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La composición de la Atenas de Pausanias

Tovar Llorente, Antonio

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.A COMPOSICIÓN DE LA ATENAS DE PAUSANIAS Esía cuestión, de gran importancia una vez que Pausanias repre senta para nosotros la fuente topográfica fundamental, puede decirse que apenas existió hasta 1877. Los datos suministrados por nuestro periegeía fueron hasta entonces aceptados casi sin crítica, y su auto ridad fué apenas puesta en ¡uicio. El que tomó por primera vez una actitud sistemáticamente crítica fue el gran Wilamowitz, quien la expuso de un modo incidental en una monografía sobre las fuentes de la biografía del historiador Tucídides (1). Wilamowitz pudo pre sentar su tesis, fundada más en la intuición que en un estudio dete nido, con los caracteres de un descubrimiento. La coincidencia de un fragmento del periegeía Polemón llegado a nosotros en la vida de Tucídides por Marcelino (fr. 4 de Polemón en FHG ÍI) con el texto de Pausanias I 25,9 parece probar con evidencia deslumbradora el para lelismo de las obras de ambos escritores; el citador del fragmento 4 de Polemón dice que este hablaba del historiador en su obra itépl axpo7ró}.eaj5j y es precisamente en la descripción de la Acrópolis por Pausanias donde hallamos el pasaje correspondiente, fuera del orden topográfico, que es el seguido de un modo generalmente riguroso por nuestro autor. Tenemos, pues, tanto en Polemón como en Pausa nias, un XóTo; que viene a intercalarse en un lugar determinado de manera demasiado sorprendente para que sea exclusivamente casual. Wilamowliz deduce de aquí que Pausanias sigue fielmente a Pole món, y que (p. 546) «copia rutinaiiamcnte y compone una extensa obra considerada como una pcriegesis, completada en parte con reniiniscenclas de visión propia y fi nalmente envuelta en la capa de la áíéXsta sofística y la imitación pueril de Herodoío». Por otra parte, admite (1) Mermes XII (1877) 344 sgs. Ya un precedente en Preller Polemonis frag, menta Lipsiae 1838, quien confiesa p50 . «nec dubium quin mulla Pausanias a Polemone deprompsit, quamquani aperta huius uestigia ne uno quidem loco apud Paiisaniam deprehendere equidem potui». Sobre la relación de Pausanias con polemón insiste de nuevo pgslSl-185. La posición ingenua de la filología frente a Pausanias puede verse en cambio en Curtius o en Wachsinuth II 130-285. 60 A. TOVAR Wilamowitz otra fuente capital junto a Poleinón, una Attbis del tipo general de colección de aníigüedaties —mitos, tradiciones, historia anecdótica—, y luego una serie de fuentes de menor consideración: mitógrafos, paradoxógrafos, historiadores. Señalaba luego Wila mowitz un camino que después ha encontrado seguidores: subrayar las omisiones en la Periegesis y concluir ex silentio. Esquemática mente pro|)one este argumento al marcar (p. 547 n.) con referencia a la descripción de Atenas la falta de todo dato posterior a Polemón, si exceptuamos la mención del monumento de Filopapo (1 25. 8) y la lista de las construcciones de Adriano (18, 9). La ruta iniciada por Wilamowitz era indudablemente fecunda, aunque desde el comienzo se señalase alguna exageración. Se ini ciaba el peligro de intentar reducir Pusanlas puramente a sus elemen tos integrantesVino entonces una minuciosa investigación a conti nuar las sugestiones de Wilamowitz, y el libro de Kalkmaiin Pausanias der Perieget marcó el punto extremo de esta tendencia. Esta obra es una construcción atrevida, una vez que el mismo autor, desde la introducción (p. 5) reconoce que «de las palabras de Pausanias nada puede deducirse acerca de sus fuentes». Lo cual no va a impedir a Kalkmann en la investigación de estas llegar hasta las últimas consecuencias del principio establecido por Wilamowitz. Comienza Kalkmann —y toda esta parte de su obra es precursora de tendencias actuales— por ambientar a Pausanias en su siglo, dentro del marco de la novelística griega de que es caricatura la Vera historia de Luciano. Para Kalkmann el rasgo saliente de la época literaria de Pausanias es que «se afecta autenticidad y se juega ante el lector a lo real y a lo vivido» (p. 1). Pausanias es según Kalkmann 11 —y su juicio le compartirá cualquier lector de la Periegesis— «un hijo de su siglo, un hombre adocenado y sin originalidad». Pero en el afán de reducir el itinerario de Pausanias a un viaje fantástico y fingido, del tipo que en la tradición griega se inicia con Ctcsias y se prosigue en la larga serie de los e[jL7íop^xá 5tr,vV¡[AaTa, Kalkmann olvida algo que es fundamental: la narración de prodigios y cosas maravillosas y exóticas no pasa en Pausanias de ser lo accesorio, y una caracte rística, la nota de exotismo, diferencia profundamente ios relatos que Kalkmann compara y el viaje de Pausanias. Si no puede negarse que Pausanias gusta de intercalar prodigios y cosas maiavillosas en su relato, no puede decirse que sean el objeto principal de él. Y en realidad la Vera historia de Luciano no tiene nada que ver con el tono general de la obra de Pausanias; sólo algunas líneas de aquélla LA COMPOSICIÓN DE LA ATENAS DE PAUSANIAS 61 (II 128-129) recuerdan —se trata de la descripción de la ciudad de! sueno - el tipo de narración periegética. Con todo, el análisis de ciertas características en que Pausanias coincide con el tono arcai zante de su época es muy fi no en Kalkmann lo sgs., quien tiene razón al subrayar que si e! perlegeta habla repetidas veces de ¿ko-ó y de cuando nosotros sabemos que sus datos provienen de fuentes escritas, y si designa las diversas partes de su obra como lóyoi, todo tiene su explicación en la imitación de Herodoío. Por lo demás, Kalkmann exagera hasta el punto de interpretar en su valor inmediato formas como yjxo-jffa, tomándolas como fi ngido testimonio de tradi ción oral. Para Kalkmann también es fi ngido todo lo que en el libro de Pausanias hace referencia a tradición oral; para él, fórmulas como la de 11 34. 5 Bliyezo ^áp av utzo 'Apyeíujv suponen que Pausanias más que las tradiciones populares, tiene en cuenta los autores locales, que en la opinión del crítico citado son sus verdaderas fuentes. Sobre la cuestión habremos de volver más adelante. El éxito de Kalkmann es indudable cuando nos convence de hasta qué punto es falsa la con cepción literaria de nuestro autor. Establecido esto, la investigación encaminada a aquilatar el valor de las noticias dadas por Pausanias y a confrontar continuamente éstas con la realidad topográfica sub sistente hoy, dispone de una gran experiencia. Este es el resultado del libro de Kalkmann, que nos llama la atención respecto del grado en que Pausanias es hombre de biblioteca que trabaja sobre papele tas, de un modo erudito. Pero la gran dificultad del problema, tal como lo enfoca Kalkmann, está en que Pausanias sigue el uso de su época y por tanto no cita los autores que utiliza. No de otro modo obran Diodoro con Mecateo de Teos y Macrobio con Gelio. Tal como la hemos expuesto en esquema, la tesis de Kalkmann pierde mucho de su virulencia hipercrítica. Pero en realidad, de las consideraciones extractadas deduce nada menos que Pausanias es un mero compi lador de biblioteca, que no viajó por Grecia y que depende en abso luto de fuentes anteriores. En la parte geográfica la comparación con Estrabón ha tenido una importancia excesiva para determinar las fuentes: Kalkmann 155 sgs. señala para Pausanias no el Artemidoro propuesto por A. Enmann FJ 129 (1884) 497 sgs. esp. 516, sino otro autor, ya que el argumento de las coincidencias de Estrabón con Pausanias, señalado por Enmann, tiene dificultades demasiado grandes para admitir una fuente común; sirva de ejemplo de discor dancia la isla Cranae, identificada con la isla de Helena en la costa de Atica por Estrabón IX 599, con una isla de Laconia por Pausa- 02 A. TOVAR nias 111 22, 1. El gfeógrafo fuenle de Pausanias cree Kalkmann que puede ser fechado eníre la guerra de Aciium y el año 25 d. C. Al lado de ésJe, debieron influir léxicos generales geográficos. Kalkmann tiene un gran acierto al dividir la periegesis en dos partes, una de características predominantemente geográficas —descripciones de aldeas, campos, ríos, costas—, otra de tipo histórico-anticuario y artístico —descripción de ciudades . Naturalmente las fuentes de uno y otro grupo de descripciones serán distintas en la concepción kalkmanniana. Concretándonos ahora a las fuentes de la descripción de Atenas, comprendida sin discusión en el segundo grupo, haremos notar que la argumentación de Kalkmann llene una mayor importan cia porque ha sido donde lo mismo él que sus contradictores han trabajado con mayor esfuerzo para determinar las fuentes del escrito de Pausanias. Y de Kalkmann arranca la fi jación de los puntos de la controversia. Kalkmann 54 sgs. comienza por señalar que el Pireo, según el testimonio del epistolario ciceroniano (ad famU. IV 5, 4, cf. Wachsmuth 1 660), estaba completamente en ruinas en la época posterior a la guerra mitridótica. Eslrabón IX 395-96 no cita en el Pireo sino un santuario (1), De la antigua grandeza del puerto comercial no debía quedar nada, deduce Kalkmann, en la época de nuestro periegeía. y sin embargo ¿qué hallamos en la descripción del Pireo por Pausa nias? A pesar de la extraordinaria imprecisión de esta primera página de nuestro autor, parece reflejar la descripción de Pausanias un estado floreciente hasta cierto punto: se citan varios santuarios, dos ágoras, oíxoi, estatuas, pinturas. La destrucción del puerto por Sila, que Estrabón no omite, parece olvidada en la 'AtSí? de nuestro autor. ¿Cómo se explica esto? Sencillamente, dice Kalkmann, que acude a la solución de Wilamowitz, porque Pausanias no describe el Pireo de su época, sino que se limita a reproducir servilmente un escrito ante rior, de antes de la guerra de Sila, un escrito que describe el Pireo de la buena época, y que no es otro que el de Polemón. El argumento ex süentio señalado por Wilamowitz obtiene en Kalkmann más amplio desarrollo: con este escrito antiguo como base se explicaría (1) IX 395-96, descripción de! Pireo: os rt oX/.o! ''' v-cíy'fipeití^av v.al '.-qq Mo')vijyía; spoifi. tóv te llstpa-.á t'jvéttsi/.civ z\z ty¡v Trept xo6? v.ctl xh to'") Ó'.óc toO toO os Upo») cto'-oia syei itlvaxa? tp-j-a Tojv sTT-.'pavwv xh avípcxvta?. v.azk^zfxzzai ís y.al ta [tav.pá ~S'.yq, Aav.sía!.|j.fjvío)V |isv v.afisXóvTíDV irpórspov ' o í]>:y.a —óXXcí:; gy -o/.'.opv.'.ac zü.z /.al tov Hí'.patá v.al zh a-zzo. LA COMPOSICIÓN DE LA ATENAS DE PAUSANIAS 63 la ausencia de (oda mención en la descripción de Aleñas del agora romana, del monumenlo de Agripa, del templo de Roma y Augusto de la Torre de los Vientos. Con la tesis de Polemón se explicaría ei interés excesivo que en la 'AT.-rí, de Pausanias hallamos por la histo ria de los Diádocos, que parece acusar perspectiva distinta de la que correspondería a un autor del siglo n d, C. También le parece a Kalkmann sospechoso que hallemos enumeradas las obras de Adriano en Atenas todas juntas. Parece como si Pausanias, desconocedor en absoluto de Atenas, siguiera siempre el orden topográfico de su fuente principal, y luego conocedor por otra fuente de las obras de Adriano, pero sin disponer de ideas topográficas precisas y de un plano que le consintiera intercalar cada una de ellas en el lugar correspondiente de su «itinerario», se viera obligado a citarlas todas juntas sin situarlas con precisión. Tales son los más impresionantes argumentos presentados por Kalkmann. Su libro tuvo una gran resonancia y fi jó los términos de la polémica sobre Pausanias para algunos años; la bibliografía se siguió moviendo en el campo asi acotado, y aunque la tesis de Kalkmann haya sufrido rectificaciones en lo fundamental, su libro puede considerarse como vivo aún. Examinemos ahora la cuestión de la dependencia entre Pausanias y Polemón. Polemón de Ilion (1), «el más importante de los periegetas de la época alejandrina» escribió hacia comienzos del siglo n a. C. una serie muy extensa de obras, que han sido catalogadas así: I Monografías locales: 1. Atica: a) nepi ttí; 'Ai)-TÍv^i<rtv «poTtoXetoc, que incluye mpl t«v ev TOÍí llpo-uXaíotí 7:tváxü)V. b) sTcovúptwv tüv 5r,pLtüv xal cptiXuiv. c) Ttept T7Í¡: Upaí ó8oG. 2. Sición: uepl tj.v ev S-.xumvt TtLváxwv, incluyendo uapi t5í; llotxíXíi; jToa; -cíi? iv lLxu«,vt. 3. Esparta: Ttepl Td,v iv AaxsBaí^ovi. (ivafl-fip.c(Tüjv, 4. Beocia: fwv iv HpaxXelwv. 5. Fócide: a) Xtícre..; t.óv Iv díwxíBi TnóXswv xai Ttep: tt,; Tipo; 'A^YivaíoUí ^yvyevsíaí auTwv. b) '"Ept ftTjV sv {)-T|ffaüp5>v. 6. Samotracia: Ttspi SajAOítpáxr,;. 7. Asia menor: a) x-ía-sií twv iv llovitp móXewv. b) íteptTiYTiffi.? 'IXíou. (1) Ver sobre él principalmente el opúsculo de M. Bencker Der Anteil der Periegese an der Kiinstschriftstellerei der Alien. München 1890 y Prelier, oh. cit. en la n. I. 64 A TOVAK 8. Ilalid: a) X-Ítuv; 'l":aXi.x,¡,v xa- —'.xe).ix¿v. b) ~<'>v ev ülixeAía ,7roTatj.t;)V. 9. Cartagfo: twv =v KapyY.^óv. ttítíacív. 10. Grecia en general: -ep\ Th.v x-x-zh. tc, £7:t-i-pa{jL|i.áTujv. II y 11! Escrilos polémicos y carias: a) Ta TipCí; l\Li.a.(.ov; b) Ta rcpóí 'AOat&v xa- 'AvtWovov. c) ivT'-vpacpyi 7;pó; 'AvacavSp-OTjV. d) Ttpó; A'.opiXov Ttepl to-. Mopú'/^CJ, IV Monografías misceláneas: a) ' líXXaóix^;;. b) ' I''XXY,v',xa' luToptas. (?). De lodas eslas obras no nos queda más que un g:rupo de un cenlenar de fragmentos, algunos insignificaníes. Sobre la posible relación entre Pausanias y Polemón, Wilainowitz tropezó con la única coincidencia que tiene un aspecto algo concluyeníe. La otra que Kaikmann señala (fr. 42 con Pausanias 1 17, 1 y 24, 3) es insignificante: se trata del lugar común de la piedad de los atenienses; con razón ha podido decir irónicamente Frazer 1 pg. LXXXVII que con la misma razón se podría considerar a San Pablo (Hechos 17, 22) como inspirado en Polemón cuando habla de la o£Latoa',[j.ovía de los atenienses. En realidad la posición de nosotros los modernos frente a Polemón es bastante difícil. No sabemos exac tamente el contenido de sus obras, desde luego no consta que escri biera una descripción completa de Atenas, contra lo que llega a suponer gratuitamente Kaikmann 61; no conocemos hasta qué punto le utilizó Pausanias, quien desde luego no le cita nunca. Quizá en este punto la fi lología ha querido saber demasiado, pero el esfuerzo no puede decirse que haya quedado estéril: sabemos ahora cómo hay que leer a Pausanias. La explicación de esta actitud de la fi lología para con Pausanias es clara: creía ver en él un escritor que utiliza libros a la manera de un fi lólogo, y por una especie de espejismo pretendía aquilatar en Pausanias cada pasaje referido a un texto fuente. Olvidábase así que . Pausanias vivía dentro de la cultura antigua, y que gran parte de los datos que nos trasmite son lugares comunes, aprendidos en las escuelas, repetidos por todas partes y hechos sustancia de la vida intelectual antigua. Por consiguiente, lo que para el fi lólogo moderno es un texto, siempre un texto para el afán fi lológico por la letra, para el escritor antiguo eran cosas vividas, que se oía decir por todas partes y que, cuando las escribía, no sabía exactamente de dónde procedían. Esta debe ser nuestra posición respecto del texto de Pau sanias en cuanto a sus fuentes. LA COMPOSICIÓN DE LA ATENAS DE PAUSANIAS 65 El libio de W. Gurliíl Uber Pausanias (1890) representó una reacción Jal vez en exceso prudente, pero justificable. La fi lología renunciaba una vez más a genialidades y emprendía la defensa del pobre Pausanias, a quien Wilamowüz en su Kydafben (Philol Unlersuch. 1) había colmado de insultos. Gurliií reconoce que Pausanias es todo lo aficionado a historias maravillosas, todo lo hijo de su época sin originalidad, iodo lo sofista que se quiera pero hay un hecho fundamental que no cabe desconocer: Pausanias'recorrió Gre cia (naturalmente que no en el orden ni con las idas y venidas de su Periegesis), y su obra responde de una parte a lecturas y a cosas sabidas, de otra a recuerdos personales de viaje y a ecos de la tradi ción oral (1). Sin embargo el lector moderno no deja de sentirs¡ extrañado del tono lejano e impersonal en que Pausanias habla Es como la impersonalidad de nuestros Baedccker, pero hasta cuando el autor habla de cosas que dice ha visto, de conversaciones que ha tenido, etc., la fi lología nos advierte que hay en ello mucho de la fi cción de la época, y nos quedamos también entonces sin poder darle crédito, obligados a trasladar todo esto a la zona de la fi cción de lo impersonal por consiguiente. Quizá por esta casi absoluta desaparición de la personalidad de Pausanias es por lo que la fi lo logía llegó a tener la propensión a considerar su obra como un mero montón de materiales que urgía atribuir a sus dueños. Gurlitt comienza su defensa de la personalidad de Pausanias haciendo notar (p. 5) que en todo caso su copia de Polemón no seria fiel: precisamente en Atenas, donde tenía más extensas obras del precursor que seguir, es donde Pausanias es, relativamente a la materia tratada, más breve! En segundo lugar señala Gurlitt 12 el absurdo que sería por ejemplo una guía de Roma que aludiera, no al estado actual de esta ciudad, sino al aspecto que presentaba cuatro siglos antes. No cabe desco nocer la fuerza de este argumento, aunque, como veremos, la califi cación como guía sea lo más discutible del libro de Pausanias. Subraya luego Gurlitt 25-25 la unidad de criterio metódico en toda la obra, desde el primero hasta el último libro, en cuanto al riguroso orden topográfico seguido. Esto excluye la hipótesis de la mera compilación de obras heterogéneas y supone en Pausanias la sufi ciente capacidad para ordenar y amoldar a un tipo unitario —casi diríamos monótono— lodo el inmenso material que recoge. Por lo (1) Ya decididamente a favor del viaje real de Pausanias —de lo que en Alemania se llamó «autopsia» A. Enmann FJ 129 (1884)517. Híi A. TOVAK demás el mismo Gurlitl 22 reconoce que Pausanias no ha lenido necesidad de viajar en el orden en que describe, y que pudo por otra parte utilizar mapas, periplos y otros documentos topográficos. Sin embargo no hay que olvidar que planos de ciudades y mapas muy detallados con indicación de localidades muy pequeñas, no tenemos noticia de que existieran entonces. Esto ha de tenerse muy en cuenta para el procedimiento que nuestro autor pudo seguir — y para los que le estuvieron vedados— al escribir su obra. Si Pausanias ha de ser situado en su época y si su obra tiene evidentemente una gran uni dad, sus fuentes habrán de ser todas de su época también; así las fuentes de donde proceden sus ideas mitológicas, como Gurlitt 29-33 señala, ya que las ideas religiosas de Pausanias son tan propias del siglo, con su arcaísmo íradicionalista y a la vez su racionalismo, que le lleva a interpretar los dioses con una gran libertad naturalista, mientras que de otra parte tiene un ciego respeto por los misterios de Eleusis (1). De la misma manera, sus gustos artísticos coinciden en absoluto con los de su época: prefiere siempre lo antiguo, lo arcaico, y concede siempre especial valor a las cosas extrañas. En este terreno, caso de suponer que todo Pausanias procede de fuentes de un modo inmediato, habría que aceptar que las fuentes que Pausanias transcribe son precisamente muy inmediatas a su época, nacidas en el mismo clima espiritual. ¿No será entonces más racional y rnás cómodo suponer que Pausanias organiza por sí mismo sus materia les? Pausanias es realmente un hombre de su tiempo; no es un erudito de biblioteca ni un viajero, pero dispone de la suficiente cul tura corriente para considerarse dentro de la clase de los «eiiatoeu{ji.évoi que dirá Luciano, de los «ilustrados» de su frío siglo de ilustración. Sus digresiones —que luego veremos han dado lugar a que se dis cuta si son lo esencial de la obra— proceden evidentemente de diver sos orígenes, escritos o también orales. ¿Por qué no hemos de creer a Pausanias en los casos en que él mismo nos revela la procedencia de sus noticias? Es el tono falso de la época el que le hace sospe choso, se nos responde. Pero en realidad en los casos en que no tengamos en contra sino vagas presunciones, podemos creerlo bajo su palabra. La cuestión tan discutida de las citas de locales en Pau- (1) Frazer I pg. Lí sgs., Krueger Theologumena Paiisaniae. Leipzig 1860, . Pfundíner Des Reisebeschreibers Pausanias Lebensund Glaiibensanschauungen. Hnicrshprp' 18fiH O KcJnigsberg 1868. LA COMPOSICIÓN DE LA ATENAS DE PAUSANIAS 67 sanias es resuelta por Guriitt 58 de una manera prudente. Excepto Liceas de Ar^os, un nombrado por Pausanias (II 22 2' 25 8) y que evidentemente es un autor de una periegesis escrita 'los otros citados tan frecuentemente en la obra de Pausanias'no pueden ser otros que los «guias de forasteros». No cabe duda que baio el sol frío del siglo de los Antoninos floreció el turismo; Pausanias pudo recoger restos de tradición oral en la charlatanería de los cicerones locales (1). Por lo demás, fórmulas como Xtyou3-t no deben tomarse al pie de la letra; no cabe duda que Pausanias muchas veces con estos ingenuos arcaísmos herodotizantes alude a sus fuentes escritas Tod esto, que parece una cuestión de minucias sin gran sentido tiene una verdadera transcendencia histórica. Los ritos que Pausanias n trasmite a lo largo de toda su obra ¿estaban vivos aún en el siglo o bien los toma de fuentes escritas? El aire frío e impersonal dé nuestro autor dificulta la respuesta. Hay algún caso en que no puede negarse que el recuerdo personal se presenta con una vivacidad que le hace parecer verdadero. La decisión ha de airibuirse al sentido hislórico. La importancia del problema está precisamente en determi nar basta qué punto lo popular fué abogado en Grecia por el culrivo literario de los mismos motivos. Concretamente, el estudio de la tra gedia respecto del estado de las leyendas populares conocidas por otras fuentes más inmediatas a lo popular primitivo, o el de los temas mitológicos, flotantes en lo popular y fi jados, hasta cierto punto como dogmas, en la literalura, merecería por sí una investigación (2) Quizá Pausanias sea para ella la mejor colección de materiales, mas para apreciarlos debidamente es necesario antes dar respuesta' a la cuestión capital de a qué momento corresponden éstos. Para nos otros no cabe duda que Pausanias recoge en conjunto el estado de su propia época y nos ofrece las supervivencias en la Grecia del siglo II de un modo fiel, aunque con una excesiva inclinación por lo extraordinario. El sentido hislórico nos permite reconocer en el siglo 11 dos fondos -lo ilustrado y lo popularque se conjugan de modo semejante al de nuestro siglo xvitt; de aquí que todas las noti das que nos da Pausanias sobre usos, leyendas, cultos populares merezcan ser recogidas con cuidado. Gurlitl 138 sgs. ha podido '(I) En el mismo sentido Heberdey 8, Frazer I pgs. LXXVI-VIl, Curtius Waclisinutli I 38. Interesante especialmente Katlrmann 45 sgs. (2) La distinción entre las dos capas, popular y literaria, de los mitos ha -a hecha egregiamente por Wilamowitz Der Gíaube der Helletmi. En Emérita IV f apareció un trabajo mío sobre los mitos atenienses en Pausanias. ^ 74 A. TOVAR libros Vlll-X de Eslrabón y la obra de Pausanias para darse cuenta de ello. Esta diversidad de actitud seniimentai diferencia profunda mente el modo de ver de ambos autores. Eslrabón no conoció de Grecia coníineiilal sino Corinío. No podríamos en cambio concebir (aunque por lo demás no tengamos más prueba que el libro, libro sospechoso como producto de una época falsa) que Pausanias hubiera estado en Corinío sin pasar, él, el hombre amigo de lo viejo (1), por lo menos hasta Atenas y Eleusis. Sobre el carácter del libro de Pausanias intentó llegar a alguna conclusión nueva M. Bencker en su disertación Oev Anteil der Periegese an der Scbríftstellerei der Alten Munich Slraub 1890, impor tante porque representa para nosotros opiniones nacidas a! lado del gran Brunn. Bencker aspiró a cierta originalidad. Su análisis de los restos de las antiguas periegesis helenísticas es detenido y su clasifi cación de los fragmentos por el contenido, especialmente de los de Polemón, muy aceptable. Sin embargo, hoy, no podemos considerar acertada la característica que señala según él a Pausanias frente a toda la tradición de periegesis helenística. En los restos de ésta reconoce Bencker materiales históricos, mitológicos, de antigüeda des, de historia literaria, etc. Erenle a esta periegesis helenística, reconoce como típico y característico de Pausanias la existencia en su obra de juicios de orden estético, de materiales para la historia del arte: «la posición de Pausanias frente al arte, dice pg. 54, es distinta de la de los periegetas de época alejandrina. La descripción de obras de arte forma una parte esencial de su periegesis; hay en ésta juicios artísticos, listas de escuelas, investigaciones estilísticas y cronoló gicas, mención expresa de los escritores sobre arte (V 20, 2), interés manifiesto por el arle como tal y aprovechamiento de escritos de historia del arte». Esto diferencia para Bencker la obra de Pausanias, la personaliza y la hace independiente de toda fuente inmediata y única. Sin embargo, sus conclusiones no parecen suficientemente seguras: es demasiado poco lo que sabemos de Poleinón y de todas las periegesis helenísticas. Si Bencker 70 tiene razón al señalar como fi nal de su obra que «para la reconstrucción de Polemón, represen tante principal de la periegesis alejandrina, la periegesis de Pausanias -/i). como II 4, 5 y especialmente I 24, 3. donde la fórmula qgt'.c .a ..EII'>ÍT||UVCC tíftEt''/: til)/ s- -riv-óvcoiv... parece suponer que Pausanias no escribe su libro para ese tiipot'ético lector que «prefiere las cosas artísticas a las de vejez venerable^.. LA COMPOSICIÓN DE LA ATENAS DE PAUSANIAS 75 ha de emplearse con la mayor precaución», nosotros podremos con testarle que tampoco desde Pausanías podemos señalar lo que la perlegesis polemoniana no fué; que en ios fragmentos de Polemón conservados no hallemos casi ningún juicio artístico (t) no nos auto riza para saber exactamente que su periegesis era fundamentalmente distinta de la de Pausanias, cuya independencia y personalidad no hay que llevar hasta el extremo de hacerle creador de un tipo periegéíico nuevo. Todavía el último gran libro que sobre Pausanias ha aparecido es el de C. Robert. Roberí mantuvo toda su vida unaestrecha cola boración con Wiiamowitz, y como éste, es partidario de un método arbitrario y personal. Los resultados de su Pausanias ais Scbríftstdler Berlín Weidmann 1909 están naturalmente dentro de la órbita wiiamowitziana. El prejuicio contra Pausanias conduce a exageracio nes. porque nunca será legítimo concluir que porque Pausanias como autores de una monotonía poco talentuda, su obra no es sino una copia de otra u otras, hecha sin sombra de personalidad. Pero Robert plantea desde el principio e! problema de un modo nuevo: no se trata ya para él de la cuestión de fuentes, sino del carácter de la obra tal como la quiso el mismo Pausanias. Frente a la teoría de que Pausa nias escribió una guía (2), verdadera precursora de nuestros Baedecker, Robert 6 afirma todo lo contrario: la obra de Pausanias «no es sino una gran compilación de para los cuales la periegesis es simplemente el marco, de la misma manera que en Ateneo lo es el banquete». Robert quiere separar completamente los dos elementos que forman la obra de Pausanias, los Xoyot —relatos de todo orden, mitológicos, históricos, etc. y los íf£u>pT^p.aTa —descripción o más frecuentemente enumeración de monumentos— y concede la mayor estimación a los de la primera categoría. Con esto, la polémica (1) Sin embargo el mismo Bencker reconoce pg. 21 alguno de este tipo en Polemón. C. Robert i4rcA. Mátchen 14 sgs. lia intentado con una agudeza tal vez excesiva deducir los elementos histórico-artísticos añadidos por Pausanias a la periegesis anterior. Su investigación sobre I 26, 4 es especialmente interesante al notar el anacronismo entre los diversos datos que nos da el periegeta* ya él mismo debió darse cuenta de que es imposible que un discípulo de Dédalo fuese el autor de una estatua ofrecida por Calías. Pausanias debió según Robert tomar las dos noticias contradictorias de dos fuentes distintas, una historia del arte que hacía de Endeo un discípulo de Dédalo y una periegesis que hacía constar que la Atenea de Endeo era exvoto de Calías. En este libro, pg. 15, todavía defiende Robert con calor la dependencia de Pausanias respecto de Polemón (2) Expuesta con máxima crudeza en Frazer 1 pg. XXIV. 76 A. TOVAR sobre Pausanlas —una polémica que va a ser mucho menos encarni. zada desde luego que la primera sobre las fuentes— se traslada a otro campo. La cuestión tiene en la parle de Ática que nos interesa características especiales, como el mismo Roben 8 reconoce. Falta en la descripción de Atenas una separación entre ambos elementos tan rigurosamente hecha como en los libros siguientes, donde el mito y la historia, separados de la descripción de thEüjpV.uaTa forman corno la introducción de la descripción de cada ciudad —así en los libros 11 (1)^ V-Ví, VIH, IX y Xo de todo el libro -111, IV. Vil—. En esto, como en todo lo demás, el libro 1 acredita estar escrito con menos expe riencia y más descuido, como no han dejado de notar todos los autores que se han ocupado de nuestro tema (2). La historia de los reyes atenienses se nos da en resumen dividida en tres trozos I, 2, 6; 3, 2-3; 5, 2-4. Y falta una exposición de conjunto de las leyendas atenienses tal como en adelante la hallaremos al frente de cada histo ria de ciudad. Además, en la predomina inexplicablemente un núcleo de Xóyoi históricos de asunto más moderno que el de casi todos los demás de la Per.iegesis: parece como si la Atenas resuci tada (I 20, 7) de los días de Adriano trasladara a Pausanias a la época de los Diádocos, evocada continuamente en el libro I, mientras que los campos casi desiertos y las ciudades arruinadas del interior le hacen recordar cosas más antiguas. Que Pausanias se ocupe de cosas de aquella época precisamente al tratar de Atenas no podrá ser explicado como puede serlo el que cuente la historia de Araío o Filopemen en los libros dedicados a Sicionia o Arcadia: Atenas signi fi caba muy poco en la época de ios Pfolomeos, de Lísímaco y de Pirro, cuyas historias incluyó Pausanias en la ' Atíví?. Hay en nuestro autor una secreta conciencia de que lo que hace es llenar huecos en la historiografía: no cuenta lo que está relatado en Herodoío, Tucídides y Jenofonte, pero repite en su obra lo que escribieron otros autores «cuyas obras perecieron antes que la memoria de los hechos que con ellas querían inmortalizar» (I 6, 1). Esto da color especial a su libro sobre Atica en cuanto a los Xóyoi. El gran mérito de Robert fué seña lar el aspecto que para un lector antiguo debió tener el libro de (1) Interesante, como Robert 9 nota, que en este libro se va señalando el nuevo método, con transición: en la descripción de Corinto aun hallamos restos del procedimiento del libro I de intercalar según los va sugiriendo la des cripción. En Sición II 4, 1-4 ya se antepone la historia, en Fliunte II 5, 6-7, ] se distingue entre o. Xsyouoiv y ¿c I-íoe'.|iv. (2) V. p. ej. Curtius 287-88. LA COMPOSICIÓN DE LA ATENAS DE PAUSANIAS 77 Pausanias: hay que pensar que su público debió ser, más bien que el de los viajeros (que a los pocos años de la muerte de Pausanias, arruinada definitivamente la cultura antigua y abandonados los sueños de resucitarla, desaparecieron), el de los eruditos amigos de curiosi dades y de relatos extraños, el de lectores de paradoxógrafos. Por consiguiente Pausanias no ha de creerse que ha sido siempre de un modo predominante guía topográfico. Robert, como suele suceder, ha exagerado el alcance de su teoría hasta reducir Pausanias a un mero colector de XóyO!- que hace de la periegesis propiamente dicha un marco artificial, una fi cción para dar simplemente cierta ilación a la obra. La verdad en esto, después de muchos años desde la polémica, la ha dicho Wilamowifz en su libro Oer Glaube der Heüenen II 508-10: Pausanias escribió quizá sin intenciones topográficas, pero cierta mente ya desde la antigüedad ha sido utilizado como guía. Robert hace de la composición, naturaleza y relación con el lugar de la obra en que se intercalan los Xó^ot, un análisis que le permite fi jar la posición en que se coloca el periegeta respecto de los monumentos citados en su «viaje». Vamos ahora a analizar la rela ción entre ambos elementos, y en I 1-30 (descripción de Atenas); la descripción de los puertos es apenas una enumeración, que en cambio sirve de base a numerosas alusiones y a digresiones relativamente amplias: Palero es casi sólo el pretexto para recordar que de allí partieron Mcnesteo y Teseo; el Pireo sirve de motivo para hablar de Temistocles y de su tumba, de la pintura que ofrecieron sus hijos en la Acrópolis, etc. (I 1, 2). El recinto sagrado de Atenea y Zeus contiene, además de las imágenes de los dioses, una pintura de Arcesilao que representa a Leóstenes; Pausanias con este motivo dedica la mayor parte del § a la guerra lamíaca (1, 3). Después de una breve enumeración, la mención de un santuario de Afrodita Cnidia da ocasión a una digresión más sobre los varios santuarios que de la diosa hay en Cnido (1, 3). El § 4 es de mera enumeración, sin orden topográfico; el § 5 es nótese la coincidencia con Estrabón IX 398— una reminiscencia de Herodoto VIH 96. Después de esta enumeración, bastante confusa, de los o^eupT^p-aTa délos puertos, Pausanias 1, 5-2, 1, comienza a emplear el método periegético de itinerarios. Notable en el primero —de Palero a Ate nas— la observación crítica sobre la cronología del incendio del templo de Hera. La mención de la tumba de la Amazona da ocasión a un contraste entre lo que dicen los atenienses —¿la tradición 78 A. TOVAR popular?— y lo que Pausanias leyó en el poeta Hegias. 2, 2 comienza un nuevo itinerario: en cuatro palabras tenemos la historia de las mura llas de Atenas, de la muerte de Eurípides, con una digresión (2, 5) sobre la presencia de los poetas en las cortes, que para un lector que busca los datos topográficos no es muy oportuna. En los §§ 4 y 5 se inicia un mayor rigor topográfico; en cambio el § ó es un fragmento de la historia mítica de Atenas, enlazado a 5, 2-5 y 5. 2-4, y que en germen es una de las grandes digresiones del tipo de las que Pausa nias colocará en los libros siguientes separadas de lo topográfico, al frente de la descripción de cada región o ciudad. El § 5, 1 presenta con la alusión al pórtico regio un comienzo de digresión sobre Hémera y Céfalo, con cita de Hesiodo. Los §§ 2 y 5 presentan digre siones: una crítica de la tradición popular que hacía a Teseo funda dor de la democracia, un resumen de la historia de la guerra de Leuctra ocasionado por las pinturas del pórtico de los doce dioses. Un simple retrato de Calipo en el Buleuterion origina una digresión de todo un capítulo, el 4, sobre los galos, primera de las extensas narraciones históricas de la obra, y que cae dentro de la época que hemos señalado como general para las digresiones de la descripción de Atenas, que nos convencen de cómo la Atenas de los tiempos en que la visitó Pausanias se sentía más bien semejante a la Atenas de los tiempos helenísticos que a la gran Atenas que había hecho papel en la historia universal. Nueva digresión hallamos en 5, 1-8, 1; la mención de los epónimos antiguos y modernos la origina; los anti guos son recordados con brevedad, Ptolomeo Filadelfo (y de paso su padre, Ptolomeo hijo de Lago) y Atalo merecen de nuestro autor historias más largas. Las diferentes estatuas de que habla Pausanias a continuación (8, 2; 15, 9) le dan motivo para nuevas indicaciones históricas: la muerte de Demóstenes, ios reinados de Ptolomeo Füométor, de Lisfmaco, de Pirro, con la misma preferencia por los temas de la época helenística que hemos señalado para toda la 'Atq.;,; ¿g Pausanias. El cual parece que lo que quiere darnos es un suplemento a los historiadores clásicos (1), (o que por otra parte no le impide repetirnos lugares comunes, como el referente al cabo,Coliás (11,4) o a Failo (X 9, 4). El § 4, 1 nos presenta el grave problema de la (I) Cf. especialmente I 6, 1: w; [j.y, ¡jívsiv sV. f rxh-zCo-^ =uY-f£vófj.£voi Toi? [SaaiXsrjsiv Tmv ¿'{i-p'iv v.cíl npÓTspov stí TÓ;ntuv eZvsv.a ¡xol v.otl xtr.voE vqXujaai "íJÓtok: (Flllpo y Alejandro) {«.stC'>va óit-rip-^e ■r^ a/J.&o ítápepYcc lívai Xóyou, sobre lo cual cf. Katl<mann. 1 ^.1 LA COMPOSICIÓN DE LA ATENAS DE PAUSANIAS 79 fuente Encacrunos, que será fraíado en su lugar de mi comentario. Los dos templos de culto dcmetríaco que hay únep -r^v xpi^vt^v dan motivo a una disertación (14, 2-3) en que Pausanias contrapone lo que dicen «los de Argos» y «los atenienses», con evidente alusión según parece a la creencia popular, ya que, junto a ella Pausanias no olvida decirnos lo que indican los poemas de Museo —con la duda crítica «si es que son de este» tales cantos—, y el drama Álope de Querilo. El pasaje es interesante en su final, donde Pausanias descu bre su relación personal con los cultos de Eleusis, que como es sabido florecen de nuevo desde los días del iniciado Adriano. La estatua de Epiménides (14, 4) de nuevo lanza al autor a una digresión sobre otro tipo profético semejante, Tales de Goríina. Del mismo modo una digresión sobre ia tumba de Esquilo surge de la simple mención de Maratón (14, 5). En 14, 6 y 7 vemos cómo Pausanias no pierde ocasión de exhibir sus conocimientos mitológicos. La descrip ción del Pórtico Pecilo (15, 1-4) hay que reconocer que es bastante objetiva; de digresiones no hallamos sino una múy corta sobre las amazonas (§ 2), pero no falta un lujo de pormenores que para el lector moderno que busca el dato preciso, topográfico o artístico, es incó modo. Una vez más es una simple estatua (16, 1) la que da lugar a una historia, la de Seleuco, brevemente contada (§ 2-3), que completa el cuadro de la historia helenística en nuestro libro. El último § de este capítulo nos da una serie de pormenores de inoportunidad típica de la periegesis: se nos habla del Apolo de bronce de Mileto, de la fundación de Seleucia, de los caldeos del templo de Bel en Babilonia. La mención de los altares del ágora (17, 1) sale del orden topográfico y forma un grupo de monumentos que no está en el «itinerario» (1) de Pausanias, del mismo modo que los monumentos de Adriano en 18, 9, los tribunales atenienses en 28, 8-11, y de un modo típico los altares de Olimpia en V 15, 3-9. También están fuera del orden pericgético la breve descripción del Museon y monumento de Filopapo (25, 8) y la mención de la tumba de Tucídides en la puerta Melítide (23, 9). Como adjuntos al ágora describe Pausanias 17, 2-3 el gimnasio de Ptolomeo y el Teseon; aquí hallamos otra nueva digresión sobre la muerte de este héroe, el país tcsprotio, etc. El santuario de los Dioscuros o Anakeon está en 18, 1 descrito con precisión; el Aglaurion (18, 2) da lugar a una digresión sobre las tres hijas de Erecteo, Aglauro. Herse (1) Uso la palabra con todas las precauciones que recomienda Robert 72-73 en su crítica del antiguo concepto de la periegesis. 80 A. TOVAR y Pándroso. Los §§ 5-5 son bastante escuetamente topográficos; sólo el último se desvía para hablar de los sacrificios que los de Délos hacen a Ilitíia, del origen de esta diosa según la tradición cre tense, de cómo son las imágenes de madera que de ella poseen los atenienses. También son de contenido topográfico los §§ 6-8, si exceptuamos unos cuantos lugares comunes sobre Isócraíes. Una anécdota de Teseo da comienzo al capítulo 19. Robert 5 ha hecho resaltar la importancia del § 2 del mismo para el conocimiento del carácter esencial de la periegesis: Pausanias nos dice que sobre los Jardines y el templo de Afrodita no tienen los atenienses nada que contar (oú5el¡; XeY¿p.£vóí o-í^iíj'.v ettI Por lo cual se limita a la indi cación topográfica. Casi lo mismo se podría decir de los §§ 3 y 4, si exceptuamos alguna indicación sobre Lico y el origen del nombre de los licios, y sobre Niso. La cuestión de la topografía del Iliso (19, 5) hoy está definitivamente aclarada: sin duda Pausanias se desvía del estricto orden periegélico (cf. Robert 106). Agras (19, 6) arranca al frío periegeta una retórica exclamación —que Robert 210 descubre es un calco de una expresión pindárica— ante el maravilloso estadio de mármol. La calle de los Trípodes (20, 1-2) da ocasión al relato de una conocida anécdota de Praxíteles y Frine; nueva digresión en el § 3 sugieren las pinturas del santuario de Dioniso en el teatro; y una deta llada narración de la guerra mitridática en lo que concierne a la con ducta de Sila con Atenas (20, 4-7) toma ocasión de la cita del famoso Odeon de Pericles. Sobre el teatro, Pausanias nos cuenta anécdotas (21, 1-2); la representación de un trípode (§ 3) da ocasión al perie geta para hablar de lugares de Lidia que sin duda le eran fami liares (1). El Asclepieon es apenas citado, en cambio nuestro texto habla extensamente de las habilidades de los sármatas y del santua rio de Apolo Grineo. Nueva digresión sobre la historia de Teseo, Fedra e Hipólito llena 22, 1-2; la entrada en la Acrópolis da motivo para contar la historia de la muerte de Egeo (§ 4-5); de la descripción de las pinturas de los Propileos (22, 6-7) se salen las indicaciones crítico-literarias sobre Museo. La introducción al supuesto monu mento de Leena es bastante extraña para el lector moderno: se comienza (25, 1-2) hablando de los siete sabios, de Pisístrato y sus hijos, para hacer la transición extraña e inesperada, que, como ha visto muy bien Robert 96-98, sólo se une a lo que precede con una fi na alusión a los sabios de Grecia, inasible para el lector moderno, (1) V. Prazer I pg. XIX. LA COMPOSICIÓN DE LA ATENAS DE PAUSANIAS 81 pero que debía ser muy agradable para los gusíos cultos de la época de Pausanias. El nombre de Dlífrefes 25, 5-4, leído quizá en una inscripción (1), da lugar a nuevas disertaciones sobre la destrucción de Micaleso y sobre el uso de las fl echas entre ios griegos. No me explico por qué Curtius supone que la Acrópolis es la parle de más valor topográfico de loda la descripción de Atenas por Pausanias. La narración sobre los sátiros es bastante inoportuna (25. 5-6): en los §§ 7-10 sólo libra al periegeta de digresiones su plan de no contar lo que han contado los autores que considera como clásicos, especialmente Herodolo: sobre Hermólico ya había hablado éste IX 105, sobre Formión Pausanias hace una digresión que ha criticado como errónea Wilamowitz Mermes 12 (1877) 516. E| §24 4 nos presenta un ejemplo del interés de Pausanias por los ritos extranos, que en oíros libros tendrá más manifestaciones que en el I donde sólo un poco más arriba (§ 2) y algo más adelante (26. 5;' 27, 5) hallamos ejemplos. La estatua de Olimpiodoro (25, 2) da'lugar a la narración de la historia de éste, con antecedentes y todo. Sólo en 26, 4 reanuda Pausanias la descripción topográfica. La cuestión del Erecteon y del viejo templo es lo bástanle complicada para demostrar que los datos topográficos que suele dar Pausanias no tienen nada de precisos. Una digresión critica muy del gusto" del periegeta —sobre cómo podía estar en poder de los atenienses la ¿xtváxf) de Mardonio, quien en la batalla había caído no a manos de los atenienses, sino de los espartanos— hallamos en 27, 1. La historia de las arréforas (27, 3) es de nuevo testimonio del interés de Pausa nias por las cosas venerables y los ritos antiguos. Los §§ 4-7 están llenos de historias de Teseo; dos estatuas sirven de pretexto para ellas. El orden topográfico predomina en todo lo que sigue hasta 28, 7; no faltan sin embargo algunas cuestiones en las que Pausanias ejer cita su crítica; quién fué el primero que dijo que las Erinias tienen la cabellera de serpientes, cómo es que los huesos de Edipo están en Atenas si él murió según Homero en Tebas; también una historia del origen del culto de Pan en Atenas. La nave Panatenaica (29, 1) da tugar a una comparación con la nave de Délos. Las cosas sagra das (§ 2) son aquí tratadas separadamente de las tumbas (§§ 13-16), sobre las cuales Pausanias no da ni un solo dato material; sin perder (1) Es una inscripción mal leída: no se trata de Diítrefes, sino de HermólicoI j arr...-/.ív. 1 | IQ I 527. Sobre ello volveré en el comentario. 82 A. TOVAK en cambio ocasión de osleníar conocimieníos históricos, nada nos dice sobre la topografía de las lumbas. El altar de Eros (30, 1) da lugar a la mención del de Anleros, citado fuera de toda relación topográfica (~0V Sk ev rcóXst, ¡jcu[jiov xotAoújAsvov 'AvTÉpiüTo; áváíhT|U.a, elvat AÉYouiTi {jiexoíxwv...), pero con una hisloria sentimental, que debía ser muy del gusto de la época, sobre los amores de Timágoras y Meles. La alusión al altar de Prometeo (§ 2) sirve para una digresión sobre la carrera de antorchas. En el § siguiente hallamos una anécdota de Sócrates y Platón y una crítica de la existencia de Cieno, rey de los ligios transformado en ave por Apolo, cosa que Pausanias intenta explicar racionalistamente. Colono con sus santuarios da fi n (§ 4) a la descripción de Atenas; la alusión a Antlgono parece que una vez más nos hace presente que la Atenas de Pausanias estaba llena de recuerdos de la época helenística. En resumen, el análisis de la descripción de Atenas no nos per mite aceptar en toda su extensión la tesis de Roberí de que Pausanias no pensó ni por un momento en escribir una guía. Sin embargo aquella idea de Wachsmuih que interpreta el hecho de que Pausanias en ciertos casos nos hable de imágenes sin haber hablado de los templos en que estaban, como demostración de que su obra fué escrita como mero suplemento a las guías locales, después de los estudios críticos de Roberl debe ser abandonada. Pausanias, dice Roberí, pensó simplemente escribir un libro de lectura agradable, no una guía (t). En este sentido, Pausanias es un simple continuador de la periegesis anterior a él. Que precisamente su 'A'íi-t; sea !a parte más fl oja de su obra podría explicarse, de una parte, como se ha hecho siempre, por su inmadurez e inexperiencia al componer esta primera parte, de su libro; de otra, señalaré su dependencia de un material escrito enorme, Heno sin duda de digresiones —aquí la clave de que la Axa-í^ sea la parte de su obra más abundante en ellas—, por heterogéneo, difícil de manejar. Hallamos referencias a varios autores que trataron de cosas de Ática dentro del campo de la perie gesis, Pausanias debió conocerlos, y no pudo evitar su dependencia en general del material periegético que hallaba elaborado ya. Si en los otros libros parece que Pausanias extracta metódicamente cro- (1) Sin embargo la palabra tiene un valor muy próximo al de («guía») en Luciano Vera Hist.W 127, io que nos hace pensar que quizá ya para el mismo Pausanias y los antiguos tenía su libro un doble carácter, el que le señala Robert, y a la vez el de verdadera guía. -Vil-»; .'¡I ,. <' LA COMPOSICIÓN DE LA ATENAS DE FAUSANIAS 83 nisías y milógrafos locales, en el I creo que se limira a ufilizar pericgelas. ya que sus digresiones no van nunca como algo metódico, sino al azar, según los monumentos aludidos las van sugiriendo. Por eso, la 'Atíh? de tipo mitológico-histórico que Wilamowitz supone utilizada por Pausanias yo me inclino a eliminarla del campo de las fuentes directas posibles. Por el contrario. la coincidencia de Pausanías con el tipo periegético que podemos reconstruir por los frag mentos que nos quedan es perfecta. La diferencia que quiso Benckcr señalar entre esta periegesis alejandrina y la de Pausanias, con una introducción en esta última de lo histórico-artístico como'elemento difcrenciador, me parece inexistente. Y no resultaría una grave obje ción el que con Kalkmann (esp. 184-199) se admitiera en la compo sición de la •A-ríjíí de Pausanias una fuente especia] para los datos de historia del arte, cuya existencia quedaría evidenciada por las coincidencias de la periegesis con Plinio. La cuestión entra ya en el campo, bastante problemático, de las fuentes del compilador latino, y no se olvide por otra parte que las coincidencias de Plinio con Pausanias podrían explicarse, como quiere Gurlitt 195, por modos de valorar generales en una época, por ese vínculo de la contempora neidad, establecido por el hecho de respirar el aire histórico de épocas próximas. Después del libro de Robcrt, la polémica sobre Pausanias no ha obtenido una nueva exposición general. E. Petersen Pausanias der Perieget RhM 64 (1909) 481-558 se sitúa en la línea tradicional, de Gurlitt y Heberdey, para defender contra Robcrt la autenticidad del carácter de guía de Pausanias: «si la periegesis hubiese sido para Pausanias exclusivamente una forma de exponer, el consecuente mantenimiento del orden topográfico se habría convertido en una obligación pesada» (pg. 487). Vuelve, pues, Petersen a la teoría de que la periegesis es esencialmente una guía y hace notar que las expresiones del tipo: ex Si.xui..vo; Be xxt su^ú e; qAtoavTa ¡J.áXt(TTa aTáSta flupaia... ¿axiv (U 11. ,5), ¿vjc-pióaíTi Se Sí óSov Biafiao-!. te auíH; tÓv Ao-iutiov xai li; xopucoTiv ópouí ví^afftv... (ibid. 5), tan frecuentes, son verdaderas fórmulas de guía. Petersen llega a hacer un catálogo de cosas citadas fuera del orden rigurosamente topográfico: en Atica sucede esto más que en los libros siguientes; sólo en Olimpia el orden se vuelve a alterar de una manera consciente y con frecuencia (pg. 488). A la explicación que da Petersen —la gran cantidad de cosas que describir en Atenas y en Olimpia—, añadiremos por nuestra parte que la influencia de diversas