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El convento de Santa Catalina de Valladolid

Martín González, Juan José

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EL CONVENTO DE SANTA CATALINA DE VALLADOLID FUNDACION En la Historia General de Santo Domingo y de su Orden de Pre dicadores (2), se dice que los fundadores del Convento de Santa Cata lina son D/' María Manrique, viuda de D. Manuel de Benavides, seño res de la Mota, y su hija D." Elvira de Benavides y Manrique. En otros pasajes se lee, con notoria contradicción, <^0." Elvira Manrique, hija de la fundadora-p, dándole la categoría dé primera priora e incluso, por Breve pontificio, la de priora perpetua. Esto mismo nos dice Juan Antolínez de Burgos en su Historia de Valladolid y cuantos historia dores le han seguido. Pero las lápidas sepulcrales de los personajes citados, trasladadas del coro al claustro a fin de que no quedaran cubiertas cuando se hizo el entarimado de aquél, aclaran rotunda mente que la madre de la fundadora, V:' María, falleció el 14 de agosto de 1483, y que D.'^ Elvira de Benavides y Manrique, su hija, fundó, edificó y dotó este monasterio, del que fué religiosa y priora hasta su fallecimiento el 21 de diciembre de 1505. Por tanto, no cabe duda de que aunque D." María promoviese la fundación del convento y le dotara incluso con 24.000 maravedís, la verdadera fundadora es su hija. El Breve de fundación, fué dado por Inocencio VIII, y, vinieron a poblar el monasterio monjas de Segovia, que se afincaron en la más dura observancia, que ha dado fama entre los demás monasterios de la Orden Dominicana, hasta el punto de que siempre que se quería fundar una nueva institución se recurría a las monjas de Santa Ca talina, que no son descalzas porque Santo Domingo no las instituyó en su Orden. 11), Muy de veras agradecemos a la Rvda. M. Prioi-Si y Comunidad las facili dades que nos ha dado para llevar a cabo este estudio. (2) Historia General de Sa7ito Domingo y de su Orden de Predicadores. Por Fray Juan López, obispo de Monópolis, de dicha Orden. Tercera parte. 1$I5. 1Í2 JUAN JOSÉ MARTÍ GONZÁLEZ Fué edificado el monasterio en la calle de García Montes, lla mada luego de Santa Catalina y actualmente de Santo Domingo de Guzmán, según vemos en los Estudios histórico-artísticos áe MQ.rtí y Monsó, siendo colocado bajo la advocación de Santa Catalina de Sena, de la Regla de San Agustín. EDIFICACION Una carta que nos transmite Martí y Monsó dice que se autori zaba la construcción de la iglesia, campanario, claustro y refectorio en 1488, iniciándose las obras el siguiente año. IGLESIA Es de una sola nave, de reducidas dimensiones; las paredes com pletamente lisas y las cubiertas, reformadas con posterioridad barro cas con lunetos. Solamente tiene una capilla lateral en el lado de la epístola, en la qüe se encuentra el sepulcro del caballero licenciado Juan Acacio Soriano. que falleció, según documenta Marti v Monsó el 23 de mayo de 1598, habiendo testado el 21 de abril del mismo año lo siguiente: «Mi cuerpo sea sepultado en la capilla aue yo dejare señalada por mío en el monasterio de Santa Catalina de esta villa Yo deseo dejar en mi entierro y capilla mi hacip^rj^ se abra un arco de la capilla hacia la iglesia para ^ con ella, que se ponga en él una reja de hierr.;, y H capilla el bulto de piedra «como está en el Colegio de LnVnhin^ ^Un letrero diría; «Esta capilla es del honrado caballero Juan ció So nano, abogado que fué de esta Real Audiencia de VaUaZlfrnatural del Reino de Aragón-, está en ella sepultado». Dpí/, v. . único heredero al monasterio de Santa Catalina m' ^ + • ' al Que reeraló tanicenas, piezas de oro y plata, lienzos, retratos, que fuemn cosí en ab soluto robados por los franceses en el saqueo y violación del Convento cuando la guerra de la Independencia. El hueco que se menciona en el testamento fué en efecto abierto, colocándose en él una reja del siglo XVII, muy sencilla y en la que figura en el centro el escudo del caballero, de cinco Uses que prueba su origen aragonés por las relaciones nobiliarias de este reino con Francia. También había dejado ordenado que se hiciera un retablito, para el que dejó unas pinturas, si bien no sabemos si se apro vecharon al efecto. Es de escasa calidad, llevando en el centro una representación de la Virgen con un cortejo de ángeles flanqueándose EL CONVENTO DE SANTA CATALINA DE VALLADOLID 113 por columnas corintias pareadas, muy del principio del XVII, y que luego se imitarían en el retablo de la Capilla Mayor. La cartela antes mencionada, que nos revela la categoría del personaje, no se ha con servado. En el centro de la capilla se halla el sepulcro' de piedra, especie de arca de poca altura y en cuyos frente están los escudos de Soriano, protegiéndose sus esquinas con patas de animal, al uso renaciente. Sobre ella reposa la estatua del caballero, que representa a un hom bre con abundante cabellera y de unos cincuenta años, con rigidez letal. Tiene la mano derecha extendida sobre el sepulcro, apretando un rosario con los dedos. La otra, que sostiene uh devocionario, se .apoya en el pecho. No es de buen arte, pues se halla hecha en un momento en que el manierismo se dedica a emular a los grandes maestros del Renacimiento, con la única obsesión de copiar fielmente el natural. Hay que hacer notar que tiene'fracturadas las piernas. CAPILLA MAYOR Posteriormente tomó el patronato de la Capilla Mayor María de Castro al efecto de hacer su enterramiento y el de su difunto es- . poso D. Antonio Cabeza de Vaca en ella, el cual estaba entonces en terrado en la iglesia de San Benito el Viejo. Al año siguiente, 1603, moría la señora, habiendo expresado en una rectificación del testa mento el deseo de tomar el patronato de la Capilla Mayor del Con vento de San Agustín, produciéndose un pleito entre ambos conventos sobre quién se hacía cargo de los bienes de la señora, venciendo el de Santa Catalina. Con el fin de cumplir los designios de D.'' María, su testaméntario, el Conde de Nieva, firmó un contrato con el arquitecto Pedro de Mazuecos sobre arreglo de dicha capilla. Con esta obra se modificó su antigua estructura, construyéndose una bóveda calada ppr ven tanales y sostenida por cuatro arcos torales o «írtUrii/ales» según se expresa en el contrato. A ambos lados se abrieron dos enterramientos de-estilo herreriano, con piedra^de Navales, decorándose cada uno con tres escudos de los señores que iban a ser sepultados allí, todo lo cual se conserva. La obra importó 4.300 ducados y fué terminada en 1606. El año 1607 fueron trasladados los restos del matrimonio desde San Benito el Viejo a sus respectivos lugares en la Capilla Mayor, y hoy reposan en la .cripta. El mismo año se concertó con Pedro de la Cuadra la hechura de las dos estatuas sepulcrales (Lám. I), que fue ron terminadas el año siguiente. Son de alabastro de Cogolludo y se Il4 JUAN JOSÉ MARTÍ GONZÁLEZ maniíiestan orantes; la del caballero, con la cruz de Santiago en eí pecho, está en el lado del evangelio, y la de la mujer en el de la epís tola. Dió fe de haberse guardado en todo las condiciones del contrato Gregorio Fernández, cobrando el autor de la obra ochocientos du cados. Se manifiesta aquí Pedro de la Cuadra como un virtuosista de los detalles y un mal seguidor en esta clase de estatuaria de Pompeyo Leoni, si bien la perfecta ejecución de las telas y encajes de D.-' María le revela como un buen escultor de calidades. Adolecen de excesivo empaque y rigidez, con ingenuidad en los rostros y falta de gracia y sentido psicológico. Su conservación, si excluimos que faltaban las manos a María cuando escribía Martí y Monsó, hoy reconstruidas, es perfecta. r El fondo de esta capilla se rellena con un retabio de escultura y_Elntura (Lám. II), de un cuerpo, un áUco y un banco en erdurfiguran dos lienzos que representan a Santa Catalina en éxtasis y a Santo Domingo realizando un milagro, separados por los basamentos de las m n ™ 'f las estatuas de os cuatro Doctores Máximos de la Iglesia. Las columnas son corin tias, imitando las que se ven en la capilla de Soriano En el centro, y en una borpacma barroca hecha posteriormente, está una escultura de la Santa titular, y a ambos lados unas pinturas al óleo bastante deterioradas y ennegrecidas que representan la Oración del Huerto y la Caída de Jesús. Se desconoce su autor, aunque Martí v Monsó anti cipa el nombre de Pedro Díaz de Minaya, Padre d^Diero Valentto Díaz, con cuya época, principio del sig o XVII. coincide Hay una cita documental en que aparece el supuesto autor t . r> ^ de la Cuadra, dándosele cierta cantidad por lo nnp ° ^ v, ^ de D." María de Castro, si bien no es posible detorrntoar su to terven" ción en una obra de escultura en piedra. Unos escudos que van en cima de las pinturas recientemente citadas, v nnp ors , , ^ poseedor de la Capilla, indican que el retablo ?ué b \ , Ls y poco después de su muerte. ^ En el ático, en el centro, va una pintura del mismo autor Italianizante que las anteriores, de la Circuncisión del Niño, y a ambos lados, con objeto de rellenar los espacios circulares que forma la arcada, se han colocado unas pinturas de Santo Domingo de Guzmán y Santo Tomás de Aquino sobre plancha y recortadas. En la parte superior del retablo, otra pintura con el bustodel Creador Aunque no se trata de una obra de arte extraordinaria, desta quemos como meritoria su unidad artística, la original ordenación de las diversas partes de los cuerpos, cuyo estilo de los comienzos del XVII no se rompe por la presencia de la hornacina barroca, colo cada aquí como puente de fácil transbordo hacia la nueva manera. Lám. IV.—Valladolid. Convento de Santa Catalina. Claustro (Foto Carvajal). ■-.■2.', 118 JUAN JOSÉ MARTÍ GONZÁLEZ encantador patio no haya sido hecho de un solo impulso y se haya tenido que recurrir al granito de arena para darnos una obra ter minada, pero no «acabada», en que flotan una serie de elementos que claman por su continuación. Solamente deteniendo parcialmente la vista en cada ri ncón o echando una ojeada rápida de conjunto, sin dar tiempo más que para que se grabe al modo impresionista su si lueta, podemos recrear pacíficamente nuestra emoción artística. Respecto al autor, ya hemos manifestado los muchos puntos de contacto que tiene con el patio del Colegio de Santa Cruz, y cómo también semejanzas aparecen en el claustro del monasterio de Santa Francesas, que pudo haber sido acabado antes e 1537 y cuyo artista ha revelado recientemente García Chico: Ferauftl? no fuera muy desacertado suponer que fuera el arquitecto de los otros dos. cieníl? m y bovedillas de yeserías renaeítán heotT' m constantemente porque están hechas a molde, por lo que les falta la variedad v la finura de Vlllalpando. con quienes Ly que relaNotemos también que en cada esquina Interna del niso inferior hay un cuartel del escudo de la fundadora mu.,,,. ; fit iSS inX por los franceses. Pasaremos revista a ella^ o veiü tre a nuestro paso, comenzando por la dererb pT patio por su planta baja. Encima mismo de la puerta hay un rosetón calado que sirve para alumbrar una escalera interior, que a pesar de haber sWo recubierto de una capa de yeso o cal, igual que otras muchas cosas del convento, conserva su tracería renaciente en armonía con los adornos del patio. En el muro se halla empotrado un trírytir^ '] adornos ciei deteriorado, con representaciones de Santa . san Roque. Hay predominio de coloLs tpneral todos ellos están sumamente desvaídos ^ Una escultura de pequeño tamaño en moJj xbién colocada en una hornacina de la pared estofada, es a y su arte parece tener relación con la ^ T dn' finales del XVI. La Capilla de la Visitación es de estilo rococó lo mismo que su fachada Dentro de ella hay un retablito de la má's pura esencia de este estilo, al igual que una mesa con plancha de íLpe Hay tam bién que Citar una santa Catalina barroca del xvn y un grupo de - «wr • - EL CONVENTO DE SANTA CATALINA DE VALLADOLID 119 San Pedro y San Pablo policromados Igualmente y de reducidas di mensiones. Otra pintura sobre tabla es la del Ttciiisito o Traslüción de Id Mdg~ dalena. Este tema, es decir, aquel último momento de la vida de la Santa en que es trasladada por un cortejo dé ángeles desde la gruta en que hacia penitencia a presencia de San Maximino, en manos de quien había de expirar, ha gozado de poco favor entre los artistas. De las escasas representaciones que tenemos, una es la de Ribera, pero es notorio que en tanto que a la de éste se la ve avanzar late ralmente por los aires, la que es objeto de nuestro estudio sube ha cia el Cielo. Indudablemente su autor, pobre en recursos iconográ ficos, ha recurrido para conseguir su objeto al tema de la Asunción de la Virgen, imitándole, no dando a la Santa Penitente otros atri butos personales que la caractericen que el largo cabello, el vaso de perfumes y su rostro escasamente virginal. Es una hábil'composición de ritmo ascensional y de sutil abstrac ción idealista, ya que la imagen ha sido concebida dentro de un óvalo alargado, en que los mismos cabellos ondulantes contribuyen a dar impresión de alargamiento y espiritualidad. Los objetos más valiosos de la clausura se encierran en la Cdpüla del Sepulcro, llamada así porque en ella se venera el Cristo yacente de Gregorio Fernández. Es digno de admirar el avtesoiiddo de pe queñas lacerías de madera que enmarcan rosetones. Las faldas, con casetones, están decoradas con balaustres. Todo ello está pin tado con colores azul, encarnado y blanco. Debió de ser hecho en los primeros años del Convento, al tiempo que la capilla. Las paredes están materialmente cubiertas de lienzos, algunos de ellos de no pequeño valor, como los que representan a Suri Avibrosi^ de Sena, de un exquisito claroscuro, y a San Pío V; pero sobre todo debemos señalar un excelente retrato de Fray Luis de Granada. Y hemos dejado intencionadamente para el final el cuadro de mayor valor, que se encuentra situado sobre el altar de la Capilla. Se trata de un estimadísimo ejemplar de escuela hispano-flamenca, ejecutado, sobre tabla estucada como es de rigor. Su asunto es la Visión apocaliptica de San Juan. En lo alto se halla la Virgen con el Niño rodeado de rayos sobre su viente; a la derecha y arriba, las estrellas de la pro fecía y debajo el dragón de siete cabezas; a la Izquierda el Santo con templando extático estas revelaciones que le hace un ángel situado a su lado izquierdo. Los rutilantes y enteros colores se encuentran un poco atenuados por el predominio de una intensa luz cenital propia del paisaje castellano. La gama cromática es variadísima, recordándonos por ello la tradición medieval, junto con otros detalles panorámicos y el 120 JUAN JOSÉ MARTÍ GONZÁLEZ carácter eminentemente dibujístico la composición, cosa que no nos extraña, pues acontece cuando el renacimiento, que llega con re tardo a los Países Bajos, viene mezclado a España en estos fináles del XV y principios del XVI con toda la carga medieval que tan que rida era para los flamencos. No hay aquí tampoco el realismo exa gerado de la manera flamenca, sino que la templanza del medio y la profundidad del paisaje que se prolonga por un cielo de claridad sin límites, dan a las figuras una sublime calma y una honda espiritua lidad. A este medievalismo se junta el movimiento renaciente de las líneas dinámicas del contorno del dragón y del ángel cuyas serpean tes curvas accionan la composición. En resumen, es una obra de mucha coherencia y riqueza estilística, no obstante estar fluctuando entre dos mundos, a los que comprende y armoniza • Hemos también de incluir aqui una escultura en madera poll ón ''a, antes se encontraba en la iglesia ümls afioslf^II ^ CRISTO YACENTE DE GREGORIO FERNANDEZ Es una de las más importantes iova.<q nno «4. , ' ' dentro de la clausura y que sólo pueL Smir. ® monaster o el día de Jueves Santo (Lám. V) Notav h- ^ ' w iguala al del Pardo, al yacente del Museo v ai ri muy superior a los segovianos de la Catedral v a su procedencia acepto la sugerencia de D EsA ^^rhico de que fuera traído entre las diferentes obra. ^ ^ de Aniago al Museo de Valladolid, del cual le nnrirf de Santa Catalina. De ser así este Cristo formar-^ QUirir el conven o blo para la Capilla Mayor del convento de Nup.t de la orden de la Cartuja, estando situado en' t 'tai mente ha probado el aludido investigador nup ^.nco. Documen tico retablo es el que figura en el MuLo Nar Valladolid (1). sería hecha su encarnadura según especial, recomendación de Gregorio p ^ Valentín en la Navidad de 1634. Fernández, y terminado Lo mismo que el Crucifijo de Juni de 4. • 4-. cp ba hablado esta obra no fué comentada por in. ^-nteriorment de arte, que han tratado del Convento historiado^ a la luz fué D. Francisco Mendizábal en n, ^ en un articulo del «Diario Jie- (1) Documentos vara el estudio del Arte en r Tomo II, Escultoi-es, pág. 203 y slgs. Castnia. por Esteban García Chico. ¿ÉáL Áad6ÍÉhSi*J EL COtrVENTO DE SANTA CATALINA DE VALLADOLID 121 gionaU (1), en que se establecen relaciones de este Cristo con el del Pardo y el de la Luz, sin atreverse a dar una atribución fija a Grego rio Fernández. Pero dos años más tarde (2), convencido de su idea, Mendizábal se decidió sin rodeos y con absoluta certeza por tal atribución. El cuerpo blando y mórbido descansa plácidamente sobre un su dario, apoyando la cabeza en una almohada que la incorpora suave mente. Sus miembros, de suave modelado, nos transmiten una impresión táctil, cobrando sensibilidad la piel, en tanto que, la ana tomía, que debería haberse acusado extremamente con motivo del sufrimiento, permanece oculta. Por eso fué la pintura la que tuvo que maltratar el cuerpo del Creador para hacernos comprender al menos lo que el escultor se había propuesto representar. La cabeza, con una profunda expresión de muerte, marca una gran contradic ción con el resto del cuerpo, cuya falta de rigidez en los miembros Ib sume en el ensueño. De tal manera esto es verdad que lavando las heridas y los largos regueros de sangre, nadie diría que este Cristo está muerto. Pero el artista ha querido, acaso por su piedad religiosa, valorar la cabeza más que el cuerpo y a efectos de ello ha desamparado la unidad estilística que es en definitiva lo que constituye la obra de arte perfecta, quedando íntegra para su venta ja la unidad lineal que da al cuerpo un rítmico aspecto fusiforme. La cabeza, de tétrica expresión, descansa pesadamente sobre el pecho, hacia el costado derecho, con objeto de ser vista en todo su detalle por el observador. No podemos ocultar su maravilloso efecto, y para no caer en la exageración y atenuar la impresión de este rostro afi lado y descompuesto, el piadoso Fernández ha puesto orden y sime tría en la cabellera, que Juni intencionadamente revolvía. A juicio de Agapito y Revilla su parecido mayor es con el Cristo del Buen Suceso, que tras haber pasado por el Museo del Prado re side hoy en el de Valiadolid y que la señorita María Jesús Ocampo estima, con notoria injusticia, de peor calidad, asignándole a su es cuela o seguidores (3). REFECTORIO Tiene un precioso zócalo de azulejería de tipo'de Talavera, dividi do en tramos por columnas y en los que figuran escudos de la Orden, (1) Del Valiadolid desconocido. Las joyas de la clausura monacal. «Diario Regional» del 17 de abril de 1919. (2) De la vida espiritual de Castilla. Arte y Santidad. «Blanco y Negro» del 21 de marzo de 1922. ^ (3) Los Cristos yacentes de Gregorio Fernández, por María JesiiS Ocampo. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología. Tomo IV, pág. il. 122 JUAN JOSÉ MARTÍ GONZAlEZ excepto en el del centro de la sala, que lleva el de los Austrias. Cubre el mosaico, con dibujo geométrico, de colores azul de cobalto y ama rillo, todo el refectorio, incluso un pulpito hecho en el hueco del muro (Lám. VI y VII). Podría ser autor de esta obra el maestro Her nando de Loaysa, que procedente de Talavera establece un horno en Valladolid de donde salieron importantes mosaicos como los que de coran la capilla del Palacio de Fabio Nelli y el convento de Portaceli. Debieron de fabricarse a principios del XVII en que S. M. por medio de una cédula real , concede al Convento para su reforma 800 du cados (1). Esto lo vemos confirmado por unas pinturas de Santo Do mingo y Santa Catalina en las cuales se lee: «Dió limosna para ha cer la obra del refitorio el Rey D. Felipe 3. Año 1616» Además el investigador Sr. García Chico, ha leído en el Archivo del Convento el siguiente documento, del Libro de Casa que empieza en el año 1589 y rige hasta 1636, que gentilmente ha colocado a nuestra disposición: «Obra del Refitorio. Anse gastado mil y doscie7itos y cincuenta y un real con que se acabó la obra del Refitorio, sin algunas menuden cias que están asentadas en el libro de la procuradora. En pago de los oficiales y materiales y gratificar y caminos y otras menudencias todas tocantes a la obra y unas pinturas Mas se gastaron quinientos y ocJienta y seis reales en la dicha obra en las cosas que arriba son dichas de manera que por todo que se a gastado en la obra sin algunas cosiUas que están asentadas en el Woro de La procuradora doce mil y seiscientos ducados y cuarenta y cinco reales. Paso en cuenta en el mes de octubre de 1616» Las pinturas a que hace reíencla el documento son sin duda al guna los antes mencionadas de Santo Domingo y Santa Catalina, entre las cuales y presidiendo la sala se halla un Cristo de madera esculpida y de tamaño mediano que tiene cierta importancia El techo del refectorio es de vigas, pero actualmente están cubiertas por un entarimado. CAPILLA DE LA PEÑA Nada digno de anotar hemos encontrado en ella salvo su notabla fachada. , ' / ✓ Cosa curiosa es una ventanita de tres arcos que sirve para dar luz a una habitación que da ai claustro y que apenas existe en otros edificios similares. (n Hist07ia^de la ííe la Rei7ia, por el R. PDiodoro Vaca González. Editora Nacional. Madrid, 1943, pág. 306 EL CONVENTO t>E SANTA CATALINA' I>E VALLADOLID 123 En la escalera que sirve para ascender al piso superior hay una bóveda que se perfila en forma de venera y adornada con colgantes góticos del tiempo de la edificación del convento. Con el blanqueado se han borrado unas leyendas que la ilustraban. CORO La entrada al Coro se hace por unas artísticas puertas de ma dera tallada cuyo espacio se divide en 24 recuadros con figuras de santos, santas y distintas alegorías. Son, empezando de arriba abajo: San Pablo, el Angel y la Virgen en la Anunciación, San Pedro, Santo Tomás, Santo Domingo, Santa Catalina, San Pedro Mártir, San Jerónimo, San Gregorio, San Agustín, San Ambrosio, San Nicolás, San Antonino, San Bruno, San Antonio, Santa Agueda, San Lorenzo, San Esteban, Santa Margarita, la Muerte, el León de Judá, el Cordero Divino y la Juventud. La talla es bastante sumaria y el artista de mediana calidad, pero el valor no es* el de los cuadros esculpidos propiamente, sino su conjunto armónico de gran ponderación y sano equilibrio. El Coro (Lám. VIII), separado de la iglesia por medio de rejas, es una sala rectangular que se cubre con tres bóvedas de cru cería estrellada, por cuyo motivo puede fecharse a finales del XV. La sillería es de estilo jónico y su sencillez arquitectónica es propia del siglo XVII. La decoración es por tanto muy escasa; sólo los em blemas de la Orden, los remates de los sitiales y algunas esculturas en el central y en el tercero a su izquierda. Acaso sean sus artífices los maestros ensambladores Francisco Velázquez y Melchor de Beya, que acustumbran a trabajar en colaboración en Valladolid durante esta época y cuya sencillez se identifica perfectamente con esta obra. Dentro del Coro existen varios objetos de valor artístico, entre ellos un magnifico'Crísío de escálela castellana, de proporciones alar gadas y pintado con tonos oscuros. Por su composición esbelta y la ligereza de los miembros diriase de Berruguete, pero le falta ese espe cial nerviosismo que el"maestro de Paredes daba a sus imágenes ha ciendo crujir la madera de dolor. Es del siglo XVI y es una prueba más del influjo desarrollado por Berruguete en Castilla. En las paredes hay diversas pinturas; una Madona que recuerda a Mateo Cerezo, una copia de Tiziano de la Virgen, de tonos muy de caídos quizás por la acción del tiempo; otro cuadrito de la Virgen que suele llamar la atención porque hay quien ha supuesto gratuita mente que es el del Greco, por el aspecto flameante de las manos. 124 JUAN JOSÉ MARTÍ GONZÁLEZ Más importante, sin embargo, es un pequeño Ecce-Homo de escuela castellana. ; En una capillita situada frente a la puerta de entrada del Coro se hallan dos grandes estatuas de madera de Santo Tomás y Santa Catalina. Fueron traidas de San Pablo afortunadamente pues iban a ser destruidas. El barroquismo es ya aquí puramente un tributo obli gado a la época y se manifiesta sólo por el alboroto del ropaje. Acaso su autor fuera Pedro de Bahamonde. Observemos finalmente que la bóveda de la capilla es de crucería gótica. En el interior de una hornacina del claustro se venera una es tatua de barro cocido y policromada de 32 centímetros. Es de estilo rococó y algo tosca, pero con una indudable gracia. A primera vista parece San José y el Niño. Junto a la puerta de salida hay un frontal de azulejos de Talavera de dos épocas, los más antiguos de cuenca y tonos azules y verdes oscuros y los más modernos de colores suaves pintados. Sobre la pared hay unas pinturas de San Pedro Mártir y Santo Tomás de poquísimo mérito. En el piso segundo volvemos a encontrar otro frontal de azu lejos que son los que le dan importancia, pues las pinturas de San Cosme y San Damián son tan valiosas como las anteriores. CAPILLA DE LA SOLEDAD Tiene la mejor fachada de cuantas hay en el Convento. Perte nece a un plateresco sobrio, con grandes italianlsmos en las figuras, de naturaleza sumamente nerviosa y plástica. El material empleado es piedra blanca, muy modelable. El nombre de la Capilla se debe a un grupo de la Virgen de la Soledad del tímpano de la fachada, ciertamepte estupendo, aunque preveamos casi una copia de maestros italianos. El techo de la Capilla es crucería gótica. En el suelo vense también muestras de cerámica talavereña, pero ya hemos indicado anteriormente que, lo mismo que las del Refectorio, pudieran haber sido fabricadas en Valladolid. CAPILLA DEL PATROCINIO Cuenta también con una portada esculpida en piedra blanca, pero carece de las bellas proporciones de la anterior, y a falta de ocho atractivo se han ornado los espacios lisos con motivos de hojas, pámpanos y figuras humanas, repetidas de un modo tan estudiado EL CONVENTO DE SANTA CATALINA DE VALLADOLID 125 y simétrico que causan impresión de molestia. La escultura es a su vez de inferior calidad, aunque es posible haya influido la desfigu ración que han sufrido a causa de haberse arrancado la pintura, de la que han quedado ciertos vestigios en las esquinas. Dentro se apre cian variedades dé mosaico talavereño del tipo de cuenca, con la típica predominancia de matices oscuros. En un banco de un retablito barroco de ningún valor están incor porados unso relieves de alabastro del siglo XVI, hechos por un ar tista manierista sin duda, en que es fácil ver la imitación de pers pectivas, composición e incluso dé caras de personajes, pero con una finura y una expresión de calidades como no es corriente ver. Proba blemente sean de la primera mitad de la mencionada centuria. Las escenas representadas son: en el centro, el Buen Pastor y a los lados la Flagelación, la Coronación, la Cruz a cuestas y la Crucifixión. ROPAS Y OBJETOS DE CULTO ' Completan la riqueza artística del Convento dos frontales de telas bordadas, uno con figuras de la Virgen y Santos del siglo XVI y otro con decoración vegetal del XVIII; un terno del XVI con su corres pondiente capillo con la imagen de la Virgen y las dalmáticas y una casulla con bordados del XVI. Todas estas piezas han sufrido los efec tos de la restauración. También hay que citar dos cálices, uno que lleva fecha de 1790 y el otro del XVIII. OTROS OBJETOS NOTABLES Una silla de madera con asiento y respaldo de cuero de finales del siglo XVII, dos bárgueños chapeados de carey del XVIII de escaso interés, una mesa rococó idéntica a la anteriormente vista en la Ca pilla de la Visitación, amén de un sinfín de cuadros que tapizan ma terialmente las paredes conventuales, apreciables por su valor arqueo lógico, y de los que hemos de ocuparnos en otra ocasión. OTROS DETALLES ' La gran serie de dependencias de este monasterio precisó de otro patio consagrado a otros menesteres, del que todavía se conservan columnatas toscanas idénticas a las del pórtico de entrada a la clau sura y a las de la segunda arquería del patio principal. Aunque peor conservado, este patio es naturalmente posterior al que ha sido objeto primordial de nuestro estudio. Juan José Martín González.