Memoria presentada al Excelentísimo Sr. Ministro de Estado acerca del estado de los conventos y demás establecimientos de Tierra Santa sostenidos con fondos de la Obra Pía de Jerusalen ... / por Francisco Freire Barreiro
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. assí to'e MEMORIA PRESENTADA AL EXCELENTISIMO SR. MINISTRO DE ESTADO AC E n C3 A OEL ESTADO DE LOS CONVENTOS Y DEMÁS ESTABLECIMIENTOS DE TIERRA SANTA, SOSTENIDOS CON FONDOS DE LA OBRA PIA DE JERUSALEN; DE LAS REFORMAS CONVENIENTES PARA QUE ADQUIERAN LA DEBIDA IMPORTANCIA Y CUMPLAN LOS ALTOS Y PIADOSOS FINES DE SU INSTITUCION, Y DE LAS MEDIDAS NECESARIAS PARA QUE EL DERECHO DE PATRONATO SEA RECONOCIDO POR LAS DEMÁS NACIONES QUE NO LE RESPETAN Ó LE PONEN EN DUDA, POR EL SR. D. FRANCISCO FREIRE BARREIRO, Comisario extraordinario é Inspector especial de la Obra Pia de los Santos Lugares de Jerusalen. SATVTIAGO, 1875. T ipo g r a f ía d e J o sé M. P a r ed es , V ir g en d e l a C er c a , 12. 1878. DE CO.MPOSTEL'
QckM. ^V-IG BIBLIOTECA UNIVERSITARIA DE SANTIAGO 01520386 u
Exorno. Sr.: De regreso de Tierra Santa, á la que, en compañía del Sr. D. José Fernandez Sánchez, fui enviado en virtud de Real Orden, fecha 20 de Febrero del corriente año, con el carácter de Comisario extraor dinario é Inspector especial do la Obra Pia de los Santos Lugares de Jerusalen, estoy ya en el caso de dirigir á V. E. la correspon diente Memoria, á tenor de dicha Real Orden, concebida en los términos siguientes: «El Excmo. Sr. Ministro de Estado me dice con esta fecha lo siguiente: «S. M. el Rey (q. D. g.) ha tenido « bien nombrar d D. Francisco Freire, actual Catedrático y Decano de la facultad de Medicina de la Universidad de Santiago, Comisario extraordinario c Inspector especial déla Obra Pia délos Santos Lugares de Jerusalen, para que, acom pañado de D. José Fernandez Sánchez, Catedrático de Filosofía y Le tras de la propia, Universidad, pueda examinar el estado en que se encuentran los Colegios, Conventos, Hospicios, Hospederías para pe regrinos y demás establecimientos que existen en Tierra Santa, y que están sostenidos con fondos de la Obra-Pia, y en los cuales ejercita y tiene el derecho de patronato la Corona de España: y pueda, á la re: redactar y presentar la oportuna Memoria, en la que proponga las reformas que juzgue convenientes y las medidas que crea necesarias para (pie aquellos establecimientos adquieran la importancia que deben tener y puedan cumplir los altos fines de su instituto, asi como para que e! referido derecho de patronato sea respetado por las demás nacióu se UNIVERS1DADE DE SANTIAGO DE COMPOSTELA
— 4 — nes que lo disputan ó ponen en duda; siendo además la voluntad de S. M. que se den las órdenes oportunas á los representantes de España en. aquellas regiones y al Procurador general y demás Jefes superiores, que esléti al frente de los citados establecimientos, para que faciliten id mismo Comisario extraordinario é Inspector especial, asi como al D. José Fernandez Sánchez los auxilios, datos, antecedentes y documentos que puedan necesitar para el mejor y mas pronto desempeño de su co metido; y por último es también la voluntad de S. M. que al D. Fran cisco Freire se abone)) de los fondos de la Obra Pia los gastos que oca sione su viaje de ida y vuelta á Tierra. Santa en la misma forma y cuantía, que se verifica á los Encargados de Negocios que viajan para asuntos del servicio. » a Lo que anuncio á V. para su conocimiento y satisfacción. — Dios guardeá V. muchos años. — Madrid^ de Febrero de 1875. — El Ad ministrador General — Manuel M? Moriano. — Sr . D . Francisco Freire. » Siguiendo, pues, el método trazado en la preinserta Real Orden, y aprovechando las luces é ¡lustrada cooperación del mismo Sr. Fer nandez Sánchez, á cuyos conocimientos y especiales dotes me creo en el deber de rendir aquí la debida justicia, trataré en capítulos diferentes: i .° Del estado de los Colegios, Conventos, Hospicios y Hospe derías de Tierra Santa, sostenidos con fondos de la Obra Pia. 2 .° De las reformas convenientes y medidas necesarias para <¡ue aquellos establecimientos puedan cumplir los altos y piadosos fines de su instituto. 3 .° De las medidas necesarias para que el derecho de patronato sea reconocido por las demás naciones que no le respetan ó le po nen en duda. I. Compónese la Custodia de Tierra Santa de treinta y tres Con ventos, tres Hospicios, treinta y tres Santuarios, tres Capillas y nue ve lugares de peregrinación, según demuestran los cuadros siguien tes, sacados del Prospello Genérale della Custodia di Terra Santa: e u se UN1VERS1DADE DE SANTIAGO DE COMPOSTEL
— 5 — CONVENTOS MAYORES Y MENORES, EN PALESTINA. S. Salvador, en Jerusalen. Simo. Sepulcro, en Jenisalen. Sta. Catalina, enBelen. S. Juan Bautista, en Aaln-Karem, vulgo S. Juan in Montana. S. Nicodemus, en Rama. S. Pedro, en Jafa. Santísima Anunciación, en Nazarel. S. Pedro Apóstol, en Tiberiad.es . S. Cleofás en El-Cubebe, vulgarmente llamado Emaus. EN SIRIA. S. Juan Bautista, en S. Jiiande Acre. La Anunciación, en Salda. S. José, en Beirut. S. Pedro y S. Pablo, en Avisa. La Conversión de S. Pablo, en Damasco. S. José, en Trípoli. S. Francisco de Asís, en Trípoli. Sta. Cruz, en Lataquía. Sta. María de Jesús, en A lepo. EN CHIPRE. Nlra. Sra. de las Mercedes, en Lárnaca. Sta. Cruz, en Nicosia. Sta. Catalina Virgen y Mártir, en Limasol. EN EGIPTO. Sta. Catalina, en Alejandría. La Anunciación, en el Gran Cairo. S. Francisco, en el Cairo Viejo. se UNIVERS1DADE DE S/\N HAGO DE COMPOSTEL. u
-6 — Ntra. Sra. del Carmen, enBulac. La Sagrada Familia, en Roseta. S. Francisco, en Damiela. La Inmaculada Concepción, en Mansura. S. Antonio de Pádua, en Fayun. La Inmaculada Concepción, enSue;.. La Inmaculada Concepción, en Cafar-ZayaL S. Francisco, en Ismailia. S. José, en Puerto Saúl. HOSPICIOS con sus correspondientes Iglesias, en las que Religiosos de los Conventos mas próximos celebran diariamente el Santo Sacrificio de la Misa y otros actos del culto, La Flagelación, en Jerusalen. Ntra. Sra. del Carmen, en la, Marina de Lárnaca. S. Antonio de Pádua, en Kalab (cercanías de Alepo). SANTUARIOS ó sea lugares que recuerdan los hechos principales de la vida, pasión y muerte de Nues tro divino Salvador, de su Santísima Madre ó de los Apóstoles, EN JERUSALEN. Capilla de la Crucifixión. j Altar de los Dolores. I Capilla de Sla. María Magdalena. / Capilla de la Aparición de Jesús á su Sma. Madre. 1 En el Monte calvario . . ' 'dentro de la Basílica Altar de la Columna. /del smo. sepulcro. Altar de la Invención de la Cruz. i Santísimo Sepulcro. i La Piedra de la Unción. / Capilla de los Dolores, contigua á la Basílica del Sepulcro. Iglesia de la Flagelación, en la calle déla Amargura. El Huerto de Gelsemaní. / , En el Monte Olívete. La Gruta de la Agonía. ) Altar de la Institución del Santísimo Sacramento. Altar de la Aparición á Santo Tomás. Altar de la Venida del Espíritu Santo. En la Iglesia de San Salvador. se UNlVhRSlDADE DE SANTIAGO 'fl DE COMPOS í LIA u
EN BELEN. El Santo Pesebre. El Altar de la adoración de los Reyes Magos. Altar de S. José. • Sepulcro de los Inocentes. Sepulcro de S. Eusebio. Sepulcro de Sla. Paula y Sta. Eustoquio. Gruta de la leche. EN S. JUAN IN MONTANA. Capilla del Nacimiento de S. Juan. Capilla de la Visitación. EN NAZARET. Capilla de la Anunciación. Capilla del Taller de S. José. Capilla de la Mensa Chrisli. Capilla de S. Nicodemus, en Rama. Capilla de Santiago, enJafade Galilea. Capilla de la Transfiguración, en el Monte Tabor. Iglesia de S. Joaquín, en Seforis. Capilla del primer milagro de la conversión del agua en vino, en Ganó. Capilla de S. Ananías, en Damasco. Capilla del Cementerio, en Alejandría. Capilla de S. Víctor, en Rama cerca de Alejandría. Capilla del Cementerio, en el Gran Cairo. LUGARES DE PEREGRINACION á los cuales los Religiosos de las comunidades mas próximas se trasladan en ciertas ¿pocas del año, todos ó en su mayor parte, para celebrar los sagrados misterios que recuerdan. La Ascensión, en el monte Olivete (Jerusalen ). Iglesia de ios Armenios Cismáticos, en el palacio de Coilas, en el monte Sion, .Jerusalen.
— 8 — Iglesia de Santiago el Mayor, también de Armenios Cismáticos, en Jerusalm. • Sepulcro de Lázaro, en Betania. Iglesia de S. Cleofás, en Emans. Iglesia de S. .Juan del Desierto. Monte de las Bienaventuranzas, cerca del lago de Tiberiades. Aldea de Nain, en Galilea. Monte del Precipicio, cerca de Nazaret. La historia de todos y cada uno de estos establecimientos, Excmo. Sr.,es un poema de abnegación, de fé, de privaciones, de sacrificios y de martirios. Después de las Cruzadas las Ordenes re ligiosas; después de los hechos hazañosos de los Godofredos, Balduinos, Ricardos y Luises los inenarrables prodigios del Patriarca de Asís y de sus heroicos Hijos, que, desafiando la cólera de los tiranos y el fanatismo de los Musulmanes, vienen siendo hace seis siglos los Custodios fieles de aquella bendita Tierra, santificada por el nacimiento, vida, pasión y muerte de Ntro. Divino Salvador, de su Madre Santísima, de los Apóstoles y Discípulos; tierra de prodi gios, en la cual no se pisa una sola piedra que no sea testigo de las misericordias de Dios á la par que de su justicia. Difícil, sino imposible, será bosquejar en los estrechos límites de una Memoria la historia de todos y cada uno de esos institutos, lo cual por otra parte no conduce al objeto que me propongo, aunque no carecería de interés. Todos ellos en efecto, ó casi todos, recuerdan, á la vez que la invencible intrepidez y ardiente caridad de los Hijos de S. Francisco, la piedad y acendrado celo de nuestros Monarcas, no menos que el santo empeño de nuestra nación generosa por el mayor lustre de los Lugares para siempre benditos, de nuestra Redención. No todos, sin embargo, tienen bajo este respecto el mismo in terés, ni han sido por consiguiente objeto de la visita que se nos encomendó en la preinserta Real Orden. Hay entre ellos unos que son y se llaman Españoles, porque, fundados y sostenidos con el producto de las limosnas de nuestros reyes y pueblo, han estado con ligeros intérvalos, ocupados exclusivamente por Religiosos es pañoles. A esta clase pertenecen los de Jafa, Rama, S. Juan m u se UNIVERSIDAD!: DE SANTIAGO DE COMPOSTr.lA
— 9 — Montami, Damasco, Nicosía y Constantinopla. Otros se dicen Mixtos, no tanto porque han sido en gran parte fundados y rescatados mu chas veces por España del poder de los infieles, cuanto porque los Religiosos españoles, que deben componer la tercera parte de las comunidades respectivas, turnan con riguroso orden en el desem peño de las prelacias con los Religiosos italianos y franceses. A esta clase pertenecen los Conventos de S. Salvador, Santísimo Sepulcro, Belen y Nazaret. Los restantes se componen de Religiosos, en casi su totalidad, italianos; si bien los españoles, lo mismo que los de otras naciones, pueden entrar á formar, y de hecho forman, parte de la familia religiosa, según la voluntad del Rmo. Custodio de Tierra Santa. Nuestra inspección se ha concretado á los conventos de la primera y segunda clase. El dia 19 de Marzo, Excmo. Sr., llegamos á Jafa á tiempo (pie daban comienzo á los divinos oficios. No puedo explicar á V, E.las emociones (pie experimenté, al ver en los ornamentos sagrados y en ios demás objetos del culto las armas de nuestra patria querida, en medio de pueblos tan apartados, cuyo estado político, social, moral y religioso es tan distinto del nuestro, cuya lengua y cos tumbres en nada se parecen á las de los pueblos de Europa. Está bamos en nuestra propia nación; mejor pudiera decir en nuestra propia casa; y ¿quién no lo creerla así al ver la alegría, el entusias mo, la tierna solicitud, la caridad grande, por decirlo de una vez, con que nos recibieron el P. Casto Amado, dignísimo superior de aquel hospicio, el P. José Casimiro, ilustrado párroco de los cató licos de Jafa, y el Hermano lego Fr. Vicente Susaeta, únicos re ligiosos españoles que allí residen? AI vernos, y á otros tres compa triotas que nos acompañaban, habíanse olvidado de sí mismos, y de sus tristezas, y de las contrariedades, y de los desprecios, que tienen (pie sufrir, y de la estrechez, muy próxima á la miseria, en que viven. Apenas se creería, á no verlo, el patriotismo encendido de unos hombres, que al hacer sus votos monásticos dieron un eterno adios al mundo y á su tráfago y vanidades. Si no temiera profanar las cosas santas, diría que en ellos el amor de la pátria constituye una segunda religión. Lo diré de una vez para siempre: en lodos, absolutamente en todos los conventos que hemos visitado, y en cada uno de sus individuos, desde el superior mas caracterizado 2 se UNIVERS1DADE DE SANTIAGO DE COMPOSTELA
-16Algo mas desahogada nos pareció la situación del Hospicio y (jolegio de Conslanlinopla, al frente del cual está, con el título de Comisario, el P. Enrique Collado, anciano venerable, cuyas ex celentes prendas le han captado universales simpatías, entre toda clase de gentes, de nación y creencias distintas, establecidas en una ciudad en que se hablan todas las lenguas, y se profesan todos los cultos. Estoy satisfecho, nos decía, cuando le suplicábamos nos expusiese las necesidades de aquella Casa para elevarlas nosotros al Superior conocimiento de V. E., estoy satisfecho, repetía una y otra vez. «El gobierno de S. M. atiende con paternal solicitud á cubrirlas necesidades mas apremiantes de esta humilde Casa.» Y tan humilde, Excmo.Sr., como que solo consta aquella Comunidad, además del mismo P. Collado, de un Sacerdote italiano, que está allí aprendiendo el turco, y de un lego español, Fr. José Peinado. ^i mas escuela, ni mas colegio, ni mas jóvenes españoles, ni nada. Tal es el estado deplorable en que se encuentran los Conventos españoles de la Custodia de Tierra Santa, sobre los cuales tiene de recho de patronato la Corona de España, como luego veremos. Debo decir algunas, aunque muy contadas palabras, sobre los Conventos, que se llaman M íj c I o s . El principal de lodos es el de S. Safcador de la ciudad Santa de Jerusalen, donde reside el Re verendísimo P. Guardian del Monte Sion, que es el superior gene ral de los Conventos todos de la Custodia de Tierra Santa, Egipto, Siria, Chipre y Constantinopla. Allí reside también el M. R. P. Vi cario del Custodio, y el M. R. P. Procurador de Tierra Santa, que desde tiempo inmemorial, y con muy raras excepciones, viene sien do español. En otro tiempo puede decirse (pie el P. Procurador era el Religioso mas importante y caracterizado de Tierra Santa; pues nada absolutamente se hacia sin su consejo y aprobación. El recogía los caudales de toda la Santa Custodia; él lomaba cuenta y razón de todo; sin su consentimiento, cuando de él no partía la iniciativa, no se emprendían fundaciones ni obras nuevas, ni se restauraban las abandonadas ó que amenazaban ruina. En aquellos siglos de infausta recordación para la Tierra Santa, en los cuales el despo tismo musulmán pesaba sobre los cristianos de Palestina como losa de plomo, sin dejarles ni un átomo de libertad é independencia, y amenazando constantemente sus vidas é intereses, el P. Procurador u se UNIVERSIDAD C DE SANTIAGO nr cnMPrwF-'
-17 — era, si se permite la expresión, una verdadera providencia, y un paño que enjugaba las lágrimas de todos aquellos cristianos fidelí simos y Religiosos heroicos, que, arrostrando toda clase de vejacio nes y miserias y el martirio mismo, querían vivir y morir allí donde vivió y murió el Salvador del mundo. No temo decirlo, Ex celentísimo Sr., la historia de los PP. Procuradores de la Custodia de Tierra Santa es una de las páginas mas gloriosas de nuestra historia gloriosísima. Los nombres de los PP. Antonio del Castillo, Domingo Lardizabai, Sebastian Vehil, José Coll y tantos otros, honrarían á cualquier pueblo, que con orgullo les contaría entre sus hijos mas esclarecidos. ¿Quién, en efecto, dió mas pruebas de prudencia, energía, sagacidad y talento diplomático en las multi plicadas y dificilísimas misiones que se les encomendaron cerca de los Papas, de los Reyes y Príncipes cristianos y de los Emperadores otomanos de Constantinopla? ¿Quién defendió con tanta constancia é intrepidez como ellos los derechos de la Corona de España, com batidos por altísimas influencias, y, lo que es bochornoso confesar, abandonados con frecuencia por aquellos mismos que mas interés y obligación tenían en conservarlos? ¿A quién sino á ellos, se debe la recuperación de muchos Santuarios, que estaban en poder de los Musulmanes, y de otros venerabilísimos, que detentaban y ha bían usurpado inicua, alevosa y sacrilegamente los Griegos y Ar menios Cismáticos? Pero hoy ¡cuán diferente la representación de los Procuradores de lo que en otro tiempo fué! Casi puede decirse ser un cargo meramente cid honoTCTi. El que lo desempeña actual mente, el M. R. P. Segundo Fernandez, cuyo bondadoso carácter, y excesivas atenciones que tuvo con nosotros, no encareceré bastante á V. E., nos decía casi con lágrimas en los ojos: «Pero ¿qué quie ren VV. que yo haga, si España parece enteramente olvidada de nosotros; si ni me envía Religiosos, ni pasa un céntimo para aten der á las innumerables y perentorias necesidades que pesan sobre nosotros, y si nuestros Religiosos tienen que vivir de limosna?» esta es la verdad, la triste y amarga verdad, que en conciencia me creo obligado á presentar desnuda á V. E. Cuando la Custodia en* tera de Tierra Santa se sostenía casi exclusivamente con los creci dos tesoros que mandaban nuestros católicos Reyes y piadoso pue blo; cuando no se removía una piedra, ni se abria un cimiento, ni 3 se UN1VERSIDADE DE SANTIAGO DE COMPOSTELA
-18 — se pagaba un bajáis, que no fuese con las limosnas de esta nación, amante cual ninguna de los timbres gloriosos de nuestra Religión Sacrosanta, bien podían hablar alto, muy alto, en todas, absoluta mente en todas parles, en nombre de sus Soberanos y del pueblo español los M. RR. PP. Procuradores de Tierra Santa. Hoy ¡cuán tas humillaciones tienen que sufrir y cuántas vergüenzas que devorar! Están casi imposibilitados de hacer ninguna observación sobre el nombramiento de Discretos, de Guardianes, de Vicarios, de Presidentes; no pueden destinar nuestros jóvenes á los Colegios mas conformes con sus respectivas vocaciones y aptitudes, ni tener contenta la insaciable codicia de los Turcos con algunos regalos. Lo que con esto ha padecido el respeto y buen nombre de Espa ña, con profundísimo dolor y vergüenza hemos podido conocerlo durante nuestra estancia en los Lugares Santos. Urge, pues, el re medio, y remedio eficacísimo, que V. E. en su probado patriotismo no dejará de aplicar. — Además del referido P. Procurador Segun do Fernandez hay en el Convento de San Salvador otros dos Sa cerdotes españoles, el P. Fr. Lucio Hoyos, que es el Discreto, y el P. Fr. Manuel Muñoz, ambos virtuosísimos, pero ancianos ambos y además enfermos, sobre lodo el último, que apenas puede aban donar el lecho. Es de advertir que la tercera parle de la comu nidad, que no consta de menos que de 30 sacerdotes, debe com ponerse de Religiosos españoles. Mayor proporción guardan los Religiosos legos, que son los siguientes: Fr. Joaquín Albiñana, Fr. Antonio González, Fr. Francisco Forment, Fr. Pedro Nuñez, Fr. Pedro Santalla, Fr. Isaac Rodríguez, Fr. Joaquín Miñana, Fr. José Serra, Fr. Alberto Benavente, Fr. Francisco Argole, Fr. Joaquín Catalan. En el Sanísimo Sepulcro de Jerusalen, que es otro de los (Conventos, llamados mixtos, solo hay en la actualidad un Sacer dote español, el P. Francisco Alvarez, de ejemplar observancia, de virtudes austerísimas, y que ya ha tenido la gloria de verter parte de su sangre por la fe que profesa, cuando hace tres años los Turcos movidos por las oscilaciones y oro de los Griegos y Armenios acometieron cobarde y bárbaramente á los Religiosos católicos, en el Santuario mismo de Belen, donde nació Vuestro Divino Redentor. Hay además tres legos, Fr. Simón Cortés, Fr. Sanu
-19tia^o Armentia y Fr. José Lorenzo Andrés. Dejo dicho mas arri ba, que en íos Conventos mixtos turnan en las prelaturas los Religiosos Españoles con los Italianos y Franceses. Hasta el pre sente así se viene haciendo; pero es de temer que no suceda lo mismo en adelante en una comunidad donde de diez y seis ó mas Sacerdotes, solo uno es compatriota nuestro. Y ciertamente no dejará de haber en esto apariencia de justicia y equidad. Digo mas ¿será ni siquiera conveniente, que en una comunidad donde hay un solo español, presida éste á veinte ó mas italianos? Esto es, Excmo. Sr., lo que me hace temer por nuestros derechos, hasta ahora jamás controvertidos, en los Conventos llamados es pañoles. Otro de los Conventos mixtos es.el de Belen, contiguo al lu gar santísimo donde nació nuestro divino Salvador. No necesito por lo tanto encarecer su importancia, que hace de aquel san tuario uno de los mas augustos de la Cristiandad. Conociéndolo así nuestros piadosísimos monarcas, contribuyeron á porfía á en riquecerle con ornamentos y joyas de inestimable valor; y en diferentes ocasiones prodigaron sus tesoros para engrandecerle, repararle y rescatarle del poder de los infieles ó cismáticos. Pues bien, Excmo. Sr., en ese convento, de que tan devotos fueron siempre nuestros Reyes, y que cuenta con una de las comunida des mas numerosas de la Palestina, solo hay cuatro Religiosos españoles todos Sacerdotes, que son el P. Mariano Moron, Tenien te Cura de Belen, y que también vertió su sangre en defensa de la fé católica, el P. Félix de Dios, el P. Agustín Vicente y el P. Agustín Sevillano. De estos, dos, el P. Félix de Dios y el P. Agustin Vicente, residían allí interinamente, y tal vez á estas horas habrán recibido la obediencia para pasar á otros Conventos. Excu sado es decir que con estos elementos nuestros Religiosos, que ven con profundísima amargura desaparecer, uno en pos de otro, nuestros mas preciados derechos en Tierra Santa, tienen que se llar los lábios, por no recibir una repulsa que los llenaría de vergüenza, tanto mas de sentir cuanto que caería sobre el buen nombre de nuestra patria. Otro tanto diremos del Convento de Naz-aret, edificado en el lugar mismo donde el Hijo de Dios tomó carne en las entrañas se UNIVERSIDADE DE SANTIAGO DE COMPOSTEL u
— 20 — purísimas de la Virgen. Dicho está con esto el respeto, la vene ración, la predilección marcadísima que nuestros Reyes tuvieron á este santuario, no menos ilustre, que los mas ilustres de Pa lestina. En este, como en los tres anteriores, nuestros Religiosos debían turnar en el cargo de Guardian con los italianos y france ses; y la tercera parte de la Comunidad debía componerse de Es pañoles. Pues ahora bien, solo lo son en la actualidad el P. Miguel (^abañas, celoso ó ilustrado Párroco, y el P. Antonio Argote, quienes por cierto están sumamente enfermos. Si tal es el estado de los Conventos españoles y de los mixtos ¿qué diremos de los otros sobre los cuales no puede el Gobierno español alegar tantos ni tan legítimos y sagrados derechos? Apenas sise oye pronunciar, y con estrañeza, el nombre de España. Un Religioso en Damieta, otro en Puerto Said, uno en Alepo, y al guno que otro en muy contados conventos de los muchos que dependen de la Santa Custodia en Palestina, Egipto, Siria y Chi pre, he aquí lo que conserva España de sus antiguas glorias y de su inmensa influencia y poderío en aquellas partes de Oriente. Unos treinta y ocho Religiosos, privados, puede decirse, de todo auxilio y protección. No sería justo ni respondería á la ley de agradecido, si pasara en silencio los buenos servicios que con el mayor celo y actividad nos prestaron los Sres. Cónsules y Vice-cónsules, acreditados en a(|uellas comarcas, para hacernos mas fácil el desempeño de nuestra delicada misión. Aprovecho gustosísimo esta coyuntura para en carecer el patriotismo y abnegación de funcionarios tan beneméri tos como el Vice-eónsul de Jala Sr. Spagnuolo, el Cónsul de Jerusalen, Sr. Conde de Casa Sarria: el de Beirut, I). José Manuel Quintana, y el Vice-cónsul de Damasco, Sr. Garcimarlín. No te nemos menos que agradecer al Excmo. Sr. Conti, Ministro Pleni potenciario de S. M. cerca de la Sublime Puerta, y al Agregado de aquella embajada. II. . Visto el estado de los Colegios, Conventos, Hospicios y Hospe derías de Tierra Sania, que deben sostenerse con fondos de la u
-aiObra Pía, cúmpleme en esta segunda parte proponer á la ilustrada consideración de V. E. las reformas convenientes y medidas (pie creo necesarias, para que aquellos establecimientos adquieran la debida importancia, y puedan cumplir los altos y piadosos fines de su instituto. Materia es esta delicadísima, y en la cual no entra ría sin contarde antemano con la notoria benevolencia de V.E., (pie seguramente no verá en cuanto diga otra cosa que el de seo de servir los intereses de España y de Nuestra sacrosanta Religión. La primera y mas perentoria medida que hay que tomar es la del envio periódico de fondos. En esta parle Excmo. Sr., no caben dilaciones; pues la honra de España está en ello comprometida, no menos que la existencia de muchos de sus mas heles hijos, (pie se esfuerzan por mantener desplegada allí, sin mancha y gloriosa, la bandera de los derechos de nuestros Reyes. Es verdaderamente deplorable que el pueblo, cuyas remesas bastaban por sí solas, puede decirse, para sostener la Santa Custodia y atender á las múltiples necesidades que de ella se derivan, yá que acude con caritativa solicitud y heroica abnegación, sea hoy el único (pie no contribuye, ni poco ni mucho, á levantar unas cargas sagradas, á (pie solemnemente se comprometió, y para lo cual sobran con exceso los réditos de los capitales propios de la Obra Pía, que se crearon con ese exclusivo objeto, por haber sido esta la voluntad expresa de los donantes, que lo fueron nuestros Reyes, y casi todo el pueblo español. No podría yo precisar las cantidades con que debiera contribuirse para tan sagradas obligaciones. La multi plicación de la grey cristiana en aquellos lugares, y el mayor pre cio que todos los artículos, allí como en las demás partes, alcanzan con el mayor desarrollo de la industria y el comercio, hace de todo punto indispensable aumentar las cantidades que en los úl timos tiempos se remesaban. En esta partí 1 no pueden menos de es tar y ponerse de acuerdo con V. E. y la Comisaría general de la ObraPia de Jerusalen el M. R. P. Comisario General de Tierra Santa y Marruecos y el M. R. P. Procurador de la Custodia. Esto (pie pide la justicia y el honor de la patria, además de estar muy en armonía con los sentimientos rectos y piadosos de S. M. el Rey (q. D. g.) y de su Gobierno, es afortunadamente muy haceu se UNIVERSIDADE DE SANTIAGO DE COMPOSTELA
-22dero, dado el estado floreciente y grandemente desahogado de los fondos de la Obra Pía. Relacionada con esta medida están dos reformas que me atrevo á proponer á V. E., porque las creo de absoluta é inmediata nece sidad en su aplicación, tales son la sustitución de todos los Comisa rios diocesanos por otros que sean Religiosos de S. Francisco y la unión de las cajas de la Santa Custodia. No es mi ánimo, Excmo. Sr., rebajar en lo mas mínimo el buen nombre que les ha merecido la actividad y celo que en pró de los intereses de Tierra Santa vienen desplegando los actuales Comisa rios diocesanos, todos ellos dignísimos eclesiásticos de rectitud é integridad intachables. Todos sin excepción merecen bien de la Religión y de la Corona. Fáltales, sin embargo, una circunstancia especialísima, cual es la de ser hijos de S. Francisco, únicos en quienes la generalidad de nuestro pueblo depositaría con abso luta y ciega confianza, y hasta con fervoroso entusiasmo, si se me permite la espresion, el óbolo de su caridad, para atender á las/ necesidades de la Tierra Santa. No me cabe la menor duda de que en este concepto adquirirían incremento notable los ingresos de la Obra Pia. Obsérvese, sin embargo, que mas bien que como reforma, debería proponer á V. E. esta medida como simple restau ración de un procedimiento muy antiguo. Lo mismo digo de la otra reforma, la de la acumulación de fondos, cualquiera que sea su procedencia, en una sola caja. La Custodia de Tierra Santa, Excmo. Sr., ha sido considerada desde un principio como patrimonio común de las naciones Católicas en general y de los Religiosos Observantes descalzos de la Orden de S. Francisco en particular. De esta excelente prerogativa de la Tierra Santa confiada á la custodia de toda la Seráfica Orden, viene la costumbre inmemorial de admitirse en su seno á los Religiosos de todas las naciones. Siendo esto así, todas las limosnas, de cual quier punto de la cristiandad que procediesen, eran comunes y sr depositaban en una arca de tres llaves, de las cuales una retenia el Rmo. Custodio, otra el P. Vicario y otra el Procurador. Ningu no de los tres separadamente, ni todos juntos, podían tomar fondos, sin convocar para este fin al Discretorio, reunido el cual, y en su presencia, se procedía á la apertura de la caja, y á sacar la suma u
-23que se necesitase, entregándola al P. Procurador, que tenia que dar minuciosa y exacta cuenta de su inversión. Los Superiores de los Conventos y Hospicios, debian también formar sus cuentas par ticulares con minuciosa relación de lodo, y remitirlas mensualmente al P. Procurador, quien á su vista extendía las generales de la Santa Custodia, que trasladaba después á un libro maestro y pre sentaba cada mes al Discretorio para su aprobación. De este modo vino administrándose la Santa Custodia durante siglos, con gene ral contentamiento y satisfacción de lodos y con evidentes venta josas para los intereses comunes, hasta el 17 de Diciembre de 1772, fecha de la famosa Cédula Real de Cárlos III. Conformándose S. M. con el diclánien de su Consejo de Cámara, se sirvió declarar en (día bajo su Real y efectivo patronato é inmediata protección la Obra Pía de los Santos Lugares de Jerusalen, sus Conventos é Iglesias, y establecer varias reglas para su gobierno temporal y buena cuenta y razón de sus limosnas. Parló (pie á esto último se refiere, disponíase en dicha Real Cédula: «Que por ahora se remitan las conductas derechamente al Procurador General espa ñol, que reside en Jerusalen, para que las reciba con cuenta y razón y las ponga en lugar seguro yen un arca de tres llaves, de las cuales ha de tener el mismo Procurador la una, y las otras los Religiosos españoles condecorados de aquellos Santos Lu gares donde se colocare el arca, llevando cuenta y razón del orden con que se distribuyen en sus precisos destinos para remitirla al Comisario General de los Sanios Lugares y éste á mi Consejo de la Cámara». No sospechaba el católico Monarca, á quien guiaba el celo de la Religión y bienestar de la Custodia, los deplorables efectos de esta Cédula en la paz, que hasta entonces se había dis frutado en la Tierra Sania, y en la e lilicacion de los fieles (pie allí residen. Triste es decirlo, pero así conviene consignarlo, por ser la pura verdad, apenas llegó á Jerusalen esa Real Cédula alte ráronse los ánimos de los Religiosos de ambas familias; ausentóse la paz y la concordia de aquellos Sanios Lugares; empezaron las quejas, recursos, protestas y recriminaciones de unos contra otros, y lodo fué confusión, acompañada de grave escándalo de los fieles, que hasta entonces solo habían visto en los Religiosos todos de Tierra Santa hermanos cariñosísimos, unidos en un solo sentíse UN1VERSIDADE DE SANTIAGO DE CÜMPOSTELA
-24 — miento, en un solo amor, en una sola voluntad: la gloria de Dios, el esplendor del culto de los Santos Lugares y la santificación propia y de (oda aquella sencilla grey. Con esto tuvo origen un nuevo sistema de administración de las limosnas de Tierra Santa, consistente en su parte principal en la creación de dos cajas, una para la familia española y otra para la italiana. Ambas estaban en la Procura general, y el P. Procura dor conservó el carácter de administrador de las dos, con depen dencia de los respectivos Discretos. Nótese de paso, que estando divididos los intereses de las dos familias, y no queriendo los Es pañoles que en sus intereses particulares pusiesen mano los Italia nos, estos, no obstante, permitieron que sus limosnas fuesen admi nistradas por un español. Cada caja tenia tres llaves. Las de la española,, en la cual se colocaban las limosnas de la Obra Pía y las demás provenientes de estos reinos, estaban en poder del P. Pro curador General una, y las otras dos en el de los dos PP. Discretos españoles. Las llaves de la Caja italiana eran guardadas una por el Rmo. P. Custodio, otra por el P. Procurador General y la ter cera por un P. Discreto italiano. Cuando de resultas de la su presión de las Ordenes monásticas faltaron los Religiosos de k ran cia, Alemania y otros puntos, y cuando se separaron las Américas de la obediencia y dominio de España, las limosnas procedentes de esos pueblos se consideraron como de pertenencia común, y se dividieron entre ambas familias. Con esto hubo en 1 ierra Santa dos Administraciones distintas para unos mismos hermanos y unas mismas casas, lo que aparte de perpetuar allí la discordia y des unión, complicaba extraordinariamente la contabilidad, y daba origen inevitable á recelos, injustificados siempre, y siempre ca lumniosos. De esta manera continuaron las cosas hasta que nuestro Smo. Pa dre el Papa Pió IX restableció el sistema antiguo, ordenando bajo santa obediencia por su bula Romani Pontífices, dada el año 1846, que todas las limosnas y mandas remesadas á Jerusalen, de cual quier procedencia que sean, estén depositadas en una Caja de tres llaves, de las cuales una debe tener el Rmo. Padre Custodio, otra el Discreto mas antiguo y otra el Procurador General; y que en todo no haya mas que una administración, una familia y se UNlVERSIDADr DE SANTIAGO
— 25 — un centro común. El Santo Padre confirma además la bula de Be nedicto XIV In supremo militantis Ecclesioe, expedida en 1746, en laque se restablece que el P. Custodio sea italiano, el Vicario fran cés, y español el Procurador. Esta Bula puso feliz término á las tristes cuanto ruidosas cues tiones, á que había dado origen la separación de Cajas. Los Reli giosos españoles obedecieron, sin poner ningún obstáculo, la sobera na disposición, cuyos benéficos resultados bien pronto empezaron á tocarse, según se desprende entre otras cosas de una comunica ción del P. Procurador de Tierra Santa, Fr. Sebastian Vchil, al entonces Comisario General, Excmo. Sr. D. Miguel Golfanguer, de la cual entresacamos los siguientes párrafos que dicen rela ción á nuestro propósito: «Confirmando Pió IX la Bula de Be nedicto en la cual se establece que el Superior sea italiano, el Vicario francés y el Procurador español, no solo no quedan derogados los atributos del Procurador español, sino que reciben mayor extensión, vigor y fuerza, siendo así que con motivo de la división de las Cajas los Italianos se habían apropiado algunos atributos, que en virtud de la dicha Bula y de las Constituciones generales de la Orden pertenecen solo al Procurador; y así el Procurador queda el único administrador de todos los intereses temporales de Tierra Santa; él es el que recibirá todas las limosnas; él es el que las dispensará por toda la Custodia, y el Procurador finalmente propondrá las ternas para prelacias de los Conventos de nuestra familia española; que en esto nada hay derogado en la sobredicha Bula... A consecuencia de todo esto, nosotros, aten dida la determinación formal y absoluta con que el Padre común de la Iglesia manda la unión de las Cajas de las dos familias, co mo verdaderos hijos de la Iglesia obedecemos rendidamente, es perando que nuestro comportamiento será de la aprobación del Gobierno de S. M., y que con este acto de sujeción y obediencia hácia el Sumo Pontífice, haremos callar los calumniadores que nos tenian por sediciosos y casi por cismáticos... Por último á motivos de esta disposición se han acallado tantas quejas; y en una y otra familia de Tierra Santa reina una perfecta paz y unión. El P. Su perior se extiende mucho en elogios de nuestra familia, protestan do que se conservarán todos nuestros derechos; y en verdad que 4 se UN1VERSIDADE DE SANTIAGO DE COMPOSTELA
— 32 — los preserven de ofensas, cuando fuere oportuno, pues en esto nos haréis un sumo placer, ofreciéndonos en nuestro Señor por respeto de vuestra perennidad, hacerlo propio, y aun mas, en favor de vuestros súbditos. Dado en Monzon etc. «Y porque mucho nos urge que esos Padres, que deseamos sean tratados como nuestros Capellanes, sean preservados de cual quier injuria y gravámen, os decimos y mandamos, rogándoos que presentándoos en persona al Ilustre ¡Sultán, hagais lo posible, y pro sigáis con afecto para que sean concedidas por el mismo Sultán, mediante un especial privilegio, todas las cosas que pedimos en favor de los frailes Menores; y siempre que fuere necesario, y os fuere presentada nuestra presente carta les ayudéis, tratéis sus ne gocios, y siempre que por ellos fueseis requeridos les deis auxilio, consejo y favor en sus oportunidades, porque en esto nos haréis un servicio, al cual quedaremos agradecidos. Dado en Monzon, bajo nuestro sello en 26 Diciembre de 1366 el 28 de nuestro reinado,» Todavía mas adelante obtuvo del Papa Gregorio XI la Bula Inter Cúnelos ordines, dirigida al P. Martin de Aragón, para reedifi car el Convento de Belen, y concediendo muchas gracias y privi legios á los Religiosos que allí morasen. Tiempo andando, habíase perdido el Santísimo Cenáculo, usur pado por los Turcos y Hebreos unidos. Lleno de dolor por tan sen sible pérdida el Rey de Castilla Enrique IV, ordenó en desquite la demolición de todas las mezquitas de su reino, lo que obligó á los musulmanes aquí establecidos á pedir con instancia á sus herma nos de Palestina la devolución de aquel Santuario venerable á los Padres Franciscanos. Así se hizo en el año de 1460, según cuenta el P. Calahorra, á quien sigue el historiador italiano P. Marcelino de Civezza en su «Cronaca delle Missioni Francescani» (pág. 248 parte IV). De esta suerte se debió á uno de nuestros soberanos la recuperación del mas insigne de todos los templos de la Cristian dad, aunque mas adelante, en 1550, volvió desgraciadamente á per derse hasta nuestros dias, en que todavía le retienen los infieles. No se mostraron menos celosos que sus predecesores, los Reyes Católicos D. Fernando y D. a Isabel, quienes asignaron mil escudos u
— 33 — de oro, en calidad de renta anual perpetua, aplicada precisamente á la conservación y reedificación de los monumentos de Tierra San ta; sin contarla fundación de varias capellanías, misas, procesiones, y otros ejercicios espirituales, y el donativo al Santísimo Sepulcro de muchas y muy ricas joyas de oro y plata. Por aquel tiempo la cúpula del Sepulcro amenazaba ruina. No es decible cuanto hubieron de trabajar los Religiosos, y negociar nuestros Reyes para alcanzar un firman de Constantinopla, per mitiendo su restauración. Obtuvo el deseado permiso el empera dor Carlos V (4553), que tomó sobre sí todos los gastos de aquella obra, dando sobre esto órdenes terminantes á su embajador cerca de la república de Venecia, D. Antonio Vargas. En tiempo de su hijo y sucesor, Felipe II, se terminó dichosamente la gran fábrica (1556). Este piadosísimo Monarca no solo confirmó la dotación de mil escudos de oro, señalados por los Reyes Católicos, sino que hizo donación de una renta anual perpetua de 40 carros de trigo, que después conmutó en mil ducados anuales, sobre los fondos de su Corle. Felipe III confirmó todas las donaciones de sus predecesores, y además enriqueció los Santuarios de Palestina con ornamentos y alhajas de inestimable precio, y consignó diversas limosnas sobre el reino de Nápoles, y muchos juros sobre el de Castilla, todo para la conservación y mas espléndido culto de los Santos Lugares. En tre los generosos donativos de este Monarca encontramos el de tres mil ducados de renta anual, otorgado en 43 de Agosto de 1611, con obligación de que se celebrase cierto número de misas solem nes en las principales festividades del año, y se practicasen otros ejercicios de piedad y devoción. La época del reinado de Felipe IV fué de las mas angustiosas que atravesóla Santa Custodia, tanto por las tiranías de los Tur cos como por las sacrilegas usurpaciones de los Cismáticos; y no vacilamos afirmar, que sin la eficaz y decidida protección y enérgi ca actitud del Monarca Español habríamos perdido los mas insig nes Santuarios de Palestina. Aparte de esto, dió como limosna particular para la reparación de los Santos Lugares diez mil duca dos castellanos en 1623; treinta y cuatro mil escudos para restau rar el Convento de Belen en 1628; y en 1633 señaló una renta de se UNIVÍ-RSIDADr DE SANTIAGO DE COMPOSTELA
-34trcs mil ducados, pagadera durante veinte años, para reparar los lugares que habían tenido usurpados los Griegos. Excitó además la caridad de los fieles de sus vastos dominios en favor de los Santos Lugares, consignó otros muchos juros con el propio objeto, de suerte que ascendían ya las rentas fijas que se cobraban de estos reinos a la suma de 669.763 rs., y atendió muy especialmente á que hubiese siempre en Tierra Santa buen número de Religiosos es pañoles, para consuelo de los peregrinos que de aquí iban. Tan devoto como su padre se mostró Carlos II, que solo para rescatar muchos Santuarios, de los cuales se habían vuelto á apoderar violentamente los Griegos, remesó una suma de 260.000 ducados en 1676. En 1691 envió otros 80.000 para una nueva res tauración de la gran cúpula del Santo Sepulcro, que por entonces, sin embargo, no se llevó á cabo, aunque se aprontaron todos los materiales, con cuya ocasión se hizo una especie de camino desde Jafa á Jerusalen para el trasporte de maderas y otros efectos. Ade más, y como Patrono de los Santos Lugares, auxilió con 100.000 ¡•esos fuertes á Leopoldo I Emperador de Austria, que á la sazón estaba en guerra con el Turco, con la expresa condición de que al hacer las paces reivindicase los derechos, libertades y privilegios de los Religiosos y fieles de Palestina, y la conservación y aumen to de los Santuarios. Entre tanto no se desistía de llevar á cabo la restauración de la cúpula del Sepulcro, para cuya obra sumi nistró España en aquel mismo reinado desde 1697 al 1699, entre otros muchos efectos, 3.596 arrobas de hierro, 203 vigas de grande espesor, 3.518 tablas, 12 barriles de alquitrán, 8 de clavos y 1.268 arrobas de plomo. El reinado de Felipe V es notabilísimo en los fastos de la Santa Custodia de Jerusalen, pues dicho Monarca fue el único que costeó la reedificación de la gran cúpula, cuyo gasto ascendió á la suma de 400.000 duros, sin disminuir un solo maravedí de las rentas y emolumentos, que por otros conceptos se venían remitiendo á Fierra Santa. El de Fernando VI fue de profunda paz, lo mismo en España que en Palestina, por cuya razón no se registran donati vos extraordinarios; pero se cumplieron con religiosa puntualidad las obligaciones que para atender al culto y conservación de los Santos Lugares se habían impuesto los reyes sus antecesores. u UNIVERSIDAD! DE S/XNTIAGO DE COMPOSTE
-35Gárlos III fue uno de los monarcas que se mostraron mas celo sos por la prosperidad de los Santos Lugares, y de los que con mas tesón defendieron sus derechos de Patronato, según he tenido oca sión de hacer notar á V. E. Lo mismo en Ñapóles y Sicilia, donde había reinado veinte y cuatro años, que en los vastísimos dominios de la monarquía española, de tal suerte fomentó la piedad y devo ción de los fieles á la Tierra bendita de nuestra Redención, que sin contar las muy cuantiosas sumas que periódicamente se remitian á Jerusalen, en el corlo espacio de diez y siete años, desde l.° de Enero de 1752, reinando Fernando VI, hasta fin de Diciembre de 1769, diéronse á censo por cuenta de la Obra Pia 36.415,862 reales 14 maravedises, según consta de la Real Cédula de 6 de Mayo de 1773; y pocos años después había sobrantes en caja 18.000,000 que íntegros se emplearon en la construcción déla Iglesia y Convento de S. Francisco el Grande de Madrid, con beneplácito déla Santa Sede y del Monarca español. No se limitó á esto la piedad de Car los III, que dejó una eterna memoria de su real munificencia en las riquísimas alhajas que regaló al Santo Sepulcro, y son hoy la admiración de ios viajeros y peregrinos de todas las naciones. Metodizado desde entonces el sistemado contabilidad y admi nistración, cubiertas por regla general todas las atenciones de Tierra Santa, marcharon las cosas de una manera ordenada, sin desatenderse por lo común los gravísimos y sagrados compromisos que pesan sobre la Obra Pia, durante los reinados siguientes de Carlos IV, Fernando VII é Isabel II, hasta estos últimos tiempos en que contra toda justicia, contra toda ley, y hollando las mas vulga res reglas de humanidad se ha privado á los Religiosos de Tierra Santa y á todo cuanto dice relación con ellos de lo que con sobrada razón pueden llamar patrimonio suyo, mientras como buenos levan ten todas las cargas y cumplan con sus deberes. Entre tanto apenas las demás naciones contribuían con alguna exigua cantidad para la conservación y culto de los Santos Lugares; pues habiéndose empezado á recojer en ellas limosnas para tan sagrado objeto á principios del siglo XVII, pasaban años enteros sin recibirse un solo maravedí. En el largo período de 36 años, á contar desde 1615, solo contribuyeron con 50.155 duros, mientras en igual espacio de tiempo España había enviado 626.836 pesos se UN1VERS1DADE DE SANTIAGO DE COMPOSTELA
-36 — fuertes. según las cuentas de la Procura de Jerusalen, de las cantidades por todos conceptos remesadas á los Santos Lugares desde 22 de Marzo de 1651 hasta 25 de Febrero de 1657 la Europa junta contribuyó con una cincuentésima parte, correspondiendo á España las otras 49. Con harta razón, pues, pudo esclamar el P. Antonio del Castillo en su Obra titulada el Devoto Peregrino: «Nuestro Gran Carlos (q. D. g.) él solo con sus vasallos sustenta la Casa Santa; los demás de la Cristiandad no dan un cuarto»; y con la misma verdad pudo escribir algunos años después el P. Diaz en su Lucerna Hierosolimitana: «que las limosnas de España mantienen la Tierra Santa, no bastando las que se recejen en otros Estados para el trasporte de los Religiosos y manutención de alguna parte de las misiones encargadas entonces por la Santa Sede. » No se crea, Excmo. Sr., que se limitaba á lo dicho la generosa munificencia de nuestros Reyes. Los Santos lugares de Jerusalen y los Conventos españoles y mixtos eran continuamente atendidos con pingües sumas como evidenciarán los datos siguientes, en los (pie no quiero extenderme demasiado, por no molestar la atención de V. E. Jerusalen. Por defender la propiedad del cementerio de Sion pagó la caja de España 119.669 duros en el año de 1777. Dos anos mas adelante para hacer un almacén y algunas celdas en el convento de S. Salvador aprontó la suma de 15.000 duros; y en 1781 otros 100.000 para reparar la Capilla del Santísimo Sepulcro, finalmente en 1782 pagó la caja española 1.950 pesos fuertes para reivindicarla posesión déla Gruta de Getsemaní. S. Juan. Atacado este Convento en 1784 por los Turcos, que intentaban venderlo á los Griegos Cismáticos, hubieron nuestros Religiosos de redimirlo por la suma de 14.684 duros. Veinte y dos anos después, en el de 1806, para evitar la destrucción con .que los mismos Turcos le amenazaban, fué menester pagar con fondos de España la cantidad de 1.583 duros. En 1818, 1819 y 1820 se gas taron 3.653 duros por compra de tres casas, para ampliar el solar del convento, por embaldosar este interiormente y por abrir una cisterna. En 1861 se hizo á cuenta de un bienhechor español, que dió al efecto 7.146 duros, un dormitorio en la parte superior del convento. En el mismo año se construyó la hermosa Capilla de la se UN1VERSIDADE DE SANTIAGO DE COMPOST r ’ A ¿
— 37 — Visitación, á corla distancia de la población de S. Juan, en la cual invirtió otro bienhechor español la suma de 1.413 duros. Cinco años después se levantó un muro al rededor del huerto, que her mosea aquel santísimo lugar, lo que costó á la Obra Pia 2.588 duros. Finalmente en el mismo año, (pie fue el de 1865, remitió la Comisa ría de Madrid otros 5.000 duros para la hospedería del Convento, <pie por cierto no se ha podido concluir aun. Jafa. En 1749 se pagó con fondos de la Obra Pia la compra y fábrica de varios almacenes, lo que ascendió á la suma de 10.000 duros. En Enero de 1765 se enviaron 20.000 duros, y en Setiem bre del propio año otros 10.000 para la fábrica del Hospicio. En 1787 la Caja de España satisfizo igualmente los gastos de otra nueva fábrica, que ascendieron á 18.330 duros. En los años de 1819 y •1820 se emprendieron obras, que costaron 4.515 pesos fuertes; y en los de 1829 y 31 se gastaron otros 22.760 pesos fuertes en la com pra de dos casas y cuatro almacenes colindantes, y en fabricar un Hospicio. Existe además un documento legal, autorizado por tres Cadies de Jerusalen en el año de la Egira 1.201 correspondiente al de 1786 de nuestra era, por el cual se hace constar que la primi tiva fábrica de madera, contigua entonces al Hospicio de Jafa, y comprendida hoy dentro del mismo, fué adquirida con dinero de España para alojar á los peregrinos y mercaderes españoles. Rama. En 1780 se reedificó este Hospicio con fondos de Es paña, que ascendieron á la suma de 6.840 duros. En 1806, al re tirarse las tropas de Napoleón de aquellos sitios, los Turcos pusieron fuego al Convento, cuyos estragos costaron á España, que los re paró, 3.652 duros. Nicosia. En 1820 se remitieron de los fondos de la Obra Pia 1.666 duros para la compra de una Casa frente al Convento; y en 1832 otros 2.000 duros, con los cuales se fabricó una parte del Hos picio hoy existente. En 1867 se remitieron también 1.000 duros para cercar el cementerio. Constantinopla. Durante los años de 1820, 1821 y 1824, pagó España por la reedificación del hospicio y casa del jardín y por varios débitos 9.712 duros. Damasco. Adquirido el Convento de Damasco en el año de 1684, en cuya época, como hemos visto antes, casi era sola España se UNIVERSIDADE DE SANTIAGO
-38á contribuir con sus limosnas para la conservación de los Lugares Santos, claro está que con fondos de su pertenencia se fundó este hospicio, como los demás, y los conventos llamados españoles. No seria temerario afirmar lo mismo de los Hospicios y Conven tos que se llaman mixtos, como lo prueban hasta la evidencia, entre otros muchos datos, que la necesidad de ser breve me fuerza omitir, los aducidos en el cuerpo de esta Memoria, en virtud de los cuales podemos decir, sin temor de (pie nadie nos desmienta, (pie to dos ellos fueron adquiridos por España; edificados por España; reparados, aumentados y reedificados diferentes veces por Espa ña, y muchas mas veces aun rescatados del poder de los Tur cos ó de los Cismáticos, que astuta ó violentamente se habían apoderado de ellos. Por esta razón se nos han reservado sobre ellos preciosos derechos, como son, según repetidas veces deja mos dicho, el de turnar los Religiosos Españoles con los Italia nos y Franceses en el desempeño de las prelacias, y el de que se compongan las comunidades respectivas de una tercera parte de compatriotas nuestros. El mismo Discretorio de Tierra Santa los llamó mixtos en su acuerdo de 1776, en virtud del cual quedó admitida la separación de las Cajas, ordenada por Cárlos III; y en este concepto se estipuló (pie la española contribuyese con la tercera parle de los gastos, aunque pronto pagó ella la mitad, y no mucho después las dos terceras parles; no siendo raro que nuestra nación levantase sola los gastos. La fuerza de esta ver dad arrancó de la pluma del traductor italiano de la Obra de Eugenio Boré titulada: Cueslion de los Santos Lagares, las si guientes expresiones, que deben enorgullecemos como católicos y como españoles: «Si en Jerusalen, dice, no quedara mas que una sola piedra, deberían esculpirse en ella los nombres de los tres Felipe II, III y IV y el de Cárlos III. » No queremos dar por terminado este punto sin contestará una objeccion, cuya especiosidad hace dudar mucho de la buena fé de los que la proponen. Dícese: «convenimos de buen grado en la ge nerosidad y munificencia, laudables sobre lodo encarecimiento, de los reyes y pueblo español; pero una cosa es la oblación espontá nea, la limosna, y otra muy distinta la dotación canónica.» La res puesta es bien sencilla y satisfactoria, si se arguye de buena fé. S( UNlVERSIDADh J. DE SANTIAGO DE COMPOSTELA... u
— 39 — Nuestros Reyes estuvieron siempre en la firme persuasión de que ellos, sin competencia de otro alguno, eran los únicos Patronos de los Santos Lugares, y bajo este supuesto suministraron constante mente los fondos necesarios para cumplir con el deber que les imponia aquel carácter. Ni sospechar pudieron que otro alguno que ellos fuese patrono, teniendo en cuenta que siempre respetaron é hicieron respetar sus prerogativas de patronos, no solo los Religio sos de la Orden de S. Francisco, sino también los soberanos de otras naciones, la Sagrada Congregación de Propaganda Pide y los Sumos Pontífices. «Lo que hay en esto, dice uno de los Padres Pro curadores generales de Tierra Santa mas celosos de los derechos de la Corona, lo que hay en esto es una altísima buena le, efecto de la piedad misma que animaba á los religiosos donantes, los cuales no pudieron entonces prever el espíritu de crítica, de opo sición y hasta de ingratitud con que hoy se les paga tan inauditos beneficios. Si, pues, la ignorancia no les excusa, continúa el mismo P. Procurador, faltan enormemente cuantos se atreven á contra restar el triplemente legítimo Patronato de nuestros Católicos Re yes. Porque si la dotación constituye el jus patronatas, si la funda ción, si la edificación le constituyen ¿cuál de todos y cada uno de estos títulos les falta por ventura á los Reyes de España?» Pero se dice además: «concedido que los Reyes de Nápoles y de Sicilia fuesen patronos legítimos de los Santos Lugares: pase también que lo fuesen igualmente los Reyes de Aragón primero, y los de España después, sucesores de aquellos, y reyes así mismo de Nápoles y Sicilia; pero cuando se separaron estos Estados de los dominios españoles, en tiempo de Felipe V, con ellos se per dió necesariamente el derecho de Patronato.» A esto respondere mos, que nuestro Cárlos III, que antes de ser Rey de España lo fue de Nápoles y Sicilia, al dejar esta corona por aquella, no renunció en manera alguna el derecho de patrono de los Santos Lugares, antes bien él fué como hemos visto, quien una vez colocado en el trono de S. Fernando, le reclamó con mas energía y le hizo valer y respetar mas que ninguno de sus predecesores, sin que hayan protestado, que sepamos, contra este hecho ni su hijo y sucesor de la corona de Nápoles, ni ninguno de los reyes posteriores, que eran las únicas partes interesadas. se UNIVERSIDADF DE SAN TbXGÜ DE COMPOSTELA
— 40 — No lo hemos dicho todo, sin embargo, aunque bastan por sí so los los hechos aducidos para resolver esta cuestión en favor de la corona de España. Las razones y hechos, que vamos á exponer, demuestran concluyentemente, á nuestro juicio, no solo el derecho de nuestros monarcas al Patronato de los Lugares Santos, sino tam bién el ejercicio de ese derecho y su reconocimiento por parte de los mismos, que ahora aparentan desconocerle y le ponen en duda. En el año de 1619 el Cardenal Protector de la Orden de San Francisco mandó que todas las limosmas destinadas á los Santos Lugares se remitieran á Roma para distribuirlas, según la mente de Su Santidad. Llegado el hecho á noticia de Felipe III, suplicó de semejante determinación en concepto de Patrono de los Santos Lugares, y á este título, y en este sentido, escribió al Cardenal de Borja en 25 de Marzo del mismo año, y mas adelante á su embaja dor en Roma, el Duque de Alburquerque, y también al de Medina de las Torres, de resultas de lo cual el Purpurado retrocedió de sus propósitos, y las cosas continuaron como hasta entonces. Pero donde ejercitaron nuestros Reyes mas abiertamente este derecho fue en las ruidosas cuestiones suscitadas en tiempo de Felipe IV con ocasión del en vio de Religiosos Capuchinos á Pa lestina con patentes de la Sagrada Congregación de la Propa- (janda Fide. Sucedía esto el año de 1621, y al propio tiempo se disponía abandonasen aquellas comarcas los Religiosos espa ñoles. Opúsose resueltamente á esto el citado Soberano, escri biendo al Rmo. P. Fr. Bernardino de Sena, General de la Orden de S. Francisco, para que procurase parar aquel golpe, y recaba se, que en cada Convento hubiera por lo menos dos Religiosos españoles. Así lo hizo el citado P. General, y la Sagrada Con gregación, vista la actitud de nuestro católico Monarca, y la jus ticia que le asistia, desistió por entonces de sus proyectos. No tardaron en reproducirse tan enojosas cuestiones, dándose lugar á (pie el mismo Felipe IV escribiese con fecha 29 de Noviem bre de 1629 al Conde de Monterey, su Embajador en Roma, previniéndole solicitase en su real nombre de la Santidad de Ur bano VIII, á quien también se dirigía con la propia fecha, y de los Cardenales de la Propaganda, que desistiesen de una inno vación (pie llevaba la perturbación á los ánimos y la intranquise UNIVERSIDADF DE SANTIAGO nr rnMPncTr . u
— 41 — lidad á las conciencias. Semejantes cuestiones dieron por resul tado el que las cosas continuasen como hasta allí, . según los deseos del Rey y los derechos de la Corona. Cuando en 1635 se renovaron los proyectos de centralizar en Roma las limosnas de Tierra Santa, opúsose nuevamente, en nombre del mismo Felipe IV, su embajador en aquella capital, el Marqués de Castel Rodrigo, obteniendo desde luego amplia dero gación de cuanto se había decretado sobre el particular. Catorce años mas adelante, en el de 1649, el Rmo. P. Fr. Juan de Ñapóles, General de la Orden de S. Francisco, acudió á la Ma jestad del mismo Monarca, implorando su poderoso auxilio, para impedir que la referida Congregación continuase interviniendo en las elecciones de los Custodios de Tierra Santa, siendo esto de recho privativo de la Orden, mediante requisición y beneplácito de la Corona de España. Acogida benignamente esta súplica, envió el Rey instrucciones á su Embajador en Roma, el Duque del In fantado, entre las cuales se lee la cláusula siguiente, que de muestra claramente, como el Soberano español obraba en con cepto de Patrono de los Santos Lugares, y era reconocido como tal por los Religiosos, por la Congregación de la Propaganda, y por el Sumo Pontífice, (díame parecido escribir á Su Santidad la carta que va aquí adjunta, la cual, oido lo demás que la Religión de San Francisco tuviere que informar en el negocio, pondréis en manos de Su Santidad, representándole en toda buena forma las razones que me obligan á desear y procurar, que no se haga novedad, y que las elecciones de los Ministros, que residen en Tierra Santa, se hagan por el General y Religiosos de la Obser vancia, y á mi requisición y beneplácito, sin alterar las costum bres antiguas.» Estas gestiones produjeron los mismos buenos re sultados que las anteriores, y en su consecuencia la Religión Fran ciscana quedó reintegrada en su derecho de elegir, á requisición de S. M. C., el Guardian y demás Ministros de Tierra Santa, como se verificó en el inmediato Capítulo General de la Orden, cele brado en Toledo el año de 1651, en el cual fué elegido Guar dian de los Santos Lugares el P. Fr. Antonio de Gaeta. Por tercera ó cuarta vez volvió á provocarse la cuestión de ad ministración de limosnas destinadas á Tierra Santa; y otra vez 6 u UNIVERSIDADE DE SAN11AGO DE COMPOSTELA
— 48 — quejarme de la Casa Nueva, donde con la mayor caridad fuimos recibidos, como lo son, sin distinción de clases, nación, creencias, todos cuantos la curiosidad ó la fé lleva á los Santos Lugares. No respondería á la ley de agradecido, si no diese aquí este solemne testimonio de nuestro eterno reconocimiento. En cuanto á la fundación, de una escuela de lengua española, bien merece que V. E. fije en ella su atención. Es incalculable el prestigio que daria á nuestra patria la vulgarización de nuestro idioma, lo que no tardaría en conseguirse, dada la maravillosa aptitud del árabe para los estudios lingüisticos, si además de ense ñarse en Jerusalen, se enseñaba, como también tengo el honor de proponer á V. E., en todos los Conventos Españoles de Palestina, Siria, Chipre, y Constantinopla. Si la dulcísima lengua del Dante se oye en todas aquellas regiones, no vacilo un momento en decir, que mas que á la larga dominación é influencia comercial de Genoveses y Venecianos, débese á las Escuelas de los humildes hijos de S. Francisco. Restablecido por estos medios el prestigio y buen nombre de España en la Palestina, ya se estaba en el caso de dar algunos pasos oficiales para que las demás naciones reconociesen nuestros dere chos. Y aquí justo es confesar, Excmo. Sr., que la única nación que nos disputa el de Patronato sobre los Santos Lugares, es la Francia, con general disgusto de las demás, cuyos representantes no pueden llevar en paciencia que los Cónsules franceses asuman todos los honores, todos los derechos, las responsabilidades todas, la tutela y defensa de intereses y personas, cualesquiera que sea su clase y nación, con tal que sean católicas. Estas pretensiones, Excmo. Sr., son, en la generalidad de los casos, irritantes y muchas veces llegan al límite del ridículo. El Cónsul francés in crepó durísimamente al P. Guardian de Belen, porque este, atacado de improviso y bárbaramente por infames hordas de sicarios, y sin tiempo ni manera de poner el hecho en conocimiento de aquel funcionario, atendió por sí mismo á la propia defensa y á la de la Comunidad, en momentos de indescriptible angustia, y por instinto de conservación, según pide el derecho divino y el humano. Y en Damasco dijo el Cónsul francés en una ocasión, que se opondría resueltamente á que en la Iglesia de nuestro Convento
— 49 — se pusiera una campana sin su permiso. ¿No es esto irritante, y no lo es también, y sobre irritante, ridículo, que en nuestras piopias Iglesias dichos funcionarios sean recibidosá la puerta porelSuperior , y ocupen puesto preeminente, vestidos de uniforme, mientras no pueden usarle en esos actos públicos, ni ocupar otro puesto que confundidos con el vulgo, nuestros representantes? Nuestra corta permanencia en aquellas partes hanos convencido de que tan a mal como nosotros, llevan tan injustos privilegios los súbditos } ic presentantes de las demás naciones. Tal sentimiento creo yo, Ex celentísimo Sr., que pudiéramos aprovechar para entablar unidos una reclamación, que tenga por objeto establecer en los Santos Lugares un protectorado colectivo de las naciones católicas. Este seria el preliminar y pretesto necesario para ulteriores ne gociaciones de mas positivos é importantes resultados, y mas hala güeños para el orgullo nacional. Me refiero al derecho exclusivo del Patronato de nuestros Reyes sobre los Conventos llamados españoles. En esta obra nos ayudarían eficazmente los mismos Representantes de las demás potencias católicas, y mas que nadie los Religiosos Italianos, que persuadidos de la justicia de nuestra causa, y llevando muy á mal los títulos que abusiva y arbitraria mente se ha arrogado la Francia, inclinarían a sus respectivos Go biernos á que apoyasen nuestros derechos de Patronato á los Santos Lugares. Aquí doy punto á esta Memoria, que he debido escribir, respon diendo al altísimo mandato de S. M. el Rey (q. D. g.), y en cumpli miento de una misión honrosa que nos llevó a visitar los Lugares Santos de nuestra Redención, cuyo recuerdo no se borrara de nues tra mente mientras nos dure la vida. Por nosotros mismos hemos po dido convencernos de las múltiples necesidades del ierra Santa y de ciertas reformas que hay que acometer, si han de cumplir los importantes fines de su Instituto nuestros Establecimientos religio sos allí existentes. Al elevarlas al superior conocimiento de V. E. y suplicarle que provea lo conveniente, con sinceridad lo digo, re conozco mi torpeza é insuficiencia; pero á nadie cedo en rectos píopósitos y en amor santo á esta patria, que á todos nos vió nacer y nos cobija á todos. Por dichoso, pues, me tendré, si logro que se mejore algún tanto la precaria situación de aquellos beneméritos u
-50hijos de España, (pie á tan larga distancia de ella procuran man tener incólumes nuestros derechos, y si puedo contribuir al mayor esplendor y culto de aquellos sitios benditos, que fueron campo dichoso y fecundo de nuestra Redención. Mucho alienta mis espe ranzas la circunstancia feliz de ocupar el Trono de sus mayores el joven y piadosísimo Monarca, que, heredero de la Corona, no lo es menos del acendrado catolicismo de los Alfonsos, Fernandos y Felipes, cuyo entusiasmo y empeño por el esplendor y culto de los Santos Lugares será una de las mayores glorias de su reinado el proseguir. — Dios guarde á V. E. muchos años. — Santiago 9 de Diciembre de 1875. — Francisco Freire. DF SANTIAGO DE CÓMPTWTr u
El Excmo. Sr. Ministro de Estado con fecha 13 del actual, me comunica la Real Orden siguiente: «En vista de la Memoria dirigida á esa Administración general por D. Francisco Freire, Catedrático y Decano de la Facultad de Medicina, en la Universidad de Santiago, sobre las reformas que deben adoptarse en Tierra Santa, para que la España no pierda en ella el derecho de Patronato que tiene en los Santos Lugares, y cuya Memoria ha redac tado en unión de D. José M? Fernandez Sánchez, Catedrático de la Facultad de Ciencias en la misma Universidad, y en cumplimiento de lo que se le previno en la Real Orden de 20 de Febrero anterior, y de con formidad con lo informado y propuesto por esa propia Administración general, S. M. el Rey (q. D. g.) se ha servido mamkir y acordar se den las gracias ti dichos Señores por el acierto, celo, é inteligencia con (pie han desempeñado su cometido; y que las reformas que se indican en dicha. Memoria, se tengan en cuenta al resolver el espediente que se ins truye en ese Centro, sobre las medidas (pie deban adoptarse para mejo rar el Colegio matriz de Misiones y los Establecimientos y 7 emplos que la España sostiene en Tierra Santa y Marruecos.» Lo que traslado á ' V. S. para su conocimiento y satisfacción. Dios guarde á V. S. muchos años. — Madrid 29 de Diciembre de 18/5. M a n u el M? M o r í a n o . Sr. D. Francisco Freire Barreiro, Catedrático cuitad dn Medicina de la Universidad de Santiago. y Decano de la Fa
u se UNIVERSIDADt DE S.AN TÍAGO DE COMPOSTE!