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Obras de arte que atesoraba el monasterio de San Francisco de Valladolid

Antón, Francisco

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OBRAS DE ARTE QUE ATESORABA EL MONASTERIO DE SAN FRANCISCO DE VALLADOLID Lo que sigue será algo como índice de la riqueza que a través e los siglos, fué acumulándose en el gran monasterio seráfico va iso leíano. Para redactar estas notas me atengo a las referencias e Fray Matías de Sobremonte, según el orden de su nianusciiío, cuya portada dice así: «Noticias I Chronographicas y Topographicas | del Rea y ^ i gíosissimo Convento de los Frai | les Menores Observantes de San Francisco de Valladolid, Cabeza de la Provincia de la | Inmacu a a Concepción 1 de Nuestra Señora. | Recogidas y escritas por Frai Mathias de | Sobremonte, indigno Fraile Menor y el menor j de los moradores del mismo Convento, t - A quien | la ofrece para su archivo | . Nalurale qiiippe vilium est negligi quod 1 communiter possidetur: Ut que se nihil 1 habere, qui non tolum habeaí arbitrelur: [ denique suam quoq. partem corrumpi pa 1 tiatur, dum invidet alienae \ Leg. Meminimus. Codic. quando et quibus i quarta pars dcbeatur. Lib. 10-Til. 54. Año de M. D. C. L. X.» (!)■ El volumen es bien conocido de los eruditos, pero lo utilizaron solamente en los fragmentos que les interesaban. Creo, pues, que es ésta la primera vez que se publica una relación de todo lo catalogado por el libro de Fray Matías en orden a las Bellas Artes, incorpo rando a ella además lo que^puede ilustrar a cada obra, y principal mente datos históricos y cronológicos, aparte alusiones ajenas, cuando las hay; y. siempre que procede, apostillas mías, de hipótesis, de crítica o de comentario. He incluido, naturalmente, las indicaciones del manuscrito sobre arquitectura, cuando tienen algún interés, y he reducido todo lo posible mi labor, venciendo muchas veces la suges tión que ejercían sobre el ánimo extremos bien atractivos, pero extraños a mi propósito. (1) Original en el Museo Arqueológico de Valladolid. 21) KRANClSí^í) ANTÍ^N I Ellos pueden ser objefo de oirás invesíigaciones, aunque lo mejor de iodo seria publicar íníegro el manuscriío. ya que él no sólo está mereciéndolo hace muchos años, sino exigiéndolo, por su interés extraordinario en muchos aspectos, pero principalmente para la historia particular de la Orden Franciscana en esta Provincia Seráfica. Una edición comentada de la obra sería meritoria, noble y dignísima empresa, que no debiera demorarse. Los orígenes. De la fundación primitiva, en Pío de Olmos, no existe noticia que pueda referirse a la fábrica del convento, que sería modestísima. El 28 de Marzo, de 1254, ei Abad de Valladolid, Infante Don Felipe, hijo de Fernando III, el Sanio, da licencia para el traslado del Monas terio desde ese paraje, solitario y malsano, a una ermita que era del Abad, junto a la Iglesia de Santiago. Tras ello, la Reina Doña Violante, hace donación a la Orden de varias casas, allí mismo, que ocupan ya un área extensa, para establecimiento del monasterio. Y ello, primero por documento autorizado en Toledo, a 25 de Enero de 1258, y, luego, por cédula fechada en Sevilla, Domingo, 6 de Marzo de la Era M. CCC. V (Año 1267). El nuevo lugar, parece ser entonces poco más que un burgo en formación, un escobar, limitado por la ermita» hacia Santiago, por ciertos hornos de olleros hacia Naciente, aparte de algunas casas que se mencionan en la cédula regla, un huerto y albergucrías»; cara al mercado por el Norte, y pleno campo por e' Sur, hasta donde luego fué la calle del Verdugo. Ei solar, por extensión y situa ción, era magnífico (1). La iglesia del nuevo convento debió abrirse al cubo en 1275, pues cuando escribe Fr. Matías de Sobremonle, se conservaba, junto al arco toral del prebisterio, una lápida que decía: «SOLI DEO HONOR ET GLORIA. A»- ^275» y que, probablemente, conmemoraba la consagración de la capilla mayor. En ese caso, ésta subsistió hasta bien modernamente, a pesar (1) Los limites del extensísimo rerinin r„„nn«tprial, eran, pues; Plaza Mayor (Acera de San Francisco); y calles de Santiago "oílwos'íhoy y Verdugo (hoy Montero Calvo), Véase el plano, al final V H « W'TT' OBRAS DE ARTE QUE ATESORABA EL MONASTERIO, ETC. 21 de las reformas, cambios y mudanzas que sufrió el lemplo al paso de ios sig-los. El arte en el monasterio. Ahora, siguiendo el mismo orden que observa el manuscrilo de Fr. Mallas de Sobiemoníe, puede irse formando el catálogo artístico del convento, por la época del escritor franciscano y sobre sus datos e indicaciones. Librería: adornaba sus paredes con diez lienzos de buen pincel. Sin más aclaraciones. Enfermería: imágenes. Claustro costeado por Fray Alonso de Burgos, el fundador del Colegio de San Gregorio. El gran obispo de Palencia, dice Fr. M. de Sobremoníe, «que quería hacer toda la casa, si le hubieran dejado los viejos». Es de suponer que en esta obra trabajaran los mismos que anduvieron en San Gregorio y con el mismo arte. Adornaban el claustro alto «imágenes antiguas en las estaciones» (¿Vía Crucis?) y, entre ellas, otras que puso el Padre Sebastián Alcedo, «menos el Sepulcro de N. P. San Francisco, obra de nuestro insigne Diego Valentín Díaz, hecha en su mocedad». No debe con servarse actualmente. Subida ai coro: entre 1605 y 1618. En las paredes, cinco lienzos excelentes y todo lo demás, estofado. Claustro ¿ayo.—Cuadros de la Vida de San Francisco en lienzo; retratos de hijos y Prelados de la Orden en los lunetos; santos de la Orden en las esquinas y lunetos de los ángulos; bóvedas pintadas y adornos de azulejería. Fechas: 1638 y 1647, prelacia de los Guar dianes Fr. Juan de Salcedo y Fr. Francisco de Borja. Claustro «de Mondoñedo» hecho por Fr. Antonio de Guevara, obispo de lyiondoñedo, precediendo a su capilla, antes de 1545. Claustro de ¡a portería, del mismo prelado. Obra sencilla, al parecer, con arcos zarpaneles y capiteles «a lo romano». Todavía otro claustro mayor, en parte del cual había memorias del mismo obispo. Era de orden toscano y arcos zarpaneles (1). (1 ) No acierto a identificar con ninguno de estos claustros el «principal, que construyó en San f^rancisco, por 1595. Diego de Praves, según resulta de documentos investigados por el r. arcia ico. No cita Fr. Matías de Sobremonte claustro alguno que tuviese arcos de medio punto, y lo edificado por Praves era así: pilares de ángulo con medias columnas: octio de éstas, exentas a -J35 22 FFÍANCÍSCO ANTíSN ¡Refectorio. Fábrica de 1416. Sobre la puerta, pintura entabla, con los donantes arrodillados, hombre y mujer. El, Francisco Romero (1). Sería obra del siglo xv, por cálculos de Fr. Sobremonte, el cual tacha de fl oja a la pintura. Interior de la pieza; bóvedas fajeadas, arcos «a vuelta de cordel», cuatro ventanas grandes; suelo de ladrillo, asientos de baldosa y respaldos de azulejos, «de más comodidad para tiempo de verano que de invierno». Dos candeleros grandes de bronce, «bien antiguos, pendientes de las bóvedas, al modo de los que ahora llaman arañas». Sala «de profundis».—Gran pintura en el testero representando a Nuestro Señor Jesucristo crucificado, adorado por San Francisco y Santo Domingo, de rodillas, de tamafío natural, a! óleo, «de muy gentil pincel, sobre el yeso de la pared». Esta pintura fué trasladada a tabla sin recibir lesión y sin abrirse. Sacristía vieja.—Se habla aquí de un retablo qn^ costeó para la capilla mayor Alvaro de Portillo, patrono luego de una capilla que fué la sacristía vieja. Como este Alvaro hizo testamento en 27 de Marzo de 1541, puede suponerse anterior el retablo. Se habla también aquí de otro retablo «hecho» por el conde Gómez Manrique. Sacr/s/Za/7£/eKa.—Arcos de medio punto. Bóvedas de «crucería enlazada» arrancando de pilares redondos. «Adornada de lienzos de pintura, algunos muy buenos y ninguno despreciable». Fué obra de Lorenzo Polo, Regente de Ñápeles en 1576. /?esacr/s//a.—Imagen grande, de bulto, de San Bcrnardino de Sena. Sobre anaqueles de yeso, casi todas las reliquias del convento. Entre otras: IJgnum Crucis, en una, cruz grande de plata. Santa Espina de la Corona del Sefíor, en relicario de cristal y plata. Otra cruz de plata, de un tercio y cuatro dedos de alta, P"e cincelado, remates y otras piezas de adorno vaciadas y entre el pie y el nudo, escudo de Solís con capelo episcopal, de esmaltes iP. Er. Francisco de Solís, obispo de Sebaste). Piedras'milagrosas, engastadas, de las de Fr. Alonso de Espina. Alfanje, azote y peine de asta de ciervo: instrumentos de martirio de los cinco protomártires franciscanos de cada lado, con basa y capitel, ^cerrando los arcos a medio punto»; otros perpiaños en los rincones, y maderamen de cubierta, para el piso de arriba Sin especificar el arte de capiteles y molduras, es de suponer que fuera toscanoTodo parece más bien una reconstrucción. Los arcos zarpaneles del último claustro citado por Fr. Matías, deshacen la sospecha de que sea ese el de Praves, documentado. (1; Nieto de Gil Romero, natural de Francia montero mayor que fué del Rey Don Henriqueel 1.° ' OBRAS DE ARTE QUE .ATESORABA EL MONASTERIO, ETC. ^3 Marruecos, reliquias tal vez traídas por el infante D. Enrique, hijo de S. Fernando, y enterrado en la capillá mayor del mismo convento. Sandalias de San Pascual Bailón. Relicarios: arquillas doradas, pirámides, brazos, medios cuerpos (serían bustos del Santo corres pondiente, según práctica de los siglos xvi y xvii), e infinidad de reliquias. Capilla de ¡os ¿eor/es. —Era, a lo que parece, gótica, con sepul turas, losa y estatuas de Doña Leonoty de su hija Doña Leonor «de los Leones», hija «del muy noble Rey Don Henrique el Viejo». Sería Enrique II. Fallecieron ambas señoras en los años 1369 y 1575. respectivamente. Estatua yacente del eclesiástico D. Luis del Castillo. Falleció en 1506. Dio a la capilla un retablo que tenía a «Cristo Crucificado, grande, bien devoto y antiguo, con las figuras de Nuestra Señora y San Juan Evangelista a los lados, y a los pies la de Santa María Magdalena, de rodillas». (No dice si pintura o escultura, aunque es más probable lo primero, por la época, fines del siglo xv o muy a principios del xvi). La obra estaba sobre pedestal angosto, en el hueco de un arco. Dió también este señor Castillo al convento «el cáliz rico, de mazonería» (gótico, copiando arquitecturas), candeleros de plata, portapaz y vinajeras de plata, y misal «de molde», en pergamino. ' Estatua yacente de un caballero de Santiago, alemán, armado, acompañado de otro bulto yacente de niño como de 5 a 4 años. El caballero era: «Vdalricus Thinger, germanus. miles ordinis Sti. lacobi... etc.» Año 1537. Entre otras sepulturas ilustres, la de «un caballero preso en Chancillcría, depositado año 1565». Capilla de Mondoñedo.-^^ entraba al claustro de Mondoñedo por arco a medio punto, que antes era a vuelta de cordel. «El edificio de este claustrillo no fué cuando el obispo le hizo como ahora está. Constaba de seis columnas enteras de piedra con capiteles de la misma labor que los del claustrillo de la portería, fábrica también suya., y desde la cornisa pequeña se levantaba una vuelta baja de artesonado de yeso, bien curioso». «En el paño que está delante del arco que es puerta de la capilla, entre dos columnas, estaba una media naranja más alta y desde su remate a la coronación de la reja un escudo de armas de España abrazado de un águila imperial. Había algunas imágenes de pincel en tabla muy buenas, pero muy maltratadas por el tiempo, en 24 FRANCISCO ANT(')N particular cuatro de los cuatro principales Doctores de la iglesia Latina, repartidos junto a las tarjetas que acompañan los dos escudos de armas del Obispo en los paños laterales, con las ilustres senten cias para nuestro desengaño, de los mismos Doctores que para que no se olviden, nos pareció poner aquí...» (los inserta). Los cuadros efigiaban a los santos Agustín, Gregorio, Ambrosio y Jerónimo. Describe el sepulcro del Obispo de Mondoñedo, sin aludir a su arte. Y luego: «la capilla es cuadrada: el nicho del altar cubre una media concha formada; la correspondiente, un cornisamento con sobrecuerpo de talla y columnas pareadas; el segundo cuerpo del mismo adorno y labor, techo y guarnición todo con rincones y en pechinas vaciados tableros de cuadrado, con bultos que atan todos los cuatro ángulos, y consecutivamente va correspondiendo hasta la clave donde remata todo en un florón. Todo es de yeso vaciado y estofado con gran perfección. Tiene esta capilla reja de hierro vaciada de muy primorosa labor. Y una vidriera a la parte oriental, que no hay otras, desembarazada, historiada de colores...». «En el nicho del altar, debajo de la media concha y entre dos bultos grandes, de yeso vaciado que representan dos soldados de guardia cada uno entre dos columnas, está un retablo de madera del sepulcro de Cristo Señor Nuestro, con otras cinco figuras de estatura natural que representan los afectos de dolor y admiración con gran propiedad y valentía. Nuestro insigne Diego Valentín Díaz, bien noticioso de artífices de pintura y escultura, asevera que no sólo el retablo, sino toda la fábrica de la capilla y claustro es obra de Juan de Juni, insigne estatuario francés que estaba entonces en España y en Valladolid, donde hizo también la imagen de la Soledad que está en el palacio de las Angustias y la de San Antonio del entierro del Oidor Salón, que está enfrente de esta capilla, y en San Francisco de Ríoseco las dos imágenes vaciadas de barro cocido de San Sebastián y San Jerónimo, y oíros adornos de la capilla mayor, iglesia y coro, que con todo aquel convento mandó hacer el gran Almirante Don Fadrique Enríquez el II Para mí monta mucho el juicio de Diego Díaz, especialmente en esta materia; sólo me hace fuerza esta cláusula del testamento del obispo de Mondoñedo que otorgado en Valladolid a 7 de Enero del año 1^44 ante Juan de Saníistebari escrito en pergamino, se guarda original en nuestro archivo: «ítem decimos y declaramos que tenemos dados á Juan Martín, maestro que labró el Sepulcro que está puesto en el altar de dicha nuestra capilla, mil ducados, muy poco menos, como parecerá OBRAS DE ARTE QUE ATESORABA EL MONASTERIO, ETC. 25 por los conocimientos que tenemos é los que tiene Juan de Morales, cambio; mandamos que le cumplan por todo ello á cumplimiento de mil y cien ducados, que con estos tenemos por cierto que descar gamos y cumplimos con nuestra conciencia para con él». Pudo ser que Juan Martín se obligase a hacer este retablo y por su cuenta le obrase Juan de Juni» (1). Los cuerpos del Obispo y de su hermano estaban en dos arcas pequeñas pintadas... Una lápida rica recordaba al generoso prelado. «Puso aquella piedra un su mayordomo Sebastián Martínez... año de 1565». La piedra haría poner Sebastián Martínez por orden de los testamentarios, pero no a su costa, sino de los bienes del obispo, en cuyo testamento hay esta cláusula; «Item, mandamos y decimos que por cuanto nos encomendamos a Alvaro de Benavente, tesorero de la Cruzada, que nos hiciese traer una piedra de pórfido para sobre nuestra sepultura, rogamos y encargamos a nuestros testamentarios que tengan cargo, pues le parece que la ha mandado traer, que la asienten sobre mi sepultura y le den y paguen por ella lo que digere que le ha costado». La piedra se puso, como se ve, veinte y un años después, por el mayordomo del Obispo... Lo relatado y documentado por Fr. Matías de Sobremontc, respecto de esta capilla, requiere comentarios, aún no hechos, que yo sepa. Nada nuevo, referente al grupo del Sepulcro, tan estudiado ya; pero sí sobre la obra de la capilla. Todo ayuda a suponer la escultura de yeso y la decoración policromada como trabajo de Jerónimo Corral, y más aún: la reja, como labor de Francisco Martí nez. Ellos dos y Juan de Juni forman el eminente trío de maestros que cotaboran en la capilla de los Benavente. de Ríoseco. Lazo que en ella les unió: Alvaro de Benavente. Lazo que parece unirles en la capilla de Mondofiedo: Alvaro de Benavente también. Sobre ello da luz el testamento de Fr. Antonio de Guevara, en su cláusula referente a la losa de pórfido. Alvaro de Benavente, figura desco llante. es sin duda amigo y confidente respetadísimo del obispo que ordena pagarle lo que Benavente diga. Se ve al prelado bajo la confianza y el consejo del magnánimo banquero en estos asuntos de arte, y se adivina a ambos en relación estrecha que influyó segu ramente para que la capilla de! convento franciscano fuese trasunto, en lo posible, de la maravillosa obra nosecana. Y, así, bajo el í 1) No hará falta advertir que el imponente grupo del Sepulcro se conserva en el Museo Nacional de Escultura l-RANCISCO ANION consejo sagaz de persoiid lan ducha en arle como Alvaro de Benavenle, se unieron aquí, como allí en su fundación, los tres grandes aríistas. La capilla pereció y la reja con ella. Como memoria queda el grupo magnífico de Juni. pasmo y maravilla. Capilla de! Santo Cristo de Burgos. — tránsito entre capillas o dependencias. Se habla de un arco (lucillo) de piedra blanca sobre pilastras y columnas estriadas, cornisa y frontispicio, ñn el hueco del arco, nicho y en él «una imagen de bulto de San Antonio de Padua de excelente escultura, a juicio de los peritos en aquel arte» (1). Debajo, sepulcro, de Gonzalo García Salón Por los días de Fr. Matías de Sobremontc, Francisco Sánchez de Somoza, procurador del número de la Corte y Chancillería de Valladolid, trajo de Burgos en un lienzo grande la copia del Santo Cristo, tan venerado allí en el convento de San Agustín (2). Se puso el lienzo en 1655. En esta capilla había estatua o «efigie» de Cristóbal Sánchez de Somoza. En el altar de San José, imagen del Santo, de pincel. Capilla mayor.—Debieron conservarse restos importantes de.la primitiva, por cuanto perduraba la inscripción de su consagración de 1275. según va dicho a] principio. Sería una capilla gótica, de época excelente y, de tipo cercano al testero de la Antigua, contemporáneo del de San Francisco referido, y de seguro seme jantes, ya que la capilla mayor de la Antiguó es de arle bien «franciscano». De traza, alzados y cubiertas, ¡ría aquél por donde va el que conocemos superviviente. Y merecía la pena discurrir e investigar sobre la hipótesis de que la gran reforma sufrida por la Antigua a fi nes del siglo xin y principios del xiv, pudiera obedecerá la norma impuesta por la iglesia de San Francisco que por entonces se levantó. Llegaría esa capilla mayor no poco variada a los tiempos de Fr. Matías de Sobremonte, aunque no en lo esencial de su estiucíura. Desde luego, la disposición del aliar mayor había sufrido ya hondas mudanzas; se io había levantado en un piso elevado, sobre bóveda grande, como está en Santo Tomás de Avila; esa bóveda llevaba (1) Es el llamado San Antonio «el obscuro» obra conocidísima de Juan de Juni, en el Museo. ' (2) Esta copia, como tantas otras sería de Mateo Cerezo, que las prodigó por toda esta tierra OBRAS DE ARTE QUE ATESORABA EL MONASTERIO, ETC. 27 en la boca gran arco zarpanel, y seguramente intradós de crucería estrellada. De modo que la reforma debió acontecer por los fi nales del siglo XV, Quedó, pues, elevado el piso del presbiterio y debajo de él la bóveda susodicha, con altares en los apoyos del arco de entrada. Al Evangelio, Nuestra Señora de la Peña de Francia. A la Epístola, imagen de bulto de San Buenaventura; arriba, el retablo mayor que era de pinturas e historias de media talla. Sería poste rior a la época de la reforma apuntada. Ese retablo fué «rescatado» por el patrono de la capilla Don Gómez Manrique, conde de Castro, para poner en él sus armas, de Mendoza. Lo dejó dispuesto en testamento y fué tasado en 1578 por Benito Rabuyate y Simón de Isla, pintores, y Sebastián de Burgos, escultor. Tallaron los escudos, los entalladores extranjeros «Claudie e ysaque» (Martí. «Estudios»). También el manuscrito de Fray Matías refiere el hecho, y añade que el conde pagaría a los artífices del retablo lo que se les debiera. Agrega además que hizo reja para la capilla. Es el mismo señor que costea la bóveda nueva unos años antes. El retablo referido, desaparece en 1615, y es reemplazado por otro a la moda del tiempo. Poco duró el viejo, que no lo sería cuando lo tasaron, puesto que aún no estaba pagado, si bien ya tenía fallos y achaques que se mencionan en algún documento. Dice el manuscrito que la iglesia antigua se cubría toda con maderas, salvo el altar, y añade la hipótesis de que el techo sería «a lo que pensamos, atirantado y cerrado a par y nudillo, guarnecido de cinta y saetín, que -era lo que entonces se practicaba, de que hay liarlos ejemplares». Es decir, de armadura morisca. Y ello hace suponer que esta cubierta, tenida por primitiva, correspondería también a laépoca misma de las otras reformas comentadas, fines del siglo XV o comienzos del xvi. Lo probable será que la cubrición más antigua fuese de bóveda, al menos en la capilla mayor; acaso la nave tuviera techo de madera desde sus principios. Abundan, sin embargo, los indicios de una gran remoción en todo el monasterio por la fecha arriba indicada, y ella pudo alcanzar al cuerpo de la iglesia, por ampliaciones o reconstrucciones que naturalmente afec taron a las cubiertas, y.entonces se pondría la de alfarjes referida. Más tarde, desaparece ésta, y tras realzar los muros déla nave, para su mejor'iluminación, se voltean bóvedas por toda la iglesia y aun sobre el presbiterio, pero quedando la nueva cubierta de éste a la misma altura que tenía antes, con lo cual las bóvedas de la iglesia 34 i'RANClSCO ANTí'íN hacia fines de! siglo xv o principios del xvi, como oirás obras del convento. 5.° Entre los arcos de las capillas de la Encarnación y de la Soledad, pintura antigua que represeiitaha el Descendimiento. 6.° Entre las capillas de la Soledad y de! Santo Crucifijo, debajo del coro, en la pareil, imagen del Señor flagelado, «de pincel bien ordinario». 7.° Frente al altar mayor, entre la capilla de San Nilgüe) y una puerta, imagen de pincel con marco dorado: el Descendimiento, con esta inscripción; «Este retablo mandaron hacer Juan de Ortega y su mujer Juana Vicaria en honor y reverencia de Nuestro Señor. Hízolo Diego López. Año de 1588». De este pintor no sé yo que se tenga más noticia. Coros. La iglesia estaba dividida en siete tramos, separados por arcos agudos, de piedra. La capilla mayor ocupaba dos tramos; ya se cuida Fr. Matías de advertir que su bóveda era de crucería tosca; es decir, primitiva, a la que no afectó la reforma mudejar de lechos de madera, ni la posterior de bóvedas con ladrillo y yeso. De modo que aquella parte llamada presbiterio, más otras, por Fr. Matías, era la ante capilla y allí si hubo armadura morisca y bóved^ del yesero Salas, en 1551. De lodo se desprende que la iglesia de este gran convento fué de una sola nave, cabecera ochavada, y crucero, según el tipo repetido en San Francisco de Betanzos y en San Francisco de Lugo. El coro viejo en éste de Valladolid ocupaba el espacio de dos tramos, en el centro de la nave. Dentro del ámbito coral, sepulcro alzado, con estatuas yacentes de D Diego Hurlado de .Mendoza y de su mujer Doña Violante, señora de Vizcaya, y e" subterráneo, a plomo, los enterramientos. Por todo ello ios Mendozas, patronos de la iglesia, tenían especial cuidado del coro y, asi, Don Juan (dice el m. s.) «adobó el coro antiguo y lo pintó», amén de renovar el arco de la puerta de la iglesia, tres panos de la claustra vieja y la sacristía vieja. El interés de esa noble familia se acredita frecuentemente con donaciones de cálices de plata briales de brocado para casullas, ornamentos completos, panos de sepultura «todo bien rico», portapaces, cruces, candeleras, frontales, paños de púlpitó, bordados de propia mano de las donantes, hijas y'damas, ele- OBRAS DE ARTE QUE ATESORABA EL MONASTERIO. ETC. 35 Este coro viejo, dice una nota margina!, fué trasladado a la tribuna el ano 1509, por escritura de concierto entre Don Rodrigo de Mendoza y el convento, siendo Guardián Fr. Juan de Arévalo, de ValladoÜd, a 11 de julio de 1509, ante Diego Miguel, escribano. Original en la casa de los condes de Castro. Era la moda. Por entonces, los monasterios caen en la práctica de trasladar sus coros desde la planta baja de la nave a tribunas altas, emplazadas a los pies de la iglesia y son rarísimos los casos de conservar las sillerías en.su lugar primitivo, salvo las catedrales, que guardan la tradición conventual, hasta que modernamente dieron en imitar a las francesas en lo de poner el coro en la capilla mayor-, contra costumbre española y buenas normas litúrgicas. Asentóse, pues, el coro en su nuevo emplazamiento y se le dotó de órganos, costeados con limosnas de los fieles y con dádivas reales y de la Villa. Y pocos años después sobreviene una catástrofe no explicada; antes de 1567 se hundió todo lo alto del coro o la mayor parte de él. Parece que lo abatido fué la tribuna de 1509 No se sabe por qué; pero observando las que entonces se construyeron, puede presumirse. Todas ellas van sobre bóvedas casi planas; algunas constituyen un verdadero alarde de equilibrio. Imponía semejante cubierta la necesidad de dejar amplitud suficiente eníi*e la tribuna y la cubierta de las iglesias, para salvar las ventanas o rosas de imafronte (t), para colocación de órganos y para respetar razones de estética y armonía. Estas bóvedas bajo tribunas, casi planas, requerían un despiezo excelente y bien calculado, y sí ello con la práctica fué hacedero, no lo sería tanto al comienzo de la moda, por lo cual abundarían ios fracasos y los huíidimlentos que no conocemos, pero que seguramente ecaecieron. Uno de ellos, tal vez, fué éste de San Francisco, recordado por Fr. Matías en su manuscrito. La reconstrucción del coro hundido fué costeada por Doña María de Mendoza y acabaron las obras en 1567; es de suponer que la ruina se produjese algunos años antes. Las nuevas bóvedas de la tribuna eran de crucería, con claves hc.ráldicas, doradas, y en los salmeres de arranque, escudos de la casa de Mendoza. Debió rehacerse entonces también la sillería que conoció el p. Sobremonte, de la cual dice que contaba con ochenta y cuatro sitiales, decorados de pilastras y coronación «bien laboreada» en los (1) Como parece haber habido en San Francisco, acaso de tiempos de la Reina Católica (fines del xv o primeros del xvi). 36 FRAN'CISCf) ANTí'iN sitiales altos. «Obra a lo que entendemos de dos santos religiosos legos que hubo en esta Provincia, entalladores que hicieron también ias sillerías de los coros de los conventos de San Francisco de Segovia, Palencia. Medina del Campo y oíros». Al fondo, la sillería estaba partida, dejando hueco, y allí, arrimado a la pared, un altar, con lienzo' grande, de marco dorado, «copia de muy gentil pincel de la verdadera efigie de N. P. San Antonio de Padua». En el mismo coro, hacia el Evangelio, un retablo de cuatro columnas pareadas, con pedestales, cornisa y frontispicio, todo dorado, y en el centro, un gran relieve de media talla donde aparecía Doña María de Mendoza, con tocas de viuda, " arrodillada ante un Crucifijo y protegida por San Francisco que posaba su mano sobre la cabeza de la insigne donadora. La descripción del P. Sobremonte, hace pensar para este retablo en el arte de Esteban Jordán. Guardaba el coro un gran facistol que llamaban «el pulpito», y era acaso el donado por Dona Isabel de Mendoza, condesa de Rivadavia. Se cerraba la tribuna al frente con antepecho de pilaretes, bolas y barandal de hierro y, a los lados, volaban dos tribunillas al mismo andar, para los órganos, obra éstos de Fr. Gaspar de Vitoria, hijo del convento, entre 1623 y 1651. Capillas del Claustro. La de ¡os Condes de Caóra.—Era un recinto cuadrado; fecho de madera con «agrios y viajes, a lo antiguo»; seguramente morisco, según fué el de la Iglesia. Se enterraban en esta capilla los de la familia de la Cerda. En 31 de Octubre de 1513, ante Gonzalo Matute, escribano de Sevilla, otorga testamento Doña Francisca de Casta ñeda, mujer de Don Luis dé la Cerda y manda al convento; casulla de terciopelo verde con cenefa alba estola, manípulo, cinta, amito. frontal, cáliz y patena de plata de dos marcos de peso. En esta capilla se veneraba una imagen de la Purísima Concepción. Capilla de ¡a Sanfd Cruz —De! Comendador Santistcban. La cubierta era un lecho «enlazado» de madera, con su agrio y viajes, mas escudos de armas y, supongo policromía y dorado; en suma, una esplendida armadura morisca En las paredes, más escudos de armas, de talla y de pincel. Añade Fr Matías: «Todo cuanto hay en ella [la capilla] está predicando antigüedad y nobleza muy esclarecida de sus dueños, en quienes, a lo que pensamos, no ha sido descuido OBRAS DE ARTE QUE ATESORABA EL MONASTERIO, ETC. 37 como algunos dicen, sino cuidado prudentísimo el no pulirle al uso, porque el adorno moderno desvaneciera las memorias antiguas». Mag níficas, prudentes y sagaces palabras para dichas cuando se dijeron. En efecto, la capilla, por lo referido antes y por lo que sigue describiendo Fr. Matías, era interesantísima, y sus preseas Igual- , mente. De el|as destacaba un triplico, con frente y portezuelas y en éstas «imágenes en ambas haces, de muy gentil pincel». Dos «nichos» en medio y seis a los lados. «En el inferior de en medio está una cruz dorada, entre las efigies de bullo de San Antonio Abad y San Antonio de Padua. En los siete nichos restantes están historiados con mucha propiedad de figuras menudas pero muy perfectas, de bulto, ios milagros que las historias eclesiásticas refieren que sucedieron en la Invención y Exaltación del Madero Santo de la Cruz. En el pedestal se lee escrita en letras de oro en campo negro esta memoria: «Esle retablo mandaron hacer Cristóbal de Saníisteban, comendador de Biezma, cabeilerizo del Emperador Don Carlos nuestro Señor y regidor desla Villa y Doña Isabel de Rivadeneira. su mujer». La descripción del relablo es exacta, pero, por si ofrece dudas, puede aclararse: el fondo era un gran tablero dividido verticalmente en tres parles. La calle central, en otras dos cortadas horlzontalnieníe; de éstas en la inferior, iba la Cruz adorada por ios Santos Antonios, y sería el compartimiento mayor. Las calles laterales estaban parti das por cornisas horizontales también en tres encasamíentos cada una, y en todos los cncasamientos se desarrollaban escenas refe rentes a la Santa Cruz, con fi guritas pequeñas, muchas en alto relieve, y, seguramente, sobre fondos de paisaje, ciudades, fortale zas, etc. Este tríptico de escultura, iría policromado tal vez y se cerraba con dos portezuelas pintadas por ambas haces. En suma: una obra casi seguramente flamenca y de fi nes del siglo xv, encar gada allí por el caballerizo del Emperador Carlos V para la capilla, y colocada en ella tal vez por la misma época que en la del oidor lllescas, del Salvador, se asentaba otra semejante traída de Amberes y atribuida a Quintín Massys. La «memoria» del de Santisteban se escribiría aquí probablemente. Otro retablo parecido y contemporáneo pero incompleto, veremos luego en la capilla del Sanio Cristo. Por la comentada ahora había varios enterramientos desde 1400 algunos en el suelo con bultos yacentes sobre la losa; otros en arcos o lucillos, y entre ellos el de Don Cristóbal de Santisteban, fallecido en 1520. Acaso en el mismo lucillo, una imagen antigua de San Cristóbal, de pincel. 1 38 IkANCISCd ANÍ<')N Capilla de ¡os Mirandas. — Aníi^'^ija de S. Pedro. Pué hecha o rehecha en mediados del siglo xvi y para ello hubo que derribar sieíe celdas del piso alio; cosieó la obra el Abad de Salas. Quedó un recinto cuadrado con seis arcos de medio pimío, qüe irían vaciados en los muros para sepulturas, separados unos de oíros por pilaslras para apear cornisa corrida y sobre ella bóveda ovalada muy alia, con crucería, luneíos, óvalos y en los ángulos cualro conchas vaciadas. Pudo ser obra de ladrillo y yeserías decorativas, como lo de Corral, y debió terminarse lodo después de fallecer el Abad de Salas en 1555 y con cargo a sus bienes. Dice Fr. Matías que en la capilla de Salas había, además, un retablo grande y autorizado con imagen, grande también, de San Antonio de Padua, y por investiga ciones del Sr. García Chico se sabe que para dicha Capilla labró un retablo el escultor Manuel Alvarez (1). El retablo y la imagen fueron después trasladados a la capilla del Santo Cristo de Burgos, en el mismo convento. Capilla de los K//or/a.—Edificada entre 1619 y 1622. Dedicada a la Porciúncula. Arcos «a vuelta de cordel», bóvedas de arista fajeadas. Retablo bueno, elegante y de gentil disposición, con talla del «escultor francés Juan Julig». Rechaza cuerdamente Fr. Matías la hipótesis de Antolínez de Burgos, que propone una absurda identi fi cación del Julig con Juni, puesto que la fecha no lo permitiaría. Pero además, en el mismo retablo había pinturas de Bartolomé de Cárdenas, vecino de Valladolid, que efigiaban la Porciúncula, San Antonio de Padua y San Luis de Francia. Este retablo ha sido citado por Ceán que afirma hallarse fechado en 1622, y también por Bosarte que lo vió colocado en el «Salón». Parece evidente que todo el retablo era de esa fecha que es la de la capilla. Esta tenía, ademas, dos rejas buenas. A-4^ A Tercera.—Antigua. Una sala tal vez edificada por Fray Antonio de Guevara, el obispo de Mondofiedo. Era aquella donde se acogía, para socorrerlos, a pobres de cierta disfmcion, que merecían esa reserva para ahorrarles vergüenza y bochorno, y también servía el recinto para recibir allí a personas íuan deSp. T"' ^ francisco de la Mora, escultores, con,o principales, y col K Martínez, pintor y Adrián Alvarez, escultor, caw-Ha de ^ '"«dera de nogal para la capilla de Don Francisco de Miranda abad de Salas... Las historias y esculturas que fueren Pedidas por el lli„,o. Sr. Don José de Miranda.. .» 17 de Enero de 1583 ' • v ()}UÍAS Ulí ARTC QUE ATESORABA EL MONASTERIO, ETC. 39 poco dianas de ser admitidas en la clausura. Fué la sala vendida a la Orden Tercera, que la hizo su capilla. Moderna. Se construye en 1655 (1). Era muy capaz, como iglesia, y se formaba de nave, con arcos de medio punto, sobre pilastras, bóvedas de arista y «enlazados», cúpula sobre pechinas y capilla mayor con gran retablo de muy airosa traza y labor. En las pechinas de la cúpula había pinturas «de mano del insigne Diego Valentín Díaz, hermano de esta Orden». Ante el retablo, lámpara grande de plata y cerrando el presbiterio reja baja de hierro y bronce «muy bien acabada». En suma, la capilla era hermosa, rica de ornamentos y poseedora de reliquias preciosas: un Lignum Crucis y una espina de la Sagrada Corona. El Lignum Crucis fué donativo de Francisco Alonso, escultor, el año 1655 Nave o iglesia de Santa Juana.—Sz la llamaba primero portería mayor y estaba «por aquella parle donde hoy está un altar y junto a la peana unas losas donde cntierran los huesos de los ajusticiados...», según la localiza el m. s. del P. Sobremonte. En la capilla de Santa juana había dos aliares, uno de la Santa y otro de San Diego, pues de su advocación era aquélla en 1615. De los dos retablos se hizo uno sólo de dos cuerpos, al dedicarse a Santa juana la capilla y se colocó la Imagen de la Santa abajo y la de San Diego arriba, en orden opuesto al primitivo. En esta capilla se enterraba a los niños cuyos padres, por excesiva pobreza, exponían los cadáveres de sus hijos sobre los altares. Y aüade Fr. Matías: «había días de seis o siete». A este lugar se trasladó el altar y la imagen de San Francisco de la Parrilla, «obra del famoso Gregorio Fernández, que estaba en la capilla de los Riveras». Se ha rondado bástanle por la crítica en torno a esta escultura, relacionándola en sentido negativo con una bella estatua de San Francisco que hay en el Museo, y que, según la tradición, procede del convento valladolidano. El apellido «de la Parrilla» ha servido, sin duda, para alejar ambas esculturas, puesto que el San Francisco del Museo es el de Asís. Pero la cosa no está clara del todo. Y no lo (I) Pero por documento del archivo de protocoios, aparece, en 9 de Mayo^ de 16*^2, que Antonio de Morales trabaja en la fábrica de Ja capilla, según traza de Diego de Praves, arquitecto, según me comunica el Sr. García Chico. El retablo mayor y los colaterales, fueron dorados y pintados por Claudio y Cristóbal de EstradaDocumento de 9 de Julio de !717. 40 l"HANflS("() ANTi'iN esíá, porque ia escultura conscrvacia parece un proloMpo de las análogas de Pedro de Mena, y Pedro de Mena resulta bastante aficionado a encontrar prototipos en las obras de Gregorio Fernán dez; aparte pormenores y rasgos que, bien apreciados, inclinan el ánimo a aunar con las obras del arte de Fernández este San Francisco del Museo, tal vez labrado en los últimos años del artista, cuando ha sufrido un cambio, que purifica y afina su arle, con recuerdos de lo mejor que antes había producido. Y de ese momento, por cierto, será una de sus obras maestras, hasta hoy mal atribuida, por contra decir netamente normas del maestro, que creíamos inmutables (1). Capilla de San Migue!. de «Alonso Vitoria, mayordomo de la Catedral de esta ciudad. .. y de Ana Corcuera, su mujer... 1597». El recinto, acaso de planta cuadrada, se cubría con «bóveda vuelta lisa» (¿casquete?) fajeada de pinturas; de ellas, los cuatro Evangelistas en los ángulos (pechinas) y U paloma del Espíritu Santo en el ceiitro, de muy gentil pincel. Todo estofado al óleo. Arcos de medio punto y buenas rejas hacía la iglesia. Retablo bien labrado, con imagen de bulto del Arcángel titular. Capilla de Santa 4/7a.—Seria análoga a la anterior, por cuanto en ella se repite la bóveda. «Usa», con cuatro Santos de ia Orden, pintados «con mucho primor en los ángulos». En los muros se abrían tres arcos, uno escarzano, otro apuntado y otro de medio punto. «El retablo no contiene más que una imagen de Santa Ana, excelentísima, bien adornada». Además, había allí rejas bien acabadas. Era la capilla de Juan de Para y Ana de Velasco, hacía 1604. Después, de los Espinosa. Capilla de! Santo Crtsto.—Ya se vio que había otia bajo la misma advocación, pero a aquélla se la llama también del Santo Crucifijo. Esla segunda, que era de San Luis Obispo, guardaba un «retablo en blanco que publica mucha antigüedad. Contiene de figuras pequeñas de talla, aunque muy perfectas los principales misterios de la vida, Pasión y muerte de Nuestro Redémpfor Jesucristo. Llamamos esla capilla del Santo Cristo porque en la parte principal de su retablo estaba una efigie muy devota de Chrislo Crucificado eulre los dos ladrones. No sabemos quién la quitó de alü Y una cruz sola». Es el descrito un tríptico Hamenco más; el segundo de los que (1) Me refiero al San Bruno, de Aniago, en el Museo. Investigación del seflor Garcid Chico, lo documenta como obra de Gregorio FernándezVj#,. OBRAS DE ARTE l^UE ATESORABA EL MONASTERIO, ETC. 41 había en San Francisco, puesfo que anteriormente hemos visto otro que estaba en la capilla de la Santa Cruz, análogfo a éste, aunque aquél conservaba las portezuelas pintadas y probablemente la poli cromía y dorado de la escultura, ya que a la descripción, Fr. Matías no añade las palabras que para este otro retablo emplea: «en blanco». Fl de ahora, el del Santo Cristo perdió las portezuelas, pero conserva los machos de las bisagras, y nunca estuvo pintado. Esto indica, tal vez, su carácter de obra del comercio, para que e! compra dor apreciase bien la sanidad de la madera desnuda y lo mandase pintar a su gusto. Acaso en las portezuelas, si las tuvo, ocurriría lo niismo: que estarían «en blanco» cuando se vendió, para que la pintura fuese segiín la devoción, el nombre de pila y las preferencias del adquircnte. Es obra, como el otro aludido, de fi nes del siglo xv, de un taller como el de Jan Borman, bruselés, y de la escuela de Jacobo de Baerze. Hoy este retablo se guarda en el Museo Nacional de Escultura y ha sido objeto de varios análisis y estudios eruditos. La capilla del Santo Cristo era semejante a la anterior y, como ella, tenía arco de medio punto y «una vuelta lisa», o sea bóveda redonda. Capilla de San Diego.-T^m es'aba en tiempo del P. Sobremonte la estatua de San Diego, trasladada desde la portería mayor. Capilla de los Santos Cosme y Damian.—ñta de Francisco Arias, licenciado: 1560. Bóveda de crucería, reja de hierro. Retablo muy bueno... cuyo niclio principal ocupaban las imágenes de los dos Santos hermanos, de media talla. Al Evangelio, un retabliilo de pincel «de tanta antigüedad, como primor». Capilla de Nuestra 5e/Jora.-«Sigue... la que llaman de Nuestra. Señora, porque en el nicho principal de ella esta una imagen muy hermosa de la madre de Dios, sentada con su Hi)o precioso en los brazos. Imagen, silla y un arco de adorno, es de barro cocido y vidriado de diferentes colores, con tanlo primor, que parece de pincel muy bueno. El insigne Diego Vaienlin Díaz, tan famoso en su arte de pintar y tan noticioso en todas materias, afirma que esta imagen vino de la ciudad de Pisa y que es del mismo arlífice que hizo el retablo del altar mayor de la Parroquial de S. Yago, que es de la misma materia y labor». . o j En efecto, el retablo mayor de Santiago, cuando se terminó la capilla, en 1498, fué traído de Italia por el patrono y reconstructor de 42 IKASClSCH ANTÓN Id iglesia, Luis de la Serna, y era un maravilloso ejemplar de loza policromada, ciel arle de los Della Robhia. Tan suníuoso y rico, que el propio La Serna, hdi)lanc!o de él, dijo que le había cosíado más que si fuera de piala. Procedía la obra de Florencia. Este de San Francisco vendría por enlonces, y acaso con el de Sanliago, y, por la descripción, hace pensar más en Andrea della Robbia que en Luca, su lío. Lo lameníable es que el refablo de Sanliago y d de San Fran cisco han desaparecido. La capilla comenlada se cubría con bóveda de crucería, sin lazo y lenia una reja de hierro muy buena, fechada en 1602. Capilla de Fraticisco de Torquemada. — De esle palrono, en 1559. Luego de Lucas de Barcena y oíros, en 1625. Sin.datos de obras de arle. Capilla de San Juan Bautista. -De Diego de Aguilar, y después de los Arandas. Techo de madera, morisco, con lazos. Relablo de San Juan Bautista, «con puertas», «que publica harta antigüedad». Por las señas, otro triplico, tal vez de pintura y fechable en fines del siglo XV o principios del xvi, como la techumbre de la capilla. Otra capilla de Nuestra Señora. — De Diego de Medina. Bóveda de crucería. Retablo con imagen de bullo de Nuestra Señora; sin más indicaciones. Puerta de San Yago. Era de la portería abierta frente a la calle que llamaban del cementerio de San Vago (hoy Héroes del Alcázar), y s® componía de arco «con sobrearco», pilastras cuadradas, frontispicio con zapatas y remate de agujas o pirámides con bolas; los datos copiados apenas dan idea de lo que sería la puerta aunque revelan «en su arte cierto interés». En un nicho mostraba la imagen de San Francisco y por allí, la fecha: 1600 (1). (1) Esta es la que también llamaban Puerta de las carretas y, sobre ella existe documento en el archivo de Protocolos, fechado en 22 de Noviembre de 1599. Edificó esa puerta Pedro de Mazuecos, el ilustre arquitecto del Palacio de Fabio Nelli. Dice así el encabezamiento de la escritura referida: «Condiciones en las quales yo, Pedro de Mazuecos, artifice, tengo de hacer á toda costa la portada de las carretas del monasterio de san Francisco de esta ciudad de Vallid que sale a la calle y yglesia de santiago como nías claramente avajo yra declarado». Noticia comunicada por el Sr. García Chico- ■ .i V OBKAS UE ARTE QUE ATESORABA EL MONASTERIO, ETC. 43 Cerca, la pueiia de la Hospedería, luego capilla de la Orden tercera; era de arco «escarzan». Puerta principal de la iglesia. Se abría en el muro del Evangelio, entre dos capillas. Dice Fr. Matías que era obra antigua, «más prolija y costosa que vistosa» y la describe de un modo confuso; pilastras, contrapilastras y frisos; arco apuntado con boceles y medias cañas. En la clave, piedra ovalada y en ella, de pincel, una Santa Faz: «el rostro venerable de N. S. Jesucristo, que vulgarmente llaman Berónica». Más arriba, águila negra, pico y garras de oro, con el escudo coronado de Castilla, León, Aragón y Sicilia, ramas de granada y su fruta. Yugo a la derecha con las coyundas y Tanto Monta; y a la izquierda, haz de doce saetas. Todo de piedra. Y sobrepuestas, en yeso, armas de los condes de Castro, en las enjutas (1). Arriba, arco escarzano y en el fondo, estatua de la Virgen Santísima, con dos ángeles, y a sus lados, San Francisco y San Antonio de Padua, de rodillas, de escultura «poco elegante». Como se ve, una puerta de la época de los Reyes Católicos, después de la conquista de Granada. Las hojas de esta portada debían ser magníficas: forradas de cuero muy grueso labrado «con fajas cuarteadas de Castilla y León» y sobre los postigos, debajo de los arcos que formarían cada hueco, muy adornados, efigies de la Reina, a la derecha, y del Rey a la izquierda, de medio cuerpo, con coronas de hoja de hierro dorado sobrepuestas; todo grabado «como de prensa», dice Fr. Matías. Bien se adivina que se trata de riquísimos cueros repujados, a fines del siglo XV. Atrio de la iglesia. Era, sin duda, una especie de pórtico espacioso, como gran nártex, con bóveda de piedra apuntada y crucería arrancando de «pilastras» angulares. Sobre esos arranques, las cuatro «figuras» de los Evangelistas con libros en las manos. Los muros, vaciados por lucillos. Se entraba a este vestíbulo por arco apuntado, alto, con follajes en apoyos y arquivoita. En la clave. Crucifijo de bronce, pendiente (1) A esto se reduciría la renovación de la puerta, a que se alude en la página 34. CALLE HE OLW^OS V/. J'ílí .. tí /GLE5IA yANEJ05 ED¡r¡C¡05 moni\ster]ales coNsrnucc¡QNe% '^jeajas ^ PATIOS O 1o^iK> 43 itQ it.Q I t > » I » I I I I 1 I » Escala 2>£ -p/sí c^st£li_a/\qí, t . •> iú t