Daños que ha causado la falta de policía en La Coruña, y descripción de las enfermedades que han reynado [sic] en su Hospital Militar... / por Luis Aquilino Pulleiro
Full text
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BAÑOS QUE HA CAUSADO LA FALTA DE POLICÍA EN LA CORUÑA, Y descripción de las enfermedades que han reynado en su Hospital Militar por los meses de Enero, Febrero y Marzo de 1812. POR DON LUIS AQfJILINO PULLEIRO. . Médico del mismo Hospital, CORUÑA: En la Oficina del Exacto Correo. u se UX1VERSIDADE
Homines cid 1 Dtüs' nult» fe prius accedunt > quam salutemhominibus dando. .. Cic. pro Lig...
(3) ^D7EKTE.NCIA escrito estas observaciones para mi uso privado , sin ánimo que llegasen un dia a mani festarse al Público pues no las juzgaba tan in teresantes que mereciesen ocupar un momento á los Lectores , distraerlos de asuntos de mayor consideración ; pero habiendo visto este año reno varse escenas que tanto martirizaron mi espíritu en el anterior , y contemplando que la vida de los hombres mas apreciables á la Patria no pue de mirarse con indiferencia , juzgué que podía ser de alguna utilidad publicar el origen de las fie bres que en el año anterior han consternado a muchos habitantes de esta Ciudad , y hacer ver que la actividad s el orden y buena Policía son puntos que jamás deben perderse de vista para no exponer la vida de los hombres , cuya verdad por muy conocida que sea de todos es sin embargo por desgracia bien poco practicada. Protexto que * UNIVERSIDAD! DE SANTIAGO u
(4) no es mi intención criticar á nadie , jp menos á las Autoridades á quienes tributo todo el res peto de que son dignas : solo expongo los hechos como han ocurrido , jv colocado á la cabecera de los enfermos , al paso que observaba los síntomas que los afligía , no podía menos de lamentarme discurriendo sobre las causas que contribuyeron & tu gravedad. u
(5) 11 ! vT ■' . ; . . ; ; . ,. TjaCoruña es una pequeña península situada á la falda de un montecillo , y poco defendida de los vientos; su población, que ascenderá en el dia a veinte y cinco mil personas , está dividida en dos partes , pescadería y ciudad ' la primera , que es lo principal de la población , se halla por la mayor parte á muy poca elevación del nivel del mar , y dominada por la ciudad , cuya altura es de muy poca consideración. Ninguna cordillera ni montaña defiende a la Coruña del viento N. , ni aun del N. E. , los quales quando reynan son fríos y secos ; pero rara vez húmedos , y aun mas rara vez tempestuosos . al contrario , los vientos S. y S. O. vienen casi siem pre acompañados de humedad , y el frió que pro ducen es menor comparativamente : son los que mas dominan en invierno , y las tempestades son con ellos muy freqüentes: una cordillera no de mu cha elevación defiende á la Bahía , mas bien que á la Coruña , de su impetuosidad , y se opone de algún modo á su violencia. La estación mas saludable en esta Plaza es u se U'JIVKKSlDADh
(12) de ella hizo los posibles esfuerzos para conseguir las pagas , á fin de que saliesen de un estado tan infeliz ; pero viendo que sus representaciones eran ineficaces por la fatalidad de las circunstancias, to mó la resolución de enviar grandes partidas al Hos pital , á fin de que tuviesen allí la ración con que poder sustentarse : la mayor parte de estos indivi duos carecían de enfermedad particular ; pero to dos se quejaban de dolores y fatigas , por cuya ra zón , y por la miseria con que se presentaban , no podían menos de ser admitidos : con este motivo se aumentó considerablemente el número de enfer mos ; y no habiendo bastante capacidad, para todas las camas que se necesitaban en los edificios , que hasta entonces servían de Hospital , se tomaron parte de los Claustros del Convento de S. Francis co, donde se colocaron 120 camas que estaban re partidas en dos salas , y se cerró la comunicación con los Religiosos que residían en el mismo Con vento , aislando los enfermos del mejor modo posible. En vista de los motivos que acabo de exponer, tan poderosos para producir un contagio , se creerá fácilmente que ya todo el mes de Diciembre reynaron fiebres pútridas en el Hospital ; pero nada menos , parece que la estación estaba á propósito dando treguas para que se tomasen todas las pro videncias necesarias , á fin de que no se declarase una epidemia. Reynaron poco en este mes los ayres húmedos del S. : los de N. y N. E. fueron los dominantes , y el Thermómetro tuvo muy poca va riación ; pues siempre se mantuvo en los grados
(^) , II ó 10, solo los tres últimos dias baxó al 9 : así es , que los soldados de la guarnición que caían enfermos iban al Hospital con calenturas, que no daban ningún cuidado , y los mismos Prisioneros, aunque mas agravados en sus males , no llevaban fiebres de consideración. Pero al fin no era posible que las enfermedades permaneciesen en este estado í la dexadez debía traer consigo los males que habíamos anunciado en 14 de Noviembre ; y en efecto , á últimos del año dio parte al Sr. Gobernador de la Plaza el Coman dante del Ponton manifestándole que entre los Pri sioneros se notaban enfermedades que él creía con tagiosas. Hemos sido nuevamente comisionados el 31 de Diciembre los Facultativos del Hospital pa ra que pasando al Ponton averiguásemos la natura leza de estos males , y propusiésemos los medios de ocurrir á ellos : no nos detuvimos un momento en ir á este buque ; y aunque habíamos palpado lo infructuosa que había sido la visita que anterior mente habíamos hecho , nuestra profesión y carác ter nos hacía mirar como los instantes mas agrada bles aquellos que empleábamos en beneficio de la salud pública. Hallamos que el Ponton contenía cerca de 1000 hombres , entre los quales. había muy pocos que tuviesen un semblante que indica se salud y robustez ; además , había, ocho dias que empezara á manifestarse la disenteria entre los Pri sioneros , y en este corto espacio de tiempo los progresos del contagio habían sido tan rápidos que mas de 300 hombres se hallaban ya acometidos de esta enfermedad. Nos eran muy notorias las cauu
( m ) sas que producían estos daños , y para ocurrir á ellas hemos dirigido al Sr. Gobernador un Oficio en 31 de Diciembre, que puede verse notado con el Núm. 2. 0 , en el que tratábamos de contener las enfermedades en su origen , y manifestábamos 0 que no habiendo actividad no sería exraño que se declarase en el Pueblo una epidemia. Este lenguage debiera alarmar y conmover á qualquiera que lo oyese , y nunca serian demasiadas las providen cias que se tomasen para atajar un daño que ya pu diera haberse evitado , si en lugar de la inacción se hubiese procedido con zelo y eficacia ; pero á pesar de que ya estaban á la vista las funestas conseqüencias que había traído consigo el poco cuida do con que habían sido tratados los Prisioneros, no por eso se tomaron mejores medidas. Todas las Au toridades tenían su poco de intervención y domi nio sobre el Hospital , y por lo mismo ningún Gefe se encargaba exclusivamente de atender á sus -ocurrencias como debía hacerse ¡en tales circuns tancias ; de aquí es que aun quando tuviesen todos ■el mayor zelo, nadie daba providencias executivas para remediar qualquier daño. , Mientras tanto se iban aumentando cada dia el numero de enfermos existentes en el Hospital , en términos que á veces no podían admitirse los Pri sioneros que baxaban del Pon ton por falta de ca mas, y mas aun por falta de edificio donde poder colocarlos ; de aquí se seguía que se introducía en el Hospital la confusión y el desorden , inevitables en semejantes apuros , que las enfermedades se agravaban en los infelices que las padecían , y por se UMIVhKSlOAl u
último , que conducidos otra vez al Ponton hacían mas infesto este sitio , hallándose mezclados los sa nos con los que padecían enfermedades de suma consideración. (*) \ El proporcionar edificio conveniente al^ nume ro de enfermos que se presentaban , llego á ser una dificultad que n'adie vencía: se paseaban dia riamente los Prisioneros del Ponton al Hospital pa ra volver en el mismo día del Hospital al Ponton sin haber sido admitidos , y son incalculables los partes que se han dado , y diligencias que se hicie ron para evitar este inconveniente y al fin produXerón el que se determinase dar mas ensánche al Hospital , colocando mayor número de enfer mos en el mismo Convento de S. Francisco, para lo qual se tomó otra gran pieza , y se llegaron á poner camas hasta la puerta del Coro por donde pasaban á todas horas los Religiosos. No comprehendo porque fatalidad la Comuni dad^ permaneció en el Convento teniendo una co municación directa con los enfermos. Los Religio sos sabian que baxo el mismo techado que los cu<- (*) La urgencia extremada en estas circtmstan^ cías produxo Tin decreto en que se mandaba que na habiendo localidad bastante en el Hospital para ad mitir los enfermos , ni sufdente número de camas^ se colocasendos en cada una , con ■ lo que segura mente quedarla todo remediado ; pero un obstáculo fisico impedia dar cumplimiento á esta providencia^ es á saber que cada cama era mas estrecha que los dos enfermos.
(16) bria se aloxaban en el mes de Enero cerca de 300 enfermos que por la mayor parte tenían fiebres pú tridas , que su Convento estaba contiguo por una parte con el Hospital Militar y su campo santo, y por la otra con el campo santo que sirve á toda la población , y que estas causas los exponían á pere cer , haciendo aquel edificio un lugar de infección y de contagio : por lo mismo debieran representar á los Gefes que determinaron hacer Hospital su Convento , á fin de que los enfermos se colocasen en otro edificio , como después se hizo por sus ins tancias ; y no pudiendo conseguirlo , debieran por su propia determinación , y atendiendo al interes de la Comunidad, abandonar un sitio en el qual solo podían esperar la enfermedad y la muerte. Como quiera , el desorden inevitable en el Hos pital por falta de localidad , ha concurrido con las otras causas que he expuesto á fomentar las enfer medades pútridas , y por otra parte la conducta de los mismos Prisioneros Italianos , no dexó de con tribuir á agravar mas y mas esta clase de in disposiciones. Sus aspectos consuntos , miserables , y la des nudez con que se presentaban , excitaban la com pasión de los habitantes del Pueblo ; y ellos por su parte, con la mayor importunidad, procuraban sacar de la facultad de pedir todo el partido posi ble : así es que en su tránsito al Hospital ó al Pon tón recogían considerable limosna , tanto en ropa como en dinero ; y animados únicamente del de seo de devorar , por las privaciones que anterior mente habían experimentado , empleaban el prou
(^7) ducto de esta industria en alimentos baratos , y de mala calidad , con los quales lejos de nutrirse en fermaban por la mala disposición en que se halla ba su estómago : aun permaneciendo en el Hospi tal abandonaban sus camas, y por dexadez , y fal ta de cumplimiento á su obligación de los centine las , salían por todo el Pueblo hallándose con la fiebre , y exercian de este modo el espíritu de men digar , que tanto los distinguía de todos los Prisio neros Franceses y Alemanes que habíamos visto hasta entonces. Pero á pesar de la mucha ropa que habían re cogido no por eso se veia un Italiano sino lleno de andrajos como el dia primero -. ninguno cuidaba de su aseo y limpieza ; al contrario , siempre desea ban parecer mas mal para conseguir de este modo mas limosna : al momento vendían qualquier ropa que recibiesen , y el producto lo empleaban en las comidas que he indicado , ó bien lo disipaban en el juego : parecerá increíble que los hombres mas - miserables se entretuviesen en una diversión de es ta clase ; pero este hecho no admite la menor du da : quando permanecían en el Ponton , y carecían del producto de las limosnas , jugaban unos con otros sus raciones , y aquellos que tenían mala suer te quedaban tres ó quatro días sin comer , si la ge nerosidad de los gananciosos no los socorría con alguna cosa ; pero quando estos desordenes llega ron á su mayor altura , fué inmediatamente que se sacaron del Ponton para el Quartel de la Colegia ta 410 hombres , que fué el dia 7 de Febrero. Hasta esta época no se trató de . disminuir el UNlVLRSIDAbÉ DI. SANTIAGO u se
(18) número de Prisioneros en el Ponton , siendo así que teníamos manifestado desde el 14 de Noviem bre que el permanecer en dicho Buque tantos in dividuos era la causa principal de sus enfermeda des : ignoro si se tomó esta providencia con el fin de ocurrir al contagio, ó porque era imposible que llegando todos los dias nuevos Prisioneros , pudie sen colocarse en este depósito ; pero sí estoy per suadido que para hacer esta traslación se necesi taban algunos miramientos , pues no se trataba na da menos que de conducir al centro de la Ciudad 410 hombres, que algunos padecian , y otros es taban muy expuestos á padecer, enfermedades pú tridas : por lo mismo debieran elegirse aquellos Prisioneros que disfrutasen la mejor salud , y esta blecer en el Quartel la policía mas severa , cuidan do de su alimento , y de quanto pudiese contribuir á evitar las enfermedades : nada de esto se executó : el mayor número de los que se conduxeron á tierra fueron estos mismos Italianos que causaron tantos desórdenes; y puestos ya en el Quartel, queda ron , por decirlo así , abandonados á sí mismos, (*) (*) N"o es tanto la falta de recursos como la de orden lo que produce los madores males , hallando muchos su ínteres en la confusión y el abandono^ é impidiendo por esta causa que los Gefes tomen providencias acertadas : se verá en la conducta de los Prisioneros s y lo que ocurría tanto en el Qyiartel como en el Ponton , que sin hacer ningún gasto pudieran remediarse muchos daños de la ma yor consideración. u
(i9) Entonces se vieron en todas las calles de la Coruña estos Prisioneros por quadrillas , qué se introducian por todas partes , importunando á sus habitantes, y ofreciendo Siempre suma desnudez y semblantes cadavéricos : diariamente iban al Quartel varias mugeres que les compraban su pan , y siendo este alimento el mas sano y más bien acon dicionado que tenían , empleaban su importe en otros menos convenientes , y usaban sin condimen to ni preparación : viciados ya en la manía de men digar , aunque se sintiesen muy enfermos no sé apresuraban en pasar al Hospital , donde temían que solo se les daría el alimento proporcionado á sus fuerzas digestivas : tenían una comunicación di recta con los habitantes en los momentos en qué su enfermedad se hallaba en el mayor vigor ; así es que 17 han muerto en el Quartel , los qualeS los días anteriores añdubieran mendigando : otroí iban al Hospital quando ya su enfermedad estaba tan adelantada que fallecían en él caminó, ó si lle gaban á ponerse eñ tina cama era para espirar ál momento , y ser enterrados en el ihis'mo dia de su entrada : de este modo la misma compasión de los vecinos de la Plaza ha sido pétjiidihiál á éstos irt 1 - felices ; pero todos merecen disculpa : los Prisione ros porque como autómatas no sábiátí conducirse, y creían favorable lo que en lá feálidad les era muy funestó ; y los habitantes jorqué un iítipUlsó de bondad los movía á socorrer á estos horiibres, que juzgaban en el estado dé ihayor riiiseriai ‘ Pero ¿ qüál hubiera sido la suerte dé la Corti na si las enfertíiédades ■ qüé padecían loá Prísióne- * u
( 2 °) ros tuviesen aquel grado de contagio que algunos ° se llegaron á persuadir ? El descuido de no esta blecer en el Quartel la policía mas conveniente, y de permitirles introducirse en las casas de todos los vecinos quando su mal estaba en el punto mas crítico de producir la infección , ¡ á qué daños no hubiera dado origen ! ¡ quintas víctimas no hubie ra habido sacrificadas al desorden y á la desidia!... Por fortuna , las enfermedades pútridas que sufrie ron los Prisioneros , aunque contagiosas , no llega ron al grado que se figuró el Pueblo , preocupado acaso por la opinión de algunos Facultativos que ignorando el arte de la observación atribuyen las enfermedades á la primera causa que se les ocurre. Insinuaré luego que algunas fiebres que reynaron en la Ciudad fueron efecto de la constitución do minante , y no de un contagio que saliese del Hos pital , como quiso persuadir la ignorancia ó la malicia. En casi todo el mes de Enero hubo ayres de S., por lo regular tempestuosos : raro dia estuvo la atmósfera despejada de nubes; hubo lluvias, y hu medad constante : los primeros dias estaba el Thermómetro á 8. ° ; pero lo restante del mes se ha visto á 9. ° ó 9. ° -5 : los últimos dias se hallaba á 10. °4: siguió en este grado hasta casi mediados de Febrero , y entonces se mantuvo en 11. 0 por algunos dias ; subió luego á 12. °, y al concluir el mes volvió á baxar á los 10. 0 : hubo á princi pios de Febrero vientos del S. tempestuosos ; pero luego se mudaron al N. : por mediados del mes la estación estuvo muy templada , efecto de algunas u
(21 ) calmas perfectas que hubo ; cuyo fenómeno no de xa de ser raro en la Coruña , y en esta época : la atmósfera estuvo varios dias muy despejada ; pero á últimos del mes estuvo muy variable la estación. A principios de Marzo se fixaron los vientos del S. tempestuosos y húmedos , hasta el día 11 que se mudaron al N. , y eran bastante fuertes : variaron el dia 22 , y hasta finalizar el mes fueron del S. ó del S. O. El Thermómetro que en los primeros dias se hallaba ii .° permaneció á mediados del mes por algunos dias á 10. ° , y a fines subió has ta 13. ° (*) En suma, hubo muchas mutaciones re pentinas en la atmósfera en estos tres meses ; pero ha dominado mucho ha humedad , sin que hubiese lluvias sumamente fuertes: los vientos secos del N., que alternaban con los del S. , hacían solamente que la impresión de estos últimos fuese mas violen ta , y que por lo mismo causasen mas daño en las constituciones , que estaban susceptibles á enfermar por las injurias de la estación. Atendiendo á lo que vá expuesto , se vé clara mente que concurrieron en los Prisioneros todas las causas que por lo regular producen las fiebres pú tridas : marchas penosas , que sufrieron todos has ta su llegada á esta Ciudad , pasiones de ánimo de primentes , privaciones de todas clases , reunión de muchos en lugares de poca extensión , falta de lim pieza , escasez de alimentos , siendo aun éstos de mala calidad , desorden absoluto , y últimamente, (*) Siempre observo el Thermómetro á las 12 del dia. u
(28) atrasarse en su salud , por cuyo motivo miraba esta erupción como una crisis favorable y ventajosa. Pero quando las fuerzas de la naturaleza no podían rehacerse contra la violencia del mal , se agravaban cada dia mas los síntomas que expuse, y se presentaban otros nuevos que ponían al enfer mo en el mayor peligro : la postración de sus fuer zas era mucho mas considerable : la vista estaba íxa , como espantada , y con lagrimeo involunta rio : la lengua blanquezina en su punta y bordes, cenicienta en su parte media y posterior : tenían sed considerable ; y en este estado , á pesar de su voracidad, no querían ningún alimento sólido : la diarrea era muy freqüente , y las deposiciones de un color obscuro , sumamente fétidas ; orinas esca sísimas : en unos se presentaba la ictericia ; otros tenían édemas en los pies y manos : el pulso ace lerado pequeño , y alguna vez desigual : rara vez deliraban ; pero en todos se notaba siempre una es pecie de estupidez y vigilia constante : la respira ción estaba libre en todo este tiempo de la enfer medad ; pero la extenuación era muy conside rable , y el color de la cutis siempre pálido o aplomado. Se han curado y restablecido muchos que lle garon á tener todo el orden de síntomas que aca bo de manifestar : después de permanecer quatro, cinco ó siete dias en semejante situación , la natu raleza , auxiliada del arte , vencía por grados to dos los síntomas de la fiebre ; pero los enfermos quedaban muy débiles , su restablecimiento era len to , muchos tuvieron édemas en las extremidades
(=9) inferiores , y algunos , una anasarca , de cuyo nue vo mal murieron varios , y otros no se restablecían sino con suma dificultad. A poco que se agravasen los referidos síntomas era mortal la fiebre : algunos antes de morir expe rimentaban suma anxiedad : tenían la lengua seca y negra pero no bebían por eso , si los enferme ros no les ofrecían el agua , lo que era efecto del transtorno en que se hallaba su cerebro : la respi ración , que hasta entonces no había sufrido , se hacía con fatiga y anhelo; las mexillas estaban encendidas : tenían dolores laterales muy incómo dos , pulso pequeño acelerado, desigual, deyeccio nes de vientre sumamente obscuras, fétidas, y sin sentirlas el enfermo , cara hypocrática , estertor, y muerte. . En el mayor número de los que fallecieron, particularmente en el mes de Febrero , terminaba la fiebre por gangrena en la nariz , ó en las par tes de la generación : algunos , aunque pocos , ex perimentaban una podredumbre universal irresisti ble : su aliento despedia tal fetor que nadie podía tolerarlo; se gangrenaba rápidamente toda la cara, y ofrecían de este modo un aspecto horrorosísimo: el vientre estaba meteorizado ; y las deyecciones eran sanguinolentas , y muy freqüentes : si sentían algún dolor agudo , particularmente en las piernas, al instante se veian édematosas , y casi al mismo tiempo gangrenadas : en este estado resistió alguno quatro ó seis dias , y fué preciso aislarlo en lo po sible por lo mucho que exponía la sala , aumentanr do en ella la infección- .. u
(3°) No he visto en ningún enfermo el que termina se la fiebre aislándose la gangrena á qualquier ex tremidad , y que separándose luego la parte daña da llegase á restablecerse : casi siempre eran los órganos de la generación ó nariz donde se vela este mal , y freqüentemente ambas partes á un mis mo tiempo: hubo un individuo en quien empezó la mortificación junto á la cabidad cotiloidea , y se extendió con tal rapidez por todo el muslo que en dos dias estaba todo este miembro verdadera mente esfacelado. Por consiguiente , ninguno se salvó de quantos fueron acometidos de la gangre na.; pues sus progresos eran tan rápidos , que in mediatamente se sucedían las absorciones , la de bilidad extremada , los deliquios , y la muerte. , He observado que todos los individuos en quie nes se presentó la gangrega habían llegado tarde al Hospital , y tengo motivos para creer que si hu biese habido proporción de cuidarlos desde el mo mento que se sentían enfermos , ninguno hubiera llegado á experimentar este grado, de putrefacción: fueron muchos los prisioneros que murieron el mismo dia de su entrada , sin que hubiese tiempo á darles ningún socorro ; y otros que iban aun mas enfermos , fallecían en el camino ó á la puerta del mismo Hospital : en todos ellos se manifestaban las referidas gangrenas mas ó menos adelantadas , co mo asimismo se veían en todos los que contaban muchos días de la fiebre sin haber usado ningun régimen ni medicamento para corregir la enfer mediad. . . Rarísimo enfermo se veia libre de la fiebre u
(3 1 ) hasta contar el dia 21 o 24 de la invasión del mal : la convalecencia siempre era penosa , y ex puesta á recaídas : también eran muy raros los que morían antes del dia 14; lo regular era el fallecer el 17 ó 18 de la fiebre, y algunos enmedio de ex perimentar todo el rigor de la enfermedad , y ha llarse en el mayor grado de putrefacción, llegaron á vivir hasta el dia 30. He manifestado las causas que produxeron es tas fiebres, expuse el modo con que obraron , la disposición de los individuos que las sufiieron , y el orden de síntomas con que se han presentado, y de esta exposición podrá inferirse que por la ac ción lenta y continuada de las causas, se fue debi litando por grados la constitución de los piisioneros : que esta atonia se manifestó primeramente en el sistema de la digestión , y alterada esta función de la economía del hombre todas las demás han padecido ; que los sólidos por todas paites mostra ban debilidad , y falta de acción : que todos los líquidos, habían degenerado : que la sangre tenia un círculo lento , y se hallaba empobrecida ; y , final mente , que faltando casi toda la parte roxa de es te fluido , se había seguido la caquexia y el maras mo por las muchas evaquaciones , siendo el suero quien hacía el principal papel patológico en estas fiebres , y producía los síntomas mas molestos. Aunque la fiebre se mire en este caso como una reacción de la naturaleza contra los agentes morbosos , siempre deben contarse sus esfuerzos como ineficaces para superar el mal , y así es que solo tenia un éxito feliz en aquellos que no se des u
(s 2 ) cuidaban demasiado en procurarse los auxílos del arte , y en apartarse de las causas que habian pro ducido sus indisposiciones. La enfermedad que he descripto nadie dudará en llamarla una fiebre carcelaria : es verdad que los síntomas no son exactamente los mismos que se hallan designados por los AA. Prácticos ; pero si se atiende á la naturaleza de las causas , índole de los mismos síntomas, y orden con que se han pre sentado , qualquiera convendrá en que la diferen cia pendía del estado en que se hallaban los indi viduos acometidos de este mal : en efecto , aque llos prisioneros franceses que se hallaban anterior mente en el Ponton , en quienes las causas no ha bian obrado del mismo modo que en los Italianos, y por otra parte estaban expuestos al contagio, pa decieron la fiebre con síntomas distintos y muy análogos á los que experimentaron los enfermeros, expuestos en el Hospital á la infección , que acar-?; reó á un gran número la fiebre hospitalaria. Estos individuos se velan acometidos de la ca lentura casi de repente , y á veces quando disfru taban la mejor salud : solia entrar por la tarde , y experimentaban el primer dia fuertes orripilaciones , á lo que se sucedía un calor general muy ve hemente; vaidos y dolores intensos de cabeza, par ticularmente ácia la frente, rostro encendido, ojos tristes , lengua blanquecina , mal gusto de boca, nauseas , y á veces vómitos de materiales mucosos y de bilis verde obscura, sed considerable, abor recimiento á los alimentos , respiración oprimida y anhelosa , alguna tos seca que molestaba mucho á u
(33) los enfermos porque aumentaba infinito el dolor de cabeza, pulso freqüente , á veces undoso, á veces contraído ; pero que desaparecía comprimiéndole algún tanto : adstrincion de vientre , orinas pocas, encendidas, y sin sedimento , gran postración de fuerzas. Todos los síntomas se aumentaban por la no che , en cuyo tiempo tenia la fiebre su exacerba ción : al segundo dia solían tener los enfermos su dores bastante copiosos , con los que se hallaban aliviados al parecer á la mañana del dia tercero; pero volvía la exácerbacion á la siguiente noche con mas fuerza , y el enfermo experimentaba mas inquietud y fatiga , de suerte que el sudor nunca fué síntoma saludable en esta época del mal , y solo servia para indicar la naturaleza de la enfer medad : el dia quarto empezaba á manifestarse al guna sordera , cuyo acídente , que tienen muchos por ventajoso , de nada me servia para prognosticar ; pues era síntoma que acompañaba á la fiebre en toda su carrera , tanto en aquellos en quienes se curaba felizmente , como en los que se habían de morir. Las funciones del cerebro estaban algo trastornadas : la vigilia era continua , pero los en fermos contestaban á todo muy racionalmente : el vientre no padecía tanta adstriccion , y algunos echaban lombrices por el ano , ó por la boca : el calor que experimentaban estos individuos era el pútrido , que todos los Prácticos conocen. Desde el dia quarto hasta la entrada del sépti mo se graduaban mas todos los síntomas referidos, menos la fatiga y opresión de pecho que cedía á u
(34) los primeros remedios ; por lo demás , la sed era mas .considerable . la lengua se veia mas seca , y con una faxa obscura á lo largo de su parte me dia : el pulso estaba mas débil , y aunque no deli raban los enfermos , el transtorno en sus ideas, ó la propensión al delirio , se observaba mas fá cilmente. Era muy buena señal que al día siete no se agravasen estos síntomas ; y si los enfermos, per manecían sin atraso hasta el día once , sucedía re gularmente que terminaba bien, la fiebre : la crisis se hacía por evaquaciones de vientre , que á veces eran muy excesivas , y debilitaban mucho al en fermo , por cuya razón me veia precisado á mode rarlas , y á tenerlas mas bien por conferentes , que por críticas : en algunos individuos alternaban los sudores generales con las evaquaciones de vientre para terminar la enfermedad, ; nunca los sudores por sí solos hicieron una crisis perfecta ,, lo que su cedió algunas veces por medio de la diarrea que sobrevenía en esta época del mal : estas evaqua ciones continuaban hasta el dia catorce hallando alivio el enfermo en todos los demás síntomas que le molestaban : se despejaba la cabeza , la lengua se humedecía , desaparecía la fatiga, el pulso se presentaba undoso , en términos que el día quince se veian sin calentura los enfermos : entonces ex perimentaban flaqueza en el estómago , y deseo de tomar algún alimento , se desvanecía la sordera: algunos se sentían muy postrados , y se quejaban de fuertes dolores en todos los miembros al que rer moverse ; pero al paso que los enfermos iban
(35) cobrando fuerzas , sin ningún remedio se quitaban también estos ligero accidentes. Quando la enfermedad no llevaba un rumbo tan favorable , desde el dia séptimo se agravaba considerablemente, y presentaba síntomas de mu cho respeto : los enfermos deliraban particular mente, por la noche, y el delirio era baxo : sus ojos se veian inyectados , y el color del cutis en la cara indicaba la disolución de la sangre ; la len gua se presentaba negra , seca , con grietas , y tan to por esto , como por hallarse muy abultada, di ficultaba á los enfermos la locución : la sed era in tensísima , se reproducía la fatiga y la anxiedad: el pulso estaba espasmodizado , pequeño y freqüente : el abdomen estaba meteorizado : las orinas eran encendidas y escasas : las deyecciones de vientre se producían sin sentirlas el" enfermo, y eran de materiales fétidos y obscuros : cada día la postración era mas grande , y por último , so breviniendo saltos de tendones , hipo , estertor, rigidez en los miembros, y sudores fríos parcia les , fallecían entre el dia nueve y trece de su en fermedad. El orden de síntomas que expuse variaba al gún tanto, según la disposición individual : en los Prisioneros franceses, la fiebre seguia su carrera con mas lentitud ; pero no por eso era menos te mible , pues semejante variedad indicaba solamen te la menor reacción de parte de la naturaleza: los enfermeros y asistentes experimentaron los sín tomas mas agudos y violentos. Ha sido bastante freqüente la epistasís en el incremento de la en *
(36) fermedad, y esta evaquacion quando ha sido mode rada no dexó de ser favorable ; pero alguna vez fue tan excesiva , que acelero la muerte del enfermo, en pocos he visto las manchas petequiales , á pesar de ser muy común el meteorismo , y otros sínto mas que indicaban las disoluciones ; y aun debo advertir , que alguna vez que se presentaron estas manchas de un color rubicundo , y sin ser multi plicadas , eran mas bien un síntoma saludable que perjudicial á la salud del enfermo : tampoco se ha visto que el delirio correspondiese á la gravedad del mal : muchos conservaron su, razón hasta al gunos momentos antes de morir , y el mayor número solo deliraba ep los últimos días de la fiebre. Si hacemos comparación de la fiebre que su frieron los Italianos con esta que acabo de descri bir , hallaremos que aunque á primera vista parez can muy diferentes , son en realidad de mía mis ma clase : la miseria , la atmósfera y la infección exercieron su influxo morboso sobre distintos indi viduos : aquellos que por una larga serie de priva ciones tenían gastada , por decirlo así , su, natmaleza , opusieron al mal una débil resistencia , y to dos los fenómenos, patológicos se presentaion con pereza y lentitud, sin dexar por eso de ser me nos funestos: en aquellos en quienes obro mas el contagio que las otras causas ,, hallándose dotados de mas vigor en toda su constitución , se presenta ron síntomas mas rápidos y violentos que hasta cierto punto indicaban mayor grado de reacción vital ; pero en todos era úna causa debilitante la
(37)- que producía la enfermedad , en todos padecía pri^ mariamente el estómago que era donde residía el foco de la fiebre, y en todos en fin los sólidos estaban abatidos , y los 1* quidos se prestaban a la disolución. z No obstante , la variedad en los fenómenos morbosos , el distinto estado en que se hallaban los individuos , y los diferentes progresos que se veian en la enfermedad , me hacían variar el plan de curación , y modificarlo según todas estas circunstancias. . En los Prisioneros Italianos , que fueron los que mas ocuparon el Hospital este trimestre , em pezaba la curación mandando un vómito qüe en el mayor número de casos era el bejunquilloí siempre que veia el enfermo con fuerzas regulares usaba el tratrite antimoniado de potasa , á pesar de la virtud anti-disentérica de la ipecacuana , y de ser la diarrea el síntoma dominante : quando los enfermos no estaban muy adelantados en la fiebre , ya experimentaban un alivio considerable al día siguiente de haber usado este remedio : en todo el discurso de la enfermedad me proponía vigorizar toda Ja constitución , con particularidad el sistema digestivo , excitar las fuerzas abatidas, y evaquar al mismo tieiíípo los materiales que eran producto de la fié^re^ ópohiéndom^ á su dege neración : he dadc^ ’ mas de una vez él vómito en el discurso del malí., s) lo permitían las circuns tancias, y mas .comunmente usaba moderadas cantidades de' .ruibarbo , lo que producía muy bue nos resultados. Hallándome persuadido que la diar u
(44) del Pueblo : la idea terrorífica de epidemia marti-*' rizaba su imaginación , y los facultativos charlata- ; nes é ignorantes lejos de despreocuparlos, y tran quilizar su espíritu , no hacían mas que fomentar su miedo , ponderando en todos los corrillos y ter tulias los muchos enfermos que estaban á su cui dado atacados todos , corito ellos decían , con la fiebre reynante : comunmente renian por oyentes á mugeres histéricas , y á hombres hipocondriacos y pusilánimes , de lo que resultaba que si algunos se sentían acometidos de la calentura mas sencilla, el?terror abatía su sistema nervioso , y pronto de generaba, la enfermedad en una fiebre nerviosopútrida , muy fatal á esta clase de individuos. (*) ^*) . Nadie ignora quanto intuye una pasión de ánima deprimente en toda clase de enfermos con * phxticularidad en los calenturientos ; pero para ma yor confirmación referiré un solo caso que me ocur rió. en las circunstancias de que hablo : habiendo side^ llamado para asistir al Caballero D. f. T. he DÍ-sto que estaba acometido había 24 horas de una calentura catarral muy sencilla s el síntoma mas mo lesto era suma pesadez de cabeza ; después de dis ponerle lo conveniente , me retiré : al dia siguiente quando volví á visitarlo , me dixeron los asistentes que no había tenido ninguna novedad , y que seguía su-.pesadez ; pero me añadieron que habiendo oido el - enf ermo por casualidad tocar la campana de la Psr^ . requid<'&e incorporó en cama\despavorido y aterrado^.yypreguntéiá'düdos^ 2 si ^tocaban ya por él la. agonía "í Desde entonces^kp^an'-pripcipal de' mi .cu-.. UMVKKSll
(45) Todos creían que el contagio saliera del Hospital^ ' y por lo mismo siempre eran tratados como unos mismos febricitantes , aunque su mal fuese tan di ferente que ni aun tuviese el menor síntoma que indicase fiebre ; semejantes errores no podían me nos de traer consigo malísimos resultados. Para que el Hospital Militar fuese el foco de las calenturas que habia en la población , sería indis pensable : i. ° que se manifestasen antes que en ninguna parte en el barrio mas próximo á este edi ficio : 2. ° que no se viesen en el Pueblo sino des pués que llegasen á cierto estado de incremento en elHospital ; pero nada de esto ha sucedido : en la Parroquia de Santa María , que comprehende pre cisamente todos los vecinos inmediatos al Hospital, solo han fallecido en el trimestre de que hablo sie te personas , y no creo que pasasen de tres las ca sas en que hubo fiebres : una de ellas fue la del Comisario Inspector del mismo Hospital Militar, y debe notarse que habiendo estado todos enfermo! en esta casa , solo el mismo Comisario disfrutó per fecta salud , siendo el único que estaba en el Hos pital á todas horas : aun debo añadir , que no ha sido la fiebre sino otras enfermedades las que cauración fue inspirarle suma confianza , desterrar m miedo , y hacerle ver que su mal nada tenia de pe ligroso ; con lo que , y con un tratamiento regular de la calentura , conseguí verlo perfectamente bue no en ocho días ; pero nada hubiera extrañado que' subsistiendo con ideas tan melancólicas la fiebre de generase y el enfermo pereciese. . .. . . u
(40 saron la muerte al referido número de individuos: al contrario , ya fallecían de calenturas , antes qué estuviesen en todo su vigor en el Hospital, muchos habitantes de la Pescadería , particularmente los •vecinos de la calle del Orzan y Cordolería donde viven muchos pobres y jornaleros ; advirtiendo de paso , que este barrio es el que mas dista del edifi cio de donde se suponía que saliera el contagio. A estas reflexiones puedo añadir que gran nú mero de los Soldados Españoles de la guarnición, pasaron su calentura muy benigna al lado de los Prisioneros que estaban peligrosamente enfermos, porque las circunstancias apuradas no permitían que se hiciese una separación , que sería muy con veniente : los reos confinados fueron los que mas han padecido de las fiebres estacionales ; por lo de más los Soldados libres tuvieron sus calenturas ca tarrales , y aunque es cierto que algunas se hicie ron de mal carácter , este fenómeno lo he visto siempre en los años anteriores : por esta razón , y porque nada ofrecían de particular h no he descripto las fiebres que han padecido ; pero creo que lo dicho no pudiera verificarse , si hubiese tal fermen to de putrefacción en el Hospital que bastase á in ficionar todo el Pueblo. Por último , voy á presentar la tabla de mor tandad que hubo en la Ciudad en todo el trimestre, y el número de muertos y curados en el Hospital, tanto Españoles , como Prisioneros , y este solo ar gumento será suficiente para convencer que las fiebres no fueron de la clase que creyeron muchos.
(47) Número de muertos que resultan en la Coruña en los tres meses de Enero , Febrero y Marzo , con inclusión de los que fallecie ron en la Cárcel , y en el Hospital del Buen-Suceso. P a r r o q u ia s . M u er t o s . San Jorge .............................. 63. San Nicolás ........................... 81. Santiago ................................. 30. Santa María .......................... 7. Total ............ 181. Nota» Mas de la mitad de este número está compuesto de párvulos. Número de individuos que salieron curados y que han muerto en el Hos-pital Militar en el mismo trimestre , tanto Españoles, como Prisioneros. E spa ñ o l es . P r isio n er o s . Salieron curados. . 1060. . . . 718. Murieron ............... 57. . . . 159. Nota. El número de existentes era por lo regular de 700. se UNIVCR51DADC DE SANTIAGO DI.COMPOSiriA u
(43) Infiero de todo lo referido que las calenturas que hubo en la población fueron efecto de la es tación reynante, y no de contagio, y exactamen te las mismas que he observado todos los invier nos como estacionales en la Coruña , siendo este trimestre el mas enfermizo, y por consiguiente la época en que fallecen mas valetudinarios y acha cosos , que no hacen mas que arrastrar su existeheia el resto del año para morir en Enero , Fe brero ó Marzo. El contagio que hubo en los Hospitales Mili tares estuvo circunscripto en ellos mismos : allí se veian atacados de la fiebre los asistentes que ma nejaban los enfermos , que todas las horas del dia respiraban sus exálaciones , que dormían á su lado por la noche, y que hacían sus comidas en unas piezas donde habia tantos miasmas deláteteos : la fiebre hospitalaria que rey naba no podía menos de atacar esta clase de individuos , como habia suce dido los inviernos anteriores ; pero su malignidad no era tan grande que se propagase á los que no tenían una relación inmediata : en rodas las enfer medades pútridas que se comunican por contagio, parece que el alcance de sus miasmas está en ra zón directa de su agudeza y malignidad : la fiebre hospitalaria que he visto el invierno anterior , fue seguramente mas maligna: un síncope mortal que acometía á algunos enfermos quando menos se es peraba , era síntoma en ellas muy freqüente , así es que falleció considerable número de empleados; pero como no eran tantos los enfermos existentes, como tuvimos la dicha de que no se hubiese con-
(49) tagiado en el Hospital ningún personage conocido, ni hubo los debates que se ofrecieron este año, cor rieron su rumbo estas fiebres en silencio , sin que tuviese el pueblo, ni sospecha , ni temor. Aunque es cierto que del Hospital no se pro pagaron á la población las fiebres pútridas que en él han reynado ¿ quien duda que sucedería esta fa talidad si la fiebre fuese mas maligna , ó si el nú.- mero de enfermos fuese mas considerable ? Algu nos están persuadidos que el clima de Galicia se opone á las epidemias mortíferas que se ven en otras partes, y en efecto, las enfermedades ordi narias no tienen comunmente aquel grado de agu deza que se observa con freqüencia en climas mas meridionales ; pero á pesar de eso , la historia mé dica hace ver que en Galicia hubo ya epidemia que produxo tanta desolación , como la fiebre ic¿ terodes pudo haber causado estos últimos años en Canarias , y desmiente por lo mismo á los que es tán imbuidos en semejante error. He escrito esta relación médica , y seguramen te en ella no se encontrará ningún rasgo que sorprehenda á los Sabios Profesores en el arte de cu rar ; con todo, creo que siempre será útil obser^ var la carrera de las fiebres contagiosas , y descri bir exactamente sus síntomas ; pues de este modo pueden compararse mas fácilmente entre sí , y se hace cada vez mas adelantamientos en el diagnós^, tico y curación de unos males que son sin disputa.; los que mas afligen á la humanidad ; pero princi palmente se deduce de estas historias, quan indis1 , pensadles son las precauciones para evitar ó dis- ' se UNIVCR51DADC DL SANTIAGO u
(50) minuir esta clase de enfermedades , los funestos re sultados que siguen de cerca al abandono , y la suma facilidad con que por falta de recursos y mi ramientos puede propagarse una desolación. La hi giene es la parte mas interesante de la Medicina, y nunca merecen mas aprecio y consideración sus Profesores que quando emplean sus desvelos en evitar los males que amenazan á los hombres , por lo mismo es de desear que se atiendan sus adver tencias, porque en suma son los únicos que pue den hacerlas en semejantes circunstancias. Hemos visto siempre , y ahora mas que nunca , que de no precaver las enfermedades en los Exércitos antes que se manifestasen , se ha seguido el quedar en teramente destruidos, y nadie ignora que este efec to lo consiguen mas fácil y freqüentemente las fie bres , que las balas. Compárense el número de en fermos que resultan en un Exército donde se ha lla bien asistido el Soldado , y pueden tomar me didas oportunas , tanto los Gefes , como los Profe sores , para evitar las afecciones contagiosas con los de otro Exército , en que nada de esto pueda practicarse , y se verá la diferencia enorme que resulta, y ¿qué dolor, qué sensación tan triste lle ga á producir el ver perecer los jóvenes que cons tituyen la fuerza y el vigor de una nación en los Hospitales , adonde los conduxo la miseria , y la falta de precauciones ! El Soldado que con las ar mas en la mano , y ofendiendo al enemigo , espira -en el campo del honor , tiene la muerte por muy dulce comparándola con la de su compañero que envuelto en gases mefíticos se siente morir lángui-
(5i) damente sin que acaso el sacrificio de su vida haya sido á ¡a Patria de ninguna utilidad. Estas consi-* deraciones me hacen sufrir infinito quando me en cuentro en circunstancias en que rezelo un conta gio s y deseara que hiciesen la misma impresión en quantos puedan concurrir á corregir ó evitar las enfermedades : de este modo pudieran verse mas freqüentemente resultados felices en un objeto tan interesante. No tengo motivo para decir que en las circunstancias en que se presentaron las enferme dades que acabo de referir , se hiciesen todas las activas y oportunas diligencias para que se mino rasen , bien al contrario , se les dio mas pábulo del que debieran tener por los errores que en la poli cía se han cometido ; pero yo juzgo tan conve niente á lo menos el manifestar la serie de erro res que los hombres executan como el publicar la historia de sus aciertos. * u
(53) Nota de los -principales partes que han diri gido á las Autoridades los Facultativos del Hospital Militar. NÚMERO i. 0 A conseqüencia de la orden qué V. S. nos lia dado , los Facultativos del Hospital hemos pasado al Ponton , y habiendo reconocido los Prisioneros, y examinado todos los objetos que pueden influir en la conservación de su salud , resulta que en la actualidad no se nota en este Buque ninguna en fermedad epidémica , al contrario , su salud está en el mejor estado , de cuya verdad estábamos convencidos viendo que los Prisioneros que baxan al Hospital no traen males ni graves , ni contagio sos; pero estas enfermedades , que felizmente hoy no existen , no dexarán de manifestarse inmediata mente que mude la estación , y empiezen á reynar los ayres húmedos del Sur , cuya mutación debe suceder muy pronto : en este caso , sino se toman las precauciones mas eficaces , veremos de claradas las enfermedades pútridas. Para evitar estos males debe establecerse en el Ponton la mayor policía , dirigida á conservar la limpieza en el Buque , y entre los Prisioneros : se cuidará mucho de la ventilación ; y hallándose ya de 500 á 600 hombres en este Depósito , no puede aumentarse este número , ya excesivo , sin riesgo de la salud de todos. Si la manutención que se da á los Prisioneros es escasa , ó de mala calidad y DI' SA-UIIAGO di : commist ii . u
di 'í } ■ i - • . ...... j ■; . .. -MI biTd i itna/nr.'i -r,- --f;; ' ? ' ..i,-.., ' ■ ■ ■ .ynlR'iSP/lr.-v,) L)\C* jih : r - (i i ■ • . ' : - ■ 8- / ( ¿ c « vk :- . y'- L ' ■ . ' .......... . ■ ■ ■ ' : ■ . ■ • ' * UWKHSllíA
(6.) APENDICE. JL/a estación rigurosa del invierno nupdp «derarse en la Coruña , y juzgo que en todo dades dT 0 ! maS P ™ PÍa para P rodTClr enfermemosfera : ninguna clase de personas s p hnii C mas de las indisposiciones que á ellos los mna cen : repetidas observaciones me convenderon tam bien que el numero de Militares odp faiu r m * b e a la conservación de la vida de unos hnnfh que son por todos respetos acreedor* á hOínbrcs fatigas y desvelos, P eedor* a nuestras Las enfermedades que en la estación de invier-
(62) no padecen los Soldados que g — n en esta Plazano s mas bie n que el frío, consideración . la de la atmósfera , son y las repentinas mutaciones siem . ios agentes morbosos que .^^^rticular de los pre obran según la disposiuo y iQg M¡li _ sugetos á quienes^atacan a se haUa tares bien constituido , y Y al¡dad de ahen 61 “ T Thacen uso , se observan las angimeetos , de que ha “ ' al g una s pulmonías , y ñas, los catarros agu^., alg £s 1q aun calenturas inflan) t ,^. s¡empre es q Ue general ? pues lo que s VPSt id 0 y no muy hallándose el Soldado humeda d cohíben la bien alimentado . el i Y s ólidos producen • transpiración y ^n m fiebres catarrales-gastr W . fos . esta dege . que otras ningunas a g pv : tarse e n el mayor neracion peligrosa P ud i era precau iciones conve ’ a« ” „1, =. i" x “ ‘ a “ • el q ™»! hemos ote,- Puede se™ 1 lo s Regimientos de Artillevado este invierno co hallan de guarni ría , Marina y Principe ' . i O á proporcion en esta mejor ó peor alimencion que el Soldad así está mas tado , y mas bien en esta estación ; de ó menos «pues o a pade fatalidlad Md - u
. (6 ^ dos van en quadrillas al Hosnital • o o to menos cuidados están los hares ’ costosos son á la Nación j ’ í t0 mas extraordinarios que causan* po' este ■ moSo^T en a; íée ^ que siendo mucha menos fuerza h del P comparada con la de Artille ríi v j? - Príncipe -i " sasr: k s£»^-5S ’ tan útiles á la Patria • en oí de eSt0S hom b r es, blo, murieron en eí HosnitaVT^^ 6 ha ’ Príncipe , 4 Marinos , y ningún Aniñe ldU ° S deí ferencia no dexa de ser notfh £ A ; CU P a di observar muy oportunameme el* £ hiz » Regrmtento Nacional de Artillería n^^V 61 ' teta que casi todos los indine n« D ‘ Her "' este Cuerpo al Hospital eranT qUe P asaban d &' u
(64) i ” "r 6^8)55^«^»*» US Rabian servido en^tros Regimientos y riesen una Sala de convalecencia , a fin de cuidar su tropa , para que viésemos mejoras muy not bles ■ ñor último , los Prisioneros no son reclutas, oño7Q estancias : puede suponerse que si estos 38379 rancia P algunos mas unidos • luego por esta falta hun causado, unidos, lueg P 8 €stímcia s indebidas, hda sría falta de vestido , y mala calidad de ah- =• “ tes ÍSS ™,fo,»« == S r«e> 1» S( UNIVERSJD DE SANTIA /
(65) cillas: sucede generalmente que concurriendo gran número de enfermos á la vez á un Hospital poco provisto , se les coloca de qualquier modo , y s o q asistidos dete-xtablemente , resultando de aquí los daños mas funestos , pues los infelices que pasan al Hospital solo acometidos de una calentura ca tarral simple , se ven luego postrados al rigor de un tifo nervioso que contraen , y hallan la muerte donde debieran la salud : á esta fatalidad puede añadirse , que no debiendo emplearse en su cura ción sino pocos auxilios , y apenas dispendiosos, hay luego que hacer uso de un tratamiento mas complicado , y de un coste infinitamente mayor, prescindiendo de que las enfermedades que por su sencillez debieran estar curadas en 15 dias, por la degeneración que luego adquieren en el Hospir, tal mismo , no se curan perfectamente en dos me? ses , y ya se dexan conocer los gastos que de esto se originan. La vigilancia y buena asistencia en los Hospitales evitaría todos estos daños. Intimamente penetrados de esta verdad , tanto mi Compañero el Primer Médico de este Hospi tal D. Juan Saez , como yo , nos propusimos hacer todos los esfuerzos posibles para impedir que este invierno se presentase la fiebre hospitalaria que he mos observado todos los inviernos anteriores , reynando mas ó menos desoladora en este Hospital, y nos hemos hecho cargo que si alguno nos mira se como importunos , y aun díscolos por esta cau sa , nada importaba á trueque de salvar la vida á algunos Soldados y enfermeros , que siendo por 1 q u
(66) regular padres de familias , quedan éstas con su muerte en la horfandad y viudez mas des graciadas. Apenas en Diciembre del año pasado empeza ron á concurrir enfermos al Hospital por el ri gor de la estación , quando se experimentaron las privaciones mas funestas , que impedían la cura ción de los Militares : todo enfermo se admitía mas bien á veces porque no se muriese en el Quartel , que poi que hubiese donde ponerlo : por falta de edificio se colocaban en cruxía , y siendo las Salas pequeñas y estrechas quedaban los enfermos aprensados , no habiendo á veces un palmo de se paración de cama á cama : por falta de suficiente número de empleados , ninguno podía cumplir sus respectivas obligaciones , y quedaban todos mal asistidos , encargándose los enfermeros de distribuir los medicamentos , sin que pudiesen los Facultati vos obligar á ningún Practicante de Farmacia al exacto desempeño de su destino , conociendo que era imposible que pudiese hacerlo : por falta de ta rimas y banquillos se veian tendidos en el suelo, impidiendo de este modo el aseo y limpieza , tan indispensables en las salas : por falta de ropas , en fin , no tenían mas que un xergon con poquísima paja , ó un colchón que casi carecía de lana, y cu biertos con una sola manta se veian muchos enfer mos sin sábanas ni camisas , envueltos únicamente en las exálaciones que por toda la carrera del mal despedía su cuerpo enfermo. No se necesita ser Profesor en el arte de curar para conocer que es-
(6?) tas circunstancias en el Hospital debían acarrear la insalubridad en sus Salas , y producir en ellas la infección ; en efecto , veíamos todos los días ma lignarse fiebres que habían empezado su carrera siendo de un carácter muy sencillo: en el mismo mes de Diciembre hicimos todos los esfuerzos po sibles para que se mejorase la asistencia en el Hos pital : se colocaron tarimas , se aumentaron Pro fesores , se ha surtido de ropa blanca , se pudo es tablecer mas orden , conseguir mayor limpieza , y al momento se conocieron las ventajas de estas providencias , presentándose menos graves las en fermedades que afligían á la tropa : tuvimos el pla cer de que no muriese enfermero alguno en el tri mestre; y aunque varios cayeron con calenturas, ninguna se ha malignado como en los inviernos an teriores : nuestras solicitudes no han podido aun conseguir todo el bien que deseábamos para el me jor tratamiento de los enfermos , lo que ha pendi do en parte del estado actual de las circunstan cias , y en parte también del mal arreglo de la Botica del mismo Hospital , sobre lo que hay for mado un expediente , y esperamos con impacien cia de la rectitud del Sr. Intendente una decisión,, conforme á la ley , de la qual no pueden menos de venir ventajas á los Militares enfermos ; á pesar de todo , el resultado de las mejoras que se hicieron en este Hospital , ha sido que en todo el trimestre solo han fallecido 46 individuos: obsérvese ahora que habiendo , poco mas ó menos , igual número de enfermos en el Hospital de la Palloza , pereu
(68) deron en los mismos tres meses 349 hombres (*); esta diferencia tan notable no puede atribuirse , se gún los principios que van establecidos, sino a la mala asistencia, tanto del Quartel , como del gastos in* esta causa Hospital, Si me fuese posible calcular quantos debidos se originaron á la Nación por , en el discurso de la presente guerra , y el numero de robustos jóvenes que han fallecido , no du o que la suma causaría espanto , y el alma no podria fixar su consideración en tantas victimas ina^ logradas sin experimentar el mayor dolor ; en vis ta de los exemplos que acabo de manifestar, ¡oxalá que en lo sucesivo la atención de todo Ciuda dano se dirija á socorrer el Soldado para que no enferme , y si se vé en la precisión de pasar al Hospital , que no halle la muerte en lugar de la salud ! /'*') 049 prisioneros fallecieron en estos tres me ‘ : en los tres meses del año pasado fallecieron ico: el año anterior se consterno el Pueblo pen el temor de la peste : de Cádiz , de todas partes tu^e cartas preguntando el estado de la epidemia de esta Plaza leste año no se hablo m aun en la Coruna de epidemia-, no obstante, atendiendo al numero de muer tos , había mas razón para que el Pueblo este hecho me parece comprueba la -verdad de al o u^ ñas proposiciones que establezco en este escrita, S( UXIVERSIDAl E u
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