Nos Don Manuel Vicente Martinez, y Ximenez, por la gracia de Dios, y de la Santa Sede Apostólica, Arzobispo de Zaragoza, del Consejo de S.M.
Abstract
Martínez y Ximénez, Manuel Vicente; Sebastián, Andrés
Full text
rf K^XVI'. NOS DON MANUEL VICENTE MARTINEZ, y XIMENEZ, POR LA (5RAGIA DE DIOS, Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA,, ARZOBISPO DE ZARAGOZA, DEL ¿fONtoO . DE S. M. &cA todos nuestros amados Hijos en lesa-* Cristo los Fieles de nuestro Arzobispa do, de cualesqaier estado, clase, y con-' . dicion ~gixermxrir~------------------ - _______________ - paz sea con vosotros, nuestros amados Hijos es Jesu-Cristo, vecinos y habitantes de Zaragoza; la paz sea con vosotros, tenemos la complacen cia de deciros después de un año de ausencia empleada en visitar una gran parte de nuestro Ar zobispado, i donde nos condujo el deseo y Ja Obligación de reconocer aquella porción de la grei que nos en comendd el Padre celestial, á predi carles la doctrina del Evangelio, exhortarlos al cumplimiento' de sus obligaciones, y administrar les los santos sacramentos, señaladamente la Confir mación de que tenían necesidad, y no descansa ba nuestro corazón sin emprender esta obra pro-^.
Xí pía de nuestro ministerio; aunque sin haberla concluido, hemos vuelto no obstante á vuestra vis ta, y compañía y no menos que cuando andábamos lo fragoso de las sierras buscando aquellos ama dos hijos en Jesu-Cristo, nos complacemos aliora de hallarnos^ entre vosotros, sm poder dejar de manifestaros” la gran sensación, que nos han cau sado tantas demostraciones de aprecio, y cordial amor,, de que nunca hemos dudado, y nos habéis manifestado-desde el-moinento que pisamos ensuc io de esta ciudad. Deseamos con todas 1^ veras de nuestro corazón, cor responder "ágr^ecidos á la estimación que hacéis de nuestra persona, y em plear en vuestro bien espiritual todas nuestras fuerzas y desvelos. Siempre ha sido la salud eterna de vuestrasalmas, el objeto de nuestros cuidados; y condu cidos de este celo, no hemos cesado de espedir y dirigir ya por escrito ya de palabra nuestras paternales voces acia vosotros, y íuiesííios amados fieles en Jesü-Crrsto para confirmaros en la fe, y apartaros de los vicios, y los escollos en que pudierais peligrar, exhortaros á la prac tica de las virtudes, á la jusíificaciou de vues tras almas, á la rectitud de vuestras acciones, su bordinación y respeto á las autoridades, y á la paz y tranquilidad que tanto encarga el divino r^edentor, y que es el vinculo de la perfección»- No solo el regreso á la capital, después de una larga ausencia, me impeled dirigiros esta exhor tación para-que circule por todo el Arzobispado, como una confirmación de cuanto tenemos predi cado á los pueblos, en particular en esta nuestra larga visita,- sino también (y no es la menor part^) el cumplimiento de una real orden, en que ^ ops manda.-expedir, á nuestro regreso .«/íí? I
Itoral sólidamente Constitucional: por tanto obedien te nos á las autoridades civiles i quienes en to da lo temporal debemos estar sugetos según nos manda el mismo Jesu-Cristo y nos ensena S. Pa blo, deseamos también inspirar esta misma obe diencia á los fieles nuestros amados hijos en JesuCristo con el egemplo, con la exhortación, y con las palabras: de este principio procede, el que cumpliendo con aquella orden, deseamos hacer, y de hecho vamos á realizarlo en cuanto esté de nuestra parte, una pastoral sólidamente constitu cional; y de ninguna manera creemos que llena remos mas bien los deseos del gobierno, y cum pliremos con mas acierto aquel mandato, que sen tando por principio la obligación de cumplir la Constitución política de la monarquía, y obede cer las autoridades que nos gobiernan; fundar esta obligación elijas máximas del Evangelio, en los testos sagrados dé las cartas de Pablo, y confirmar esta doctrina con los egeraplos ciertos de la cristiandad por toda la duración de los si glos, pero señaladamente de los tres printeros de la iglesia. La religión fundada por Jesu*Crísto con sa preciosísima, sangre; la religión cristiana fuente de la verdad origen dé la felicidad verdadera que nos ha de conducir á la gloria eterna , se ocupa, preci-, famente del egercicio de las virtudes, de la practica de la justicia y beneficencia, impera sobre todo la caridad, y manda la obediencia á las autoridades.. lios profesores de la religión, ya se sabe que no son unos seres aislados y separados del comercio d& las gentes por el contrario habitan las poblacio nes, y este genero de vida les obliga, á cumplir las leyes civiles, y no como¡ quiera se sngetan ái ellas„.y las obedecen,; sino que k misna ra-.
I'J. ligion Ies ensení n cumplirlas y respetarlas por principios de conciencia, que es el vincuio mas" fuerte para una persona que tiene presentes Ja iamortalidad de su alma, y el pre^uío, <5 ei castigo que le espera eter lamente, según ñivU’eü sus accioires en este mundo perecedero. San Pablo nos dice ( I ) todo hombre este sugeto á ias potes tades superiores, porque toda potestad viene de Dios, y el que resiste a la potestad , resiste ai órdon establecido por Dios: y ei mismo sanio = Obedeced á vuestros superiores, no ya solo por ei temor deí castigo, sino pri icipaímente por la obligación que á ello teneis en conciencia. DI ásñor obedeció á ias autoridades civiles, y nunca resistió a los Principes del siglo; antes de nacer, ya su santísima Madre obedece el edicto deí em perador Cesar augusto: Ja doctrina que predica ba cuando le preguntaban si había dé cumplir 3a ley civil de los tributos era ^ía (2) dad al Cesar lo que es deí Cesar, y á Dios lo que es Díos;- 3as leyes civiles siempre las respetó, y para sa tisfacer á una de ellas, obró un milagro, mandan do a su discípulo Pedro que en la garganta de un pez encontraría cierta moneda con que pagar el tributo que mandaba el Cesar; obraba Pííatos aunque injusta, judicialmente, cuando le condenó á muerte; y sin embargo de haberle asegurado ' aquella verdad eterna, que ninguna potestad ten dría sino se le hubiese conferido de Jo alto, se sometió con la mayor subof-dinacion á Ja senten cia que pronunció aquel juez: estos egemplos y los que nos ofrecen abundaníísimamenfe los tres primeros siglos de la iglesia nos convencen de la obligación de respetar, y obedecer no solo las au toridades constituidas, sino también Jas leyes civíJes gue gobiernan; nunca se rebelaron ni.Jesu-
Cristo ni Jos Apóstoles, ni los Cristianos contra stis superiores seculares, nunca murmuraron de las leyes, dejando únicamente de obedecer, ó Jas que se oponían á la de Dios, d cuando se Jes mandaba Jo que no podían Jiacer en conciencia, _ Nuestra Constitución política de Ja Monarquía Española tiene á su cabeza ia invocación del nom bre de Dios todo poderoso, Padre, H;jo, y Ks; íritu Santo. Su articulo 12 cap. £ declara que la Religión de la Nación española es y será perpe tuamente la CatdJica AposídJica Romana úni ca verdadera: que la protege por leyes sa'íuas y ^sías, y prohíbe el egeroicio de cualquier otra, Estos artículos están manifestando los principios de religión sobre que gira esta ley fundamen tal del ejtado. ia cual exige a] mismo tiempo-que ios españoles-que han de ser gobernados por ella sean justos y bene'ficos, sin cuyas virtudes no pue de haber sdJida unión en Ja Sociedad, ni verda dera comunicación entre los ciudadanos; por Jo que el ser sólidamente justos, el ser sólidamente benelicos, el ser sólidamente cristianos, y fieles respetadores de la religión de Jesu-Crisío son las ba ses mas esenciales para poderse llamar cualquiera sólidamente constitucional. _ ■ Por eso al dirigiros, fieles nuestros amados hi jos en Jesu-Crirto, esta exhortación que queremos sea sólidamente constitucional como se nos tiene prevenido, no dejaremos de encargaros lo prime ra la necesidad de obedecer y cumplir Ja Consmucion como ley fundamental de Ja monarquíajuego el respeto á Ja persona del Rey sag^da é inviolable, según ordena nuestra ConstiiLon pobtica; también la obediencia á las auforMades poíitmas y judiciales que nos gobiernan, y tienen por objeto la justicia y felicidad de los pueblos.
i cuya cabeza estaa constituidas. No se llame buen Cristiano, ni buen Español constitucional el que viola la persona del Rey, ^ 'que la ultraja de escrito <5. de palabra, el que promueve contra ella y esparce dicterios d calum-» nias que pueden excitar el menosprecio y vili pendio de su sagrada persona; no se llame tam poco ni verdadero Cristiano, ni verdadero español constitucional eí que insulta al gobierno y demas Autoridades, el que promueve rebeliones y lev„antamientos contra ellas; sabed que Jesu Cristo yí después sus Apostóles con S. Pablo no solo pre dicaron esta doctrina, sino que la ensenárou con el egemplo , como arriba dejamos dicho; si al guno se persuade que el obedecer la Constitu ción, cumplirla, y respetarla se opone á la Keli- ^ o n , vive muy equivocado, y es-necesario desen gañarlo, como efectiV{imerite, tratamos, de desengaaarlo con el egemplo ya citado de Jesu Cristo y los Apóstoles que r.espetíron y. cumplieron las leyes del Imperio RoTiiaño, cuya provincia era lá Jüdea. Nuestra Constitución política es la ley fun damental de la Monarquía, la ha jurado y admi tido el Rey, y la.ha jurado la Nación entera, y este es el fundamento mas sólido de su observan-- c[a. En cnanto á la Religión ya queda dicho que no admite otra que la Católica, únicá verdadera; pero estableciendo por una de las principales obli gaciones que los Españoles sean justos y benéhebs, este artículo nosda margen para inculcar salidamente el .egercicio de estas virtudes, princi pio y origen de todas las que; deben reinar entre personas constituidas en sociedad. La justicia encierra en si .tantas calidades y circunstancias, que era menester undargp escritó. para eijumeiarias, basje _el. depir ( poi: lo que-'
Jjace á su recomendación para IbS hombi'es pues tos en sociedad) qne es la que nos hace conce bir las ideas de la mas sana moral y rectitud;- esta virtud cristiana, que nuestra Constitución po lítica quiere quetengan los Españoles, es la q-ue nos contiene dentro' de nuestros justos debérts; la que nos manda que no hagamos mal al pro'- glmo ni en su vida, ni en su persona, ni en su honra, ni en su muger, ni en sus bienes, ni en' 6U hacienda-; la que nos estimula á ser fieles en nuestros contratos, á cumplir nuestras palabras,^ ácorresponder en nuestras obligaciones; á no: mentir ni faltar al prdgimo, fundando todos es tos debéres en la caridad, que después del amor de Dios sobre todas las cosas, nos manda amarai progimo como á nosotros mismos. La beneficencia, otra de las virtudes encarga das por nuestra Constitución política, tiene por obgeto sobre el cumplimiento de nuestras obliga ciones de justicia para con los prdgimos, el ha cerles bien por efecto de benevolencia: los prin cipios de la religión, y la virtud de la benefi cencia exigen dé nosotros que cuando reparamos en nuestros prdgimos que están necesitados, 'les so corramos , cuando oprimidos, les favorezcamos, cuando afligidos y desconsolados, les alentemos, cuando perseguidos los acojamos, cuando les vea mos que no pueden cumplir sus empeños, Jes perdonemos sus deudas, cuando necesiten de nues tros empréstitos, les alarguemos sin usuras; y he aqui la suma brevísimamente compendiada de lo que importan estas expresiones, que contiene nuestra Constitución política ; he aqui Jo que quilieramos persuadiros íntimamente; he aqui lo que entendemos por pura y sdlidamente constitu cional ; no nos engañemos; fieles nuestros ama
dos hijos en Jesü-Cristo, el verdadero cnsfiand ama',’ respeta, obedece y está fieiinente sumiso á Jas .au toridades ; si convencidos vosotros de esta verdad, camináis por esta senda, seréis buenos cristianos, fieles esposos , honrados padres de familia, exac tos en ei cumplimiento de vuestros deberes, cria réis á vuestros hijos en obediencia y subordina ción , cuidaréis mucho de su buena educación, y de separarlos de las milas compañías que pue den pervertirlos, ios acostumbraréis ai trabajo y, aplicación, evitando la ociosidad y libertinaje madre de todos los vicios, á vuestras hijas en re cato y honestidad ; haréis que desaparezcan de nuestra patria las riñas, las disensiones, los odios y enemistades, y viviréis en una paz envidiable; todo esto significan aquellas virtudes de que quie-: re nuestra Coastituciü.'i política, que esten ador nados los Españoles. La Religión Santa de Jesu cristo nos conduce i la vida eterna; y el estado político interesa sobremanera en que los miem bros de este cuerpo civil conspiren y contribu yan todos al logro de una felicidad que" aunque temporal se dirige á la consecución de la que ha de durar eteruamente. Nosotros por una estre chísima obligación de nuestro ministerio no po demos dejar de inculcaros con tanto empeño es tas verdades, que no tienden á otro obgeto que ádesearos este bien espiritual; os queremos persua dir, si, Jo volvemos á repetir, que seáis ■ benéficos y justos y verdaderos Cristianos, y para conseguir lo ademas de la observancia délos divinos pre ceptos; por lo que hace al estado social en que vivimos, es indispensable sujetarse á la ley, y res petar á los buperiores. Esta doctrina Ja tenemos frecuentemente repetida en nuestros exortos y en aucstras continuas pláticas á todos vosotros los
fieles de nuestra Diócesis en general y en par-' ticuíar tanto á los dfe Zaragoza, como á los de' los demás pueblos gué hemos visitado ; Jo tene mos prevenido ademas-, y encargado á nuestros eclesiásticos; y haciendo ahorá particular asunto de' este importante negocio, se viieJve'de nuevo núes-' tro discurso, a vosotros'amados hermanos y compa ñeros en el ministerio apostólico, sacerdotes del aití- ' simo de cualquiera ciñe que seáis; y en ^ípeciaJ a los que como párpeos íeneis’confiada, i vuestra in-' mediata dirección las respectivas porciones de este numeroso y escogido rebano del pastor celestia/.* ha-‘ cía vosotros se vuelve nuestro discurso. Nos halle- ' mas , es verdad sumamente gozosos y agradecidos ' al ver Por la misericordia del señor, ninguno de los individuos de nuestro clero ha tenido Ja menor parte en Jas alteraciones acaecidas en algu nos putb.os de la Diócesis, desde el verano arite- «detite; antes bien nf\s consta del modo mas'áu-* tantico, que en todas ellas habéis cooperado con su-‘ ma eficacia al restablecimiento de] buen orden ’ Mas es preciso no descaecer; y i este fin aun que os lo habernos mandado ya otras veces os lo repetimos ahora de nuevo, inculcad con fre-' cuencia estas verdades, ios unos en vuestras con-' versaciones familiares y discursos privados Jos* otros en las publicas exoríaciones a vuestros fe ' ligre?es:-y no os canséis hasta lograr de ellos Ja mas cumplida observancia; leedles puhlicam-nte es ta nuestra exhortación al tiempo de Ja misa par roquial en el primer día festivo, después que la ha yáis recibido: y no olvidéis la expiicaclon Je nuestra Constitución política, según os tenemos encar gado. Desengañadlos que la Redama sagrada Oe J^ü-Cristo jam.s dejara de cou.:e:i.;r com. ua atentado horrible cualquiera especie de hisú:r:ccioa,'