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Papeletas sobre primitivos en Castilla: II: tablas de la iglesia de Portillo

Nieto Gallo, Gratiniano

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II.-TABLAS DE LA IGLESIA DE PORTILLO En uno de nuestros viajes por fierras castellanas, anotarnos la existencia de unas interesantes tablas en la iglesia de Portillo. La Impresión que en aquella rápida visita nos hicieron fue verdadera^ mente admirable: su técnica y sus características nos recordaion a Pedro Berriiguete, pero no nos atrevimos a darlas como obra francamente suya. Decidimos hacer un estudio de ellas, y al examinarlas detenida mente hemos podido ver que nuestras primeras apreciaciones no han sido erróneas; es cierto que las tablas no pueden atribuirse con entera seguridad a Pedro Berruguete, pero no queda duda que el autor de ellas había visto muchas cosas suyas y estaba fuertemente influenciado por el. Las tablas son dos: La Visitación de ¡a Virgen y San Juan Bautista ante Herodes. La pintura castellana a principios del siglo xv empieza a influen ciarse por valores flamencos, siquiera sea tímidamente en un prin cipio; en estas dos tablas, sobre lodo en la de la Visitación de la Virgen, el dominio de la manera flamenca aparece todavía marcado, pero se notan ya otros valores que acusan nuevas influencias, y sobre todo rasgos de una cierta personalidad, que por ahora en Castilla, y en la época en que pudieron pintarse estas tablas, sólo pudo darlos Pedro Berruguete, iniciador franco de las modalidades renacentistas. Si la época más fecunda del gran pintor castellano puede fecharse entre 1470 y 1505, hacia el ultimo tercio del siglo xv, y como de mano de un discípulo o admirador del maestro, podemos fechar las tablas de Portillo. Llama la atención en ellas el gusto por una entonación dorada y el empleo de fondos arquitectónicos con lujo de detalles. En la tabla de La Visitación, que es la mejor, sobre un suntuoso fondo de arquitectura gótica, de tono acaramelado, que es el piedominante en las dos tablas, se representa esta escena con cierta firmeza de trazo. Una entonación discreta y armoniosa consiguió el artista, con el empleo de tonos vinosos en la túnica de la Virgen, de la dania que papeletas sobre Primitivos en castilla tiene a su lado y de las otras dos que aparecen a su izquierda, tono que no ofrece un contraste marcado con el verde botella que usa para el manto de la Virgen, ni con el dorado de su blonda cabellera. Santa Isabel enmarca el rostro en alba toca, y el color rojo apagrado de su manto (cuyos pliegues, así como los del de la Virgren, están tratados con sumo cuidado), rima y armoniza sin desentono algruno en el conjunto. Hay naturalidad en las figuras que componen la escena, naturalidad que sorprende por un dejo pensativo y casi triste revelado en todas ellas. Junto a la Virgen, en un segundo término, una dama, con toca de color rosáceo que adapta a la cabeza en graciosos pliegues y orna con diadema de piedras preciosas, las cuales recaman también el corpiño; al otro lado, junto a Santa Isabel, y también en un segundo término, dos damas asisten a la escena en la misma actitud respetuosa y pensativa. Van ricamente ataviadas, con lujo y profusión de joyas. Este detalle de la tabla de Portillo contrasta con la sencilla elegancia de la Visitación de la colección Ruíz en Madrid, donde también dos damas asisten a la santa entrevista, y por cierto con el mismo curioso aspecto de recogíinlenfo un poco triste que se repite en otras tablas consideradas como del gran pintor castellano; así, por ejemplo, en la conservada en la Colegiata de Covarrubias, representando a San Cosme y a San Damián, donde dos mujeres asisten al milagro con una expresión hondamente recogida. Puede extrañar en la Visitación de Portillo la persistencia de un detalle, usual en primitivos, como es el afán de sublimar las figuras princi pales aumentando su tamaño con referencia a las demás. Así, no justifica ciertamente lo reducido de la dama que aparece junto a la Virgen, su colocación en un segundo plano, pe'O detalle se observa repelidas veces en obras de Pedro Berrugueíe, como en el Auto de fe del Museo del Prado y en la Aparición de San Pedro y San Pablo a Santo Tomás en el retablo de Ávila, entre otras. El plegado de paños en la Visitación de Portillo, en lo que es dado estudiar sobre desgraciados repintes y terrible barnizado, no deja de recordarla manera típica de Berruguete. Junto a esto, otros detalles, como el gusto por hondas perspectivas, que en este caso se refieren a un interior gótico suntuosísimo; el gusto por trazados geométricos de solería abigarrada y sobre todo la entonación caliente, dorada del conjunto hacen pensar por lo menos en un discípulo próximo, y quizá más gótico, del gran pintor castellano. , La otra tabla, San Juan Bautista ante fierode^ parece algo inferior, pero no desmerece respecto a su hermana En ella se pre- 89 II.-TABLAS DE LA IGLESIA DE PORTILLO senta a Herodes sentado en espléndido trono (que recuerda e^^ Dialéctica del Kaiser Friedrich Museum, de Berlín, V lujosos Ambrosio del retablo de la Catedral de Ávila), recarga o detalles de sabor gótico, tal como columnillas de vidrios » Vi?! venera oe louv pomos o remates de rosado vidrio trasparente, ancna ve verde rojizo oscuro coronando el respaldo y rico dosel de bro oscuro y oro, bastante descuidado de factura, como no ^vila) var en obras de Berruguele (paños recamados del ge El personaje viste túnica oscura, que en bocamangas y cinta adorna con piel, dalmática de tono rojo vinoso, orlada de anc con inscripción sendo árabe (detalle este tampoco ajeno a g berruguetescos), magnífica corona de fi no cincelado y ceiqut pedrerías, gran collar, del que pende espléndida joya y mantenido con la enguantada mano izquierda. No falta en la expresión del Rey el mismo dejo un poco triste y reconcentrado 'í"® notado en la tabla de la Visitación y que parece ser modali a c gran pintor. El San Juan, de pie, con las manos cruzadas so re e pecho, y sujetas con fuertes ligaduras, vistiendo túnica de pie , que adorna orla de oro, y manto rojo vinoso, casi oculta la fi gura por a de un soldado de brillante armadura, cuyos detalles se señalan por simples líneas, como a pluma, tales como pueden observarse en e grupo de la Oración del Huerto de la Catedral de Ávila. Asimismo se señalan detalles, en el grupo de soldados, que confusamente só o dejan ver, tras la fi gura del santo, las líneas de sus capacetes de hierro. Al otro lado, para hacer rítmica la composición, la fi gura de un sayón que prende y sujeta con fuerte cadena al santo y parece un poco distraído de la escena. Viste ropón de tonos vinosos, se toca con bonete cilindrico del mismo color, en el que ha prendido alta pluma y calza botines sobre medias que se doblan a la altura de la rodilla. De fondo una construcción, a modo de forre de dos cuerpos, en la que, conforme a la típica manera berruguctesca, se señalan detalles de aparejo. Otro detalle interesante, que acerca las tablas de Portillo a la manera de Pedro Berruguete, es el modo de tratar el pelo, y aun detalles también de las carnes, por plumeado. Obsérvese el modo de hacer el pelo en la fi gura de San Juan. No podemos afirmar que estas tablas sean obra del gran pintor de Paredes de Nava, pero sí creemos acertar al acercarlas a su manera. Gratiniano Nieto Gallo ■ ' fWÁb ; V.. /•Vi i > * r' rf 'íl ' w r'-i» l \ 4!