héroes y á los «dioses de los gentiles». De estas concepciones ha salido , como en otros casos , la propiciación ó el culto de diversos seres sobrenaturales: un politeísmo. Abraham era un semidiós á quien se dirigían plegarias (2). «Ellos han sacrificado á los diablos, no á Dios, á dioses que no conoúian , á dioses recién venidos , y que nuestros padres no han temido (Deut., xxxii, 17) .» La creencia en otros dioses distintos de Jehová persistió largo tiempo; Salomón les ofrecía sacrificios y los profetas lo denunciaban. Además, aun después que Je- (1) Smith: History of Assyria, 13. (2) Ewald: Histoire d'Israa, u , 295. POR H. SPENCER  57 hová llegó á ser el gran Dios reconocido, las ideas permanecieron en el fondo politeístas. En efecto, así como en la Ilíada (versos 1000-1120) los dioses y las diosas combatían con la espada y la lanza en las batallas al lado de los mortales, así los ángeles y los arcángeles del panteón hebreo combatían sobre la tierra (1). Análogas ideas se encuentran entre ciertos salvajes de nuestros días. Toda vez que Jehová era en el origen un Dios corno tantos otros, y que llegó á ser el Dios supremo, veamos qué naturaleza le asignan los testimonios antiguos. Sin detenernos en la leyenda del jardín del Eden (sacada probablemente de los accadianos), donde se ve á Dios andar y hablar á la manera de los hombres, ni en la época en que «el Señor vino á ver la ciudad y la torre que los hijos de los hombres edificaban », podemos encontrar hechos tales como la lucha de Jacob con Dios y la conversación de Dios con Moisés cuando «el Señor le hablaba cara á cara , como un hombre habla á su amigo». Esos ejemplos y muchos otros muestran que entre los hebreos de los primeros tiempos , Jehová «el fuerte... el hombre de guerra», empezó por ser un potentado local « como los que se llaman dioses entre los beduinos», para ser más tarde mirado como el más poderoso de los espíritus adorados ; ofreciansele , además , los sacrificios en los altos lugares (II Reyes,  3), semejantes á aquellas .donde se tenia por costum- (1) Supernatural Religión, 2. a edie. 1874, 1, 110. 58  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS bre sepultar á la persona de rango superior, y como se hace todavía en ciertos paises. Entre los beduinos, dice Burckhardt, «las tumbas de los santos están colocadas generalmente sobre las cumbres de las montañas» y «todos los árabes de las cercanías les dirigen sus votos (1)». Véase ahí una anología con la idea religiosa primitiva de los griegos, de los escandinavos y de otros pueblos : en todos, los dioses que en la apariencia era imposible distinguir de los hombres, trababan á veces luchas con estos, y no siempre con buen éxito (2). Además, el «Dios de las batallas», que castigaba cruelmente y con frecuencia la desobediencia, era evidentemente un Dios local, «el Dios de Israel». El mandamiento «Tú no tendrás otro Dios ante mí», no quiere decir que no hubiese otros dioses, sino que los israelitas no debían reconocer su autoridad. La idea de que el Dios hebreo no era el Dios único , se encuentra implícita en la palabra «nuestro» Dios que los hebreos empleaban para distinguir á Jehová de los demás dioses. Aun admitiendo que Jehová fuera un Dios como cualquier otro, afirmábase que su autoridad se extiende sobre el universo entero. Igual ocurrió con ciertos dioses de Egipto y con los Faraones vivos. Deciase á uno de ellos : «No hay lugar donde no reine tu divinidad; tus palabras son la ley de toda la tierra...; tú tienes millones de vidas... Todo lo que (1) Burekhardt: Notes sur les Bedouins et les Wakabis , 1831, 1,X59. (2) Potter: Arckceologia Greca, i, 172. rr la ti (11 Ce Trl POR H. SPENCER  59 se hace en secreto, tu ojo lo ve (1).» La autoridad de Jehová no estaba limitada sólo en cuanto á la extensión, lo estaba en cuanto al grado. No se pretendía para él la omnipotencia. Sin olvidar el frustrado intento de matar á Moisés, podemos citar las derrotas sufridas por los israelitas cuando combatían de conformidad con sus opiniones, por ejemplo, en las dos batallas libradas con los benjamitas, y el combate contra los filisteos , en que «el arca de Dios fué tomada (1 Sam.,  9-10) ». Un testimonio más importante todavía: aunque «el Señor vino en auxilio de Judá», «no pudo destruir á los habitantes del valle, porque tenían carros de hierro» (Jueces, r, 19). Es decir, que su poder tenia lagunas, como el poder que otros pueblos atribuían á sus dioses. Análogas lagunas tenía en su naturaleza intelectual y moral; Jehová recibía noticias: va á ver si son ciertas ó no ; arrepiéntese de lo hecho, esto es, que no tiene la omnisciencia. Al igual que un rey de Egipto ó de Asiria, no cesa de ponderarse á sí mismo. Así, dice : «No daré mi gloria á nadie» ( Isaias, XLVIII, 11). Se declara celoso,  u venativo y destructor implacable de sus 0 enemigos. Envía su espíritu de la mentira cerca de un rey para engañarle, como Júpiter hace con Agamenón (II Cor., XVIII, 20). Se burla de un profeta y le hace profetizar falsamente con intención de perderle (Ezequiet, xiv, 9). Endurece los corazones de los hombres para luego castigarles por el (1) Records of the Past. vi, 101. 66  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS Ic blece un lazo de unión. Como ejemplo, entre tantos otros , citaremos los padams, que «tienen por sagrado todo compromiso cimentado por un cambio de carnes (1)». Admitida la creencia de que los espíritus de los muertos conservan sus apetitos , se alimentan con los manjares que les son ofrecidos á con el espíritu de éstos. Tal idea se extiende á los muertos mismos. Por eso precisamente en ciertas partes del mundo se ha observado el uso de festines, en los cuales los vivos y los muertos se suponen reunidos , y renuevan sus relaciones de subordinación de un lado y benevolencia del otro. Entre los mejicanos , este ateto de comer con el espíritu ó el dios , se transformaba en el acto de «comer el dios» (simbolizado por un pastel hecho de sangre de las víctimas), y se asociaba á un lugar dedicado al dios durante un tiempo determinado. Hay otras semejanzas de una importancia menor, que basta referir y citar brevemente. Las cruzadas de los cristianos para la posesión del Santo Sepulcro , tienen su prototipo en la guerra sagrada sostenida por los griegos para poseer Delfos. Entre los cristianos hay una parte del culto que consiste en recitar los actos del dios de los hebreos, de sus reyes y de sus profetas; igualmente , entre los griegos , una parte del culto consistía en recitar las hazañas de los dioses y de los héroes homéricos. Los templos griegos se enriquecían con los dones preciosos ofrecidos por los reyes y los (1) Dalton: Descriptive Etknolo yy of Bengal. Calcutta, 1882,25. Vid;; • POR H. SPENCER  67 personajes opulentos deseosos de obtener el favor ó el perdón de los dioses; los templos de los cristianos se han enriquecido de igual manera. La basílica de San Pedro de Roma ha sido edificada con los fondos reunidos en los diferentes países católicos, como el templo de Delfos había sido reedificado con ayuda de las contribuciones proporcionádas por los diferentes Estados griegos. 1N n La doctrina que conceptúa regido el mundo por par  providencias especiales , era admitida entre los griegos, como lo fue más tarde por los cristianos, habiendo podido decir Grote que «las vidas de los santos nos llevan á la teología sencilla y potente de la edad homérica (1)». En fin , tanto en el nuevo como en el viejo mundo, las diversas religiones nos presentan los elementos que encontramos en el cristianismo : el bautismo , la comunión , la canonización , el celibato, las acciones de gracias y otras prácticas de menos importancia. § 588. ¿ ) Qué conclusión debemos sacar de estos hechos? ¿Qué debemos pensar de la unidad de carácter manifestada por la religión en general? ¿,Qué diremos del aire de familia que se revela entre la creencia cristiana y las demás ? Tanto en los individuos pertenecientes á razas civilizadas , que han sido privados de instrucción á causa de una enfermedad , como entre los diferentes pueblos primitivos, el espíritu no contiene con1.:  cepciones religiosas. En todas partes donde exis- (1) Grote : Hist. de la grece. 68  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS ten rudimentos de ellas, se las encuentra bajo la forma de creencias en los dobles de los muertos y de los sacrificios dedicados á los mismos. La teoría espiritista, con la práctica de la propiciación de los espíritus ordinarios, sobrevive habitualmente en la creencia en seres sobrenaturales más potentes y en las prácticas de propiciación cerca de esos seres. Esos seres son primeramente llamados con el mismo nombre que los espíritus ordinarios, pero se distinguen de ellos gradualmente. Los cultos dedicados á los seres que se suponen sobrenaturales, aun los más elevados , son de la misma naturaleza y no difieren más que por el grado de elaboración. ¿Qué hay en el fondo de todas esas analogías? ¿No consistirá esto en que, al igual que los demás fenómenos sociológicos, las religiones tienen una génesis natural? ¿Habremos de hacer una excepción en favor de la religión que reina entre nosotros? Si decimos que bajo todas esas analogías se esconde una diferencia trascendental, no haremos más que provocar dificultades. Es preciso admitir que la causa suprema para la que no hay limites en el tiempo ni en el espacio , y de la cual la creación es tan vasta que nuestro sistema solar no es más que una parte infinitesimal, ha tomado el disfraz de la figura humana para hacer una alianza con un jefe de pastores de la Asiria. Es preciso creer que esta fuerza, que se manifiesta siempre y en todas partes, en el pasado, en el presente y en el porvenir, se ha atribuido á sí misma, bajo esta figura humana, POR H. SPENCER  69 no sólo el saber restringido y el poder limitado que ciertos pasajes bíblicos dan á Jehová, sino también las cualidades morales que hoy rebajan á un hombre. En fin, es preciso suponer una intención todavía más repugnante para nuestro sentido moral. En efecto , si esas numerosas analogías entre la religión cristiana y las demás no prueban que se parecen por el origen y el desenvolvimiento, es preciso admitir que lo sobrenatural ha querido simular por completo lo natural para engañar á aquellos que examinen con un espíritu critico lo que se les enseña. Todas no serían más que ilusiones creadas á fin de extraviar á los espíritus sinceros y exponerlos á la condenación eterna por el crimen de haber investigado la verdad. No hay razonamiento capaz de convencer á los hombres de que acepten esta última alternativa. Por nuestra parte nos separamos de ellos y seguiremos la primera. Aceptándola , nos encontramos también con que las instituciones eclesiásticas se hacen inteligibles en su origen y en sus progresos. "^- CAPÍTULO II Hechiceros -3r sacerdotes_ § 589. Es difícil encontrar un carácter que distinga de una manera satisfactoria los sacerdotes de los magos ó hechiceros. Unos y otros se ocupan en ponerse en relaciones con los agentes sobrenaturales, que en sus formas primitivas eran aparecidos, sombras. Los medios que empleaban , en sus relaciones con esos agentes, están mezclados de modo tan diverso , que al principio no hay manera de establecer entre los hechiceros y sacerdotes una diferencia especifica. Entre los patagones , un mismo hombre funciona en el triple concepto de « sacerdote, mago y médico (1) ». Entre los indios de América del Sur, las funciones de « hechicero , profeta, médico, exorcista y sacerdote (2)» hállanse reunidas (1) Alrn. R. Fitzroy: Narr. of Me Sttrveyiny Voyayes of the «Adventure» and «Beagle», 1839, u, 152. (2) Burton: City of Me Saints, 1861, 131. 72  LAS INSTITUCION ES ECLESIÁSTICAS en una misma persona. En Guyana, los mismos individuos hacen dos conjuros, explican los presagios, son médicos, jueces y sacerdotes (1)». Según Ellis, en las islas Sandwich los médicos son ordinariamente sacerdotes y hechiceros. En. otras partes vemos iniciarse un rudimento de separación: así, por ejemplo, entre los naturales de Nueva Zelanda, cada tribu tiene, además de sus sacerdotes, un personaje que pasa por hábil hechicero. A medida que la organización social progresa, verificase sin cesar una seperación permanente. En el orden cronológico, el hechicero ó mago es el que primero aparece. Los viajeros que han descrito los fuegianos hablan sólo de los hechiceros; entre los mapuches , pueblo relativamente avanzado del continente vecino , no hay sacerdotes , sino tan sólo adivinos y magos. Entre los australianos , los hombres que están en relación con los seres sobrenaturales son los boyalas ó médicos; Bonwick dice lo mismo hablando de los tasmanianos. Por otra parte, en muchos casos los individuos conocidos bajo el nombre de sacerdotes en los pueblos salvajes, no hacen más que practicar la hechicería y la adivinación en una ú otra forma. Entre los mundurucos, el Paji ó sacerdote «dice el tiempo más propicio para atacar al enemigo , exorciza los espíritus malignos y cura las enfermedades (2)». Lo mismo ocurre entre los. (1) Dalton: History of British Guyana, 1855, i, 87. (2) Bater: A r aturalist on the River Amazons, 1848, 225. POR H. SPENCER  73 oaupés. En varias tribus de América del Norte, los clallums, los chipewayos y los crics, por ejemplo, no hacen otra cosa que conjurar. ¿Qué significan esta confusión primitiva de las dos funciones y la preponderancia original de la nigromancia, que al fin termina por ocupar el segundo rango? § 590. Recordemos que en las ideas primitivas, el mundo de ultratumba reproduce los rasgos del nuestro, que los espíritus que lo habitan llevan la misma vida, sostienen entre si análogas relaciones , obedecen á las mismas personas y reconoceremos que los diferentes medios de tratar con los espíritus adoptados por los hechiceros y los sacerdotes, se parecen á los adoptados por los hombres en sus relaciones : en ambos casos, los medios varían según las circunstancias. Veamos las relaciones de cada miembro de una tribu salvaje con los otros salvajes. Hay, en primer término , los miembros de las tribus vecinas , cuya hostilidad es inveterada y está siempre dispuesta para hacerle daño á él y á sus compañeros. Entre los miembros de su propia tribu , tiene los parientes ó allegados, de quienes la mayoría de las veces espera ayuda ó provecho , y para los cuales su conducta es de ordinario amistosa, pero en ocasiones y por accidente hostil. Entre los demás, hay los inferiores, sobre quienes ejerce por lo común un poder arbitrario , y otros cuya superioridad en fuerza y destreza ha experimentado, que habitualmente teme , y para con los cuales 74  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS adopta una conducta de sumisión y respeto ; por fin hay muchos cuya inferioridad ó superioridad queda indecisa: con éstos se conducen ya de una manera, ya de otra, según las circunstancias, pasando de la arrogancia á la sumisión y de la sumisión á la arrogancia , según la respuesta que pueda obtener. Teniendo en cuenta la realización de sus fines, nuestro salvaje adapta las diferentes acciones á los individuos que viven alrededor de él, ya para combatirles ó ya para hacerles daño. La idea primitiva de los espíritus los asimila por completo á sus orígenes , de donde resulta que el conjunto de esos espíritus , formados por los miembros muertos de la tribu y de las tribus vecinas, sostiene , en opinión de cada uno , análogas relaciones con él , á aquellas que él mismo mantiene con sus amigos y enemigos vivientes. Un pasaje del obispo Callaway nos hace ver que eso es así por completo. Trátase de un zulú que habla de sus relaciones con el espíritu de sus hermanos: «Venís á mi con el proyecto de matarme. Sin duda ya erais un bribón cuando erais un hombre; ¿es que seguís siéndolo todavía , ahora que estáis bajo tierra (1)?» Toda vez que se admite que los espíritus ó los dioses provinientes de los espíritus reproducen los rasgos y la manera de obrar de los vivos, es natural que las maneras de obrar para con ellos estén adaptadas de un modo análogo , y, (1) Callaway: The Religious Syste,¿s of ihe Amazulu. Natal, 1863, 157. _,„ POR H. SPENCER  75 por tanto, se hagan esfuerzos parecidos para complacerles, para congraciarlos, para cohibirlos. Ste_ wart nos dice que los nagas se burlan de uno de sus dioses que es ciego : cuando le dedican un pequeño sacrificio , afirman que le dedican un sacriflojo muy grande. Los bouriates, que atribuyen á un espíritu maH  ligno la causa de una enfermedad, creen engañarle mostrándole en lugar del enfermo una efigie; piensan que destruyendo la efigie han logrado su objeto (1). En Kivokoué, Cameron ha visto un «falso diablo, cuyo papel era atemorizar á los dia1¿::  blos que habitaban en los bosques (2) ». Los kamtchandales creen que hay espíritus en todas partes : «los adoran cuando sus votos son atendidos y los ultrajan cuando sus negocios marchan mal (3)». En Nueva Zelanda, «con la espe- ,.  ranza de conjurar la cólera de una divinidad ó de destruirla » , cuando hay alguno enfermo , se le amenaza con «matarle ó comerle» ó quemarle (4). .Los ouaralis dedican un culto á una divinidad llamada Ouaghia. Habiéndoseles preguntado si «reñían alguna vez á Ouaghia», respondieron: «Claro es que la reñimos, diciéndole : camarada, te hemos dado un pollo, un macho cabrio, y vienes á pegarnos!¿Qué quieres todavía (5)?» A estos ejem- (1) Michie: Siberian Overland Route, 1864, 200. (2) Cameron: Across Africa, 1877, u, 188. (3) Ot.  Aroureau Voyaye aulour du r)onde, 1830. (4) liev. W. Yate: Account of .Ven ,Yeala)Lci, 18:4, 111. Journal of the Royal Asiatic Sof;iety, 4 CAPÍTULO III Deberes sacerdotales de los clescen.dierites_ § 594. Ya hemos visto (§ 87) (1) que existía en ciertos lugares la costumbre de destruir los cadáveres á fin de impedir la resurrección de los mismos , y, por consiguiente, evitar las molestias que sus espíritus pueden causar. En otras partes donde no se toma precaución alguna análoga, todos sin distinción , parientes ó no , tienen á los muertos como autores de las desgracias y enfermedades. Hemos dado ejemplos de esta creencia en los capítulos xvr y XVII de la primera parte de esta obra. He aquí uno tomado de Nueva Bretaña. Los naturales de Matukanaputa « entierran sus muertos bajo la choza habitada en vida por éstos, después de lo cual los parientes hacen un. viaje en canoa, estando ausentes algunos meses...; dicen (1) Véase t. 1 de los Princip. de Soc.—(N. DEL T. ) 84  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS que el espíritu del muerto mora en su última residencia algún tiempo después de su muerte, y que no encontrando allí nadie á quien atormentar, vase en busca de fortuna á otra parte. Los parientes vuelven entonces á su casa y continúan en ella como antes ( 1) ». Aun en el caso en que se mire á los espíritus como benévolos hacia sus descendientes, créeseles capaces de ofenderse, por lo que es necesario asegurarse su buena voluntad. Los santales creían que del fondo de la tumba vecina,  - 4 oscura y silenciosa, «las generaciones pasadas observan á sus hijos y á los hijos de sus hijos, y desempeñan un papel en su existencia con intenciones que no son malévolas por completo. Sin embargo, los espíritus habitantes en la tumba son críticos acerbos ; distribuyen á su alrededor miembros contrahechos, la lepra, etc. , etc. , á menos que se les apacigüe (2}». Si los espíritus en general se reputan de ordinario más ó menos malévolos, como podía suponerse , los que se conceptúan más favorables por los vivos son los de los parientes. Algunos pueblos los consideran como simplemente benéficos. Los karens, por ejemplo, creen que esos buenos antepasados «velan en general con cuidado por sus hijos sobre la tierra (3)».  11( Hay muchos pueblos en los cuales la propicia- . ción no se emplea más que cerca de los espíritus (1) Powell: Wandering in a Wild Country, 1883, 191 (2) W. W. Hunter: Annals of Rural Bengal, 1868, r, 183. (3) Journal of the A siatic Society of Bengal, xxxiv, 205. POR H. SPENCER  85 malos, abandonando á los buenos, que se supone no hacen daño; sin embargo, en todas partes donde el culto de los antepasados conserva sus rasgos primitivos, vemos que la atención se dirige principalmente hacia los espíritus de los parientes. Las ofrendas sobre las tumbas, inspiradas originariamente por la afección hacia los muertos, y las grandes alabanzas dictadas por los temores reales de su pérdida, son el punto de partida de los actos análogos cumplidos á modo de propiciación ; y es natural, en verdad, que los parientes los ejecuten antes que los extraños. § 595. Así, observamos en todas partes que aquellos que realizan los oficios del culto primitivo son, al principio, los hijos ú otros miembros de la familia. En las islas Samoa, «se recitan en común las plegarias sobre la tumba de un padre, de un hermano ó de un jefe. Rogaráse por ejemplo, en caso de enfermedad, para pedir la salud, y para ver si le cura ó no (1)». Entre los indígenas de Bans 'Island, quien de ellos va de viaje reza así: «¡Tío mío! ¡Padre mío! muchos cerdos para vos, mucho dinero y kava para vuestras necesidades , veinte sacos de víveres para vuestra alimentación en la canoa. Os ruego me sigáis con vuestros ojos; protegedme en el mar (2).» El Rev. Mac Donald nos dice que cuando los negros de Blantyre «ruegan para obtener una caza feliz y regresan cargados (1) Turner: Samoa a hanclred Years ago, 1881, 151. (2) Journal, of the Anthropological Institute, x, 286. 86  LAS INSTITUCIONES ECLESIi.STICAS de carne de venado y de marfil, saben que lo deben á uno de sus viejos parientes, por lo que le ofrecen un sacrificio en acción de gracias. Si los cazadores no traen nada , dicen que es que está el espíritu de mal humor y contra ellos... y entonces les niegan la acción de gracia (1) ». Indiscutiblemente, esos hechos vienen en apoyo de los que hemos referido, y nos muestran los comienzos de una religión de familia. Al lado del temor á un ser sobrenatural, núcleo de toda religión, vemos el sacrificio y la oración, el reconocimento, así como la esperanza de alcanzar provechos en relación con los actos de propiciación. § 596. Encontramos la interpretación de la existencia de la función sacerdotal en todas las sociedades no civilizadas. En Nueva Caledonia, por ejemplo, «casi todas las familias tienen un sacerdote (2)». En Madagascar se han establecido otros cultos, pero « mucho después que el culto de los dioses domésticos dominaba (3) ». Los aborígenes de la India tenían el culto de los antepasados, pero no «un sacerdocio regular y constituido ». En el pueblo que ha dado los primemeros pasos en la civilización, los egipcios, cada familia conservaba el uso de los sacrificios á sus propios muertos: las divinidades de un orden más (1) Re y . Duff Mac Donald: Africana, etc., 1, 61. (2) Turner: Nineteen Years in Polynesia, 1861, 427. (3) Ellis: Hist. of Madagascar, 1, 306. POR H. SPENCER  87 elevado tenían un culto semiprivado , servido por descendientes verdaderos ó supuestos. Entre los griegos y romanos , al lado de los sacrificios ofrecidos á sus dioses públicos por sacerdotes , había los sacrificios ofrecidos por los particulares á los dioses domésticos que eran miembros de la familia difuntos (1).» En nuestros días, encontramos lo mismo en China, donde los sacerdotes consagrados á los cultos más extendidos no han suplantado el culto primitivo de los antepasados que practican sus descendientes. Vamos á ver ahora cómo ese culto doméstico reviste una forma más definida en razón de que su función llega á ser propia de un miembro de la familia. (1) Nos permitimos llamar la atención del lector hacia el precioso estudio, en parte confirmativo de lo que dice Spencer, sobre el culto doméstico y el culto de ciudad, de Fustel de Conlanges, en la célebre obra La Cité antique.—(N. DEL T.) CAPITULO IV Carácter casi sacerdotal de los descendientes varones de Daá.s edad.. § 597. Sin duda alguna , en los primitivos tiempos los descendientes del difunto tenían la función de ofrecer á su espirita sacrificios; pero conforme á la ley de la instabilidad de lo homegéneo (1), no tarda mucho en producirse una desigualdad: la función propiciatoria cae entonces en manos de un miembro del grupo. Turner nos dice que, entre los naturales de las islas Samoa, «el padre de familia es el gran sacerdote (2)». Lo mismo (1) Habla Spencer de esta ley como de todas aquellas que se refieren á la evolución en general, en la obra que pudiéramos considerar como el núcleo filosófico de su sistema, y la cual se titula Primeros principios. La instabilidad de lo homogéneo, lo mismo en el mundo orgánico que en el superorgánico, atraviesa. por un proceso que aquí no podemos exponer : la diferenciación interior de los compuestos individuales ó de los agregados sociales. Esta diferenciación vese provocada por la distinta naturaleza del elemento interno y por la diferente manera cómo es afectado por el medio.—(N. DEL T.) (2) Turner: Nineteen Years in Polynesia 239. 90  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS entre los tahitianos , « en la familia , el padre era el sacerdote (1 )». En Madagascar, dice Drury, « todo hombre es sacerdote de si mismo y de su familia (2)». Cosa idéntica ocurre en Asia. Entre los ostyakes , « el padre de familia era el único sacerdote , el mago, el facedor de dioses (3)». Entre los gondos, los ritos religiosos « cúmplense por lo común por algún pariente de edad (4) ». En las razas superiores , es ó ha sido de la misma manera. Entre los indios de nuestros días , el jefe de la familia hace las ofrendas cotidianas á los antepasados. Todo chino enciende diariamente el fuego ante la meseta consagrada á la memoria de su padre ; pero en las ocasiones importantes el jefe de la hermandad es quien practica los ritos (5). No hace falta que recordemos cómo entre los griegos y los romanos incumbían al jefe de la familia los deberes análogos relativos al culto de los manes. Entre los sabeanos primitivos , nos dice Palgrave , « la presidencia del culto era, á lo que parece , el privilegio de la edad más avanzada ó del jefe de la familia (6)». La práctica del culto de los muertos estaba prohibida entre los judíos , pero conservaron largo (1) Ellis: Polynesian Researches, u, 208. (2) R. Drury : Madagascar, or Journal diering fttf teen Years Captivity on that lsland , 1731, 236. (3) Priehard: Researches into the Physical History of Mankind , 3.' ed., 1836, irr, 336. (4) Re y . S. Hisley: Aboriginal Tribus of Central Provinces , 19. (5) Gustaff: China opened , 1838, 1, 503. (6) W. Gifford Palgrave : Narrative of a Year's Journey through Central and Eastern Arabia, 1865, ir, 258. -- 1 POR H. SPENCER  91 tiempo un uso que se deriva del mismo. Kuenen hace notar que si, hasta David, «el derecho de todo israelita para ofrecer sacrificios no se ponía en duda, sin embargo, quienes lo practicaban eran el rey y los jefes de las tribus y familias (1)». En el curso de la evolución bajo todas sus formas, la diferenciación tiende siempre á definirse y fijarse: la diferenciación sacerdotal indicada, no es una excepción de la regla. Implántase á la larga el uso de un modo tan profundo, que el derecho de practicar los ritos de los sacrificios dedicados á los antepasados, se reserva exclusivamente á los descendientes. Entre los antiguos arios, dice sir H. Maine (2), «no sólo debía ser un varón el antepasado á quien se dedicase el culto, sino que quien cumplía con los ritos debía ser el hijo varón ó un descendiente varón de este antepasado». § 598. Yacen de esto ciertas consecuencias que es preciso advertir si querernos comprender bien las instituciones que al fin llegan á establecerse. En el antiguo Egipto, «era muy importante que un hombre tuviese un hijo establecido en su lugar después de él, para cumplir con los ritos (sacrificios á su Ka ó doble) y hacerlos cumplir á los demás (3)». Para los antiguos arios, esa necesidad era aún más imperiosa (4). «Según la ley (1) :Kuenen : The Religion of  1, 338. (2) Maine: D issertations on Early Lan,, etc. (3) Renouf: Origin and Growth, etc., 138. (4) Max Duneker: History of Antiquity, xv, 252. 98  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS mis dominios y les dictan leyes, que han dado á su territorio una frontera más dilatada , confían en mis manos sus valientes y bélicos servidores , y yo he sometido las tierras y los pueblos y las plazas fuertes y los reyes hostiles á Ashur (1) .» Ahora bien; en Egipto se creía que el ha ó doble del muerto vuelve después de un largo plazo á reanimar la momia y á su vida primera. Los peruvianos , que se ocupaban con los cuidados más minuciosos del bienestar de los muertos , creían también en su vuelta final. En las ideas primitivas , la muerte no era más que una larga suspensión de la vida animal. ¿, No acabarnos de advertir que, según las mismas ideas, el muerto vuelve á vivir y reclamará al volver cuanto poseía antes, y que el tenedor de su propiedad, sea quien fuere, la tiene para devolvérsela cuando se la pida , á la manera de un ocupante que puede ser desposeído por el verdadero propietario , y cuyo deber sagrado , entre tanto , es administrar ante todo en provecho de su verdadero amo? § 601. Sea de esto lo que quiera, lo cierto es que los hechos citados muestran claramente cómo entre los antepasados de los pueblos civilizados del viejo mundo y entre los pueblos del nuevo , donde las viejas instituciones están aún en vigor , han nacido los usos del culto familiar que existía antes ó que existe aún en nuestros días. No se ve bien lo que habrá ocurrido en el caso (1) Records of the Past, etc. , v, 81. are titir 3 á ,y re, la do P a9s o 1 coi POR H. SPENCER  99 en que la ley imperante haya sido la filiación femenina. Nada he encontrado que muestre que en las sociedades en que se señala semejante uso , el oficio de servir al muerto fuese á manos de uno de los hijos con preferencia á los demás. Pero los hechos mencionados prueban que con el sistema del parentesco por los varones, la filiación de la función sacerdotal sigue la misma ley que la filiación de la propiedad: otros hechos lo prueban aún más directamente. En nuestros días, la China nos ofrece el ejemplo muy notable de esa relación; mirase allí como indispensable tener á alguien que queme el incienso á los manes de los muertos, desde el hijo mayor hasta el último descendiente en línea recta del hijo mayor , ya mediante un hijo de la familia, ya mediante un hijo adoptivo (1)»; y el hijo mayor, que tiene en la herencia una parte más grande que los demás hijos , debe soportar el gasto de las ofrendas. Lo mismo ocurre en Corea: el changjou jefe de los que lloran, es el hijo mayor ó el primogénito del mayor. En el momento de enterrar el cuerpo, « si hay tumbas de antepasados en aquel sitio, el changjou sacrifica ante esas tumbas y participa á los antepasados la llegada de un nuevo miembro de la familia (2) ». Estos hechos, unidos á los precedentes, mues- (1) Rey. Justo Doolitle: Social Life of the Chinesse, 1886, n 226. (2) Ross:  of Corea, 1880, 335. 100  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS tran que la carga de los sacrificios va con la propiedad, porque la propiedad debe soportar los gastos de los mismos. En las sociedades patriarcales, el hijo, único capaz de heredar, es quien tan sólo podía poseer los medios para el servicio del culto al muerto ; por consiguiente, sólo él podía ser sacerdote, de donde provenía la necesidad de tener un descendiente varón , según hemos indicado ya. Al propio tiempo reconocemos que , bajo el tipo patriarcal, en las primeras épocas, los dominios doméstico, político y eclesiástico no estaban separados. Los sacrificios ofrecidos al jefe de familia difunto son primitivamente domésticos. A medida que el grupo familiar llega á ser por evolución un grupo compuesto , el patriarca, que es el jefe del mismo, adquiere un carácter casi político; las ofertas que se le hacen después de su muerte son de la misma naturaleza que los tributos, y el cumplimiento de sus mandatos, cuya desobediencia sería objeto de castigo , implica la su-- bordinación civil. Al mismo tiempo , corno esos actos están destinados á obtener el favor de un ser reputado sobrenatural, los hombres que los realizan revisten un carácter casi eclesiástico (1). (1) Responde, por otra parte, la afirmación contenida en este párrafo, á la idea general de la evolución de Spencer, , en virtud de la cual se marcha siempre de lo indeterminado é incoherente y homogéneo , á lo determinado , coherente y heterogéneo, mediante diferenciación continua de funciones y especificación interior de órganos. Podría hacerse alguna observación, no al concepto general de la ley que la afirmación supone, sino á ciertas afirmaciones contenidas en el párrafo , relativas al carácter pri- 101 POR H. SPENCER r) )1.1, sólo Ya, ) el de ,A vo1 es )1í mitivamente doméstico de las ofrendas al jefe difunto; ¿ implica esto que primitivamente sólo había familias constituidas? Tal parece inferirse de lo que en el párrafo en cuestión dice, como del 603 que luego veremos. Pero entonces, ¿no hay cierta contradicción con la afirmación, en virtud de la que «bajo el tipo patriarcal en las primeras épocas, los dominios doméstico, político y eclesidstico no estaban separados»? En efecto ; si sólo hay grupos familiares, ¿cómo hablar de dominio político? Hacemos esta observación, porque es hoy asunto debatido el de sí puede conceptuarse la humanidad procedente de una familia ó familias primitivas, siendo el Estado aparición social posterior, ó bien hay que concebir la humanidad siempre en un Estado. Véase Giraud Teulon, Origines du mariage et de la lamine; Starcke, La Famille primitive; Sumner Maine , Etudes sur le droit ancient, y otros.—(N. DEL T. esOs E ate CAPíTULO V Sacerdocio del soberano_ § 602. Hemos visto en los capítulos xiv y xv de la primera parte (t. i) de los Principios de sociología, que según la teoría primitiva de las cosas, esta vida y este mundo están en relación estrecha con la otra vida y el otro mundo. Una de las conclusiones del capitulo precedente , es la de que en las épocas primitivas lo secular no se distingue de lo sagrado. Huc advierte que la religión y la política, «en los países del Asia oriental, eran en otros tiempos una sola y misma cosa , á creer la tradición... bábase al imperio el nombre de cielo, y al soberano se le llamaba dios (1) ». Los etíopes de la antigüedad no separaban los negocios de los mundos material y espiritual. Vernos esto en la traducción de una inscripción hecha por M. Maspero , donde se describe la elección de un rey por su pueblo. (1) Huc, ob. cit,, ir, 55. 104  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS «Cada cual (el ejército reunido) dice á su compañero: «¡ es verdad! desde que el cielo es... desde que la corona existe... Ra ha decidido darle á su hijo amado, para que el rey sea una imagen de Ra entre los vivos. El mismo Ra , ¿no ha venido á esta tierra para que este pais pudiera estar en paz ?» Entonces cada cual dice á su compañero : « Pero Ra, ¿ no ha partido para el cielo , y no está nuestro trono vacío y sin rey?... » Y todo el ejército lloraba diciendo : «Hay entre nosotros un soberano sin que lo conozcamos. » El ejército acaba por entenderse para ir al encuentro de Amen-Ra , el rey de Kouch, y pedirle un soberano para los etíopes que los vivifique. Amen-Ra eligió uno de los hermanos reales. El nuevo rey se prosterna ante Amen-Ra , olfatea la tierra largo tiempo... diciendo: «Ven á mi, Amen-Ra, señor de los tronos de ambos mundos (1).» Entre los antiguos peruvianos , « si los Estados del rey no bastaban para atender á las necesidades excesivas de una guerra, disponíase de los del sol que el Inca miraba como suyos, toda vez que era el hijo legítimo y el heredero de ese dios (2)». Cuando se cree que el doble del muerto volverá para continuar el curso de su vida, y que, por consiguiente, el hijo que tiene la propiedad de su padre y que le ofrece un culto , no obra más que á titulo de delegado , es preciso admitir como (1) Records of the Past, etc., vr, 73. (2) Garcilasso de la Vega, y , 8. POR H. SPENCER  105 " 111,, K por, Ya por - L,a, elle los arto di- )nos ruara rra, .120 corolar i o , que lo sagrado y lo profano permanecen confundidos. En Nueva Caledonia encontramos un tipo de la fusión que resulta de esta supuesta vicegerencia. «El rey Tui-Tokelau es gran sacerdote...» «El dios se llama Tui-Tokelau ó rey de Tokelau (1).» § 603. Cuando la familia , por virtud del crecimiento , se convierte en grupo de familias y acaba por ser una aldea que comprende á menudo los extranjeros afiliados , produce como consecuencia que el patriarca pierde su triple carácter de jefe doméstico, político y religioso (2), pero conserva un doble papel: desempeña la función de jefe y sacerdote. En todas partes encontramos, en los primeros períodos de la evolución social, esta relación de funciones , y la vemos persistir durante los periodos más modernos. En las islas Tanna «el jefe obra como gran sacerdote (3)». Los reyes de Mangaia eran « los oradores y los sacerdotes de Rongo (4)». Entre los na- (1) Turner: A r ineteen Years in Polynesia, 526. (2) Si el patriarca era el jefe de la familia, ¿qué se debe entender por carácter político? ¿Cómo puede perderlo si no lo tiene? ¿Cómo puede tenerlo si sólo hay una familia y no una sociedad política, ya que para haberla tiene que traspasar necesariamente los límites de la familia? Dudas son estas que acaso se resuelven afirmando la simultaneidad en el origen de la familia y de la sociedad política. En el mismo Spencer (tomo iii de los Principios de Sociología, Las instituciones políticas) hay datos para sostener esta solución.—(N. DEL T.) (3) Turner, ob. cit., 88. (4) Re y . W. W. Gill: Mythsand Songs from the Soutk Pacific, 1870, 293. 106  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS turales de Nueva Zelanda « las funciones de jefe y de sacerdote estaban de ordinario reunidas y eran hereditarias (1)». El rey de Madagascar... 4( es el gran sacerdote del reino (2)». En las islas Sandwich , « el rey se ocultaba en un reducto entre zarzas para hacer de oráculo (3)». El rey de la isla Humphrey «era gran sacerdote (4)». Lo mismo ocurría entre los pueblos salvajes de América. (Los jefes de pueblos parecen ser también grandes sacerdotes (5)», dice Bancroft. Ross y Huntchinson nos dicen lo mismo , el primero respecto de los chinouks, y el segundo respecto de los indios de Bolivia. Análogas indicaciones se hacen acerca de diferentes pueblos semicivilizados del pasado y de nuestros días. Los personajes á quienes la tradición atribuye la fundación de la civilización maya, reunían en su persona las cualidades de gran sacerdote y de rey (6)». En el antiguo Perú el Inca era gran sacerdote. « Como representante del sol, estaba á la cabeza del sacerdocio y presidía las fiestas religiosas más importantes (7)». El rey de Siam, escribe Thomson, «es el gran sacerdote también (8)». Crawfurd nos dice que el rey de (1) Dr. A. S. Thomson: Hist. of Neo Zealand, 1857, i, 114. (2) Ellis: Hist. of Madagascar, 1838, 1, 359. (3) Idem: Pollynesian Researches, 1829, 235. (4) Turner: Samoa a Hundred Years ayo, 1884, 278. (5) Bancroft: The native races, etc., 1875, ni, 173. (6) Idem, ob. cit., u, 647. (7) Prescott: Hist. of Conquest of Peru, 11. (8) J. Thomson : The Straits of Malacca:, Indo-China and China 1875 , 81., POR H. SPENCER  107 [icto ' de -40 y II. respe los itu 311 acero pasado: la trad 'n Inap 11 saca, el Inca del 51, día las °ey de Irdote !e5 Java es «el primer ministro de la religión (1)». En China, las leyes rituales dan al emperador pontífice «el privilegio exclusivo de adorar al Ser supremo, y prohiben á los súbditos ofrecer los grandes sacrificios (2)». En el Japón , el mikado era « el jefe de la religión nacional». La misma relación encontramos en los más antiguos documentos conocidos sobre los pueblos del viejo mundo. El rey de Egipto , jefe de los sacerdotes , era representado siempre en los monumentos sacrificando á un dios. Al rey de Asiria se le representaba en la misma aptitud. Las inscripciones nos enseñan que Tiglath-Pileser era, «gran sacerdote de Babilonia». Igualmente , en los documentos hebreos , vemos que David oficiaba como sacerdote. Lo mismo ocurría entre los pueblos arios de los primeros tiempos. Entre los griegos de Hornero «los jefes desempeñaban en todas partes sin acudir á los sacerdotes » los actos de devoción pública. Los reyes de Esparta eran sacerdotes de Júpiter y cobraban los derechos de los sacerdotes. De igual manera , « en Atenas , el arconte rey... comprendía en sus funciones todo lo que correspondía á la religión del Estado. Era un verdadero rex sacrorum (3)». Lo mismo ocurría entre los romanos. Después de haber abolido la monarquía, los romanos designaron un «rex sacrificulus, para (1) Crawfurd : Hist. of the lndian Archipielago, 1820,  , 15. (2) Medhurst : China its State and Prospects , 1838, 133. (3) Pr. Blackie: Storio Hellinice, 1874, 4..—Grote: Hist. de la Grece.—Maury: Hist. des religions de la Grece antique, 1857, 182. ...; F.f ^;^ ^.: ;,;:; CAPÍTULO VI Desen.-v-olvinaierito del sacerdocio_ § 606. Hemos notado (§§ 480 y 504) (1) como hecho evidente a priori y comprobado en -todas partes , que á medida que el territorio de un jefe aumenta, los negocios se acumulan ha l sta el punto de imponer el concurso de auxiliares , y hemos visto las consecuencias que de esto se desprenden con el hábito de acudir frecuentemente y por fin de un modo permanente , á delegaciones de las funciones del jefe , tales como las de general, juez, etc. , etc. Entre las diversas funciones dele_  gadas con más ó menos frecuencia, se cuenta la del sacerdote. La historia de los romanos, muestra que esta delegación se origina en la gran cantidad de negocios civiles y militares. Los reyes no siempre podían ocuparse en los sacrificios. Numa, que (1) Véase el t. III de los Princ. de soc. (N. DEL T.) 116  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS tuvo guerras muy frecuentes (por más que, según Tito Livio, desempeñase por sí mismo la mayor parte de los oficios sacerdotales), «instituyó los flamines para reemplazar á los reyes cuando éstos estaban ausentes »; por eso, añade Fustel de Coulanges, puede afirmarse que « el sacerdocio romano fué sólo una emanación de la monarquía primitiva (1)». Un pasaje de M. Mac Donald, relativo á los negros de Blantyre, muestra cómo ese género de causas obra en las sociedades simples. «Si el jefe, dice, está ausente, su mujer obra como sacerdote, y si los dos están ausentes, le sustituye su hermano menor (2).» Este ejemplo, tomado de una sociedad salvaje donde las relaciones de la sangre del jefe con el dios aún están admitidas, nos prueba, mejor aún que el de los romanos, el nacimiento normal del sacerdocio. Aunque ahí el sacerdocio representativo del hermano menor es temporal, en otra parte es permanente. Entre los naturales de Nueva Zelanda, los jefes son á menudo sacerdotes , pero á menudo también el sacerdote es el hermano del jefe (3). En Méjico , en el reino de Acolhuacan y en el de Tlacupan, el gran sacerdote era, según ciertos autores, « siempre el segundo hijo del rey (4)». Lo mismo ocurría en el Perú; «había un gran sacer- (1) Fustel de Coulanges: La cité antique, 237. (2) Duff Mac Donald: Africana, I, 64. (3) Angas: Savage. Life and scenes in Australia and New Zeland, 1847, 1, 247. (4) Clavigero, I, 271. . n •••••• s, st/ O los [OS 1,0 POR H. SPENCER  117 dote , que era el tío ó el hermano del rey, ó por lo menos un miembro auténtico de la familia real (1) ». Este ejemplo hace ver que cuando el jefe, que aún ejerce la función de sacerdote en las grandes ocasiones, no ha delegado el suyo al hermano menor, el oficio va, sin embargo, á manos de un pariente por la sangre. Así, entre los khondos, «las primeras funciones civiles y sacerdotales, parecen haber estado unidas en el príncipe , ó por lo menos parecen haber estado siempre en poder de los miembros de la familia patriarcal principal (2)». En Tahiti, donde el rey personificaba muchas veces el dios recibiendo las ofrendas llevadas al templo y las plegarias suplicantes , y donde á más era el sacerdote de la nación « la más alta dignidad sacerdotal, poseíala á menudo algún miembro de la familia reinante (3)». Dupuy nos dice que «uno de los sacerdotes de los achantis pertenecía á la propia familia del rey (4) ». Entre los mayas de América, «los grandes sacerdotes eran miembros de las familias reales (5)». Por fin, en el antiguo Egipto existía una relación análoga. El mismo rey era gran sacerdote, y era natural que entre el sacerdocio hubiera algún miembro perteneciente á la familia del rey. Entre los grana (1) Garcilasso de la Vega, lib. n, cap. 1x. (2) Macpherson: Report upan the Khonds of Gaufani and Calcutta, 1842, 30. (3) Ellis: Pollynesian Researches, u, 208. (4) Jon. Dupuy: Journal of a Residence in Ashantee, 1824, 268. (5) Bancroft: The nativa Races, etc., u, 648. Itt ca cc ca ho 10 105 me jefe el a de s A.un gue S6 118  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS des sacerdotes de Phtah, dice Brugsch, «había príncipes de sangre real (1)». Como ejemplo , podemos citar el príncipe Khamus, el hijo favorito de Ramsés II. En ciertos casos desempeña las funciones sacerdotales del jefe una mujer de su familia. Entre los damaras, la hija del jefe es sacerdotisa : « debe ocuparse con los sacrificios y cuidar del fuego sagrado (2)». En ocasiones dadas, en el Dahomey se hacen sacrificios en la tumba (probablemente en la del rey), y se hacen «por una sacerdotisa de sangre real, pues ella es quien dedica la oración ó ruega al espíritu (3) ». Lo mismo ocurre en el Perú, donde una gran sacerdotisa escogida de entre las vírgenes del sol y considerada como su principal esposa, « era, bien la hermana, bien la hija del soberano (4)». El uso vigente entre los chibchas, según el cual entre los sacerdotes, «como entre los caciques, heredaba el hijo de la hermana (5)», nos indica que otros usos análogos eran la consecuencia de la filiación en línea femenina. Entre los damaras esta ley de filiación hállase todavía en vigor, reinando en otro tiempo entre los peruvianos. La alta posición que ocupan en politica las mujeres en el Dahomey , lleva á pensar que semejante ley imperaba también en ese país. Tro- (1) Brugsch Bey: Hist. d'Rgypte, 1, 46. (2) Anderson: The Lake n'ami, 223. (3) Burton: Misssion to Gelete,  193. (4) Molina: Fables et Rites des Incas, 24. (5) Simon: Noticias historiales, 247. POR H. SPENCER  119 ° dÑ Kci N I 4, 3 1 0 1;:, te sz, oiú do el. DIO ion 1, ro to. 3P 11 110 pezamos además con otra razón para creer en el hecho de que en el Dahomey y en Perú la organización sacerdotal admitía á las funciones de sacerdotes á muchas mujeres, y que en Madagascar, donde la filiación legal sigue la linea femenina, hay sacerdotisas. Evidentemente , el paso de la filiación femenina á la masculina , ó bien la mezcla de dos pueblos que respectivamente obedezcan á cada una de esas leyes, provocarán anomalías como , por ejemplo , las que observamos entre los carens , donde los sacerdotes de las aldeas son hombres , pero donde el culto doméstico de los antepasados « exige que el oficio sacerdotal esté desempeñado por la mujer de más edad de la familia (1)». La delegación de las funciones sacerdotales en los miembros de la familia reinante , habitual en los primeros tiempos , puede considerarse como el medio normal de diferenciación entre el papel del jefe y el de sacerdote, por cuanto que siendo . el dios, el antepasado divinizado , los sacrificios no cesan de ser sacrificios ofrecidos por los descendientes. Aun en el caso en que la filiación no es real ó en que se ha dejado de creer en ella , todavía se la afirma, cual por ejemplo en Egipto , donde el rey se decía ordinariamente pariente de un dios , y donde, por vía de consecuencia los miembros de su familia se suponían descendientes de un dios. § 607. Aunque tal es el origen ordinario del (1) Journal of the Asiatic Society of Bengal, xxxiv, 266. 120  LAS INSTITUCIONES EGLESLISTICA.S sacerdocio, hay otros todavía. En un capitulo precedente, hemos visto que al principio no existía distinción alguna clara y fija entre el hechicero y el sacerdote. El primero, antes que solicitar el favor de los espíritus , los espanta ; el segundo los trata como amigos más que como enemigos; pero vemos á menudo que los papeles cambian. El sacerdote hace á veces de exorcista, y el hechicero trata de aplacar los espíritus, como, por ejemplo, el hechicero de que hemos hablado en el § 584. Entre los ostyakes , los chamanes , que son hechiceros, servían también «de intermediarios entre el pueblo y sus dioses (1)». El papel de un hechicero consiste « en exorcizar á los espíritus malignos y en interpretar los deseos del fetiche , hacer caer la lluvia, etc. (2)». Los mismos hombres que entre los koukis tienen por función aplacar al dios irritado y autor de una enfermedad, suelen ser criticados , porque supone que abusan «del influjo que poseen sobre los agentes sobrenaturales (3) ». Esto nos indica que el sacerdocio puede seguramente provenir de otro origen. En el caso en que el hechicero se supone que obtiene para la tribu ciertas ventajas por la autoridad que ejerce sobre el tiempo mediante los seres sobrenaturales , es cuando más especialmente participa aquél del carácter sacerdotal. Samuel, juez (1) Erman: Travels in Siberia, tradución inglesa, ir, 44. (2) Cap. J. Forsyth: Eighlands of Central India, 1871, 142. (3) Journal of the Asiatical Society of Bengal, cxiv, 630. del' , P4° cero (0. pc ri d fi sr t d POR H. SPENCER  121 tal 111 1„1. -z o, Eb, hicero ro c,:/, caer le II iOS de Israel, ofrecía sacrificios á Jehová como sacerdote, y al propio tiempo mandaba en el tiempo por su influencia cerca de Jehová , uniendo así los tres papeles de jefe político, de sacerdote y de hechicero. Este ejemplo nos hace ver que puede producirse en otros casos una unión de otro género. Entre los obos , el jefe hace llover. Sechele, rey de los bechuanos , practica la magia sobre el tiempo (1). Estos hechos confirman lo que hemos dicho más arriba (§ 474) (2), á saber : que una pretendida influencia sobre los seres sobrenaturales fortifica el brazo del jefe político, y además nos muestran que los jefes en aptitud de obtener de estos seres sobrenaturales favores para la sociedad, cumplen por tal modo el oficio sacerdotal. En otros casos, se ve formarse en una tribu un culto de personajes divinizados , no ligados con el jefe dios , sino que por tal ó cual motivo han dejado una reputación venerada. Hislop nos dice que un gondo, el cual se jactaba de tener un poder maravilloso , y que había « elevado un montículo sagrado á los manes de su padre, dotado en su tiem: po de un modo análogo , se aprovechaba del respeto sentido hacia aquel lugar para sacar dinero á la reina, á quien engañaba (3)», y gastaba una parte de su dinero en dedicar sacrificios « á su antepasa- (1) Holub: Seven Years in South África, traducción inglesa, 1881, 1, 324. (2) Véase el tomo üi de los Princip. de Sociología. (3) Hislop : Aboriginal Tribus of the Central Provinces, 19. 122  LAS INSTITUCIONE S ECLESIÁSTICAS sado divinizado», utilizando para sí el resto. Por fin, sir A. Lyell , en sus Asiatic studies , ofrece varios ejemplos de origen esporádico de nuevas divinidades, cada una de las cuales daba margen á un sacerdocio. De todo lo expuesto puede venirse á la conclusión de que en los primeros tiempos, los hombres no provinientes de un antepasado del jefe, adquieren á veces papeles casi sacerdotales , llegando en ocasiones á suplantar á los sacerdotes de origen normal. Esta usurpacion produciráse, sobre todo, probablemente en los paises en que , por efecto de la emigración ó de la guerra, existen partes de la sociedad que no tienen descendientes del dios tradicional. § 608. En una sociedad cuyo fundador muerto ha llegado á ser la divinidad local, á la cual sus descendientes , según el orden del mayor ó menor parentesco con él , le dirijan súplicas y dediquen sacrificios y que sirva de mediador á las demás familias dedicadas cada una al culto de sus antepasados , el sacerdocio no se desenvolverá mientras esta sociedad no se divida. Pero inmediatamente después que el aumento del número de sus antepasados hace necesaria la separación, prodúcese una diferenciación nueva. Un pasaje de Anderson sobre los damaras nos hace ver muy bien cómo esta diferenciación se produce: «Dase un poco del fuego sagrado al que manda el kraal cuando se halla á punto de separarse del jefe. Los deberes de vestal incumben entonces á la hija del lor dor., to POR H. SPENCER  123 emigra nte ( 1 )» . Sin duda alguna , cuando un jefe muerto ó cualquiera otro miembro eminertte ha llegado á ser un dios tradicional , tan reconocido que está prescrito dirigirle actos de propiciación, la parte emigrante de la tribu, al llevar consigo su culto, tiene que procurarse una persona que cumpla con los ritos. Lo probable es que la parte separada de la tribu tenga hombres parientes del jefe, y por tanto descendientes directos ó colaterales del dios al cual se dirige el culto, y que la función de sacerdote se retrotraiga á uno de ellos, porque sea de más edad y porque sea el más próximo pariente del dios. Como las razones que determinan esa elección tienden también á determinar la herencia de la función , se comprende la génesis de una casta sacerdotal. Un pasaje de Hislop arroja alguna luz sobre este punto. Aunque los gondos no tengan sacerdotes, nos dice, hay entre ellos «hombres que, en virtud de supuestos poderes superiores ó de su relación hereditaria con cierto lugar sagrado , se reputan con titulo hereditario para tomar la dirección del culto (2) ». Entre los santales vemos la marcha seguida por ese cambio. «Dos de las tribus, dice Hunter , están consagradas más especialmente á la religión y proporcionan la gran mayoría de sacerdotes. Una de ellas representa la religión de Estado fundada sobre la base de la familia y ad- (1) Anderson: Tke Lake Ngami, 224. (2) Hislop: Seven Tribus, etc., 19. 130  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS truyen los cultos de los pueblos conquistados : ya importen sus propios cultos , reservándoselos para sí exclusivamente, ya admitan en ellos á los vencidos , la diversidad de sacerdotes aumenta en ambos casos. La persistencia de los cultos de origen pelásgico en medio de los cultos griegos , nos ofrece un ejemplo en la Europa primitiva; los romanos nos presentan uno más moderno. «Estado conquistador, Roma, no cesaba de absorber las religiones de las tribus que sometía. Cuando los romanos asaltaban una ciudad, tenían por costumbre evocar solemnemente á los dioses que residían en ella (1).» La misma marcha se observa también entre las antiguas sociedades americanas. «Los grandes sacerdotes de Méjico eran los jefes de su religión sólo para los mejicanos, y no para las naciones sometidas ; éstas... conservaban sus sacerdotes independientes (2).» En el Perú ocurría cosa análoga. «Los incas no despojaron á los jefes de su autoridad, pero sus delegados vivían en los valles , y los indígenas debían adorar al sol. Para esto edificábaseles un templo donde las vírgenes y los sacerdotes fijaban su residencia para celebrar las fiestas. Pero aunque ese templo del sol tuviera preeminencias respecto de los demás , los naturales no cesaron de celebrar su culto en su antiguo templo de Chinchaycama (3).» (1) Seeley: Tite-Live, Li, 73. (2) Clavigero: Hist. du Mexique, I, 271. (3) Cieza de Leon ( ffackluyt Society), 1864, 262. rr üs 1,L ya; 1 sor11. le 'a tul, nas, 1 , 1'2; 3 311 sus:. o'Jz POR H. SPENCER  131 Tres causas adicionales , si bien menos importantes, pueden citarse de complicación del desenvolvimiento de las instituciones eclesiásticas. La reputación de las divinidades locales se propaga; edifícaseles templos en los paises á los cuales son extrañas: he ahí una de esas causas. De ella tenemos un excelente ejemplo en el culto de Esculapio. Esculapio no era al principio más que un antepasado local y un hechicero: su culto nació en Pérgamo, pero á medida que el antepasado se vuelve dios, su culto se propagó en Oriente y en Occidente, y, por último, se estableció en Roma. Otra causa, de que el antiguo Egipto ofrece un buen ejemplo, es la divinización de personajes potentes que instituyen los sacerdotes para servir su espíritu. La tercera, es la apoteosis accidental de aquellos que por cualquier razón hieren la imaginación popular. Esta causa está aún en acción en la India. Sir Alfredo Lyall nos da ejemplos de ella en sus Estudios Asiáticos. § 611. No pocos piensan que es una cosa extraordinaria la producción frecuente de nuevos cultos y la existencia simultánea persistente de varios cultos en posesión cada cual de su sacerdocio: ahora veremos que es por el contrario muy normal. Los autores que recurren para explicar los antiguos usos á las ideas modernas, comentan la tolerancia de los romanos y su respeto hacia las religiones de los pueblos vencidos. Pero desde su punto de vista, ya que no del nuestro , era muy natural que tratasen de esa suerte á los dioses y sacerdotes locales. Si el culto de los antepasados es un 132  LAS INSTITUCCIONES ECLESIÁSTICAS tronco de donde brotan por todas partes las ramas de los cultos de personajes fundadores de tribus ó antepasados de toda una raza local , es lógico que el conquistador reconozca los cultos locales de los vencidos al propio tiempo que introduce el suyo. La consecuencia que se debe sacar de la creencia. universalmente admitida, es que los dioses de los vencidos son tan reales como los de los vencedores. Puede esto explicarse de varias maneras. Ordinariamente, en el mundo antiguo los conquistadores y fundadores de ciudades tomaban medidas propiciatorias con relación á los dioses locales. Todo cuanto de los mismos sabia , les llevaba á creer que esos dioses eran potentes en sus localidades respectivas, y podían hacer daño si se dejaba de dirigirles ruegos y de dedicarles acciones de gracias. Sin duda por esto es por lo que el egipcio Nekos hacía sacrificios á Apolo con ocasión de su victoria sobre Josia, rey de Judea (1). Por esto también, y tomaremos un ejemplo no lejano, los incas del Perú, aunque adoradores del sol, hacían, sin embargo, sacrificios á los diversos huacas de los pueblos conquistados, «porque temían que si omitían á cualquiera de ellos, se podía encolerizar y castigar al inca (2)». Lo que permite la coexistencia de cultos diferentes en ciertos casos, es la creencia de que mien- (1) Grote: Hist. de la Grece in, 438. (2) Molina: An Account of the rabies and Rites of the Yneas, POR H. SPENGER  133 tras el homenaje de todo hombrá á uno ó varios dioses particulares es para él una obligación, no está obligado ó no está autorizado á adorar los dioses de sus conciudadanos provinientes de otro origen. Así, en la primitiva Grecia, «la fusión de diversas formas de culto hizo de Atenas una capi- • tal y del Atica un país unificado. Pero... Apolo no por eso dejaba de ser el dios de la nobleza y su religión una línea de separación... Solón cambiaba todo eso... Todo ateniense tuvo en adelante el derecho y el deber de dedicar sacrificios á Apolo (1)». Todos esos hechos hacen ver bien claramente que no sólo la génesis del politeísmo, sino su larga duración y el efecto que resulta de la persistencia de los sacerdocios consagrados á diferentes dioses, son consecuencia del culto á los antepasados primitivos. § 612. Aun cuando en los primeros tiempos del politeísmo no se ve que un culto haga abiertamente un esfuerzo para subyugar á otro, no por eso deja de producirse entre los cultos una rivalidad que es el primer paso hacia el sometimiento. Un sentimiento análogo á aquel que á veces se ve manifestarse en los niños cuando se jactan de la fuerza respectiva de sus padres, lleva á los hombres de los primeros tiempos á exagerar el poder de sus antepasados comparado con el de los antepa- (1) Curtius: Hisl. de la Grece, r, 323. 134  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS sados de los demás: de ahí seguramente las disputas sobre el valor relativo de los antepasados divinizados de sus tribus. Encuéntrase un ejemplo de este estado de cosas en las islas Fidji, en el momento en que los misioneros hicieron por primera vez su descripción: «cada cantón combatía por la superioridad de su propio dios (1) ». Es evidente que los hebreos creían implícitamente, en oposición con sus vecinos, que su dios era el más grande. No negaban la existencia de otros dioses ; afirmaban la superioridad del suyo. En la misma Grecia , la rivalidad religiosa entre las ciudades y el deseo de excitar la envidia por el m'imero de los fieles que acudían á sacrificar á sus dioses respectivos, denotan una lucha entre los cultos, lucha que conduce á la desigualdad. Análogas causas á las que produjeron la supremacía de las fiestas de Olimpia sobre las que se dedicaban en otras partes , tenían como efecto dar á ciertos dioses y á sus ministros un estado superior al de los demás. La religión es9 en su primera forma , la expresión del homenaje,. debido primeramente al patriarca vivo ó al héroe conquistador, y más tarde á su espíritu. Es preciso, pues, esperar que las causas que modifican el grado y la extensión del homenaje al jefe durante su vida, modifiquen el grado y la extensión del homenaje á su espíritu después de muerto. El lazo estrecho que une los dos géneros de fidelidad, vese bien en hechos tales corno el matrimonio entre (1) Willians: Fiji and the Pifian:. Mb_ POR H. SPENCER  .133 los santales, donde la desposada debe abandonar su clan y sus dioses por los del marido. Recordemos sino, la presentación de Noemi á Ruth: «Tu hermano ha vuelto á su pueblo y á sus dioses»; y la respuesta de Ruth: «tu pueblo será mi pueblo y tu dios será mi dios». Comprendido esto, se ve cómo acaece por consecuencia natural, que, al modo de los súbditos de un jefe vivo, los cuales, descontentos de su autoridad, le abandonan para someterse á un jefe vecino (452) en un pueblo politeísta, este ó el otro motivo determina la diminución del número de fieles del templo de un dios y el aumento de fieles del templo de otro. El salvaje, descontento porque sus ídolos no le conceden lo que les pide, les pega: otras causas análogas de descontento llevan al hombre algo más civilizado á alejarse de un dios que se muestra sordo á sus ruegos, y á dirigirse á otro de quien espera mayor atención. En nuestros días mismos, la corriente de peregrinos hacia Lourdes muestra cómo la propagación de una creencia en un supuesto milagro, puede originar un nuevo culto ó privar de vida á un culto antiguo. Ocurre con los dioses como con los santos: establécese entre los mismos diversidad de grados. A veces las influencias políticas provocan la elevación de cultos sobre los demás. «Otro culto religioso, dice Curtius, que favorecieron los tiranos , fué el de Baco. En todas parees encontramos ese dios de los campesinos en oposición con los dioses de las casas nobles, siendo tra- 136  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS tado con favor por cuantos jefes quisieron acabar con el poder de la aristocracia (1).» A lo que principalmente se deben las desigualdades del poder atribuido á los dioses , cuando existen varios en el mismo pueblo , es á las conquistas. El militarismo , fuente de la jerarquía de rangos entre los vivos, es también una causa de la jerarquía de los muertos divinizados. Todas las mitologías nos hablan de las victorias conseguidas por los dioses; todas hablan de combates entre los dioses mismos y nos representan el principal dios como el que ha adquirido el primer puesto por la fuerza. Tales son precisamente los rasgos de un panteón, resultado de la apoteosis de invasiones victoriosas y de las usurpaciones realizadas de tiempo en tiempo por sus jefes. Evidentemente, el sometimiento de un pueblo por otro , y lo que es su consecuencia , la elevación de un panteón por encima de otro, debió ser una causa principal de la diferencia entre los poderes de los dioses mayores y los de los dioses menores , y de la diferencia en la importancia de sus cultos y de sus sacerdocios respectivos. § 613. Bajo el influjo de circunstancias favorables, prodújose al fin un movimiento hacia el monoteísmo. Verdad es que puede existir durante largo tiempo en el espíritu de un pueblo politeísta una lucha llena de vicisitudes entre las creencias relativas á los poderes respectivos de esos dioses. (1) Max Muller : Hist. of Anca Sanskrito Liieratur, 1859,533. POR H. SPENCER 137 Entre los arios, dice el profesor Max Muller, , « encontraránse fácilmente enlos numerosos himnos de los Vedas , pasajes donde cada uno de los dioses, tomado por si solo, es considerado como supremo y absoluto... Agni se llama el soberano del universo... Indra es glorificado como el dios más fuerte... y el estribillo de uno de los cantos... es... Indra el más grande que todos... Dicese de Soma que es vencedor de todo el mundo (1) ». Lo mismo pasa con los dioses egipcios. El lenguaje hiperbólico de los fieles atribuye ya á uno ya á otro, y á veces al rey vivo, una grandeza tan trascendental , que no sólo existen por su voluntad todas las demás cosas, sino todos los dioses. El papel de ese «padre de los dioses y de los hombres», toma, por último, cuerpo en el espíritu de los creyentes. Si es un usurpador quien se apodera de su papel , la tendencia hacia el monoteísmo no por eso se ve desviada : antes por el contrario, resulta la idea de una divinidad más potente que aquella en que antes se creía. En la historia de los antiguos peruvianos, vemos cómo una vez admitida la idea de la superioridad de una raza conquistadora, y, por consiguiente, la de la superioridad de sus dioses, aminoran los dioses de los vencidos. Cuéntase, dice Garcilasso de la Vega, que las tribus indias se habían sometido á los incas por admiración hacia su civilización superior ; y una de las consecuencias de esta sumisión era la adhe- (1) Curtius: Hist. d.‘; la Grece, 1, 369. 138  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS Sión al culto de los incas (1). Los mismos incas no procedieron de otro modo. «Cuando vieron á los españoles, dice 1-Terrera, hacer los arcos cimbrados y retirar las cimbras cuando el puente estuvo concluido, huyeron creyendo que el puente iba á venirse abajo ; pero cuando observaron que el puente permanecía derecho y que los españoles pasaban por él, un cacique exclamaba que era justo servirles puesto que eran los hijos del sol (2).» Esta resolución, sin duda , los impulsaba á aceptar las creencias y el culto de los españoles. Tales conquistas mentales, repetidas con frecuencia en la evolución de las sociedades , producen la absorción de los agentes sobrenaturales, locales é inferiores , por los agentes sobrenaturales más grandes y más generales. Favorece esta absorción sobre todo una circunstancia. Cuando un dios , conocido en vida por su pasión de conquistar á los otros pueblos , ha dejado á su muerte su obra por terminar, hay un medio de ganar su favor; es éste extender sus dominios. Así ocurría con el dios asirio Assur (§ 600), y con el mismo Jehová, dios de los hebreos, según atestigua el Deuteronomio (xx, 10-18) : «Cuando te acercas á una ciudad para combatirla, le ofrece•ás la paz. Si te responde con la paz y te abre sus puertas, todo el pueblo que en ella se encuentre será tu tributario y te servirá. Mas si no trata (I) Garcilasso de la Vega , lib. In, cap. VIII. (2) Herrera, DT, 433. POR H. SPENCER  139 contigo, sino que hace la guerra contra ti, entonces la sitiarás. Y cuando el Eterno, tu Dios , la haya entregado á tus manos , harás pasar á cuchillo á todos los varones... Pero tú no dejarás con vida á nadie que sea de las ciudades de esos pueblos que el Eterno tu Dios te da en herencia , tú no dejarás de destruirlas.» Desde el principio vemos que todos los seres sobrenaturales en general, desde el espíritu de un muerto vulgar, tienen por atributo los celos. Créese que los espíritus á los cuales no se ha dedicado sacrificios , son malos y capaces de vengarse de los supervivientes : los dioses cuyas tumbas han sido abandonadas, y cuyas fiestas no reunen las ofrendas convenientes, se suponen irritados y autores de desastres (1); (1) Después de todo, no hemos cambiado tanto, á pesar de la diferencia de épocas, entre aquella á que se refiere Spencer y la presente. Sea como persistencia de ese modo primitivo de concebir la divinidad, sea porque así lo requiera la humana naturaleza, lo cierto es que esas preferencias , esas disputas , esos temores, en fin, todas las relaciones señaladas en el texto respecto de los dioses, pueden señalarse en nuestros tiempos respecto de los santos. Si se examinara, científicamente, sin apasionamientos inoportunos, el modo de entender el vulgo las relaciones religiosas y la manera de revelarse en el vulgo el sentimiento de lo divino, veríase que no hemos progresado tanto, y que actualmente se pueden indicar las mismas concepciones limitadas de lo que es Dios, ó de lo que es el poder divino. Y es que la religión, como relación de la criatura con lo infinito, lo desconocido, Dios, en suma, es un sentimiento delicado, que se puede señalar en las multitudes, como resultante grandioso de un impulso general, y que individualmente requiere cierta facultad suprema, elevadísima, cierta aptitud excepcional, como la que el artista tiene, como la del científico para su obra de investigación desinteresada... ¡Cuán pocos hombres religiosos, verda- 140  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS abrazaría más pronto el cristianismo » si « veía á Cristo y á los mártires adorados á la manera de los antiguos dioses (1)». Sea de ello lo que fuere, los hechos muestran que el monoteísmo y las instituciones sacerdotales que le son propias nunca llegaron á ser completas. (1) Mosheim: Hist. eclesiastique , 1, 283. CAPÍTULO VIII Jerarquías eclesiásticas_ § 616. Las instituciones de cada sociedad presentan habitualmente caracteres análogos de estructura. Cuando la organización política está poco desenvuelta, la organización eclesiástica tampoco lo está; por el contrario, al lado de un gobierno civil coercitivo centralizado existe un gobierno religioso no menos centralizado y coercitivo. Los cambios efectuados por las revoluciones en el estado político y por las sustituciones de creencias en el dominio religioso, no contradicen nuestra proposición. Desde el momento en que el equilibrio se restablece , la alianza se restaura entre ambos gobiernos. Antes de abordar el asunto de las jerarquías eclesiásticas consideradas en sí mismas, examinaremos de una manera más especifica cómo esas dos organizaciones, primitivamente idénticas, conser- 148  LAS INSTITUCIONES EcunslÁsTuas van largo tiempo el carácter común que de su origen común se desprende. 617. Esa relación sa expresa primitivamente por hechos donde se ve las instituciones civiles no reguladas, al lado de instituciones religiosas no reguladas. Los navas, de que nos hablan Stewart y Buttler , «no tienen ninguna especie de gobierno interior (1)» y no tienen ningún sacerdocio aparente: desdeñosos con toda autoridad humana, muestran muy poco respeto por los dioses, á quienes sirven por seguir la moda; tratan estas gentes los seres del mundo de los espíritus con la misma irreverencia que á los vivos. Schoolcraft dice que entre los comanches «la autoridad de los jefes es más nominal que real»; pero dice además, que «no ha visto entre ellos orden alguno de sacerdotes, y que la autoridad eclesiástica única que reconocen reside en sus jefes mismos (2)». Sin duda, á falta de una autoridad política establecida , no puede haber el jefe cuya muerte provoque la apoteosis: no hay, por tanto , puesto para un propiciador oficial. Ambas autoridades adquieren su forma inicial cuando el tipo patriarcal se organiza. Si , en los primitivos tiempos, el padre , como iefe de familia, hace las ofrendas al espíritu del antepasado; si el jefe de clan, ó el jefe de aldea, como jefe (1) Journal of the Asiatic Society of Bengal, xxiv, 608.—Mayor Buttler: Travels and Adventures, in Assam, 1885, 150. (2) Schoolcraft, ob. cit., 1, 231, 247. N• 0 POR H. SPENCER  149 político, adora el espíritu del jefe muerto en nombre de todos como en el propio , es evidente que la organización eclesiástica y política, son al principio una sola y misma cosa ; el hechicero , según hemos visto , no es un sacerdote propiamente dicho. Cuando, por ejemplo , se nos dice qüe, entre los eslavos orientales, «el uso consistía en que el jefe de la familia ó tribu ofreciese los sacrificios en nombre de todos bajo un árbol (1)», viene á indicársenos que las funciones civiles y religiosas, así como sus agentes, se hallan en un principio confundidas. Aun cuando esté constituido algo que á sacerdocio se parezca, si existe al propio tiempo en una función gubernamental, los sacerdotes no se distinguen de los demás , y no poseen un poder que exclusivamente les pertenezca: así, tenemos los bodos y los dhimales, cuyas aldeas tienen jefes que poseen una autoridad general, más bien consentida que impuesta, y en la cual los ancianos «participan de las funciones de los sacerdotes (2)». Los hábitos y costumbres nómadas, que impiden el desenvolvimiento de una organización política, impiden también el de un sacerdocio , aun cuando los sacerdotes se distingan ya por su función propia. Entre los árabes primitivos , dice Tiele , «los santuarios de los diversos espíritus y fetiches tienen sus ministros heredita- (1) Tiele: Outlines of the ffist. of A7tcient Religion to the Spread of the universal Rel'ig. Trad. Carpenter, 1837, 188. (2) Hodgson: Xocch Bodo and Dhiwals Tribus, 1847, 159.— fournal of the Asiatie Society of Ben y al, ivin, 721. 150  LAS INSTITUCIoNES Tr,C,I,EsLks•wAs reos propios, que, sin embargo, no forman utbk casta sacerdotal (1)». De igual suerte, si las condiciones materiales del lugar y los caracteres del ocupante no permiten á los pequeños grupos fundirse para formar los grandes, esos grupos conservan, con la sencillez de la estructura política, la sencillez de la eclesiástica. Entre los griegos, por ejemplo, según advierte Mr. Gladstone, el sacerdote no era nunca un «personaje importante», y «el sacerdote de un templo de una divinidad , no se unía con lazo alguno orgánico á otro sacerdote de otra; por lo que si puede decirse que había sacerdotes , no puede decirse que hubiera un clero (2)». Recíprocamente, al mismo tiempo que se desenvuelve el gobierno civil, por efecto de la integración, se desenvuelve el gobierno eclesiástico (3). En la Polinesia, tenemos un ejemplo en Tahiti. Al lado de una jerarquía donde se veía un rey, una nobleza, propietarios territoriales y un pueblo , formáronse los rangos entre los sacerdotes„ cada uno de los que ejercía una función según su rango ; «los sacerdotes de los templos nacionales formaban una clase distinta (4)». En el Dahomey y entre los acbantis , al lado de un gobierno despótico y de una organización civil dividida en gran (1) Tiele, ob. cit., 64. (2) Gladstone: Juventus mundi, 181. (3) Por la ley de evolución que Spencer desenvuelve aquí, la integración supone un aumento de volumen en la masa, una coherencia mayor entre sus elementos.—(N. DEL T). (4) Ellis: Polynesian Researehes, ir, 208. POR H. SPENCER  151 t número de grados , hay ordenes de sacerdotes y sacerdotisas divididos en varias clases. En los antiguos Estados de América, también encontramos hechos análogos. A sus sistemas políticos centralizados y con jerarquías , únense los sistemas eclesiásticos análogos por la complicación y subordinación. No es necesario que entremos en detalles para hacer ver que, en las sociedades avanzadas , hay algo que se parece á un paralelismo entre el desenvolvimiento de las funciones de gobierno civil y las de gobierno religioso. Para evitar cualquier error añadiremos que el establecimiento de una organización eclesiástica, aparte de la organización política , pero de una estructura análoga, parece haber sido determinado en gran parte por la formación de una separación radical en la concepción de los negócios de este mundo y de los del otro que se supone. Cuando se cree que esos dos órdenes de asuntos estan unidos sin solución de continuidad ó en relación intima, las organizaciones apropiadas á sus administraciones respectivas permanecen idénticas , ó bien sólo se distinguend e modo imperfecto. En el antiguo Egipto, donde los lazos supuestos entre los muertos y los vivos eran muy estrechos, y donde la unión de las funciones civiles y de las funciones religiosas en la persona del rey era real, «gobernaba cada ciudad un g ran sacerdote rodeado de un clero numeroso (1)». En el Japón , «tie- (1) Sharpe: Hist. of Egypt, 3. a ed., 1852, I, 11. 152  LAS INSTITUGioNES EGLES1 ÁsTICAS rra de los seres sobrenaturales  reino de los espíritus», donde se cree que el mikado tiene el poder de elevar á los muertos á un rango superior en la otra vida (§ 347), sabemos que el mikado tenía en su corte seis rangos eclesiásticos, y que las funciones sagradas y civiles estaban al principio confundidas. «Entre los antiguos japoneses, dice Griffis, el gobierno y la religión eran una cosa misma (1).» De modo análogo, en China, donde las cosas del cielo y las de la tierra están tan poco separadas en las creencias y sometidas á una misma autoridad, las funciones de la religión oficial hállanse confiadas á hombres que son al propio tiempo administradores civiles. No solamente el emperador es el soberano pontífice, sino que los cuatro primeros ministros «son señores espirituales y temporales (2)». Si , como dice Tiele, «lo que hay de notable entre los chinos es la falta completa de toda casta sacerdotal (3) » , proviene esto de que su culto á los antepasados, universal y vivo, les ha permitido continuar comprendiendo los deberes del sacerdote en los del jefe político, confusión que nos presenta el precitado culto en su forma más simple. 618. La semejanza que existe entre las organizaciones política y eclesiástica en los paises donde están separadas , explicase en gran parte (1) Griffis: The Mikado Empire. Nueva York, 1876, 99. (2) Guztlaff: China Opened, u, 331. (3) Tiele: ob. cit., 29. POR H. SPENGER  153 porque tienen su origen común en el sentimiento del respeto. La obediencia pronta á un. jefe terrenal, no se manifiesta sin la pronta obediencia á un supuesto jefe celestial; y la naturaleza, que favorece el desenvolvimiento de la administración que la una impone, favorece también el de la administración que impone la otra. Las antiguas sociedades americanas sirven de ejemplo para esta relación. En Méjico , al lado de un «despotismo odioso» y de una sumisión absoluta del pueblo , que hace probable una organización gubernamental ramificada hasta el punto de que existía un sub-soberano para cada grupo de veinte familias , había un clero muy complicado. Torquemada estima en 40.000 el número de los templos de ese país, y Clavigero piensa que tal cifra es inferior á la verdad. «No es temerario, dice este último, afirmar que haya lo menos un millón de sacerdotes en todo el imperio (1).» Una frase de Herrera hace más creíble esta afirmación. « Cada gran personaje, dice éste, tiene un sacerdote ó un capellán (2).» Lo mismo ocurre en el Perú, donde al lado del absolutisnTo ilimitado de los incas y de un funcionarismo político tan extenso y complicado , que de cada diez hombres había uno que mandaba sobre los otros, florecía un funcionarismo religioso no menos extenso. «Si se hace la cuenta de los funcionarios altos y bajos, (1) Clavig-ero,  '269. (2) Herrera, 15-4  LAS INSTITUCIONES ECLESIbTICAS dice Arriaga , encu é ntrase en general uno por cada diez indios ó quizá por cada menos de diez (1).» El carácter moral de los mejicanos y (le los peruanos explica, sin duda, esas analogías. Los pueblos sometidos á la servidumbre política de los súbditos de Motezuma, quien no salía «sino llevado sobre las espaldas de los nobles» y quien además prohibía « que villano alguno le mirase cara á cara bajo pena de muerte (2) », debían hallarse satisfechos con proporcionar las innumerables víctimas que anualmente se sacrificaban á sus dioses , y apresurarse á verter por sí mismos su sangre por vía de propiciación. Naturalmente, las disposiciones sociales para la conservación de la subordinación terrenal y celestial , que en tales pueblos se organizaba, encontraban en cada grado poca resistencia. Lo propio ha ocurrido en Abisinia. Según Bruce, «los reyes de Abisinia están por encima de las leyes (3) », y luego añade que no hay «país alguno en el mundo donde haya tantas iglesias como en Abisinia (4)». No creemos necesario detenernos á probar la reciproca. Bastará indicar el contraste que nos ofrecen , desde el doble punto de vista político y eclesiástico, los griegos y las sociedades contem- (1) Arríaga: Extirpación de la idolatría del Perú. Lima, 1621, 28. (2) Herrera, ni, 203. (3) Bruce: Travels to Discover the Source of the Nile. Edimburgo, 1805, y , 1. (4) Bruce, ob. cit., v, 1. -- 4,7 POR H. SPENCER  155 poráneas, para poder pensar que un carácter social desfavorable al desenvolvimiento de una organización grande y sólida del orden político , es también desfavorable al desenvolvimiento de una organización grande y sólida de orden eclesiástico. § 619. Al propio tiempo que aumentan las dimensiones del clero , verificase una especialización que produce en él una jerarquía. La integración va aqui unida á una diferenciación. La simultaneidad del progreso de las dos organizaciones proviene de que , mientras la organización eclesiástica está en un principio menos claramente diferenciada de la organización politica que lo que más tarde llega á estarlo , sus propios órganos están menos fijamente diferenciados unos de otros. «Lo que prueba, dice Tiele, que la religión egipcia, como la china, no era en el origen más que un animismo organizado, son las instituciones del culto. Tampoco allí existía casta sacerdotal exclusiva. Los descendientes hacían los sacrificios á sus antepasados, los funcionarios del Estado á las divinidades locales, el rey á les dioses de todo el país. Sólo más tarde se constituía un orden de escribas y un clero en regla, pero ni aun esas funciones eran hereditarias (1).» Leemos también que entre los romanos «los sacerdotes no formaban un orden distinto del de los otros ciudadanos. No tenían ni las mismas reglas que nosotros para el servicio público. Entre ellos, la misma persona po- (1) Tiele, ob. cit., 45. 258  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS implican un principio de cohesión co nservando do e culto propiciatorio común del espíritu del jef s muerto, y neutralizando, por consiguiente, las tendencias que impulsaban a las guerras intestinas. Y no sólo por este medio han producido los sacerdocios el mismo resultado; han favorecido el espíritu conservador que mantiene la duración de las instituciones sociales en cuanto han dado al sistema regulador político el apoyo de un sistema regulador complementario , imponiendo la obediencia primeramente á los dioses, luego á los reyes, proporcionando además una base á la coacción que ha permitido desenvolver la facultad de aplicación y fortificando el hábito de refrenarse á sí propio. Esta disciplina, común á todas las creencias, produce en el carácter modificaciones de un orden más ó menos elevado, según la naturaleza de los dioses objeto del culto y las condiciones sociales. La obediencia religiosa es el primer deber, y esta obediencia, en los primeros tiempos , agrava con frecuencia la ferocidad. A medida que el estado militar es sustituido por el estado industrial, aparece una creencia moral reformada que crece ó decrece según que las funciones sociales son pacificas ó se hacen guerreras. Por poco que esta creencia moral reformada, que se reputa de origen divino, manifieste su acción en las épocas en que la guerra mantiene los sentimientos de hostilidad en vez de los sentimientos de paz, es ya una verdadera ventaja, porque se constituye como en re1 d tj tc POR H. SPENCER  259 i/f 1 serva revelándose de nuevo en cuanto las condiciones sociales lo permitan. Lo que hay es que la afirmación por el clero de esta creencia moral reformada, permanece sometida á las necesidades aparentes del tiempo. Hoy, lo mismo que al principio , aquello sobre que l sis  más insiste el clero en todas partes es el respeto á la subordinación religiosa y civil. «Temed á Dios y honrad al rey», he ahí el precepto del sacerdote, y siempre y cuando que obyb, tenga la subordinación sin reserva , el sacerdote 1 gua  perdona los desfallecimientos morales. a si I,i 1 CAPÍTULO XV Pasado y porvenir de las instituciones eclesiá.sticas- § 652. Son las instituciones eclesiásticas entre todos los fenómenos sociales ejemplo sorprendente de la ley general de la evolución. La sumisión que el jefe de la familia obtiene durante su vida continúa después de su muerte : se ofrecen á su espíritu las cosas que antes amaba y le hacen cuanto él desearía. Cuando extendiéndose la familia se transforma en una tribu, los regalos que se ofrecían al jefe en forma de súplica ó de cumplimientos , continúan después de su muerte bajo la forma de oblaciones , de acciones de gracias , de plegarias dedicadas á su espíritu. Todo lo cual quiere decir que la subordinación doméstica, civil y religiosa tiene un origen común y se deriva de las mismas fuerzas obrando de la misma manera. Sin embargo, la diferenciación comienza muy pronto. Surge en primer término una diferenciación 262  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS entre el culto privado de cada familia y el culto público propio de la familia del jefe. El jefe reune entonces en su persona las funciones del jefe civil y del jefe espiritual, á titulo de propiciador de su antepasado por cuenta de la tribu y por su propia cuenta. El desenvolvimiento de la tribu hace más grandes y más difíciles las funciones políticas y militares , lo cual obliga más y más al jefe á delegar sus funciones sacerdotales que de ordinaria confía á un pariente. De ese modo éstas adquieren con el tiempo una organización separada. La integración de la sociedad efectuada por la conquista, permite la existencia simultánea de cultos diferentes en las varias partes de la sociedad; entonces es cuando se ven formarse los cleros delegados encargados del más importante de sus cultos en las diversas localidades. De ahí los sacerdocios politeístas, que llegan á ser heterogéneos á causa de que unos aumentan más que los otros. Por fin, en ciertos casos, aumenta de tal modo uno de entre ellos que logra excluirlos á todos. Al propio tiempo que la fusión de sociedades sencillas para formar sociedades compuestas, y de sociedades compuestas para formar sociedades doblemente compuestas entraña el crecimiento de ciertos cleros, cada uno de éstos se diferencia de los demás y experimenta en si mismo una diferenciación. Se desenvuelve y organiza en un cuerpo subordinado á un soberano pontífice y formado por miembros jerárquicos y encargados de funciones especiales. POR H. SPENCER  263 lor ele. erdo 111 A medida que la jerarquía eclesiástica se hace en su organización intima, más estrechamente integrada y más claramente diferenciada, pierde lentamente la estructura y la función que le era común al principio con las demás partes del cuerpo político. Hace ya largo tiempo que el sacerdote existe á título de tal, y aun toma una parte activa directa é indirectamente en la guerra ; sólo cuando el desenvolvimiento social alcanza los grados elevados , es cuando el sacerdote pierde lo que le quedaba de su papel militar. Sus funciones civiles corren la misma suerte. Sin duda que en los primeros tiempos ejerce el poder corno jefe, ministro, consejero del jefe, juez, pero gradualmente lo pierde hasta que le quedan de él tan sólo vestigios. Mientras el desenvolvimiento de las instituciones eclesiásticas hace la sociedad en general más heterogénea y la misma organización eclesiástica más heterogénea en su estructura, se complica por las sectas que sucesivamente surgen , estas crecen separadamente, se organizan y hacen más multiformes los cuerpos destinados á la administración religiosa y al gobierno religioso. Sin duda alguna que los conflictos perpetuos que dividen las sociedades , determinando ya la unión, ya la separación, ó bien destruyendo las antiguas instituciones ó superponiendo nuevas formas á las antiguas , han hecho progresar irregularmente á las instituciones eclesiásticas. Pero á través de todas esas perturbaciones descúbrese una marcha en el fondo semejante á aquella que hemos indicado. 264  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS 653. Añádese á las diferenciaciones de estructura una diferenciación funcional P rofun damente significativa. Las funciones sa cerdotales que al principio formaban parte de la misma se han separado lentamente ; aquella de las dos que pri - mero era sólo aparente , pero que hoy predomina, llega á ser independiente en gran parte. La función primitiva es la del culto, la función derivada es la que inculca las reglas de conducta. El culto empieza , como la serie entera de los fenómenos religiosos , por la propiciación del padre ó del jefe muerto ; los actos propiciatorios dependen de los deseos del espíritu , que se suponen análogos á los del hombre durante la vida. El culto tiene , pues , por objeto , en su primitiva forma, ganarse la benevolencia de seres que son la mayor parte del tiempo crueles ; así tienen sus observancias de carácter atroz. Al principio , no hay en el culto elemento moral alguno ; por esto vernos las razas más inferiores conceder á los ritos religiosos una importancia extrínseca que no les conceden las razas ó las sociedades superiores. Renouf advierte que los «egipcios figuraban en el número de las naciones más religiosas de la antigüedad ; bajo una forma ó bajo otra , la religión dominaba todas las relaciones de su existencia (1)». Según Maury, el egipcio no vivía en realidad más que para practicar su culto (2). Entre los antiguos peruvianos , los sacrificios á los antepasados ó á los (1) Renouf : Origin and Groroth of Religions, etc., 26. (2) Maury: Revue des Deux Mondes , 1851 rj rr 9'10 POR H. SPENCER  265 dioses derivados de los antepasados, eran tan onerosos , que bien podia afirmarse que los vivos eran esclavos de los muertos. Lo mismo ocurría entre los mejicanos, sanguinarios, cuya religión descansaba de alguna manera en el canibalismo : «eran, entre todas las naciones creadas por Dios, los más rigurosos observadores de su religión (1)». Entre los arios vemos ese carácter en los tiempos primitivos y en los momentos de estacionamiento. «Los vedas nos muestran los antiguos indo-arios, eminentemente religiosos en todas sus acciones. Todo acto de la vida debía ir acompañado (le una ó varias ceremonias ; nadie podía abandonar el lecho , lavarse el cuerpo, limpiar los dientes, beber un vaso de agua sin realizar todo un conjunto de purificaciones, salutaciones y plegarias (2) .» Lo mismo ocurría entre los romanos: «la religión envolvía la vida pública del romano por sus fiestas , é imponía un yugo semejante á su vida privada por sus exigencias bajo formas de sacrificios, rogativas y augurios (3)». El indio de nuestros días, dice el Re y . M. A. Sherring, «es un ser religioso maravillosamente serio y obstinado. Su amor á la religión es una pasión frenética, un fuego que le consume, dominando su pensamiento por encima de todo (4)». (1) Ternaux-Compans. Recueil de pikes relativas á la Conquéle du  ,  86. (2) Bajendralala Mitra: IndoAryans, i, 423. (3) Clark: The Great Religions, 331. (4) Sherring: The natural History of Hindu Caste. Caleutta Review, xxi, 1880, 33. 9U, 266  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS En todas partes encontramos relaciones análogas: en la Tracia de la antigüedad , cuyo carácter cruel se complacía en los «ritos religiosos estáticos y delirantes (1)» ; en el musulmán, que diariamente repite sus plegarias y sus abluciones. Hasta cuando comparamos los europeos modernos con los de la Edad Media, habituados á los ayunos y á las penitencias , entre los que vivían numerosos anacoretas y hombres que se sometían á verdaderas torturas, que realizaban grandes peregrinaciones , edificando iglesias , tenemos que reconocer inmediatamente que el progreso social va seguido de una diminución acentuada de las observancias religiosas. La historia de un gran número de pueblos en diferentes épocas nos prueba que el elemento propiciatorio , es decir, el elemento primitivo, se desvanece á medida que la civilización progresa, y que el elemento ético, al desenvolverse, reduce la importancia del elemento ritual. El elemento ético, como todos los demás elementos de la religión, es propiciatorio por su origen y su carácter. Comienza por el cumplimiento de los deseos y de los mandatos del padre muerto, del jefe difunto ó del dios tradicional. Al principio no hay en el elemento ético ningún otro deber que el de la obediencia. Mostrar la subordinación en este acto como en todos los demás actos religiosos, es lo que más importa; lo secundario está en el carácter de los mandamientos observados. La (1) Grote : Hist. de la °recé, iv. POR  SPENCER  267 obligación de obedecer no se considera como intrínseca, sino como derivada intrínsecamente de su pretendido origen. Pero poco á poco la experiencia impone concepciones éticas, á las cuales se enlazan los sentimientos privados y la opinión pública, dándoles una autoridad independiente. Sobre todo en una sociedad que se dedica poco á las ocupaciones guerreras y se absorbe en la producción y en la distribución , es donde se ve crecer y aclararse la conciencia de todas las reglas de conducta, cuya observación es necesaria para la armonía de la cooperación industrial. Que una supuesta revelación enseñe esas reglas y adquieran éstas así una autoridad sobrenatural; entonces, durante largo tiempo, impónese la obligación de obedecerlas porque son mandatos de Dios. La predicación de los preceptos morales que se reputan dictados por Dios , ocupa un lugar cada vez más grande en los servicios religiosos. A las ofrendas , á las ponderaciones , á las plegarias que forman la parte directamente propiciatoria, súmanse las homilías y los sermones, parte indirectamente propiciatoria, compuesta sobre todo de prescripciones y exhortaciones morales. Por fin el carácter del hombre , modificado por una larga aplicación de la disciplina social , produce con el tiempo la concepción de una ética independiente , independiente en cuanto se apoya sobre los fundamentos que le son propios y que no tienen nada de común con los fundamentos teológicos que en otro tiempo se preconizaban. • CAPÍTULO XVI Pasado y por-v-en.ir de la religión. (1) § 656. De igual modo que antes de describir el origen y el desenvolvimiento de las instituciones eclesiásticas , ha sido necesario describir el origen y desenvolvimiento de la religión; así,, no es fácil que pueda preverse el porvenir probable de las instituciones eclesiásticas, sin indicar el porvenir probable de la religión misma. Era, pues, inevitable que el último capitulo se anticipase en parte al contenido de éste. Ahora que ya hemos resumido minuciosa- (1) Este capítulo, cuyo contenido está en consonancia, como se verá, con las declaraciones respecto de las cuales nos hemos permitido llamar la atención en otras notas, tiene una importancia excepcional en el sistema filosófico de Spencer, ó, mejor que en el sistema, en el desarrollo de su pensamiento. Para muchas gentes, fué este capítulo una reacción del filósofo. No es así ciertamente. Más bien puede conceptuarse como una consecuencia de la filosofía de Los Primeros principios, acentuada en determinado sentido por el influjo del momento... idealista presente.—(N. DEL T.) 276  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS mente los rasgos principales de la ev olución religiosa, vamos á exponer las razones que justifican nuestras conclusiones sobre la forma final de la religión. A diferencia de la conciencia ordinaria, la con._ ciencia religiosa se ocupa en lo que excede la esfera de los sentidos. El bruto no piensa más que en las cosas que se pueden tocar, -ver, oir, gustar , etc. , etc. ; lo mismo pasa con el niño , con el sordo-mudo no instruido y con el salvaje más atrasado. Pero el hombre de progreso tiene ideas de seres que considera como no susceptibles de ser tocados , oídos, vistos , y que, sin embargo, cree capaces de ejercer un influjo sobre él. De dónde viene esta noción de seres activos que no se perciben ? ¿ Cómo esas ideas acerca de lo natural se derivan de ideas concernientes á lo natural? De unas á otras no se concibe que haya transición posible. Para darse cuenta de la génesis de la religión, es preciso comenzar por describir las etapas que la religión atraviesa. La teoría espiritista nos lo muestra claramente. Gracias á esta luz, vemos que los seres invisibles é intangibles se diferencian en el espíritu de los seres visibles y tangibles de una manera lenta y por grados inapreciables. El otro yo, que se supone separado del yo en el sueño, se conceptúa que ve y hace los detalles del sueño. El otro yo, separado del yo después de la muerte, por cuya vuelta se espera , se conceptúa tan material como el original. 4 POR H. SPENCER  277 En esos dos hechos vemos que el agente sobrenatural , en su forma primitiva, se diferencia muy poco del agente natural, que es el hombre origi1.  nal armado con un nuevo poder, el de ir y venir en secreto y hacer el bien y el mal. En fin , cuando el doble del muerto no se aparece en sueños á aquellos que le han conocido, se cree que real- ,  mente han muerto. Lo cual quiere decir que esos agentes sobrenaturales primitivos no póseen más P: . á  que una existencia temporal: los primeros esfuerzos para concebir lo sobrenatural permanente abortan. En muchos casos la diferenciación no va más [Dr  allá. El mundo de los espíritus , poblado de una parte por los muertos, y de otra despoblado á medida que la memoria ó el sueño no representan el espíritu del vivo , no aumenta. Los individuos que lo componen, no logran la dignidad de potencias sobrenaturales reconocidas por gran número de generaciones. Así ocurre que el Unkulunkulu , ó el viejo dios de los zulús , el padre de los rayos, ha muerto definitiva y completamente. No hay propiciación sino para los espíritus más modernos. Pero cuando las circunstancias favorecen la continuación de los sacrificios sobre la tumba, en presencia de los miembros de una generación nueva á quien los antiguos hablan del muerto , confiándola la tradición , entonces es cuando acaba por formarse la concepción de un espíritu adornado con una existencia permanente. Por este camino 278  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS se establece entre las ideas respecto de los seres sobrenaturales y las ideas sobre lo natural una difefencia más acentuada. Al propio tiempo, el número de los supuestos seres sobrenaturales au menta porque en adelante los nuevos espíritus se suman sin cesar á los antiguos, y el hombre se halla siempre más inclinado á considerarse rodeado por todas partes por los espíritus , y á pensar que son los tales , autores de lo que pasa. Muy pronto aparecen diferencias entre los poderes atribuidos á los espíritus. Esas-diferencias se derivan naturalmente de las mismas, observadas en vida con los individuos. Y resulta que , si los espíritus ordinarios no reciben un culto propiciatorio más que de sus descendientes, se cree prudente de vez en cuando, obtener el favor de los espíritus de individuos más temidos, aun cuando no haya con ellos relaciones fundadas en los lazos de la sangre. Es por tanto en los primeros tiempos, cuando nace la jerarquía de los seres sobrenaturales , cuyos rangos al fin llegan á ser tan perfectamente separados. Las guerras habituales , que influyen más que ninguna otra causa para crear esas diferenciaciones primitivas, continúan creando otras nuevas y más determinadas. En efecto, 4 medida que, en virtud de la guerra, las pequeñas sociedades se funden entre si para formar otras mayores , y que éstas se refunden á su vez para constituirlas más grandes todavía, y que los grados de la jerarquía del poder se multiplican entre los vivos, surge en éstos la 0;. POR H. SPENCER  279 idea de multiplicar los grados del poder entre los espíritus. Así es como nacen en el curso del tiempo las ideas de los grandes espíritus ó de los dioses, las de los espíritus secundarios ó semidioses, y las demás por el estilo, hasta constituir todo un panteón. Sin embargo, esos espíritus no se distinguen por diferencia alguna general esencial, según vemos en los nombres de los dioses manes dados por los romanos á los espíritus ordinarios, y de elolim entre los hebreos. Además , como la otra vida reproduce en el otro mundo la vida del presente, en sus necesidades , en sus ocupaciones, su organización social, no sólo se diferencia con respecto de los poderes de los seres sobrenaturales , sino también con relación al carácter y al género de actividad que les es propia. De ahí el origen de los dioses locales, de los dioses que presiden tal ó cual orden de fenómenos y de los buenos ó malos espíritus. En fin , cuando la conquista ha superpuesto una sociedad á otra , y cada una conserva las creencias que de la teoría espiritista ha derivado , fórmase un compuesto cowlicado con todas esas creencias, es decir, una mitología. Supuesto que los espíritus primitivos reproducen en todo á sus originales , y que los dioses, cuando no son los miembros vivos de una raza conquistadora , son los dobles de hombres cuyo poder excede al de los demás , resulta que se les imagina primitivamente como no menos humanos que los demás espíritus en sus caracteres físicos, sus pasiones y su inteligencia. A la manera de los 14,) •ki% - .15 280  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS espíritus de los muertos vulgares , se a dmite que se nutren con las ofrendas de carne, sangre, pan vino que se les dedica. Al principio se supon e que consumen esos objetos en especie, más tarde, por una interpretación más esperitualista se admite que consumen la esencia. No sólo aparecen como personas visibles y tangibles , sino que entran en lucha con los hombres, quienes les producen heridas y les ocasionan dolor. El único privilegio que les distingue de los hombres es que tienen el poder milagroso de curar , y que, por lo tanto, poseen la inmortalidad. Debemos hacer aquí una restricción. No sólo, en efecto, varios pueblos piensan que los dioses sufren una primera muerte , suceso natural cuando pertenecen á una raza conquistadora , y que no se les llama dioses sino á causa de su superioridad, sino que algunos pueblos, entre los civilizados, han admitido que un dios puede morir, como Pan por ejemplo, una segunda vez y para siempre , al igual que los salvajes de nuestros días creen que un hombre puede morir por segunda vez y definitivamente. A medida que la civilización progresa, la separación se acentúa entre el ser sobrenatural y el ser natural. Nada se opone como obstáculo á la desmaterialización gradual del espíritu y del dios: y esta desmaterialización progresa, gracias al esfuerzo que se hace para llegar á ideas coherentes respecto de la acción sobrenatural : el dios que no es tangible, no tarda en ser inaccesible á la vista y al oído. Al propio tiempo que se verifica esta dife1 POR H. SPENCER  281 I  ,* renciación de los atributos materiales de la divinidad y de la humanidad, verificase, aunque más lentamente, una diferenciación de los atributos mentales. El dios salvaje no tiene más que una inteligencia apenas superior á la del hombre vivo; así es fácil engañarle. Entre los mismos pueblos civilizados los dioses suelen ser burlados : cometen errores y se arrepienten. Sólo con el tiempo se ve nacer la concepción de un dios que todo lo ve y todo lo sabe. La naturaleza emocional experimenta simultáneamente una transformación análoga. Las pasiones groseras que sorprenden entre los dioses primitivos , y de las cuales los fieles se hacen atentos y cuidadosos ministros , se desvanecen poco á poco, no quedando más que las pasiones menos ligadas á los apetitos corporales : al fin, ya pierden los dioses en parte sus caracteres humanos. Los caracteres asignados á las divinidades se amoldan á las necesidades del estado social por un trabajo continuo de adaptación. Durante la época militar, se admite que el dios principal tenga la insubordinación por el más grande de los crímenes , que es implacable en su cólera, que castiga sin piedad. Los atributos de un género más dulce ocupan un lugar muy secundario en la conciencia social. Pero cuando elrégimen militar declina, y el gobierno despótico correspondiente, se limita poco á poco bajo la acción natural del industrialismo, los rasgos del carácter divino, compatibles con la moral de paz, invaden poco á poco la conciencia, y al 282  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS fin no se habla ya más que de amor, de mi sericordia, de perdón divinos. Para comprender bien los efectos del progreso mental y de los cambios de la vida social, que acabarnos de trazar en términos abstractos, examinémoslos en los hechos concretos. Si considerarnos, sin dejarnos llevar por las conclusiones formuladas, las tradiciones, los documentos y los monumentos de los egipcios, vemos que sus ideas primitivas de los dioses , de las bestias y del hombre, se han desprendido de las ideas espiritualizadas de los dioses , y finalmente de un dios ; una vez allí , los sacerdotes más modernos rechazan las ideas primitivas, donde no ven sino ideas corrompidas, porque sin saberlo obedecen al influjo universal y visible todavía en las teorías de los teólogos de nuestros días, que consideran el estado primitivo como el estado superior. Prescindamos de toda conjetura relativa al valor histórico de la Piada, investiguemos la primer idea que los griegos se formaron de Júpiter, comparemos esta idea con la de los diálogos de Platón, y reconoceremos que la concepción griega ha modificado profundamente, al menos entre los mejores espíritus , la concepción antropomórfica del padre de los dioses : sus atributos humanos han desaparecido, mientras sus atributos superiores se lian transfigurado. De igual suerte si comparamos el dios de los hebreos, tal como las antiguas tradiciones nos lo presentan, antropomorfo por el exterior, los apetitos y las emociones, con el dios de POR H. SPENCER  283 . los hebreos representado por los profetas, veremos en él una potencia que crece inmensamente , á la vez que su naturaleza se separa Más y más de la del hombre. En fin , con la idea que de su dios se forman hoy, obsérvase una transformación total. Gracias á un hábil uso de la facultad de olvidar, se ha hecho de un dios , representado en un tiempo como dedicado á endurecer el corazón de los hombres, para hacerles capaces de cometer acciones reprobables , y á enviarles su espíritu de la mentira para engañarlos, un dios en quien se resumen todas las virtudes puras, hasta más allá de donde la imaginación puede concebirlas. Si , pues , el espíritu del hombre primitivo no contiene ni idea ni sentimiento religioso , es porque las ideas y los sentimientos designados con esa palabra nacen en el curso de la evolución social y de la evolución intelectual que le sigue , y más tarde, bajo el influjo de causas fáciles de reconocer, atraviesan aquellas fases que en las razas civilizadas los conducen á sus formas actuales. 657. Z Podemos prejuzgar la marcha de la evolución de la idea y de los sentimientos religiosos en los ideales del porvenir? De una parte la razón no permite suponer la detención simultánea de los cambios por los cuales la conciencia religiosa ha pasado para llegar á su ' condición presente. De otra parte, la razón rechaza la suposición de que la idea religiosa, producida por las causas naturales que hemos referido, se desvanezca y deje un vacío sin llenar. Sin duda LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS cia. La inteligencia única que podemos concebir, supone seres independientes y objetivos para ella, La inteligencia se compone de cambios cuyo punto de partida es una fuerza exterior, es decir, de impresiones engendradas por las cosas existentes fuera de la conciencia y de ideas derivadas de esas impresiones. Hablar de una inteligencia que existe fuera de esas fuerzas exteriores , es emplear una palabra desprovista de sentido. Debe , por tanto, afirmarse que la causa primera, considerada como inteligente, tiene que experimentar sin cesar la impresión de fuerzas objetivas independientes, y si se obj eta que esas fuerzas han llegado á ser objetivas é independientes por un acto de creación , y que antes de este acto estaban encerradas en la causa primera, puede responderse que en tal caso la causa primera no podía, antes de esta creación, encontrar ti nada que engendrase en ella los cambios que constituyen la inteligencia, y por tanto, que tuvo que ser ininteligente , en el momento mismo en que más necesitaba ser inteligente. Es, según esto, evidente que la inteligencia atribuida á Dios, no responde á nada de lo que llamamos con ese nombre. Es una inteligencia sin nada de lo que constituye una inteligencia. Esas dificultades y otras más , de las cuales algunas son discutidas con frecuencia y persisten siempre tan intrincadas, fuerzan al hombre á rechazar poco á poco los caracteres antropomórficos superiores atribuidos á las causas primeras , de la misma manera que rechazara las inferiores . La POR H. PENCER  291 concepción que desde el principio se ha amplificado debe continuar es tendiéndose hasta que por la supresión de sus limites, deja el puesto á una conciencia que exceda todas las formas del pensamiento distinto, aun cuando continúa siendo siempre una conciencia. 659. « Pero ¿ como es posible que una conciencia de lo Incognoscible finalmente obtenida, y tenida tácitamente por verdadera , sea el producto de una concepción absolutamente falsa transformada por modificaciones sucesivas? La teoría espiritista del salvaje no descansa sobre nada. El doble material del muerto en el cual el salvaje cree, no ha existido nunca. Si la desrnaterialización de ese doble ha producido la concepción del agente sobrenatural en general, si la concepción de una divinidad formada por la desaparición de ciertos atributos humanos y la transfiguración de los otros es el producto de esta operación incesante, la idea avanzada y purificada que se obtiene impulsando la operación hasta cierto límite, ¿ es una ficción también? Seguramente: si la creencia primitiva era falsa absolutamente , todas las creencias derivadas deberán ser absolutamente falsas también.» Esta objeción parece decisiva y lo sería si se fundase en buenas premisas. Espérenlo ó no la mayoría de los lectores, la respuesta es que en el principio la concepción primitiva contiene un germen de verdad , á saber: que la potencia que se manifiesta en la conciencia no es más que una. 9  Á 2  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS forma, directamente condicionada , de la potencia que se manifiesta más allá de la conciencia. Todo acto voluntario es para el hombre primitivo la revelación de que en él radica el origen de una fuerza. No es que reflexione en sus e xperiencias intimas: tal noción hállase en el estado latente en sus experiencias mismas. Cuando produce movimiento en sus miembros, y por su intermedio movimiento en otras cosas , percibe el sentimiento del esfuerzo. Ese sentimiento del esfuerzo, antecedente percibido de los cambios producidos por él, llega á ser el antecedente concebido de los cambios que él no produce , es decir, que le da un término ideal para representar la génesis de esos sentimientos objetivos. Al principio, la idea de las fuerzas musculares consideradas como antecedentes de sucesos insólitos que alrededor del hombre pasan , entraña todo el conjunto de las ideas asociadas. Los esfuerzos que por inducción suponer los conceptúa como producidos por seres semejantes á él. Con el tiempo , la concepción de los dobles de los muertos que se reputan autores de todos los cambios , á excepción de los más familiares, se modifica. Hácense menos groseros, pero algunos crecen para llegar á ser los personajes más importantes que tienen en su poder órdenes de fenómenos, los cuales, relativamente regulares en su curso, sugieren la creencia en seres que á la vez son mucho más potentes y más constantes en sus modos de acción que el hombre. A la larga, la idea de una fuerza puesta en acción por esos POR H. SPENCER  293 seres se separa poco á poco de la idea del espíritu del hombre muerto. Otros progresos que absorben los agentes sobrenaturales en un agente general y hacen indecisa y vaga la personalidad de este agente porque le atribuyen una extensión inmensa, tienen también por efecto disociar la noción de fuerza objetiva de la noción de fuerza conocida como tal en la conciencia ; por fin, la disociación alcanza su máximum en el pensamiento del sabio que interpreta corno función de fuerza, no sólo los cambios visibles de los cuerpos sensibles, sino todos los cambios , incluso las ondulaciones del éter. Sin embargo, esta fuerza (sea bajo la forma estática, que constituye la resistencia de la materia, sea bajo la forma dinámica, que se llama energía), es siempre en el pensamiento función de la energía interna revelada en la conciencia del esfuerzo muscular. El hombre siéntese obligado á simbolizar la fuerza objetiva en función de fuerza subjetiva á falta de otro símbolo. Veamos ahora las consecuencias. La energía interna que era siempre en las experiencias del hombre primitivo, el antecedente inmediato de los cambios que son su obra, esta energía que se imagina cuando quiere interpretar los cambios externos acompañados de los atributos de la persona humana que en sí mismo lleva, esta energía es la misma que despojada de todo accesorio antropomórfico, se conceptúa como la causa de todos los fenómenos externos. La última etapa consiste en reconocer que la fuerza, tal como existe fuera 294  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS de la conciencia, no puede parecerse á la que conocernos como fuerza en la conciencia, y que, sin embargo, supuesto que cada una de esas fuerzas es capaz de engendrar la otra, deben ser diferentes de la misma cosa. Consecuencia de esto , el producto final de la especulación que tiene en el hombre primitivo su punto de partida, es que la potencia manifestada en todas partes, en el universo material, es la misma potencia que brota en nosotros bajo la forma de conciencia. No quiere esto decir que el razonamiento referido más arriba, pretenda sacar una creencia verdadera de una creencia enteramente falsa. Por el contrario, la forma última de la conciencia religiosa es el desenvolvimiento final de una conciencia que al principio contenía el germen de una verdad oscurecida por innumerables errores. § 660. Los que piensan que la ciencia disipa las creencias religiosas, parecen ignorar que todo cuanto pueda la ciencia quitar del misterio á las antiguas interpretaciones , lo añade á las nuevas. Más verdad sería decir que según se pasa de las antiguas á las nuevas, el misterio se hace más profundo. En efecto, la ciencia sustituye la explicación que parece probable, por la que no hace sino llevarnos un poco más lejos para ponernos en presencia de un hecho incontestablemente inexplicable. En cierto modo, el progreso de la ciencia es una transfiguración gradual de la naturaleza. Mientras la percepción ordinaria veía solo una Por .rni« POR H. SPENCER  295 simplicidad perfecta , el progreso revela una gran complexidad : donde parece reinar una inercia absoluta, descfirese una actividad intensa: donde parece no existir sino el vacío , el progreso muestra el juego maravilloso de las fuerzas. A cada generación de físicos, se ve en la supuesta materia bruta, potencias que , pocos años antes , los físicos más instruidos hubieran reputado increíbles por ejemplo, la aptitud de una simple lámina de hierro para recoger las vibraciones aéreas tan complejas de las palabras, las cuales traducidas á innumerables vibraciones eléctricas y luego vueltas á traducir á millares de millas por otra placa de hierro, se hacen oir bajo la forma del lenguaje articulado. El sabio que interroga á la naturaleza ve á su alrededor sólidos que le parecen en reposo ; mjs luego descubre en ellos una sensibilidad de tal suerte , que fuerzas de intensidad infinitesimal afectan: el espectróscopo le hace ver que las moléculas de la tierra vibran en armonía con las de las estrellas , y así llega á admitir necesariamente que todo punto del espacio se estremece en virtud de una infinidad de vibraciones  todas las direcciones posibles. A partir de aquí ya no puede prescindir de la conclusión según la que el universo se compone no de materia inerte, Binó de materia viva, materia viva, ya que no en sentido estricto, á lo menos en el sentido más general. Esta transfiguración, que las investigaciones de los físicos hacen progresar sin cesar, se aprovecha de los progresos de otra transformación resul- 296  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS ••• nn •....• tante de las investigaciones metafísicas. El análisis subjetivo nos lleva á admitir que las i nterpretaciones científicas que damos á los fenómenos presentados por los objetos , tiene por expresión los nombres de las diversas combinaciones de nuestras sensaciones y de nuestras ideas , es decir, de los elementos de nuestra conciencia que no son más que símbolos de alguna cosa fuera de nuestra conciencia. Aunque el análisis reune luego nuestras creencias primitivas hasta el punto de mostrar que detrás de cada grupo de manifestaciones fenomenales hay siempre un nexus de realidad permanente en medio de las experiencias variables, vemos que ese nexus de realidad es por siempre inaccesible á la conciencia. No olvidamos que los actos constitutivos de nuestra conciencia son rigurosamente limitados , y no pueden hacer entrar en su circulo los actos que excedan de los limites de la conciencia, y que por consiguiente no parecen ser objetos de conciencia, aunque la producción de uno de esos órdenes de actos por el otro, parezca implicar que son en el fondo de la misma naturaleza. La necesidad que se nos impone de pensar la energía externa bajo la forma de la energía interna, hace ver al universo más bien desde el punto de vista espiritualista que desde el materialista; pero si vamos más allá, nos vemos obligados á reconocer que una concepción expresada bajo formas de manifestaciones fenomenales de esta energía fundamental, no puede en modo alguno enseñarnos lo que es. LY • POR  SPENCER  297 Mientras las creencias inspiradas por la ciencia analítica no destruyan el objeto de la religión, sinó que simplemente lo transfiguren , la ciencia en sus formas concretas aumenta la esfera del sentimiento religioso. Desde el principio , el progreso del conocimiento ha ido á la par con el aumento de la aptitud para admirar. Entre los salvajes, los más groseros , son aquellos á quienes menos sorprenden los productos notables del arte civilizado. Su indiferencia sorprende á los viajeros. Sienten tan poco lo que hay de maravilloso en los más grandiosos fenómenos de la naturaleza, que consideran las investigaciones de los sabios como diversiones pueriles. La diferencia de la aptitud mental de los hombres inferiores , respecto de la de los superiores de nuestro tiempo, encuentra su analogía en los grados que separan á esos seres superiores los unos de los otros. Ni el campesino, ni el comerciante, perciben cosa sorprendente en la incubación de un pollo: la percibe en cambio, el biólogo que lleva hasta el extremo su análisis de los fenómenos citados, y se encuentra perplejo cuando un fragmento de protoplasma colocado en el microscopio le hace ver la vida en su forma más simple , y sentir lo que hay de bello en reducir á fórmulas las operaciones de la vida : el juego real de las fuerzas que las constituyen , excede, en verdad, siempre á los esfuerzos todos de la imaginación. No es ciertamente á los ojos del turista ó del cazador de gamuzas , en donde se despiertan las más elevadas ideas del ejercicio y de lo pintores- 208  TAS INSTETUGIONES EGLESC1STICI co contemplando un vallecito alpestre , sino á los del geólogo. El geólogo observa que la roca, r edondeada por la acción del helero, en la cual se asienta, no ha perdido más que una media pulgada de su su perficie desde una época mucho más lejana que la del comienzo de la civilización humana, y entonces intenta concebir la lenta transformación que ha producido el valle , llegando á las ideas de tiempo y de potencia completamente extrañas al turista y al cazador. Aunque esas ideas son completamente inadecuadas á su objeto , las encuentra aún más vanas, cuando considera los estratos contorneados del gneis, que le hablan de una época más lejana todavía , allá cuando sobre la superficie de la tierra esas capas estaban en el estado semilluido, y de una época que excede á esa misma inmensamente por la antigüedad , en la que los elementos del gneis yacían en el estado de arenas y de lodo en la ribera de un mar antiquísimo. Tampoco es entre los pueblos antiguos, que se imaginaban que el cielo descansaba sobre las cimas de las montañas, ni entre los modernos, herederos de su cosmogonia , para quienes « los cielos proclaman la gloria de Dios », donde encontrarnos las más vastas concepciones del universo ó la mayor suma de admiración en la co n - templación de sus maravillas. Todo esto se encuentra mejor en el astrónomo, que ve en el sol una masa de tal tamaño , que la tierra podría pasar por una de sus manchas sin tocar los bordes, y 4 ••- 1. n • POR H. SPENCER  299 quien cada perfeccionamiento del telescopio hace . ver una multitud cada vez más grande de esos soles, de los cuales algunos son mucho mayores que el nuestro. En el porvenir, como en el pasado, el aumento de la fuerza del espíritu y de la extensión de los conocimientos, más bien elevará que rebajará ese sentimiento. Al presente, el espíritu más potente y mejor conformado no tiene bastante saber ni potencia bastante para simbolizar la totalidad de las cosas. Dedicado al estudio de una ó de otra de las divisiones de la naturaleza , el hombre de ciencia sabe muy pocas cosas de las demás divisiones para concebir , aunque sea de una manera grosera, la extensión y la complexidad de sus fenómenos. Aun suponiendo que tuviera un conocimiento suficiente de cada una de esas divisiones, es incapaz de concebirlas como un todo. Una inteligencia más extensa y más fuerte y sólida, puede en el porvenir permitirle formarse una idea vaga en su totalidad- - Una facultad musical rudimentaria, capaz tan sólo de apreciar una simple melodía , no podrá coger los motivos diversamente combinados y las armonías de una sinfonía ; pero en cambio , el compositor y jefe de orquesta sienten la unidad en los efectos complicados que despiertan en ellos sentimientos profundos, como no puede experimentarlos un hombre sin educación musical. De igual modo en el porvenir las inteligencias más desenvueltas podrán abrazar en su conjunto el curso de las cosas que hoy sólo puede abrazarse en parte, y ex-