Manifiesto que el ayuntamiento constitucional, cabildo eclesiástico, ilustrre consulado y vecinos de San Sebastián presentan a la nacion sobre la conducta de las tropas británicas y portuguesas en dicha plaza el 31 de Agosto de 1813 y días sucesivos
Abstract
Iturbe, Pedro Gregorio de; Lama, Francisco de la; Unceta, José de
Full text
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MANIFIESTO QUE E L A Y U N T A M IE N T O C O N S T IT U C IO N A L ^ CABILDO ECLESIASTICO , ILUSTRE CONSULADO Y VECINOS DE LA CIUDAD DE SAN SEBASTIAN PRESENTAN A LA NACION SOBRE lA CGN-< DUCTA DE LAS TROPAS BRITANICAS Y PORTUGUESAS EN DICHA PLAZA EL 3 I DE AGOSTO DE I 8 I 3 Y DIAS SUCESIVOSliT ’ i il J A Ciudad de San Sebastian ha sido abrasada por las tropas aliadas que las sitiáron , después de haber sufrido sus habitantes uii saqueo horroroso j y él tratamiento más atroz de qué hay metnoriá en la Europa civilizada. He aquí la re lación sénciliá y fíél dé esté espantóse» sucesd. Después de cinco años dé oprésiori y dé calamidades, los desgra^ ciados habitantes dé esta infeliz Ciudad aguardaban ansiosos el mo^ mentó'de §u biéh-e6tát‘,<iüVi»refyyé?dff'ff(rpíTí?dii(oi:uiiJu' seguro,qüando eri 28 de Junio ultimo vieron con inex plicáble jubiló aparecer en el alto de San Bartolomé los tres Batallones dé Gui púzcoa al mando del Coronel D. Juan José de Ugártemendia; Aquel dia y el siguiente Salieron apresurados tnuchos vecinos, yá con el anhelo de abrazar á sus libertadores^ ya también por huiir de los peligros á que les exponía un sitió, qüe háciah inevitable las disposiciones de defeiisa qüe vieron tomar á los franceses^ quienes empezaron á qüemar ios BárñOs extramurales de Sarita Catalina y San Martin. Aunque el encendido Patriotismo de los habitantes dé la Ciudad lés persuadía^ qué en breVes diaS serian dueños de cllá los aliados, sin embargo iban á dejarla casi desierta; pero el Gene ral francés Rey, que la mandaba les prohibió la salida, y la mayor parte del vecindario con todos sus muebles y efectos (que tampoco se les permitieron sacar) hubo de quedar encerrado. Los dias dé aflicción y llanto qué pasaron estas infelices fami lias desde que ei bloqueo de la Plaza se convirtió tn asedio con
aproximación de las tropas Inglesas y Portuguesas que al mando del Teniente General Sir Thomas Graham relevaron á las Españolas, no es necesario explicarlos. Qualquiera podrá formarse una idea de las privaciones , sacrificios, sobresaltos y temores de una situación tan apurada teniendo que sufrir las requisiciones y pedidoá excesi vos y extraordinarios^ que multiplicaba la guarnición con amenazas de muerte5 y siendo tanta la desconfianza con que ésta miraba á los moradores, que en 7 de Julio les quitó quantas cuerdas, escaleras, picas, palas, azadones y errámientas de carpintería pudo encontrar, ademas de todas las armas sin excepción del espadín mas inútil: todo baxo.de execucion militar. Á este estado de congoja se 'añadía la que causaba la prolongación de la defensa 1, á pesar del vivísimo fuego de los aliados 5 y los daños que causaban las granadas y de mas proyectiles que ó accidentalmente, ó por dirección: dada^ caían sobre la Ciudad, y acrecentaban sus miserias. Solo las hacia tole rables la prespectiva de un excito prospero y breve que pusiese terminó á tantas calamidades. Lo esperaron del asalto de 25 de Julio, y quando se vio frustrado, sobrecogidos de una mortal tris teza todos los pechos no acertaban á respirar. Solo pudieron hallar algunas treguas á su dolor en procurar auxilios á los Prisioneros Im Ciudad los socorrió al instante con vino, chócólate“ cámisas7camas y otros efectos. Los heridos fueron colocados en la Parroquia de San Vicente y socorridos por su Párroco. El Presbitero Beneficiado Vocal de la Junta de Beneficencia cuidó con el mas esquísíto esme ro á los prisioneros que pusieron en la cárcel. Este benéfico pro ceder y el de todos los habitantes ^ qué también les daban todo gé nero de Socorros, según isu posibilidad, fue mal mirado por los Franceses que disgustados igualmente de las visitas que se hacían ,á tres Oficiales prisioneros, los pusieron en la Cárcel y después los trasladaron al castillo j como todo lo podran declarar los mismos Oficiales, y los demas prisioneros de ambas Naciones, especial mente Don José Gueves Pintó Capitán del Regimiento Portugués número 15 y Don Santiago Syret Teniente del Regimiento In gles número 9 ■ Era entre tanto mayor el cúmulo de males, pues desde el dé Julio hasta el 29 se quemarpa y destruieron poí las bate^
Has de los aliados 6^ Casas en el Barrio cercano á la brecha-; pero este fuego se cortó y extinguió enteramente el 29 de Julio por las activas disposiciones del Ayuntamiento ^ y no hubo después fuego alguno en el cuerpo de la Ciudad hasta ia tardeada del 3 i de Agosto después que entraron los aliados* Llegó por fin dicho dia 31 , dia qué se creyó debía ponerles término ^ y por lo tanto, deseado como el de su salvación por los habitantes de San Sebastian. Se arrecia el tiroteo ; se Ven correr los enemi gos azorados á ia brecha : todo indica un asalto por cuyo feliz resultada Sé dirigían, al Altísimo las mas fervorosas oraciones. Son escuchados estos ruegos ; vencen las armas aliadas é y¿ se sienten ios tiros dentro de las mismas calles. Huyen ios France ses despavoridos arrojados de la brecha sin hacer casi resisten cia en las calles : corren al castillo en el mayor desorden , y triunfa la buena causa , siendo dueños los aliados de toda la ciu dad para las dos y media de la tarde. El patriotismo de los lea les habitantes de San Sebastian ^ comprimido largó tiempo por la severidad enemiga prorrumpe en vivas-j Víctores y voces dé alegría, y no sabe : contenerse. Los pañuelos que se tremolaban en las ventanas y balcones , al propio tiempo que se asomaban las -g-erttes a solérnnízar el triunfo r e n á t y ■■ íTTHectVno -del afecto con que se recibiá á los aliados: pero insensibles estos á tan tiernas y decididas demostraciones corresponden -Con fusila zos á iaS mismas ventanas y balcones dédonde les felicitaban^ y en qué perecieron muchos, victimas de la efusión dé su amor á la Patriá ¡Terriblepresagio, de Ja que: iba ásucceder! Desde las 11de la mañana á cuya hora Sé dio-el asalto, sé hallaban congregados en la Sala ConsistoriaMós üCapituiaresy Vecinos mas distinguidos con el intento de salir ai encuentro dé los aliados. Apenas se -presentó lina .columna suya en la:-nue va, qüando baxaron apresurados los .Alcaldes-^abrazaron aí Cómatí^ dant-éj y le ofrecieron quantos auxilios se-hallában á' su disposí-^ cion. Preguntaron por el Generah, y fueron inmediatamehte a bus^ cario á la brechacaminando por medio de cadáveres i pero antes dé llegar á ella -y averiguar eil donde Se hallaba el General fue iilSultado y ametiaZádO con el-sable por el Cápitaii jitgleSídé la guaf-* dia de ia puerta tmo dé los Alcaldes; En fin pasaron ambos á ia
brecha y encontraron en ella al mayor General Hay por quien fueron bien recibidos ; y aun les dio una guardia respetable pa ra la casa consistorial, de lo que quedaron muy reconocidos* Pero poco aprovecho esto , pues no impidió que la tropa se entre gase al saqueo mas completo y á las mas horrorosas atrocidades, al propio tiempo que se vio no solo dar Quartel , sino también recibir con demostraciones de benevolencia á los Franceses cogí* dos con las armas en las manos. Ya los demas se habían retirado al Castillo, contiguo á la Ciudad , ya no se trataba de perseguir los ni de hacerles fuego, é ya los infelices habitantes fueron el objeto exclusivo del furor del Soldado. Queda antes indicada la barbarie de corresponder con fusi lazos á los victores, y á este preludio fueron consiguientes otros muchos actos de horror, cuya sola memoria extremece. ¡Ó dia desventurado 1 ¡O noche cruel en todo semejante á aquella en que Troya fue abrasada ! Se descuidaron hasta las precauciones que al parecer exigían la prudencia y arte militar en una Plaza á cuya extremidad se hallaban los enemigos al pie del Castillo , para entregarse, á excesos ináuditos, que repugna describirlos la plu ma. El saqueo , el asesinato, la violación llegaron á un término Jil.9I£íhJe, y el fuego que hacia el anochecer'horas después que Itosn^aumelse lia'bian retirado al Castillo , vino á poner el complemento á estas escenas de hor ror. Resonaban por todas partes los ayes lastimeros, los pene trantes alaridos de mugeres de todas edades que erán violadas sin exceptuar ni la tierna niñez , ni la respetable ancianidad: Las Esposas erán forzadas á la vista de sus afligidos maridos, las hijas á los ojos de sus desgraciados Padres y Madres: hubo algunas que se podían creer libres de este insulto por su edad, y que sin embargo fueron el ludibrio del desenfreno de los Sol dados. Una desgraciada joven vé á su madre muerta violenta mente y sobre aquel amado cadáver sufre ¡increíble exceso! los lúbricos insultos de una vestida fiera en figura humana. Otra des graciada muchacha cuyos lastimosos gritos se sintieron hacia la madrugada del i.® de Setiembre en la esquina de la calle de S. Gerónimo , fue vista quando rayó el dia rodeada de Soldados muerta , atada á una Barrica , enteramente desnuda , ensangren^
tada t V con una bayoneta atravesada por cierta parte del cuer*. po, que el pudor no permite nombrar. En fin nada de quanto la, imaginación pueda sugerir demas horrendo , dexo de practi carse. Corramos el velo á este lamentable quadro , pero se nos presentará otro no menos espantoso. Veremos una porción de ciudadanos no solo inocentes sino aun beneméritos muertos vio lentamente por aquellas mismas manos que no solo perdonaron, sino que abrazaron á los comunes enemigos cogidos con las ar mas en las suyas. D. Domingo de.Goycoechea Eclesiástico ancia no V respetable , D. Xaviera de Artola, D. José Miguel de Magra, y ouas muchas personas que por evitar prolixidad no se nom bran , fueron asesinadas. El infeliz José de Larranaga que des pués dé haber sido robado queria salvar su vida y la de un hijo de tierjia edad que llevaba en sus brazos , fué muerto, teniendo en ellos á este Niño infeliz ; y á resulta de los golpes , heri das y sustos mueren diariamente infinitas personas y entre_ellas el Presbítero Beneficiado D. José de Mayora , D. José Ignacio de Arpide y D. Felipe Ventura de Moro. Si dirigimos nuestras miradas á las personas que han sobre vivido á sus heridas , ó que las han tEnid^l_^yes se presentara á nuestros ojos un grahdisim^q número. ^ S l ^ Taie-s son eTtesorero de la Ciudad D. Pedro Ignacio de Olañeta , D.. Pedro José de Belderrain , D. Gabriel de Bigas, D . Angel Llanos y otros muchos» ■’ ^ , , ■A los que no fueron muertos ni heridos, no les falto que padecer de mil nianeras. Sugetos hubo^yentre ellos Eclesiás ticos respetables que fueron despojados de toda la ropa que te -nian puesta sin excepción ni siquiera de la camisa. En aquella noche de horror se veían correr despavoridos, por las calles mu chos habitantes huyendo de la muerte con que les amenazaban ios Soldados. Desnudos enteramente unos , con sola la camisa X)tros, ofrecían el expectacuio mas misero, y hacían tener por feliz la suerte de algunas personas (sobre todo del sexo íemenino.) que ya subiéndose á los texados , ó ya encenagán dose en las cloacas, hallaban un momentáneo asilo. ¿Qual po dria ser este quando unos continuos y copiosos aguaceros viniéron á aumentar las desdic,has de estas .gentes y quando arf
-dió la dudad habiéndola pegado fuego los aliados por la ca sa de Soto en la calle tnayor casi en el centro déla pobla ción en im parage en que ya no podia conducir á ningún suceso militar? ¿Quandó otras casas fueron incendiadas igual mente por ios mismos ? Solo este complemento de desdichas y desastres faltaba á los habitantes de San Sebastian , que ya saqueados , privados aun dé la ropa puesta , ios que menos mal-, tratados , otros malheridos y algunos muertos-,‘se creía haver apurado el cáliz de los tormentos. En "ésta noche infernal en que á la obscuridad protectora de los Crímenes , á los agua ceros qué el Cielo descargaba y al lúgubre resplandor de las Llamas se anadia quanto los hombres en su perversidad pue dan imaginar de mas diabólico, se oyan tiros dentro de las mis mas Casas haciendo unas funestas interrupciones á los lamen tos que por todas partes llenaban el aire. Vino la aurora del primero de Septiembre á iluminar esta funesta escena , y ios habitantes aun que aterrados y semivivos pudieron presentarse al General y Alcaldes suplicando les permitiese la salida. Lo grada esta licencia i, huieron casi todos quantos se hallaban en disposición ; pero eh tal' abatimiento y en tan extrañas figu ras, que avrVncaron lagrimas de^^^ftfnpasion de 'quantos vieron tan triste espectáculo. Personas acaudaladas qué habieudo per dido todos sus haberes', no pudieron salvar ni sus Calzones 5 Suloritas delicadas m.edio desnudas ó en Camisa ó heridas ó mal tratadas , en fin gentes de todas clases que esperímentaron quan tos males son imaginables ^ salían de esta infeliz ciudad que estaba ardiendo sin que los carpinteros que se empeñaron en apagar el fuego de algunas Casas pudiesen lograr su inten to , pues en lugar de ser escoltados como se mandó á instan cia de los Alcaldes fueron maltratados , obligados á enseñar tasas en que robar , y forzados á huir. Entre tanto se iva propagando d incendio y aunque los Franceses no disparaban ni un solo tiro desde el Castillo no se cuidó de atajarlo , antes bien se notaron en los Soldados muestras de placer y alegría , pues Imbo quienes después de haver incendiado á las tres de la raaciriigada de primero de Septiembre una Casa de la Calle May oí bayláron á la luz de las iiainasi
Mientras la Ciudad árdiá por varias partes ^ todasaqué lias á qiié hó llegaban las llamas ^ sufrían un saqueo totál. No solo Saqueaban las tropas que entraron por asalto , no solo las que sin fusiles vinieron del campamento de Astigarraga distante úna legua ^ sino que los empleados en las Briga das acudían con sus mulos á cargarlos de eíectos , y aun tripu laciones de transportes Ingleses, surtos en el Pueto de Pasages, tuvieron parte en la rapiña ^ durando este desorden varios dias después del asalto sin que se hubiese visto ninguna providencia para impedirlo ^ ni para contener á los soldados que con la mayor impiedad , inhumanidad y barbarie robaban ó despojaban fuera de la Plaza hasta de sus vestiduras á ios habitantes qué huyan despavoridos de ella ^ Íó que al parecer comprüeva que estos excesos los autorizaban los Gefes ^ siendo también de no tarse ^ que ios efectos robados ó saqueados dentro de la Ciudad^ y á las abanzadas , sé vendían poriiendolos de manifiesto á públi co á la vista é inmediaciones del mismo Quartel general del exercito sitiador por íugleses y Portugueses; Uno de esta última na ción traía de venta el copoñ de la Parroquia de San Vicente qué encerraba muchas formas consagradas sin que se sepa qi^ dero tuvo su preciosísimo contenido. La Plata del servicio de la Parroquia de Santa María qué se hallaba guardada en un paragé secreto dé la Bóveda de la misma ^ fue vendida por ios Portu gueses después dé la rendición del Castillo; Quando se creyó concluida la expoliación ^ pareció demasia do lento el progreso de las Ilahiafr y^ ademas de ios medios ordina rios para pegar fuego que antes practicaron los aliados ^ hiciérori uso de unos mixtos que sé habían visto preparar -en la. calle de Narrica en unas cazuelas y calderas grandes desdé ias quales se ■ vaciaban en unos cartuchos largos. De estos sé valían -para in cendiar las casas con una prontitud asombrosa y se propagaba el fuego con una explosión instantánea; Al ver estos destructores 'artificios ^ al experimentar inútiles todos los esfuerzos hechos para salvar las casas (después de perdidos todos los muebles, eiec- -tos y alhajas) varias personas que habían permanecido en la ciu- -dad con dicho objeto j tuviéron que abandonarla , mirando cori ■ dolor la extraordinaria rapidez con que las llamas devorabad tantos y tari hermosos édificios.
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