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El consultor médico quirúrgico popular en los accidentes de la vida rural

Pesado Blanco, Sergio; Bueno, Antolín

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EL CONSULTOR clitto POPULAR EN LOS ACCIDENTES DE LA VIDA RURAL POR D. SERGIO PESADO BLANCO Médico de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid á Cáceres y Portugal y del Oeste de España, etc. etc., CON UN PRÓLOGO DEL DR. D. ANTOLÍN BUENO Médico Jefe de los Servicios sanitarios de la expresada Compañía ferroviaria. MADRID CASA EDITORIAL DE M. NÚÑEZ SAMPER MARTÍN DE LOS HEROS, 13. Sucursal: San Bernardo, 34. 1917 fij W-62~ az i a le ex ‘- ‘act . ¿92  h  etzocaiuh T dc~47 egcr 2aufalf íe- ,i¿Je~ / ací¿n, Ju uJhe 2 74 (i el xem y 9.   - Vizech S 'ene eib / o~ c/e  ede eleó-eanch z fue  enJeY;ianza mecácorueficaó , -& 6 2 /-‘heó  edan deZ it5 2  9,nióma, JuJ, L_Wybo  „I°y-bea. PRÓLOGO Fuera en mí descortesía imperdonable no aceptar la invitación que amablemente me hace el autor de la presente obra para que le escriba unas líneas que sirvan de prólogo á la misma. Y aunque no sea yo la persona más indicada para elogiar, como merece, el trabajo del Sr. Pesado Blanco, porque, dados los lazos de amistad que á éste me unen, pudieran mis aplausos tacharse de apasionados, séame permitido, sin embargo, hacer algunas consideraciones acerca de los beneficios que al público en general, y especialmente á los agentes ferroviarios con servicio en la línea, y á todos aquellos que por necesidades de la vida se ven obligados á habitar lejos de los centros de población, ha de reportar la obra de nuestro compañero. En m.i concepto—y ¡ojalá pudiera trocarse, de pobre que es, en prestigioso y autorizado, para que así tuviera el valor que le falta!—el libro escrito por D. Sergio Pesado Blanco con el título de — s — El Consultor Médico Quirúrgico popular en los accidentes de la vida rural, ha de ser utilísimo á todas aquellas familias que, por imperio de la necesidad, residen en el campo y se ven obligadas á resolver de momento problemas que afectan exclusivamente á los médicos v no admiten aplazamiento de ningún género. Porque son muchos, muchísimos, los casos de accidente que se presentan, en los cuales la intervención facultativa es inmediata, urgente; y como el médico no puede acudir con sus auxilios en el momento preciso, se hace indispensable que intervenga el profano, atajando el mal en su principio á fin de que no tome mayores proporciones y pueda producir consecuencias dolorosas, para lo cual esa intervención ha de ser, no ignorante é irreflexivo, que de esta manera sería evidentemente perniciosa, sino adecuada y consciente para que surta los apetecidos efectos. Pues bien, este fin, loable por todos conceptos, es el que persigue precisamente el Sr. Pesado Blanco con su obra al suministrar á la población rural los conocimientos indispensables para combatir con éxito los múltiples y variados accidentes de la vida de campo. Infinitas son las obras que con los títulos de Medicina fa Mili ar , Medicina doméstica, Medicina popular, etc., etc., se han propuesto poner al alcance de las familias los conocimientos necesarios para tratar un enfermo hasta la llegada del médico; pero todas ellas han caído en el más completo abandono, porque sus autores, olvidándose del pú- - 9 tilico que había de interpretarlas y aplicarlas, las han llenado de tecnicismos y fórmulas, haciéndolas difíciles é ininteligibles, no surtiendo, por lo tanto, el fin práctico que se proponían, por resultar inaccesibles á la escasa cultura médica de la población rural. No sucede esto con la obra de nuestro compañero el Sr. Pesado Blanco. Escrita en lenguaje claro y sencillo, que avalora la belleza de la forma, y desprovista de todo propósito de divulgación científica, que es el defecto capital de que suelen adolecer las publicaciones de esta índole, cumple á maravilla el fin plausible que persigue, con lo cual presta un señalado favor á las gentes que residen en el campo y satisface una necesidad sentida por ellas desde hace mucho tiempo, dándoles una orientación precisa para que, cuando se encuentren en el comprometido caso de tener que resolver sin dilación cuestiones de la competencia médica, puedan hacerlo, si no científicamente, sí con probabilidades de acierto, ya que la mayoría de las veces basta conocer la causa originaria del accidente para determinar los medios de combatirle. Muy numerosos son por desgracia los accidentes en la vida rural. Las estadísticas acusan una cifra crecidísima de traumatismos, picaduras, mordeduras, quemaduras, hemorragias difusas, envenenamientos, etc., etc., fáciles de curar en muchos casos, pero que por un torpe tratamiento ó una censurable desidia, adquieren una importancia de - 1 0 - que carecían, dando lugar no pocas veces á graves complicaciones y en ocasiones á fatales desenlaces. A prevenir esto tiende la obra que prologamos; y en verdad que responde á su propósito, pues conocida la causa del accidente y hecho el diagnóstico todo lo más exacto que pueda hacerle un profano, no hay más que poner en práctica los prudentes consejos y acertadas advertencias de la obra de nuestro compañero para que, en la mayoría de los casos, se consiga la curación del accidentado; y en los de lesiones graves, se contrarresten los primeros efectos dando lugar á la lle - gada del médico. Este solo motivo sería suficiente para prodigar sin tasa los aplausos al presente libro; pero hay otras razones que los justifican y son la estructura del mismo, que permite su fácil manejo, y la sencillez de los tratamientos que prescribe, recomendando en primer término él empleo de substancias que existen en toda vivienda familiar, y sólo cuando éstas resultan ineficaces, apela á medicamentos perfectamente acreditados y dispuestos con su científica dosificación en las correspondientes recetas para prevenir el riesgo de atrevidas inexperiencias. Por último, otro acierto, acaso el mayor, que ha tenido el autor de esta excelente obra, es el de dedicar unos capítulos de ella á la higiene de la gestación y á la exposición breve y sencilla del parto, dando á conocer éste en todas sus fases> recomendando los cuidados que exige la mujer que va á ser madre, prescribiendo finalmente las atenciones que reclama el nuevo ser. Esto, repito, es una labor meritísima que acrecienta el valor del libro del Sr. Pesado Blanco, pues sabido es cómo suelen ser asistidas las mujeres que viven en el campo y no pocas de las que residen en las poblaciones en el momento difícil de la maternidad, y cuántas son todavía las preocupaciones que existen respecto de la limpieza y el aseo que hay que tener si se quieren evitar complicaciones siempre temibles. No es, pues, aventurado asegurar un éxito completo, rotundo á El Consultor Médico Quirúrgico popular en los accidentes de la vida rural de nuestro compañero D. Sergio Pesado Blanco. Yo se lo deseo de todo corazón por el íntimo convencimiento que abrigo de los positivos beneficios que ha de reportar á todas aquellas familias que por necesidades imperiosas de la vida se ven obligadas á residir alejadas de los centros de población. Dr. Antolín Bueno. Madrid 15 de Febrero de 1917. ADVEIVITHNCIA Al dar á la publicidad este libro no nos mueve otro objeto, otro fin, más que el exclusivo de popularizar ciertos conocimientos médicos y quirúrgicos para que en momentos imprevistos y de alarma ante un accidente casual ó intencionado, puedan ser útiles á aquellas familias que por su destino se ven obligadas á residir más ó menos lejos de los núcleos de población, en el campo; conocimientos que, puestos en práctica oportunamente y en ocasiones dadas, pueden ser capaces, por sí solos, para socorrer provisional ó definitivamente á un lesionado, y aun para salvar la vida á una persona que en peligro de perderla repentinamente se halle, hasta tanto que el médico haga su presencia y se encargue de la asistencia del enfermo ó accidentado. Muchas, numerosas son las familias que en esta clase de aislamiento se encuentran, y entre éstas citaremos las de los empleados de las Compañías de los ferrocarriles, ya estén al servicio de las es- - 14 - taciones, en las brigadas de vías y obras, talleres y depósitos, y aun las brigadas de los trenes en marcha; las de los peones camineros dependientes de la Dirección general de Obras públicas, y las de todos aquellos que en alquerías, cortijos, caseríos y dehesas se ven precisados á vivir por razón de los cargos que en dichos sitios desempeñan. En la exposición de las muy diversas materias contenidas en las siguientes páginas, hemos procurado excluir todo tecnicismo propio de la ciencia de curar, usando, al mismo tiempo, un lengua- • je claro, sencillo é inteligible para todos los profanos á dicha ciencia; y estando convencidos de que el complemento de todo libro son las figuras ó grabados, porque además de ilustrar á los lectores, facilitan la comprensión del texto, en honor á estas circunstancias y sin tener en cuenta el sacrificio que su coste significa, no hemos dudado en colocar algunos de éstos en las páginas que necesario nos ha parecido. Con el mismo fin acompañamos al texto numerosas notas, muchas de ellas conteniendo fórmulas medicamentosas, de las cuales recomendamos sólo se haga uso con previa autorización facultativa. No queremos terminar estas líneas sin expresar en ellas nuestra gratitud más profunda á nuestro maestro y eminente clínico á la vez que sabio hidrólogo, Dr.D. Eduardo Gurucharri, por las molestias que en nuestro obsequio se ha tornado al leer muy amablemente cuartilla por cuartilla el original -22para quien la sufre, viéndose obligado el enfermo á permanecer con la boca violentamente abierta hasta su reducción. Generalmente es consecutiva á un bostezo más ó menos intenso, por cuya razón todo individuo debe tener cuidado de moderar esa intensidad si quiere evitar tal estado de cosas, sobre todo aquellos que ya la hayan sufrido. (Fig. La). Siendo la reducción de esta luxación fácil, expondremos la manera y forma de realizarla. Sentado el enfermo en una silla, el operador, médico ó no médico, se sitúa de pie delante de él, y, previo el lavado y enjabonado de las manos, coloca los pulgares de ambas manos en el último. Molar inferior de cada lado, y los demás dedos debajo de la barba (mentón). En esta disposición deprime con fuerza referidos pulgares, al mismo tiempo que los otros dedos dirigen la barba hacia arriba, con cuyos movimientos combinados en la forma expuesta, la luxación quedará reducida y el enfermo tranquilo y libre de las molestias que tal situación le producían. Durante dos ó tres días el lesionado debe procurar abrir poco la boca, y tornará sólo alimentos líquidos ó semilíquidos, para así evitar una nueva y fácil luxación. Fracturas. Los huesos que forman nuestro esqueleto pueden ser divididos en dos ó más fragmentos á causa, como las luxaciones, de una violencia exterior. A esta división de uno ó más huesos se la denomina fraclura. El dolor en el sitio donde reside la fractura es muy intenso. Si el hueso ó huesos fracturados pertenecen á un miembro, ya sea de los superiores ó — 23 — Fig. 1. a .—Luxación del maxilar inferior. — 24 — de los inferiores, el movimiento en éste es nulo en absoluto, y la inflamación de toda la región donde la fractura reside importante. Cuando la piel que cubre al hueso fracturado no ha sido perforada por uno de los extremos de éste, se llama fractura simple, y complicada si va acompañada de herida de aquélla, ya sea ésta ocasionada por una causa externa, como sucede en las fracturas por armas de fuego, ya que los fragmentos óseos horaden la piel de dentro á fuera. (Figura 2.a) Fig. 2. a .—Fractura complicada Cerciorados de la existencia de una fractura, que por sí todas revisten gravedad, y algunas son gravísimas, hallándose en este caso aquellas en que el hueso está dividido en muchos y pequeños fragmentos (1), debe observarse la misma conducta que hemos dicho para las luxaciones, y reclamar cuanto antes la presencia del médico. Si el lesionado se halla alejado de su domicilio de una Casa de Socorro ú Hospital, se le trasladará con precauciones tales que el miembro afecto permanezca completamente inmóvil, á fin de evitar sufrimientos al enfermo y para no exponerse á que una fractura simple se convierta en complicada (2). Heridas. Llámase herida á toda solución de continuidad de la piel y demás partes blandas. Las heridas son contusas cuando, como las contusiones, son causadas por objetos duros que, chocando con fuerza contra una parte de nuestro cuerpo, contunden y dislaceran por lo menos la piel (palos, piedras, etc.); incisas, si han sido producidas por instrumentos cortantes (armas blancas), que pueden ser navajas, cuchillos, sables, etcétera; punzantes, si son efectuadas con objetos puntiagudos, corno punzones, estoques, asta de toro, etc.; por armas de fuego, las causadas por disparo de escopeta, fusil, pistola, etc.; por aplastamiento, cuando sobre nuestro cuerpo cae un bloque de piedra, un pesado madero, ó cuando un obrero ferroviario es cogido entre los topes de dos vagones; y por mordedura (a), si son causadas en general por animales domésticos, entre los que podemos citar el gato, perro, caballo, asno, cerdo, etcétera. (1) En este caso la fractura se denomina conminuta. ( 2) Véase el capítulo Traslado de lesionados. (3) También rociben el nombre de avulsivas. Todas estas clases de heridas tienen tres caracteres comunes, que son: dolor, hemorragia y separación de bordes (1), faltando este último carácter cuando en las contusas superficiales se reduce á simples erosiones (rasguños) de la piel; siendo, asimismo, la hemorragia nula ó casi nula, pero en cambio el dolor es muy intenso (2). En las heridas contusas superficiales se hace preciso (3) lavarlas perfectamente á fin de limpiarlas de toda sustancia extraña que pueda tener adheridas (polvo, tierra, etc.) con agua simplemente hervida ó recién extraída de manantial, si en el acto no se tiene en disposición algún líquido antiséptico, ya sea agua boricada ó sublimada (4), usando siempre para este lavado trozos de algodón hidrófilo ó de gasa esterilizados, y en su defecto de lienzo sumamente limpios, excluyendo las esponjas si no están previamente hervidas. Hecha la limpieza y desinfección de la herida del modo dicho, la que al mismo tiempo debe al, canzar una zona prudencial de piel sana, se aplicará una espesa capa de algodón hidrófilo humedecido con uno de los líquidos mencionados (1) Labia< de la herida. (`)) El dolor en estos casos es intenso, porque arrollada la epidermis quedan al descubierto gran número de papilas nerviosas de la capa dérmica de la piel. (3) Nadie debe tocar una herida por insignificante que sea (véase asee. la y antisepsia), ni procederá su curación sin haberse escrupulosamente lavado y enjabonado las manos y bordes libres de las uñas, á ser fácil con un cepillo, y después con alcohol, si de él se dispone en el momento, y sin secarlas con toallas, paños, etc., se procede á verificar la cura sin temor á infectar la herida. (-1) El agua sublimada en estos casos nunca debe estar titulada á más concentración que de uno por mil, y la boricada, lo menos al dos por ciento. -27-- con la mezcla primera consignada en la nota de la pág. 18, el cual se humedece á medida que vaya perdiendo la frescura inicial, con lo que se combatirá el dolor é inflamación de la parte (1). El reposo del enfermo, y sobre todo el del miembro lesionado, si la lesión tiene asiento en alguna de las extremidades, es indispensable. Si la herida ó heridas, aunque sean leves, como las anteriores, son más profundas, interesando todo el espesor de la piel, se verificarán los mismos lavados con idéntico objeto y con el importante fin de desinfectarlas para evitar la fácil y ulterior infección de las mismas, y, por ende, la supuración, procediendo después á la unión de los bordes ó labios de la solución de continuidad por medio de tiritas de esparadrapo adhesivo (2) calentadas previamente á la llama de una bujía ó de una cerilla (3). Después todo debe cubrirse con trozos de gasa hidrófila, y encima de éstos se colocará una espesa capa de algodón también hidrófilo, sujetándolo todo con algunas vueltas de venda, que será de gasa si de ella se dispone. (1) Pasadas unas cuantas horas de este tratamiento, se suprimirá, y con el fin de evitar la muy posible y molesta complicación llamada linfagitis, se debe aplicar con un pincel fino á toda la parte lesionada varias capas de colodión iodoformado al 1 por 30, ó sea: iodoformo un gramo, y colodión elástico 30 gramos. (2) El esparadrapo adhesivo que se debe usar por estar esterilizado, es el de Jhonson. (3) También pueden usarse tiritas de tafetán engomado, humedeciéi Bolas por su superficie adherente con agua hervida 6 con alguno de los líquidos antisépticos que se usaron para el lavado de la herida, pero nunca con saliva, porque esto expondría á una grave infección con todas sus consecuencias, y, por lo mismo, jamás debe usarse para este objeto el papel engomado procedente de los pliegos de sellos de correos, como imprudente é inocentemente es-costumbre hacer y que á algunos les ha resultado fatal, como hemos tenido ocasión de apreciar en nuestra práctica profesional, Puede ocurrir que por la extensión de la herida se haga preciso unir sus bordes por medio de puntos de sutura. En este caso, verifíquese el lavado y desinfección de la herida referida, y cúbrase ésta con gasa ó algodón empapados en los mencionados líquidos, y manténgase en este estado hasta que el médico, á quien se habrá acudido, la suture. La hemorragia en las heridas recién hechas siempre existe con más ó menos intensidad, alarmando no sólo al enfermo, sino también á las personas que le rodean. Si no fuese muy intensa, puede suprimirse ó cohibirse con sólo los lavados de la herida ó con la compresión de la misma por intermedio de un poco de algodón hidrófilo; pero hay ocasiones en que no sucede así, constituyendo la pérdida de sangre verdadero peligro para el paciente. En estos casos la sangre puede proceder de la rotura O abertura de una vena ó de una artería. Será de una vena cuando su color sea rojo obscuro ó negruzco, saliendo al exterior rezumándose por la herida ó en forma de chorro ó surtidor continuo; y de una arteria, si el rojo es subido y el chorro intermitente ó á sacudidas, exigiendo siempre estos casos la presencia del médico con urgencia para que ligue el vaso ó vasos rotos, va sean venosos ó arteriales, sin cu y a operación la hemorragia no cesaría de modo permanente; pero el peligro, mientras esta operación llega á efectuarse, se conjurará del modo siguiente: Proceda la sangre de venas ó de arterias lesionadas, en el acto debe rellenarse la herida con algodón ó gasa esterilizados, cubriéndolo después todo con cualquiera de estos materiales y comprimiendo sobre estos constantemente, Con lo que en la hemorragia venosa suele bastar para que ésta cese; pero — 29 — en la arterial no basta esto, y hace falta, si es un miembro, ligar éste fuertemente á algunos centímetros por cima de la herida, valiéndose de una tira de tela resistente, de un pañuelo de bolsillo retorcido, etc., y con un palo ó bastón dar vueltas á esta ligadura en forma de lo que se da el nombre de garrote, en la seguridad de que obrando así la hemorragia cesará. (Fig. 3.a) Si la sangre procediera de una vena y / no se cohibiera por la compresión dicha, se hará una ligadura como para la arterial, pero aplicándola en este caso á algunos centímetros por bajo de la herida. Respecto á las heridas incisas, punzantes, por aplastamiento (1), por mordeduras ó avulsivas y por armas de 1\ fuego, decimos, con relación á su tratamiento,  \l'i,h1/11 lo mismo en un todo que expuesto anteriormente queda, siendo de necesidad el médico, por lo menos en estas últimas, haya quedado ó no dentro del cuerpo el proyectil. Hay otras heridas que en vez de ser producidas Fig. 3.a.—Agarrotamiento. (1) Las heridas contusas por aplastamiento con grandes magullamientos, son relativamente frecuentes en los obreros ferro- -30— de fuera á dentro, lo son de dentro á fuera, como sucede en las fracturas complicadas, en que uno de los extremos del hueso fracturado, dislacerando las partes blandas por la violencia de la lesión, ó por traslado del enfermo en forma inadecuada lejos del sitio del accidente para ser curado (1), rompe la piel, aumentando, corno es consiguiente, la crítica situación del paciente. La cura provisional de estas heridas exige los mismos cuidados ya expuestos. En las heridas por mordeduras ó avulsivas, si se sospecha ó se tiene la evidencia de que el animal agresor padeciera la rabia, obsérvense con todo rigor los consejos que en el capítulo correspondiente á esta enfermedad, por todos conceptos viarios y en todos aquellos que por la índole de su trabajo tienen que manejar bloques de piedra de gran peso, madera, mercancías, etc. En todo caso, el miembro ó región lesionada, y cuanto antes, se lavará con agua caliente y jabón, y acto seguido se rasurará la piel con cuidado para después volverla á jabonar y frotarla con un cepillo duro, desgrasándola luego con éter ó alcohol. Desinfectada así la piel, las partes profundas de la herida se lavan con agua (hervida) á la temperatura de GO° centígrados próximamente, y á chorro de alguna presión, valiéndose para ello de un irrigador, á fin de hacer un perfecto y profundo lavado, y con él eliminar los cuerpos extraños que puedan existir, y aun los coágulos de sangre. En los magullamientos recientes, aun cuando el shock sea poco acentuado ó que su fase inicial haya pasado, la amputación como intervención de urgencia nunca debe hacerse; pero si más tarde la infección local existiese, la amputación se convierte muy frecuentemente en una medida salvadora que es necesario saber tomar á tiempo. Tanto en estas graves heridas como en todas aquellas manchadas de tierra, polvo, etc., será muy prudente recurrir á las 'inyecciones de suero antitetónieo, inyectando diez centímetros cúbicos bajo la piel lo más pronto posible, repitiéndola á las cuarenta y ocho horas, y una tercera al décimo día (Lejars), á fin de prevenir la gravísima complicación llamada tétanos. (1) Véase el capítulo Traslado de lesionados. — 31 — gravísima y mortal, consignamos con todo detalle. HERIDAS DE LA LENGUA Y DEL LABIO INFERIOR (I). —Las de la lengua son generalmente producidas por mordeduras del mismo individuo en el acto de la masticación, por quemaduras con alimentos excesivamente calientes y por algún violento golpe en la barba (mentón), si es cogido este órgano entre los dientes. Cuando la herida es superficial, bastará para tratarla. hacer enjuagatorios Ccolutorios) con agua mezclada con vinagre (al 3 ó 4 por Ioo), calmándose el dolor, si molesta, con algunas pincelaciones de una solución de cloruro de cocaína al i por zoo, hechas en la herida; pero si es más profunda y se ha lesionado alguna arteria, para cohi bir la hemorragia mientras el , médico la sutura, comprímase con los dedos pulgar é índice colocados uno encima y otro debajo de la lengua. En todo caso de heridas de este órgano, aun en las superficiales, si en el inomenro se dispone de agua oxigenada de 6 á io volúmenes, se debe con ésta hacer colutorios con el fin de, aseptizando la boca, evitar la infección de la solución de continuidad por la multitud de colonias de bacterias patógenas (microbios) que en la boca constantemente existen. En los niños, y aun en.los adultos, las caídas y golpes. sobre la barba traen como consecuencia inmediata, muchas veces, hendiduras del labio inferior con hemorragia abundante. En estos casos, después de aseptizar la herida y !a boca por el medio que queda expuesto, se cohibirá la hemo- (1) Consignamos estas heridas en particular, por lo frecuentes que son y la alarma que en ocasiones producen tanto el dolor como la hemorragia. CAPÍTULO III TRASLADO DE LESIONADOS Es asunto de muy capital importancia cuando una persona ha sufrido una lesión en el campo, y para su curación ó tratamiento definitivo tiene que ser trasladada á mayor ó menor distancia, ya á una casa de socorro, ya á un hospital, á su domicilio ó al del médico; y repitimos que es de capital importancia para el enfermo, porque de verificar ó no su traslado en forma adecuada, depende que se le eviten ó se le aumenten sus sufrimientos, en ocasiones excesivos, y hasta que le sobrevenga alguna complicación, como por ejemplo, que las fracturas simples de los huesos de los miembros, en especial de los inferiores, puedan convertirse en complicadas (véase _Fracturas), agravando, por lo tanto, el pronóstico de la lesión. En todo caso de fractura de los miembros, se debe antes de emprender el traslado del paciente, inmovilizar el hueso ó huesos fracturados por medio de un vendaje provisional, despojado previamente de los vestidos que cubran al miembro afecto, sin tracciones ni violencia alguna, lo que se consigue cortándolos con tijeras ó navaja de buen filo. Este vendaje consistirá en férulas, que pueden rkni t zle..11 re .U. 19.:9.111~~ 9 etu r d' Asát n — 39 — ser de distintas materias, y de vendoletes para sujetarlas. Para las primeras podemos servirnos de lo que más á mano se tenga, como tablitas de cualquier clase: de cajas de cigarros, de persianas, de balaustradas, etc.; de láminas de hoja de lata, de cartón, de corteza de árboles, de hacecitos hechos con ramitas de éstos y aun de paja y juncos; paraguas, bastones y hasta cucharas; almohadillando todos estos objetos duros antes de aplicarlos, con telas que, á falta de otras (6 de algodón en rama) se utilizarán las ropas del lesionado cortadas en forma de tiras de ancho y largo que las circunstancias exijan. Asimismo se cortarán las férulas de las dimensiones que prudencialmente sean necesarias, las que una vez aplicadas, se sujetarán con pañuelos de bolsillo ó con servilletas doblados en forma de corbata, ó con vendoletes hechos con tiras del pantalón, camisa, etc., si de otra cosa no se dispone. (Figs. 4. a y 5.a) Fig. 4. a .—Reducción provisional de una fractura de antebrazo. A falta de todo objeto para confeccionar las férulas, podemos aprovechar el mismo lesionado para sobre él inmovilizar el miembro fracturado. Si se trata de uno de los inferiores, se unirá al otro por medio de vendas ó de vendoletes, y si del superior á lo largo del tronco. (Fig. 6.a) Preparado el fracturado en estas condiciones, ó curada una contusión ó una herida y cohibida la - 40 -- hemorragia, si existía, del modo y forma que en su respectivo lugar hemos dicho, se procede á los preparativos para trasladar al lesionado. Este traslado puede verificarse de muy distinFig. 5. a .—Reducción provisional de una fractura de la pierna. tos modos: á cuestas ó en brazos de otro hombre, siempre rodeando el enfermo con sus brazos el cuello de su conductor para sujetarse mejor; sentado sobre las manos entrelazadas de dos individuos de buenas fuerzas, si no se dispone de silla, sillón ú objetos análogos; y en coche, carro y camilla; pero entiéndase bien, que no todos estos medios de transporte son indiferentes para todos los casos, porque, por ejemplo: un fracturado de pierna ó de muslo, no es posible trasladarle más que en camilla sin exponerse á aumentar los sufrimientos y causarle mayores males. Una camilla puede improvisarse en el lugar del accidente confeccionándola con los recursos que á mano hallemos y con los que la imaginación nos sugiera cuando, como generalmente sucede, no se tiene á disposición una camilla ó lecho transportable formada por sólida armazón de barras de hierro ó de madera, entre las que se sujeta un gran Fig. 6. a . —Reducción provisional de la fractura del muslo ó de la pierna. sus cuatro pun- — 41 — trozo de lienzo fuerte ó de lona, y mente todos conocerán. En el campo se puede improvisar recurriendo á la casa más cercana, si la hay, para que nos faciliten tablas de madera ó alguna puerta, sofá ó banco, angarillas ó escalera de mano, objetos todos que, para que nos surtan el fin que deseamos, tenemos que cubrir con algún colchón ó colchoneta y almohada, ó sustituirlos con mantas, paja, etc. También puede transportarse un lesionado colocándole en una manta que conducirán cuatro hombres, cogiéndola cada uno por una punta; y en el caso de no haber este número, bastarán dos, haciendo antes una jareta en cada lado de dicha manta, por las que se introduce ó se pasarán dos palos resistentes, que se pueden cortar de los árboles inmediatos; y lo mismo decimos de los anchos sacos que sirven para harina ó para cereales, siempre que se corten las puntas del extremo cerrado. Asimismo puede conducirse un enfermo en una manta atadas tas dos á dos, y pasando por ellas un palo queda en forma de hamaca, pudiéndola llevar dos hombres suspendida de los hombros. (Fig. 7.a) Puede ocurrir que en el momento del accidente de nada de todo lo expuesto podamos disponer, y en este caso aún nos queda el recurso de poder que segurauna camilla 4`? - — 43 — confeccionar una camilla con dos largos troncos de árboles jóvenes, colocados paralelamente y unidos por palitos transversales poco espaciados, sobre los que se extiende ramaje fino ó yerba que sustituya al colchón. Estos palitos transversales se sujetarán á los largos y paralelos con dicho ramaje ó yerba, si cuerdas á propósito no se tiene á mano. En el caso de que el herido ó lesionado sea trasladado á una estación ferroviaria para luego ser transportado en el ferrocarril, se le introducirá en el departamento colocado en la misma camilla, si en ella ha sido conducido, apoyándola á través en dos asientos, ó sobre dos bancos si se trata de un furgón, al objeto de que la inevitable trepidación que en la marcha experimente el enfermo sea todo lo menos posible; pero si no ha sido conducido en camilla, se colocará entre los dos asientos ó bancos mencionados un tablero ó cosa parecida, en el que se haya puesto un colchón ó colchoneta y almohada para la cabeza, tendiendo acto seguido al paciente en esta cama improvisada, con todo cuidado y abrigándole convenientemente. Llegado al punto de destino, se le bajará del carruaje con idénticas precauciones para ser trasladado á su domicilio, á un hospital, etc. Levantar un enfermo del sitio donde sufrió el accidente después de ser preparado, como consignado queda, para ser conducido en camilla, no es un acto baladí que no necesite, por quienes le ejecutan, ciertos cuidados y destreza para verificarle en condiciones de causarle todas las menos molestias posibles, y muy especialmente si se trata de alguna fractura de las extremidades inferiores. Antes de proceder á levantar un lesionado, que por lo general se hallará tendido en el suelo, se — 44 — coloca la camilla en la misma línea que aquél, de modo que el extremo de ésta correspondiente á los pies, confronte con su cabeza. Si para esta operación sólo existen dos personas, se situarán una á cada lado del enfermo, y cogiéndole una por las piernas, cuidando de no variar la posición de éstas, sobre toco si de alguna fractura se trata, y la otra por la cabeza y tronco, y elevándole, le pasan por encima de toda la longitud de la camilla depositándole en ella con las precauciones y cuidados debidos. En el caso de disponerse de tres personas, dos tienden sus brazos por debajo de la espalda y muslos del paciente, y la tercera sostiene la parte lesionada, sea la cabeza ó los miembros, y se le tiende en la camilla del modo y forma dichos, abrigándole en seguida cuidadosamente, y colocándose dos de ellos en los respectivos extremos de la repetida camilla, la conducen, y la otra marchará al lado vigilando y atendiendo al enfermo (i). La camilla siempre será llevada suspendida de las manos ó por correas ó cuerdas llamadas portacamillas, que rodean los hombros de los conductores, evitando en lo posible llevarla sobre los hombros directamente por cuatro personas, porque además de otros inconvenientes, tiene el no pequeño de que el individuo encargado de vigilar al enfermo, no pueda constantemente enterarse de su estado, y mucho más si su gravedad puede dar lugar al fallecimiento, del que no se enterarían con la oportunidad debida, y, por lo tanto, sin prestarle los auxilios que posiblemente le evitaran. (1) Para sacar de la camilla al lesionado, se hará, con toda precaución, y en la misma forma que se hizo para colocarle en ella. - 45 - Los conductores de una camilla no marcharán, bajo ningún pretexto, al paso militar, sino al que se llama quebrado, es decir, que al comenzar la marcha lo harán con distinto pie para que así el movimiento sea más suave y sin oscilación ni vaivén y no moleste al enfermo. En el caso de subir una cuesta, la cabeza del paciente precederá á los pies, y viceversa si hay que descender, excepción hecha de fractura de alguna extremidad inferior, para así no aumentar sus sufrimientos. Los pasos deben ser siempre cortos y sin sacudidas y con las piernas en ligera flexión, evitando, á toda costa, saltar zanjas, paredes, etc., escogiendo, preferentemente, el camino menos accidentado si posible fuera. CAPITULO IV PICADURAS Las picaduras son pequeñísimas heridas producidas por objetos punzantes, por insectos ó por animales venenosos. PICADURAS POR OBJETOS PUNZANTES. — LOS alfileres, agujas, punzones, etc., de tanto uso por las señoras, pueden, corno muy frecuentemente sucede, ocasionar picaduras en la piel, cuyas consecuencias á veces son molestas y aun graves por la infección local que fácilmente traen en pos de sí, originando flemones, panadizos, etc. En todos estos casos, y á fin de evitar, de precaver las consecuencias posibles dichas, debe procurarse la salida de sangre por la picadura, verificando presiones de arriba abajo, aplicando sobre ella, acto segu i do, algodón hidrófilo empapado en alcohol puro ó alcanforado; pero si se carece de esto, en agua hervida ó muy limpia, que se mantendrá así por espacio de algunas horas; precaución que aconsejamos se haga siempre, en la posibilidad de que el objeto ó instrumento que verificó la pequeña lesión pudiera estar sucio. PICADURAS POR INSECTOS. — Las avispas, abejas y arañas, todos sabemos causan picaduras muy molestas por el vivo dolor é inflamación que las acompaña, aunque son de carácter leve. — 47 Inténtese siempre, en las de abejas y avispas, extraer el aguijón que por regla general dejan dentro (i), valiéndose para ello de una aguja perfectamente esterilizada en su extremo agudo por medio de la llama de una lámpara de alcohol ó sometiéndola al agua hirviendo, y después, sobre la parte afecta, se aplicarán compresas de gasa ó de algodón hidrófilos humedecidos con agua salada ó de Colonia, con alcohol puro y mejor alcanforado ó con éter, y si se dispusiese de amoníaco se instilará sobre la picadura alguna gota de esta substancia; pero si de todo esto se carece en el acto, las compresas pueden ser de tela de hilo ó de algodón muy limpias empapadas con el agua salada dicha, en aguardiente ó en agua fría (2). PICADURAS POR ANIMALES VENENOSOS.—Las picaduras procedentes de animales venenosos, como la víbora, que tanto abunda en algunas regiones de España, y las serpientes en los países cálidos, son siempre graves, y se impone en el momento un tratamiento enérgico, en tanto se hace cargo del lesionado el médico, á quien se habrá avisado con premura. (1) Es precaución muy conveniente y aun indispensable, cortar la parte de aguijón que sobresalga de la piel con unas tijeras antes de extraerle, para de ese modo restar el virus que contenga y que constituye la vexícula ó depósito del veneno. (2) En estas pequeñas lesiones son útiles algunas pincelaciones sobre la picadura, con el colodión siguiente: Amoníaco  15 gramos. Colodión  5 — Acido salicílico.  0,50 — Asimismo son eficaces las pincelaciones con ictiol puro, como analgésico y resolutivo, aplicando encima una compresa de tela de hilo ó de algodón para que no empape el medicamento, como lo harían si en su lugar fueran de gasa ó de algodón hidrófilo. A todo trance se evitará se rasque el enfermo la picadura por el aumento del dolor que tal acto produce. — 54 — En estas extensas quemaduras puede suceder, particularmente á los niños, verles, á pesar de sus importantes lesiones, como si nada les molestara, con una tranquilidad pasmosa é indiferentes á todo lo que les rodea, poseídos sólo de grande sed; tranquilidad que debemos advertir, para evitar desagradable sorpresa, es precursora de un próximo y fatal fin del enfermo, es el shock que acabamos de citar (i). Otras complicaciones graves pueden presentarse en las quemaduras extensas, como son congestiones intensas viscerales (riñones, hígado, pulmones, etc.), y aun el siempre amenazador edema de la glotis (2). (1) En estos casos de gravedad inminente puede recurrirse á las in y ecciones de suero artificial y á los baños calientes. (2) El enfermo es atacado de accesos de sofocación y de disnea por la dificultad de respirar, que pueden terminar con su existencia. En el momento que se noten estos alarmantes síntomas, se aplicarán á la garganta compresas empapadas en agua muy caliente y hará inhalaciones de vapores emolientes con cocimiento de raíz de malvabisco ó de hojas de malvas; y si la asfixia se hace inminente, la traqueotomía, ya que la intubación se haría muy difícil por la grande estrechez de la entrada de la laringe en estos casos. CAPITULO VI CONGELACIÓN Los efectos que el frío excesivo produce un nuestro organismo reciben el nombre de congelación. Esta, para mejor comprensión de nuestros lectores, la dividiremos en parcial, cuando sólo afecta á una parte ó región, y lotal, si todo el organismo ha sido invadido. En la primera ó parcial se pueden distinguir tres grados: En el primero existe inflamación ó aumento de volumen en espacios pequeños y limitados, que se tiñen de un color rojo obscuro y aun violado, con piel brillante y dolor en forma de picor ó prurito muy molesto; fenómeno que se manifiesta generalmente en los dedos de los pies y de las manos y en las orejas, conocido con el nombre de sabañones. El segundo grado se diferencia del anterior en que la epidermis se levanta formando ampollas ó flictenas, y suele ser consecutivo del primero, con dolor más vivo. Si las flictenas se han abierto, se dice que el sabañón está ulcerado. El grado tercero, verdaderamente grave, por la gangrena que se presenta y porque puede afectar á parte ó totalidad de un miembro, se divide en tres formas: — 5(3 — En la primera forma, todo el espesor de la piel tiene una coloración negruzca, y por su blandura se desprende por sí sola ó con grande facilidad; otras veces, por el contrario, se pone dura y lívida. La forma segunda se caracteriza en que la gangrena es más profunda, con insensibilidad de la parte mortificada y con ílictenas que después son sustituidas por escaras, debajo de las cuales existe supuración. Si esta gangrena, que puede adoptar los caracteres de seca ó de húmeda, abarca todo el espesor del miembro, constituye la tercera forma. Corno se comprende fácilmente, el, grado tercero siempre es grave y exige sea tratado cuidadosamente por el médico. La congelación /ola/ tiene efecto cuando un individuo ha sido sepultado entre la nieve; cuando debilitado por largas y penosas marchas ó por alimentación insuficiente se ha sentado á la intemperie, aunque el frío no sea excesivo. Lo mismo decirnos de los alcoholizados (borrachos) (i). La piel de los desgraciados congelados está fría y lívida, con ligera coloración violada en la boca, nariz, pies y manos; la respiración y el pulso son nulos ó apenas perceptibles; la sensibilidad está abolida por completo y rígidos los miembros, como también las orejas y nariz, todos los cuales están duros y frágiles, hasta el extremo que con la (1) Es muy expuesto en las épocas de frío sentarse al aire libre, para aquellas sujetos debilitados por una excesiva marcha, porque por este estado y por la baja temperatura pueden caer en un sopor precursor de la, congelación. Los alcoholizados que abandonados en la vía pública, tendidos en tierra adormecidos por la cantidad de alcohol ingerido, pueden correr la misma, suerte si caritativamente no se les separa de esa tan compro2netida situación, prestándoles al mismo tiempo los cuidados que su estado requiere. 7 más pequeña violencia pueden ser partidos; circunstancias que hay que tener muy presentes para manejar á estos accidentados cuando se acuda á socorrerlos ó á proceder á su traslado de un lugar á otro, para evitar producirles alguna fractura, que agravaría su estado ulterior si tenían la suerte de volver á la vida. En las congelaciones de primero y segundo grado (sabañones), se prevendrán sus efectos restableciendo el calor por frotación simplemente, y se evitarán, resguardando las manos, pies y orejas del frío intenso, como también se evitarán cuidando de no calentar bruscamente estas regiones aproximándolas á un brasero ó chimenea encendidos. Si á pesar de estos medios preventivos los sabañones se presentan en su primer grado, tómense baños de pies ó de manos con agua bien caliente durante el día, y por la noche pincelaciones en los sitios afectos con tintura de iodo ó con aceite esencial de trementina (1). En los casos en que los (1) Estos medicamentos pueden ser sustituidos con ventaja por la fórmula siguiente: Ictiol.  3 gramos. Resorcina  Lanolina.  50 Aceite de olivas  10 -- Agua destilada  50 Para pincelaciones. Habiendo demostrado los doctores Stephens, Netter y otros que los sabafiones son consecuencia de la disminución del poder coagulante de la sangre, aconsejan, para aumentar la coagulabilidad de ésta, we administre á los individuos, no sólo con predisposición para padecerlos, sino hasta á los que ya los sufren, el cloruro de calcio disuelto en agua á la dosis de 0,60 centigramos á un gramo diario, con cuyo tratamiento han obtenido muy positivos resultados en esta molesta enfermedad. El doctor Thumen preconiza la bromipina para combatir el — 58 — sabañones estén en el segundo grado, protéjanse las flictenas con una capa de algodón hidrófilo; pero si éstas han sido abiertas (sabañones ulcerados), deben lavarse con agua bórica, aplicando después compresas de gasa esterilizada y encima una capa de algodón, sujeto todo con una venda. Esta cura debe hacerse por mañana y noche (i). Nada decimos acerca del tratamiento de la congelación de tercer grado, por ser éste de la exclusiva incumbencia del médico. prurito ó picor que acompaña á los sabañones; medicamento que usa mezclado con partes iguales de aceite de ricino ó de una pomada emoliente, con la que unta las partes afectadas, haciendo desaparecer muy pronto los mencionados molestos picores. (1) En los casos de sabañones no ulcerados, deben bañarse durante el día de una á tres veces con agua tan caliente como se pueda soportar, por espacio de diez á quince minutos; después de cada baño se secan con cuidado y se lavan con alcohol. Por la noche se macarán con el siguiente líquido: Ictiol  de 1 á 5 gramos. Resorcina  de 1 á 3 Aceite de olivas   10  Agua destilada c. s. para hacer un total de 50 gramos. Si los sabañones están ulcerados, se darán baños en las mismas condiciones que si no lo estuvieran; después de secos, se espolvorearán con subnitrato de bismuto, y por la noche se aplica la fórmula ictiolada anterior; pero si las ulceraciones son extensas, se suprimirá la sal de bismuto, sustituyéndola por el mencionado líquido. Como tratamiento distinto del anteriormente expuesto, pueden usarse pincelaciones cada tres días con: Acido pícrico  0,5 á 1 gramo disuélvase en c. s. de éter sulfúrico, y añádase: Agua destilada  150 gramos. Encima se colocará la compresa de gasa cubierta con algodón y las correspondientes vueltas de venda, excluyendo toda tela impermeable en el apósito. El ácido pícrico nunca se usará en polvo, para evitar una muy posible intoxicación. kí. N 59 - En la congelación total de un individuo, para socorrerle, se debe proceder del siguiente modo: Si se transporta á un helado, á un congelado repentinamente á un local caliente, de seguro su muerte, si aún vivía, sería un hecho. Por eso se le debe desnudar en el mismo sitio donde se le encuentre ó inmediato á éste y al aire libre. A ser posible se le friccionará todo el cuerpo con nieve ó hielo, y á falta de esto con agua muy fría, cuya temperatura se irá elevando paulatinamente hasta verificarlo con templada; y ya en estas condiciones, y envuelto en una ligera manta, se le trasladará á un local ó habitación que esté á la temperatura del ambiente exterior, donde colocado en una larga mesa ó en el suelo, se le practicará, si sus brazos están flexibles, la respiración artificial del modo y forma expuestos en el capítulo correspondiente de este libro. Si por fortuna se consigue que la respiración natural se restablezca, se le trasladará á una habitación algo calentada, abrigándole á la vez con mantas frías que se irán sustituyendo poco á poco por otras gradualmente calentadas, como, asimismo, se elevará la temperatura de la habitación. En este estado el enfermo, se le estimulará dándole á oler amoníaco, éter ó vinagre, y si es factible, se le darán cucharadas de café con coñac. En el caso afortunado de que el congelado vuelva á la vida y se notara que alguna región de su cuerpo conserva la insensibilidad acompañada de color violáceo, precursores de la gangrena, se la envolverá con abundante algodón hidrófilo, mientras el médico procede á ejecutar la operación que las circunstancias demanden. CAPITULO VII ACALORAMIENTO El excesivo calor del ambiente, tanto en el aire libre como en espacios cerrados, según sucede en algunos talleres industriales y en los departamentos donde están situadas las calderas de vapor, puede producir un accidente en forma de síncope en extremo grave y aun fatal para el accidentado si no se le socorre convenientemente y con oportunidad (1). El acaloramiento se manifiesta en un principio por desfallecimiento y sed intensa, fatiga para respirar y hasta vértigos, seguidos estos síntomas de aumento de la temperatura normal, con pulso débil y acelerado, lengua seca y rojo y abultado rostro. El enfermo en estas condiciones se mueve difícilmente, y casi indiferente á todo lo que le rodea, cae al suelo con pérdida del conocimiento y con- (1) El acaloramiento es frecuente en los meses estivales en nuestra península, sobre todo en sus regiones meridionales, causando víctimas en los obreros del campo, especialmente por su permanencia durante largas horas bajo los rayos de un sol abrasador, de las cuales todos los años la prensa periódica nos da cuenta. También es frecuente este grave accidente en los militares cuando están en las reglamentarias maniobras y en campaña, C31110 algunos casos han ocurrido en la que actualmente sostenemos en tierra africana. - 61 - tracciones musculares de miembros y cara; la respiración se hace irregular é incontable el pulso por su frecuencia y debilidad; las pupilas se dilatan, respira estertorosamente y arroja espuma sanguinolenta por la beca, viniendo por fin la muerte. Pueden evitarse las funestas consecuencias de este accidente, si el individuo es auxiliado desde su principio, conduciéndole á sitio aireado y con sombra, refrescándole al mismo tiempo con afusiones de agua todo lo más fría posible, valiendose para ello de un pañuelo, servilleta ó toalla, á la vez que se airea con un abanico ú objeto análogo. Si el accidente hubiera adquirido ma y or intensidad, se obrará rápidamente quitando al enfermo todas sus ropas, y, tendiéndole con la cabeza más elevada que el cuerpo, se le hacen las afusiones frías como queda mencionado y se le aplicarán, además, paños empapados en agua con vinagre en cabeza y pecho, fricciones generales estimulantes y aun sinapismos en las extremidades; café con coñac, ron, etc., al interior, y si es necesario se le efectuará la respiración artificial, y aun se le hará aspirar por la nariz amoníaco, éter ó vinagre. CAPITULO VIII INSOLACIÓN La acción directa y continuada de los rayos solares, especialmente en el verano, sobre la cabeza, y sobre todo si está desprovista de todo tocado (sombrero, gorra, etc.), produce la insolación, ó lo que es lo mismo, la congestión del cerebro, siempre grave y que á toda costa debemos procurar evitar. Se diferencia la insolación del acaloramiento por su causa y por sus efectos; siendo los dos casos en extremo graves. La causa del primero, como mencionado queda, son los rayos del sol` obrando directamente sobre el cráneo (cabeza), y la del segundo accidente, la elevada temperatura del ambiente aun con ausencia del sol. En la insolación, el individuo afecto acusa fuerte dolor de cabeza con zumbidos de oídos, insomnio, vértigos y vómitos; el pulso es lento, lleno y duro, y existe extreñimiento. En la forma más grave, que puede ser continuación de la anterior, el dolor de cabeza es más intenso, acompañado de delirio y de grande agitación, y la temperatura es normal, cayendo el individuo en un estado camatoso que, por lo general, es precursor de una próxima muerte. — 63 — Se evitará la insolación, como es lógico, procurando no exponerse á los rayos directos del sol con la cabeza desprovista de la protección de gorra ó sombrero, debiendo ser éstos de colores claros y mejor blancos, para que así reflejen al exterior el poder calorífico de sus abrasadores rayos. Las nodrizas y niñeras cuidarán, muy mucho, que los niños á su cuidado no reciban el sol directamente, sino protegidas sus cabezas con tocado ad itoc ó con sombrillas de las que nunca estarán desprovistos. ¡Cuántos niños son víctimas de la insolación por descuido de sus acompañantes! En los casos de insolación se debe, como en los de acaloramiento, colocar al enfermo á la sombra, aplicándole inmediatamente fomentaciones de agua con vinagre ó simplemente con agua muy fría á la cabeza, cuidando de que esté ésta más elevada que el resto del cuerpo, y si se dispone de hielo ó de nieve (i), llénese una vejiga que se adaptará permanentemente á dicho sitio, siendo además conveniente y hasta indispensable, si el enfermo es fuerte y robusto, practicarle una sangría, y si no, aplicarle algunas sanguijuelas detrás de las orejas ó en las márgenes del ano, á la vez que sinapismos en las extremidades inferiores. Si se presentaran síntomas de asfixia, practíquese la respiración artificial y désele á oler amoniaco, éter ó vinagre fuerte (2). (1) La nieve ó el hielo se mezclarán con sal común para así aumentar su poder frigorífico. (2) Están indicadas en estos casos las inyecciones de cafeína: Cafeína  2,50 gramos. Benzoato de sosa  3  A gua destilada  10  Para poner un centímetro cúbico por inyección. Lo antes posible, al principio, se le debe administrar un purgante de: CAPITULO X HEMORRAGIAS A la salida de la sangre al exterior por alteración de los vasos (i) que la contienen, es á lo que se llama hemorragia. Es traumática la hemorragia cuando, por efecto de una herida, es lesionado uno ó más vasos sanguíneos, y espontánea si la sangre sale al exterior por alguna abertura natural (2) sin causa apreciable, por lo menos para los profanos á la ciencia de curar (3). Aquí sólo nos ocuparemos de estas últimas, por haber tratado de las primeras ó traumáticas, con ocasión de las heridas. Epistaxis (4). Esta hemorragia, demasiado frecuente, puede hacer su aparición de un modo espontáneo ó como consecuencia de un golpe, más ó menos violento, recibido en la nariz ó regiones inmediatas. (1) Arterias, venas y capilares. (2) Nariz, boca, ano, etc. (3) Se llama hemorragia, interna cuando la sangre derramada de los vasos se acumula en alguna cavidad natural: matriz, estómago, cráneo, etc. (4) Salida de sangre por la nariz. 71 tEn todo caso conviene aflojar los vestidos del paciente, en particular los del cuello. Si la hemorragia es ligera, para contenerla suele bastar generalmente apretar las alas de la nariz con los dedos índice y pulgar, inclinando al mismo tiempo la cabeza hacia adelante para evitar que la sangre derramada interiormente caiga á la garganta; pero si no bastara esto, tapónese el lado que sangre con algodón hidrófilo esterilizado empapado en agua con vinagre (oxicrato) (1), y aun mejor en agua oxigenada á diez volúmenes, si de ella se dispone (2), cuyo tapón debe permanecer aplicado diez ó doce horas. Como al extraer el tapón es lógico que esté seco y adherido á la mucosa, para evitar una tracción brusca, que muy posiblemente reproduciría la hemorragia, colóquese un rato antes de la extracción un nuevo tapón junto al primero mojado en igual clase de agua ó simplemente hervida, para que en virtud de la capilaridad se reblandezca y pueda ser extraído suave y fácilmente. Si á pesar de los medios dichos la hemorragia (1) Es bastante general que en estos casos el vulgo, algunas veces con éxito, use tapones hechos con ramitas de perejil. (2) También puede emplearse para empapar el tapón una solución de ferripirina al 10 por 100, ó de antipirina en igual proporción. Nunca para este objeto se usará la solución normal de percloruro (le ltierro, por la irritación que este medicamento produce en la mucosa, llegando, en ocasiones, á ulcerar la misma. Carnot recomienda en las epistaxis la solución de gelatina al 50 por 100. Esta se hace del modo siguiente: fundida la solución al baño de maría, se inyecta lentamente en la fosa nasal que sangra, con una jeringa, la solución y de forma que se difunda por todas y cada una de las partes de la mucosa. El efecto beneficioso es inmediato si la inyección ha estado bien hecha; pero como la gelatina es un buen medio de cultivo microbiano, se debe lavar la fosa nasal, que ha sido gelatinizada, abundantemente, unas horas después con agua hervida por medio de una jeringa. Por lo mismo, nunca se usarán tapones con la solución de gelatina. — 72 no se cohibiera, no cesara, avísese al facultativo para que verifique el taponamiento anterior y aun el posterior, ó emplee algún otro medio que la ciencia le aconseje. En las epistaxis repetidas es de gran precaución acudir á un especialista para que, previo un minucioso examen de las fosas nasales, suprima la causa productora de la hemorragia. Etemoptigis. A la expulsión de sangre por la boca procedente de los pulmones se llama hemoptisis; expulsión que generalmente va precedida de cosquilleo en la laringe ó de ligera tos. Esta sangre casi siempre tiene un color rojo subido, y por lo regular mezclada con aire; circunstancias que la diferencia de la que procede del estómago ó de la parte posterior de las fosas nasales (narices), cuyo color es rojo obscuro y nunca aireada. En la mayoría de los casos esta hemorragia es consecuencia de la enfermedad denominada tuberculosis pulmonar, ó de la congestión más ó menos intensa de los pulmones, sorprendiendo siempre su aparición muy desagradablemente al enfermo y á su familia, la que en el acto reclama y debe reclamar la presencia del médico; pero en tanto éste llega, el paciente guardará reposo absoluto en la cama, absteniéndose también de hablar, á la vez que se le aplicarán sinapismos en las extremidades inferiores, y á los pies botellas de agua caliente. La alimentación será leche ó caldo fríos, y si se dispone de hielo ó nieve se hará tomar al enfermo, mientras dure la expulsión de sangre, algún — 73 — que otro trocito. Después el facultativo dispondrá lo que más oportuno considere (i). Gastrorrazin. A la expulsión de sangre por la boca procedente del estómago se llama gastrorragía (2). En este caso, corno ya hemos dicho al tratar de la hemoptisis, y repetirnos aquí, la sangre es rojo obscura y no aireada. Esta hemorragia es siempre dependiente de alguna enfermedad del estómago, en la que también la presencia del médico se hace indispensable; pero mientras éste la verifica, se acostará al enfermo en la cama boca arriba (3), con la cabeza baja (sin almohada), guardando quietud completa. Ni sólida ni líquida se le dará alimentación alguna. La sed se le calmará dándole á chupar algunos trocitos de nieve ó de hielo, y á falta de esto, con simples buchadas de agua fría, que expulsara después. Los vómitos y dolores del estómago se procu- (1) Por las razones que expondremos en el curso de este capítulo, en toda hemoptisis, como en toda hemorragia de las en él tratadas, está indicado el cloruro de calcio, para tomar á cucharadas cada tres ó cuatro horas de la siguiente solución: Cloruro de calcio  4 gramos. Agua destilada  300 Jarabe simple  25 —Mézclese y disuélvase. Innecesario creemos indicar también las inyecciones de ergotina de ergotinina. Algunos recomiendan las de suero gelatinizado, perfectamente esterilizado, á la dosis de 100 á 150 gramos por inyección. La ipecacuana á dosis' vomitiva está asimismo indicada cuando la hemoptisis es persistente. Lo mismo decimos de las inyecciones de clorhidrato de emetina y del suero antidiftérico. (2) También se la conoce con el nombre de hematemesis. (3) En decúbito supino ó dorsal. — 74 — rará calmarlos con la aplicación de una vejiga con nieve ó hielo á la región de este órgano, ó con paños empapados en agua fría mezclada con vinagre. Después el facultativo hará lo que su ciencia le sugiera (i). Enterorragía. Se da el nombre de enterorragía a la expulsión de sangre por el ano procedente de los intestinos (2). Las causas de la hemorragia intestinal son muy distintas, y que no consignamos porque la índole de este libro nos lo impide. En todo caso se hará guardar cama al enfermo con el más absoluto reposo, como también se le suprimirá toda clase de alimentación sólida, dándole solamente pequeñas cantidades de agua azucarada ó de leche frías. Al vientre se le aplicarán cataplasmas de hielo ó de nieve entre dos paños, ó en lugar de éstas, un gran trozo de algodón en rama, ó simplemente telas de hilo ó de algodón empapados en agua fría mezclada con vinagre, obrando después el médico según las circunstancias lo exijan (3). (1) Debiendo guardar el estómago absoluto reposo, se evitará dar al enfermo medicación alguna al interior, pero la ergotina ó la ergotinina pueden estar muy indicadas en inyección hipodérmica. Si por la cantidad de sangre expulsada se temiese el colapso, la inyección de 200 á 300 centímetros cúbicos de suero artificial se impondría por vía subcutánea ó intravenosa. (2) Antes se la denominaba melena. (3) Están indicadas las irrigaciones intestinales de agua hervida á la temperatura de 45 á 50 grados centígrados, aplicadas estando el paciente tendido, y á ser posible con sonda rectal. Como en toda hemorragia, también está indicada la solución de cloruro de calcio: — 75 — Metrorragía. Cuando la sangre expulsada por la vagina procede del útero (matriz), constituye lo que se llama metr orragía. Esta hemorragia puede obedecer á causas di versas, como al embarazo, parto y aborto, á las enfermedades uterinas y aun el flujo menstrual, por su anormal abundancia, puede convertirse en verdadera y seria metrorragía, en cuyo caso recibe el nombre de menorragia. En todo caso de salida anormal de sangre por la vagina, se hace preciso que la enferma se meta en la cama adoptando la posición de decúbito supino ó dorsal, con las piernas juntas y en absoluto reposo, todo lo que, unido á una alimentación líquida y fría, suele bastar en muchas ocasiones para triunfar de la hemorragia si , no está sostenida por alguna enfermedad uterina que el médico, á quien se avisará si la expulsión de sangre continúa, averiguará y tratará convenientemente. Si éste tardara y la hemorragia no disminuyera, puede hacerse una abundante irrigación vaginal con agua hervida á la temperatura de 45 á so grados centígrados próximamente, permaneciendo siemCloruro de calcio  4 gramos. Agua destilada  300 Jarabe simple.  25 Para tomar una cucharada cada tres ó cuatro horas. Asimismo están indicadas las inyecciones de ergotina ó de ergotinina, si el caso lo requiere, como también las de suero sanguíneo reciente, y como el más reciente de que puede disponer generalmente el médico es el antidifterico, aplíquese en les casos graves una inyección de 20 centímetros cúbicos. Si el colapso amenazase, la de mero artificial subcutánea ó intravenosa en cantidad de 200 á 300 centímetros cúbicos. pre la mujer en la posición indicada; irrigación que puede repetirse á las cuatro ó cinco horas. Pero si á pesar de todo esto la hemorragia se hiciera alarmante y el facultativo no hubiera llegado, introdúzcase en la vagina gasa hidrófila rellenando bien con ella esta cavidad, que es lo que se llama taponamiento, el que luego será sustituído por otro que el médico aplicará con todas las condiciones que la ciencia dispone. Debemos advertir, y estamos obligados á ello, que la persona que haya de hacer el taponamiento provisional ó de socorro, se lavará antes las manos con agua y jabón y los bordes de las uñas, cepillándolos, y aun después con alcohol si á mano le tienen, y con estas condiciones de limpieza y sin secárselas, procede á verificar el mencionado taponamiento; precaución indispensable y que su inoservancia pudiera traer ulteriores perjuicios á la enferma que por el momento se quiere favorecer. También deben aplicarse á la parte baja del vientre (hipogastrio) paños empapados en agua fría mezclada con vinagre, y si se dispone de nieve ó hielo, cataplasmas de estas sustancias, según dejamos consignado al tratar de las hemorragias intestinales (1). (Véase enterorragía). (1) En esta como en todas las hemorragias que hemos tratado anteriormente, está indicada la solución de cloruro de calcio. Por la acción electiva que para la contractilidad de la fibra muscular uterina tienen, están asimismo indicadas las inyecciones de ergotina de ergotinina y el extracto flúido de hidrastis canadensis, dando de éste diez gotas cada seis horas mezcladas con un poco de agua azucarada. El taponamiento vaginal se renovará cada doce horas para evitar una posible infección por la descomposición de los coágulos de sangre; y para el colapso, si amenaza, la inyección subcutánea, y si urge, intravenosa de suero artificial. CAPITULO XI HEMORROIDES (1) Unos tumorcitos que tienen su asiento alrededor del ano ó en la parte más inferior del intestino recto, se llaman hemorroides (2). En el primer caso se dice que son externas, y en el segundo internas. El individuo que tiene hemorroides internas ó externas, está expuesto á que se inflamen bajo la influencia de distintas causas, que no creernos necesario consignar aquí, adquiriendo en ocasiones esos tumorcitos volumen relativamente considerable, con gran dolor y coloración á veces violácea, llegando en algunos casos á revestir un carácter de gravedad, especialmente si las internas se hacen procidentes (a), en que pueden sufrir cierto grado de estrangulación por la constricción del ano. (1) Conocidas vulgarmente con el nombre de almorranas, las que, á pesar de producir algunas veces verdaderas hemorragias que se las califica de homorroidales, en ocasiones graves, hemos creído conveniente hacerlas objeto de un capítulo aparte. (2) Las hemorroides son verdaderas dilataciones varicosas de las venas que en gran número existen en el extremo inferior del intestino recto, llamadas venas hemorroidales, las que en conjunto constitu y en lo que los médicos denominamos plexo hemorroidal. (3) Las hemorroides internas son procidentes cuando traspasan el ano manifestándose al exterior. — 78 — Las hemorroides internas no procidentes y sin inflamación ni dolor, suelen con alguna frecuencia presentar otro síntoma, á veces alarmante, que es un derrame de sangre al exterior, al que se le da el nombre de f l ujo hemorroidal, que es lo que constituye las hemorragias hemorroidales. Estas hemorragias, que si, en la mayoría de los casos, por su poca abundancia no son graves, y sobre todo en los sujetos robustos y de temperamento sanguíneo, á los que en general les suelen ser beneficiosas, hay otros casos en los que por sus repeticiones extenúan sus fuerzas, y en otros, por su abundancia, pueden llegar á comprometer la existencia de los enfermos. Son frecuentes las hemorroides en-aquellas personas que habitualmente abusan de la comida, en las que hacen una vida sedentaria y en las que sufren de estreñimiento. Todo individuo predispuesto á padecerlas debe obrar á diario y con regularidad, haciendo después de cada deposición una minuciosa toilette (lavado) de la región anal con agua hervida templada. Si el estreñimiento es habitual (i), nunca hará esfuerzos -para defecar, y facilitará esta indispensable diaria función con enemas (lavativas) de agua hervida fría, sola ó con jabón, aceite de olivas ó con un poco de glicerina, en días alternos (2) por lo (1) Como el estreñimiento es un efecto dependiente de muy distintas causas, el médico, con su ilustración y el meditado estu- -dio de éstas, combatirá la que á su juicio sea la responsable de tal irregularidad intestinal. (2) Estas lavativas deben aplicarse con el conocido irrigador, aparato útil y necesario á toda familia. Estas lavativas, estas irrigaciones, para que produzcan el resultado que con ellas se busca y no puedan causar las consiguientes molestias, deben siempre administrarse, como y a dejamos dicho en anteriores páginas, estando el individuo tendido en decúbito dorsal ó ligeramente de — 79 — menos. En los casos en que esto no fuera suficiente para vencer el estreñimiento, puede tomar por la noche, al cenar ó al acostarse, una píldora laxante el día que no haya defecado (1). El estreñido se abstendrá de toda clase de bebidas alcohólicas, como también de substancias alimenticias excitantes, las que además de sostener el estreñimiento predisponen á las hemorroides. Presentadas éstas acompañadas de inflamación y dolor, ya sean externas ó internas, se calmarán estos molestos síntomas bañando la región afecta con agua todo lo caliente que se pueda resistir, y se aplicarán compresas de gasa ó de algodón hidrófilo empapadas en agua boricada á la temperatura alta dicha, colocando encima una tela impermeable si de ella se dispone. También, y con idéntico objeto, se pueden aplicar compresas, tres ó cuatro veces al día, untadas con el clásico ung-üento de populeón laudanizado mezclado con el extracto de belladona en la proporción de 3o gramos del primero por 4 del segundo (2). lado, y por intermedio de la cánula rectal de goma. Por este motivo el irrigador no es aparato propio de retretes, y sí de alcobas ó dormitorios. (1) Muchos son los preparados que para este objeto existen, entre los que podemos citar, por su beneficioso efecto, las grajear Laxatil Page. (2) Si son internas las hemorroides, se puede aplicar por mai-lana y tarde un supositorio según la siguiente fórmula: Extracto de cicuta  0,50 gramos. Cloruro de cocaína.  0,30 Manteca de cacao.  30  — Para hacer 15 supositorios. También pueden usarse los siguientes: Ictiol  2 gramos. Estovaína  0,50 Manteca de cacao.  40  — Para 10 supositorios. aseptizarle, al mismo tiempo que por su acción contrae la piel de sus paredes, algunas gotas de alcohol de 90 grados centígrados. Si á pesar de todo no se consigue el objeto que se persigue, debemos suponer que el cuerpo extraño está muy encajado, por la inflamación de las paredes del conducto ó por su aumento de volumen, si es de naturaleza blanda, y en este caso se hace preciso intervenga un médico, y aun mejor si es especialista, para que le extraiga por los procedimientos de que la ciencia dispone. Cuando el cuerpo extraño es un insecto vivo, conviene, antes de proceder á su extracción por el chorro de agua, instilar en el conducto algunas gotas de aceite de olivas para que muera, lo que se conoce por la falta del ruido que generalmente produce. En las narices (1). En las cavidades de las narices es donde más comúnmente se observan los cuerpos extraños, y mu y particularmente en los niños, los que en sus infantiles juegos se introducen cualquier pequeño objeto, y en su deseo de sacarle meten en ellas sus deditos, consiguiendo lo contrario de lo que se proponen, ó sea introducirle más; y sucede casi siempre que, por temor al castigo, suelen ocultar á sus padres ó deudos este accidente, máxime cuando después de los estornudos y lagrimeos de los primeros momentos apenas si sienten su presencia, no tardando mucho tiempo en presentarse fenómenos molestos provocados por la inflamación que á su alrededor produce el cuerpo extraño, aumentados por el mayor volumen que éste adquiere si (1) Fosas nasales se llaman las dos cavidades de las narices. — 87 — se trata de algún objeto blando, corno garbanzos, judías, etc. (i), obstruyendo totalmente la cavidad de la fosa nasal afecta, por la que sale un líquido de mal olor y á veces sanguinolento, todo acompañado de dolor de la mitad correspondiente de la cabeza; síntomas muy significativos y que delatan el cuerpo del delito (2). (1) Hay cuerpo extraño en las narices, que puede proceder, aunque rara vez, de partículas de alimentos que por medio del vómito han pasado á éstas por su abertura posterior. En otras ocasiones, los cuerpos extraños pueden desarrollarse en las mismas fosas nasales, constituyendo verdaderos cálculos denominados rinolitos, á consecuencia de secreciones anormales de la mucosa nasal, formados por sales de magnesia, por fosfatos y carbonatos de cal que paulatinamente se acumulan alrededor de un pequeño cuerpo extraño que pasó desapercibido, pudiendo alcanzar los rinolitos dimensiones relativamente considerables. Estos rinolitos son duros y de superficie generalmente desigual y de color gris sucio. Reconocido uno de estos cuerpos, se le extraerá, á ser posible, por la vía natural, entero, y, si no es posible, se le fragmentará con el instrumento ad hoc en el. sitio de implantación; pero si por su volumen excesivo no es fácil extraerle de una ú otra manera, se hará indispensable verificarlo por vía artificial. (Wicart.) (2) No es muy raro sorprender en las fosas nasales verdaderos gusanos vivos, que no son más que larvas procedentes de la mosca azul, llamada de la carne; insecto que en los países calurosos siempre está en acecho de narices sucias y ozenosas, para en ellas depositar sus huevos, donde después se convierten éstos en muchas de las larvas referidas, las que inflaman la mucosa con abundante supuración, circunstancia que favorece su ocultación. Como se comprenderá, la presencia de estos seres vivos en las cavidades nasales no es inocente, pues son susceptibles de producir muy graves complicaciones, como meningitis, sinusitis, etc., que exigen un tratamiento activo é inmediato. Reconocidos dichos parásitos, hay que matarlos por medio de in y ecciones antisépticas, en las que ' habrá que insistir si la supuración continúa. Muertos los parásitos, se desalojarán por medio de inyecciones de agua hervida y templada, en la que por cada litro sede mezcla una cucharada de sal común, hechas por la cavidad libre, para que, reflejado el líquido en la pared posterior de las fosas nasales, salga por la afecta, limpiándola de dichos cuerpos extraños y de la supuración. — 88 — En este caso cierto ó sólo presumido, nadie debe intentar su extracción; sólo el médico es el llamado á ello, y aún mejor si es especialista en garganta, nariz y oídos, por las dificultades que á dicha extracción suelen acompañar, aumentadas por las fungosidades que á su alrededor se forman y que le ocultan á la vista si lleva relativamente largo tiempo en tal sitio; extracción (i) que no debe demorarse, porque abandonado, hay la exposición de graves complicaciones, no sólo en la región nasal, sino también en el cerebro. En la faringe. La faringe es una cavidad situada en la parte posterior de la boca, limitada por delante por el velo del paladar y la úvula (campanilla) y por la base de la lengua, comunicando por arriba con las (1) Si el cuerpo extraño es movible y de pequeño volumen, se pue s de intentar su extracción por :asedio de la ducha de aire hecha por la cavidad libre con la pera de Politzer, ó con la de agua con irrigador (agua hervida y templada, á la que á cada litro se la. mezcla una cucharada de sal común); pero si lleva tiempo y parece enclavado, nos valdremos del gancho nasal, que si no se tiene se puede sustituir por un estilete encorvado. Si. su volumen fuese excesivo, se intentará hacerle pedazos para facilitar su extracción, anestesiando en todo caso la región con la solución de cocaína al 1 por 20 con algunas gotas de la de adrenalina al 1 por 1.000, que por su propiedad retractil la mucosa se reduce de volumen, facilitando así la operación, que nunca debe hacerse á obscuras por los perjuicios que se puede ocasionar, sino mediante el correspondiente espécnlum y el espejo frontal. También podemos valernos de una sonda uretral de Nelaton, introducida entre la pared nasal y el cuerpo extraño, si es posible, sea éste duro ó blando, en la misma forma de hacer el taponamiento nasal posterior, v una vez la punta de la sonda en la boca, se sujeta á ésta una pequeña bola de algodón ó de gasa hidrófilos, la que al retirar la repetida sonda, puede arrastrar al exterior el cuerpo. extraño. ____ 89 -- rosas nasales, y por abajo con el largo conducto llamado exáfago, que la pone en comunicación con el estómago, y por la entrada de la laringe llamada Los cuerpos extraños que con más frecuencia se implantan en la faringe, son: pequeños huesos ó fragmentos de éstos, y espinas de pescados en el acto de la deglución de los alimentos; alfileres y agujas, en la mayor parte de los casos por la pésima costumbre que las mujeres y los sastres tienen de ponerlos entre los labios, pasando con gran facilidad á esta ca h zidad en el acto de hablar. Lo mismo decimos de los pequeños clavos y palillos mondadientes. También es frecuente que el cuerpo extraño sea monedas, dientes postizos, etc., y aun sustancias alimenticias, como algún trozo de carne incompletamente masticado. La gran mayoría de estos accidentes pueden evitarse: con una detenida y bien efectuada masticación de los alimentos, mediante la cual, los huesecillos y espinas que éstos puedan contener, serán notados y expulsados al exterior; no poniéndose bajo pretexto alguno alfileres, agujas, clavos y mondadientes entre los labios, y vigilando á los niños, que, por innata costumbre, todos los objetos que caen en sus manos, sean grandes ó pequeños, son llevados á la boca. Sólo en los casos en que el cuerpo extraño enclavado en esta región sea muy visible deprimiendo la lengua con el mango de una cuchara ó de un tenedor, podrá el profano á la medicina extraerle con unas pinzas, pero generalmente tiene que intervenir el facultativo, empleando para ello instrumentos especiales, y aún iluminando la cavidad por medio del espejo frontal, y en muchas ocasiones se ve obligado á insensibilizarla, verifi- — — cando la anestesia local con la solución de cocaína. Otras veces, el cuerpo extraño no se detiene en la faringe y pasa al exófago, en cuyo conducto, si el objeto es puntiagudo puede enclavarse, ó penetrar en el estómago, si es redondeado, para luego ser arrojado con los excrementos. En el primer caso, por lo regular grave por las dificultades que se presentan para su extracción, se hace indispensable con urgencia la presencia del médico. En la laringe. Es la laringe un órgano hueco é importante, como todos sabemos, por servir no sólo para la respiración, sino también para la fonación, estando situada en el cuello y delante de la parte superior del exófago. La abertura superior de la laringe (g-lotis) corresponde inmediatamente detrás de la base de la lengua, y es cerrada automáticamente por una membrana que recibe el nombre de epiglotis. Por su abertura inferior se pone en comunicación con la tráquea . y los bronquios. Cuando una pequeña cantidad de líquido (agua, caldo, cerveza, etc.), en el acto de beber ha pasado á la laringe, como sucede cuando se dice que uno se atraganta, en el acto protesta este delicado y sensible órgano, arrojándolo al exterior rápidamente por medio de algunos espasmos y distintos accesos de tos, no dejando huella alguna de ningún género; pero si el líquido estuviese demasiado caliente, producirá una quemadura acompañada de dolor, tos y ronquera; síntomas molestos que durarán tanto como tarde en curarse la úlcera que en su mucosa dejara el líquido agresor,. cuyo tratamiento debe encomendarse á un médico especialista. — 91 — En los casos que la cantidad de líquido que ha pasado á la laringe sea considerable, penetrará también en la tráquea y en los bronquios, como sucede á los ahogados, pudiendo tener efecto inmediatamente la muerte por asfixia si no se prodigan á tiempo los auxilios de la ciencia á los enfermos (1). En el acto de la deglución de los alimentos, sobre todo si el individuo imprudentemente habla, pueden franquear la entrada de la laringe algunas partículas alimenticias que en el momento provocan accesos de sofocación y violenta tos que las expulsa; pero puede ocurrir, y con frecuencia relativa ocurre, que en vez de ser partículas, sea un trocito de pan, carne, etc., que si por su tamaño no ha podido franquear la glotis, se detiene en ésta obturándola. En este desgraciado caso el accidentado se pone rápidamente cianótico (2), la boca permanece completamente abierta, los ojos parece quieren escaparse de las órbitas, cubriéndose al mismo tiempo su rostro de un sudor frío, y el corazón y el pecho laten de modo muy irregular, y presa de una angustia de verdadera asfixia puede caer exánime, si el auxilio, que desesperadamente ambiciona, no se le presta con toda urgencia. Este auxilio salvador consiste en intro- (1) Se da en algunas ocasiones el caso de que en el acto de beber penetre en la faringe, y más rara vez en la laringe, uno de esos anélidos que se llaman sanguijuelas, si el agua los contuviera, produciendo síntomas más ó menos alarmantes, según se detuviera en una ú otra cavidad. Asimismo puede darse el caso en los individuos que en el tubo digestivo tienen lombrices del género asedrides, que una de éstas, alcanzando el esófago, provoque el vómito, y en vez de ser expulsada al exterior por la boca, una de sus extremidades penetre en la laringe, ocasionando todo el alarmante cuadro de síntomas de una verdadera asfixia. (2) Color azulado de la piel. C).) ducir valientemente un dedo, el índice, en su boca hasta el fondo y tratar con él de separar el cuerpo extraño que obstruye el orificio laríngeo (1). Si esta maniobra fracasara, sólo cabe una urgentísima operación quirúrgica que practicará el médico, que es la abertura de la tráquea, la lraqueolomía. Asimismo en el acto de la deglución pueden penetrar en la laringe cuerpos duros, como huesecillos, espinas, etc., ocasionando al paciente también síntomas alarmantes que sólo el médico está llamado á calmar con la extracción del cuerpo extraño, lo que algunas veces se le hace imposible á pesar de que disponga de todos los instrumentos y aparatos requeridos para estos apremiantes y graves casos, teniendo que recurrir urgentemente para salvar la vida del accidentado á la citada tra que otomía. Los niños están muy expuestos á sufrir los efectos de los cuerpos extraños en la laringe, por la va anteriormente expuesta costumbre de llevarse á la boca todos los objetos al alcance de sus manos, y si éstos son de pequeño volumen, pueden con grande facilidad pasar á esta cavidad en el acto de gritar ó de toser, ocasionando en el momento todos tos graves y alarmantes síntomas que quedan mencionados. Teniendo en cuenta estos funestos accidentes en gran número de casos, consignaremos aquí el sabio y humanitario lema en que la Higiene está basada: ti Más vale evitar que curar». Lema que nunca debe olvidarse para vernos libres de esas comprometidas y difíciles situaciones, y por lo (i) Téngase muy presente que sólo en este caso se está autorizado, tratándose de cuerpo extraño, sea de la clase que sea, alojado en la laringe ó en la faringe para introducir el dedo, por los peligros mayores que en pos de sí pudiera traer para el enfermo. 93 mismo, la masticación debe verificarse despacio y bien hecha, evitando hablar y reir cuando la boca esté ocupada. Jamás dejaremos abandonados en esta cavidad ó entre los labios objetos pequeños, corno semillas de frutas, monedas, mondadientes, alfileres, agujas, clavos, etc., y por último, se evitará y cuidará muy mucho que los niños tengan á su alcance botones, etc., etc., que en tan grave compromiso pueden poner su vida; compromiso que, si cabe, se hace mayor si el cuerpo extraño franquea la abertura inferior de la laringe pasando á la tráquea, y de ésta á los bronquios, poniendo también en peligro la vida del paciente por las complicaciones que su presencia en estos delicados órganos puede dar lugar si no es extraído mediante una arriesgada y difícil quirúrgica intervención. CAPITULO XIII ASFIXIAS Asfixia es el resultado de la falta de oxígeno respirable que trae como consecuencia la supresión de la importante y vital función que conocemos con el nombre de respiración pulmonal. Esta supresión de la respiración por falta de oxígeno, puede obedecer á varias causas que detallaremos á continuación. Asfixia por estrangulación. La estrangulación es debida, ó á un acto voluntario del mismo individuo (ahorcados suicidas), ó por mano criminal. En el primer caso, si el suicida se encuentra suspendido, como generalmente sucedo, se cortará la cuerda en seguida, pero con las precauciones consiguientes para que el cuerpo no caiga violentamente al suelo. El cuello se le desembarazará de la cuerda deshaciendo el nudo, y se le despojará de todos sus vestidos para que uno de los asistentes proceda á verificar la respiración artificial (véase el capítulo correspondiente), y otro le friccionará todo el cuerpo con un cepillo ó franela empapados con alcohol, aguardiente, etc., siempre -95— que en el desgraciado no se hayan presentado la rigidez ó descomposición cadavérica; operaciones que deben hacerse con constancia y sin desaliento, hasta que el médico llegue y disponga además lo que oportuno crea. Si la estrangulación ha sido por mano criminal, debe observarse la misma conducta. Asfixia por sumersión. Esta asfixia tiene lugar cuando totalmente ha estado sumergido el cuerpo más ó menos tiempo en el agua. Puede obedecer esta sumersión á un motivo suicida, criminalmente ó á un accidente fortuito é imprevisto. Sea cual sea la causa de este accidente, procédase en el acto á extraer la víctima del medio líquido donde se encuentre (río, lago, estanque, mar, etc.); y conseguido esto, hay que despojarla de sus vestidos, que lógicamente estarán mojados. La boca y narices se le limpiarán con un pañuelo para extraer las mucosidades ó suciedades que obstruyan estas cavidades, procediéndose á reanimarla, colocándola al aire libre si el estado del tiempo lo permite. Lo primero que se debe hacer, mientras el médico llega, es colocar al ahogado tendido sobre el vientre, con la cabeza más baja que el resto del cuerpo, y un rollo hecho con una manta ó vestidos debajo del estómago, para que comprimiendo éste y los pulmones, escurra el agua, que estos órganos puedan contener, por la boca, dejando así libre el paso del aire atmosférico. Después se le tiende sobre el dorso (espaldas) y se procede á verificar la respiración artificial durante horas y horas hasta la - 102 - asfixiado, al que cogerá los antebrazos por cerca de los codos, ele- ! ; varado los brazos por encima de la cabeza con suavidad y uniforme- • • mente, donde los • mantendrá por es1.4 pacio de unos dos segundos, próximamente, con el obje- .. e tu de dilatar el pe- • cho para que pene- • tre el aire en los pulmones, y pasad o este corto tiem- •z. po, se bajan y con ellos se comprimen - •- con cierta fuerza P-4 ▪ las paredes del tórax, para que por cá • medio de esta combe presión, que durará otros dos segundos, el aire que haya podido entrar en los pulmones, en el primer tiempo de esta operación (figs. 8 y 9), sea expulsado al exterior. Se repetirán estos movimientos con toda regularidad doce á quince veces por minuto, y se deben continuar sin interrupción por todo el tiempo que sea preciso para que la respiración normal ó natural se restablezca, y en caso de no conseguirse ésta, por el que la prudencia aconseje. Cuando la respiración natural va á. dar principio, se nota en el accidentado un cambio en la colora- — 103 — ción del rostro, cuya palidez se torna en color de rosa más ó menos acentuado, y una vez restablecida por completo, se suspende la operación y se traslada al enfermo á una cama calentada, donde además se activará la función de la piel por medio de fricciones estimulantes, rodeando al mismo tiempo su cuerpo con botellas de agua caliente, ladrillos ó planchas calentados. En cuanto se encuentre en condiciones de deglutir, de tragar, se le darán pequeñas cucharadas de café, te, vino, etc., calentados también; cucharaditas que se le administrarán con toda la prudencia que el caso requiera. o E o ce sje • • PARTE SEGUNDA CAPÍTULO XV ENVENENAMIENTOS Envenenamientos en general. Siendo muy posibles los casos de intoxicación aguda, ó, lo que es lo mismo, de envenenamiento propiamente dicho, en todas partes, en las poblaciones y en el campo, por ingestión en el tubo digestivo de substancias tóxicas, involuntariamente ó por equivocación unas veces, y voluntariamente ó por suicidio otras, y en ocasiones con un fin avieso ó criminal, hemos creído conveniente y aun necesario, por los beneficios que pueda reportar á las familias que su destino les tiene alejadas de los centros urbanos, dar aquí algunos detalles de los envenenamientos causados por los tóxicos, por los venenos que más á mano puedan tener, y que ingeridos son capaces de producir muy serios trastornos en el organismo (i), como asimismo exponer los auxilios inmediatos que se deben prestar en estos desgraciados casos, por lo general siempre graves, ínterin el médico se hace cargo del intoxicado; auxilios que, oportunamente aplicados, (1) Se da el nombre de •eneno ó de tóxico, á toda substancia que tomada al interior, altera de modo muy serio la salud, pudiendo hasta producir la muerte más ó menos pronto. — 1U$ — podrán evitar una muerte segura á gran parte de los envenenados. En presencia de un envenenamiento cierto ó sospechado, lo primero que se impone es procurar que á todo trance el paciente arroje por medio del vómito el contenido del estómago, excepto, y téngase esto muy presente, en los producidos por el amoníaco, la potasa y la sosa (I), y por los ácidos más ó menos concentrados. Por la gravedad que entraña todo envenenamiento es siempre urgente la presencia del médico; pero mientras éste llega, que por circunstancias especiales é independientes de su voluntad puede tardar, los que rodean al enfermo se apresuraran á prestarle los auxilios que según los casos serán los siguientes: Si el tóxico ha sido un ácido, se administrará agua jabonosa en abundancia (15 gramos de jabón por litro de agua) ó lechada de magnesia (2o gramos de magnesia por 200 de agua) y agua albuminosa (cuatro claras de huevo bien batidas en un litro de agua). En el caso de tratarse de un álcali (amoníaco, potasa y sosa), se dará á beber en gran cantidad agua que contenga la cuarta parte de vinagre ó de jugo de limón, y si éste falta, de naranja, y después agua albuminosa. En todos los demás envenenamientos en que la substancia responsable no sea un ácido ó un álcali, se provocará el vómito (2) cuanto antes titilando la (1) Las lejías de potasa 6 de sosa, de que tanto uso se hace para el colado de la ropa blanca. (2) Todas las substancias arrojadas por el vómito, deben recogerse en vasija ad hoc para que el médico pueda luego examinarlas y deducir con alguna probabilidad de certeza el veneno de que se trata, si se ignorase; teniendo al mismo tiempo la precaución — 107 -- campanilla (úvula) con los dedos, con las barbas de una pluma ó con otro objeto cualquiera delgado y alargado, habiendo administrado antes, si de ella se dispone en el momento, agua templada abundantemente (i); con todo lo cual el médico, cuando llegue al lado del enfermo, tendrá facilitado el camino para el tratamiento de la intoxicación de que se trate, si previamente se conoce el veneno, además de que provocado el vómito con oportunidad, puede con éste ser expulsado el tóxico, con jurándose de este modo todo ó parte del conflicto. Cuando el envenenado sea invadido de postración, de desfallecimiento ó de colapso, se le abrigará bien en la cama y se le aplicarán á las extremidades botellas con agua caliente ó ladrillos calentados, al mismo tiempo que se le friccionarán con franela ó un cepillo humedecidos con alcohol, aguardiente, etc.; también se le pueden aplicar en ellas sinapismos, y en caso necesario, se practicará la respiración artificial, no olvidando darle á oler amoníaco, éter ó vinagre (2). Expuestas estas concisas nociones de los envenenamientos en general, en el capítulo siguiente daremos algunos detalles de los que más fácilmende conservarlas por si la autoridad judicial dispusiera fueran enviadas á un laboratorio químico para su análisis. (1) Como vomitivo, y para ganar tiempo en estos casos de tanta urgencia, se llevará inmediatamente de la farmacia más próxima tres ó cuatro papelillos que cada uno contenga medio gramo de polvos de raíz de ipecacuana, para dar al enfermo uno de cinco en cinco minutos en un vaso de agua templada. Conseguidos los vómitos, es conveniente, y hasta necesario, darle un purgante, y el que más á mano se puede tener es la sal de cocina: dos cucharadas en un vaso de agua. (2) Están indicadas para combatir el colapso, las inyecciones hipodérmicas de cafeína, (le aceite alcanforado, etc.; y para el dolor, las de morfina. - 108 - te pueden ocurrir, como también los auxilios inmediatos que se deben prestar á todo envenenado cuando el tóxico es conocido ó solamente sos pechado. CAPITULO XVI ENVENANAMIENTOS EN PARTICULAR Por las almendras amargas. Sabido es que las semillas ó almendras de las frutas (ciruelas, albaricoques, melocotones, etc.), son tóxicas, y su ingestión en el estómago (i) en cantidad suficiente pueden dar lugar á varios trastornos: intenso escozor y calor en la garganta y estómago, debilidad y frecuencia del pulso, respiración anhelosa y difícil, sudores fríos, pupilas dilatadas con disminución de la vista y aun ceguera, presentándose en ocasiones convulsiones. En presencia de un envenenamiento por estas substancias, en el acto se intentará producir el vómito por los medios indicados en el capítulo anterior (2). Si se presentara colapso, fricciones de (1) Los niños están expuestos á sufrir este envenenamiento, porque en sus juegos con estas clases de almendras, pueden deglutirlas á pesar de su desagradable y amargo sabor, y, por lo tanto, innecesario creemos advertir y recomendar á los padres prohiban á sus pequeños hijos los juegos con tales peligrosas substancias. (2) Está indicado el lavado del estómago por medio del tubo de Faucher; pero si éste no se tiene 11 mano, puede usarse un tubo sencillo de goma, de un centímetro de calibre, y de 1,20 metros de largo, el que se hace tragar al enfermo hasta unos ochenta centímetros, lo suficiente para que el extremo de éste llegue á la ca- — 110 — la piel en general con alcohol, aguardiente, etc., y abríguese al enfermo en la cama, rodeándole al mismo tiempo con botellas de agua caliente ó con ladrillos calentados; afusiones frías (con agua) á la cara y pecho, hechas con los flecos de una toalla, con un pañuelo, etc.; sinapismos en las piernas, y si fuese necesario, verifíquese la respiración artificial durante una hora ó más (i). Por las setas (2) Nadie ignora la abundancia que de estos vegetales existe en los prados, bosques y sitios húmedos en ciertas épocas del año, y la afición que muchos tienen para hacerlos objeto de su alimentación, aun sabiendo los peligros á que se exponen de sufrir un grave envenenamiento si tienen la desgracia de equivocar una especie inocente por otra tóxica. Muchas son las personas que pretenden y hasta afirman conocer de modo absoluto unas de otras; afirmaciones de buena fe, pero que han costado la vida en muchas, muchas ocavidad gástrica, levantando entonces el extremo que ha quedado; por encima de la cabeza, y enchufando un embudo en éste, se hace penetrar en el estómago bastante cantidad de agua. Bajando la extremidad libré del tubo por bajo de la boca, el liquido que penetró en el estómago se derrama al exterior por establecerse dé este modo un perfecto sifón. Esta operación debe repetirse varias veces, sin sacar el tubo, para garantir el lavado gástrico. (1) Si fuera preciso, pueden aplicarse inyecciones subcutáneas de éter sulfúrico, y aun la de un miligramo de sulfato de atropina con un centímetro cúbico de agua destilada. (2) Siendo relativamente frecuentes, como nadie ignora, los envenenamientos por las setas, dada la afición que en general existe para usarlas como alimento, y mucho más por las personas que viven en el campo, no hemos dudado en dar á esta intoxicación mayor amplitud, á fin de evitar sean víctimas de tan peligrosos vegetales. — 111 — siones á ellas mismas y á los que se han fiado de sus falaces conocimientos. Todos los aficionados á tan peligrosa alimentación deben saber lo difícil que es distinguir las setas inocentes ó comestibles de las venenosas, pues para hacerlas objeto de una verdadera distinción se requieren conocimientos especiales y profundos de botánica que sólo los poseen aquellos individuos que por su profesión han estudiado á fondo estas científicas cuestiones. Por lo tanto, nos permitirnos aconsejar á todos eviten el peligro de graves accidentes que la ingestión de esas substancias pueden producir; que no se fíen de ciertos prejuicios en que algunos se basan para la elección de esos vegetales; que se abstengan completamente de ellos, máxime cuando en todo caso constituyen un solo y exclusivo capricho alimenticio. Esos prejuicios son numerosos, pero sólo consignaremos aquí uno que es el más general y corriente. «Si un objeto de plata (cuchara, moneda, etcétera), dicen, se sumerge en la vasija donde los hongos ó setas cuecen, se ennegrecerá si éstos son venenosos, y permanecerá intacto si son inocentes.» Argumento engañoso en extremo es este, puesto que si el objeto de plata adquiere un tinte negruzco, es debido al gas hidrógeno sulfurado producto de la descomposición de aquéllos, y nadie debe ignorar, y por lo mismo se tendrá siempre muy presente, que tanto los hongos comestibles como los tóxicos, desprenden por la cocción ese gas, exceptuándose los jóvenes, sean ó no venenoso's. De donde se deduce que nadie debe fiarse, si no quiere exponerse á muy serios peligros y hasta á. perder la vida, de esa falaz prueba, afírmeló quien lo afirme. Estos vegetales podemos dividirlos con relación — 118 — tancias no puede evitar, no puede defenderse del inmenso peligro que la amenaza (i); crimen que casi nunca queda impune porque la química con facilidad descubre este cuerpo del delito en las substancias arrojadas por los vómitos ó en los órganos del tubo digestivo de la víctima, encargándose luego la justicia de averiguar y de castigar al criminal (2). Los vómitos son los primeros síntomas que se presentan en el envenenamiento por el arsénico,. los cuales aparecen á los pocos momentos de su ingestión, y en muchas ocasiones duran hasta la muerte. Estos vómitos son alimenticios al principio y después biliosos, y rara vez sanguinolentos,. acompañados siempre de diarrea serosa y coleriforme, con violentos dolores en el vientre. En la garganta acusa el enfermo constricción grande y sed intensa, y quemante dolor en el estómago; el pulso se hace pequeño y hasta imperceptible, y la respiración anhelosa. La piel se cubre de sudor frío, la orina es escasísima ó nula, y se presentan convulsiones seguidas de desfallecimiento, de colapso, y la muerte pone triste remate á este horroroso cuadro que un criminal ó un desgraciado suicida provocó. El mejor y más eficaz antídoto de este veneno es arrojarle del estómago al exterior; por lo tanto, hágase cuanto antes vomitar al intoxicado por los medios ya indicados, dándole al mismo tiempo á beber grandes cantidades de agua templada, sola salada, á fin de intentar, de conseguir expulsar (1) Los preparados de arsénico preferidos por los criminales, son el ('ci p o arsenioso y el arseniato de sosa, eminentemente venenosos. (2) No es raro que algún suicida apele á este veneno, para en un acto de desesperación conseguir sus fines. — 119 — íntegro el veneno. Evacuado este órgano, adminístrese abundante agua de cal, que se la puede mezclar á partes iguales con aceite de olivas; agua albuminosa y cocimiento de cebada ó de semillas de lino. También se le puede y debe dar la lechada de magnesia (dos partes de magnesia por veinte de agua, para tornar una cucharada cada diez minutos). En el desfallecimiento y en la postración, los estimulantes ya conocidos y repetidos en páginas anteriores, además de cubrirle con mantas calentadas, fricciones y botellas con agua caliente (1). Por el cardenillo. Todos sabemos ó debernos saber que en las vasijas de cobre (peroles, calderas, almireces, etc.), de uso para la preparación de los alimentos, si están humedecidas, al contacto con el aire se cubren sus paredes de una capa verde gris que recibe el nombre de cardenillo (acetato de cobre), substancia tóxica en extremo. Para evitar los efectos de esta intoxicación, es imprescindible, indispensable, que antes de usar dichas vasijas sean escrupulosamente examinadas para hacer desaparecer esa capa venenosa, si existiera, por medio de una esmerada limpieza, pues de lo contrario ese compuesto de cobre, mezclado con los alimentos, traería en pos de sí el envenenamiento de las personas que los ingirieran, corno desgraciadamente ha ocurrido en muchas ocasio- (1) Es de grande utilidad en este caso el lavado del estómago ó la apomorfina. Después, el hierro dializado, en papeles de cinco gramos, para tomar uno cada cinco minutos hasta por lo menos seis dosis. Inyecciones de éter y de cafeína en la postración, de morfina para calmar los dolores. -120 — nes, en las que familias enteras han sufrido las consecuencias de la intoxicación de que tratamos. A evitar est-) tienden las líneas que escritas quedan. Todo envenenado por el cardenillo experimenta un marcado sabor metálico en la boca, sed intensa, constricción en la garganta, náuseas, vómitos y diarrea con dolores en el vientre y en el ano, suprimiéndose al mismo tiempo la orina. El pulso es pequeño y la respiración difícil. Si la cantidad de veneno. absorbido es relativamente considerable, puede producir la muerte, la que es precedida de sudores fríos, intensos dolores de cabeza con atontamiento y enfriamiento de las extremidades. En el momento que se sospeche esta intoxicación, que por lo general son tantos los intoxicados como individuos hayan hecho uso de la alimentación en esas condiciones, se provocará el vómito por los medios ya dichos y que no creemos necesarios repetir, dando después gran cantidad de leche, agua albuminosa, cocimiento de cebada, etcétera, y al vientre se aplicarán amplias cataplasmas de hojas de malvas ó de harina de linaza (1). Por las cerillas fosfóricas. Estas cerillas, cuyo uso está tan extendido en todo el mundo civilizado, son, como nadie ignora, venenosas por la cantidad de fósforo contenido en su parte inflamable ó cabeza. Este envenenamiento es siempre voluntario, es decir, con intentos suicidas, y es el preferido por (1) Como en los anteriores envenenamientos, está indicado el lavado del estómago ó la inyección de apomorfina; y para calmar los dolores, la de morfina. — 121 — muchas mujeres que en actos de desesperación atentan contra su vida mezclando considerable número de cabezas de estas cerillas con agua, que hacen pasar al estómago de este modo, sintiendo al poco rato de la ingestión fuertes dolores en este órgano con vómitos que, por lo general, no son duraderos, y cuyas substancias arrojadas suelen ser luminosas en la obscuridad. El aliento despide un intenso olor á fósforo. El corazón se dilata considerablemente, y, por lo tanto, el pulso se hace casi imperceptible; la orina es escasa y las hemorragias por boca y narices son frecuntes, con pérdida de la inteligencia y delirio violento acompañado de convulsiones unas veces, y otras es seguido de grande abatimiento y postración que termina por la muerte. En los casos felices de salvación la convalecencia es muy prolongada. Los vomitivos son los primeros que se. deben emplear, y conseguida la evacuación del estóm , ago, se dará un purgante de 3o gramos de sulfato de magnesia (sal de la higuera). Por el sublimado corrosivo. Este envenenamiento que puede ser causa de un error ó premeditado con objeto suicida, es fácil por el grande uso que del agua sublimada se hace de algunos años á esta parte en las enfermedades quirúrgicas, y aun más si se tiene en cuenta las pastillas de sublimado que para preparar dicha medicinal agua en las casas de los enfermos, se facilitan en las farmacias previa receta del médico; pastillas que inocentemente es fácil trague cualquiera persona confundiéndola con otras, sobre todo los niños, sufriendo, como es consiguien- — 122 — te, las funestas consecuencias que en tal dosis produce ese medicamento tan útil para el objeto á que la ciencia de curar le destina. Por ese fácil peligro todas las precauciones y cuidados que en las casas se tengan con esas preparaciones de sublimado (solución y pastillas) nunca serán bastantes ni exageradas. Deben guardarse en lugar apropiado y fuera del alcance de toda persona, y en particular de las pequeñas; deben, por último, tener las vasijas ó recipientes que las contengan, un rótulo bien legible que diga veneno. Los intoxicados con el sublimado corrosivo presentan inflamados y blanquecinos los labios y la boca, en la que perciben un marcado sabor metálico con sensación de constricción en la garganta y agudísimo dolor en el estómago; náuseas seguidas de vómitos sanguinolentos y diarrea abundante, cuyas heces son expulsadas manchadas de sangre, siendo la orina escasa ó casi nula. El pulso se hace muy frecuente y débil, y difícil la respiración. La cara se pone pálida, la piel se cubre de sudor frío, haciendo su aparición las convulsiones, que terminan por el síncope, precursor de la muerte en la mayoría de los casos. Cuanto antes los vomitivos y después agua albuminosa preparada con ocho claras de huevo por litro de agua, en cantidad ilimitada, como también agua de cebada; y para favorecer la micción (la expulsión de orina), debe sumergirse al enfermo en un baño de agua templada (1). (1) Abundantes lavados del estómago ó la inyección de apomorfina. Contra el dolor, las inyecciones de morfina, y para combatir el colapso, las de éter, de cafeína ó de aceite alcanforado. 1 Por el ácido sulfúrico. Es un líquido mu y enérgico y eminentemente cáustico, conocido también con el nombre de aceite de z'itrio/o, el que puesto en contacto con los tejidos orgánicos los destruye; líquido tristemente célebre en los anales del crimen, por valerse de él algunas personas de espíritu depravado para satisfacer ruin venganza, sorprendiendo á sus víctimas, en cu y os rostros derraman el corrosivo líquido, produciendo quemaduras graves que luego dejan indelebles señales. Por estas circunstancias bien se comprende que los envenenamientos con este cuerpo químico, excepción hecha de algún caso de error, han de ser voluntarios; es decir, por un premeditado fin suicida. Tomado el vitriolo verde al interior, produce desde la boca al estómago quemaduras y perturbaciones tan graves que por lo general terminan con la muerte, como son vómitos con esfuerzos violentos, arrojando substancia' sanguinolentas y negruzcas; quemante dolor desde la boca al estómago, con color blanquecino los labios y la mucosa de aquélla, pudiendo terminar la vida del enfermo rapidamente por colapso; pero si ésta se prolonga, la sed se hace intensa, lo que el desgraciado no puede satisfacer por imposibilidad de tragar; la salivación es abunda n te y la afonía casi completa. La piel se pone fría y cubierta de sudor; la orina se suspende, y por último la muerte, hasta cu y o momento el intoxicado conserva sus facultades intelectuales. En este envenenamiento no se darán vomiti- 121vos (1), pero sí cantidad ilimitada de agua jabonosa y de cal; y si nada de esto se tuviera á mano, dese simplemente agua. También se puede administrar la lechada de magnesia, agua con bicarbonato de sosa, agua albuminosa, leche, aceite de olivas y cocimiento de semillas de lino (2). Por las almejas. No son raros los casos de intoxicación por la ingestión de estos moluscos de tan sabroso gusto; siendo debidos á la absorción de un enérgico veneno (3), de una toxina elaborada en el hígado de estos seres inferiores, llamada mitiloto_riiu más abundante en los meses de Mayo á Septiembre. Esta toxina produce rápidamente en el organismo perturbaciones leves, unas veces, y graves otras; diferencia que obedece, sin duda alguna, á la mayor ó menor cantidad de este veneno que las ¿llmejas contengan. La forma leve se manifiesta por síntomas de indigestión con náuseas, vómitos, vahídos y desfallecímientos, apareciendo al mismo tiempo en la piel una erupción con todos los caracteres de urticaria; y la grave, por la intensidad mayor de estos fenómenos, más enfriamiento general, pulso frecuente y débil, respiración anhelosa, parálisis y colapso que traen tras de sí la muerte si desde el principio no se ha combatido convenientemente esta intoxicación. ( I) Véase lo correspondiente á los ácidos en el capitulo ,Envenenatnientos en general-. (21 Inyección subcutánea de morfina para calmar los dolores. (:))) Este veneno, por sus efectos es in y .dogo al curare, el que, el curare, por su tóxica energía, utilizan los americanos incivilizados para envenenar las puntas de sus Hechas en la caza y en la guerra. — 125 — Si después de haber comido almejas, especialmente en los meses de Mayo á Septiembre, ya dichos, se experimentasen síntomas de indigestión, óbrese rápidamente, haciendo vomitar al enfermo, administrándole después un purgante (30 ó 40 gramos de aceite de ricino), y si se presentasen desfallecimientos, etc., se le darán los estimulantes y fricciones en las extremidades inferiores, aplicándole además botellas con agua caliente, á la vez que se le envolverá en mantas calentadas. En evitación de esta muy fácil y posible intoxicación que, como queda referido, puede revestir los caracteres de la más extrema gravedad, se debe añadir al agua de cocción de las almejas, por cada litro de aquélla, tres ó cuatro gramos de carbonato de sosa á fin de neutralizar la toxicidad de la referida toxina. Por el aguarrás. De todos es conocido este líquido de fuerte y penetrante olor y de sabor cálido, pero, sin amargor, denominado también aceite esencial de trementina. El aguarrás tiene usos diversos, entre ellos es muy empleado en medicina, circunstancia por la que es frecuente se tenga en las casas de ciertos enfermos, y por lo mismo, y á pesar de su olor, puede ser tomado por equivocación, produciendo su ingestión en el estómago síntomas graves, los que, aunque los envenenamientos por esta substancia son raros, nos ha decidido á tratar aquí de esta intoxicación. Todo envenenado con el aguarrás presenta sintomas de una grave embriaguez con respiración estertorosa y fuerte olor del aliento á trementina; 1.91j la orina es casi nula, aunque el enfermo manifiesta deseos frecuentes de orinar, y la poca que logra expeler tiene olor muy marcado de violetas; el pulso es débil, las pupilas se hallan contraídas, siendo presa el intoxicado de desfallecimientos y de enfriamiento general, y en el caso de sobrevenir la muerte, es precedida de convulsiones. Desde el primer momento están indicados los vomitivos y luego un purgante de 3o gramos de sulfato de magnesia (sal de la higuera); leche, agua albuminosa y cocimiento de cebada, y en los desfallecimientos los estimulantes. Debe estar el enfermo acostado y envuelto en mantas calentadas y aplicaciones de botellas con agua caliente á las piernas, á la vez que fricciones en las mismas (i). Por las lejías. Estas pueden ser de potasa y de sosa, y los envenenamientos por ellas son muy posibles y fáciles dado el grande uso que hoy se hace para el colado de la ropa blanca. Las lejías son soluciones muy concentradas de potasa ó de sosa, incoloras y transparentes, que el comercio expende en botellas, y tan cáusticas son, que es imposible usarlas para el objeto referido sin mezclarlas con agua en gran cantidad, porque de lo contrario destruirían las ropas que se pretende limpiar. De donde se deduce que la ingestión voluntaria ó por equivocación de estos cáusticos líquidos, ha de ser de efectos graves, sintiendo en el acto el individuo intensa sensación de escozor y (1) Lavado del estómago ó inyección de apomorfina, y si existen dolores, la de morfina, y en caso de depresión, las de cafeína, .éter y aceite alcanforado. — 127 — de calor en la boca, garganta, pecho y estómago, con desprendimiento de parte de la mucosa de estas cavidades; ansiedad respiratoria y tos, voz débil y aun afonía y vómitos, que casi siempre son sanguinolentos. El pulso es lento y las extremidades son invadidas de gran frío, y por fin la muerte, la que si no se verifica de un modo inmediato, puede sobrevenir á los pocos días por alguna importante complicación en el aparato respiratorio. Nunca se usarán los vomitivos en este envenenamiento (i), pero sí grandes cantidades de agua con vinagre, con zumo de limón ó de naranja; agua albuminosa, leche, cocimiento de cebada y aceite de olivas, todo en abundancia. Por el amoníaco. Aunque no es fácil ni mucho menos frecuente la intoxicación por este líquido, llamado también álcali volátil, de olor vivo, fuerte y penetrante, la consignamos para limitarnos á decir que sus efectos en el organismo y su tratamiento son iguales en un todo á lo que dejamos expuesto en el anterior envenenamiento por las lejías de potasa y de sosa. (1) Véase los álcalis en el capítulo «Envenenamientos en general». — 135 -- ble cuotidiana, cuando en un mismo día se suceden dos accesos; doble terciaria si el acceso es diario, es decir, cuando los de los días impares son iguales en duración é intensidad, y los de los pares más pequeños é intensos, pero también iguales; doble cuartana en los casos en que el primero y segundo día hay acceso, este último más corto, el tercero remisión, y el cuarto acceso igual al del día primero, y así sucesivamente. En los niños, estas fiebres son por lo general cuotidianas, y para hacer un diagnóstico con probabilidad de certeza, se hace preciso el reconocimiento del bazo, órgano que si se trata del paludismo aparecerá abultado y sensible al tacto. FIEBRES PERNICIOSAS.—Las fiebres intermitentes pueden hacerse perniciosas por exageración de alguno e los estadios ó fases del acceso. Será álgida, cuando la fase del frío es muy intensa y de larga duración, y sudoral, si los sudores se hacen excesivos en tan alto grado que abatan las fuerzas del enfermo. También existen perniciosas de forma comatosa, en que el paciente parece hallarse sumido en un profundo sueño que puede ser fatal; delirantes y convulsivas; coleriformes, con todos los síntomas alarmantes y graves del cólera; disentericas, etc. En general, el acceso pernicioso suele presentarse después de varios sucesivos ordinarios; pero algunas veces él, el pernicioso, es la primera manifestación de la enfermedad, y siempre amenazador, corriendo grande peligro la vida del enfermo, y sólo se da á conocer por la existencia del paludismo en el país; conocimiento que es necesario, urgente, para que con el tratamiento apropiado poder salvar la vida, tan en riesgo, del paciente. PALUDISMO LARVADO. — Se da este nombre á ciertas manifestaciones maláricas que, sin ir acompa- 13G--- riadas de fiebre, se revelan por neuralgias, especialmente de la cara; por tos, por crisis de .asma, por vómitos, diarreas, hemorragias, etc., todas las cuales adoptan el tipo periódico ó intermitente. ANEMIA Y CAQUEXIA PALÚDICA. —Estas son conse7 cuencias de una sucesión de accesos ordinarios, y en ocasiones en las regiones palúdicas, tanto en el niño corno en el adulto, pueden presentarse sin precederlas aquéllos. La anemia se caracteriza por palidez terrosa de la piel, enflaquecimiento y laxitud extrema, y en los casos de fractura de algún hueso, por dificultad para la consolidación de ésta. La caquexia, por piel seca, enflaquecimiento de los miembros superiores é inferiores tan notable, que contrasta con el abultamiento del vientre, debido á los infartos del hígado y del bazo y á la ascitis (hidropesía), consecuencia esta última de la alteración referida del hígado. Existe adversión á los alimentos, particularmente á la carne, vómitos y diarreas fáciles y frecuentes. El organismo de estos caquécticos, muy debilitado, tiene grande predisposición para que en él hagan presa toda clase de , infecciones, en especial la tuberculosis. DIAGNÓSTICO DEL PALUDISMO. —El diagnóstico del paludismo es exclusivo del médico, pero en caso de duda puede ser confirmado ó no por la presencia ó ausencia del hematozoário de Laverán en la sangre, cuya extracción (una gota) debe hacerse preferentemente en el momento de empezar el acceso (fase ó estadio de frío) (.0. En los (1) Esta extracción de sangre se efectuará, del modo siguiente: Con una aguja esterilizada por la ebullición ó por la llama, se hace una picadura en el dorso de la segunda falanje del dedo pulgar de una mano, previa ligadura en la primera falanje del — 1:37 — caquécticos el microbio se encuentra en la sangre en cualquier momento en que se le busque. TRATAMIENTO DEL PALUDISMO. —El clásico y más eficaz es por la quinina, porque ésta tiene la propiedad de destruir el hematozoario y evita además la infección. Preventivo.----La quinina, además de su poder curativo indiscutible, es profiláctico, evita el paludismo, pues en numerosos casos observados, la quininización preventiva ha evitado la invasión palúdica, y cuando este efecto no se ha conseguido, disminuye notablemente la intensidad y gravedad de la enfermedad. Para los adultos se debe preferir el clorhidrato de quinina al sulfato, porque el primero contiene 82 por ioo de quinina, y el segundo sólo 59 por ioo. Cuando se trate de niños hay una preparación eficaz y fácil de tomar, que se conoce con el nombre de chocolatina á base de tanato de quinina, la cual, envuelta en papel de estaño, se compone de dos pastillas, conteniendo cada una de éstas quince centígramos de quinina activa. La dósis preventiva debe ser: para los niños menores de tres años, una pastilla, ó sea media chocolatina cada dos días, la que, previamente pulverizada, se disolverá en un poco de leche tomándose en ayunas, y de tres á diez años, se dará á diario. Los de diez á veinte tomarán un comprimido de diez centígramos de clorhidrato de quinina, y desde veinte en adelante, dos: una por mañana mismo dedo, cuya gota se deposita en un cristal porta-objeto, también esterilizado, cubriéndose con otro más delgado v asimismo aséptico, y en estas condiciones los dos cristales se los envuelve en papel de estaño y se envía á un laboratorio bacteriológico para su análisis. — 138 — y tarde. Estos comprimidos pueden sustituirse por sellos ú obleas que contenga cada uno igual cantidad de dicho preparado quínico. La quininización preventiva, qué debe observarse rigurosamente por todos los que en un país palúdico habiten, y muy particularmente por los que de fuera lleguen á convivir con ellos, no presenta inconveniente de ningún género para la salud, y aunque sólo sea por egoísmo, se insistirá en ella tanto tiempo como duren los peligros de la infección, y sólo será suspendida en los períodos en que el anofeles no exista. Curativo.—Presentado el paludismo en una persona, se procederá á combatirle administrando el clorhidrato de quinina á la dósís de uno ó dos gramos para tomar en dos veces con intervalo de una hora, prefiriendo la solución á los sellos y píldo. ras, á pesar de su gusto desagradable, en previsión de la posibilidad de que no se disuelvan en el estómago, como á menudo sucede, y no se obtenga el resultado beneficioso que del medicamento se espera (1). En los casos de urgencia, como ocurre en las palúdicas perniciosas, se empleará siempre la quinina en inyección hipodérmica, cuyo efecto es rápido con la solución siguiente: (1) La falta de absorción de la quinina es fácil averiguar, puesto que este medicamento aparece en la orina á los vente minutos después de ser absorbido. Para ello podemos valernos del reactivo iodoiodurado de Bouchardat, compuesto de Iodo metálico  Toduro potásico.  Agua destilada  5 gramos. 1,30 100 que bajo la acción de la orina que contiene quinina, da en el tubo de ensayo un precipitado amarillo obscuro. — 139 — Clorhidrato de quinina  3 gramos. Antipirina  2 Agua destilada  5 Esta solución contiene sesenta centigramos de clorhidrato de quinina por inyección de un centímetro cúbico. MOMENTO DE ELECCIÓN PARA LA ADMINISTRACIÓN DE LA QUININA. —En las fiebres intermitentes simples, se administrará la quinina siete horas antes del momento en que el acceso habitualmente ha de dar principio (1). En las intermitentes graves,'siempre se empleará la quinina en inyección, en la forma indicada ante ri orrn ente. Cuando se trate de fiebres continuas, aunque con remisiones incompletas y á horas generalmente determinadas, se aplicarán dos inyecciones de quinina al día hasta que desaparezca, con preferencia en los momentos de estas remisiones, y después se continuará el tratamiento de Laverán expuesto en la nota anterior. En las formas perniciosas, inyección de quinina cuanto antes, sin perder tiempo, lo que se repetirá, en caso de necesidad, hasta tres en el espacio de dos horas, aplicando al mismo tiempo sinapismos en las extremidades inferiores, y un purgante drástico (2) en las comatosas. Contra las delirantes, (1) Laverán aconseja el tratamiento siguiente: un gramo de quinina los días 1.°, 2.° y 3.°, cesando los 5.°, 6.° y 7.°; los días 9. 0 y u ochenta centigramos. y nada los 11, 12, 13 y 14; la misma dosis los 15 y 1.6, y cesar los 17, 18, 19 y 20, para administrar nuevamente la misma cantidad los 21 y 22. Este tratamiento debe hacerse completo aunque las fiebres hayan faltado en los primeros días, á fin de evitar las recidivas. (2) Que puede ser: A guardiente alemán.  gramos de cada uno, para Jarabe de espino cerval.  tomar de una vez los adultos. — 140 — hidrato de cloral (i), y en las álgidas, fricciones secas en toda la piel, bebidas calientes y botellas de agua, también caliente, rodeando el cuerpo del enfermo, á la vez que se le envuelve en mantas calentadas (2). Las mujeres lactando deben tomar la quinina en caso de necesidad, pero dejarán de lactar todo el tiempo que dure el tratamiento quínico, porque pasando el medicamento por intermedio de la leche al niño, éste puede ser intoxicado. CONVALECENCIA. — ES lógico suponer que á toda persona convaleciente del paludismo le sea necesario, además de alejarse del sitio de la infección, un relativo reposo y una alimentación reparadora, auxiliada de medicación tónica, como el vino de quina ferruginoso y el arsénico (a), tan duradera como tarde en desaparecer la anemia que tras de sí deja un ataque de malaria, cuyos glóbulos rojos de la sangre han sido aniquilados por el hematozoario consabido. (1) Se puede administrar dando una cucharada cada hora de Hidrato de cloral  3 gramos. Jarabe de laurel cerezo.  10 Jarabe de azahar.  3n Agua destilada.  150 (2) El doctor Castel, ilustrado y estudioso farmacéutico de Cáceres, prepara un especial < suero antimalárico» inyectable, en ampollas de dos centímetros cúbicos, de positivo éxito en el paludismo, según hemos comprobado en nuestra práctica profesional, compuesto de fenorrenato de quinina, arrhenal, metilarsinato de hierro, azul de medien() y solución isotonica. Para las formas agudas y las graves, tiene dedicada la solución A, y para la crónica ó caquexia, la C. (3) La forma mejor y más asimilable de administrar el arsénico, es en inyecciones hipodérmicas periódicas de cacodilato de sosa o de arrhenal, que, como es sabido, sus dosis, para cada inyección, están disueltas en suero fisiológico colocadas en ampollas de cristal. También están indicadas las in y ecciones de la solución C, del «suero antimaláricw> del doctor Castel. -- 145 — Si el hígado continuase infartado (abultado), se aplicarán repetidas embrocaciones de tintura de iodo ó ventosas secas en su región. HIGIENE PREVENTIVA. — Álejarse lo más pronto posible de las llanuras y de las cercanías del mar durante las epidemias palúdicas, y huir definitivamente del país malarico en caso de haber sufrido un acceso pernicioso ó de estar invadido por la caquexia. No beber agua de los pantanos sin que antes esté esterilizada por la ebullición, como tampoco se debe salir de casa al anochecer ni al amanecer en los países donde el paludismo se padezca, y jamás sin haber tomado previamente algo, con preferencia café ó té caliente. Se evitarán los enfriamientos, las diarreas, las malas digestiones, y en general todo aquello que pueda debilitar al individuo, porque facilitan la invasión de la enfermedad, como no se debe olvidar también que un primer ataque palúdico, lejos de conferir inmunidad, predispone á nuevos accesos. Se pondrá un especial cuidado en la elección de la casa-habitación. Las partes más elevadas de las poblaciones y las calles más nutridas de edificios dan el máximum de preservación; y, por el contrario, se evitarán las afueras de las urbes, las proximidades de los ríos y de toda corriente de b acrua la vecindad de los terrenos de cultivo húmedo ó de riego; los jardines y las riberas floridas y sombrías son peligrosos. Los individuos y las habitaciones se deben g  proteer contra la invasión de los anofeles. Para ello se colocarán en las ventanas y balcones cuadros ó bastidores con tela metálica de mallas mu y pequeñas, consiguiéndose con esto, además de evitar los inconvenientes graves de los mosquitos, infinitamente más eficaz que los mosquiteros de las camas, otra ventaja, que es la de opo- - 146 - ner una gran barrera para la entrada de otros insectos tan desagradables y molestos en los países cálidos y aun en los templados. SANEAMIENTO DE LAS LOCALIDADES PALÚDICAS.- Para conseguir este objeto de interés tan vital, se hace indispensable hacer desaparecer las aguas estancadas, que son en las que se desarrollan los mosquitos, los anofeles; desecamiento de charcas, pantanos, estanques, y drenar los suelos cenagosos. Pero como estas medidas tan excelentes suelen tener el grave inconveniente de ser caras, en general, aún cuando entendemos que tratándose de la higiene nada debe parecer caro, expondremos otras más faciles y asimismo útiles para el objeto de que tratamos. En las poblaciones y en su vecindad, se debe dar á las zanjas de desagüe pendiente bastante que garantice se vacíen completamente después de las lluvias. Se suprimirán todos los receptáculos, como balsas naturales ó artificiales que con• tengan aguas estancadas sin uso. Impedir á todo trance que el agua se embalse en las orillas de los desagües de los lagos, lagunas y estanques, para lo cual esa corriente será interrumpida con pequeños diques ó presas que mantendrán siempre un nivel constante en su cauce, al que se dará una forma de cuña ó de ángulo de vértice inferior, como indica la figura 'o.' La cultura intensiva del suelo, las plantaciones de pinos y de eucaliptus, dan buen resultado, facilitando la desecación del terreno sin impedir la circulación del aire y el acceso del sol. Por otra parte, hay que tener en cuenta que los bosques, cuyos árboles impiden la entrada del sol, los bosquecillos y los jardines, son los parajes preferidos por los anofeles. Cuando las aguas estancadas no se puedan su- - 147 - primir porque son utilizadas ó porque las obras necesarias para conseguirlo son de valor ó coste excesivo > se deben poner los medios para destruir las larvas de los dípteros portadores de la malaria, Si se trata de cantidades de agua de gran extensión, se puede asegurar la destrucción de esas larvas sosteniendo en ellas peces que se encarga- rían de devorarlas. En los casos de que las balsas ó depósitos tengan relativa poca extensión, se utilizará con ventaja el petróleo vertiéndole en su superficie; pero para que esto surta el efecto que se desea, se tendrá cuidado de verterle sobre varios sitios y no sobre uno solo. Esa operación se hace mejor y con más economía utilizando un trapo más ó menos amplio sujeto á la extremidad de un largo palo, é impregnando aquél de petróleo, se le pasa por la superficie del agua. La mezcla de petróleo y de brea, á partes iguales, además de ser más barata que el primero, solo ó puro, es de mejor resultado práctico, pues mata las larvas más rápidamente y con mayor seguridad de éxito, y, sobre todo, tiene una acción más duradera, porque se evapora con menos rapidez. Para conseguir este objeto, basta emplear diez centímetros cúbicos de petróleo solo ó de la mezcla dicha por metro cuadrado de superficie del agua en que se quiera destruir las larvas y los mosquitos, sin tener en cuenta la cubicación de la masa líquida. Este trabajo de desinfección se debe empezar á practicar en primavera, renovándose cada quince días hasta la aparición de los primeros fríos, pero sobre todo en esta referida estación, para aniquilar las primeras larvas antes de que tengan tiempo de transformarse en insectos perfectos ó mosquitos. Las cisternas y demás receptáculos destinados á conservar el agua para bebida, deben siempre estar cubiertos ó tapados; pero si á pesar de esta precaución el agua se poblara en su superficie de larvas, se procederá á su destrucción sustituyendo el petróleo ó su mezcla con la brea, por el aceite de olivas. - 151 - vedad, porque al organismo, en su totalidad, le encuentra en condicione » de escasa resistencia. Aunque el alcohol es siempre tóxico, lo es más ó menos según su procedencia, y lo mismo decimos de las bebidas con él fabricadas; pero su toxicidad es en mayor alto grado cuando dichas bebidas son confeccionadas con esencias, por ser peligrosas, y lo son, por fabricarse con alcoholes de las clases más inferiores, es decir, los más tóxicos; cuyas condiciones de olor y gusto desagradables, son enmascaradas con aquéllas. Entre estas bebidas tenemos el ajenjo, el bitter y el vermouht, tan usadas como aperitivo un rato antes de las comidas; y aunque en todo momento que se tomen son nocivas, lo son mucho más cuando el estómago está vacío, porque su absorción se verifica rápidamente. Ya hemos dicho, y lo repetirnos, que no hay en nuestro organismo órgano y aparato que no sienta los efectos nocivos del alcohol. ¡Cuántas afecciones del estómago son producidas y sostenidas por él! Las náuseas y vómitos matutinos de substancias viscosas, la . anorex ; a (inapetencia), la flatulencia, ardores, etc., que muchos sufren, á él son debidos, como también algunas, siempre graves, enfermedades del hígado y de otros importantes órganos. Las arterias se endurecen, haciendo de los jóvenes verdaderos caducos, verdaderos viejos, con todas las consecuencias de esa extrema edad. En el sistema nervioso también hace sus efectos el alcohol, entre los cuales . sólo citaremos los frecuentes dolores de cabeza, vértigos, parálisis, insomnios, etc., á más de entorpecimiento de la memoria y de la inteligencia, y por último, consignaremos que el alcoholismo es la antesala de la tuberculosis. El doctor Lagneau afirma que don- 152 - de abundan los alcohólicos, la tuberculosis hace mayores estragos; y otros muchos sostienen que el uso habitual de las bebidas fermentadas es pernicioso en toda clase de enfermedades, y muy especialmente en la ya referida tuberculosis. Por último, á los niños, nunca, y bajo ningún pretexto, se les debe dar bebida alguna fermentada con inclusión del vino en las comidas, aun en contra de la opinión de muchos padres de familia que están poseídos de que los beneficia, porque el alcohol les empobrece la sangre haciéndoles anémicos, y por ende raquíticos y candidatos para más tarde ser escrofulosos ó tuberculosos; y comprendiéndolo así el Gobierno inglés, en la nueva y reciente ley de protección á la infancia, uno de sus capítulos dice: «Si alguna persona da á algún niño de menos de cinco años cualquiera bebida alcohólica si no es por orden del médico, será multada con una cantidad hasta ochenta pesetas.» Mucho más pudiéramos decir acerca de los perjuicios que las bebidas fermentadas, aun con uso moderado y habitual producen en el organismo humano; pero la índole y objeto de este libro no nos lo permiten, restándonos para terminar este capítulo, exponer algunas palabras relativas á la embriaguez ó alcoholismo a o -udo. (.5 Este es un envenenamiento que produce perturbaciones cerebrales y medulares, en muchos casos, de funestos resultados. Tomado el vino, el aguardiente y demás líquidos espirituosos á pequeñas dosis, á pequeños sorbos y repetidos, el individuo siente en los primeros momentos una sensación agradable de calor que del estómago sube á la cabeza; la cara y los ojos se animan así como la inteligencia, cuyas ideas poco á poco se hacen confusas y expresa con locuacidad, á la vez que se cree superior (el borracho) á todos los que le ro- - 153 - lean; las penas y miserias huyen de él, viendo al mundo de color de rosa, todo lo cual le anima á que los vasos del líquido fatal menudeen, aumentando, como es lógico, los efectos de la embriaguez; su locuacidad es mayor, contando hasta los secretos más íntimos, de los que algún mal intencionado puede aprovecharse; está inquieto, sale entra repetidas veces en la taberna, porque necesitando sus pulmones aire, mucho aire para contrarrestar el alcohol que ellos exhalan y que dificultan su respiración, el instinto de conservación, no su voluntad consciente, le obliga á obrar así. Si en este estado pone fin á las libaciones, y sien, do aún dueño de sí mismo, aunque con un tanto de torpeza, se retira á su casa, donde cae en un profundo sueño para despertar al siguiente día y dedicarse á sus ocupaciones, que ejecuta con languidez, y, por lo tanto, sin grandes fructíferos resultados. Las consecuencias, aunque poco felices como se vé, no pasan de ahí; pero si en vez de retirarse á tiempo continúa bebiendo, su inteligencia se obscurece y disputa más ó menos acaloradamente con sus contertulios, que si están 'algo más serenos se burlan de él, de cuya disputa puede resultar una hecatombe, como todos sabemos y ocurre frecuentemente; pero si esto no sucede y continúa ingiriendo vasos y más vasos sin conciencia ya de lo que hace, las venas se hacen prominentes, formando flexuosos relieves en su piel; los ojos se le cierran somnolientos; anda incoherentemente trazando eses y curvas; tropieza en todas partes, en las esquinas de las calles; todo gira alrededor suyo, esperando que su casa pase á su lado para entrar en ella, y, por último, no pudiendo llegar á ésta, cae al suelo para andar á gatas sobre el fango, la nieve ó el polvo, corno un cuadrúpedo, á cuyo nivel el vicio le ha hecho descen- — 154 -- der; y, rendido, allí mismo es presa de un sueño comatoso con respiración estertorosa, pulso pequeño y frecuente, piel sudorosa y fría, y si su resistencia es escasa y no hay persona caritativa que le encuentre y le lleve á su domicilio, el colapso le sorprende, el que, deteniendo los latidos del corazón, termina con la vida de aquel desgraciado, víctima del alcohol y de su insensatez. Este triste y bochornoso cuadro del borracho,. que tan frecuentemente se repite, no está revestido en todos los casos de tanta negrura, sino que afecta otros matices, siempre deplorables, y de su descripción hacemos merced á nuestros lectores por ser harto conocidos; pero así afirmamos, como también lo afirman la mayoría de los médicos, por no decir su totalidad, de todos los países, que la embriaguez habitual, desgraciadamente tan extendida, es en todo caso fatal para el individuo, que, tarde ó temprano, paga con su vida el tributo á tanto desorden, ó da con su cuerpo en el infamante presidio ó en el benéfico manicomio; para la familia, porque en ella se enseñorea la ruina y la miseria más espantosas; y para su descendencia, que viene al mundo con el estigma de multitud de enfermedades, del idiotismo y de la locura. En presencia de un caso de alcoholismo agudo, de embriaguez, ¿qué se debe hacer? Procurar el vómito por los medios que en otro capítulo hemos expuesto (1). Si el ebrio está insensible, se le estimulará, golpeará ó flagelará con los flecos de una toalla mojados en agua fría la cara y pecho; fricciones en las extremidades inferiores; café cargado y caliente, en el que se hayan echado ocho ó diez gotas de amoníaco; se le abrigará con mantas calentadas, y se le aplicarán botellas con agua ca- (1( Véase Envenenam ientos C72: general. - 155 - liente á las piernas, dándole á oler, al mismo tiempo, amoníaco, éter ó vinagre, y si es necesario se practicará la respiración artificial. (Véase el capítulo de este nombre.) Si amenaza la apoplegía, se le hará una sangría de intensidad en relación con la resistencia del enfermo. •>ono(• CAPITULO XIX RABIA Esta enfermedad, conocida también con el nombre de hidrofobia, es virulenta y muy temida por todos, con razón sobrada, no porque cause más víctimas en el hombre que cualquiera otra de las llamadas epidémicas, sino porque desde los tiern-, pos más remotos viene rodeada de cierto misterio que la ha hecho tristemente célebre en los anales de la medicina, y porque la persona que por ella ha sido atacada, siempre y en todo caso ha tenido un fin fatal; sucediendo lo mismo aún en nuestros días, puesto que una vez declarada la rabia en un individuo, la ciencia de curar no tiene medios, es impotente hasta ahora para combatirla con éxito. Esta desconsoladora impotencia de la medicina para triunfar satisfactoriamente de la enfermedad de que tratamos, cuya sola enunciación causa horror y espanto, porque presentados los primeros síntomas que la confirmen, nadie lo ignora, la persona afecta está irremisiblemente perdida, nos ha hecho, nos ha decidido á incluirla en esta obra, no con el objeto de darla á conocer á nuestros lectores, porque demasiado conocida es de todos en los - 157 - antiguos y modernos tiempos, sino para afirmar una vez más que es incurable y llevar al ánimo de la generalidad, ya que, pese á nuestra cultura, aún existen muchos incautos, que siempre que una persona haya sido mordida por un animal rabioso, que en el 90 por ioo de los casos lo es por el perro, y muchas menos veces por el gato, y casi nunca por los demás animales, no se fíen, que desprecien en absoluto á esos curanderos charlatanes, á esos saludadores que, para baldón y vergüenza de nuestra época de progresiva ilustración, tanto abundan en ciudades, villas y aldeas, los desoigan á pesar de las garantías que les den de que con sus brebajes inmundos ó con sus ridículas tonterías les evitarán la terrible enfermedad. ¡Cuántos inocentes han sido víctimas de esos entes, de esa verdadera plaga de la sociedad! ¡Cuántos y cuántos, como la prensa periódica con alguna relativa frecuencia nos da noticia, han sucumbido á la rabia por someterse, por creer en las halagadoras promesas de esos individuos sin conciencia! Pero también les diremos á todos, y muy especialmente á aquellos que, repetirnos, aún creen en el charlatanismo, que si, como queda dicho, la medicina no cuenta hasta el día con felices medios para triunfar de la rabia confirmada, no sucede lo mismo á otra gran ciencia que se llama Higiene, siempre salvadora si se practican sus saludables preceptos, cuyo lema, por todos conceptos humanitario, es: «más vale evitar que curar». La higiene, desde el año 1885, gracias á los múltiples experimentales trabajos de un sabio, de un bienhechor de la humanidad, de Pasteur, cuenta con medios eficacísimos para evitar la enfermedad que nos ocupa en aquellos individuos que por mordedura de un animal rabioso, le ha sido inoculado el virus rábico; y tanto es esto cierto, como 158 — cierto es, y á nadie le cabrá„,ya la menor duda, que la vacuna jenneriana evita la viruela (1). Desde que el gran Pasteur, en julio del citado año, inoculó por primera vez al hombre el virus rabífico atenuado, con la natural emoción del público en general, en la persona de un niño, de José Meister, que recientemente había sufrido profundas mordeduras de un perro rabioso, ¡cuántas vidas, millares y millares, han sido rescatadas á la muerte con la aplicación del procedimiento profiláctico del sabio francés! ¡Cuántos beneficios, inmensos, ha producido la profilaxis de la rabia en todo el mundo civilizado! Estas vacunaciones pastorianas tuvieron resonancia mundial rápidamente,. repitiéndose las inoculaciones antirrábicas •n tal número, que en Noviembre de 1886 pasaban de 2.000 los individuos que habían ya recibido los beneficios de estas vacunaciones, y de 5o.000 en los diez años siguientes desde el feliz descubrimiento, multiplicándose de modo maravilloso los Institutos destinados á la profilaxis de la rabia en todos los países civilizados de uno y otro continente, no siendo España de los reacios, puesto que en 1887 se estableció uno en nuestra ciudad condal, en Barcelona, al .que siguieron otros oficiales y no oficiales en el resto de la Península, cuyos beneficios prestados no creemos necesario ponderar. Como dejarnos dicho, el perro, tan amigo del hombre y guardador fidelísimo de su casa, es el que en la inmensa mayoría de los casos le inocula la terrible enfermedad que él, por mordedura de otro de los de su especie, ha recibido. El virus rábico se conserva principalmente en (1) Véase nuestro folleto La viruela y la vacunación y revaeunación, como medio de evitarla. - Í 59 la raza canina, tan abundante en todas las latitudes, causando verdaderos estragos en los diferentes paises donde el hombre existe, hasta el extremo de producir en algunas ocasiones muy serias epidemias de rabia, de las cuales pudiéramos citar una larga lista de las que desde el siglo xiii se han registrado hasta nuestros días aquende y allende los mares, y que omitimos aquí en aras de la brevedad, y porque no tiene objeto dada la índole de este libro. Este virus, que en vez de disminuir y aun de extinguirse parece que tiende á aumentar en las naciones que, como la nuestra, existen disposiciones sanitarias para tan laudable fin, se comprende ese aumento por la incuria y apatía, reprobables por todos conceptos, que á. todos nos domina para cumplir y hacer cumplir esas sabias disposiciones con el rigor que su importancia requiere, y las cuales, bien observadas, harían desaparecer esa pléyade de canes que libremente vagan por las poblaciones y caminos con peligro evidente, estén ó no rabiosos, de los transeuntes que por ellos circulan, y que reducirían notablemente las inoculaciones rábicas entre sí, y, por ende, al hombre, como sucede en Holanda, Suecia y Bélgica, naciones en las que sólo se registran ya casos aislados de perros rabiosos que en las fronteras han recibido el virus por mordeduras de los canes de los Estados vecinos, en los que, como en el nuestro, las higiénicas medidas contra esta infección son letra muerta. Siendo este animal, repetimos, el que casi exclusivamente inocula al hombre el virus de la rabia, creemos necesario dar á conocer á los lectores de estas páginas la descripción más ó menos detallada de esta enfermedad en el referido animal, por si llega el caso, bastante probable, de 160 - que alguno á su servicio ó de su propiedad fuese atacado de ella la conozcan prontamente, evitando así, y en lo posible, el peligro de su mordedura; descripción que por este motivo conviene á todos conocer. La rabia en el perro puede presentarse de dos formas diferentes: la furiosa ó de grande excitación, y la tranquila ó paralítica. La primera forma es la más frecuente; y tanto una como otra tienen un primer período llamado de incubación, que es el espacio que media entre el momento de la inoculación del virus ó mordedura por otro perro infestado y ya rabioso, hasta que aparecen los síntomas iniciales de la rabia; cuya duración es, por término medio, de cuarenta días, excediendo rara vez de los es sesenta. En este período de inoculación el animal hace su vida ordinaria, sin que señal ni rasgo alguno haga sospechar el virus que en su organismo evoluciona. Finalizado este período, el animal entra ya en otro ó inicial, de un par de días de duración, por lo general, en el que su carácter varía, poniéndose triste á la vez que excitable sin motivo fundado; se oculta ea los sitios más apartados y tranquilos de la casa, de donde sale á los pocos momentos para volver en seguida á ellos presa de verdaderas alucinaciones; sin embargo, aún no intenta morder y obedece, aunque con cierta marcada apatía, y á. veces gruñendo, los mandatos de su amo. En este estado ya es peligroso el perro, pues su saliva es eminentemente virulenta, y por lo mismo se le. debe encerrar en un local, en una habitación aislada y evitar su contacto y hasta el lamido de las manos de las personas de su trato, á lo que .tan aficionados son estos fieles y cariñosos animales, porque basta la más ligera é insignificante escoriación que en ellas se tenga, para que ésta se con-