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El rey Leovigildo, unificador nacional

Reinhart, William

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■_" '*1 EL REY LEOVIGILDO, UNIFICADOR NACIONAL Habían transcurrido ya cien años desde el desmoronamiento del {.ran Imperio romano, pero seguía la inestabilidad entre los pueblos vencedores y fundadores de nuevos Estados en el orbe romano. Les faltaba una coherencia espiritual, debido principalmente a la hete rogeneidad religiosa, racial y cultural. Se derrumbaron pronto varios de estos Estados, como los de los ostrogodos, gépidos, vándalos y hunos, y en cambio fueron absorbidos otros, como los de los suevos, burgundos y alamanos, por sus vecinos más poderosos y mejor unidos. Nuestra península también sufría entonces un cambio político trascendental al haber sido dividida por los invasores germánicos. No se los opuso ninguna resistencia, toda vez que aún faltaba a su población aquel espíritu de unión y ciudadanía que no pudo surgir durante el dominio romano, en que la península sólo formaba una entidad administrativa, pero no nacional. Por ello, lejos de oponerse a los invasores, sentían los hispánicos, según Orosio y Salviano, más bien cierto alivio, esperando que aquéllos serían llamados tal vez a restablecer la justicia y la prosperidad. Dueños los visigodos, a principios del siglo VI, de la mayor parte de la península, tuvieron la desgracia de no tener unos reyes que supieran consolidar y fortalecer su nuevo país, y esta debilidad polí tica supo aprovecharla hábilmente el gran Justiniano para sus planes del renacimiento del imperio romano universal. Habiendo ya des truido los reinos ostrogodos y vándalos, las guerras civiles en la Hispania, a mediados del siglo VI, le ofrecieron excelente oportunidad para incorporarla a su Imperio, y casi estuvo a punto de conseguirlo. Su muerte, sin embargo, y la sucesión al trono bizantino del débil Justino II, alteró pronto el cuadro político, ya que en el año 568 cayó Italia en manos de los longobardos. Fué el mismo año cuando hubo también un acontecimiento im portante en la península hispánica. El rey visigodo Liuva I se limitó a la gobernación de la provincia Narbonense y nombró a su hermano ■ Leovigildo para gobernar la Híspanla, con Toledo como capital. Con este rey recibió por fin el reino visigodo su primer monarca de gran talla, que en cuanto a sus aptitudes políticas y militares sobresalía de todos los demás de este reino 98 WM. REINHARf LA LUCHA POR LA UNIFICACION POLITICA Los problemas a resolver que se presentaron a Leovigildo fueron, según Juan Biclara, principal cronista de aquella época, diversos y difíciles. Hasta entonces había sido sometida solamente una gran parte de la península, y grandes regiones e isiotes conservaban su independencia bajo régulos y nobles territoriales. En el Noroeste exis tía aún el reino suevo con Braga como capital, y todo el litoral meri dional, con una parte de Levante, se encontraba en manos de los Bizantinos. Estos constituyeron el mayor peligro, pues amenazaban con sustituir la idea nacionalista visigoda por la tradición universa lista romana con ayuda de los propios hispánicos romanizados. Por lo tanto, tuvo que dirigir Leovigildo sus primeras campañas contra ellos, cayendo Málaga y la Bastetania, ya en el primer año, en sus manos. Durante los dos años siguientes, se apoderó de extensas co marcas con Córdoba y Sidonia. No pudo Leovigildo continuar sus campañas de liberación en el Sur, pues se le presentaron otras en el Norte de su país. Allí, en especial en la cuenca del Duero, apenas ha bía cambiado el régimen territorial y seguía la situación política aún bajo la influencia de los «possessores» locales, que no se decidían a reconocer la supremacía visigoda. Aquella región tenía como vecino el reino suevo, que nunca había tenido aspiraciones sobre ella. Cam biaron las cosas con el rey Miro, quien, al ver que Leovigildo se dis ponía a conquistar el resto de la Península, se adelantó a él cuando estaba aún ocupado en la Bética, empezando a su vez una campaña contra los «Ruccones», que se supone habitaban una parte de los montes cántabros. Desde allí se proponía marchar a la «Sabaria», pequeña comarca alrededor de Zamora. Leovigildo, al darse cuenta de los planes de su rival, suspendió la guerra en la Bética y se ade lantó a su vez a éste, ocupando en el año 573 la Sabaria. Poco des pués, en 574, realizó otra expedición a Cantabria y ocupa Amaya, continuando luego su marcha al país de la «Auregense», cuya situa ción es algo dudosa. Este gozaba bajo su régulo, Aspidio, una inde pendencia casi absoluta y se había sublevado con el probable auxilio de los suevos. Leovigildo se apoderó de la ciudad principal Aregia e hizo prisionero a Aspidio y su familia, incautándose de sus bienes. Después emprendió, en 576, una campaña propia contra el rey Miro, a quien derrotó. Miro, sin esperanza ya de obtener éxito contra los visigodos, le ofreció la paz. Leovigildo la aceptó, pues tenía que .pro seguir su expedición con cruel energía en el Norte. Sofocó rebeliones y debilitó la nobleza, confiscando sus bienes e implantando por fin su dominio allá. Habiendo muerto Liuva en el año 572, quedó desde entonces Leo vigildo como rey único. Per aquel tiempo .habla contraíio segando EL REY LEOVIGILDO, UNjFICADOR NACIONAL 99 matrimonio con Goswinta, viuda del rey Atanagildo y ferviente arriana. Los dos hijos de Leovigildo, Recaredo y Hermenegildo, fueron dé su primer consorcio, sin que se sepa con seguridad el nombre de su madre (1). Aun le quedaban por someter otras regiones, y se sabe que los «rústicos» de Oróspeda ofrecieron bastante resistencia hasta que fue ron vencidos. La situación de esta comarca fué objeto de varias con jeturas, y parece que debe buscársela entre Baza y Guadix. La pro ximidad de la zona ocupada por los bizantinos hace sospechar una ayuda de parte de éstos a los rebeldes. Terminadas estas campañas, quedaba sometida casi toda la Pe nínsula hasta la frontera sueva. Fué en aquel tiempo cuando fundó Leovigildo en la Celtiberia una ciudad, a la que en honor de su hijo Recaredo puso el nombre de Reccopolis. La amuralló fuertemente y concedió ciertos privilegios a los primeros habitantes (2). Consolidado el poderío político de su reino, se ocupó el monarca en dar a éste cierto esplendor cultural y personal. Mandó construir palacios e iglesias y estableció en Toledo una Corte Real al estilo romano, revistiendo el monarca además a la realeza de atributos ex ternos. Hasta entonces los reyes visigodos no se diferenciaron, según las costumbres germánicas, de los demás nobles. También se presentó ante sus subditos en el solio, ataviado con una vestidura de púrpura y adornado con una corona. Probablemente implantó Leovigildo estas innovaciones y otras semejantes para dar más relieve a la institu ción monárquica, a pesar de encontrar cierta oposición entre la no bleza. Principalmente trató de impresionar a sus súbditos romanos, que en número de siete millones constituían la gran mayoría de la población, mientras la de origen godo no llegó a alcanzar la cifra de cien mil almas. Había crecido entre tanto el prestigio de Leovi gildo como fundador de la unidad nacional hispánica, conseguido por primera vez en la historia de la Península. Llegó a ser igualmente el Juez supremo y el Legislador de toda la nación. No han llegado a nuestros días pinturas o esculturas de este mo narca, pero se observa su efigie con la vestidura real en las monedas que mandó acuñar. (1) Hay dos versiones por cronistas posteriores; la que más frecuentemente so sostiene es que la primera mujer de Leovigildo era Teodosia, hija de Severiano, Duque de Cartagena, y hermana de San Fulgencio, Leandro y San Isidoro y de la Santa Florentina. La otra versión habla de una princesa franca. (2) Fué destruida durante la invasión árabe. Su situación fué dudosa hasta ahora, pero se la descubrió encima de un cerro junto a Zorita, en la desembocadura del río Guadiela al Tajo. En el año 1944 hizo Juan Cabré las primeras excavaciones descubriendo la muralla, los fundamentos de una basílica y restos de columnas etc' Se esperan resultados importantes en futuras excavaciones. Los edificios de Recco polis sirvieren a los árabes para la construcción de una Alcazaba, así como para la edif:cac:cn de la actual aldea Zorita. En Reccopolis fueron acuñadas monedas de oro por varios reyes. i60 WM. REINHART LA REFORMA MONETTARIA Trasladado el poderío visigodo desde las Galias a Hispania, se empezó en seguida a batir monedas de oro, es decir, sueldos y trientes. Mientras los primeros eran de tipo romano, para los últimos, que se acuñaron en mucho mayor número, se estableció un tipo propio, con la «Victoria» alada en el reverso. AmbáS monedas llevaron, en los primeros tiempos, de acuerdo con un antiguo privilegio de los em peradores romanos,, los nombres imperiales contemporáneos. Leovigildo fué el primer monarca que rompió con esta costumbre, poniendo su propio nombre en las monedas áureas. Ya con anterioridad se habia suprimido los nombres de los em peradores bizantinos, dado la enemistad reinante con la Corte de Constantinopla, y asi vemos la gran mayoría de los trientes batidos desde las mitades del siglo VI hasta los tiempos de Leovigildo con leyendas compuestas de letras confusas y del todo ilegibles (Piezas números 1 a 3 de la lámina I). Sólo en un taller del Sur de Es paña, tal vez de Sevilla, se seguía grabando los nombres de Justiniano y Justino II, y como cosa interesante existen tres trientes que ense ñan claramente la evolución acuñadora hacia la nueva institución ordenada por Leovigildo. La moneda núm. 4 aun señala leyendas bi- "zantinas, es decir, en un lado el nombre de Justino II (567-578) y en el otro la Victoria visigótica estilizada con la leyenda, aunque de fectuosa, de VICTORIA AUG. La pieza núm. 5 es de tipo de transición, pues conserva íntegra mente el anverso, llevando sin embargo en el reverso ya el nombre de LIÜVIGILDI REGIS. En la próxima moneda, la núm. 6, ya aparece esta leyenda con el nombre real en ambos lados. Estas monedas nos ayudan en fecharlos por el reinado de Justino II, y podemos suponer que fueron batidos en los años 573 a 575, o sea en los años que seguían a los triunfos de Leovigildo sobre los bizantinos. En aquel tiempo se empezó a alterar las leyendas también en otros talleres monetarios hispánicos, como lo notamos por las mone das núms. 7 a 9, que salieron de los talleres que acuñaban anterior mente los trientes núms. 2 y 3. Los trientes de los núms. 2 y 7 se atribuyen a la ceca de Mérida, mientras los núms. 3, 8 y 9 salían del taller de Toledo. El rey se representa en éstos ricamente ataviado, . y la leyenda del anverso es de LIUVIGILDUS, y el reverso muestra INCLITÜS REX. Abajo queda la abreviación ONO como reminiscencia de los áureos bizantinos: CONOB == CONstantinopla y OBryzum (oro fino). Pocos años después se introduce un nuevo reverso: la Cruz sobré gradas. El anverso sigue con el nombre del rey, y como novedad lleva al reverso el nombre del taller monetario con un predicado al monarca. EL REY LEOVIGILDO, UNIFICADOR NACIONAL 101 Entre los triantes de este tipo destaca la pieza núm. 10, de Reccopolis, con las leyendas de LIUVIGILDUS REX y RECCOPOLITA. Los núme ros 11 y 12 son de Toledo e Hispalis, respectivamente. Cuando se acuñaban todas estas monedas, aun no había una ordenación monetaria uniforme para todo el país, lo que desprende mos por la variación de los tipos y las leyendas y por último tam bién de los pesos de los trientes. Al inmigrar los visigodos, acuñaban, al igual como en su reino tolosano, de acuerdo con el sistema mone tario romano, creado por Constantino el Grande. Su base era el «so lidas áureos», que pesaba 1-72 de la libra romana, o sea de 4.548 gra mos. El peso del tríente, por lo tanto, era de 1,52 gramos. En la parte occidental de la península circulaba entonces, al lado de las monedas romanas, un buen número de sueldos y trientes emitidos en el reino de los suevos, que no fueron acuñados de acuerdo con el sistema métrico romano, sino con pesos inferiores, o sean de sólo 3,75 y 1,25 gramos (1). Parece que hubo tendencia de parte de los hispano-visigodos en la segunda mitad del siglo VI en amoldar el peso de sus trientes a aquéllos, pues la gran mayoría de los trientes visigodos de aquel tiempo señalan pesos de sólo 1,20 a 1,30 gramos, incluso todos los trientes de Leovigildo con su busto a la derecha. Surgieron proba blemente Inconveniencias y trastornos en el mercado internacional por haberse abandonado el sistema romano, y Leovigildo introdujo por fin una reforma radical: Empezó a emitir una nueva serie de trientes, completamente distintos de los anteriores, y restableció al mismo tiempo el sistema métrico romano. Los nuevos trientes enseñan el monarca en ambos lados; el anverso lleva el nombre del rey, y el reverso el taller monetario junto con un epíteto, generalmente «Justus» o «Plus». Este nuevo tipo de moneda (los núms. 13 y 14) quedó inmovilizado durante las próximas decenas de años, hasta que Reccesvinto volvió a usar de nuevo el segundo tipo de la moneda de Leovigildo con su busto a la derecha. Se mantenía igualmente, con pocas excepciones pasajeras, el peso de, aproximadamente, 1,5 gra mos por tríente. Durante el reinado de Leovigildo se aumentó mucho el número de cecas, de las cuales hoy conocemos unas veinte. ' Por último, debe añadirse algunas palabras sobre los sueldos vi sigodos, que hasta ahora fueron desconocidos. Los traté por primera vez en el «Deutsches Jahrbuch für Numismatik», 1940-41 (2), y de mostré que un buen número de los sueldos mencionados en las fuentes literarias durante la monarquía visigoda era de cuño propio. La ma- (1) Véase Wm. Reiuhart: «El reino hispánico de los suevos y sus monedas», en Archivo Español de Arqueología, núm. 49, 1942. (2) «Die Münzen des wastgctischen Reiches von Toledo». Un nuevo estumo, ya en prensa, aparecerá en el núm. 60 del Archivo Español de Ai-queologia de 1945. 102 WM. REINHART yoría de ellos fueron emitidos en la primera mitad del siglo VI y llevan por lo tanto los nombres de los emperadores bizantinos con temporáneos. Recientemente reconoció D. Pió Beltrán un sueldo de Leovigildo en un catálogo de subasta de la casa Schulman, de Amsterdam, de 1935, considerado allí como de los reyes longobardos (nú mero 15). Su leyenda del anverso está algo confusa, pero en el reverso puede leerse el nombre de Leovigildo. Esta pieza demuestra que seguía la acuñación de sueldos, aunque en número muy reducido, hastá los tiempos de este monarca. INNOVACION CONSTITUCIONAL Y REFORMA LEGISLATIVA Otra novedad, esta vez constitucional, fué el nombramiento de sus hijos Recaredo y Hermenegildo como «consortes», medida que al mismo tiempo aseguraba la sucesión para su familia. Sus hijos, desde entonces llevaron el titulo de «Dux», confiándoles altos cargos po líticos. Importante ha sido la labor reformadora de Leovigildo en el te rreno legislativo. Según una frase de San Isidoro de Sevilla, «corrigió todo lo que no le parecía haber quedado bien establecido por Eurico, agregó muchas leyes omitidas y quitó otras supérfluas». Parece se guro que el Código Euriciano tenia entonces carácter de territoria lidad, asunto hoy muy discutido (1). Además, .según lo comprobó García Gallo, es probable que también tuvo tal carácter el Breviario de Alarico II, al cual Teudis había añadido, unos treinta años antes, sus propias leyes. El Breviario, promulgado en el año 506, segura mente fué introducido en seguida en la Híspanla, con su población entonces casi íntegramente romana. Posteriormente, es decir, du rante la regencia del rey ostrogodo Teodorico con su política pro romana, asi como durante el reinado de su discípulo Teudis, no debe haber habido cambio alguno en la aplicación del Breviario. Desde luego es seguro que los visigodos, al inmigrar a Híspanla, trajeron también el Código de Eurico, pero se asentaron en una región que hoy puede ser identificada por los hallazgos arqueológicos, mejor dicho, por las necrópolis visigodas, en una extensión que coincide poco más o menos con la de Castilla la Vieja (2). Tal vez continuaba allí la 0 , (1) Véa^ A. García Gallo: «Nacionalidad y territorialidad del Del^pcho pn Eí?- pana» en el Anuario del Der. Esp.. T. xm, 1936-41. así como laf ¿Sémic^ eñ trrno de ^te trabajo por Paulo Merea (Bol. de la Facult. de iS-e^ho^nl^e?? ^ 1944), así como de Emst Heymann en la Zeitschrift d Savignv Stift^g, 1943, y de Angel López Amo en la Revista Arbor, 1944. Por último * Wm Visigodos», en el Anuario d¿ PeniSuIa'L'TrcnTiS B^^ EL REY LEOVIGILDO, UNIFICADOR NACIONAL 103 aplicación del Código de Eurico junto con las leyes consuetudinarias de ellos, parte de las cuales siguieron en uso, precisamente allí, hasta en los siglos de la reconquista. Desde luego es significativo para la idea nacionalista de Leovigildo, el no haber usado el Breviario romá nico como base de su nuevo Código territorial, llamado más tarde «Codex RevisuS'^, sino el de Eurico con sus derechos romanos y godos. LA LUCHA RELIGIOSA Las fuentes contemporáneas nos hablan de la gran energía con que Leovigildo verificó su obra de reorganización interior, y ello se observa ante todo en las cuestiones religiosas, que continuamente se enlazaban con las políticas. Leovigildo defendió como arriano su pro pia religión, pero más bien por una conveniencia política. De acuerdo con la concepción germánica, reunió Leovigildo en su personalidad tanto el poder gubernamental como la jefatura de la Iglesia arriana. Su ideal, por lo tanto, era llegar a una comunidad religiosa, conser vando él su alta posición eclesiástica y creando así una Iglesia na cional con su sede en Toledo, es decir, con independencia completa de Roma. Desde que los francos, y últimamente los suevos, se convirtieron al catolicismo, quedaron los godos arríanos enclavados entre un mundo de influencia religiosa romana. Esta situación, lejos de intimidar a Leovigildo, le animó aún más a luchar para mejorar la posición de su credo. Conocía las aspiraciones de los bizantinos, aún sus vecinos del Sur, y debía pensar que en algún tiempo venidero reanudarían sus antiguos planes, contando siempre, como aliados espirituales, con sus propios hispánicos. Semejante ' peligro existía con los francos, enemigos desde los tiempos de Clodoveo, pudiendo éstos contar siem pre con los suevos, sus aliados naturales. De convertirse toda la po blación del reino visigodo a una religión distinta y dirigida desde Toledo, se evitaría, según el juicio de Leovigildo, cualquier guerra futura originada por ideales religiosos, tanto más cuanto que en aquel tiempo la vida' espiritual giraba constantemente sobre temas dogmá ticos, llegándose en muchos casos a conspiraciones y campañas bélicas. Leovigildo, para lograr su fin, invitó primero, tanto a los obispos católicos como a los arríanos, para celebrar juntas comunes, con la esperanza de que sus discusiones sobre cuestiones dogmáticas pudie ran suavizar las diferencias que separaban las dos religiones. No ha biendo podido lograr nada práctico, mandó celebrar, en el año 580, un sínodo, integrado únicamente por obispos arríanos y con asistencia de algunos nobles, para buscar una fórmula de unión de los dos credos, ya por medios más severos. Como resolución de ésta, se de claró la religión arriana como la única y verdadera del cristianismo, 104 WM. REINHART invitando a toda la población del reino a convertirse a ella. Se dis puso además abolir el rebautismo, y bastaba la imposición de las manos y la declaración jurada: «Gloria Patri per Filium in Espiritu Sancto», sustituyéndose así los «et» del Evangelio por las preposi ciones «per» e «in», pues en esto consistía la diferencia fundamental entre ambas religiones. Para facilitar aún más la conversión, admitió Leovigildo posteriormente otras concesiones dogmáticas e hizo pro nunciar por fin la igualdad de Jesucristo con Dios Padre. Esto lo conlirma Gregorio de Tours por el relato de un embajador que acababa de regresar de Toledo, y que añadió que dicha igualdad tal vez se extendería también al Espiritu Santo. Por todo ello vemos, pues, una condescendencia grande de parte del rey para la realización de su ideal en el terreno religioso. Efecti vamente, logró la conversión a la fe arriana de algunos obispos, entre ellos Vicente, de Zaragoza, y muchos presbíteros con sus parroquias, pero la gran mayoría seguía fiel al catolicismo. No pocos le hicieron franca oposición, y principalmente Masona, el famoso obispo de Mérida, a quien Leovigildo luego desterró y quiso sustituir por el obispo Suna, pero que, sin embargo, pudo volver a jsu sede después de tres años. Tal oposición al nuevo orden religioso ocasionó a su vez el em pleo de medios rigurosos, contra éstos, llegándose a más desterramientos de obispos católicos. Historiadores posteriores hablan tam bién de encarcelamientos severos y hasta de ejecuciones, datos que sin embargo no mencionan las fuentes contemporáneas. La muerte prematura de Leovigildo hizo fracasar todos los es fuerzos contra la religión católica, en los que ni siquiera encontraba apoyo en su propia familia, pues sus dos hijos se habían convencido de la imposibilidad de la realización de los planes de su padre. Her menegildo fué el primero que había sido ganado para la fe católica, mientras Recaredo, sucesor de su padre, verificó la unidad religiosa en un terreno más real y de acuerdo con los ideales ya establecidos en todo el mundo cristiano El LEVANTAMIENTO DE HERMENEGILDO La conversión de Hermenegildo ya debió haberse efectuado poco después de su casamiento con Ingunde, hija de la reina franca Brunehilda, de sangre visigoda (1). Seguramente no conocía su padre su inclinación religiosa, pues es de suponer que no le hubiera designado en el año 579 como Dux de la Hética, centro de catolicismo, con Lean dro como obispo de Sevilla. Fué éste quien un año después efectuó el rebautismo de Hermenegildo para el catolicismo. Leandro, tal vez (1) Era hija del rey Atanagildo y fué casada con Slgiberto, rey de Austrasia. EL REY LEOVIGILDO, UNIFICADOR NACIONAL 105 por inspiración de su prosélito, se fué poco después a Constantinopla en busca de auxilio, sin poder conseguirlo de modo eficaz durante los tres años de su estancia allá. La discrepancia entre padre e hijo se agudizó aún más cuando Hermenegildo se hizo titular rey, entrando en un pacto bélico con los bizantinos. Mandó además batir monedas de oro con la leyenda «Her menegildo Rex», e hizo fechar los documentos públicos a base de los años de su reinado. Finalmente celebró otro convenio con el rey suevo Miro, a quien sirvió esta alianza para poder luchar con Leovlgüdo, esta vez con mayores probabilidades de éxito. La. conversión de Hermenegildo ya no era de índole familiar y religioso; tuvo que tener una grave repercusión política. El mismo cronista Juan Biclara, obispo católico, perseguido por Leovlgüdo y desterrado en las montañas de Gerona, lejos de emplear palabras de censura contra éste, calificó la conducta de Hermenegildo como un acto de rebeldía que estorbaba la paz y originó el levantamiento de toda la provincia contra el rey. Igualmente San Isidoro, más tarde, er su «Historia^, le enjuiciaba con palabras duras para el paladín de la causa católica; sus simpatías están con el padre arriano; admira ante todo sus aciertos políticos y triunfos guerreros para la unidad nacional. Gregorio de Tours, a su vez, decía (Hist. Franc., VI, 18), que «un hijo no puede tener razón contra su padre, y, como es natural, el juicio divino pesaba sobre la cabeza del rebelde». La situación para el reino visigodo parecía bastante grave, puesto que los hilos de la conspiración llegaron también a los reinos francos. Se precisaba de toda la alta política de Leovigildo para deshacer la coalición que se preparó entre sus enemigos religiosos; pero lo pudo conseguir gracias a la prudente actitud del rey Kilperico, con el cual estuvo en relaciones para el casamiento de su hija Rigunda con Recaredo. Las rivalidades entre los Estados francos también evitaron su entrada en la guerra. Leovigildo vaciló mucho antes de decidirse a levantar las armas contra su hijo. Primero envió un ejército contra él al mando de su general Aion, mientras se dirigía contra los Bascos, ensanchando en una expedición victoriosa sus fronteras más hacia el Norte y fun dando luego la ciudad Victoriacum, hoy Vitoria. Terminada esta cam paña, se puso él mismo al frente de sus tropas y se dirigió a la Lusitania, donde tomó Cáceres y poco después Mérida. Durante esta cam paña recibió Leovigildo la embajada del rey Kilperico, quien le in formó sobre la dote de la princesa Rigunda. Recaredo no llegó a casarse con ella por dificultades políticas posteriores, pero aquellas negociaciones amistosas con la corte de un rey franco aliviaron la si tuación crítica en la cual se encontraba el rey visigodo. Una vez pacificada la Lusitania, marchó Leovigildo hacia Sevilla,