La imaginación y la estructura del pensamiento político de Hobbes
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LAS IDEAS: SU POLÍTICA Y SU HISTORIA La imaginación y la estructura del pensamiento político de Hobbes Ornar Astorga * Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela La siguiente propuesta de lectura es, en muchos sentidos, el resultado del encuentro con la obra de Norberto Bobbio. Este pensador italiano se dedicó a estudiar a los clásicos de la filosofía política y, entre ellos, especialmente a Thomas Hobbes, y fue mostrando, de un modo cada vez más convincente, la presencia de la obra de Hobbes en el desarrollo de la filosofía política moderna, hasta el punto de considerarla como el gran modelo que reemplaza a la tradición aristotélica. Su tesis es muy clara: ese modelo está formado por un conjunto de conceptos en cuya estructuración predomina la racionalidad; en ese mode10 existe un doble y compatible camino intelectual: el de la fundamentación racional del Estado y el de la fundamentaciófi: de un Estado racional. Estas fórmulas han tenido mucho éxito en el campo de la historiografía, pero creemos que. pueden modificarse sustantivamente si se muestra que el peso fundamental del pensamiento político de Hobbes recae no sólo en la razón sino también, y antes que nada, en la imaginación. Es precisamente el sentido básico de ese descubrimiento el que nos ha llevado, distanciados de Bobbio, a proponer el presente estudio. Para mostrar el perfil de nuestra interpretación, así como. para poner en evidencia la distancia que tomamos respecto de Bobbio y la tradición intelectual que él representa, vamos a exponer a continuación el contexto historiográfico y la respectiva justificación teórica. Dejaremos para el final una consideración sobre sus alcances para ubicar o reubicar a Hobbes en el contexto de la modernidad, e incluso en el contexto del pensamiento político contemporáneo desde el cual su obra ha sido valorada. * Correo electrónico: [email protected]
4 Araucaria Nro. 2 1. Nota historiográfica sobre el problema de la unidad del pensamiento político de Hobbes Como se sabe, desde su aparición, la obra de Hobbes dio lugar a numerosas controversias y ha seguido suscitando una amplia bibliografía, cada vez más especializada. Todavía no se ha escrito la historia de esas controversias, pero existen balances parciales que algunos estudiosos han elaborado de acuerdo con el problema interpretativo planteado. No proponemos realizar una indagación historiográfica previa, pero estimamos que resulta útil indicar, esquemáticamente, la existencia de algunos períodos en los que puede advertirse la aparición del problema interpretativo que estimuló nuestra lectura. Pueden distinguirse tres períodos, según la posición que se haya adoptado respecto de la unidad de la obra de Hobbes. En primer lugar, el período que va de la segunda mitad del siglo XVII a finales del siglo XVIII, en el que puede apreciarse la tensión permanente que Hobbes produjo en diversos filósofos, que si bien rechazaban el ateísmo, el pesimismo antropológico y las fórmulas de legitimación del poder absoluto, adoptaron las categorías a través de las cuales el filósofo inglés intentó fundamentar el Estado. Como ha dicho Norberto Bobbio, para Spinoza, Locke, Rousseau y Kant, la unidad del pensamiento de Hobbes no fue un problema, y la mejor prueba de ello es que estos filósofos utilizaron el mismo modelo teórico a través del cual el filósofo inglés pensó la política moderna (Bobbio, 1989)1. En segundo lugar, encontramos en el siglo XIX un período en el cual Hobbes fue leído desde una perspectiva panorámica, ya sea porque fue considerado como un momento en el desarrollo del pensamiento moderno (Hegel) (Hegel, 1974: vol. nI; 331-334), como un representante del individualismo burgués (Marx) (Marx y Engels, 1968: 489, 491-492), o como fundador de la ciencia política moderna (T6nnies) (T6nnies, 1896). Fue en la segunda mitad del siglo XX cuando apareció la primera publicación de sus obras completas (en la ya canónica edición Molesworth), seguida de la publicación de algunos textos inéditos. Y fue sobre todo en esa época cuando se inició el estudio exegético de la obra de Hobbes, considerada desde una perspectiva global. Este filósofo fue visto como el fundador de la ciencia política moderna, y su teoría política fue interpretada como la prolongación coherente de su filosofía natural. La unidad del pensamiento de Hobbes no sólo no fue un problema para sus lectores, sino que se consideró explícitamente que se trataba de un pensamien1. Ver Astorga, 1986 para un análisis de la interpretación de Bobbio a propósito de la influencia de Hobbes en el desarrollo del pensamiento político moderno.
La imaginación y la estructura del pensamiento político de Hobbes 5 to unitario. Específicamente, el estudio de Tonnies tuvo el mérito de ofrecer una interpretación panorámica de la obra de Hobbes a partir de las premisas científicas de su filosofía. No obstante, Tonnies no llegó a comprobar la unidad sistemática de dicha obra desde esas premisas. En buena medida se limitó a recoger el espíritu científico que recorre la obra de Hobbes, sin que la secuencia panorámica de su exposición llevara a reconocer los desajustes que afectaron la elaboración de la teoría política del filósofo inglés. En el siglo XX se inicia un tercer y prolífico período de controversias que se prolonga hasta hoy, uno de cuyos motivos fundamentales surgió en el momento en que se planteó abiertamente como problema la unidad del pensamiento político de Hobbes. Leo Strauss, en 1936, señaló que el pensamiento político hobbesiano no tuvo como fundamento la filosofía natural, sino que surgió a partir del contexto clásico en el cual Hobbes se formó. De esta manera, se ponía de manifiesto una notable escisión que afectaba su imagen tradicional como científico de la política. Strauss introducía un giro decisivo cuando planteaba la posibilidad de privilegiar la formación humanista de Hobbes, no sólo porque ello resultaba visible en su obra, sino también al advertir que esa formación fue anterior a su formación científica (Strauss, 1936). Su tesis consiste en sostener que la filosofía política de Hobbes es independiente de las premisas científicas, hasta el punto de que puede apreciarse la desconexión que existe entre el materialismo y la teoría del Estado. El mérito de esta interpretación se halla en haber encontrado evidentes fisuras que atravesaban el "sistema de Hobbes" y, sobre todo, en haber revalorizado el momento humanista en la teorización, política. No obstante, es probable que por la radicalidad del giro interpretativo que realizaba, Strauss no se haya planteado la posibilidad de reconstruir algunas mediaciones que era posible descubrir entre la antropología y la política. Quizás la mejor prueba de que Strauss no había trabajado en esas mediaciones se halla en el hecho de que más tarde (tal como lo recuerda Richard Tuck) volviera al punto de vista tradicional, basado en la centralidad de las premisas naturalistas (Strauss, 1953)2. Casi inmediatamente después, en 1938, Taylor iba un poco más allá al decir que incluso en el seno mismo de la teoría política no existía continuidad, en vista de que Hobbes no había mostrado la dependencia que existía entre la psicología egoísta y los principios que daban lugar a la obligación política (Taylor, 1938). Taylor sostenía que no se había deducido el proyecto de obligación moral y política a partir de las premisas antropológicas basadas en el egoísmo, sino que se 2. Cfr. Tuck, 1992. Este punto lo hemos considerado en Astorga, 1994.
6 Araucaria Nro. 2 había estructurado especialmente a partir de supuestos deontológicos que se planteaban desde exigencias religiosas y políticas. La observación fundamental de Taylor era su advertencia sobre la imposibilidad de derivar la moral y la política a partir de la explicación de los meros mecanismos naturales relacionados con la conservación. El resultado de esa observación consistía en plantear que entre el naturalismo antropológico y la moral no existían las respectivas mediaciones. Hobbes simplemente habría realizado un ejercicio de yuxtaposición. De este modo, surgía una fisura más en aquella tradición inspirada en la idea de la unidad que aportaba la ciencia natural desarrollada en el siglo XVII. El aporte de Taylor se halla en haber tratado de encontrar -inspirado en la ética de Kantnuevos ángulos de interpretación desde el eje moral y político, al sostener que Hobbes habría desarrollado un plan deontológico basado en las leyes naturales. No obstante, creemos que el límite fundamental de esta interpretación está en no haber explorado las posibilidades de interrelación que existen entre el carácter prudencial de las premisas antropológicas y las conclusiones morales y políticas. Las interpretaciones de Tonnies, Strauss y Taylor dieron lugar, directa o indirectamente, a la tarea de encarar el problema de la unidad y del sentido del pensamiento político de Hobbes. Desde mediados del siglo XX han aparecido diversas tendencias interpretativas que se han ramificado en una vasta producción de estudios que pueden agruparse en cinco tendencias. En primer lugar, la línea representada por Howard Warrender quien, siguiendo las tesis de Taylor, realizó un denso trabajo de reconstrucción del principio de obligación política en Hobbes a partir de las premisas morales extraídas de la cultura religiosa que el filósofo inglés tuvo en mente (Warrender, 1957). Warrender aceptaba la tesis de la ruptura entre la antropología y la teoría política, y proponía un sugerente ejercicio de reconstrucción de las bases morales del consenso político. Se trataba, sin duda, de un ángulo fundamental para comprender a Hobbes más allá del naturalismo. No obstante, existen dos limitaciones importantes que afectaron su interpretación. Por un lado, el hecho de indagar anacrónicamente en el contenido religioso de la moralidad -tal como lo ha señalado Quentin Skinner (1964)-, pues con ello descuidaba otros contenidos que son decisivos para comprender las bases de la obligación política. Y por otro lado, al asumir la ruptura señalada por Taylor, no procuró rastrear las bases antropológicas de la moralidad que es posible hallar desde las premisas psicológicas hasta los principios de origen religioso. En segundo lugar encontramos la interpretación de Macpherson, quien realizó un oportuno balance de los estudios hobbesianos y propuso el ángulo económico como un punto de vista distinto de aproximación, a partir del cual intentaba dar cuenta del sentido de la obra de Hobbes, tomando en consideración el modelo
La imaginación y la estructura del pensamiento político de Hobbes 7 de sociedad que este filósofo habría observado en su tiempo (Macpherson, 1962). Macpherson trató de encontrar, a través de la idea del individualismo posesivo, el nexo que existía entre el materialismo y el mercado, al señalar como principio unitario el hecho de la competencia por la conservación. Debemos reconocer su contribución al llamar la atención sobre este importante ángulo, de algún modo ya señalado por Marx. Pero también es necesario indicar que este intérprete privilegió excesivamente los contenidos económicos, al descuidar los aspectos psicológico-culturales que podían explicar las justificaciones del proyecto político hobbesiano. En tercer lugar apareció una línea interpretativa representada por Watkins, Goldsmith y McNeilley, entre otros, quienes, de un modo semejante a T6nnies, han tratado de revalorizar el proyecto filosófico de Hobbes para explicar su pensamiento político (Watkins, 1965; Goldsmith, 1966; McNeilley, 1968). Esta línea interpretativa se ha caracterizado por un marcado énfasis analítico y por un ejercicio textualista de aproximación, a través del cual se han elaborado importantes indagaciones. Sin embargo, su límite básico se halla en el hecho de haber privilegiado los contenidos empiristas y cientificistas en menoscabo de los contenidos culturales. Creemos que ambos contenidos pueden ser utilizados parcialmente para comprender las bases del pensamiento político de Hobbes, y que es posible reconstruir las mediaciones que existen (en algunos aspectos) entre uno y otro precisamente a través del concepto de imaginación, en vista de que se trata de un concepto que posee una base empirista reutilizada a través de significados provenientes del ámbito cultural. En cuarto lugar se encuentra la línea representada por Quentin Skinner, cuyas investigaciones en tomo del contexto intelectual de Hobbes de mediados del siglo XVII han contribuido a revalorizar el abordaje historiográfico. Desafortunadamente, las investigaciones de Skinner, si bien ofrecieron una importante vía metodológica, no se expresaron en un trabajo de suficiente amplitud, especialmente en cuanto a los ternas filosóficos fundamentales del pensamiento político de Hobbes3• En una línea semejante, las investigaciones de Pocock, Tuck, Sornrnerville y Malcom se han constituido en fuentes historiográficas muy útiles para acceder con rigurosidad a la obra de Hobbes (Pocock, 1971; Tuck, 1992; Sommerville, 1992; Malcolm, 1988; The Cambridge Companion to Hobbes, 1996). 3. Quentin Skinner, 1964, 1965, "The Ideological Context of Hobbes's Thought", cit. Más recientemente apareció su voluminoso estudio Reason and Rhetoric in the Philosophy of Hobbes, Cambridge, Cambridge University Press, 1996.
8 Araucaria Nro. 2 En quinto lugar se encuentra la línea representada por David Gauthier, Gregory Kavka, lean Hampton y Norberto Bobbio, entre otros, a través de la cual se ha insistido en los momentos racionales y constructivistas del pensamiento político de Hobbes, especialmente a través del marcado contractualismo presente en su obra (Gauthier, 1969; Hampton, 1986; Kavka, 1986; Bobbio, 1989). Esta línea tomó como centro de atención la racionalidad de la construcción de la teoría política, dejando en segundo plano los contenidos psicológico-culturales. Tiene el mérito de haber reconstruido la imagen de Hobbes como el científico de la política, no a partir de las bases materialistas, sino poniendo de relieve la racionalidad inmanente al proyecto de construcción del Estado a partir de la existencia de agentes capaces de calcular las bases del consenso político. Pero tiene, tal como en otros casos, el límite de prescindir de las mediaciones antropológicas que hacen posible comprender la unidad de su pensamiento político. En estas interpretaciones puede apreciarse que las diversas maneras en que se ha tratado de abordar el problema de la unidad del pensamiento político de Hobbes, así como, en general, los temas fundamentales y el sentido de su obra, han representado importantes contribuciones al esclarecimiento de ese problema. Sin embargo, al tomar en cuenta la vasta bibliografía exegética que se ha desarrollado especialmente en la segunda mitad del siglo XX, se puede advertir que no existe acuerdo sobre la unidad de la obra política de Hobbes. y al considerar el tercer período mencionado, se aprecia que el problema de la unidad ha seguido siendo visto al menos en los dos niveles señalados por Strauss y Taylor. El primero, en sentido amplio, que apuntaba a la escisión que existía entre la filosofía natural y la filosofía política. Y el segundo, en sentido más restringido, que consideraba la escisión que estaba presente en el seno mismo de la filosofía política. Asimismo, se observan diferentes ángulos a través de los cuales se ha procurado releer a Hobbes; y es ello lo que ha dado como resultado una extensa controversia. Pero de ella han resurgido interpretaciones que intentaron mostrar la coherencia existente entre el naturalismo filosófico y la teoría política4, y la que representan quienes han asumido que la unidad es efectivamente un problema y, por ello, prescindiendo de la posibilidad de acudir a la filosofía natural, han señalado vías distintas que permitan dar cuenta del pensamiento político de Hobbes5• En este caso, al prescindirse de una consideración global de su obra, se han privilegiado temas 4. Véase, por ejemplo, el caso de A. Rapaczynski, 1987. Para una versión más reciente de esta línea interpretativa, véase M. Karskens, 1982. 5. Véase, por ejemplo, el caso de T. Sorell, 1996.
La imaginación y la estructura del pensamiento político de Hobbes 9 y problemas mediante los cuales han surgido diversos intentos de interpretación unitaria pero' parcial. Hasta hoy se han ensayado diversas maneras de abordarla, sin que haya aparecido una versión que cubra los diversos intereses y expectativas que ha suscitado este filósofo. Probablemente nunca aparecerá esa versión, sobre todo si se utiliza el lente historicista según el cual Hobbes . siempre será visto con las categorías y con las preocupaciones de cada lector. En todo caso, la controversia suscitada por su obra ha sido muy útil. Se han incrementado las vías de acceso a los textos y revalorizado tópicos antes descuidados, todo lo cual ha conducido a un florecimiento de los estudios hobbesianos y sobre todo a la posibilidad de volver a situar a este filósofo en el contexto de la cultura moderna. 2. La idea de imaginación para estudiar a Hobbes como intérprete de la política. Ruta bibliográfica y justificación Fue precisamente nuestro interés por el problema de la unidad del pensamiento político de Hobbes, así como su fortuna en la época moderna, lo que nos llevó a desarrollar una primera aproximación a su obra (Astorga, 1993). Allí tratamos de interpretar la teoría política de este filósofo orientados por la idea de que la fortuna que tuvo su obra en el desarrollo de la filosofía política moderna obedece no tanto a la forma deductiva del discurso, sino sobre todo a la naturaleza específica de su argumentación y a los supuestos que, desde el ámbito de lo político, determinaron el modo en que se elaboraron los fundamentos teóricos del Estado. Nuestro trabajo se orienta especialmente a privilegiar los ángulos argumentativos que Hobbes exhibe en su interpretación del poder. Los resultados a los que llegamos confirmaron nuestras expectativas y nos dieron impulso para continuar nuestra indagación, concentrándonos esta vez en la idea de imaginación, al considerar que se trata de una idea que puede ser usada como hilo conductor para comprender el pensamiento político de Hobbes. Desde ya hay que tener presente que la llamada "hipótesis de la aniquilación del mundo", planteada originalmente en 1640 en The Elements 01 Law (1, Sec.1, 8, pág. 2), le permitió a Hobbes realizar un ejercicio filosófico que hace de la imaginación la base fundamental para explicar nuestra concepción de la realidad. Esa hipótesis le permitió afirmar que lo único que permanecería como resultado de esa aniquilación es el "mundo de las imágenes", las cuales se convertirían entonces en lo único existente. Y con ello planteaba una hipótesis riesgosa pero a la vez sugerente -como el argumento del sueño o del
10 Araucaria Nro. 2 genio maligno de Descartes. El riesgo es el de perder irreversiblemente el mundo aniquilado. La sugerencia consistiría en encontrar un punto arquimedeano para recuperar el mundo perdido, a través de su reconstrucción, que tendría necesariamente como base las imágenes, de tal modo que el mundo "recuperado" sería el mundo hecho por la imaginación. Pero es necesario decir que la idea de imaginación no se convirtió para nosotros en un motivo de búsqueda tan sólo a partir de la obra de Hobbes, sino que lo hizo también a través de algunos filósofos e intérpretes del pensamiento moderno. Debemos recordar aquí especialmente tres fuentes que suscitaron nuestro interés por esa idea. En primer lugar, el trabajo de Antonio Negri sobre Spinoza, en el que se muestra la amplitud y la potencia de la idea de imaginación en el filósofo holandés, quien no sólo fue crítico de los efectos supersticiosos y políticos de la imaginación sino que también la revalorizó como concepto esencial para entender la naturaleza humana. Spinoza, como se sabe, fue un atento lector de Hobbes, quien influyó decisivamente en diversos aspectos de su filosofía. En su caso, la imaginación puede ser vista como una fuente esencial para explicar el origen de la superstición, de las pasiones, y, en general, del comportamiento ético-político. Este filósofo se encargó de mostrar la función mitificante pero a la vez reconstructiva de la imaginación. y ello nos sugirió la posibilidad de encontrar en el filósofo inglés, por supuesto cambiando lo cambiable, una perspectiva semejante a la que había encontrado Negri en Spinoza (Negri, 1981)6. En segundo lugar, la imaginación es una actividad que ha sido considerada no sólo para explicar el desarrollo de las ideas y las pasiones, sino también como matriz comprensiva de las mediaciones culturales e históricas que constituyen la "naturaleza humana". Este sentido de la imaginación se encuentra en la obra de Hume, especialmente a través de la sugerente lectura que de ella hizo Gilles Deleuze, quien pone en primer plano el concepto de imaginación y muestra sobre todo su interrelación con la cultura en la explicación de cómo se forma la naturaleza humana (Deleuze, 1953). Aquí también hallamos una fuerte sugerencia investigativa, pues se trata de un pensador que estaba situado en la corriente del empirismo desarrollado por Hobbes. No obstante, a diferencia del caso de Spinoza, no existen abrumadoras evidencias de que Hume haya sido seguidor de Hobbes. Pero son varias las similitudes entre ambos filósofos, e incluso existe la posibilidad de comprobar, tal como se ha intentado, la influencia de uno sobre el otro (Russell, 1985). 6. Véase la reseña que hacemos de este libro en Episteme. NS, 2, 1982, pp. 280-289.
La imaginación y la estructura del pensamiento político de Hobbes 11 En tercer lugar, encontramos en la bibliografía crítica hobbesiana, algunos estudios que nos servían como arsenal de sugerencias, que permitían justificar el camino que iba a reforzar nuestro interés por la imaginación. Baste indicar los estudios en los que se ha hecho énfasis en el lado cultural e histórico del pensamiento político de Hobbes 7; aquellos donde se pone de manifiesto la centralidad de las ideas, la opinión y el consens08; o los estudios en los que se hace énfasis en la retórica y en el significado persuasivo de la política9• Tales estudios nos proporcionaron una base de asociaciones que nos permitían revalorizar conceptos relacionados con la idea de imaginación. N o vamos a hacer un listado de todas las fuentes a través de las cuales nos interesamos por la idea de imaginación. Baste señalar que a través de las fuentes ya indicadas nos hemos planteado la posibilidad de revalorizar el carácter cognoscitivo, moral y político de la imaginación, tanto en su función crítica como en su función reconstructiva. Creemos que estas posibilidades pueden extraerse de la obra de Hobbes, pues estimamos que la idea de imaginación que allí se desarrolla tiene un valor interpretativo fundamental de su pensamiento político. Pero es necesario acotar que, en el contexto de la bibliografía hobbesiana, nos encontramos con el hecho de que la idea de imaginación había sido descuidada. Por ello, creemos que en ese contexto, nuestro estudio propone un ángulo interpretativo nuevo y radical. Si bien hemos encontrado artículos y secciones de libros dedicadas a la imaginación, este tema hasta ahora no ha sido tomado como núcleo fundamental en torno del cual es posible integrar tópicos fundamentales que se encuentran en el Leviathan. Es cierto que aparece revalorizado especialmente en las investigaciones de los últimos años, pero ha quedado diluido, implícito o descuidado debido a la presencia de otros intereses temáticos. El sentido de nuestra interpretación consistirá en mostrar que, a partir de la imaginación, es posible dilucidar la coherencia del pensamiento político de Hobbes. Ahora bien, cuando se pasa revista a la bibliografía crítica dedicada explícitamente al tema de la imaginación en Hobbes, , se encuentran apenas dos 7. Desde la ya clásica interpretación de Strauss, 1953 y de Oakeshott, hasta los estudios de Pocock, 1971, Kraynak, 1990 y Lund, 1992. 8. Después del ya canónico estudio de Warrender, han aparecido diversas interpretaciones sobre las bases consensuales de la obligación en Hobbes. Baste citar Barnow, 1988, Sorell, 1990 y Schochet, s/f. 9. Junto a la conocida consideración de Hobbes como filósofo nominalista, empezaron a aparecer estudios sobre la retórica. Cfr. Johnston, 1986; Mathie, 1986, Prokhovnik, 1991 y Rayner, 1991 . Véase especialmente el documentado estudio de Skinner, 1996.
18 Araucaria Nro. 2 trina no admite otra demostración" (Leviathan, introducción). Y es necesario notar que la "lectura de sí mismo" no es más que el conocimiento alcanzado por la experiencia (Leviathan, 1, 3), la misma a la que Hobbes se refería como modo de conocimiento que podía justificar la publicación de De Cive, independientemente de las partes anteriores de su Filosofía. Esto significa que no sólo la teoría del ciudadano, sino también 1a teoría del hombre pueden encontrar como punto de partida la experiencia. Y si esto es así, se puede suponer que es la misma experiencia la que sirvió de piedra de toque para la elaboración de ambas teorías. En síntesis, precisamente por provenir de la misma experiencia, la teoría del hombre es necesaria para entender la teoría del ciudadano. Dicho de un modo más específico: es necesario conocer los orígenes antropológicos del estado de naturaleza para hacer de dicho estado la premisa de la concepción del Estado. Por tanto, la teoría de la imaginación, desarrollada a lo largo de la antropología, sería imprescindible para la interpretación de la política. Por ahora baste plantear que la teoría del hombre se encuentra implícita en De Cive, sobre todo si recordamos que dicha teoría ya había sido elaborada en The Elements of Law en función de la política. Pero, quizás, el argumento más fuerte en relación con nuestro propósito de revalorizar la imaginación consista en reconocer y asumir que el Leviathan (y ya antes The Elements of Law) expone en forma explícita dicha teoría como antecedente de la concepción del Estado. Nuestro trabajo plantea mostrar que la teoría del hombre no sólo es un antecedente sino una matriz configuradora de la interpretación de la política. Creemos que el Leviathan hace explícito lo que De Cive llevaba implícito, y que, precisamente por ello, ofrece ángulos más claros e integrales para el estudio del pensamiento político de Hobbes, especialmente en lo que concierne a su núcleo unificador. 4. El sentido ulterior de la propuesta Vamos a referirnos a los alcances de esta propuesta, específicamente en relación a la ubicación de Hobbes en el contexto de la modernidad. Debemos decir a este respecto que el Leviathan se revela como un discurso en el que predomina el juicio, la necesidad de clarificación, la abundancia de definiciones y distinciones y, en general, como un testimonio del llamado "espíritu geométrico" llevado al campo de la ética y la política. Pero su lado teórico e interpretativo más importante se pone de manifiesto no sólo por el hecho de que Hobbes haya tenido una fértil mente metafórica con la cual llenó su argu-
La imaginación y la estructura del pensamiento político de Hobbes 19 mentación. Creemos -a diferencia de lo que plantea Habermas en Teoría y praxis, o Perelman en su Tratado sobre la argumentaciónque el aporte más importante de este filósofo al pensamiento político moderno consiste en haber hecho de la retórica y de la sensibilidad humanista e historiográfica un recurso inmanente en la interpretación de la política. Es por ello que sostenemos que la actividad de imaginar se fue convirtiendo en el concepto y en el horizonte interpretativo principal de esa aventura intelectual. Hobbes progresivamente se percató de que el programa racionalista, llevado al lenguaje de la política, era insuficiente si no daba cuenta de los resortes a través de los cuales se mueven las pasiones; es decir, se percató de que la persuasión no era tan sólo un asunto de técnica política, sino que se trataba de la pragmática que exigía la interpretación del Estado moderno. Por ello creemos que este filósofo de la modernidad no puede ser interpretado según los rígidos -y a veces caricaturescosrasgos que se han ofrecido del pensamiento moderno. Su obra ofrece, paradójicamente, en un siglo dominado por el sentido cartesiano del "orden y la medida", y deslumbrado por el descubrimiento metafísico de la subjetividad, una experiencia intelectual donde pesa más el contexto teórico y el uso de la experiencia que una mera definición, y donde la subjetividad, culturalmente constituida, es convertida en el plano principal de indagación, sin que ello dé lugar a una concepción metafísica y sustancialista de la naturaleza humana. Por ello, debemos decir que estudiar a Hobbes desde la idea de imaginación plantea algunos problemas interpretativos de cara a la visión tradicional que se tiene de este filósofo, concebido como fundador del pensamiento político moderno al haber privilegiado el ámbito de la razón. Los problemas se confirmaban al considerar que existe una imagen de la modernidad política (emblemáticamente presentada por Bobbio) que conduce a pensar precisamente en este filósofo cuando se considera la racionalidad que hace posible al Estado, tanto por sus fundamentos contractualistas como por su condición artificial, vista más allá de las virtudes que posea el príncipe. Por ello, se podría afirmar que la imagen de Hobbes se ha reflejado en la imagen de la modernidad política, y ésta, a su vez, se ha reflejado en la imagen de Hobbes. En ambos casos ha predominado una imagen cientificista que se ha consagrado en diversos contextos historiográficos. No por casualidad suele afirmarse que este filósofo es el fundador de la ciencia política moderna, cuando se señala que ofreció un modelo de comprensión del funcionamiento del poder a partir de las exigencias que suponía la ciencia de su tiempo. No obstante, al seguir acercándonos a esta imagen de Hobbes y al tratar de averiguar las razones que la justifican, empezamos a encontrar algunos problemas interpretativos que nos
20 Araucaria Nro. 2 condujeron a situarnos en una posición distinta de la que ha consagrado la tradición. Esto nos llevó a preguntarnos, por ejemplo, por la validez de la idea según la cual la modernidad política está apoyada fundamentalmente en el privilegio que se le atribuye a la razón. Podría mostrarse que el concepto de modernidad política así visto es insuficiente para comprender a los filósofos de la época moderna considerados globalmente, ya que, en efecto, resulta difícil agrupar satisfactoriamente bajo dicho concepto a filósofos tan distintos como Hobbes, Spinoza, Locke, Hume, Rousseau y Kant. Podría advertirse, asimismo, que ese concepto de modernidad política, ya canónico, es insuficiente para comprender a los filósofos modernos considerados singularmente. y más aún, quizás quedemos sorprendidos al descubrir que es inadecuado para comprender precisamente al filósofo que ha sido tomado como fundador y modelo de inspiración de la filosofía política de la modernidad, es decir, al propio Hobbes. Sin embargo, a pesar de los problemas interpretativos que suscita la imagen de fundador que se le atribuye a este filósofo, resulta ineludible el intento de comprenderlo desde los cánones de la modernidad, especialmente si tenemos presente que su obra aparece en un momento decisivo de configuración de la filosofía moderna. No obstante, nuestra propuesta no se orientó a dilucidar en qué consiste la modernidad para luego ubicar allí a este filósofo. Tratamos, más bien, de comprender su obra incluso con el riesgo de que la imagen que llegáramos a ofrecer de ella no encajase con la consagrada imagen de la modernidad. Quizás ello también suponga la posibilidad de realizar ulteriores aproximaciones a la idea de lo moderno. Y en esas aproximaciones, creemos que el concepto de imaginación , largamente descuidado, juega un rol interpretativo que puede ser útil no sólo para acercarse a los ejes reales de constitución de la política moderna, sino también para reexaminar la ya larga querella a través de la cual se ha pretendido ir más allá de los límites de la modernidad. Sería quizás una fuente de hallazgos y de obligado reexamen teórico e historiográfico descubrir que el pensamiento político moderno, no sólo el de Hobbes, no estuvo dominado tanto como se cree por la "racionalidad", sino, quizás en una medida insospechada, por la potencia de la imaginación. Este reexamen quizás también nos llevaría a reconocer que en esta lectura de Hobbes se incorporan conceptos y motivos que se sitúan, inevitablemente, a fines del siglo XX, en las fronteras de la modernidad o, en todo caso, en una lectura no ortodoxa de la filosofía política moderna. Y para volver a los señalamientos iniciales sobre nuestro encuentro con Bobbio, podemos ahora decir que la herencia intelectual que representa la obra de Hobbes para la filosofía política moderna estuvo determinada quizás mucho más por el peso de la re-
La imaginación y la estructura del pensamiento político de Hobbes 21 flexión antropológica que por un modelo de fundamentación del Estado. Y esa reflexión encuentra su apoyo en el desarrollo de la idea de imaginación. De tal modo que, si se nos permite la fórmula, podríamos hacer girar las célebres afirmaciones del pensador italiano y decir entonces que Hobbes pudo ofrecer no tanto un trabajo de fundamentación sino de interpretación de la política, precisamente por haber hecho descansar el peso de su reflexión mucho más en la imaginación que en la razón. Esperamos, en suma, haber señalado un camino de reexploración no sólo de Hobbes, sino también del pensamiento político que ha girado de diversas maneras en torno a su obra. Y así como decíamos que llegamos a Hobbes a través de Spinoza y de Hume, ahora debemos decir que Spinoza y Hume y, sobre todo la filosofía política moderna, tal como ha sido estudiada por Bobbio y Strauss, por Negri, Foucault o Deleuze, puede ser revisitada a partir de una lectura distinta de la obra de Hobbes. Referencias bibliográficas «A Surnmary Biography of Hobbes», en The Cambridge Companion to Hobbes, Edited by Tom Sorell, Cambridge, 1996, pp.13-44. ASTORGA, O. (1986) "Apuntes sobre el modelo hobbesiano", en Episteme, nro. 5-6, UCV. Caracas, pp. 125-141. ASTORGA, o. (1993) La fortuna del pensamiento político de Hobbes. Reexamen del Leviathan. Caracas, Fondo Editorial de Humanidades, UCV. ASTORGA, O. (1994) "La crítica de Luc Ferry a Leo Strauss en torno a la herencia hobbesiana de Rousseau", en Apuntes filosóficos, 5, pp. 219-227. BARNOW, J. (1988) "Persuasion in Hobbes's Leviathan", en Hobbes Studies, vol. l, pp.3-25. BOBBlO, N. (1959) "lntroduzione" a Opere Politiche di Thomas Hobbes. Torino, UTET. BOBBlO, N. (1989) Thomas Hobbes. Torino, Einaudi Editore. CANTALUPO, C. (1991) A Literary Leviathan. Thomas Hobbes 's Masterpiece of Language. Londres y Toronto, Associated University Press. DELEUZE, G. (1953) Empirisme et Subjectivité. París, PUF. GAUTHIER, D. (1969) The Logic of Leviathan: The Moral and Political Theory of Thomas Hobbes. Oxford, Clarendon Press. GOLDSMlTH, M. (1966) Hobbes 's Science of Politics. Nueva York, Columbia University Press. HAMPTON, 1. (1986) Hobbes and the Social Contract Tradition . Nueva York, Cambridge University Press.
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