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Inter bárbaros: una propuesta metodológica para descifrar la identidad romana

Ferrer-Alcantud, Coré

Abstract

Este artículo es una breve aproximación al concepto de alteridad y su relación con la posible existencia de una conciencia de identidad romana, para lo que nos preguntamos en primer lugar, ¿qué significa "ser romano"? De forma individual o colectiva, la identidad permite al individuo sentirse identificado con sus semejantes, formando parte asimismo de contextos comunitarios unificadores. Siendo ésta una creación ficticia, una elaboración cultural dependiente de un contexto histórico determinado, la identidad no sólo suscita unión y pertenencia, sino también discordia entre quienes, aun careciendo de diferencias ingénitas tangibles, poseen atributos que se oponen a los de otras identidades. Este enfrentamiento es lo que conocemos como alteridad, la fuerza de un Otro que contribuye no sólo a la construcción de etiquetas sociales, sino también a la configuración del Yo dominante. Haciendo uso de métodos de análisis basados en la otredad, compararemos términos heredados, aunque cambiantes en el tiempo, y revisaremos la teoría de la romanización , baluarte de una artificiosa concordia cosmopolita ¿Cederemos ante la evidencia de una concepción de identidad por parte de los romanos?

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45 INTER BARBAROS: UNA PROPUESTA METODOLÓGICA PARA DESCIFRAR LA IDENTIDAD ROMANA INTER BARBAROS: PROPOSAL FOR AN INNOVATIVE APPROACH TO ROMAN IDENTITY CORÉ FERRER-ALCANTUD Universitat Jaume I RESUMEN Este artículo es una breve aproximación al concepto de alteridad y su relación con la posible existencia de una conciencia de identidad romana, para lo que nos preguntamos en primer lugar, ¿qué significa “ser romano”? De forma individual o colectiva, la identidad permite al individuo sentirse identificado con sus semejantes, formando parte asimismo de contextos comunitarios unificadores. Siendo ésta una creación ficticia, una elaboración cultural dependiente de un contexto histórico determinado, la identidad no sólo suscita unión y pertenencia, sino también discordia entre quienes, aun careciendo de diferencias ingénitas tangibles, poseen atributos que se oponen a los de otras identidades. Este enfrentamiento es lo que conocemos como alteridad, la fuerza de un Otro que contribuye no sólo a la construcción de etiquetas sociales, sino también a la configuración del Yo dominante. Haciendo uso de métodos de análisis basados en la otredad, compararemos términos heredados, aunque cambiantes en el tiempo, y revisaremos la teoría de la romanización, baluarte de una artificiosa concordia cosmopolita. ¿Cederemos ante la evidencia de una concepción de identidad por parte de los romanos? Palabras clave: imperium, romanización, identidad, bárbaros, alteridad, otredad. ABSTRACT This paper aims to analyze “alterity” as a concept that might be related to a potential existence of an ancient self-awareness as Romans, thus an actual Roman identity. However, we must ask ourselves in the first place, what does it mean “to be Roman”? As individuals or being part of a community, identity allows people to feel identified with who they consider their equals, while taking part in some merging collective frameworks as well. Since identity is a fabrication, a cultural fiction dependent on some specific historical contexts, it not only stimulates union and belonging, but also triggers dissent among those who –although lacking solid inherent dissimilarities–, hold characteristics and features 46 RESUM Inter barbaros: una proposta metodològica per desxifrar la identitat romana Aquest article és una breu aproximació al concepte d’alteritat i la seva relació amb la possible existència d’una consciència d’identitat romana, per al que ens preguntem en primer lloc, què vol dir “ser romà”? De forma individual o col·lectiva, la identitat permet als individus sentir-se identificats amb els seus semblants, formant part així mateix de contextos comunitaris unificadors. Sent aquesta una creació fictícia, una elaboració cultural dependent d’un context històric determinat, la identitat no sols suscita unió i pertinença, sinó també discòrdia entre aquells que, tot i no posseeixen diferències ingènites tangibles, contenen atributs que s’oposen als d’altres identitats. Aquest enfrontament és el que coneixem com alteritat, la força d’un Altre que contribueix no només a la construcció d’etiquetes socials, sinó també a la configuració d’un Jo dominant. Fent ús de mètodes d’anàlisi basats en l’alteritat, compararem termes heretats, canviants en el temps, i revisarem la teoria de la romanització, bastió d’una artificiosa concòrdia cosmopolita. Cedirem davant l’evidència d’una concepció d’identitat per part dels romans? Paraules clau: imperium, romanització, identitat, bàrbars, alteritat. http://dx.doi.org/10.6035/Millars.2018.44.3 - ISSN: 1132-9823 - VOL. XLIV 2018/1 - pp. 45-75 opposed to the ones embraced by other identities. This opposition is known as alterity or otherness: the Other as part of the creation of social labels and openly contributing in the shaping of the Self. Using alterity as approach, we will compare some inherited words and expressions transformed over time, accompanied by the reconsideration of Romanization as an outdated interpretation based on a fictional cosmopolitan harmony. Will we give in to the evidence of a reliable notion of a Roman self-identity? Keywords: imperium, Romanization, Identity, Barbarians, Alterity, Otherness. 47 CORÉ FERRER-ALCANTUD Inter bárbaros: una propuesta metodológica para descifrar la identidad romana “Bárbaros” de larga cabellera, en su mayoría desnudos, destruyendo todo aquello que representa la “civilización” –como, al parecer, el vestuario, entre otras cosas–. Un claro ejemplo de éxito propagandístico intertemporal, pues esta representación del siglo XIX conlleva una carga de idealismo y ficción propios de un mensaje que ha transcendido de manera casi intacta desde los albores del universo romano. “Race is an illegitimate conceptwhich ourselves have created based on fear and ignorance.” Thandie Newton1 1 Thandie Newton es una actriz conocida principalmente por su trabajo en la serie televisiva Westworld de HBO. Este fragmento forma parte de su charla “Embracing otherness, embracing myself” realizada en TEDGlobal 2011, donde habla acerca del concepto de otredad o alteridad de un modo personal y didáctico. https://www.ted.com/talks/thandie_newton_embracing_otherness_embracing_myself/ Le sac de Rome par les barbares en 410, J. N. Sylvestre, 1890. 48 http://dx.doi.org/10.6035/Millars.2018.44.3 - ISSN: 1132-9823 - VOL. XLIV 2018/1 - pp. 45-75 ¿Por qué Roma resulta tan atrayente en las sociedades que prosiguen a su desaparición? Cierto es que no podemos desprendernos de su influjo debido a todo lo que honestamente le debemos a aquella civilización. No obstante, lo que es igualmente indudable es que los imperios y regímenes posteriores que han evocado y traído de vuelta “lo romano” lo han hecho basándose en un mensaje que transmite la imagen idealizada de una Roma estática y perfecta, un paradigma de civilización y dominio ansiado por monarcas, emperadores y otros gobernantes del futuro que no sólo se han arrogado su nombre y condición –romano, imperium–, sino que lo han hecho recuperando lo que ellos consideran fueron los rasgos, características y símbolos definitorios de lo que significa “ser romano”. No obstante, esa insistencia por tratar de mantener la imagen de una Roma ideal ha terminado por exportar una idea errática de lo que en realidad fue. La Roma que rememoramos hoy no es más que una representación, una irrealidad con un sistema propagandístico tan bien orquestado, que incluso ha otorgado la oportunidad de crear nuevos “emperadores” hasta hace poco más de doscientos años. Una ficción creada ya dentro de su propia cronología y que ha llegado hasta nosotros en forma de entelequia ejemplar. Reflejo de ello es la pintura que abre este artículo, bárbaros desnudos e “incivilizados” contra Roma, hito de la “civilización” –lo cual incluye, al parecer, la vestimenta–. Así, el objetivo principal de este artículo es exponer una propuesta metodológica alternativa al fenómeno de la romanización como técnica de estudio del pasado romano, un sistema antaño muy elogiado por los especialistas, pero que últimamente encuentra cada vez más detractores2 en pos de nuevas definiciones y utilización de metodologías más recientes basadas en la diferencia y no en una homogeneidad artificiosa.3 Igualmente, nuevos instrumentos de análisis, como son aquellos basados en composiciones relativas a la identidad y la alteridad, serán introducidos para dar respuesta a la última cuestión a la que se dedicará este ensayo, la posible existencia de una identidad romana concentrándonos en cuáles podrían ser los criterios que la definirían, así como cuál sería su modo y radio de acción. 2 MOMMSEN (1894); HAVERFIELD (1915); BLÁZQUEZ (1964) y (1985); la lista de autores que usan el término en estos parámetros es interminable, por lo que nos limitamos a citar sólo algunos ejemplos: Theodor Mommsen, por ser el creador del concepto de romanización, Francis J. Haverfield, discípulo del anterior, por dar comienzo al debate introduciendo la idea de fusión cultural, y por último al profesor José María Blázquez Martínez, por haber sido el especialista más versado en los estudios de la historia antigua española y cuyo amplio repertorio contiene no sólo ensayos favorables a la romanización, sino también revisiones del proceso en pos de las particularidades propias de las poblaciones indígenas engullidas por los romanos. 3 HINGLEY (1996); excepcional trabajo desmantelando la romanización. 49 CORÉ FERRER-ALCANTUD Inter bárbaros: una propuesta metodológica para descifrar la identidad romana El trabajo ha quedado dividido en cuatro apartados. En primer lugar, daremos con una introducción que presenta de forma sumaria las dificultades lingüísticas y metodológicas que suscita el análisis de un periodo tan inmenso, a la par que heterogéneo, como es el de la antigua Roma. Planteadas las dificultades, entramos de lleno en el segundo apartado con la definición del concepto de identidad planteando la reciente hipótesis de la alteridad como base no sólo del método analítico que aplicaremos al periodo, sino como instrumento necesario para el estudio y clasificación de todas las parcelas de la sociedad romana. En la tercera parte, traemos a colación algunos de los conceptos heredados de la época que han sobrevivido al paso del tiempo –imperium, colonia, natio, patria, barbarus–, pero los cuales sin embargo no han conservado la integridad de su creación primitiva. Trataremos de averiguar si existe una noción de identidad propiamente romana y en qué medida ésta podría venir dada por la visión e interpretaciones de aquellos que trataron de emular sus prácticas con posterioridad. En este espacio, se presenta también el concepto de “bárbaro” en dos contextos distintos. En el primero de ellos, la palabra “bárbaro” es mostrada como un simple atributo adscrito a una identidad y que es relacionado con la etnicidad o la procedencia de un individuo, a la vez que se mostrará cómo irá adquiriendo complejidad de forma progresiva hasta convertirse en último lugar en un descriptor humano habitual. En la segunda parte, éste queda expuesto no como un producto que ha resultado del contacto y enfrentamiento con los romanos, sino precisamente como el origen en la configuración de la identidad romana. Ambas partes se presentan de forma sucinta y prototípica, con tal de servir como ejemplo de lo expuesto en el apartado precedente. Una vez desarrolladas sus partes, el artículo tratará de responder en las conclusiones a las siguientes preguntas: ¿puede utilizarse el concepto moderno de identidad para referirse a procesos acaecidos durante el periodo romano? ¿Existió una “identidad romana”? ¿Es correcto hablar de una identidad nacional en Roma? El resultado es positivo y el uso de métodos actuales, tales como el correspondiente al análisis de identidades y otredades, dan un sentido preciso a situaciones del pasado, resaltando especialmente el modo en que los romanos veían, razonaban y expresaban el mundo en que vivían. El reto es enorme, por lo que cabe mencionar que lo que se pretende en primera instancia es hacer llegar a los investigadores hispanohablantes un debate que viene dándose desde hace dos décadas en la esfera anglosajona como es el de la necesidad de desprendernos de la romanización como método de estudio riguroso a la par que abandonamos esa visión idealizada de lo que en realidad fue un conjunto de manifestaciones históricas 50 http://dx.doi.org/10.6035/Millars.2018.44.3 - ISSN: 1132-9823 - VOL. XLIV 2018/1 - pp. 45-75 verdaderamente complejas. Cabe mencionar que este artículo es tan sólo el preludio de una investigación ulterior que aventuro extensa y, por tanto, susceptible de ampliaciones futuras. PREÁMBULO: ¿ROMANIZACIÓN O ASIMILACIÓN?4 Uno de los principales objetivos del historiador es que cualquier investigación que lleve a cabo responda a metodologías que le permiten extraer resultados irrefutables, dado que este empeño podría llevarnos a conocer la verdad acaecida en el pasado. A este respecto, la utilización de expresiones pertenecientes a nuestro propio contexto sociocultural propicia una mejor inteligibilidad de situaciones temporal e intelectualmente lejanas. No obstante, en ocasiones, debemos renunciar a introducir el uso de términos modernos para tratar de definir un evento del pasado, pues corremos el riesgo de que alguno de ellos pueda empañar la perseguida realidad. Igualmente, ni siquiera haciendo un uso inflexible de las fuentes antiguas nos encontramos a salvo, puesto que ya los materiales de que disponemos sufren en sí múltiples subjetividades. Es decir, no sólo el devenir del tiempo y las transcripciones practicadas a lo largo de los siglos habrán hecho mella en el producto al que accedemos hoy, sino que, de igual forma, cierto autor romano de un texto específico ya elaboró la versión original de su obra sometido a un contexto en particular, bajo una sensibilidad o un pensamiento determinados. Podríamos estar hablando de una doble –o infinita– parcialidad en las fuentes literarias. De la misma forma, lo mismo sucedería si trasladáramos esta situación desde la hermenéutica y el análisis de fuentes textuales hacia la arqueología y la exploración de otras tipologías materiales. Supongamos que llevamos a cabo un estudio acerca de la producción de un alfarero galo del cual conocemos su vida, de dónde procede, la situación de su fábrica, las líneas comerciales que sigue su cerámica, además de toda la información acerca del contexto que lo rodea. Por lo pronto, podríamos asegurar que ésta es una investigación de resultados brillantes. No obstante, ¿es eso cierto? ¿Podríamos, aun con la información dispuesta, afirmar que el resultado de nuestras pesquisas es una verdad fehaciente? Es más, en el caso contrario, uno en el que apenas conociéramos la trama contextual que encierra a nuestro protagonista, ¿seríamos capaces de extraer las peculiaridades de nuestro artesano galo a partir de las premisas propuestas por el fenómeno 4 En honor al artículo del profesor BLÁZQUEZ (1985), “¿Romanización o asimilación?”, Symbolae Ludovico Mitxelena Septuagenario Oblatae, vol. 1, pp. 566-586. 51 CORÉ FERRER-ALCANTUD Inter bárbaros: una propuesta metodológica para descifrar la identidad romana de la romanización? Unas condiciones, según propone este método, basadas en un deseo por parte de poblaciones indígenas de ser incluidos en el sistema romano, adoptar su lengua, religión y costumbres sin oposición, un sistema de pacificación por medio de sistemáticas invasiones basado en una aparente concordia y que, según las fuentes literarias antiguas, apenas encontró resistencia. ¿Cómo desentrañar el espíritu de nuestro alfarero si no disponemos de información contundentemente directa y la única que poseemos comparece involuntariamente modificada debido a una concepción moderna e imperialista –en el sentido contemporáneo– de las maravillas de Roma y la romanización? Por consiguiente, nos aventuramos a indicar que el historiador es capaz únicamente de rozar el pasado con los dedos, de aproximarse a la realidad sin gozar de una certeza plena y sin poder tampoco verificarla de forma categórica. Tristemente, sus dudas sólo podrían resolverse con una máquina del tiempo. Lo único que podemos afirmar sin lugar a dudas es que se trata de un sujeto que, inconscientemente, derrocha subjetividad debido a su propio contexto cronológico, por lo que su visión será siempre distante y fragmentaria. Dicho esto, ¿habríamos de rendirnos frente a la imposibilidad de resolver todas y cada una de las dudas que plantea la historia? ¿O quizás deberíamos tantear nuevos métodos que nos ayuden a resolver, al menos en parte, esa fragmentación a la que está sometida la verdad histórica? Aunque fuera sólo por aproximarnos a ella, merece la pena arriesgarse, incluso si esto supone caer en la heterodoxia académica. Aunque limitada, tal y como advertíamos, la perspectiva del historiador goza de ventajas en cuanto a que, como observador, adquiere el beneficio de poder sondear e investigar situaciones y pluralidades sólo acumulables gracias a la posibilidad de contemplar un todo una vez haya acontecido. Por otro lado, si lo hace como analista, el examen de acontecimientos y procesos –prolongados o breves, exitosos o fallidos, esporádicos o predecibles…–, le otorga la ventaja de establecer comparativas extra-temporales y dar a conocer, con palabras de su propia era, las complejidades y obstáculos no percibidos entonces por la sociedad que las hubo vivido. En este sentido, Roma, vista como un todo dentro del estudio de la historia, es un ente vasto y enigmático. Haciendo alusión a lo que comentábamos anteriormente, cuando una sociedad no nos da todas las claves que necesitamos para descifrar y describir su contenido, hemos de conformarnos con nuestros recursos coetáneos con tal de desvelar los secretos que entraña. En efecto, es posible que una de los contrariedades más conocidas en el estudio de la historia sea el mantenimiento en escuelas, universidades y en la academia, de una división incuestionable de la misma en una serie periodos infinitos que no son más que el abrigo de grandes diversidades 52 http://dx.doi.org/10.6035/Millars.2018.44.3 - ISSN: 1132-9823 - VOL. XLIV 2018/1 - pp. 45-75 que realmente no soportan permanecer bajo un único y constrictivo estadio temporal. No cabe duda de que tamaña clasificación se llevó a cabo con objeto de facilitar nuestra comprensión de los eventos históricos y que esta categorización por edades se basa en fenómenos que se prolongan en el tiempo y cuando concluyen de forma abrupta, se determina que cierto periodo ha terminado.5 Lo más conveniente quizás sería seguir ampliando las periodizaciones y asegurarnos de añadir nuevos criterios que no estriben casi exclusivamente en demarcaciones geográficas y/o cronológicas. Sea como fuere, la comprensión absoluta de la historia de Roma es inalcanzable, aunque es posible sacar provecho de una periodización tan amplia y es que las épocas pueden subdividirse en pequeños fragmentos, lo que se traduce en una Roma cuya historia no permanece estática ante el devenir del tiempo. Siguiendo este ritmo cambiante, la sociedad situada al abrigo de este dilatado periodo histórico fue asimismo renovándose en consonancia. Es aquí, bajo esta inferencia, donde nos encontramos ante un reto, el de encontrar un método de análisis propicio con el que descubrir el auténtico porqué de los procesos acontecidos en tiempos de los romanos. Un modelo práctico que nos permita entender la historia desde una perspectiva más humana y social, ya que al fin y al cabo son las personas –y no sólo los periodos que las amparan– quienes la crean. En las últimas décadas ha venido imponiéndose una tendencia dentro de la amplia esfera de las ciencias sociales que, aunque compleja, parece dar respuesta a una gran cantidad de problemas planteados en diversas áreas específicas de estudio. Nos referimos al fenómeno de la identidad, término versátil y tremendamente útil en el análisis de las sociedades del pasado gracias a que su elaboración y constante reinvención se ha determinado como algo inherente al ser humano. Tratando de dar respuesta a los conflictos de periodización y lo que en adelante veremos en relación a la romanización como método de estudio, proyectamos en este ensayo el uso de metodologías vinculadas a la identidad y la alteridad como posible solución a las incógnitas naturales que viene planteando la historia. Igualmente, conviene exponer, por un lado, que las identidades se crean, ya que son realmente formaciones artificiales. Por otro, su dependencia rotunda de la cultura propia de cada escenario histórico convierte a las identidades y su configuración en elementos reconocibles y, por tanto, válidos durante el proceso histórica. De este modo, podemos ultimar que las identidades son un producto cultural, tanto individual como colectivo, que 5 GREEN (1992), con gran respeto por la periodización, sugiere una revisión de los cortes en base a contextualizaciones más modernas. 53 CORÉ FERRER-ALCANTUD Inter bárbaros: una propuesta metodológica para descifrar la identidad romana unas veces es elaborado de forma involuntaria y otras de manera deliberada, pero que siempre se confecciona en respuesta bien a un hecho, bien a una preocupación real de la sociedad, y que a su vez quedan compuestas por una serie de elementos atemporales y ficticios que resultan fáciles de rastrear, debido a las constantes aspiraciones o rupturas dadas en torno a la formación o imposición de una identidad determinada. He ahí la importancia de la identidad para una reconstrucción óptima de la historia romana. En este sentido, lejos de resultar perniciosa, nuestra perspectiva, basada en una metodología contemporánea, no alteraría la realidad del pasado, sino que más bien nos ayudaría a dar con hechos y circunstancias sólo considerables gracias a esa distancia existente entre el sujeto de estudio y nuestra propia cotidianeidad. En consecuencia, otros métodos perderían fuerza ante la reveladora aparición de instrumentos de análisis como el de las identidades. Este es el caso, por ejemplo, del concepto “romanización”, el cual de hecho se encuentra en un proceso activo de desaparición o al menos de re-conceptualización, a riesgo de ser sustituido por otros términos, algunos antiguos como es el caso de “oikouméne”,6 el de “latinización”,7 vinculado éste a un eje motor lingüístico, o bien “aculturación”,8 mientras que otros son relativamente novedosos, como sucede con “globalización”.9 Es de sobra conocido que el concepto de romanización fue acuñado por el célebre Theodor Mommsen, del cual extraigo aquí una de las dos ocasiones en las que hace mención al término en el quinto volumen de su obra más conocida. En este fragmento, el historiador saca a relucir, de un modo comparativo, el fenómeno del helenismo por parte de Alejandro Magno, mientras establece una equivalencia de procesos con al respecto de la denominada Guerra de las Galias en los años 58-51 a.C. y su consiguiente anexión territorial: “Centuries elapsed before men understood that Alexander had not merely erected an ephemeral kingdom in the east, but carried Hellenism to Asia; centuries again elapsed before men understood that Caesar had not merely conquered a new province for the Romans, but had laid the foundation for the Romanizing of the regions of the west.”10 6 HIDALGO DE LA VEGA (2005); y SOMMER (2016). 7 ESPINOSA (2009). 8 WOOLF (1998: 111-124). 9 HINGLEY (2006); PITTS y VERSLUYS (2016); y HODOS (2009). 10 MOMMSEN (1894: vol. 5, 101). 60 http://dx.doi.org/10.6035/Millars.2018.44.3 - ISSN: 1132-9823 - VOL. XLIV 2018/1 - pp. 45-75 habitantes de la sociedad romana y la disposición de un método basado en estas dos premisas podría ayudarnos a revelar quiénes eran sin la necesidad de tener que depender de transmisiones usualmente consideradas como transferencias directas. Otro de los factores que merece la pena destacar es que la identidad no es sólo una, por lo que una comunidad o un individuo no son permanentemente aquello que les define en un momento determinado bajo unas circunstancias específicas. Por el contrario, las identidades mudan con el acontecer de los hechos y son, asimismo, hijas de su propia contemporaneidad. Las identidades se mueven, crecen, son plásticas en cuanto a elasticidad y permisividad a la hora de añadir nuevos aspectos de similitud o diferencia, y cumplen con las necesidades específicas bien de forma voluntaria o involuntaria. En el primer caso, podríamos poner el ejemplo de un gobierno que impone un paradigma de identidad como modelo a seguir. Precisamente, esta es la situación en Roma donde, como veremos, los patres del Estado ofrecen la gloria personal a través de aprehender una identidad ficticia afianzada por lo que ellos entienden por tradición.20 Pongamos un ejemplo. Todos aquellos que cumplan con ciertos requisitos exclusivos –varones, acomodados, dispuestos a desempeñar la carrera militar y política, a cambio de promesas de gloria traducidas en vanidad personal–, tendrán acceso a dicha identidad romana programada. Puesto que la identidad en este sentido es una aspiración, hablaríamos de acciones y modificaciones voluntarias. Continuando con el ejemplo expuesto, aquellas personas que no cumplieran los requisitos seguirían, no obstante, formando parte de la sociedad romana ya que ilustran otras identidades que, también de forma interesada por parte de los hombres del gobierno, no han sido incluidas bajo el primer modelo identitario que presentábamos, pero sí en otros, a fin de desempeñar distintos arquetipos de identidad. Modelos, pues, concebidos por los poderosos e igualmente necesarios para el desarrollo y consolidación del esquema socio-político romano. Así, la identidad adquirida se 20 La tradición como ficción forma parte de un amplio debate acerca de la veracidad de la misma, como un elemento original y espontáneo compuesto por un conjunto de hábitos y costumbres, o si por el contrario cumple unas normas prestablecidas por los propios poderosos de cada momento específico de gobierno, quienes utilizarían –e incluso habrían inventado en origen e irían modificando a su antojo– la tradición con el fin de formar y reproducir una sociedad que permanezca bajo su control. Por ser este un tema que necesitaría un desarrollo propio que no tiene cabida en este espacio, remito a lo que se plantea al respecto en mi tesis doctoral, FERRER-ALCANTUD (2017). Para información general acerca de las tradiciones inventadas, HOBSBAWM (2002: 7-21). 61 CORÉ FERRER-ALCANTUD Inter bárbaros: una propuesta metodológica para descifrar la identidad romana obtiene de forma impuesta o dada y, por tanto, involuntaria. La finalidad de formular paradigmas artificiales de identidad por parte de los hombres poderosos de Roma es obvia: aprovechando el efecto humano que busca la pertenencia a un colectivo, el gobierno controla a la sociedad a la cual encorseta en unos prototipos específicos creados exclusivamente para tal fin. La identidad, en este caso, es utilizada como medio de control social.21 Otro elemento a tener en cuenta es el de su composición. Éste es posiblemente el aspecto más útil para el desarrollo de un método de análisis histórico riguroso enraizado en la identidad. Habiendo desvelado que la identidad tiene un contenido heterogéneo y, además, que es un proceso cambiante sujeto a razones tanto voluntarias como involuntarias, ahora hemos de asentar las bases que han de ayudarnos a reconocer y explicar las identidades. En este sentido, la norma principal es saber reconocer los elementos que componen una identidad para poder localizarlos y estudiarlos en relación a otro tipo de identidades en un mismo marco histórico. Para ello es necesario prestar atención a las peculiaridades de cada una de ellas con tal de crear índices de coincidencias y discrepancias que, posteriormente, clasificaremos en compartimentos provistos de etiquetas generales; éstas son en realidad formulismos compuestos por una serie de atributos, rasgos y características específicas que, al ser percibidas, ayudan a catalogar socialmente a los individuos y comunidades bajo una u otra etiqueta. Por ende, el primer paso en la exploración de las identidades del pasado será localizar las características o atributos que sean comunes a todas ellas. Esto es, el género, la edad, el estatus social, la clase, la etnia, el credo, de forma genérica, además de otros rasgos propios de cada periodo histórico. En nuestro caso, hallamos atributos definitorios de una posible identidad romana al escrutar su sociedad, rasgos tales como la tendencia política –e.g. el uso de cesariano o pompeyano22 como calificativos o denominadores–, o incuso la vestimenta –e.g. la oposición social entre la toga y la túnica, el pallium como elemento extranjero,23 el uso de la púrpura como rasgo de poder, el latus clauus senatorial, la toga pulla24 21 C.f. nota 19. 22 TÁCITO, Ann., 4.34.3; “ut Pompeianum eum Augustus appellaret”. Según Tácito, Augusto denominaba así su escritor de corte y amigo Livio debido a las alabanzas que éste último le profesaba a Pompeyo en sus escritos. 23 TERTULIANO, De pallio; en esta obra, Tertuliano utiliza el pallium, una prenda cuadrangular típicamente griega o extranjera –no romana en general–, como medio para ilustrar el yugo y las imposiciones que irrumpen sobre las peculiaridades de una añorada identidad púnica. 24 CICERÓN, Uat., 32; “toga pulla”, la toga negra. 62 http://dx.doi.org/10.6035/Millars.2018.44.3 - ISSN: 1132-9823 - VOL. XLIV 2018/1 - pp. 45-75 en los funerales…–. Atributos que, una vez localizados, pueden no sólo enumerarse para establecer con posterioridad un estudio comparativo, sino de los que, como vemos, se deduce la coexistencia de más de un rasgo, lo que repercutirá en la representación de cada una de las identidades que las acogen haciéndolas únicas. Para que esto sea comprendido de la mejor manera posible, dada su relevancia, presentaremos un ejemplo a través de la siguiente cuestión: dos individuos comparten el mismo abolengo, la misma consideración social, ambos son igualmente acaudalados, los dos nacidos y criados en la capital romana. Aparentemente, su identidad debería ser la misma. No obstante, uno de ellos es considerado hombre y la otra mujer, lo cual provoca discrepancia en una identidad que parecía análoga. En efecto, en la antigua Roma el hecho de ser definido como mujer u hombre terminará por componer dos de las identidades socialmente aceptadas dentro de la definición del individuo –ser hombre, ser mujer–, a pesar de que el género sería tan solo uno de los atributos que constituyen la formación de dichas identidades. Podemos asegurar, por tanto, que es el conjunto de todos y cada uno de los atributos lo que define la identidad propiamente dicha y que un individuo no goza sólo de una identidad individual y otra colectiva, sino que su identidad irá en concordancia, por una parte, con los acontecimientos históricos y, por otra, con su evolución social. Finalmente, los atributos – edad, género, estatus social, etnia, credo, etcétera– se entrelazarán entre sí para formar las peculiaridades de las diversas identidades no sólo de cada individuo, sino también conformando las propias de cada comunidad –cristianos, extranjeros, ciudadanos, mujeres, artesanos, entre otros–. Ello sostiene la hipótesis de que tanto la identidad como sus características son construcciones culturales que dependen directamente del contexto histórico que las ampara. Merece la pena destacar que dichos atributos han sido y son creados desde la oposición, es decir, desde una perspectiva de discrepancia con respecto a aquel elemento que contrasta su imagen. Recapitulando, estos rasgos han sido elaborados en concordancia a la cultura del momento y en base a la oposición y la diferencia contrastiva. Por tanto, las identidades no son, sino que se configuran artificialmente buscando pertenecer o encajar, por un lado, y la singularidad, por otro. A la sazón, el propósito de la localización de atributos de identidad no es el de hacer encajar esas identidades en unos modelos contemporáneos de razonamiento para hacerlos inteligibles a nuestros ojos. Por el contrario, el objetivo es emplear este método para averiguar inquietudes y objetivos personales, así como las diversas situaciones que movían a los romanos a anhelar pertenecer a una identidad o disentir de ella. De este modo, averiguaríamos cuáles son las prioridades sociales de cada etapa y fenómeno histórico en Roma, 63 CORÉ FERRER-ALCANTUD Inter bárbaros: una propuesta metodológica para descifrar la identidad romana a la vez que nos ayudaría a entender su forma de razonar y conectar los procesos de su cotidianeidad. El último aspecto a tener en cuenta es el de la anunciada oposición o diferenciación. Si bien ya ha sido mencionado líneas atrás, es necesario su desarrollo con tal de obtener una visión completa de lo que podría extraerse de un método de análisis basado en la construcción de identidades, ya que el origen primigenio de cualquier identidad es, esencialmente, la diferencia. “Identity may be defined as the collective aspect of the set of characteristics by which something or someone is recognizable or known. These may be behavioural or personal characteristics, or the quality or condition of being the same as something else. This sense of collective similarity among entities, be they objects or individuals, implies that the very notion of identity also depends upon opposition through a contrast with something else.”25 En este fragmento, la profesora Tamar Hodos, de la Universidad de Bristol, define sucintamente todo aquello que venimos mostrando hasta ahora. En primer lugar, define la identidad como el receptáculo de un conjunto de características por las que un individuo puede ser reconocido en la sociedad, por tanto, la identidad nos ayuda a ubicar e interpretar a las personas. Inmediatamente, alude a que dichos rasgos pueden ser personales o bien relativos a ser semejante a otro u otros. Aquí se refiere al aspecto de similitud del que se ocupan las identidades para, posteriormente, introducir las palabras “opposition” y “contrast”, ya que sin el ejercicio de la oposición y diferencia no sería posible crear ni definir ninguna identidad. Esto es lo que se conoce en el mundo de la filosofía y la sociología como “alteridad” u “otredad”, es decir, la visión del Otro y su repercusión en el Yo.26 Por razones tanto de extensión como de propósito, hemos reducido la lista a cuatro de los autores que han resultado cuyos estudios resultan fundamentales en la elaboración de una metodología flexible, pero minuciosa, para el análisis histórico. A continuación, daremos cuenta lacónicamente de las deducciones del sociólogo Erving Goffman y los filósofos Jacques Derrida, Emmanuel Levinas y Judith Butler. 25 HODOS (2009: 3). 26 C.f. nota 15. 64 http://dx.doi.org/10.6035/Millars.2018.44.3 - ISSN: 1132-9823 - VOL. XLIV 2018/1 - pp. 45-75 En la obra de Goffman, el planteamiento del individuo como un actor presenta la personalidad o identidad de los individuos como productos resultantes de la representación de un rol, como actores en una función, enmascarados –las máscaras podrían ser atributos, en tanto que también son artificios–, y que actúan en respuesta a la interacción social con otros individuos-actores.27 En Derrida prima la “deconstrucción” de los elementos sociales, es decir la desfragmentación, por ejemplo, del campo del lenguaje y los términos, en el cual se alza sobre todo lo demás la “diffèrance”, un neologismo derridiense que alude a la oposición lingüística que, en consecuencia, termina por otorgar un poder real a las palabras; la diferencia se erige como base primigenia de la construcción de conceptos y de nuestro propio cosmos, de este modo, el ser humano utilizaría estas palabras basándose en la diferencia u oposición como dispensador de poder.28 Levinas, por su parte, es el primer filósofo en acuñar el término “alteridad” al plantear que la construcción del Yo depende siempre de un Otro,29 lo que significa que la identidad necesita irremediablemente la existencia de alteridad u otredad para configurar y reafirmar su propia identidad. Es decir, sin considerar que la identidad se construye primero y posteriormente la imagen de otro opuesto, sino que sucede al contrario: el Otro y sus elementos o alteridades son los que construyen verdaderamente el Yo. Por último, exponemos la tesis de Butler. Su método de deconstrucción del género, sobre el que concluye que es artificial, una imposición social fruto de una elaboración cultural y, por tanto, que no es ingénito ni natural, nos es útil en tanto que su teoría de la performatividad –según la cual se establece que el lenguaje en sí mismo tiene la capacidad de generar realidad sólo con pronunciar un enunciado–,30 puede extrapolarse a identidades formadas desde cualquier atributo –e.g. la identidad étnica o etnicidad, corriente que está desbancando a la de la romanización–. Siguiendo un método basado en las teorías propuestas por estos autores, podremos hallar en cualquier periodo histórico esa concepción que el individuo, de forma solitaria o colectiva, tiene de sí mismo, enmarcado todo ello dentro de un contexto determinado, sujeto a unas normas específicas y de acuerdo a unas costumbres 27 GOFFMAN (1993). 28 DERRIDA (1989). 29 LEVINAS (1977). 30 BUTLER (2007) y (1988). Esta filósofa entiende que para que un mensaje pase de ser un enunciado inventado y artificial a algo que se entenderá en el futuro como natural y tradicional, ha de “realizarse” o performativizarse, es decir, repetirse de forma constante hasta ser naturalizado. 65 CORÉ FERRER-ALCANTUD Inter bárbaros: una propuesta metodológica para descifrar la identidad romana concretas. Es decir, la percepción y el entorno pueden cambiar, pero no el ejercicio de creación de identidades, pues siempre existirá la oposición como descriptor y, por tanto, alteridades basadas en la diferenciación que son las que, realmente, construyen la identidad. Tal y como hemos podido comprobar, el término “identidad” comporta un significado ciertamente amplio y de una complejidad imponente. El uso de la identidad y la alteridad como metodología dirigida al estudio de la antigüedad aún es algo novedoso, aunque es también tremendamente útil. Debido a la profundidad significativa y la problemática composición del concepto, su uso en el mundo de la investigación requiere ciertas demarcaciones con tal de obtener resultados óptimos. En primer lugar, huelga decir que el término es de invención reciente, lo cual no significa que no pueda ser utilizado para periodos donde el concepto no existiera como tal. En este sentido, los humanos solemos nominar todo lo que creemos concebir, pues la finalidad última es la comprensión e inteligibilidad de todo aquello que nos rodea. Sin embargo, una vez desplegada su formación y delimitada su estructura, confirmamos que se trata al mismo tiempo de un concepto riguroso y que resulta de gran utilidad para el análisis histórico. Planteadas estas teorías y antes de dar paso al siguiente apartado, convendría retomar las cuestiones que planteábamos al comienzo de este artículo, dudas que ya empezamos a disipar gracias a la información aportada hasta ahora. Con respecto a las preguntas, se planteó en primer lugar si podríamos utilizar el concepto de identidad y un método acorde al mismo para hacer alusión a procedimientos y desentrañar aspectos característicos de la sociedad romana, sociedad que desconoce dicho patrón. Teniendo en cuenta que la primera cuestión recibiera una respuesta afirmativa, la segunda planteaba si hubo en la antigüedad algún tipo de noción o conciencia de identidad romana en un sentido “nacional” del término. A continuación trataremos de dar respuesta a estas preguntas planteando el modelo del romano y el bárbaro como paradigma de diferencia, oposición, es decir, de alteridad. DULCE ET DECORUM EST PRO PATRIA MORI: CONCEPTOS ANTIGUOS, JUICIOS MODERNOS A lo largo de la historia, el ser humano ha tenido la necesidad de dar nombre a todo aquello que le rodea con dos objetivos vitales: la comunicación con otros seres y la comprensión de su propia realidad. La constante creación de términos y nuevas descripciones ha ido proporcionando no sólo la invención de las lenguas acompañadas de un inagotable cosmos de significados, sino también la importante propagación del lenguaje, lo cual 66 http://dx.doi.org/10.6035/Millars.2018.44.3 - ISSN: 1132-9823 - VOL. XLIV 2018/1 - pp. 45-75 conlleva a un intenso desarrollo del conocimiento y la capacidad de definir casi con exactitud desde un objeto hasta una emoción. Por ejemplo, no nos supone esfuerzo intelectual alguno tratar de descifrar la expresión “dulce y honrosa es la muerte del que cae luchando por su patria”.31 El hecho de que al analizar esta locución desde la distancia, es decir, al examinarla por medio de las particularidades propias de nuestra contemporaneidad, no nos resulte difícil de interpretar, dice más de lo que a simple vista podríamos deducir. Escritas posiblemente en algún punto del siglo I a.C. por Horacio, acreditado autor romano e hijo de un liberto itálico que luchó contra los romanos en la denominada Guerra de los Aliados en los años 90-88 a.C., contienen, en efecto, uno de esos conceptos que ha sobrevivido a siglos de cambios lingüísticos tanto morfológicos como los que se refieren al contenido: patria. Cicerón también da cuenta de esta máxima en su República32 haciendo una crítica a la filosofía propia de su tiempo y recordando, del mismo modo que Horacio, que todo tiempo pasado fue mejor, dirigiéndose ambos hacia un público que ha perdido los valores morales y virtudes de antaño ante una, creen ellos, degeneración social incipiente en sus propios días. También encontramos mención a este término en otro tipo de literatura, la épica, cuyo objetivo en tiempos de Augusto, era el de un cambio de régimen basado en una tradición republicana que rememorarán en adelante todos los grandes hombres de Roma. Este es el caso de la Eneida de Virgilio, obra destinada a la recuperación –o aleccionamiento social a través de mecanismos de adoctrinamiento basados en la moral– de dichos valores y virtudes, y en la cual encontramos este vocablo en más de ochenta ocasiones. Patria, pues, es un término que parece haber perdurado intacto en el tiempo, pues es coincidente con nuestra percepción del mismo, al menos a simple vista. Otros conceptos recurrentes en la literatura antigua que han sobrevivido al propio gobierno que los creó en primer lugar, son imperio, colonia, aunque no así natio, de concepción latina, pero posterior. No obstante, su supervivencia se debe más a una recuperación voluntaria que a una herencia íntegra. En el caso de imperium, sabemos que era un ejercicio exclusivo del rey en periodo monárquico y que posteriormente trascendió a época republicana como un poder militar exclusivo de las magistraturas más altas, con el cual se podía convocar al ejército en armas. Con el tiempo, este poder formará parte indispensable de los primeros momentos de la expansión ro31 HORACIO, Od., 3.2.13. 32 Cic., Rep., 1.3, “ut possint eam uitam, quae tamen essen reddenda naturae, pro patria potissimim reddere”. 67 CORÉ FERRER-ALCANTUD Inter bárbaros: una propuesta metodológica para descifrar la identidad romana mana, cuando pocos años después del 509 a.C., fecha establecida como el inicio de la República, diera comienzo el proceso de expansión territorial y ultramarina por parte de los romanos. Las confrontaciones en los lugares de interés requerían que un magistrado cum imperium diera las órdenes de traslado y acción militar, por lo que al convertirse el procedimiento invasor en prácticamente una costumbre, el imperio acabaría asociándose a la expansión y anexión de nuevas regiones. Por el contrario, la correcta nomenclatura del sistema de gobierno inaugurado por Augusto en el 27 a.C. es la de Principado y no Imperio, como suele apodársele en algunos círculos eminentemente educativos. En cuanto lo que nos ocupa en esta ocasión, los términos expuestos han sido recogidos como parte del legado de Roma para justificar acciones y regímenes desde que el denominado Imperio Romano de Occidente se descompuso a finales del siglo V. en este sentido, su significado ha sido resignado a realidades diversas de la mano de personas que creyeron entender la esencia de dichos términos. A modo de símbolos, las palabras imperio o patria, e incluso colonia –en su origen republicano, un espacio para ubicar veteranos de guerra y el exceso de población en periodos de crisis frumentaria o de falta de tierras para licenciar soldados–, se han transfigurado hasta tener vida propia en la actualidad, formando neologismos–patriotismo, colonialismo, imperialismo– derivados de esa comprensión posterior de términos oriundamente romanos. No obstante, existen otro tipo de vocablos, también adquiridos y transformados debido al devenir de los siglos, pero que en esta ocasión nos servirán para ilustrar de un modo ilustrativo los beneficios de la utilización de un método analítico relacionado con las identidades. La palabra “bárbaro”, como sabemos griega en origen,33 designaba a aquél que no hablaba la lengua común y, ya en periodo romano, simplemente, al menos en principio, a un extranjero. Entre las acepciones mostradas en el diccionario, encontramos algunas sorprendentes, como “fiero, cruel”, “arrojado, temerario” e “inculto, grosero, tosco”. Al igual que sucederá con la palabra vándalo, que en origen designaba a una tribu indígena centroeuropea, sus acepciones confirman lo que planteábamos en las primeras líneas de este trabajo: los romanos ejercieron una labor propagandística encomiable, consiguiendo que regímenes de periodos posteriores adularan sus ficciones durante siglos, manteniendo y modificando términos que, aunque utilizados como escarnio en ciertas ocasiones, en origen fueron simples atributos de identidad. 33 HOMERO, Il., 2.867; “βαρβαρόφωνος”, es decir, que produce el sonido “bar-bar” al hablar. 68 http://dx.doi.org/10.6035/Millars.2018.44.3 - ISSN: 1132-9823 - VOL. XLIV 2018/1 - pp. 45-75 Lamentablemente, algunos comportamientos parecen sobrevivir también al paso del tiempo, y del mismo modo que hoy algunos utilizan las nacionalidades y otros rasgos étnicos a modo de invectiva o en un tono peyorativo, lo mismo terminaría por suceder en Roma. Tal y como ha quedado expuesto al comienzo de este artículo a través de la cita verbalizada por la actriz Thandie Newton, “la raza es un concepto ilegítimo que hemos creado nosotros mismos basándonos en el miedo y la ignorancia”.34 No obstante, para la ocasión que nos ocupa sería más exacto eliminar la palabra “raza” del enunciado y establecer que, entre los romanos, todo aquel que no fuese considerado romano por los que sí se consideraban como tales, era automáticamente despreciado y no era necesario el uso de una invectiva atacante, sino tan sólo la mención a aquél rasgo, característica o atributo que le haría divergir del contrapuesto hijo de Roma. Es por ello que, a pesar de que su génesis es posterior al fin del Imperio Romano de Occidente, el proto-racismo35 es, desgraciadamente, tan viejo como las primeras voces del mundo antiguo. Posteriormente, en el siglo V, Salviano nos hará saber que el término designa ya a una comunidad de individuos elogiables en contra de la decadencia que entonces mostraban los romanos.36 Dependiendo del periodo y las circunstancias culturales, por tanto, el descriptivo “bárbaro” se usa bien como atributo, bien como insulto, bien como nominador de una comunidad al completo, que en ocasiones son mostrados de forma optimista, otras como paradigma del mal, y en otras ocasiones como modelo a seguir, como lo plantea Salviano de Marsella, un autor, por tanto, de procedencia romano-gala. En definitiva, el bárbaro, como sujeto representado por el Otro, será despreciado en tanto que su identidad supone una oposición al Yo romano, mientras que será utilizado por sus opositores como identidad ejemplar. Con todo, también de la ubicación de estos actos podríamos extraer información valiosa de cara a la comprensión de aquellas sociedades, como el porqué del desprecio o admiración, su origen y su finalidad. Sea como fuere, el requisito para ser susceptibles de análisis –ellos mismos, la sociedad que les rodea y las figuras de contraste– es que contengan un número indiferente de atributos que los hagan ser reconocidos por la sociedad de cada fase en la historia de Roma como bárbaros. De pronto, un atributo o rasgo particular de los muchos que seguramente configuraban 34 Cf. nota 1. 35 ISAAC (2006). 36 SALVIANO, De gubernatione Dei. 69 CORÉ FERRER-ALCANTUD Inter bárbaros: una propuesta metodológica para descifrar la identidad romana las identidades de los extranjeros, termina por imponerse como identidad específica –del mismo modo que sucedía con las designaciones de género “hombre” y “mujer”–. La forma de averiguar las divergencias fácticas y la definición exacta del bárbaro podría llevarse a cabo siguiendo los pasos establecidos en la metodología propuesta. Esto es, crear una lista de los atributos que suelen reiterarse en todas las periodizaciones, como el género, la etnia o el estatus, entre otros, para posteriormente situar a los bárbaros que aparecen tanto en fuentes literarias como en interpretaciones artísticas de la época. De este modo, terminaremos por una serie de descriptores que podremos comparar entre sí con tal de ampliar el concepto de bárbaro –desde galos, a las diferencias entre púnicos y africanos, germanos admirables y germanos despreciados, su papel en las auxilia, o en matrimonios imperiales– y, sobre todo, conocer de cerca qué pensaban los romanos de todos los periodos acerca de ellos. El siguiente paso sería seleccionar los elementos divergentes de las identidades descritas con tal de crear igualmente la identidad romana, la cual es producto precisamente de afianzar sus diferencias con otro extranjero o bárbaro. Por tanto, el bárbaro37 es una ficción cultural necesaria para la creación de una identidad romana, la cual se crea en contraste u oposición a aquélla, siendo el bárbaro o extranjero la raíz inseparable de la construcción, valores y virtudes de lo que significaba para ellos “ser romano”. CONCLUSIONES: ¿QUÉ SIGNIFICA PARA UN ROMANO “SER ROMANO”? Llegados a este punto, sólo queda responder a las cuestiones planteadas al comienzo de este artículo. Las dudas eran las siguientes: ¿se puede hacer uso de la identidad como método analítico?, ¿podríamos afirmar que existe una identidad romana? Y en caso de responder afirmativamente a esta última, ¿sería correcto hablar de la existencia de una identidad “nacional” romana? A tenor de lo expuesto con anterioridad, podríamos convenir que los romanos dan muestras evidentes de identidad, tanto en un sentido individual como colectivo. No obstante, iremos paso a paso. La respuesta a la primera pregunta es sí. La identidad es un proceso de creación cultural inherente al ser humano y, por tanto, a su historia. Si bien ostenta procedimientos propios de la sociología y la antropología, 37 Extraigo esta nota al pie para no hacer perder el hilo al lector. En efecto, a estas alturas sería más apropiado hablar de los bárbaros, ya que entendemos la pluralidad de sus múltiples identidades dispersas en todos los tiempos y espacios propios de la historia de Roma.