El escollo: [comedia dramática en tres actos]
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O nba DANIEL SAMPER ORTEGA % e ¿A AI EL ESCOLLO Comedia dramática en tres actos y en prosa, estrenada en la noche del 28 de julio de 1925 en el Teatro de Colón de Bogotá, por la compañía “Ricardo Calvo” 2065-TIPOGRAFIA REGINA BOGOTA 1926
Pa DANIEL SAMPER ORTEGA A A A E E eo: ; ATA 1 , EL ESCOLLO
EL ESCOLLO COMEDIA DRAMATICA EN TRES ACTOS 1 .* Estrada el 28 de julo de 1925 en el Teatro de Colón de Bogotá Dor la Compañía del Teatro da de Madrid “Ricardo Calvo” á REPARTO: AMA A A Sra. Matilde Asquerino. Salvador cd EN LA Sr. Ricardo Calvo Pr a A Sr. José Soriano Viosca y X f JON $ 4 de
PROPIEDAD LITERARIA REGISTRADA CONFORME.A LA LEY
=” ACTO I Saloncito-despacho en casa de un aficionado a la pintura. Muebles decentes: apuntes, bocetos y cuadros en los muros. Caballete , Son un lienzo, Puertas laterales. Al foro, vestíbulo de cristales. Cuando el telón se levanta, Miguel y Ana conversan sentados. El tiene su sombrero en la'mano; también ella acaba de llegar de la calle, o | MIGUEL —Es todo cuanto sé acerca del asunto. : A ANA : —¿Y usted lo cree? , MIGUEL —¿Por qué no? EA | ae q dOS SANA ¿LOSE SA .. —Hace usted mal en creerlo, Miguel. Circulan muchos cuentos que ño tienen base de verdad. MIGUEL —Cuando el río suena... E ANA “—No. Dígamelo usted a mí que siento los / l
o 51 ojos de todo el mundo sobre mi pobre perso-. na. No basta ser correcta: aquí toda mujer que se pone en evidencia por su belleza, su inteligencia, por su misma LR o por su desgracia simplemente, como 'me ha pasado a mí, tiene su honra a merced de los comentarios del todos; al discutirla, cada uno ApIEBA cosas que sólo existen en su fantasía; y a la. vuelta de muy poco da pobre está que asusta. MIGUEL —Alguna culpa tienen siempre ellas. - ANA —Tal vez si son hermosas, inteligentes o bue- - nas, porque las cualidades pueden disimularse. o Pero, ¿cómo ocultar un abandono igual al mío? MIGUEL —Dígame, Ana: ¿sigue prosperando. su de-. manda? , | ASÍ des) aro ANA A é -—No he vuelto a saber nada en los últimos días. Pero tengo esperanzas. Como ya está lalado un caso igual... MIGUEL —Si, sí. No es el primero. También es ver-.
LA and E dad que usted no podría pagar como pagó nues- ¿tro amigo. ANA —Pero de algo me aprovecharán a mí los esfuerzos que otros hayan hecho. Antes, ¿quién podía pensar en que la Iglesia anulara un matrimonio? ud MIGUEL Un problema de hoy no puede resolverse como hace un siglo. (e s ANA 4 —Si no hay más que analizar el mío. Me casaron muy niña, contra mi voluntad, con un hombre que yo no quería ni me quiso nunca tampoco. Yo no culpoa mi madre. El tenía el prestigio de su riqueza, de su figura, de ser extranjero....esto último sobre todo. En fin: saciada la pasión, ya no le'interesé más. Hoy él se ha vuelto a casar. Le bastó con el divorcio legal; en cambio para mí, lo único que puede desatar el lazo es la muerte. de MIGUEL —En realidad es injusto.
Ea PE ABONO la vida de su hermano. La tragedia oculta de que hablábamos antes. | MIGUEL _—¿Pero qué pretende usted Sugerirme? ANA —Nada. Aunque.... si hemos de hablar con sinceridad, Tulia no presume cuánto vale su marido. Ella debería ser: la primera en empu-. jarlo a vencer. | Ñ MIGUEL —¿Está usted loca? id MCANA | | —Salvador vencerá tarde o temprano, a despecho de su mujer, de usted, Miguel y de todos. ¿Ve usted áhora la tragedia? Sacrificando su vida en ocupaciones que no le producen nada más que dinero, cuando si le fuera posible seguir su camino, conquistaría nombre, fama, todo. a, MIGUEL —Eso sí que no. El que quiere ser algo tiene que trabajar. | y ANA | dd Si hay algo en que se trabaje de.
LS joa verdad es en arrancarnos el alma a eones Es darla a todos... | MIGUEL —Está usted equivocada. La ciega su cariño por mi hermano. ANA —Los equivocados son ustedes, y yo, y é€l mismo; este mundo es una sola equivocación. »MIGUEL —Celebre usted sus excentricidades y ya verá. ANA - —¿Y sabe usted por qué lo hago? Porque lo admiro con una admiración muy grande. Usted bien podía ayudarle porque es rico, Miguel. Pero.....—y perdóneme la franqueza—usted no sabe mirar la vida sino a través de los billetes. Nada, no lo tome a ofensa, amigo mío. No le critico a usted su ambición: sólo le pido que respete la ambición del otro. ¿Que usted ' aspira a ser potentado? ¡Santo y bueno! ¿Que su hermano quiere pasar humildemente por entre las cajas de caudales, tranquilo, con. la ilusión de vivir consigo mismo sus horas? Pues santo y bueno también. ¡A ver quién le tomaba a usted
dea SALVADOR —Si. MIGUEL : —Y que el Ministro me trata con mucha deferencia porque sabe que puedo imponer los términos, dadas las condiciones del mercado ¿Pero me estás atendiendo? | SALVADOR —Sí, hombre, sí. ao MIGUEL —No me fío. Dáme acá eso. Le quita el pincel. | ?. SALVADOR LN qué tengo yo que ver con el mercado? , : | 0 MIGUEL, —Con el mercado no. Es que por el Ministro he sabido yue tú vas a quedar cesante de un momento a otro. SALVADOR. —Está bien. MIGUEL —¡Está bien.... está bien...) ¡Y te quedas tan fresco! e
oa O SALVADOR —¿Qué se remedia con poner cara de eruci_ficado? MIGUEL —Pero ¿ni siquiera me preguntas por qué te van a suspender? SALVADOR —Tienes razón. ¿Y a qué obedece ello? MIGUEL | —A que suprimen la sección donde trabajas. (Salvador hace un gesto vago y guarda silencio). ¿Y qué piensas hacer? SALVADOR —Ya se verá. MIGUEL —¡Ya se verá... ya se verá....! ¿Y mientras “tanto con qué vives? Rechazarás mi ayuda, como la otra vez. La mortuoria de tu suegra no está terminada todavía. | y SALVADOR . a IOSE. : | MIGUEL | —No tomes las cosas con esa calma, que me sacas de quicio. (Pausa) Pues bien: como yo
4 PRO) suponía que no habrías. de pensarlo, he pensado por tí. Quiero aprovechar esta ocasión para que te vengas al banco conmigo. SALVADOR e IN —Gracias. MIGUEL —No me des las gracias. Lo he pensado porque me agradaría meterte en cintura. Tú no sabes trabajar. NN XA SALVADOR '—Te agradezco tu buena voluntad, MEROS Pero yo no sirvo para empleos de responsabilidad. A mí me gusta tener el espíritu libre cuando llego a mi casa. De otro modo no se puede hacer arte. | MIGUEL —No digas tonterías. ¿Cómo vas a tomar a lo serio esto de los monitos? Hasta aquí juzgué que eras sencillamente un hombre frívolo, sin voluntad, sin energías para trabajar. Pero me convenzo de que eres un desequilibrado.' SALVADOR i | —Eso.... habría que estudiarlo. Puede que el desequilibrado seas tú. Lo que a tí te parece
A distracción de muchachos, a mí me produce satistacciones hondas, definitivas, intensas, que tú no conoces, ni conocerás nunca, iS: no son papeles negociables. MIGUEL —Es absurdo, no entiendes la vida, no ves más allá de tus narices. SALVADOR —Por lo mismo que veo lejos no puedo poner interés en lo fugaz. (Anhelo perfeccionarme, Sso- -brevivirme, ser alguien. Pasemos cien años sobre este momento en que vivimos, y díme si queda algo de los afanes, goces o penas de toda esta humanidad que hoy lucha y se desespera. Sólo lo, que emanó del espiritu subsistirá. MIGUEL —Todo eso es muy bonito, pero no me parece práctico. En fin: ahí vuelve Ana. Me quedo a comer. Hablaremos luégo. a Ana vuelve por la izquierda, vestida de gala y con abanico en la mano. Miguel hace mutis lateral derecha. i SALVADOR —¿Está usted lista? e »
/ AO ANA —Usted dirá. Ana mueve una silla, y se sienta en eri zada la pierna, el codo apoyado en la rodilla y el rostro en la palma de la mano, eomo para un retrato artístico. Salvador entretanto, se coloca la blusa, prepara la paleta, orienta el lien20. | Ni ANA ASIN Ñ 2. SALVADOR —Casi.... tan sólo ese pie... ahora está a .bien, gracias. - Una pausa durante la cual Salvador pinta. ANA ¡O eS Ndor: yo quisiera pedirle un consejo. "SALVADOR | —Diga usted, as ANA —Se relaciona con mi hermano. Me apena mucho; ¿pero si no acudo a usted, al amigo de toda mi vida, a quién acudiré? Pues..... en dos palabras: mi demanda de divorcio está para fallarse. Usted sabe que mi hermano se Opuso A e Ja
— 23 — desde el principio. No sé.... pero sospecho que pretendía obtener.... ¡me da pena contar estas cosas....! dinero de mi marido. SALVADOR —Lo sabía. Desgraciadamente, Ana, de su hermano hay que esperarlo todo. Perdónemeusted la franqueza. ANA —Por el contrario: cada palabra suya me economiza una vergilenza, porque es necesario que usted lo sepa todo para que me dé un buen consejo. ¿Sabía usted también que mi hermano juega? sé - SALVADOR —¿ También? ) y ANA —Es el problema: fallada la demanda de divorcio, condenarán a mi marido a pagarme uña " indemnización. Y me pagará con la deuda que mi' hermano tiene para con él. ¿Ve usted? : SALVADOR —Sií. Y creo que no será fácil encomias una salida a ese ASuniO 0 O 4
Py Me OS ANA —No la tiene. Mi hermano ha jugado lo suyo y lo ajeno. » NE SALVADOR —Déjeme usted pensar. Voy a consultar el caso. | | ARSS | AO ANA ; -—No, eso no, Salvador. | SALVADOR —En abstracto, sin mencionar a su hermano. Mañana hablaremos otra vez. ) YN ANA | | —¡Cómo se lo agradezco! Es usted tan bueno conmigo... | de OS SALVADOR —Bien sabe usted que lo suyo me interesa aun más que lo mío. Se lo. digo de corazón. ¿ ANA i Lo creo, sí. Lo siento. Usted me tiene lástima porque ha sabido icomprenderme. Es tan difícil encontrar otra alma que entienda la nuestra, ¡el alma hermana! Desgraciadamente... y, SALVADOR . —Siga. Sea usted sincera. ¿ '
A | ANA —Iba a decir una frase romántica. Que por desgracia esos espíritus capaces de entenderse, de compenetrarse, de comulgar en un mismo amor a la Belleza... En un mismo desdén por lo mezquino.... ¡Vaya, hablemos de otra cosa! SALVADOR , | —¿Quiere usted que yo adivine lo que Calla? También he pensado lo mismo :' 'muchas “veces: que esos espíritus de selección se en= cuentran.... tarde muchas veces. ¿No es eso? ANA : Aalivez: SALVADOR a sabe usted qué tanto la he querido yo también desde que € éramos pequeños. ¿Se acuerda? ANA e —¿No he de recordarlo si esa época fue la. única feliz para mí? Desde entonces fui su aliada contra los demás. Yo era más fuerte; usted un poco enfermizo. : AE Una pausa. En la vecindad alguien toca. piano hasta el final del acto. - SN A
- ds A O e O ¿ sufrido, los miles. de chismes que le legaban a diario... - SALVADOR —¿Y lo del retrato? ¿Te parece bíen destrozar en un pap de ira mi trabajo de cuatro "meses? MIGUEL eS —Tampoco pretendo disculparla en eso. SALVADOR ON ahí podrás juzgar. hasta qué límite llegaron los disgustos de todos los días. A MIGUEL ¡Pero fue que tú también te is exasperarla! 1 SALVADOR -—No. Se me acabó la paciencia. Eso es todo. MIGUEL i —Ahorremos discusiones, que a nada conducen. De todas maneras tienes que volver a tu casa. » ] SALVADOR —Eso sí que no. e - MIGUEL | ES ODlIBación: o
A e E SALVADOR —Era. Pero desde el momento en que Tulia. volvió al lado de su madre yo quedé libre. MIGUEL —¿Y no comprendes que eso fue una simple estratagema para obligarte a ceder? Tulia regresará cuando tú lo dispongas. SALVADOR —Ya es tarde. 'El escándalo está hecho; además, ahora estoy cesante, no tengo dinero. Mi mujer acaba de entrar en posesión |de su herencia. Podría pensar que no UNO por ella sino por necesidad. MIGUEL —¿Cómo puede suponerlo si es ella misma quien me envía por tí? , SALVADOR —De todos modos hay roturas que no se pueden soldar. Ella me guarda rencor. MIGUEL — Te repito que no. SALVADOR —Estoy seguro.
a Y O MIGUEL —Pero hay que respetar las apariencias. SALVADOR —¿Para qué? No tenemos hijos. MIGUEL —Sinembargo.... La sociedad.... SALVADOR —¿Qué me importa a mí la sociedad? Ahí tienes tú a la pobre Ana. MIGUEL —Hay que reconocer que de ella se ha hablado mucho. ; SALVADOR —Se ha hablado, tú lo dices. Pero no hay más que habladurías, no hay hechos concretos. En cambio, abundan mujeres de mala conducta cuyas hazañas son conocidas y esas sí van a los salones. MIGUEL —Hay errores, sin duda. Pero nuestra. sociedad es justa. SALVADOR —Le falta valor para cerrar sus puertas a quie-
o AS nes no son dignos de ella, y le sobra ligereza para juzgar sin encono a quienes no pueden halagarla. MIGUEL —Estás loco. No quiero discutir contigo, aunque acabaría por convencerte. Pero sea cual fuere el concepto que tengas del mundo, en él estás obligado a vivir y tienes que guardar sus reglas. SALVADOR —Pues no me dá la gana. MIGUEL —Es que no puedo permitir que siga este escándalo. SALVADOR —Eso es cuenta mía. | MIGUEL | —Y mía, puesto que te vienes a trabajar conmigo. | : SALVADOR —No he pensado hacerlo. MIGUEL —¿Y de qué vas a vivir?
ASADO. | SALVADOR —Eres cándido. Todos saben, como yo lo sé, que si no quieren volver a recibirme en el ministerio es porque tú, mi hermano, has abusado de la influencia que te da tu dinero para sitiarme por hambre, ya que de otro modo no puedes obligarme a abandonar lo que tú llamas monigotes, y yo con la cabeza descubierta llamo arte. ; MIGUEL —Eso no. es cierto. | SALVADOR —Esa es la verdad. Pero ni aun así, con ¡ugadas burdas, después de haber roto la paz de mi casa convirtiendo a mi mujer en mi enemigo, lograrás tú, ni logrará nadie que yo busque otro camino. : MIGUEL —¿Qué llamas camino? SALVADOR —Lo que tú llamas locura. MIGUEL —Teorías, frases. Concretemos: ¿obedeces o nó? :
PS Y PER y SALVADOR —No. MIGUEL —Ya lo veremos más adelante. SALVADOR S —Ya lo veremos, SÍ, MIGUEL —¿Vas a decirme que piensas ganarte la vida - pintando? SALVADOR —¿Y por qué no? ¿Me falta acaso juventud? Tarde o temprano ha de sentirse aquí como en todas partes la necesidad del arte; y entonces se comprenderá que el artista no es un ser inútil, un holgazán, como nos llaman los: capitalistas. Í MIGUEL —Bueno; me estás haciendo perder el tiempo. Volvamos al asunto que me trajo. Regresa a tu casa. SALVADOR NO... MIGUEL —¿Definitivamente?
Eos Y LEÍ SALVADOR —Definitivamente, no. MIGUEL —¿Sabes que estoy pensando en ¿que Tulia " tenía razón? > SALVADOR —¿Qué quieres decir con eso? E MIGUEL —Que tus teorías de arte no son: más que un disfraz.» SALVADOR —¿Cómo? MIGUEL —Que en el fondo lo que hay es otra cosa. SALVADOR Ad —¡Miguel! MIGUEL —¡Dilo de una vez! y SALVADOR —¿Qué dices? MIGUEL —Que no hay tales habladurías. SALVADOR —¿Te atreves a pensar....?
LN SU AS MIGUEL —Claro que sí. ¡Si es verdad! SALVADOR —¡Mientes! MIGUEL — ¡Salvador! SALVADOR —i¡Entonces mide tus palabras! ¡Ni a tí ni a nadie, ¿lo oyes bien?, le permito que hable mal de Ana. MIGUEL —Porque la quieres. SALVADOR —Sí. Porque la quiero. Y la quiero porque es una mujer de talento, una desgraciada; porque tiene que vivir fingiendo, representando una comedia, como yo, como todos los: que no tenemos un alma vulgar. € MIGUEL —e¿Lo ves, lo ves? SALVADOR —¿Qué? ¿No se puede querer a una mujer y respetarla? ¿No cabe admiración sin deseo? ¿Tan
apa poca cosa m2 juzgas? Tú no has pensado lo que dices, Miguel. | MIGUEL —¿Pero qué otra cosa ha sido nunca esa....? SALVADOR —Acaba.... ESa.... | MIGUEL | —¿Quieres oírlo? Pues bien, sea: jesa' mujerzuelals SALVADOR —¡Cálla, cálla! Quedan enfrentados uno al otro, os dedco. puestos, reprimidos para no despedazarse. Suena el timbre. Una pausa. Salvador va a abrir sin quitar los ojos a su hermano. Es Ana quien llega. ANA —Buenas noches, Salvador. Buenas noches, querido Miguel. Le tiende la mano, Miguel la mira sin contestar y la deja con la mano extendida; recoge su sombrero y sale. | : ANA —¿Ha visto usted? ¿Qué Sucede?
— 4] — SALVADOR —Nada, no sucede nada. Siga usted, Ana. No haga caso de Miguel. ANA ——¿Han tenido ustedes alguna diferencia? SALVADOR —Sí, es decir.... no: Verá usted. | AN —Perdóneme usted, Salvador. Miguel es raro. Eso es todo. Hablemos de otra cosa, Se quita el sombrero, los guantes y el abrigo. Salvador en tanto se sirve y bebe café. Hay una pausa. ANA - —¡Pero qué tonta soy! ¡Me he quitado el sombrero! No sé donde tengo la cabeza. SALVADOR —¿Qué le pasa a usted, Ana? | ANA —¿Por qué? SALVADOR acabemos pronto.
LAR La -sorbos, despacio, absorta en su preocupación. Devuelve el vaso. ANA —Gracias. Se pone lentamente el abrigo y el sombrero. Se arregla el peinado sin prestar casi atención a lo que hace. Por último se despide. | ANA —Hasta mañana. | SALVADOR —Dígame usted, Ana. (Ella le escucha desde la puerta, lista a salir). Yo he tenido que romper con mi mujer. He afrontado el escándalo. No me importa; nada podrá ya detenerme en mi camino. Tarde o temprano venceré. Tengo una voluntad recia para luchar contra todos y contra todo. Por ese delito, por el delito de amar la belleza como único Dios y anhelar el triunfo con todas las fuerzas de mi alma, se acabó la paz de mi casa, me quitan el pan de la boca, me vuelven la as todos, todos menos usted. ANA —i¡Salvador !
— 49 — SALVADOR —A usted, Ana, la sacrificaron por dinero, la vendieron a un caballero de industria; y cuando él la abandonó, cuando se vio la mentira de los oropeles con que vino a deslumbrarnos, todos la repudian; porque usted no puede, no tiene con qué comprar misericordia. ANA SE SALVADOR —«¿ Entonces por qué hemos de respetar la ley de quienes nos consideran fuera de su ley? Si en este mundo lo que vale es el dinero y no lo tenemos; si todo se juzga por las apariencias y ellas nos condenan; si no existe piedad para los tristes, para los equivocados, para las víctimas de esa sociedad que no mira al fondo sino a la forma y que acepta como oro todo lo que reluce; si lo pequeño, lo ruin acaba siempre por vencer ¿para qué se marcha usted? ¡Fuéra trabas, fuéra prejuicios, abajo caretas! Vamos a conquistar el porvenir a pecho descubierto, con la frente erguida, por caminos anchos, sin más leyes que nuestro propio es-
fuerzo. ¡No se vaya usted, Ana! Recomencemos nuestra vida! ¡Quédese usted! Ana permanece pensativa. Se adivina en ella una intensa lucha interior. Vuelve lentamente hacia dentro. De súbito se quita; junto a la mesilla, el abrigo, los guantes, el sombrero. Sirve café, y con la naturalidad de quien está en su propia casa pregunta a Salvador : ANA —¿ Quieres una tacita de café? TELON
ACTO III —SALITA-TOCADOR. A un lado mesilla con luz, y junto a ella diván donde Ana está tendida, leyendo, en braje de casa, con delantalcillo puesto, Colgados de una percha el sombrero y el abrigo de Ana. Suena un timbre. Ana se levanta y vaa abrir la puerta del foro. Aparece Miguel con el sombrero puesto. No se lo quita en toda la escena. ANA —¡Cómo! ¿Usted Miguel? MIGUEL s —Le extraña a usted mi presencia aquí: es natural. ANA MIGUEL —Lo comprendo, sí. Vengo en busca de mi hermano. ANA —No tardará. Si quiere usted esperarlo........ MIGUEL —No: prefiero volver. ¿A qué hora le encon-
AN A traré ? | ANA —Si ya debiera estar aquí. No tarda. MIGUEL —¿Puede usted decir qué dirección debe traer ? ANA —Lo ignoro. MIGUEL (Iniciando mutis). Está bien. ANA —¿No quiere usted que yo le diga........ MIGUEL —No es necesario. Volveré. (Hace una reverencia fría y sale). ) Ana vuelve a su diván para reanudar la lectura. Abre el libro, pero no puede leer. Piensa. Se levanta. Vuelve a tenderse. Por una puerta lateral entra Salvador, que viste batín y pantuflas. ta ; N ANA —¿ Pero estabas tú aquí? SALVADOR —Entré hoy por la puerta del jardín. Acabo
de llegar. ANA —Han venido en tu busca. Yo he dicho que no estabas. No te sentí entrar. SALVADOR | —Debe ser el portero de la escuela. ¿No me dejó contigo unos papeles ? ANA —No, no era el portero. SALVADOR —¿Quién entonces ? ANA —Tu hermano. SALVADOR —¡ Miguel! ¿Mi hermano Miguel ? ANA. Ol, SALVADOR —No puede ser. ¿Y para qué me quiere ? ANA —No sé. Dijo que volvería. No quiso esperar. SALVADOR —Es extraño. No sé qué tenga que hacer mi
E E / hermano conmigo. ANA > —Me pareció........cómo te diré........ muy contrariado de no encontrarte. Como si te buscase con urgencia. SALVADOR —Me intriga su visita. Desde el día en que... desde la noche aquella en que....tú recuerdas... nunca más había vuelto Miguel a mi casa. Evita encontrarse conmigo por la calle. No puedo imaginar qué lo trae ahora. ANA —NIi yo....apenas....siento miedo ¿sabes? Miedo de algo que no me puedo explicar. Esta visita de Miguel obedece a una causa grave. De otro modo no habría venido aquí. SALVADOR —Tienes razón. Solamente mi hermano se había manifestado indomable. Al principio todos mis amigos me cerraron sus puertas; pero ya ves que a medida que fui venciendo, que adquiría fama, recuperaba mis amistades. Sólo Miguel no ha querido aceptar los hechos cumplidos, comprender que no fuimos nosotros sino la vi-
—:55 — da quien nos obligó a defendernos. ANA —Si, sí. Y tal vez tenga razón. Es cierto que no teníamos otra defensa. Pero esto no lo pueden comprender los demás, ni se les puede exigir que lo entiendan. | SALVADOR —Sinembargo, ya ves como lo van entendiendo. ' ANA —Por lo que hace a tí. A los hombres se les perdona fácilmente cuando logran imponerse. Peró conmigo........ya ves; una mujer no tiene perdón. SALVADOR —No digas eso, Ana mía. A la fuerza me han de aceptar, y me han de aceptar contigo. De otro modo de nada me serviría vencer. Lo que pasa es que no todo se logra de una vez. Hay que ir poco a poco: Pero al cabo terminarán por rendirse. El ANA —Te hacés ilusiones....que yo te agradezco. pero que nunca verás convertidas en realidades,
Ao SO A tí te han perdonado ya y si te hacen el vacío todavía en algunas partes, es por fórmula . tan sólo. ¡Pero a mí! ¿Imaginas tú que una siquiera de mis antiguas amigas se degradaría hasta saludarme? Nada importa que ellas lle- « ven vida de escándalo. Viven nominalmente con sus maridos. La gente no se impresiona por los amantes que tenga una mujer; lo que le fastidia es que no haya un marido respaldando al amante. De una mujer que como yo ha consagrado su vida libremente a un hombre, de quien podrá separarse cuando quiera, puesto que no hay lazos que la aten, y que sinembargo se siente ligada a él con firmes ligaduras de amor y nada más que de amor...de una mujer así, que no puede a ofrecer a otros ni goces ni nada, no se puede sacar ningún partido. Tal vez si yo no te quisiera como te quiero y tus amigos lo supieran, ellos, a lo menos ellos, me ofrecerían su amistad. ) SALVADOR —Vamos, ven acá. Ya te convenceré con el tiempo de que a donde yo vaya he de ir contigo. Otra cosa sería el mundo si en él hubiera cien mujeres tan adorables como tú.
AO NOAES ANA —Eres cándido, niño mío....porque eres bueno. SALVADOR —Eso no. Soy justo apenas. Te debo a tí todo cuanto soy, cuanto valgo y cuanto espero, y ¿habría de resignarme a cosechar sólo para, mí lo que tú sembraste con tu abnegación sin límites, con tu cariño sin medida, con tu fe ciega en mi porvenir que es la fuerza que me impulsa? Compartiste conmigo .el hambre, la miseria de los primeros días de lucha, fuiste el amparo contra mi misma debilidad en los horribles desalientos de aquellos meses negros. Y ahora que he logrado imponerme, que mis cuadros comienzan a ser bien pagados ¿a qué puedo aspirar sino a que tú seas dichosa? No tengo cómo pagarte todo lo que te debo. - 3 ANA —Sí, sí. Hay un modo. SALVADOR —¿ Cuál? ANA : —Tu cariño, mucho cariño, muchísimo cariño.
PES e RA das a los templos, y que esquivan tener hijos para que no se les deforme el talle? MIGUEL —No quiero discusiones contigo. El mundo es como es y no serás tú quien lo cambie. SALVADOR —Yo no tengo cuentas ningunas con el mundo. Fue él quien arrojó a Ana en mis brazos; fue la calumnia soez que pasó por sobre toda una vida de resignación y de virtud de mujer abandonada, pisoteando sin misericordia su alma: fue la ruindad de su hermano que la lanzÓ a la calle; fueron la miseria y el hambre, y la injusticia! ¡la vida, en fin, la vida! ¿Entiendes? ¿Hago mal en vivir con ella como vivo? ¿Debo volver al lado de mi mujer? ¿Pero te imaginas por un momento que yo pueda abandonar a Ana a su suerte después de que ella sacrificó por mí todo, todo, hasta eso que tú llamas la honra? Me confundes, Miguel. Me contundes con ciertos canallas que gastan en juego y en orgías el dinero con que deberían sostener los hospicios,
65 MIGUEL —No culpes a nadie de una falta que has cometido por tu propia voluntad, Nadie más que tú es responsable de que Ana viva contigo. SALVADOR e —Yo tampoco soy culpable. La culpa es de todos, porque no sabemos educar a la mujer : no la hemos preparado para sef nuestra compañera sino nuestra cruz; no sabe remontarse con nosotros, no puede entender nuestra quimera, ¡no tiene educado el corazón! La fatalidad, mi destino, como tu quieras llamar esa fuerza oculta que nos; gobierna, puso frente a mí una de esas mujeres de alma abierta a toda noble idea y a toda ambición noble! ¡Una mujer, una verdadera mujer! La encontré, además, herida y sangrando porque los hombres no tuvieron para ella una mirada de com- - pasión, un gesto de indulgencia, una voz de piedad. ¿Qué mucho, pues, que cada uno buscara en el otro, ella un amparo contra la tempestad que .la envolvía y yo una luz para mi “noche interior ? A
A O MIGUEL —¿Quieres que hablemos ahora con calma? ¿ Quieres oírme ? SALVADOR —Dí. 0 MIGUEL Q —Pues bien: ¿no crees que tu conducta escandalosa no puede seguir así? Nos está Dn judicando a todos. SALVADOR .—Lo siento mucho. Créeme que lo siento. MIGUEL —Hasta aquí la habiamos soportado como una simple manifestación de enfermedad....enfermedad del juicio. Pero las circunstancias han cambiado. SALVADOR | —No veo la razón. MIGUEL | —No es fácil de explicar. Indirectamente tu modo de vivir comienza a perjudicarnos. SALVADOR —¡Ah, ya comprendo! Mientras pensaste que fui yo solo el perjudicado no tuvo importancia.
E y papa Pero. como ahora comienzas a sentirlo tú........ ¿Eres realmente tú quien lo siente? ¿No será más bien tu bolsillo ? | | MIGUEL —Te advierto que he venido aquí en tono conciliador. LA tú recibirme de la misma manera ? SALVADOR —No tengo inconveniente. Siéntate. Que te sientes, te digo: con toda confianza, ¿no es ésta la casa de tu hermano? Miguel se sienta. Pausa. MIGUEL —Bien, Salvador: el nuevo Ministro de Relaciones Exteriores es amigo mío. SALVADOR —Siempre sucede lo mismo. MIGUEL —Hemos conversado largamente de tu caso. SALVADOR e Con el Ministro ? | MIGUEL —No. En familia. ¿0
REAGAN > PLAN SALVADOR —Muy agradecido. A MIGUEL. ¿ S —Y....puesto que no hay más remedio, nos re- . signaríamos a que sigas cultivando la pintura. SALVADOR —Hombre: muchas gracias. Celebro ver que ya no dices «Monigotes», sino «pintura». MIGUEL —Es, lo mismo; algun a ha de dársele a tu manía. SALVADOR —También en eso progresamos: antes la llamabas locura. : | | ? MIGUEL —0O locura, si te parece. Pero vamos al grano. No me gusta perder tiempo. é SALVADOR A | A Ya puedes hacerlo. 4 de E , MIGUEL Y —Hemos pensado que alhiora, pasado ya el primer entusiasmo, mirarás las cosas más razonablemente, más como son en realidad. Esta y ) 1
A ONE vida tuya con Ana, así: tan....bueno....no hace falta el adjetivo. Quiero decir que espero encontrarte mejor dispuesto. S SALVADOR —Según a lo que sea. MIGUEL | —Un viaje....puesto que tienes una afición imposible de matar...los Museos.... Yo creo que eso sí te llamaría la atención. - SALVADOR —No he pensado en ello. MIGUEL SALVADOR “Pata im 10: | Ana vuelve y al ver que Miguel no se ha ido aún, se detiene contrariada. y | MIGUEL —Es que se presenta una buena oportunidad. No sería difícil obtener una plaza....modesta, sí, pero suficiente en alguna legación. La de Italia, por ejemplo. P SALVADOR —¡ Italia! y
| | MIGUEL -—El Ministro no lo ve con malos ojos. SALVADOR — ¿Luego tú le has hablado de esto ? MIGUEL —Y me ha ofrecido o Tan sólo impone una condición. SALVADOR --Sepamos cual. MIGUEL cp un puesto diplomático, tú comprendes... SALVADOR ] —No sigas. Entiendo. | MIGUEL —Reconocerás que es un obstáculo.... SALVADOR | —Que yo no quiero eliminar.... ) MIGUEL —Que debes eliminar. Considera las cosas fríamente. En Italia puedes perfeccionarte; es un centro inmejorable para tus aficiones. Pero, desde luego, Ana sería un estorbo. Piénsalo bien: es una ocasión única para tí. Es tu
pio ES porvenir, es acaso tu gloria lo que te ofrezco. ¿No amas tanto tu arte? SALVADOR —Con toda el alma, con todas las fuerzas de mi vida. Te confieso que un viaje así ha sido el más hermoso de mis sueños, el más ardiente de mis anhelos. Pero a ese precio no puedo, no quiéro realizarlo. Si yo no sintiera amor por Ana, si no la admirara como la admiro, todavía, todavía me habría de sostener a su lado la inmensa gratitud que le profeso. : E MIGUEL | —Piénsalo, piénsalo mejor. Ana, lo reconozco, no es una mujer vulgar. Pero más tarde puede convertirse para tí en una carga, una carga que tienes que llevar a escondidas. Sería una ocasión para libertarte; ella no lo puede objetar. Tu gratitud no te obliga a sacrificarte totalmente. Hay otros medios de arreglarlo....yo mismo te ayudaré; en eso puedes contar con lo que necesites. No puede ser que te estrelles con ese....ese;... ¿Cómo llamarlo? ANA —Escollo. ¿Es esa la palabra que usted buscaba ?
a de AS MIGUEL —¿ Me oyó usted? Tanto ' mejor. Así ahorra- “remos conversaciones. (Se quita el sombrero. En la puerta se vuelve a ellos. Piénsalo, Salvador. Sale y cierra. Salvador permanece pensativo un instante. Ána viene a acariciarlo. ANA —Miguel tiene razón. Es tu porvenir el que está en Juego. Tu gloria talvez. | SALVADOR —(Enojado). ¿Qué me estás diciendo? ¿Cómo puedes imaginar por un momento que. yo....? ¿Pero no sabes cuanto te quiero? ¿ Has 'perdido el juicio? 4) ANA —Cálmate, niñó mío, cálmate. Déjame hablar. Es posible que Miguel esté en lo cierto. Nada se pierde con oír. Tú tienes talento, mucho « más del que imaginas. Serás algún día un gran “pintor. | SALVADOR —¿Quieres callar?
O e de ERA y ANA —No. No quiero. Déjame decirte lo que pienso. Este medio es demasiado limitado para tí. AMÁ tienes horizontes, tienes facilidades, tieSALVADOR: —¡Ana, tú no sabes lo que dices! ¿Ignoras que me imponen la condición de abandonarte? ¿Es que no me quieres? ANA —Cuando una mujer quiere de verdad, lo que “se llama de verdad, debe saber 'sacrificarlo todo por su hombre. ¡Todo, todo, hasta su mismo amor si es preciso! | SALVADOR —¡No digas tonterías! ANA de -—Digo lo que siento. Desde que te conozco, me: subyugó tu talento, en el cual creo con todas mis fuerzas como sólo una mujer es capaz de creer. De niña fui siempre: tu amiga; de muchacha te admiré desde lejos, con vehemencia, con entusiasmo, casi con devoción. Y de mujer, cuando vi tu hermoso espíritu a punto de nau1
Samper Ortega, que ya había triunfado como novelista con «La Marquesa de Alfandoque> y «En el Cerezal», nos demostró anoche que - puede entrar como amo y señor en los campos del teatro; que las dificultades no le arredran, que la técnica más difícil se le doblega, que tiene, por su talento, cualidades de maestro consumado en la primera de sus obras teatrales que conoce el público. Son. tres personajes: Salvador, el artista; Miguel, el burgués; Ana, la mujer. Con esos tres personajes, venciendo dificultades que serían insuperables para muchos maestros, Samper Ortega nos presenta tres actos de emoción, de in-- terés “palpitante, de diáfana Soltura. Salvador, (que desempeñó con sobria maestría Calvo) es el artista ambicioso y tenaz, el espíritu indomable, el hombre que, desadaptado, todo lo sa-= crifica a su ideal y a su bondad; Miguel, el burgués temeroso del escándalo, que va por la vida amarrado a los grilletes de la sed del oro y de los prejuicios sociales, muchas veces ridículos; el tipo que hemos convenido en llamar «normal» y que a Cada paso encon tramos en las calles, lógico dentro de su cay 4
A rácter y sus ideas, y del cual nos dió una interpretación formidable Soriano Viosca; Ana, es un delicioso tipo de mujer, «muy mujer»; es la víctima de prejuicios y de leyes centenarios; la víctima que, cuando llega el momento del sacrificio, está dispuesta a destrozar su felicidad por el bien del amado. Ella misma remueve «El Escollo». Probablemente el público de Bogotá no había visto a la señora Asquerino en una obra que le cuadrara tan bien, que quedara de manera tan exacta dentro de sus cualidades escénicas. La primera actriz de la compañía de Ricardo Calvo es una maravillosa artista de comedia. Los personajes de Samper Ortega no son muñecos que se mueven en la escena obedeciendo a los hilillos de una mano oculta, como los fantoches de las ferias. Son hombres y mujeres de carne y hueso' que sufren, gozan, luchan, viven, en una palabra, en las tablas. Cada uno de ellos va surgiendo en la obra con detalles propios € inconfundibles. Si algo hay que admirar en EL ESCOLLO, después de la maestría escénica del autor y de la soltura del diálogo, es la maravillosa descripción psicológica de los | NS s o E
ONES personajes. El espectador, cuando cae la cortina por última vez, ha presenciado un drama íntimo y está familiarizado completamente, como si los conociera de muchos años, con los hombres y mujeres que en él intervienen. EL ESCOLLO es una obra audaz. El autor ataca usos y costumbres con energía, empleando únicamente los dardos de la verdad. Los dramaturgos tienen en la vida bogotana amplio campo para sus obras y para sus críticas. Samper Ortega probablemente ha sacado mucho de su obra de la vida real, sin desempeñar papel “servil de copista, sino interpretando, tal como deben interpretarlo los verdaderos creadores de arte, el consejo de Eca de Queiroz: «Sobre las líneas fuertes de la verdad el diáfano manto de la fantasía». | El primer acto, en cuanto a soltura y emoción, es inferior a los otros dos. Acaso Samper Ortega pueda corregir su exposición dándole un poco más de movimiento, con lo que ga_naría enormemente la obra. Si el segundo es de. un efecto escénico que domina el auditorio, el tercero es digno de la pluma. de un maestro. Queda solucionado el problema invineado! con
8 E una naturalidad y una suavidad tales, con' un golpe tan impensado, con una limpieza tan grande, que el público se conmueve y se convence. Bello, muy bello fue el triunfo de Daniel Samper anoche. Al final del segundo acto el telón “se levantó media docena de veces. Cuando la cortina cayó por última vez, el público, puesto de pies, comenzó a ovacionarlo infatigablemente. Trece o más veces tuvo que salir Samper Ortega a corresponder a los, aplausos del público. Y éste, loco de entusiasmo, ovacionó también largamente a los tres admirables intérpretes de la obra. | No ponemos, siguiendo nuestra ridícula costumbre crítica, términos de comparación. Aseguramos, eso sí, que en su género la obra de Samper Ortega es una de las mejores que se han producido en Colombia; que se representará muchas veces; que despertará mucho juicio apasionado y mucha censura injusta; que consagrará a su autor y que se dará en todos los 10 teatros de Colombia. ió Mundo al Día.
EL ESCOLLO de Daniel Samper Ortega t — _— Cuando hace algunos años leí el primer ma-. nuscrito de «En el Cerezal» no imaginé que caminando por sobre la cama de hojas secas, a la sombra de aquellos árboles de corteza arrugada y formas caprichosas pudiera llegarse algún día a producir El ESCOLLO. En esa evocación de infancia, con reminicencias Campesinas y hogareñas, escrita con más cuidado del idioma que empeño psicológico, presagiábase, así me pareció, un sucesor de los «Mosaicos», un costumbrista regocijado que echaba de menos el chocolate con canela, la aloja, el ariquipe batido en la casa, y que hu-! biera querido vivir y morir al abrigo de la capa del tío Pepe, del tío Ricardo, del tío Manuel. Nada más, nada menos. Andando el tiempo vino la «Marquesa de Alfandoque> que si confirmaba la tendencía alu-
dida hacia el cuadro local de costumbres, mostraba ya notable dosis de observación. Abandonaba Samper el paisaje. para irse a fondo sobre la figura humana. La vocación le había cogido ya para no volver a soltarle; hurtando horas a sus labores cotidianas buscó maestros que llenaran los vacíos que había dejado su instrucción dislocada de seminarista indevoto, de cadete. revoltoso; compró libros, preguntó, estudió, rompió borradores, rehizo cien veces un proyecto, pulió y repulió un escrito, porque la ardiente vocación no estuvo servida en un principio ni por una inteligencia ágil, ni por estudios anteriores ordenados y serios.Felizmente no pensó él que para hacerse autor basta. con tener buena amistad con un periodista, usar sombrero alón, algo de mugre y buscar singularidades que dén derecho a la originalidad tales como negar rotundamente alguna verdad reconocida por muchos, insultar a cualquier perso=. na respetada por todos, o simplemente tomar o aparentar que se toma una bebida rara, o mor=. der de cierta manera una pipa estrafalaria. Triunfó la dura voluntad de su raza aragonesa, a su golpe incesante despertó la inteligencia, el pul- .
ES AE so firme que le había hecho premio de tiro en: la Escuela Militar, se hizo firme, también por una disciplina bien encaminada, para manejar la pluma, la pluma que los de su casa habían: solido usar en escritos políticos o económicos, correctos, macizos, mesurados, pero fríos. La pasión sólo se exteriorizó en don de María autor de temas muy diversos. Quiero decir con todo esto, para ejemplo de muchos que viven prendiendo velas a su señora la improvisación, que el triunfo obtenido por Daniel Samper con el estreno de su. alta comedid Eb ESCOLLO por la compañía de Ricardo Calvo ha sido conquistado pulgada a pulgada sobre sí mismo primero, sobre las circunstancias del diario vivir que nos hacen esclavos del pan, sobre; el medio ambiente de nuestra ciudad ligera, frívola, tan tarda para el estímulo alentador como pronta a la burla que paraliza el esfuerzo en un perenne temor al ridículo. Suele el público grueso juzgar la moral de una obra de teatro según que el tema desarrollado sea lo que llamamos fuerte, es decir, que salga a las tablas un pedazo de vida real dimanado de situaciones en que las pasiones O
— 88 —, lo que sea, han invadido el campo de la moral, llegando un momento en que se plantea el problema, surge el caso de conciencia, se presenta el dilema fatal, inevitable, aún más, inexorable. Es entonces cuando muchos irreHlexivamente dicen: inmoral. De acuerdo con semejante criterio sólo podría aceptarse el teatro de sesión. solemne escolar, en que la virtud es premiada en el último acto. €n forma visible, pal- > pable, inequívoca, y antes de caer el telón el diablo carga con los delincuentes ejerciendo por tanto un papel de elemento de primer orden en la tarea sancionadora, algo, como un excelente alguacil de la Providencia, lo que, francamente, si nos parece hasta cierto punto inofensivo, y en todo caso pasable para que rían los chiquillos de las contorciones y payasadas dé Lucifer, y rían los papás de ver reír a sus niños, no vemos cómo, ampliado al teatro grande pueda venir a servir al saneamiento moral efectivo de la sociedad; ni puede llegarse por camino tan rudimentario y grotesco a penetrar el hondo de las cuestiones humanas, a poner sobre la mesa de disección los males que aquejan las almas de los hombres, y el teatro, como lo entendey
Pe mos hoy, no es un méro pasatiempo, bueno solamente para fusilar horas; es, entre otras cosas, un anfiteatro, un laboratorio, en donde se aplican a las almas piadosamente, el escalpelo, los rayos X, con fines humanitarios, para poder llegar por allí a poner sobre las llagas sociales el cauterio doloroso pero necesario del radium. A las gentes modernas hay que presentarles las cosas modernamente para que las acepten, las pasen y les sirvan. Hasta en las cosas eternamente verdaderas ha habido que adoptar, una táctica nueva. <Cada generación, dice Giovanni Papini en su introducción a la Historia de"Cristo, tiene sus preocupaciones, sus pensamientos, sus locuras. Es preciso traducir nuevamente, para auxilio de los. extraviados, el antiguo Evangelio. Para que Cristo esté vivo, presente siempre en la vida de los hombres, es necesario de tiempo .en tiempo, resucitarlo; no para teñirlo con los colores del siglo, sino para presentar con palabras nuevas, inteligibles a los tiempos actuales, su eterna verdad, su inmuta- “ble historia». Algo así equiparable a lo que
Os dos del joven dramaturgo y literato habrá llegado el aplauso como un pronóstico de mejores tiempos para el teatro nacional. Al medio hostil y a la crítica proclive, han sucedido un ambiente propicio y exégesis justiciera y estimuladora. Bienhaya el autor de EL [ESCOLLO que ha hecho sonreír a los dioses. Dos 'grandes condiciones tiene la pieza de Samper: arte, arte fino, sutil, espiritual, ténue como aroma de flores, ligero y mMovibie como vuelo de golondrinas; e ideas. Si al decir de “aleunos de quienes han Opinado sobre la producción de Samper, el valor de EL ESCOLLO se funda en que es arte y nada más que arte, la obra, en verdad, poco valdría. Sería tan sólo armoniosa combinación de palabras, castillo multicolor de luces. Precisamente lo que le. presta a EL ESCOLLO vigor y sugestivo encanto es que Samper supo desarrollar en él, en diálogos palpitantes de interés, unas cuantas ideas, ya de crítica social, ya de orden moral, que son las que le dan objeto y fin a la producción. al La literatura de is es la flor del gran movimiento intelectual del siglo XIX de que
son ilustres genitores, en Europa, Renán, Saint Beuve, Víctor Hugo y otros. que en Hispanoamérica iniciaron Rodó, García Calderón y Carlos Arturo Torres. Benavente es un innimitable semillero de ideas vestidas con pompa literaria. La literatura sin ídeas equivaldría a convertir el arte supremo de expresarlas en labor de paisajista, a trocar la pluma en pincel. Ahora, que el dramaturgo no ponga sus personajes a pronunciar teorías, a exponer filoso- | fismos, ni a redondear silogismos, sino que haga que las ideas surjan espontáneamente de las situaciones creadas, es habilidad técnica, sensibilidad artística, gusto aristocrático. Aun en la muda belleza de los genios del cincel, alcanza a advertirse la diferencia: las líneas eternas de la Venus de Milo, no rumoran al espíritu lo que el Moisés de Miguel Angel. Qué ideas profundas presenta Samper en su ESCOLLO? Varias y todas de alcance social, no socialista, sobre las cuales el pensamiento científico se halla empeñado en rudo combate: la lucha entre el predominio de la burguesía Ssobre el intelectualismo; el antiguo conflicto, que tiene partida en dos la sociedad humana, sobre
OR la indisolubilidad del lazo matrimonial y si se quiere en el orden moral, la educación apropiada de la mujer, a propósito de aquilatarle sus facultades de comprensión. Eso es EL ESCOLLO. En torno a estas tres grandes ideas se urde la trama, sencillamente, sin gestos trágicos, ni golpes efectistas, suavemente, dejando inefable ternura dentro del alma y un soplo de dolor que canta en el corazón como la encina solitaria del poema de Heine. Cuán hermoso es poder hablar con sinceridad de la victoria de un compatriota y cuán satisfactorio que el teatro nacional siga su trayectoria ascendente rompiendo la atmósfera de pesimismo y deliberada hostilidad que le han querido formar quienes ignoran la existencia de la musa de la tragedia. El Gráfico Ramón Rosales
El estreno de anoche en el Colón Con un público selecto, en el cual alternaban la intelectualidad y el gran mundo social de Bogotá, subió anoche a la escena del Colón la alta comedia de Daniel Samper Ortega titulada EL, ESCOLLO. Nuestro teatro—y hay que confesarlo sin que ello sea una ofensa a la modestia regional —va tomando desde hace mucho tiempo el carácter de un hecho cumplido. Alvarez Lleras, Miguel Santiago Valencia, Ramón Rosales, Martínez Rivas, Rafael Burgos y'Germán Reyes, para citar algunos, nos han dado la primicia de su ingenio en forma suficiente para poder hablar del teatro nacional. La aparición de Samper Ortega en este género difícil de la literatura, ha sido una revelación, un triunfo. | Desarrollar un cuadro de vida bogotana, con todos los detalles que se pueden presentar en
— 100 — la página de humanidad que significa EL ESCoLLO, con tres personajes solamente, sin que se note la carencia de otros, es un esfuerzo superior que requiere un profundo conocimiento de la técnica teatral y que habla por sí solo de la manera como están combinadas las escenas para que la obra produzca sus efectos. Ideas, vocablos, claridad y armonía, oportunidad y concisión, hé ahí lo que el joven autor quiso forjar en el bello crisol de crítica social —implacable y severa pero justa—contra los prejuicios, contra las apariencias, Contra los convencionalismos que hacen de las sociedades una farsa y de la honra una mentira. Para escribir en esta forma se necesita ser psicólogo: conocer ampliamente el corazón humano, Saber distinguir lo fingido y lo real, la espiritualidad y la materia. Y esto es lo que Samper Ortega ha hecho. Al éxito alcanzado por Samper Ortega se une el de la compañía de don Ricardo Calvo. El mismo, la señora Asquerino y el señor Soriano Viosca hicieron de la obra una verdadera creación. El Diario Nacional. Rafelios
“EL ESCOLLO” Las dos representaciones de esta alta comedia del conocido intelectual señor Daniel Sam- * per Ortega, a las cuales concurrió un público —numeroso y selecto, fueron un éxito ruidoso y una confirmación de que el teatro nacional, no es apenas una' esperanza, sino una auténtica realidad consoladora. x EL ESCOLLO, considerado técnicamente, es el mayor esfuerzo que se haya realizado entre nosotros: tres personajes solamente a lo largo de tres actos, sin que decaiga un solo instante el interés del éspectador, es algo sorprendente y que da la medida de la altura a que Samper Ortega puede llegar en este nuevo ramo de sus aficiones intelectuales. EL ESCOLLO, además, es una obra bien escrita, ideada con talento y observacióñ, y calca-
— 102 — da de la vida misma. Encierra una saludable crítica social, una enseñanza y un ejemplo de fines altamente benéficos. La Opinión
El estreno de anoche en el Colón - Con sincera complacencia, más aún, con fervoroso entusiasmo, debemos anticipar nuestra modesta opinión sobre la obra estrenada ano-. che en el Teatro de Colón. Fue para unos, los que no conocíamos las intimidades del talento de Daniel Samper Ortega, sus aspectos multiformes, que lo llevan del cuento a la. novela, y de la novela al teatro, con agilidad intelectual siempre superada, ocasión inusitada de regocijo y de patriótica satisfacción. ¿Por qué no decirlo? Vinculámos en estas felices 'ocurrencias, cuando se estrena una obra de teatro nacional, o aparece una novela del mismo linaje, un caudal de entusiasmo patriótico que enturbia la miada de apreciación. Pero, en tratándose de-arte, no debe existir patriotismo invasor que todo lo vista con galanura, ni afección O sentimiento preconcebidos o presentidos. En es ta dispo-
e UA sición, concurrímos al teatro, y ahora, al estampar un comentario fugaz que nada significa ante el valor de autenticidad de EL ESCOLLO, irrumpe otra vez el aplauso sonoro, hermanado con todas las sinceridades. Presenció el estreno de EL ESCOLLO selecto concurso de personas, y el hemiciclo, como los palcos y las galerías estuvieron diciendo durante el discurso de la obra el viviísimo interés que despertaba un diálogo de sentimientos, en lucha vencedora contra ideas, prejuicios e injusticias que ha demostrado el autor una vez más, Son el bastardo patrimonio de las sociedades. ¿Qué va a hacer el señor Samper Ortega, con tres personajes, en tres actos, en una noche? nos preguntábamos al comenzar la representación, poseídos de aguda zozobra. Verdaderamente, se necesita una inteligencia vigorosa y disciplinada y enorme poder trascendental de emoción para conducir sin desmayo un diálogo, . sinlos recursos de tropas teatrales que avanzan sobre el escenario, para complicar el interés, la espectativa del espectador. Ni criados, ni gentuza secundaria. Solamente ideas y sentimientos en juego, o mejor en lucha. |
— 105 — ¿Qué iban a hacer un hombre y una mujer, solos, en el escenario? Lo que harían en su Casa, al cobijo de la realidad. O amarse, o pelearse. El tercero, o era elemento de conciliación, O coyuntura de discordia. Así pensábamos, dando pábulo a nuestra inquietud del desarrollo de la comedia. Y vino el primer acto, suave, acaecido en discreta mansión de artista, con los esbozos de la obra. Planteó las tesis con diafanidad, sencillamente, en diálogo admirable, atento más a la vida que a la intención de infundir en el público determinadas ideas. Concluído, nuestra impresión se tradujo así: Una mujer que no es ni soltera, ni casada ni viuda. Por qué? Porque la han constreñido a casarse con un extranjero, ella, conforme a su religión católica, y el otro en consonancia con la suya, que permite el divorcio. Divorciado el marido, ligado en nuevo vínculo con otra mujer, Ana, la primera esposa sufre una situación que por indefinida no. está amparada por ley ninguna. Y la única que la rige es el amor hacia un artista, en matrimonio con una muchacha incomprensiva, frívola y mundana. |
— 112 — guido el proceso sucedido en Samper Ortega, como escritor, desde los tiempos de «El compadre tigre» hasta EL ESCOLLO. De un hombre como éste, era. natural esperar que su Obra estuviese bien escrita. : Si en Samper Ortega es muy clara la noción del teatro moderno, más claro aún es su concepto sobre lo que debe ser el teatro para las gentes cultas. Su comedia es una obra primorosa, hecha no para los corazones sino para las almas: cordial, espiritual, exenta de frases, de momentos, de situaciones equívocas o trascendentales. Toda ella está llena de una fina y agradable sutileza. Fino, hábil, ágil. Samper Ortega habla en EL ESCOLLO de nuestra sociedad, sin esa burdeza de maneras que ya parecía fuese de usanza. Crítica amarga, deslizada delicadamente, sin frases de relumbrón. Censuras agrias, que el autor no mete, como otros, en las narices del público. Y esta era otra cualidad que no tenía el teatro colombiano: la elegancia. Manejar bien tres personajes en una comedia en tres actos, no es gracia que se haga todos los días. Samper Ortega logró que su obra
= 113 — no aburriese un instante, por falta de movimiento en la escena. Con admirable discreción, obliga al público a que no espere la salida de un personaje más. Y cuando los ojos de los espectadores—no la mente—tratan de fatigarse, el autor, elegantemente, encuentra la variación. Como es natural, en el curso de la obra hay varios momentos un tanto pesados, pero es preciso reconocerlo, no hay ninguno soporífero. Lograr esto con tres únicos personajes, es lo bastante para la satisfacción del autor. Samper Ortega se esforzó, con buen sentido, por suprimir los parlamentos históricos, tan pesados y casi inevitables en el teatro. Pretendió evitar el hacer frases de filosofía trascendental, de esas que se usan no para precisar los caracteres psicológicos de los personajes, sino, para exhibir la agilidad intelectual del autor. Samper hace frases para delinear a sus muñeros. FA El argumento? En EL ESCOLLO no sucede nada. Dos hermanos que viven juntos. El uno, soltero, es un banquero que no tiene otro horizonte que el de su caja de caudales. El otro, casado, es un «espíritu de selección». Un artista que piensa en la gloria, desequilibrado por la gloria. e $e EL l A | E | | a
— 114 — Una amiga de la infancia—Ana—es elmodelo preferido del pintor. Ana fue casada con un extranjero, quien luego de deslumbrar a la muchacha con su porte y con su dinero, la abandonó, yéndose con otra mujer. Ana tiene un hermano, que arrastra el apellido por tabernas y garitos. Ana, que no es Soltera, ni casada, ni viuda, pero sí víctima de habladurías, se refugia a solas con sus dolor, al tiempo que siente una suave admiración por Salvador, quien, ávido de gloria, está unido a una mujer que no lo comprende ni lo tolera. Ana y Salvador que se comprenden entre sí, cuyos cora-. zones se buscan, persiguen el momento de la confidencia. Y éste llega al final del primer acto, pero nada se dicen. Al segundo acto ya Salvador se ha separado de su esposa. Esta, en un rapto de celos, rompe el cuadro en que Salvador había puesto todo su cariño, y para el cual sirvió de modelo Ana, la que,abandonada de todos, vapulada por todos, cultiva una agradable inclinación de su espíritu hacia el artista. Este lo comprende, se lo dicen, y Ana se queda en el estudio del pintor. La vida, que los había hecho desgraciados, llegó a v
— 115 — juntarlos. El final del segundo acto es de un asombroso efecto escénico. Hay un momento lleno de grandiosidad. Aquel en el cual, Ana, Sin decir nada, se despoja de su sobretodo y de su sombrero para quedarse. La última frase sobra por lo que es un tanto falsa. «Quieres una tacita de café tinto»? dice Ana al posesionarse del puesto que la vida le señala. Se hizo muy pronto dueña de la casa. Esto no es real. Afortunadamente, Samper Ortega imprime al momento una grave belleza, En el tercer acto, Salvador, el pintor, ya ha sido acariciado por el triunfo. Está feliz, cuando llega su hermano, quien, alarmado por los decires de la sociedad, pretende sacar a Salvador del estado en que se encuentra, llevándolo a Europa. Es amigo del Ministro y con éste ha conseguido un empleo diplomático para el artista, cuyo sueño dorado es ir a Europa. Pero para viajar, menester es que abandone a Ana. Y ante esta perspectiva, rechaza de plano la propuesta. Ana adora a Salvador. Y por lo mismo, no quiere ser el obstáculo que encuentre su aman-
— 116 — te en el camino del triunfo. Por el mismo amor que le tiene, lo sacrifica, lo quiere, pero no es el escollo. Y deja a Salvador. «Anda, véte, triunfa», le dice y se va. A grandes rasgos, esto es lo que sucede en la alta comedia de Daniel Samper Ortega. Una comedia que dominó al público por su belleza, su discreción, su hermosura. Una comedia en la que no hay nada desagradable, por lo mismo que en el autor domina la. observación serena y sensata. Una comedia que llena de prestigio a nuestro malferido teatro nacional, y que evitará unos cuantos estrenos. El Timepo Paco Miró
— 117 — El triunío de EL ESGOLLO - Lo confesamos sinceramente: jamás creímos ni siquiera llegámos a sospechar que hubiera de representarse en nuestro coliseo una obra nacional que llegara a tener mayor resonancia que la de «Como los muertos» de Antonio Alvarez Lleras. Nuestro público, caprichoso, tornadizo y raro como los pavos reales, atenido a un legendario prejuicio, no acudió en masa; el personal que concurrió fue escaso selecto y puesto que se trata de una obra de <tres personajes», dos hombres y una mujer, la concurrencia llevaba casi la seguridad de que asistiría a una decapitación literaria y escénica. Pero hé aquí que en forma imprevista e inusitada nos' hallámos frente a una obra maestra, escrita con una pulcritud artística asombrosa y '
O concebida con tal disposición que lamentámos que el teatro no estuviera colmado ya que el diálogo se mueve con una agilidad brillante y suave como una mariposa. Dentro de una sencillez vigorosa el argumento no decae un solo momento. Miguel y Salvador, dos hermanos, cultivan la amistad de Ana, una distinguida e interesante mujer a quien conocen desde la infancia, y que está divorciada de su marido, un extranjero con el que la casaron más por lo llamativo de su porte y el halago de su dinero que por la inclinación que ella sintiera por él; Miguel es un hombre de negocios, un profesor de energa—como decimos hoy—para quien todo lo que no produzca dinero no os digno de atención; Salvador, por el contrario, está dotado de un temperamento artístistico muy refinado, y siguiendo sus inclinaciones, se dedica al arte, lamentando haberse. casado con Tulia puesto que su mujer tiene, poco más o menos, el mismo temperamento burgués y utilitario de su hermano. Salvador se entrega a la pintura y está ejecutando el retrato de Ana. Uno y otra cambian ideas sobre los destinos de sus vidas: tan
a le idénticas, tan iguales; dos temperamentos paralelos que han yenido a encontrarse tarde en el camino de la vida, ya que uno y otro están distanciados por la valla que les abren sus respectivos matrimonios........ Esos matrimonios que impiden a dos almas que se comprenden, que se aman y se identifican espiritualmente dentro del más absoluto decoro, cabe la más sana verdad, juntarse y vivir. la vida en forma armónica dando rienda suelta a los sentimientos verdaderos, a los que todos sentimos dentro de nuestro corazón y que refrenamos dolorosamente para no dar qué hablar a la sociedad. Y viene luégo la lengua bogotana, esta maldecida y deliciosa lengua bogotana, que de un Sér cualquiera puede hacer lo que desee tan sólo con acertar a clavar su dardo en el sitio PIECISO a De esta lengua tan censurada por. todos, tan usada por todos, de esta lengua que, como dice Benavente, cuando le levanta una calumnia a alguna mujer... hace tres años que - es verdad. Y esa lengua, y esa situación, y esa . comprensión de espíritu tan exacta, une a dos almas por sobre todo concepto o precepto social y arrostran toda clase de contingencias por
— 120 — lograr una felicidad que viene luego a desvanecer, la realidad de la vida. Bajo un punto de vista moral, la obra de Daniel Samper Ortega no debe contemplarse como la apología del amor libre, sino muy al contrario, como la censura natural de las leyes sociales sobre este tópico, el cual, si bien tiene en la obra de que hablamos la completa voluntad de dos almas sinceras para que perdure, viene luego a truncarse a caducar, a expirar debido a las mismas leyes y costumbres que regulan el organismo social. Jamás pudimos pensar que Daniel Samper Ortega tuviera tánta audacia, tánto valor, tánto' talento para acometer de lleno, con una serenidad y aplomo desconcertantes, el problema diario de nuestra sociedad que a fuerza de querer fingirse una vida «para los demás» acabará por la degeneración social, cuyo principio ya estamos contemplando. EL ESCOLLO es la voz de alarma para las madres que desean casar a sus hijas con quienes solamente las pueden ofrecer una bolsa de dinero; es el grito de un artista refinado que demuestra que no todo debe tener un fin utilitario; es la censura implacable contra la maledicencia imperante que ha-
— 121 — ce de una mujer sana y honorable una mujerzuela vil, y a una cortesana de salón la rodea de los mayores respetos y consideraciones; es la demostración natural de la imposibilidad del amor libre; es la edificación de una tesis, que todos llevamos dentro de nuestra alma pero que no nos atrevemos a poner en práctica porque nos falta valor para con los demás. De su técnica escénica nada tenemos que hablar. Quisiéramos que don Ricardo Calvo estudiara con mayor detenimiento ciertas frases y ciertas actitudes que en esta obra sentarían mejor que las adoptadas anoche en algunas escenas. No queremos con esto ni siquiera esbozar una censura, pero podríamos asegurar que la obra de Daniel Samper Ortega no ha sido ensayada más de tres veces. No obstante, el talento de Ricardo Calvo sobrepasó a toda ponderación; todos pudimos anotar anoche el cariño con que la compañía. acogió EL ESCOLLO .de Daniel Samper Ortega. La señora Asquerino, con un arte admirable, con una concepción completa de su papel de Ana desarrolló todas las escenas con maestría incomparable, con un arte y un desenfado exquisitos y supo dar tal sen-
OBRAS DEL AUTOR: DA A AA ENTRE LA NIEBLA Segunda edición. Agotada EN EL CEREZAL Novela Segunda edición. LA MARQUESA: DE ALFANDOQUE Novela Segunda edición. LA OBSESION Novela. PROXIMAMENTE: ¡CHIQUILLO MIO!