Cultura del trabajo jornalera, discurso político y liderazgo: el caso del poder popular de Marinaleda
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Cultura del Trabajo jornalera, discurso político y liderazgo: El caso del poder popular de Marinaleda FÉL¡X TALEGO Sevi¡¡a, ¡995 El articulo que presentamosexpone algunos de los resultados más destacabIes de una ¡nvestigación en el ámbito de la Antropología Política llevada a cabo en base a un trabajo de campo realizado entre los años 1991 y 1993 y cuyas conclusiones globales hemos presentado como tesis doctoral (Talego, 1995b). La investigación se inscribe en el marco de los objetivos globales de análisis del Grupo de Investigación GEISA (Grupo para el Estudio de las Iden - tidades Socioculturales en Andalucía). En este artículo analizaremos los meca - n¡smos políticos e ideológicos que han permitido la instauración en el ámbito local de una estructura política caracterizada por la acumulación en una sola persona del capital político generado por la acción colectiva de lagran mayoría de la población jornalera del pueblo. El sector social jornalero andaluz atravesaba una situación difícil en los años de la transición, caracterizada en lo sustancial por la disminución de la demanda de empleo, debido a la mecanización creciente, por el cierre de la posibilidad de la emigración y por el carácter incierto con que los jornaleros percibían las medidas asistenciales puestas en vigor por el Estadopara admi - nistrar el desempleo rural —el Empleo Comunitario, vigente desde 1971 a 1 984—. de las que no sabían si eran un remedio estable a su situación o una medida para apartarles definitivamente del trabajo y arrojarlos ala mendicidad —el Empleo Comunitario era llamado popularmente “la limosna”. Estos fac - tores y otros en los que no podemos detenernos ahora, provocaron en la gene - ralidad del sectorjornalero un estado de incertidumbre e inseguridad, que venía a sumarse ala coyuntura política propia de la transición, caracterizada también por unacierta indefinición, por un cierto vacio político, especialmente en todo lo que refiere a la política local, dado que los alcaldes franquistas, mantenidos en sus cargos hasta 1979 (primeras elecciones locales), estaban siendo deslegi - timados por los cambios prodemocráticos que ya estabanteniendo lugar a nivel estatal. La situación era propicia, por tanto, parael arraigo de mensajes y fór - mulas políticas nuevas y radicales, surgidas, precisamente, para dar respuestas claras y esperanzadoras a quienes temían por su futuro. Revista de Antropología Social, ni 4. Servicio de Pub¡icaciones. Univcrsidad Complutense. Madrid. ¡995
¡32 Félix Talego El Sindicato de Obreros del Campo (SOC) arraigó en Marinaleda —como lo hizo igualmente en tantos otros pueblos con abundante población jornalera por aquellos años— justamente porque el mensaje que propagaba había sabido recoger las inquietudes que sentían los jornaleros y darles una respuesta satis - factoria en términos de la cultura del trabajo de que era portador este sector social. En el caso concreto de Marinaleda, el SOC vino, en aquellos años, a ofre - cer una respuesta global y coherente a todas estas inquietudes y a ser el instru - mento para llevar a cabo la unión de los jornaleros. La ideología de este Sindi - cato consideraba, en términos generales, que la concentración de la propiedad de la tierra en Andalucía era algo ilegitimo; que los principales artífices de la riqueza que se extraíaa la tierra tenían que ser, por ello mismo, los principales beneficiarios de dicha riqueza; que, mientras tanto, era absolutamente necesario que la agricultura siguiese ofertando trabajo a los jornaleros y que el empleo de las máquinas debía supeditarse a este principio. El Sindicato mantenía también que el Empleo Comunitario era un sistema de desempleo injusto y humillante para los trabajadores, que intentaba apartar alosjornaleros de la tierra para que se olvidaran del hecho injusto de su concentración en pocas manos. El SOC local consiguió sin mayores dificultades convertirse en la fuerza política principal en el pueblo y, merced a ello, se hizo con el dominio de la política local. Desde el año 78 en que queda constituido el Sindicato, el grupo de los identificados con el mismo habían emprendido una dinámica arrollado - ra de manifestaciones, concentraciones, encierros y otras acciones de protesta, fundamentalmente protestando por la exigílidad de los ingresos del Empleo Comunitario. pero también exigiendo transformaciones estructurales en la agri - cultura andaluza. El 3 de abril de 1979 se celebraron las elecciones locales para renovar y reconvertir al régimen democrático los Ayuntamientos. El apoyo masivo (77,3%) fue para la Candidatura Unitaria de Trabajadores (CUT). el grupo político en que se habían organizado los sindicalistas. Desde entonces hasta hoy el grupo político del Sindicato, encabezado siempre por Juan Manuel Sán - chez Gordillo, Secretario Local del Sindicato, ha venido revalidando por abru - madora mayoría el control del Ayuntamiento, a pesar del voto en contra de, aproximadamente, un tercio de los votantes, los pelentrines locales (pequeños propietarios agrícolas), que siempre han visto desfavorablemente la línea polí - tica del Sindicato. En el proceso que sigue la nueva estructura política, que sus protagonistas llaman “poder popular”, en su consolidación, deja de ser sólo un sindicato para ser algo mucho más complejo que integra al mismo y capitaliza también los recursos que llegan al municipio a través del Ayuntamiento, ya en manos de los sindicalistas. Este dominio político que han ejercido sobre la localidad les ha permitido mantener durante todos estos años una tan particular radicalidad y perseve - rancia en sus protestas sociales, que han llevado a este pequeño pueblo, prác - ticamente desconocido antes a 1978, a aparecer periódicamente en los noticia - rios andaluces y del Estado Español y a ser repetidas veces centro de atención de la actualidad política, hastael punto de llegar aconvertirse en referente obli - gado de la problemática rural andaluza.
Cultura del Trabajo jornalera, discurso político y liderazgo:... 133 RELACIONES ENTRE CULTURA DEL TRABAJO, IDEOLOGíA YDISCURSO POLÍTICO-IDEOLÓGICO Son varios los factores que permiten explicar la peculiaridad política de Marinaleda y el tratamiento de cada uno de ellos excedería los propósitos que nos hemos planteado en este articulo. Por ello, más que continuar haciendo un seguimiento de los hechos, hemos preferido tratar algunas de las cuestiones teórico—metodológicas de que nos hemos servido para explicar el caso con - creto, pues, como tales instrumentos de análisis, pueden servir, con las debidas precauciones, para la explicación de otras realidades políticas distintas. No en vano, el caso de Marinaleda nos ha obligado a plantear problemas tan claves en todo estudio del poder como, por ejemplo, la relación entre las ideologías, las culturas del trabajo y la praxis política, o los mecanismos que hacen posi - ble la formación de colectivos políticos mediante la delegación de la confian - za y adhesión a los líderes. En lo que se refiere a la relación entre ideologías y culturas del trabajo, nos parece fundamental la distinción entre los dos conceptos, pues, desde el enfoque que hemos adoptado, cada una de ellas constituye un nivel distinto de la conciencia social. Las ideologías deben ser consideradas como cons - tructos teóricos elaborados por personas u organizaciones, normalmente como desarrollo, reorientación o síntesis de formulaciones teóricas previas, que nacen o se reactualizan con la pretensión de ser explicaciones globales, coherentes y exclusivas sobre la sociedad en general y sobre el papel que en ella juegan o deben jugar los diferentes grupos sociales. Así mismo, en la medida en que tienen arraigo en grupos sociales concretos, sirven de instru - mento para articular e interpretar las experiencias, las valoraciones, los jui - ctos, los sentimientos de quienes las hacen suyas según la lógica del mareo global que definen. Si dejamos aparte el concepto marxista de ideología como conc¡enc¡a falseadora de la realidad social, ciertamente que no es mucho el desacuerdo que existe en lo que respecta a la definiciones que en cada caso se hacen de lo que sea la ideología, especialmente en lo que refie - re a los siguientes puntos: que son formulaciones teóricas sistemáticas, com - prensivas y globalizadoras, que es lo mismo que afirmar que, indefectible - mente, son propuestas por quienes las defienden como explicaciones unita - rias y totales del mundo; propuestas teóricas exclusivas y exeluyentes que, según lapropia lógica que pretenden imponer, invalidan —o integran— cual - quier otra tentativa de explicación del mundo, y con ella, el orden de legiti - midades y justificaciones que conllevasen. Otro punto importante de acuer - do entre la mayoría de los teóricos que se han aproximado a este tema es la distinción conceptual que establecen entre la ideología como corpus teórico por un lado y las prácticas sociales, las experiencias, los valores o valoracio - nes sobre lo real, los conocimientos y saberes, etc, por el otro, de tal forma que en ningún caso se defiende que esos dos ámbitos de la realidad se des - prendan o emerjan el uno del otro automáticamente, aunque se encuentren conectados e intrincados en la conciencia de los actores sociales y existan entre los dos evidentes interinfluencias.
¡34 Félix Talego En cambio, las culturas del trabajo, como ha mostrado 1. Moreno (1990; 1991; 1993), están conformadas por un conjunto diverso de comportamientos, hábitos, saberes, actitudes, valores, e incluso sentimientos que poseen los indivi - duos y colectivos sociales generados apartir de su experiencia particular en pro - cesos de trabajo específicos, vividos desde posiciones concretas en las relaciones sociales de producción bajo las que aquéllos se producen. Bien entendido que este conjunto de hábitos, de saberes, de valores e ideas, se genera, desarrolla y modifica en función de los contenidos, que pueden ser muy cambiantes y diver - sos, de los procesos de trabajo mismos y de la recomposición de las relaciones entre sectores sociales. Las culturas del trabajo, por si mismas, no se desarrollan hasta ofrecer una explicación global, integrativa, pretendidamente coherente y con valor universal’. Así consideradas, las culturas del trabajo deque son porta - dores los agentes sociales son algo netamente distinto a las ideologías. Es Grams - ci uno de los autores que de forma más clara mantiene en su esquema explicati - vo de la ideología y del concepto de hegemonía la diferencia conceptual entre la teorízacion s¡stemática que constituye toda ideología y lo que él llama la “con - ciencia fragmentaria e incoherente” que poseen los agentes sociales, especial - mente evidente, en el caso de las capas desfavorecidas de la sociedad (Gramsci, 1974, Pp. 327 y sig.). Es esta “conciencia fragmentaria” la que formaría parte de la cultura del trabajo genérica de los integrantes de un sector social. Ahora bien, hayotro aspecto de sumo interés que debe ser tenido en cuen - ta en todo lo que se relaciona con la ideologización de grupos sociales, que es, precisamente, el proceso a través del cual el grupo se convierte en colectivo mediante la delegación política en un cuerno de representantes o en uno sólo —como es el caso que nos ocupa—y, si¡nultáneamente, referencia su existen - c¡a, su propia razón de ser y sus objetivos en una ideología que, de esa forma, pasa a funcionar como marco legitimador del nuevo colectivo. Cuando esto ocurre, laideología adquiere el rango de corpus dogmático y, en general, fuer - temente sacralizado, sirviendo como superestructura legitimadora de la praxis social del colectivo y dotando de un sentido trascendente y superior al mismo. Cuando esto ha ocurrido, decimos de la ideología en cuestión ha pasado a ser un discurso político-ideológico. Por tanto, establecemos también una distinción conceptual entre ideo - logía y discurso político-ideológico. Cualquier ideología puede ser solamente ¡sidoro MORENO ha tormu¡ado así e¡ concepto “cu¡tura del trabajo”: E¡ pnsceso dc trabajo en que cada individuo está inmerso —inc¡uycndo ¡os proccsos de trabajo invisib¡es, como et trabajo doméstico, o definidos como marginates o informates desde la ideotogía y/o tegatidad dominante— y ¡a posición que se ocupa en este proceso,_¡a ct¡at viene determinada por la división socia¡ dc¡ trabajo que producen las retacio - nes sociales de producción en que dicho proceso tiene ¡ugar. sc ha¡¡an cn la basc no sóto de las condiciones ntateria¡es de existencia, sino que condicionan e impregnan todos tos ámbitos de ¡a vida: desde tas opciones o estrategias matrimoniates y e¡ tipo de retaciones intrafamitiares o de vecindad, hasta ¡a forma dc rcprc - sentarte c¡ mundo y de expresar tos sentimientos. se genera no sóto una cu¡tura sobrc c¡ trabajo, sobre todos tos diversos aspectos dc la esfera ¡abora¡, sino también una cti¡tura desde e¡ trabajo, a partir dc los diversos procesos de trabajo y lugares ocupados en las retaciones sociales de producción: por eso es preciso baStar, no en singular sino en plural, de cutturas de¡ trabalo’ (t99t, p. 619).
Cultura del Trabajo jornalera, discurso político y liderazgos. 135 la elaboración de algún teórico u olimpo de teóricos desentendidos del mundo e ignorada o más o menos indiferente para los colectivos sociales. En cambio, el “discurso ideológico-político”, o simplemente el “discurso”, es un fenómeno societario, intrincadamente conectado con prácticas políticas y soctales y que, por eso mismo, suele cargarse con otro tipo de contenidos cuyo papel no es ya deducible del mero carácter de explicación del mundo. Es, en cambio, la justificación de una praxis política, como la que se deriva, por ejemplo, de las técnicas de proselitismo, coacción o cooptación política. Los discursos político-ideológicos, por funcionar como apoyatura y legiti - mación de prácticas de poder y de elemento de cohesión o comunión de determinados colectivos, no deben ser entendidos fundamentalmente como una tentativa de explicación del mundo que procura ganar adeptos; debe ser entendido como un conjunto, con pretensiones de coherencia interna, que integra contenidos ideológicos, cognoscitivos, valorativos y normativos con el fin primordial de dar validez, hacer creíble, inevitable, deseable, la praxis del poder al que pertenece, que, eso si, está anexada a una concepción global del mundo y del papel del colectivo en el mismo. Esta distinción es de sumo interés, porque permite comprender buena parte de los contenidos de estos discursos, que no tendrían sentido si considerásemos que se trata sólo de ten - tativas de explicación del mundo. Cuando se cuestionan las ideologías se polemiza sólo sobre su solidez lógicao sobre la validez de las premisas sobre las que se construyen los con - tenidos, pero cuando se cuestiona cualquier discurso político-ideológico ante personas que pertenecen a los colectivos que les dan vida, no sólo se lleva a cabo un ejercicio de exégesis teórica, sino que, con ello, se está poniendo en cuestión también un conjunto de normas y prácticas sociales que referencian su razón de ser y que incluso se adecuan al mareo teórico que es el discurso; sí se pretende la invalidez o nulidad del mareo teórico se pretende también lo absurdo o lo inadecuado de los valores y las normas que orientan la vida de las personas pertenecientes a esas sociedades o colectivos y las mismas instituciones por las que se rigen. Esto explica que las polémicas teóricas tengan para quien participa en ellas un carácter marcadamente distinto según versen sobre cuestiones meramente ideológicas o de discursos políticos. En las discusiones ideológicas, como suele decirse, los polemistas se mueven en el terreno abstracto y distante de las ideas, que para nada les compromete a ellos como agentessociales definidos con arreglo a los principios de discur - sos político-ideológicos que quedan al margen del ámbito de la discusión. En cambio, cuando los polemistas contienden precisamente sobre los discursos político-ideológicos en los que se fundamentan —o que pretenden funda - mentarse— las normas y criterios que organizan sus propios colectivos socíales y por los cuales se define su propia condición como agentes socia - les, la discusión, previsiblemente, ganará enormemente en vehemencia, vis - ceralidad y rotundidad. Esto es lógico si consideramos que se trata ahora de una discusión de enorme trascendencia, en la que la defensa de unas deter - minadas ideas, principios, valores es, a la vez, la defensa de unas normas y unas prácticas sociales.
136 Félix Talego La distinción así entendida entre ideología y discurso político-ideológico permite explicar por qué en determinadas sociedades o colectivos pueden coexistir sin mayores problemas ideologías diferentes o incluso contrapuestas, de tal forma que incluso se constaten buenas relaciones y pleno entendimiento entre personas que se adhieran a cada una de ellas, mientras que en otras socie - dades o en otros períodos históricos de esa misma sociedad, las mismas ideo - logías pueden convertirse en motivo de enfrentamiento y guerra fraticida. Los polemistas pasan a ser contendientes y la discusión acadernicista o filosófica pasa a ser política. Piénsese, por ejemplo, en las diversos períodos de la histo - ria de Europa, en los que se ha pasado de la tolerancia y la normal conviven - cia entre distintos credos religiosos a las luchas más encarnizadas según fueran las concepciones teológicas, cuyo último episodio lo ofrece la guerra en los territorios del antiguo estado yugoeslavo. Piénsese también en el rearme dogmático en torno al credo mahometano que ocurre en toda la ribera sur del Mediterráneo, con lacreciente intransigencia no sólo hacia elcredo cristianoo judío, sino, fundamentalmente, a todo lo que se identifique conel modo de vida y las ideas occidentales, fenómenoque desde este lado del Mediterráneo sole - mos llamar ‘fundamentalismo islámico”, para remarcar ya desde el principio la distancia y eí enfrentamiento. Para comprender por qué determinadas sociedades o colectivos son tole - rantes respecto a unas ideologías y tremendamente intransigentes respecto a otras es menester conocer cuales de esas ideologías están más íntimamente ligadas y son tomadas como marco para explicar y legitimar los principios organizacionales vigentes en esas sociedades y las estructuras de poder. Previ - siblemente, estas últimas ideologías se caracterizarán por su mayor grado de dogmatismo, por su mayor elaboración, por la proliferación de cuerpos de especialistas ocupados en velar por la correcta interpretación de los principios de los que se supone se desprenden las normas y las leyes, en definitiva, por haber mayor intolerancia en lo que se refiere a su puesta en cuestión. Estas ideologías son las que aquí hemos definido como discursos político-ideológi - cos. Aquellos que pertenecen a las sociedades o colectivos donde están vigen - tes y osan cuestionar sus principios son estigmatizados como herejes, apósta - tas, disidentes, sediciosos, sectarios o antidemócratas, como ocurre en la actua - lidad (Ibáñez. 1992, p. 37). Cabe prever, asimismo, que la represión y el casti - go de quienes son así definidos irá en proporción al grado mayor o menor de consenso social en tomo al discurso, pues estaba en lo cierto Parsons cuando estableció que mientras mayor sea la necesidad de imponer sanciones y más drásticas sean éstas, tanto más débil será en tal sociedad la estabilidad y adhe - sión a sus principios (Parsons, 1968, p. 398). Desde el punto de vista del análisis sociológico, la cuestión clave no es analizaren sí mismos los contenidos de lOs disuwsus puaaucu-tueutugwus, sino buscar la relación que pueda establecerse entre éstos y las prácticas de poder y las normas que regulan las relaciones y las diferencias sociales, por - que el corpus teórico no se desarrolla y perfecciona fundamentalmente con arreglo a determinada lógica interna, sino en función de unos intereses sociales concretos, en la búsqueda de la adhesión, el consenso y, en última
¡37 Cultura del Trabajo jornalera, discurso político y liderazgo:... instancia, la reproducción social. Pero esto tampoco equivale a afirmar que los discursos deban ser conceptualizados como meros epifenómenos o refle - jos de las prácticas sociales y las formas de poder, sino que la relación entre los dos niveles de la realidad social es dialéctica, de forma que, como afir - man diversosautores desde posturas no siempre coincidentes, las institucio - nes sociales se cambian con el propósito de conformarías a los principios legitimadores (Berger y Luckmann, 1986, p. 158; Geertz, 1992, p. 265; Bourdieu, 1988; Tomás Ibáñez, 1991). Estas amplias reflexiones pueden tener aplicación, como hemos expuesto a título meramente indicativo, para grandes procesos históricos o sociedades estatales, pero pueden servirnos también para explicar procesos socio-políticos que afecten a pequeños colectivos, como es el caso de los sindicalistas de Marinaleda que participan de lo que llaman el poder popular. Si esto es así, la cuestión fundamental para el caso que nos ocupa, como para cualquier otro caso de ideologización de grupos sociales, está en com - prender por qué determinadas ideologías, y no otras, en determinados contex - tos históricos, pasan a ser asumidas y defendidas por determinados sectores sociales. Desde nuestro punto de vista, laexplicación hay que buscarla, funda - mentalmente, en la forma cómo las ideologías en cuestión recogen y articulan, dándoles un sentido, una razón y jerarquizándolos, los elementos y motivos centrales de las culturas del trabajo del sector o sectores de que se trate. Bour - dieu, que es ajeno a lanoción de “culturas del trabajo” —aunque ha elaborado el concepto de “habitus”, que tiene algunas confluencias interesantes con elde “culturas del trabajo” (Moreno, 1991)—, advierte contra los planteamientos esencialistas que consideran que dimana poder de los discursos heréticos mis - mos y se aproxima a nuestro planteamiento cuando considera queel “efecto de teoría” —la incidencia de las ideologías sobre la realidad— es mayor en tanto la lectura que proponen de las divisiones sociales se acerca más a la estructura social (Bourdieu, 1988a, Pp. 132 y 134-136). Así, no es por casualidad que la ideologíaque hicieron suya los jornaleros de Marinaleda contenga determinadas propuestas y no otras, y que se plantee estos objetivos políticos y no aquéllos, como lo hemos expuesto muy breve - mente en el apartado “La adhesión de los jornaleros marmnaleños al Sindicato de Obreros del Campo”. Asimismo, y aunque en este caso el poder sea capita - lizado exclusivamente por una persona, como veremos después, y pueda ser ejercido con un amplio margen de discrecionalidad, no se trata de un poder omnímodo —ninguno lo es en términos absolutos—, porque debe apoyarse en la ideología que lo legitima, y ésta es el resultado monolítico que articula o integra la cultura del trabajo jornalera con la mezcla sincrética de varias tradi - ciones de laizquierda revolucionaria. El producto final ha de tener unas carac - terísticas que respondan, al menos en la medida suficiente, a los contenidos cognitivos y valorativos de laIs cultura/s del trabajo del (de los) coleetivo/s sobre los que el poder se ejerza, pues, de lo contrario, los contenidos del dis - curso pueden perder su carácter inteligible y significativo para las bases que, en esa medida, pasan a percibirlos sólo como dogmas alejados de su pro - blemática e inútil o perniciosamente disciplinantes.
¡38 Félix Talego LA CONCEPCIÓN TELEOLÓGICA DE LA HISTORIA Y LA INTEGRA - CIÓN VERTICAL DE SIGNIFICADOS EN LAS ACTUACIONES POLÍTI - CAS DEL PODER POPULAR DE MARINALEDA La conceptualización del discurso político-ideológico que acabamos de perfilar nos parece un instrumento fundamental en todo análisis político, pues constituye una de las claves que están detrás de la formación de estructuras y colectivos políticos, sean del tipo que sean, pues el discurso se constituye en el substrato legitimador de las prácticas políticas y de los valores y normas sobre las que se asientan las relaciones sociales, dotando de trascendencia e inevita - bilidad a las mismas. Esto no significaque la relación entre teoría y praxis que se dé en cada caso deba ser evidente o directa, pues ocurre con frecuencia que el observador exterior percibe más bien notorias desviaciones entre los discur - sos y sus supuestas traducciones ala realidad. Esto es, sin embargo, de impor - tancia secundaria en el análisis politológico, pues lo significativo es determi - nar por qué razón y según qué lógicas los colectivos y/o las minorías gober - nantes encuentran adecuación entre las praxis y los discursos allí donde un aná - lisis lógico apriorístico sólo descubre disparidad o contradicción. Por esta razón, tan importante como el análisis hermenéutico, que permite descubrir las tradiciones teóricas de que se han nutrido los discursos político-ideológicos y la integración a los mismos de losv4lores centrales de las culturas del trabajo, es el análisis de la relación entre la praxis y el discurso, quees, necesariamen - te, un análisis no hermenéutico, sino socio-político. Los ceremoniales políticos son precisamente momentos del devenir social donde es dado al investigador observar el tipo de relación entre esos dos nive - les, pues se trata justamente de acciones que son tenidas por los actores socta - les —por todos o, al menos, por las minorías dirigentes— como sagradas, pues en ellas ven la representación del orden de cosas que se desprende del discur - so político-ideológico y cómo las instituciones políticas se adecuan a dicho orden y lo cumplen en el presente. Se trata de rituales que, en la medida en que son participados colectivamente o al menos no impugnados públicamente, revalidan la adhesión, el consentimiento o el acatamiento al discurso políticoideológico y, con él, a las instituciones y representantes políticos que, como tales, ocupan los papeles centrales en el ceremonial, indicando que son los principales valedores del orden de cosas sagrado que debe cumplirse en el mundo. Por otra palle, la representación política de los discursos nos reafirma en la distinción entre las ideologías y los discursos político-ideológicos, pues su traducción al terreno del ritual demuestra que están encarnados en expe - riencias sociales y desbordan el campo de lo meramente teórico. Partiendo de estas premisas hemos llevado a cabo el estudio de dos tipos de acciones políticas que el poder popular de Marinaleda pone en práctica con frecuencia, como son los trabajos voluntarios y lasluchas. Cada una de estas acciones institucionalizadas son algo más que acciones simbólicas ritualizadas, pues son también acciones políticas que persiguen objetivos materiales concretos. Sin embargo, es imposible comprender su significado en elentramado del poder popular si no se considera también la significación
Cultura dei Trabajo jornalera, discurso político y liderazgo:... ¡39 simbólica que tienen para quienes las llevan a cabo. Para comprender el pro - ceso de densificaciónsimbólica del que han dotado a estas acciones los mart - naleños del poder popular hasta el punto que podamos considerarlas como auténticos ceremoniales políticos, es menester considerar que el discurso político-ideológico adoptó desde los primeros tiempos la forma de una pro - puesta de identificación local, es decir, de una propuesta societaria cuyos contenidos debían encarnarse y tener vigencia en la sociedad marinaleña, de tal forma que Marinaleda fuera, como se proclama abiertamente, “una isla jornalera en un mar de latifundios “, o “un espacio liberado “, en el que debían cumplirse los valores alternativos que anunciaba el propio discurso, hasta el extremo de autoproponerse tal discurso y tal sociedad que lo plas - maba en un emblema y un modelo proclamado como referente y guía ante Andalucía y el mundo, buscando que en otros lugares aparecieran otras Man - naledas que deberían caminarjuntas hacia la sociedad sin clases ni injusticias y que sería la sociedad del final de la Historia. Esto, que podemos entender como una deriva localista del discurso político-ideológico, se traduce en la exigencia para los marinaleños de la interiorización, el asentimiento o el aca - tamiento de todo un conjunto de valores, normas y pautas de comportamien - to con las que han de cumplir tanto en los más diversos ámbitos de la vida social cotidiana como en situaciones de conflicto social y de contextos festi - vos y ritualizados. Desde esta óptica, los trabajos voluntarios pueden ser definidos como aquellas labores no remuneradas económicamente que llevan a cabo la gente de la Asamblea. Algunos de los trabajos voluntarios más conocidos, por el eco que han tenido en la prensa repetidas veces, son los Domingos Rojos. Estas labores no remuneradas se llevan a cabo con varios objetivos fundamentales: en prituer lugar y en el sentido más inmediato, para mejorar o adecentar el pue - blo o para contribuir a mejorar los ingresos del Sindicato, con el fin de poder emprender luego nuevas luchas o acciones reivindicativas; en un segundo sen - tido más globalizador sirven también para fortalecer la cohesión interna del propio colectivo, el sentimiento de identidady solidaridad, concebido como un sentimiento distinto, que encamina al hombre hacia un destino opuesto, más auténtico y humano, que el destino al que se encamina la humanidad con el afáncompetitivo que divide alos hombres y fomenta los odios entre ellos. Para entender en su justa medida esta segunda dimensión de los trabajos volunta - nos es necesario conocer que, según la lógica que instaura el discurso del poder popular Marinaleda sería como una especie de isla —de “espacio libe - rado”, “oasis de paz”— en el mar capitalista, injusto e insolidario. Ese espa - cio así concebido se afianzaría en la medida en que consiga arrebatar poderes, competencias, alEstado y alos burgueses, tanto en el sentido material como en el ideológico o de conciencia. Los trabajos voluntarios de recogida de basuras llevados a cabo rotativamente por un buen porcentaje de los afiliados al Sindicato entre 1980 y 1981 fueron una primera experiencia de fuego, que puede calificarse como una acción simbólica liminal, porque supuso elpaso desde una situación social en laque trabajar sin percibir salario era considerado algo anormal, estrambóti -
46 Félix Talego LA CONSTRUCCIÓN DEL LIDERAZGO COMO RESULTADO DE LA REDISTRIBUCION POLÍTICA Si el análisis del discurso político-ideológico del poder popular se demostró como un objetivo fundamental para comprender la especificidad política de Marinaleda, la comprensión de los mecanismos institucionalizados mediante los cuales se produce la delegación política constituye el otro gran pilar a partir del cual explicar el proceso político seguido en el pueblo. Para decirlo muy claramente y desde el principio, todo el crédito político que ha generado la actividad sindical y política del sector social jornalero local ha sido capitalizada por una sola persona, el Secretario local del Sindicato y Alcalde desde las primeras elecciones locales del 79, Juan Manuel Sánchez Gordillo, hasta tal punto que, todavía hoy, sigue siendo él la única persona autorizada y facultada paraconvocar y dirigir las frecuentes asambleas que tienen lugar en el pueblo y para establecer relaciones políticas e institucionales con la Admi - nistración, con los órganos ejecutivos nacionales del SOC o con otras organi - zaciones sindicales o políticas. Este hecho es algo tan notorio que hemos podi - do escribir la tesis sin ínencionar otro nombre propio que el suyo y tiene, por cierto, otro de sus reflejos en la prensa, donde el nombre de Juan Manuel Sán - chez Gordillo, y ninguno más, aparece siempre asociado al de losjornaleros de Marinaleda, el colectivo de sindicalistas anónimos que concentran su confian - za política en Juan Manuel. El tipo de liderazgo que encarna Juan Manuel es probablemente un ejemPío paradigmático del tipo común de liderazgo en el sindicalisíno jornalero andaluz de las últimas décadas y quizás de períodos anteriores, pero la demos - tración de ello debe fundamentarse a través de nuevas investigaciones. Noso - tros defendemos la tesis de que elliderazgo entre los jornaleros, en general, se sustenta en dos bases fundamentales, aunque puedan descubrirse otros factores diversos y menos importantes: la confianza personalizada y la solvencia inte - lectual atribuida. Sin la confluencia de estos dos elementos en una persona o grupo reducido de personas, es difícil que se consolide un liderazgo estable, y si ello no ocurre, previsiblemente, tampoco será sólida y consistente la organi - zación sindical. La confianza personalizada aque nos referimos la ganan aque - líos individuos sobre los que se tiene un conocimiento directo y que demues - tran de forma continuada ante el colectivo el compromiso inequívoco de aban - derar y defender con énfasis especial los valores y los objetivos que se des - prenden del discurso alque se adhieren. Pero, y esto es lo más importante, man - teniendo un contacto cotidianocon el grupo y demostrando en cada momento ser fieles y estrictos en el cumplimiento de los valores y normas sociales que se predican como deseables de mantener o conquistar para el colectivo —“predi - car con el ejemplo”—, de forma que se mantenga viva la idea —que puede ser más o menos real— de que existe una cercanía o incluso una familiaridad —una accesibilidad directa, no intermediada— entre el líder y su gente. Estas son las exigencias que se derivan para los líderes de un rasgo cultural muy extendido en Andalucía y plenamente vigente entre tos jornaleros, como es el fuerte antropocentrismo, caracterizado por 1. Moreno como “.. la tendencia a
147 Cultura del trabajo jornalera, discurso político y liderazgo:... ponerlo todo aescala humana, la evitación al máximo posible de las relaciones puramente funcionales o basadas exclusivamente en el desempeño de papeles sociales..., el esfuerzo por convertir cualquier relación anónimaen una relación personalizada” (Moreno, 1993, p. 138). Esto explicaría este rasgo tan peculiar en el sindicalismo jornalero, en el que el líder es una persona percibida como cercana, con la que se mantiene una relación franca, informal y fraterna, de quien se diría que es, simplemente, uno más. Este rasgo explica, por ejemplo, el tremendo fraccionamiento interno de los sindicatos jornaleros, incluido el Sindicato de Obreros del Campo, por supuesto, en los que las agrupaciones locales conforman en la práctica una especie de células autónomas que actúan coordinadamente sólo porque los líderes llegan a acuerdos, pero que dejan de hacerlo fácilmente sólo con que se rompa el consenso entre dichos líderes. La consideración del liderazgo en cuanto a su dimensión intelectual tiene también hondas repercusiones políticas e ideológicas, porque se sustenta en una idea de desigualdad social que distingue a “los que saben” de “los que no saben”. El hecbo sustancial es que esta representación ideática instaura un cri - terio de desigualdad concebido como válido, supuestamente “natural” o legíti - mo por la generalidad del sector social, a diferencia de la desigualdad que es atribuida a la riqueza, que es percibida genéricamente como ilegítima y perni - etosa. En realidad, la concepción que los jornaleros tienen acerca de la distin - ción “culto”-”inculto” no difiere en lo sustancial de la concepción que poseen otros sectores sociales, incluidos, como no podía ser de otra manera, aquellos que estiman que poseen las condiciones de “cultura”, Y tanto éstos como los jornaleros están convencidos de que la posesión de estas condiciones de cultu - ra es requisito indispensable parael desempeño de los cargos relacionados con la Administración o la representación política. Por tanto, tanto para aquellos que lo poseen como para aquellos sobre los que se ejerce, el poder intelectual queda así consagrado, concebido como natural y necesario para el desempeño de cargos de autoridad y para la adscripción legítima a una posición social pri - vilegiada, no equivalente a la de aquellos que poseen capital económico, aun - que puedan confluir los dos. En este consenso social se fundamenta la eficacia del capital intelectual o cultural, puesto que en ningún caso es concebido como una posesión excluyente que puede ser instrumentalizada por quienes laposeen también para garantizar la desigualdad. Sin embargo, así actúa también en Marinaleda este capital intelecmua¿ pues, en el fondo, busca el mismo objeti - vo: la preservación y la ampliación del privilegio. Este poder intelectual así concebido se ejerce con eficacia sobre los jornaleros, desde el momento que éstos no lo conciben como un poder que se asienta sobre ellos, sobre su asun - ción de la condición de “ignorantes”, sino como el despliegue de unas disposi - ciones “naturales” o adquiridas tras el “esfuerzo de una carrera” y que se encuentran desigualmente distribuidas, hoy principalmentecomo consecuencia de la desigual distribución de la riqueza económica, pero que en un futuro deberá ser patrimonio de todos, para que “todas las personas sepan” y se des - tiene la ignorancia. El líder jornalero es,justamente, el agente que establece lamediación entre la generalidad de los jornaleros “que no saben”—al haber ganado su confian -
¡48 Félix Talego za, está con ellos y lo demuestra día a día con su compromiso— y “los que saben”, que están en la Administración y en la política. Estos últimos emplean el saber —que es concebido como neutro— con un objetivo perverso, como es el de reproducir el orden social injusto que implica la pobreza de los jornale - ros. El líder, por el contrario, se considera que es alguien que “sabe”, es decir, alguien distinto a los jornaleros —aunque también pueda serlo—, pero que está, sin embargo, del lado de ellos y emplea su saber en beneficio de los inte - reses de éstos. Lo que no es cuestionado es que la mediación deba recaer en alguien “que sepa”, para que, como nos decía un informante, “no puedan engañahlo y no se tenga que cayó delante de nadie El liderazgo puede ser contemplado también desde otra óptica que com - plementa la explicación: lo que ocurre en la estructura de poder de Marinale - da, como en tantas otras, aunque en diverso grado, es que se han roto las con - diciones de la reciprocidad entre personas, como don y contradón (Mauss, 1966), es decir, como establecimiento de obligaciones y derechos directos, para instituirse un ínecanismo de redistribución, hecho que ocurre desde el momento en que es el proceso —como es también llamado esta estructura de poder— el que capitaliza la confianza y la responsabilidad de cada uno de los miembros del colectivo, que se constituye asícomo tal y que redistribuye luego entreel grupo en forma de beneficios, derechos, pero también de normas mora - les. La gente no hace algo por el otro directamente; lo hace por el proceso, encarnado en la figura de Juan Manuel, que lo hará después por todos. La estructura en la que se fundamenta el proceso queda visualmente reflejada en la Asamblea, pero también en las luchas, en las que Juan Manuel se coloca síempre en una posición visible para todos los demás. Esto explica que Juan Manuel sea la única persona del proceso que de forma permanente —estructu - ral— es acreedor de una deuda por parte de todos los demás miembros del colectivo. La perpetuación de la estructura de poder depende, entre otras cosas, muy fundamentalmente, de que Juan Manuel sea capaz de mantener el endeu - damiento de los demás respecto a él. Por eso siempre afirma que es “el prime - ro en los sacrificios y el último en los beneficios “, o que ha hecho una opción de vidapor los pobres, ha entregado su vidaa lacausa de los pobres, de los jor - naleros; su vida son los pobres y ello se traduce también en que él es “la voz de los pobres” o “la voz de los sin voz”, como afirma frecuentemente en sus alocuciones públicas. Juan Manuel obtiene, según la lógicaque instaura el poder popular, bene - ficios políticos en tanto renuncia a los beneficios materiales; justo lo contrario de lo que ocurre con la base de la Asamblea: el proceso les proporciona bene - ficios materiales (la dinámica de la Asamblea instaura un procedimiento específico, provisto de su propia inercia, para la resolución de los problemas prácticos de los jornaleros y para la obtención de beneficios materiales: el Empleo Comunitario, las viviendas...) a condición de que deleguen confianza en Juan Manuel, que de esta manera crea un poder sobre ellos y para instru - mentalizarlo contra otras instancias exteriores. La complementariedad es posi - ble porque lo que interesa a uno no interesa alos demás —el crédito político— y lo que interesa a los demás —los beneficios materiales concretos— trae sin
cultura del Trabajo jornalera, discurso político y liderazgo:... 149 cuidado al primero. De boca del propio Juan Manuel hemos oído en varias oca - siones que muchos líderes que ganaron la confianza de los jornaleros en los años de la transición la perdieron después por haber faltado a ese pacto que él ha cumplido y cumple escrupulosamente: ser el primero en la lucha y el últi - mo en recibir los beneficios materiales. La verdadera eficacia de las alocuciones y las reflexiones de Juan Manuel, en Radio Marinaleda como en la Asamblea, como desarrollos supuestamente lógicos a partir de un discurso global indiscutible, está en que no pueden ser refutadas, en que son la última palabra: nadie llamará por teléfono ala emisora o levantará la voz en la Asamblea para hacer una objeción aalgún punto de esas reflexiones. Si algún día otra palabra que no fuese la de Juan Manuel se oyera en la Asamblea o por la emisora como la última palabra, por enciína y contra la de Juan Manuel, ello supondría, automáticamente, el desmoronamiento de todo el entramado del poder popular: el discurso político-ideológico perdería su carácter sagrado y Juan Manuel dejaría de serel primero en el compromiso y el último en los beneficios. Después de eso, todas las transgresiones estarían per - mitidas. Tanta es la trascendencia real y el significado latente de las muchas horas empleadas por Juan Manuel en demostrar que las formulaciones ideoló - gicas del poder popular son universalmente válidas. No podría ser de otra manera, pues la sociedad ideal, el modelo mesiánico al que se anudan todas las proposiciones del discurso, ha de presentarse necesariamente como una solu - ción total, una propuesta societaria a la que conduce imperativamente la Histo - ria y quedebe estar, por tanto, más alláde cualquier contingencia, de cualquier accidente. Sólo así puede ser una alternativa, una contrapropuesta al discurso de la sociedad capitalista dominante en que se sacraliza elmercado y sus leyes y la propia idea de progreso, y sólo así puede exigir y justificar los enormes sacrifi - cios que durante tantos años han supuesto y supondrán para los marinaleños del proceso las luchas, los trabajos voluntarios y otros esfuerzos que deberán seguir haciendo necesariamente hasta que se alcance esa sociedad ideal ~. Estos son algunos de los temas principales a través de los cuales hemos intentado explicar la configuración de la estructura sociopolítica vigente en Marinaleda por todos estos años y el proceder de quienes la sustentan; una estructura política que ha recibido y recibe el apoyo electoral masivo de la población jornalera local, hasta el punto de que entre 1979 y 1987 no hubo en elpueblo ni siquiera oposición política formal, aunque aproximadamente un ter - cio de la población nunca haya dado su apoyo a las sucesivas candidaturas pre - sentadas por Juan Manuel. Una experiencia política que ha sido ejemplo y refe - rente para muchos jornaleros andaluces y aún para buena parte de la izquierda Comprobamos también en este caso, como ha mostrado Balandier (1988), quc cl poder, en el fondo, siempre habla del más allá; un más allá que se sitóa, en este caso, ai final de la Historia, considerada como proceso lineal que, inexcusablemente, ha de seguir la humanidad. El escritor polaco CZESTAW M,rosz, (1981> reflexiona ampliamente sobre los procesos políticos que conducen a la sacralización de la historia y. aunque st’ crítica está primariamente dirigida al régimen soviético, lo desborda ampliamente para convertir - se en una reflexión general sobre muchos otros tipos de regímenes, incluidos los democráticos occidentales.
150 Félix Talego andaluza alternativa, atentos especialmente a las propuestas del discurso políti - co-ideológico del llamado poder popular, que proclamahaber logrado en Man - naleda la sustitución del mecanismo de la delegación política en los represen - tantes —base de la llamada “democracia representativa”— por la participación política directae igual de cada vecino, es decir, de haber conseguido la “denzo - cracia directa” o “asamblearia “. Ello supone, según la lógica que instaura ese discurso, que ya se está logrando en el ámbito local una sociedad distinta, que contrasta con la exterior, concebida como cl negativo fotográfico de la sociedad local, es decir, como un espacio social y político ganado por la desigualdad y por la inviabilidad de la participación política efectiva de los sectores populares. Sin embargo, el trabajo de campo nos ha permitido comprobar que existe una divergencia sustancial entre el discurso de legitimación y la praxis política que se sigue en lo concreto, divergencia que se ha hecho más evidente en los últimos años. Así, el liderazgo unipersonal continúa siendo el eje de toda la estructura política, en contradicción con los propios contenidos del discurso, que, como hemos señalado. propugna la igualdad también en el ámbito de lo político y la desaparición del binotnio gobernantes-gobernados. Incluso, poco a poco, se han ido fortaleciendo determinados mecanismos de coacción, de casti - go de la disidencia, de demonización de los adversarios, representados en el pueblo en el colectivo de los contras, a los que se toma como referente negati - VS) para fortalecer el consenso interno. Todo con tal de mantener un mensaje alternativo a la ideología capitalista imperante, aunque para ello sea necesario sacrificarla coherencia de la propia praxis política anunciadora de ese mensaje. Concluimos, por tanto, que laexperiencia política de Marinaleda, que nació con la aspiración de ser una alternativa revolucionaria, ha seguido, sobre todo en los últimos años, una deriva involucionista, empujada sin duda por las condiciones sociales y políticas adversas en las que el proceso intenta subsistir, pero que, en definitiva, lo han conducido a reproducir muchos de los mecanIsmos desiguali - tarios contra los cuales justificó y sigue justificando su razón de ser. BIBLIOGRAFÍA BALANDIER, G., 1971: Sens el puissance, París, PUF. — 1988: Modernidad y poden El desvío antropológico, Madrid, Ed. Júcar. BÁsrIon, R.. 1986: Sociología de la religión (2 vols), Madrid, Júcar. BERGER, P., y LLJCKMANN, T.: “La construcción. social de la realidad”, Madrid, Ed. Amorrortu-Murguía, 1986. BouRuít~u, P., 1988: Cosas dichas. Buenos Aires, Gedisa. BRENAN, Y., 1962: El laberinto español Antecedentes sociales y políticos de la guerra civil, Ruedo Ibérico, París. CASERO, F., y SÁNcHEz, 0., 1978: Nuevos surcos en viejas tierras. El resurgir del movimiento jornalero, Madrid. Manifiesto editorial. — 1979: Progresar... ¿es no comer? Alternativa del SOC a la actual sifuación del campo andaluz.
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