Justicia es juicio de Dios
Abstract
Ponzano Portanell, Mariano; Gallifa, Antonio
Full text
.1.: j.- ' ES JUICIO DE DIOS. \ -, J U ra tn a a c to s D. MABUNO PONZAPÍO Y PO m SElL. Z A R A G O Z A . Im prenta de Antonito OalUfa. 1S46, : '■i /
r IVi -»»0-»^!e5€K>-C-« D. Guillen, Sr. de loarre. D. IVufío, amante de Dofta Elvira. El Bey D. Ramiro. ^ • • Gimeno, Escudero de D. Guíllen. Fortun. Lizana. Iñigo. Gonzalo. Doña Elvira de Yidaura. Blanca. Inés. G)ái •óMJUtó. J
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'V ü(B !í(D M ü m a a ® , -F í - \ [* eoe«eo liA CITA CASTILLO DE D. GUILLEN. S 'alón gótico alumbrado por una lámpara de cobre. —Ventana practicable al frente.—A la izquierda puerta principal, á la derecha dos puertas que con ducen a las habitaciones.—Una mesa cubierta en el centro y sillón; en el que se encuentra sentada tlvira en situación angustiosa. Inés cierra la ven tana después de haber reconocido el campo. ESCENA PRIMERA. Inés, Elvira. Inés. ^ ¡Muy oscura está la noche! No es fácil que nadie le pueda conocer. Elvika. Ysinembargo, Inés, cuanto masise acer ca la hora, mas crece mi angustia y sobresalto. Inés. ¿Y qué remedio había Señora? querríais veros sacrificada á las miras inícuasdeD. Guillen? / ^
Elvira. Todo hubiera sido mejorquecomprometer la vida de D. Ñuño. noveo tal compromiso. D. Guillen ha salido esta mañana para una de sus acostum bradas cazerias, en las cuales emplea siempre de cuatro á cinco dias. Su escudero favorito esta tan de parte nuestra, que él mismo se ha encargado de facilitarla entrada á D. Ñuño por una poterna de la cual él solo tiene conoci miento. Nada hay pues que temer. sipor casualidad volviese esta noche D. Guillen ¿qué será de nosotras? Inés. Aun dado ese caso, que no es fácil, como el puente está ya levantado, mientras se abria a D. Guillen, sobraba tiempo para poner en salvo á D. Ñuño. Elvira. Tü lo hallas todo muy llano, pero yo tiemblo; porque sí D. Guillen, no digo supie— ra, sino que sospechara nuestro proyecto, se na terrible en su venganza. No ignoras que desde que D. Ñuño le pidió mi mano, á é! le aborrece de muerte y á mí me martiriza sin tregua. Inés. Y qué consigue? lo que todos los tiranos. No hay una Solapersona en toda la familia que no le deteste, al paso que todas están dispues tas á salvaros aun á riesgo de su vida. Elvi^ . Les agradezco en el alma su afecto y quisiera poder recompensárseles un dia; pero ¿qué puede hacer en su favor una infeliz huér fana sin mas protección ni apoyo que su mis mo opresor? solo arrastrarlos en su desgracia. ■{aohreiaUada) Inés , se oyen pasos ...... ! alguien se acerca ! Inés. Tranquilizaos, Señora; será Blanca: ve-
ré. ...{vá hÁcia la puerta.] Elvira. Ah, no!no te apartes de milado:’tengo tanto miedo! escen a II. Aielios, Gimeuo. Gimeno, [entrando.) Perdonadme, Señora, si rae atrevo á entrar sin vuestro permiso; enlas cir cunstancias en que nos encontramos no he creído oportuno anunciarme, y como van á dar Jas diez,necesitaba saber sieslaisdispuesta para recibirá D. Ñuño. Elvira. Fiando devos misalvacion, estáis dis pensado por esta vez; pero decidme, Gimeno ¿tenéis seguridad de que no seremos sorpren didos? . Gimexo. Muy completa, Señora. D. Guillen no vendrá tan pronto á su castillo de Loarre: le. alejan do aqui motivos mas poderosos que la caza: ya conocéis su ambición, ylosasuntos de Ja corte le tendrán á esta hora muy ocupado en Huesca. Gracias á mi previsión no sedará el golpe en vago. Con pretesto de la ausencia del Señor he suprimido la ronda def castillo y disminuido las centinelas: también he sido un poco pródigo con el vino y la cecina, y lejos de espiarnos los criados, se darán por muy contentos de que no les estorbemos. Elvira. Si Dios nos saca con felicidad, contad con mi reconocimiento. Gímelo. No pretendo mas que la honra de en
strar á vuestro servicio; porque en verdad que si los que me envidian la suerte de ser mas bien el amigo que el escudero de D. Guillen, conociesen mi verdadera posición, me compa decerían; pues esa predilección no me propor ciona mas que terribles compromisos. Elvira. Lo creo, Gimeno; porque la cama del malo lacera las carnes, y su pan llena la boca de arena, {se oyen las diez.) Gimeno, [con intención). Señora es la hora, buen ánimo y confiad en Dios (wse). Elvira. Sí, y soloenDios: élque vémicuita, y que no es la liviandad la que.me impulsa á dar este arriesgado paso, tenga compasión de mi. ¡Padres de mi corazón I ya que no tuve la ven tura de precederos al sepulcro, y que me de jasteis huérfana yentregadaen manos del hom bre peor entre los malos,veladpor vuestradesgraciada hija! Inés. Señora, cesad en afligiros; tal vez esta nocheterminarán vuestras desgracias. Elvira. ¡Ah, Inés, el Cielo te oiga! pero mucl^o temo que mi desventura no tenga fin sino con mi muerte. Inés. Esa desconfianza aumentavuestros pade cimientos... Ya vienen ........ Con vuestro per miso. Elvira. Inés, á mi lado. Mi virtud no teme, pe ro mi altivez se ofende de tu retirada: mi in tención es muy pura. Inés. Perdonad. •V-JV
n í escen a III. II. ]Vnño, ElTlra, Inés. Nüno. ¡Mi amada Elvira I cuanto he ansiado este momento {¡a besa la mano). Elvira. Lo creo,miNuño:aIzad;sentaos(se sien ta Elvira] Ñuño. Que me siente, Elvira! no os comprendo. Esa calma y la tristeza que manifestáis al ver me me hacen estremecer. ¿No me amarlas ya, por mi desgracia? Elvira, habríais cambiado de parecer? Elvira. Ingrato! si no os amara, nohubieracon sentido en recibiros tan á riesgo de mi honor, y cercada de tantos peligros. Nüno. Pues bien, no perdamos un momento: á cien pasos de aqui nos esperan mis criados con buenos caballos; al amanecer estaremos ya fuera de las tierras de D. Guillen y mañana en casa de mi tia, que os espera con los brazos abiertos, y con todo dispuesto para nuestro matrimonio. Elvira. Y solo los criados nos esperan? ¡Ah, todo se ha perdido! imposible. Ndño. Que decís, Elvira? Elvira. Si consentí en mi fuga fué porque es peraba ver á vuestro lado un sacerdote, y salir de aqui, no como la querida, sino como la es posa de D. Ñuño, y aun aisi os lo envié á decir. Ñuño. Es verdad; ¿pero quién queriais que se -atreviera á entrar en esta mansión del crimen
l e f f c " ' Per?not"h“" P U e d o . . . t u ^^segurároslo FMpIí p £ i « í i g) compasión de su juventud é im p lri^ íral lar de asesinarme. Oh» esto p« ímir.. ’ • perdonableí horroroso, imp V Z ír s S s i^ K El^ra^’ vosconsiste. GuarEN.'^^^NT por toda mi vida! cuanf'^V o'"'°;sa®^TerX y"*"" crepdmp £ “ ® ^os míos. Pero cendípnf' ® esposo amable y condesTo lo rh ^irrpf hienconeltiem. Elvira n primeros. ^í-viBA. Os comprendo; ¡Perdóname, míNuñu, 7^
fS sí causo tumuerte. ¡Nunca, D. Guillen, nunca! Guillen. Tan resuelta estáis? Elvira. Primero sufriera mil muertes. Guillen. Y \uestro D. Ñuño? Elvira. ¡Abl queréis atemorizarme?Moririades esperado si me conociese perjura. No, jamás! Guillen, iap. Cambiemos de estilo.) ¿Y me creeríais capaz de la bajeza de abusar de vues tra posición? ¿No tengo una espada? Me faltaa por ventura valor y razón para desbaratar para siempre vuestros planes.’’ Elvira. Pues bien, ponedle en libertad y os cumpliré lo prometido. Guillen. Soy mas generoso: no exijotantos sa crificios. Será; pero con la condición de que ha de prometer bajo su palabra de honor no turbar en lo sucesivo la tranquilidad de micasa. Elvira. Gracias; pero hacedme un favor. Guillen. Todavía mas, Elvira? Elvira. Permitidme que le vea yo partir. Guillen. Concedido.—¿Gimeno? Gimeno. Señor. Guillen. Escribe...—«D.Ñuño,desprecio vues tros insultos y compadezco vuestros crímenes. Todo os lo perdono por Elvira ypor quiensoy; pero prometedme bajo vuestra palabra de ho nor no turbar mas mi reposo, ni poner los pies en mis tierras. Marchad en el momento que os entreguen vuestras armas y caballo, y no me repliquéis, porque pudiera arrepentir se de su generosidad.=í^. Guiíicn.»=5Estais contenta? Elvira. Si Señor. Guillen. Retiraos á descansar, (/a acomjsaña has ta la puerta y vii$lve á la escena.) 2 "
f ■' 2.Í. *9 ESCENA YED. Ctiillen, Gim«ito. tiüiLLEN. ¿Qué te parece, Cimeno? tliMENO.' Que habéis andado demasiado generoso- . r ' <iuiLLEN. No.tanto coinó piensas. ¡Qué reso lución y qué maUcia tiene la ftiñal proponer me •éncerrarse en un convento y cederme sus bienes para luego que se hubiera visto fuera de lili poder alegar la viótencia y burlarse de im. No, señores; se las han VV. 'con D. Guillen... Está cerrado? Gimeno. Si señor. Guillen: Ahora liarás publico su contenido en tre toda la'famiíia ycoméntarás el hecho de es ta noche eomo-nos' conviene. Dentro de una hora harás que se dé libertad á J). Ñuño y pa sadas dos á sus criados. Gimbno. -Muyhiten-. Guíllen. Espera; ahora tomarás los dos hombres de tu cbnfiarizai te apostarás ep el camino por donde ha de pasar D. Ñuño, y probaras en su - pecho la hoja de tu daga.^ ' G imeno. (pair» st)-. Un asesinato/ Guíllén. (eoffietídole el hraso y con-Wítewcio») Du das; Gimeno? •Gimeno.‘ -Yó, seáér...» no. Guíllen. Gimeno! bien cumplido, oro; mal, ca beza por cabeza. ADios-. (Sc^^d?ir<io/e la puerta. ---l^éGMneno}. Al amanecer^®. Ñuño emla otra vidaj'luegU yo mecdmppndfé conKvira. ■'■V ,'V.’ ;--35
' EL MISMO SALON. Blanca é Inés entran observando cada una por ta puer ta opuesta. - ’t,rESCENA PRIMERA. Inés; Blauea. Blanca.. ¿Has indagado alguna cosa? Inés. Nada, Blanca ¿y tu? Blanca. Tampoco; qué noche tan horror.osal In^s. ¡Pobre Doña Elviral Qué será dé ella? Blanca, ¡Ah Inés! por qué la dejaste sola? Ilps, ¿Y qué había de hacer'si me mandó D. Güjllén. en tono amenazador que mé^ retirase á mi'estáncia,previniéndpmé que yano 'perteneál servició de la Señora, y diciéodóme'pa-
90 labras tan afrentosas que no sé como no caí muerta á sus pies? Blanca. Malvadol y á mi me ordenólo mismo dicióndome, que toda vez que tu eras la que gozabas de la confianza de Doña Elvira y es tando esta algo delicada, debias pasar la no che en su compañía. Jnes. Pues; asi nos ha alejado a las dos de su lado. Blanca, siempre hemos sido amigas: ¿es verdad? Blanca. ¿Y pórque dudarlo? Inés. No es que lo dude, quiero decirte que ahora mas que nunca debemos estar muy unidas , y trabajar sin temor ni tregua pa ra averiguar endonde han encerrado á la Se ñora. Blanca. Y yo te lo prometo; pero ¿qué po dremos hacer dos infelices raugeres sin apo yo, y en una casa endonde no se ven sino ros tros tan feos que dá miedo mirarlos? Ninguno tiéne cara de hombre de bien. Inés. Y sin embargo tii puedes hacer mucho. Tu hermano es el favorito de D. Guillen y su instrumento para todo : ademas no queda duda de que él fue quién dirigió la intri ga de anoche para perdernos á todos ; pues hien;él sabe, ó no dudarlo, donde se hallaDoña Elvira. _ Blanca. ¡Desgraciada de mi! Tu ignoras queD. Guillen ha pervertido á mi hermano hasta el punto de hacerle perder lossentimientos natu rales. Hace ya mucho tiempo que Gimeno no ve en mi á su hermana;, es reservado y se avergüenza de que yo comprenda, ^ y le eche en cara su criminal condescendencia. En una
palabra, me mira como á un estorbo, como á su fiscal. Creeme, Inés, tu tienes mas ascen diente sobre su corazón. Inés. Eso es imposible. Blanca. No,Inés; yo sé que te ama, aunque su conciencia, demasiado manchada por desgra cia, le ha impedido manifestártelo. Inés. ¡Ah.'no me lo digas por favor! te amocomo á una hermana; pero detesto á Gimeno; me parece ver su mano armada siempre del puñal del asesino. Blanca. No me ofendo; porque sé que no pue den hermanarse jamás la virtud y el vicio; sin embargo unámonos en este momento, como tu has dicho, para salvar á Doña Elvira. Inés. Eso,si;de todo mi corazón. ¡Pobre Seño ra, tan buena como desgraciada! Blanca. Pues bien. Inés, yo rne valdré del poco ascendiente de hermana, y. tu mírale con bue nos ojos. Esta ficción no es un delito, y acaso nuestros esfuerzos no sean inútiles para ar rancarle el secreto. Inés. Yo te lo prometo; pero me cuesta tanto fingir.' (se oye abrir una puerta inmediata) Vie ne jente: huyamos (van^e). ESCENA II. D.* ^esM»u€s Cümeno. D. Guillen. Mucho tarda Gimeno. ¡Qué impa ciente estoy hasta saber si ha salido bien del lance! Oh/ de lo contrario habría mañana tres hombres menos en el mundo!
9 9 lU r Gimeno, [por la puerta.secreta). Señor? Guillen, Adelante, Gimeno. ¿Y bien? Gimeno. Ha debido morir. Guillen. Cómoescso?consuposicionesmevcnis ahora? De algún tiempo á esta parte hoto que mis órdenes se ejecutan á medias, y Toto á S. Millan que Como llegue á sospechar la menor falsia he de hacer rodar tu cabeza. Gimeno. Señor, dignaos oirme. Guillen. Breve y con verdad. Gimeno. Nos apostamos á la entrada del bosque y á orillas del camino. Llega D. Ñuño y de Un golpe de lanza dobla el caballo las rodillas: in mediatamente nos lanzamos sobre el ginete daga en mano, quien al primer golpe grita jasesmoí!.. y al mismo tiempo oímos un tro pel de caballos que se acerca á nosotros: fue forzoso abandonarle é Internarnos en el bos que , hasta que pasado todo rumor volvi mos al sitio , y ya no hallamos mas qüe el caballo. Guillen. Y eso es todo? Oh rabial Ni aun laseguridad de que es muerto? de qué me han ser vido mis precauciones? Gimeno. Pero, Señor, de que es muerto nO hay duda; las dagas no estuvieron ociosas. Guillen. Y aunque eso sea; no es lo mismo que haberle dejado desnudo y con la carta á sü in mediación, porque entonces todos hubieran creído de buena fé que había sido víctima de algunos salteadores ; y no hubiera recaído sospecha alguna sobre mi. Sois muy tór-r pe, señor Gimeno, cuando queréis: pero co mo el resultado me sea funesto.... ¡Tiem bla! V
V Gimeno. Haréis lo que gustéis, pero os repko que po se pudo hacer mas. Guillen. Basta. Todos los infanzones de la co marca estarán aquí al momento: mucha vigi lancia para que nada se trasluzca, y avisarme en el momento que lleguen. Seamos políticos - I- \ ■ Gímeno. Yo me balloperdido sinremedio.jQue hombre tan perversol Insensiblemente pie ha hundido en el crimen y al fin mehárá perecer. Aun cuando no estuviera convencido delqque ..es. capaz, no me podían .dejar duda siis espresiones. ESCENA III. Blanca, Inés y Blm eiio. Gimeno {aparte). Blanca ó Inés,•afectemos sereni dad.—Buen dia, Señoras. ¿Cómo tan madru- . gadoras? Blanca. No madruga el que no se acuesta. Gimeno., Cómo asi? Inés. ¡Y sois vos quien lo pregunta! Has visto, Blanca, un disimulo mas necio que él de tu hermano? Gimbno. Por Dios que no os comprendoBlanca. NÓ,Gimeno?'pues nosotras te haremos comprender. Gimeno. Silencio, Blanca; mirad que en esta casa las paredes oyen. r'^ ^Ines. No: las paredes nunca oyeron: los espías
^ ' r - y los traidores como vos,si.Negadquemealentasteís para poner en ejecución los medios de salvar á mi Señora, y que disteis luego cuenta á D. Guillen para que abortase el plan, y nos hundiésemos todos en la desgracia. Gimeno. Os aseguro que no; solo la suspica cia de D. Guillen dió al traste con el pro yecto. Blanca. Mientes,Gimeno; porque á ser asi, co nozco, á D. Guillen, no hubieras visto hoy na cer el sol. Me avergüenzo de que seas mi her mano, infeliz! Siquiera hicieras el mal por tu propio provecho, y no que eres el despreciable instrumento de un malvado. Vergonzosa re compensa es la tuya, desgraciado; unos cuan tos escudos arrojados con vilipendio como á un verdugo. Gimeno. Calla, Blanca; calla!!! Blanca. No, no callaré. ¿Pensáis por ventura que os tenemos miedo? te engañas. Di á don de habéis llevado á Doña Elvira. Gimeno. Mira que todos nos perdemos. Inés. Ni aun en eso decís verdad; porque vos ya lo’estais, lo está mi Señora, y lo estoy yo, pues huérfana como ella, no tenia mas ampa ro que el suyo, y me le habéis quitado. Blanca. Lo oyes,Gimeno? y no te remuerde la conciencia? y nada barias por tu hermana? na da por la dama que dijistes amabas algún dia? Gimeno. Si... tal vez.... pero.... [laretira á un lado) Blanca.hace tiempo que mi cabeza no es tá segura sobre mis hombros; ¿Querrías verla rodar? Blanca. ¿Y piensas, desgraciado, quenorodará ^ de todosmodos si continuas siendo el ciego ins-
truniento de D. Guillen? No conoces, desdi chado, que en el momento en que no te nece site se deshará del testigo y cómplice de sus crímenes? Y antes que llegue ese caso ¿no te mes que te la haga caer de los hombros jme horrorizol el hacha del verdugo? Gimeno. Blanca, ¡ahí no me lo digas por piedadü „ Blanca. Pues bien, Gimeno, salva á Doña El vira y habras dado un gran paso para salir del cieno del oprobio en donde te has hun dido. Inés. Hacedlo por vos mismo; aun es tiempo. Una buena acción puede borrar muchas malas. Gimeno. Imposible, marchad; salid de aquí: si nos viera D. Guillen, éramos perdidos. Inés. ¡Habéis tenido tanto valor para hacer el mal, y sois tari cobarde para el bien! Blanca. No lo esperes, no nos falta valor: es tamos resueltas á perecer: guianos á donde es tá Doña Elvira. Gimeno. Blanca, no puedo: he avanzado dema siado por mi desgracia; ¡Es imposible retroce der! ¿Yes esta mano? Blanca. ¡Qué! Inés. Acaba. , j v Gimeno. D. Guillen {se oyenpasos:huyenlasao$.) ESCENA IV. FortuU) Iñigo, liizaiia y otros nobles* tiíANA. Guarde Dios al escudero. Gimeno. SeñoreS;besoos la mano; tomad asíenm .
IV 3» que he de descubrir los asesinos aunque se es condan en las entrañas de la tierra. Guillen. ¡Que fatalidad! y yo pude haberlo evitado: no se puede ser tan generoso. Fortun. ¿y no lo hicisteis, D. Guillen? ¿y le han asesinado á la inmediación de vuestro cas tillo? ¡Ah! permitidme que os diga.... Guillen. ¿Qué? querríais hacerme un cargo porque teniendo derecho para hacerle caer la cabeza de los hombros, mandé ponerle en li bertad? Iñigo. Permitidme, D. Guillen, que os diga, que para tener derecho de quitar la vida á un caballero se necesita muy poderoso motivo. Guillen. Siento revelaros un hecho tan escan daloso, que yo mismo quisiera ignorar. Ano che instruido D. Ñuño de que yo habia salido de caza, y fiado en mi ausencia, se introdujo armado ocultamente hasta esta misma estan cia, y cogiendo del brazo á Doña Elvira se empeñó en robarla no bastando la resistencia que ella le oponía. Sorprendido por mí, que di la vuelta mas pronto que pensaba por tene ros convocados para esta mañana, me insultó mil veces, me desafió otras tantas, y viendo que yo despreciaba sus furores, trató de ase sinarme y si mis criados no llegan tan á tiem po lo verifica, porque yo estaba desarmado. Mirando por la reputación de Elvira y no que riendo que tuviese publicidad este hecho, mandé que se le pusiera en libertad, con sola . la condición de que no turbase en lo sucesivo el reposo de mi casa. Ved ahora, señores, si hé andado clemente y circunspecto, c Fortun. En ese mismo relato encuentro mil
33 inverosimilitudes. Ñuño era tan hidalgo como valiente, y jamás hubiera obrado de la manera que suponéis. Cuanto habéis dicho es lina im postura, y en presencia de todos os digo que mentís como un villano. Guillen. ¿Y sabéis, D. Fortun, lo que pide esa palabra?. •Fortün. Lo sé y por lo tanto os repito que sois un impostor. Lizana. Señores, no estamos en situación de cometer imprudencias. Gonzalo (apetríe). Fortun, disimula; yo te lo ecsigo. Guillen. Y sin embargo se cometen; pero yo les pondré término á su tiempo.—Gimeno. Gimeno. Señor. Guillen. Anoche y á una hora de aquí fue asesinado D. Ñuño: tomarás toda la gente po sible del Castillo, y hasta.dar caza á los asesi nos no te permitirás descanso ¡Infelices de ellos si caen en mi poderi Colgados de las en cinas han de servir de pasto já los cuervos. Marcha. Lizana. No esperábamos menos de vos. Guillen. Esto cumple á mi honor y á la jus ticia, lo demas después. Ahora os repito que descanséis. Gonzalo. Ya conocéis que nos es imposible. Fortun, vamos. Lizana. Nosotros os acompañaremos también. Señores, fuera mengua no tributar el último homenaje á un caballero con quien so honraba la nobleza de Aragón. Guillen. Yo iria con vosotros: porque, creed me,le estimaba; pero ya conocéis que la sitúaI
34 . t cion de mi casa no me lo permite. Pasado ma ñana nos veremos en Moozon. Tonos. A Dios, D. Guillen. Güillen. Buen viage, Señores. Fortun. se ha quedade el último eon inímcíow) .Después de hacer los funerales á D.Nuño volveré para ayudaros a buscar al asesino. Guíllen. Guando gustéis: me encontrareis dis puesto á complaceros. Fortun. ¿Me habéis comprendido, D Guillen? Guillen. Si por Dios, Fortun. , Fortun. A muerte, D. Guillen, á muerte. Guillen. jAi de vosl sí, á muerte. 4 - 1 J -
3& X ■ a iia s a iB íD * ' 1 ^ H C in A . Un panteón; sepulcros á derecha é izquierda y un altar d e la virgen ai frente. Está alumbrada por una lámpara. ESCENA PRIMERA. E lvira. De nimias en la tarima. Elvi&ü. Bendita Virgen María, Astro do radiante luz. Por el árbol de la cruz Socórreme en mi agonía. Duélete de mi quebranto, Señora, que soy múger; Y me siento fallecer En esta mansión de espanto. Dadme, Señora, valor Para que en trance tan fuerte Sufra mil veces la muerte Antes; que perder mi honor. Muera si es tu voluntad; Pero guarde mi ataúd Sin mancilla mi virtud Por toda la eteriúdad. [Abren la puerta.) ;Socórreme, Virgen M.aria! til
36 ESCENA II. Elvira, GÍmei>o. Este se coloca en medio de la escena con los brazos cruzados y la cabeza iucUnadv al pecho. Gimeno. Elvira. Gimeno. ¿Señora? ¿señora? ¿Qae me queréis? [Aparte. No acierto á hablarla).... Una gracia Elvira.¡Una gracia! Vos que sois mi carcele ro, me pedís á mi una gracia?á mí, muger infe liz, abandonada de todo el mundo, y conde nada á vivir entre los muertos? Gimeno. Y sin embargo vuestro carcelero es mas infeliz que vos, .porque vuestra conciencia está tranquila; y si vos señora muriereis en es te momento so abfirian las puertas del cielo para recibiros, porque habéis sido un ángel en la tierra; y yo no encontraría abiertas mas que las del infierno, porque he sido el ciego ins trumento de un perverso, estoy cubierto de crímenes, y ... . Elvira. jAcaba, miserable! quó me vienes á anunciar? Gimeno. [dobla la rodilla) [Perdón, Señora! Elvira. ¡Desgraciada de mi! Te comprendo, si. He oido decir que el verdugo pide perdón á la víctima antes de sacrificarla, y tu me lo pides á mi porque vienes á asesinarme. Sí no hay duda; te veo la daga en el cinto, y dudas y tiemblas porque vas á cometer un crimen horroroso ¡muy horroroso! Gimbno. Ah! no: no es eso.
• U - 39 Elvira. Dios mió, Dios mió, misericordia! Gímeno. Señora, tranquilizaos [va á cerrar la puerta.) Elvira. ¿Porque cierras esa puerta? ;Cruell¿qué te ha hechoesta infeliz muger?¿y nometendrias compasión? ¿ynotemeriasel castigodel cielo? Gímeno. Señora, os repito que nada temáis, {¡a vuelve á dejar abierta.) Cerraba la puerta por que si D. Guillen oyese nuestra conversación todo estaba perdido; y la daga que traigo al cinto lejos de ser para vuestro daño es para vuestra salvación. Armaosde valor: ahora aun que D. Guillen quisiera atropellaros ya no estais indefensa: tomadla. Elvira, {la toma y la besa.) Gracias, gracias, Gimeno; Dios mió, ya puedo hacems el, sa crificio de mi vida para conservar mi honor! Gimeno. Nnnca tal cosa; Señora. Si os vieseis en un apuro, clavadla en el pecho de vuestro opresor. Pero no será,porque yo quiero salva ros aun á costa de mi vida, y lo conseguiré. Elvira. Pues bien decidme ¿de qué modo? Gimeno. No lo sé bien, Señora; pero tened es peranza; acaso antes de un día, tal vez de una hora... Elvira. Y cómo queréis que inefie de vos? Có mo habéis podido olvidar que aun no hace dos dias me vendisteis, y que me habéis hundido en la mayor desgracia? Gimeno. Teneis razón, Señora: nadie debe fiar se de un traidor. Pero basta de crímenes ¡os lo juro! Gimeno ha cometido ya el último y solo desea vuestro perdón; porque os ha hecho mucho daño y porque vos podéis apartar de mi garganta el hacha del verdugo.
3» Elvira. Me horrorizas, Gimeno: tus palabras hielan toda mi sangre en las venas. Ese ulti mo crimen que tanto te espanta no es el que has cometido contra mi, no. Os conozco ;bárbaro! habrás asesinado á D. Ñuño? Di—res ponde. Gimeno. {aparte j qué tormento/) ¿Quién?, .yo... no. [se mira la mano con espanto.) mi mano no esta manchada con su sangre..... Elvira, Pues bien ¿qué ha sido de él? ¿donde esta? porque tu debes saberlo. Gímeno. [aparte /qué tortura/) Acaso.... tal vez ....... Ño sé. Elvíra. ¡No lo sabes infeliz! ¿y tiemblas y te enmudeces, y al oir su nombre te horrorizas? ¡monstruo! ¿por cuánto, di, has derramado aquella hidalga y preciosa sangre? ¿No sabias que por conservarla te hubiera yo dado todas jnis riquezas, y vertido hasta la ultima gota de lamia? ¿Y te atreves á demandarme perdón? ¿y me ©freces para salvarme tu mano teñida con la sangre de mi Ñuño? [mira la daga, se cstremece^se lapa los q/os.) ¡Que horror!! Tal vez la misma daga que ha desgarrado su pe cho!! iJa arroja.) Gimeno. Señora, moderaos por vuestro mismo bien. Perdonadme. Elvíra. No, no lo esperes: véte: huye de aquí: tu vista me hace daño, Gimeno. ¡Dios mió! para qué mas castígo que la maldición de la virtud y el desgarrador re mordimiento de una conciencia criminal. Elvira. ¡Ñuño, Ñoño, perdóname! ¡Maldita la hora en que puaste en mi tu cariño! ¡mi amor te ha muerto! [vuelta á Gimeno.) ¡Cobardes!
3 9 ¿poiqué no medísteis vuestraespada con lasuya? Gimeno. [con ansiedad) Señora ...... Elvira.. ¡Le tuvisteis miedo porque era un va liente, por eso le asesinasteis! ¡Cruelesl.. que réis que yo viva? ¿y habíais todavía de salvar me? ¡Ah, no! Tu Elvira te seguirá al sepulcro, amante desgraciado! {se oye b(^ar por la escale ra que conduce al panteón.) Gime^ . Oís, Señora: somos perdidos, disimu lad. [Eli>ira escuchaycoge h daga^la esconde,y se apoya del altar.) . ^ ^ j o -.. Giueno. (levantando la voz) Perdonad, Señora; pero yo no puedo satisfacer vuestros de^os:nadasé; aunque supiera no quebrantaría la orden que tengo de no hablar con vos mas que lo preciso. ¿Os falta alguna cosa? [durante esta parte de diálogo D. Guillen ha enírado quedán dosele brazos cruzados en la puerta.) Elvira. Nada. Gimeno. A Dios, Señora; y os aconsejo por vuestro propio interés que tratéis a mi Señor como merece, [con intención; al tiempo de reti rarse ve áD.GuiUen,se para y le saluda, D. Guillen avanza.) esc en a III. 1». auUleu, E lvir». D. Guillen. L allave fGimeno se la alarga: D. Guillen la toma y señala d Gimeno la puerta, el cual inclina la cabeza y se va.) D, GvíLLt^^{^ncarándoscáEivira.] ADios,Elvira.
40 Elvira. ¡Nuevo martirio! ¿Qué proyecto infer na! os conduce a mi presencia? D. Guillen. ¿Tanto espanto os causo? Elvira. Sí, D. Guillen; inconcebible por lo grande; y me haríais un favor en retiraros. D. Guillen. Siento no poder complaceros. Ya suponía yo que estaríais muy enconada conmi go, porque os habré parecido demasiado seve ro, y aun si se quiere algún tanto cruel, pero vuestra conducta me ha obligado á ello, bien á pesar mió. Elvira. Empezáis por insultarme? ¿qué tiene mi conducta de reprensible? No era libre para elegir el objeto de mi cariño? ¿Querriais que hubiera preferido á un miserable especulador, avaro, inmoral y cubierto de crímenes, ^al no ble, valiente y virtuoso D. Ñuño? ¡Nunca! Me habéis martirizado de mil modos, y vuestra ra bia infernal os ha llevado al estremo de hun dirme en la mansión de los muertos;pues bien; no doblegareis mi voluntad de hierro. Guillen, [aparte. Lo veremos.) Calmaos, Elvira; vengo de paz y necesito que me oigáis. Elvira. ¿Y qué pudierais decirque^os justifique á mis ojos? Nada absolutamente: retiraos por favor. Guillen. No será sin que me oigáis: y haceos cargo que me humillo demasiado. Soy vuestro tutor. Elvira. Es falso. Os apoderasteis de mi perso na y bienes por la desgraciada muerte de mi padre, vos solo sabéis el cómo; porque yo lo . ignoro y en verdad que daria la mitad de mi vi da por aclarar ciertas sospechas. Guillen. Estáis invencionera por vidamia y, 'V * S.*N
N.-N creedme, no he venido á este lugar para escu char necedades. Os repito que soy &. &. Os repito que soy vuestro tutor y que por consiguiente vuestro enlace no debía verificar se sin mi consentimiento; no obstante dispusis teis de vuestro corazón enfavor de un caballero pobre y de no gran renombre por sus hazañas, yo le reprobé como debía; pero como vuestro amor era muy romancesco necesitaba estar adornado de la rebeldía, rapto y fuga y asi lo intentasteis sin miramiento alguno. ¿Y sabéis, infeliz, lo que hubiera quedado al poco tiempo de ese sublime amor si yo no le hubiera corta do las alas? el hastio, el desprecio, la miseria y el abandono; porque vuestro amante no hu biera olvidado jamas la facilidad con que os ha bíais puesto en sus brazos: con vuestros intere ses se hubiera dado el rango que apetecía: pe ro una vez disipados,jhubierais sido á sus ojos, solo la muger fácil que le afrentaba; y desgra ciada, aborrecida y abandonada en un rincón de una aldea hubierais llorado por todo el res to de vuestra vida vuestra ciega credulidad. Elvira. D. Ñuño tenia una alma pura; la mal dición del cielo no pesaba sobre su cabeza por sus execrables delitos; no abrigaba tan bastar dos sentimientos, conocía mi virtud y me hu biera amado siempre,trayéndome aquellos pre ciosos dias de paz y ventura, que huyeron de mi con la muerte de mis tan queridos como malogrados padres; porque, lejos de conside rarme como una liviana y antojadiza doncella, me hubiera mirado como á la huérfana infeliz perseguida y acosada por un hombre miserable que pretende abusar de midesgraciadaposicion.
/ 48 Elvira. ¡Ah Señor, jamas ha manchado mi labio la mentiral Ramíro. Asi lo creo de una dama de calidad [toca una camparnta) Criado. Señor. Ramiro. Llamad á Lizana.—Señora, el rey os acoje bajo su protección; y si D. Guillen es criminal, aunque sea el primero de los infan zones de mi reino, no podrá apartar de su ca beza la espada de la justicia. Elvíra. Gracias, Señor. ESCENA iri. D* Ram iro, üizana. Elvira* y prudencia fio á Lizana. Señor? Ramíro. A-fueSíra» canas Doña Elvira de Vidaura. Lizana. A Doña Elvira? Ramíro. . Qué.' !a conocéis? Ramiro. ¿Si la conozco. Señor? Es la infortu nada pupila dcD. Guillen: su padre fue mi ami go y el mejor caballero de su tiempo, tan pru dente en el consejo como valiente en labatalla: ved si recibiré con gusto tan precioso-depósito. Elvíra. Gracias. Ramiro. Estoy contento de haberos proporcio nado ocasión de prestar este servicio á una antigua amistad. Señora, en este momento no puedo ocuparme de vuestro asunto; pero con tad que lo haré en breve. Lizana, voy á ves tirme para reeibir la nobleza: avisadme cuando se halle reunida [vase]. I
f 49 ESCENA IV. DiclKOS; menos el rey* Elvira. El cielo bendiga á V. A. Criado. Uq caballero quiere hablaros para un asunto muy urgente [Elvira se cubre con el IkanI’. Pues Señor está visto que en palacio es necesario ser de bronce. Retiraos Señora a esa estancia hasta que le despache, y luego os presentaré á mi esposa para que os propor cione los cuidados y descanso de que estaréis bien necesitada. Que entre. (Xa acompaña hasta la puerta y vuelve á la escena). ' ESCENA V. lilzanoj 9íuño. Ñuño. A Dios, mi buen Lizana. Lízana. Bien por Dios; ¿Quién diantre os trae aqui ahora? Ñoño. Quiero hablar al rey. Lizana. Bajad la voz: no puede ser; ya le ha blareis mas tarde: áDios. Ñoño. Imposible: no puedo perder un momen to: necesito prevenir á S. A. antes que llegue D. Guillen. Nada he podido saber de mi Elvi ra y es necesario que no salga ese malvado
fl»/' ■ \ "do palacio, sin que manifieste su paradero. ¡Infelizl ¿qué habrá sido de ella? Lizana. Eso, si; alborotad enlacámarade S. A. como si estuvieseis en vuestra casa (aparte: Si Elvira le oye tenemos un azar). Os repito que no puede escucharos en este momento. Nono. jQué calmal ¿Sabéis, Lizana, que con taba mas con vuestra amistad? . LizANA. ¿Y por qué nó? [aparte. Es necesario ^ecireelo). Sabed que yo he sido mas feliz: tengo noticia de donde se halla Dona Elvira y que se encuentra buena en cuanto .puede esrtarlo una infeliz que os cree muerto, ^ • Nono. ¡Ah! Con que sabéis el paradero de mi - -Elvira! ¿por qué me lo ocultabais?Decídmelo, pronto.... ¿doiide está? LizANA. Sí no os contenéis no os digo una.palabra mas. - • t-i j Ñuño. Bien coíuo'qoetws; pero hablad; no mC desesperéis. .. _ LizANA. ¡oué torbellino! Elvira no corre nes go alguno: el rey se encuentra enterado de.todoy laha recibido bajo su protección ¿que mas podéis desear? Ñuño. Luego está en palacio: yo quiero verla: necesito hablarla: la infamarán :éa.?pre.sencia deS. A., y eshécesario que sepa que vive su Ñuño para defenderla. ¡Elvira/.(yeíUÍo d6 una parte á otra). ¡Elviral -lizAííA, \Cd\\iú\ ¿estáis loco? er
&1 F ESCENA VI. Siclios, ElTlra. ri Elvíjlí {á la puerta). ¡Dios mió ! es su voz. {reconoce la escena) Si, el es? D. Ñuño. [Sepre~ ■cipitan el uno en los brazos del otro.) Nbno. ¡Elvira mía! {ElvLa se afecta y cae en los brazos de D. ^uño. Lizana. ¡Bravísinjol os habéis lucido. Nuno. ¡Que desesperación! siempre la soy fa tal ¡Elvira, Elvira mia! Lizana. Nada ¿y ahora qué hacemos? en lindo compromiso nos habéis puesto. Ñuño. Vuelve en ti ¡Elvira! mírame. Elvira, {volviendo en g^.l^NuñoL {le mira con desconfianza) ¿es verdad-que eres tu? Ñuño. Sí: tu Nuño-que no se apartará ya de tu lado. Lizaiía. ¡Gracias á Dios que hemos salido del ,apuro! Elv^ . ¡Ahí no te han muertoj pero te han y;Eeri(Jo ¡lofamesi Ñuño. No le dé pesadumbre. Yo bendigo una herida recibida por tu amor y que me hace mas digno de tu cariño. Elvlra. jSúp.ero yo nunca perdonaré al -rjueha derramado tu sangre. Ndñp._ Ni.yQ al que. te ha causado tantos tor-- mentos.' Lizí^a. Basta, Señores, de-niñerías: dentro de ,tra ÍD£ita.nte llegarán los nobles parahacer plei-
i tesía á S. A., quien no tendría gusto por cier to de que nos encontrasen aqui. (Salid). Nvm. ¡A dios, Elvira mía! (se dan la mano.) Elvira. A dios, mi D. Ñuño. Criado. La nobleza. Lizana. y bien ¿estáis contento? ¿por'donde salis ahora? seguidme: dejaré á Doña Elvira con mi esposa y os presentaré á S. A. para que te in formes, aunque de paso. NüÑo. Lizana; si antes deseaba hablará S. A. era por saber el paradero de mí Elvira. Ya la he hallado. Un noble venga sus ofensas con la espada; pero no se queja al Rey: proporcio nadme la salida y nada mas. Lizaha. Decisbien. (iá/cn'ado] Que entre, (^ansé) ESCENA VII. Cronasalo; F o rtu n , Ifilgoj nobles. Entra la nobleza que se esparce en grupos quedando mas cercado la embocadura el grupo de Gonzalo: Fortun, éiñigo.—Se oye gritar al pueblo en la plaza, ¡VivaD. Ramirol viva. Iñigo. Muy contento está el pueblo con el nue vo rey. Gonzalo. El pueblo siempre fué amigo de no- ^vedades y todo lo nuevo le place. Iñigo, (áforlun.) Por Dios que no creí veros aqui. EORTüií. Es la zorra tau mañera como cobarde, 5^ I'
í >». .Vv 53 y no me ha querido esperar en su madrigueraí pero por Dios que delante del mismo rey le he de tirar el guante á la cara. Gonzalo. Mal haréis, Fortün; porque creo que el rey no gusta de demasías. Fortün. ¿Y que otro medio queda con un inso lente y cobarde caballero, que después de 'ad mitir un reto esconde la cara? Iñigo. Teneis razón: ¿sabéis que me tiene con cuidado vuestro primo? Fortün. A mi también: ¡Separarse de nosotros sin decir nada, solo y tan débil auni Gonzalo. No es estraño; arde en deseos de venganza. Iñigo. Si; pero ya puede estar escarmentado y conocer á D. Guillen. Fortün. Mal caballero á fe mia; ¿sabéis Gon zalo que anduvisteis muy discreto en decirnos en la junta que Ñuño era muerto? Gonzalo Por la esplicacion de Ñuño, conocí que el autor del asesinato era D. Guillen, y que si sabia que no era muerto le hubie ra hecho espirar hasta lograr su intento. Pero si mi primo no cae debajo del caballo lo pasan mal, porque ya sabéis que tiene manos y co razón. Fortün. Muy utilhubierasidoparasalirdedudas. Iñigo. Mirad, Fortün, ya entra vuestra zorra. Que orgulloso y que vano.
54 ESCENA'Yin. lUcUos; ]>. G uillen. t [Entra D. Guillen con aire altanero’, iodos le saludan mmos el grupo que habla. Eortun. Pues no se La de escapar ahora sin que le diga dos palabras al oido. Gonzalo. Mirad lo que hacéis. Foetün. [se acerca ó D. Guillen.) Sabéis D. Guillen que por no haber cumplido vuestra pa labra’’, me habéis hecho rebentar mi mejor caba llo en busca vuestra? D. Guillen. Si no es mas que ese e! perjuicio, tomad uno cualquiera de mi caballeriza, que siempre valdrá mas que el vuestro. Fortun. Fortun no ha menester de los caballos deD. Guillen; lo que necesita es que D. Guillen sea mascumplido caballero, y que cuando acepta un reto, no se oculte cobardemente. Guillen. Si D. Guillen no tuviese otros asun tos mas importantes que dar una lección al in solente Fortun, ya la tendría recibida. Fortun. Pues bien ya que nos encontramos reunidos espero que dejareis por un momento - esos importantes asuntos, y en saliendo de pa lacio os dignéis darme esa lección que tanto apetezco. Guillen. Quedareis servido; pero os aconsejo que si teneis algo que arreglar ...... Un Rey de arelas. .. r. Él Rey. , r \
V ESCENA IX. IHelioS; el Rey, Ijizaiia, acompaitamiento. {D. Ramiro saludad los nobles que le vuelven el saludo, y se sienta en el trono.) D. Gdillen [saliendo al medio, de la escena.) Señor: ianoblezadeAragpn,queáDÍQguna cedecn valor y lealtad, representada por los caballeros que veiscD torno vuestro, os jura por su Rey, y al hacerospleitesía promcteacudirossiemprc quelobubiereis menester con su lanza y sus vasallos y derramar su sangre en defensa vuestra. Viva el reyD. Ramiro. Todos. ¡Viva! {El pueblo en la plaza repite los mvas.) Ramíro. Yo agradezco á tan esforzados caba lleros esos nobles sentimientos que dicen tan bien con su lealtad, y prometo á mi vez recom pensar sus servicios y hacerles justicia. Ahora aunque lo sienta, porque no veo en la guerra sino la ruina del país, os anuncio que tenemos que trocar las galas de la corte por los arneses de lidiar. Aprestad vuestra gente y Dios sea en nuestra ayuda. D. Guillen. Por mipartehe de acudiros con mil peones y cien lanzas mantenidas á mi costa. Fortun. Todos señores como buenos qs .acudi- - remos con el mayor número posible. .
50 Ramiro. Así lo esperaba de vosotros. B. Guíllén. Pues si V. A. nos dá su permiso partiremos á levantar el país para que el ene migo no nos baile desapercibidos. D. Ramiro. Esperad [Jiace una seña á Ltzana.) Habiendo salido, SS., del retiro y la oración \ para ceñir la corona, necesitaré de que me ins ' truyais en el arte de reinar, y para la primera lección os he elegido á vos í). Guillen. D. Guíllen. Y porque Señor á mi mejor que á otro. Ramiro. Eso os lo diré mas tarde. ¿Conocéis á Doña Elvira de Vidaura? Guillen. Por mi desgracia. Ramíró. Me ha demandado justicia contravos. Guíllen. Pero tan sin razón, como que yo soy quien debe ejercerla con ella y con loscómpliÁjét' ces de su fuga. Ramíro. Ved que hay rey en Aragón ¿Sabéis el motivo? ESCENA X. DicUos y Ijizaiia» Elvira» Blanca» Inés» Glmeno y otro que se quedan mas abajo del trono» y á la izquierda* Elvira dobla la rodilla delante del rey. Guillen. Si dije que sin razón, mal puedo sa ber el motivo. Ramíro. Alzad, Señora, y decid vuestra queja sin que os turbe el esplendor del trono» por-
- U que sus rayos solo hieren á los criminales. Elvira. No encareceré Señor los favores que D. Guillen recibiera de mis padres; sin embar go que ellos fueron tantos que bastaran á la brar un eterno agradecimiento en un pecho que no fuera de bronce. Creyólo asi mi padre, y á su muerte misteriosa me dejó bajo su cus todia y amparo; muy creido de que, como ami go que traidoramente se llamaba, velaría por mi felicidad. En la suya pensaba solo el mal vado D. Guillen; porque bien hallado con mis cuantiosos bienes, que aumentaban su poder y su influencia en la Córte, apenas tuve edad para ello, empezó á sondear mi corazón, requiriéndome de amores, y como yo me negase á sus deseos encerróme en su castillo de Loarre y ensayó en mi todo género de tormentos. D. Guillen. Señora....! D. Ramíro. [á D. Guillen.) Tened la lengua. [A Doña Elvira) Continuad. Doña Elvira. Un dia pidióle mi mano D. Ñu ño y despidióle cual no convenia á hidalga y bien intencionada persona; acreció su furor, y redobló mis martirios hasta un punto quenose hicieran sufrir mayores al mas odioso criminal. Por fin. Señor, pocos dias ha que D. Ñuño se resolvió á sacarme de mi prisión para realizar nuestro matrimonio; pero el infeliz cayó en la celada que el mismo D. Guillen le armó para perdernos. Si Señor, le hizo asesinar y encer rándome en el Panteón del Castillo llevó su perversidad al estremo de querer concluir con mi vida ó con mi honor, si no me hubieran salvado sus mismos cómplices. Ramiro. Oido la habéis: contestad.
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