scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Revista del Centro Gallego, n. 150 (1929)

Full text

^ >^0 eVIíTA n«i U M A R I O f ' Mmt! fe Julio Sigüenza: PALABRAS SOBRE LA UBICACION POETICA DE ROSALIA DE CASTRO. — Wenceslao Fernández Florez : LA CAR  TERA PERDIDA. — Ramón Otero Pedrayo: NOITE. — Jaime Sola: EN LO ALTO DEL ANDAMIO. — Arturo Simonatti: LAS AGUA  FUERTES DE M. CASTRO GIL. — Manuel Casas: EL FERROCARRIL CENTRAL GALLEGO. — Manuel Linares Rivas: MIENTRAS SUENA LA GAITA. — Eduardo Blanco Amor: DIVAGACION Y PA  RAFRASIS SOBRE EL ESCULTOR ASOREY. — Augusto Barcia: LA DOCTRINA DE MONROE. — Ramón Cabanillas : UN POETA GA LLEGO DEL SIGLO XIX. — Leandro Pita Romero: LA CANCION DE LOS BOSQUES. — Juan Jesús González: ¿DONDE ESTAN LOS JOVENES DE GALICIA?. — A. Prado Miguez : ESTAMPAS VIGUESAS. — Johan Carballeira : UN INRI. — Carlos Florencio: CARBALLO CAPITAL DE BERGANTIÑOS. — EDITORIALES. — NOTAS DE REDACCION. — NOTICIARIO DE ARTE GALLEGO. — ETC. NTEVIDEO JULIO DE 1929 ii!!!llll!llllil!l¡l!l!illlll¡!l!lllll¡llllll¡l¡lll!lll!!!!!¡l!!l!ll¡l||||l!lll!¡l|||!lllll||||||||||||||||||||!l|íi|||!||||||!||||ii¡l!¡|¡!lii'lij ¡ 1 SURTIDO COMPLETO EN JUEGOS DE MESA DE PORCELANA DE LIMOGES; SEMI-PORCELANA INGLESA, Y LOZA ESTAMPADA Importadores Varela Radio & Cía. CERRO LARGO 999 'I I» ACEITE BAU - ^ Mas de 30 años de éxito Se distribuye gratis a ios Asociados EDITORIALES Montevideo Redacción y Administración: Edificio del Centro Gallego, San José 870 Julio de 1929 Teléfono: La Uruguaya 3081 (Central) En el próximo mes de agosto se cumple el ijO.'-' aniversario de nuestro Centro Ga  llego. Con tal motivo la Junta Direc  tiva está organizando un programa para festejarlo. Al escribir estas líneas todavía no están ultimados todos los detalles del mismo, y sólo podemos anticipar que figuran entre los núme  ros principales, los siguientes: Se  sión solemne en la cual se entregarán los premios del Certamen GallegoAmericano; Exposición de Arte Galle  go; Edición de un número extraor  dinario de la Revista, dedicado a Galicia, y un gran baile de gala. Cree  mos que con estos números y algunos otros que se programarán oportuna  mente hemos de dejar satisfechos a nuestros asociados, y hemos de hacer labor gallega consciente y eficaz. Si este méto  do terapéutico ---------------------- consolida sus prestigios en el tratamiento de algu  nas enfermedades individuales, será cosa de aplicarlo en las afecciones si  milares de carácter colectivo. Actual  mente se están ensayando en los ca  sos de parálisis y en los de soro-mudez. Si diera buen resultado, habría que cauterizar de inmediato el trigé  mino regional de Galicia; porque nuestra región, sufre una parálisis crónica que la hace ir a remolque de otras regiones españolas y padece una sordo-mudez que le impide oir y apostofrar a los causantes de todos sus males. Curada la parálisis y la sordo-mudez, es probable que el ritmo de su vida colectiva se pusiera a tono con el de las regiones catalana, vasca y andaluza. Y bien lo sabe Dios que buena falta le hace. Así, pues, si el asuerismo da buen resultado, no pex - - damos el tiempo y ensayémoslo cuan  to antes. REGIONALISMO Para unos es una virtud, pa- - ----------------------------- ra otros es un vicio y para otros una realidad. Nos  otros estamos entre estos últimos. To  das las naciones tienen sus proble  mas internos y la nuestra tiene los suyos y de los más importantes, ese el regionalismo. El que pretenda re  solverlo con prohibiciones absurdas y atentatorias, con discursos, con con  sejos o haciendo marcar el mismo pa  so a todos los españoles, sufrirá un tremendo fracaso. Las naciones cons  tituidas por pueblos afines, de his  toria y carácteres étnicos homogéneos, no tienen motivos para sentir este problema y por lo tanto la acción po  lítica de sus gobernantes, puede y de  be ser centrífuga, pero en España, tie  ne que ser al revés, irá de la periferia al centro. Y en ello no habrá perjui  cio. El mar es inmenso y sin embargo sólo recibe el agua de los ríos, des  pués que apagaron su sed las tierras que forman el cauce. España también será grande cuando reciba las inquie  tudes de todas las regiones pero res  petando los deseos de cada una de ellas, que son quienes los pagan y los sostienen. Nuestra región tiene ex  periencia bien triste de estas cosas. Los impuestos y las gabelas que le exige el Estado español no son me  nores que las de otras regiones, pero en cambio lo son y mucho los progresos de su vida espiritual y mate  rial. Reconocemos que Galicia está obligada a contribuir a los gastos na  cionales y debe hacerlo de buen gra  do, pero de un modo proporcional y de acuerdo con su capacidad econó  mica, no consintiendo en quedarse al desnudo por vestir con sus ropas a otras regiones. Y cuando todas las regiones hagan lo mismo el problema regionalista disminuirá en importan  cia, las regiones españolas serán to  das hermanas. No habrá enterrados, Y será una gran suerte para la na ción española. REVISTA DEL CENTRO GALLEGO INCOMPRENSION Hay personas ^ imbuidas de es- ---------------------------- pañolismo sin matices que no aciertan a compren  der el por qué de las asociaciones re  gionales. Generalmente se trata de personas simplistas. Hacen las del avestruz; meten la cabeza en la axila y creen que con esto se disipan la fortaleza y el valor real que tienen los sentimientos y las aspiraciones regionalistas. Para estas personas na  da significa el que todas las ciuda  des del extrajero y en muchas espa  ñolas, en que baya colectividades más o menos numerosas, existan también sus correspondientes asociaciones re  gionales que deben su existencia a causas sentimentales hondamente araigadas en el alma de los españoles. Y no se culpe a las asocieciones re  gionales de la inactividad de las aso  ciaciones nacionales. Al contrario, cuando estas solicitan la colaboración de aquellas siempre la consiguen y aun hay ocasiones en que las asocia  ciones regionales suplen con su acti  vidad, la inactividad de las naciona  les. De ello podríamos citar muchos ejemplos. Lo conveniente sería que las personas que no miran con buenos ojos a las asociaciones regionales, se pusieran al frente de las nacionales y realizaran una intensa obra patrió  tica en la cual sin duda alguna, irían acompañadas por las asociaciones re  gionales. EMIGRANTE LIBROS En la Sección “ Noti  ciario del Arte Galle  go ’ ’ , se da noticia de los nuevos libros que escritos en la lengua vernácula de Galicia han apa  recido durante los últimos días. Ja  más Galicia ha tenido una produc  ción intelectual tan selecta y múlti  ple como en la hora de ahora. Libros de todo orden: novela, filosofía, teatro, versos, ensayos. Quien aun a estas alturas dude del renacimien  to espiritual gallego, ya no ha de convencerse nunca. Lo sentimos por El. Dos nuevas revistas gallegas sal  drán también en estos días: “ Gaceta de Galicia ’ . editada en Vigo, con se  lecta colaboración gráfica y literaria, y otra que piloteará, en Madrid, el gran arquitecto gallego Antonio Pa  lacios. Felicitémosuos. Protestamos contra ese monumento que al emigrante galle  go se le quiere alzar en Vigo. Los emigrantes, antes que monumentos que perpetúen su abandono de la tie  rra natal, necesitan leyes que los pro  tejan y defiendan en sus derechos en los países de su residencia volunta  ria. Necesitan organizaciones que, an  tes de salir de su tierra, los orienten, haciéndoles ver claramente cuanto significa su resolución, y en caso de ser aquella irrevocable, que se les ilustre y diga en que países pueden desarrollar más fructíferamente sus actividades. El emigrante español, necesita aun mucho por parte de! Estado y por parte de todos antes de que pensemos en alzarle monu  mento alguno que siempre nos resul  taría absurdo. Unimos nuestra voz a esas de Roberto Blanco Torres y de Antonio Villar Ponte, tan ecuáni  mes y llenas de serenidad. Y creemos que nuestro voto de emigrantes debe ser tenido en cuenta. BETANZOS: Abside conventual en la antigua capital gallega. DEL CENTRO GALLEGO 3 REVISTA Rosalía de Castro fué el poeta ga  llego que más profundamente se ha compenetrado con su tiempo y con su tierra. Al llamarle el poeta de la “ sau  dade ” , me parece que se le encasilla demasiado apretadamente. Rosalía es nuestro mejor poeta de la “ saudade ” , pero no es, exclusivamente, nuestro poeta de la “ Saudade” . Tiene su obra múltiple motivos de calificación más amplia, y sobre todo, de consis  tencia más sólida y valores más uni  versales.: Panteísmo. Lirismo. Civili  dad. Dolor. ¿Pueden condensarse estos cuatro nombres bajo el dominador genérico de “ saudade ” ? Bien está que Rosalía aparezca en la lírica gallega como el “ Cuerpo San  to ” de la “saudade ” , y que para volar hasta ella sea necesario “ conocer los caminos del cielo ” . Pero no nos pa  rece bien, ni justo ni lógico, que las otras cualidades superiores, que viven en su obra inmortal, queden supedita  das a la definición apuntada. En la obra total; en la producciór integral de nuestro poeta, habla, tré  mula de emoción y de sinceridad, la voz ruda, franca y leal, de una raza fuerte, enérgica y llena de noble auste  ridad. Habla el labriego; el árbol, el monte, el agua, habla el agro, y los monumentos gallegos con su voz eterna y lejana de piedra y de si  glos. Rosalía de Castro ha vivido la vida gallega en toda su dura intensidad, y por ello hizo la poesía que mejor de  finió a nuestro pueblo y a su tempe  ramento racial. Pué dura, recia, suave, y con deste  llos casi épicos, por que su pueblo reúne y malgama todas aquellas cuali  dades. Y fué también elegiaca, porque Galicia, pese a todas las condiciones y características apuntadas, y a estar verídicamente interpretada en los versos heroicos de Pondal y en los ci  viles de Curros Enríquez, es también un pueblo profundamente elegiaco, que aun en medio de sus luchas y gue  rras seculares, — la historia de Gali  cia es casi toda una perpetua gue  rra — , gustó de oír la música de sus pinares; el rumor cristalino de sus ''ios, y las cantigas ingénuas y pas  toriles de sus trovadores y juglares. Y es esta vida múltiple, variada y contradictoria a veces, la que vive en los versos de Rosalía de Castro, — cuerpo frágil y alma grande — , que no dejó escapar sin una amplia re  percusión en la campana roja de su corazón magnifico, un solo latido del vivir de sus compatriotas. Palabras sobre la ubicación poética de Ro~ salta de Castro ¿Cómo, pues, puede este poeta ser encasillado bajo un nombre genérico determinado? Don Augusto González Besada, que dedicó un amplio estudio a la vida y a la obra de Rosalía de Castro, ha  bla así, con motivo de su libro “ Fo  llas Novas ” : “ En este tomo se advier  te la mayor complejidad de un alma formada en el sufrimiento y desenga  ñada de la vida, que necesitando para exteriorizar sus quejas contra la opre  sión y la injusticia de más absolutos acentos, rompe con toda suerte de con  vencionalismos, y son sus acentos, a un tiempo, caricia para el humilde y látigo para el soberbio; tiernas y dulces quejas o vibrantes amenazas. Tuyo este libro una gran resonancia e inspiró su autora curiosidad prime  ro y admiración después; flageláron  la sin piedad los apegados a la tradi  ción por sus atrevimientos, y la salu  daron como precursora los poetas que la comprendieron” . Es así como se manifiesta nuestro poeta ocasionando la primera revolu  ción dentro de los moldes líricos _ es  pañoles, años antes de que Rubén Da  río, Ricardo Jaimes Freire, Julián del Casal, Gutiérrez Nájera y Salvador Rueda, que llevan la fama de sér los apóstoles de la misma, pensaran aun en editar y escribir los libros por los que, injustamente, se le asigna. Rosalía murió sin que la justicia le fuera otorgada. Solamente le acompa  ñó el dolor de Galicia. Pero como el verdadero genio no admite trabas, y en él las formas li  terarias no son motivos esenciales y solamente juegan un papel secunda  rio de relatividad, volvamos nueva  mente al camino interrumpido: Ro  salía de Castro al cantar la vida co  lectiva de Galicia, acertó a dar a nues  tro dolor la máxima interpretación: lo hizo real en su obra, y al lograr la cristalización supo hacerlo universal. Cualesquiera de sus composiciones que interpreten nuestro dolor, puede ser traducida a cualquier idioma del mundo, sin que por ello pierda su va  lor real. Aquello que tiene de dolor y de grandeza; de apostrofe y de evoca  ción, vive y vivirá. Será dolor, apos  trofe y evocación, traducido aun a cualesquiera de los innúmeros dialec  tos que posee la India. Y es que el dolor es patrimonio co  mún de la humanidad, y hasta hoy el único lenguaje que une a los mortales de todos los pueblos del mundo. Como poeta descritivo, dice de Ro  salía en el prólogo de “Follas Novas ” Don Emilio Castelar: “ Conozco pocas emociones tan magistralmente dichas como la despertada en el corazón de Rosalía por el interior de la catedral de Santiago. Se oye rezar a los vie  jos y a las viejas los padrenuestros; se ven los rayos últimos del sol, en su ocaso, penetrando por los vidrios de colores y descomponiéndose en las brillantes sartas de las arañas; se siente el terror que la sobrecoje cuan  do al plañido de los campanarios ve las almas en pena pintadas por los altares, y las cabezas de los santos moviéndose como para contarse algún misterio unas a otras ” ... Y en la obra de Rosalía, los pensa  mientos que saltan como arrojados a granel, nos muestran un alma des  nuda, que siente toda cosa y para todo tiene un poema de interpretación y de amor. Todo tiene voz, y todo habla en su obra, por que hay oídos que sa  ben escuchar y almas que saben com  prender. Y hasta la tristeza; esa in  finita tristeza que vive en su obra y que se enseñoreó de gran parte de su vida frágil, se adentra en el áni  mo del lector y le contagia profun  damente. Rosalía vió motivos de tris  4 REVISTA DEL CENTRO GALLEGO tezas en la vida toda; en el ambiente, en el aire, en el hombre humillado que rotura el agro resignadamente. para mal vivir, con la mansa resig  nación del buey que camina uncido ai arado primitivo. Vio tristeza infinita en el paria gallego; en el emigrante irresigna  do, que busca en tierras lejanas, más allá del mar, una compensación a sus trabajos y esfuerzos. Ese hombre ca  lumniado y escarnecido, que mien  tras deja el corazón y el alma en la casa humilde y buena, embarca el cuerpo, como una meradería más. en el “ aleve y negrero vapor ” , que dijo Curros. Rosalía comprendió que delante de la resolución de cada gallego que parte de su tierra, se oculta, trágico, el abismo insondable: ¡Van deixal-a patria!... Forzoso, mais supremo sacrificio. A miseria está negra en torno d ’ eles. ¡Ay!, ¡y adiante está o abismo! ... Y describe las desgarradoras esce  nas de las despedidas, cuando el fal  so optimismo salta en los labios, más como caridad para los que quedan, que como convinción del que se ale  ja: “ Animo, compañeiros, Toda a térra e dos bornes! Aquel que non ven nunca mais que a [propia A inorancia o consomé. ¡Animo! ¡A quen madruga Diol-o [axuda! E aunque hora vamos de Galicia lonxe, Veredes que tornemos O que medran os probes! Mañán e o d.'a grande, ¡ao mar, ami- [gos! ¡Mañán. Dios nos acollé! Y se le aprieta el corazón de an  gustia y de dolor, y entre las risas falsas, los juramentos y las blasfe  mias que se juntan con los suspiros se pregunta a sí mismo si aquellos hombres volverán un día, o en que cama de ignorado hospital finaliza  rán para siempre sus sueños y sus ilusiones. Contempla el cuadro trágico de la horfandad y de la miseria que dejan detrás. Hijos sin padres; campos de  solados; viudas de vivos y de muer  tos; novias que languidecen y musJulio Siguenza tian su juventud de ; mor sin amor como estrellas que se apagan: “ Este vaise y aquél vaise, E todos, todos se van : Galicia, sin homes quedas que te poidan traballar. Tes, en cambip, orfos e orfas E campos de soledad, E nais que non teñen fillos E fillos que non teñen país. E tes corazóns que sufren Longas, ausencias mortás. viudas de vivos e mortos Que ninguén consolará. ¿Cabe., pues, encasillar a Rosalía de Castro bajo el nombre genérico de poeta de la “ saudade ” ? Rosalía se es  capa a todos los calificativos, mien  tras no se encuentre uno capaz de resunrr y de aprisionar en sí mismo tan v riadas y múltiples facetas co  mo brillan y se manifiestan en su obra genial. Antes de encasillarla en parte al  guna, me parecería mejor que todos nos ocupáramos un poco en dar a co  nocer su obra y en comentarla justi  cieramente. sin los eternos abjetivos y lugares comunes de que ya la te  nemos demasiado recargada. Por que el vuelo de Rosalía, aunque iniciado en Galicia, pertenece a la humanidad que sufre y que llora. DEL CENTRO GALLEGO 5 U E V 1 S T A Versos de Rosalía de Castro _ _________________________________________________ lo que antes querías? Monumento a Rosalía de YA NI RENCOR Ta ni rencor ni desprecio; ya ni temor de mudanzas, tan solo sed, ... una sed, de un no sé qué, que me mata. Ríos de vida, ¿do váis? ¡Aire! que el aire me falta. ¿Qué ves en el fondo oscuro? ¿Qué ves, que tiemblas y callas? VERSION Castro en Compostela — ¡No veo! Miro cual mira un ciego al sol cara a cara. ¡Yo voy a caer en donde nunca el que cae se levanta! ESTRELLA ¿Por qué, alma mía, por qué ahora no quieres ESPAÑOLA DE JULIO ¿Por qué, pensamiento, por qué ahora no vives de amantes desvelos? Espíritu mío, ¿por qué ahora te humillas cuando eras altivo? ¿Por qué, corazón, ahora no rezas cantares de amor? ¡Oh, tú, clara estrella que al nacer, conmigo naciste, pudieras por siempre alejarte, ya que no pudiste por siempre alumbrarme!... HIEL Deja que en esa copa donde bebes el amor de la vida, una gota de hiel, una tan solo, mi dolorido corazón exprima. Comprenderás entonces como ablanda el dolor las piedras [frías, aun que ablandar no pueda almas de hierro y pechos homicidas. NUBE S Como las nubes que lleva el viento, y ahora asombran, y ahora alegran los espacios inmensos del cielo, así las ideas locas que tengo, las imágenes de múltiples formas de extrañas hechuras, de colores ne- [gros, ahora asombran, ahora aclaran, el fondo sin fondo de mi pensamiento. CORAZON Mas ve, que mi corazón es una flor de cien hojas, y es cada hoja una pena que vive pegada en otra. Quitas una, quitas dos, penas me quedan de sobra; hoy diez, mañana cuarenta, deshoja que te deshoja... ¡El corazón me arrancaras al arrancármelas todas! ... SIGUEN Z A 6 REVISTA DEL CENTRO GALLEGO La Cartera Perdida No es mi intención comentar espe  cialmente el caso del chófer que hace unos días devolvió una cartera conte  nedora de muchos miles de duros que alguien había dejado por olvido en su “ taxi ” . Me apoyo, únicamente, en ese suceso particular para considerar el tema en abstracto. Por poco que se medite acerca de él, se descubre enseguida que la devolucuión de un hallazgo valioso es un he  cho antinatural, que pugna con la ra  zón humana. De ahí que el primer sen  timiento que experimenta cualquiera que oye referir uno de esos “ rasgos de honradez ” es de incredulidad; a este sucede otro de extrañeza, y, por último, se insinúa vagamente en el al  ma más pura una especie de incon  fesada envidia hacia el que encontró el dinero. Si examinamos microscó  picamente esta envidia, descubrire  mos el turbio designio de guardarse los billetes perdidos por el prójimo. En cuanto a los periódicos, salpican siempre tales noticias de maravilla  dos adjetivos y las redactan en un tono en el que se transparenta la ale  gría del reportero que cuenta algo sen  sacional. La plutocracia recibe un gran bene  ficio de esta constante labor de los diarios que fomenta una moral de con  siderable conveniencia para los ricos. No se puede negar que los tópicos periodísticos, por su frecuencia y por la invariabilidad de su expresión se adhieren fuertemente a la memoria. Cualquiera de nosotros puede citar ejemplos personales de este influjo. Así, cuando desciendo de un tranvía en movimiento, me acuerdo inevita  blemente de las mil y mil noticias que he leído, que comenzaban así: “ al apearse en marcha, se cayó ayer y sufrió lesiones de pronóstico reserva  do... Y entonces cuido de afirmarme. Por la misma razón, muchas perso  nas que hallan una cartera, se advier  ten en el caso imperioso de “ un rasgo de honradez ” , e incurren en él por un impulso que pudiéramos llamar de automatismo ético. Casi todo el mun  do ama la popularidad, pero no todo el mundo puede conseguirla con ras  gos heroicos o con resplandores de su inteligencia. Hay quien la logra — muy fugaz — devolviendo sumas ex  traviadas. Si los ricos comprendiesen mejor sus intereses, fomentarían esta ten  dencia patológica exaltando más aún el tipo del pobre diablo que les reem  bolsa sus carteras y sus joyas perdi  das. Pero parece que les ha bastado con convencer a los periodistas de que deben “ bombear ” amablemente a esos individuos. Cualquier buen nada  dor que salva de la asfixia a una cria  tura tiene la cruz de Beneficencia. Cualquier soldado que, para defender su vida, se apresuró a matar a cuan  tos enemigos pudo, entre todos los que le rodean, cuenta con un busto. A los ricos no se les ha ocurrido ele  var, por suscripción, un monumento que recordase el sacrificio del infeliz que devuelve los hallazgos preciosos. Yo me he preguntado más de una vez cuál sería mi conducta si encon  trase varios miles de duros. Mi ca  rácter un poco indolente y la equivo  cada educación que me han dado, ha  cen que sea vergonzosamente incapaz de robar ni una peseta; pero, por otra parte, creo que a un hombre verda  deramente delicado le repugnaría de  volver una cantidad que llegase a sus manos por esa casual manera. Me pa  recería incurrir en la vulgaridad de provocar las gacetillas elogiosas de los periódicos; me sentiría tan incómo do bajo los adjetivos habituales como dentro de uno de esos trajes de al quiler, usados ya por muchas perso  nas. Tendría choques violentos con los infinitos amigos que le llamaban a uno tonto en esas ocasiones. Y. sobre todo, estoy seguro de que no podría presenciar serenamente las vacilacio  nes que el dueño de la cartera — en lucha de la cicatería con la gratitudsufriría antes de resolver con cuanto dinero debía gratificarme. Conozco perfectamente estas dudas que asaltan a uno y la prisa angus  tiosa con que se procura adivinar si se está en el caso de premiar al hombre honrado con un apretón de manos o con unos duros, y, en este segundo trance, con cuantos duros, porque hay cifras que ofenden, cifras que senci  llamente satisfacen y cifras que con  mueven; y es muy difícil saber cuáles son las ramas del trigémino econó  mico sobre las que hay que operar en aquel sujeto para quedar bien. Como cualquier otro mortal, yo tam  bién perdí una cartera. Y veinticuatro horas después la re  dacción del periódico donde trabajaba, se presentó un individuo y me entregó el inapreciable objeto. — Muchas gracias — le dije — ; sen  tiría perderla, aunque, como ya ha  brá visto usted, no tiene dinero... El hizo un gesto de dignidad. — No he mirado más que las tarje  tas para conocer el nombre del dueño. Aunque hubiese contenido una fortu  na... — No; vea usted. Ni un céntimo. — Aunque hubiese contenido una fortuna, se la devolvería igualmente. Tenía, en efecto, la prosopopeya misma que si me reintegrase los te soros de Aladino y compx-endí que era preciso ponerse a tono. — Es usted un hombre honrado — exclamé. — Sí, señor; tengo ese orgullo. Parecía esperar algo. Pregunté afa  blemente: — ¿Ha tomado ya su café? — He tomado café — afirmó — 7 he fumado un puro. — El caso es — balbucí — que yo quería demostrarle... Saqué un duro. — ¡Caballero! — gruñó. — Perdón — expliqué, avergonzado — no era esto lo que deseaba ofrecer a usted... Y sustituí las cinco pesetas por un billete de veinticinco. Sonrió amargamente. _ _ ________ _______ _ _____ ~ _ _ _ %- revista del centro gallego f — Me duele — dijo — que aprecie usted en tan poco un rasgo de honra  dez. No se trata del valor de la carte  ra. sino del valor de mi acción. Si millones i'uesen.., —Le suplico que me disculpe — re  gué — ; no tengo costumbre de perder carteras y... no sé... — En fin — accedió guardando el billete — ; esto es lo demenos. No se hable más del asunto. Supongo que publicará usted en su periódico un sueltecito... — -Naturalmente, — Lo he previsto. Le traigo mi re  trató para que aparezca también... Al público le agradan esas cosas... ¿Podía negarme? El retrato apare  ció sobre unas líneas laudatorias. Al siguiente día, el intachable individuo volvió a visitarme. Traía una “foto ” en la que se le veía rodeado de sus familiares. Había escrito al pié: “ El honrado ciudadano Juan López, (x) que devolvió la cartera de nuestro re  dactor, en compañía de sus hijos. De izquierda a derecha: Juanito, Luisita, María, José, Genoveva, Pedro/ ’ Era tan conmovedoramente inge  nuo su deseo, que accedí a divulgar el retrato. Aun volvió. Extrajo de su bolsillo una voluminosa cartera y de la cartera un papel en el que estaba redactado este anuncio. “ Una ganga para los banqueros. El honorable Juan López que, como dijimos repetidas ve  ces devolvió a uno de nuestros redac  tores la cartera perdida, se ha decidi  do a ser cobrador de banco, y acepta  rá las proposiciones que se le hagan, si son jugosas. Dirigirse a... ” Quise protestar, pero me recordó la rectitud de su conducta y el enorme favor que me había prestado al venir a entregarme un viejo trozo de piel Wenceslao Fernández Florez defíífó del que podría muy fetén haber una fortuna. Fué en vano qffe le ad  virtiese que la Administración me cobraría a mí el anuncio. D%jó la cuartilla y se marchó sin ceder én su exigencia. Entonces fué cuando vi que sobre mi mesa había quedado olvidada la voluminosa cartera. Corrí al domicilio de mi hombre. Se la devolví, después de un pequeño discurso. Quería rega  lármela, pero no la acepté. Se puso un poco pálido, porque estaba cogido en su propio cepo. Intentó darme dos sellos de a real, que era cuanto tenía. Regateé. Al fin se acordó que me gra  tificaría con veinticinco pesetas, pa  gaderas a plazos. Y quedaipos en paz. Pero aquella fué una ocasión ex  cepcional. Hoy, por pudor, por repug  nancia a las sensiblerías, por elegan  cia espiritual, no creo que incurriese en la vulgaridad de restituir un ha  llazgo. Uamiñaban de par pol ’ o longo peirao, — Qué negra está a noite, miña xoya! Aquilas luces de Cangas, 6 lonxe, figuran a estadea de que nos tala  ba, lémbraste, o señor Estebo, aínda nantronte. ¡Cousa máis rara! Desque baixamos do tren acordeime moitas veces d ’ il. Estará agora sentado no seu tallo de turgueira, pé do lume na cociña terrea, ouvindo ruxir o vento na figueira torta do curro... Acordaste do vento da nosa casa? No invernó asemexa que baten con polas ñas pare  des. — Sempre has de ser o lunáteco de sempre. Eu inda non sei como vivín tanto tempo n ’ a aldea. — ...O cán d ’ ista hora andará a rabuñar na porta pechada. Meus libros d ’ estudante encheránse de valor no despacho. ¡Por Dios, non perdas a cha  ve pequeniña que che din! Tel-a no bolso? Tantos anos loitando c ’ os caseiros Pía recoller uns poneos cestos de mi  llo. Non me puden afacer ó pan resésigo nin a tristura da noite que se me  tía pol,as festas. Olla que ben alumeada está aquila casa da esquina. Eiquí, diante da mar chea de barcos c ’ o tran  vía o pé, a praza ben provista de todo. Alá, cando cheguemos... — Cala, cala. Mira, cando era solteiro moitas veces viña eiquí, contento, pra demorarme unha tempada. Outras veces iba á Gruña. Tamén fun a Madri c ’ o meu compañeiro Alberte. Xa che teño falado d ’ il. Agora virá de vi  sitar un enfermo e virá canso e satisNoite feito e quizáis encenda o quinqué pra lér unha revista ou fale c ’ os veciños na porta. Pos mira, muller, sempre voltaba a casa máis axiña do que pen  saba. E nos portos tiña medo S mar. Coma s ’ adiviñase... — Levamos todo ben pensado. N ’ os primeiros meses non teño preciseon de roupa nin tí tampouco. Co ise plán tan ben pensado que ti fixeches. Yin n ’ unha revista unhas mecanógrafas escribindo tan ledas... Tiven envexa d ’ elas. Eu quero deprender a escribir a máquina. ¡Axudareite! Non seas neno... ¿Qué pensas? — Pensaba... Ah, sí! Que de fixo o Banco é formal e non hai porque te  mer. Pol ’ o menos namentras, os pri  meiros meses... — Figura qu ’ eu son o borne. Dásme ganas de rir. Agora locirá o teu ta  lento. — Cando me legaron os cartos dos eidos de Fontela estiven pra bótalos pol ’ péstre. ¡Si non fora pol ’ o notario! Hastra sospeito que os compraodres bulrábanse de min ó estilo dos paisa  nos. Non, eles nunca foron bos amigos da nosa casa. Xa ves si teño valor : nin quixen ir en todo o vrán por ’ alí. Moito lie quería meu pai a Fontela. Crióu todol ’ os carballizos de penascada, Ramón Otero Pedrayo abríu o pozo, e fixo o lameiro. ¡Bos aforros lie custóu mercar as duas let  ras que lie estremaban pol ’ o Po  nente ! — Quén s ’ acorda agora de carballi  zos! Mira a lús do faro e isa brancura que se move no mar. ¿Son as gaivotas, non? — Sí, son gaivotas. Tamén suben pol ’ os ríos. — E din que seguen ós vapores... E tarde. Mañán tés que pasar de boa hora pol ’ a Casa Consignataria. — Cheguemos un pouco máis alá. Te  ño noxo d ’ entrar na pousada. — Pois a habitaceon non me parecéu mala. As sábans son d ’ algodón. Xa se levan así en todas partes. Son máis quentes. — Ha ter un montante riba da porta e a lús do pasillo non vai deixarnos durmir. ¡Qué sola estará nosa alcoba! Tí gardaches a roupa e puxéchelle al  canfor. Dentro de poucos anos estarán medrados os naranxeiros que prantámos debaixo da ventana. ¡Probe cán, estará rabuñando na porta! Chorará toda a noite. — Figura imposibre que non paguen un carto pol ’ a casa. Craro, os paisa  nos somentes queren térra... Tés razón. As noites de invernó figuraba que ba  tían con polas ñas paredes. Teus li  bros quedaron ben limpos. Do xardín quedóu encarregada a filia do Catuxo... ¿Qué tés, miña filia? Choras. Estás fría. Achégate a mín. Camiñaban de par pol ’ o longo peírao. 14 REVISTA DEL CENTRO GALLEGO Apartados cien metros ... y ya la romería no era más que un rumor y un débil centellear de gusanillos de luz; que a eso no más se asemejaban los farolillos de papel de colores, pues  tos en las mesas y en las varas de los carros para alumbrar a los consumi  dores de rosquillas, de jarros de vino y de efigies del Santo Patrono, el Se  ñor San Cosme. Y todo por igual, ros  quillas y medallas, entraban en el con  sumo, que si unas alimentaban el cuer  po las otras eran espiritual alimento de los romeros... Cien metros apenas, y ya la monta  ña recobró su augusta soberanía, he  cha de silencio y de mistero y de ra  mas que crujen porque los trasnos se balancean en ellas o porque la Madre Diablesa las pisa torpemente con su mal andar de cejuela y su mal ver de bisoja, que hasta por las roquedas de  ja marcada su planta de tres uñas, que no hay fuerza de hombre que la borre durante la noche, y sólo el canto del gallo y el alborear del sol logran borrarla con la luz del día... La luna andábase en juegos con las nubes, y unas veces era claridad y otras eran sombras. Pero más miedo aún eran las claridades, que al filtrar  se en lo alto por los pinos y en bajo por los contornos de los cámaros, siguiendo las caprichosas líneas de las retamas, formaban luego en los cla  ros unos dibujos de personas y de bestias tan deformes, que así Dios me salve como que eran retratos de al  mas en pena, a no ser que fueran las mismas almas que, sin cuerpos, se re  posaban del eterno caminar a que por su castigo venían condenadas... Yo no juro que lo fueran, que en eso del jurar hemos de andarnos más por lo despacio para no hallarse en ca  mino de perder la salvación más que de prisa; pero si digo, que la fe del señor abade de Monteferroso, que es hombre de bien y de luces naturales y más va por santo, que Dios permite muchas veces que tales dibujos, he  chos en la sombra por donde faltan los resplandores, sean linajes y pare  cido de seres del pecado, y de Monteferroso mismo, el dicho señor abade tuvo que ahuyentar de las puertas de una casa el retrato mortal de una mu  jer que en vida fuera coima, que es como decir que fuera mala, y que le anduvo en pasos de cortesana, para no mentar cosa de peor entender en oídos de gente honrada. Cien metros llevaban ya alejados de la romería. La luna no era más que un resplandor, y la gaita, que sonaba ronca y monótona, no era más que un Mientras suena la gaita... (Cuento) eco, y la moza y el mozo seguían su rumbo, sin rumbo ni dirección, bus  cando más las sombras que los claros, que a nada tenían miedo, ella pensan  do en el miedo de llevar tan cerca al mozo, y el mozo embebido con el ansia de ella. ¿Cómo fuá?... ¡El diablo que lo cuente!..., que andanzas son de demo  nios estos besos que comienzan fur  tivos y acaban quietos y posados en los labios, como pájaros que en su propio nido entraron a descansar, y quedos se están porque en lo suyo se huelgan. ¡Que lo cuenten los viejos, reidora la desdentada boca y entor  nados los ojos por la maliciosa com  placencia del que piensa que es pro  pia la ajena picardía! ¡Que lo cuenten los mirlos, que dejan el cantar bus  cando a saltitos los granos de maíz y los insectos, y enseguida dejan el comer para cantar de nuevo! ¡Que lo cuenten, si quieren, las mismas mo zas, que todas ellas saben en dónele está la mata de tomillo y de hierbaluisa que hace resbalar a las mozas cuando el mozo amoroso las empuja!... El caso es que fué. Sonaba la guita cuando abandonaron el círculo de bai  ladores; sonaba, mientras seguían, vereda arriba, por la santa montaña en que el Señor San Cosme tiene su ermita, y sonaba aún, rumorosa y mansa, cuando sus oídos dejaron de escuchar todos los sones de la tierra para entender la divina estrofa que a Venus se ofrece y que Priapo con suma, en honor de su madre Afrodita y de su padre Dionisos. Nublóse la luna, cantó el ruiseñor, aletearon más rápidas las palomas sal  vajes, y la tierra entera, como ánfora consagrada, exhaló en el rocío un va  lió de perfumes y de agrestes aromas que envolvieron, en divino sahumo, la ofrenda de los sacrifica dores al humano deseo. Y mientras ellos suspiraban, cada vez más rápidos, y a la fin cada vez más hondos y más entrecortados, con los suspiros y con el gemir del aire y con el frote de las hojas del suelo, que también a gemidos se daban tra  za, mezclóse el son, de eterna suspiradora, que la gaita da a los vientos y los vientos esparcen por montes y valles, llevando a los senderos y a los casales y a las aldeas, como el eco del canto de unos dioses que no supie  ran más que llorar o de unos mortales que aún no hubiesen aprendido a reir... Alzado ya el mozo, alzóse también la moza; cogiéronse de las manos, y en silencio caminaron juntos. II El Véspero ya no brillaba; las de más estrellas lo obscurecían, y el po  bre lucero de la tarde, que momen  tos antes diputábase como único en  cendedor de la celeste bóveda, era después uno más en la miríada de mi  llones de luces que aún no aciertan a iluminar la Tierra. La luna, a mo do de la Morería, cubríase casi por completo de cendales vaporosos, y el aire, agitándolos caprichoso, trazaba curvas y líneas rectas en tan confuso tropel, que la pálida Diana, más que serena diosa, a fuerza de muecas, pa recía cotarrera mujer que de todo se burla. El camino por la montaña, que un REVISTA DEL CENTRO GALLEGO 15 principio fuera de empinada subida, convirtiérase ahora en un portel, ás  pero por los guijarros y medroso pol  la obsucuridad que ambas paredes concentraban, para salir de pronto a un inmenso llano recubierto de mai  zales opulentos, que sólo en contados espacios terreaban, y de trecho en trecho algún pino manso elevaba su gentil silueta y su copa bruscamente recortada en la lejanía del cielo, como desafiador y galano airón de un invi  sible guerrero. Después, el sendero retorcíase por los flancos del monte, y en fatigosos recodos iba subiendo para tornar cien veces al mismo sitio, mirando en línea recta y tal como si por una espiral hubiera que ascender. Xan de Portavella — el mocero más mocero en cuatro leguas a la redonda y el que mejor sabía mañanear, siem  pre de vuelta y nunca de ida, que sus madrugadas eran de puro trasnocha  dor... — y Miguela — la del Santiso de Portomouro, la que llevaba en el mantelo una cruz bordada para que los diablos le tuvieran respeto a su dueña, y en los ojos más diabluras de las que el mantelo bendito pudiera ir amparando; la que punteaba la riveirana hasta que el mozo, por baila  dor que fuera, rendíase vencido; la que miraba de frente hasta que la otra mirada se humillaba; la que reía de las malicias y maliciaba de las pa  labras que aún no se dijeron... — Xan y Miguela seguían cogidos de las ma  nos y sin camibiar palabra. En un brusco recodo de la senda volvieron a vislumbrar las luminarias de la escondida romería, y el eco, ju  guetón y travieso, trajo otra vez los sones apagados de la muiñeira. ^ Xan y Miguela se detuvieron, y los dos se miraron y los dos sonreían, pensando a la par los dos en lo que puede suceder mientras suena la gai  ta... Todo aquello, desde el bailar fati  goso y el apartarse después de los gru  pos bailadores; el caminar juntos y el caer sin separarse; todo aquello, que revolucionaba la vida, metiéndose cerca de las lindes del Señor demonio, bajo la protección y en el día de la fiesta del bendito Señor San Cosme; todo aquello, que a eternidades se parecía, sucedió en el breve espacio de una tocata, y la tierra que nunca se labrara, era hoy ya tierra fecunda, y el Señor San Cosme sabría si era también tierra fecunda, que todo pu  diera ser, sabiedo solamente lo que fué y lo que pasó mientras sonaba la gaita... III (La reidora moza, no reía. Colgósele del brazo y arrimó los labios al oído.) Miguela. — ¡Mal la hicimos, Xan!... Xan. — ¿Y mala por qué, Migueliña?... Miguela. — Que la señora madre va a saberlo... Xan. — Si tú no -lo parlas... Miguela. — Y más sin decírselo. Xan. — ¿Se lee en los ojos? Miguela. — Por lo de ahora, no; pero de aquí a su tiempo voy a pasar mu  chos tiempos de sustos. Xan.— De aquí a entonces le han de pasar también muchos raposos. Miguela. — ¿Casarás tú antes? Xan. — Casaré. Miguela. — ¿Palabra de qué me das?... Xan. —De hombre. Miguela. —Son embusteros. Xan. — Los que lo sean, que a mí las mentiras aún no me comen, y por las mías no secará el agua de la fuente ni dejará la hierbabuena de serenarse Manuel Linares Rivas al abrigo del rocío, que mis palabras son de cumplidor y de hombre de bien. Miguela. — ¿Pero hasta jurarlo no vas?... Xan. — ¡Y voy también! Que los dientes se me desmedren y los ojos me brillen, como a lobo con hambre; que las piernas me flaqueen y me caigan de miedo las orejas, como a liebre perseguida; que los hombres me miren como a un animal y los anima  les me sigan viendo como a un hom  bre si no te reparo el caso cuando la hora de reparar suene en tu ánima y te brinque por tu cuerpo. Miguela. — Bien haces, Xan. y de honrado juras, que el mal lo trae la ocasión y el bien lo remedia la hon  radez. Xan. — pues de mí lo has oído. Xan de Portavella lo promete, y más que escritura de señor notario tienes en tus manos. Y las de ella cogió, y a sus labios fueron, con tal presteza y tal ahinco, que el mozo sintió como golpe y la moza sintió como mordisco. Pero el daño no lo sintieron. Que reía el gozo en sus ojos de iluminados, de triunfadores, de seres que viven y que disfrutan de la vida. Y en torno suyo, como si el cielo respondiera a la paz de sus espíritus y la tierra al encanto de sus cuerpos, del cielo ba  jaban brillares de estrellas y armonías de brisas apacibles, y de la tierra se esparcían aromas de plantas silvestres y murmullos de insectos voladores. Y prisionera de los brazos de Xan, Miguela reía confiada, sin pensar en nada ya, ni siquiera en que había pa  sado de idiferente a amante, de moza a mujer, de reidora a triste y otra vez a reidora, en el fugaz volar de los minutos que dura una tocata, mientras suena la gaita... PARTAGAS Y,... NADA MAS¡ HABANO Sánchez & Cía. I MODAS ROSA ALVAREZ ESPECIALIDAD EN CORSES, FAJAS, COR  PINOS Y SUTIENS SOBRE MEDIDA Teléfono: La Uruguaya 2741 (Central) PRECIOS SUMAMENTE MODICOS CALLE ANDES 1210 Entre Sonano y Canelones MONTEVIDEO 16 REVISTA DEL CENTRO GALLEGO JULIO PRIETO — Julio Prieto, el gran aguafortista gallego que tan afortunadamente ini  ció en nuestra casa el período de las exposiciones, saldrá en breve para La Habana, Méjico y Norte América, en donde piensa repetir las hazañas de Buenos Aires y Montevideo. Feliz via  je al admirado artista y amigo, y que el más grande de los éxitos le acom  pañe en esta nueva salida de divul  gación del arte gallego. OTRA ELEVA REVISTA GALLE  GA — Antonio Palacios, el gran escultor gallego, planea, en la actualidad, la creación de una gran revista galle  ga con sede en Madrid. La nueva pu  blicación será de arte y literatura en general, dedicando atención preferen  te al fomento del turismo hacia nues  tra región. La nueva revista saldrá apoyada económicamente por las cua  tro diputaciones gallegas. ASOCIACION PROTECTORA DE LA CULTURA GALLEGA — La Asociación Protectora de la Cul  tura Gallega, de Montevideo, ha acor  dado la publicación de un Boletín mensual cuyo número uno saldrá el día 25. Contendrá este primer núme  ro originales inéditos de: Jaime L. Morenza, Miguel Barros Castro, C. Sánchez Mosquera, Julio Sigüenza, Roberto Blanco Torres y otros. Ade  más información social, noticias de arte y literatura, etc., etc. Nuestras felicitaciones y que la Cultural siga adelante en sus patrióticos empeños. LITERATURA GALLEGA — De como la literatura de Galicia va abriéndose paso mundo adelante, puede dar una idea el saber que “Berliner Tagebltt ” , uno de los diarios más importantes de Alemania, le de  dicó últimamente un extenso y erudi  to comentario, siguiendo en esto el ejemplo de “ Mercurio” , de Francia y de gran número de publicaciones por  tuguesas que día a día glosan y comentan en sus columnas las nuevas producciones gallegas. SANTIAGO ROÑOME. — UN BAN  QUETE EN PARIS — Para celebrar el éxito de nuestro Noticiario del Arte Gallego gran escultor en la villa luminosa, le obsequiaron con una comida los ar  tistas españoles que se encuentran allí. Entre otros muchos asistieron: nuestro paisano Manolo Quiroga, el mago del violín; el insigne Zuloaga; Bertrán y Masses, el pintor de más fama en la capital de la República hoy; Fabián de Castro; doctor Oscar Amoedo; Alberto de Gorrostiaga, Aramburu, Lucas Moreno, Lucas de la Peña, don José de Cubas, cónsul general de España; señor Botella; el conde de Praderes, don Antonio Gorri, don Mariano Font y el señor Ló  pez Tíldela. Los comensales dirigieron un tele  grama de saludo a la madre de Bonome. El triunfo de nuestro amigo es ro  tundo y resonante. “ The New York Herald ” , en su último suplemento de arte, le dedica plana y media. Y los encargos y las ventas no cesan. El Gobierno español también le ha pedido dos tallas para decorar el stand del Trabajo y Previsión de la Exposición de Barcelona. Son dos fi  guras genuinamente gallegas cons  truidas con los huesos y con el pen  sar de nuestra raza, toda previsión y toda trabajo. Y ese es el lema de nues  tro artista: ese, y el llevar dentro, como sostén de su inspiración, el al  ma regional. LIBROS NUEVOS Vi LAGARADA " — Ramón Otero Pedrayo, el gran estorcritor orensano y director de aquel instituto, ha unido una nueva obra “A Lagarada ” , a la ya larga lista de las que tiene publicadas en lengua gallega. La nueva producción del cul  to y amenísimo escritor es una farsa dramática y está editada por “ Nos ” , la meritísima editorial coruñensa. i¡ VAOSILVEIRO" — Gonzalo López Abente, el poeta de “ Outono ” y “ Escumas da Riveira ” , acaba de publicar, editada por “ Nos ” , una bellísima novela que lleva por título: “ Vaosilveiro ” . Es una narración interesante de tiempos pretéritos que revela en oca  siones la vena poética del notable va  te mugiano que la confeccionó Gon  zalo López Abente, en esta nueva obra suya, pone de relieve una vez más sus excepcionales cualidades de brillante escritor y de poeta inspi  rado. Porque aun cuando se trata de un trabajo en prosa, se echa de ver con frecuencia a través del mismo que la pluma que lo ha escrito es de las que tienen trato continuo con las mu  sas. Fábula amena y bien desarrollada la de “ Vaosilveiro ” , hace que el que inicie su lectura sienta deseos de se  guirla hasta el final sin interrupcio  nes. Gonzalo López Abente, con esta obra, que es la octava que publica, de muestra bailarse en el disfrute de la plena madurez literaria. Por este nuevo triunfo suyo que viene a con  tribuir al enriquecimiento de las le  tras gallegas le felicitamos cordial  mente. Ya sabe el ilustre autor de “ Alentos da Raza ” cuánto nosotros le queremos y admiramos. “ COUSAS II ” — Alfonso R. Castelao, el genial dibu  jante y humorista gallego, autor de “ Un olio de vidrio ” , acaba de publi  car ,en La Coruña, un segundo tomo de “ Cousas ” , que complementa y ter  mina admirablemente aquel primer tomo de memoria inolvidable. En es  ta nueva producción del admirable artista pontevedrés, salta agudo su brillante ingenio y su formidable y característico humor. "O MARISCAL" — También la Editorial “ Nos ” , ha puesto a la venta una edición econó  mica de “ O Mariscal ” , la trajedia es  crita por Ramón Cabanillas y Anto  nio Villar Ponte, y de la que se han agotado, en pocos meses, dos edicio  nes consecutivas. SEMINARIO DE ESTUDIOS GA  LLEGOS— En la última sesión de este cen  tro se ha dado cuenta de lo adelan  tada que va la impresión del segun  do tomo de “ Arquivos ” que conten  drá trabajos de los señores Parga Pondal, García Blanco, Cuevillas. M¡i- revista DEL CENTRO GALLEGO 17 riñeira, Tabeada Roca y Martínez Ló  pez. Muy pronto se comenzará tam  bién la impresión del tercer tomo de “ ArQuivos ” que, como es sabido, de  dica el Seminario a la comarca de Lalín. -GACETA DE GALICIA ” — Respondiendo a una necesidad sen  tida desde hace tiempo, se ha consti  tuido en Vigo una empresa editora que editará una revista quincenal que lleva por nombre “ Gaceta de Galicia ” . Por toda Galicia han circulado pro  fusamente los afiches, muy artísticos, que anuncian la nueva publicación. La empresa editora nos ruega la in  serción del siguiente aviso: “ ¿Es usted gallego? ¿Desearía us  ted conocer todo lo grande que exis  te en Galicia en el terreno artístico e intelectual? "Gaceta de Galicia ” pondrá ante sus ojos cuentos, poesías, artículos de arte, ensayos, etc., de los mejores escritores gallegos. ¿Le agradaría a usted ver realiza  dos proyectos tan magnos como “ La Exposición de Pesca ” , “El Puerto Franco ” y “ El Puerto Pesquero Na  cional ” en Vigo; el “ Ferrocarril Cen  tral Gallego ” y otros muchos palpi  tantes problemas de vital importan  cia para el renacimiento gallego? “ Gaceta de Galicia ” defenderá en sus páginas periódicamente, el dere  cho que le asiste a Galicia de ser una maravilla en el mapa de España. ¿No sentiría usted orgullo en que a Galicia no se le llamase la “ Suiza Española ” , sino sencillamente Gali  cia, más bella que Suiza y país ideal de turismo? “ Gaceta de Galicia ” con artículos técnicos sobre Turismo, con fotogra  fías artísticas de sus campiñas insu  perables, sus paisajes de nieve, sus vías bajas de maravillosos efectos de luz. sus ciudades “ celtas ” , y sus in  numerables monumentos, en lo que Santiago es un relicario inaprecia  ble, hará desfilar ante sus ojos y ante 7 os d;; í-do f-: mundo la cantidad in  terminable de bellezas que atesora Galicia. Por todo ello y porque “ Gaceta de Galicia ” le ofrecerá un cuadro de co  laboradores que causará asoma, o por su calidad, y cantidad, entre los cua  les figuran: Ramón Otero Pedrayo, Eugenio Montes, Ramón Fernández Mazas, Castro Sampedro, Federico de Angu  lo, Vicente Risco, Florentino Cuevillas, Manuel Lustres Rivas, Bonome, Paz Andrade, Maside, Ramiro Fer  nández Valle, Castelao, Arturo Noguerol, Rafael Dieste, Filgueira Valverde, entre otros muchos que figu  rarán en listas sucesivas. Usted leerá todos los números del mejor “ magazin ” que jamás ha existi  do en Galicia. La Cámara de Comercio de Vigo acordó en sesión plenaria, ver con simpatía esta publicación, por enten  derla de utilidad para Galicia. Sesenta páginas. En papel excelen  te, con abundantes fotografías del ar  tista Ksado, le ofrecerá a usted “ Ga  ceta de Galicia ” la revista que será de Galicia ” . HOMENAJE A CASTRO GIL. — En el Restaurante “ El Bosque ” , de Madrid, se celebró el domingo el anunciado homenaje a Castro Gil, pa  ra conmemorar sus últimos triunfos y el nombramiento de catedrático de la Escuela de Artes Gráficas. Asistió en masa el personal de la Casa de la Moneda, desde los altos jefes al último empleado. El Fomento de Artes Gráficas en  vió una lucida representación, lo mis  mo que la colonia gallega. También concurrieron muchos ar  tistas y escritores. Se recibieron numerosas adhesiones putaciones provinciales, escultor Aso  por cartas y telegramas de varios puntos de Galicia, resaltando las Di  rey, alcalde de Santiago y muchos Ayuntamientos gallegos, delegado de Bellas Artes de Valencia y otras per  sonalidades, en número de mil. Nizo el ofrecimiento el presidente del Centro Cultural. Después habló, en nombre de la mujer gallega, la señorita Carmen González, haciendo un panegírico de las madres españolas. El señor Doval pronunció un elo  cuente discurso, enalteciendo a la re  gión gallega, que produce hijos que tant la glorifican. El presidente del Lar Gallego elog' ^ a Castro Gil. Oubo luego otros discursos, y uno de los oradores aludió a la petición de la Diputación de Lugo, referente a que se conceda a Castro Gil la Gran Cruz de Alfonso XII. Castro Gil leyó unas cuartillas lle  nas de gratitud, diciendo que procura trabajar para hacerse digno del cari  ño de sus paisanos. A Ifinal se leyó la siguiente carta del ministro de Hacienda: “ Por haberse celebrado el sábado Consejo de ministros, no tuve conoci  miento del acto del domingo en honor de Castro Gil, y por esto no he concu  rrido a él. como hubiera hecho muy gustoso; pero no quiero dejar de en  viar mi adhesión, con un abrazo para el homenajeado, mi insigne paisano. OBSTACULOS ANTI CULTURALES La actividad cultural y libertaria en lengua gallega nunca desde la época de nuestro renacimiento fué tan con  siderable como ahora. Tampoco nunca tan bien en el idioma vernáculo o en castellano, se ha escrito tanto sobre cosas de Galicia como en los tiempos presentes. Y esto conviene decirlo y divulgarlo para que lo sepan todos los que tienen fe en el resurgir de nues  tra tierra. Gran parte de esa actividad cultu  ral y literaria se debe al hecho de la existencia en La Coruña de una edi  torial. la que lleva el título de “ Nos ” , que da a la estampa cuanto se le ofre  ce que merezca la pena de ver la luz. Justo nos parece, pues, consignar esto que constituye, a no dudarlo, un tim  bre de honor para la ciudad herculina. Pero también nos parece justo ad  vertir, no sin cierto dejo de amargura, ya que en otras ocasiones exteriori  zamos, que la prensa gallega en gene  ral apenas si hace eco de tarde en tar  de y de modo conciso, del esfuerzo patriótico de la editorial “ Nós ” y uu grupo de escritores enxebre — entre los que están los que más valen en Galicia — realizan día tras día. En los artículos bibliográficos que publi  can con frecuencia los periódicos ga  llegos suelen verse elogios muchas ve  ces hiperbólicos para libros ajenos por completo a nosotros. En cambio los juicios sobre libros escritos en la lengua nativa son tan difíciles de en  contrar como una aguja en un “ palleiro ” . Pese a ello, la actividad cultural y literaria enxebre sigue desenvolvién  dose de modo gallardo y sin interrup  ciones. Apenas se publica un libro ya se anuncia la próxima salida de otro. Y lo que es más satisfactorio, por cada volumen de versos, ven la luz pública varios de prosa. Lo que prueba que nuestro renacimiento literario ya pasó del momento auroral, cuyas caracte  rísticas suelen ser las del predominio de la lírica, para encauzarse seriamen  te hacia el mediodía. Ahora bien, si los libros gallegos no se difunden todo lo que debieran difundir, es por culpa de nuestra pren  sa que les regatea el reclamo y les 18 REVISTA D E escatima el elogio. Hablamos en gene  ral, naturalmente; aunque sin dejar de afirmar que las excepciones son ra  rísimas. Tan raras, que sobran la mi  tad de los dedos de una mano para contarlas. Por culpa de la prensa y por culpa de los libreros que hacen todo lo posible para que un libro gallego esté expuesto en los escaparates de sus establecimientos el menor tiempo ima  ginable. Procede, pues, pensar en la manera de poder vencer esta resisten  cia pasiva de prensa y libreros contra la literatura de nuestra tierra. Apelan  do a la admonición respetuosa, pri  mero, y en caso necesario, de fallar aquélla, constituyendo una liga de enxebres dispuesta a proteger a los ven  dedores de libros, que traten bien los nuestros ’ y a “ declararles el vacío ” a los que procedan como ahora vienen haciéndolo. En esto y en otras cosas hay que ir pensando. ROSAL/A Un nuevo año se cumple en este mes del fallecimiento de Rosalía de Castro, la más alta representación lí  rica de la Poesía Gallega. Galicia, co  mo todos los años, ofrendará, una vez más, las flores del recuerdo en su tumba de Compostela. Que siemple lleguen allí las flores Ya está a las puertas la grata fe  cha. Cincuenta años de vida y de labor tenaz, fecunda y sostenida, en pro de Galicia y de España, es ya una larga etapa que autorizaría un des  canso al que no tuviera el dinamismo, y sobre todo la voluntad tesonera que caracteriza a los hombres de nuestra raza. No. No hemos de descansar aun que el camino andado nos autorice a ello. ¡Adelante! ¡Siempre adelan  te!... Para no descansar, ahí tenemos en puerta la “ Gran Exposición de Ar  te Gallego en General" que inaugura  remos durante el mes de setiembre. Ahí tenemos, también, el “ Certamen Gallego-Americano ” que hemos organi  zado y al que hemos de dar la trans  cendencia que en sí mismo merece. No; no hemos de descansar por que nos hemos propuesto gastar todas nuestras energías en la gran causa de Galicia, que es la causa de Es  paña. Para celebrar cumplidamente este 50.? aniversario de la fundación so  cial, además de los números apuntaNuestro 50 Aniversario dos, hemos acordado la realización de una “ Semana Gallega ” . De una se  mana dedicada a Galicia; a su re  cuerdo y a su exaltación. Integrarán los números de esta “ Semana Galle  ga ” que organizamos, entre otros, la gran “ Exposición de Arte Gallego en General ” ; la distribución solemne de los premios del “Certamen GallegoAmericano ” ; un “ Concierto de Músi  ca Gallega ” ; “ Conferencias sobre Ga  licia y sus valores ” ; “ Número Ex  traordinario de la Revista Social ” ; “ Bailes y Recibos Sociales ” ; reparto de los libros conteniendo el “ IV y V Curso de Conferencias ” , y otros núme  ros que no podemos precisar todavía. de Galicia, y el recuerdo de los ga llegos desterrados a quien Rosalía tanto cantó y amó. MANOLO UUIROGA Un grandioso éxito han constituido los conciertos que el gran violinista gallego ha dado en el Teatro Solís. Para festejarlo se organizan varios actos en su honor. Casa de Galicia le ofrecerá un gran banquete en su sede social, y a él, estamos seguros, ha de concurrir un gran número de amigos y admiradores del gran vio  linista. Será la nuestra, una “Semana ” , en fin, dedicada exclusivamente a exal  tar y evocar a la tierra lejana y ge  nerosa que nos vió nacer. A nadie puede ocultarse la cantidad de gastos extraordinarios que para nuestro “ Centro ” ha de traer la ce  lebración de los actos enunciados. Como siempre, esperamos que todos los asociados, sin distinción han de venir en ayuda de la institución para que el amplio programa propuesto pol  la Junta Directiva tenga la más satis  factoria de las realizaciones. Que cada uno contribuya en la medida de sus fuerzas. Quién económica mente no pueda ayudarnos, que traiga un nue  vo asociado que con su cuota y con su entusiasmo venga a colaborar con nosotros en la gran obra que estamos realizando y que nos proponemos ir ampliando a medida que los recursos sociales lo permitan. Adelante, pues, y vengan todos a nuestra casa, que es la casa de todos y para todos. go; Concierto de música gallega: EdiX JOSE ROSSI Y COMPAÑIA EMPRESA DE POMPAS FUNEBRES — CA RRUAJES Y AUTOMOVILES DE REMISE CASA MATRIZ, MERCEDES 864 TELEFONOS: La Uruguaya 305 (Central) y La Cooperativa 117 COCHERIA Y GARAGE LOCAL PROPIO CARMEN 2181 al 2187 MONTEVIDEO revista DEL CENTRO GALLEGO 19 Por qué las artes en Galicia tienen una filiación severamente realista, y porque su conservación y su desarro  llo estuvieron siempre librados al em  pirismo autodidáctico de quienes las practicaron, nada tiene de particular que el resurgimiento actual de nues  tra escultura se haya originado en los humildes talleres de los santeros o imagineros compostelanos. Hemos empleado una palabra que, en la ac  tualidad, a fuerza de cargar sobre ella demasiado contenido, se torna de peligroso y muy difícil manejo. Pero disminuyéndola hasta reducirla a su primera significación estética, pode  mos decir que hace realismo el artis  ta que trata de acercarse lo más ob  jetivamente posible al espectáculo del mundo, tratando de reproducirlo tal como lo percibe. Detrás de este pro  visional lugar común, reside una gran verdad, que ha de ayudarnos a en  tender e interpretar la dirección del arte en Galicia. Por muy objetivamente que se pro  duzca aquí un paisajista, por ejemplo, su obra estará siempre condicionada por la espiritualidad de este suelo, ya un poco fantástico en sí, lleno de in  timidades cromáticas; y la misma at  mósfera, entonada, cambiante, sutil y vaporosa, que vela y revela al mis  mo tiempo las perspectivas, que las denuncia y las oculta por traslúcidas cortinas de nébulas y orballos, le obli  gará a tratar los asuntos valiéndose de grandes síntesis, de amplios volú  menes de colores genéricos —los ver  des y los azules, verbigracia — en cu  ya entraña ha de matizar cuanto sea posible hasta ver reproducido en sus lienzos esta irreal realidad de un sue  lo esfumado y blando, bajo los sua  ves tentáculos de las nubes en mar  cha. Es decir, que el realismo impo  ne al artista un proceso automático de estilización. Por eso el paisaje no fué posible que alcanzase rango ar  tístico en estas tierras, hasta después de la revelación impresionista, cuyas enseñanzas hubo que adaptar y rea  justar hasta obtener de ellas una nue  va capacidad expresiva, ya que aque  lla escuela había nacido con iría avi  dez de sol y con una precisión neta en la develación de lo ; conjuntos, que aquí no es posible obtener por care  cer de tales cualidades el téma cen  tral d - la pintura, que es el paisaje. Est i automática estilización que dicta a los pintores el paisaje, es im  puesta a los escultores por la mate  ria — madera de castaño muy fibrosa, granito, azabache —y por la tradición estratificada y mezclada de lo romáDivagación y Paráfra  sis sobre el escultor Francisco ñsorey ¿i , gy £>. ■, ^ — ■=* nico y de lo barroco, de cuya inter  polación resulta un nuevo modo de ver. En su renacimiento, aparece la escultura gallega agobiada por esta ejecutoria que a tanto obliga, de la cual aparece, como primer desertor hacia formas europeas contemporá  neas, el mejor de los nuevos— Santia  go Bonome, del que hablaremos en otro artículo — con grave peligro pa  ra su originalidad inicial, que le hi  ciera ganar por sorpresa la notorie  dad en un muy poco tiempo. Imaginería y escultura gallega re  nacen en Compostela, como era natu  ral que ocurriese. La milenaria prác  tica del oficio otorgara a aquellos ar  tesanos una insuperable y casi here  dada destreza manual. Y el día en que supieron mirar y vieron, en que tuvieron oídos y oyeron, las piedras eternas en cuya mística concavidad esperaban mudas, pero no muertas, las voces de los siglos, les dieron el secreto que encerraban desde siempre en su entraña de granito. De esta fe  liz conjugación de un seguro tecnicis  mo empírico con el alma ancestral de la vieja ciudad, hay derecho a es  perar muy grandes y nuevas cosas, Asorey, Bonome. Núñez, Sonto Cam  pos, Vázquez Díaz, citando a los ya consagrados y a los que trabajan con silencio y voluntad para serlo en el porvenir, todos ellos han perpetrado, antes de su tránsito liberador hacia las aventuras del arte, Santas Redegundas y Venerables Ambrosios en los sombríos talleres, bajo las reco  vas compostelanc. i. donde recibieron, junto con el largo aprendizaje de un arte decaído y rutinario ese vaho, ese halo, esa difusa impalpable esencia de arte que flota en la maravillosa ciudad, y todos ellos han fecundado su vocación y alentado su ambición con paseos y pesquisas por las rúas llovidas, encaramando su fe hacia los altos capiteles, y demorando sus años en mudos callares, martirizando su espíritu en la rueda dentada de ios pórticos esculpidos y atrapando en una muda y obsesionada ansiedad, el alma recatada de este museo vivo que es Santiago de Galicia. :¡: ¿Pero es que la escultura gallega no tiene una más determinada his  toria que esta desflecada tradición de artesanos y canteros? Según lo que se entienda por arte de un país. Pa  ra nosotros, la alineación de nombres ilustres a lo largo de las épocas sig  nifica poco, si entre ellos y su pue  blo no hay una correspondencia que denuncie lo común de una raza, lo es  table y eterno de un temperamento acusado y diferenciado, que convier  ta el arte de aquel país en “ existen  te ” , por sus diferencias con el de otros, más que por la genialidad ob  jetiva de sus realizaciones. En este sentido los calvarios o cruceros galle  gos que bendicen desde su poyo mo  nolítico los campos y caminos, escul  pidos por artistas anónimos y casi siempre rurales, que establecen una línea continuada quizá desde el visi  gótico hasta el barroco (1), influida por todos los estilos, pero sin perder sus características esenciales, serían los verdaderos hitos en los que ha  brían que estudiar lo nativo, lo inmu  table, lo temperamental de nuestra escultura. Por lo demás, Galicia tu  vo grandes escultores, de ello no hay duda. Yo no sé si el maestro Mateo, que dejó labrado en el Pórtico de la Gloria el más grande monumento iconográfico del período romántico, entre todos los del mundo, era galle  go. Su devoción jacobea, su humor y la correlación de estilo entre tal pro  digio y otras obras iconográficas de Galicia parecen autorizar la opinión de que Mateo fué cima y remate de una escuela preexistente. Hay un ai  re de parentesco inconfundible entre el pórtico y otras obras de la misma época y anteriores. Su grandeza no aparece como esporádica y aislada, si  no como resultante de una evolución; y no es de creer que un artista ex  tranjero asimilase de modo tan per  fecto el espíritu del arte de un país al que le trajo el azar. Los rasgos de observación y de verismo arcaico que campan siempre en el arte de Galicia, están allí viviendo una vida de siete siglos, que todavía hoy sobrecoge y asombra. Tal vez el ojival haya sido tan poco fecundo en esta región porque ya había encontrado en el román  tico su expresión más acabada. Lo 20 R E V 1 S T A DEL CENTRO GALLE G~d cierto es que nuestros graneles escul  tores históricos — Hernández. Moure, Ferreiro, etc., — aparecen ya envueltos por la gran tolvanera barroca. Pero no es menos verdad también que los revuelos, gigantomaquias, declamacio  nes e hipocresías del barroco, perdie  ron en Galicia, al contacto con el gran sentido lógico de la raza, mucho de aquel dramatismo artificioso y de aquel jesuitismo espectacular con que se manifestaba en tierras más meri  dionales, inflamadas por una suerte de furor místico publicano y externográfico, que nunca conoció la fe cris  tiana en estos lados del mundo. So  bre todo, la modificación del barroco arquitectónico y de sus formas se  cundarias de ornamentación escultó  rica. es evidente en Galicia. Un re  ciente viaje por España nos autoriza a pensarlo así. El academicismo italianizante, que trabajaba sobre las formas en descom  posición — evolución — del Renacimien  to, no fué suficiente para destruir aquí, en materia ni en espirito, la fuerza de los legados pretéritos. La gran fachada barroca del Obradoiro, en la Catedral de Santiago, que se alza cabalgando sobre el Pórtico de Mateo, encierra todas las enseñanzas de un símbolo. Los artífices de aquel período, esclavos de su modalidad no pudieron captar las sutiles enseñan  zas anteriores. Les faltaban los mis  teriosos caminos simpáticos de las es  téticas afinidades. Pero ahora que los tiempos son de más eclecticismo y que los ciclos históricos pueden en  cerrarse yustapuestos, y enjuiciarse serenamente desde el ángulo de una mayor perspectiva de años, puede ver  se cómo coexisten y aun de su con  junción resultan enseñanzas insospe  chadas. Si el romántico encerraba el ger  men de nuestra mejor tradición, pue  de observarse ahora cómo el barroco, dignificado por el tiempo y el grani  to, asimilado por el genio creador au  tóctono, adquiere una nueva prestan  cia y habla con un acento nuevo. Las torres del Obradoiro, recamadas de color por los líquines, yerguen la gra  cia de sus curvas en danza contra este cielo de velados grises, y cuan  do el tiempo es de sol. se encienden y estofan de oros y verdes, como las luces de un retablo inmenso alzado para gigantescas ceremonias crepus  culares. Y es que aquí donde la na  turaleza es todo y lo absorbe todo, la misma arquitectura termina siendo asimilada por el paisaje. Paisaje de curva y color. La naturaleza avanza con sus “ tonas ” , pátinas y liqúenes policromados y se apodera de las pie  dras erguidas por la fe de los hom  bres, con la misma naturalidad que matiza las piedras dispuestas por Dios sobre las cumbres. Paisaje curvo, ar  quitectura de curvas. Tal vez por ello, los éxtasis del ojival no tuvieron mu  cho que decir a este suelo y a esta raza antidogmática, lírica y panteísta. El ojival es abstracción, impulso y vuelo. El románico es fuerza inter  na, gracia tranquila y equilibrio, co  mo el barroco es juego del espíritu que vacila, se crispa y repliega, an  tes de alzarse hacia Dios. La moder  na escultura, tanto como la moderna arquitectura gallega, tendrán que, añadidos todos los recursos de la téc  nica moderna, moverse entre estas dos hases clásicas, como punto de par  tida de su renacimiento. Afortunadamente, los nuevos ar  tistas gallegos no pasaron por la tre  menda y casi siempre irreparable he  rejía de la enseñanza académica, ni  veladora y mediocrizante. Y si algu  na vez se dieron a ella fué después de enraizar bien su primigenia fir  meza. A este respecto, el bien real fué traído por el mal aparente. Si la ayuda oficial, de la que siempre an  duvimos horros y desvalidos, hubiese venido en nuestro auxilio, es seguro que a estas horas no podríamos re  crearnos en la auténtica originalidad Santiago Telíechea ¡ Ferretería por mayor i||i URUGUAY 1015 MONTEVIDEO lili UNICO IMPORTADOR DE LAS TIJERAS DE ESQUILAR MARCA “ LA VIZCAINA ” , REINA |¡¡ | DE LAS TIJERAS. — CASA IMPORTADORA v v DE ARTICULOS EPAÑOLES, FRANCESES, |j|j ||j INGLESES, ALEMANES, NORTEAMERICA- .] ![! NOS E ITALIANOS. ¡jn LA VIZCAÍNA ( Marca Registrada ) m REVISTA DEL CENTRO GALLEGO 21 de Francisco Asorey. El arte gallego que, repetimos, fué siempre empírico y tradicional, como lo fué todo lo que tuvo aquí un étnico valor real, se hu  biese perdido en ese vasto mar de la anécdota y del sentimentalismo bajo en que anduvieron flotando la mayo  ría de los artistas españoles después de que el impulso goyesco, que no iué aprovechado por la escultura, se hundió en las escotillas neoclásicas y románticas. De haber enviado nues  tros artistas a copiar las frialdades helénicas que esperan desde sus tris  tes calcos de yeso en el Gasón ma  drileño, todavía los veinticuatro vie  jos que tañen sus zanfonas en el iris pétreo del Pórtico no hubiesen reco  menzado su cantar eterno, dol que em  piezan a ser antífonas las obras de ios nuevos. Y fué un día cualquiera, a la luz de la gran libertad estética contem  poránea, cuando Francisco Asorey, el primero, encontró su camino de Damasco. El había sido mucho tiem  po un menestral obscuro, obligado por el mal gusto reinante a arran  car del hidalgo corazón del casta  ño copias de Purísimas y Arcánge  les, según patrones de cartón pie  dra que impusiera una industria íilistea, sin amor y sin fe. Bajo la furia de su vocación con  tenida, las esquirlas de la madera martirizada debían saltar como las chispas de una forja. Y en las ho  ras de soledad robadas al descanso, sus manos ávidas e intuitivas pal  paron con vieja hambre de arte ver  dadero, el barro mágico y dócil, en cuya masa amorfa y en cuya iróni  ca blandura estaban las esquivas for  mas que era necesario apresar. Los santos que encargaba la piedad cam  pesina empezaron entonces a crispar  se en escorzos y expresiones nuevas, bajo la gubia creadora. La página abierta de Compostela, por un lado, le dictaba otras lecciones que eran las del arte bonituco, canónico y con  vencional. Por el otro veía en Gali  cia un alma viva y tumultuosa y un torbellido de formas y ritmos que danzaban en torno a su vocación en  candilada. Y aquel turbión humano, magnífico y vital, nada tenía que ver con las formas yertas e inexpresi  vas que demandaban las gentes. Ade  más, los santos no debieron ser así. Los santos fueron hombres. Y mu  chas veces más apasionados y más activos que sus coetáneos. Es decir, más hombres. ¿Dónde estaba el pun  to de sutil deslinde en que el hom  bre, sin dejar de serlo, comienza su ruta de santidad? Y las gentes los ropajes y la vida fuerte, mimosa y ruda de Galicia, ¿quién la había denunciado a las posibilidades del arte? ¿Acaso en toda la escultura ten  drían por fuerza que ser estudiados gestos dramáticos, clámides, levitas y desnudos? Había, entonces, que caer dentro de este remolino apasio  nado y sorprenderlo en sus giros, pa  ra llevar luego al arte del mundo la aportación de un pueblo inédito. Esto hizo Asorey. * * * Por natural reacción contra el ar  te inexpresivo y gélido que había te  nido que practicar durante tantos años, la primera época del Asorey liberado, lo fué de estilización pre  concebida, de tendencia caricatures  ca e irónica. El artista, dueño de la materia, necesitaba dislocarla y so  meterla a todas las formas de la ex  presividad. De esta primera época es el grupo de los “ Canónigos deCompostela ” , en el que puede esti  marse, tanto como la afilada obser  vación psicológica, el ritmo de la composición, sobria y bellamente de  corativa. También es de este tiempo “Beatas del Apóstol ” , grupo de ma  dera y metal, donde la nota de hu  morismo gallego vuela francamente sobre el conjunto. Pero el momento de la primera sazón, cuando verda  deramente el escultor se encuentra a sí mismo y empieza a trabajar con gozo, hay que situarlo partiendo de “ Ofrenda a San Ramón ” , “ Picariña' r y “ Naiciña ” , obras en las que Asorey muestra ya la trayectoria clara de su ruta. Es decir, cuando se diri  ge al agro en busca de sus motivos. “ Naiciña ” , obra — por cierto en pose  sión de un coleccionista argentino — donde la más honda ternura está ex-, presada con la mayor dignidad artís  tica, es la primera ampliamente lo  grada. Se trata de un canto sereno y noble a la madre gallega, huyendo de fáciles sensiblerías y de anterio  res modelos. “ O Tesouro ” , que le va  lió segunda medalla en un certamen nacional, constituyó en su exhibición un verdadero acontecimiento, y las gentes de la Corte acudían en tro  pel al local del concurso para admi  rarla. Hacía muchos años que una obra de arte no traía al ambiente opa  co de los salones oficiales un acen  to tan hondo de verdad y de legí  tima emoción. No era solamente el exotismo de los motivos en sí. Gali  cia siempre fué una cosa exótica pa  ra los habitantes de la Corte. Eran, asimismo, la frescura y la novedad de la técnica, esta vez, también, muy moderna y muy antigua. Además, con Asorey renacía un elemento de 'Caraf ium ^ierrquuz &¡¡te nrodjiszto - ' 'de Zbj ’ Ime/íoS'.EL MEJOR' T ? Y ❖ t Y ❖ ❖ ❖ ❖ ❖ ❖ ❖ f 22 REVISTA DEL CENTRO GALLEGO la escultura en madera, casi olvida  do: la policromía, que él entiende como pocos. Naturalmente. Asorey liabia nacido en Cambados, frente a la incomparable ría de Arosa — como Cabanillas. Castelao. Valle-Inclán — , inmensa paleta donde juegan y se en  tremezclan todos los colores de Ga  licia. Nada tiene de particular que esta hartura versícroma que atrapa  ron sus ojos de niño se plasme so  bre sus obras. El nombre de Asorey adquirió en poco tiempo una resonancia descono  cida y sorprendente en un artista que no tenía en su favor largos residen  cias en la Corte, aventajados cursos académicos ni padrinazgos políticos. Sus obras ingresaron pronto en el Museo de Arte Moderno. Con “ San Francisco ” y “ Santa Mujer Gallega ” obtiene en el pasado certamen la más elevada recompensa que España acuerda a sus artistas. El consenso de la opinión refrendó la decisión ofi  cial. La crítica le señaló como un restaurador y un innovador a la vez. Los tratadistas extranjeros comien  zan a incluirlo en sus volúmenes de estudios universales, y Galicia le res  peta y estima como a uno de sus más convictos exaltadores, al que debe la tácita instauración de una escuela autóctona, sin mezcolanzas, que cuen  ta ya co nexcelentes adeptos. Con Asorey se concreta y resume un pa  sado ilustre y se abre un nuevo iti  nerario. En él se rompe la habitual y triste deserción de los artistas degionales, que siempre creyeron indis  pensable vivir en Madrid. Los éxitos no le envanecieron, y nada ni nadie pudo arrancarle de Compostela. Rodeado de muchachotes, en los que se está gestando una generación de artistas, le hemos sorprendido, con la alegría y la sencillez de un artesano, atacando a golpe de cin  cel los enormes peñascos del gran monumento al Santo de Asís, que se está elevando en una plaza de San  tiago. Allí mismo, sobre una tarima, estaba el boceto del monumento a Curros Enríquez. que se alzará en La Coruña, costeado por los gallegos de Eduardo Blanco Amor Cuba. Estas dos obras de tan distin  to espíritu — una al bardo rebelde y blasfemador, y la otra al manso Se  rafín — dan razón de su fuerte capa  cidad creadora. Los bloques formidables se van amontonando, en este alpendre hu  milde y bohemio, al final del calle  jón de la Caramoniña. Asorey, en  deble y nervioso, trepa cómo un alu  cinado por las piezas de granito que se van domeñando bajo el zarpozo de sus hierros. El artista que llevó en su espíritu enzarzados durante meses el sentimiento franciscano y la idea demoledora de Curros, es tam  bién un poco así. En el remate de su cuerpo flacucho se enreda un ceño violento y ardoroso; y ocultas de trás de un blando mirar de ojos azu  les, brillan de vez en cuando rachas de insospechada energía. Al atarde  cer, las sombras de las torres de San  to Domingo pasan, como una bendi  ción cotidiana, sobre el tejado del ar  tista. En Santo Domingo está ente  rrada Rosalía Castro, que también era un poco así. ¿Y no consistirá la fuerza de esta raza en ser todos los gallegos también “ un poco así ” ? Conforme lo declara el pasado año, en el Instituto Internacional de Gine  bra el ilustre profesor de la Universi dad de Colombia, Samuel Me Cune Lindsey. la doctrina de Monroe existía desde algún tiempo antes de encon  trar su expresión definida en el men  saje que el Presidente Monroe envió al Congreso. No Sólo existía sino que era, más que una doctrina, una regla de po  lítica, una norma de conducta, que Inglaterra venía observando escrupu  losamente, al punto de haber llegado a cristalizar en una solemne decla  ración del Secretario del Exterior, Jorge Caiming, en 1823, al declarar que “ la Gran Bretaña no permitiría a Francia ni a España reconquistar las colonias que se habían sublevado contra España ” . La mal llamada doctrina de Mon  roe. porque no es doctrina ni es de Monroe, que se condensa en la fra  se: “ América para los americanos ” , es objeto de constantes innovaciones, se la trae y se la lleva, se la co  menta y hasta se la analiza como si fuese algo tan conocido y populari  zado, que no necesitase ser siquie  ra recordado en un texto. Ahora, con motivo del “ Pacto Ke  llogg ” donde existen reservas que en La Doctrina de Monroe definitiva tienden a consagrar la de  finitiva y plena hegemonía de los Estados Unidos y en sobre el conti  nente americano, se escribe mucho so  bre la doctrina de Monroe. El pasado año, en Ginebra, el re  presentante o delegado argentino en la conferencia del desarme. Cantillo, dijo que “ la dictrina de Monroe no ora ni podía ser un acuerdo regional, de los aludidos en el artículo 21 del Pacto de la Sociedad de Naciones, porque se trataba de una simple de  claración unilateral". Esta declara  ción, que enunciaba una verdad his  tórica y jurídicamente incuestiona  ble, dió lugar a muchos comentarios y discusiones, sólo explicables por el desconocimiento que del problema en cuestión tenían los que tan ardoro  samente polemizaban. ¿Cuándo nace la doctrina de Mon roe? La coalición había vencido y dominado a Napoleón confinándolo en Santa Eiena. Francia quedaba li  mitada a sus tradicionales fronteras, los Borbones estallan restaurados rei  nando su dinastía. La Santa Alianza quería borrar de la historia hasta los últimos rasgos de las luchas y de las influencias revolucionadas Ha  bía que compensar a España de sus esfuerzos y sacrificios y devolver par  te, por lo menos, de sus antiguas co lonias en América. Metternich pien  sa en reintegrarnos en el dominio del Perú y Solivia, por lo menos. Lord Castlereagh se opuso ,en nom  bre de Inglaterra a esta política de la Santa Alianza, pero hízolo con cau  teloso comedimiento para no herir los sentimientos de España, que tan excelente cooperación le había pres  tado con la guerra de la Independen  cia para vencer a Napoleón. Cuando Lord Castlereagh se suicidó, le susti  tuyó en el gobierno Caning. Sigue las rutas de su antecesor, pero aún va más allá que éste. Extraoficial  mente, por medio de agentes oficio  sos, visita a Monroe para que se oponga a toda posible intervención de Europa en los asuntos de Améri- REVISTA DEL CENTRO GALLEGO 23 ca, comprometiéndose a reconocer oficialmente, en nombre de Inglate  rra, la independencia de las colonias españolas. Monroe consulta con el ex presi  dente Jefferson y con el ministro de Asuntos Exteriores, Jhon Quincy Adams, de quien en realidad es no sólo el pensamiento sino también la redacción del mensaje de Monroe al Congreso, donde consta formulada la tan asendereada doctrina. En este histórico documento abor  daba Monroe las cuestiones de orden exterior que habían preocupado a su gobierno, y en relación con los asun  tos en trámite sobre la costa del nor  oeste — Alasita y Canadá — , que afec  taban a Rusia e Inglaterra, respecti  vamente, decía el presidente de los Estados Unidos: “En las discusiones a que la cuestión de que se trata ha dado lugar y sea cual fuere su re  sultado, se ha creído conveniente sen  tar como un principio, en el cual van envueltos los derechos e inte  reses de los Estados Unidos, que los continentes americanos, por su si  tuación libre e independiente, no deben considerarse como partes de la futura colonización de ninguna potencia europea. En este Mensaje, después de otras consideraciones sobre las razones de los Estados Unidos para no interve  nir en las contiendas entre los gobier  nos de ambos continentes; la decla  ración de considerar inamistosa toda tentativa de instaurar en América los sistemas políticos existentes en Euro  pa, por considerarlos como un verda  dero paligro para la paz y la seguri  dad del Nuevo Mundo; la decisión de no intervenir en la vida de las colo  nias de cualquier nación europea; la solemne confesión de que en toda guerra entre los pueblos emancipados o sublevados del imperio español y la metrópoli, se mantendrían neutrales, termina Monroe haciendo la suposi  ción de que también las naciones euro  peas se abstendrían de intervenir en estas contiendas entre España y sus posesiones. Inglaterra, por temor al resurgi  miento del poderío francés con los Borbones restaurados y en inteligen  cia con Austria, no vaciló en inspirar a los Estados Unidos una política, una línea de conducta, una manera de pro  ceder que había de convertirse en el mayor peligro para el poderío de la Gran Bretaña, que ahora, quiéralo o no, con pactos Kellog o sin ellos, tie  ne en ese coloso del Norte de Améri  ca no su rival, algo más, su victorio  so competidor. Verdad es que en este punto los po  líticos europeos de más altos vuelos (Napoleón, Metternich, Bismarck) ja  más se formularon como posibilidad de la de que Europa hubiese de en  tregar, de grado o por fuerza, el cetro de la hegemonía universal a los go  bernantes de Washington. Porque así Augusto Barcia procedieron llegaron a incurrir em errores históricos, en torpezas solem  nísimas que ahora producen efectosirreparables e incalculables. En 1803 Francia cedía a Norte Ame  rica la Luisiana por el precio de ochenta millones. Con esto el empera  dor se desprendía de todo lo que sa  bía que no podía conservar al luchar con Inglaterra. El corso terrible y ge  nial, que tantos crímenes y heroís  mos, que tantas grandezas y ruinda  des, que tantos aciertos y errores tie  ne en su historia asombrosa, al fir  mar el tratado de cesión decía a M. de Marbois: “ Este crecimiento de te  rritorio consolida para siempre jamás el poderío de los Estados Unidos. Le creo a Inglaterra un rival que tarde o temprano, le arrancará el cetro de las manos ” . Napoleón, con su mirada de dios, veía los acontecimientos que se habían de producir ciento veinti  cinco años después. Pero él, como todos los políticos y" estadistas europeos, no sintió siquiera el escozor de la duda, ni las inquietu  des del temor de producir un mal irreparrable al Viejo Continente. Sin querer abordamos un tema com  pletamente otro del que es materia de este trabajo. Tal vez será objeta de estudio en otro posterior. Pero hoy cumplimos nuestros pro  pósitos con dejar definido, en térmi  no muy concreto, lo que fué ese credo de la política exterior de los Estados Unidos, conocido con el nombre de “ Doctrina de Monroe ” . i JOSÉ FRAGA Y HERMANO MUEBLERIA Y CARPINTERIA Muebles en todos estilos — Modernos, antiguos — Marquetería, tapicería Escritorios y muebles Americanos — Instalaciones comerciales '** r ‘ CARPINTERIA EN GENERAL Obra blanca, pisos — Parquets, escaleras — Revestimentos, — Decoracio  nes interiores. SOLICITE PROYECTOS Y PRESUPUESTOS La carpintería del nuevo edificio del CENTRO GALLEGO, revestimentos, arañas y butacas del Salón de Fiestas, han sido ejecutadas en nuestro taller. 1926 BLANDENGUES, 1928, ENTRE INCA Y DEMOCRACIA i ¡I I» 30 REVISTA DEL CENTRO GALLEGO más importante de su término conce  jil: los arabales tienen un contingen  te de 370 habitantes y 110 viviendas, 79 de un piso y 31 de dos. Además del río Anllons, la baña el arroyo Balón, tributario al mismo. Sobre el Anllons hay dos puentes de la Lagoa y de la carretera a Finisterre y sobre el Balón otros tres, en  tre ellos el llamado Puente de Piedra. HISTORIA. — Ya en diferentes veces nos hemos ocupado en estas mismas columnas de lo más importante que se refiere a es  te histórico territorio, tan celebrado en los fastos gallegos. No creemos ne  cesario volver a repetirlo. COMUNICACIONES. — Consisten en las carreteras de La Coruña a Finisterre, a Malpica de Bergantiños, con ramal a Buño para Puenteceso, Gorme y Laxe: A Santia  go, con derivación a Berdillo o Ver  dino y que continúa a Ordenes; la en construcción para unir directamente la villa con la ciudad del Apóstol, y los caminos vecinales a Bazo y la pla  ya cercana és 1 ade La Coruña, a 33 kilómetros: líneas regulares de servi  cios de ■ automóviles. Todas estas vías, harto insuficientes para el desenvolvimiento que ocasio  nan las demandas del tráfico, que exi  gen rapidez cada vez mayor y econo  mía van llenando, si bien de modo imperfecto, las necesidades de la co  marca, gracias a los servicios que pres  tan los automóviles y que vienen a compensar, en parte, la falta de líneas férreas. Es, pues, necesario que la riquísima tierra bergantiñana, llamada el grane  ro de Galicia, para que rinda todo aquel máximo tributo de su suelo fér  tilísimo y se desenvuelva y progrese, pudiendo abastecer a la provincia por la fácil salida de sus productos, se una cuanto antes a la circulación ferrovia  ria de Galicia por medio del ramal Carlos Florencio que partiendo de la línea de La Oóru ña a Santiago, ha de arrancar en Vis  ta-alegre hasta la villa, ya que el tra  yecto férreo Corúna-Corcubión, sobre el cual se lleva tanto escrito y lucha  do. parece ser tan sólo un sueño hoy por hoy. La construcción de aquel ra  mal lo demandan la justicia y el in  terés general. FINAL- - En estos días tan gratos para los nobles y cultos hijos de Carballo, en que celebran la festividad de su san  to titular, y se bendicen e inauguran las obras de embellecimiento de la vi  lla, enviamos a todos ellos, lo mismo que a las dignas autoridades que ri  gen sus destinos, el testimonio de nuestro afecto más cordial y nuestros más fervientes votos porque se reali  cen sus deseos. Quisieran los Cielos no detener en su progreso a la simpática y hospita  laria capital de Bergantiños y que los habitantes de la misma encuentren el justo premio a su laboriosidad y an helos puestos siempre al servicio y en pró de su pueblo amado al que dedi  can todos sus afanes. RELOJ VULCAIN LOS MEJORES DEL MUNDO IMPORTADORES : ÍÍf CAMPOS & CIA. I ¡ Rincón 555 esq. Ituzaingó DEPOSITO DE LANA LAVADA ------------------------- DE ------------------------- José García Conde ¿t Cía. Importación de Arpilleras, Lonas, Lienzos, Hilos, etc. FABRICA DE BOLSAS PREPARACION DE TODA CLASE DE PIELES FINAS TELEFONOS: La Uruguaya, 530 Central — La Cooperativa, 64 Central CALLE GALICIA 1051 MONTEVIDEO REVISTA DEL CENTRO GALLEGO 31 Con la asistencia del embajador de España, D. Ramiro de Maeztu; el obispo de Temnos, monseñor Miguel de Andrea; el ministro consejero de la embajada española, D. Francisco de Agrámente y Cortijo; el presiden  te de la Asociación Patriótica Espa  ñola, D. Ensebio Mendizábal; el pre  sidente de la Institución Cultural Española, Dr. Federico Iribarren; re  presentantes de las principales socie  dades de la colectividad española y el presidente de la institución, don Laureano Alonsopérez, fué colocada ayer la piedra fundamental del pan  teón que erigirá el Centro Gallego de Buenos Aires en el cementerio de la ■Chacarita. La obra referida constituye una vieja aspiración del Centro Gallego. Entidad que agrupa en su torno a más de veinte mil asociados, fuerza era que contara con un panteón de la categoría del que se va a cons  truir. Aparte de su valor intrínseco, diríase que la obra lleva impreso un sello sentimental. Algo que expresa el arraigo de los españoles radicados aquí y su deseo de reposar en tierra argentina, que es una prolongación de b. suya. Por eso, y bien lo expresaron los oradores, tuvo el acto celebrado ayer el carácter que más le convenía. Pa  triótico, porque era el día de San  tiago Apóstol, patrón de España; de unción religiosa, pues el motivo era solemne, y de adhesión a la Argen  tina, porque en un pedazo de ella se acogerán al reposo eterno muchos gallegos. El panteón, cuya piedra fundamen  tal fué colacada ayer, podrá conte  ner hasta 2.200 nichos y su costo ha sido calculado en 400.000 pesos. Es obra del ingeniero Alejandro J. Varangot, quien se ha inspirado en las joyas arquitectónicas de Galicia del siglo XII y del más puro estilo ro  mánico. Poco después de las 11.30 se habían reunido en el peristilo de la necrópo  lis muchas personas vinculadas a la institución. Seguidamente se trasla  daron hasta el sito prefijado. Ya allí, sobre un pequeño proscenio, tomaron ubicación los invitados especiales. El presidente del Centro Gallego, don Laureano Alonsopérez, pronunció un discurso. Después de referirse a la colaboración prestada por los asocia  dos y las autoridades municipales a la mejor realización de la obra em  prendida, dijo el orador: En el pensamiento de todos los ga  llegos, al emigrar de su terruño, junEL CENTRO GA  LLEGO DE BUE  NOS AIRES CO  LOCO LARRI ME RA PIEDRA DE SU PANTEON SOCIAL tamente con la idea del triunfo llevan la seguridad de un próximo retorno con el fruto de su fecundo trabajo. Pero la realidad nos demuestra que en la mayor parte de los casos tal idea no es más que una dulce ilusión, par  ticularmente en los que emigramos a estos países en que tan cariñosa aco  gida recibimos, y consideramos como una prolongación de la patria, entre  gándonos a ella por completo, creando hogar y afectos tan profundos que si no significan el más leve olvido para Galicia nos psedisponen a ir admitien  do, como una cosa natural, la posibi  lidad de que sea esta tierra la que nos cubra en nuestro último sueño, posibi  lidad, que en la inmensa mayoría de los caso llega a realizarse. Y esto con mayor razón, porque de ninguna ma  nera que lo consideremos podemos ad  mitir como tierra extranjera la tierra americana, y especialmente la Argen  tina, que ha sido legada a nuestra progenie como preciado patrimonio por nuestros gloriosos mayores. ” Agregó : “ Para fijar más solemnemente nues  tros dos amores en este instante de mística reconcentración han querido nuestros hermanos de allá responder a nuestro pedido enviando unos puña  dos de tierra gallega, santificada pol  la acción de los siglos y por los he  chos ocurridos en los lugares de que ella procede, para que, unida por siem  pre en dulce desposorio con la virgen y amada tierra argentina, fuese una demostración más del cariño que la Galicia de América siente hacia este noble país. “La tierra de Padrón, lugar virgiliano donde Rosalía de Castro escribió, con partículas de sus propios dolores, la enorme morriña del emigrante; mu  rallas romanas de Lugo, ciudad de Césares, santuario de la raza; Celanova, cuna de Curros Enriquez, el peeta fustigador que hacía, con sus ver  sos rebeldes y altivos, sostener siem  pre despierto el corazón gallego; Puen  te Sampayo, donde Galicia forjó para España una página de oro en su lucha por la integridad de su independencia. He aquí descripta someramente la tie  rra que llega hasta el corazón de Bue  nos Aires, para fundirse con él por los siglos de los siglos. ” Finalmente dijo: “ Las virtuosas manos que van a bendecirla son las mismas que hace poco se extendieron con mística un  ción sobre los campos amados de Ga  licia. El ilustrísimo señor obispo de Temnos, monseñor de Andrea, ha que  rido proporcionarnos una prueba más de su afecto, que los gallegos sabre  mos valorar y a la que corresponde  remos en todo su significado. ” A continuación fueron colocados los cofres con tierra de las cuatro provincias gallegas, enviadas por el Banco Pastor, de La Coruña, los cua  les fueron bendecidos por monseñor de Andrea. Este prelado, seguida  mente, y antes de bendecir la piedra fundamental, pronunció elocuentes palabras. Dijo el obispo de Temnos que iba a bendecir la piedra embar  gado por tres sentimientos, que eran los de la religión, el del patriotismo y el de la unción religiosa. Expresó luego cómo se hallaban de identifi  cados los españoles, especialmente los gallegos, y los argentinos, y al respecto agregó que aquéllos, de re  torno en el terruño, se sienten muy argentinos, y que aquí, a tan larga distancia, se sienten más españoles que nunca. Después de impartida la bendición parte de la concurrencia firmó el acta que llevará en su seno la pie  dra fundamental, y luego fué coloca  da la tierra de las zonas gallegas antes mencionadas. El acto finalizó poco después de las 13. LA FIESTA DE SANTIAGO Tuvo efecto anoche en el Teatro Ateneo la fiesta artística organizada por el Centro Gallego para celebrar la festividad de Santiago Apóstol. La sala congregó una numerosa y caracterizada concurrencia de la co  lectividad española, presidida por el embajador, D. Ramiro de Maeztu, y miembros de la Embajada. Se inició el programa con la eje  cución del Himno Nacional Argenti  no y la Marcha Real Española, desj 32 REVISTA DEL CENTRO GALLEGO pues de lo cual un numeroso coro cantó el Himno Gallego. Luego, la compañía Rivera-De Ro  sas, que actúa en esa sala, puso en escena la comedia en dos actos de Linares Rivas “ Cobardías ” , que fué muy celebrada. El Presidente del Centro Gallego, D. Laureano Alonsopérez, pronunció después breves palabras para elogiar la acción de algunos socios del cen  tro, a quienes la institución había hecho objeto de sendas distinciones. El Sr. Alonsopérez hizo entrega de una medalla de oro a D. Francisco Vidal y tres de plata a los señores David Barrios, Serafín Míguez y Agustín Blanco, que son los miem  bros de la institución que han hecho el mayor número de socios. El cuarteto de laúdes Aguilar ofre  ció después un concierto, en el que fueron particularmente celebradas las composiciones “ Sonata en re ” , “ Cór  doba ” , “ Sueño infantil ” y “ Fiesta mora ” . La parte final del programa se titu  laba “ Unha noite de fiada ” y estuvo formada por interesantes cuadros tí  picos de música y baile gallegos, que motivaron entusiastas aplausos de los concurrentes. JOSE Escribano Público v Se encarga de la I Tratación de Suce  siones, Venias etc. j¡| | Teléfono: Uruguaya 1550 fii¡ Central l ! , íii SARANDÍ 495 El forzoso aterrizaje del “ Pájaro Amarillo ” en una playa santanderina ha dado pie para que algunos afi  cionados a comparaciones hiciesen ga  la de sus conocimientos y sacasen abundantes consecuencias. No es grano de anís atravesar el Atlántico en avión; pero hoy no tiene la empresa una importancia excepcio  nal. Sin embargo la prensa francesa presenta la hazaña realizada por sus compatriotas como algo insuperable, digno de ser cantado por excelsos poetas y esculpido en monumentos im  perecederos. Conociendo el espíritu francés, la contrariedad que les pro  ducía la ausencia de los aviadores e nlos vuelos trasatlánticos felizmen  te realizados hasta ahora, se com  prende la gran alegría de que dan muestra ante el relativo éxito logrado por Assolant y sus compañeros. Pero los diarios españoles no se han quedado atrás de los franceses. En cuanto los colegas madrileños supie  ron que el aparato pasaría probable  mente sobre territorio español teleDos Conductas grafiaron a todos sus corresponsales del norte y noroeste pidiendo informa  ciones amplísimas. Después del aterri  zaje nada se escatimó: las menores palabras, los gestos más insignifican  tes, los hechos más triviales de los aviadores fueron recogidos, publica  dos y comentados. No se hubiera he  cho más si de aviadores nuestros se tratase. Mejor dicho, si fueran com  patriotas es más que probable que no faltarían en algunas informaciones los comentarios deprimentes a que esta  mos acostumbrados cuando no se triunfa por completo y de modo ro  tundo. Y los amigos de hacer comparacio  nes recordaban la reciente hazaña de dos aviadores españoles que conmovió profundamente al extenso mundo his  pano. La prensa francesa que tan cui  dadosamente atiende a todo lo que a América importa poco menos que silenció los resonantes triunfos al  canzados por Jiménez e Iglesias. Se lamentan los comentaristas de que los periódicos españoles no recuerden esa actitud de sus colegas franceses. El primer impulso es el de aplaudir a quienes piensan así; pero la sere  nidad reacciona pronto contra la mo  lestia producida. Cada cual se con  duce como quien es; el noble carác  ter español no permite que su silen  cio pueda interpretarse como resque  mor por una desatención recibida. España, recibiendo los justos home  najes que se deben a su significación, desconocida o injuriada, no recuerda los agravios recibidos cuando se tra  ta de hacer justicia a los demás. Eso es quijotismo puro; mas al quijotis  mo que llevamos en el alma debemos las más bellas páginas de nuestra his  toria. í IVL González y González Sucesor de ¡ GONZALEZ, SUAREZ & Cía. CONSIGNATARIO DE CEREALES Y .■ FRUTOS DEL PAIS Vd. que es fumador y conoce lo bueno, |'|jí pruebe los Tabacos “ EL TORO ” i “ HABANO XX 19 Tipo Blanco U RIO NEGRO, 1658 MONTEVIDEO RÍO NOVO XXX ” X Tipo Negro No olvide; exija la marca $ “ EL TORO ” J " SU AGRADABLE BOUQUET DELEITA Y v SATISFACE 1!l1 !]. Cervecería Oriental S.A CERVEZAS LA RUBIA — Clara LA MOROCHA . — Oscura LA NEGRA — Negra SON A CUAL MEJOR Y MEJORES QUE CUALQUIER CERVEZA IMPORTADA GRAN HOTEL COLON (PALACIO GANOOS) EL MAS MODERNO DE MONTEVIDEO. LUJOSAS INSTALACIONES, ASCENSO  RES ELECTRICOS. DEPARTAMENTOS PARA NOVIOS. SITUACION INMEJORA  BLE CON TODAS LAS LINEAS DE TRANVIAS A SU PUERTA. --------------------- Calle Rincón esquina Bartolomé Mitre PORTE PAGADO REVISTA DEL CENTRO GALLEGO AGENTES: Dopnet* 8t MISIONES 1472 MONTEVIDEO PROXIMAS SALIDAS El 6 de Agosto vapor “ Cap. Norte ” ! ’ 23 ” ” ” “ La Coruña ” ” 29 ” ” ” “ M. Sarmiento' ” 13 ” Setiembre ” “ Monte Olivia" " 19 ” “ Cap. Arcona ” ff 22 ,r 9i “ Villagarcía ” (Salvo modificaciones) H. S. D. G. Cía. Hamburgo Sudamericana EXCELENTES COMODIDADES EN TODAS LAS CLASES; VAPORES ESPECIALES PARA PASAJ.EROS DE TERCERA CLASE :: : : :: :: PASAJES DE LLAMADA ■ ACEITE ' 1 LIBERTAD INDISPENSABLE Pídalo <%sa proveedor m -«tíSfc:- Talleres Gráficos “ EL DEMOCRATA" Ituzaingó 1510 — Montevideo