Antonio Ordóñez. Torero de Ronda, Ronda, Real Maestranza de Caballería de Ronda, 1999. 110 págs. en 4.º, ils. en b/n. Contraportada en color de E. Arroyo. Edición al cuidado de la editorial Turner de Madrid. [Reseña]
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Revista de Estudios Taurinos N.º 10, Sevilla, 1999, págs. 249-254 AA.VV.: Antonio Ordóñez. Torero de Ronda, Ronda, Real Maestranza de Caballería de Ronda, 1999. 110 págs. en 4.º, ils. en b/n. Contraportada en color de E. Arroyo. Edición al cuidado de la editorial Turner de Madrid. Fig. n.º 32.– Portada del libro Antonio Ordóñez. Torero de Ronda.
un consumado maestro de la combinación de la línea con las masas de color y creo que ha conseguido uno de sus carteles más impactantes. ¡Un cartel de coleccionista! Felicito a la Real Corporación por habernos regalado con una estampa de emoción y por la decisión que parece haber tomado de que, a partir de ahora, sus carteles tengan un nivel artístico acorde con la calidad de los matadores que hacen el paseíllo en la Goyesca. Con el libro Antonio Ordóñez. Torero de Ronda, la Real Maestranza no sólo conmemora un torero insigne, sin duda, el más importante de la segunda mitad del siglo XX, sino expresa públicamente la deuda que la institución, y por supuesto la ciudad de Ronda, tiene con este artista excepcional que si fue galardonado por S. M. el Rey de España y por S. E. el Presidente de la República de Francia, en ningún momento olvidó vincular su toreo a la tradición taurina que la ciudad de Ronda representaba. En efecto, Martínez-Novillo, en el capítulo que dedica a la historia de la plaza de toros de Ronda, levanta acta del estado de postración en que habían caído las celebraciones taurinas y precisa cómo es imposible separar la recuperación del ambiente que la ciudad vive en siglo XX sin tener en cuenta el papel jugado por la dinastía torera de los Ordóñez. Desde los años 20, desde Cayetano Ordóñez (1904-1961), conocido con el sobrenombre de Niño de la Palma, padre de nuestro llorado maestro Antonio, hasta una actualidad que se proyecta en el futuro con la presencia en el ruedo de la ciudad maestrante, y por supuesto en los de España y América, de su nieto Francisco Rivera Ordóñez, duque de Montoro, los Ordóñez han estado presentes en el coso rondeño, prácticamente, a lo largo de todo un siglo. Recensiones de libros 251 La Real Maestranza de Caballería de Ronda, dentro del programa de actos con los que rinde emotivo tributo a la figura prematuramente desaparecida del matador de toros y Excmo. Sr. D. Antonio Ordóñez, ha publicado, en cuidada edición a cargo de Manuel Arroyo, director de la Editorial Turner de Madrid, el libro que glosamos: Antonio Ordóñez. Torero de Ronda. En su redacción, comenzando con una presentación firmada por la R.M.C.R. y redactada por su teniente de Hermano Mayor, el Excmo. Sr. Marqués de Salvatierra, han participado Miguel Ferrer y Kenneth Tyan y los miembros de la Fundación de Estudios Taurinos, Alberto González Troyano, Alvaro Martínez-Novillo y François Zumbiehl, todos ellos a título de doctos amigos del finado maestro. Quisiera detenerme, en primer lugar, en la portada del libro que tengo el gusto de recensar porque está realizada a partir del cartel de la Corrida Goyesca de este año que, como todos saben, es obra de Eduardo Arroyo. Este polifacético artista, gran aficionado a los toros, amigo del maestro, pintor y escultor, ensayista y dramaturgo, ha publicitado con notable éxito la fiesta de los toros en Madrid y en París, en Sevilla y en Nimes, en Pamplona y en Arles y, en fin, en muchas de las ciudades que tiene a gala celebrar corridas de toros. En todas ellas está considerado como uno de los mejores cartelistas de la historia del Arte Publicitario como, por otra parte, acaba de poner de manifiesto en Ronda colocando un cartel que a nadie ha pasado desapercibido. Sin duda alguna, en este cartel conmovedor retrato del maestro que ha realizado para la Real Maestranza de Caballería, para la Goyesca, para Ronda y, por supuesto, para la memoria de Antonio, se ha producido como Pedro Romero de Solís 250
un consumado maestro de la combinación de la línea con las masas de color y creo que ha conseguido uno de sus carteles más impactantes. ¡Un cartel de coleccionista! Felicito a la Real Corporación por habernos regalado con una estampa de emoción y por la decisión que parece haber tomado de que, a partir de ahora, sus carteles tengan un nivel artístico acorde con la calidad de los matadores que hacen el paseíllo en la Goyesca. Con el libro Antonio Ordóñez. Torero de Ronda, la Real Maestranza no sólo conmemora un torero insigne, sin duda, el más importante de la segunda mitad del siglo XX, sino expresa públicamente la deuda que la institución, y por supuesto la ciudad de Ronda, tiene con este artista excepcional que si fue galardonado por S. M. el Rey de España y por S. E. el Presidente de la República de Francia, en ningún momento olvidó vincular su toreo a la tradición taurina que la ciudad de Ronda representaba. En efecto, Martínez-Novillo, en el capítulo que dedica a la historia de la plaza de toros de Ronda, levanta acta del estado de postración en que habían caído las celebraciones taurinas y precisa cómo es imposible separar la recuperación del ambiente que la ciudad vive en siglo XX sin tener en cuenta el papel jugado por la dinastía torera de los Ordóñez. Desde los años 20, desde Cayetano Ordóñez (1904-1961), conocido con el sobrenombre de Niño de la Palma, padre de nuestro llorado maestro Antonio, hasta una actualidad que se proyecta en el futuro con la presencia en el ruedo de la ciudad maestrante, y por supuesto en los de España y América, de su nieto Francisco Rivera Ordóñez, duque de Montoro, los Ordóñez han estado presentes en el coso rondeño, prácticamente, a lo largo de todo un siglo. Recensiones de libros 251 La Real Maestranza de Caballería de Ronda, dentro del programa de actos con los que rinde emotivo tributo a la figura prematuramente desaparecida del matador de toros y Excmo. Sr. D. Antonio Ordóñez, ha publicado, en cuidada edición a cargo de Manuel Arroyo, director de la Editorial Turner de Madrid, el libro que glosamos: Antonio Ordóñez. Torero de Ronda. En su redacción, comenzando con una presentación firmada por la R.M.C.R. y redactada por su teniente de Hermano Mayor, el Excmo. Sr. Marqués de Salvatierra, han participado Miguel Ferrer y Kenneth Tyan y los miembros de la Fundación de Estudios Taurinos, Alberto González Troyano, Alvaro Martínez-Novillo y François Zumbiehl, todos ellos a título de doctos amigos del finado maestro. Quisiera detenerme, en primer lugar, en la portada del libro que tengo el gusto de recensar porque está realizada a partir del cartel de la Corrida Goyesca de este año que, como todos saben, es obra de Eduardo Arroyo. Este polifacético artista, gran aficionado a los toros, amigo del maestro, pintor y escultor, ensayista y dramaturgo, ha publicitado con notable éxito la fiesta de los toros en Madrid y en París, en Sevilla y en Nimes, en Pamplona y en Arles y, en fin, en muchas de las ciudades que tiene a gala celebrar corridas de toros. En todas ellas está considerado como uno de los mejores cartelistas de la historia del Arte Publicitario como, por otra parte, acaba de poner de manifiesto en Ronda colocando un cartel que a nadie ha pasado desapercibido. Sin duda alguna, en este cartel conmovedor retrato del maestro que ha realizado para la Real Maestranza de Caballería, para la Goyesca, para Ronda y, por supuesto, para la memoria de Antonio, se ha producido como Pedro Romero de Solís 250
dejado una profunda huella como se pone de manifiesto en su novela Muerte en la tarde. La revista Life, posiblemente la de mayor tirada de Norteamérica, le encarga las crónicas de la temporada de 1959, editadas postumamente con el título de El verano sangriento, donde el escritor relata la competencia, en los ruedos, de Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, por empuñar el cetro de la torería mundial. Hemingway supo darle a la pugna tintes de epopeya mientras quwe sus crónicas eran leídas por millones de personas. A partir de entonces Antonio y Ronda brillarán definitivamente con una luz única en el firmamento artístico mundial. Hoy día estamos acostumbrados a asociar a Ordóñez y Ronda pero hay que reconocer que en esa unión el matador tuvo una responsabilidad excepcional. Alberto González Troyano escribe que en el caso de Antonio Ordóñez y Ronda se da una confluencia entre ciudad y artista tan particular como la que aparece, por ejemplo, entre Don Juan y Sevilla, o entre el Greco y Toledo, o entre Dante y Florencia. El prof. González Troyano sostiene, además, que esa unión que puede parecernos como algo natural, no tuvo nada de espontánea, fue buscada deliberadamente por el propio torero. “Se dio así añade González Troyano un proceso, durante el cual él se volcó en transformar su nacimiento, y todo lo que ello significaba, en un marco en el que se sentía enraizado, además, por voluntad propia, creando una vinculación elegida, con la ciudad, de mucho mayor calado que la que suele ser habitual». En efecto, Ordóñez invirtió su propio toreo en Ronda y, con ello, la enriqueció, instituyó la «corrida goyesca» como instrumento de conexión entre el brillante presente de su carrera con el pasado taurino de Ronda, con la dinastía de los Recensiones de libros 253 Cayetano Ordóñez, el Niño de la Palma, que inauguró la dinastía de los toreros Ordóñez de Ronda, junto con su hijo Antonio (1932-1998) no sólo son, por el momento, las figuras señeras de la dinastía sino también elementos fundamentales de la historia de la tauromaquia. El Niño de la Palma tuvo la virtud, con el arte y la alada gracia de su toreo, de encandilar de nuevo a una afición que, a falta de grandes figuras, se hallaba desconcertada, abatida. Pero no será sólo la afición, serán también intelectuales quienes se sientan profundamente atraídos por la personalidad artística del Niño de la Palma. Alberti y Hemingway, dos escritores con el máximo reconocimiento mundial, ven en Cayetano la promesa, «como la figura decisiva nos dirá Martínez-Novillo para la recuperación del arte taurino». Hemingway, seducido por el significado del toro en general y por el arte de Cayetano Ordóñez, en particular, lo inmortalizó literariamente en su novela Fiesta. La aparición en los ruedos de los hijos de Cayetano Ordóñez prenden en la afición una nueva esperanza. A partir de 1949, Cayetano, Juan, Antonio, Pepe y, después Alfonso comienzan a torear festivales. En 1951 Antonio triunfa en la feria de San Isidro y abre la puerta grande de Las Ventas. Julio Aparicio le da la alternativa y un viento de triunfo empuja a Antonio por todas las plazas de España y América. En 1953 conocerá, en la feria de Pamplona a «Ernesto» Hemingway, el que había ya novelado a su padre, del que se hará confidente y amigo. Si fue importante para Antonio el descubrimiento de Hemingway no lo fue menos para el Premio Nobel al que permitió vivir con una intensidad escalofriante el reencuentro con España, un país que le había Pedro Romero de Solís 252
dejado una profunda huella como se pone de manifiesto en su novela Muerte en la tarde. La revista Life, posiblemente la de mayor tirada de Norteamérica, le encarga las crónicas de la temporada de 1959, editadas postumamente con el título de El verano sangriento, donde el escritor relata la competencia, en los ruedos, de Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, por empuñar el cetro de la torería mundial. Hemingway supo darle a la pugna tintes de epopeya mientras quwe sus crónicas eran leídas por millones de personas. A partir de entonces Antonio y Ronda brillarán definitivamente con una luz única en el firmamento artístico mundial. Hoy día estamos acostumbrados a asociar a Ordóñez y Ronda pero hay que reconocer que en esa unión el matador tuvo una responsabilidad excepcional. Alberto González Troyano escribe que en el caso de Antonio Ordóñez y Ronda se da una confluencia entre ciudad y artista tan particular como la que aparece, por ejemplo, entre Don Juan y Sevilla, o entre el Greco y Toledo, o entre Dante y Florencia. El prof. González Troyano sostiene, además, que esa unión que puede parecernos como algo natural, no tuvo nada de espontánea, fue buscada deliberadamente por el propio torero. “Se dio así añade González Troyano un proceso, durante el cual él se volcó en transformar su nacimiento, y todo lo que ello significaba, en un marco en el que se sentía enraizado, además, por voluntad propia, creando una vinculación elegida, con la ciudad, de mucho mayor calado que la que suele ser habitual». En efecto, Ordóñez invirtió su propio toreo en Ronda y, con ello, la enriqueció, instituyó la «corrida goyesca» como instrumento de conexión entre el brillante presente de su carrera con el pasado taurino de Ronda, con la dinastía de los Recensiones de libros 253 Cayetano Ordóñez, el Niño de la Palma, que inauguró la dinastía de los toreros Ordóñez de Ronda, junto con su hijo Antonio (1932-1998) no sólo son, por el momento, las figuras señeras de la dinastía sino también elementos fundamentales de la historia de la tauromaquia. El Niño de la Palma tuvo la virtud, con el arte y la alada gracia de su toreo, de encandilar de nuevo a una afición que, a falta de grandes figuras, se hallaba desconcertada, abatida. Pero no será sólo la afición, serán también intelectuales quienes se sientan profundamente atraídos por la personalidad artística del Niño de la Palma. Alberti y Hemingway, dos escritores con el máximo reconocimiento mundial, ven en Cayetano la promesa, «como la figura decisiva nos dirá Martínez-Novillo para la recuperación del arte taurino». Hemingway, seducido por el significado del toro en general y por el arte de Cayetano Ordóñez, en particular, lo inmortalizó literariamente en su novela Fiesta. La aparición en los ruedos de los hijos de Cayetano Ordóñez prenden en la afición una nueva esperanza. A partir de 1949, Cayetano, Juan, Antonio, Pepe y, después Alfonso comienzan a torear festivales. En 1951 Antonio triunfa en la feria de San Isidro y abre la puerta grande de Las Ventas. Julio Aparicio le da la alternativa y un viento de triunfo empuja a Antonio por todas las plazas de España y América. En 1953 conocerá, en la feria de Pamplona a «Ernesto» Hemingway, el que había ya novelado a su padre, del que se hará confidente y amigo. Si fue importante para Antonio el descubrimiento de Hemingway no lo fue menos para el Premio Nobel al que permitió vivir con una intensidad escalofriante el reencuentro con España, un país que le había Pedro Romero de Solís 252
Revista de Estudios Taurinos N.º 10, Sevilla, 1999, págs. 255-258 Martín Vicente, A.; Carrasco, D. y otros (Documentación): El toro: Paneles para una exposición, Sevilla, Unión de Criadores de Toros de Lidia, Equipo 28, 1999. Fig. n.º 33.– Portada del libro El toro. Romero, con aquel momento mítico de fundación del toreo moderno que tuvo en Goya su más extraordinario albacea. Ahora bien esta arriesgada operación no estaba al alcance de cualquier torero ni era sólo el resultado de una adecuada publicidad. No. Fue la tarea de un gigante pues logró, nada menos, que iluminar con la gloria de su presente el pasado espléndido pero olvidado de Ronda. Ronda tuvo en Ordóñez la oportunidad para su renacimiento. Hacemos, desde aquí, votos para que la identificación de Ronda con la Corrida Goyesca se siga actualizando y que su nieto Francisco Rivera logre perpetuar el secreto de su éxito: ¡El ruedo de Ronda es para los mejores!. Pedro Romero de Solís Fundación de Estudios Taurinos Pedro Romero de Solís 254