Biografía del erudito sevillano Don Justino Matute y Gaviria : y noticia de sus obras literarias
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D. JUSTINO MATUTE y GAVIRIA
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BIOGRAFÍA DEL ERUDITO SEVILLANO DON JUSTINO MATUTE Y GAVIRIA Y NOTICIA DE SUS OBRAS LITERARIAS POR DON JOSÉ VÁZQUEZ Y RUIZ Licenciado en la Facultad de Filosofía y Letras y Correspondiente de la Real Academia de la Historia. r A ; PONACION MOYTOTG no SEVILLA: IN > En la Oficina Tipográfica de E. RASCO, Y Bustos Tavera 1.* Ma Y » An ¿de
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ALEXCMO.SR.D. JUAN PÉREZ DE GUZMÁN Y BOZA, LIAÑO Y AUBAREDE, DUQUE DE T'SERCLAES DE TILLY, GRANDE DE ESPAÑA DE PRIMERA CLASE, CONDE DE TILLY Y DEL SANTO IMPERIO EN AUSTRIA, MAESTRANTE DE LA REAL DE SEVILLA, GENTILHOMBRE DE CÁMARA CON EJERCICIO y SERVIDUMBRE DE S. M., SEÑOR DE LA TORRE DE GIL DE OLID Y DE LA TORRE DE LA MARGARITA, ABOGADO DE LOS TRIBUNALES DE LA NACIÓN, INDIVIDUO CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA, ACADÉMICO ELECTO DE LA DE BUENAS LETRAS DE SEVILLA, ETC., ETC.* Excmo. Sr.: EPR EDIENDO 4 reiteradas instancias de varzos - amigos DI | devotisimos del historiógrafo sevillano D. Pustino Matute y Gaviria, publiqué en 1885 unos Apuntes biográficos y noticia de las obras de este erudito escritor. Nadie hasta entonces se había ocupado en averiguar la vida del infatigable investigador de la historia de Sevilla, á excepción del malogrado catedrático de Derecho de esta UnzIS
A AA A A AA E EE ma índole, y quien expuso su necesidad en Sevilla en la forma siguiente: «No ha habido nación ninguna de las que han merecido á la posteridad el renombre de cultas, á quien no le hayan debido el mayor aprecio las Bellas Letras, y en su consecuencia la Poesía como el más bello y agradable de sus diferentes ramos. Nuestra España, que á pesar de las emulaciones extranjeras, puede gloriarse con razón de los grandes talentos que la han ilustrado en todo género de estudios, no ha sido ménos fecunda de excelentes modelos para la Poesía. Pero, corrompido el gusto á principio del siglo pasado, siguieron por todo él y parte del presente nuestros poetas aquel falso sublime y aquella hinchazón de estilo que se echa de ver en las obras de su principal patrón D. Luís de Góngora; decayendo la poesía castellana de su antiguo esplendor y sencillez. Ya reformado el gusto en nuestros tiempos, se han aplicado muchos con esmero á esta preciosa parte de la literatura. Pero por desgracia de nuestra época todos son excelentes censores y poquísimos medianos poetas: corto el número de los que imitan á los Garcilasos, Argensolas, Villegas, etc., y bien considerable el de los que se ejercitan en repetir sus respetables nombres, con mofa y menosprecio de sus iguales. Este contagio se ha hecho tan común en toda España, que ha llegado á fijar su domicilio en esta ciudad de Sevilla, donde la barbarie halla por protectores á los más autorizados personajes, y donde áun el mismo nombre de poesía es despreciado de los que más por ignorancia del pueblo, que por mérito propio, han conseguido aplauso de literatos. Parece imposible que la que en tiempo fué madre de los celebrados poetas árabes, entre los cuales cuenta una María Afauli, que con razón puede llamarse la Safo de los árabes, y en los posteriores á un Herrera, un Rioja, un Jáuregui y
otros muchos, haya llegado á una decadencia casi irreparable. Estas y otras consideraciones nos han movido á promover con todas las fuerzas posibles entre nuestros compatriotas un estudio tan digno de aprecio por todas circunstancias. Este es el objeto de esta Academia, que por el afecto á aquel gran maestro de todo buen gusto ha querido honrarse con el renombre de HorAcIAÑa.> Así expresaba Matute el pensamiento de la Academia, empresa colosal para jóvenes imberbes, que aún no habían abandonado las aulas universitarias, sin nombre ni reputación todavía en la república de las letras y sin otras armas que las del valor que presta siempre el entusiasmo por el estudio. Los nombres de Matute y Arjona irán unidos siempre que de este punto se trate; porque ellos fueron los primeros que, procurando oponerse con todas sus fuerzas á la corriente invasora de los extravíos del buen gusto y amordazar la cohorte atrevida de copleros que con la mayor audacia pretendían escalar las escabrosidades del Parnaso, iniciaron el pensamiento de establecer aquella Academia, que ni tuvo tan corta duración ni tan escaso valimiento, á mi juicio, como el que le asigna uno de nuestros críticos modernos. Es cierto que tan loables esfuerzos no llegaron á producir por el momento los resultados que se propusieron sus creadores, pero despertó, no obstante, las aficiones literarias de aquella noble juventud que cursaba entonces en nuestro Centro de enseñanza, preparándola para mayores progresos y adelantos. La primera sesión que celebró esta Academia, en 29 de Noviembre de 1788, verificóse en la casa de D. Álvaro Pacheco, Marqués de Gandul, y en ella se nombraron los cargos, cuya presidencia recayó en Arjona y la secretaría y vicepresidencia en D. Justino Matute.
ES A A A AAA A — 14 — Establecida definitivamente en la Biblioteca pública de la Ciudad, tuvo lugar su apertura solemne el 12 de Febrero de 1789, en la que, después del discurso del Sr. Presidente, probando la nobleza y antigiiedad de la Poesía, leyó Matute un Canto en verso blanco de doscientos noventa y tres versos, que empieza de este modo: «El amor de alabanza me dirige Hácia la excelsa cumbre del Parnaso: Allí Apolo me inspira con su gracia, No á criticar del hombre las acciones, No á describir con bajo estilo cuanto Ceres proteje y Baco favorece:» A A AA APN rta Sigue una invocación á las Musas, pidiéndoles sus gracias para cantar las grandezas del hijo de Saturno. Éste preside una asamblea de todos sus hijos, en la que cada uno da cuenta del influjo poderoso que ejerce en su destino y la prosperidad y grandeza que alcanzan las naciones con su protección y ayuda. Júpiter felicita á todos y en particular á su amada Minerva por el bien que resulta á los hombres que le rinden culto; pero ésta, que áun no había hablado, lanza un profundo suspiro y se lamenta amargamente del escaso fruto que producen las ciencias. Apolo, que esto oye, levántase de su asiento, y, con el respeto y la reverencia debida á su padre, manifiesta á Minerva las mismas quejas y el olvido en que le tenían los pueblos, en particular Sevilla, en donde tantos altares se le habían levantado en otro tiempo, y dirigiéndose indignado á Júpiter, le dice: A A A PA AA AX | | «Yo no puedo sufrir, Júpiter santo, Que tanto se persiga al bello gusto: ' Enviad vuestro rayo omnipotente | | Y que sepulte á semejante gente.» | | | | p | | A A A A A A AA A NN a
— 15 — No bien hubo acabado Apolo, cuando Minerva pide al padre de los dioses el remedio que tanto necesitaba: y éste, deseando complacerla, «Á Mercurio le manda que Áá la tierra Vuele pronto y publique en sus confines La voluntad suprema de los dioses: Que de pórfido hermoso formen aras Donde contínuamente sacrifiquen Al dios que en Pithia quiere ser honrado. El mensajero parte publicando En todas las regiones su embajada: Llega á Sevilla, y encuentra dedicados Algunos simulacros á las Musas, Y los bustos de Horacio y de Virgilio De muy fresca verbena coronados. El vuelo aquesta vista le suspende, No conociendo la devota mano Que por ellos honraba al rubio Apolo; Mas encuentra la Fama, que publica Con una nunca vista .ligereza El culto de este dios, y que en Sevilla pS Se le ofrece dosel y rica silla.» Me he permitido dar á conocer á grandes rasgos esta composición, primicias de su numen, á lo ménos en lo que he podido averiguar, la que si no tiene gran mérito literario por lo desacertado que estuvo en la elección del metro para este ensayo, metro dificilísimo en el que sólo los grandes maestros pueden salir victoriosos, revela, sin embargo, trama ingeniosa en la fábula y aptitud innegable para el divino arte de la Poesía. Aunque durante los tres años que vivió la Academia sólo se ocuparon sus socios (1) en leer y comentar la Epístola de merece el noble empeño de aquella juven- ; (1) Como testimonio del aprecio que
e A A Horacio á los Pisones, todos leyeron trabajos ya en prosa ya en verso, encomendados unos por la Academia y de libre elección otros: de D. Justino, entre los muchos que leyó, sólo se conserva uno titulado /afluencia de la Poesía sobre las Artes y las costumores. De las cenizas de la Horaciana brotó dos años más tarde otra segunda con el título de .Academia particular de Letras Humanas. Sometida ésta desde su fundación á mejor plan que la anterior, á pesar de que estaba compuesta también de escolares animosos y entusiastas por los buenos estudios, bien pronto unieron sus esfuerzos á fines tan laudables hombres doctos y de reputación literaria ya conocida, como Lista, Reinoso, Roldán, Blanco, López de Castro, Núñez y Díaz, Sotelo, Santullano, Rector entonces de la Universidad, Matute y otros muchos que por su capacidad y talentos alcanzaron más tarde los primeros puestos en la jerarquía eclesiástica, en la enseñanza pública, en la magistratura y en las demás carreras del Estado. La historia de esta Academia, escrita por su secretario D. Félix José Reinoso hasta el año de 1799, y continuada tud entusiasta que supo sacrificar el ocio de sus trabajos escolásticos en aras de tan laudable empresa, permítaseme consignar en esta página los nombres de los que formaron la Academia Horaciana. Mtro, D. Manuel de Arjona y Cubas, Presidente. Br. D. Justino Matute y Gaviria, VicePresidente y Secretario. Her.* Alonso Rodríguez, Religioso del convento de San Francisco, ciego de nacimiento. D. Ignacio Francisco de Arjona. Mtro. Fr, Pedro Garrido. D, Antonio González de León. D. Francisco del Cerro. Br. D. Gerónimo Hurtado. D. Dionisio Diago. D. Joaquín de las Doblas. D. Francisco Origiiela y Morales. Dr. D. Francisco Cerero. D. Agustín Muñoz. D. Juan Pablo Forner. Dr. D. Manuel Carranza. D. Diego de Vera y Limón. D. Francisco Pacheco y Barreda. D. Luís Pisana y Muñoz. D. Manuel García. D, Francisco Fuenmayor y la Fuente, que después tomó el hábito de capuchino y profesó.
— 17 — por mí hasta su extinción, es ya conocida, y en ella podrán apreciar los lectores el valor de los trabajos presentados y discutidos que, ya en prosa ya en verso, vieron la luz públiblica, y otros muchos que quedaron inéditos en el archivo de aquel centro literario. En 11 de Febrero de 1798 presentó Matute á la Academia su primer estudio, que fué el siguiente: Historia critica de la Sátira española (1). No se detiene D. Justino en este trabajo en buscar en la naturaleza los principios de la sátira, sino en exponer reunidos con bastante erudición y crítica los pensamientos de cuantos se habían ocupado en este estudio. Juzga que los Sacristanes y Lorenzos de nuestros entremeses del siglo XVII «imitan con propiedad bastante á los sátiros grieg0s, no sólo en sus pullas y donaires, sino en la gesticulación y pantomima ridícula en que ganaban los aplausos de la mosquetería. » Hace después un estudio detenido de la sátira latina en Lucilio, Horacio, Persio y Juvenal, siguiendo en un todo la Opinión del Abate Andrés en su ZZ¿storía de la Literatura. Critica á Luzán, que tan á mal había llevado el triunfo que alcanzó Cervantes con su Ingenioso Hidalgo, pues miraba como una especie de perjuicio el destierro general de los libros de caballería que logró el Príncipe de nuestros novelistas coz las burlas de su Quaijote, pues aquellos libros, decía, inspiraban la inclinación dá las armas, el valor, la antyePidez, la buena fe, el sufrimiento y el preferir la muerte a la infamia. Matute contesta á esto, que, si bien es verdad que el pueblo se animaba con aquellos ejemplos, leía en ellos otros muchos de liviandad, temeridad y superstición, (1) Folleto en 4. de 29 hojas, existente en la Biblioteca Provincial. 111
A a que con preferencia quedaban impresos en la memoria de los lectores incautos. Entra después D. Justino en el vasto campo de nuestra literatura, estudia minuciosa y detenidamente á los satíricos españoles, y haciendo notar en ellos las bellezas y defectos de sus obras, manifiesta que conocía bien la índole de la sátira y sus más recomendables preceptos. En 10 de Mayo del mismo año, en que celebró la Academia el quinto aniversario de su inauguración, D. Justino Matute leyó un discurso cuyo tema era: La Escuela poético-drabiga sevillana (1). Proponíase en él, según sus palabras «poner á la vista de los señores académicos, en la mejor forma que pueda, la Escuela poético-arabiga sevillana, en la que si se comparan sus luces con las escasas de sus siglos, se encontrarán pensamientos sublimes, entusiasmo en las frases y dignidad en las sentencias; prendas todas características de aquella nación.» Poca originalidad presenta ciertamente Matute en este trabajo, y era natural que así sucediera, si se tiene en cuenta su desconocimiento completo de la lengua árabe y la falta de trabajos críticos de esta índole que le sirvieran de guía en un camino tan poco conocido entonces. Pero á pesar de este defecto, tiene el mérito innegable de haber puesto á contribución la Biblioteca arábigo-hispana del presbítero maronita D. Miguel Casiri y de haber entresacado de ella cuantas noticias creyó conducentes al esclarecimiento de un punto tan importante para la historia de Sevilla, y el de haber vertido del latín á la lengua patria algunas composiciones ligeras y festivas de poetas arábigos sevillanos. (1) Los herederos de D. Francisco original de este discurso. de Borja Palomo poseen el manuscrito
Sirva de ejemplo la siguiente del poeta Assiuteo, que consigna Casiri al fol. 83 del t. 1 de su citada Biblioteca, y que Matute traduce de este modo: CANTINELA Ki «Para traerme el vado Tengo yo una muchacha, Muchacha cuyos ojos Son huertas regaladas. Para hacerlas frondosas Las fuentes no le faltan: Tiénelas y perennes Mi jovencita amada. ¡Oh tú que cuerdo temes De la mujer las gracias, Ay mísero! ¿No sientes Que su fuego te abrasa! ¡Ay! ¿cómo has de librarte Del daño que amenaza Si sus chispas te llegan Hasta incendiar el alma: ¡Oh! ¿cómo de sus dardos Ó piedras despiadadas - Has de librarte, cuando En sus brazos te enlazas? No moras en sus pechos, Pero el amor te manda Que familiar las sirvas Si señoras te mandan. En ellas y con ellas La inquietud siempre anda, Y el incendio amoroso Arde siempre en sus casas.» D. Justino, después de recorrer la Escuela poético-arabiga sevillana formula de ella el siguiente juicio: «Su Par-
a A A A A A A A O A A A Ea os a O A A — e O naso, aunque debe ser conocido de los eruditos, jamás podrá instruirnos en cosa alguna que merezca ser imitada, ni interesar más que nuestra curiosidad; en una palabra, las Bellas Letras nunca podrán gloriarse de los adelantamientos que las demás ciencias deben á los árabes. » Prometió Matute á la Academia hablar en otra ocasión del mérito poético de esta especial literatura «materia, dice, digna de investigación y que merecía ser tratada, tanto por la influencia que ha tenido en la poesía moderna, cuanto por la analogía y semejanza que se observa entre ambas.» Pero toda mi diligencia por encontrar este trabajo ha sido infructuosa. En 5 de Agosto del citado año leyó D. Justino en la Academia sus traducciones de seis odas de Horacio; Fam satis terris; Pastor cum traheret; Bachum in remotis; Descende colo; Quo me, Bache, rapis; y Qualem mintstrum fulminis. La primera de estas versiones en prosa poética y la segunda en estilo y lenguaje prosáico, supliendo las ideas intermedias, y reduciéndolas á un razonamieuto ordenado: añadiendo algunas reflexiones propias, en que manifiesta más abiertamente la diferencia entre la sencillez prosáica y el artificio y desórden poético, especialmente en la lírica (1). En 8 de Diciembre del mismo año, día en que la Academia celebraba todos los años con extraordinario regocijo la fiesta de la Concepción Inmaculada de nuestra Señora, su protectora, aspiró Matute en oposición al premio señalado, leyendo una oda 4/Sér Supremo, que mereció el accószz. En 10 de Febrero de 1799 leyó un Discurso sobre la Tragicomedia: su orígen, su carácter, si se distingue de la comedia heróica y lastimosa; de 54 páginas en 4.” En 29 de Setiembre del mismo año presentó y leyó don (1) Consta este trabajo de 64 páginas en 4.”
es Justino una Memoria sobre la persona y escritos del Obispo de Puerto Rico, el Dr. D. Bernardo Balbuena, que puede servir de suplemento al discurso que sobre el mérito de su Bernardo presentó en la Academia D. Alberto Lista y Aragón; y en 8 de Diciembre una oda, La Muerte bienhechora, leida en oposición al premio menor de Poesía. Pero donde se puede notar el amor que Matute tuvo á la Academia es en los dos últimos años de la existencia de este centro. Cuando ya tocaba á su fin y las juntas de sus asociados se veían poco concurridas, D. Justino nunca faltaba á ellas, animando á los académicos con su entusiasmo y sus constantes trabajos. La mayor parte de estos han desaparecido, y sólo se conserva su Fuicio de las acusaciones que pueden hacerse al libro IV de la Eneida, que leyó en 25 de Mayo de 1800. 15 hojas en 4.” (1). En este estudio demostró Matute una vez más el profundo conocimiento que tenía del Vate mantuano, de sus críticos y comentadores, y de los más insignes poetas del siglo de Augusto: su crítica literaria, basada en los sólidos y fundamentales principios de la Filosofía y del buen gusto, es siempre acertada y segura: responde á todas las acusaciones de los censores con gran talento y copia de vastísima erudición clásica. Con razón puede afirmarse que este trabajo es sin duda uno de los mejores que salieron de su pluma. La epidemia que con tanto furor afligió Sevilla en el año de 1800, y en la que según el cálculo aproximado de un testigo presencial (2) murió la tercera parte de la población, consternó de tal modo á los sevillanos, que sólo pensaban en la muerte, que juzgaban casi inevitable. De aquí los votos (1) M.S. original que posee el doc- (2) El presbítero D. Francisco de P. tor D, Francisco Rodríguez Zapata. Dherbe.
AN pero alentado por sus amigos, la llevó á cabo, dando á luz en 1.2 de Octubre de 1803 el Correo de Sevzlla, cuya publicación, en medio de grandes contrariedades, sostuvo con un entusiasmo y constancia inimitables hasta que nos sorprendió la invasión francesa (1). La distribución y corte que D. Justino dió á las materias de su periódico era la corriente en aquella época en esta clase de publicaciones. En el Correo vieron la luz pública muchas producciones literarias que por su moral y belleza de estilo merecieron la atención pública; pequeñas piezas poéticas, anécdotas instructivas, apólogos morales y doctrinas relativas á las artes, estudios filosóficos y de crítica literaría, artículos científicos relativos á la Física, la Química y la Historia Natural, algunas traducciones de poetas latinos y muchas producciones inéditas de poetas andaluces, sin descuidar las noticias de interés local que convenían al público. : ad Muy díficil me sería intentar siquiera el bosquejo de los trabajos que dió á luz Matute en los catorce tomos de su periódico: en él lucieron sus galas poéticas los restauradores del gusto literario: en él cantaron los famosos vates sevillanos Lista, Reinoso, Blanco, Núñez y Díaz, Roldán, Castro y otros muchos poetas que adquirieron más tarde fama imperecedera: y Matute mismo, editor y redactor en jefe de esta publicación, enriqueció la historia de Sevilla con nuevos y preciosos datos, y manifestó una vez más su inspiración poética, no despreciable, en varias odas, fábulas, idilios, cantinelas, letrillas y anacreónticas que en el Correo vieron la luz pública. Muchos enemigos tuvo, sin embargo, este periódico que (1) La colección completa de este en 4.” desde 1803 á 1808. Imp. de la raro periódico consta de catorce tomos Viuda de Hidalgo.
A intentaron desprestigiarlo y hacerlo desaparecer; pero don Justino, que tenía el genio atrevido de los que acometen arduas y difíciles empresas, tranquilo en su conciencia, despreció á sus émulos, y con esta conducta alcanzó la victoria. Y cuando la mala fe ó envidia de sus mismos enemigos hizo que fuese denunciado á la Inquisición como heterodoxo un artículo publicado en el núm. 277, correspondiente al día 24 de Mayo de 1806, titulado Dzscurso sobre la manera de cultivar la imaginación, á pesar de haber merecido la aprobación del Dr. D. Manuel María del Mármol, Revisor entónces del Santo Oficio, Matute se defendió victoriosamente de aquella acusación en un folleto que permanece inédito, en el que revela conocimientos muy profundos en materia de filosofía moral. El crédito y renombre que tan justamente había adquirido ya en esta época D. Justino le abrió las puertas de la Universidad de su patria, y en 1807, en que se puso En práctica por esta Escuela el nuevo plan de estudios, que había formado la Universidad de Salamanca, le fué adjudicada la cátedra de Retórica en concurso con D. Juan García Arias, cuya enseñanza desempeñó durante tres años, hasta que en 1810 fué sustituido por su amigo D. Alberto Lista. VI El espíritu enciclopedista de la Francia había hecho, como en toda Europa, muchos prosélitos en España, y particularmente en Sevilla. Las pretensiones filosóficas con que apareció aquella perniciosa doctrina y el orgullo de sus maestros, que se reputaban oráculos de la verdad y preten-
dían enseñorearse solos en el dilatado campo de la ciencia, aficionó á muchos de nuestros literatos al estudio y propagación de lós escritos del Patriarca de Ferney: y ya por seguir unos esta novedad, que los hacía aparecer más ilustrados entre los indoctos é incautos, ó bien porque algunos reyes, príncipes y ministros se hallaban también contagiados con aquellas corrientes filosóficas, extendíanse éstas cada vez más, porque servían de mérito preferente para escalar los primeros puestos del Estado. Separada ya nuestra Universidad del antiguo Colegio mayor de Santa María de Jesús, con el que había estado unida desde 1551,abandonó sus viejos estatutos y reglamentos para adoptar el plan de reforma del volteriano Olavide, calcado en las ideas filosóficas que profesaba el famoso Asistente de Sevilla, el amigo íntimo del Conde de Aranda, Campomanes y Voltaire, quien escribiéndole desde su retiro, le decía: «Sería de desear que hubiese en España cuarenta hombres como vos.» Fué este plan el más radical sin duda y el de mayor trascendencia de cuantos se formularon por entónces, que con su centralización completa acabó de matar las ya mermadas libertades universitarias. Muchos de los profesores del Claustro de nuestra Escuela sostenían y pro- - pagaban en las aulas la ciencia transpirenáica, sirviendo de dóciles instrumentos de los famosos ministros de Carlos III. Habíanse proscrito los antiguos libros de texto, las cátedras que vacaban no se proveían más que interinamente en los afectos á las nuevas doctrinas, y aunque en apariencia disimulaban éstos cuanto podían, bien pronto se notaron los frutos de la semilla que derramaban en el corazón de la juventud escolar. El titulado Abate Marchena, el célebre revolucionario, enemigo encarnizado de Maximiliano Robespierre, hombre
sin Dios y sin conciencia, á cuya acerada pluma temieron tanto los principales jefes de la Convención, salió de las aulas de nuestra Escuela con otros muchos que, si no mejores que el célebre tonsurado, supieron disimular mejor las exaltadas ideas que en sus cerebros germinaban. D. Justino Matute había también respirado aquella atmósfera viciada y frecuentado las mismas aulas: lazos de amistad estrechísima unfanle con los académicos que dejo mencionados, quienes participaban del espíritu de aquellas novedades de gran tono: su conocimiento de la lengua francesa le aficionó mucho á la lectura de los libros y revistas extranjeras con que nos ilustraban los sabios de allende los Pirineos, y aunque de corazón noble y de índole benigna, dejóse también arrastrar, como sus colegas, por las invasoras corrientes de las ideas de su tiempo. El enciclopedismo había echado ya raíces muy profundas en la mayor parte de nuestros hombres de letras, y la nación en que Voltaire quería que hubiese cuarenta propagandistas de la calidad del mencionado Olavide, los contaba á la sazón en Sevilla por centenares. Tan simpáticas eran á estos hombres ilustrados las libertades francesas, que si públicamente no saludaron con júbilo las victorias del tirano Bonaparte, y disimularon por el pronto, temiendo con razón la justicia y severos castigos de la Junta de Salud Pública, que dió sobradas pruebas de su energía y patriotismo durante el corto período de su dominación en Sevilla, á la ocupación de esta capital por las huestes francesas, acaudilladas por el Rey intruso, €n 1.2 de Febrero de 1810, no sólo reconocieron el Gobierno de este Monarca, sino que se prestaron dóciles á su servicio. Con indignación debemos apartar la vista del cuadro que presentaba Sevilla en las primeras horas de la mañana
de aquel infausto día. Cuando en la noche del 31 de Enero las honradas masas del pueblo se disponían á vender caras sus vidas en la defensa de su patria, las autoridades todas se reunían en las Casas Capitulares para ofrecer cobardemente las llaves de la Metrópoli andaluza á José Bonaparte. Aunque el pueblo permaneció alejado de las demostraciones de júbilo que oficialmente hizo la Ciudad en honor del intruso Monarca, bien pronto se vió éste rodeado de la cohorte de poetas y literatos, formados en la referida Ácademia de Letras Humanas, quienes en esta época pertenecían casi todos á la Sociedad Patriótica. Lista obtuvo el cargo de redactor en jefe de la Gaceta de Sevilla; Sotelo una prefectura; Reinoso, párroco de Santa Cruz, á quien se le atribuyó entonces el célebre soneto, que se repartió con profusión en el teatro, en elogio del rey que abría bondadoso el templo de Talía y Melpómene, fué premiado también con una media ración en la Santa Iglesia Catedral. Pero donde pudo observarse mejor la excesiva condescendencia de una gran parte de las personas más condecoradas de esta población, fué en el espléndido banquete que dió el comisionado regio D. Blas de Aranza en los salones del Palacio Arzobispal, doude moraba, para festejar el día de su Rey y señor. Asistieron á este convite los generales franceses y españoles y más de trescientas personas de ambos sexos, y en él se bailó y cenó opíparamente, y hubo brindis frenéticos por la salud del Rey y del Emperador, deseándoles larga vida y continuas prosperidades (1). Hubo: músicas en las Casas Capitulares, iluminación en la Giralda y demás edificios públicos de la ciudad, y la fachada del Palacio se adornó con multitud de vasos de colores, exhibiéndose en el balcón principal y bajo dosel el retrato del Rey, á (1) Véase la Gaceta de SEVILLA, correspondiente al día 19 de Marzo de 1810.
A e 93 cuyos lados se leía en letras transparentes la octava siguiente, atribuida á Lista: «El que veis, sevillanos, es el Justo, Es vuestro amable rey JOSEF PRIMERO, Cuyo semblante plácido y augusto Muestra su corazón grande y sincero: Ver su pueblo feliz sólo es su gusto, Pues dirige á este fin todo su esmero; Y cual á Egipto dió un Josef ventura, Otro Josef á España la asegura.» Era ya en esta época conocido ventajosamente en la república de las letras D. Justino Matute: su crédito como escritor era envidiado de muchos, y su calidad de catedrático de Retórica en la Universidad y de Ciencias naturales en la Sociedad Patriótica le había creado bastante prestigio y reputación; y bien fuese porque simpatizaba realmente con los enemigos de la patria, ó ya movido por las instancias de sus íntimos amigos y compañeros los citados Reinoso, Lista y Sotelo, afectos, como hemos visto, del intruso, aceptó en mal hora el cargo de Subprefecto de Jerez de la Frontera, con que le favoreció el monarca. Reunía D. Justino todas las dotes necesarias á un buen hombre de gobierno: vasta instrucción, completo conocimiento del corazón humano, madurez en sus juicios, acierto en la aplicación de la ley, y encerrado en su corazón un tesoro riquísimo de sentimientos nobles y generosos. Adornado de tales prendas, desempeñó aquel destino por espacio de veintisiete meses con la dignidad propia de un magistrado integérrimo, evitando males y delitos, y ayudando y socorriendo al menesteroso y desvalido, en cuanto lo permitían sus facultades: su trato era amabilísimo con todos, consideración que se extendía hasta sus subalternos y criados, v
sin haber dado lugar nunca á que nadie se quejara de su administración. Llevó su delicadeza al extremo de no admitir ni el más pequeño regalo de aquellas personas que por algún concepto le estaban agradecidas. Á instancias suyas pudo conseguirse la devolución al convento de Santo Domingo de unas andas ó camarín de plata de la Virgen, que habían recogido los franceses y que estaba ya depositado en la Tesorería. Pero cuando supo que la soldadesca soez y desenfrenada que ocupaba la Cartuja arrancaba de los cuadros las preciadas pinturas de aquel suntuoso monasterio para hacer morrales de sus lienzos, don Justino, que como sabemos tenía pasión por las Artes, á las que siempre había considerado como el signo más cierto del grado de ilustración de los pueblos, lleno de cólera y patriotismo, buscó inmediatamente á los jefes, les habló con calor del asunto, echándoles en cara su excesiva condescendencia con aquellos nuevos vándalos, y ' consiguió al fin librar de la destrucción gran parte del tesoro artístico que el celo de los monjes y la piedad cristiana habían ido paulatinamente acumulando en aquel sagrado recinto. Aunque con grandes dificultades, alcanzó Matute permiso para trasladar los cuadros á la Colegiata, pensamiento noble y generoso, que si no pudo llevarse á cabo, porque ni el mayordomo de fábrica del expresado templo, D. José de Palma, ni él mismo contaban con los recursos necesarios para sufragar los gastos que habían de hacerse en esta traslación, logró salvar, sin embargo, muchos de los mejores lienzos y gran número de alhajas de la citada Cartuja. Dolor nos causa ver á este hombre, tan apreciable por otros conceptos y de cualidades tan sobresalientes, en lucha con su propia conciencia, haciendo traición á su patria y hasta á los mismos enemigos de ella, que le pagaban su infi-
delidad con creces, porque ni permitió que se molestase eravemente á las personas acusadas por causas políticas y que estaban en comunicación directa con el Gobierno de Cádiz, ni tomó nunca providencia alguna contra ellas. Su falta de celo en el cumplimiento de su deber llegó á tal extremo, qué, como frecuentara mucho la casa del presbítero D. Diego Bravo, canónigo de la Colegiata, en donde se reunía una escogidísima tertulia de buenos patriotas para conspirar, nunca se reservaron éstos del subprefecto Matute, mofándose en su presencia del Rey intruso, y sólo les decía: —« Amigos míos, de puertas adentro pueden Vds. hablar lo que quieran; pero en la calle les ruego que no me compromelan.» Tal fué la conducta política de este desgraciado, á quien no me atrevo á calificar con otro epíteto más duro. En 1812 empezó á eclipsarse la feliz estrella del tirano de Europa, y desde esta época se convirtieron en reveses los triunfos alcanzados en los años anteriores: el heróico esfuerzo del pueblo español obtuvo al fin la recompensa debida á tantos rasgos de valor y á tan grandes sacrificios. Retirados los franceses de Andalucía á fines del citado año, D. Justino, á pesar de las comodidades que le ofrecía su destino para emprender la marcha y seguir las banderas enemigas, como habían hecho muchos de sus compañeros y amigos, se presentó voluntariamente y con demasiada confianza á las autoridades españolas, cuando llegaron á Jerez; y aunque tenía en su abono la conducta intachable que había seguido con el pueblo durante el tiempo de su gobierno, tuvo, no obstante, enemigos encubiertos, que, movidos por rencillas personales, le acusaron del delito de adhesión á los franceses. | A Dos fueron los fundamentos que sirvieron de pretexto -
para encausar á Matute: la oda que por encargo del prefecto Sotelo escribió para leerla en la festividad que las autoridades militares francesas celebraron en obsequio del aniversario del Emperador y de la emperatriz María Luisa, su | | esposa, y la chanzoneta con que, por esquivar sin duda una felicitación seria, contestó á su amigo Sotelo, que le participaba la toma de Badajoz por los franceses, diciéndole: «7ze con aquella noticia había tenido muy buenos postres en la DA | comida.» | Á continuación me permito trasladar íntegra la oda citada, documento rarísimo, que deseo dejar consignado en | esta biografía (1): Á NAPOLEÓN EL GRANDE, EMPERADOR DE LOs FRANCESES, ÁLA EMPERATRIZ M.* LUISA, PRINCESA DEL AUSTRIA, SU ESPOSA, EN EL FAUSTO DÍA ANIVERSARIO DE SUS NOMBRES, iN , LOOR Y GLORIA AA SAA ODA No temas ya la muerte, lira mía, Pues que tu acento unido á la memoria Del Héroe, que este día l (1) Cuando publiqué mis Apuntes broofrecimiento que cumplió tan á satisfacgráficos de Matute, á pesar de mi diligención mía, que al poco tiempo recibí una cia, no pude encontrar esta composición, copia fiel de esta oda, que tanto deseaba. interesantísima para mi trabajo. Pero haSirvan estas líneas al Sr. Velarde de testibiendo venido á Sevilla mi respetable monio de mi reconocimiento y gratitud á amigo el Sr. D. Antonio Velarde, caba. sus bondades. llero distinguido de Jerez de la Frontera, He preferido insertar esta oda en el tan ilustrado como amante de las antigiietexto y no en apéndice aparte, porque endades patrias, se brindó generoso á bustiendo que el verdadero lugar de los docucarme en el archivo de aquel Ayuntamiento mentos debe ser aquel en qué se habla de lasnoticias que hubiese de D. Justino, ellos.
Solemniza su gloria, Volará ufano con su augusto nombre Á do nunca atreverse puede el hombre. Dí sus victorias: canta de sus huestes El valor no domado: su justicia No en balde manifiestes; Y la rea malicia, Al oir sus virtudes, espantada Busque entre el 4mg/o su natal morada. Ni olvides su alto trono, rodeado De naciones sin número, sedientas De su saber sagrado, Que reciben atentas Las palabras que manan de su paña En que á todas prescribe su derecho. Ora Marte debela el cuello insano Que se opone á su diestra vencedora, Ora perdona humano Quien su clemencia implora. Y numen tutelar de la ancha tierra, Es dueño de la paz y de la guerra. Y no contento con vencer armado Y en Danubio dictar la paz pedida, Ofrece amartelado | En el ara encendida De amor un holocausto, suspendiendo De sus falanges el temido estruendo. El Dios de los amores, que escuchaba Sus puros votos, lleno de alegría, En el Austria prepara De la bella María El pecho alabastrino, que agradece Del héroe los suspiros, y enmudece. Cual nube, que interpuesta en alto monte De oro y carmín presenta matizadas Al opuesto horizonte ' Sus ráfagas nevadas,
38 que se encuentra inserto en la segunda parte de las Memorias Sagradas que compuso el P. Fr. Martín de Osuna, colegial de San Alberto de Sevilla, quien asegura haberlo copiado del códice que poseía el Veinticuatro D. Bartolomé Pérez Navarro, y lo había revisado el analista D. Diego Ortiz de Zúñiga. En este trabajo enaltece Matute la memoria de setenta y cuatro caballeros sevillanos, dando noticias de sus linajes, servicios y empleos, y de cuanto puede servir para ilustrar la historia genealógica de sus familias respectivas. No pudo consultar D. Justino los libros y documentos que para un trabajo de esta índole necesitaba, y no había quedado muy satisfecho de su desempeño. «Pero tal vez, dice, la obstinación y prolijo empeño han vencido obstáculos que el arte juzgaba insuperables, y aunque haya carecido de éste, mi incansable porfía ha logrado formar estos apuntes.» Concluyó esta ilustración en 8 de Enero de 1813, tres días antes de ser recluido en la prisión (1). VII Dura fué la lección que recibió D. Justino en el cortísimo período de su vida política, para la que ciertamente no había nacido. Hombre de letras, y de espíritu tranquilo, había pasado su juventud consagrado al estudio Ó á su servicio, ora en las Academias, disertando constantemente sobre asuntos históricos ó de crítica literaria, ora en la Universidad de su patria, en la que como sabemos desempeñó la cátedra de (1) Los herederos del citado señor opúsculo manuscrito, que consta de 152 Palomo poseen original y firmado este páginas en 4.
Retórica, ya en fin, en la Sociedad Patriótica, donde desde el año de 1783 tuvo un puesto muy honroso, como socio facultativo, dedicado unas veces á la enseñanza é ilustrando siempre con su saber y prudencia la opinión de los socios en la mayor parte de los asuntos graves en que se vió comprometida esta Corporación (1). Restituido Matute á Sevilla en 1815, y en la tranquilidad del hogar doméstico, se dedicó á la educación de sus hijos y á poner en orden el arsenal de materiales históricos, artísticos y arqueológicos que, durante más de treinta años de perseverante afición y laboriosidad sin ejemplo, había ido hacinando, y bien pronto empezaron á verse los resultados de tan ímprobo trabajo. Llegó, en efecto, á manos de Matute la Votwcza Mistórica que de la parroquial de San Vicente de esta ciudad había dado á luz por aquellos días un feligrés de la misma (2); y, reconociendo la utilidad que á la historia de una población prestan estas monografías particulares, desperbleció definitivamente este centro de enseñanza en. el colegio de San Hermenegildo, que había pertenecido á los regulares de la Compañía de Jesús. Los resultados de aquel Colegio no correspondieron ciertamente á las lisonjeras esperanzas que de su establecimiento habían concebido sus fundadores, y en 1801 trató la Sociedad de reformar los referidos estatutos, para cuya comisión fueron nombrados D. Justino Matute, Reinoso, Fuertes y Uriarte, quienes propusieron el remedio eficaz para cortar de raíz los males de que adolecía y asegurar, como lo consiguieron, la vida de aquella utilísima ins- (1) Concedida real provisión á la Sociedad Patriótica de Sevilla en 16 de Noviembre de 1789 para crear un Colegio Académico, especie de escuela normal, que, á imitación del colegio de San Casiano de la Corte, sirviese para la instrucción de los maestros de primeras letras, profesión muy desacreditada entonces en Sevilla por la ignorancia de los que á ella se dedicaban, la Sociedad encargó la formación de los estatutos y ordenanzas del citado'colegio á los Sres. D. Joaquín Cid y Carrascal, cura de la iglesia parroquial de San Gil de esta ciudad, y á D. Juan José Díez Bulnes. Las dificultades que opusieron los maestros de esta ciudad para que se llevase á efecto reforma tan necesaria fueron tantas, que hasta el año de 1798 no se aprobaron los citados estatutos y se estatitución. (2) Titúlase este raro folleto: Compendio de las antigiedades y grandezas de la insigne iglesia parroquial del martir
tóse en él el deseo de reunir todos los datos que tenía referentes á la iglesia de Santa Ana para que viesen la luz pública. Vasto campo presentaba esta parroquia á la investigación de un historiador tan entusiasta y diligente como don Justino Matute. La importancia que desde tiempos muy remotos tuvo el populoso barrio de Triana, lo particular de su situación, su famoso castillo, ocupado durante largo tiempo por el Santo Oficio, el notable vidriado de la loza de sus fábricas, y otras muchas circunstancias especiales, fueron motivos poderosos que animaron á Matute á no perdonar medio alguno en la indagación y adquisición de todas las noticias necesarias para escribir la historia del más importante barrio de Sevilla. Animado de tan buenos deseos, dice, «empecé á visitar lugares, inquirir, preguntar á los ancianos y demás personas que suponía instruidas en sus antigiiedades, y en una palabra, á juntar cuantos materiales juzgaba que pudieran servir al edificio que me proponía.» Y en verdad que no fueron perdidos aquellos trabajos; pues en 1818 publicó con el modesto título de .4parato la historia de Triana (1). Empieza D. Justino su obra con una disertación eruditísima sobre la antigiiedad y nombre de Triana, mostrándonos las opiniones fabulosas de los antiguos geógrafos é historiadores, y las de Abrahan Ortelio, Rodrigo Caro, Ortiz de Zúñiga, Conde, Casiri, D. Antonio Agustín, Espinosa y el San Vicente de esta M. V.y M.L. ciudad (1) Titúlase este libro 4parato para de Sevilla, con los sucesos memorables ocuescribir la historia de Triama y de su Iglerridos en su collación en diferentes años, sia Parroquial. —Publicábalo D. Justino recopilados por E. M. M. 7. D. (D. José Matute y Gaviria.—Lo da á luz un amante M2 Montero de Espinosa), feligrés de la de la Historia de Sevilla.—Con licencia. misma. —Sevilla, Imp. de Padrino. Año de —Imp. de D. Manuel Carrera y Com1815.—4.", 44 págs. pañía. Año de 1818,—4.”—208 págs.
— 47 — reverendo P. Florez, estudiando los fundamentos más Ó ménos sólidos de sus juicios, para formular después el suyo con bastante acierto y buena crítica. Extensamente se ocupa en el antiguo y famoso castillo, que por su importancia adquirió Triana el título de Guardia de Sevilla, y nos da noticias detalladas de sus alcaides, continuando la historia de esta fortaleza hasta principios de este siglo. De las iglesias, conventos, ermitas, capillas y humilladeros, que existían en su tiempo, nada omite; no sólo en cuanto referirse puede á sus fundaciones, progresos y vicisitudes, si que también á las bellezas artísticas que contenían, deteniéndose muy particularmente en la parroquial de Santa Ana, de la que hace un estudio muy completo y acabado. Narra minuciosamente la historia de sus cofradías, hermandades, fiestas religiosas ordinarias y extraordinarias, y entre estas últimas hace particular mención de la suntuosidad con que celebró esta parroquia las fiestas solemnes que en honor de la Concepción Inmaculada de nuestra Señora fueron tan notables en Sevilla en 1615, en que tanto lucieron los ingenios sevillanos, y de cuyos cultos nos dejó memoria el licenciado Baltasar de Cepeda, notario de la curia eclesiástica, en la Relación que imprimió en el mismo año de las procesiones y fiestas que con tan plausible motivo se celebraron en Sevilla, quien dice así: «¿Que haya fiestas donde ven Cuanto primor verse espera, Y haya sido la primera La Cruz de Ferusalén, Y que prosiga también Luégo SANTA ANA y San Gil, La Magdalena y cien mil, Una á una, y dos á dos, Qué se os da á vos?»
Habla después extensamente del tribunal de la Inquisición, de los Jurados de Triana, de su marina, agricultura, alfarerías é industrias, tempestades, epidemias y edificios públicos, y termina con noticias de sus hijos más ilustres. El Aparato para escribir la historia de Triana es un libro eruditísimo que nada deja que desear en su género, y que puede muy bien servir de norma á cuantos traten de escribir monografías de la misma índole. VIII El prematuro fallecimiento de la reina D.* Isabel Francisca de Braganza, á la que tres años antes la ciudad de Sevilla había tributado el rendido homenaje de su cariñoso respeto en su brevísima residencia en esta población, de paso para la Corte, causó dolor profundísimo en el corazón de los sevillanos, que lloraron en sentidas endechas y tristes elegías la temprana muerte de tan virtuosa señora. Los dos Cabildos, civil y eclesiástico, siguiendo su tradicional costumbre, celebraron en nuestra gran Basílica con la ostentación de siempre suntuosos funerales, de los que hay relación impresa: y este funesto acontecimiento, en cuya conmemoración tomaron tanta parte las letras y las artes andaluzas, proporcionó también á Matute nueva ocasión de manifestar una vez más su pasión favorita de dejar consignados los fastos más notables de su patria. En efecto, don Justino tomó notas de todo cuanto vió, y poniéndolas en orden, describió aquella fiesta fúnebre en un folleto, que tituló: Relación de las Exeguias con que la M. N. M. L. y M. H. ciudad de Sevilla honró la memoria de su amada
Reina la Señora D.2 Isabel de Braganza en los días 16 y 17 de Febrero de este año 1819; y descripción del suntuoso mausoleo en que manifestó su dolor. Aunque al parecer esta relación estaba escrita para darla á la prensa, quedó también inédita, como la que antes he mencionado, relativa á la entrada en Sevilla de Carlos IV (1). IX Entre los muchos é interesantes trabajos histórico-artísticos que nos legó D. Justino merecen atención preferente las seis cartas que con el título de Adiciones y correcciones al tomo IX del viaje de España de Ponz dedicó á un amigo anónimo. Aunque nadie que conozca el mérito de la obra, de este distinguido viajero puede negarle las dotes sobresalientes de actividad y diligencia, ni la vasta instrucción artística de que estaba adornado, estoy de acuerdo con Matute, quien al 'motivar la causa de sus adiciones dice: «Creer que con sólo permanecer en una ciudad tan populosa y antigua como Sevilla un par de semanas, recorrer sus obras públicas en escaso tiempo, y fiar en ajena diligencia sus singularidades, creer en esto, repito, conocerla y describirla es un imposible, que sólo apreciarán los que de intento se dediquen con más lentitud y proporción á sus investigaciones. El viajero Ponz, como anegado en lo vasto de su intento, fió en mucha parte en la diligencia de sus amigos y favorecedores, quienes no siempre gozaban de la ilustración que debería esperarse (1) El Dr. Palomo poseía una copia he podido verla, de la Relación de estas exequias. Yo no VII
de sus obligaciones. De aquí es, que omitió algunas noticias interesantes, equivocó otras, y algunas fueron tratadas con ménos crítica de la que se apeteciera. » Cuando Matute se decidió á dar á conocer la primera de sus cartas, que vió la luz pública en el Correo de Sevilla en 1804, ya hacía algunos años que había formado sus apuntes sobre las omisiones y equivocaciones del referido Ponz en el tomo de Sevilla. Conocedor de esto el canónigo D. Rodrigo de Sierra y Llanes, su amigo, quien tenía encargo del impresor italiano Bodoni, que á la sazón trataba de hacer en Parma una nueva y corregida edición de esta obra, para que buscase persona idónea que pudiera desempeñar aquel trabajo, lo confió á D. Justino, quien lo llevó á feliz término, enviando las tres cartas primeras al citado editor. Pero suspendida la correspondencia con Italia, ya por causa de la guerra, ó bien por haber variado de propósito Bodoni, aprovechó muchas de aquellas noticias D. Juan Agustín Ceán Bermúdez en su ya mencionado D:zcczonarzo, no siendo esto de extrañar, si se tiene en cuenta la amistad estrechísima de estos dos escritores, que mútuamente se comunicaban y franqueaban cuantos datos adquirían referentes á la materia objeto de sus aficiones, y que ambos disfrutaban de las Votícias que en 1788 escribió el pintor don José de Huelva, Secretario que fué de la Escuela de las tres nobles Artes de Sevilla, cuyo trabajo había anotado Matute (1). Tan conocidos eran el mérito é importancia de estas seis cartas, que de su puño y letra nos dejó D. Justino, y tan grande su utilidad para el conocimiento de las artes sevillanas, que el Archivo Hispalense no dudó un momento en darles lugar preferente en sus columnas con nuevas notas é (1) Véase la introducción de la primera carta,
ilustraciones de sus redactores, mereciendo por ello los plácemes de las personas entendidas en la materia y los elogios de la Real Academia de la Historia en el brillante informe que del Archivo dió á esta sabia Corporación uno de sus más ilustrados individuos (1). 7 Con el propósito de dar mayor claridad á este trabajo prefirió Matute la misma forma que diera Ponz á sus cartas, siguiendo sus mismos números marginales, para lograr de este modo dar mayor comodidad á sus anotaciones. Pero no se limitó sólo á corregir equivocaciones, sino que, notando las grandes lagunas y lamentables defectos que contenía la citada obra, describió en la tercera de sus cartas, COn el epígrafe de Zolesías parroquiales de que no habla Ponz, las antigiiedades históricas y bellezas artísticas de las parroquias de San Bartolomé, San Miguel, San Vicente, San Román, San Julián, Santa Lucía, San Gil, Santa Marina y San Marcos. En la carta quinta, al hablar del monasterio de Santa María de las Cuevas, del orden Cartujo, dice Matute que aquellos venerables monjes, sus amigos, le franquearon su archivo y le pusieron en ocasión de escribir la historia del monasterio, que hubiera aprovechado, si los tristísimos acontecimientos que sobrevinieron á España no se lo hubieran impedido. Pero de los muchos apuntes que tenía hizo un metódico resumen, en el que nos da á conocer con minuciosos detalles aquella célebre morada de la oración y del recogimiento y la inmensa riqueza artística que encerraba en su tanto más apreciables cuanto iglesia y espaciosos claustros, iste rede gran parte de ella no nos queda más que el tr cuerdo. de la Real Academia de la Historia, co- (1) D. Francisco Fernández y Gonrrespondiente al mes de Enero de 1886. zález en su informe inserto en el Boletín
— 52 — Xx La memoria de los varones ilustres no puede perecer nunca en los pueblos cultos. El guerrero atrevido es admirado en sus proezas, que dejan siempre marcadas en la sociedad las profundas huellas de su valor heróico: el artista de genio lega á la posteridad sus obras maravillosas, que pregonan constantemente su fama, y el escritor de talento vive en sus producciones científicas ó literarias. De aquí el afán perenne de los hombres eruditos de todos los pueblos y de todas las edades de investigar hasta los menores detalles de la vida de aquellos que por algún concepto dieron lustre á su patria. Sevilla, cuyo suelo fertilísimo ha producido tantos en núme-' ro y de tan relevantes méritos en las diferentes épocas de su historia, carecía de un trabajo especial que trasmitiera á las generaciones venideras las insignes virtudes de sus esclarecidos hijos. Muchos doctos sevillanos, guiados del plausible deseo de perpetuar la memoria de sus compatricios ilustres, acometieron tan ardua y difícil empresa, si bien no de una manera directa, por no haberse propuesto este trabajo como fin principal de sus investigaciones; sino que, aprovechando los materiales que para obras de índole distinta preparaban, consignaron separadamente las noticias que hallaban al paso, relativas á los más doctos varones de su tiempo y de épocas más antiguas. Así lo hicieron Argote de Molina, Rodrigo Caro, D. Nicolás Antonio, D. Juan de Loaysa, Fr. José de Muñana, D. Diego Ignacio de Góngora, don Francisco Lasso de la Vega y otros muchos eruditos sevillanos.
+ ] E a E O IS e O + - AL Er IR ET E A - DELI DAL Arana de Varflora, que pudo muy bien aprovechar los materiales que la incansable diligencia de los escritores mencionados había ido reuniendo, propúsose llevar á cabo esta obra, que terminó y publicó á fines del siglo pasado; pero salió tan imcompleta, tan plagada de errores y tan falta de crítica, que no puede considerarse á mi juicio más que como una colección de noticias biográficas, más propias para adicionar un libro que para formar un trabajo completo en su género. Necesitábase para esta difícil tarea un hombre tan activo y diligente como D. Justino Matute. Dotado éste de una constancia sin límites para el trabajo y de entusiasmo febril por las cosas de su patria, á cuya afición desmedida había sacrificado su salud, sus intereses y hasta el porvenir de su familia, no perdonó medio alguno en la inquisición de noticias y datos curiosos para sus trabajos: no hubo archivos ni bibliotecas públicas que le fueran desconocidos, libros antiguos que no registrase, ni persona erudita á quien no consultara, ó con quien no tuviera correspondencia literaria. Cual solícita abeja libaba la miel de todas las flores, para labrar con ella el sabroso panal de su vastísima erudición histórica. - | Con tan singulares dotes y perseverancia tan continuada, bien pronto adquirió D. Justino un copiosísimo caudal de datos bio-bibliográficos referentes á los más esclarecidos varones de su patria; y conociendo los grandes lunares y defectos de que se hallaba plagada la citada obra de Arana de Varflora, titulada WZojos de Sevilla ilustres, etc., así como también los trabajos de los demás biógrafos anteriores, á quienes la fertilidad misma del campo que explotaban embarazaba los pasos, Matute, que cifraba su mayor gloria en el vencimiento de los mayores obstáculos, ordenó sus apuntes
PA OR «Anales Eclestásticos y Seculares de la M. N. y M. L. ciudad de Sevilla, Metrópol? de Andalucía, que contienen las más principales memorias desde el año de 1701 hasta el de 1800.— Continuación de los que formó D. Diego Ortiz de Zúñiga hasta el año de 1671 y sigutó hasta el año de 1700 D. Antonto Maria Espinosa y Carcel.—Por don Justino Matute y Gaviria.— Año de 1822» (1). D. Justino se propuso seguir por modelo en esta obra al citado analista D. Diego Ortiz de Zúñiga, dándole el mismo corte y distribución que dió éste á la suya: y si ciertamente no llega á igualarle en corrección y estilo, ni tampoco en la manera elevada de ver y apreciar los hechos, es sin duda alguna digno continuador de tan renombrado maestro. Sus copiosísimas noticias hállanse expuestas con orden, método, claridad y sencillez, prendas todas muy recomendables: los documentos que transcribe son todos interesantes y fielmente trasladados de los originales, avalorando el mérito de esta obra, en la que el lector curioso encuentra al par que instrucción, solaz y entretenimiento por la variedad de los sucesos desconocidos que contiene, como son, fiestas civiles y religiosas, ceremonias de juras y proclamaciones de Reyes, autos de fe, inundaciones, epidemias, establecimientos de corporaciones religiosas, fundaciones pías, series cronológicas de los Prelados, Asistentes, (1) Esta obra, importantísima para liberalidad, tantas veces demostrada con todos los que deseen conocer detalladamente los acontecimientos notables ocurridos en Sevilla en el siglo XVIII, ha sido impresa en tres volúmenes en 4.% á expensas del Excmo. Sr. Duque de “P'Serclaes-Tilly, á quien las letras sevillanas, lo mismo que á su señor hermano el excelentísimo señor Marqués de Jerez de los Caballeros, deben agradecer su generosa la publicación de obras inéditas de desconocidos ingenios, hijos de la metrópoli Andaluza. Con el objeto de que los que tengan que manejar esta obra encuentren con facilidad las noticias que deseen, he formado por encargo del Sr. Duque los índices alfabéticos que acompañan á cada tomo. Sm
A Dignidades eclesiásticas y Regentes de la Real Audiencia, y sobre todo, noticias particulares de los personajes más notables en ciencias, armas, artes, letras y santidad que florecieron en Sevilla en la décimaoctava centuria. X1I El respeto profundo con que los hombres ilustrados contemplan siempre las venerandas reliquias de la antigiiedad, despojos de pasadas grandezas y libro elocuentísimo, en cuyas mudas páginas se lee la instabilidad de las cosas humanas, ha atraido en todos tiempos á las personas curiosas á visitar á Santiponce para estudiar en sus ruinas la riqueza y suntuosidad que debió tener la famosa y antigua Itálica. D. Justino Matute que, según he manifestado, frecuentaba mucho aquel lugar en compañía de su amigo el ilustrado anticuario D. Francisco Javier Delgado, empezó desde 1799 á reunir datos y documentos que tuvieran relación con la patria de Adriano. Tantos y tan apreciables fueron éstos, y tan detenido el estudio que había hecho de los mosaicos y otros objetos que en su época todavía se conservaban diseminados en medio de aquellas ruinas, que, aunque ya los monjes gerónimos del monasterio de San Isidoro del Campo Fr. Francisco de Torres y el sabio autor de la Falsa Filosofía, Fr. Fernando de Zeballos, habían fijado su atención en ellos, el primero en su Memorzal del Monasterio y el segundo en su famosa obra La //álica (1), (1) La Sociedad de Bibliófilos Anamigo el Ilmo. Sr. D. Francisco Collantes daluces publicó en 1886 esta obra con un de Terán. prólogo muy ernditode mi respetable
o A ambos trabajos estaban inéditos y sepultados en la oscuridad de los manuscritos. En 1802 publicó con gran lujo en París Mr. Alex. Laborda la Descripción de un pavimento en mosaico descubierto en la antigua Itálica, hoy Santiponce, cerca de Sevilla, con envestigaciones sobre la pintura en mosaico entre los antiguos, y los monumentos de este género, que aún no se han publicado; un tomo folio atlántico con primorosas láminas y viñetas. Lo costoso de esta obra, que no podía ser adquirida por todos los aficionados, y lo interesante de su estudio, movieron á éstos á rogar á Matute á que redujera las láminas de Laborda á menor tamaño, y uniéndolas á su trabajo, que ya estaba concluido, lo publicase. Aunque este ruego halagaba mucho el amor propio de D. Justino, que se hallaba interesado en que viese la luz pública el fruto de sus constantes estudios, no se le ocultaban las dificultades que ofrecía el abrir las láminas y los grandes gastos que, dados sus escasos medios, no podía sufragar. Pero como todo tiene remedio cuando la voluntad obra con energía, «aquellos mismos, dice, se ofrecieron desinteresadamente á costearlas: á éstos se juntaron otros, y al fin, cuál una lámina, cuál más, se ha formado la colección de todos los monumentos de Itálica, en que no sólo se interesa el amor á las letras y y el honor de la patria, especialmente el de Sevilla, sino que la caridad se ha singularizado, socorriendo á artífices necesitados y laboriosos que se ocupaban en la obra» (1). No fué el intento de Matute, al redactar este trabajo, que tituló Bosquejo, formar un libro voluminoso, ni repetir tampoco cuanto habían escrito los historiadores antiguos: su plan fué sencillo y modesto; y sin dar cabida en él á largas y pesadas disertaciones eruditas, escogió con gran tino (1) Véase el prólogo del Bosquejo de Itálica,
cuanto juzgó más indispensable á su propósito, siguiendo en la parte que se refiere al célebre monasterio de San Ísidoro y á los ilustres héroes de la casa de Guzmán los trabajos de Pedro de Medina, Barrantes Maldonado, Benito Tebar, Damián del Poyo, el monje Fr. Francisco de Torres y otros varios, que en aquella época estaban inéditos (1). XIII Dados ya á conocer, aunque á grandes rasgos, los trabajos de mayor importancia de este escritar sevillano, no debo pasar en silencio otros menores, apuntes y monografías curiosas que se conservan de su pluma, y que acusan su laboriosidad y erudición; ni tampoco las composiciones poéticas con que entretenía sus ocios el infatigable D. Justino. Tales son los contenidos en el siguiente CATÁLOGO DE OTROS TRABAJOS HISTÓRICOS DE MATUTE QUE HE VISTO Y NO SE HAN MENCIONADO EN ESTA BIOGRAFÍA. Manuscritos autógrafos. 1.—Memorias de los Obispos de Marruecos y demás Auxtliares de Sevilla.—Folleto de 76 páginas en 4-”, publicado en el 4rc4zvo Hispalense. 2.—Motivo que hubo en 1679 para cerrar el Teatro de comedias.—7 págs. en 4.” juntaba para su historia Das... imprenta de D. Mariano Caro, 1827. (1) El título de esta obra es el siSevilla: guiente: Bosquejo de Itálica 6 apuntes que
3.—Teatros y diversiones públicas en Sevilla.—7 páginas en 4.0 | 4.—NVomóbres de las calles de Sevilla en 1596.—28 páginas en 4.2 5.—Dos cartas á D. Antonio María Espinosa y Cárcel sobre adiciones y correcciones á Zúñiga.—31 págs. en 4., publicadas en el Archivo Hispalense. 6.—Biografía de Benito Arias Montano. — 37 páginas en 4.—Publicada por el Archivo Hispalense. 7.—Censura de la biografía de Baltasar de Alcázar.—6 págs. en 4." 8.—El templo de Hércules (en Sevilla).—8 páginas en 4.” 9.—Vtra. Sra. del Soterraño (en San Nicolás).—4 págiena? 10.—Agua bendita en las piletas los Jueves y Viernes Santos.—2 págs. en 4.” 11.—Maestros de ceremonias que ha tenido la Santa Lglesta de Sevilla.—4 págs. en 4.2 12.— Abad Mayor de Sevzlla.—8 págs. en 4.2 13.—£pitafios en la Cartuja de Sevalla.—12 págs. en 4.” 14.—Memortas relativas 4 Cartuja.—8 págs. en 4." 15.—Noticia de las pinturas que había en el Convento Casagrande de la Merced de Sevilla, sacadas de su archivOo.—4 págs. en 4." 16.—Nuestra Señora de las /rebres (en San Pablo). —2 págs. en 4." 17.—Lglesta de la Magdalena de Sevilla.—8 págs. en 4.? 18.—Ermita de San Onofre.—2 págs. en 4.2 19.—JZnscripciones sepulcrales del Monasterio de San Clemente el Real de Sevilla.—12 págs. en 4-” 20.—Monjas del Monasterio de las Dueñas.—4 páginas en 4-2 E a DO
21.—Voticias del Convento de monjas del Espiritu Santo. — 12 págs. en 4.” 22.—Sujetos célebres del Colegio de Santo Tomás de Sevzlla. —14 págs. en 4.” 23.—Voticias de Capuchinos ulustres, hijos de Sevalla.—8 págs. en 4." 24.—La estación del Niño perdido.—4 págs. en 4. 25.—Voticia de las 15 velas del Tenebrarzo.—2 págs. en 4." 26.— Viaje a Extremadura en 1801. 27.—Discurso sobre el estudio de las Matemáticas, de la Chímica y de las Letras Humanas, leido en la Sociedad Patriótica de Sevilla en 24 de Marzo de 1803 (1). Copias de sus originales. 1.—Catálogo de los Arzobispos de Sevilla. 2.—Id. de los Deanes de la Santa Iglesia. 3.-—Id. de los Caprtulares que han obtenido mitra. 4.—1Id. de los A4Aszstentes de Sevilla. 5.—lId. de los Regentes. 6.—Noticia del lugar el Copero. 7.—1Id. de Rzanzuela. 8.—ld. de Sanlúcar la mayor. 9.—Noticia sobre la situación de //4pa (2). mo, y algunos, muy pocos, se encuentran encuadernados en tomos de varios de la Biblioteca de la santa iglesia Catedral. (2) Poseo asimismo copia de todos estos trabajos en un tomo en cuarto, escrito de mano de D. Francisco de Paula Dherbe, amigo íntimo de Matute, coleccionado con otros varios de antigiiedades de la Bética del P. José del Hierro y otros au- (1) Todos estos trabajos son apuntes curiosísimos, ó monografías completas sobre asuntos determinados. Poseo en un yolumen en cuarto gran parte de los originales de ellos, que adquirí en la testamentaría del presbítero Sr. Angulo, cura que fué de la iglesia parroquial de la Magdalena de esta ciudad: otros existen en un tomo, en cuarto también, que poseen los herederos de D, Francisco de Borja Palotores. IX
A Impresos. 1.—Defensa del Dr. D. Manuel López Cepero contra los ataques de D. Lorenzo Zamora.—Papel en 4.” 8 páginas. 2.—Sentidas lamentaciones que articulaba Jeremías, traducidas en endechas castellanas. — Sevilla. Imp. de don Josef Padrino (s. a.) —8.* 16 págs. 3.—Los suspiros de la esposa. Idilio en la solemne profesión religiosa de la R. M. Sor. María del Rosario de la Transfiguración, González del Corral, celebrada en su convento de religiosas Mercenarias de la villa de Osuna el domingo de Quasimodo, 13 de Abril de 1806, por D...... En Sevilla: por la viuda de Hidalgo y Sobrino, en calle Génova.— 8 págs. en 4.” 4 —£Ecloga dividida en xvwm cantilenas: su autor D. Fustino Matute y Gaviria.—Con licencia. En Sevilla, en la imprenta nueva de D. Antonio Carrera. 16.”—49 páginas, terminando en una en blanco.—Está dedicado este precioso librito al muy ilustre Sr. D. Felipe Sergeant y Salcedo, primer Marqués de Monte Florido. En la Advertencia, que sigue á la Dedicatorza, dice D. Justino: «La vil impostura que sufrí cuando publiqué la Pardfrasis de Jeremías me desalentaba para publicar esta obrilla, pues pudiera quejarme en la forma que lo hizo Virgilio en semejante caso: /Zos ego versiculos fect, tulit alter honores.» 5.—Noticias de la imagen de nuestra Sra. de la Iniesta, Patrona de Sevilla.-—Correo, t. 1V, pág. 89. 6.—Noticias de la Pudería de Sevilla. —Correo, t. VII, pág. 17.
— 67 — COMPOSICIONES POÉTICAS INSERTAS EN EL CORREO LITERARIO DE SEVILLA. Odas. 1.—L£En ocasión de haberse levantado una tormenta al tiempo de subir el Santo Lignum Crucis 4 da torre de la Catedral de Sevilla para bendecir al pueblo que padecía una mortal epidemia.—Tomo l, pág. 165. 2.—Á Silvia desdeñosa.—Tomo I, pág. 261. 3.—£La Voche.—Tomo V, pág. 197. 4.—£La Prímavera.—Tomo VI, pág. 13. 5. —£l Sueño.—Tomo IV, pág. 68. 6.— Al Sér Supremo contra dos impios que niegan su extstencz2.—Tomo lII, pág. roo. 7.—La obra del amor.—Tomo Ill, pág. 149. 8.—La muerte bienhechora.— Tomo IV, pág. 188. Fábulas. 1.—La Mariposa y la Abeja.—Tomo Í, pág. 60. 2.—La Mona prudente.— Tomo VÍ, pág. 245. 3.—L£La Mosca consejera.— Tomo U, pág. 109. Letrillas. 1.—Los desdenes de Silvza.—Tomo IV, pág. 204. 2.—Silvia enamorada.—Tomo V, pág. 373.—Letrilla que empieza: «Si loco es el hombre.»—T. IV, pág. 245. 4.—£En elogio de nuestra Señora en el misterio de su Concepción Inmaculada.—Tomo X, pág. 165.
a Idilios. .— Idilio tomado de Theócrito.—“Tomo V, pág. 22. a] 2.—£El Pescador enamorado.— Tomo I, pág. 238. Cantilenas. 1.—£l retrato de Dorzla.—Tomo 1V, pág. 126. 2.—Cantilena que empieza: «Motivos de un olvido.» — Tomo VI, pág. 222. Cuento. -— .—Brevedad del sentimiento mugeri— Tomo XI, pág. 103. Anacreónticas. .—Á Pindaro.—Tomo l, pág. 41, y tomo VÍ, pág. 37. .—El Natal de Amarilis. — Tomo VII, pág. 93 (1). DN HA XIV Los padecimientos que contrajo Matute en la prisión que sufrió en Jerez de la Frontera, sus continuos y penosos afanes literarios y las amarguras de su corazón amante y cariñoso, que en poco tiempo se vió privado de casi toda su familia, quebrantaron mucho su salud y fueron apagando poco á poco los bríos de su vida, tan activa como laboriosa. En 1824 sufrió un ataque de parálisis, que si bien en el principio no le impidió dedicarse á sus habituales tareas, privóle (1) Al dar noticia de las diversas conocerse los asuntos que cantó, y consulcomposiciones poéticas de Matute no he tarse en el hoy ya raro periódico el Cotenido otro objeto que el de que puedan »reo Literario de Sevilla, “A
al ménos de la agilidad necesaria para la indagación de noticias. Pero como el caudal de las que había ido atesorando era tan vasto, encontraba con facilidad en él cuanto necesitaba * para continuar aquellas aficiones, que habían de concluir con su existencia. El ilustrado cura del Sagrario D. Leandro José de Flores, amigo íntimo de Matute, como párroco de éste y compañero de sus mismas aficiones, escribió en esta época y dedicó á D. Vicente Manuel Sersé y Beltrán, canónigo de esta Catedral, un interesante opúsculo sobre Za Seña, con objeto de satisfacer la curiosidad de muchos que deseaban conocer el origen y significación de esta ceremonia religiosa que practica la Santa Iglesia de Sevilla en las primeras y segundas vísperas de las domínicas de Pasión y de Ramos y el miércoles de la Semana Santa. Conocido por D. Justino este trabajo tan erudito, ofreció á D. Leandro las apuntaciones que tenía acerca de cantarse las Pasiones ú tres voces en la Semana Santa (1). Matute manifestó en este trabajo que no sólo le eran familiares las antigiiedades profanas, sino también las eclesiásticas. Habíale llamado en efecto'la atención y excitado más de una vez su curiosidad «aquel diálogo de voces mo- - duladas representando cada cual su papel, sin excluirse la ancilla que reconvenía á S. Pedro de su negación, ni la algazara de las turbas. Esta manera, digámoslo así, dramática no es conforme, decía, á la simplicidad de los primeros siglos de la Iglesia;» y el mismo interés que había despertado en él esta parte de la liturgia, le había hecho leer y meditar lo escrito sobre la materia y anotarlo en sus apuntadral, quien lo insertó en el Boletín Oficial del Arzobispado de Sevilla correspondiente á los dias 15 y 17 de Abril de 1887. (1) Facilité este trabajo á mi distinguido amigo el ilustrado presbítero doctor D. Modesto Abín, beneficiado de la Cate-
cs 76 Pa cias de su época, pero nos da en cambio copiosísimos materiales para formar la historia. Como panegirista de las artes, sus juicios son siempre acertados al distinguir y clasificar el mérito de las mismas; pero como en los tiempos que alcanzamos se han hecho tantos y tan grandes adelantos en el estudio y conocimiento de éstas, quizá Matute no satisfaga hoy los deseos de nuestros modernos arqueólogos, quienes seguramente no perderán el tiempo si se dedican á estudiar las obras de este escritor erudito. Su estilo es claro y sencillo, prendas muy recomendadas en todos los géneros literarios; pero su lenguaje adolece de incorrecciones en la mayor parte de sus obras, hijas sin duda de la precipitación con que escribía, y en mi concepto más bien de que D. Justino no las preparó para que viesen la luz pública. Pero en medio de tales defectos, pequeñísimos á mi juicio si se comparan con la utilidad é importancia que para la historia y las artes de Sevilla tienen los trabajos de Matute, la publicación de éstos se hacía de todo punto necesaria. Desde mediados de este siglo han venido siendo el arsenal común 4 donde han acudido la mayor parte de los que han escrito de cosas de Sevilla á buscar los materiales que necesitaban para sus obras, apropiándoselos y dándolos después como de erudición propia sin citar siquiera el nombre de su autor. Afortunadamente, ya desde hoy no sucederá esto: los trabajos más principales del desgraciado Matute son ya conocidos de los hombres estudiosos, y los ANALES DE SEviLLA que ven ahora la luz pública acreditarán siempre á D. Justino de investigador infatigable y su nombre, aunque modesto, ocupará el lugar que le corresponde entre los más eruditos escritores sevillanos. A
Al terminar yo en 1885 mis Apuntes biográficos de D. Justino, me permití excitar el celo de las ilustradas personas que á la sazón se hallaban al frente de las Corporaciones municipal y provincial para que se dignasen de acoger bajo su protección la noble empresa de publicar las obras históricas de D. Justino, cuya publicación había de ceder en honra de Sevilla y gloria de sus hijos, y terminaba diciendo: «Si la vemos realizada algún día, nuestras aspiraciones quedarán satisfechas y habremos conseguido nuestro único objeto al dar á luz este humilde trabajo.» Hoy ya puedo felicitarme de haber conseguido este triunfo, tanto mayor, cuanto que sin protección ni ayuda de las citadas Corporaciones se han dado á luz en ediciones magníficas las obras de Matute, costeadas unas á expensas del Excmo. Sr. Duque de T'Serclaes-Tilly y otras por la Sociedad del Archivo Hispalense.
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