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QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 184 LA COLABORACIÓN DEL DR. SALVÀ I CAMPILLO CON EL MEMORIAL LITERARIO DE MADRID (1786-1790): UNA VENTANA SOBRE EL PAISAJE CIENTÍFICO Y SUS FIGURAS EN LA CATALUÑA DE FINALES DEL XVIII Jesús Sánchez Miñana RESUMEN Entre 1786 y 1790 el ilustrado barcelonés Francesc Salvà i Campillo (17511828), notable médico, inventor y precursor de las telecomunicaciones, fue colaborador y corresponsal del Memorial literario, revista que en 1784 se había empezado a publicar en Madrid. Salvà aportó personalmente un buen número de artículos sobre medicina, electricidad atmosférica y meteorología, auspició otros sobre mecánica y ciencias naturales y abrió la revista a noticias y personajes del mundo científico de Cataluña y, en particular, de Barcelona. Se presenta aquí una descripción inicial resumida de todo este material, al que se agrupa en diversos epígrafes temáticos, deseando que su divulgación y posterior estudio por los especialistas en los diversos campos, puedan contribuir a un mejor conocimiento del perfil científico y humano de Salvà y del estado de las “ciencias y artes” en la Cataluña de finales del siglo XVIII. 1.- Introducción. El Memorial literario, revista que se publicó en Madrid, tuvo tres periodos de existencia, con interrupciones y cambios de nombre, entre el primer número, aparecido en Enero de 1784 y el último, de 30 de Mayo de 1808, que, por cierto, insertó el Real Decreto y Proclama de Napoleón tomando el Poder en el país. Así se sucedieron el Memorial literario, instructivo y curioso de la corte de Madrid (de Enero de 1784 a Enero de 1791), la Continuación del memorial literario, instructivo y curioso de la Corte de Madrid (Julio de 1793 a Diciembre de 1797) y el Memorial literario o biblioteca periódica de ciencias y artes (Enero de 1801 a Mayo de 1808).1 En su primera época, la revista, siempre de pequeño formato (8º), comenzó siendo mensual, con ejemplares de unas 140 páginas, y a partir de Septiembre de 1787 se hizo bimensual, tirando cada mes primera y segunda parte, de unas 80 páginas cada una.2 Ya el primer biógrafo de Salvà, su discípulo el Dr. Fèlix Janer i Bertran, se refiere en su Elogio3 (1832) a la actividad meteorológica de su maestro e indica que 1 La colección íntegra de la revista se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid. La Hemeroteca Municipal de esta ciudad dispone también de una colección bastante completa. 2 Los ejemplares de reúnen en tomos o volúmenes cuatrimestrales: Enero-Abril, Mayo-Agosto y Septiembre-Diciembre, correspondiendo el tomo I al primer cuatrimestre de 1784 y el XXII al primero (incompleto, sólo las dos partes de Enero) de 1791. La numeración de los ejemplares se explicita a partir del XXI, Septiembre de 1785. La paginación es por ejemplares en 1784 y por tomos a partir de 1785. A partir de ahora, designamos al Memorial literario, en cualquiera de sus épocas, por ML. 3 JANER, Félix (1832) Elogio histórico del Dr. D. Francisco Salvá, médico honorario de la Real Cámara, primer catedrático del Real Estudio Clínico de Barcelona, etc., leído a la Real Academia de Medicina y Cirugía de esta ciudad por el Dr. D..., su socio numerario, y publicado de acuerdo de la
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 185 misma Academia, Barcelona, Imprenta de Joaquín Verdaguer. Existe un ejemplar en la Biblioteca Nacional de Madrid.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 186 Fig.1.- Primer número publicado del Memorial Literario, tomo I, nº1, Enero de 1874. El ejemplar perteneció a Francesc Salvà i Campillo. (Biblioteca de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona). éste comunicó durante muchos años sus observaciones a los editores del Memorial literario, quienes le publicaron una “Carta sobre la utilidad de los diarios meteorológicos”, en 1787. También menciona, sin fecha, la publicación en la misma revista de una “Respuesta” de Salvà al Dr. D. Ambrosio Jiménez y Lorite, médico sevillano, sobre los antimoniales. Todo ello se encuentra, efectivamente, en el Memorial.4 Sin embargo, en una nota5 a la Academia de Ciencias de Barcelona de 25 de Agosto de 1838 dice Janer que del invento de Salvà de aplicar el galvanismo a la telegrafía, conocido en 1800, “se dio noticia muchos años hace en el Memorial literario y algún otro periódico de los que se publicaban entonces en España”, pero en el Memorial no aparece tal cosa. El erudito telegrafista D. Antonino Suárez Saavedra, primer divulgador en el ámbito internacional de las aportaciones pioneras de Salvà a la telegrafía eléctrica con pila voltaica, al hacer en su biografía6 (1876) una recensión de una Memoria de Salvà, copia una cita de éste al Memorial.7 Antoni Elías de Molins en su Diccionario,8 bajo el epígrafe “Salvá colaborador del Memorial literario y del Diario de Barcelona”, comienza preguntándose si en los tres años que residió Salvà en Madrid “contrajo relaciones de amistad con el director del Memorial” y afirma que, en cualquier caso, fue uno de sus constantes colaboradores y después su corresponsal literario en Barcelona”. Elias de Molins se refiere, como Janer, a los “Diarios meteorológicos” que Salvà comunicaba al Memorial y a la “Carta sobre la utilidad de los diarios meteorológicos” que envió a su redacción en 1787, al haberse manifestado algún reparo sobre su publicación. También menciona la “Respuesta” al Dr. Jiménez y Lorite sobre los antimoniales y, por primera vez, la polémica desatada por un artículo de Salvà en 1790 sobre el temor a los rayos, que detallo más adelante, y cuatro referencias más de tema médico.9 4 La “Carta”, ML, Septiembre (2ª), 1787, 112, y la “Respuesta”, ML, Octubre (1ª) 1787, 250. La revista reseña también otra “Respuesta” posterior, impresa como libro o panfleto, y dirigida también al Dr. Jiménez y Lorite, ML, Marzo (2ª) 1790, 467, y ML, Junio (1ª), 1790, 211. 5 JANER, Félix (1875) “Noticias escritas por el Académico D. ..., y publicadas en 1838, sobre la invención de los telégrafos eléctricos, debida al Dr. D. Francisco Salvá”, Memorias de la Real Academia de Ciencias Naturales y Artes de Barcelona, núm. 1 y 2, 1876. 6 SUÁREZ SAAVEDRA, Antonino (1876-1877) “Resumen biográfico del Doctor Don Francisco Salvá y Campillo, y descripción de sus inventos y trabajos sobre la telegrafía eléctrica”, Revista de Telégrafos, publicado por entregas desde 1 de Julio de 1876 hasta Enero 1877, salvo Septiembre. La colección de la Revista de Telégrafos puede consultarse en el Museo Postal y Telegráfico de Madrid. 7 Según Suárez, Salvà (1788) “Memoria sobre la causa de la mayor frecuencia de herir los rayos a Barcelona y sus alrededores, de lo que se observaba antiguamente”, Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, dice que “en el tomo XIV, página 610, del Memorial literario de 26 de Agosto de 1788, escribió algunas reflexiones sobre el asunto”. Debe tratarse del artículo “Relación del rayo que en el día 28 de Julio cayó en Barcelona en la casa que llaman ‘el Retiro”, ML, Agosto (2ª) 1788, 670. 8 ELÍAS DE MOLÍNS, Antonio (1889-1895) Diccionario biográfico y bibliográfico de escritores y artistas catalanes del siglo XIX. (Apuntes y datos), Barcelona, Administración, 2 vol. 9 “Relación histórica y reflexiones sobre la observación de una hernia del cerebro” (Enero 1786, 43); “Caso raro sobre un vómito muy impertinente” (ML, Julio (1ª) 1793, 68), seguida de unas “Reflexiones” que hace el mismo Salvà, (72); “Respuesta del Dr. Salvá a su amigo don J. B. sobre el uso del vino en varias fiebres pútridas”, ML, Mayo (1ª), 1794, 184; “Respuesta del Dr. Salvá a la carta del Dr. Baltasar Boldo médico de los ejércitos, inserta en el Memorial de Mayo parte 1ª” (ML, Julio (1ª) 1794, 37).
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 187 Los modernos biógrafos de Salvà, Josep Iglésies10 y Santiago Riera i Tuèbols11 no añaden nuevos datos sobre la colaboración de Salvà con el Memorial literario, si bien el segundo, en el apartado que dedica a la prensa periódica de la época, dice que no puede dejar de citarse el Memorial “tanto por el hecho de que muchos catalanes, científicos incluidos, y entre ellos el mismo Salvà i Campillo, colaboraron en él, como por la notoria influencia que tuvo en la sociedad ilustrada catalana”. Estas citas al Memorial de los biógrafos de Salvà resultan ser, cuando se consultan las colecciones de la primera época de la revista, la punta de un sumergido iceberg de numerosas y frecuentes colaboraciones en un periodo de casi cinco años, en todo o parte del cual Salvà, además, actuó como corresponsal, como bien descubrió Elías de Molins (“nuestro corresponsal literato” se le llama),12 si bien esta circunstancia no pueda explicarse, como aventuró el autor del Diccionario, por la relación contraida por el médico con el director de la revista, durante la estancia del primero en Madrid, ya que ésta tuvo lugar entre 1796 y 1799. En Octubre de 1790, dicen los editores del Memorial:13 “Confesamos gustosamente que estimamos al Señor Salvá, porque ha contribuido con ejemplar generosidad a ilustrar nuestra obra, y nos ha hecho muchos favores a que con nuestra gratitud debemos corresponder...” El primer artículo de Salvà, el relativo a la hernia del cerebro, aparece, como se ha dicho, en Enero de 1786 y el último de la primera etapa es una Carta en que, contrariado por la actuación de los editores en el caso de su artículo sobre el temor a los rayos, anuncia su retirada en el número de Octubre (2ª) de 1790, cuando el periódico está ya próximo a interrumpirse. Cuando vuelve a salir el Memorial en Julio de 1793, Salvà publica en el primer número un artículo (el mencionado sobre “el vómito muy impertinente”) y parece que todo va a seguir como antes, pero no es así: las informaciones y colaboraciones catalanas escasearán de ahora en adelante y el propio Salvà sólo contribuirá con dos artículos más (los citados de 1794) hasta la desaparición definitiva de la revista. La colaboración de Salvà con el Memorial comienza cuando la publicación lleva dos años de vida, con unos contenidos que evidencian sus orígenes mayoritariamente cortesanos o madrileños y un marcado sesgo hacia el teatro, la literatura y las cuestiones nobiliarias, eclesiásticas, curiales y médicas, como reflejo, seguramente, de la sociedad española culta de la época en general. Precisamente en su “Introducción al año”, en el número de Enero de 1786, los editores escriben: “Nosotros, a la verdad, quisiéramos que todos los artículos que insertamos en nuestro Memorial estuviesen llenos de utilidad y de nuevos adelantamientos. Las ciencias naturales y las artes llevarían nuestra primera atención si los aplicados (que los hay en bastante número en nuestra España) nos comunicaran sus tareas y nuevos descubrimientos...”. Salvà contribuyó apreciablemente a traer estos deseados contenidos, con sus propios artículos y con las informaciones y colaboraciones que consiguió en Cataluña, hasta tal punto que en la revista se distingue claramente un antes y un después de su paso por ella. Nunca antes, en 1784-85, y después, en los periodos en que se publica entre 1793 y 1808, alcanza 10 IGLÉSIES, Josep (1965) La contribució catalana al telègraf elèctric (Francesc Salvà i Campillo), Barcelona, Dalmau editor. 11 RIERA TUÈBOLS, Santiago (1985) Ciència i Tècnica a la Il.lustració: Francesc Salvà i Campillo (1751-1828), Barcelona, La Magrana. 12 ML, Marzo (2ª) 1788, 493. 13 ML, Octubre (2ª) 1790, 297.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 188 con mucho el Memorial el nivel de atención prestado a las ciencias naturales y las artes aplicadas en Cataluña durante la que bien podría llamarse etapa Salvà, entre 1786 y 1790. 2.- Salvà, meteorólogo del Memorial. Janer ya se refirió a las Memorias leídas por Salvà en la Academia de Ciencias de Barcelona sobre la construcción de instrumentos meteorológicos y a cómo había enseñado “al hábil vidriero Don José Valls el modo de construir y graduar con perfección y con más sencillez y baratura dichos instrumentos”, añadiendo más adelante: “Salvá cultivó también muy particularmente la meteorología, teniendo la paciencia tan útil como curiosa de ocuparse diariamente por espacio de más de cuarenta años en observar las afecciones meteóricas de Barcelona tres veces al día, sobre cuyo punto puso varios artículos en los diarios. Las comunicaba al diarista de esta ciudad y por muchos años las comunicó también a los editores de Memorial literario de Madrid, en el que insertó en 1787 un discurso o “Carta sobre la utilidad de los diarios meteorológicos publicados en el mismo memorial”. En el núm. 1 del Boletín de la Academia de Ciencias de Barcelona, publicado en 1840, aparece la reseña de una Memoria leída por D. Agustín Yáñez el 17 de Junio de 1835, sobre la temperatura de dicha ciudad. Comienza así: “Este escrito contiene el resultado de las observaciones termométricas practicadas en esta ciudad por espacio de 55 años sin interrupción, desde 1780 hasta 1834 inclusive. Las de los primeros 45 años fueron verificadas por el socio Dr. D. Francisco Salvá y anotadas en unas tablas que existen originales en la biblioteca de la Academia de Medicina y Cirugía; las de los 10 últimos años han sido ejecutadas en casa de Brusi y publicadas en el diario de esta capital, habiendo tenido parte en la colocación del termómetro y demás instrumentos para determinar las otras afecciones atmosféricas, tanto el mismo Dr. Salvá, cuya avanzada edad y achaques no le permitían continuar con sus ocupaciones favoritas, como el socio Dr. D. Pedro Vieta...” A los datos meteorológicos de Madrid y, posteriormente de Cádiz, que venía publicando el Memorial, se unen los datos de Barcelona recogidos por Salvà, a partir del número de Agosto de 1786. Bajo el epígrafe “Meteorología” se lee:14 “D. Francisco Salvá y Campillo, digno Secretario segundo de la Academia Práctica de Medicina de Barcelona, y a cuyo cuidado está el Diario Meteorológico de aquella Ciudad, deseoso de contribuir con sus luces a nuestro Memorial Literario y particularmente a este género de observaciones, nos franquea generosamente sus tareas, tanto más apreciables para nosotros, cuanto las vemos más exactas que las que hasta aquí tenemos.” A continuación,15 se inserta el “Diario meteorológico de Barcelona” correspondiente al mes de Julio, con datos de termómetro, barómetro, vientos y estados del cielo, y una recapitulación. Las lecturas de termómetro y barómetro corresponden a las seis de la mañana, las dos de la tarde y las once de la noche y las observaciones de dirección del viento y estado del cielo (sereno, cubierto, nubes, relámpagos...) se anotan en columnas designadas “mañana”, “tarde” y “noche”. En la recapitulación se ofrecen los valores máximo y mínimo en el mes de la temperatura y la presión, y la media de ambos, así como la cantidad de lluvia caída en el mismo periodo. Esta primera entrega termina con una breve nota 14 ML, Agosto 1786, 476. 15 Ibidem, 477-481.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 189 final sobre la disposición de las tablas y la colocación de los instrumentos de medida: “Estas Tablas están puestas según el método que las de los PP. Cotte y Javeour, que se publican mensualmente en los Diarios de Medicina de París. La observación se repite tres veces al día como encargan las
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 190 Fig.2.- Primer “Diario Meteorológico” de Salvà, publicado en el Memorial Literario, tomo VIII, nº 32, Agosto de 1786. (Biblioteca Nacional, Madrid). Academias Extranjeras, porque las variedades de una hora del día a la otra tienen mucho influjo en la salud de los animales y en la vegetación; por consiguiente es necesario conocerlas. Los instrumentos están expuestos al aire, abierto, y en paraje que mira al norte; pero no teniendo proporción para tenerlos al abrigo del resol, el calor del resistero es la causa principal de la diferencia que se nota en el termómetro en la observación de la tarde, respecto a la de la mañana y noche. Recelamos que los mencionados PP. los tienen colocados en igual disposición, porque se advierte en sus Tablas una variación semejante a la de estas Observaciones”. El “Diario meteorológico de Barcelona” se publica en el Memorial de forma regular y completa (salvo el de Octubre de 1786, que carece de los datos de vientos y estados del cielo), hasta el número de Octubre (2ª) de 1787, que inserta el del mes de Septiembre. A partir del Diario correspondiente a Abril de 1787, Salvà incluye una columna “Calor del sol a las 2 de la tarde”, justificándolo en una “Advertencia”: “La Agricultura, la Física y la Medicina pueden sacar algún provecho de saber el calor del Sol, pues que los soles picantes tienen mucho influjo en la salud de los animales y de las plantas. Por este motivo, además del Termómetro con que se mide el calor de la atmósfera en paraje apartado todo lo posible de los rayos de aquel astro, se ha añadido otro expuesto a ellos, como denota esta columna Termométrica. Como hay algunos días en que el Sol está cubierto a la hora en que se mira el Termómetro, por esto no es de extrañar si en varios días este instrumento no indica más el calor que el otro. Tampoco debe extrañarse que en otros señale algún grado menos, a causa de estar más expuesto a la corriente del aire; y sabido es cuánto influye en esto la sola variación del sitio en que están colgados los Termómetros, por más uniformes y comparables que sean. En la Recapitulación no se ha hecho mérito del Termómetro solar por la misma razón de que en ciertos días no le da el Sol, y que por consiguiente no señala el calor directo de sus rayos”. No se publica el Diario16 correspondiente al mes de Octubre de 1787 y en Diciembre de este año, se inserta solamente un “Extracto de las observaciones meteorológicas de Barcelona”,17 correspondiente al mes de Noviembre de 1787. En este nuevo formato desaparecen los datos diarios de termómetro, barómetro, vientos y estado del cielo y se sustituyen por un resumen, pero manteniéndose la “Recapitulación” y la columna “Calor del sol a las 2 de la tarde”. A partir del “Extracto” correspondiente a Enero de 1788 se suprime, además, la “Recapitulación” (que en el “Extracto” correspondiente a Diciembre de 1787 ya no incluía la columna “Calor del sol a las 2 de la tarde”), con lo que la información meteorológica de 16 Salvà no llegó a publicar en sus Diarios del Memorial datos de humedad del aire obtenidos con el higrómetro. En Febrero de 1788 (véase el apartado dedicado a la electricidad atmosférica) declara en la revista “no tener graduado aún a su satisfacción el higrómetro de Mr. de la Saussure”. 17 ML, Diciembre (2ª) 1787, 698.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 191 Barcelona queda reducida exclusivamente al resumen mensual. A partir de 1789 el “Extracto de las observaciones meteorológicas de Barcelona” pasa a llamarse, sin cambiar su contenido, “Observaciones meteorológicas de Barcelona”, a secas. Éstas se publican, con alguna irregularidad, hasta el número de Octubre de 1790,18 que incluye las correspondientes a Julio, Agosto y Septiembre, seguramente las últimas proporcionadas por Salvà, que debió cortar por entonces su relación con la revista. Excepcionalmente los “Diarios” completos vuelven a la revista en dos ocasiones: acompañando a las “Observaciones” de Diciembre de 1788, en Febrero (2ª) de 1789, en que Salvà los envía “para hacer ver mejor lo que ha pasado”, pues “el frío del mes de Diciembre pasado ha sido tan extraordinario en esta ciudad y en otras partes” y en Septiembre (1ª) de 1790, que publica el “Diario” del mes de Julio anterior, posiblemente porque también trae la crónica de Salvà del terremoto ocurrido en Barcelona el 16 de ese mes. El Memorial registra, pues, la meteorología de Barcelona de los meses que van de Julio de 1786 a Septiembre de 1790, ambos inclusive, con la única excepción de Octubre de 1787, si bien la cantidad de información suministrada se va haciendo progresivamente menor, respondiendo a lo que parece ser falta de interés de los lectores por datos tan completos como los que proporciona Salvà. En una carta de una Junta de Literatos de Mondoñedo, publicada en el Memorial de Agosto de 1787, éstos insinúan19 la inutilidad de los “Diarios”: “A todos oímos deshacerse en lenguas de alabanza por el Memorial Literario, pero muchos se quejan, porque les parece superflua noticia la del diario meteorológico; y a la verdad ¿qué aprovechará saber las observaciones pasadas, si no hemos podido precaver los daños o sacar utilidad de los beneficios? A más que es tan varia la constitución de la atmósfera, que las observaciones de este mes nada utilizan para el siguiente”. Salvà contraataca en Septiembre de 1787, con una larga e interesante “Carta sobre la utilidad de los Diarios Meteorológicos que se insertan en esta obra periódica”, fechada en Barcelona el 15 del mismo mes.20 Para Salvà, los buenos españoles que juzgan inútiles estos trabajos, y los ven con disgusto en el Memorial, que publica por primera vez “Diarios” de tres partes distintas del Reino, deberían darse por muy contentos, aunque solo fuera por el desagravio que ello supone para la nación, al empezar a llenarse un vacío que contrasta con lo que sucede en otros países de Europa y América, donde “hay muchos sabios que trabajan con el mayor tesón en ilustrar la ciencia meteorológica”. Pero es que, además, estas observaciones son útiles en diversos campos y como “en un papel periódico misceláneo ha de haber de todo para satisfacer los varios gustos” y debe bastar “saber que lo que se pone sirve para la utilidad pública, para que se tolere aunque no se tenga inclinación a aquello”, Salvà se detiene especialmente en algunos de estos campos de aplicación. En el de la Física se requieren tablas extensas y no vale una mera recapitulación, pues se necesitan observaciones barométricas de varias partes “para saber en qué parajes son más sensibles” los movimientos del barómetro, “en qué tiempos, en qué horas del día, en qué temporales en cada país, a qué extensión de 18 ML, Octubre (2ª) 1790, 314. 19 ML, Agosto 1787, 544. 20 ML, Septiembre (2ª) 1787, 112.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 192 terreno llega la igualdad” de las oscilaciones de este aparato. “Falta averiguar si en los barómetros colocados a 100 leguas de distancia, los ascensos y descensos empiezan por los más occidentales [...] al contrario de lo que se observa en los movimientos celestes, que se ven más pronto en el oriente. [...] Por estos motivos [...] se aprecian y se consultan las tablas meteorológicas de los países más remotos, pues todas ellas son necesarias para establecer un sistema sobre esto que tenga algún fundamento. [...] Las predicciones del tiempo [que se hacen por los movimientos del barómetro] no pueden llegar a aquel grado de certeza que se necesita, hasta que se haya descubierto más el influjo de las causas que los ocasionan”. En cuanto a la Navegación, dice Salvà que “un hombre fidedigno” le “ha asegurado que los ingleses suelen llevar en sus navíos barómetros, y que este instrumento les ha libertado alguna vez de borrascas y temporales” y se pregunta si “no habría hecho igual favor a nuestra Escuadra apostada en el Octubre de 1782 hacia la bahía de Gibraltar para disputar el paso a la inglesa”,21 avisándole “del furioso viento de la noche del día 10 al 11, que ocasionó las desgracias que no se nos olvidarán nunca”. Salvà va más allá, y del cotejo de las tablas meteorológicas de Barcelona con las de Cádiz que proporciona al Memorial D. Jerónimo Sánchez de Buitrago deduce una correspondencia entre los movimientos del barómetro incluso a la gran distancia que media entre las dos ciudades, por lo que le parece muy verosímil que esa correspondencia se hubiese dado también entre Cádiz y la bahía de Gibraltar y, a la vista de la bajada del barómetro en la ciudad se hubiera podido prevenir a la escuadra en la mar de lo que se le venía encima.22 Se refiere después Salvà en su carta a la dificultad de complacer a quienes querrían que se amenizase “la seca lectura de las tablas meteorológicas”, sacando mensualmente “algunos Corolarios relativos a la Historia natural y Medicina de país, a la Agricultura y a la Física, a cuyas ciencias son aplicables”. La aplicación de la Meteorología a la Medicina “exige unas investigaciones más largas y más profundas de lo que corresponde a un papel periódico misceláneo, como es el Memorial literario, de suerte que lo más acertado es guardarlo para una obra particular, la que puedo asegurar que no está olvidada”.23 “La aplicación a la Agricultura necesita de tablas, o botánicas o agrónomas, que den razón del estado de las plantas y frutos en cada mes, trabajo al que no alcanzan mis fuerzas, o que no permiten mis aplicaciones, y que me alegrara que alguno emprendiese. Finalmente los Corolarios relativos a la Física piden por una parte mayor número de años de observaciones meteorológicas del Reino combinadas y cotejadas entre sí, y por otra parte exigen 21 Debe referirse a uno de los últimos episodios navales relacionados con los repetidos intentos de recuperar Gibraltar, anteriores al Tratado de Versalles de 1783, en que una escuadra inglesa, burlando a la franco-española mandada por D. Luis de Córdoba, consiguió desembarcar hombres y provisiones en el Peñón y después escapar de la persecución subsiguiente, con escasas pérdidas. 22 Mientras escribe en la carta sobre estas aplicaciones del barómetro a la Navegación, Salvà es consciente de que “es muy difícil conservar sanos los barómetros con los vaivenes que sufren las embarcaciones en el Mar”, pero se le ocurre una idea que piensa “allanará esta dificultad y facilitará el uso del mencionado instrumento en medio de las mayores borrascas”. ¿Se referirá a la materialización de esta idea su Disertación sobre el barómetro portátil, leída a la Academia de Ciencias de Barcelona el 28 de Marzo de 1792, a la que alude Suárez Saavedra? 23 A esta “obra particular”, finalmente realizada, debe referirse Janer cuando escribe: “Y como Salvá nunca se olvidaba de su amada Medicina, no dejó de aplicarle luego la meteorología y escribió hasta el año 24 unas tablas que aún existen en cuatro tomos en cuarto en su librería y en las que a las afecciones meteorológicas de cada mes sigue una noticia de las enfermedades observadas en el mismo”.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 199 consecuencias, especialmente sobre la conveniencia de continuar utilizando barra gruesa para los pararrayos, pues si bien una varilla más delgada parece que consigue encaminar el rayo hacia el pozo antes de derretirse, “si después de un rayo se siguiere otro, lo que no es imposible, faltaría barra conductriz, y podría causar fatales estragos, con especialidad si recayese el lance en edificios tan peligrosos como son los almacenes de pólvora”. Al año siguiente se publica en “Relación del rayo que en el día 28 de Julio cayó en Barcelona en la casa que llaman el ‘Retiro’: Por el Dr. D. Francisco Salvá”,42 que comienza así: 42 ML, Agosto (2ª), 1788, 670.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 200 Fig.3.- Figuras y explicación relativas a los pararrayos del almacén de pólvora de Montjuic. En “Relación del feliz suceso de los Pararrayos del almacén de la pólvora del Castillo de Montjuich de Barcelona, llamado San Felipe, en el rayo que le cayó en la madrugada del día 14 de este mes”, Memorial, tomo XII, nº 45, Septiembre de 1787 (1ª parte). (Biblioteca Nacional, Madrid). “La tempestad que tuvimos aquí el 28 del mes pasado duró desde las ocho de la mañana hasta la una de la tarde. En el principio de ella cayó un rayo en la casa de las Recogidas en el Retiro, cuyo camino procuré examinar, después de haber recetado lo que me pareció conveniente para las asustadas”. El artículo tiene la misma estructura del anterior sobre el rayo de Montjuic, componiéndose de una descripción minuciosa de los efectos producidos a lo largo del camino seguido por la descarga y de unas “Reflexiones” que sus observaciones
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 201 sugieren al autor. No habiéndolo hecho en el caso anterior, merece la pena reproducir, aunque sea parcialmente, el texto de Salvà, para que pueda apreciarse la meticulosidad con que practicaba sus reconocimientos: “Vi, pues, que había entrado por el ángulo del NO del tejado de la parte occidental de la casa, en la cual se veían rotas algunas tejas. Siguió oblicuamente hasta la bóveda del corredor más alto, en la que hizo un agujero redondo, y luego enfiló por el ángulo de la vidriera del postigo del balcón que hay al extremo del mencionado corredor. En dicha vidriera rompió muchos vidrios, y por el ángulo inferior de ella saltó desde la una a la otra las tres bisagras de la puerta del balcón, según se pudo deducir de la argamasa que se halló faltar precisamente en el lugar inmediato a las bisagras. Desde la última de éstas bajó al segundo corredor, cuya bóveda rajó, se paseó por la vidriera de uno de los dos postigos, rompiendo muchos vidrios y derritiendo en algunas partes los plomos, como había hecho en el más alto. Seguidamente tomó la bisagra superior de la puerta de dicho balcón, la corrió hasta la punta, desde la cual pasó a la falleba, que corrió toda de arriba abajo, saltando después a la punta de la bisagra inferior. [...] En algunos pedazos de los vidrios rompidos [sic] se encontraban pegadas las gotitas del plomo derretido, al modo como se clavan las hojas de plata u oro en los vidrios apretados entre los que se hace pasar la centellita de la botella de Leyden, o de la batería eléctrica; y en uno que guardo con especialidad se ve como dibujada la ramificación de los nervios o vasos de la hoja de alguna planta, así como en las piedras conocidas entre los naturalistas por dendritas...” En las “Reflexiones” Salvà se pregunta si el rayo cuyos efectos ha observado fue descendente o ascendente en razón “de que hizo mayor estrago en la parte inferior de la bóveda de uno de los corredores que en la superior, lo que no suele suceder en los que van de abajo arriba” y aprovecha para dirigirse a “uno de nuestros físicos”, que niega la existencia de los rayos ascendentes43 y darle una referencia reciente en el “Diario de Física de París del mes de Febrero”. También llama la atención sobre que la centella “en hallando metales no los abandona, lo que es otro de los fundamentos que hay para abrazar el partido o preservativo de los conductores o pararrayos”. Como “todas las cosas de este mundo están sujetas a las leyes que quiso poner el Supremo Creador” y “la identidad de la materia del rayo con el fluido eléctrico está demostrada”, si “este fluido [...] sigue los metales con preferencia a los demás cuerpos, [...] así debe decirse lo mismo de los rayos”. Se refiere después Salvà a algunos efectos mecánicos producidos a distancia por el rayo, tales como que aparecieran levantadas las losas de los pozos del almacén de pólvora de Montjuïc o que se abrieran las puertas de los faroles de los corredores del Retiro, y se inclina por la explicación que da el P. Beccaria en su “obra de la electricidad artificial de la edición de 1772”.44 Él también experimentó esos efectos, pues cuando cayó el rayo se “encontraba como a 150 varas del lugar a que fue a parar”, y entre éste y su cuerpo “mediaba la misma casa del Retiro y el Colegio que llaman ahora del Ilmo. Sr. Obispo”, pues pasaba por la Rambla: 43 “Discurso sobre la causa de los volcanes. Escrito por D. Manuel Núñez de Arenas, Cura Párroco de la Villa de Cardenete”, ML, Abril (2ª), 1788, 626. 44 Debe tratarse de BECCARIA, Giambattista (1772) Elettricismo artificial, Turín.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 202 “Me vi rodeado de fuego, dio un estremecimiento fuerte, y al mismo tiempo empecé a sentir el trueno, de lo que inferí que la centella había caído muy cerca de allí. Ahora, pues, juzgo que el mencionado estremecimiento era efecto de la sacudida que explica el célebre religioso escolapio [el P. Beccaria] ya citado”. Por si algún malpensado cree que el estremecimiento tenga otra causa, añade Salvà: “Verdaderamente dicha mutación no vino de que me hiciera novedad verme rodeado de fuego, porque lo mismo había observado en los rayos anteriores, con la sola diferencia que el de este último fue más vivo, y no me había hecho impresión; porque, gracias al Señor, soy tan poco temeroso de los rayos, como que en no teniendo ocupación particular, me pongo en paraje que pueda observarlos”. Salvà aprovecha la ocasión para terminar su artículo insistiendo sobre la necesidad de poner pararrayos en los campanarios, que ya había manifestado en su “Explicación” sobre el fuego de San Telmo en Ciudad Real, y relata otra experiencia de su consocio Díaz de Valdés. Copio aquí las palabras de Salvà porque, no obstante el dramatismo de los hechos que describen, creo percibir en ellas un punto de humor negro: “... habrá como veinte años que en la torre de Aramunt cayó un rayo que mató a tres, asombró a varios, dio en la cruz que tenía en las manos un sacerdote que conjuraba el tiempo debajo del campanario, la torció un poco, y causó a éste un delirio que le duró hasta el día siguiente...” Todavía en relación con los rayos, el Memorial trae dos artículos referidos a la actividad de los académicos de la de Ciencias de Barcelona: una breve reseña,45 en Octubre de 1788, de la publicación de un trabajo de Juglà sobre los pararrayos46 y, en Mayo de 179047, un “Extracto de una Disertación48 sobre la causa de herir ahora con más frecuencia los rayos a Barcelona de lo que se observaba antiguamente, leída en la Real Academia de Ciencias y Artes de la misma ciudad por el Dr. D. Francisco Salvá, Revisor de Electricidad del sobredicho Cuerpo”. En la Disertación dice Salvà que “sobre Barcelona hay perennemente una niebla húmeda, que al salir y caer el sol se observa desde alguna distancia”, que ha ido aumentando con el incremento de la población, y que a ella le ha atribuido la Real Academia de Medicina práctica en un dictamen una mayor “frecuencia de 45 ML, Octubre (2ª), 1788, 310. 46 Antonio Juglá y Font (1788) Memoria sobre la construcción y utilidad de los pararrayos, leída a la Real Academia de Ciencias Naturales y Artes de Barcelona en las Juntas Literarias de 10 de Enero y 14 de Marzo de 1787 por su director de electricidad, magnetismo y otras atracciones D., Dr. en ambos derechos, etc.. Barcelona, Francisco Suria y Burgada, en casa de la viuda de Piferrer. La fecha de 1787 debe ser un error del Memorial por 1788, año que figura en el ejemplar existente en la Academia. 47 ML, Mayo (2ª), 1790, 110. 48 Este trabajo, con el título Memoria sobre la causa de la mayor frecuencia de herir los rayos a Barcelona y sus alrededores de lo que se observaba antiguamente, se encuentra manuscrito en la biblioteca de la Real Academia de Ciencias de Barcelona y es el único de los allí conservados de Salvà que no lleva data antes de la firma del autor. La fecha que tiene atribuida, seguramente a partir de los libros de actas de la Academia, es la de 26 de Mayo de 1790. La publicación del “Extracto” en el Memorial habría sido, pues, inmediatamente posterior a la de lectura de la Memoria en la Academia.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 203 apoplejías y muertes repentinas”.49 Pues bien, su tesis es que, aparte la tala de muchos árboles en los montes vecinos, esta contaminación creciente es también la causa de que desde hace unos doce años esté aumentando la frecuencia con que caen rayos sobre la ciudad, meteoro del que relata dos casos –distintos de los ya vistos en otros números del Memorial– con su habitual meticulosidad. El núcleo de su razonamiento es la demostración que hace ante la Academia de Ciencias de que dicha niebla es conductora de la electricidad, mediante un experimento muy ingenioso: “El electrómetro de Bennet50 puesto a cierta distancia de un cuerpo cargado de materia eléctrica, no la demuestra; pero [...] poniendo encima de su sombrero una vela de sebo encendida, la manifiesta luego. El electrómetro de Bennet solo, puede representar una ciudad pequeña y sin la niebla expresada, y armado de la vela encendida puesta sobre su sombrero, puede denotar una ciudad con aquella niebla: luego así como a este instrumento solo no se le comunica la electricidad a la misma distancia que la percibe por medio del humo de la vela encendida, podrá suceder lo mismo con los rayos, esto es, que entre dos poblaciones igualmente distantes [de la tormenta], se observarán precisamente en aquélla que tenga la sobredicha niebla, que es un cuerpo conductor de ellos”. 4.- Invenciones y muerte de un amigo de Salvà y de Santponç: el “académico artista” Pere Gamell. Janer ya se refiere a en su Elogio a “la agramadera51 que inventó [Salvà] con su sabio amigo y consocio el Dr. D. Francisco Sanponts y que ambos anunciaron en una Disertación sobre la explicación y uso de una nueva máquina para agramar cáñamos y linos, Madrid, imprenta Real, 1784. El Memorial de Junio de ese mismo año, en la sección “Argumento de los libros y papeles publicados en las Gacetas de este mes”, informa de que el libro52 ha aparecido en el núm. 100 de la Gaceta de Madrid y da la siguiente reseña: 49 En el Memorial, Agosto, 1784, 59, bajo el epígrafe “Argumento de los libros y papeles publicados en este mes”, y relativa a la Gaceta núm. 62, aparece la reseña de un Dictamen de la Academia Médico-Práctica de Barcelona sobre la frecuencia de las muertes repentinas y apoplegías que en ella acontecen. Barcelona, en la Imprenta de Carlos Gibert y Tutó, 1784. Entre las posibles causas de la situación menciona el escrito “el vino adulterado con yeso, la adulteración del pan, la estrechez de calles y elevación de casas, los vapores corrompidos de los lugares comunes, alcantarillas y cementerios, de que es preciso se inficione la atmósfera” y “el abonar las huertas con excremento y regar y rociar las verduras con este estiércol desleído”. 50 Abraham Bennet (1750-1799), Fellow of the Royal Society y curate de Wirksworth, en Inglaterra, publicó el libro: BENNET, A. (1789) New experiments on electricity, wherein the causes of thunder and lightning as well as the constant state of positive or negative electricity in the air or clouds, are explained; with experiments on clouds of powders and vapours artificially diffused in the air. Also a description of a doubler of electricity, and of the most sensible electrometer yet constructed. With other new experiments and discoveries in the science, illustrated by explanatory plates. J. Drewry. Su electrómetro, o instrumento destinado a reconocer la presencia de carga eléctrica, utilizaba dos láminas de oro que se separaban al recibir ésta. 51 Agramar: majar el cáñamo o el lino para separar del tallo la fibra. Diccionario de la Real Academia Española (RAE), 1970. 52 SALVÁ Y CAMPILLO, Francisco; SANPONTS Y ROCA, Francisco (1784) Disertación sobre la explicación y uso de una nueva máquina para agramar cáñamos y linos, inventada por los DD. en Medicina..., Socios de la Academia Médico-Práctica de Barcelona, Madrid, Imprenta Real. Existe un
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 204 “Estos inventores exponen en este discurso con brevedad, claridad y método sus reflexiones sobre las operaciones de agramar, espadar53 y moler el cáñamo en la forma hasta ahora usual; explican el mecanismo y modo de trabajar de la máquina inventada por ellos, exornándolo con cálculos físicomatemáticos; expresan sus utilidades e indican varias noticias y especies para los que deseen perfeccionarla. Lleva al fin dos láminas, cada una con cuatro figuras que demuestran las partes de dicha máquina y las operaciones que se ejecutan con ella, lográndose por su medio, no sólo corregir o precaver los defectos e incomodidades de la agramadera ordinaria, de la espadilla y molino, sino practicar a un mismo tiempo las tres operaciones de agramar, espadar y moler el cáñamo, haciéndolas mucho más fáciles, sencillas, suaves, baratas y sanas. Se hizo la prueba con una de estas máquinas en la heredad de los hermanos Calvet, labradores en Provensals, lugar del llano de Barcelona, y para construirla se valieron de Pedro Gamell, carpintero sobresaliente en su arte, y hábil en las matemáticas, como lo acredita el grafómetro de su invención y la máquina para sacudir y limpiar el algodón que ha construido para el Hospicio de Cádiz”54. Carles Puig-Pla55 menciona entre varios “maquinistas o constructores de instrumentos” al maestro carpintero con conocimientos de matemáticas y maquinista Pere Gamell, admitido como “Académico-artista” por la de Ciencias Naturales y Artes de Barcelona en 1786, “inventor de un grafómetro, de una máquina para sacudir y limpiar algodón y autor de una serie de mejoras en la famosa máquina de agramar cáñamo de Francesc Salvà y Francesc Santponç (1783), constructor de un timón para una máquina de caballería (1788) e inventor de un nuevo modelo de noria”. En 1787 aparecen en el Memorial tres artículos relativos a máquinas inventadas y construidas por Pere Gamell. Vienen sin firma y muy bien pudieron ser escritos por Salvà o por su colega, amigo y compañero de aventuras mecánicas, el Dr. Francesc Santponç i Roca ya que, como se verá, a ambos les unía una estrecha relación con Gamell. En el primer artículo se describe la máquina para sacudir el algodón56 y en el segundo y tercero una especie de noria o máquina hidráulica.57 Como el título del primer artículo menciona la condición de “Socio Artista” de la Academia de Ciencias de Barcelona que ostenta Gamell, el autor o autores se ejemplar en la Biblioteca Nacional. Las láminas han sido reproducidas por CARRETE PARRONDO, J. (1989) Difusión de la ciencia en la España ilustrada. Estampas de la Real Calcografía, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas. 53 Espadar: macerar y quebrantar con la espadilla el lino o el cáñamo para sacarle el tamo y poderlo hilar. Diccionario de la RAE, 1970. 54 ML, Junio, 1784, 65. 55 PUIG-PLA, Carles (2000) “Màquines i instruments científics a l’Acadèmia de Ciències Naturals i Arts de Barcelona (1764-1824)”, Actes de las V Trobades d’Història de la Ciència i de la Técnica, Barcelona, Societat Catalana d’Història de la Ciència i de la Técnica, 219-233. 56 ML, Abril, 1787, 467, bajo el epígrafe “Artes”: “Descripción de una Máquina para sacudir el algodón, inventada y construida por D. Pedro Gamell, Carpintero y Maquinista de Barcelona, y Socio Artista de la Real Academia de Ciencias naturales y Artes de la misma Ciudad”. 57 “Descripción de una máquina hidráulica inventada por D. Pedro Gamell, Carpintero maquinista de Barcelona y Socio artista de la Real Academia de Ciencias Naturales y Artes de la misma Ciudad”, ML, Julio, 1787, 319. “Suplemento a la explicación de la Máquina Hidráulica de D. Pedro Gamell, inserta en el Memorial Literario de Julio próximo pasado”, ML, Agosto, 1787, 517.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 205 apresuran a dar cuenta, en una nota, del artículo 92 de los Estatutos de 1770 de la institución: “A fin de estimular a los Artífices a que se dediquen con todo fervor al adelantamiento de sus Artes, al que sobresaliere con la invención de alguna máquina ventajosa, o de algún método muy útil y económico en la práctica, o trabajando con primor extraordinario, o bien fabricando o introduciendo el modo de manufacturar algunos géneros muy beneficiosos al público, siendo sujeto decente y bien opinado, se le podrán dar honores de Académico, con el título de Académico Artista, reconociéndose como a tal, y alternando con los demás, con relación a su antigüedad de admisión”. Y añaden: “Este orden se guarda en la expresada Academia, manifestando el aprecio y estimación con que se miran las Artes fabriles en la expresada Ciudad”. Gamell, que no llegaba a los 38 años cuando el Memorial comienza a reseñar sus inventos, debía, pues, haber acreditado alguno de esos méritos estatutarios y ser, por tanto, un profesional de reconocida valía. La nueva máquina para sacudir el algodón se justifica porque este material, “que nos traen despepitado de América, suele venir muy apretado [...] y muy cargado de polvo”, el vareo manual es muy lento –“un hombre no juega más que dos palos”− y no resulta aplicable la máquina existente para sacudir la lana antes de cardarla. El diseño de Gamell consiste en un tambor inclinado, con rendijas para que salga el polvo. El operario introduce en la parte superior del tambor el algodón con la mano izquierda y con la derecha hace girar mediante un manubrio un cono situado en el eje del tambor del que salen varillas dispuestas en espiral. Entre éstas varillas móviles y otras fijas y con la misma disposición, colocadas en la cara interior del tambor, sacuden el algodón, que cae por una abertura en la parte inferior del artilugio. El Memorial informa de que Gamell había construido hacía meses la primera máquina de éstas para el Real Hospicio de Cádiz y de que acababa de terminar otra mejorada, para la Compañía de Hilados de Barcelona, con la que “una mujer en menos de media hora sacude perfectamente una arroba de algodón”. La máquina hidráulica es un invento de mayor fuste. Se asegura en el segundo artículo de 1787 que con esta noria un caballo normal puede elevar por minuto más de 60 arrobas de agua de una acequia, a alturas entre ocho y doce palmos, de modo que para regar no es necesaria la acumulación previa del agua en una alberca, utilizándose el caballo solamente durante el tiempo que dura el riego. Gamell construyó esta máquina para Agustín Aymar, comerciante de Barcelona, que necesitaba subir el agua de una acequia a ocho palmos de altura para regar un largo prado que iba a convertir en huerta. Después de que la terminara el 29 de Enero de 1787, la máquina fue examinada, a su satisfacción, por los miembros de la dirección de Estática de la Academia de Ciencias de Barcelona, y el 11 de Abril presentó Gamell una disertación sobre ella en Junta de la Academia, así como un modelo. Cuando se escribió el artículo del Memorial se estaban construyendo tres máquinas de este tipo, dos de ellas para riego y la otra para unos fabricantes de indianas.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 206 Fig.4.- Tabla para dimensionar la rueda hidráulica de Gamell, en función de la altura a elevar el agua. En “suplemento a la explicación de la Máquina Hidráulica de D. Pedro Gamell, inserta en el Memorial Literario de Julio próximo pasado”, Memorial, tomo XI, nº 44, Agosto de 1787. (Biblioteca Nacional, Madrid). Desgraciadamente el Memorial no trae ningún croquis de esta máquina, pero sí una descripción relativamente completa. Parece que la novedad reside en el diseño de la rueda propiamente dicha, un tambor o cilindro de madera de dieciséis palmos de diámetro y tres de altura, en cuya superficie lateral se abren ocho bocas
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 207 a otros tantos sectores cilíndricos interiores o “cajones” que se llenan con el agua. El tambor realmente se compone de otros dos adosados, de palmo y medio de altura cada uno, de forma que cuatro de las bocas se abren en uno de ellos y las otras cuatro en el otro, pero desplazadas éstas un ángulo de 45 grados respecto de las primeras. Más convencional sería el sistema utilizado para hacer girar la rueda en torno a su eje horizontal, a partir del consabido movimiento circular de un caballo en torno a un eje vertical. Se dice al principio del artículo que Gamell es un artífice “cuya instrucción en las matemáticas le pone en estado de calcular los efectos de las máquinas” y, efectivamente, él calcula su rueda utilizando las leyes mecánicas y datos experimentales, como la fuerza con que tira el caballo y el número de vueltas por minuto que éste puede dar o estimaciones empíricas del rozamiento, contrastando después lo obtenido en la práctica con lo previsto teóricamente. El tercer artículo reproduce una carta de los fabricantes de indianas de Barcelona para los que Gamell construyó una de sus tres primeras máquinas hidráulicas, D. Francisco y D. Joseph Serrallach. Estos se refieren primero a los diversos inconvenientes de las máquinas que venían utilizando en su “prado de indianas y blanqueo de hilos de Nuestra Señora del Puerto”, bien fueran norias ordinarias o “bombas de cadena”, ninguna de las cuales les proporcionaba, además, agua suficiente “para un prado de cabida de mil piezas de indianas”, pasando después a alabar las ventajas de la máquina de Gamell que saca 70 arrobas de agua por minuto desde una profundidad de ocho palmos, abundancia con la que “se trabaja ahora en una semana lo mismo que antes en tres, de modo que diez hombres, que ganan semanariamente [sic] 48 reales nos proporcionan al cabo del año las utilidades de más de 150 reales de vellón”. Además de esta carta el artículo trae una tabla con datos para construir ruedas en un margen de profundidades del agua entre 6 y 34 palmos catalanes. Como las profundidades mayores requieren también mayores diámetros de rueda, Gamell recurre a aumentar el número de “cajones”, disminuyendo su capacidad individual, de forma que entre todos contengan siempre la misma cantidad de agua, 49 arrobas, con independencia del tamaño de la rueda, para que la bestia pueda con ella. Esto lo consigue generalizando su esquema constructivo: si en el caso de ocho cajones, o sea cuatro por cada piso del tambor, los cuatro sectores cilíndricos de cada piso se forman inscribiendo un cuadrado en el círculo, inscribiendo pentágonos se formarán dos pisos de cinco, con hexágonos dos de seis, con heptágonos dos de siete, etc. La tabla tiene, además de la columna “fondos de agua, palmos catalanes”, otras cuatro: “diámetros de ruedas, palmos catalanes”, “lados de los polígonos”, “cantidad de agua de cada segmento, arrobas catalanas” y “cantidad de agua que sacará en cada minuto, arrobas catalanas”. En ella se comprueba que el producto del número de lados por la cantidad de agua de cada segmento se mantiene constante en las 49 arrobas. En el Memorial de Abril de 1788, aparece una noticia remitida por D. Francisco Cora, de Barcelona: “Nuevo modo de aplicar las caballerías a las máquinas de timón”,58 en la que se refiere que “hará cosa de ocho meses” un viajero inglés, Mr. Thownsend, al ver la máquina hidráulica de Gamell, que había pedido le enseñaran, sugirió la conveniencia de no poner el timón a la cola del caballo, sino, como se venía haciendo “en una provincia de Inglaterra”, encima del mismo, “de modo que el empuje del animal se acerca mucho más de la perpendicular o tangente del círculo que describe, suponiendo siempre que el timón es el radio de 58 ML, Abril (2ª), 1788, 572.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 208 dicho círculo”. Cora informa también de que Gamell aplicó este consejo, con éxito, en un trabajo que hizo para el tintorero de Barcelona D. Ignacio Rius, y el Dr. Santponç demostró matemáticamente las ventajas del nuevo método en una Disertación que leyó en la Junta de la Academia del 30 de Enero de 1788. El propio “Pedro Gamell, Maquinista” firma una “Carta relativa a la máquina de agramar cáñamos, premiada por la Real Sociedad de Amigos del País de Valencia”, en Junio de 1788. En ella declara que fue el constructor de la agramadera para cáñamos y linos inventada por Salvà y Santponç y se refiere a otra realizada por unos hermanos de apellido Bisbal y premiada en 1786 por la Real Sociedad de Amigos del País, de Valencia. Gamell explica que es la misma que la inventada por los médicos, salvo que movida –y defectuosamente– por hombres, en lugar de por animales, y se juega públicamente dinero, para convencer a dicha Sociedad:59 “Siempre que cualquier sujeto gustare, me comprometo en depositar 25 doblones, y se servirá nombrar comisionados para presenciar el experimento que voy a proponer, a fin de manifestar una equivocación que puede ser perjudicial al Público. Póngase dos hombres en la expresada máquina de los Bisbales, y por otra parte un agramador, por poco que pase de mediano, en una agramadera regular, y cuando en igual número de jornales ejecutados en las mismas horas, el trabajo de éste no exceda al de aquéllos, podrá el sujeto disponer de mi dinero. Si excediere, se me permitirá retirarle, y él deberá señalar de sus caudales 25 doblones para el premio que mejor le pareciere”. En la carta de Gamell hay, al menos, otras dos noticias interesantes. Por una parte, la referencia a mejoras introducidas por los médicos en su agramadera, de modo “que la máquina de los hermanos Calvets agramó el año pasado más de 300 quintales de cáñamo”. Las “ventajas que se han logrado en dicha máquina pueden ser objeto de una segunda Disertación, que no dudo publicarán los Señores Salvá y Samponts, si sus ocupaciones permiten concluir ciertos experimentos que tienen meditados y que desean concluir en ella”. Por otra parte, el éxito del Teniente Coronel D. Domingo Mariano Traggia, al haber conseguido mover por agua en Daroca una agramadera del tipo Salvà y Santponç. Cuando, avanzando en la colección del Memorial, se espera encontrar nuevas realizaciones de Pere Gamell, aparece la noticia de su muerte repentina, ocurrida el 21 de Marzo de 1789, cuando su edad “no llegaba a 40 años” y su “robusta salud” prometía “más larga vida”. Es su amigo Salvà quien escribe una carta necrológica.60 En ella hace el debido elogio de las cualidades del difunto y una minuciosa descripción médica de las circunstancias de su muerte, pero también da rienda suelta a sus sentimientos personales, que nos revelan a quien, siempre médico, es además, hombre sensible y compasivo: “El llanto de la afligida mujer del difunto, que pocos días antes había parido; el lloro y abandono de cuatro tiernos hijos, de los cuales el mayor no llega a nueve años; la pérdida de un amigo y de un hombre tan útil a la Sociedad, que en su clase con dificultad se hallará otro, traspasaron de tal modo mi corazón que temí desmayarme, y así me retiré sobre las diez y 59 ML, Junio (1ª), 1788, 230. 60 “Carta del Dr. D. Francisco Salvá a los compositores del Memorial Literario, sobre la muerte subitánea de D. Pedro Gamell, y sus méritos en las artes mecánicas”, ML, Mayo (1ª), 1789, 67.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 215 la Memoria contra la inoculación86 de Menós.87 En esta última se dice que el autor intenta probar que la inoculación “o trasplantación de las viruelas [...] no sólo es contraria a la razón y a la experiencia, sino también a la religión cristiana”, esto último “por varias decisiones teológicas” y se enumeran sus argumentos, básicamente que la inoculación no solo disminuye sino que aumenta la tasa de muertes por viruela, que contribuye a propagar la enfermedad por contagio, que no inmuniza (“no liberta o impide las viruelas naturales”) y que produce “otras muy graves enfermedades en vez de las viruelas”. En Diciembre de 1786, bajo el epígrafe “Medicina” aparece un tutorial.88 Son unas “Reflexiones sobre la inoculación de las viruelas”, sin firma, donde se hace historia de la cuestión y se dice que en España, tras algunos precedentes, “promovieron este método D. Timoteo O’Scanlan, Médico de los Reales Ejércitos, y D. Francisco Salvá y Campillo, de la Real Academia de Medicina de Barcelona, desde el año de 1771”, interesante dato si se tiene en cuenta que, según Janer, es entonces cuando Salvà –nacido en 1751– obtiene el grado de Bachiller en Medicina en la Universidad de Huesca. Tras referirse a los diversos escritos mencionados por Janer que jalonan la polémica subsiguiente, el Memorial informa de que O’Scanlan también ha contestado a Gorraiz y a Menós89 y da detalles sobre la Carta de D. Gil Blas a D. Blas Gil, que se habría publicado “últimamente”: “En ella el citado anónimo, [Salvà como Gil Blas], después de notar el mal lenguaje y estilo de la referida memoria, intenta probar lo errado que anduvo [Menós] en ella, pues dice [éste]: ‘en el primer lugar he manifestado los principales defectos de la inoculación, probando primeramente que con ella mueren tantos o más que de las viruelas naturales’, a lo que responde el anónimo que la autoridad, la experiencia y el cálculo parece son los fundamentos en que estriba su aserción, sin otro apoyo. Que en cuanto a la autoridad, todos los autores que cita a su favor están examinados en el Proceso de la Inoculación del Dr. Salvà, y en la carta que éste escribió al Licenciado Gorraiz, donde verá lo que prueban los lugares de aquellos escritores, de los que se desentendió Menós. En cuanto a la experiencia, que entre el catálogo de los muertos, inoculados, sólo ha venido a recoger como unos cuarenta, que cita en varias páginas, habiendo sido muchos los millares compendio histórico de su origen, y de su estado actual, particularmente en España; con un catálogo de algunos inoculadores, Madrid. 82 De D. Timoteo O’Scanlan de Lacy, además de la Práctica moderna de la inoculación... y otras dos obras sobre el mismo tema, Ensayo apologético de la inoculación, Madrid, 1792 y La inoculación vindicada..., Santiago, 1786, se conservan en la Biblioteca Nacional de Madrid dos ediciones de una Cartilla práctica de construcción naval en forma de vocabulario..,. Madrid, 1820 y 1829, y unos Apuntes acerca del [...] Teniente General de los Ejércitos nacionales de España el [...] Señor Don Luis de Lacy, Madrid, 1820. 83 ML, Agosto, 1784, 66. 84 Juicio o dictamen sobre el proceso de la inoculación, presentado al Tribunal de los sabios, por el Dr. en Medicina D. Francisco Salvá y Campillo etc. formado por el Licenciado D. Vicente Ferrer Gorraiz Beaumont y Montesa etc., Pamplona, Librería de Godos, 1785. 85 ML, Agosto, 1785, 429. 86 MENÓS Y DE LLENA, Jaime (1785) Memoria contra la inoculación sacada de las dudas y disputas entre los Autores, excitadas acerca de la utilidad o daños causados por la inoculación de las viruelas, y comprobada por el desengaño, que da al público el Dr. D..., primer Médico de los Reales Ejércitos de S. M. C. etc., Manresa, Abadal. 87 ML, Julio, 1786, 291. 88 ML, Diciembre, 1786, 477. 89 Inoculación vindicada, Santiago, Ignacio Aguayo, 1786.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 216 de inoculados que ha habido en Europa, y que cómo podrán equivaler a la mortandad que se ha experimentado de las naturales, inclusa la última epidemia casi general en España, en cuyo tiempo publicó su memoria: que en el catálogo de los muertos que cita, tienen probado los inoculadores ser inciertos muchos de ellos, pues unos no fueron inoculados y otros murieron de diferentes enfermedades. Y en cuanto al cálculo que hace Menós de los 1500 muchachos de París, prueba Gil Blas ser conveniente la inoculación en ellos, y que de esta forma se libertarían 70 más que de las naturales, según el mismo Menós lo confiesa”. Por lo demás, en estas Reflexiones la revista toma claramente partido en contra de la inoculación y a favor de diversos remedios para prevenir y curar la viruela. Con el seudónimo de Gil Blas en su obra citada, Salvà también debió decir que los censores de la Memoria contra la inoculación de Menós la aprobaron antes de leerla. Lo sabemos por una Memoria,90 reseñada en Octubre de 1787, en que uno de estos censores, el Dr. Puigdollers,91 médico de Manresa, defiende su actuación, aportando cartas de Menós que confirmarían lo dicho por éste en su Memoria.92 Llama la atención la soledad de Salvà en la revista en su defensa de la inoculación, oponiéndose a personajes que debieron ser importantes en el ámbito médico. Parece que en la polémica se ganó, si no lo tenía de antes, un enemigo furibundo, el Dr. Menós, como queda patente en el apartado que dedico a la controversia suscitada por Salvà con su artículo en el Memorial sobre cómo deben tomarse los rayos. Sería interesante poder conocer la biografía de Menós y otros de los implicados en esta disputa sobre la inoculación, que seguramente trasciende lo puramente médico y se nutre de rivalidades de escuela o de ideología y, a lo que parece, no está exenta de dogmatismos religiosos. Este Dr. Menós publicó varios artículos en el Memorial. Es muy curioso, en Febrero de 1790, el titulado “Carta respuesta que escribe el Rey de Prusia Federico Guillermo III al Dr. D. Jaime Menós de Llena, primer médico de los ejércitos de S. M. C. en Barcelona, y éste la transcribe a los Señores Editores del Memorial Literario de la Corte de Madrid”.93 Cuenta Menós que enterado por la Gaceta de 15 de Diciembre de 1789 de una noticia fechada el 10 de Noviembre en Berlín, sobre la intención del Rey de Prusia de inocular las viruelas a sus hijos, le escribió el mismo día 15 para disuadirle de que lo hiciera, acompañándole un ejemplar de su Memoria contra la inoculación, “movido de un interior sentimiento al ver cómo por un entusiasmo [...] hasta las personas reales caen tan frecuentemente en una credulidad, cuyos peligros la experiencia tiene acreditados con sus fatales consecuencias”, y sin “otro fin que manifestar a S. M. el error que era inocular para 90 PUIGDOLLERS, Luciano (1787) Memoria Apologética a la Carta que escribió D. Gil Blas a D. Blas Gil, escrita por el Dr..., Médico titular de Manresa, Manresa, librería de Manuel Millán. 91 Torres Amat, en sus Memorias, dice del Dr. Luciano Puigdollers: “médico de entradas que fue del hospital del cuartel general del ejército en la expedición de la isla de Mahón, después médico de Manresa, de Aranda de Duero, de la Cartuja del Paular, y finalmente titular de la ciudad de Logroño”. Además de la Memoria apologética, cita otra obra, impresa en Mataró: Memoria en que se procura descubrir la verdadera naturaleza de la epidemia de enfermedades cutáneas agudas que se padeció entre los niños en la ciudad de Manresa y otras partes en el año de 1788 y se propone juntamente su curación. 92 ML, Octubre (1ª), 1787, 231. 93 ML, Febrero (2ª), 1790, 312.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 217 que no viniesen viruelas naturales, pues que los innumerables casos lo tenían acreditado muy al contrario”. La carta no llegó a tiempo, pues para el 19 de Noviembre ya habían sido inoculados cuatro príncipes y un mes más tarde el Rey había premiado al médico inglés Brown que había dirigido la operación. Sin embargo, Federico Guillermo III contestó en francés a “Mr. Dr. Jaime Menós Docteur, et premier Medecin des Armées de S. M. Catholique”: “He muy bien recibido vuestra carta de 15 de Diciembre, acompañada de la disertación que habéis publicado contra la inoculación de las viruelas. Dejando para los sabios disputar con vos sobre los principios del objeto puesto en litigio, no dejo de estar agradecido a la atención que habéis querido manifestarme en la remisión de esta pieza, y al interés que tomáis para la conservación de mi familia. La inoculación de mis hijos ha sido seguida de un suceso completo y propio a asegurar enteramente un corazón paterno sobre los temores que el frecuente peligro de la viruela natural deja bien fundados. Soy gustoso de daros parte de este dichoso suceso.” Para Menós, que incluso manifiesta su deseo de que a través del Memorial la carta del Rey de Prusia llegue hasta el trono de España, publicarla debió halagar su vanidad lo suficiente como para acallar la evidencia del apoyo que lo ocurrido en Alemania daba a la causa de los inoculadores y quitaba a sus propias tesis. Menós, que en el artículo anterior recuerda a los editores del Memorial que le hicieron corresponsal de la revista a principios de 1786, donde publicó diversos artículos.94 5.3.- Los remedios contra el tifus del Dr. Masdevall. Las guerras europeas de la segunda mitad del siglo XVIII y muy especialmente las que enfrentaron a los ejércitos franceses y los contrarrevolucionarios fueron campo propicio para la difusión del tifus intestinal, entonces conocido por la denominación, entre otras, de fiebre pútrida maligna. En España la epidemia se inició en Cataluña en 1764, con motivo del regreso del ejército francés que había apoyado al español en la campaña de Portugal de 1761 −uno de los varios escenarios de la guerra contra Inglaterra que mantuvieron Francia y España, aliadas por el Tercer pacto de familia−, y alcanzó sus momentos más graves en Aragón y Cataluña en 1783-84 y posteriormente en 1793-95, debido a la guerra del Rosellón contra la Convención. 94 MENÓS Y LLENA, Jayme (1785) “Extracto de la Memoria Físico-Médico-Anatómica en que se trata de un método suave y experimentado de destruir las carúnculas de la uretra, escrita por el Doctor Don ..., primer Médico de los Ejércitos de S. M. y Socio honorario de la Real Academia MédicoMatritense”, ML, Noviembre, 328; MENÓS Y LLENA, Jayme (1790) “Extracto de una memoria o breve descripción de las aguas minerales de la Fuente de la Villa de Espluga de Francolí, en el Principado de Cataluña. Por el Dr. D..., primer médico de los ejércitos de S. M. C. Socio de las Reales Academias Médico-matritense y Gaditana, etc.”, ML, Junio (2ª), 1790, 288; “Extracto de una carta que nos ha escrito de Barcelona D. Jayme Menós sobre los puntos siguientes” (son noticias de varios fracasos de la inoculación contra las viruelas y del terremoto ocurrido en Barcelona el 16 de Julio), ML, Septiembre (1ª), 1790, 66; “Extracto de una carta que escribe de Barcelona el Dr. D. Jayme Menós y de Llena, primer Médico de los Reales Exércitos de S. M”, ML, Noviembre (1ª), 1790, 343, donde se refiere a unas reflexiones –no publicadas en el Memorial− que hizo el Boticario mayor del Hospital General de Barcelona sobre la Memoria de Menós relativa a las aguas de Espluga de Francolí.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 218 Figura destacada en España de lo que hoy llamamos sanidad, durante los reinados de Carlos III y Carlos IV, fue el médico Josep Masdevall i Terrades,95 que desde 1783 ejerció el cargo de Inspector general de epidemias y llevó a cabo una labor ingente, no exenta de polémica, en relación con las enfermedades contagiosas, en epidemiología, higiene y desarrollo de nuevos métodos terapéuticos. Janer se refiere en su Elogio del Dr. Salvà a la participación de éste en la controversia médica sobre estos remedios de Masdevall: “Salvá tomó también parte en la ruidosa disputa que duró por algunos años entre los facultativos españoles sobre las ventajas o daños de los medicamentos antimoniales y opiata febrífuga que puso tanto en boga para curar las calenturas pútridas entonces reinantes el Dr. D. José Masdevall, médico de Cámara de Su Majestad. Se publicaron muchos escritos en pro y contra de dichos remedios, de los que hablaron algunos con sobrado entusiasmo y otros con excesivo desprecio. Poseía Salvá todos los conocimientos y tino que se necesitaban para no dejarse conducir al uno ni al otro extremo, al paso que era un sujeto cuyo juicio no era capaz de torcerse en manera alguna por la opinión y el favor de Masdevall, colocado en tan alto destino. Deseoso de presentar la cuestión en su verdadero punto de vista, conciliar los ánimos de los partidos opuestos y remediar los daños que habían de provenir y realmente provenían del entusiasmo con que muchos médicos adoptaban y aplaudían con desmedidos elogios el método del señor Masdevall, pensó Salvá publicar una Carta dirigida al mismo sobre el uso de los antimoniales en las fiebres pútridas, que después prefirió leer en las sesiones de la Academia médico-práctica y aún existe manuscrita. [...] Cinco años después (en 1790) publicó una Respuesta en tres cartas al papel intitulado Naturaleza y utilidad de los antimoniales compuesto por el Dr. D. Ambrosio Jiménez y Lorite, médico sevillano, en cuya respuesta Salvá examina la composición de la mixtura antimonial y opiata antifebril de Masdevall, discute la preferencia que merecen o dejan de merecer sobre otras preparaciones y las reduce a su justo valor con mucha doctrina, moderación e imparcialidad. ‘En todo el escrito’, dicen los sabios editores del Memorial literario de Madrid después de dar noticia de él y analizarlo, ‘reina aquella urbanidad que debería haber en todas las obras polémicas”. En el Memorial de Junio de 1786, se reseña un libro de Masdevall sobre esta cuestión:96 MASDEVALL, Joseph (1786) Relación de las epidemias de calenturas 95 Véase RIERA, J. (1980) José Masdevall y la medicina española ilustrada (Enseñanza, epidemias y guerra a finales del siglo XVIII), Valladolid. Según este autor, Masdevall, que tenía ascendientes en Massanet de Cabrenys, en el Alto Ampurdán, nació probablemente a fines del primer tercio del siglo XVIII en Figueres y murió en 1801. Graduado de Cervera, de cuyo plan de estudios de 1784 fue coautor; Médico de Cámara de Carlos III y uno de los poquísimos médicos ennoblecidos por los Borbones en aquel siglo, monopolizó, en buena medida, no sólo cargos y distinciones, sino también la orientación de la política sanitaria española, a partir de su designación como Inspector general de epidemias. En 1797 culminó su carrera como Protomédico del Ejército. Masdevall solicitó la creación de una cátedra de Química en Barcelona, vinculada a su Academia de Ciencias, de la que fue socio. Según Riera “Masdevall es un elocuente testimonio del influjo que Cervera y Cataluña, no sólo la Cirugía, empiezan a ejercer en la España borbónica del último tercio del siglo XVIII, hasta el extremo que puede establecerse un cierto parangón entre el influjo de Virgili y Gimbernat en la Cirugía española con el de Masdevall en la epidemiología y sanidad del periodo anteriormente citado”. 96 ML, Junio, 1786, 222.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 219 pútridas y malignas que en estos últimos años se han padecido en el Principado de Cataluña, y principalmente de la que se descubrió el año pasado de 1783 en la ciudad de Lérida, etc., Madrid, Imprenta Real. Al final del artículo se indica que “a lo último de la obra hay un dictamen que dio el mismo autor, de orden de S. M., sobre si las fábricas de algodón y lana son perniciosas o no a la salud pública de las ciudades donde están establecidas”, dictamen que “concluye por la negativa, afirmando que seríamos la mofa y escarnio de las naciones cultas de la Europa” si así lo creyésemos. Siguen a la reseña dos artículos muy favorables al método de Masdevall: en Octubre de 1786, en “Progresos del método curativo del Dr. D. Josef Masdevall, Médico de Cámara de S. M. e Inspector General de Epidemias”,97 la revista da cuenta del éxito de la aplicación del método curativo de Masdevall en la epidemia declarada en Cartagena a fines de 1785 y principios de 1786, llevada a cabo, por mandato real, por su sobrino y discípulo Francesc Llorens i Masdevall,98 “médico establecido entonces en Barcelona”. En Diciembre de 1786, “Observación sobre el método curativo del Dr. D. Joseph Masdevall, Médico de Cámara de S. M.”,99 el Dr. D. Ambrosio Jiménez de Lorite,100 Individuo de los Claustros de Medicina y Artes de la Real Universidad Literaria de Sevilla, informa sobre el caso de una paciente suya “remediado perfectamente con los medicamentos propuestos por el Dr. D. Joseph Masdevall, y usados en las varias epidemias que ha socorrido”. Sin embargo, en Octubre de 1787, aparece Salvà aguando la fiesta, con una “Carta” relativa a la “Observación” de Jiménez de Lorite, en la que al principio dice:101 “Vm. me permitirá decirle que no comprendo que pueda deducirse de su observación que los remedios que ordenó a la enferma sean los únicos y los mejores que pudieran habérsela dispuesto”. Y continúa irónicamente, relativizando la importancia de los auxilios médicos frente a la capacidad natural del organismo para luchar contra la enfermedad: “Es cierto que con ellos sanó; pero Vm. sabe cuán infelices serían los hombres si sanasen únicamente aquellos que los médicos tratamos con remedios oportunos, y con los más selectos”. Del escrito se deduce que Salvà ha reflexionado largamente sobre los posibles productos de la reacción química entre los componentes o “simples” que entran en la fórmula de Masdevall, intentando entender sus efectos, y que ha comparado ésta con otras utilizadas fuera de España, de modo que se halla en condiciones de formular a Jiménez de Lorite nueve preguntas. Salvà termina diciendo “Sería ofender la instrucción de Vm. quererle insinuar las experiencias químicas, con las cuales se da salida a las 97 ML, Octubre, 1786, 253. 98 Según Riera (1985), Llorens tuvo cierto relieve en la campaña epidemiológica que se realizó en España durante la segunda mitad del siglo XVIII, siendo su labor, en muchos aspectos, paralela a la de su tío Josep Masdevall. Con motivo de las fiebres epidémicas y pútridas de 1785 se le nombró Inspector de epidemias, para lo que desempeñó una continuada labor en Cataluña. Murió el 30 de Diciembre de 1793 en la campaña del Rosellón. La Nómina (1905-06) de la Academia de Ciencias de Barcelona, de la que formó parte desde el 10 de Enero de 1787 en que tomó posesión como académico y fue destinado a la Dirección de Química, hasta el 20 de Febrero de 1793 en que presentó su renuncia, precisa que fue Teniente de Inspector de epidemias en el Principado de Cataluña y menciona dos trabajos suyos leídos en la Academia, uno sobre “la naturaleza y principales propiedades del flogisto” (1788) y otro sobre “la nomenclatura española, las cualidades físicas y químicas del mineral llamado almandina y usos que puede tener en las artes” (1791). 99 ML, Diciembre, 1786, 488. 100 Riera (1985) dice que Jiménez de Lorite fue otro Inspector de epidemias, cargo que al parecer desempeñó en Andalucía. Perteneció a la Regia Sociedad de Medicina y demás Ciencias de Sevilla. 101 ML, Octubre (1ª), 1787, 250.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 220 sobredichas preguntas. Yo creo a Vm. bastante instruido en la química; pues aunque no la juzgue necesaria al médico para ser un buen práctico, no obstante presumo que a los bisoños en esta ciencia les venden a menudo gato por liebre, y tengo sobradas pruebas para decir que los comulgan a cada paso con ruedas de molino. No pongo a Vm. en el número de éstos; y así confío que por el bien que ha de resultar a la Nación, se dedicará a responder a las preguntas expresadas”. Quizá esta Carta de Salvà se base o tenga que ver con la que, según Janer, no llegó a enviar a Masdevall y se limitó a leer en la Academia en 1785. La contestación de Jiménez se produjo por medio de la imprenta. En Agosto de 1788, el Memorial reseña102 la Respuesta que escribe D. Ambrosio Jiménez y Lorite, Médico de los Reales ejércitos, Dr. en medicina, y Maestro en artes de la Real Universidad de Sevilla, etc. a la carta del Dr. D. Francisco Salvá y Campillo, inserta en el Memorial Literario de Octubre de 1787, parte 1ª., Sevilla, Vázquez Hidalgo, 1788. Es a este impreso “sobre la naturaleza y utilidad de los antimoniales” al que responde Salvà con el citado por Janer, en forma de tres cartas, con el título Respuesta del Dr. D. Francisco Salvá y Campillo al papel intitulado Naturaleza y utilidad de los antimoniales, compuesto por el Dr. D. Ambrosio Jiménez y Lorite, Médico de los Reales Ejércitos, etc., Barcelona, Viuda de Piferrer, 1790. El Memorial lo reseña dos veces, en Marzo y en Junio de 1790, la primera vez con la frase elogiosa para Salvà mencionada por Janer.103 5.4.- La licencia para ejercer la medicina. En el Memorial de Mayo de 1788, se publica el “Deseo literario a fin de que las plazas de Médicos de las Ciudades, Villas y Lugares de España se provean por oposición,104 por D. Serapio Sinués,105 médico de Agüero, partido de Cinco Villas, en Aragón”. Aboga aquí Sinués por que se quite “a los pueblos toda acción en nombrar ni desechar médicos, pues estos mismos pueblos son los que en el día tienen en el mayor atraso la Medicina, por ser sus provisiones generalmente dictadas por la pasión y espíritu de partido” y los destinos se dividan en tres categorías, accediendo los aspirantes a cada una de ellas por un sistema de oposiciones –“un riguroso y prolijo examen de teoría y práctica como el más sólido ejercicio”– y siendo necesario permanecer al menos tres años en una categoría para 102 ML, Agosto (1ª), 1788, 567. 103 ML, Marzo (2ª), 1790, 467; Junio (1ª) de 1790, 211. 104 ML, Mayo (1ª), 1788, 44. 105 Este Sinués publicó en ML, Septiembre (1ª), 1788, 83, un artículo titulado “Deseo de que se extienda por los pueblos de España el uso de la máquina fumigatoria para socorro de los ahogados y asphicticos” [sic]. El Dr. Josep Ignasi Santponç i Roca, hermano mayor de Francesc, que había desarrollado una de estas máquinas (a lo que parece, destinadas a reanimar a los ahogados y sofocados utilizando el humo del tabaco), y había anunciado un premio en la Gaceta para quien primero salvara una vida con ella, le escribe coincidiendo con su parecer (ML, Noviembre (2ª), 1788, 494), carta que agradece Sinués en ML, Noviembre (1ª), 1790, 344. Sinués, que también debía sentir otras curiosidades, describe en ML, Mayo (1ª), 1790, 74, el caso de una columna de lo que parece un humilladero en el pueblo de Alcalá de Gurrea (Zaragoza): “Problema físico. ¿Cómo una columna de piedra de sillería, fijada rectísimamente en un pedestal de la misma materia, podrá con el transcurso del tiempo doblarse y encorvarse desde su mitad hasta su extremidad superior, formando con ésta un perfecto gancho?” La Enciclopedia Espasa informa también de que Sinués era natural de Zaragoza, en cuya Universidad se doctoró en 1795, y de que fue catedrático de agricultura y socio de mérito de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País. También menciona algunas otras publicaciones suyas, además de las citadas del Memorial.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 221 poder concursar a la superior. Con este sistema “se estimularía el estudio y aplicación a muchos médicos que hoy viven en la mayor inacción y abandono”, “se desterraría de las escuelas aquella multitud de zánganos que solo sirven para hacer bulto [...] viendo inaccesible su colocación y acomodo por la pasión y el soborno, como ahora...” y “se aumentaría notablemente la población, restituyendo a la salud un casi infinito número de hombres útiles que perecen en fuerza de la ignorancia [...] de algunos médicos...” Salvà claramente resuena con este asunto y en Agosto, publica una “Advertencia”,106 respondiendo a Sinués.107 En ella, Salvà, que está de acuerdo con el diagnóstico de la situación que hace su colega aragonés, propone un remedio más drástico: que las licencias de los médicos sean temporales, “de modo que, a lo menos en los primeros veinte años de ejercicio de la profesión, cada cuatro o cada cinco años tuviésemos que sujetarnos a nuevos exámenes, de los cuales los últimos fuesen más rigurosos que los antecedentes, para asegurarse de que, lejos de habernos olvidado de lo que entonces adquirimos, habíamos procurado, como es justo, extender nuestros conocimientos. En habiendo sufrido cuatro o cinco de los mencionados exámenes podría concedérsenos el privilegio absoluto...” Este sistema tendría que complementarse con la prohibición de que “ningún médico se estableciese en poblaciones mayores, hasta haber visitado determinado número de años en otras más pequeñas” y lo justificaba diciendo que “así se precave que a los pueblos pequeños falten los médicos que sobran generalmente en las ciudades y villas grandes, y además se consigue que en los primeros años no carguen con excesivo número de enfermos, [lo] que les impide estudiar y meditar sobre los que tienen entre manos.” En estas condiciones, los pueblos podrían mantener su libertad de elección, situación que a Salvà le parece preferible. Al comienzo de su escrito Salvà hace, además, unas reflexiones, quizá las primeras que se le conocen sobre la enseñanza de la medicina, en las que otorga su justo valor a los planes de estudio: “...todo lo que puede enseñarse en los seis o siete años que dure el curso de medicina, se reducirá siempre a dar unos principios, con los cuales, mediante la continuación del estudio y ejercicio de la facultad, puedan salir médicos aventajados. No se logrará poco si en aquellos años de curso se consigue imponerlos [a los estudiantes] de modo que sepan manejarse bien en los casos regulares, y conozcan de qué autores han de echar mano cuando se les presente alguno escabroso”. Llama la atención que ningún médico tercie en la cuestión de las licencias. Quizá prefieren no meneallo. Quien lo hace es un hombre de leyes108 que expone los, a su juicio, inconvenientes de las propuestas de Sinués y de Salvà y se inclina por un sistema de prácticas de los graduados con médicos en ejercicio, seguido de examen de acreditación, como en el caso de los abogados. No parece reparar el jurista en que su propuesta no hace sino alargar la carrera efectiva de los médicos y, una vez obtenidas sus licencias, los deja en la misma disyuntiva de adocenarse o perfeccionarse, sin estímulo para lo segundo. 106 ML, Agosto (1ª), 1788, 613. 107 “Advertencia al deseo literario del Dr. D. Serapio Sinués, Médico de Agüero, Partido de Cinco Villas en Aragón, publicado en la 1ª parte del Memorial de Mayo de este año, escrita por el Dr. D. Francisco Salvá y Campillo.” 108 “Avertencias al deseo Literario del Dr. D. Serapio Sinués”, ML, Febrero (1ª), 1789, 268, firmado por D. J. T. y A.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 222 6.- Los naturalistas de la Academia de Ciencias de Barcelona. 6.1.- Pedro Díaz Valdés y la Física provechosa para el clero. En 1787, 1789 y 1790 aparecen en el Memorial tres largos artículos relacionados con la Historia Natural, firmados por “D. Pedro Zadidalvés”: “Discurso sobre la necesidad de una Física provechosa con que el Clero, y particularmente los Curas Párrocos, harían un gran bien a la Nación”, fechado en Barcelona el 14 de Abril de 1787;109 “Carta sobre los hongos y remedio de los venenosos, y sobre dos especies de aceites, que pueden suplir al de aceitunas para alumbrar”, sin fecha110 y “Sobre algunas raras petrificaciones y sobre la importancia de la Historia Natural”, sin fecha.111 Uno anterior, fechado en Barcelona el 15 de Noviembre de 1786 y sin firma, bajo el epígrafe “Filosofía”: “Progresos útiles a la nación”,112 remitido por “un suscriptor” del Memorial “residente en la ciudad de Barcelona”, lo reconoce D. Pedro Zadidalvés como suyo en el Discurso de 1787. El seudónimo es una inocente permutación de las letras de los apellidos del ilustrado futuro Inquisidor de Cataluña y Obispo de Barcelona D. Pedro Díaz Valdés.113 Salvà da las primeras pistas en su artículo de 1788 en el Memorial: 109 ML, Septiembre (2ª), 1787, 97; ML, Octubre (1ª), 185; (2ª), 281, y ML, Noviembre (1ª), 369. 110 ML, Junio (1ª), 1789, 199, y (2ª), 273. 111 ML, Mayo (2ª), 1790, 121, y ML, Junio (2ª), 247. 112 ML, Diciembre, 1786, 444. 113 Según la Nómina (1905-06), Pedro Díaz de Valdés fue “Obispo de Barcelona, y antes Canónigo, dignidad de Arcediano de Cerdaña de la Santa Iglesia de Urgel, e Inquisidor de Cataluña”, tomando posesión como académico numerario, con destino a la Dirección de Historia Natural, e1 12 de Marzo de 1788 y siendo elegido revisor de dicha Dirección en 1788 y 89 y censor de la Academia en 1790 y 1791. Leyó en 1791 “una disertación sobre la utilidad de que se escriba una Historia Natural del Principado de Cataluña”. Esta biografía incluye el informe que emite el académico censor, Josep Comes, sobre la solicitud de ingreso de Díaz Valdés, el 13 de Febrero de 1788: “...El mérito de este literato, muy acreditado con el desempeño que dio en el empleo de Provisor del obispado de Urgel, en la cura de almas de Ayremunt [sic] y en los concursos de la Penitenciaria también de Urgel y a las Capellanías de San Isidro, fue premiado por S. M. con una canonjía y la dignidad de Arcediano de Cerdaña, que goza en la misma Santa Iglesia, y después con la plaza de Inquisidor del Santo Oficio de este Principado, que dignamente ocupa. // Prescindiendo de que la inclinación al examen de los tres reinos de la Naturaleza, y principalmente a herborizar, cuando se mantuvo el Sr. Valdés en Ayremunt y después en Urgel, conducido por los principios de Linneo y otros autores clásicos, le hizo adquirir unos conocimientos nada comunes en las ciencias naturales; demuestra también lo que ha medrado en estos estudios el Discurso sobre la necesidad de una Física provechosa... // Sin duda la modestia, que suele ser el carácter distintivo de los verdaderos sabios, dictó la firma de D. Pedro Zadidalvés, que se lee en aquel discurso...” En la Biblioteca Nacional de Madrid se conservan dos libros suyos, encuadernados juntos en un único tomo: El padre de su pueblo, o medios para hacer temporalmente felices a los pueblos, con el auxilio de los señores curas párrocos. Memoria premiada por la Real Sociedad Bascongada, e impresa de su orden en Victoria [sic] en 1793. Reimpresa ahora, con un discurso previo y algunas notas, con permiso de su autor,... Barcelona, Manuel Texero, 1806; Tratados sobre la física del clero, y otros puntos útiles y provechosos de las ciencias naturales, impresos en el Memorial literario de Madrid de 1787, 1789, 1790 y 1793. El primero está compuesto en torno a la reimpresión de una Memoria (reseñada en ML, Junio (1ª), 1794, 321), presentada años antes a la Real Sociedad Vascongada sobre el tema –que le era tan queridodel apoyo que los curas ilustrados podrían prestar a sus feligreses en el orden material. En el otro se reimprimen también los tres escritos publicados en el Memorial de 1787 a 1790, más un cuarto, aparecido en la segunda época de la revista (“Carta sobre si la Escabiosa es un específico para curar la mordedura de la víbora; y sobre algunos remedios contra su veneno”, ML, Diciembre (1ª), 1793, 338), y además se incluye un “Discurso sobre la historia natural con respecto a Cataluña”, compuesto en 1791. De una lectura superficial de estos libros se obtienen algunos datos más. En el primero, en la introducción a la Memoria, se confirma la identidad de D. Pedro Zadidalvés: “... deberá tenerse presente lo que
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 223 “Explicación del fenómeno eléctrico descrito en la primera parte del Memorial Literario de Abril de este año”, cuando dice que ha hablado sobre la materia del artículo –el fuego de San Telmo en las cruces colocadas en lo alto de las iglesias– con su “muy estimado consocio D. P. D. V. que quizá es el conocido en el Memorial Literario por el nombre del Señor Zadidalvés...”, quien lo había visto en el “campanario de Aramunt, [...] Obispado de Urgel”. También Janer menciona un Díaz Valdés entre los corresponsales de Salvà y cita un párrafo elogioso del “Ilustrísimo Señor Valdés” sobre su Memoria relativa a “enriar el cáñamo y el lino” premiada por la Real Sociedad de Medicina de París. En su primera aportación al Memorial, “Progresos útiles a la nación”, Díaz Valdés expone ya las claves de su pensamiento, que desarrollará en posteriores artículos, sobre todo en el relativo a la Física para el clero. Comienza elogiando al tribunal de la Inquisición de Barcelona por no condenar que los Agustinos de la ciudad se declararan “libres del yugo sistemático” (el razonamiento escolástico) y admitieran la hipótesis copernicana del movimiento de la tierra en unas “Conclusiones de la Filosofía Ecléctica” por ellos defendidas: “Parecerá esta observación poco importante, mas a mí se me representa como digna del mayor aprecio, y muy propia para pronosticar que irán en aumento los progresos filosóficos de la Nación. Como ésta ve que aquel respetable Tribunal no pone trabas a una justa libertad de filosofar; que los que lo componen respiran favorables a los adelantamientos modernos; que no se declaran por las opiniones inútiles, aunque rancias; y que aun aplauden la valentía de aquellos genios que, saliendo de las trilladas escabrosas sendas de las bagatelas aristotélicas, pisan los campos de la física moderna: sucede con esto que los hombres aplicados siguen su camino sin estorbo, sin miedo y sin zozobra. Conviene extender estas noticias, para que vuelen sin temor las tiernas águilas; y para que las sepan los extranjeros, que nos tienen por esclavos de las antiguas preocupaciones”. Por otra parte, su apuesta por el método empírico es clara: “Los conocimientos útiles se adquieren por los sentidos, siguiendo la senda de Bacon, y no con especulaciones abstractas como hacen los sistemáticos. En tantos siglos como éstos gritaron en el mundo, no se lograron grandes beneficios, y solo con observar la naturaleza se han conseguido muchos bienes”. Díaz Valdés se alegra de que funcione una Academia de Ciencias en Barcelona: “En esta capital va a tomar un gran vuelo la Academia de Ciencias naturales. S. M. la ha dado una decente casa en que tengan sus sesiones”. Dice no ser miembro de ella –fue elegido año y pico después, el 27 de Febrero de 1788, y tomó posesión el 12 de Marzo–, pero quisiera que los eclesiásticos, que tienen “ingenio, tiempo, aplicación y proporción para observar el gran libro de la naturaleza” se dedicasen a estos provechosos estudios: escribió un autor en el discurso sobre la física del Clero, tom. 12 del Memorial literario [...], en el que trata de los hongos tom. 17 [...] y en el que está en el tom. 20 sobre petrificaciones [...]. El autor es todo mío, y hubiera publicado a cara descubierta aquellos tres discursos, si tuviera la aprobación de alguna Sociedad...”. En el “Discurso” del segundo libro se averigua que Díaz de Valdés era asturiano, nacido en Gijón. Este “Discurso” es, por otra parte, un texto muy interesante sobre las riquezas naturales de Cataluña e incluye referencias a diversos académicos, consocios del autor, entre ellas el mencionado elogio de Salvà que cita Janer.
QUADERNS D’HISTÒRIA DE L’ENGINYERIA VOLUM IV 2000 224 “Fácil cosa sería proponer y ejecutar ciertos medios poco costosos, y que servirían para que generalmente los Eclesiásticos se aficionasen a estos conocimientos, y adquiriesen los elementos necesarios para observar útilmente la naturaleza, y para trasladar sus observaciones a las Academias o Sociedades patrióticas, donde como a centro común, fuesen a parar todos los nuevos descubrimientos y de donde se comunicasen a todo el Reino, a beneficio común. Un eclesiástico de genio observador puede ser utilísimo a esta Academia y a la Nación”, pues “la naturaleza no espera más que observadores para decirles sus secretos”. “Los Señores Curas habrían de ser los observadores natos de las producciones de las Parroquias”, siendo “el primer cuidado y que más nos importa [...] el de conocer las riquezas nacionales, comenzando cada cual por las que tiene cerca de sí”. “¿Qué me servirá conocer exactamente las minas de Chile, y los diversos reptiles y cuadrúpedos que alimenta la África, si no tengo noticia de las minas, de las plantas y del prodigioso número de animales que hay en esta provincia?” En el “Discurso sobre la necesidad de una Física provechosa...” Díaz Valdés abunda en los argumentos precedentes y da muestras de una gran erudición, sobre todo en cuestiones botánicas, con gran aparato bibliográfico. Estos conocimientos los muestra igualmente en su “Carta” sobre los hongos y las dos clases de aceites para alumbrar, donde preconiza los extraídos del cardo borriquero y de las bayas o cornizolas del arbusto Cornus sanguinea L., con los que “sacudiríamos de encima de nosotros la pesada carga del sain, o grasa de ballena que nos echan los holandeses”, pudiéndose hacer con el segundo, jabón, de tanta importancia para Cataluña “que paga a otro que se lo lleva”. Las raras petrificaciones de su artículo de 1790 son algunos fósiles que Díaz Valdés había pedido a los Editores que le enviaran de Aramunt, donde fue Cura, y de Salàs, dos pueblos de Lérida, cercanos a Tremp. El autor añade otros observados por él en las columnas del claustro de la iglesia de Santa Ana de Barcelona y reconoce ser “hoy bastante común la opinión que afirma que estos cuerpos marinos fósiles fueron en otro tiempo habitantes de los mares que cubrían los países donde se descubren”. La segunda parte del artículo trata de la importancia de la Historia natural y a su término anuncia su intención de escribir sobre la de Cataluña: “No soy adulador porque mi genio lo resiste: con todo puedo decir que en Cataluña hay infinitas producciones, capaces [...] de ocupar los más consumados naturalistas: Abundantes, inmensas, benéficas aguas minerales; prodigiosa eterna montaña de sal de Cardona; admirable cueva que en los calores del estío da por día más de ocho arrobas de hielo [en la montaña de Boumort, no lejos de Aramunt, en el Corregimiento de Talarn. (Nota del autor)] y que me serviste de pasmo de los que lo usaban; fuentes intermitentes con una novedad espantosa [La font mentidora. Así la llaman en Aramunt. (Nota del autor)]; preciosísima cascada formada ya al nacer de esa gran fuente [La font grossa de Aramunt. (Nota del autor)], que se despeña toda espuma con una rapidez admirable, sin que la detengan los fríos del invierno, con beneficio del molino que va en servicio del Público, cuando los demás se hielan; petrificaciones curiosas; plantas útiles y raras; mar