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Universidad y luchas urbanas en la Castilla bajomedieval

Val Valdivieso, María Isabel del

Abstract

Producción Científica

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UNIVERSIDAD Y LUCHAS URBANAS EN LA CASTILLA BAJOMEDIEVAL MYSABEI, DEL VAL VA1,DIVIESO Universidad de Valladolid 1.- En los siglos bajomedievales el interés social por la universidad se deja sentir en el propio transcurrir de la vida universitaria, e incluso, al menos en parte, incide en su progresiva transformación. La universidad, que aparece ya como una corporación urbana, acoge a un número creciente de estudiantes laicos, que, interesados por acceder a ciertos ~onocimicntos útiles para su vida profesional, frecuentan las aulas para seguir cursos de derecho, retórica, aritmética, medicina u otras ciencias; el nuevo interés que estos alumrios manifiestaii respecto al mundo del saber influye en la evolución de las escuelas'. Paralelamente, conscientes de su integración en el medio urbano, los centros superiores de enseñanza se van haciendo eco de las necesidades e intereses del medio en el que se desarrollan, lo que, unido a su necesidad de protección material, hace que acepten la intervención, la mayor parte de las veces indirecta, de poderes ajenos a ellos mismos2. La ciudad, y su clase dominante, lo misino que la iglesia y la monarquía, están interesadas en la universidad. Saben que a través de la misma es posible incrementar el grado de prestigio social -personal o colectivoy de poder (Salamanca se queja de los perjuicios que le provoca la presencia de la universidad, pero defenderá a ésta siempre que se sea necesario, pues se da cuenta de que lasventajas que obtiene de la misma son mucho más importantes que los posibles «males» que pueda provocar- le. De ahi su dis~onibilidad a la hora de «proteger» a tan original corporación; y de ahí también que-su actividad no sea en absol~t~desinteresadá: se apo;a a la niv versidad con la esoeranza de ooder obtener de ella el máximo beneficio oosible. bien sea como dispensadora de ;nos saberes imprescindibles para un futuro rjercicio profesional, bien como otorgadora de un prestigio necesario para afianzar o mejorar la posición social de un grupo o persona dada, o bien como instrumento de poder manejado en beneficio propio3. A titulo de ejemplo puede recordarse aquí la bula de Honorio 111 (18-V-1221) en la que toma bajo su protección a las escuelas, profesores y alumnos de Palencia4. Todo esto hace que la universidad se integre, de forma natural, en los diversos aspectos de la vida de la sociedad en la que se desarrolla. Asi en 1476, en una sesión del claustro de la salmantina, se lee una carta real en la que se comunica la victoria de las tropas fieles a la reina Isabel sobre el ejército portugués y los partidarios de la princesa Juana; por su parte, la universidad vallisoletana, en 1468, había jurado fidelidad al rey junto con los regidores, caballeros y escuderos de la villa5. En algunas ocasiones personas particulares toman medidas benefactoras respecto a esta institución, como lo hace el almirante Enríquez, cuando a través de su testamento, fechado en 1482, deja 10.000 maravedis anuales para comprar zarnarrasgruesas a estudiantes pobres que siguieran en Valladolid cursos de gramática, lógica o teologia6. Otras veces el beneficio es más general, e instrumental, pero también importante, como lo es la exención de portazgo de que goza el comercio de los libros destinados a la enseñanza7. Parece claro que la universidad necesita de todos esos «favores» y «ayudas» para cumplir con su misión, lo mismo que necesita de los recursos económicos y del respaldo jurídico que puedan darle otras instancias de poder, concretamente la corona, la iglesia y las ciudades, pues sin ello su existencia se haria prácticamente insostenible8. Es cierto que en ocasiones alguna de esas instituciones protagoniza un comportamiento lesivo para los intereses universitarios, pero siempre hay otra que sale en su defensa. Asi, cuando el pontificado suprime las tercias reales, y priva con ello a las universidades castellanas de su principal fuente de ingresos, el concejo de Salamanca obtendrá recursos extraordinarios con los que mantener «su» universidad. Frente a esto, si los concejos ponen problemas a la corporación universitaria, es habitualmente la corona la que sale en ayuda de esta, como lo hace Alfonso X respecto a Salamanca, cuando en 1252 ordena al concejo salmantino que guardedes e defendades a los maestros e a los escolares en so derecho e que non consintudes que reciban fuer~a nin tuerto de ninguna parte e que les tengades e les guardedes los privilegio^...^. Indudablemente, el más importante apoyo que necesita y se da a la universidad es el económico. Los centros de enseñanza, como cualquier otra institución, necesitan medios materiales que le permitan subsistir y reproducirse, tanto en el plano administrativo como en el docente. Se hace preciso atender al pago de los maestros y oficiales, asi como afrontar los gastos derivados de la administración de justicia y de la existencia misma de la universidad; también es preciso dotarse y mantener edificios adecuados y los instrumentos propios de la actividad docente -libros y bibliotecas-; y esto sin olvidar los gastos extraordinarios, como esos 1.500 maravedis que el claustro de Salamanca decide dar, a sugerencia real, al emisario que les comunica la noticia de la victoria de las tropas isabelinas sobre las portuguesas en 14761°. Para poder atender a todo ello era necesario contar con una organización económica que permitiera administrar convenientemente los recursos", pero sobre todo era imprescindible disponer de ingresos suficientes. Las universidades cobran por la colación de grados, y el acceso a las cátedras. perciben también multas y otros derechos de justicia, así como los ingresos que puedan devengarles las propiedades de que disfrutan. Pero el monto más elevado, y por tanto la fuente principal de ingresos, proviene de las tercias, es decir de la posibilidad de disponer, para sufragar sus gastos, de parte del diezmo eclesiástico. En el caso del estudio palentino, en 1200, a instancia del obispo don Tello y del rey Fernando 111, el papa Honorio 111 concede por cinco años la cuarta parte de la tercia de la fábrica de las iglesias de la diócesist2. Es un ejemplo que se repite en Salamanca y Valladolid. La universidad vallisoletana disfruta también en beneficio propio de parte del diezmo: En 1323 el monarca concede al concejo las tercias de Valladolid e de sus aldeas, asi de pan de vino e de grana, como de todas las otras cosas que les deben e les suelen pagar, e que arrendedes vos el dicho concejo, con la condición de que del monto global paguen a la Universidad dende diez mil1 maravedis, cada anno, para siempre jamas, en quanfo nos las ovieremos, para pagar los salarios de los maestros que ay leyeren ... e para los conservadores e el bedel e para el mantenimiento del estudio, el concejo podia disponer de lo que sobrara13. Pero esto no evita los problemas económicos. En 1342, para subsanar el derivado de que las iglesias de Valladolid y su tierra, asi como las de Mucientes y Fuensaldafia, no pagaban al Estudio la parte de las tercias a que por la donación anterior tenia derecho, Alfonso XI le hace merced de 20.000 maravedís anuales, que le serán entregados de los que perciban los recaudadorcr rciiles. hli, adelante, ciiando ya .luaii 1 hava eiirrcgado al monasreriu de snii Uciiitu lac tc.i<ias dc \'alladolid Y iuc aldeas :o11 Fuensaldaña Y hlu:isiiier, Enrique 111 donará a esta universidad las tercias de los arciprestazgos de Portillo y ~evico de la Torre. Benedicto XlII y Martin V confirmarán el disfrute por parte de la universidad vallisoletana de los dos tercios de las tercias de fábrica de esas circ~nscripciones'~. Por lo que se refiere a Salamanca, sus recursos dependían también del diezmo, de las tercias reales y de fábrica. De estas últimas Clemente V concede en 1313 a la universidad salmantina el disfrute de un tercio, cobrado directamente por los administradores del estudio. Pero esto no evita problemas, pues parte del clero se niega a entregar esos recursos.Asi en 1324 el de Alba de Tormes protagoniza una de esas resistencias que exigen la intervención del metropolitano en favor del Estudiot5. Pero no son sólo los clérigos los que entorpecen el cobro de las rentas nniversitarias, los conflictos que genera la percepción del diezmo también se refleja negativamente en la universidad, lo mismo que la intervención y abusos de los señores laicos de algunos lugares. Nos encontramos con casos como el de la vicaria de Monleón, donde el alcaide ponia trabas para sacar el pan correspondiente a las tercias de la universidad, asunto que es tratado en el claustro salmantino, que decide, el 27 de noviembre, que se fuga proceso contra el alcaide de Monleon e contra otraspersonas que tomaban el pan e ocupaban las tercias de las vicarias, e den favor para ello. Diez años antes, en 1468 los problemas habian surgido en Matilla, cuyo alcaide, Martin Nieto, tenia ocupadas las tercias. En esta misma fecha, la universidad tiene que atender otro problema similar en Bobadilla. En este último caso el regidor de Medina del Campo y señor de ese lugar, Rodri- go de Bobadilla, dificulta el cobro de las tercias por parte de la universidad. La primera parte del conflicto parece resolverse pacíficamente, ya que don Rodrigo se compromete a que dejará coger libremente esas tercias a la universidad, causa por la cual el claustro salmantino. sin duda para ganarse el beneplácito, o al menos para evitar el enojo, de tan destacado personaje, decide que por cuanto don Rodrigo de BobadiIla les queria dejar e dejaba libremente la tercia de Bobadilla e queria e quiere obedecer los mandamientos apostólicos (que evidentemente amparan el disfrute de ese tributo por parte de la universidad), por ende que ellos queriendose haber con el graciosamente le remitian las costas que sobre ello habían fecho. No obstante la solución no se logró en esa fecha. Parece que el scñor volvió a las andadas, de manera que el problema vuelve a tratarse de nuevo en 1469 y en 1470, decidiéndose iniciar un nuevo proceso contra Rodrigo de Bobadilla e contra los desmanes de la tercia de Bobadilla por no dejar libremente co~er la dicha tercia e por no acudir al que tiene poder del Estudio. Esta última decisión, por otra parte, nos pone sobre la pista de una cierta connivencia entre el noble y sus vasallos en lo referente al pago de los derechos debidos a la universidad, connivencia que quizá sea fruto de la fuerza señorial, en el sentido de que éste obligaría a los dezmeros a entregarle a él, y no a otra persona o institución, el fruto de su tierra, ante lo cual los campesinos, sin recursos para resistir, y considerando que don Rodrigo ejercía sobre ellos mayor poder que el Estudio -y que por tanto podría presionarles y estorsiouarles con mayor impunidad-, siguen los dictados de éste, en vez de atender a las demandas universitariasI6. A la vista de la repetición de este tipo de dificultades no es extraño que la corona salga en defensa de los intereses económicos de las universidades. Así lo hacen los Reyes Católicos en las cortes de Toledo de 1480, donde prohiben tomar, entre otras, las rentas eclesiásticas pertenecientes a los estudios generales de Salamanca e Valladolid1'. Pero no sólo se amparan los intereses económicos de la universidad, la protección real alcanza también a otras esferas, entre ellas la judicial, tanto en lo que hace referencia a la capacidad que tiene de juzgar por si misma las causas internas y aquellas en las que están inmersos sus propios micmbro~'~, como en aquello que afecta a su relación con otras instituciones o autoridades. Precisamente en relación con este último aspecto se cuenta con la figura del sindico, encargado de defender los intereses universitarios y de llevar los pleitos y litigios en los que participara la universidad19. No siempre el respaldo que se presta a la universidad es desinteresado, por el contrario, en ocasiones el interés es evidente. Sin duda el caso más expresivo es el de los conservadores reales, nombrados por los monarcas, en principio para defender los intereses de los estudios en todas las esferas de orden temporal, pero utilizados claramente por la corona en beneficio propio, como instrumento de gran utilidad para controlar tan poderosa institución. Precisamente por esta causa surgen problemas entre el pontificado y la monarquía castellana, ya que ambos poderes pretenden mantener esa figura, puesto que a través de ella les es posible hacer valer su poder sobre la universidad. Esta es la razón por la que Juan 11 pone dificultades a la hora de sancionar el estatuto que Benedicto XlII ha dado a la salmantina. El papa establecía ~0nse~adoreS eclesiásticos para que la defendiesen e amparasen de las ofensas e injurias e dannos que le fuesen fechos en comun o en singular a alguno de los del estudio, y esto es considerado perjudicial para los intereses del monarca, ya que el Consejo Real considera que son los conservadores del rey los que tienen que poner remedio convenientepor que1 dicho estudio e los que en el fuesen non rescibiesen sin rasones, injurias, males e danno$. Los conservadores eran nombrados por los reyes entre personas de su confianza, a las que querían favorecer y de las que esperaban que defendieran en la universidad los intereses de la corona. Esto parece claro en el último cuarto del siglo XV.En 1476, cuando los Reyes Católicos firman la paz con el marqués de Villena y aceptan volver a tomar a su servicio a todos sus parientes y amigos que anteriormente habían sido separados de sus cargos, el comendador de Oreja, Villafuerte, es repuesto como conservador de la universidad salmantina y como tal aceptado por el claustro. Dos años después, en noviembre de 1478, Juan de Villafuerte el Mozo se presentó ante el claustro con el nombramiento de conservador real, fue aceptado por el rector, y, tras prestar el juramento de rigor, el claustro le recibió y ordenó que fuera habido por tan conservador e le sean auardadas todas las honras. franauesas. libertades e exenciones e las otras cosas que por rason del dicho oficio ledebiai ser ruardadas ... e mandaron al administrador del Estudio aue le acuda e faaa acudir ron el salario al dicho oficio " u pertenesciente e estatuidoz1. Pero, una vez nombrado, el conservador no siempre cumplía con su cometido. Parece que era relativamente frecuente el abandono de sus obligaciones, lo que crea tensiones y obliga a la corona a intervenir de nuevo. Así en 1411, en la misma fecha (4 de noviembre) en que Juan 11 impone sus conservadores frente a los pontificios, recrimina a aquellos porque de grand fienpo ara non trabajabades por guardar el dicho estudio en pus e sosiego nin en lo defender de las injurias que res~ibia de cada dio en diversas maneras. En 1421 el monarca cita a los conservadores de la universidad salii~aritiiia para quc rr.\poiiclnii a la ;isiis'ision de negligeiiiia qiic pesa whre ellos. Y die/ aiiu, iiiis aclr'laiitc. en 1431. le5 sciisa de no iuiiiplir .o11 ,ii ul>lia,iiioii, e iiicluso de que en ocasiones se inclinan sin pudor del lado de alguno de-los bandos en conflictoz2. Esto último podría ser especialmente grave dados los conflictos que con cierta frecuencia enfrentaban entre sí, por diversos motivos pero siempre instigados por la aspiración al poder y su ejercicio, a los integrantes de la corporación universitaria. 11. En ocasiones el problema surge por alguna irregularidad manifiesta, como cuando Guillermo Guil de Murcia, maestrescuela, permutó su cargo con el arcediano de Cartagena, Diego de Comantes, lo que era a todas luces irregular dado que el cargo que ocupaba era electivo, y por lo tanto no transferible de esa formaz3. Otras veces el conflicto es más radical y provoca la división de los escolares. Asi sucede en 1474 fecha en la que el maestro Zamora tiene que ser sustituido en dos ocasiones por el bachiller Tizón, porque aquel teme por su vida, debido a las diferencias existentes entre su hijo y Diego RamirezZ4, y también en el caso del doctor Cornejo, que parece que revistió mayor gravedad. Se trata de un enfrentamiento violento entre un hijo y un familiar del doctor Antón Rodriguez Cornejo y unos colegiales del colegio de san Bartolomé, encabezados por el bachiller Antbn de Morales, que dicen haber sido acuchillados por aquellos. Como consecuencia de esto el propio doctor Cornejo fue gravemente injuriado cuando leia en su cátedra. Como consecuencia de esta injuria la universidad su~rimió su actividad hasta tanto el asunto fuera aclarado. El conflicto dividió el claustro, y así, cuando, a instancia del interesado, la universidad decide enviar una embajada a los reyes, no sólo no hay acuerdo entre los claustrales, sino que el propio Cornejo puso el veto, por sospechar que le era contrario, al doctor Villadiego, quien, como consecuencia de ellos, no participó en la misión. Por su parte los Reyes Católicos aprovecharán la gravedad del caso para hacer valer su autoridad y tomarán el asunto a su cargo, sacándolo de la jurisdicción uni- versitaria. Por esta razón el 3 de marzo de 1475 solicitan que se envíe al Consejo Real todo lo relacionado con el caso, al mismo tiempo que dan su seguro al rector y colegiales de san Bartolomé, que temían las consecuencias del odio e malquerencia que con ellos ha e tiene el doctor Anton Rodriguez Cornejo ... e de sus fijos ... e de sus escuderos e homes e criados e apaniaguados, e algunos cabulleros e otras personas25. Estos problemas desbordan en ocasiones la capacidad de autodefensa de la institución universitaria, que se ve obligada a acudir a la intervención real, como en el caso anterior, o a la ayuda concejil, como sucede en 1413, cuando los bolliqios e escandalos alcanzan tal magnitud que no pueden ser controlados por el maestrescuela, y cn 1497, fecha cn que el principe heredero pide al corregidor salmantino que colabore con las autoridades universitarias para punir e castijiar los estudiantes e personas del dicho estudio delinquenies e ma(lechoresz6. 111.- No sólo por esta petición de ayuda, sino por la naturaleza misma de los conflictos, estos trascienden, la mayor parte de las veces, los límites universitarios. Es dccir, los problemas que afectan a esta institución y la división que se produce e11 su seno, son efecto de problemas de caracter más amplio, relacionados con las luchas por el poder que tienen lugar en los núcleos urbanos, en este caso en Salamanca y Valladolid. Diversos poderes del momento tienen por controlar una institución de la que csperan obtener un indiscutible respaldo a su prestigio y poder. La corona, la iglesia y los concejos disponen de diversos mecanismos para llevar a la práctica ese control, o al menos intentarlo, y entre cllos la canalización de recursos cconórnicos ocupa sin duda un lugar destacadoz7. También los conservadores so11 un instrumento adecuado y no sólo para la corona, sino también para los concejos y las oligarquías urbanas, pues no en vano individuos de esta extracción alcanzan esos cargos: en Valladolid encontramos un conservador de cada uno de los linajes que comparten el poder cn la villa2R. Y no falta el recurso a la violencia, lo que obliga a los universitarios a elevar sus quejas a la corona contra algunos caballeros de los que temen y esperan todo tipo de males y desmanes, hasta el punto que Juan 11 se ve obligado a recordar al corregidor de Salamanca que los universitarios están amparados por el seguro real, así como advertir al concejo que el quebrando de ese seguro implica la imposición de severas penasz9. No obstante la intervención real, luchas y querellas de este tipo seguirán produciéndose, lo mismo que a lo largo de toda la Baja Edad Media se repiten los abusos de autoridad concejiles, en el sentido de alargar la jurisdicción propia cn perjuicio dc la universitaria. Cuando Enrique 111 llega al trono la universidad de Salamanca expone al rey que las autoridades de la ciudad no respetan los usos, costumbres y privilegios universitarios, en especial en lo referente a la esfera jurisdiccional. Más adelante las quejas se centran sobre la falta de colaboración del corregidor, que se niega a prestar ayuda al maestrescuela. A partir de 1397 parece que este problema se hace endémico, pues lo vemos aparecer en otras ocasiones: 1426 Juan 11 tiene que dar su amparo y seguro a los procuradores de la universidad que temían del corregidor y sus partidarios todo tipo de maldades. En 1450 el maestrescuela excomulga al corregidor por haber tomado preso a un estudiante. En 1465 se hace preciso nombrar un vicerrector porque el corregidor de turno ha detenido y desterrado al rector del estudio, Alvar Pérez, parece que por militar en bandos distintos y como consecuencia de un conflicto entre esos bandos (piénsese que en estas fechas la división en tor- no a la lucha entre Enrique IV y su hermano don Alfonso era general y provocó gran número de disturbios y agravios)30. En efecto, las parcialidades del reino, y también las existentes en el ámbito local, afectaron directamente a las universidades castellanas fomentando los conflictos internos así como su participación en los problemas de la ciudad". Ya Alfonso X cuando en 1252 confirma los privilegios salmantinos habla de que ha hi algunos de vos que fa~edes ayuda et que prestades armas a los escolares peleadores que son hi en nuestra villa32, es decir, ya en ese momento parece existir cierta alianza entre vecinos y miembros del estudio. Pero va a ser a lo largo dcl siglo XV cuando esas alianzas se hacen más frecuentes, sin duda Doraue en esa centuria las uarcialidades v bande- . . rias urbanas son más intensas, como consecuencia del fortalecimiento del gobierno conceiil v de las consieuientes luchas aue vrovoca el deseo de acaoararlo o al menos . . . . de participar lo más ámpliamente posible en las esferas de poder. Así nos encontramos, sin salir de Salamanca, con ejemplos abundantes y claros: en 1411 Juan 11 recrimina al concejo salmantino el haber hecho liancas e ayuntamientos con alnunos de los del estudio~y haber provocado, mediante amenazas lanzadas por unos conira otros, la sus~ensión de la urovisión de cátedras o elecciones rectorales. Y en las Cortes de oled do de 1462 los Procuradores se refieren al perjuicio que supone para el estudio de Salamarica el aue sus micmbros se haean oarcia1e.s con los vandos de la dicha ciudad. .. que se da cabsa a que los dichos catedratycos epersonas que han de entender en la gobernacion del dicho estudio non lo fazen segund deven nin rigen las dichas catedras nin las leen segund que quieren e mandan las costituciones del dicho estudio, e los dichos estudiantes, entendiendo en los dichos vandos, se distraen de sus estudios ... gastando en los dichos vandos aquello que devian gastar en la adquisicion de la ciencia ... e aun por esta cabsa entre los dichos estudiantes de cada dia se recrecen muchos e diversos ruydos e contyendas esforcandose en los dichos favores epar- ~ialidades que asy tyenen en los dichos vandos e con los cavallerus del lo^...^^. La corona intenta remediar esos problemas, no solo aceptando las sugerencias de los procuradores de las Cortes, sino también dirigiéndose directamente a los concejos y universidades. Así Juan 11 en 1426, como consecuencia de los conflictos en los que la universidad salmantina se ve inmersa, recuerda al concejo de la ciudad el seguro real que ampara a aquella in~titución'~. Pero su deseo dc apartar a la universidad de los conflictos urbanos no sc cumple y un ejemplo claro lo encontramos en la exposición que el 21 de noviembre de 1474 hace, ante el claustro salmantino, el catedrático de leyes doctor Martin de Avila Maldonado, sobre el peligro que le acechaba: Maldonado temía por su vida, lo que le impedia acudir a sus clases, como consecuencias de las diferencias que le enfrentaban con Pedro Xuarcs de Solís; ambos se disputan la posesión del lugar de Portesuelo, y, por supuesto, militan en bandos distintos, los Maldonado pertenecen al de San Benito, mientras que los Solís son afectos al de Santo Tomé. El conflicto enfrentaba, pucs, a ambos linajes, y el doctor Maldonado había visto aumentar sus temores en los últimos dias porque sus parientes se habían ausentado, lo que le situaba en una posición de indefensión frente a sus enemigos35. Parece que los universitarios son conscientes de los perjuicios que todo esto les acarrea y de la necesidad de mantener la independencia de la institución respecto a los poderosos, o al menos eso parece significar el voto particular que en el claustro salmantino del rector y consiliarios emitieron, el 22 de noviembre de 1468, iope Ortiz y Juan de Mora oponiéndose a que el rector, Lope Garcia de Salazar, acudiera al llamamiento del conde de alba que le había citado a tres leguas de Salamanca, por wnto paresceria que seguia ruegos de señores'" No obstarife, nada pueden hacer para evitarlo, y no sólo eso, sino que tampoco puedcn evitar que esas parcialidades y banderias se reflejen en el seno de la comunidad universitaria provocando serios contratiempos, sobre todo cuando se trata de la provisión de cátedras y de la elección de rector. 1V.- Los dos momentos eran especialmente importaiites, ya que en ambos casos suponía otorgar poder a aquellos que resultaran elegidos para ocupar uno u otro puesto. Por esto los grupos en liza, tanto en la universidad como en la ciiidad, cedtran sus esfuerzos en alcanzar el rectorado o una cátedra vacante. Por 10 que se refiere a las cátedras, un ejemplo claro dc la intervención de los bandos urbanos en la provisión de las mismas lo tenemos en lo sucedido en Salamanca a comienzos del siglo XV, cuando se enfrentan, para acceder a la de prima de leyes, Rodriguez Maldonado e Ibo Moro, ambos pertenecientes a poderosas familias. En 1418, fecha de la colación, el rector estaba excomulgado, por lo que los consiliario~ no contaron con el y la otorgaron, tras votación, a Maldonado, aspirante apoyado, obviamente, por los San Benito. Pero el rector, con la colaboración del corregidor, almirante Enriquez, impuso al otro candidato. A partir de este inoinento, con10 es fácil comprender, se suceden los conflictos y escaramuzas entres los partidarios de uno y otro. En Valladolid los conflictos por este motivo son también frecuentes, entre ellos puede mencionarse el que tiene lugar el 1491 cuando, por clara mayoría, obtiene la cátedra de decretos el licenciado Roenes; el resultado no es aceptado por su oponente, el doctor Villovela, que, simplemente, toma posesión de aquella por la fuerza3'. A la vista de los ejemplos anteriores, puede comprenderse que el claustro de Salamanca. reunido el 22 de noviembre de 146R, ordene publicar un pregón prohibiendo que los opositores busquen favores o vayan acompañados de caballeros o escuderos, y que en 1431 Juan 11 se dirija a los integrantes del concejo de esa ciudad recordándoles que la provisión de cátedras pertenece al rector y consiliarios, y que ellos, por tanto, deben abstenerse de participar y de intentar orientar el resultado final a través de ruegos, amenazas o actos violentos. Estas intromisiones, a juzgar por lo que sucede en Valladolid a fines del siglo XV, debían de ser habituales. Parece que algunos vecinos de esa villa al tienpo que vacan algunas caledras o sustituciones en el dicho estudio, e antes, fazen ligas e monipodios relornando e dando e trayendo a las personas a quien quieren favorescer e ayudar para que las dichas catedras e sustiruciones se provean a quien e como ellos quieren, e que las personas que no pueden atraer para dar sus votos por dinero e promesas o ruegos tienen formas como en el tienpo de votar eproveer en las dichas catedras e sustituciones de las preguntar e saber dellos a quien han de dar sus votos e si no se conforman con las personas que ellos quieren favorescer fazen los absentar fuera de la dicha villa fusta que son proveydas las dichas catedras e sustituciones ... Ante tal estado de cosas los Reyes Católicos, en 1494, prohiben todo ese tráfico de sobornos, ruegos, amenazas y violencias, y en 1496, volviendo sobre el mismo asunto, ordenan que se cumpla lo establecido durante el reinado de enrique IV respecto a la provisión de las cátedras vacantes, insisten en la prohibición que pesa sobre el tipo de irregularidades arriba señaladas y sobre el presentarse a las cátedras, no con intención de acceder realmente a ellas, sino para ayudar con la parte o votos que lovieren a algun su amigo o pariente o porque les fugan partido o les den dineros o plata o otras cosas porque despues desistan en favor de los oiros opositores o de al~uno de En el caso dc las elecciones a rcctor las irregularidades son también frecuentes y desembocari, eii numerosas ocasiones, en largas disputas y violentos enfrentamientos. Los monarcas intervienen, por ello, en un sentido similar a como les hemos visto actuar en el caso de las cátedras, tal y como lo hace Juan 11 en 1411 al ordenar a los alcaldes de Salamanca la realización de una pesquisa para saber quienes son los culpables del tumulto provocado cori motivo de la reciente elección a rector y consiliarios. En 1431 este mismo monarca prohibe cualquier tipo de intromisión en las elecciones rectorales. Por su parte la universidad, preocupada por las banderias, intromisiones y violencias en las que participa o se ve inmersa, busca un medio adecuado para evitar las agresiones que todo ello conlleva y para preservar su autonomía. En este sentido hay quien piensa que la mejor garantia es la existencia de un rector tuerte, capaz de defender los usos y costumbres de la corporación, tal y como lo expresa un bachiller vallisoletano durante la elección rectora1 del día de San Martín de 149040. Pero esto no parece ser una solución eficaz, y de hecho la simple propuesta de esa opción causó gran escándalo. En el caso de Valladolid el conflicto más agudo surgido en torno al rectorado debió ser el que se produjo en 1487. En esa fecha era rector el licenciado Palacios, quien a la vez era oidor de la audiencia, causa por la cual se trasladó con la Chancillería a Salamanca. La ausencia del rector se prolongaba y en ese tiempo se produjo un enfrentamiento con el corregidor de la villa, como consecuencia de la acción de éste contra tres estudiantes a los que desterró después de haberlos mandado azotar y de haberlos sometido a vergüenza publica. Dado que el vicerrector puesto por Palacios no iiitcrvino en ese corillicto, la universidad decide nombrar un nuevo rector, recayendo la elección en Miguel de Ayala. Ante esta novedad, el licenciado Palacios regresa, y por interés coyuntural se alía con el corregidor. A partir de este momento los hechos se complican al intervenir no sólo ya las instancias locales, sino también el Consejo Real y la Chancilleria. El asunto alcanza tal magnitud que es atendido por los Reyes Católicos, quienes el 8 de noviembre de ese año, ordenan al corregidor y a la Chancillería que se inhiban del asunto y que permitan que sea la universidad la que solucione el problema4'. En Salamanca hay también un conflicto que sobresale entre los demás. Este tiene lugar en 1479 y 1480, siendo su principal protagonista Alonso de la Fuente el Salse. En víspcras de san Martin, se procede a la preparación de la elección rectora1 anual, y el día 10 de noviembre es elegido Juan González de la Plaza. Pero no todos estaban de acuerdo: el bachiller Benito del Moral se oDone Y elige al bachiller Alonso de la . - 12uente el Salse. La misma división se produce en la correspondiente elección de consiliarios. Al día simiente cada Darte loma aue se ~ubliaue notarialmente su elección -. de rector, de manera que dos rectores se disputan, a partir de este momento, el rectorado salmantino. Salvo algún avispado, como el doctor Cornejo que juró rector, no queriéndose comprometer con ninguno, al que de los dos tuviera mas derecho, los partidarios de uno y otro les juran y reconocen como tales. Ante esta situación, el vicescolástico se alza como árbitro entre las partes, y parece que Juan González de la Plaza, presbítero, acepta su sentencia y renuncia al cargo, quedando en solitario Fuente en Salse a quien claramente apoyaba el vicescolástico. Pero el triunfador no es aceptado por todos, de manera que pronto surge otro rcctor electo, el tesorero Alonso de Soto, que intenta actuar como tal y protagoniza alguna acción escandalo~a~~.