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El abasto de harinas: propuesta comercial desde Nueva Orleans hasta el Golfo de México, 1788-1799

Vidal Prades, Emma Dunia

Abstract

La harina, un bien considerado de primera necesidad para la población, nos sirve de hilo conductor para desvelar las propuestas de libre comercio fomentadas desde los territorios continentales hispanoamericanos de la costa norte del Golfo de México en detrimento de la organización mercantil española tras las reformas administrativas borbónicas de finales de siglo. El estudio está configurado partiendo de la petición de autonomía comercial de una región continental bajo el control de la Intendencia de La Habana. La incapacidad de España para consolidar su propia red comercial, de abastecimiento, favoreció la penetración de comerciantes extranjeros, en especial en tiempos de guerra.

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173 Boletín Americanista, año lxvii , 2, n.º 75, Barcelona, 2017, págs. 173-192, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.75.1010 EL ABASTO DE HARINAS: PROPUESTA COMERCIAL DESDE NUEVA ORLEANS HASTA EL GOLFO DE MÉXICO, 1788-1799 The supply of flour: a commercial proposal from New Orleans to the Gulf of Mexico, 1788-1799 Emma Dunia Vidal Prades1 Universitat Jaume I, Castellón, España Resumen: La harina, un bien considerado de primera necesidad para la población, nos sirve de hilo conductor para desvelar las propuestas de libre comercio fomentadas desde los territorios continentales hispanoamericanos de la costa norte del Golfo de México en detrimento de la organización mercantil española tras las reformas administrativas borbónicas de finales de siglo. El estudio está configurado partiendo de la petición de autonomía comercial de una región continental bajo el control de la Intendencia de La Habana. La incapacidad de España para consolidar su propia red comercial, de abastecimiento, favoreció la penetración de comerciantes extranjeros, en especial en tiempos de guerra. Palabras clave: intendencias, harina, redes comerciales, Nueva Orleans, Cuba. Abstract: Flour, considered a staple good for the population, serves as a thread to unveil proposals for free trade emanating from the Hispanic-American mainland territories along the north coast of the Gulf of Mexico to the detriment of Spanish trade organization after the Bourbon administrative reforms of the late 18th century. This study is based on the request for commercial autonomy of a continental region under the control of the Intendancy of La Havana. The inability of Spain to consolidate its own trade and supply networks favored the penetration of foreign traders, especially in times of war. Keywords: intendancy, flour, trade networks, New Orleans, Cuba. 1. El artículo se inscribe en el Proyecto HAR2016-78910, del Ministerio de Economía y Competitividad (MINECO), España. Doy las gracias al comité editor del Boletín Americanista y a los/ las evaluadores por las sugerencias y comentarios aportados. 17026_Boletin americanista 75 (tripa).indd 173 06/10/17 12:35 174 Boletín Americanista, año lxvii , 2, n.º 75, Barcelona, 2017, págs. 173-192, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.75.1010 Introducción Comprender el complicado proceso de organización administrativa española durante el siglo xviii requiere tener unas referencias de las reformas que se dieron en las distintas secretarías, dado que el cambio en distintos períodos motivó políticas que eran totalmente opuestas. Cuando los secretarios se ocupaban de una sola secretaría o las abarcaban todas bajo un mismo mando, las políticas cambiaban y provocaban espacios de debilidad en el control que se pretendía imponer en la colonia. Carlos III intentó limitar el poder de los Consejos manteniendo un equilibrio político en su gabinete real. Impulsó enérgicamente los cambios en la administración, asesorado por Esquilache y Grimaldo, más reformadores, tratando de concentrar el gobierno en pocas manos. No apartó a los sectores más conservadores, como Julián de Arriaga y Rivera en la Secretaría de Marina e Indias, pero tuvo que ralentizar sus proyectos tras el Motín de las Capas y los Sombreros en 1766. Consiguió modernizar las estructuras mercantilistas con la llegada de José de Gálvez y Gallardo, marqués de Sonora, a la Secretaría de Indias. El objetivo de las reformas era combatir las fuerzas expansionistas de su enemigo británico, principalmente, y el establecimiento de la Junta de Ministros se entendía en el control sobre Arriaga, que era más conservador (Kuethe, 1991). El impacto del reformismo en las Antillas entre 1765 hasta 1778 provocó un alza paulatina en todos los ramos. Desde 1783, hubo una bonanza quinquenal en virtud de la aplicación del Reglamento de Libre Comercio. Después de estas fechas se observó un retroceso por la crisis y el abandono aparente del reformismo hasta el fin de la guerra. Hubo dos ramas paralelas de dicho reformismo: la del sistema administrativo, y la correspondiente a las políticas coloniales y la suavización de las restricciones mercantiles (Herr, 1988: 40-44). La metrópoli no disponía de una red de abastecimiento concreta propia destinada a las colonias. Se iban abasteciendo según las necesidades y la oferta del producto que podían producir en la península. En caso de desabastecimiento se recurría al mercado internacional. La harina peninsular estaba protegida por las autoridades españolas para evitar un aumento de precios y la carestía. Desde 1767, con Arriaga en las secretarías de Indias y Marina, se prescindió de las importaciones de harina británica de forma oficial, por los conflictos bélicos entre las dos naciones. Sin embargo, en la práctica sí que se producía. Después se permitió la entrada de harina a los territorios e islas del Golfo de México y del mar Caribe, sin que previamente hubiera un contacto en un puerto metropolitano. Constituía una novedad frente al proteccionismo y aislacionismo que pretendían las autoridades. De las mencionadas medidas surgió la necesidad de buscar puntos de acopio propio. Tanto Cuba como Puerto Rico eran abastecidas con harina de Nueva España, y en segundo lugar, por la harina peninsular. Los elevados costos explican las nuevas medidas que se tomaron en la época, como la provisión de harina de otras zonas más cercanas a través de la actuación diplomática, en especial de Juan de Miralles y Trayllon y de su sucesor en el cargo, Francisco de Rendón, destinados en Filadelfia, para conseguir acuerdos. Dependían en gran 17026_Boletin americanista 75 (tripa).indd 174 06/10/17 12:35 175 Boletín Americanista, año lxvii , 2, n.º 75, Barcelona, 2017, págs. 173-192, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.75.1010 medida de los convenios creados con la Unión Americana para el suministro de harina a través de las redes que se establecían básicamente a través de puertos del norte de la península, por ejemplo Santander, como puntos desde los que después se distribuía hacia la colonia. Se hizo un estudio detallado de la creación y consolidación de empresas y empresarios que mostraba la dependencia de producción extranjera en períodos previos al analizado. También comparaba el auge del interés en crear empresas destinadas a este comercio, siguiendo las pautas del mencionado Reglamento de Libre Comercio, correspondiente al año 1778. Estos hechos facilitaron las actividades de nuevos puertos desde los que se exportaba harina. Surgieron 48 empresas por la ventaja comercial que ofrecía comprar grano extranjero y procesarlo en los molinos peninsulares; esto hacía la harina española, y como consecuencia se podía destinar a territorio colonial, ya que les restaban aranceles si no compraban el producto procesado. Estas empresas, que controlaban todo el abasto, obtuvieron grandes prerrogativas y beneficios por la restricción que existía de llevar productos directamente de puertos extranjeros a territorio americano sin el paso por un puerto peninsular (Moreno, 1999: 187-202). La elección de 1788 como punto de partida se debió al cambio de monarca, a la política metropolitana, al cambio de sistema administrativo con la entrada en funcionamiento de las intendencias en las colonias en el año 1786 y al fallecimiento de José de Gálvez y Gallardo, secretario de Indias, como impulsor de gran parte de las reformas coloniales del siglo xviii . Sin embargo, se observa como a partir de 1792 hubo un fuerte declive de los envíos de harina desde puertos peninsulares, que se vincula con el cambio de abastecimiento desde el territorio continental americano al norte de las posesiones españolas. Así pues, cualquier factor que hiciera cambiar esta política provocaba problemas a los suministros regulares. Este es el caso del territorio continental de la Florida y la Luisiana, que se asignó a la audiencia de Santo Domingo tras su conquista en la década de 1780, y que primero dependería de los abastos de Nueva España; después se destinaron harinas desde Buenos Aires, y se compaginaba con harinas procedentes del comercio neutral norteamericano llegadas por el río Mississippi. El artículo se vuelca en el abasto de harinas en el marco de la elaboración de propuestas comerciales desde Nueva Orleans al Golfo de México entre los años 1788-1799. En el primer capítulo se tratan los circuitos comerciales de harina existentes en el Golfo de México y la política metropolitana respecto al libre comercio en las colonias. En el segundo se abordan las distribuciones hechas en Pensacola y la Mobila como territorios dependientes de la Intendencia de Nueva Orleans, pero abastecida desde Cuba por ser el centro redistribuidor del situado y lugar desde donde se pretendía cambiar el circuito habitual de abastos. En el tercer capítulo se analiza el uso de barcos neutrales para entregar situados y víveres a las zonas en conflicto, así como las contratas exclusivas de precio determinado con el gobierno, entidades administrativas y particulares, las cuales favorecieron el control exclusivo y el consecuente enriquecimiento de las élites criollas cubanas. Para ello, abordamos la documentación conservada en el Archivo General de Indias (en adelante, AGI), a partir de los fondos de la Au17026_Boletin americanista 75 (tripa).indd 175 06/10/17 12:35 176 Boletín Americanista, año lxvii , 2, n.º 75, Barcelona, 2017, págs. 173-192, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.75.1010 diencia de Santo Domingo (en adelante, SD) en Ultramar (U), en Indiferente General (en adelante, IG) y en Papeles de Cuba (en adelante, PC). También en el Archivo Nacional Cuba (en adelante, ANC), en los fondos de la Intendencia General de Hacienda (en adelante, IGH), los de asuntos políticos (en adelante, AP) y las Juntas del Real Consulado de Agricultura, Industria y Comercio (en adelante, JCR). Finalmente, nos centramos en la información brindada por el Archivo Histórico de la Universidad de Sevilla (en adelante, AHUS). 1. Circuitos comerciales en el Golfo de México El mercado colonial español se caracterizó durante todo el Antiguo Régimen por ser un mercado protegido bajo un férreo control hasta mediados del siglo xviii . A partir de ese momento, y por diversos motivos, se establecieron novedosas redes comerciales con la intervención de diversos diplomáticos, cumpliendo así con ciertas libertades en el comercio como consecuencia de las guerras (Fontana, 1982; Barbier y Kuethe, 1984). El proyecto administrativo ideado por Carlos III en el año 1787 era dividir el territorio colonial en dos ministerios que abarcaban distintas materias y en dos grandes secretarías para las Indias, atendiendo a una división geográfica entre el norte y el sur, y asimismo intentar unir cada rama de gobierno de las Indias con los departamentos o secretarías de España, como se recogía en los artículos que van del 144 al 147. Meses más tarde, José Moñino y Redondo —primer conde de Floridablanca, que ejerció el cargo de secretario de Estado entre 1777 y 1792— proyectó que las dos secretarías no se organizaran en función del territorio, sino más bien en función de las materias bajo su responsabilidad. Así, el despacho de «Gracia, justicia y materias eclesiásticas de las Indias» estaría en manos de Antonio Porlier y Sopranis, primer marqués de Bajamar; y el despacho de «Guerra, finanzas, marina, comercio y navegación», por su parte, en manos de Antonio Valdés y Fernández Bazán (Gildas, 1972: 23-76). Con posterioridad se demostró que esta dualidad produjo un enorme conflicto, ya que las autoridades coloniales, tanto capitanes generales como intendentes, recurrían a ambos para conseguir el mismo fin. El virrey de México hizo una recopilación en la que se establecieron contradicciones en las mismas materias, dependiendo siempre del enfoque de la consulta y de la persona o institución a la cual se recurría. El virrey de México hizo llegar la mencionada recopilación al Consejo de Indias en la península para mostrar así tanto su desconcierto como su descontento.2 En el decreto de 25 de abril de 1790, Carlos IV, con Floridablanca como secretario de Estado, propuso un cambio administrativo: diluyó la Secretaría de 2. AGI, IG, 831, «Información del Consejo de Indias a la Comisión de Constitución», Sevilla, 16 de septiembre de 1809. 17026_Boletin americanista 75 (tripa).indd 176 06/10/17 12:35 177 Boletín Americanista, año lxvii , 2, n.º 75, Barcelona, 2017, págs. 173-192, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.75.1010 Indias y colocó al mismo nivel a España e Indias. Siguiendo el principio de «a su lado, no bajo él», estableció tres ramos y tres directores: «Gracia y Justicia» quedó en manos de Antonio Porlier; «Guerra» fue controlado por Manuel de Negrete y de la Torre, conde de Campo de Alenge, y «Hacienda» quedó en manos de Pedro López de Lerena y de Cuenca, conde de Lerena. La derogación del sistema dual anterior supuso el avance en la igualdad administrativa de «peninsulares» y «ultramarinos», porque cada asunto se trataba sin excepcionalidad en las secretarías de los ramos mencionados. La Junta Suprema de Estado, que era el organismo que reunía a los secretarios de cada ramo, fue disuelta en febrero de 1792, tras la caída del primer conde de Floridablanca (Escudero, 2001). Para el período anterior al analizado, Julio Le Riverend hizo un estudio de la importancia del comercio entre Veracruz y La Habana desde el punto de vista de la dependencia de Cuba respecto del continente (Le Riverend, 1981: 108122). En la misma línea, John Fisher apuntaba que, de 1778 a 1789, se dieron oportunidades de negocio para productos americanos, que vieron una bajada de tasas en puertos españoles si se procesaban antes de destinarlos a estos mercados, en este tiempo (Fisher, 1992: 211). Los problemas de surtido de víveres en diversos territorios del Golfo de México y del Caribe nos informan de que había una práctica no regulada por la que se podían desarrollar estas actividades comerciales, fuera del control riguroso de las autoridades (Kuethe y Blaisdel, 1991; Widmer, 1996). Reproducimos el mapa del año 1792, donde se observan las características propias del Golfo de México y La Florida (Mapa 1). Mapa 1. Golfo de México y La Florida. Jaillot-Elwe, Amerique Septentrionale, Ámsterdam, 1792. Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Jaillot-Elwe,_Norteamerica,_1792.jpg 17026_Boletin americanista 75 (tripa).indd 177 06/10/17 12:35 178 Boletín Americanista, año lxvii , 2, n.º 75, Barcelona, 2017, págs. 173-192, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.75.1010 Hubo distintos factores que motivaron la presencia de harinas norteamericanas en los puertos del Golfo de México, favorecidos por los principales dirigentes de las Capitanías Generales e Intendencias, entre otros el capitán general y gobernador de la Luisiana o el intendente de Hacienda de La Habana, quien recibió fuertes críticas por la permisividad en el control de estas remesas de harinas. Desde 1776 el propio Floridablanca tenía reticencias acerca de la navegación por el río Mississippi y las consecuencias que podrían derivarse de los cambios que se habían producido en la joven nación emergente. Aun así, hubo un activo comercio desde 1778, fecha en que se destinó a Filadelfia a Juan de Miralles para abrir e impulsar un activo comercio de harinas. Dicho comercio facilitó la entrada de harinas norteamericanas a la isla de Cuba con licencia desde el inicio de la década de 1780. Miralles falleció en esas fechas y su sustituto, Francisco Rendón, se caracterizó por su escaso carisma diplomático, perdiendo así los contactos. El desdén demostrado por Rendón provocó la visita de John Jay a la península, y este último negoció directamente con Floridablanca (Cummins, 1991; Amores, 2000: 476-480). Años más tarde, este contacto pasó a manos de Diego de Gardoqui, pero sin la trascendencia efectiva que debía ejecutarse en el comercio, el cual había sido propiciado por Miralles durante la década anterior (Powell, 2012: 165-170). El transporte de abastos de primera necesidad, como podían ser las harinas, garantizaba la resistencia de los habitantes (Cuenca, 1981). Es bien conocida la presencia de corsarios en las aguas caribeñas desde el mismo día en que se declaraba la guerra. La patente de corso era un elemento bastante interesante por la importancia económica que suponía para los estados en caso de guerra. Además de ser un medio de obtener beneficios, representaba un riesgo muy alto para las embarcaciones con bandera de los países implicados en los conflictos, ya que también se veían implicadas en la guerra, y había un alto riesgo para las embarcaciones. Por ello, recurrir a buques neutrales para llevar a cabo una distribución regular se presentaba como la única opción que les garantizaba una efectividad en sus actuaciones y poder burlar los bloqueos de los puertos por los enemigos (Christellow, 1942). Estas primeras transacciones de abastos de harina constituyeron el punto de partida del cambio que sufrió el suministro desde Nueva España. Santander era el puerto peninsular que reexportaba las manufacturas más importantes del comercio destinado a Cuba. Suplían el intercambio de harina con azúcar. Hasta 1786 la mayor parte de la harina importada en Santander procedía de la Unión Americana (Barreda, 1950). La exportación de harina creció de 34.000 barriles en 1787 —cada uno de 200 libras— a 60.000 barriles en 1793. A partir de ahí se produjo un declive. Y en 1796 se exportaban 30.000 barriles procedentes de la Unión Americana hacia el resto del continente americano. Fue entonces cuando la harina española reemplazó a la de la Unión Americana en las exportaciones a Cuba. Desde 1776 hasta 1796, el comercio entre España y América fue regular, sirviendo de panacea para la economía y para las enfermedades financieras peninsulares. 17026_Boletin americanista 75 (tripa).indd 178 06/10/17 12:35 179 Boletín Americanista, año lxvii , 2, n.º 75, Barcelona, 2017, págs. 173-192, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.75.1010 El gobernador de la Luisiana entre 1791 y 1797, Francisco Luis Héctor de Carondelet, propuso la entrada de harinas procedentes de otros territorios como Ohio, Kentucky e Illinois. Todos estos lugares producían harinas a menor costo y de mayor calidad que las procedentes de Nueva España. Además, ello suponía un aliciente político, puesto que se fomentaba que estos territorios se adhiriesen al gobierno español en su ideal anexionista (Shepherd, 1904: 490-506). En esta fecha, dichos territorios aún no se habían incorporado a la Unión Americana, era el período de guerras con los indios (1791-1794), por las peticiones de tierras más allá de los Apalaches en 1791. Entre los años 1794 y 1795, se produjo la expansión hacia el Oeste, por lo que la intención del gobernador no era del todo descabellada y podía surtir el efecto deseado de expandir el territorio (Trogdon, 2015; Fradera, 2015: 163). Sin embargo, siete años después ni siquiera Nueva Orleans sería ya española (Narret, 2015: 91-114; Faber, 2016: 23-49). La importancia de estas entradas de harinas en los territorios americanos españoles radicaba en que la cantidad de estas importaciones provocaba el fortalecimiento de un mercado libre lejos del control de la Corona. Lo que representaba una autonomía comercial que la colonia trataba de fomentar y que estaba mal vista desde la península, en parte por la libertad que confería a la colonia y en parte, según críticas arrojadas años más tarde, porque perjudicaba los cultivos de otras zonas españolas abastecedoras tradicionalmente de estas islas del Caribe. Aunque, como hemos visto, la harina no se producía en territorio peninsular sino que solo se procesaba. Al analizar detenidamente el proceso quedan al descubierto las intenciones de las diferentes administraciones, en concreto las que estaban implicadas en este proceso comercial, como las Capitanías Generales de La Habana y Luisiana, además de la Intendencia de La Habana. Primero condicionaban el abasto de harinas de las zonas habituales, desprestigiándolas y creando una necesidad ficticia en una zona determinada, en este caso concreto Pensacola y la Mobila, para más tarde forzar la situación con el objetivo de que se les permitiese controlar el abastecimiento de estos lugares. El gobernador de la Luisiana, entre otros, con sus proyectos y propuestas se convirtió en el portador de la mejor opción: más calidad, más económico, más cercano y favorecía las relaciones internacionales, además de promover hipotéticas adhesiones futuras de zonas fronterizas, como veremos. Al final de todo este mecanismo de manipulación, el gobernador de la Luisiana aparecía como el salvador de una zona desfavorecida, aunque en realidad había sido el iniciador de toda la situación y el impulsor de la necesidad. Una jugada maestra para adquirir mayor control sobre su provincia, ya que hasta el momento de las quejas del gobernador por la mala calidad de las harinas en 1788-1789, el abasto de harinas a Pensacola y la Mobila dependía directamente de la Intendencia de Hacienda de La Habana, que se abastecía de las harinas continentales de Nueva España, principalmente. 17026_Boletin americanista 75 (tripa).indd 179 06/10/17 12:35 180 Boletín Americanista, año lxvii , 2, n.º 75, Barcelona, 2017, págs. 173-192, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.75.1010 2. Los abastos de harinas a Pensacola y la Mobila, 1789-1792 En este apartado se pretende averiguar a quiénes favorecían estas entradas de buques en los puertos españoles. Qué reacciones se derivaron de estas actuaciones, tanto entre los criollos comerciantes como entre los comerciantes tradicionales que se habían encargado de estos menesteres antes de la inestabilidad e inseguridad para el comercio con bandera nacional durante los conflictos armados. Linda Salvucci ha analizado el proceso desde el punto de vista americano demostrando cómo los americanos estaban interesados en fomentar los lazos comerciales. También Lewis ha explicado cómo el crecimiento comercial en Cuba, durante el período de la independencia americana, no pudo ser detenido ni finalizado cuando la independencia americana de los ingleses llegó a su fin (Salvucci, 2005; Lewis en Barbier y Kuethe, 1984: 112-126). La Intendencia de La Habana era la encargada de hacer llegar el situado procedente de Nueva España a los distintos territorios que dependían de la Audiencia de Santo Domingo. Aquellos territorios del Golfo de México que se iban incorporando a la Audiencia por la proximidad y la importancia del puerto de La Habana se abastecían de materias primas desde este puerto. Disponían del situado reservado a ellos y se restaba de él todos los bienes que se les hacían llegar, no podían disponer del capital de forma física, ni cambiarlo, sin previa autorización peninsular. Sin embargo, en casos puntuales, sí se hacía. Así, por ejemplo, hay datos de que, en 1768, Luisiana gastó 70.000 pesos de su situado de 160.000 pesos en adquirir harina inglesa. Continuó en 1770 y en 1780, siempre a través de concesiones temporales (Johnson, 2002). Esto supuso que las zonas peninsulares que habían abastecido hasta ese momento esos territorios sufrieran perjuicios económicos. Entre 1766 y 1778 se enviaron a España 15 millones de plata procedente de Nueva España; la plata destinada a las Antillas para hacer frente a los situados era de 36,3 millones. Entre 1778 y 1791 la plata reservada a España ascendió a 29,6 millones y la consignada a las Antillas alcanzó los 78,8 millones, cifra que doblaba la provisión regular y que se entiende por el período de guerra (Friedlaender, 1978: 109). También se creó una demanda de productos europeos, lo que representó un aumento de envíos que saturó el mercado forzando la bajada de precios y convenciendo a todos los monopolistas americanos de que el comercio libre destruiría los beneficios y pararía la circulación de capital (Fisher, 1981). Las harinas destinadas a Pensacola y la Mobila entre 1789-1792 eran de diversos orígenes.3 Recordemos que Pensacola es una ciudad portuaria estadounidense localizada en la homónima bahía de Pensacola, condado de Escambia, en el noroeste del estado actual de Florida. La Mobila (o Mauvila), por su parte, 3. AGI, SD, 2642, «Expediente sobre provisión de harinas a la plaza de Pensacola y órdenes expedidas a este fin», La Habana, 1789-1792, 115 folios. 17026_Boletin americanista 75 (tripa).indd 180 06/10/17 12:35 181 Boletín Americanista, año lxvii , 2, n.º 75, Barcelona, 2017, págs. 173-192, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.75.1010 es una ciudad del sur de Alabama, Estados Unidos, situada en el Golfo de México, en la bahía de Mobile, en la desembocadura del río homónimo; es el único puerto marítimo de Alabama. No todas las harinas eran de procedencia española, lo que nos muestra la escasez real de harinas que tenía la Corona en ese momento, porque se debía recurrir a harinas de procedencia francesa o inglesa sin tener en cuenta su origen. Es decir, se compraban a los comerciantes, y aunque se especificaba su procedencia no se cuestionaba su idoneidad (Cunningham, 1919; Woodward, 2003). En octubre de 1788 Domingo de Hernani fue elegido intendente de La Habana. A finales de este año, Esteban Rodríguez Miró y Sabater, el nuevo gobernador e intendente de la Luisiana, le solicitó que no enviara harinas porque llegaban con retrasos, su calidad era muy mala y el precio era elevado. La mala calidad de las harinas de la última partida había sido la responsable de la muerte de trece soldados en la Mobila. Por ello Miró solicitó el cambio del abasto bajo su control. En esos años la Intendencia de la Luisiana estaba a cargo del mismo gobernador, pero desde 1793 Francisco Rendón se encargó de dicha Intendencia. Desde la conquista de la zona, Bernardo de Gálvez y Madrid, primer conde de Gálvez y vizconde de Galveston —,hijo del virrey de México, Matías de Gálvez y sobrino de José de Gálvez— había dispuesto que Pensacola y la Mobila se abasteciesen de harina proveniente de La Habana para cubrir la escasez en Luisiana. Algunos comerciantes de Ohio y Kentucky, por ejemplo, solicitaban permiso para bajar harina por el río Mississippi, ya que resultaba más económica y era de mejor calidad. La harina procedente de La Habana costaba alrededor de 14 o 15 pesos el barril, mientras que la otra rondaba los 10 pesos. Los registros analizados muestran que había harina continental de Veracruz; de molienda francesa aunque no se citaba su origen, así como harina fina americana, pero adquirida por La Habana. En ese caso no se destinó ni una libra de molienda peninsular (Holmes, 1962). Las quejas del gobernador de la Luisiana no se tuvieron en cuenta y se continuó con el sistema regular de abasto. Esta queja siguió su cauce administrativo. Desde la península se le contestó el 30 de julio de 1789 diciéndole que debía ser prudente al permitir la entrada de harinas y conceder permiso a los notables de Ohio y Kentucky cuando no fueran buenas las de La Habana e informar al intendente de La Habana, Domingo Hernani, para que cuidara de que fueran de buena calidad. Se citaba la real orden de diciembre de 1789 sobre la protección y comercio concedido a los habitantes de Kentucky. Se les concedía una rebaja sobre el 15%, este último un impuesto sobre los frutos que llevaran por el Mississippi hasta Nueva Orleans, para mantener los territorios afines al gobierno español. Desde Madrid se advirtió al intendente de La Habana de que, habiendo trasladado al rey el comandante de la Mobila, por medio del gobernador de la Luisiana, la mala calidad de las harinas enviadas, tuviera cuidado de que fueran buenas y frescas las que enviaran en lo sucesivo. Por supuesto, esto molestó al intendente de La Habana, Hernani, quien escribió al secretario de Hacienda de España, Diego de Gardoqui, comunicándole que el mismo había revisado con 17026_Boletin americanista 75 (tripa).indd 181 06/10/17 12:35 188 Boletín Americanista, año lxvii , 2, n.º 75, Barcelona, 2017, págs. 173-192, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.75.1010 tición de 500 barriles de harina el 23 de abril de 1796 con destino a Nueva Orleans. Paradójicamente, la zona desde la que se pretendía abastecer en pocos meses a la propia Habana demandaba auxilio de víveres.18 Eso sí, cada barril le costaría al intendente 25 pesos.19 Hubo repercusiones políticas derivadas de estas entradas de harinas, de forma polémica, para los que estaban acostumbrados a disfrutar de ciertas prerrogativas de exclusividad. El abastecimiento de la isla llegó a convertirse en un monopolio de pocas casas comerciales, muy concretas y con unas conexiones directas con la oligarquía criolla habanera y las autoridades. La entrada de barcos con harina desde el norte continuó una vez prohibida la entrada en 1796, porque las órdenes llegaban con retraso. Las entradas de harina en el puerto de La Habana ascendieron a 16.837 barriles en tres meses, y procedían de Filadelfia, Virginia, Nueva York y Nueva Londres (Fernández, 2001). El 21 de junio el encargado de negocios en Filadelfia avisó de la expedición de pasaportes y recomendaba al intendente de La Habana que los aceptara. El intendente le contestó que redujera el uso de ellos. Valiente le expuso el caso de tres embarcaciones que se encontraban en el puerto con harina de aquella provincia y que algunos comerciantes locales se habían opuesto a la descarga. Ante esta situación el intendente se amilanó. Escribió al capitán general y le pidió que convocase una junta. El 4 de julio se reunieron el intendente, el capitán general, el comandante general de Marina, el prior, los cónsules y síndicos del Consulado y «gente del común». En la junta se acordó que como venían las embarcaciones con pasaporte, para evitar quejas de los Estados Unidos del norte y por el «honor de la nación», debían ser admitidas las harinas. He aquí la coerción ejercida, sin violencia, por la diplomacia internacional. La solución acordada fue que se debía informar al encargado de negocios en Filadelfia para que anunciara que sus pasaportes quedaban sin efecto por la nueva real orden. Resultaba asombroso el cúmulo de harina que había entrado a consecuencia de la real orden, pues llegaban incluso de Sevilla a 24-26 pesos el barril, cuando a duras penas podían venderse a 10 pesos y a plazos la harina que se encontraba en La Habana. La supuesta escasez que querían evitar produjo el «efecto llamada» y se movieron gran cantidad de víveres con este destino. Había una fuerte presión de los comerciantes pidiendo a las autoridades que cesaran estas concesiones.20 Hubo quejas tanto en La Habana21 como en la península.22 18. AGI, PC, 583, núm. 389, carta de José Vidaondo, secretario de la Contaduría de Hacienda en La Habana a Francisco Rendón, intendente de Nueva Orleans, La Habana, 13 de mayo de 1796. 19. AGI, PC, 583, núm. 390, carta de José Vidaondo, secretario de la Contaduría de Hacienda en La Habana, a José Pablo Valiente, intendente de Hacienda de La Habana, La Habana, 19 de julio 1796. 20. AGI, SD, 2177, «Reales cédulas, informes, correspondencia del consulado y comercio», Aranjuez, 6 de diciembre de 1797. 21. Ibídem, 8 de diciembre de 1797. 22. Ibídem, 13 de diciembre de 1797. 17026_Boletin americanista 75 (tripa).indd 188 06/10/17 12:35 189 Boletín Americanista, año lxvii , 2, n.º 75, Barcelona, 2017, págs. 173-192, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.75.1010 El mercado de las fábricas o molinos de harina había experimentado un considerable aumento en España respecto al período anterior. En concreto, los vecinos de La Habana pedían, en diciembre de 1796, que se declarara sin efecto la concesión de agosto al conde de Mopox y Jaruco para la extracción de 9.000 pipas de aguardiente Rum y la entrada de su valor en harinas de las colonias del norte.23 Informaron al secretario de Hacienda de lo resuelto en Junta del Consulado de 23 de noviembre de ese año.24 Esta resolución no se dictó exclusivamente para esta casa de comercio sino que la real orden (23-8-1796) concedía a los americanos españoles, aquellos que estaban facultados, a hacer expediciones a los puertos habilitados de la metrópoli en sus embarcaciones con carga de frutos y retorno con géneros. El conde consiguió un permiso exclusivo para introducir harinas de procedencia norteamericana y gracias a esta transacción obtuvo un beneficio de cien esclavos y cien mil pesos al transferir este derecho a un comerciante (Portuondo, 1965). Años después, un español que vivía en Filadelfia defendió el libre comercio para toda la colonia, impulsando la no intervención del Estado en la economía; citando a Adam Smith, y mostrando ejemplos de cómo las zonas autorizadas en los períodos de guerra habían quedado bajo comercio neutral, dicho español había conseguido un aumento de los impuestos. Las zonas que no lo habían hecho, por el contrario, se quedaron rezagadas económicamente (Carey, 1800). Y en 1798 continuaron los abastos por medio de contratas con el conde; así, se hizo una contrata de 1.500 barriles de harina.25 Al año siguiente, nuevamente con motivo de la probabilidad de sufrir un ataque contra la plaza de La Habana, el intendente Valiente pretendió acopiar el mayor número de barriles de harina para que no faltara si les sitiaban. No esperó la autorización de sus superiores en la península, y respaldó su decisión en que debía auxiliar la disposición del gobernador y capitán general, quien le había informado de que se estaba dirigiendo una fuerte expedición hacia la plaza. El capitán general de Santa Clara autorizó en 1798 la entrada de buques angloamericanos y franceses con harinas procedentes de Francia y Estados Unidos sin la autorización expresa de la metrópoli (Pezuela, 1942). Conclusiones Valiente suspendió la contrata exclusiva ante el problema que se le presentaba por la exclusividad de la Casa de Jaruco y Álvarez y decretó una circular por la 23. ANC, JRC, «Exposición de los hacendados y comerciantes de Cuba», La Habana, 21 de noviembre de 1796. 24. AGI, SD, 1675, carta de José Pablo Valiente, intendente de Hacienda de La Habana, a Diego de Gardoqui, secretario de Hacienda, La Habana, 23 de noviembre de 1796. 25. AGI, SD, 1161, «Informes vía reservada, Consejo de Indias con el Capitán General, Juan Procopio Basecourt, conde de Santa Clara, y el intendente de Hacienda de La Habana José Pablo Valiente», Aranjuez-La Habana, 1798. 17026_Boletin americanista 75 (tripa).indd 189 06/10/17 12:35 190 Boletín Americanista, año lxvii , 2, n.º 75, Barcelona, 2017, págs. 173-192, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.75.1010 que permitía la libre introducción bajo el derecho del 21% en lugar del 32% a aquellos que hubieran introducido o estuvieran en condiciones de introducir harinas en todos los puertos habilitados de la isla. Esta tasa era la misma que pagaban en el período del permiso los víveres extranjeros. Valiente hizo una contrata por la cual, sin exponer a la Real Hacienda, aseguró el abasto para apaciguar al conde en su «fundado clamor» de daños y perjuicios. Acordaron que gestionaría 80.000 pesos en harina.26 Avisó también al virrey de México sobre la llegada inminente de la flota británica y consiguió la remisión de parte del situado correspondiente al año 1799. En concreto, se mandaron dos fragatas, SM Juno y Anfitrite, con 500.000 pesos cada una, además de otros bergantines que ya habían zarpado con cantidades de dinero, gente y pólvora. Sin embargo, no era la primera ocasión en que tomaba una decisión anticipándose a la resolución de la península. En mayo de 1795 permitió a la Compañía de Cantera y Zavaleta la extracción de 700 barriles de harina para la Guaira, aunque dicho puerto no estaba habilitado al comercio libre.27 Como hemos visto, las relaciones comerciales con el norte fueron fluidas y provechosas, y cuando Esteban Rodríguez Miró abandonó el gobierno, las medidas volvieron a los cauces de control de La Habana;28 sin embargo, a partir de este momento29 las casas comerciales habaneras tomaron el control de la harina.30 Y se analizó con detalle el beneficio que obtuvo Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas, conde de Mopox y de Jaruco, así como las harinas procedentes de Nueva Orleans que se venderían en México las décadas siguientes (Blanchet, 1866; Canudas, 2005: 1406; Finucane, 2016: 148-156). El hecho es que, independientemente de quién fuese el responsable inmediato, el proceso se llevó a cabo, fortaleciendo así unas redes comerciales que aparecían, justamente, en el período bélico, sin desaparecer una vez prohibido el comercio con neutrales. La experiencia permitía a las autoridades cubanas tomar decisiones en función de sus intereses, y saltarse así la ley en caso de necesidad de productos de consumo básico. La excepcionalidad de la guerra continuaba después, cuando los mercaderes guardaban autorizaciones y las hacían efectivas cuando mejor les convenía. Tampoco hay que despreciar la predisposición de los mercaderes al hacer un lucrativo negocio en esos momentos. Pero lo que realmente sucedió en el período histórico analizado es que la circulación de capital por el comercio de harina se concentró en la colonia. Dicha circula26. AGI, SD, 1677, núm. 185, carta de José Pablo Valiente, intendente de Hacienda de La Habana, a Miguel Cayetano Soler, secretario de Estado y del Despacho de Hacienda entre 1798-1808. La Habana, 4 de abril de 1799. 27. AGI, SD, 1673, núm. 81, carta de José Pablo Valiente, intendente de La Habana, a Diego de Gardoqui, secretario de Hacienda, La Habana, 11 de mayo de 1795. 28. AGI, Ultramar, núm. 121-17, «Permiso para introducir harina desde Filadelfia», La Habana, 6 de agosto de 1802. 29. AGI, SD, núm. 1158, «Informes y proyectos: Isla de Cuba», La Habana, 23 de febrero de 1818. 30. Ibídem, 28 de abril de 1818. 17026_Boletin americanista 75 (tripa).indd 190 06/10/17 12:35 191 Boletín Americanista, año lxvii , 2, n.º 75, Barcelona, 2017, págs. 173-192, ISSN: 0520-4100, DOI: 10.1344/BA2017.75.1010 ción ya no tocó las costas peninsulares, consolidando así un mercado diferente al del control peninsular, entre distintas zonas del período colonial entre España y los futuros Estados Unidos de América. Bibliografía A MoreS , Juan (2000). Cuba en la época de Ezpeleta. Pamplona: EUNSA. B Arbier , Jacques (1986). «Imperial policy towards the part of Veracruz, 1788-1808: the struggle between Madrid, Cádiz and Havana interests». En: J AcobSen , N., y P uh - le , H. J. (eds.). The economics of México and Peru during the Late Colonial Period, 1760-1810. Berlín: Coloquium Verlag, págs. 240-251. B Arbier , Jacques, y K uethe , Allan (1984). The North American Role in the Spanish Imperial Economy, 1760-1819. Manchester: Manchester University Press. B lAnchet , Emilio (1866). 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