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Ignacio Sánchez Mejías : la pasión por vivir. Una mirada sobre el hombre

Grosso Galván, Manuel

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Re is a de Es udios Tau inos N.º 11, Se illa, 2000, págs. 201-214 IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS: LA PASIÓN POR VIVIR. UNA MIRADA SOBRE EL HOMBRE Manuel G osso1 Uni e sidad de Se illa l pun o de pa ida de es a his o ia se encuen a en la in i ación que me hizo la Uni e sidad del Cai o pa a que hablase sob e Ignacio Sánchez Mejías den o de unas jo nadas dedicadas a Lo ca. El e o me pa eció ascinan e sob e odo po que sabía que el público e a o almen e ajeno al mundo de los o os. Es o acili aba el habla de ese o o Ignacio desconocido incluso aquí. La es- pues a ue espec acula en p ime luga po que pa a muchos de ellos Ignacio e a un se mí ico, una in ención u o de la men e de Fede ico Ga cía Lo ca y en segundo luga po que al inal se queda on a óni os de la pe sonalidad de Sánchez Mejías y comp endie on en su o alidad la complejidad del poema que dedicó a la mue e de su amigo. Es sin duda el poe a g anadino quien da la de inición más ce e a de Ignacio Sánchez Mejías: «Ta da á mucho iempo en nace ,/ si es que nace un andaluz an cla o,/ an ico de a en u a». Un homb e que supo adelan a se a su iempo c eando a su al ededo un espacio c ea i o di ícilmen e epe ible. Homb e o al que hace imposible cualquie encasillamien o. Fascinan e y ascinado 1P o eso i ula de De echo Penal de la Uni e sidad de Se illa. elegías se han esc i o as Manzana es? Además, odos poe- as de p ime ísima ila: Lo ca (una nue a isión del Llan o espe amos, con expec ación, su apa ición en el nue o lib o de And és Amo ós2); Ra ael Albe i, Luis Fe nández A da ín, Ge a do Diego, Miguel He nández, José del Río, Benjamín Pe e . Y no menos nume osa y aliosa es la iconog a ía del dies o con José Caballe o, Ma iano Cossío, Daniel Vázquez Díaz, Ma ínez de León... Pa a An onio Gallego Mo ell el hé oe del poema ha c ecido de la mano del poe a, del jugla mode no y del pin o y ha aspasado la on e a de la leyenda. Apenas ecue da nadie al Sánchez Mejías au o ea al. Su glo ia es aba en el uedo. Y él lo sabía, y po eso uel e a los uedos. A Ignacio no le al ó, como a Belmon e, en la conocida anécdo a de Valle-Inclán que lo ma a a un o o. Los o os han ma ado a muchos o e os, pe o ninguno como Ignacio ha sido co ona- do po el lau el de an os poe as. No es oy muy segu o que el e a o, la p ime a imp e- sión que Ra ael Albe i ob u o de Ignacio cuando los p esen- ó Cossío, esponda a la ealidad: «Un se illano de la Se illa de T ajano, clásico, g a e, pe ilado y se e o». Sin duda, un juicio esc i o después de habe oído que el «ai e de Roma andaluza/ le do aba la cabeza». Juan Manuel Albendea 200 2Lee su ecensión en es e mismo núme o de la Re is a. men e de ellos de quienes ap ende, jugando, el di ícil a e de o ea y ambién, po qué no, el camino pa a ompe su ayec- o ia social lógica: habe sido médico como su pad e. Él quie- e elegi su des ino y no que és e le elija a él. En 1908, con diecisie e años y as que su pad e se en e ase de que en ealidad no había acabado el bachille a o cuan- do se suponía que es aba ya en p i- me o de Medicina, iaja a Nue a Yo k de polizón y de allí a México. Su a en u a em- pieza; se busca la ida como puede y en 1910 log a po ez p ime a, p o- esionalmen e, co- loca un pa de bande illas. El mi- o del o e o audaz se pone en ma - cha. Desde ese año a 1927 su ida es la c ónica de un hom- b e que ha decidido se igu a del o eo a la ez que, poco a Ignacio Sánchez Mejías: La pasión po i i 203 Fig. n.º 16.– Sánchez Mejías con su cuñado el céle- b e ma ado Joseli o el Gallo, en Pino Mon ano (Ga - cía-Ramos y Na bona, 1988: 75). cuya sola p esencia abso be pa a sí la a ención de cualquie espec ado . Ignacio ep esen a a la pe ección el deseo de i i , de i i lo odo sin lími e, de apu a cada ins an e, quizá po eso su mue e signi icó an o pa a sus amigos. Es la desa- pa ición de ini i a de la luz que alumb a en los malos momen- os, la mue e de la segu idad, el inal de una época en la que soña e a posible, en la que aún exis ían ideales que alcanza . Ignacio o e o; Ignacio au o ea al; Ignacio a eglis a musical; Ignacio seduc o ; Ignacio p esiden e de uno de los clubes de ú bol con más ca isma: el Be is; Ignacio co edo de coches; Ignacio magní ico jugado de polo; Ignacio amigo de sus amigos y esponsable di ec o de la p ime a eunión que da luga a la llamada gene ación del 27; Ignacio descu- b ido de ese genio que se llamó Fe nando Villalón, poe a y ga ochis a de la ida. Todo es o y más ue Ignacio Sánchez Mejias, un pe sonaje que po lo menos es á a la al u a de su epi a io que ya es bas an e. Poliéd ico y con adic o io, esconde no obs an e en su in e io una lógica aplas an e a la que esponde aun a su pesa . Sánchez Mejías es an e odo un se illano de una Se illa que a inales del siglo pasado se in en a a sí misma. Se illano de los que se eje ci an con odas sus ue zas pa a que no se no e es ue zo alguno. Medido en su desmesu a, espejo de un oman icismo d amá ico y ba oco que le obliga a ep esen a un papel social ealmen e ago ado que e mina á inalmen e con su ida. Hé oe a su pesa , mi o en su con a, monumen o al ansia de i i que inalmen e queda á inmo alizado po su mue e. Hijo de médico, ecino de una de las dinas ías o e as más g andes que jamás exis ie a, los Gallos, ep esen a el ejemplo pe ec o de los que luchan con a cualquie des ino aunque sepa que al inal se á lo que enga que se . Es p ecisa- Manuel G osso Gal án 202 men e de ellos de quienes ap ende, jugando, el di ícil a e de o ea y ambién, po qué no, el camino pa a ompe su ayec- o ia social lógica: habe sido médico como su pad e. Él quie- e elegi su des ino y no que és e le elija a él. En 1908, con diecisie e años y as que su pad e se en e ase de que en ealidad no había acabado el bachille a o cuan- do se suponía que es aba ya en p i- me o de Medicina, iaja a Nue a Yo k de polizón y de allí a México. Su a en u a em- pieza; se busca la ida como puede y en 1910 log a po ez p ime a, p o- esionalmen e, co- loca un pa de bande illas. El mi- o del o e o audaz se pone en ma - cha. Desde ese año a 1927 su ida es la c ónica de un hom- b e que ha decidido se igu a del o eo a la ez que, poco a Ignacio Sánchez Mejías: La pasión po i i 203 Fig. n.º 16.– Sánchez Mejías con su cuñado el céle- b e ma ado Joseli o el Gallo, en Pino Mon ano (Ga - cía-Ramos y Na bona, 1988: 75). cuya sola p esencia abso be pa a sí la a ención de cualquie espec ado . Ignacio ep esen a a la pe ección el deseo de i i , de i i lo odo sin lími e, de apu a cada ins an e, quizá po eso su mue e signi icó an o pa a sus amigos. Es la desa- pa ición de ini i a de la luz que alumb a en los malos momen- os, la mue e de la segu idad, el inal de una época en la que soña e a posible, en la que aún exis ían ideales que alcanza . Ignacio o e o; Ignacio au o ea al; Ignacio a eglis a musical; Ignacio seduc o ; Ignacio p esiden e de uno de los clubes de ú bol con más ca isma: el Be is; Ignacio co edo de coches; Ignacio magní ico jugado de polo; Ignacio amigo de sus amigos y esponsable di ec o de la p ime a eunión que da luga a la llamada gene ación del 27; Ignacio descu- b ido de ese genio que se llamó Fe nando Villalón, poe a y ga ochis a de la ida. Todo es o y más ue Ignacio Sánchez Mejias, un pe sonaje que po lo menos es á a la al u a de su epi a io que ya es bas an e. Poliéd ico y con adic o io, esconde no obs an e en su in e io una lógica aplas an e a la que esponde aun a su pesa . Sánchez Mejías es an e odo un se illano de una Se illa que a inales del siglo pasado se in en a a sí misma. Se illano de los que se eje ci an con odas sus ue zas pa a que no se no e es ue zo alguno. Medido en su desmesu a, espejo de un oman icismo d amá ico y ba oco que le obliga a ep esen a un papel social ealmen e ago ado que e mina á inalmen e con su ida. Hé oe a su pesa , mi o en su con a, monumen o al ansia de i i que inalmen e queda á inmo alizado po su mue e. Hijo de médico, ecino de una de las dinas ías o e as más g andes que jamás exis ie a, los Gallos, ep esen a el ejemplo pe ec o de los que luchan con a cualquie des ino aunque sepa que al inal se á lo que enga que se . Es p ecisa- Manuel G osso Gal án 202 mue e de Joseli o, Ignacio se aleja poco a poco del mundo au ino, lo que de algún modo a ec a a su elación con Dolo- es, su muje , educada y c iada en la o ma más adicional y que e que nada puede hace pa a ecupe a a un Ignacio al que sólo le unen sus hijos y la casa en la que habi an. Apenas si se hablaban, i ían pa ed con pa ed pe o en uni e sos dis- in os. Toda Se illa lo sabía y oda Se illa lo igno aba. Quien la había is o baila alguna ez decía que no había nada igual, po eso es especialmen e emocionan e oí de labios de su hija que en las noches que p esagiaban o men a, aquellas que sólo el dolo de an iguas he idas anuncia, Ignacio se ace ca- ba al do mi o io de su muje y simplemen e le decía: «Dolo- es báilame un poco, que el dolo no me deja do mi ». Ima- gina a esa muje , sola, en el silencio de la noche, casi en penumb a, baila pa a el amo que ya e a desamo , baila pa a que los an asmas del dolo desapa ecie an, baila en hono del homb e que acabó con la alimaña que ma ó a su he ma- no, es mucho más que una imagen a o unada, es la esencia úl ima que nos une a los nues os y que nos di e encia de noso os mismos. ¿Quién pudie a ecupe a esos ins an es de de o a consen ida de Ignacio, de iun o ugaz de Dolo es? Qué dulce endicion, qué ama ga de o a. Pa a en ende a Ignacio Sánchez Mejías hay que en ende Pino Mon ano. Casa de in ini os pasillos e incon a- bles habi aciones. Co ijo andaluz con ai es de hacienda á abe que en su máximo esplendo a odos ecibía y a odos daba cobijo. Noches de lamenco que du aban días, noches donde Albe i, Lo ca o Villalón soñaban con la glo ia sin sabe que en ese ins an e habi aban en ella. O la noche que ue el p emio Nobel Jacin o Bena en e ya muy mayo y que Ignacio Sánchez Mejías: La pasión po i i 205 poco, se a con i iendo en un pe sonaje eje sob e el que de algún modo gi a la España in elec ual que nace a la pa que, ambién, acaba. De su la ga ascensión a la glo ia sólo des a- ca su admi ación y leal ad incues ionable al más clásico de los ma ado es de o os: Joseli o el Gallo, canon pe ec o de una au omaquia cien í icamen e elabo ada y asen ada en lo más p o undo del conocimien o in ui i o a a és de gene a- ciones. Sánchez Mejías no le bas a con pa icipa como p o- esional, él c ee i memen e que sólo siendo pa e in eg al de esa amilia pod á aden a se en un o eo au én ico en donde ida y au omaquia sean un solo concep o, de ahí que e mi- ne casándose con la he mana del Gallo, Dolo es. Es en es e p eciso momen o cuando po ez p ime a hace apa ición el hado maligno de la mue e. Quie e el des ino que el 16 de mayo de 1920 el o o Bailao ma e en Tala e a a Joseli o y que sea p ecisamen e Sánchez Mejías quien haya de es o- quea al o o que enció a quien an as eces pa ió en dos las en añas de animales que le buscaban el co azón. Ese día la is eza en a en sus ojos y ya nunca le abandona á. Ese día empezó una huida hacia delan e en busca de nue os e os pe sonales, de cues iones esenciales que no puede llena sólo con el uni e so au ino. Aho a comienza una ayec o ia mucho más pe sonal e ín ima que iene como e e en e geog á ico indiscu ible una inca a las a ue as de Se illa, Pino Mon ano, espacio sag ado donde se c ea un nue o concep o en el a e de o ea . Pe e- necien e a Joseli o, Ignacio se la comp a a Ra ael quien nunca la abandona á. A cadia mí ica, luga de encuen o en e in elec uales y o e os como Belmon e. Espacio donde la elicidad es in i ada pe manen e y que, sin emba go, con- iene el ge men de una he mosa his o ia de desamo . T as la Manuel G osso Gal án 204 mue e de Joseli o, Ignacio se aleja poco a poco del mundo au ino, lo que de algún modo a ec a a su elación con Dolo- es, su muje , educada y c iada en la o ma más adicional y que e que nada puede hace pa a ecupe a a un Ignacio al que sólo le unen sus hijos y la casa en la que habi an. Apenas si se hablaban, i ían pa ed con pa ed pe o en uni e sos dis- in os. Toda Se illa lo sabía y oda Se illa lo igno aba. Quien la había is o baila alguna ez decía que no había nada igual, po eso es especialmen e emocionan e oí de labios de su hija que en las noches que p esagiaban o men a, aquellas que sólo el dolo de an iguas he idas anuncia, Ignacio se ace ca- ba al do mi o io de su muje y simplemen e le decía: «Dolo- es báilame un poco, que el dolo no me deja do mi ». Ima- gina a esa muje , sola, en el silencio de la noche, casi en penumb a, baila pa a el amo que ya e a desamo , baila pa a que los an asmas del dolo desapa ecie an, baila en hono del homb e que acabó con la alimaña que ma ó a su he ma- no, es mucho más que una imagen a o unada, es la esencia úl ima que nos une a los nues os y que nos di e encia de noso os mismos. ¿Quién pudie a ecupe a esos ins an es de de o a consen ida de Ignacio, de iun o ugaz de Dolo es? Qué dulce endicion, qué ama ga de o a. Pa a en ende a Ignacio Sánchez Mejías hay que en ende Pino Mon ano. Casa de in ini os pasillos e incon a- bles habi aciones. Co ijo andaluz con ai es de hacienda á abe que en su máximo esplendo a odos ecibía y a odos daba cobijo. Noches de lamenco que du aban días, noches donde Albe i, Lo ca o Villalón soñaban con la glo ia sin sabe que en ese ins an e habi aban en ella. O la noche que ue el p emio Nobel Jacin o Bena en e ya muy mayo y que Ignacio Sánchez Mejías: La pasión po i i 205 poco, se a con i iendo en un pe sonaje eje sob e el que de algún modo gi a la España in elec ual que nace a la pa que, ambién, acaba. De su la ga ascensión a la glo ia sólo des a- ca su admi ación y leal ad incues ionable al más clásico de los ma ado es de o os: Joseli o el Gallo, canon pe ec o de una au omaquia cien í icamen e elabo ada y asen ada en lo más p o undo del conocimien o in ui i o a a és de gene a- ciones. Sánchez Mejías no le bas a con pa icipa como p o- esional, él c ee i memen e que sólo siendo pa e in eg al de esa amilia pod á aden a se en un o eo au én ico en donde ida y au omaquia sean un solo concep o, de ahí que e mi- ne casándose con la he mana del Gallo, Dolo es. Es en es e p eciso momen o cuando po ez p ime a hace apa ición el hado maligno de la mue e. Quie e el des ino que el 16 de mayo de 1920 el o o Bailao ma e en Tala e a a Joseli o y que sea p ecisamen e Sánchez Mejías quien haya de es o- quea al o o que enció a quien an as eces pa ió en dos las en añas de animales que le buscaban el co azón. Ese día la is eza en a en sus ojos y ya nunca le abandona á. Ese día empezó una huida hacia delan e en busca de nue os e os pe sonales, de cues iones esenciales que no puede llena sólo con el uni e so au ino. Aho a comienza una ayec o ia mucho más pe sonal e ín ima que iene como e e en e geog á ico indiscu ible una inca a las a ue as de Se illa, Pino Mon ano, espacio sag ado donde se c ea un nue o concep o en el a e de o ea . Pe e- necien e a Joseli o, Ignacio se la comp a a Ra ael quien nunca la abandona á. A cadia mí ica, luga de encuen o en e in elec uales y o e os como Belmon e. Espacio donde la elicidad es in i ada pe manen e y que, sin emba go, con- iene el ge men de una he mosa his o ia de desamo . T as la Manuel G osso Gal án 204 Ignacio Sánchez Mejías: La pasión po i i 207 Lám. n.º 28.– El 11 de agos o de 1934, en Manzana es, p o incia de Ciudad Real, un o o de Ayala llamado G ana- dino, al comenza la aena sen ado en el es ibo y da le el segundo pase po al o, como an as eces solía hace , le p en- dióy sol eó, d amá icamen e, en e los cue nos: La co ida ue an g a e que le p o ocó la mue e (a chi o amilia ). al p egun a le el an i ión qué que ía pa a desayuna dijo que un aso de leche esca, a lo que Ignacio con es o ayéndo- le una aca pa a que se la o deña an delan e de él. Pino Mon ano es, pa a Sánchez Mejías; Se illa, sus aíces, su amilia, lo p opio en e a lo ajeno. El espacio donde busca e ugio, donde pe de se de uno mismo pa a pode encon a - se. Pe o, poco a poco, sus es ancias allí se espacian y Mad id se o ece como esa o a ida que es á po llega . Día a día c ece su obsesión po ol ida los o os. Manda a su hijo mayo a es udia a Suiza pa a que ca ezca de con ac os con el mundo au ino. En la inca p ohíbe habla de o os has a el pun o que su hija jamás io a su pad e es ido de luces. Sólo al inal le egaló una o o as ma a un o o en Cádiz con una dedica o ia especialmen e signi ica i a: «Cien mil o os, ma a ía Pa a lab a e un camino, de Aleg ía. Cien mil o os, ma a é, Pa a que ú nunca sepas, lo que Sé. Que en la ida, Pi uji a, an Boni a. Se esconden po las esquinas, odas las malas pa idas. Y se ía mi sue e mala, si no e en ego a us pies, como es a mue e, ma ada, u is eza, a a esada po mi espada». Manuel G osso Gal án 206 Ignacio Sánchez Mejías: La pasión po i i 207 Lám. n.º 28.– El 11 de agos o de 1934, en Manzana es, p o incia de Ciudad Real, un o o de Ayala llamado G ana- dino, al comenza la aena sen ado en el es ibo y da le el segundo pase po al o, como an as eces solía hace , le p en- dióy sol eó, d amá icamen e, en e los cue nos: La co ida ue an g a e que le p o ocó la mue e (a chi o amilia ). al p egun a le el an i ión qué que ía pa a desayuna dijo que un aso de leche esca, a lo que Ignacio con es o ayéndo- le una aca pa a que se la o deña an delan e de él. Pino Mon ano es, pa a Sánchez Mejías; Se illa, sus aíces, su amilia, lo p opio en e a lo ajeno. El espacio donde busca e ugio, donde pe de se de uno mismo pa a pode encon a - se. Pe o, poco a poco, sus es ancias allí se espacian y Mad id se o ece como esa o a ida que es á po llega . Día a día c ece su obsesión po ol ida los o os. Manda a su hijo mayo a es udia a Suiza pa a que ca ezca de con ac os con el mundo au ino. En la inca p ohíbe habla de o os has a el pun o que su hija jamás io a su pad e es ido de luces. Sólo al inal le egaló una o o as ma a un o o en Cádiz con una dedica o ia especialmen e signi ica i a: «Cien mil o os, ma a ía Pa a lab a e un camino, de Aleg ía. Cien mil o os, ma a é, Pa a que ú nunca sepas, lo que Sé. Que en la ida, Pi uji a, an Boni a. Se esconden po las esquinas, odas las malas pa idas. Y se ía mi sue e mala, si no e en ego a us pies, como es a mue e, ma ada, u is eza, a a esada po mi espada». Manuel G osso Gal án 206 igual da una con e encia en el A eneo de Valladolid, es ido de o e o aún, un pa de ho as después de la co ida o in o- duci se en el mundo del cine ac uando en un pa de películas. El mundo, de nue o, se le p esen a como exen o de lími es y sus ilusiones se dispa an. Cos eado po Ignacio, un g upo de poe as jó enes ma chan a Se illa pa a celeb a el cen ena io de Góngo a. Lo ca, Albe i, Be gamín, Chabas, Jo ge Guillén, Ge a do Diego y Dámaso Alonso, que sin sabe lo han dado o igen a la gene ación del 27. Pino Mon ano du an e dos días con sus noches uel e a se el cen o del uni e so. Mad uga- da de anís y can e hondo; el sueño ha comenzado. Es p ecisamen e aho a cuando Ignacio empieza a oma conciencia de su gi o pe sonal. En 1928 es ena una comedia d amá ica, Sin azón, que supuso el p ime ace ca- mien o al mundo del psicoanálisis del ea o español. El ópico del o e o andaluz cae hecho pedazos y, po si ue a poco, ese mismo año es ena su segunda ob a Zaya. Sus amis ades son casi exclusi amen e in elec uales y a is as, el mundo de los o os se ha con e ido en algo ma ginal en su ida. En 1929 ma cha a Nue a Yo k pa a p epa a un espec áculo musical. Du an e su es ancia allí p onuncia una con e encia sob e su concep o de au omaquia en la Uni- e sidad de Columbia y en donde se ecoge una de las de i- niciones más bellas del a e de o ea que jamás se han dado: «El o eo no es una c ueldad sino un milag o. Es la ep esen ación d amá ica del iun o de la ida sob e la mue e»2. ¿Cómo explica le a un audi o io ajeno a los o os lo esencial que puede llega a se en nues a cul u a juga Ignacio Sánchez Mejías: La pasión po i i 209 Cuán o dolo en cada ase, sólo los suyos jus i ican un úl imo sac i icio que se con e i á en o enda. El e o pe ma- nen e de i i al lími e lo iene ex enuado y, sin emba go, necesi a dine o y p oba se po úl ima ez que ya no pe ene- ce al mundo de la au omaquia sino al de la cul u a. De nue o el des ino apa ece á e inmo aliza á a Ignacio Sánchez Mejí- as p ecisamen e como ma ado de o os aunque es a ez Fede ico Ga cía Lo ca con ie a su mue e en una ob a cum- b e de la li e a u a uni e sal. Pe o odo es o quizá sea co e demasiado, ol amos a ás en el iempo al momen o pos e- io a la mue e de Joseli o. Es p ecisamen e en onces cuan- do su ca e a como ma ado de o os llega a su máximo esplendo , no en a co idas ese año, luego end á el has ío. Tempo adas co adas de aíz, epe idos anuncios de e i ada de los uedos. Habiéndolo conseguido odo, pa a qué segui en un mundo donde el mejo ha acasado. El año 1925 ma ca un gi o en su ida. Sus la gas em- po adas en Mad id le conec an con los in elec uales y comien- za su elación sen imen al con la A gen ini a, bailao a excep- cional a la que ayuda en el mon aje de un espec áculo en el que pa icipan Lo ca y Albe i y que, de alguna mane a, pudo ep esen a un cambio adical en la concepción de los espec- áculos popula es a lamencados, pe o que desg aciadamen e no ue así y quedó como un ejemplo aislado en un ma de ob iedades. El 8 de ab il de ese año inicia sus colabo aciones con un dia io se illano donde, po p ime a y única ez, un o e o hace las c í icas de sus p opias co idas. El mundo que le odea ya no es el ce ado de Andalucía, sino el de los anda- luces uni e sales que siemp e buscan una e olución es ic a- men e pe sonal. En es a línea de genialidad p o oca i a ale Manuel G osso Gal án 208 2 Ve , en es e núme o de la Re is a de Es udios Tau inos, págs. 47-68. igual da una con e encia en el A eneo de Valladolid, es ido de o e o aún, un pa de ho as después de la co ida o in o- duci se en el mundo del cine ac uando en un pa de películas. El mundo, de nue o, se le p esen a como exen o de lími es y sus ilusiones se dispa an. Cos eado po Ignacio, un g upo de poe as jó enes ma chan a Se illa pa a celeb a el cen ena io de Góngo a. Lo ca, Albe i, Be gamín, Chabas, Jo ge Guillén, Ge a do Diego y Dámaso Alonso, que sin sabe lo han dado o igen a la gene ación del 27. Pino Mon ano du an e dos días con sus noches uel e a se el cen o del uni e so. Mad uga- da de anís y can e hondo; el sueño ha comenzado. Es p ecisamen e aho a cuando Ignacio empieza a oma conciencia de su gi o pe sonal. En 1928 es ena una comedia d amá ica, Sin azón, que supuso el p ime ace ca- mien o al mundo del psicoanálisis del ea o español. El ópico del o e o andaluz cae hecho pedazos y, po si ue a poco, ese mismo año es ena su segunda ob a Zaya. Sus amis ades son casi exclusi amen e in elec uales y a is as, el mundo de los o os se ha con e ido en algo ma ginal en su ida. En 1929 ma cha a Nue a Yo k pa a p epa a un espec áculo musical. Du an e su es ancia allí p onuncia una con e encia sob e su concep o de au omaquia en la Uni- e sidad de Columbia y en donde se ecoge una de las de i- niciones más bellas del a e de o ea que jamás se han dado: «El o eo no es una c ueldad sino un milag o. Es la ep esen ación d amá ica del iun o de la ida sob e la mue e»2. ¿Cómo explica le a un audi o io ajeno a los o os lo esencial que puede llega a se en nues a cul u a juga Ignacio Sánchez Mejías: La pasión po i i 209 Cuán o dolo en cada ase, sólo los suyos jus i ican un úl imo sac i icio que se con e i á en o enda. El e o pe ma- nen e de i i al lími e lo iene ex enuado y, sin emba go, necesi a dine o y p oba se po úl ima ez que ya no pe ene- ce al mundo de la au omaquia sino al de la cul u a. De nue o el des ino apa ece á e inmo aliza á a Ignacio Sánchez Mejí- as p ecisamen e como ma ado de o os aunque es a ez Fede ico Ga cía Lo ca con ie a su mue e en una ob a cum- b e de la li e a u a uni e sal. Pe o odo es o quizá sea co e demasiado, ol amos a ás en el iempo al momen o pos e- io a la mue e de Joseli o. Es p ecisamen e en onces cuan- do su ca e a como ma ado de o os llega a su máximo esplendo , no en a co idas ese año, luego end á el has ío. Tempo adas co adas de aíz, epe idos anuncios de e i ada de los uedos. Habiéndolo conseguido odo, pa a qué segui en un mundo donde el mejo ha acasado. El año 1925 ma ca un gi o en su ida. Sus la gas em- po adas en Mad id le conec an con los in elec uales y comien- za su elación sen imen al con la A gen ini a, bailao a excep- cional a la que ayuda en el mon aje de un espec áculo en el que pa icipan Lo ca y Albe i y que, de alguna mane a, pudo ep esen a un cambio adical en la concepción de los espec- áculos popula es a lamencados, pe o que desg aciadamen e no ue así y quedó como un ejemplo aislado en un ma de ob iedades. El 8 de ab il de ese año inicia sus colabo aciones con un dia io se illano donde, po p ime a y única ez, un o e o hace las c í icas de sus p opias co idas. El mundo que le odea ya no es el ce ado de Andalucía, sino el de los anda- luces uni e sales que siemp e buscan una e olución es ic a- men e pe sonal. En es a línea de genialidad p o oca i a ale Manuel G osso Gal án 208 2 Ve , en es e núme o de la Re is a de Es udios Tau inos, págs. 47-68.