¿Una Internet para tontos?
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BYTE 86Temporal JULIO (03/06/2002) ¿UNA INTERNET PARA TONTOS? Miquel Barceló Antes de escribir el Temporal de cada mes, suelo dar un vistazo a los últimos temas que he tratado, en un intento de evitar repeticiones involuntarias. Por ello debo reconocer que, esta vez, voy a repetirme un poco. Hace ya cuatro años, en verano de 1998, comenté el agobio que puede producir Internet. Hoy no se trata tan solo de recordar ese agobio, sino, también, de intentar de comentar algunos de sus aspectos más absurdos. Hace ya años que soy usuario de redes de ordenadores y el correo electrónico, por poner un ejemplo, forma parte de mi cotidianeidad desde hace casi una veintena de años. Pero una cosa es recibir, como ocurría en los ochenta, menos de una docena de mensajes al día, y otra muy distinta es acercarse diariamente al centenar de mensajes que hay que leer, digerir y, a veces, incluso contestar. Nadie me había dicho que Internet supondría la obligación de dedicar una o dos horas al día a, simplemente, "leer y contestar correo". En uno de los documentales que suelo pasar a mis estudiantes, aparece una señora recordando el agobio de tener que atender y contestar tantos mensajes en Internet. De pasada diré que siempre me ha sorprendido su nombre: Faith Popcorn (algo así como "fe palomitas de maíz"), aunque puedo afirmar que, más tarde, he visto libros firmados precisamente con ese nombre ("Lo que vendrá" y "Las ocho verdades del marketing" son sus títulos). Imagino que, por su parte, ella pueda encontrar divertido también un nombre como Miquel Barceló... Cosas que ocurren. Lo importante de esa referencia a la señora Popcorn, es que ese documental era de 1994, cuando la avalancha de mensajes en el correo electrónico era sólo cosa de unos pocos pioneros. Un punto a favor de la señora Popcorn. El problema surge de los muchos mensajes inútiles que se reciben. Un fenómeno que está haciendo que el correo electrónico pierda mucha de su utilidad. Siempre me sorprenderá la estulticia de quienes me envían, por poner un ejemplo, anuncios de hipotecas que, muy posiblemente no son accesibles para un ciudadano no estadounidense. Aunque, en este caso, estamos ante la ignorancia de quienes creen que el mundo se agota en su país, sin darse cuenta de que, por ejemplo, hay casi 25 personas en el planeta por cada ciudadano de los EEUU. Aunque la ignorancia de tantos de esos anunciantes desaprensivos parece poca ante la ridícula actuación de algunos usuarios. ¿Recuerdan ustedes el daño que hizo un virus llamado "I love you"? Se dice que millones de sistemas quedaron infectados, lo que viene a significar que millones de usuarios, al recibir un mensaje de procedencia desconocida, sólo por el hecho de que el asunto fuera eso tan poco habitual de que alguien nos diga que nos ama, decidieran abrir el mensaje infectando automáticamente su ordenador con el virus. Quisiera creer que se trata tan solo de un ejemplo de estulticia suprema: en el duro y agresivo mundo en que vivimos, resulta que millones de personas se sienten concernidas por un mensaje anónimo que les dice que son amadas... Me temo que, de no ser un caso claro de estupidez, ha de tratarse de material para ocupación y preocupación de psiquiatras y psicólogos. Imagino que, a estas alturas, todo usario de la red ha de saber que un mensaje que procede de un corresponsal desconocido no tiene otro destino que ser inmediatamente borrado sin perder en él ni una fracción de segundo. Pero, hasta que todos se den cuenta de esto, vamos a estar sufriendo, me temo que durante muchos años todavía, esa ingente avalancha de mensajes inútiles.
Siguiendo así, llegaremos a inutilizar muchas de las ventajas que pueda ofrecer el correo electrónico, una de las más utilizadas entre las muchas funciones de Internet. Conozco ya muchos usuarios que cambian periódicamente sus cuentas de correo electrónico para liberarse de ese absurdo y molesto SPAM. Aunque ello, evidentemente, una grave incomodidad para sus corresponsales habituales. Por cierto, ¿se han dado cuenta de que, recientemente, muchos de esos mensajes de SPAM, vienen acompañados de un aviso en el que se afirma, un tanto gratuitamente, que no se trata de SPAM, supuestamente por no infringir no sé que remotas condiciones de algunos sistemas legales? Parece ya el colmo del despropósito. En cualquier caso, bueno es recordarlo, en principio cualquier mensaje no solicitado o de remitente desconocido es SPAM y su destino es ser borrado automáticamente. Puede parecer drástico, pero a mi me resulta muy práctico (así elimino casi un veinte o treinta por ciento de los mensajes que recibo cada día...). Afortunadamente, por si hubiera algún problema, siguen quedando otros medios de comunicación alternativos (¿recuerdan cuando usábamos el teléfono o el correo de papel?), incluso otras maneras de utilizar Internet que pueden paliar el efecto de comportamientos tan radicales como el mío ante el ingente volumen de correo electrónico no solicitado. A grandes males, grandes remedios.