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En defensa de Galileo : lección inaugural del curso 1988-89 de la Universidad de Valladolid / José Luis de Miguel Rodríguez

Miguel Rodríguez, José Luis de

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BiCe lliiliifl1iiiOO~ 5>0 O O O O 1 8 7 S 3 EN DEFENSA DE GALILEO LECCION INAUGURAL DEL CURSO 1988-89 DE LA UNIVERSIDAD DE VALLADOLID Impresos ANGELMA, S. A.- Avda. Santander, 47ValladolidDep. Legal VA-404-1988 UNIVERSIDAD DE VALLADOLID ]OSE LUIS DE MIGUEL RODRIGUEZ CATEDRATICO DE ESTRUCTURAS DE LA ETS DE ARQUITECTURA DE LA UNIVERSIDAD DE VALLADOLID EN DEFENSA DE GALILEO LECCION INAUGURAL DEL CURSO 1988-89 DE LA UNIVERSIDAD DE VALLADOLID VALLADOLID 1988 Magnifico y Excmo. Rector Excelentísimos e Ilustrísimos Señores Comunidad universitaria Señoras y señores ... la clase de hoy será en defensa de Galileo. Se ha cumplido sobradamente el cuatrocientos aniversario del nacimiento de este ilustre científico. Galileo nace tres días después de la muerte de Miguel Angel, -sólo unos años después de la de Leonardo-, y muere el año en que nace Newton; representa el puente entre la ciencia medieval y la ciencia moderna, de la que puede reputarse fundador; ciencia basada en el rigor experimental, la construcción racional frente al argumento de autoridad, y la publicación, -naturalmente porque ya se ha inventado la imprenta-, circulación libre y crítica abierta de los descubrimientos. Si Leonardo es el epónimo de científico medieval, Newton lo es del moderno. Galileo, y no sólo simbólicamente, enlaza ambos; es al mismo tiempo el último renacentista y el primer científico. Buena parte de lo que Galileo explica y escribe pudo aprenderlo de Leonardo, que ocultaba como podía sus conocimientos, y es Newton el que remata el edificio de la mecánica iniciado por Galileo. Parece haber acuerdo en que Newton es, con mucho, el más grande científico de todos los tiempos; para el segundo puesto hay varios candidatos, y uno de ellos sería Galileo. Sin embargo frente al taciturno, austero, misántropo y misógino personaje que fue Newton, nos presta más la figura, mediterránea y lúdica, de un Galileo mundano, falaz, plagiario, amante de los placeres de la vida, frecuentador de salones, gran conversador e improvisador, brillante conferenciante -dejaba vacías las 7 aulas de los demás profesores-, imprescindible para el éxito de una fiesta. Galileo no se recataba de copiar cualquier dato o conocimiento de otros y presentarlo como suyo, -lo que posiblemente hizo con parte de la ciencia de Leonardo-, o de afirmar basarse en experimentos que no hizo nunca, o de reinventar con sólo algunas pistas y vender como suyo el invento de otros, o de concebir sobre la marcha un argumento verosímil, verdadero o no, con tal de ganar una discusión. Por algo le llamaban de pequeño el peleón. En resumen, era capaz de ganarse enemigos a cualquier velocidad. ¿Sabían ustedes que la fricción del aire no produce calor? Al menos eso demostró Galileo. Por lo visto alguien en una reunión y en presencia dellínceo afirmó que la fricción del aire producía calor, y presentaba con prueba de tal aserto que en su tierra, Calabria, los pastores haciendo girar velozmente sus hondas con huevos de gallina dentro, conseguían cocerlos. Galileo naturalmente entró a defender la tesis contraria, argumentando que en su país existían pastores igualmente fornidos, pero no sabía de nadie que hubiera logrado tal cosa, y como, según era sabido, si en un fenómeno se cambia uno de los componentes y cambia el resultado, ése es la causa de tal comportamiento, concluía irrefutablemente que era el hecho de ser de Calabria y no la fricción del aire lo que causaba el cocimiento de los huevos. Premisas correctas, razonamiento correcto, inferencia falsa; esa era la especialidad de Galileo. Pero en defensa de Galileo hay que decir que resultó ser definitivamente un gran científico; que condujo su increíble maquinaria mental, a pesar de la facilidad que tenía para las falacias, a descubrir, plantear y ponerse del lado de la ciencia y del conocimiento. Veremos hoy tres facetas de este gran hombre. * * * La primera es obviamente la más conocida y popular: Galileo el astrónomo. En este campo se percibe al último renacentista, inaugurando la posición del científico moderno. Y no por lo que formula o descubre, ya que nos referimos al planteamiento heliocéntrico de Copérnico, sino por la postura de cómo el hombre, observando, debe sacar sus propias conclusiones. Probablemente ese era el aspecto revolucionario de lo enunciado por Galileo; demostrar que cualquiera puede, prescindiendo de lo que haya dicho una u otra autoridad en la materia, defender su propia verdad, y que la verdad no puede hacer tambalear nuestras convicciones, 8 precisamente porque éstas se cimentan en las verdades que descubrimos. Y fue por ello por lo que entró en conflicto con la Iglesia, que sólo recientemente se ha acordado de rehabilitarle. Como buen vividor, Galileo se retracta -pocos años antes Giordano Bruno ha muerto en la hoguera por algo similarpero todos saben que sigue opinando lo mismo. ¿Cómo explica Galileo el modelo heliocéntrico? Muy simple: basta mirar al cielo, y observar, no lo que tiene que ser, con uno u otro prejuicio, sino lo que es. Galileo se apropia del invento del telescopio; construye, vende y regala algunos. ¿Cómo puede el telescopio ayudar a desmitificar el paradigma anterior? porque suministra más información, y mayor información es una información diferente. Si se pueden ver manchas en la superficie del Sol, -manchas que cambian de posición-, los cielos no son inmutables; si Júpiter tiene planetas en derredor; si hay más estrellas que las que se ven a simple vista; si en los eclipses de planetas se puede determinar cuál pasa por delante de cuál, el modelo debe cambiar. Es bien conocido que la representación en dos dimensiones de un objeto de tres es siempre imperfecta: con dos parámetros no se pueden determinar tres coordenadas. Es el problema clásico del dibujo, no importa cuál sea el sistema de representación: una sola vista, como la que se produce contra el fondo del firmamento no nos dice dónde están los planetas. Pero si una vista del objeto es insuficiente, dos es demasiado; las dos vistas deben tener concordancias, como sabe todo el que trabaja en diédrica. Bastaría una vista y una ligera información adicional para poder reconstruir correctamente el objeto. Es clásico en dibujo arquitectónico, -y usual hoy en día para dar realismo a los juegos de ordenador-, suministrar al mismo tiempo la vista del objeto y las sombras que arroja. La sombra es sólo una mancha apenas sin detalle, pero es justo lo que falta. De antiguo se sabía que Venus pasaba por alternancias de brillo; a Galileo le bastó mirar por el telescopio para observar que Venus poseía fases como la Luna. Además cuando menos brillante era, -en la fase de Venus nuevo-, aparentaba ser mayor de tamaño; por el contrario cuando brillaba la sección completa, su tamaño aparente era menor. Aquí estaban l~s dos vistas del objeto, y sin lugar a dudas se podía ver que lo que hacía Venus era girar alrededor del Sol. En defensa de Galileo hay que decir que en la confianza de que cualquiera podía llegar por su cuenta a esa conclusión, es por lo que el anciano que es por entonces este personaje, renuncia de buen grado a mantener su opinión, y pronuncia con sorna el «eppur si mouve», haciéndonos a todos un guiño de complicidad. * * * 9 En segundo lugar podemos ver a Galileo como el fundador del método científico. Cualquier aserto debe comprobarse si se refiere a algo que puede experimentarse. Aristóteles da una explicación del por qué se mueve la flecha en el aire, pero no puede probarse; el mismo modelo afirma que la piedra que se suelte de la punta de un mástil de un barco en movimiento, no caerá al pie, y eso es constatable y refutable. No importa si los postulados de Galileo los probó con experimentos reales o ficticios, lo importante es que formula la ciencia en términos constatables, que deslinda la predicción de la explicación. Su potente método pedagógico le permite incluso enunciar la física sin ampararse en los experimentos: basta el razonamiento. Como Arquímedes, Galileo no confía en que los hechos hablen por sí solos, pero admite que son los hechos lo que importa. Igual que luego hará Newton, -que utiliza el algebra diferencial para descubrir lo que luego demuestra genialmente de otra manera-, Galileo experimenta casi en secreto y luego refunde científicamente sus conclusiones. Y no sólo inaugura la ciencia moderna sino que en un sólo paso inventa además el experimento mental. Todos los que se dedican a la ciencia saben de la dureza y dificultad de la experimentación, de lo poco que se obtiene, de lo dudoso de las medidas, de lo mal que los fenómenos nos hablan por muy finamente que los observemos, de lo tedioso y costoso que resulta la experimentación. En la experimentación real siempre hay ruido, falta de precisión, fenómenos asociados imposibles de eliminar, y, en general, sin modelo previo de qué se quiere ver, es inútil mirar. Contando con ello, la elegancia, precisión y baratura del experimento mental es impresionante; naturalmente amparado en ensayos reales y en mediciones, groseras a veces, pero realizadas por un verdadero científico que sabe leer entre líneas. Según Aristóteles y toda la ciencia posterior a él hasta Galileo, los cuerpos más pesados caen más rápidamente. Galileo, jactándose de haberlo hecho, afirma que no, que la bala de cañón y la de madera caen al tiempo. ¿Cómo puede una mente comunicar a otra la evidencia del fenómeno, sin intervención del propio fenómeno; directamente de una inteligencia a otra? es simple: mediante un experimento mental. Si se dejan caer dos balas de cañón una tras otra ambas caerán con la misma rapidez; si se dejan caer al tiempo caerán simultáneamente; si caen simultáneamente, un enlace imaginario entre ambas no hará que ninguna tire o frene a la otra; si caen conjuntamente atadas, caerán de la misma manera que separadas, aunque el conjunto pese más. Luego el mayor peso no cae más rápidamente. Este experimento mental se puede ampliar para percibir cómo cualquiera de las partes cae como el todo, y que todos los 10