Los Cristos yacentes de Gregorio Fernández
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LOS CRISTOS YACENTES DE GREGORIO FERNÁNDEZ Decía en el primer cuarto de! siglo xvii el prócer poeta Don Luis de Ribera, describiendo un Cristo yacente, que: En blando sueño, que inmoríal espera Llama gloriosa de triunfanle vida. Reposa el sacro cuerpo, real, ungido, En las cenizas frías escondida, Divina brasa, de increada esfera. y en verdad que parece al cantar en estos versos a Cristo puesto en el sepulcro, que describe, teniendo a la vista una de aquellas excelsas creaciones del Maestro Gregorio Fernández, el más alto escultor de la escuela castellana del siglo xvei. Blando sueño, y en las frías cenizas, alienta la divina brasa de que el poeta nos habla y sabe maravillosamente captar el escultor, tal son los Cristos yacentes de Gregorio Fernández, que crean tipo en nuestra escultura posterior y que representan la nueva concepción del Divino supliciado, que se separa fundamentalmente de todo el concepto medieval y aun del concepto, un poco erasmiano, e os Cristos del siglo xvi, para entrar con pie fi rme y de pleno derecho, por caminos de suavidad, de expresión, que señalan y han de produ cir honda huella. Antes de Gregorio Fernández, antes de estos Cristos yacentes, en el arte se concreta la representación de Cristo muerto al momento en que Cristo descendido de la Cruz, rodeado de las mujeres y los personajes de la crucifixión es coiocado en el sepulcro. Esta repre sentación vieja, de origen medieval, no muy diferente en forma y expresión de ias composiciones representativas de entierros en sar cófagos de particulares, tiene su expresión más acentuada en los siglos XIV y XV, y su última consecuencia, barroca, pero guardando todavía en disposiciones simétricas más que armónicas el ritmo m;, V-
12 M." JKSÚS OCAMPO medieval, en el Entierro de Cristo que para el sepulcro de Guevara llevó a cabo Juan de Juni y que se conserva en el Musco Nacional de Escultura de Valladolid. Variación de este tipo, leve desviación de él, son los grupos de la Piedad, en que la Virgen, sola o acompañada de las mujeres y los personajes de la Pasión, sostiene en su regazo el cuerpo muerto de su divino Hijo, de que nos muestra multiplicidad de ejemplos el arte fl amenco que hace de esta representación su escena preferida, la que es objeto también de constante reproducción en el arte español del siglo XV, que se concreta con plenitud de formas y de aciertos en la Piedad del Vaticano de Miguel Angel y que es motivo no olvidado sino más cuidadosamente conservado durante el Renacimiento. El Cristo muerto, fi gura principal, pero que al fin y al cabo no deja de ser sino un elemento integrante de una composición, de una escena, no se concibe aislado. El espíritu religioso que se calca sobre las Sagradas Escrituras copia cuando se concreía en produc ción artística las descripciones de éstas; nuevas tendencias, nuevos sentimientos, concepciones teológicas que surgen, disgrega el Cristo de esta escena para darle un valor expresivo por sí sólo. En los siglos XVI y xvii el artista reproduce de continuo el grupo de la Piedad, ya separado también de los demás personajes que integraban la representación medieval; es un concepto nuevo que se separa de la descripción escrituraria que alienta el medievalismo; son los místicos, son las descripciones y comentarios pasionales llenos de amor de éstos los que influyen de manera decisiva en las nuevas expresiones artísticas, en las nuevas, aunque bordadas sobre lo viejo, representaciones del Cristo muerto y de la Virgen. Gregorio Fernández talla sus Piedades sobre estas normas; la Virgen sostiene el cuerpo muerto, pero no ya como en la de Miguel Angel, sobre sus rodillas y en sus brazos, sino que la pesantez del cuerpo de Jesús descansa sobre el suelo apoyando sobre el regazo de la Virgen la cabeza y parte del torso, como se puede apreciar en sus distintas formas en las Piedades del Musco de Valladolid y en la de San Martín de la misma ciudad. A un concepto místico también responde el desglose, la separa ción de la Virgen trágicamente dolorida, del cruento sacrificio del Hijo amado, que tiene su expresión primera y magnífica en la Virgen de los Cuchillos (Angustias de Valladolid), que tiene su más dulce representación en la Virgen de Gregorio Fernández, en la vallisole tana Iglesia Penitencial de la Cruz. t .
LOS CRISTOS YACENTES DE GREGORIO FERNANDEZ 13 Emile Male, en su obra «L'art réligieux aprcs le Conciie de Trente», nos habla de la representación del Cristo muerto y sin los personajes de la Pasión, Cristo sostenido por ángeles, concepto nuevo en la representación y dice que no tarda en advertir que este tema nuevo no es más que una antigua imagen transformada, «el Cristo de San Gregorio» cuya represenlación como verdadero icono oriental, delante de! cuai se ganan múltiples indulgencias, se aban dona y ya no tiene expresión en ei arte, cuando las grandes contro versias religiosas sobre las bulas se promueven por el protestantismo. No estamos conformes con tal apreciación; el concepto nuevo del Cristo muerto, sin los personajes de la Pasión, distinto también del Cristo muerto en brazos de la Virgen, es concepción novísima, no transformación de la vieja imagen que cita. Estos Cristos yacentes de Gregorio Fernández lo prueba; de cuya representación, creemos que por desconocerlas no se ocupó Máie, son concepciones que no tienen apoyo anterior, que no tienen precedentes. A un concepto místico, a una concepción cordialmente •■el>gi°sa, tierna y acendrada responde el tipo de Cristo yacente, so ' ya sin la Virgen que le acoge en su regazo, sin los ^ Pasión que le rodean y adoran, sin los ángeles que e s depositan en el sepulcro como en los cuadros del Marco de Stena, de Zuccaro, de Vouet, de U Brun, de nuestro Alonso Cajio^ Y es Gregorio Fernández el que crea este t.po ^ carta de naturaleza en nuestro arte, que se ha e mniueainfinito escultórica y pictóricamente, tipo que surge p ción de tres factores, las nuevas concepciones mis ica la expresión del culto externo en nuestra patria P®)" caracteprocesiones que hacen nacer un arte . Montañés rístico (Vailadolid de Gregorio Fernanda. Murcia de Salciiio y que llega hasta el gubia cuidada y elegante, un poco femenina, Jesuítas, que fué Gregorio Fernández, último valioso jalon de la Escuela Castellana de escultura policroma a. t^Hos de idénLOS Cristos yacentes T "ep^urdÍ^otr;'un tico ttpo^ y representación, f 3,¡^a manera de ser tratados sudarto de pliegues y la cabeza y parte de la los panos por Gregorio rcinanaez, y espalda apoyada en un rico ^'""^^["'mente suyos tres en Madrid, el
14 M, '' IKSÚS OCAMPO de San Plácido y el del Pardo; íres en Valladolid de semejante importancia en los convenios de Santa Ana y de Santa Catalina, y en el Museo Nacional de Escultura, el que anteriormente estuvo en el Buen Suceso y luego en el Museo del Prado, del mismo tipo pero inferior factura, obra sin duda alguna de su escuela o de imitadores. Existen dos en Segovia, uno en la catedral , en la capilla de San Antón, y otro en la Parroquia de San Martín, y otros cuatro en Valladolid en los conventos de San Pablo, iglesia de jesús, de las Angustias y de San Andrés. Algunos de estos Cristos por modificaciones en ellos introdu cidas sin duda alguna, en el siglo xvin, llevan en el lugar de la llaga una caja para ostensorio (convento de San Pablo c iglesia de Jesús). Existe otro Cristo también, que indebidamente ha sido atribuido por algunos a Gregorio Fernández, que se conserva en la iglesia de San Miguel de Valladolid. Su ritmo es semejante al de los de Gregorio Fernández, pero es obra de significación y de valor distinto. A diferencia de los de Gregorio Fernández, este Cristo está tallado suelto y sin los elementos complementarios de aquél, sudarlo que sirve de base y apoyo y almohada en que descansa. Está colocado en un retablo del siglo xviu, en algunos de cuyos huecos existen imágenes de época muy anterior al retablo, algunas justamente atribuidas a Juan de Juni, dando todo él la sensación de haberse construido con esculturas de procedencias diversas. Este Cristo lo reputamos anterior a los de Gregorio Fernández; es una buena obra del siglo xvi y sin duda alguna debió pertenecer a un grupo de valor y significación distinta a los Cristos yacentes de Gregorio Fernández, semejante acaso al del Entierro, de Juni, del Museo de Valladolid, no en arle, sino en significación y que si anterior en tiempo a los de Fernández, no puede considerarse por esta distinta valoración que señalamos como precedente de los de éste. * * * En este año de 1936 en que se cumple el tricentenario de la muerte del gran escultor, sean estas líneas homenaje de recuerdo y admiración para el artista. M.^ Jesús Ocampo.
«ííiíí^i - h'rlralo <]c (/nv/cnf J^cruáudcc. por Dicijo l'ülcuf'in ¡"¡ac. (Musco Xacioiial de Jíscidlura de 1 'idlodoUd). {[•n[n del S. K. A. A.)
PrUilL lid Crislo yuci'iih' de (¡rc(/or¡(i fcniáiidcz. (Madrid. Coiirrulo dr San Plácido). (Foto Moreno)