Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma / por T. Ackermann ; [traductor, Santiago García Fernández]
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164 y 167 (Cirugía núms. 55 y 56) SOBRE LA HISTOLOGIA Y LA HISTOGÉNESIS DEL SARCOMA POR EL DOCTOR T. ACKERMANN W Para comprender el desarrollo y la estructura histológica del sarcoma es preciso tener ante todo en cuenta y considerar como un hecho que las neoformaciones correspondientes á esta especie de tumores consisten especialmente en un armazón ó esqueleto, constituido de una manera esencial por fibras ó cé lulas combinadas, predominando el uno ó el otro de estos dos elementos, pues algunas veces son tan abundantes las células, que casi forman por sí solas el linico elemento del tumor; sin embargo, otras veces son muy poco numero sas y muy poco desarrolladas, llegando hasta tal punto que sus diminutos y escasos vestigios no se pueden reconocer al primer golpe de vista, sin que, á pesar de esto, en ningún caso falte en absoluto el esqueleto ó armazón in dicado. La estructura fascicular de tales neoformaciones fué ya conocida por John MüUer, que utilizó este hecho para denominar las formas de tumor que él comprendía en el grupo de los cánceres. Era éste el llamado carcinoma fasciculatum, constituido, según su opinión , por fibras unidas formando manojos-que se desgarran y destruyen con facilidad en el sentido de su direc ción (2). Como el mismo MiiUer hace notar, se debe distinguir esta forma del llamado carcinoma medular, que también presenta algunas veces una estruc tura fibrilar, ó, como él dice, presenta una especie de estructura fibrilar apa- (4) La traducción de esta monografía ha sido llevada á cabo por D. Santiago García Fernandez, doctor en Medicina y redactor de La Medicina Contemporánea, á quien da mos las gracias más cumplidas por el celo é inteligeucia con que nos ha ayudado en esta publicación. (2) Joh. Müller, Ueber den feinern Bau und die Formen der krankhaften GeschwUlste. Berlin, 4838. S. 22. 4
1348 Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. (2 rente cuando se desgarra; pero no son exactamente perceptibles estas fibras, observándose sólo con el microscopio unos corpúsculos alargados unidos entre sí con regularidad (1). ■ El cáncer fasciculado y el esponjoso medular ya no corresponden, como es sabido, dados los conocimientos actuales, al grupo de los carcinomas. Completamente el primero, y en parte el segundo, pertenecen á los que se de- • nominan sarcoma fasciculatum. En algunas de las dos formas de estructura, y especialmente en aquellas que presentan por desgarramiento la superficie fascicular descrita JohnMiiller, pueden apreciarse con toda exactitud los caractéres fasciculares. En las superficies desgarradas de los trozos de estos tumores son notablemente manifiestos los hacecillos cuando previamente se han sumergido y conservado por algún tiempo en una disolución de sal cró mica ó en alcohol debilitado. En este caso, y siendo más manifiestos estos de talles, no sólo se observan al nivel de la superficie de desgarracion con más amplitud las fibrillas aisladas, sino también las agrupadas, que algunas ve ces están tan adheridas que ofrecen el aspecto de ténues filamentos alar gados. El hecho más capital consiste en que estos hacecillos se componen de cé lulas y fibras, en parte de análogo aspecto; pero estos elementos ofrecen muy á menudo en una misma neoformacion diferencias muy notables con respecto al órden, relaciones cuantitativas mutuas, tamaño y aspecto, facilitando de esta manera alguna luz respecto á la historia del desarrollo y crecimiento de los hacecillos, y desde luégo de todo el tumor. Durante los estadios del primitivo desarrollo del tumor, recorre gene ralmente el eje del hacecillo un vaso sanguíneo, cuya estructura deja re conocer la trasformacion completa desde un fino capilar hasta la capa de una vena ó arteria; consiste principal y exclusivamente en un tubo endotelial, cuyas células aisladas se pueden percibir claramente sin necesidad de some te! las á la acción de los preparados de plata. Estas células son generalmente alargadas, de forma lanceolada y están dispuestas de manera que su diámetro mayor sigue la dirección del vaso, ó bien le rodean en forma de espiral, pero muchas veces presentan también una forma redondeada, romboidal y casi cuadrada. También adoptan en otras ocasiones una forma tal que sus límites no son perceptibles en ningún punto, presentando en este caso el tubo vas cular el aspecto de una membrana nuclear y homogénea. Las células y los núcleos en do teliales ofrecen, por lo demás, muy á menudo un tamaño mu cho mayor que el de los vasos de los tejidos normales. Se observa, especial mente en los núcleos, que algunas veces tienen una cubierta resistente que, tiaspasando los límites de las células, da lugar á prominencias bastante acen- (f) Ebenda. S, 21. (; n iv e r s : d a d e DE SAN HA! ,o u
3) Sobro la histología y la histogénesis dol sarcoma. 104« tuadas y perceptibles en la superficie de la luz del vaso. Muy comunmente, si bien no siempre, las capas de las paredes de estos vasos son mucho más amplias, y á veces todavía más que las délos vasos de los tejidos noimales del hombre. Ofrecen también algunas veces un aspecto exterior cónico de ancha base, desde donde gradualmente se van reduciendo para terminar por último en un filamento parecido á un esporo. Este hecho le observó zb - nolcl (1) hace poco en los vasos recientes, al estudiar los nuevos capilares que describió con mucho detalle. . , , En el tubo endotelial se colocan, al parecer, hácia afuera, si bien en nú mero diferente, las conocidas formaciones celulares fusiformes, estrelladas y prolongadas, que con el nombre de corpúsculos fibroplásticos han sido des critas por muy distintos observadores, y que desde los primeros ensayos de histología patológica hasta nuestros días han dado lugar á numerosas investi gaciones morfológicas y especulativas. JolmlMüller (2) estudió ya en 1837 los elementos de varios tumores que él llamaba medulares y melanósis; Valen tín (3) describió al mismo tiempo los elementos que constituyen el encefaloide, dándoles el nombre de corpúsculos fusiformes, y Miiller (4) les asignó la misma forma que Sclwvann había observado en los tejidos celulares primitivos y en otros varios en que las células se trasforman en fibrillas y que se hallan en cierta etapa de evolución, hasta que últimamente Lebert, 1845 (5), preten diendo reducir el número de los tumores á un gran grupo, practicó ensayos en gran número de ellos con el fin de clasificarlos, y calificándolos, según es to, con el nombre de tumores fibroplásticos. La oposición de Virchoiu hizo que fracasara este ensayo, quien dos años después demostró con un nuevo argumento el concepto erróneo de los sar comas (6) y de los tumores fibroplásticos, calificándolos decididamente con el nombre de sarcomas fusocelulares. , El mismo V ít c I io x o (7) ha hecho notar que las células fusiformes no pre sentan de ningún modo siempre y de una manera exacta dicha forma, y que entre éstas, las estrelladas y las reticulares no existe ningún límite preciso; pero pueden demostrarse algunas diferencias entre aquellas que no están en el tránsito de las estrelladas y las reticulares ya dichas. Según la descripción de este autor (8), más bien consisten en un cor púsculo celular algo compacto, que presenta ordinariamente en los contornos (3) (2) (4) (5) (I) J Arnold, Experimente und Untersuchungen Uber die Entwickelung der Blutcapdlaren. Virch. Arch. Bd. 53. S. 70. T. I-IIL ^y siol °9 ie ' 18371 21 Ablheilung. S. 2-7. París, I8Í5 Tom II P12 ^ (6) Virchow, ArcAiu /*. patfc. ilnaí., etc., 1847. Bd. I. b. 4 95-200 7) Virchow, Die krankhaften GescluoUlsle. ZweUcr Band. Beilin, 1864-G d . S. <96. """ Ebenda. S. 195. (8)
1350 Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. del núcleo una prominencia resistente, terminando después en dos apéndices ó radios, que algunas veces son bastante largos y finos, pero desde luégo se diferencian de los fusiformes regulares por la circunstancia de que jamás son redondos, sino más bien de ordinario aplanados, ofreciendo también á me nudo un aspecto membranoso. La mayoría de ellos son verdaderamente alarga dos, y sus extremidades, que corresponden á las dos partes opuestas, se adel gazan gradualmente para terminar en forma puntiaguda; pero aliado de esta forma biapendicular se observan otras diversas que se diferencian com pletamente de la primitiva por adoptar la de maza y rectangular, debido ya al engrosamiento de uno de sus bordes, ó bien por el aspecto punteado dé sus contornos ocasionado por el protoplasma, que, tendiendo á salir hácia afuera, forma una ó varias eminencias que, partiendo de diferentes puntos, ya de los lados , ya de las extremidades de las células, terminan adelgazándose gradualmente. De esta manera resultan las diversas formas, que apéuas si se les puede calificar de estrelladas, cuneiformes, coniformes , laminares, cilindriformes ó en forma de maza, concordando bajo un solo aspecto; es decir, que partiendo estas eminencias de uno ó varios puntos de su superficie, sé adelgazan más ó ménos gradualmente y con más ó ménos regularidad termi nan, después de recorrer distinto trayecto. También pueden adquirir la lon gitud de las fibrillas del tejido conjuntivo, pasando con ellas á formar parte de los filamentos correspondientes. La superficie de estas células es completamente plana unas veces, y otras más ó ménos convexa; ya presenta un surco trasversal, ó concavidades irlegulares é interrumpidas, adoptando la forma de peines y estrías, que, ya aisladas, ya en gran número, presentan éstas: en el último caso se tocan á menudo en diferentes puntos, fusionándose entre sí, formando de esta ma nera los límites de aquellas hendiduras de forma y extensión diferentes que con frecuencia se observan en casi toda la superficie de las células. Si se examinan estas células aisladas, ó mejor aún, en conexión sólo con algunas desús vecinas, fácilmente se convence uno de que las concavidades que pre senta su superficie están ocupadas por otras células ó por formaciones fasciculares que íntimamente se enlazan con ellas, aproximándose por tanto á la verdad la opinión que considera las concavidades y moldes del exterior de las células ocasionadas por los mismos, no siendo debido á otra cosa más que álos efectos de la compresión ejercida por las formaciones celulares situadas en estas hendiduras. Los festoneados y alargados se consideraban por tanto idénticos á las formaciones celulares que describió Boíl (1) con el nombre de estrías elásticas, y consideradas por Banvier (2) como hendiduras modeladas (4) Arch. f. mikr. Anal., 1871. Bd. VII. S. 275. (2) Arch.de Physiol. norm. et patholog., 1874, p. 181. se UNIXTRS1DADF. UL SANTIAC' J DECOMPOSTEÍ A u
Sobro la histología y la histogénesis dcl sarcoma. loOí Según esto, á las células gigantes se las debe considerar como elemen tos donde se pueden comprobar, si bien no siempre, al ménos con mucha fi e - cuencia, las estrías tan decantadas, formadoras de dichas células, y casi se po dría admitir que, esencialmente, sólo se funda este fenómeno en una división protoplasmática que no sigue inmediatamente á la nuclear. En el caso de que esta última se retarde, á pesar del aumento progresivo, resulta entónces la célula gigante, suponiendo que aumenten también las proporciones del protoplasma. Si se verifican simultáneamente todas las divisiones nucleares, entónces no es posible el desarrollo de las células gigantes, y los tejidos de nueva formación consistirán solamente en células fusiformes de uno ó dos núcleos, ó sus equivalentes , prescindiendo naturalmente de las células que pueden existir al mismo tiempo, pero que no tienen con ellas ninguna co nexión histogénica , careciendo, por tanto, este razonamiento de un hecho fundamental de suficiente seguridad, pues, como yo quise demostrar, es im posible determinar la naturaleza de la línea divisoria con seguridad y dife renciarla de la línea que se forma por la unión de dos ó más que se tocan y se unen inmediatamente entre sí, mediante la sustancia albuminosa interce lular que segregan. Semejante formación la he visto yo mismo con bastante frecuencia, pero no me he podido decidir nunca á considerarla ciertamente como división inicial de las células. Por otra parte, esto no conduce á la re solución del problema, que consiste en saber cómo se verifica la proliferación de las células fusiformes por medio de la división, debido á que no se puede distinguir si las líneas que tanta importancia han merecido y tanto llaman la atención son realmente divisorias ó son sólo surcos producidos por la unión celular. El protoplasma de las células fusiformes es por lo general claro y de as pecto homogéneo, visto con el más débil aumento; miéntras que, examinado con la lente de inmersión, se observan solamente núcleos aislados en muy escaso número. Muchas células pertenecientes al grupo de las planas y cór neas están provistas de impresiones y moldes ó huellas; mas también con servan el órden más riguroso, además de un aspecto homogéneo, mostrando solamente en los contornos de los núcleos una agrupación de protoplasma granuloso, lo mismo que ocurre en las células fusiformes, en que tam bién se puede reconocer fácilmente el aumento regular alrededor de sus núcleos. Es de tanta importancia, en el estudio de las condiciones vitales de es tas células, la agrupación granulosa más ó ménos fina ya mencionada, como las estrías longitudinales y paralelas bastante numerosas que se observan en el protoplasma. En los elementos de las neoformaciones embrionales ó rege neratrices de los tejidos afectos son múltiples, y han sido descritas y dibu-
1358 Sobre la histología y la histogénesis dol sarcoma. (12 jadas por Scluvann (1), Boíl (2), y últimamente por TiUmans habiéndo las observado también Neumann (4) en las células fusiformes de la pleura y de los sarcomas. Las estrías celulares presentan el aspecto de líneas algo oscuras y generalmente prolongadas, y algunas veces también son ligera mente onduladas en su trayecto, correspondiendo de ordinario en su recípro ca distancia al diámetro de las fibrillas del tejido conjuntivo. Algunas veces son también anchas y muy separadas unas de otras; pero entóneos se halla entre ellas la sustancia celular que presenta á la vez líneas longitudinales muy acentuadas, cortas é interrumpidas, pudiéndose considerar como los rudi mentos de aquellas estrías longitudinales que se presentan luégo más deter minadas. Todos los observadores que han descrito estas estrías las han con siderado como una trasformacion inicial de las células protoplasmáticas en fibrillas, y, á decir verdad, con razón, puesto que se puede demostrar con bas tante exactitud que las células se dividen en fibrillas en las extremidades de las líneas estriadas, correspondiendo cada una exactamente al espacio inters ticial de las dos líneas. Las hendiduras fibrilares de las células se presentan, pues, de manera que ofrecen intermisiones entre las estrías más oscuras en tre las continuas, apareciendo el protoplasma celular en forma de fibrillas; pero al mismo tiempo que estos fenómenos, también, como al parecer sucede, se presentan muy pronto, en la mayor parte de los casos, fibrillas en la super ficie de las células que pueden seguir una dirección contraria á la del cuer po de la célula, pero solamente hasta sus bordes, ó seguir el curso de las hendiduras que presentan las formaciones fibrilares existentes. Según esto, deben considerarse las fibrillas como elementos derivados del protoplasma celular, en el que pueden permanecer bastante tiempo miéntras se completa el desarrollo de las mismas para terminar decididamente en una disgregación fibrilar que de una manera progresiva va aumentando hacia la parte central. Para la realización de este fenómeno, no sólo concurren actos morfológicos, sino que también las acciones químicas, pues de las fibrillas se extrae, por medio de la cocción, gelatina, y se hinchan por el ácido acético; pero sólo tiene esto lugar en las fibrillas adultas. Con respecto á las jóvenes, ha de mostrado Scluoann (5) que no poseen estas cualidades, no siendo tampoco solubles por medio de la cocción. La teoría fundamental de Scluoann acerca de la trasformacion de las cé lulas fusiformes del tejido conjuntivo en fibrillas y de los fenómenos depen dientes de estas células ha sido objeto de numerosas controversias, y corn il) A. a. O. S. 139. Tab. III. Fig. 7. (2) A. a. O. S. 49. (3) A. a. O. S. 461. Taf. IX. Fig. 10. (4) A t c K. d. Heilkde. Bd. 10. S.'GOI and Bd. 12. S. 77. (5) A. a. O. S. 143.
J3) Sobre la histología y la histogéncsis del sarcoma. IdOJ batida por muchos, creyendo otros también en la actualidad firmemente que las fibrillas de las células del tejido conjuntivo pueden resultar, ó bien del blastema formador que las rodea, ó por lo ménos de sus núcleos y del protoplasma granuloso que se halla alrededor de los mismos en peque ña cantidad. Scluuan se ha declarado muy partidario de la descendencia celular, incluyendo también la de los núcleos. Después que describió con gran interes el desenvolvimiento de los hacecillos fibrilares, dijo (1) que, <en realidad el núcleo permanece algún tiempo en los hacecillos fibrilares para ser últimamente reabsorbido, » y yo puedo estar conforme con él sólo en lo que respecta á la desaparición del núcleo en el sarcoma, en cuanto que, naturalmente, según nuestro opuesto criterio, sólo podemos considerar la desaparición del núcleo como resultado de un simple fenómeno de reabsorción. En las porciones más adultas, los hacecillos de los fascículos del sai co ma fusocelular solamente constan de fibrillas, entre las que no se puede de mostrar con los medios colorantes otra cosa más que algunos vestigios de núcleos, y en las partes más jóvenes se observan los núcleos en un estado de retracción y atrofia más ó ménos progresiva, adquiriendo, á pesar de la disminución de volúmen, un aspecto abollado é irregular. Las fibrillas del sarcoma en lo esencial conservan muchas analogías con las de los tejidos normales, y son idénticas entre sí, aunque generalmente el tamaño de las células del sarcoma fusocelular puede ser algo mayor, y con frecuencia también pueden ser algo más aplanadas que las otras, pues sus lí neas trasversales no son exactamente circulares. Muy comunmente presentan ramificaciones, sin que á pesar de esto disminuya su volúmen de una manera notable, y con extraordinaria frecuencia presentan también vestigios mani fiestos de la unión de dos ó más elementos que, entrelazándose en número considerable, forman una red más ó ménos regular. La génesis de esta unión , ó, como impropiamente se suele decir, esta anastomósis celular, se ha intei - pretado y explicado de la manera siguiente: las fibrillas que se desprenden de las diferentes células se entrelazan, ya sea por simple adherencia ó por medio de anquilósis bastante consolidada (2). No obstante, hasta ahora na die ha conseguido determinar el punto donde se realiza semejante unión, 3 quizá se aproximen más á la verdad los que admiten la hipótesis de que, las las fibrillas que enlazan dos ó más elementos celulares entre sí, se han des envuelto y dividido simultáneamente, no siendo debido á otra cosa más que á la prolongación cada vez más acentuada de unas y otras, llevada hasta los últimos límites, y hasta al aislamiento de sus primitivas conexiones. , Con respecto á los espacios limitados ó cerrados en parte por las fibrillas (1) A. a. O. S. 437. (2) Vergl. Boíl, a. a. O. S. 5?.
1360 Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. . anastomósicas de la trama Abro reticular , surge desde luégo la cuestión de saber con certeza aproximada si están rellenos por cualquier medio flúido ó por elementos celulares, pues, en caso de no ser así, entónces el líquido es elaborado por ellos mismos y recognoscible sólo por el método analítico. La sustancia que constantemente rellena y dilata las porciones embrionales del sarcoma fusocelular es la que se ha llamado sustancia gelatinosa, que se halla siempre en gran cantidad en los tejidos conjuntivos embrionales, y es la sustancia fundamental de todas las especies de tejido conjuntivo, del tejido cartilaginoso y óseo, y se le denomina más propiamente seroridad mucilaginosa. Se halla acumulada de una manera muy considerable en aquellas for mas de tumor que Virchow llama mixomas, diferenciándolos del sarcoma y del fibroma. Ciertamente ésta es la señal más característica mediante la que se diferencia este tumor de las otras dos variedades, y esta diferencia se puede formular sencilla y correctamente, puesto que un sarcoma ó un fibroma tan to más merece el calificativo de mixoma cuanto mayor es la cantidad de sustancia gelatinosa que se halla rellenando los intersticios de sus elemen tos (1). Pero también en aquellos tumores que generalmente se incluyen entre el número de los elementos de los sarcomas, y sobre todo en las partes fasciculares de los mismos, ha sido siempre comprobada con bastante precisión esta sustancia, pudiéndose asegurar su existencia fácilmente en las superficies de las secciones trasversales de los haces fibrosos, en cuyas hendiduras re dondeadas y fibrilares aparece alojada esta sustancia homogénea en mayor ó menor cantidad. En general existe en tanta ménos cantidad cuanto más esca sas son las células fusiformes, ó, lo que también es probable, cuanto más adultos son los fascículos, en cuyo caso estos fascículos y las fibrillas apare cen unidos y adheridos fuertemente entre sí, y sólo se pueden aislar y perci bir por medio de preparaciones adecuadas. El fascículo conserva entónces un aspecto brillante, y tiene muchas analogías con los manojos fibrilares, como ocurre en los tejidos conjuntivos retraídos de las cicatrices y en los callos adherentes de las cápsulas de los secuestros, etc., pues en todos estos casos no existe otra cosa más que un desenvolvimiento preponderante del tejido fibrilar conjuntivo, cuyos elementos están separados entre sí por una gran cantidad de sustancia gelatinosa al principio, que más tarde siempre suele ser menor, y los provocan fenómenos tan importantes, demostrados por la prácti ca, de atrofia ó de retracción de los tejidos conjuntivos de nueva formación, que como consecuencia dan lugar, por ejemplo, á estenósis y deformaciones cicatriciales, ocasionadas únicamente por la pérdida de la sustancia interfibrilar respectiva. La esclerósis del tejido conjuntivo no se halla en el mismo (I) Confr. Kosler, Ucbcr ¡fyxom. Berl. KUn. Wochenschr. 1881. N. 36.
15) Sobro la histología y la histogénesis del sarcoma. IDO 1 caso que la atrofia, que consiste en la desaparición de los elementos esencia les del tejido, sino solamente en la falta más ó ménos completa de la serosi dad mucilaginosa , y las partes más adultas del sarcoma fibrocelular pueden tener grandes analogías con el tejido conjuntivo en estado de retracción. Esta sustancia gelatinosa intercelular é interfibrilar ha sido colocada por numerosos observadores en la misma categoría que la fibrilar, y la han con siderado como sustancia intercelular con el conjunto de sus fibras. Según esto, se ha admitido, y quizá con fundado motivo, especialmente por ciertos autores, que pueden formarse las fibrillas independientemente de las célu las, de esta masa gelatinosa y del sarcoma, según la cualidad de su sustan cia intercelular, y también, hace pocos años, Bi^o^ero (1) ha manifestado acerca de esto con gran seguridad que la sustancia intersticial, el estroma del sarcoma, ora es débil, amorfo, mucoso y gelatinoso, ora es más com pacto y fibrilar. Esta teoría se halla completamente de acuerdo con el pare cer de este observador (2): que las fibrillas resultan de una hendidura de la sustancia fundamental amorfa. _ Claro es que el concepto de la sustancia intercelular está siempre rela cionado con la cuestión de la génesis de las fibrillas. Si éstas se desenvuel ven en un blastema amorfo, entonces se debe considerar como intercelular y se la puede colocar en la misma categoría del blastema; pero si su génesis es la misma que la que yo pretendí demostrar para el sarcoma, esto es, depen diente de las células fusiformes, entonces no son otra cosa más que deriva dos celulares, y el concepto de una sustancia intercelular sólo es por tanto aplicable á la sustancia gelatinosa, y en este caso no se la debe considerar más que como sustancia soluble apropiada para la nutrición, situada entre los elementos de los diferentes tejidos y que, mediante su considerable au mento, puede" ocasionar el edema ó el exudado intersticial, si en tal con cepto se considera. , . El desenvolvimiento y la marcha de los fenómenos realizables habidos en cuenta en todas las formaciones sarcomatosas es debido por lo regular á la inmediata participación de los vasos sanguíneos que le rodean, cuya circuns tancia, aunque se ignore si los vasos y su contenido son ó no la causa única, bien se puede decir que ejercen gran influencia y predominan en alto grado. De las células adventicias de estos vasos, constantemente de paredes resis tentes y de ordinario bastante dilatados, por más que sean ante todo de na turaleza capilar, resulta la neoformacion de los elementos fusiformes, que no ( I) Ueber das Stroma der Sarkome. Med. Jahrb. d.K. K. Ges. d. Aeróte t al lien 4. s. 429. - Auch ^vch^ivscMeYásteht a^^^^ neuen Auflage seines Léhrbuches der Pathologischen Anatonue, l,UerCel lularsubstanz kann entweder homogen kormg. faseng ^er ^migsexiv» (2) Sul processo di cicatrizzazione dex tendxm tagUatx. Annah umv. dx mea. v oí. zv». 1866. UNIVKRSIDADF DE COMPOSTELA
1362 Sobro la histología y la histogénesis del sarcoma. (16 se diferencian, al contrario, de las células de las adventicias normales casi nada, ó, en cuyo caso, sólo por su tamaño considerable. Estas aumentan en número y tamaño en las neoformaciones sarcomatosas, pudiéndose por tanto considerar el desenvolvimiento total délos sarcomas fusocelulares como un proceso proliferativo de las células adventicias de los capilares de nueva for mación. Todo vaso que toma parte en la neoformacion sarcomatosa la rodea á. la manera de una capa célulo-vascular, y en su parte fundamental ofrece muchos puntos de contacto con todos los fascículos de nueva formación de los tumores sarcomatosos, con los que se asocian para formar el tumor, que se separan en ramificaciones correspondientes á las de los vasos, y con la misma extensión para unirse ó entrelazarse en forma de red con los haces vecinos y formar de esta manera con todo el tejido conjuntivo del cuerpo un esqueleto continuado. Las neoformaciones celulares sobrevienen directamente de las paredes exteriores de los vasos, siendo en algunos casos tan escasas que los fascícu los sólo adquieren un grosor insignificante, mientras que en otros la prolife ración celulares, por el contrario, muy extraordinaria. En las neoformaciones voluminosas, compuestas de innumerables, elenlentos celulares fusiformes, se desenvuelven con gran rapidez los hacecillos, hasta tal punto que apénas ha tenido tiempo de realizarse la trasformacion de las células en las nume rosas fibrillas que se observan en los fascículos que han adquirido un gran tamaño; de esta manera se desarrollan considerablemente algunas veces en pocas semanas los sarcomas, compuestos generalmente casi sólo de peque ñas células fusiformes y de vasos, por lo que en otro tiempo se agrupaban es tos tumores en el número de los medulares, atendiendo á los elementos capita les que los constituían, y que ocasionaban en muy poco tiempo la muerte del enfermo, ó que de absoluta necesidad reclamaban una operación. Por esta razón , dichos tumores no llegan á ser ordinariamente bastante adultos para que puedan adquirir las fibrillas un gran desarrollo, y la conocida maligni dad del sarcoma fusocelular con células pequeñas y agrupados no es debida, por consiguiente, á la naturaleza de su estructura, sino que esta última es más bien consecuencia del crecimiento rápido ocasionado por su malignidad. En los casos en que la proliferación celular se verifica en las inmediacio nes de un vaso, entónces los elementos de nueva formación ganan tiempo para realizar la trasformacion fibrilar, que termina con la desaparición de sus núcleos, pues se observan en las inmediaciones de los vasos células fibrilares libres, áun bien conservadas, pero cuyo número y tamaño disminuye tanto más cuanto más alejada se halla del eje vascular la sustancia del fas cículo, pudiendo, finalmente, desaparecer por completo en la parte del hace cillo que se halla colocada en la periferia, para formar parte esencialmente de una estructura fibrilar. Y si se extiende ó perece la neoformacion celular
17) Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. 1363 del vaso sanguíneo asiforme, entónces cesa el crecimiento del fascículo, las células fusiformes que áun allí existen se van trasformando todas en fibri llas y se realiza la génesis de aquella sustancia de los haces, en la que casi se compone sólo de fibrillas. Pues al mismo tiempo, con la trasformacion de las células en fascículos suele también estrecharse cada vez más el vaso san guíneo, y se oblitera últimamente; así que en el hacecillo, formado únicamente de fibrillas, no se puede reconocer, á pesar de los mejores preparados de in yección, el vaso central ni el más ligero vestigio del mismo. La superficie exterior de los fascículos, mediante la cual se separa de sus vecinos, se conduce de distintos aspectos en los diferentes tumores, y tam bién en los diferentes puntos de uno mismo, cuando únicamente constan de células ó la adherencia fibrilar es escasa, irregular y áspera, á causa de las numerosas prominencias más ó ménos acentuadas de las células y fibrillas (1). Pero tal vez, á medida que se desenvuelve su estructura, se presenta lisa su superficie, apareciendo entónces muy á menudo como formada por una mera yuxtaposición de las células planas. Estas células son ordinariamente alar gadas, de un grosor bastante considerable, y casi siempre redondeadas en los. dos extremos de su longitud; mas rara vez aparecen poligonales, y también ofrecen la forma aplanada, larga y estrecha, de cinta, pudiendo presentar una de sus extremidades ampliada en forma de boton, ó prolongarse en uno de sus extremos en la de fibrilla ramificada, miéntras el otro es completa mente romo, á modo de un diente fino, pero manifiesto. Otras ofrecen tam bién formas más irregulares, pudiendo desprenderse fibrillas de diferentes puntos de su superficie, y especialmente de sus eminencias, mediante las que se unen estas células entre sí con las células fusiformes de los fascículos que se hallan debajo de ellas. A pesar de esto, las ramas fibrilares son aquí, pol lo general, pequeñas y escasas. El protoplasma de estas células es claro, bri llante y homogéneo, algo granuloso en los alrededores del núcleo que clara mente se manifiesta, y, por lo general, están acondicionadas de la misma manera que en las células fusiformes. Rara vez se adhieren á las fibrillas de los fascículos para presentarse en su superficie inmediatamente, sino que más bien de ordinario; por lo ya dicho, los hacecillos están hácia afuera, ro deándolos y'separándose de ellos interiormente mediante la sustancia gelati nosa generalmente extendida. (Sustancia gelatinosa según algunos. ) Gene ralmente se empujan unos á otros en toda la extensión de sus bordes, y for man grupos y separaciones; pueden también, en caso de estar en contacto con los haces que principalmente les circunscriben, ó en contacto íntimo con otras células, presentar huecos ó modelos, cosa que no es muy frecuente, á juzgar por los muchos que he visto. Si á beneficio del ácido acético aparece (I) S. Job. Müller, aa. O. lab. II. Fig. 3
1364 Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. (18 la dilatación fibrilar, entónces se puede hacer más manifiesta la contigüidad de las células aisladas por surcos ó calles que las rodean, y que, naturalmen te, no son otra cosa más que los hacecillos fibrilares que allí existen con una parte de su superficie libre, á causa de su dilatación en este punto. Desde luégo, estas células desempeñan el papel de eudotelios del inters ticio de los manojos fibrilares, formando por dicha superficie espacios linfá ticos (1). También se han demostrado en los tejidos normales, habiendo sido comprobados hace tiempo por diferentes autores, como Schweiger-Seidél, Biszozero, Banuier, Key y Retzius, Scluvalbe, Waldeyer y otros. Según Flempreséntanse libres, guardando una posición constante en los tejidos intersticiales, fenómeno que no he podido observar en los sarcomas, á pesar de que aquí los límites celulares siempre son claramente perceptibles, sin nece sidad de emplear los preparados de plata. /. Arnold (3) las describió consi derando como planos las paredes de las hendiduras interfasciculares de las formaciones, revestidas; pero no se puede resolver exactamente la cues tión de si el espacio formado por ellos es continuo. Boíl (4) describió estas cé lulas considerándolas como formaciones no fusionadas entre sí que se unen á los hacecillos, rodeándolos más ó ménos completamente, y observó en células de cubierta, en los haces conjuntivos de la base del cerebro, que éstas experi mentan más tarde una trasformacion en sustancia elástica, y pueden mez clarse entre sí con las membranas elásticas dilatadas. También ha suscitado una acalorada discusión acerca del concepto de la naturaleza de estas células, sobre si han de considerarse principalmente como formaciones fibrilares,ó si deben tenerse acaso como una especie suigenens (5). Decídese, respecto á los nervios, por la primera probabilidad, y deja la cuestión sin resolver respecto al resto del tejido conjuntivo. Entre tanto, la frecuente existencia de los unos, si bien en el caso más ñivorable sólo hay un pequeño número de fibrillas en estas células, y la unión que pueden efectuar con otros elementos induda blemente fibroplásticos, parecen indicarnos que aquéllos y éstas son idénti cos; y quizá adquiera más verosimilitud esta idea si se considera que en el período primitivo del desenvolvimiento del fascículo, cuando éste consiste por completo ó casi completamente de células, y no presentíi diferencia algu na entre los elementos existentes en su superficie y en su parte interna. Este hecho manifiesta, pues, que el amplio desenvolvimiento de las células que forman la parte más externa del fascículo es debido, entre otras causas, (l) V. Kolacz k, Ueber d<is Angiosarkom. Deutsche Zeitschr. f. Chir. Bd. 9. S. 7. (2) ,\rch. f. mikr. Anal. Bd. XII. S. 391. (3) Virchow's Archiv. Bd. 68. S. 501. (4) Untersuchungen Uher die Enltoickelung und den Bau der Geioebe. Aich. f. mikr. Anal. Bd. 7. S. 275. . (5) Die Enltoickelung des /ibrilltiren Bindegeioebes. Arch. f. mikr. Anal. Bd. 8. S. 28.
19) Sobre la histologia y la hislogcncsis del sarcoma. 1365 á que alguna de las colocadas en el fondo, y que por tanto circulan, como sabemos, entre los fascículos, crecen á expensas de la corriente linfática que está cerca; pudiendo atribuir á su contacto con las células que forman los haces de la superficie la causa de una manera de desenvolvimiento de las mismas, que consiste aquí en que ellas, más que sus afines colocadas en el interior, afectan forma plana y producen poquísimas ó ninguna fibrilla. Estaría en inmediata relación con esta última circunstancia su prolongada persistencia, puesto que, como hemos visto, la célula fusiforme tiene el mismo origen que las formaciones fibrilares, y la trasformacion fibrilar correspon diente sería, sobre todo en cierto modo y bajo la suposición de que exista un contacto directo con la linfa á ella inmediata, lo que podría dar lugar á una alteración regresiva de las células fusiformes. La duda de si el endotelio de los vasos sanguíneos puede ser precisamente de naturaleza fibroplástica, aun no se ha podido explicar ninguna vez con exactitud, á pesar de las numerosas observaciones hechas, ya directa, ya más ó menos indirectamente legitimadas, acerca de este punto, y desempeña, como es sabido, un importante papel en el razonamiento de la obliteración vascular y en la llamada organización del trombus. Biibnoff, Thlerch, Kocher, Waldeyer, Durante, Kunclrat, Kóster, N. ScWts, Senfíleben y otros se han decla rado unos á favor y otros en contra de la propiedad genésico vascular del endotelio de los vasos, miéntras Biedel (1), que trabajó bajo la dirección de Merbel, declaró, fundado en los hechos formulados con toda exactitud, resul tantes desús experimentos, que en el espacio vacío del vaso que resulta me diante la ligadura doble de una vena ó arteria toma parte este trozo de vaso en el desenvolvimiento fibrilar del endotelio, aunque, según la opinión de Biedel, puede hallar precisamente algún obstáculo por la trombósis que probablemente sobreviene entre las ligaduras. Si esto es exacto, si se verifica una trasformacion fibrilar del endotelio, dando lugar á la denudación de los vasos sanguíneos, linfáticos y espacios linfáticos, sobre todo en determinadas circunstancias, y especialmente también si ninguno de ellos se vuelve á bañar más por la sangre ó linfa, éntónces estos endotelios están en el mismo caso que las células fusiformes de los tejidos normales y del sarcoma, y se puede considerar como muy apropiada la denominación antigua de células fibroplásticas; pues la propiedad de na cer de ellas las fibrillas es común, según esto, á todas, y es más característi ca que todas las más variadas diferencias que presentan y que su forma, que estriba desde luégo muchas veces en influencias exteriores, puramente casua les. En efecto, el tejido conjuntivo en general forma, además de lasneofor- (f) Deutsche Zeitschr. f. Chir. Bd, 6, S. 439,
1366 Sobre la histología y la histogénosis del sarcoma. (20 maciones patológicas que en él toman asiento, un gran sistema de conduc tos cuyos espacios se llenan con sangre ó con linñi, y que ofrecen unas paredes compactas, ya ténues ó delicadas, ya fuertes, en armonía ciertamen te con los diferentes estadios de su desenvolvimiento, y las formas celulares están combinadas al mismo tiempo de una manera idéntica. Los sarcomas fusocelulares no son, según esto, otra cosa más que las condensaciones en foco de estas paredes que allí se realizaron condicionadas por una neoformacion que se desenvuelve primeramente, y quizá sólo en las inmediacio nes de los vasos sanguíneos que simultáneamente proliferau , formando aquéllos el sistema completo de cavernas y los elementos fibroplásticos com binados. Seguramente se aproxima mucho este modo de ver, á pesar de todas las objeciones, á la demostración evidente de que en los tejidos conjuntivos existen otros elementos, además de las células fibroplásticas, que se distin guen de aquél , no sólo por su forma y estructura, sino también y muy espe cialmente por su incapacidad para producir fibrillas, y además tampoco for man estas células elementos esenciales é integrantes del tejido conjuntivo. Además, no se hallan de ninguna manera en muchas partes del mismo, ó sólo en cantidad variable, ó bien sólo algunas veces y de una manera variable, y parece no tiene ninguna importancia en la génesis del esqueleto del tejido conjuntivo propio, que llega á desempeñar el papel de un vaso trasportador para los otros tejidos y de medio de unión, de separación y de alojamiento de los mismos. Ante todo, el plasma celular del tejido conjuntivo ha sido descrito pri meramente por Külme (1) como una formación nuclear, especialmente el del tejido conjuntivo intermuscular de la rana, que forma serie transitoria y se diferencia principalmente de las otras dos formas celulares de los tejidos conjuntivos por su aspecto granuloso manifiesto; más tarde, otros observado res lo han hallado en distintos puntos, especialmente en la sustancia intersti cial del testículo y de la glándula caudal, en la glándula parótida, en la capa adventicia délos vasos cerebrales, en cápsulas suprarrenales, y en la pla centa; su general existencia fué comprobada por Waldeyer (2), que también le dió el nombre de células embrionales del tejido conjuntivo ó células plas máticas. Se hallan especialmente, según él, en las proximidades de los vasos, pudiéndoles formar una cubierta aparte; son manifiestas por su aspecto os curo y su granulación ordinaria, y suelen tener gran afinidad con la grasa. Según los datos de Thomas (3), adquiridos de las nefritis crónicas, existen en (i) Unters Ub. d. Protoplasma und die ContractiUtUt. Leipzig, 1864. S. 112. (2) Ardí. f. mikr. Anal. Bd. 1 i. S. 176. (3) Virch. Archiv. Bd. 71. S. 2ío. Tai. X. Fig. 12 y 13.
27) Sobro la histología y la histogénesis del sarcoma. 1373 cia de formas celulares en estos tumores, que son como intermedio entre las células redondas y las fusiformes, por tener propiedades que corresponden á las primeras y las últimas. Eutónces se puede decir que tal proporción no concuerda con los hechos: ni en los sarcomas grandes, ni en los fusiformes de pequeñas células más ó ménos adultos, no hay trasformaciones exactas de grandes células redondas ó pequeñas á grandes ó pequeñas fusiformes, y es pecialmente en ninguna célula redonda se puede descubrir ni tan sólo el me nor indicio de formación fibrilar, miéntras que, sin embargo, el desarrollo del tejido conjuntivo embrionario, en el que las células fusiformes resultan efectivamente de una célula redonda, aparece en el protoplasma de la célula conjuntiva fibroplástica el carácter distinto de cortas fibras, cuando en la cé lula aun apénas se puede apreciar la preponderancia de las dimensiones lon gitudinales 1). En contraposición de esta idea, ó sea del desarrollo de la célula fusifor me del sarcoma procedente de la célula redonda (desempeñando el papel de una célula embrional indiferente), ha llegado á ser, desde hace mucho tiempo, más verosímil la opinión que los elementos del sarcoma se desarrollan direc tamente por metaplásis de las células de su asiento genésico, si bien es ver dad que por estos medios y las deducciones consiguientes no se ha compro bado semejante desarrollo metaplásico de las células de los tejidos normales ni de los elementos de neoformacion que dan lugar á los tumores. Muy espe cialmente Ziegler (2) ha ensayado en nuestros tiempos establecer una base segura, mediante los hechos habidos experimeutalmeute, describiendo y repre sentando las preparaciones que podían explicar la desaparición directa de las células óseas y de las del estroma conjuntivo de la mama en los humores sarcomatosos. Ciertamente no fué conducido por estos experimentos á los resultados confluyentes que pudieran tener relación con semejante desen volvimiento metaplásico de los tejidos celulares normales en los elementos del tumor; no obstante, merecen importancia, puesto que en ella tenemos un ejemplo de desenvolvimiento de las células sarcomatosas sin participación de las células embrionales, cosa que también Ziegler la hizo notar con bas tante precisión (3). Según éste, las células fibroplásticas, las plasmáticas, los leucocitos y las células redondas pequeñas, que quizá correspondan á un grupo, hubieran ofrecido tres, ó quizá cuatro, formas celulares sarcomatosas, muy distintas unas de otras en su constitución, á las que se incluye además otra desde que tuvimos conocimiento de la existencia de las llamadas células glandulares en (I) S. Bol!, Arch. f. mikr. Anatomie. Band 8. S. 47. Taf. II. Fig. 1. (2) Virohpw ’ s Ardil» Band 73. S. 353. Taf. VIL Lehrbuch derpathol. Anatomie. Auíl. 2, Erstel Theil. Jena, 1882. S. 238. Fig. 47. (3) Virchow ’ s Arch. Band 73. S. 378.
1374 Sobro la histología y la histogénesis del sarcoma. (28 el tejido conjuntivo, debido á los interesíintes experimentos de Ehrliclt (1). Estas formaciones características, que han sido estudiadas principalmente por este medio, y que ante todo se distinguen porque su protoplasma toma una coloración azul con el violeta metílico (dalia), y por el alcohol se colo rea, aunque lentamente, miéntras los núcleos permanecen incoloros, parecen existir constantemente en los tumores sarcomatosos. Por lo ménos, siempre los he observado hasta ahora en los ensayos juiciosos practicados en nume rosos sarcomas con el objeto de comprobar su existencia, si bien su número en los distintos puntos de un mismo tumor y en diferentes ejemplares pue de ofrecer diferencias notables. Nunca los he hallado íntimamente agrupa dos, sino que más bien casi se tocan ó están mediatamente en contacto entre sí. No obstante, algunas veces se presentan en agrupaciones alar gadas, pero siempre con irregularidad, en las que veinte ó más, colocadas juntamente, sólo están separadas por una escasa cantidad de otros elementos histológicos: este fenómeno es el más raro, puesto que, por lo general, más bien se hallan aisladas y separadas. Existen sólo, al parecer, en las porciones fibroplásticas del sarcoma, y son por este motivo más numerosas en el sar coma fusocelular puro y en el fibromioma. Yo las he hallado en los tumores sarcomatosos, ofreciendo una forma ya redonda ó alargada, y estas últimas más ó ménos ovales ó largas, casi como las células fusiformes. Ehrlich (2) ha demostrado ya que existen en la proximidad de los vasos sanguíneos, pero también se colocan en las distintas direcciones déla superficie del tubo; por ejemplo, en las distintas divisiones de los tubos glandulares forman una cubier ta epitelial ó una lámina elástica. Esto se halla completamente conforme con la manera de reproducirse en los sarcomas, en donde también se encuentran en la mayor parte de los casos alrededor de los vasos sanguíneos, lo mismo que en la superficie de los fascículos, y por lo tanto en la proximidad de las hendiduras linfáticas. Hasta qué punto la idea de Ehrlich (3) sea sostenible, de que las células adiposas se forman de una metamorfósis de células del tejido conjuntivo de una manera especial, y bajo condiciones favorables, no se puede discutir en este momento. Debo hacer notar que también yo las he hallado una vez en un fibroadenoma de la mama, cuyas porciones fibrilares de tejido conjuntivo habían producido otras células distintas, aunque en muy escasa cantidad; pero que en estas células adiposas, con algo mayor se guridad que en las células conjuntivas, se puede hallar la demostración de la existencia de una especie de células gigantes en el sarcoma y la de su cone xión genésica con los elementos fibroplásticos. Esta ya ha sido mencionada por (1) Uebei Mastiellen. Dissertalion von E. Westphal. Berlín, 1880. (2) A. a. O. S. 34, 35. (3) A. a. 0. S. 38. u
29) Sobro la histología y la liistogcnesis del sarcoma. 1375 Virchotc (1), quien dice que aquellos grados de desenvolvimiento se pueden considerar como los que obedecen á un fin muy análogo, pues desde las cé lulas sencillas ordinarias con núcleo y con cuerpo nuclear se pueden ver to das las trasformaciones ó células mayores provistas de dos ó más núcleos. Yo he podido comprobar este hecho de una manera notable en un tumor de la corva izquierda que padecía un hombre, el cual tenía su punto de par tida en la fascia que se halla entre el músculo poplíteo y el sóleo, sin tener ninguna relación con el perióstido ni con el hueso. En él se observaban células fibroplásticas de diferente aspecto y tamaño, con apéndices fibrilares más ó ménos largos y más ó ménos numerosos, con uno, dos ó más núcleos, y que por su tamaño considerable ofrecían el aspecto de las células fusifor mes. Estas ofrecían en realidad, en su mayor desarrollo, una forma oval la mayor parte de ellas, y eran, por lo demás, muy irregulares: la mayoría de ellas tenían hendiduras de forma estriada, con escotaduras y provistas de pro longaciones filiformes, y apéndices agudos ú obtusos, ya sencillos, ya pro vistos de otras prolongaciones subdivididas de una longitud y latitud muy diversa, ó también bordados de fibrillas, las cuales no rara vez eran de pendientes de las prolongaciones más largas. El número de sus núcleos era muy vario y no estaba en relación con su tamaño; miéntras existían en algu nas células 50 ó más, en otras de bastante tamaño sólo contenían 12 ó 16; pero siempre se hallaban en la parte central de la célula, y muchas veces agrupados. Muy escasos ejemplares se solían observar en que los núcleos es tuvieran diseminados,y nunca se observó ningún núcleo en el interior de un apéndice. Las células estaban limitadas con toda precisión , predominando completamente la forma aplanada ó el aspecto membranoso, provistas gene ralmente de distintos moldes, que algunas veces llegaban hasta las mismas pro longaciones, cuya prominencia era á menudo tan considerable que dió lugar á que se les denominara placas secundarias. Su protoplasma era en parte homogéneo y en parte granuloso fino, y ofrecía muchas veces aquellas estrías finas, aproximadas y paralelas, perdiéndose en la dirección longitudinal de la célula, como ya hemos hecho mención anteriormente. Estos hechos tan numerosos son bastantes para demostrar por sí mismos la identidad que existe entre las células gigantes y las células pequeñas fibroplásticas, y surge también de aquí que se puede comprobar con exacti tud la disgregación fibrilar completa de las células gigantes en las porciones adultas de los tumores mencionados. Miéntras la desfibrilizacion del proto plasma de estas células toma mayores proporciones, disminuye la misma cada vez más, y se observaba algunas veces, en vez de la célula primitiva, tan (I) Di? krankhaflen GeschwUlste. Zwei(er Bañil S. 209,
1376 Sobro la histología y la histogénesis del sarcoma. (30 sólo una agrupación compacta de núcleos atrofiados, que mas tarde concluían por desaparecer por completo ; así es que no se hallaba ninguno en los terri torios más adultos de los otros tumores. Un fenómeno muy semejante ocurre en el sarcoma mielógeno de los hue sos, que contiene, como es sabido, casi siempre células gigantes en mayor ó menor cantidad. También aquí puede tener lugar el desenvolvimiento gradual de las células fusiformes, estrelladas, epiteliales ó también el de los elemen tos de aspecto fibroplástico que tienen en lo esencial íntimas relaciones con los que acabamos de describir; por el examen de un tumor de esta naturale za que padecía una joven de veintidós años en la espina superior de la tibia, comprobé y llamé por primera vez la atención, hace algunos años (1), acerca de la existencia de las hendiduras de las células gigantes. Yo hallé en la superficie de las células estrías delicadas y líneas en la que también se podía demostrar que se perdían en las prominencias agudas ó apéndices fibrilares. En general; estas líneas tenían iguales dimensiones ó eran igualmente finas y de un trayecto bastante largo. Se relacionaban en distintos puntos entre sí, pudiéndose apreciar figuras irregulares ó cruza das en sus límites como resultado de esta unión, en cuyo caso su dirección no estaba precisamente en línea recta, sino que ofrecían el aspecto de espa cios circunscritos más ó ménos circulares; muchas veces estos espacios no es taban cerrados por todos sus lados, sino que hácia los bordes más bien esta ban abiertos y me convencí terminantemente, colocando células aisladas de esta especie en el microscopio é imprimiéndolas algún movimiento, que es tas líneas no eran otra cosa más que figuras prominentes festoneadas ó moldeadas, y que por la misma razón ofrecían en los espacios comprendidos entre ellas hendiduras en parte ó completamente cerradas por la superficie de otras células. Los moldes parecían en su base algo más amplios que en su límite, pero eran en general muy finas las prominencias en forma de saco que se observan muchas veces en los bordes de las células. También se podían apreciar con toda exactitud y comparar á prominencias en fórma den tada. de la especie descrita, que tenían por esta razón el aspecto de estrías, ofreciendo de este modo el aspecto de dientes que se señalaban en los distin tos puntos de los bordes de la célula, vista de perfil, y las cintas y escotadu ras de la célula gigante resultaron, por lo tanto, ser formaciones idénticas. De esta propiedad de las células gigantes se deduce fácilmente la mane ra de ver en armonía con los hechos, si se tiene en cuenta que en una esfera de barro, por medio de cuerpos redondos de volúmenes diversos, se ha he- (1) Siegwart Briihl, Die Myeloidffeschwulst und die Kiesen^etlen. Disertation Halle, 1881. S. 23, UNÍVERSIDADE DE SANTIAGO DL LOMPOS l l LA
31) Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. 1377 cho un sinnúmero de impresiones de profundidad varia, pero tan cerca unas de otras, que entre cada una de ellas quedaron solamente prominencias es trechas en forma de cintas de aquella sustancia esferoidal; en el tamaño tan insignificante de estas cintas también se halla la causa del hecho de que éstas siempre carecen de núcleo, y así se explica á la vez la anteriormente mencionadíi zona del borde que casi constantemente en la célula gigante está desprovista de núcleo. Si hubiéramos de indicar las diferentes trasformaciones que ocurren en tre las células fusiformes ó entre sus equivalentes fibroplásticos y las célu las gigantes; como también las metamorfósis de la especie común de aquéllos y éstas, llegaríamos á la conclusión de su enlace genésico; y si debemos aquí indicar el sarcoma de células gigantes, no como representante de una clase de sarcoma especial, sino únicamente como una forma secundaria del sarco ma celular fusiforme, entónces, por cierto, hay otra vez motivos para admi tir al sarcoma pigmentado ó, como se dice vulgarmente, melánico, una cla sificación aparte. A esto, la gran malignidad de la forma de tumores nos debía conducir, que está motivado en su capacidad de formar extraordina riamente numerosas metastásis, una particularidad en que ella excede á to das las demás especies de sarcomas, pues apénas hay un órgano que quede libre de formaciones neoplásicas secundarias de esta especie. Huesos, múscu los, masa cefálica, médula espinal, corazón, hígado, intestino y cápsulas suprarrenales, pueden ser atacados en un mismo individuo, simultánea ó su cesivamente, y con rapidez de sarcomas mélánicbs, simplemente porque había al principio un nudo, por más que haya sido insignificante en el cútis ó en el ojo, y justamente esta extraordinaria multiplicidad ha sido la que servía para creer en un origen discrásico, áun en aquel tiempo cuando ya se había acostumbrado muy en general á la teoría del desarrollo de tumores causados por motivos locales. Sin embargo, la discrasia primaria nunca se ha podido demostrar; la sustancia encontrada por Eisélt (1) en la orina de enfermos que padecían tales tumores que se oscurece con los ácidos, no fué reconocida por Hoppe-Seyler (2) como específica, y, sobre todo, no ha sido posible demos trar la identidad de la coloración de la orina con la del tumor. Entre todos los hechos , respecto á la cuestión de la manera de desarro llarse los sarcomas melánicos, de que aquí nos hemos ocupado, tan sólo uno es á propósito para ofrecer una base más firme, á nuestro juicio, á saber: que es sobre todo muy frecuente y quizá constante la existencia de los tumores primarios en órganos que ya bajo circunstancias normales son muy ricos en células pigmentarias. Entre éstos hay que citar primero el epidérmis y las (i) Prager Vierteljahrschrift. Bd. 70. S. 107. Band 76. S. 46. (2) Virchow ’ s Archiv. Bd. S. 390.
1378 Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. (32 cubiertas pigmentarias del iris ocular y sus mallas de tejido conjuntivo, coróides y esclerótica, como localizaciones en foco indudables. Ménos segu ras son ya las cápsulas suprarrenales y las vesículas seminales, y respecto al hígado parece, como Virchow (1) indica, que también este órgano enferma secundariamente, pues, según su indicación, en la mayoría de los casos de sarcomas melánicos del hígado también existían nudos en el epidérmis y en el dérmis ó en la órbita, que debían considerarse como los padecimientos pri marios más probables. Que se presentan en la enfermedad bronceada células pigmentarias, tam bién en el tejido del córion, es bastante sabido; pero hasta en personas que tienen la piel de color oscuro, que han fallecido á consecuencia de otra en fermedad, he podido apreciar bastantes veces, especialmente en los sitios más oscuros del cútis, las células pigmentarias. Están colocadas, como en la enfermedad de Adisson, muy inmediatas á los pequeños vasos sanguíneos, tienen generalmente una sustancia colorante pardo-oscura, poco intensa, di fusa y granulosa, y son de aspecto alargado fusiforme. Probablemente des empeñan en la génesis del sarcoma melánico un papel importante , pues está en armonía con su existencia en la epidermis el hecho de que se observa que primitivamente se desarrolla este tumor con especialidad, las más veces, en las partes más pigmentadas de la misma, y las células pigmentadas del sarcoma melánico estáu colocadas predominantemente, y algunas veces sólo en relación inmediata con los vasos de la piel. Rindjieisch (2), que , según mi entender, su tésis no fundada, al decir que todas las células de un tumor me lánico en su primera época son incoloras, y es de opinión que se trata, res pecto de la pigmentación, de un exudado de la sustancia colorante de la san gre por los capilares, idea que coincide con la opinión ya dada en muchas ocasiones en tiempos recientes por Gussembauer (3). Según él, el pig mento que se halla en las células del tumor, llamado sarcoma melánico, debe ser un derivado de la sustancia colorante de la sangre; por el contra rio, puedo yo asegurar, conformándome en esto con la antigua opinión de Virchoio (4), según el que , sin perjuicio de que la formación del pigmento en el sarcoma puede ser debida á la extravasación sanguínea, debe, no obs tante, considerarse también la coloración melánica de estos tumores como un proceso distinto de la hemorragia. Probablemente se trata en general en la melanósis de un proceso de pro liferación que tiene lugar en los vasos inmediatos al sitio genésico de las cé- (1) Vergl. Virchow, Die krankhaften Geschtoülsle. Zioeiter Band. S. 276. (2) Ebendort. Zioeiter Band. S. 286. (3) A. a. O. S. H3. (4) Virchow ’ s Archvv Band 63.
33) Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. 1379 lulas pigmentarias circunvecinas, que se deben considerar, como todas las demás células pigmentarias que existen en los tejidos, como específicos, pero que especialmente no tienen ninguna relación genésica con las células fibroplásticas; estas células, ya son redondas, ya alargadas, pudiendo llegar las últimas á ser muy semejantes á las células fusiformes; pero se diferencian de ellas en que no pueden producir fibrillas y nunca forman en los tumores fibrilares meláuicos los elementos fibroplásticos, sino que se observan al lado ó entre los mismos, y muchas veces aisladas completamente ó á bastante dis tancia (1). De esta manera se explicaría con la mayor sencillez la existencia y el desarrollo del sarcoma melánico en el cútis, en la coróides y en la escleróti ca, cuya malignidad no se puede explicar de ninguna manera por las células pigmentadas que puedan contener, sino más bien por el desenvolvimiento de estas células en un sitio* favorable para su trasporte latente en el organis mo. Entre todas las circunstancias favorables para su desarrollo, son tam bién aquí, como en todos los demás sarcomas, la riqueza délos vasos sanguí neos que rodean la neoformacion, favoreciendo el desarrollo de los elementos celulares, lo mismo al principio que en el trascurso del desenvolvimiento del tumor. Ellos suministran asimismo á estos tumores, no sólo los rasgos caracterís ticos de su estructura interior, sino que determinan también én gran parte la forma exterior del mismo, y son las que en el sarcoma melánico, en unión con el estroma desarrollado bajo su influencia, ofrecen por lo tanto la única base segura para la investigación de su génesis, y á la vez la mejor clave para su razonamiento ante la vista del observador. Los tumores llamados por Laennec coloides, por John Müller colonemas, que Virchoiv confundió parcialmente en la agrupación de los mixomas for mada por él mismo, han perdido,en unión con estos últimos, el derecho de una existencia verdadera, porque se ha conseguido demostrar que la mucina es un elemento constante de todas las sustancias conjuntivas correspondientes á los tejidos. Después que Holletl (2), hace ya veinticinco años, demostró la existencia de la mucina en los tendones, y Eichwald, (3), 1864, la reconoció como un ele mento natural de los tejidos conjuntivos normales, tanto de los embrionarios como de los adultos, han suministrado finalmente Kühne (4) y sus discípulos A. Etvaia y Morbchowets la demostración que la mucina es un elemento esencial para toda la sustancia conjuntiva de los tejidos respectivos, y tam il) Die krankhaften Geschvillste. Zioeiter Band S. 219. , _ _ (2) Silzungsber. d. kais. Akad. d. Wissensch. in Vien., 1858. Bd. XXX. S. 37. (3) Die Colloidentartung der Eierstb'cke. WUrzb. med. Ztschr . 4864. S. '297. (4) Veril, des nálwh.-med. Vereins ~u Heidelberg. N. F. Bd. I. 4877. S. 233 u. 236.
1380 Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma, (34 bien para los huesos y los cartílagos. Como síntesis de estas observaciones, ha deducido Koster (1) que la sustancia gelatinosa que existe á menudo en gran cantidad en los mixomas, por lo que reciben dicha denominación estos tumores, no debe ser otra cosa más que una mucina que existe en semejantes tumores, producto de la serosidad que da lugar á la génesis de la misma. Puede existir también en todas las formas de sarcoma, en el lipoma, fibro ma y en el estroma conjuntivo del carcinoma, pero será naturalmente tanto más abundante cuanto ménos consistencia tenga el tejido, puesto que la resis tencia que se opone á su agrupación disminuye, como se comprende fácilmente, en la proporción que lo hace su consistencia; en lo que parece también con sistir especialmente la existencia tan frecuente del mixoma en los tejidos conjuntivos poco consistentes (2). En semejantes casos se muestran los elementos del tumor, á consecuencia de la infiltración de la serosidad que contiene mucina, no rara vez aislados, de la manera más clara y patente, puesto que las células fusiformes y estrella das con sus largos apéndices de fibrillas acá y allá unidos entre sí se ofre cen palpablemente á la vista, y entre ellas se hallan tan pronto aisladas, tan pronto reunidas, células redondas que, sobre todo aquí, se distinguen tanto á primera vista de los elementos fibroplásticos, que no es posible encontrar el menor motivo que manifieste la menor identidad de estas dos formas celulares. Pero también la ántes ya más minuciosamente explicada depen dencia del desarrollo sarcomatoso de vesículas nuevamente formadas en cuentra en los mixosarcomas neoplásicos un nuevo apoyo. Muchas veces se observa, especialmente en las inmediaciones más pró ximas de un vaso sanguíneo, que las células fusiformes están colocadas para lelamente á los mismos y á igual distancia entre sí, y sólo están separadas por una escasa cantidad de sustancia gelatinosa ó de fibrillas escasas sepa radas á la vez entre sí, mientras que se presentan á distancias mayores del capilar en gran número y rodeadas por esta misma sustancia. La causa de esta circunstancia consiste en que en las inmediaciones del vaso las células son jóvenes, y por la misma razón las fibrillas son más esca sas y cortas que las que se hallan á mayor distancia del mismo. De aquí que el tejido es tanto ménos consistente cuanto más lejano se halla del vaso san guíneo, y cuanto más distante se halle la unión fibrilar de las células entre sí, y se hace más posible un acúmulo abundante de sustancia gelatinosa entre las porciones de tejido distantes de la superficie de los vasos, y miéntras la sustancia gelatinosa que comprime de igual manera en todas direcciones las (I) A. a. O. und die Bonner Dissertation voq A. Rumler 'líber Myocom und Schleimgeibebe, 1881. (2) S. Birch-Hirschfeld, Lehrb. derpathol. Anal. Aull. 2. Band 1. S. 114. u UNIVERSIDAD^ DE SAN HAGO DE COMEOS I L
35) Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. 1381 células que se hallan en las inmediaciones del mismo no puede separarlas de su sólido enlace, y deslizándose en las combinaciones que aparecen poco con sistentes, las células que están muy lejanas, no sólo distantes entre sí, sino también se comprimen en otra forma, y hace por medio de la misma acción mecánica del extenso tejido conjuntivo un tejido reticular con células estre lladas, como ya se demostró ántes en la explicación del mismo efecto al tra tar de las células redondas que se separan de los vasos sanguíneos. Desde que el mixoma, por la demostración de la existencia de una sus tancia gelatinosa en el tejido conjuntivo, ha perdido su carácter particular, así como el cartílago y el hueso, se ha pretendido también por algunos el poner en desuso el nombre de esta clase de tumores é introducir en su lugar términos como fibroma, lipoma, sarcoma con el epitelio de hematoso ó gela tinoso. Pero el nombre de mixoma se ha hecho muy habitual para todos, y constituye una formación tan característica en virtud de sus cualidades ex teriores, que sería desventajoso el dejar caer en el olvido un nombre, aun que no sea propio, por lo ménos cómodo por su claridad, por tener en cuenta su composición química correspondiente y condición clara de la sustancia gelatinosa. Esto es válido especialmente para los tumores mixoma, hialino y gelatinoso, miéntras que en los llamados mixoma fibroso , lipomatoso y me dular, el estado gelatinoso es de menor importancia, y especialmente en la forma últimamente nombrada; el entrelace de células redondas y libres y la serosidad que contiene mucina muy á menudo es tan importante, que así ésta pierde su trasparencia gelatinosa y recibe aquél apariencia láctea opaca, que les ha valido el nombre de jugo canceroso. Indiqué ya que los fascículos aislados del sarco ma están limitados casi con toda precisión, y tienen una super^cie lisa; generalmente se ve á este último envuelto en una cubierta endotelial, que se forma de células planas, y las más veces alargadas, provistas acá y allá de apéndices fibrilares. Estas células se consideran en relación con sus equivalentes en el tejido conjuntivo normal como eudoteliales, las cuales revisten las paredes que median entre los fascículos y los espacios linfáticos que se forman á través de la superficie de aquéllos. Hay que tener en cuenta que estas células en la teoría del sarco ma ofrecen un especial interes, puesto que se aumentan notablemente en muchos de estos tumores y pueden llegar hasta á formar cordones celulares, que muchas veces llegan á ser tan numerosos y de tal volúmen, que prestan un carácter especial á toda la formación. Lo que caracteriza principalmente á estas células es que se puede apre ciar con bastante exactitud su procedencia endotelial, á la vez que su forma oval ó poligonal, y algunas veces la existencia de sus apéndices fibrilares, por medio de los cuales se pueden relacionar entre sí. En otros casos pier den en absoluto esa especie de forma epitelial y pueden aparecer compleUNÍVLKSlDAüL DL SANTIAGO
1382 Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. (36 lamente irregulares ó adquirir la forma cúbica ó cilindrica de las células glandulares, como sucede con las que revisten las paredes de los espacios linfáticos colocadas en una ó dos capas y ofreciendo analogías principalmente con las glándulas utriculares, por lo que Robín ha dado á estos tumores el nombre de herteradémicos: Aunque estas células no se hallan siempre orde nadas formando una serie doble ó sencilla, muy á menudo, y, á lo que parece, están principalmente en las porciones más adultas de estos tumores, muy agrupadas en grandes masas, formando entónces líneas irregulares que ter minan en forma de maza ó fondo de saco, uniéndose por sus bordes y forman do una red notable. De cualquier manera que sea, ya seti escasa ó abundante la agrupación de estas células, poseen en alto grado la propiedad de segregar gelatina, que se halla en el interior de las hendeduras formadas por ellas ó como sustan cia que rellena una especie de glándula utricular, ó también muy á. menudo en forma de esferillas brillantes, en la que se puede reconocer con bastante precisión algunas veces su disposición en capas concéntricas. Algunas veces ocurre precisamente que los elementos celulares, que por regla general pa rece que sólo están destinados á producir y suministrar productos de secre ción, desaparecen en medio de esta actividad de las mismas, agrupándose cada vez mayor cantidad de sustancia gelatinosa en el protoplasma y en el núcleo de las mismas, verificándose de esta manera comunmente la trasformaciou regresiva denominada degeneración coloidea. Las células adquieren mayor tamaño, y se hacen esféricas con una brillantez homogénea, ó se lle nan de granulaciones pequeñas muy refringentes, terminando últimamente por la muerte. Esta forma de tumor, en la que,desempeña un papel principal la repro ducción rápida de las células endoteliales que revisten las hendiduras linfá ticas, no ha podido por ménos de ser calificada de diferentes maneras, y al gunas veces con nombres eventuales, dado el progreso gradual de nuestros conocimientos acerca de su estructura. Los que han sido denominados sifonomas, cilindromas, sarcoma utricular y angiosarcoma , corresponden en parte á esta categoría. Pero estas denominaciones se alejan del verdadero camino, puesto que ninguna de ellas tiende á dar una idea de la esencia de la cosa; y con respecto á la palabra sarcoma plexiforme, con que Ewetsky (1) ha calificado este tumor, tampoco se puede considerar como muy aproxima da, puesto que ninguna vez se presenta en forma de plexo, descendiente de los progresos celulares formadores de los endotelios linfáticos, y puesto que desde luégo el aspecto plexiforme de este tumor, formado de haces fibroplás- (I) Vkchow ’ s Archiv. Bd. 69. S. 30.
43) Sobre la histología y la histogénosi.s del sarcoma. 1389 tejido conjuntivó de las membranas serosas; pero también pueden ofrecer metastásis, por ejemplo, en los pulmones, en los músculos ó en el hígado, hecho que se concibe fácilmente si se considera que quizá el desenvolvi miento de su contenido celular en el interior de los vasos linfáticos es la mejor circunstancia para su separación. Esto mismo es aplicable por completo á aquella forma de tumor de la que antes he comunicado un caso altamente característico, y he designado como endoUlioma intravascular. En este caso, había aparecido la proliferación celu lar en los espacios vacíos del cuerpo tumefacto del pene, que presentaba un claro principio de envenenamiento, y esto era casi admitir que los numerosos nodos metastáticos encontrados en el cútis, y al mismo tiempo en el tejido subcu táneo, podían también haber sido producidos mediante la disgregación de las células agrupadas en la neoformacion primera. Algo análogo es el proceso en el caso en que puede deducirse la prueba de que el tumor primario, en su desenvolvimiento, ha perforado la pared de un vaso sanguíneo, y que ha vuelto á crecer en su lúmen. Se ha tenido oca sión de observar ésta muchas veces, especialmente con sarcoma relativamen te más grueso que las venas colocadas en su inmediación. No bien aparece en él, debe propagarse cada vez más la masa del tumor existente al trayecto de los vasos y á la anchura de su lúmen, y si, sobre todo, aquélla áun ha de jado huellas de haberse desmenuzado parcialmente, entónces ocurre la duda de que secundariamente, y en especial en el pulmón, no haya resultado el sarcoma en él existente por disgregación de parte del tumor primario en la sangre. En efecto, tampoco han dado resultado las consideraciones hechas hasta aquí respecto de tal conexión, ántes bien han vuelto á suscitar el pro blema de si las células que se hallan inmediatas al tumor primario proceden directamente de las células separadas del mismo, ó si se trata sólo más bien de un producto de la proliferación de los elementos de la misma parte con los cuales se consideraban en contacto las partículas del tumor primaro des pués de su disgregación y propagación. El mismo Yirchow (1) se ha declarado varias veces en este último senti do, considerando á las partículas desprendidas del tumor y trasportadas á cualquier otro elemento histológico, y á las sustancias arrastradas por la cor riente sanguínea como gérmenes que infeccionan las células del sitio infiltra do, que ocasionan una neoformacion en los elementos y en los tejidos de manera que se reproduce fielmente el tumor primitivo. Gussenbaiter (2) cree en ciertos núcleos, si bien de forma poco determinada, que él halló en las (i) Die ItranliKaften GeschwUlste. Bd. I. S. 55, 85. — Archiu f. path. Anal., etc. Band 14. S. 40. — Cellularpathologie, Dritte Auíl. Berlín, >962. S. 205. (2) Ueber die Entioickelung der secundUren Lymphdr-ilsengeschwUlsle. Prager Zeitschr. f. Heilkde, Band 2, 1881. S. 17. se UNIVLKSIDADL ULSANJIAGO u
1390 Sobre la histología y la histogénesis dol sarcoma. (44 glándulas linfáticas próximas á las regiones donde existían tumores carcinomatosos ó sarcomatosos. Cree hallar el gérmen , ó , como él dice , el germen Jmotifero en los elementos linfáticos y endoteliales , mediante los que cree que se puede despertar el desarrollo de células neoplásicas. También se ha considerado este hecho como consecuencia necesaria de la trasmisión celular en los tumores metastásicos. Yo mismo practiqué, hace bastantes años, numerosos experimentos trasplantando el epitelio raspado de la mucosa lingual de los perros y algunos trocitos de la misma mucosa en las ramificaciones de la arteria pulmonar y en la cavidad del vientre, en la creencia que proliferarían en estos puntos para poder de esta manera hacer que se reprodujera un tumor carcinomatoso; pero los resultados fueron ne gativos, pues la masa celular y los trocitos trasplantados se necrosaron muy pronto, se enquistaron y estaban atravesados por los vasos sanguíneos in mediatos, llegando, finalmente, hasta desecarse y reducirse á fragmentos di minutos, coloreados por algunos glóbulos sanguíneos como último resto de su reabsorción. Después de los primitivos observadores , B. Heme, Ollier y otros, han demostrado Colmheim y MasS (1) la posibilidad de la trasplantación del pe riostio en los tejidos conjuntivos colocando trocitos de aquella sustancia en las ramificaciones de la arteria pulmonar de las gallinas, con lo que obtuvie ron el crecimiento, la vascularización y la reproducción ósea de dicha sus tancia, conservándose hasta el fin de la tercera semana después de su tras plantación; pero inmediatamente sobrevino una secreción y una reabsorción gradual de dicha neoformacion. Este último hecho lo explicaban los autores mencionados diciendo que, aunque acerca de los detalles poco exacto pode mos decir, no obstante, como principio general, se puede decir que la causa de la reabsorción completa de los trozos de tejido trasplantado consiste en la facultad que tiene el organismo de eliminar las sustancias extrañas que no forman parte de la estructura fisiológica de los tejidos. Pero parece ex traño, si aquellos autores áun adelantan un poco más y quieren explicar me diante la teoría el hecho de las partículas del tumor convertidas en émbolos, por ejemplo, en la arteria pulmonar, pueden crecer y aumentarse en los te jidos vecinos si también quieren hacer caso omiso de la propiedad que tiene el organismo de eliminar las sustancias extrañas y su tendencia á realizar la resistencia en los tejidos normales, y que, ya no sólo dan al trozo de tejido convertido en émbolo la posibilidad de una ilimitada proliferación , sino que también le hayan sido abiertas las puertas y ventanas para su propagación en determinadas partes. Esa tendencia á la eliminación, ó, como dicen los observadores mencio- (I) Zur Theorie der Geschwulslmetaslasen. Vírch. Archiu. Band 70. S, I6L
45) Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. 1391 nados, la capacidad de resistencia del organismo contra los elementos extra ños, es desde luégo idéntica á la que se observa en todos los trastornos infla matorios neoplásicos y proliferativos, y análogo también á lo que sucede en el proceso cicatricial, las inflamaciones adhesivas, los secuestros y un sinnú mero de fenómenos análogos, dependiendo íntimamente de los fenómenos relacionados, circulatorios, de nutrición y formación del organismo. Estos experimentos, ántes bien, no demuestran otra cosa más que, no sólo aumenta la energía de la nutrición y desarrollo de los trozos de periostio cuando se ha trasplantado en un punto distante del normal, sino que más bien dismi nuye dicha energía, pero á menudo, no lo suficiente para oponerse á las cau sas desfavorables de la nutrición, bajo las que el trozo se halla en el punto donde está trasplantado, y adquirir la posibilidad de una resistencia para poder existir largo tiempo. Para la interpretación de este problema ofrecen interes los experimentos que Zalm (1), en el año 1877, y Leopóld (2), hace dos años, han comunicado. Se deduce de los mismos que los trozos délos tejidos adultos implantados en un sitio extraño ó en otro animal no pueden continuar su desarrollo ; pero que ciertos tejidos en estado embrionario, especialmente Jos huesos y los cartílagos, no sólo pueden adquirir una notable vascularización trasplanta dos en otro sitio ó en otro animal extraño, sino que también, por la progre siva proliferación de sus elementos, pueden adquirir un tamaño considerable. El mismo Leopóld, por medio de pequeños trocitos de cartílago embrio nal trasplantados, logró producir formaciones, á manera de encondroma, de un tamaño relativamente muy notable en la cámara anterior del ojo, en la cavidad abdominal, en el pulmón ó en el tejido conjuntivo del dérmis, y obtuvo en estos órganos, no sólo una rápida é intensa proliferación celular, sino también el desenvolvimiento de espacios medulares y de verdadera sus tancia ósea. Estos experimentos dan la prueba de que el principio que Colmlieim y Haas obtenían para los datos negativos, al ménos hasta cierto punto, en su trasplantación perióstica, no ha de buscarse en la supuesta capacidad de resistencia del organismo, sino más bien en la diferencia de los tejidos tras plantados. En un caso se trataba de trocillos orgánicos que ya completa ó casi completamente se habían desarrollado; en el otro de fragmentos de tejido que áun no se hallaban en su completo desarrollo. Aquéllos apénas podían desenvolverse algo más léjos de su natural asiento; éstos, por el contrario, mostraban aún un lugar distinto de aquél, y ciertamente, bajo especiales y (4) Des tissus implantés dans l'organisme. Ber. d. wlernat. med. Conffresses in Genf, 1 8 (2) ‘ Bxperimentelle Untersuchungen Uber die Aetioloffie der Geschwillste. Virch. Archiv. Band 85. S. 283. se UNIVLRSIUADE DL SAN JJACO u
1302 Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. (46 favorables condiciones de nutrición, una capacidad de proliferación y de trasfonnacion bastante más grandes que en su asiento normal, y el resultado ge neral de todos estos experimentos, que por lo demás poseen ya muchas ana logías en la antigua literatura (J. Hunter, Duhamél y otros), se puede resu mir en pocas palabras: que ciertas partes de tejido embrional, bajo favora bles condiciones, aunque léjos de su primitivo lugar de desenvolvimiento, pueden recorrer un análogo, cuantitativo y aun más notable proceso de des arrollo y trasformacion, que es precisamente en este lugar, y que, por conse cuencia, un trozo de tejido, que sobre todo posee cierto grado de energía de proliferación, nunca absolutamente se halla en su desenvolvimiento próximo á su asiento normal. Y precisamente este hecho puede servir también para aclarar la cues tión acerca de la formación de la metastásis del tejido, hasta darnos un nuevo ejemplo de que el tejido no está privado de su capacidad de pi'oliferacion también léjos de su asiento normal en todas circunstancias. También se co nocen, en verdad, numerosos hechos acerca de esta trasformacion de los tu mores, que apénas necesitaría de ulterior prueba para la posibilidad de des envolvimiento de sus partes, como respecto de su separación del natural asiento. Recordaré tan sólo el caso comunicado ya hace diez y siete años por Otto Weber (1), en el cual se trataba de un émbolo de particulillas de un encondroma en las arterias pulmonares, que no sólo se desenvuelve más en el interior de las mismas, sino que también había crecido á través de sus paredes, para multiplicarse aún en el parénquima pulmonar próximo y con vertirse en un verdadero encondroma metastásico. Análogos casos se han observado en los que, si ya no se trataba precisamente de un encondroma, sino de otro tumor, y quizá especialmente del sarcoma, y todo patólogo que ha practicado numerosas autopsias, habrá estado en condición de verlos aná logos. También nuestra colección posee tres notables preparaciones de sarco ma metastásico del pulmón (2), cuyo desenvolvimiento se da á conocer de la mejor manera por la conversión en émbolo del tapón del tumor que se halla en las ramas de la arteria pulmonar. Puede muy bien ocurrir en este caso que el émbolo se ramifique á las paredes del vaso, conservando en parte su tejido primitivo, para propagarse á un limitado parénquima pulmonar. Aun haré notar que, á lo que parece, la sustancia del tapón embólico primitivo se paraliza y ablanda algún tiempo después del desagüe, que llega á obturarse fácilmente el lúmen del vaso, y, por tanto, el tumor metastásico abarca en forma de anillo una rama de la arteria pulmonar, que entónces, por el con trario, viene á quedar expedita. (4) Vircbow ’ s Archio. Band 35. S. 501. (2) Serie Í874, N. 19. 1875, N. 52. 1877, N. 54.
47) Sobro la histología y la histogénosis dol sarcoma. 1393 Algo análogo sucede también á veces cuando, por acaso, llegan á quedar detenidas y crecer intensamente en las paredes internas de la cámara derecha del corazón trozos de tumor desprendido de la periferia. Hace algunas se manas he visto un caso, en el cual un fragmento de sarcoma, casi del ta maño de un guisante é irregularmente formado (el cual, sin duda, proce día de un gran sarcoma primario de la parte superior del muslo derecho), se hallaba en el corazón derecho mediante un delicado tejido conjuntivo fila mentoso, vascnlarizado en relación con un músculo papilar y cubierto por un fino tejido conjuntivo envolvente. Tales resultados prueban con toda evidencia el desenvolvimiento de tu mores metastásicos mediante un émbolo tumoral ya crecido, alejado de su asiento de formación primitiva, que precisamente, como yo, hizo notar el ex perimento de Zalm-Leopolcl respecto al hecho de la formación metastásica por partículas de tumor convertidas en émbolos, y no pueden considerarse de otro modo que con la completa seguridad de un hecho demostrado. Mas tiene tan gran valor este resultado en la prueba por él suministrada, que la for mación metastásica de los tumores se provoca, no mediante una propiedad específica, sino más bien, en último término, mediante una cualidad de los mismos que han adquirido con el tejido embrional, así como también la fa cultad de aumentar bajo favorables circunstancias, separándose de su primi tiva relación con ellos, la proliferación de fragmentos diseminados en lejanas regiones. Los procedimientos que facilitan el desarrollo de las partículas de los tumores embólicos no se deben, por tanto, considerar como consecuencia de condiciones especiales, sino que más bien son motivados por la capacidad de proliferación inherente á ellos mismos, que muchas veces es bastante distin ta; pero, hablando cualitativamente, ésta es una capacidad idéntica á la que también se halla en los tejidos normales del embrión; sin embargo, por más que el tejido embrionario, sin duda alguna, posee la capacidad de proliferar, no se puede decir seguramente con esto que todos los tejidos capaces de pro liferar sean embrionarios, ó, lo que es lo mismo, que cada tejido de nueva formación sea embrionario, porque todos sabemos que existe una formación embrionaria. A pesar de esto, se ha llegado á considerar en tiempos recien tes, con arreglo á la doctrina del desarrollo del neoplasma, como existen tes algunos gérmenes embrionales, y á negar en absoluto toda propiedad de proliferación del tejido adulto. El aplauso que la hipótesis de Colmheim ha merecido en todo el mundo acerca del desarrollo de los tumores, y en particular de los sarcomas muy ricos en células embrionales, corresponde muy poco á la reserva con que el autor la hizo pública (1), declarando resuel- (I) Vorlesxmgen Uber allgem. Palhologie. Erstó Auílage. Band I. S. 634. u
1394 Sobro la histología y la histogénesis del sarcoma. (48 tamente que no se debía dar mayor valor á su hipótesis que el de un experi mento sin pretensiones, y que sostenía únicamente como causa principal que tal vez sea una falta ó anomalía de las condiciones embrionales, en las cua les debía buscar la verdadera causa del tumor en su desarrollo ó génesis. Es verdad que Colmheim declaró terminantemente, diciendo que con respecto á la constitución de un tumor, más bien se trata de una sustancia celular em brionaria que excede los límites fisiológicos, permaneciendo latente en los tejidos vecinos adultos, hasta que existe un motivo adecuado para una nueva proliferación; esto puede tener lugar durante toda la vida del indivi duo por cualquier causa. Pero Cóhnheim ha precisado recientemente su hipó tesis más que lo estaba en su principio. Así es que ahora manifiesta á sus lectores el deseo de que no se atengan demasiado literalmente á las palabras de excesiva sustancia celular, y cree que quizá sería aún más justo ocuparse, en lugar de esto, de aquella sustancia que contiene potencia para la forma ción del tumor consecutivo; pues depende de esta potencia, por más que no sea otra propiedad, como tan frecuentemente tanta importancia se le da en la creencia del desarrollo individual, y si se quiere, en lugar de la expresión usada, según el modo de decir de Ziegler, de una agrupación de células que desde el principio ha recibido una fuerte vitalidad anormal, no tendría nada que decirse en contra. Es claro que Colmltoim, con esta confesión, ha quitado á su hipótesis la originalidad (1), pues es sabido que lo que él denomina po tencia y disposición potencial no es otra cosa más que lo que conocemos hace mucho tiempo con el nombre de predisposición hereditaria; pero es cierto también que ni por la potencia embrional ni por la disposición here ditaria no se explica nada, pues ambos conceptos no significan otra cosa más que el hecho conocido y demostrado como incontrovertible de predisposicio nes hereditarias, para las enfermedades , y miéntras no podamos demostrar estas disposiciones anatómica ó fisiológicamente estaremos quizás obliga dos á conformarnos en absoluto con el hecho, pues en todos los ensayos de interpretación de este asunto creemos inmediatamente en una hipótesis sin fundamento y en analogías volubles. Solamente está probado que la pre disposición ó tendencia de las partes, informándose á consecuencia de cier tas influencias, puede desde luégo ser adquirida, no tan sólo por la heren cia, sino que también en el trascurso de la vida del individuo, y lo mis mo en la intra que en la extra-uterina, por más que se conceda al principio ó idea de la herencia un amplio predominio, y tienda á limitar la predispo sición para el desarrollo de un sarcoma de la persona afecta. Saltando va rias generaciones, hasta los antepasados, sufriendo también esta enfermedad, no debe continuar durante toda la eternidad, sino que al fin se debe llegar á (1) Vorlcsungen tiber allgem. Pathologie. Zweite Audage. Band I. S. 740.
■^*^) Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. 1395 un individuo en el cual dicha predisposición ha debido ser producida por iníluencias posteriores. Y el que conoce los maravillosos resultados experi mentales, que áun recientemente se han ampliado, de JBrown-Scquard^), res pecto á las consecuencias hereditarias de las lesiones y las mutilaciones, se convencerá pronto de que la disposición á un tumor, en último caso, debe ser adquirida, y parece más plausible esta idea ahora que no después de ha ber leído el tratado de Cohnheim acerca de este asunto. Ya sea hereditaria ó adquirida la predisposición al sarcoma, permanece latente, sin embargo, como por regla general se cree, siempre la predisposi ción, miéntras que no haya una influencia exterior que motive el verdadero desarrollo de dicho tumor. Colmheim, sin que justa ó injustamente lo demues tre, no busca esta influencia en una propensión nerviosa ó en excitaciones anormales de este sistema, sino únicamente en un aflujo de sangre, compro bando este hecho con multitud de experimentos, á saber: con el desarrollo frecuente de exostósis en la época del desarrollo del esqueleto y en la época del mayor desarrollo dermoideo en la pubertad, cuando tiene lugar el desar rollo de la barba, etc. También indican procesos activos de desarrollo en la hoja externa del blastodermo, y el hecho de los quistomas oválicos, por re gla general siempre preponderantes en la época de la pubertad, y además con la circunstancia de que el estado de gestación acelera la marcha de los tumores de la mama y de los ovarios (2). Estos experimentos y otros análogos no son bastante plausibles para de ducir mediante ellos la creencia de una hipótesis justificada de que únicamen te se debe buscar en el mayor aflujo sanguíneo la causa del desarrollo del tu mor en la parte predispuesta. Pero están ciertamente en abierta contradicción con el experimento presentado por Cohnheim «para rechazarla relación cau sal entre el traumatismo y el tumor efectivo,» y hasta á no dar crédito á aquellos casos en los cuales se luí desenvuelto una neoplasia en inmediata re lación con una causa mecánica (3). Por ejemplo, si se desenvuelve en un hom bre jóven, después de una caída sobre la rodilla, un fungus medular ó hematodes de la epífisis superior déla tibia ó de la parte inferior del fémur, no habrá persona cuyo juicio no adolezca de oscuridad de pensamiento que se incline á admitir aquí una vez más la legitimidad del^osí hoc ergo propter hoc, cuan do tal observación en modo alguno está aislada; pues esto no prueba nada en contra de una relación causal entre el traumatismo y el tumor en la inmensa mayoría de los casos en los que no se presenta un tumor neoplásico después del efecto traumático , pues apénas necesita ser mencionado si uno se asegu- (1) Comptes rendus de VAcad. des Sciences. Vol. 94. N. H. pág. G97. (2) A. a. O. Auüage 2. S. 74L (3) A. a. 0. S. 732. CNIVERS1DADK DE SANTIAGO DE CUMPÜSIL u
1396 Sobre la histología y la histogénesis dol sarcoma. (50 ra claramente de la existencia de una predisposición local que por sí sola pueda dar lugar precisamente á un tumor, cuando aquí la irritación necesa ria, como segunda condición, está fuera del caso sin la misma.-También se luí visto obligado el mismo Cóhnheim á conceder esto últimamente. Así es que, después que él ha considerado la hiperhemia como una causa predisponente única del desenvolvimiento del tumor, conviene él también, áfuer de su demé rito, en que, dada la disposición de un sistema ó de una parte cualquiera del cuerpoepara la reproducción de un tumor , un traumatismo determina, sobre todo ocasionalmente, el sitio especial de su desarrollo. De esta manera, y á pesar de las propias concesiones de Cóhnheim, no es de ningún modo superfina la hipótesis tan aplaudida y tan recomendable, puesto que la causa fundamental considerada por él como potencia para el desarrollo del tumor es idéntica á la predisposición de los autores antiguos, y la posibilidad admitida por él de la eficacia de un traumatismo para el des envolvimiento de un tumor depende ó concuerda principalmente en parte con la manera de ver de los antiguos. Al lado de la hipótesis de la existencia de una disposición embrionaria para los tumores, y especialmente para el sarcoma, aparece en inmediata relación con esto la opinión de los autores más modernos que creen en la posibilidad de un desenvolvimiento directo de los elementos neoplásicos procedentes de los elementos délos tejidos adultos; pues la oposición que manifestaban, os tenta los mismos en contra de la capacidad de proliferación de una célula cuando la misma ha llegado al apogeo de su desarrollo no reconoceun motivo fundamental, y si bien para la génesis de aquella hipótesis no ha sido favora ble, lohasido, sin embargo, parala extensa propagación déla misma. Cóhnheim dirige á sus lectores la discreta pregunta: ¿Si realmente las células de la dura madre ó de los senos venosos , ó de una fascia, ó del tejido conjuntivo disemi nado , se les puede considerar como capaces de un desarrollo individual que ellos, según la teoría trasformista y renovadora de Schulta-Schultzenstein y Stricker, puedan producir después de la primera vez de nuevo sustancias ó elementos de tejido embrional en alto grado, ó si ellos no podrían preferir mejor recurrir para explicar la rapidez extraordinaria con que se verifica la leproduccion á los gérmenes que con tanta abundancia invariablemente así se conducen? (1). Y según la capacidad de Weitgert (2), la capacidad de proli feración de los elementos de los tejidos adultos es seguramente un mito que merece ser arrojado con la historieta del jóven molinero, ó del jóven pocero, y del Fausto resucitado en la turba de un laboratorio de brujas. Semejante oposiciones tan singular como la idea que por otra parte admi ( I) A. a. O. Zweite Aull. S. 752. (2) Virchow ’ s Archiv. Band 88. S. 308. u
51*) Sobro la histología y la histogéhésis del sarcoma. 1397 te Colvnheim sin escrúpulo, diciendo que la neoformacion regenerativa depen de única y exclusivamente de la propiedad que tienen las células ya forma das que se hallan alrededor de la herida para la proliferación (1), miéntras que, sin embargo, en su oposición manifiesta contra la teoría renovada y usurpada, se debió más bien concretar á la explicación que con respecto á este asunto pretendieron hallar Hasse y Goete, pues ellos han deducido la consecuencia que de la tendencia de los elementos ya perfectos á poder proliferar resulta necesariamente, según uno de ellos, que precisó los elementos embrionales de los elementos normales de los tejidos, de los cuales siempre deben resultar las neoplasias. No cabe duda que se citan tan numerosas é interesantes observaciones confirmadas acerca del problema de la regeneración, considerándola como un resultado de la capacidad proliferativa de los elementos conformados, y que se pueden desde luégo admitir estos hechos como los testimonios más autorizados para, acreditar la teoría de los fenómenos de crecimiento del or ganismo animal. Y nadie duda de la neoformacion progresiva de todas las células del epidérmis y de la combinación celular en la historia de los epite lios; también Colmheim se ha convencido, por las observaciones de numerosos experimentadores, que esta neoformacion depende de los epitelios ya forma dos, la que siempre se verifica después de las pérdidas de sustancia y á be neficio de cualquier epitelio que se halle en el fondo ó en los bordes del hue co epitelial (2). Con respecto á los vasos sanguíneos, ha declarado J. Arnold (3) que su desarrollo, su regeneración y las llamadas neoformaciones inflamatorias proceden da los capilares adultos circunvecinos; y si, por lo di cho, semejantes hechos histogenéticos hablan en favor de la idea de que todo el tejido conjuntivo no es otra cosa más que una neoformacion adventicia, y cuyo desarrollo depende de las paredes de los vasos sanguíneos jóvenes, entónces se comprobaría, lo mismo para éstos que para las sustancias conjun tivas en general colocadas en su misma categoría, que se trataba en dicha regeneración ó neoformaciones postfetales, ó de células embrionales, ó de glóbulos coloreados, sino más bien de una génesis de la misma especie que por su origen embrional indiferente se separa de los elementos específicos por una quizá larga serie de generaciones de la misma especie. A favor de esto vienen las comprobaciones suministradas por Eberth^ y más tarde por Senflleben (5) acerca de la regeneración de la sustancia córnea procedente de la misma especie de formaciones originarias; además, los experimentos sobre íl) Virchow's Archiv. Bd. 78. S. (2) A. a. O. 2te Auflage; Batid 1. S. 690. (3) Virchow's Archiv. Bd. 53. S. 70 und Bd. 54. S. 1. (4) Virchow's Archiv. Batid. 67. S. 523. (5) Ebendort Bd. 72. S. 542.
1398 Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. (52 neoformaciones regenerativas de los nervios periféricos y de las fibras es triadas de los músculos que han sido repetidos por varios observadores, y últimamente los resultados obtenidos, confirman cada vez más que desde luégo no se trata de otra cosa más que de uu desenvolvimiento dependiente de los elementos que se hallan en las inmediaciones y que han llegado al apo geo de su perfección. La oposición enérgica que Colmheim ha manifestado contra esa teoría, usurpada y resucitada, concuerda poco con estos hechos, casi por todos recono cidos, pues éstos no sólo facilitan la explicación de semejantes fenómenos re productivos que se presentan en último resultado en un defecto traumático, sino que constituyen más bien los factores más importantes para las activi dades formativa y nutritiva normales de numerosos tejidos. Sería superfino encomiar estos hechos, en cuanto se refieren especialmente á las formaciones epidérmicas , pues también en los músculos hay hechos que prueban una de generación progresiva y una neoformacion de sus elementos específicos, que progresa casi de la misma manera y que procede de las fibras que los mis mos contienen. Y con respecto á los nervios periféricos, ha probado recien temente Sigmund Mayer (1), mediante observaciones apropiadas, que tam bién en condiciones normales y sin lesión de los mismos puede verificarse una destrucción y una verdadera neoformacion de sus fibras, hecho que ya hace treinta años había demostrado Stannius (2), pero que había hallado po cos partidarios y se fuá relegando poco á poco al olvido. Si de esta manera y como, al parecer, sucede, toáoslos tejidos se pueden regenerar después de uu defecto , y en circunstancias normales pueden perecer sus elementos formes y desarrollarse de un modo duradero, entónces se podría completar con F. Buscli(3') la teoría que pretendió presen tar, y que es bastante acertada, diciendo que también la regeneración de los defectos traumáticos en estos tejidos se realiza únicamente mediante una proliferación normal; pero en contra desemejante opinión se opondrían otros hechos cuyos fundamentos no quiero exponer aquí, y los cuales manifiestan la producción lujuriosa que se presenta después de las pérdidas de sustancia, y que se pueden demostrar mediante el tejido conjuntivo hiperplásieo de las ci catrices. Si no se quiere admitir aquí una larga duración, quizá anormal, de la vida de los tejidos nuevos, en favor délo que, sin embargo, no habla inci dentalmente niáun un solo hecho,entónces es necesario, para explicar esta hiperplasia, admitir uu aumento de la actividad proliferativa de los elemen- (1) Ueber VorgUnge der Degeneration und Regeneration im unversehrlen peripherischen Nervensyst'-m. Prag 1881. (2) Beobachtungen über Verjüngungsvorgtinge im thierischen Organismus. Roslock und Schwerin 1853. (3) Diese Ntirtrage N. 178.
59) Sobre la histología y la histogénesis dol sarcoma. 1405 que oponen escasa resistencia á la proliferación. Por este motivo, los tejidos conjuntivos intersticiales circunvecinos son los más abonados para que el sarcoma envíe sus prolongaciones , ó también tiene ésta lugar por la luz de los vasos mismos que le circunscriben, debido á las condiciones escasas de re sistencia, y por donde se propaga para dar lugar, á causa de las compresio nes que por su progresivo desarrollo se aumentan, á la destrucción de las glán dulas, los músculos y los nervios que se hallan situados entre dichas prolonga ciones. A esta propagación local en dirección de la escasa resistencia es debida la forma de periostio que algunas veces adquiere el sarcoma. Sabida es la manera de propagarse en el interior de los huesos, en cuya superficie toma su asiento muy á menudo; pero aquí la propagación no se verifica con regu laridad y de tal modo que su masa general, colocada entre el periostio y el hueso, invada al mismo tiempo la sustancia de este último, sino más bien de manera que sus hacecillos se detienen en los canales vasculares del hueso, éstos rellenos y atravesados por los fascículos que más progresan cada vez, y que, últimamente, llegan á la sustancia medular, ó también en la superficie del hueso, saliendo por los lados opuestos al punto de partida para entónces reflejarse de nuevo bajo la influencia de la más leve compresión, y fluir libre mente por el efecto comprimente de las paredes resistentes de los canales vasculares en forma de una masa neoplásica continua. , - Muy fácilmente se convence uno de este fenómeno, por lo general secun dariamente en los sarcomas que se desarrollan en la bóveda craneana, en la superficie exterior de la dura madre (pericráneo interno), y nuestra colec ción posee algunas preparaciones (1) en las que se puedan apreciar fácilmente á simple vista todos los fenómenos. Uno de ellos correspondía á un hombre de cuarenta años, en el que se observó tres ó cuatro meses ántes de la muer te del mismo un sarcoma periostal en la parte superior del muslo derecho, que, desarrollándose rápidamente, invadió la cavidad medular del hueso, ha biendo producido la fractura espontánea del hueso en la parte correspon diente. Algunas semanas ántes de haber ocurrido la muerte se observó un tumor del diámetro de un duro, que gradualmente se había desarrollado en la parte alta del cráneo y desde la parte media de dicho punto, extendiéndo se á igual distancia en ambos lados de la sutura sagital, y que, como compro bó después la autopsia, correspondía su punto de partida á la superficie in terna de la cavidad craneana, hallándose situado entre ésta y el pericráneo interno. La superficie ósea de la cavidad craneana estaba en su superficie exterior, y la interior casi á la misma distancia ocupada por el tumor, que cubría entre sí la parte correspondiente de hueso; y puesto que, prescindien do de una condensación en masa de esta región , parecía intacta á simple (I) Serie 1873. N. 180. 1881. N. 3Í. u
1406 Sobro la histología y la histogénesis del sarcoma. (6U vista por la sección trasversal, y sólo tocando la superficie del tumor exter no é interno se sentía aspereza, se podía presumir al primer golpe de vista que el tumor se había desenvuelto por los dos lados opuestos de la superficie ósea, tanto en la exterior como en la interior, y que se había encerrado exactamente entre las dos partes de tumor la porción de hueso de la bóveda craneana. El tumor, que á simple vista parecía completamente bífido, observado al microscopio se comprobaba desde luégo que no existía una verdadera sepa ración, y que las dos partes estaban unidas por numerosos filamentos y teji dos que se propagaron por los canales diploicos, formando de esta manera una conexión continua entre la parte externa y la interna del tumor. La neoplasia ofrecía el aspecto de un tumor primitivo con los detalles del sarcoma fusocelular, con una mezcla bastante considerable de células redondas de mediano tamaño agrupadas en parte; esto estaba en armonía con el tejido abundante que se hallaba en el interior de los canales vasculares diploicos. Se observaba también un tejido de estructura fascicular muy notable encer rado en el trayecto de los canales, compuesto de células vasculares y haces fibrilares, y en la superficie unas agrupaciones más ó ménos numerosas, ya unidas entre sí, ya separadas unas de otras por haces fibrilares y elementos redondos de bastantes dimensiones. . Las paredes de los canales diploicos estaban intactas en algunos puntos, yen otros se percibían de tal manera, que su superficie plana se hallaba in terrumpida por excavaciones ovoideas de distintas dimensiones. En muchas de estas lagunas se hallaba alguna que otra célula gigante muy voluminosa y con muchos núcleos, lo mismo que se observa muchas veces en los procesos que ocasionan destrucciones de los huesos, ya sea por tumores ó por fenómenos inflamatorios. Este caso es interesante, no sólo porque ofrece un ejemplo acabado que demuestra palpablemente la propagación local del sarcoma en la dirección de las partes que le oponen escasa resistencia, sino que también demuestra de qué manera un sarcoma, en un hueso plano desarrollado, atraviesa por com pleto los canales vasculares del mismo, y cómo se puede desenvolver for mando los focos en las partes opuestas de la superficie del hueso libremente, por lo cual, durante su tránsito por el hueso, la compresión que impedía su propagación podía desenvolver de nuevo una masa neoplásica compacta. Los antiguos observadores, entre los cuales se debe mencionar especial mente á C. Siebold (1) y PK v. Waltlier (2), han interpretado los casos seme- (1) Arnemanns's Magazinder Wundarzneiiuissenschaft. Bd. 2. S. 419. (2) Jour. f. Chirurg. u. Augenheilkde. Bd. I. S. 55. S. aucb Ebermayer, Ueber den Schwanim der Schildelknochen und die schioammartigen Ausivilckse der harten Hirnhaut. Diisseldorf 1829. UNIVERSIDADE: J DE s a n t ia g o ; DL' COMPOS I LLA
61) Sobre la histología y la histogénesis dol sarcoma. 1407 jantes diciendo que no se trataba en ellos de una salida del tumor de la dura madre, sino más bien de un desenvolvimiento del tumor en el díploe ó de una participación simultánea de éste, de la dura madre y del pericráneo. Pero ya Chelius (1) ha probado el poco valor de esta opinión, y por diferen tes motivos, si bien en parte no son fundados, admite como el sitio origen primitivo de esta neoplasia la dura-madre. Uno de los fundamentos más importantes estriba en la circunstancia de que el tumor interno constantemente es algo mayor, es decir, el de la super ficie interior craneana adquiere mayores dimensiones que el exterior; pero ocurre aquí una cosa, y es que de ninguna manera, en los tumores raros y múltiples que tienen su asiento en la dura madre, se observa que uno ó varios de los mismos tome su asiento en la superficie exterior del cráneo; pero también sucede que, de los diferentes tumores que se propagan por los dos lados de la superficie del cráneo, áun puede existir un gran número que se hallen solamente en la dura-niadre y en los canales vasculares de la superfi cie interior de la bóveda que los limitaba hácia arriba, casi nada ó solamen te se había propagado detrás de sus propios límites de la propagación que éste había suspendido más ó ménos. Además de las luces que suministran estos casos acerca de la propaga ción de los sarcomas en la dirección de su escasa resistencia, tienden casi á hacer posible una explicación de la marcha de la destrucción que experimen tan los huesos cuando un sarcoma perióstico ha invadido la sustancia de los mismos. Esta destrucción no se verifica al mismo tiempo invadiendo gran des superficies, sino más bien empieza por los canales vasculares rellenos de la masa del tumor, y se ván produciendo extensos reblandecimientos lagu nares de la sustancia ósea separada por los canales vasculares hasta llegar gradualmente á la completa desaparición, dando lugar de esta manera á un continuo vacío entre las partes canaliculares del tumor en la parte correspon diente á los progresos de la proliferación, cuyo tamaño permite la unión fácil entre la parte intra y extracraneana, y cuya circunstancia da lugar á la unión de las dos partes, formándose de esta manera un tumor igualmente só lido. De esta manera se explica el que un sarcoma perióstico desarrollado en el interior de la cavidad medular puede llegar á propagarse de una ma nera muy extensa, aunque la lámina ósea, situada entre las dos partes de la neoplasia, aparezca á simple vista que participa muy poco ó que su altera ción es insignificante. No siempre ocurren, como ya de paso hice notar, los fenómenos de des trucción en los huesos bajo la influencia de las células gigantes, ó más exac- (I) Die Lchre von ten schioammigen AusioUchsen dcr harten Hihrnhaut und der SchUdelknochen. lleidelb. 1836. S. 57. 58.
— 1408 (62 Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. tamente, no siempre se observan células gigantes en las lagunas de los tejidos óseos destruidos. En el caso mencionado eran notables y numerosos, y en otro que yo he observado no se hallaban en las muchas excavaciones laguna res que existían; estas últimas estaban llenas, por el contrario, únicamente de células neoplásicas sin alteración alguna. Esto ha sido comunicado ya en otra ocasión, y se admitió por esto la idea que la reabsorción ósea nocousistía ni era dependiente de las cualidades de las células fusiformes. A pesar de que se debe tener en cuenta que las células gigantes se desenvuelven en tro pel y pueden faltar, y que la reabsorción ósea sólo tiene lugar posiblemente durante los períodos de su existencia, cuando esta condición les falta á las fracturas más bien que otra cosa. No es de gran consecuencia para la propagación del sarcoma una capa cidad de resistencia mecánica considerable de los tejidos ó partes de tejido que le circunscriben: se demuestra esto también por la.circunstancia de que aquellas partes del organismo que se distinguen por una flexibilidad y una dureza especial, por lo que los sarcomas se desarrollan en sus inmediacio nes sólo muy lentamente y muy tarde pueden ser atacados y destruidos. El ejemplo más notable acerca de esto lo ofrece el cartílago, que, debido á la cualidad compacta y resistente de su tejido y á su completa carenciii de vasos, puede oponer resistencia con los mejores resultados contra la inva sión del sarcoma que se halla en sus inmediaciones. Nada más común que observarlo entre una masa sarcomajosa, como muchas veces ocurre en el sarcoma, que se desenvuelve en la epífisis de la tibia ó el fémur en la arti culación de la rodilla, observándose el cartílago interarticular casi comple tamente intacto, y esto no sólo ocurre cuando el hueso no ha sido intere sado, sino que también se conservan aunque la proliferación haya invadido toda la cavidad articular. De la misma manera se comporta el periostio, el cual desempeña el papel de reserva, impidiendo la propagación de las pro liferaciones sarcomatosas que se hallan entre él y la superficie del hueso, pu diéndose retardar de esta manera por espacio de mucho tiempo la propaga ción del tumor á los tejidos inmediatos. En el caso que éste se haya roto ó incindido por la mano del médico, desde luégo se comprende que cesará su resistencia, enviando entónces el tumor prolongaciones que invaden los elementos de los tejidos inmediatos por haber perdido la valla que les servía de reserva, y se propaga en ellos en este caso con la misma rapidez que cuando tiene su asiento en el interior de una cavidad medular ó en la superficie plana de un hueso, y lo mismo que cuando logra atravesar los canales vasculares óseos partiendo de la superfi cie del mismo ó del periostio. Las membranas fibrosas resistentes, por ejemplo, las fascias, y especial mente si son pobres en vasos, pueden, de la misma manera que los cartílagos se I DL COMPOSTELA
63) Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. 1409 y el periostio, desempeñar por largo tiempo el papel de diques contra la pro pagación del tumor. Es ya sabido, y se explica por lo dicho, á la vez que también lo demuestran los hechos, la relativa benignidad que ofrecen los sarcomas incapsulados, pues la cápsula que encierra muchas veces un sarco ma impide, por la misma causa que el cartílago ó una cubierta fibrosa, la propagación del mismo á los tejidos inmediatos, suponiendo naturalmente que esta cápsula no sea rica en vasos y tenga consistencia bastante. Si por alguna circunstancia se rompe, ó bien el sarcoma no se halla completamente encerrado, entónces se propaga con mucha rapidez enviando prolongaciones, ya á los vasos vecinos, ya muy frecuentemente á los intersticios del tejido conjuntivo, en cuyas hendiduras linfáticas continúa desarrollándose, rodean do inmediatamente las partes constituyentes de los órganos respectivos, músculos, nervios y glándulas, cuyos elementos se pueden conservar, áun á pesar de esto, por largo tiempo rodeados de esta sustancia extraña, hasta que últimamente, por la compresión cada vez más graduada, por la proliferación intersticial de las partículas del tumor, llegan á desaparecer. Esta es la manera de ordinario, y quizá constante, como se propaga el tumor en los tejidos inmediatos, y de este modo nos explicamos los efectos destructores de los tejidos inmediatos producidos por el mismo, es decir, su propagación periférica cada vez más extensa y la destrucción de los tejidos circunvecinos que por lo mismo claramente se observan; de aquí que cono cemos perfectamente esta manera de propagarse este tumor, y nos hemos apoderado del concepto de su influencia destructora ó, como verdaderamente se debe llamar, de su malignidad local. Pero no solamente los efectos perniciosos que produce el sarcoma en sus inmediaciones se explican por su tendencia á la proliferación en dichos puntos y la escasa resistencia de las partes de los tejidos contra la misma, sino que también una gran parte de su especie de malignidad parece depen der déla manera de propagarse este tumor en sus inmediaciones; pues es muy evidente, y está en armonía con los hechos presentados, que las partí culas del tumor, proliferando en los vasos sanguíneos y en los espacios lin fáticos, pueden ser trasportadas fácilmente á las regiones distantes en las que-faltara tanto tiempo, como por una envoltura pobre en vasos é inaltera ble que hubiera disminuido esta proliferación. Así se explica la gran diferen cia de opiniones con respecto á la malignidad del sarcoma, que ocasiona pre cisamente los juicios contradictorios sobre la benignidad ó la malignidad específica de las diferentes formas del mismo que en el trascurso del tiempo se han suscitado (1). En sí, ni es maligno ni "benigno, pues depende de las cir cunstancias. (I) Virchow, Gechswllte Bel. II. S. 205. UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE COMPOST1
1410 Sobre la histología y la histogénesis del sarcoma. (64 Estas circunstancias no estriban solamente en los distintos grados de propagación del sarcoma en sus inmediaciones ó en regiones apartadas; más bien, y esto apénas es necesario que lo recordemos, el sitio y el tamaño del tumor tienen importancia con respecto á su significado en el organismo, oca sionando á menudo por sí solas sus cualidades de malignidad. Es evidente, y se ha dicho bastantes veces, que un tumor situado de cierta manera que comprima las partes más importantes del cerebro ó de la médula, ó ciertos canales, conductos, etc., produce efectos más malignos para dichas partes que un tumor precisamente del mismo tamaño situado en el tejido celular subcutáneo de una extremidad, y se comprende fácilmente que un sarcoma que en el trascurso de pocas semanas, desde sus mínimas proporciones pri mitivas llega á adquirir el tamaño de la cabeza de un hombre, producirá efectos más desfavorables para la nutrición en general que otro que en el trascurso de un decenio adquiere escasas dimensiones, ó, como se suele decir, que se estaciona largo tiempo. Probablemente depende de esto la causa principal del peligro, como, al parecer, demuestran los hechos en unión con la rapidez del desarrollo del tu mor, y éste es el motivo por qué, como dice Virchoio (1), todo sarcoma de pe queñas células es más peligroso que el que las contiene mayores, pues cuanto más rápidamente crece el sarcoma, tanto ménos tiempo les queda á las célu las para adquirir notables dimensiones; así es que la verdadera causa de la malignidad debe buscarse, no en la pequeñez de las células, sino, por el con trario, en el rápido desarrollo del tumor. Los sarcomas de grandes células crecen, por el contrario, lentamente, pero no es por esto por lo que contie nen grandes células, sino porque su desarrollo es muy tardío y las células tienen tiempo de crecer hasta la muerte del paciente ó hasta la extirpación del sarcoma, pudiendo adquirir un tamaño considerable. En la gran tenden cia y la capacidad proliferativa de las células que componen un tumor debe, pues, buscarse la causa verdadera de su gran malignidad, puesto que es con dicionada principalmente por su rápida proliferación. Las células sarcomatosas, así como las del tejido conjuntivo, no poseen por sí y ante sí ninguna propiedad que las predisponga á la desaparición temprana, pues conservan la vida por largo tiempo, en caso que se hallen en condiciones favorables para la nutrición. Si se observan también en estos tumores alteraciones regresivas y necrósis tan á menudo, propagándose rara vez á sus inmediaciones, debe buscarse la cansa de esto, no en una especifi cidad de las células, sino más bien en las causas que aniquilan ó impiden su nutrición. Una causa importante de esta naturaleza estriba, ante todo, en la desproporción que muchas veces existe entre la sangre arterial que riega el (1) GescKwUlste Bd. II. S. 269.
65) Sobro la histología y la histogénesis del sarcoma. 1411 tumor y la masa parenquimatosa del mismo. Ciertamente que hay muchos sarcomas ricos en vasos; mucho más ricos se deben suponer en general los ejemplares que sometemos á la investigación cuanto más pálido y anémico sea su aspecto, y algunas veces me he admirado de la desproporción que existe entre los capilares perceptibles y la cantidad de inyección necesaria para poner de manifiesto los mismos. Pues es indudable que en los sarcomas de rápido desarrollo no siempre progresan de la misma manera el desarrollo vascular y la proliferación de las células, privando de este modo al parénquima, más ó ménos abundante, del contacto de las sustancias solubles, ri cas en materiales de nutrición; por este motivo tiene lugar de la misma ma nera la compresión creciente producida sobre las células parenquimatosas, á la vez que los vasos que allí existen se hallan comprimidos, y además una alteración muy manifiesta de las paredes de los vasos, especialmente en el sarcoma adulto, que por la condensación del mismo y las atresias consiguien tes puede llegar á producir la completa obliteración de la luz de los mismos. De esto dependen aquellas necrósis y degeneraciones caseosas ó grasosas que ordinariamente se presentan en foco, cuyo color pálido y amarillento, juntamente con los derivados de la sustancia colorante de los glóbulos rojos extravasados, da lugar á que la superficie de sección del sarcoma suminis tre á menudo el aspecto que recuerda más bien la paleta de un pintor que el parénquima de una neoformacion del cuerpo humano. No siempre son los focos hemorrágicos tan frecuentes que se observan en el sarcoma producidos por degeneraciones grasosas ú otros reblandecimien tos de las paredes vasculares ó de las partes vecinas, sino que muy á menu do consisten en la extraordinaria delicadeza que muy á menudo poseen los vasos del sarcoma, especialmente aquellos capilares del mismo que en la es tructura de sus paredes tienen las condiciones de un capilar , pero que ofre cen un diámetro mucho mayor que los capilares de los tejidos normales. Se mejantes vasos sangran fácilmente por la más leve causa exterior , y dan lugar al desenvolvimiento de focos hemorrágicos ó infiltraciones ocasionadas por la extravasación de grandes y pequeñas cantidades de sangre que se hallan extendidas por todo el parénquima del tumor, por lo que han recibido el nombre de fungus hematodes. Ya sean debidos estos fenómenos al desarrollo de un foco necrósico ó hemorrágico, siempre se observa en sus límites, suponiendo que ha durado bas tante tiempo, un desenvolvimiento de tejido conjuntivo limitante que, por la calidad de su estructura histológica, es tan notable como ella misma en cualquiei sarcoma cuyos elementos en su tamaño y forma se desvían notablemen te de las células de los tejidos normales, pero que dejan reconocer, sin em bargo, la estructura de las neoformaciones regenerativas ordinarias del teji do conjuntivo. 9 u
1412 Sobre la histología jla histogénesis del sarcoma, (G6 Su desenvolvimiento da lugar á una limitación precisa de los focos que se forman gradualmente á su alrededor, que hasta entónces eran inde terminados, y para la génesis de los espacios quísticos circunscritos que pro ducen, cuando ellos presentan en tamaño el aspecto de un tumor de cantidad muy considerable, una división numerosa de los circunvecinos, y, genésica mente considerados, de muy diferente categoría tí la de los cistosarcomas. Todo el mundo sabe lo poco apropiada que es la denominación que gene ralmente se da á la forma de tumor que nos ocupa. Sarcoma quiere decir tanto como tumor de carne; pero nadie admitirá que es carne como la llama da bravia, con cuyos músculos el sarcoma tiene una gran analogía. Puesto que se ha adquirido el conocimiento fundamental de la génesis de la estruc tura histológica del sarcoma, y, según esto, no es otra cosa más que variadas formas y direcciones de la proliferación del tejido conjuntivo ó de la sustan cia de dicho tejido, se debía intentar como consecuencia lógica denominar este tumor con el nombre de dermoide ó jíbroma, y agruparlos al mismo tiempo con los tumores que se conocen con este nombre; y, en efecto, se de bilita todo fundamento interno debido á su desintegración si se piensa que el sarcoma, sólo á causa de esto , rara vez elabora un desarrollo de tejido conjuntivo fibrilar, porque no lo consigqen, por regla general, los que son bastante adultos, pues el sarcoma conduce, por su rápida proliferación ó por otras circunstancias, á la muerte, ú reclama la extirpación á causa de su progresión fibroplástica; pero, á pesar de este próximo parentesco con el tumor del tejido conjuntivo, se ha basado en el estrecho sentido de la pala bra la separación de ambos en la mente del médico; y si se quiere convenir también, bajo el punto de vista clínico, en la dosificación y división justifica da de los tumores, se encuentra una fundamentacion clara y absoluta en ht diferencia que ofrece el proceso del mismo, que á lo ménos no sería nada práctico que, considerando, á pesar de esto, tan próxima la clase del sarco ma, se quisiera, solamente atendiendo á su mal apropiado nombre, engrosar más su familia con la adición de numerosas neoplasias aparte de las ya men cionadas. Siempre es bastante notable que precisamente el mayor número de las neoformaciones , ya por la existencia de sus peligrosísimas condiciones para el enfermo, como el carcinoma, el sarcoma y el tubérculo, al lado del ateroma, del acné, del milio, molusco, clavo y condiloma, á la luz de la mo derna ciencia histológica, pudieron conservar sus nombres basados en gro seras y á veces ilusorias semejanzas ó justificadas desemejanzas con cuales quiera formaciones vegetales ó animales, mientras el pólipo, el fungus y el ficus, el meliceris fórmico y tumor perla, el esteatoma encefaloide y de for ma de coliflor, el grutum, acrotimium y acrochordon, han caído cada vez más en desuso, y que precisamente Virchow, el que primero y más magistralmen
67) Sobro la histología y la histogénesis dol sarcoma. 1413 te lia piesentado la oncología sobre fundamentos histogénicos , no cree pru dente desechar el nombre de sarcoma, sino que más bien se resuelve á con servarle, porque, en efecto, aparece la necesidad interna de un nombre espe cial para distinguir ciertos tumores pertenecientes á la expansión de la sus tancia conjuntiva, para lo cual bien podemos presentar un tipo general de des envolvimiento histológico para que no nos hallemos en estado de hacerlo, en especial por encontrar serias analogías entre los tejidos normales del cuerpo, como nosotros las hemos encontrado en los tumores hasta hoy discutidos (por Virchoiv en su obra De los tumores') (1). En virtud de tan importante sentencia, y en consideración á las circuns tancias , ha adquirido el nombre de sarcoma en la terminología patológica tan seguía carta de naturaleza, fundada en lo bien que Virchow la ha carac terizado, que hay que perder toda esperanza de lograr una designación indi vidual y conecta de estos tumores, y se habrá uno de resignar á encontrar aquí con singulares anomalías, como la de que un tumor sea llamado carno so cuando precisamente no tiene nada que ver con la carne , y tampoco como tejido conjuntivo con la sustancia muscular. Consolémonos, no obstante, con que es muy frecuente, como sucede en este caso, que no armonicen entre sí nombre y concepto , pues un nombre es humo y ruido. Pero aquel que en nuestro imperfecto mundo deplora con razón sus nu merosos absurdos, encuentra cierto consuelo poético y tal vez real en las pa labras de Julieta Capuletto, cuando dice: «Y qué es un nombre?»... ¿La rosa su olor perdiera , ni la gracia que se anida en su corola encendida porque otro nombre tuviera ? (Traducción de .TiiUeta y Romeo, por L. V. y F. S. ) (I) Geschieülste. Band. 2. S. 175. FIN. UNIVER51DADE DE SANTIAGO DE COMPOSTEl u
COLECCION DE LECCIONES CLÍNICAS MONOGRAFÍAS COMPLETAS Y CONCISAS SOBRE LOS PUNTOS MÁS IMPORTANTES DE TODAS LAS RAMAS DE LA PRÁCTICA MÉDICA PUBLICADAS BAJO LA DIRECCION DB RICARDO POR LOS PROFESORES DE CLÍNICA DE LAS UNIVERSIDADES ALEMANAS La publicación comenzó en el mes de Abril de 1877. Las Monografías correspondientes á los siete primeros años se remi tirán inmediatamente á los señores que deseen poseerlas, siempre que al pedido acompañe el importe á razón de 20 pesetas por año (24 Mo nografías). Desde l.° de Enero de 1884 la COLECCION DE LEC CIONES CLÍNICAS, de Volkmann, se publica en Madrid bajo la dirección del Dr. M. Carreras Sanchis. — PRECIOS DE SUSCRICION — Un trimestre, 5 pesetas. — Un semestre, 10. — ün afio, 20 Se publican DOS MONOGRAFÍAS MENSUALES ó sean VEINTICUATRO cada año, alternando las de Medicina, Cirugía y Ginecología. Los pagos se liarán adelantados, en metálico, libranzas ó sellos, de biendo enviarse los valores en este caso bajo certificado. Los snscritores tendrán derecho á recibir mensnalmente una REVISTA GENE RAL DE LOS PROGRESOS DE LA MEDICINA DE EUROPA Y EN AMÉRICA , por el Doctor D. Ramón Varela de la Iglesia, catedrático de la Facultad de Medicina de Santiago. En lo sucesivo, toda la correspondencia, giros y reclamaciones se dirigirán á D. M. Carreras Sanchis, Cervantes, 22 bajo izquierda, Madrid.