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Abstract

Jardiel, Florencio,

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- ELOGIO FÜNEBREL / ^ " . DEL ÍLUSTRivSIMO SEÑOR (§on i§edro ^erbuna y del ^egro, jiíe ea las solemnes honsas celebradas en suíiagio de su alma el dia 17 de Octubre de 1893 por la JJniversldad ¿iterarla de ^garagoza, pronunciò en el ¿empio ^Metropolitano del galvador de dicha giudad EL CANdKIGO Dr. D. Florencio Jardiel VALLADOLID: IMP. Y LIR. PATÓLICa d r JO SÉ MANÜRT. DE LA CUESTA Alacias Picavea. mtms 38 y 40. tíííryDTeS^i ELOGIO FÚNEBRE DEL ILUSTRÍSimO SEÑOR ¡§on §edro <§erbuna y del ^egro, que en las solemnes honras celebradas en sufragio de su alma el dia 17 de §ctubre de 1893 por la Universidad literaria de daragoza, pronunció en el ^emplo Metropolitano del Salvador de dicha i^iudad EL eANQKÍGO Dr. D. Florencio Jardiel VALLADÓLID; lU P . Y LIE. CATÓLICA DE JO SÉ MANUEL DE LA CUESTA Maclas Picaoea, náms. 38 y 40. 1100 ii Elogio fúnebre Sdl>UnlLi jiliis iin’s vitam inspirai, tí suscipit inquirentis se.,., ci i]ui Ulani diiigil diligit viiam. í>a sabiduría Irií-pirM vida íWu? hijos, y aor.^e á los que !a buscah... y quien la aa a, ama ia vida lu-cli I V -1213. E M IN E N T ÍS IM O SI'IÑ O R (V l-H L dia cinco de Marzo de i ^97 dejaba de existir, en la ciudad -i—/de Calatayud, coronado de méritos y virtudes, el insigne prelado D. Pedro Cerbuna y del Negro, quien durante doce años, hasta la fecha de su fallecimiento, había gobernado, con singular prudencia y apostólica solicitud, la santa iglesia de Zaragoaa. No es de extrañar, teniendo en cuenta el amor entra ñable con que habia atendido durante su glorioso pontificado á (*) (*) El Eminentísimo Señor CardEnal Benavides y Navarrete. Asis tieron además el Ministro de Fomento D. S. Moret, el senador por la Universidad D. J . Calleja, el claustro de profesores con insignias, y re presentaciones de la Universidad central, centros docentes, autoridades y corporaciones de Zaragoza. ELOGIO FUNEBRE las necesidades de sus hijos, que los ardientes testimonios de veneración y de cariño, que fueron su más bella corona en los últimos penosos días de su existencia (i) se convirtieran á su muerte en sentidas manifestaciones de duelo, á medida que la infausta noticia se iba difundiendo como inesperada calamidad entre los pueblos confiados de su amada diócesis. Más ved, hermanos mios, lo que sucede: aquel dolor, que parecía no deber extenderse ó no tornar^ al menos, formas exteriores que revelaran su intensidad, fuera de los límites de tan dilatada familia, encuentra más allá eco profundísimo en millares de corazones, y un mes después, el diez y seis de Abril, cómo si ella sola, más que las órdenes religiosas cuyos intereses el Venerable Obispo había generosamente fomentado, más que la ciudad á cuyo progreso intelectual y moral había contribuido á costa de innumerables sacrificios, más que la Mitra en cuyo seno se hábia formado desde su juventud y con la cual había trabajado en el gobierno de la grey cesaraugustana, más que el Cabildo del Salvador, en donde, canónigo primero y más tarde ' prior, se había distinguido por la elevación y gallardía de su espíritu, como si ella sola, digo, fuera llamada á dar público testimonio del universal sentimiento que aquí, en la capital del reino aragonés, había producido tan irreparable desgracia, la Universidad ordenaba solemnes funerales en el templo de Santa María Magdalena, dando al acto tan desusada magnificencia, que no se cansan de ponderarla los que, testigos presenciales de ella, minuciosamente nos la refieren. Asistió el Arzobispo, que lo era á la sazón Don Alonso de Gregorio; asistieron los jurados de la ciudad; se hizo invitación á personas y corpora ciones distinguidas; ocupó preferente lugar el claustro de docto res con sus insignias presidido por el rector D. Juan Morera; (i) El Dr. Cerbuna fué siempre de complexión delicada; más, en los últimos años de su vida, á causa de una grave afección al estómago, se vió mortificado constantemente por las molestias y dolores que lleva consigo esta enfermedad. ELOGIO FUNEBRE 5 hubo capelardente adornada con riquísimos paños de brocado é iluminada con millares de cirios; hizo el elogio del ilustre finado Fray Martin Peraza, carmelita, celebrado por su elocuencia, (i) y, cediendo el Cabildo Metropolitano de los derechos que le asistían á celebrar en La Seo este acto funeral, sin duda para demostrar con su deferencia la razón conque el Cuerpo universi tario tomaba de su cuenta la organización de tales demostra ciones de luto, trasladóse él mismo al templo de Santa María Magdalena, dispuso que un canónigo de su seno, D. Juan Ló pez, oficiara en la celebración del Santo Sacrificio, y ordenó que proveyera de lo suyo la catedral á cuanto fuera menester, para dar mayor brillo y más grandeza y severidad á las ceremonias (2). Hermanos mios: la explicación de aquellas honras fúnebres consagradas por la Universidad de Zaragoza al eterno descanso del alma de D. Pedro Cerbuna y del carácter que revistieron, verdaderamente excepcional, nos la dá del modo más cumplido el hecho singularísimo también de reunirnos hoy, en idéntica forma y con igual objeto, invitados por la misma Universidad,' transcurridos trescientos años desde aquel acontecimiento memorable. No: Cerbuna, el gran Cerbuna, cuyos alientos no desmaya ron nunca ni aún en los dias de más cerrada contradicción; que (1) No se que se imprimiera esta oración fúnebre, ni que se conserve el original. De Fray Martín Peraza se imprimieron en Salamanca en casa de Artus Taberniel, el año 1603, dos íomos ás Sermones Quadra gesimal es y de Resurrección ele. La obra va dedicada al Exorno. Sr. Duque de Alba y Condestable de Navarra. Fray Martín Peraza, era á la sazón catedrático de Prima de sa grada Teología de aquella Universidad y Prior del Cármen. (2) Dan cuenta de estos funerales solemnísimos los manuscritos del Doctor Mandura, canónigo de La Seo de Zaragoza, que se conservan en el archivo de esta Santa Iglesia Metropolitana. La Universidad dispuso con motivo del fallecimiento del V. Cerbuna un Cerldmen de Ingenios que fue muy celebrado. ELOGIO FUNEBRE tal vez se creía movido por impulso sobrenatural (i) á elevar los menguados estudios que aquí se daban al rango de Univer sidad pontificia y real con todos sus honores y privilegios; que consagro á este anhelo vehementísimo de su alma, no solo su fortuna sino también su vida hasta exhalar el último suspiro, no podía soñar, ni aún en las horas de más grande delirio y exal tación, con la hermosura de la realidad presente. He subido á este sitio para hacer el elogio de los que han muerto y no esta ría bien dispensar alabanzas á los que viven; para todos habrá lugar en las páginas de la historia; pero, hermanos míos,^cuando el antiguo edificio universitario, minado por la carcomido por las inclemencias del tiempo, casi arrasado por el furor de sitiadores impotentes, (2) renace á nuestros ojos ofre ciendo formas correctas en lo exterior, y en lo interior amplitud suficiente y proporciones adecuadas; cuando á su lado, indis pensable complemento solicitado con afan y generosamente con cedido, hemos visto surgir como por artes maravillosas palacio suntuosísimo, donde los hombres que buscan la verdad en el grande y en el pequeño mundo hallarán desde hoy medios de proseguir y de comunicará otros sus investigaciones científicas; cuando el común empeño ha dado cima de un modo tan glorioso á aquella empresa superior que comenzó Cerbuna en los últi mos años del siglo XVI ¿no era natural, ya que ha dispuesto la Providencia que con la fecha de la terminación de las primeras obras coincidiera la feliz coronación dé las postreras, evocar la memoria del Venerable fundador y ofrecerla al respeto y á la admiración de los hombres, elevándose majestuosa sobre tan tos esfuerzos acumulados y sobre tantas grandezas realizadas? Si es esta mi misión, y la Universidad literaria de Zaragoza me (1) Historia de la Universidad de Zaragoza por D. Jerónimo Borao, Pag. f2, Nota, y pag. 1-9. (2) El antiguo edificio de la Universidad de Zaragoza fué arruinado casi por completo en ¡809, durante el segundo sitio; por la voladura de las minas preparadas y cebadas por los franceses. ELOGIO FUNEBRE ha llamado á este sitio para que sea intérprete de sus votos, he de confesar que el camino que debo recorrer, mirado desde aquí, me parece no solo obligado sino á la vez admirablemente sencillo. Alguno ha dicho, con frase dura pero expresiva (i), que sin el vil metal proporcionado por Cerbuna para levantar el antiguo edificio de la Universidad, completar sus estudios y dotar deco rosamente sus cátedras, habría pasado largo tiempo antes de ponerse en ejercicio el privilegio del Emperador Carlos V y las concesiones pontificias. La afirmación es tan exacta como severa; pero j'O añado, y ya vereis hasta qué punto mis apreciaciones son fundadas, que el Prior de La Seo de Zaragoza, fundador de su insigne Universidad, más que el dinero, que dio con larga mano para esta empresa gigantesca, aportó á ella la luz de su talento privilegiado, la entereza de su carácter y la piedad fervo rosísima de su alma; que aquella rara magnificencia, que avalora su liberalidad inagotable, fué fruto sazonado de miras elevadas y de purísimas concepciones; que nadie como él tuvo de la ciencia y de su difusión un concepto más adecuado y más perfecto, y, por lo mismo, que si algo le movió á tan generosos esfuerzos, fué el interés de la religión, que lleva aparejado el interés de la ciencia misma, prestando asi señalado servicio á la real y legítima prosperidad de su purria _ ---- No sin pena. Eminentísimo Señor, ya que el tiempo es tan breve y tan compleja é interesante la proposición enunciada, abandono al'juicio de los doctos, que forman hoy escogida porción entre todos los que me escuchan, un estudio preliminar, que sería, sin duda, excelente punto de partida en el camino que tenemos que recorrer. Los que, amantes de la verdad, la hayan buscado de buena fé en las enseñanzas de la historia, por fuerza que han tenido (i) Historia de las Universidades por D. Vicente de la Fuente, Tomo II, pag. 396. MELOGIO FUNEBRE falta jamás en aquellos hombres providenciales á quienes Dios escoje para instrumento de sus designios y que brilla, por modo singular, en el espíritu de Cerbuna: es la constancia. Dos años, antes de que fuera colocada solemnemente la pri mera piedra en el nuevo edificio universitario, Cerbuna era consagrado en Monzón y entraba á gobernar la Santa Iglesia de ^ara'^^ÍTSin duda que las graves atenciones de su obis pado reclamarán de él afanes sobre afanes y desvelos sobre desvelos y pruebas evidentes existen todavía de su solicitud pastoral; pero, no me importa decirlo: Cerbuna, antes que todo, es el fundador generosísimo, el fundador apasionado, de la Universidad de Zaragoza. ¡Oh! y cuánto dice esta preciosa declaración escrita de su mano á los jurados de la ciudad, ha blando de lo que era constante objeto de sus cuidados! ...... «Y yo toda mi vida procuraré la mejora y autoridad de ella, como me obliga el ser tan en servicio de Dios y beneficio de este reino, y haber sido promotor de ella desde el principio». Asi es, que, solicitado vivamente su ánimo por negocios de mayor interés, su pensamiento estaba aquí y su corazón y su alma: y cuida del puntual cumplimiento de los estatutos, resistiendo con energia toda pretensión que tienda á quebran tarlos; y corrige á su arbitrio los que en 1589 le remiten los jurados con este fin, «trasladando irrevocablemente en su persona, por acuerdo del Capítulo y Consejo, todo el poder que la ciudad tenia en la Universidad y sin reserva»; y vi gila para que el edificio se haga bien y se gaste con fidelidad, «como hacienda hecha por limosna para obra pia»; y renuncia generosísimamente y por amor, no sólo al derecho que tenia de proveer cátedras en todas las facultades, temeroso de no acertar, ausente como estaba, en la elección de profesores, sino también á todo el patronato que se le había concedido, no fuera que por causa de él otros prelados se retrajeran de mirar por la Universidad y de venir en su apoyo con sus limos nas. Ahora, hermanos míos, ya os explicareis perfectamente ELOGIO FUNEREE 15 cómo Cerbuna, teólogo eminente y profesor distinguidísi mo, visitador celoso de los Obispados de Lérida y de Huesca, Canónigo y Prior de la Seo de Zaragoza y cinco años Vicario general á la muerte de D. Hernando, prelado insigne d e ía ra g ^ if^ cuya capital dió vida al Seminario de San Gaudioso y al ilustre colegio de la Compañía de Jesús, y hombre finalmente á quien nunca faltan alientos para llevar á cabo las mayores empresas, no tuviera, al morir, no tuviera otro nom bre que el de su amada Universidad en el corazón y en los lábios (i). Se ha dicho, que en su muerte Dios permitió que se obraran prodigios, de los cuales dan fé los escritores de su tiempo; y para mí el milagro más grande que acredita su san tidad, el prodigio mayor, entre todos los que ilustran su exis tencia y glorificaron su sepulcro, es haber concebido, inspirado por Dios, haber emprendido con la ayuda de Dios, y haber terminado bendecido por Dios, la fundación, cien veces inten tada sin resultado, de la Universidad de Zaragoza. Y ya lo veis, mis amados hermanos, apesar de la inconstancia de los (i) Cerbuna al morir repetía con mucha frecuencia/OA, Universi dad, oh Universidad!... Ocurrió su fallecimiento en Calatayud el día 3 de Noviembre de '597Fueron depositados sus restos en la capilla mayor de la colegiata de Santa María de esta ciudad, donde se conservan. Instruyóse proceso de Beatif.cación luego de su muerte, cuyas diligencias pasaron al archi vo de la Universidad cesaraugustana, y se perdieron entre las ruinas del edificio universitario en 1809. Testigos presenciales refieren, que en 1863, al abrirse la cripta donde está dépositado el cadáver de Cer buna, con motivo de algunas obras que se hicieron en la colegiata do Santa María, se percibió un olor suavísimo queso difundió por todo el templo, olor, que si bien puede atribuirse á las substancias odoríferas empleadas en el embalsamamiento, es raro que esto sucediera después de tres siglos y sin haberse descubierto la urna en donde se conserva el cadáver. Fueron testigos de este suceso el párroco D. Miguel Pérez, el coadjptor D. Manuel Diaz, el sacristán Pedro Navarro, el albañil Roque Gil y otros muchísimas personas que acudieron á la iglesia á cerciorarse de la verdad por si mismas. I i6 ELOGIO FUNEBRE '.F-' hombres y de la inclemencia de los tiempos, la obra de Ceibuna no ha decaído aún, sino que vive, engrandecida cada día con nuevos triunfos, satisfecha de su pasado y rica en espe ranzas para lo porvenir. Aquel soplo inmortal que recibió al nacer y que durante trescientos años ha producido en letras y en virtud tantos varones eminentes, que hizo revivir de sus propias cenizas gloriosísimas lo que asoló el demonio de la perfidia, y dió paso á proyectos, realizados hoy, que serán el orgullo de nuestro siglo, que á la sábia especulación cientí fica, dominante en los pasados estudios ha juntado, al pre sente, con lazo indisoluble, la moderna ciencia experimental en sus aplicaciones más fecundas, todavía se percibe distinta mente, como aliento suavísimo de piedad y de té, entre el confuso torbellino de pretensiones insensatas. Sí: yo debo al claustro universitario de Zaragoza esta expontánea confesión, más valiosa, sin duda, por brotar de esta cátedra de verdad y en momentos de tan señalada grandeza. Mas, ¿por qué no decirlo? ¿Es tan leve el peligro que yo pueda callarme sin com prometer con mi silencio los intereses más augustos, ó debo anticiparme, previniendo sucesos que podrían desfigurar en su parte más noble la obra de nuestro ilustre y expléndido fun dador? Hermanos míos; si el celo inquieto en la investigación de la verdad «acrior cura veritalis>'> es el carácter distintivo de aquel mal siglo filosófico, que anunciaba Leibnitz, de grandes 'fe riesgos para la fé délos cristianos y favorable en alto gradoNal naturalismo pretencioso, yo auguro que pasamos por esta prue ba, dura como ninguna, entre las muchas que han afligido á ' ' la humanidad. «Hay algo más temible que la ignorancia, escribía Platón, una ciencia que se desborda codiciosa de libertad, y que no tiene ni norte que la guíe, ni esperanza que la fecunde». ¿Cuán do las ciencias, por causa de la fé, han sufrido en sus derechos alteración ó menoscabo? Nosotros hemos dicho: no resucitéis antagonismos imposibles, allí donde el respeto por nuestra w ELOGIO FUNEBRE 17 parte se traduce cada dia en palabras de bendición y en desin teresados auxilios. ¿Deseáis libertad? tomad en hora buena la que en justicia os pertenece: ni tenemos misión para indicar á las ciencias humanas sus procedimientos y sus métodos, ni estamos encargados de resolver problemas, que Dios ha aban donado á los libres esfuerzos de la razón. Pero, tenedlo enten dido: el orgullo, ese polvo que los hombres levantan en torn® suyo, removiendo los átomos de su personalidad, nocivo más que nada á las manifestaciones del talento; la distribución arbi traria de las corrientes luminosas, que obliga^ á muchos cere bros á estallar faltos de capacidad y de resistencia; el entu siasmo exagerado y exclusivista que priva al alma de la piedad condenándola á perpètua aridez en los desiertos sin fin de la investigación y del estudio; el loco atrevimiento, que, sin más medios que las montañas acumuladas por la razón, intenta apoderarse de los secretos que ha reservado para si la Sabidu ría divina; y el desprecio de la virtud, como obligado término, como fin primordial á que debe tender en sus nobles afanes la inteligencia, eso no es libertad, ni nosotros podemos menos de combatirlo, no tanto en provecho de la religión, cuanto en interés de la ciencia, la primera que se resiente de su influjo letal y de su acción demoledora. Ved por qué, yo pido con imperio que reine aqui en el seno de esta insigne Universidad, aquél espíritu generoso que presi dió á su fundación encarnado en el corazón del gran Cerbuna. Si lo positivo divino, que es la religión, que es el Cristianismo, O. ¡¡¡r ...................................................... que es la filosofía del Evangelio, aplicando los dones celestiales á la unión de las ciencias en la fé, es el fundamento de toda paz intelectual, según el mundo al presente la necesita, que nunca falte en esta escuela privilegiada lo que pudiera ser, en tiempo no lejano, gérmen fecundo de regeneración y de le vantamiento. ¿Qué? ¿Tardará tanto á restablecerse aquella an tigua harmonía, que voces discordantes se atrevieron á des truir? ¿Nuestro siglo, que ha presenciado tantas resurrecciones % üi i8ELOGIO FUNEBRE gloriosas, no verá en sus postrimerías la universal rehabilita ción de las inteligencias, preludio necesario de una era comple ta, de una era dichosa de justicia y de libertad? Tengo esperanza en el porvenir, mis amados hermanos. «Este tremendo sacudimiento que conmueve al presente la fé cristiana, esta lucha sangrienta entre la filosofía y la fé, entre la fé y la ignorancia^ entre la fé y la depravación, entre la sinceridad y la fé; esta lucha terrible de fuerzas buenas y de fuerzas malas contra la fé, es la prueba, dice un apologista, es la crisis, es la tr.msición, es el paso; una suerte de crucificación misteriosa de Jesucristo, así en las almas como' en la civilización de los pueblos. Pero aguardad; dejad pasar el tiem po de las conmociones y de las tormentas y vosotros vereis, cómo los hombres adheridos al Evangelio atraviesan sin peli gro la obscuridad, y ven surgir en su corazón la luz misma, Jesucristo glorificado, y con él, los dones todos que esclarecen la inteligencia y todas las virtudes que salvan. Nada desde aquel punto será difícil; los hombres ilustrados comprenderán entonces, que es posible por la ciencia del Evangelio arrojar de las almas los demonios que las poseen y fuertes por la unión y la confianza correrán á vencer en el orden intelectual aquellos enemigos de la verdad que tan perfectamente caracterizaba San Pablo. <aRectores tenebranm barum et spiritiialia neqiiitcce>>. Apresurad el paso', mis amados hermanos: lejos de poner obstáculos á la luz, abrid de par en par las puertas del espíritu y allanadle el camino que conduce á la inteligencia: basta de engaños ya, basta de preocupaciones extrañas. Copernico em prendiendo sus inmortales cálculos para dar gloria á su Cria dor, al poner de relieve sus magníficas maravillas; Juan Keppler exclamando en frente de las leyes cuyo secreto había des cubierto su ingenio: «oh! grande es el Señor y grande sobre todo su omnipotencia»; Newton encaminando sus esfuerzos y sus trabajos, á honrar, según decía, la majestad y las perfec ciones divinas; Benvenuto Cellini cayendo de rodillas arrebatado 1 .. ELOGIO FUNEBRE 19 por transportes de adoración al ver realizada la más mag nifica de sus obras; Santo Tomás exigiendo como premio de sus maravillosos estudios el amor y la gracia de Jesucristo y aquel doctor seráfico, el gran Buenaventura, enseñando, como fuente de sus profundos conocimientos, un pobre Crucifijo gastado todo por los ardientes besos que continuam.ente le daba, deben ser para el hombre de buena fé, para el hombre de buen sentido, de rectitud y de probidad, los faros encendi dos contra la furia de las corrientes en las costas del Evan gelio, donde reina jesús apaciguando con su palabra todas las inquietudes, y alentando con su soplo vivificante el vuelo y el ardor de la inteligencia. Creedlo, hermanos mios: el aire que nos llega de allí, vivi ficará todos los pensamientos. Entre nosotros los ejemplos vienen en apoyo de los principios y nada tan expresivo y elo cuente como este testimonio que rendimos al hombre extraor dinario á quien hizo la fé, y nada más que la fé, insigne funda dor de la Universidad de Zaragoza. Ilustres catedráticos: si aquella universal reconciliación entre el cielo y la tierra obrapor el divino Maestro de las naciones et seconciliat ambos in uno Ínter ficiens inimicitias, alcanza de especial modo á las ciencias en sus relaciones con la fé; si no hay nada ni más noble, ni más perfecto en las criaturas, como dice Santo Tomás, que el ejercicio superior de la inteligencia, y por este ejercicio, nobilisimamente practicado, aumentan la piedad y la devoción en el alma, «ex hoc ipso devotio angetur;» si, en concepto del grande Orígenes, son las ciencias huma nas «introducción al Cristianismo» y más que esto al decir de Clemente de Alejandría «auxiliares eficacísimos de la fé en la obra perpetuamente salvadora del Evangelio» tened en cuenta y nunca lo olvidéis que desempeñáis en el mundo una función sacerdotal, sino tan elevada, tan sagrada á lo menos y tan inviolable como la nuestra. San Agustín ha dicho de vosotros: «Docti in Ecclesia lapides sunt prcettosi» «piedras preciosísimas rK " 1 30 ELOGIO FUNEBRE son los sabios en la Iglesia de Dios» y este elogio entusiasta que recuerda aquel otro más expresivo aún que se lee en los libros de la sabiduría «vas praetiosum labia scieníice» os obliga á sentir tan elevadamente de vosotros, de vuestra voca ción y de los deberes que os impone, que todo esfuerzo resulte insuficiente para obligaros á clandicar desfigurando vuestro carácter. Aquella piedra fundamental que Cerbuna hizo colocar la primera para que en ella descansara el edificio de la anti gua Universidad, era grande y cuadrada y llevaba escrito por un lado el nombre de Jesús y por otro el de Maria, fi) Pudo hacer enemiga explosión, yo no lo sé, ilustres profesores, pudo hacer enemiga explosión que esta piedra bendita, arrancada de su lugar, volara por los aires y se perdiera, confundida con los escombros amontonados; lo que no puede acontecer, lo que yo espero en Dios que no acontecerá jamas, es que la fé, piedra angular donde todo saber, toda virtud y toda felicidad descan san, sea arrancada del corazón de esta Universidad insigne, aunque mine sus fundamentos la perversidad del error, y, ati zadas por su malicia, exploten á vuestros piés todas las pa siones. Apoyados en ella, cumplid, hermanos mios, vuestro deber; que las artes y las letras sigan derramando sobre España el brillante esplendor de que se muestra tan orgullosa; que las ciencias enriquecidas cada día con mayores descubrimientos faciliten caminos á toda industria provechosa para bien de la humanidad; que las nociones de la justicia y del derecho se graben en el alma de los que en nombre de la pàtria, serán apoyo y salvaguardia de sus leyes; que la experiencia dirija la mirada y encamine la mano de la juventud que se siente con vocación bastante para venir en alivio de nuestros sufrimientos. (i) El i6 de Noviembre de i58gse puso la primera piedra del edificio de la Universidad. La bendijo el obispo de Otica D. Antonio García y asistieron al acto cuatro jurados. Rector, Doctores etc. etc. ELOGIO FUNEBRE 21 y que la religión corone estas victorias de la ciencia por la con quista de las almas. Tal es el voto que yo formo en estos solemnisirnos instan tes, y esta es la bendición que reclamo del cielo en nombre de aquel siervo de Dios, el gran Cerbuna, de quien se dijo haber sido Vvarón de conocida santidad y letras, gran predicador, gran limosnero, gran letrado, gran santo, y grande en cuanto se puede desear en una persona eclesiástica y religiosa.» Dr. F l o r e n c i o J a r d i e l . Tcporx'ro d.; Zaragoza. -|r