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Manual de igualdad efectiva de mujeres y hombres en el ámbito público y privado

Senent-Vidal, María-José; Téllez Infantes, Anastasia; Alarcón-García, Gloria; BARRERE UNZUETA, MARIA ANGELES; Ferrús Batiste, Jordi; Gámez Fuentes, María José; Gómez Nicolau, Emma; González Esteban, Elsa; González Ramos, Ana M.; Lozano Estivalis, María;

Abstract

Manual d'igualtat efectiva de dones i homes, en l'àmbit públic i privat, constitueix el volum I dels quatre que componen la segona edició del Manual del Màster Universitari en Igualtat i Gènere en l'Àmbit Públic i Privat. Les seues autores i autors exposen, des de les seues diferents disciplines, les elaboracions doctrinals bàsiques que fonamenten els estudis de les dones, feministes i de gènere.

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Manual de igualdad efectivaManual de igualdad efectiva 42 Maria José Senent Vidal. Doctora en Derecho, profesora de Derecho Mercantil y vicepresidenta de la Fundación Isonomía. Coordinadora del Máster Universitario en Igualdad y Género en el Ámbito Público y Privado y del curso de postgrado “Especialista en Agente de Igualdad”. Sus trabajos de investigación se centran en el Derecho de la Economía Social, el Derecho de la Propiedad Intelectual y la aplicación de la Perspectiva de Género al Derecho. Anastasia Téllez Infantes. Profesora titular de Antropología Social en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Directora del grupo de investigación “Economía, Cultura y Género”, del postgrado de “Especialista universitario en Masculinidades, Género e Igualdad” y del Observatorio de las Masculinidades. Fundadora y directora (2002-2012) del Seminario Interdisciplinar de Estudios de Género, actual Centro Interdisciplinar de Estudios de Género. Coordinadora en la UMH del Máster de Igualdad de Género en el Ámbito Público y Privado de la UJI-UMH (15ª ed.). Manual de igualdad efectiva de mujeres y hombres en el ámbito público y privado Mª José Senent Vidal y Anastasia Téllez Infantes (coord.) Es indispensable conocer y analizar transversalmente las relaciones de género en la práctica profesional y/o investigadora en materia de igualdad y prevención de las diversas discriminaciones y violencias ejercidas contra las mujeres; porque solo a partir de un correcto diagnóstico con perspectiva de género de la realidad social seremos capaces de formular razonamientos teóricos y prácticos que transmitan valores igualitarios a mujeres y hombres en nuestra sociedad y, con ello, alcanzar la verdadera y efectiva equidad de género. manual de igualdad efectiva de mujeres y hombres, en el ámbito público y privado, constituye el volumen I de los cuatro que componen la segunda edición del Manual del Máster Universitario en Igualdad y Género en el Ámbito Público y Privado. Sus autoras y autores exponen, desde sus diferentes disciplinas, las elaboraciones doctrinales básicas que fundamentan los estudios de las mujeres, feministas y de género. ISBN 978-84-18432-46-0 9 788418 432460 Manual de igualdad efectivaManual de igualdad efectiva 42 Maria José Senent Vidal. Doctora en Derecho, profesora de Derecho Mercantil y vicepresidenta de la Fundación Isonomía. Coordinadora del Máster Universitario en Igualdad y Género en el Ámbito Público y Privado y del curso de postgrado “Especialista en Agente de Igualdad”. Sus trabajos de investigación se centran en el Derecho de la Economía Social, el Derecho de la Propiedad Intelectual y la aplicación de la Perspectiva de Género al Derecho. Anastasia Téllez Infantes. Profesora titular de Antropología Social en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Directora del grupo de investigación “Economía, Cultura y Género”, del postgrado de “Especialista universitario en Masculinidades, Género e Igualdad” y del Observatorio de las Masculinidades. Fundadora y directora (2002-2012) del Seminario Interdisciplinar de Estudios de Género, actual Centro Interdisciplinar de Estudios de Género. Coordinadora en la UMH del Máster de Igualdad de Género en el Ámbito Público y Privado de la UJI-UMH (15ª ed.). Manual de igualdad efectiva de mujeres y hombres en el ámbito público y privado Mª José Senent Vidal y Anastasia Téllez Infantes (coord.) Es indispensable conocer y analizar transversalmente las relaciones de género en la práctica profesional y/o investigadora en materia de igualdad y prevención de las diversas discriminaciones y violencias ejercidas contra las mujeres; porque solo a partir de un correcto diagnóstico con perspectiva de género de la realidad social seremos capaces de formular razonamientos teóricos y prácticos que transmitan valores igualitarios a mujeres y hombres en nuestra sociedad y, con ello, alcanzar la verdadera y efectiva equidad de género. manual de igualdad efectiva de mujeres y hombres, en el ámbito público y privado, constituye el volumen I de los cuatro que componen la segunda edición del Manual del Máster Universitario en Igualdad y Género en el Ámbito Público y Privado. Sus autoras y autores exponen, desde sus diferentes disciplinas, las elaboraciones doctrinales básicas que fundamentan los estudios de las mujeres, feministas y de género. ISBN 978-84-18432-46-0 9 788418 432460 MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO Col·lecció Universitas 42 MARÍA JOSÉ SENENT VIDAL ANASTASIA TÉLLEZ INFANTES (COORD.) MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO BIBLIOTECA DE LA UNIVERSITAT JAUME I. Dades catalogràfiques Noms: Senent Vidal, M. Josep, editor literari | Téllez Infantes, Anastasia, editor literari | García Campá, Santiago, editor literari | Heras González, Purificación, editor literari | Martínez Guirao, Javier Eloy, editor literari | Universitat Jaume I. Publicacions, entitat editora Títol: Igualdad efectiva de mujeres y hombres, prevención de la violencia de género e investigación feminista Descripció: Castelló de la Plana : Publicacions de la Universitat Jaume I. Servei de Comunicació i Publicacions, [2021] | Col·lecció: Universitas ; 42-45 Identificadors: ISBN 978-84-18432-43-9 (obra completa : paper) | ISBN 978-84-18432-44-6 (obra completa : pdf) | ISBN 978-84-18432-45-3 (obra completa : ePub) Matèries: Igualtat entre els sexes | Violència envers les dones | Feminisme Classificació: CDU 364.614.8-055.1/.2 | CDU 364.63-212-055.2 | CDU 141.72 | THEMA JBFA | THEMA LNFJ2 | THEMA JBSF11 Publicacions de la Universitat Jaume I és una editorial membre de l’une, cosa que en garanteix la difusió i comercialització de les obres en els àmbits nacional i internacional. www.une.es Qualsevol forma de reproducció, distribució, comunicació pública o trans formació d’aquesta obra només pot ser realitzada amb l'autorització dels seus titulars, llevat d’excepció prevista per la llei. Dirigiu-vos a cedro (Centro Español de Derechos Repro gráficos, www.cedro.org) si necessiteu fotocopiar o escanejar fragments d'aquesta obra. © Del text: los/as autores/as, 2021 © De la present edició: Publicacions de la Universitat Jaume I, 2021 Edita: Publicacions de la Universitat Jaume I. Servei de Comunicació i Publicacions Campus del Riu Sec. Edifici Rectorat i Serveis Centrals. 12071 Castelló de la Plana http://www.tenda.uji.es e-mail: [email protected] IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES, PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO E INVESTIGACIÓN FEMINISTA (IV volums) ISBN obra completa (paper): 978-84-18432-43-9 ISBN obra completa (pdf): 978-84-18432-44-6 ISBN obra completa (ePub): 978-84-18432-45-3 ISBN volum 1 (paper): 978-84-18432-46-0 ISBN volum 1 (pdf): 978-84-18432-47-7 ISBN volum 1 (ePub): 978-84-18432-48-4 DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Universitas.2021.42 Dipòsit legal: CS 480-2021 Índice ÍNDICE Presentación ...........................................................................................................15 introducción ...........................................................................................................17 caPítulo 1. Historia de las mujeres y del movimiento feminista (srm001) ..........21 Jordi Ferrús Batiste y Beatriz Ranea Triviño Introducción ............................................................................................................21 Objetivos ................................................................................................................. 22 Competencias ..........................................................................................................22 Resultados del aprendizaje ......................................................................................22 Contenidos ..............................................................................................................22 1. Historia de las mujeres .......................................................................................23 1.1. Las mujeres en la historia: historiografía tradicional .................................23 1.2. La historiografía feminista de estudios de las mujeres ...............................26 1.3. De la historia de las mujeres a la historia de género: debates ....................32 2. Historia del movimiento feminista ....................................................................38 2.1 Primera ola: siglo xviii ................................................................................40 2.2. Segunda ola: de 1848 a Simone de Beauvoir (1949)..................................43 2.3. Tercera ola: de Simone de Beauvoir a los años noventa ............................45 2.4. ¿Cuarta ola?: #NiUnaMenos, #Metoo, #YoSiTeCreo ................................49 Referencias ..............................................................................................................50 Bibliografía básica y complementaria ....................................................................52 caPítulo 2. la teoría del sistema sexo/género (srm002) .....................................57 Emma Gómez Nicolau Introducción ............................................................................................................57 Objetivos ................................................................................................................. 58 Competencias ..........................................................................................................58 Resultados del aprendizaje ......................................................................................59 Contenidos ..............................................................................................................59 1. El sistema sexo/género desde la perspectiva sociológica ..................................59 2. La construcción social y la producción del género ............................................63 3. Aportaciones al género desde la interseccionalidad ..........................................67 4. El sistema sexo/género en un mundo globalizado. Retos feministas ................71 MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 8 Índice 5. Para seguir dándole vueltas al género ................................................................73 Referencias ..............................................................................................................74 Bibliografía básica y complementaria ....................................................................76 caPítulo 3. fundamentos de los estudios feministas y de género (srm003) .........77 Anastasia Téllez Infantes y Javier Eloy Martínez Guirao Introducción ............................................................................................................77 Objetivos ................................................................................................................. 78 Competencias ..........................................................................................................79 Resultados del aprendizaje ......................................................................................79 Contenidos ..............................................................................................................79 1. Conceptos: sexo, género, sexualidad y cultura .................................................. 79 2. El androcentrismo en la ciencia ........................................................................ 84 3. Recorrido diacrónico y corrientes teóricas antropológicas ................................86 4. La reacción contra el androcentrismo. Los estudios sobre «las mujeres» ........ 89 5. El neoevolucionismo y el estudio de las mujeres y la cultura ..........................92 5.1. Neoevolucionismo ......................................................................................92 6. Las primeras construcciones teóricas: naturaleza/cultura. Doméstico/público. Producción/reproducción...................................................95 6.1. Naturaleza/cultura .......................................................................................96 6.2. Doméstico/público ......................................................................................96 6.3. Producción/reproducción ............................................................................97 7. El sistema sexo/género ......................................................................................97 8. Del estudio de «la mujer» al estudio de la variable sexo/género y de las relaciones jerárquicas de género .........................................................100 Referencias ............................................................................................................104 Bibliografía básica y complementaria ..................................................................105 caPítulo 4. PersPectiva de género y nuevos movimientos sociales. nuevas masculinidades (srm004) .........................................................................107 Anastasia Téllez Infantes y Octavio Salazar Benítez Introducción ..........................................................................................................107 Objetivos ............................................................................................................... 108 Competencias ........................................................................................................109 Resultados del aprendizaje ....................................................................................109 Contenidos ............................................................................................................109 ÍNDICE 9Índice 1. Los caminos del feminismo: los feminismos ...................................................109 2. Mainstreaming y perspectiva de género .......................................................... 111 3. Nuevos movimientos sociales de género .........................................................112 4. La cuarta ola feminista actual. Debate sobre la prostitución. El sujeto político del feminismo. .....................................................................115 5. «Nuevas» masculinidades ................................................................................123 6. El movimiento de hombres por la igualdad. Asociación de hombres por la igualdad de género .................................................................................131 Referencias ............................................................................................................136 Bibliografía básica y complementaria ..................................................................138 caPítulo 5. derecHo, igualdad y discriminación (srm005) .................................141 Asunción Ventura Franch y Maggy Barrère Unzueta Introducción ..........................................................................................................141 Objetivos ............................................................................................................... 142 Competencias ........................................................................................................143 Resultados del aprendizaje ....................................................................................143 Contenidos ............................................................................................................143 1. La igualdad en la Constitución española de 1978............................................143 1.1. Proceso constituyente ...............................................................................143 1.2. Mujeres y hombres en la Constitución de 1978 .......................................144 1.3. La igualdad como solución al problema de la discriminación .................146 2. La influencia del derecho antidiscriminatorio en las leyes del estado en materia de igualdad y no discriminación por razón de sexo ....................... 150 2.1. Las comunidades autónomas y la igualdad de mujeres y hombres ......... 152 2.2. Ley de igualdad del estado .......................................................................155 3. Derecho, igualdad y discriminación ................................................................158 4. Marco teórico ...................................................................................................158 5. Algunos conceptos sujetos a revisión ..............................................................159 5.1. El concepto de igualdad ............................................................................159 5.2. El concepto de discriminación ..................................................................161 6. Otros retos conceptuales ..................................................................................170 6.1. La violencia como discriminación ............................................................170 6.2. La perspectiva interseccional....................................................................170 Referencias ............................................................................................................173 Bibliografía básica y complementaria ..................................................................175 MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 16 Índice por Jordi Ferrús Batiste y Purificación Heras González, por último, el Volumen IV, Manual para la investigación feminista y de género, destinado a la orientación en investigación (SRM031 a SRM036) ha contado con la supervisión de Anastasia Téllez Infantes y Javier Eloy Martínez Guirao. Se ha procurado dotar a los contenidos de cada capítulo de una sistematización común, identificando en cada uno de ellos la asignatura del itinerario a que corresponde y su autoría, así como los principales datos profesionales y de contacto de quien lo ha elaborado. Su estructura cuenta, en primer lugar, con una introducción general que contextualiza la asignatura en el conjunto de los contenidos del módulo del máster al que corresponde, y la enunciación de sus principales objetivos, las competencias que deben adquirirse con el trabajo autónomo que debe desplegarse durante la asignatura y los resultados que deben desprenderse tras su aprendizaje. A continuación, se explican sus principales contenidos, ordenados en distintos apartados según una distribución lógica, y finaliza con la identificación de las referencias bibliográficas empleadas a lo largo del capítulo y con la recomendación de la bibliografía básica y específica que puede ayudar a la/el estudiante a conseguir las competencias perseguidas y a profundizar en los contenidos de la asignatura. Un total de 35 especialistas en las materias abordadas han dedicado un esfuerzo destacable, y adicional a sus tareas docentes e investigadoras, a la puesta al día y sistematización de los contenidos que proporcionan en sus asignaturas, a fin de facilitar, tanto al estudiantado como al profesorado del máster, instrumentos para su ejercicio profesional e investigador, presente y futuro. Para ello han contado con la impagable dedicación del personal de la Fundación Isonomía, que ha aportado el soporte técnico y de gestión necesarios para llevar a cabo este laborioso proyecto. Iniciado ya este extraño curso académico 2020/2021 y con él la 14.ª edición del Máster Universitario en Igualdad y Género en el Ámbito Público y Privado de las universidades Jaume I de Castellón y Miguel Hernández de Elche, no podemos sino desear que esta segunda edición de la obra colectiva Igualdad efectiva de mujeres y hombres, prevención de la violencia de género e investigación feminista sea útil para quienes, desde cualquier ámbito profesional e investigador, se dedican a promover esa igualdad. María José Senent Vidal, Anastasia Téllez Infantes y Santiago García Campá (coord.) Índice INTRODUCCIÓN El libro que presentamos constituye el Volumen I de los cuatro que componen la 2.ª edición del manual del Máster Universitario en Igualdad y Género en el Ámbito Público y Privado, Igualdad efectiva de mujeres y hombres, prevención de la violencia de género e investigación feminista. A lo largo de diez capítulos, los autores y las autoras, profesorado del máster, exponen, desde sus diferentes disciplinas, las elaboraciones doctrinales básicas que fundamentan la lucha por la igualdad de género, y que hacen posible, desde el ámbito teórico, investigador y aplicado, los estudios de las mujeres, feministas y de género. Mediante la facilitación de ese utillaje teórico pretendemos ofrecer a los estudiantes de esta formación de posgrado el acceso al conocimiento, en profundidad y con el rigor científico de la academia, de las materias básicas de estudio. Por un lado, es fundamental deconstruir y conocer los propios términos y conceptos, para, a partir de su comprensión, saberlos utilizar después en las tres líneas de especialización de este programa formativo tanto en la orientación de investigación con perspectiva de género, dirigida a un posible doctorado, como en las dos intensificaciones de la orientación profesional, encaminadas a la aplicación en la intervención social. Efectivamente, es indispensable conocer y analizar transversalmente las relaciones de género en la práctica profesional y/o investigadora en materia de igualdad y prevención de las diversas discriminaciones y violencias ejercidas contra las mujeres, porque solo a partir de un correcto diagnóstico con perspectiva de género de la realidad social seremos capaces de formular razonamientos teóricos y prácticos que transmitan valores igualitarios a mujeres y hombres en nuestra sociedad y, con ello, alcanzar la verdadera y efectiva equidad de género. El Volumen I, titulado Igualdad de género en el ámbito público y privado, comienza con un texto del profesor de «Antropología Social» Jordi Ferrús Batiste, de la Universidad Miguel Hernández de Elche (umH) y la profesora de la asignatura «Historia de las Mujeres y del Movimiento Feminista» de la Facultad de Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid (ucm) Beatriz Ranea Triviño. En este capítulo se presenta la historia de las mujeres con el objetivo de exponer su papel como colectivo a través de los diversos paradigmas teóricos. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 18 Índice Se resalta la importancia de saber aplicar el género como categoría de análisis histórico y feminista, y la relevancia de la contribución de las mujeres y del feminismo a la historia y a la humanidad. Con ello nos acercamos a conceptos, planteamientos y perspectivas que darán una panorámica general e introductoria de lo que a lo largo del máster veremos con detenimiento en relación al movimiento feminista y a los estudios de las mujeres, feministas y de género. A continuación, la profesora de «Sociología» Emma Gómez Nicolau, de la Universidad Jaume I de Castellón (uji), bajo el título «La teoría del sistema sexo/ género» presenta el concepto de género en sus diversas dimensiones, histórica, relacional y cambiante, deteniéndose en los debates sobre su conceptualización, como herramienta analítica básica, que lo separa del sexo como realidad biológica. Se expone su genealogía así como los principales debates y conflictos en torno a su conceptualización y su ámbito de aplicación, lo que ha dado lugar a todo un campo de estudios con enormes avances epistemológicos y teóricos, que han sustentado y sustentan el devenir feminista. Esto resulta básico y es uno de los principales objetivos de este máster. Parte de los contenidos esbozados en el capítulo anterior se abordan en el siguiente con una aproximación antropológica, lo que nos permite profundizar en las construcciones de conceptos básicos para los estudios de las mujeres, feministas y de género. La profesora Anastasia Téllez Infantes (umH) y Javier Eloy Martínez Guirao (umu), ambos del área de conocimiento de la antropología social, exponen, bajo el título «Fundamentos de los estudios feministas y de género», un breve recorrido por las principales escuelas teóricas del quehacer científico de esta disciplina desde la crítica del androcentrismo de la academia y la universidad. Se centran en deconstruir el propio concepto de género, diferenciarlo del sexo, analizar su desarrollo teórico en la academia y conocer su capacidad analítica y su potencial de aplicación en la transformación de la realidad social. En el cuarto capítulo, «Perspectiva de género y nuevos movimientos sociales. Nuevas mascu linidades», la profesora Anastasia Téllez Infantes (umH) y el profesor de «Derecho Constitucional» de la Universidad de Córdoba (uco) Octavio Salazar Benítez, nos ofrecen, en primer lugar, unas pinceladas sobre algunos movimientos sociales que tienen al género en su base, sobre el feminismo de las dos últimas décadas y sobre la denominada, en la actualidad, «cuarta ola», incluyendo los recientes debates dentro del propio movimiento sobre el objeto y el sujeto político del feminismo hoy. A continuación, se pone en evidencia la centralidad del trabajo teórico y práctico en torno a los hombres y la concepción patriarcal de la masculinidad, en cuanto presupuesto del avance efectivo en la igualdad de mujeres y hombres. INTRODUCCIÓN 19 Índice Para ello, y desde un posicionamiento crítico de las masculinidades alternativas y disidentes, ponen en cuestión el mismo concepto de «masculinidad hegemónica» y contextualizan el análisis de las masculinidades en el marco de las relaciones de género y con la perspectiva emancipadora que representa el feminismo. En el capítulo 5, «Derecho, igualdad y discriminación», las profesoras Asunción Ventura Franch (uji) de «Derecho Constitucional», y Maggy Barrère Unzueta (eHuuPv) de «Filosofía del Derecho», aportan conocimientos sobre la formación del derecho positivo bajo la clara influencia de los postulados del patriarcado, mediante su revisión crítica desde la teoría feminista del derecho. Se incorporan también los conceptos básicos del derecho antidiscriminatorio y su conexión tanto con la Constitución española de 1978 como con su desarrollo legislativo posterior. Se pretende, con ello, un conocimiento jurídico básico para una mejor comprensión, desarrollo y aplicación de políticas en el ámbito público y en el privado. A continuación, en el capítulo dedicado a «Economía y género», sus autoras, las profesoras de «Economía Aplicada» Gloria Alarcón García (umu) y Juana Aznar Márquez (umH) destacan la aportación de las mujeres al sistema económico, no solo en el ámbito productivo de mercado, sino también en el doméstico, prestando especial atención a los impedimentos y obstácu los con los que se enfrentan las féminas para poder desarrollar una vida plena en los campos profesional, personal y familiar. Defienden la necesidad de conocer el papel de las políticas públicas en la construcción de sociedades más justas e igualitarias, partiendo de la necesidad de incorporar la transversalidad de género en todas las fases de cualquier presupuesto público. «Lenguajes y sexismo», de las profesoras María José Gámez Fuentes (uji) y Celia Vara (Universidad Concordia, Canadá), presenta de manera crítica las representaciones de género en los diversos ámbitos y formatos de la comunicación (televisión, arte, redes sociales, etc.). A través de los debates básicos teóricos, conceptuales y normativos, y desde las teorías feminista, cultural y queer, teniendo presente el enfoque interseccional, se recomiendan visionados de audiovisuales que permitan el análisis crítico con perspectiva de género de las representaciones de las sexualidades, las masculinidades y las diversidades en el arte y la comunicación. Se proponen, en definitiva, herramientas para saber emplear un lenguaje escrito y audiovisual no sexista. En el octavo capítulo, «Ética feminista y género», la profesora de «Filosofía Moral» de la uji, Elsa González Esteban, expone las principales corrientes teóricas que han tratado de dar razón de una ética feminista, ofreciendo para ello los conceptos básicos que han permitido construir su andamiaje y exponiendo las características que debe contener para no perder su carácter crítico. El propósito esencial es MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 20 Índice saber argumentar desde posicionamientos éticos la defensa de valores que promuevan la igualdad efectiva entre hombres y mujeres en nuestra sociedad. Con «Las mujeres en la sociedad del conocimiento», las profesoras Ana María González Ramos (uab), de «Sociología», y María Lozano Estivalis (uji), de «Teoría de la Comunicación», nos adentran en la brecha digital de género que sufren las mujeres en sociedades como la nuestra, caracterizadas por la digitalización del conocimiento y el uso de internet. A partir de conceptos básicos tales como software libre, conocimiento libre u open access, se abordan las relaciones igualitarias y discriminadoras que se presentan en los medios de comunicación, enfatizándose la necesidad de conocer las implicaciones de una educación mediática para el desarrollo de una ciudadanía crítica y comprometida con la igualdad de género. Y en el último capítulo, «Educación no sexista», la profesora de «Didáctica y Organización Escolar» Auxiliadora Sales Ciges (uji) defiende la educación de calidad, libre y para toda la ciudadanía, como instrumento esencial para la igualdad real de mujeres y hombres. Expone los debates dentro de las pedagogías feministas, presentando las perspectivas críticas existentes, con la interseccionalidad muy presente, de la educación igualitaria, inclusiva e intercultural en sociedades democráticas como la nuestra, que permitan la transformación social y el empoderamiento de las mujeres. Su autora ofrece reflexiones críticas sobre la realidad existente desde un modelo de educación no sexista y aboga por hacer propuestas de acción educativa para la transformación social, desde la coeducación y la perspectiva de género que atraviesa toda la formación de este máster. Índice CAPÍTULO 1 Historia de las mujeres y del movimiento feminista (SRM001) Jordi Ferrús Batiste Universidad Miguel Hernández de Elche jf[email protected] Beatriz ranea triviño Universidad Complutense de Madrid b[email protected] Sumario: Introducción. Objetivos. Competencias. Resultados del aprendizaje. Conteni dos. 1. Historia de las mujeres. 1.1. Las mujeres en la historia: historiografía tradicional. 1.2. La historiografía feminista de estudios de las mujeres. 1.3. De la historia de las mujeres a la historia de género: debates. 2. Historia del movimiento feminista. 2.1. Primera ola: siglo xviii. 2.2. Segunda ola: de 1848 a Simone de Beauvoir (1949). 2.3. Tercera ola: de Simone de Beauvoir a los años noventa. 2.4. ¿Cuarta ola?: #NiUnaMenos, #Metoo, #YoSiTeCreo. Referencias. Bibliografía básica y complementaria. INTRODUCCIÓN Es absolutamente necesaria una historia de las mujeres y del movimiento feminista desde la perspectiva de la historiografía, que abarque desde la crítica a la historia académica de carácter androcéntrico hasta la actual historia del género, pasando por la historiografía feminista y las diferentes olas del feminismo. No se trata del desarrollo de una historia de las mujeres ilustres ni de heroínas ni tampoco de una historia social de las mujeres a través de las diversas épocas históricas, sino de cómo se ha tratado historiográficamente el papel o la importancia de las mujeres como colectivo desde los diferentes paradigmas de la ciencia histórica y la irrupción del feminismo en la historia contemporánea. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 22 Índice Por lo mismo, resulta completamente justificada la inserción de esta asignatura al principio del módulo común del máster, dado que ofrece una serie de planteamientos, perspectivas y conceptos básicos necesarios tanto para iniciarse en él como en el resto de materias. Los apartados que componen este capítulo son los siguientes: objetivos, competencias, resultados de aprendizaje, contenidos, referencias, bibliografía básica y bibliografía complementaria. OBJETIVOS − Conocer las perspectivas teóricas de la historia de las mujeres y del movimiento feminista. − Aplicar el género como categoría de análisis histórico y feminista. − Conocer conceptos y perspectivas de los feminismos. − Conocer la contribución de las mujeres y del feminismo a la historia. COMPETENCIAS − CG07 – Ser capaz de formular razonamientos teóricos y prácticos para transmitir valores igualitarios a mujeres y hombres. − E2 – Identificar los modelos de análisis de la crítica feminista. − E5 – Valorar la contribución de las mujeres a la humanidad. RESULTADOS DEL APRENDIZAJE − Aplicar una perspectiva de género crítica sobre los roles de las mujeres a lo largo de la historia. −Diferenciar los tipos de feminismo. CONTENIDOS Las mujeres en la historia. Historiografía tradicional. Historiografía feminista. Historia de las mujeres silenciadas. Historia del género. Historia del movimiento Historia de las mujeres y del movimiento feminista (SRM001) 23 Índice feminista. Primera ola: siglo xviii. Segunda ola: de 1848 a Simone de Beauvoir. Tercera ola: de Simone de Beauvoir a los años noventa. ¿Cuarta ola?: #NiUnaMenos, #Metoo, #YoSiTeCreo. 1. HISTORIA DE LAS MUJERES Hay mujeres en la Historia y hay hombres en la Historia, y sería de esperar que ningún planteamiento histórico de un período determinado pudiera haberse escrito sin tratar de las acciones e ideas tanto de hombres como de mujeres (Gerda Lerner 1981). 1.1. Las mujeres en la historia: historiografía tradicional Los orígenes de la historia de las mujeres se remontan a las biografías de mujeres virtuosas de Plutarco, pero su verdadero nacimiento y consolidación se sitúa hacia finales de los años sesenta del siglo pasado, cuando se empieza a estudiar y situar a las mujeres en la historia. Como afirma Michelle Perrot (2000, 93): El olvido del que han sido objeto las mujeres no es una simple pérdida de memoria accidental y contingente, sino el resultado de una exclusión consecuente con la misma definición de la historia, gesta pública de poderes, de hechos y de guerras de la Ciudad. Excluidas de la escena pública por funciones dictadas por la «naturaleza» y la voluntad de los dioses/de Dios, las mujeres solo podían aparecer en ella como figurantes mudas, entrar por efracción o a título de excepciones, las mujeres «excepcionales», heroicas, santas o escandalosas, relegando a las sombras la masa de otras mujeres. En la Antigüedad grecorromana, como en la Edad Media, el silencio de la historia sobre las mujeres es impresionante. «Las mujeres, ¿qué se sabe de ellas?», se pregunta Georges Duby en la conclusión de uno de sus libros (1991) donde, entre nobles y sacerdotes, ha escrutado su destino. Durante mucho tiempo, lo masculino se ha constituido históricamente en lo humano. La representación del ser humano ha sido canalizada hacia «el hombre» y lo masculino construidos como universales, relegando a la mujer y a lo femenino al margen, en una casilla aparte. La comprensión del mundo en estos términos se marca en los universales que llenan las ciencias sociales y humanas, y no solo los medios de comunicación: la clase obrera, el pueblo, la sociedad, la población, la juventud, etc. Se hace abstracción de las diferencias que la sociedad ha creado entre hombres y mujeres, MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 24 Índice generalizando apresuradamente a propósito de hechos humanos. Hay en ello una costumbre del pensamiento bien anclada, consagrada por la autoridad, cualquiera que esta sea: «El hombre y la mujer son una sola y misma persona, y esa persona es el hombre», decía un jurista inglés. Y Jean-Jacques Rousseau escribía sobre que la perfecta esposa debía (Duby, Perrot 1991): Dar placer (a los hombres), serles útiles, hacerse amar y honrar por ellos, criarlos de jóvenes, cuidarlos de mayores, aconsejarlos, consolarlos, hacerles agradable y dulce la vida: he aquí los deberes de las mujeres en todos los tiempos y lo que se les ha de enseñar desde la Infancia […] Toda la educación de las mujeres debe ser relativa a los hombres (Bengoechea 1998). Esa solicitud de las mujeres a la Asamblea Nacional francesa en 1789 reclamando la simetría en el uso de las palabras1 no ha sido tenido en cuenta hasta casi doscientos años después por la historia, siguiendo la línea impuesta por la historiografía hecha por hombres para el hombre, tanto la liberal como la materialista. Las revoluciones del siglo xix van a promover los cambios necesarios para que se permita el acceso de la mujer a la educación, promocionando su salida de casa y su incorporación a toda una serie de trabajos que, si en un primer momento fueron una mera prolongación de los desempeñados en el ámbito doméstico, con el tiempo ampliaron su presencia y participación en los considerados en aquellos años como «sectores productivos». Las mujeres advertirán, a partir de entonces, que cuando en la historia se habla de «nosotros», no se refieren a ellas y que, cuando toman la palabra, no es sino para expresar la opinión y los sentimientos de los hombres. Para acallar quizás esta evidencia, los autores varones del siglo xix se dedicaban a escribir sobre la vida cotidiana, sobre biografías de mujeres piadosas o escandalosas o sobre historia anecdótica (Dictionnarie critique du Féminisme 2000, 93). Cuando la historia se constituye como disciplina académica y saber instituido, Michelet2 parece romper ese silencio. Pero, al asimilar las mujeres a la naturaleza y los hombres a la cultura, al asignar a las mujeres un papel maternal normativo, él reproduce la ideología dominante, aquella que, en el mismo momento, está en la base de la antropología naciente de Morgan y Bachofen. El positivismo de fin de siglo [xix], centrado en la historia política, acaba con los restos de esas veleidades sexuadas. 1 «El género masculino ya no será visto, incluso en gramática, como el género más noble, dado que todos los géneros, todos los sexos y todos los seres deben ser y son igualmente nobles», citado por Gisela Bock (PérotinDumon, 2001, 9-10). 2 Jules Michelet (1798-1874), historiador y escritor, de ideas liberales, considerado el precursos de la historiografía francesa. Historia de las mujeres y del movimiento feminista (SRM001) 25 Índice Hasta hace unos sesenta años, la historia de la humanidad pecará de un sesgo androcéntrico, del que aún hoy no se ha desprendido completamente. La historiografía académica tradicional, centrada en la experiencia histórica del varón, hacía aparecer a las mujeres, en general, solo como madres, esposas, hermanas, concubinas, amantes o favoritas de los verdaderos protagonistas de la historia: los hombres. Así, en la retahíla de acontecimientos político-militares, en los que a los varones les era adjudicado el protagonismo absoluto, se iban intercalando, de forma muy desperdigada, figuras femeninas que eran importantes porque habían jugado un papel «masculino» en la historia como faraonas, reinas, emperatrices, militares, santas y/o doctoras de la iglesia, teólogas, reformadoras o estadistas… La investigación histórica anterior al feminismo subordinaba la experiencia histórica de la humanidad al varón y la historia académica tradicional se limitaba a tratar a las mujeres destacadas. Las corrientes renovadoras de la historia, como la Escuela francesa de los Annales (fundada en 1929), tardaron en abarcar la problemática de la mujer y lo hicieron según los esquemas tradicionales. La historiografía marxista, a pesar de plantear un enfoque metodológico de «historia total» desde las clases oprimidas, no se ocupó de la historia de las mujeres, puesto que, en la medida en que consideraba que las clases sociales eran la fuerza motriz de la historia y que las mujeres formaban parte de las aquellas, no las consideraban un grupo social diferenciable de los hombres. Hasta el último tercio del siglo xx, las mujeres son estudiadas —cuando lo han sido— y ubicadas en la historia por los hombres. El espacio que ocupan en una disciplina desarrollada por ellos es el que estos les adjudican en cuanto a valores y cánones propiamente masculinos en las esferas del poder en sentido amplio, la historia de los hechos políticos y militares, la historia económica y social, la historia de las ciencias y la tecnología o la historia del arte y de la literatura. El resultado es que, en el mejor de los casos, las mujeres aparecen como epifenómenos o epígonos de una historia masculinizada y masculinizante, por no decir misógina por omisión. Las mujeres —como colectivo sociohistórico— resultan invisibles, absorbidas o subsumidas implícitamente entre cazadores paleolíticos, pastores y agricultores neolíticos, civilizaciones, pueblos e imperios antiguos y medievales, la nobleza, la burguesía o el campesinado de la Edad Moderna, o la burguesía y el proletariado contemporáneos. Ya en 1928, la novelista Virginia Woolf señalaba la ausencia de las mujeres en la historia, por lo que el resultado era una historia «rara, irreal, desnivelada». Ella misma hacía notar que muchos hombres escribían tratados sobre las mujeres (o sobre «la» mujer) sin poseer otra autoridad (científica, histórica) que la de ser hombres. Esos MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 32 Índice Pero para plantear la historia de las mujeres de forma relacional, era necesario, según Joan Kelly-Gadol, concebir el tiempo histórico a partir de los actos de las mujeres tanto como de los hombres. Esta historia debe implicar a toda la sociedad, como afirmaron Georges Duby y Michelle Perrot en el preámbulo a su Histoire des femmes en Occident (1991). Carl Gegler también insistía en que la historia de las mujeres no debe permitirles simplemente estudiarse a sí mismas, sino hacer posible la escritura de una «historia integrada de toda la comunidad».6 1.3. De la historia de las mujeres a la historia de género: debates A finales de los años setenta del siglo xx, en un momento de gran confusión epistemológica, surge desde el feminismo norteamericano un nuevo enfoque disciplinario, que va cobrando interés entre la historiografía feminista en Europa (Inglaterra, Francia, Italia y España) en los años ochenta, hasta adquirir carta de naturaleza propia en los noventa. Nos referimos al concepto de género. Como decía Natalie Zemon-Davis en 1975, según cita Scott (1990, 24): Me parece que deberíamos interesarnos tanto en la historia de las mujeres como de los hombres, que no deberíamos trabajar solamente sobre el sexo oprimido, del mismo modo que el historiador de las clases sociales no puede centrarse por entero en los campesinos. La historia de las mujeres no pretende ser solo la de media humanidad porque concierne tanto a varones como a mujeres. Por ello, desde los años ochenta, la historiografía feminista empezó a utilizar el concepto «género» para referirse a la organización social de las relaciones entre los sexos, conscientes de la necesidad de introducir categorías analíticas nuevas y propiciar cambios metodológicos que transformen los paradigmas históricos tradicionales. Género hace referencia a la construcción cultural derivada de la sexuación: «categoría cultural impuesta sobre un cuerpo sexuado» (Scott 1990, 28). Si en su acepción primigenia —muy simple— era sinónimo de «mujeres», de «sexo», en clara alusión a la biología, cuestión que rechaza con argumentos abundantes y consistentes Gisela Bock (1991), en la actualidad, y dejando al margen lo puramente gramatical, el concepto género sigue conservando cierta complejidad en cuanto a su consideración. Citaremos el significado que para algunas investigadoras actuales tiene este concepto: 6 Gegler publica en 1970 el primer manual universitario de historia tomando en consideración a las mujeres: Out of Our Past: the Forces that Shaped Modern America, New York, Harper and Row. Historia de las mujeres y del movimiento feminista (SRM001) 33 Índice Carmen Ramos Escandón (1997, 13-14): «género es la construcción histórico-social de la diferencia sexual». Joan Scott (1990, 44): «género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos y al mismo tiempo una forma primaria de relaciones significantes del poder». Gisela Bock (1991, 59): «género es una categoría fundamental de la realidad sociocultural e histórica, así como de la percepción y el estudio de dicha realidad». Gerda Lerner (1990, 36): «género es la definición cultural de la conducta definida como apropiada a los sexos en una sociedad dada en una época dada […] una serie de roles culturales […] un disfraz, una máscara, una camisa de fuerza en la que hombres y mujeres bailan su desigual danza». Milagros Rivera Garretas (1994, 157): «género es una construcción social, y lo que entendemos por hombre y mujer no son conjuntos anatómicos sino construcciones sociales y culturales con una apoyatura biológica ambigua e inestable». Entendido así, el género como una relación sociocultural, el campo de investigación se amplía e incluye la familia, la economía, la cultura, la religión, la sexualidad, el origen o la nacionalidad, la ciudadanía, la «racialización»,7 la edad, la libertad…, y un largo etcétera. Según Scott (1990, 27): En su mayor parte, los intentos de los historiadores de teorizar sobre el género han permanecido dentro de los sistemas científicos sociales tradicionales, empleando formulaciones tradicionales que proporcionan explicaciones causales universales. Esas teorías han sido limitadas en el mejor de los casos porque tienden a incluir generalizaciones reductivas o demasiado simples que socavan el sentido no solo de la comprensión que tiene la disciplina de la historia de la complejidad de la causación social sino también del compromiso feminista a un análisis que conduce al cambio. Una exposición de dichas teorías pondrá de manifiesto sus límites y hará posible proponer un enfoque alternativo. 7 És más conveniente usar el término origen, que origen étnico o etnia. Asimismo es preferible emplear grupo racializado a raza, algo muy común en la bibliografía sobre historia de las mujeres o feminista, por dos razones: la primera, porque científicamente se ha demostrado que las razas humanas no existen, solo hay una, que coincide con la especie humana; y la segunda, precisamente porque el uso del término «raza» es racista, como ya dijo el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss (1908-2009) allá por los años cincuenta, racista: «Racista es el que cree en la existencia de razas humanas». En cuanto al uso del concepto «origen étnico» o «etnia», si no es posible dividir a todos los grupos humanos en etnias, si se usa ese concepto, se hace desde lo hegemónico social o colonial que indica que hay grupos que son étnicos y otros que no lo son, y estos suelen coincidir con los dominantes o mayoritarios. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 34 Índice Al mismo tiempo, la nueva historia de las mujeres requiere de un análisis de la relación no solo entre «experiencia masculina y femenina en el pasado, sino también la conexión entre la historia pasada y la práctica histórica actual» (Scott 1990, 27). Algunos principios como el «carácter político de lo privado» y «el sexo como categoría social» han llevado a las historiadoras de las mujeres a debatir cuestiones como la mayor o menor pertinencia de considerar una «cultura femenina» —que, si bien sirve al reconocimiento de la especificidad, corre el peligro de hacer olvidar las significaciones simbólicas en que se ha basado la subordinación de las mujeres—, la redefinición del feminismo desde su diversidad y la de las periodizaciones tradicionales en consonancia con la experiencia histórica de las mujeres (Michelle Perrot 1984; Rossana Rossanda 1984; Giuliana Adinolfi 1980, entre otras). Estas historiadoras se cuestionan algunos supuestos básicos de la historiografía tradicional y se produce ese paso necesario para el desarrollo de la teoría feminista contemporánea y que caracteriza a los estudios de las mujeres: la redefinición de lo universal desde la perspectiva del género. Toda historia de las mujeres y del género es historia social, siempre que esta no se entienda de forma restringida como historia de la sociedad determinada por la estructura de clase, pero no puede equipararse ni supeditarse a ella. Porque, aunque la historia de las mujeres se ocupa también de las clases sociales, estas no funcionan igual para los hombres que para ellas y, por tanto, su experiencia de clase es distinta. La historia social se verá afectada completamente por estos planteamientos. La noción norteamericana de gender, aparecida hacia finales de los años sesenta en la antropología cultural, se difundió en historia una decena de años después. En los 1980 se abría paso ese concepto en las ciencias sociales y humanas, aunque con ciertas dificultades. Por entonces, aún se hablaba de y se debatía sobre la historia de las mujeres, algo que para Gerda Lerner (1981) no era muy afortunado. Como dice Michelle Perrot, el paso de la historia de las mujeres desde el feminismo a la historia del género se produjo no sin debates que testimoniaban la vitalidad de esta nueva perspectiva. Pero Gianna Pomata (1993, 6-50) se decantó por una historia «de las mujeres», contra una historia «del género», que le parecía huir de su objeto, dando un lugar excesivo al análisis de los discursos y las representaciones, en detrimento de una verdadera historia social femenina. Desde un punto de vista práctico, esa historia social de las mujeres era una tarea necesaria mientras hubiera aún tanta escasez de hechos sobre ellas. Es también la opinión de Anne-Marie Sohn (1998), que consideró que el «género» no aportaba gran cosa más. Esa historia aún necesitaba historiadoras e historiadores que dedicasen toda su atención al lado femenino del pasado, y también Historia de las mujeres y del movimiento feminista (SRM001) 35 Índice se necesitaban obras de síntesis como las de Susan Socolow, Susan Schroeder, Stephanie Wood y Robert Haskette o Gisela Bock. Hoy en día, el balance es impresionante (Olwer Hufton 1995. En Pérotin 2001, 16-17): ¿Quién pretendería escribir una historia de las industrias textiles sin evocar la mano de obra extremadamente barata de las obreras, lo que permitió el despegue hacia el crecimiento y quién escribiría una historia de las modas de consumo sin tener en cuenta las demandas divergentes de uno y otro sexo? ¿Quién, en 1995, examinaría la estructura histórica de las migraciones sin considerar a las mujeres que se quedaron para encargarse de la granja, indispensable para la comunidad? La mayoría de historiadoras piensan que las dos perspectivas, la de historia de las mujeres y la de historia del género, no son excluyentes y defienden una historia de las mujeres revisada constantemente por la cuestión del género. Michelle Perrot (2000, 96-97) se pregunta: ¿Cómo estudiar, si no, los espacios de las mujeres —el convento, el lavadero, el internado, la tienda…—, describir prácticas femeninas —del ajuar a la escritura de correspondencia— sin ubicarlos en una sociedad gobernada por la diferencia de sexos? Comprender la historicidad de esta diferencia en todos los niveles del discurso, de las prácticas, de los espacios, de lo privado y de lo público, de lo político y de lo doméstico, de lo social y de lo económico…, es —o debería ser— decididamente la preocupación de una historia de las mujeres y, a la vez, descriptiva y problemática, social, cultural y política». La insistencia en el poder, en «la dominación masculina» (Pierre Bourdieu 1998), corre el riesgo de silenciar los contrapoderes, la acción y el pensamiento de las propias mujeres (¿las dominadas son capaces de ello?), se trate de acciones individuales, espontáneas u organizadas. Como sigue diciendo Michelle Perrot (2000, 97), el feminismo, en razón a su falta de estructuras fijas —no es un sindicato ni un partido, sin embargo, se parece de entrada a un nuevo «movimiento social»—, pero también en base a su carga crítica, es el blanco de una denigración que intenta demonizarlo o ridiculizarlo, pero, sobre todo, es objeto de un olvido que es la forma más sutil de denigración: es una manera de negar que las mujeres tomen parte en el cambio de su «condición» debido únicamente a la modernización científica, técnica, política o cultural de las relaciones sociales, en donde las relaciones entre los sexos no serían en suma más que una modalidad, mientras que, en muchos casos, son justamente los motores. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 36 Índice Se puede afirmar que una historia de las mujeres centrada en el análisis de los mecanismos de su subordinación a los hombres ha facilitado el triunfo de la historia de género en los ambientes académicos de las universidades occidentales, empezando por las de los Estados Unidos (Rivera 1994, 173). Ha contribuido igualmente la siguiente diversidad de mujeres que se dedican a estudios sobre la mujer (Stimpson, en Braidotti 1991, 14): a) las pioneras, que marcan el camino a seguir; b) las ideólogas, que intentan adaptar su feminismo a las exigencias de la profesión académica; c) las radicales, que sitúan su feminismo en una reivindicación teórica de transformaciones más generales en el estatus de la mujer; d) las recién llegadas, que acaban de descubrir que las mujeres son un campo académico e interesante; y e) las modernas, que se implican en el tema porque está de moda. Al recurrir al concepto de género, se refuerza el movimiento que tiende a diversificar las categorías de análisis en historia social, superando la historia pensada solo en términos de estructuras de clase. Gracias a la influencia de la antropología social, la historia asumió la idea de que las sociedades están estructuradas a través de diferencias múltiples entre personas y que se entrecruzan en cada una de ellas. Ofrecer una mirada de conjunto sobre los procesos que se han podido analizar mediante la categoría «género» permite constatar que las sociedades se piensan, se organizan y funcionan según una línea de división entre lo masculino y lo femenino. Esta línea es reconocible en ámbitos tan diversos como el trabajo, la familia, las teogonías, las costumbres en la vestimenta, los espacios públicos y domésticos, etc. Hay aquí una dimensión de la organización humana que precede las épocas históricas y parece ser universal, readaptada de forma incansable a lo largo de milenios. Lo que en una época puede resultar apropiadamente masculino, en otra puede ser propio de la feminidad, y se convierte cada vez en objeto de negociaciones y cuestionamientos permanentes cuando se dan «fuera de época» o «antes de tiempo».8 8 Bajo el Antiguo Régimen, el maquillaje, las joyas y los tacones eran, a veces, atributos más de los hombres que de las mujeres. Recordemos el cabello corto a lo garçonne de las jóvenes de los años veinte, la transgresión que significa el travestismo o los hombres con pendientes desde la década de los setenta hasta hoy (hippies, gais, metrosexuales, hipsters…). Historia de las mujeres y del movimiento feminista (SRM001) 37 Índice Sin embargo, el género corre el riesgo de haber tomado una connotación absoluta. Por ello, debemos hacer cuatro observaciones básicas sobre el género como categoría de análisis histórico (Pérotin-Dumon 2001, 15-16): 1. Siguiendo a Gisela Bock, Nancy Cott y Françoise Thébaud, el género califica un lazo universal entre los seres humanos, en el sentido que nos concierne a todas y a todos, y no como un principio último de explicación del pasado. La historia social, que trata per se a la gente y su organización en sociedad, no puede prescindir de la categoría género para comprenderlas. Sin embargo, al estudiar, por ejemplo, el racismo erigido en política o bien, una guerra racial, el análisis en términos de género contribuye a esclarecer dichos fenómenos, pero la explicación de estos últimos no la encontraremos ni en la política ni en la guerra de los sexos. 2. La diferencia de sexos está en el origen de todo pensamiento. Esta es una observación que ha ganado terreno en la antropología sociocultural. Como dice Françoise Héritier (1996, Masculin/Féminin), nuestra necesidad vital de comprender diferenciando «descansa» en ese «pedestal» de las diferencias anatómicas: hacemos de ella el principio a partir del cual organizamos nuestra comprensión del mundo. Pero en Historia no hacemos de la diferencia un principio, constatamos que las sociedades han hecho de ella una necesidad para organizarse, y debemos explicar cómo lo han hecho. 3. La tercera observación concierne la referencia ritual a lo biológico, contra la cual Gisela Bock nos advertía. En ciencias sociales, tendemos a hablar de lo biológico como si fuera una categoría fija, en oposición a los hechos sociales y culturales, evidentemente de carácter evolutivo. En cambio, para la biología, el estudio del sexo anatómico y fisiológico tiene un carácter evolutivo, es decir, histórico. La gran diferencia entre la historia de los biólogos y la de los historiadores es que la primera está desprovista de sentido o intención. 4. La última observación se refiere a sexo y género. El mayor logro de las investigaciones impulsadas por el feminismo es el haber mostrado que las diferencias sociales entre los sexos no son la consecuencia obligada de las diferencias físicas y, además, que cada cultura representa a su manera la «naturaleza» masculina o femenina. Pero «Que la diferencia de los sexos esté siempre representada, actuada, simbolizada, no significa que no sea nada, o nada le deba a la naturaleza. Con su vestimenta y sus prótesis, la cultura se podría decir, es el arte de cultivar las diferencias naturales» (Sylviane Agacinski, 1998, Politique des sexes). Las diferencias que la naturaleza nos da constituyen para Françoise Héritier (1996) un «alfabeto» de relaciones posibles, con las cuales cada cultura elabora «frases singulares y que les son propias», inventa organizaciones sociales que combinan de manera distinta lo masculino y lo femenino. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 38 Índice En la actualidad, el reto de la historia de género no es simplemente recuperar aspectos olvidados de esta —las mujeres en ella—, sino (Bock 1991, 77): 1. Buscar las relaciones entre seres y grupos humanos, que antes habían sido omitidas. 2. Investigar cómo, cuándo y por qué se han producido las desigualdades que luego se articu lan y ordenan mediante el género. 3. Y estudiar la Historia, no como una experiencia masculina, sino también femenina, y no desde criterios masculinos sino igualmente femeninos. La historia del género trataría de ofrecer no un feminismo descarnado, un feminismo sin mujeres ni, como señala Joan Scott, un estudio de las cosas relativas a las mujeres, aunque nuevo, carente de capacidad analítica para cambiar los paradigmas históricos (Scott 1990, 29), sino una historia de los sexos, que superase la simple descripción, la deconstrucción y la denuncia para llegar a las raíces del problema, esto es, analizar la subordinación de las mujeres en el marco de la política sexual del patriarcado y de las formas de acabar con ella. De esta manera, se podría conciliar la historia de una mitad de la humanidad con la otra y de estas con la historia en general, y empezar a escribir una nueva historia. Así pues, en menos de seis décadas, las mujeres han ido ocupando su lugar en la historia, se han ido apropiando de ella conforme ha tenido lugar y se ha constituido esa historia de las mujeres. Una historia primero «para» las mujeres (desde el feminismo militante o la segunda oleada feminista), después una historia «de» las mujeres (desde el feminismo académico), para, en la actualidad, intentar construir la historia «con» todas las mujeres y «con» todos los hombres desde una perspectiva integrada del género. 2. HISTORIA DEL MOVIMIENTO FEMINISTA El feminismo es una teoría, es una militancia social y política y es una práctica cotidiana, una forma de entender y vivir la vida. Aunque se puede diferir a la hora de valorar cuál de los tres elementos ha tenido mayor importancia en el cambio de la situación de las mujeres en países como el nuestro, la realidad es que sin la presencia de los tres, las mujeres no habríamos llegado donde hemos llegado (Ana de Miguel, 2015). El feminismo se sostiene sobre la crítica radical a la dominación masculina sobre las mujeres. Como plantea Ana de Miguel, consta de tres ejes interconectados: es, a Historia de las mujeres y del movimiento feminista (SRM001) 39 Índice su vez, un movimiento social, una tradición teórica e intelectual y una forma de vida. No se puede entender ninguna de las dimensiones por separado. Es un proyecto colectivo de emancipación de las mujeres que ha conseguido grandes cambios sociales a través la construcción de una teoría política que desenmascara la irracionalidad de la dominación masculina, así como la transformación de la vida de muchas mujeres en diferentes contextos. Como movimiento social, se ha transgredido y subvertido lo que se denominaba el «orden natural de las cosas» mediante reivindicaciones, protestas, desobediencia civil y acciones directas no violentas. En este sentido, hay que destacar que una de las características fundamentales del feminismo es que se trata de la revolución que más cambios sociales ha provocado sin recurrir a la violencia. No hay una única forma de acercamiento al estudio de la historia del movimiento feminista, ya que se suelen dividir las etapas de movilización social y de producción teórica en torno a olas del feminismo, pero no hay un criterio unánime para definir la cronología de estas olas. Principalmente hay dos grandes corrientes que las dividen de una forma u otra, dependiendo de la contabilización o no como una ola del período ilustrado. De esta forma, existen diferentes planteamientos al respecto que se presentan en la tabla que se recoge en la página siguiente. En el recorrido por la historia del movimiento feminista que se presenta en estas páginas, se seguirá la propuesta de clasificación de las olas que reconoce el período de la Ilustración, pues es la propuesta sugerida por la filósofa y teórica feminista Celia Amorós9 y parece la más adecuada para recoger la genealogía feminista desde sus orígenes. De esta manera, se toma esta forma de clasificar las olas del feminismo incluyendo también el momento actual, en el que se plantea que se está experimentando una cuarta ola. Por tanto, se seguirá el siguiente esquema: 1. Siglo xviii: La Ilustración europea, el paradigma de la igualdad y el surgimiento del feminismo. 2. Siglo xix: El movimiento sufragista en Europa y Estados Unidos. 3. Siglo xx: Simone de Beauvoir (1949, El segundo sexo) y Betty Friedan (1963, La mística de la feminidad). El movimiento de liberación de las mujeres. El feminismo radical norteamericano: Kate Millett y Shulamith Firestone. 4. Otras corrientes: feminismo de la diferencia, feminismo posmoderno, feminismo decolonial. 5. Siglo xxi: ¿Cuarta ola? #NiUnaMenos, #Metoo, #YoSiTeCreo 9 Esta propuesta de clasificación la siguen también otras pensadoras feministas como Rosa Cobo Bedía o Nuria Varela, por citar algunas. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 40 Índice En el recorrido por las olas del feminismo, hay que destacar que antes de lo que se ha conceptualizado como la primera ola, diferentes mujeres a lo largo de la historia desafiaron los mandatos patriarcales llegando incluso a escribir contra la injusta situación de las mujeres, como, por ejemplo, Christine de Pizan con su Ciudad de las damas (1405) o Juana Inés de la Cruz, cuyo poema «Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis…» que escribió en la segunda mitad del 1600, ya señalaba la culpabilización que recae sobre las mujeres de las acciones y las violencias cometidas por los hombres. Figura 1 Clasificaciones Olas del Feminismo Europa Feminismo ilustrado. Siglo XVIII (A partir de 1791 cuando Olympia de Gouges escribe la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana) Sufragismo (a partir de 1848) hasta Simone de Beauvoir (El segundo sexo se publica en 1949) Movimiento de liberación de las mujeres (décadas de 1960-1980) Feminismos posmodernos (décadas de 1990-2000) Movimiento de liberación de las mujeres (a partir de la década de 1960 hasta los años noventa) 2013 hasta la actualidad Sufragismo (a partir de 1848 hasta la década de 1930) Estados Unidos 1.ª ola 2.ª ola 3.ª ola ¿4.ª ola? Fuente: Elaboración propia en base a Judith Muñoz Saavedra (2019) Lectura obligatoria: Ana de Miguel. 2003. «Movimiento feminista y la construcción de marcos de interpretación. El caso de la violencia contra las mujeres». Revista Internacional de Sociología , (61) 35: 127-150. https://cutt.ly/XlXGJF3 2.1 Primera ola: siglo xviii No será hasta el siglo xviii cuando el feminismo se comience a teorizar y organizar emergiendo bajo el paraguas conceptual de la Ilustración, ya que el proyecto intelectual y político de la modernidad que surge en Europa a partir del siglo xviii, desarrollado por los filósofos de aquella época, será la condición de posibilidad de los primeros planteamientos feministas. Es decir, el feminismo emerge a la vez que Historia de las mujeres y del movimiento feminista (SRM001) 41 Índice otras teorías y movimientos sociales emancipadores a partir del siglo xviii, bajo el paradigma de la Ilustración. El ideal de la igualdad (radical) que se plantea en este período histórico se convertirá en el paradigma de las vindicaciones feministas, porque bajo la idea de igualdad entre los hombres, algunas mujeres empiezan a reclamar la igualdad también entre mujeres y hombres. Por tanto, el feminismo, desde su origen, emerge como una crítica ética al androcentrismo inherente de la Ilustración que obvia a la mitad de la población dentro del nuevo modelo de sociedad que se estaba construyendo. Así, la omisión de las mujeres configura un mundo masculino, en el que aquellas no existen o quedan relegadas sin derechos de ciudadanía. Por tanto, bajo el marco conceptual de la Ilustración es posible que emerjan las teorías y luchas políticas articu ladas en torno a sujetos políticos que comparten experiencias opresivas, que han sido oprimidos/as y excluidos/as de los grandes ideales que se promovían. Serán los/as otros/as a través de reclamarse en tanto sujeto político colectivo quienes reclaman derechos, libertad, emancipación, igualdad y/o relaciones sociales no jerárquicas. La exclusión de la mitad de la población de los ideales del aparataje filosófico y político de la Ilustración posibilita el sujeto político feminista: las mujeres. Así, la idea de erigirse en tanto sujeto frente al sujeto universal de la modernidad —que se encarna en el hombre, blanco, occidental, burgués— que se olvida por completo de las mujeres, está la base para el surgimiento del feminismo. En palabras de Elena Casado (1999, 74): La Ilustración se había olvidado de las mujeres o, según otras interpretaciones más valientes, se había levantado sobre la negación y la dominación del Otro. Se daban, así, los primeros pasos en la deconstrucción del Sujeto —con mayúscu la—, y los diversos Otros encontraban el caldo de cultivo propicio no solo para esa puesta en cuestión, sino para afirmar, simultáneamente, su existencia, su diferencia, su «ser sujeto». No es extraño que se hable de movimiento de liberación en estos años. Se trata de liberarse de la dominación masculina, pero de hacerlo dentro de la lógica del sujeto autónomo e independiente, con igualdad de derechos y oportunidades; en definitiva, el objetivo es ser sujeto de la historia, tanto de la individual como de la colectiva. Es decir, la modernidad comienza a posibilitar la construcción de un «nosotras», las mujeres, excluidas de la idea de sujeto moderno, con derechos, con oportunidades de las que son privadas. Esto es, surge un «nosotras»: las excluidas del nuevo modelo de sociedad de tal forma que será a partir de este momento cuando el feminismo surje con entidad propia y se irá desarrollando con posterioridad en distintas corrientes de pensamiento y períodos de mayor o menor movilización. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 48 Índice sexualidad, edad… Se traslada el debate previo sobre el papel de las mujeres en la sociedad y la desigualdad estructural al análisis de los procesos de construcción de las identidades y a la crítica al sujeto político de las mujeres, de tal forma que nos adentramos en un período histórico de fragmentación del movimiento feminista y de puesta en duda de la posibilidad de unidad de las mujeres bajo el sujeto político mujeres. A este período pertenecen diferentes corrientes o feminismos como el feminismo de la diferencia, los feminismos posmodernos (o posfeminismos) y los feminismos decoloniales. A finales de los ochenta y, sobre todo, a partir de los noventa, el giro del paradigma moderno a la posmodernidad supone que el aparejo conceptual y las categorías de clasificación social de la modernidad sean fuertemente cuestionadas. En esta época, el movimiento feminista vuelve a replegarse y pierde fuerza en el espacio público. Será el momento de mirarse hacia dentro, y surgirán fisuras y debates internos dentro del movimiento, como los primeros cuestionamientos al sujeto político del feminismo basado en la noción de que las mujeres en tanto mujeres comparten una misma opresión. Aparecen las críticas al sujeto político las mu jeres de la mano de autoras como Donna Haraway (El manifiesto cíborg, 1984) y Judith Butler (El género en disputa, 1990): «el problema político con el que se enfrenta el feminismo es la presunción de que el término “mujeres” indica una idea común» (Butler 2007, 48). Butler critica la creencia en la existencia de una base universal para el feminismo, creada sobre la identidad «mujer». Para esta autora, las luchas emancipatorias que no salen de las categorías establecidas estarán muy limitadas, ya que bajo su punto de vista las mismas categorías que oprimen no pueden liberar a los sujetos. Por esto, pondrá el foco en la deconstrucción de dichas categorías de representación. En esta época de escasa movilización feminista, autoras como bell hooks (2007, 26-27), entre otras, muestran su preocupación al respecto: La política feminista está perdiendo fuerza porque el movimiento feminista ha perdido definiciones claras. Tenemos esas definiciones. Reivindiquémoslas. Compartámoslas. Volvamos a empezar. Hagamos camisetas y pegatinas, postales y música hiphop, anuncios de televisión y la radio, carteles y publicidad en todas partes, y cualquier tipo de material impreso que hable al mundo sobre feminismo. Podemos compartir el mensaje sencillo pero potente de que el feminismo es un movimiento para acabar con la opresión sexista. Empecemos por ahí. Dejemos que el movimiento vuelva a empezar. Historia de las mujeres y del movimiento feminista (SRM001) 49 Índice 2.4. ¿Cuarta ola?: #NiUnaMenos, #Metoo, #YoSiTeCreo En la actualidad se debate si nos encontramos ante la cuarta ola del feminismo, dado que está experimentando un auge sin precedentes en muchas partes del planeta. Y en distintos foros se hace referencia a ella porque el feminismo ha adquirido un carácter masivo —más masivo que en ningún momento histórico previo—, tomando un carácter transnacional apoyado en el ciberactivismo que permite la difusión de contenidos y protestas en breves espacios de tiempo. La periodista Kira Cochrane (2013) data el origen de esta cuarta ola en el año 2013 con diferentes movilizaciones feministas en Reino Unido y en otros países, entre las que destaca la iniciativa One Bilion Rising en 207 países para protestar contra la violencia sexual. El nombre de la iniciativa surge de las estadísticas de Naciones Unidas en las que se estima que alrededor de un billón de mujeres serán violadas o agredidas a lo largo de su vida. A nivel internacional, han surgido muchas más movilizaciones: #NiUnaMenos en Argentina, #MeToo en Estados Unidos, #TimesUp en Reino Unido, las marchas de las mujeres contra Trump, la marcha de las mujeres contra Bolsonaro en Brasil o las movilizaciones a favor del derecho al aborto libre en diferentes países: Polonia, Irlanda, Argentina, por citar algunos. Muchas de ellas reciben apoyo de feministas de otros territorios, mostrando, como se ha comentado, que el feminismo está experimentando una cuarta ola de carácter transnacional, global e incluso internacionalista. En el Estado español, se ha experimentado un auge de la conciencia feminista desde las movilizaciones en torno al movimiento 15M (2011), pasando por movilizaciones multitudinarias como el tren de la libertad (2014) contra las restricciones de los derechos sexuales y reproductivos, la marcha estatal contra las violencias machistas el 7N de 2015… Hasta hoy, el feminismo ha demostrado la fuerza de un movimiento compuesto por un gran número de colectivos y asociaciones capaces de aunar esfuerzos para frenar la regresión en los avances conseguidos hacia la igualdad de oportunidades. En 2017, la demostración de fuerza del feminismo en el espacio público siguió aumentando con masivas movilizaciones en torno a lemas como #YoSiTeCreo, en apoyo a la víctima de la agresión sexual grupal del caso conocido mediáticamente como La Manada, que desbordó redes sociales y calles. Por buena parte del mundo, cada 8 de marzo ha ido creciendo en intensidad hasta llegar a esta histórica primera huelga feminista con una movilización sin precedentes que inundó diferentes ciudades. Bajo lemas como «Paramos para transformarlo todo» el proyecto colectivo del feminismo se erige para cambiar el paradigma. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 50 Índice Por tanto, hablamos de cuarta ola porque el feminismo en la actualidad es un movimiento de masas, global, basado en el ideal de la sororidad e intergeneracional en el que confluyen mujeres muy diversas. En ella, se ha colocado en el centro de la agenda feminista la violencia sexual y su carácter sistémico en las sociedades patriarcales. Además, se incorporan planteamientos críticos al neoliberalismo y se articu lan ideas en torno a la economía feminista y el ecofeminismo. Como señala Sidney Tarrow (2002) en su teoría sobre la estructura de oportunidades políticas y las condiciones que incentivan a las activistas a participar en el movimiento, se ha de incluir la percepción de que en ese momento las posibilidades de éxito sean altas. En el contexto actual, las masivas movilizaciones feministas sirven como incentivo para que más personas se sumen a este movimiento social, ya que gracias a dichas movilizaciones se comparte la percepción de que se pueden conseguir cambios y transformaciones sociales. REFERENCIAS Atwood, Margaret. 2006. La maldición de Eva. Barcelona: Lumen. Beard, Mary. 1933. America Through Women’s Eyes. Macmillan Company. Bengoechea Jove, M.ª Cándida. 1998. «La historia de la mujer y la historia del género en la Roma Antigua. Historiografía actual». 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Objetivos. Competencias. Resultados del aprendizaje. Contenido. 1. El sistema sexo/género desde la perspectiva sociológica. 2. La construcción social y la producción del género. 3. Aportaciones al género desde la interseccionalidad. 4. El sistema sexo/ género en un mundo globalizado. Retos feministas 5. Para seguir dándole vueltas al género. Referencias. Bibliografía básica y complementaria. INTRODUCCIÓN Aunque poca gente se puede sorprender del uso actual y cotidiano de «género» como concepto de uso corriente en español, su introducción en los estudios feministas (y de género) significó la apertura de un campo de estudio propio centrado en la conceptualización de este como herramienta analítica, partiendo de su separación necesaria del sexo como realidad biológica. Desde los años setenta se han sucedido desarrollos teóricos que han complejizado y enriquecido la comprensión del género en su dimensión relacional, histórica y cambiante. El objeto principal de este capítulo es atender a la genealogía del concepto y los principales conflictos, diversos abordajes y propuestas que permiten ir más allá y hacer del concepto «género» una herramienta útil en su aplicación. Este objeto resulta básico en el contexto del Máster Universitario de Igualdad y Género en el Ámbito Público y Privado en el que «comprender y razonar críticamente las teorías sobre el sistema sexo/género» y «conocer y aplicar la perspectiva de género en la práctica profesional o investigadora en materia de igualdad y prevención de la violencia de género» figuran entre sus competencias genéricas, mientras que «analizar la realidad social con perspectiva de género» es una de las competencias específicas a adquirir. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 64 Índice las cuales estas necesidades sexuales transformadas son satisfechas (Rubin 1986). La producción del género, la producción de hombres y mujeres, es el resultado de una construcción histórica, económica, social y psíquica a partir de la cual se ordena la producción de vida de una determinada manera —afectando al modo en que se realiza la división sexual del trabajo y a cómo se orienta el erotismo. Apunta, así pues, a la dimensión estructural del género que actuará como marco regulador. Judith Butler (2002, 2007), teórica que revolucionó los estudios de género y a partir de cuyos desarrollos se inauguró la llamada teoría queer, parte de la discontinuidad radical entre cuerpos sexuados y géneros socialmente construidos. No solo afirmará que el sexo está tan socialmente construido como el género, por lo que la distinción entre sexo y género no existe como tal (Butler 2007, 55), sino que avanza en la identificación de las tecnologías disciplinarias del sexo, el género y la sexualidad. Al poner al descubierto las políticas reguladoras de los cuerpos, las identidades y los deseos, abre las posibilidades de resistencia contra esa violencia que se aplica contra las sexualidades no normativas a las identidades múltiples y a las encarnaciones divergentes del género. Los dispositivos forman «hombres» y «mujeres», pero los sujetos pueden deshacer ese género —cuestionarlo, invertirlo, desnaturalizarlo—, aunque no sin riesgos y sanciones sociales. El género, para Butler, es el resultado de un proceso mediante el cual las personas recibimos significados culturales, pero también los innovamos. No es que podamos elegir nuestro género, sino que podemos negociar cómo lo encarnamos: qué masculinidad o feminidad expresamos. Gais, lesbianas, identidades butch/femme, drag queens, drag kings, intersexuales, transexuales y otras identidades evidenciarán la absoluta disociación entre sexo, identidad y sexualidad y, además, pondrán de manifiesto la identidad de género como una ficción reguladora infringida de manera violenta. La hiperfeminización teatralizada en drag queens (y la hipermasculinización teatralizada en drag kings) no son más que la imitación de identidades de género que no tienen una base real, sino que funcionan como un ideal ficticio, la imitación de una quimera. Quimera que, sin embargo, tiene una base material y estructurante de las relaciones sociales. Es interesante no perder de vista esta doble articu lación estructura/agencia, porque la dimensión estructural nos ubica en ese entramado de disposiciones reguladoras del género, mientras que la agencia nos ubica en el territorio de las identidades y las prácticas. La estructura en las definiciones, la agencia en las encarnaciones. Uno de los análisis más interesantes del género como herramienta analítica lo desarrolla Raewyn Connell. Aúna las dinámicas de la estructura y la agencia, y ofrece un modelo para poder estudiarlo en los contextos sociales. Para Connell, las disposiciones de género de una sociedad son una estructura social en sí mismas, que define La teoría del sistema sexo/ género (SRM002) 65 Índice las posibilidades de acción. Dentro de esa estructura, hacemos y rehacemos el género en la práctica cotidiana; pero esa práctica estará fuertemente influenciada por el orden de género en el que nos encontremos. Orden de género hace referencia a las distintas maneras en las que las sociedades transforman las nociones de masculinidad y feminidad en relaciones de poder. Se usa «orden» porque fija posiciones, prescripciones y sanciones diferenciales para varones y mujeres. En cada sociedad opera un orden de género que prescribe una masculinidad hegemónica y una feminidad enfatizada. Régimen de género, por su parte, se refiere a cómo se concretan estas prácticas en un campo social o una institución. Cada organización, institución o campo social dispone de un conjunto estable de disposiciones de género que pueden variar sustancialmente entre ellas, pero que son consistentes entre sí (Connell 2006). Los regímenes de género de las instituciones se corresponden, por lo general, con el orden de género —que se corresponde con patrones más amplios y durables en el tiempo— pero también pueden variar con respecto a este. Que en un sector opere un régimen no coincidente con el orden de género no significa que esos cambios vayan a impregnar a otros sectores, aunque el cambio social suele operar de esta manera, produciéndose en un espacio e impregnándose lentamente en los otros (Connell y Pearse 2018, 146). Esta distinción es útil a la hora de analizar el género en los espacios sociales, puesto que entenderemos que el orden de género no se materializa en unas mismas relaciones en todos los contextos e instituciones. No opera igual el género en una empresa financiera que en una escuela pública. En cada espacio se actualizan unas prácticas sociales concretas que, no obstante, están condicionadas por sus estructuras. Estas, a su vez, se hacen realidad a través de actividad humana. Las estructuras no preceden a las prácticas (ya que se construyen en la práctica) pero sí que condicionan la acción. La teoría de Raewyn Connell propone estudiar el género en cuatro dimensiones. Las relaciones de género están estructuradas en el poder, la producción, la catexis y el simbolismo. De manera sucinta revisaremos en qué consisten estas dimensiones. El poder incluye tanto el poder directo y coactivo que ejercen varones sobre mujeres —poder patriarcal— a través de los Estados, la burocracia, la violencia marital, etc., como el poder discursivo, que opera de manera íntima y difusa construyendo identidades y prácticas —como es en el caso de los discursos sobre la belleza y la moda— y el poder colonial que pulverizó las relaciones preexistentes para imponer las coloniales. Este poder se disputa y desencadena fórmulas diversas de protesta y contestación. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 66 Índice La segunda dimensión se refiere a la producción, el consumo y la acumulación generizada, que parte de la existencia fehaciente de la división sexual del trabajo —que feminiza y masculiniza las tareas, aunque esto sea cambiante en los diversos contextos sociales— y la división sexual del trabajo remunerado —empleo— y el trabajo no remunerado —de cuidados y afectivo— bajo el capitalismo moderno. El uso generizado de la fuerza de trabajo —que segrega horizontal y verticalmente, y reserva para las mujeres los trabajos peor pagados, temporales y en peores condiciones— se traduce en una distribución de beneficios también desigual. La tercera dimensión que establece Connell se refiere a la estructuración social de las relaciones emocionales, los víncu los y los compromisos, que pueden ser positivos o negativos hacia el objeto —como la misoginia o la homofobia— o ambivalentes —tanto afectuosos como hostiles a la vez—. La sexualidad, como principal escenario del víncu lo emocional, aunque no se reduzca al género, se organiza fundamentalmente en base este y asume que, en el Norte Global, la atracción sexual se da entre géneros y se espera que los hogares se formen básicamente en torno al amor romántico y sean las mujeres las que se ocupen de la carga afectiva con respecto a los hijos e hijas. Por último, la dimensión del simbolismo, la cultura y el discurso, que nos sitúa en cómo las prácticas sociales se impregnan de una interpretación del mundo y los sistemas culturales reflejan intereses sociales particu lares. En el Norte Global, muchos estudios se han centrado en el estudio de las representaciones culturales de género, las actitudes generizadas, los sistemas de valores y sus problemas relacionados a partir de la teoría lacaniana del lenguaje como «falocéntrico», un sistema en el que el lugar de la autoridad, la subjetividad privilegiada, es siempre la masculina (Connell y Pearse 2018, 145-167). El estudio de estas cuatro dimensiones en la estructura de las relaciones de género nos permite analizar cómo se organiza este en cada lugar, en cada zona geográfica. Existen, según Linda McDowell (2000, 41): múltiples formas de «crear el género», de ser hombre y mujer. Tantas y tan opuestas como las versiones hegemónicas de la feminidad y la masculinidad. Tienen su especificidad geográfica e histórica, y varían en un amplio abanico de escalas espaciales. El orden de género dominante en una sociedad varía en los contextos sociales, el proceso de construcción y reconstrucción del género entretejido con el proceso de construcción de la raza, la clase y la dinámica del capitalismo global (Connell 2009; Davis 1981; Mohanty 1988) da lugar a órdenes de género diversos en comunidades, clases sociales, entornos institucionales, etc. Las dimensiones que establece Connell La teoría del sistema sexo/ género (SRM002) 67 Índice nos pueden servir para analizar cómo se concretizan este tipo de relaciones en nuestro entorno más próximo, en nuestra organización social o empresa. 3. APORTACIONES AL GÉNERO DESDE LA INTERSECCIONALIDAD ¿Podemos entender las opresiones dando cuenta únicamente de cómo opera el género en la ordenación del mundo social? Cuando enfocamos, cuando ponemos un haz de luz sobre un aspecto de la realidad para apreciar su estructura y dinámica, el resto queda oscurecido. Las teorías del patriarcado de los años setenta pondrán el sistema sexo/género en la base de las opresiones. Ahora bien, el género no opera en solitario, sino que lo hace junto con otros ejes que imprimen desigualdades y opresiones: la clase social, la etnia, la raza, la discapacidad, etc. Resulta imposible desligar las estructuras patriarcales de las estructuras capitalistas, racistas y coloniales. Las elaboraciones teóricas de los setenta que pusieron de manifiesto la relevancia del género para explicar las desigualdades y opresiones partían, en gran medida, de la revisión del marxismo, el estructuralismo y el psicoanálisis. Uno de los malestares que empujan estos desarrollos es el convencimiento de que los cuerpos de pensamiento científico habían desatendido el género, reproduciendo así visiones patriarcales. Previamente, autoras y autores marxistas habían puesto de manifiesto que el conflicto burguesía-proletariado escondía la situación de opresión de las mujeres definiéndolas como un grupo con intereses propios y distintos tanto del proletariado como a los de los hombres. August Bebel, por ejemplo (Bebel 1904), a finales del xix, hace hincapié en que por encima de las diferencias de clase hay una unidad en los intereses femeninos. Pero otras autoras habían apuntado también a las diferencias que existían entre las propias mujeres. Clara Zetkin se mostró abiertamente hostil contra el sufragismo al considerar que defendían, no los derechos y libertades de todas las mujeres, sino de las de clase alta y se especificaban las necesidades diferenciales y demandas de las burguesas, las de clase media y pequeña burguesía, y las proletarias (Sánchez Muñoz 2001; De Miguel 1994). La clase social es una variable que modifica sustancialmente las condiciones de vida y las opresiones de las mujeres. De esto se deriva la dificultad de considerarlas como una clase social. La discusión sobre quién es el sujeto (legítimo) del feminismo y qué exclusiones genera esa delimitación de sujeto histórico (Casado 1999), abre un debate fundamental. Ángela Davis analiza los orígenes del movimiento feminista norteamericano, centrando la mirada en la problemática de la clase y la raza en los principios de la MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 68 Índice campaña de los derechos de las mujeres y movimiento sufragista. A través de esta lectura, sitúa el racismo en el contexto histórico de la lucha feminista y arroja luz sobre la incapacidad del movimiento de las mujeres para integrar el análisis de clase y promover una consciencia antirracista. Davis reivindicará cómo el movimiento feminista dominante olvida a las mujeres racialmente oprimidas y excluidas, cuestionando todo el armazón teórico desprovisto de análisis étnico, género, clase y sexualidad (Davis, 2004) Fueron los feminismos negros los que añadieron nuevos ejes y sistemas de opresión al estudio de las configuraciones y relaciones de género. Las mujeres negras denunciarán la existencia de un «feminismo imperialista» en el que las feministas blancas dicen hablar en nombre de todas las mujeres. Se critica la falsación de un sujeto colectivo que es ontológicamente excluyente (Haraway 1995, 243): La categoría del género oscurecía o subordinaba las «demás». Los esfuerzos por utilizar conceptos de género occidentales o «blancos» para caracterizar a la «mujer del tercer mundo» daban lugar a menudo a reproducciones del discurso orientalista, racista y colonialista. Para Casado, a finales de los ochenta se reivindicará esa diferencia, dando lugar a teorizaciones como «la casa de la diferencia» de Audre Lorde, el desplazamiento desde el centro a los márgenes de Spivak, la mestiza de Andalzúa, el capitalismo racialmente estructurado de Bhavnani y Coulson, o la interseccionalidad de Crenshaw, que clarifican cómo el género ensombrece otros ejes de jerarquización social (Casado, 1999) y cómo «el hacer y el rehacer del género están entretejidos con el hacer y el rehacer de la raza y la dinámica del capitalismo global» (Connell y Pearse 2018, 139). La perspectiva interseccional plantea, desde la teoría y la práctica feminista, la interconexión de los diferentes sistemas de poder y las estructuras que oprimen y discriminan. Angela Davis analizaba en Mujer, raza y clase (1981) la invisibilización y negación de las luchas de las mujeres negras en el marco patriarcal, capitalista y racista que las revictimiza y las desposee de agencia bajo la mirada colonial. Son especialmente relevantes los análisis sobre la construcción colonial de la sexualidad negra y el papel de la violencia sexual y su interpretación en clave racista (Davis 2004; hooks 1984). Las personas, por tanto, experimentan la opresión de maneras diferentes, mediante la acción de los ejes de opresión a través de los que se construyen y que tienden a reforzar tanto los procesos que discriminan como los que privilegian. Esto, sin embargo, no quiere decir que, en cada caso específico, en cada individualidad, la La teoría del sistema sexo/ género (SRM002) 69 Índice opresión funcione de una manera diferente. Tampoco quiere decir que no podamos realizar análisis de cómo las diferentes estructuras operan para dar lugar a un régimen de género específico en un contexto social dado (por ejemplo, fueron muy necesarias las aproximaciones que desvelaban cómo las estructuras patriarcales operan junto a las estructuras capacitistas de modo que organizan la sexualidad de las mujeres vulnerando sus derechos sexuales y reproductivos). Lucas Platero observa acertadamente que no se trata en desarrollar unas políticas del detalle sino en centrar la mirada en los ensamblajes o agenciamientos que se generan en un contexto determinado (Platero 2012). Al respecto, Viveros Vigoya (2016) ha analizado los principales debates en torno a la interseccionalidad, dado que existen dos maneras de entender el uso de dicho concepto: bien como paradigma (teórico y empírico), bien para abordar el estudio de las realidades subjetivas e identitarias que se generan dada esa intersección de ejes de opresión o estratificación. La autora analiza la posición de Patricia Hill Collins que reivindica la necesidad de introducir tanto las dimensiones macrosociológicas como microsociológicas y propone una distinción léxica (Viveros Viyoga 2016, 6): Cuando esta articu lación de opresiones considera los efectos de las estructuras de desigualdad social en las vidas individuales y se produce en procesos macrosociales, se designa intersectionality; cuando se refiere a fenómenos macrosociales que interrogan la manera en que están implicados los sistemas de poder en la producción, organización y mantenimiento de las desigualdades, se llama interlocking systems of oppression. Tanto desde una como desde la otra perspectiva, la relevancia de la propuesta radica en la difícil disociación del género, la raza y la clase en los procesos de exclusión. Siguiendo a la misma autora, «los análisis interseccionales ponen de manifiesto dos asuntos: en primer lugar, la multiplicidad de experiencias de sexismo vividas por distintas mujeres», y en segundo lugar, «la existencia de posiciones sociales que no padecen ni la marginación ni la discriminación, porque encarnan la norma misma, como la masculinidad, la heteronormatividad o la blanquitud» (Viveros Vigoya 2016, 8). La interseccionalidad ha sido crucial para desafiar esa idea de dobles o triples discriminaciones. Según ese modelo aditivo, las mujeres experimentan la misma opresión de género a lo que, en el caso de las mujeres racializadas, se le añadiría la opresión de raza, y así sucesivamente. La propia metáfora permite intuir que el tipo de opresión de género que experimenta la trabajadora doméstica racializada no se parece a la que experimenta la mujer blanca del Norte Global que la contrata. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 70 Índice La experiencia de opresión que se genera no puede atribuirse innegablemente a uno de los ejes porque se producen justo en la intersección y se coproducen mutuamente. Este ejemplo también permite observar la dinámica compleja por la cual una persona puede ser opresora, parte de un grupo oprimido o, de forma simultánea, opresora y oprimida (Hill Collins 1991, 225, citada en Hunnicutt 2009). Para las políticas públicas, la interseccionalidad, si bien puede resultar muy útil, también supone muchos retos. Viveros Vigoya sostiene que «la articu lación de las relaciones de clase, género y raza es una articu lación concreta, y las lógicas sociales no son iguales a las lógicas políticas» (Viveros Vigoya 2016, 9) dado que no hay una lógica aritmética que diga qué situación es la más desventajosa teniendo en cuenta que no hablamos de esa suma de opresiones. Aunque esto dificulte, por ejemplo, legislar en clave interseccional, no debe desincentivarnos a buscar sus potencialidades. Lombardo y Rolandsen exponen el modo en que las políticas públicas —nos referimos a las políticas para la igualdad de género— pueden estigmatizar a personas ubicadas en situaciones particu lares (Lombardo y Rolandsen 2016, 2). En el estudio de Chantler se ponen de manifiesto las limitaciones de los servicios de asistencia dada la violencia que se ejerce hacia las mujeres a las que se supone que ayudan. No solo estamos hablando de denunciar el racismo de las instituciones, que revictimiza a las personas vulnerables y las vulnerabiliza, sino que también diseña e implementa acciones bajo unas premisas epistémicas que no funcionan igual en todas las situaciones. El caso que explica Chantler es el de los sistemas de refugios para mujeres en situación de violencia marital que operan bajo la lógica de la independencia —separarse del maltratador, ir a una casa refugio, prepararse física y emocionalmente para una (re)inserción laboral bajo la lógica de la independencia—. Esta solución individualista, dirá Chantler, no funciona para las mujeres racializadas, entre las cuales los valores de interdependencia son más poderosos que los de la independencia, y en los que el abandono de la comunidad es una acción violenta en un sistema racista (Chantler 2006). La perspectiva interseccional debería propiciar la revisión de los protocolos de atención, los recursos, para poner en evidencia los procesos de victimización secundaria que imprimen (Larrauri 2003), dadas las dificultades de reconocer a las personas que no encajan en el modelo ideal de sujeto moderno (autónomo, independiente, agente…). Un modelo que esconde las sujeciones estructurales de los sujetos y genera una lógica de reconocimiento de los/las otros/as objetualizada. Butler denomina violencia ética al proceso por el cual interpelamos a los/las demás sin reconocer, cosa que ocurre cuando aplicamos nuestro esquema ético sobre el otro e interpretamos lo que le pasa, lo que nos cuenta, desde nuestra verdad epistémica localizada La teoría del sistema sexo/ género (SRM002) 71 Índice en un punto de la estructura social (localizada en la blanquitud, en una determinada posición de clase, etc.) (Butler 2009). En segundo lugar, debería obligar a la revisión del clasismo y el racismo que acompañan al sexismo en las instituciones sociales que diseñan las políticas y las implementan: desde las instancias políticas a la judicatura, pasando por el sistema biomédico y el educativo. En el caso de la judicatura, a modo de ejemplo, si el feminismo blanco ha sido implacable a la hora de denunciar cómo en los casos en los que se juzga una violación, el patriarcado opera poniendo en duda la versión de la víctima, controlando sus acciones bajo lo que el sistema biomédico definió que era un cuadro de estrés postraumático —y que obliga a las mujeres a performar los síntomas para ser creídas y entrar en el modo de reconocimiento hegemónico de una violación, a saber, una mujer es asaltada con violencia por un hombre desconocido, dato que no se corresponde con la mayor parte de las violaciones, que provienen por parte del entorno de la víctima, etc.—, en un proceso que revictimiza a las mujeres y cuya práctica queda lejos de juzgar objetivamente unos hechos. Fueron los análisis de las feministas negras sobre casos como los de Davis (2004), Moorti (2002) o hooks (2000) los que denunciaron que la representación racista de la sexualidad de las mujeres y los hombres negros en Estados Unidos justificaba las violaciones de las mujeres negras y identificaba a los hombres negros como agresores sexuales en los juicios. Esto, además, se traducía en un tratamiento mediático diferenciado de las violaciones en función del color de las personas involucradas. 4. EL SISTEMA SEXO/GÉNERO EN UN MUNDO GLOBALIZADO. RETOS FEMINISTAS Si empezábamos este capítulo advirtiendo que el género es histórico, cambiante y relacional es porque no podemos perder de vista estas consideraciones. Que las sociedades den respuesta a la naturaleza sexuada de la especie humana no quiere decir que lo hagan de la misma manera en todos los sitios. En este apartado tratamos los principales retos que el colonialismo en sus formas clásicas y globalizadas plantean para aproximarnos al género. En el primer apartado abordábamos cómo la dicotomía sexo/género, naturaleza/cultura, tradición/modernidad, etc., era propia del pensamiento occidental. La construcción dicotómica hombre/mujer y binaria según la cual una mujer es una hembra (sexo) con identidad femenina (género), con conducta femenina (género) y que ocupa posiciones sociales femeninas (género) es propia de Occidente. Hay MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 72 Índice numerosos ejemplos de sociedades en las que esta correspondencia es menos rígida y en las que existen terceros géneros ajenos a este correlato como las hijra de India y Pakistán, los fa’afafine de Samoa, los mahu de Hawaii, los muxe zapotecas de México, las kathoey de Tailandia o las vírgenes juramentadas de los Balcanes, entre muchos otros. Los regímenes coloniales, si bien en muchos casos no consiguieron acabar con estas realidades, sí que empeoraron sus condiciones de vida exponiéndolos a una mayor vulnerabilidad. En algunos espacios, las categorías de género no existían o eran poco importantes. O tenían unas dinámicas diferentes que cambia el proceso colonial (Adlbi Sibai 2016). El imperialismo y el sistema colonial no son ajenos a la investigación social. Bajo la miradadel género y el orden de género occidental se analizó el Sur Global como patriarcal. En Under Western Eyes, Chandra Talpade Mohanty explica cómo se construye desde el Norte Global la idea de mujer representativa del tercer mundo3 como la que sufre debido a su género (sexualmente constreñida) y su pertenencia a ese tercer mundo (ignorante, pobre, sin educación, limitada por las tradiciones, doméstica, restringida a la familia, víctima, etc.). La mujer occidental queda autorrepresentada, aunque sea implícitamente, como educada, moderna, con control sobre su cuerpo y de su sexualidad y con la libertad de tomar sus propias decisiones (Mohanty 1988). La capacidad política de los sujetos se mide a partir de patrones culturales occidentales (economicistas, liberales, etc.) que se saldan con una victimización sistemática de las mujeres del Sur Global. Como muestra solo hay que echarle un vistazo a los discursos sobre los que se gestan, financian y aplican los programas de desarrollo de género para el Sur Global —especialmente enfocados a niñas y adolescentes— en los que se contrapone un antes y un después imaginario. Lo anterior, unas vulnerables y pobres chicas llenas de potencial y lo posterior, niñas educadas, seguras y productivas (Bobel 2019; Koffman, Orgad y Gill 2015). Si el conocimiento producido desde el Norte Global sobre el Sur Global mantiene estas problemáticas —que pueden ser parcialmente salvadas con enfoques teóricos y metodológicos elaborados desde la epistemología feminista—, el conocimiento que se genera en los contextos poscoloniales tiene como principal escollo el que se nutre de conceptos y teorizaciones elaboradas en el Norte Global, donde las intelectuales de la periferia se forman (Connell y Pearse 2018, 140). El texto de Gayatri Spivak Can the Subaltern Speak? invita a reflexionar sobre si es posible hablar con los «lenguajes del amo». Nos podemos preguntar también si con los «lenguajes del amo» podemos revertir procesos coloniales. 3 Se utiliza el concepto de tercer mundo por hacer referencia a la construcción orientalizada, exotizada y alterizada de la mujer en el Sur Global. La teoría del sistema sexo/ género (SRM002) 73 Índice El ejercicio de nombrarse y definirse desde parámetros no coloniales —lo que implica un ejercicio de memoria y genealogía de las luchas y conocimientos de las ancestras— es básico para, por ejemplo, la Red de Sanadoras Ancestrales del Feminismo Comunitario,4 Tzk’at en lengua maya quiché, en Guatemala, que participan en procesos de recuperación emocional y espiritual de las mujeres indígenas que defienden territorios frente a la explotación y la violencia que viven en sus comunidades. Desde estas posiciones poscoloniales se hacen evidentes los procesos de construcción y reconstrucción del género, entretejido con el proceso de construcción de la raza y la dinámica del capitalismo global. 5. PARA SEGUIR DÁNDOLE VUELTAS AL GÉNERO El género como categoría analítica tiene el potencial de desnaturalizar las desigualdades, opresiones y violencias que experimentan las mujeres, que imponen feminidades y masculinidades encorsetadas y que regulan la sexualidad y el deseo. Desde que el concepto género comenzase a circu lar en la academia hasta hoy, prosiguen algunas simplificaciones y confusiones que nos pueden llevar a generar nuevas opresiones o profundizar las existentes. Una de ellas es la reflexión inacabada sobre quién es el sujeto del feminismo. ¿De las mujeres blancas del norte que reivindicaban su derecho a sacar beneficios de un sistema capitalista y colonial? ¿De las mujeres, esencialmente mujeres, explotadas a través de los cuerpos reproductores? ¿Todas las personas humanas con aparato reproductor femenino sufren las mismas opresiones? La desesencialización de la mujer ha sido un logro de la teoría del género, de los feminismos negros, multiculturales, poscoloniales… y también de los feminismos queer y de la separación no solo analítica, sino práctica, del sexo, la identidad, la expresión y el erotismo. La principal potencialidad de desesencializar a la mujer es desontologizar la opresión. Ni la opresión está siempre ni es perenne y, por tanto, se puede cambiar. Una virtud derivada es que, si desencializamos a la mujer, también desencializamos al hombre. El recorrido teórico sobre el género expuesto ha servido para desvelar y denunciar los instrumentos que actúan desde la estructura para afianzar el orden sobre el que se sustenta: desde el currículum oculto de la enseñanza, pasando por las políticas de vivienda que construyen casas con habitaciones de matrimonio y 4 Agradezco a Alex Vásquez, de la Red de Sanadoras Ancestrales, la posibilidad de conversar en su estancia en Castellón con las luchas por el cuerpo y el territorio. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 80 Índice organización social de nuestro grupo. De entre los diversos elementos que nos otorgan un posicionamiento social, nos interesa analizar, desde la antropología, el sexo, es decir, las relaciones sociales que establecemos las personas en función de nuestro sexo social. Sexo social, que se sustenta en el biológico, y que, particu larmente en nuestra cultura, se concreta como en ser hombre o ser mujer. Esta concepción dualista del mundo es una división social, no es una división natural. A estas relaciones las denominamos «relaciones sociales de sexo». Podemos decir que las diferencias biológicas en los órganos reproductores de las personas clasifican a los individuos en diferentes grupos de sexos desde su nacimiento (se los clasifica biológicamente como macho o hembra de la especie humana) y, a partir de ahí, en ese mismo momento, se los adscribe en el grupo de niños o niñas (hombres o mujeres) otorgándoles un sexo social. Se presupone que según sean hombres o mujeres tendrán un comportamiento distinto «propio de su sexo» (social), y los demás interactuarán con ellos o ellas de modos distintos y estereotipados según sean de uno u otro sexo. Esta clasificación social estratificada propia del sistema patriarcal, jerarquiza, dotándolos de más poder y valor, a los machos (sexo biológico), los hombres (sexo social) y lo masculino (género) sobre las hembras (sexo biológico), las mujeres (sexo social) y lo femenino (género). Así pues, los rasgos extraídos de la anatomía adscriben a los individuos a una posición estructural en la sociedad, que sustenta «el sistema patriarcal», y que se mantiene y perpetua por medio de la cultura «machista». Es el estudio de la construcción social basada en el sexo. Son marcadores que definen la adscripción de los sujetos. En toda cultura se ocupa una posición en función del sexo que consiste en relaciones asimétricas. La anatomía sexual pasa a convertirse en un elemento que distingue, posiciona, separa y condiciona a la persona quien, a partir de su sexo biológico, ocupará un determinado lugar en el orden jerárquico de los sexos construidos socialmente. Porque según Téllez (2001; 2011): el sexo, si bien hace referencia a las diferencias fisiológicas de hombres y mujeres, es, del mismo modo que el género, una construcción cultural, y, por lo tanto, socialmente elaborada otorgándosele en cada cultura distintos rasgos y características. Género Por su parte (Téllez 2011) afirma que: el género es la construcción cultural de lo considerado propio de cada sexo. Así, en nuestro contexto cultural existe el género femenino (lo propio de las mujeres) y el género masculino (lo propio de hombres). De este modo, existen aptitudes, habilidades, Fundamentos de los estudios feministas y de género (SRM003) 81 Índice trabajos, colores, olores, vestimentas, comportamientos, sentimientos, etc., categorizados culturalmente como femeninos o masculinos, es decir, atribuidos como de cada género. Porque el género es un constructo mental, ideológico, simbólico, artificial, elaborado a partir de creencias, ideas y representaciones ideológicas de lo que en cada momento histórico y en cada cultura es entendido como propio de cada sexo social: lo femenino y lo masculino. Es una dicotomía jerarquizada (lo femenino y lo masculino en nuestra cultura tiene diferente valor), es una relación social de poder (lo masculino mejor valorado que lo femenino). Esto funciona como una división básica de la sociedad, y tiene una serie de consecuencias para toda persona. En el momento del nacimiento se podría utilizar otro marcador biológico, pero se elige este marcador (sexo) y sus consideraciones en cuanto a posición social. Existe una construcción continua por enfatizar esta diferencia. Este concepto dualista (femenino/masculino) es una concepción o división social impuesta por nuestra cultura. Insistimos, las categorías de género se han presentado como una construcción social en la que determinados símbolos e ideas han conformado unos modelos de representación ideológica, y en cada cultura que analicemos encontraremos un sistema de género particu lar (Téllez 2001). Repetimos: el género, es una construcción cultural que basa su existencia en las diferencias objetivas que se dan entre los sexos, y es a partir de estas diferencias sobre las que cada cultura determina tanto las categorías de sexo como las de género. Tengamos muy presente que, ya desde la década de 1990 (García 1990, 252, citado en Téllez 2001), los estudios con enfoque de género no tienen por qué centrarse exclusivamente en las mujeres, muy al contrario, las perspectivas más prometedoras y recientes hacen hincapié en el estudio comparativo de los roles de género asignados tanto a hombres como a mujeres y en el análisis de las relaciones de género. Además, esta definición de género posibilita entender que es algo continuamente mutante, dinámico, cambiante de lo que se llama diferencia así como interrelacionar la formación de las identidades, de las normas dominantes y de una conciencia de opresión en sus múltiples caras (Varikas 1992, 56). Permite descubrir cómo estas ideas de lo que debe ser femenino y/o masculino es internalizada por los sujetos de uno u otro sexo, condicionando sus ideas, conductas, valores, relaciones sociales, identidades, etc. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 82 Índice Para ciertas personas expertas, las relaciones de género se podrían definir de dos maneras: a) el género es el elemento constitutivo de las relaciones sociales fundadas en las diferencias percibidas entre los sexos, y b) el género es la primera forma en la que se perciben las relaciones de poder que son representadas, de un modo general, como naturales e inmutables (Scott 1991, 187, citado en Téllez, 2001). Y, como ya hemos señalado en otra ocasión (Téllez 2001), es a partir de las características contrapuestas que culturalmente se otorgan a hombres y mujeres establecidas sobre su diferente fisiología, como se establecen un tipo de relaciones sociales basadas en las categorías de género, y estas relaciones, obviamente, se manifiestan en todo grupo humano, en tanto en cuanto, existen dos sexos biológicos. El ser mujer o el ser hombre (sexo social), son del mismo modo categorías construidas que se corresponderán, a nivel ideológico, con lo que una sociedad, como la nuestra considera como «femenino» o «masculino» (género). Esta dicotomía establecida sobre ambos sexos, dará como resultado que un género sea considerado inferior al otro, o al menos, dotado de valores que lo diferencien minusvalorándolo, estableciéndose de este modo unas relaciones de poder no igualitarias. Género es todo un campo de la vida social que en este momento se ha institucionalizado. Anteriormente a la década de 1990, las relaciones hombre/mujer no habían sido objeto de estudio por no considerarse relaciones sociales. Sexualidad No hay que confundir sexualidad con género ni con relaciones sociales de sexo ni, por supuesto, con procreación. El coito es la penetración con el fin de procrear. Esta es la teoría más propagada por la religión; si bien es un hecho que en nuestra sociedad heterosexual es uno de los pilares actualmente cuestionados dada la existencia de inseminación in vitro, etc. En nuestra cultura, la heterosexualidad aparece como una forma de jerarquización y discriminación, se considera como «normal», y la homosexualidad, la bisexualidad, etc., se consideran «orientaciones sexuales inferiores», «no normales». Nuestra cultura es, al nivel de las representaciones ideológicas hegemónicas, «heterofalocoitocéntrica» cuando la sexualidad humana es mucho más compleja, rica y diversa, por lo que resulta sumamente oportuno analizarla con perspectiva de género y desde la mirada antropológica. La sexualidad está moldeada por la cultura, existe un impulso sexual, pero la manera de satisfacerlo es cultural. La sexualidad en la especie humana no es instintiva, hay que aprenderla como parte de la cultura. Está débilmente condicionada por lo biológico, la Fundamentos de los estudios feministas y de género (SRM003) 83 Índice especie humana no tiene época de celo y, como toda cultura aprendida, varía de una zona a otra y a lo largo del tiempo, como bien demuestran los estudios etnográficos. Queremos destacar que todas las sociedades controlan y regulan la sexualidad; y en todas las culturas la sexualidad más controlada es la de las mujeres, que además está más restringida. Sexo/género y sexo/sexualidad van imbricados estrechamente como modelo social pues. Considerar la sexualidad como objeto de estudio antropológico nos lleva a una amplia gama de aspectos con los que abordar este tema. Así nos interesará, por ejemplo, profundizar sobre los binomios sexualidad/reproducción o sexualidad/placer, donde se hace necesario el análisis de la regulación y el control de la actividad sexual por instituciones tales como la familia, la religión, la ley, la medicina, etc. Ello nos lleva igualmente a detenernos en el estudio de las creencias y los comportamientos, de las normas y modelos de sexualidad, donde podremos apreciar la diversidad en las concepciones y prácticas sexuales de los diversos grupos culturales y la construcción social de la sexualidad (por ejemplo, lo considerado «erótico» en la India, en el centro de África, en España, en Estados Unidos, etc.).1 En conjunto, debemos separar reproducción, de sexualidad como constructo cultural y por supuesto del binomio sexo/amor, donde podemos investigar la construcción social de este último. Diversos son los temas o aspectos que podemos estudiar sobre la sexualidad desde un punto de vista cultural y con perspectiva de género. Por ejemplo, podría interesarnos la sexualidad como objeto de estudio antropológico en relación al machismo y la jerarquización sexual en sociedades como la nuestra, sexualidad y relaciones de poder, el tabú de la sexualidad femenina, la promiscuidad, la infidelidad, la visión medicalizada de la sexualidad, las desviaciones sexuales de la norma, la mercantilización del sexo (prostitución, pornografía, trata, sex shops…), la construcción cultural del erotismo en diversas culturas, la sexualidad de los ancianos, sexualidad y diversidad funcional, etc. Ello, a su vez, podríamos hacerlo con la perspectiva de género, y seguramente veríamos que en el caso de las mujeres suele estar más controlada, subordinada, invisibilizada, desprestigiada, castigada, etc. Por no hablar de cómo se mercantiliza y objetualiza el cuerpo femenino para consumo, principalmente, de hombres, en sistemas patriarcales donde estudiaríamos temas tales como: la construcción cultural del erotismo, la pornografía, la trata de niñas y mujeres con fines de explotación sexual, el culto al cuerpo, la hipersexualización de las niñas, la pederastia, la educación afectivo-sexual, la gestación subrogada, la mutilación 1 Para profundizar sobre este tema recomendamos Téllez Infantes, Anastasia. 2003. Cine y antropología de las relaciones de sexo/género. Alicante: Editorial Diputación Provincial de Alicante. https://cutt.ly/jlEJ2pS MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 84 Índice genital femenina, las violencias sexuales en sus múltiples formas (violación, acoso sexual, etc.). El concepto de cultura El concepto de cultura es la base misma de la disciplina antropológica, tal y como se expresa en su propia especificación: antropología social y cultural. Desde ahí, interesa el estudio de las personas en su vertiente cultural, compartida, histórica, y comparativa. No así el comportamiento individual (desde un punto de vista psicológico) ni tan solo el comportamiento social (desde la perspectiva sociológica), sino lo que de cultural tiene esa práctica o acción y sobre qué ideas, valores y creencias se sustenta (compartida culturalmente por el resto de humanos de su grupo, de su cultura). Un concepto de cultura que compartimos es el ofrecido por antropólogos como Clifford Geertz dentro de su definición de descripción densa de las culturas. Como muy bien explica José Antonio Fernández de Rota (2009, 9) sobre Geertz: su objetivo central es la acción social, la actuación significativa de los seres humanos. Su propósito es el comprender otra forma de vida cultural, mirando por encima del hombro de los actores. Su preocupación se centra en descubrir las formas por las cuales los grupos humanos tratan de dar sentido a sus vidas. El recurso al texto le permite una mediación científica en su arte hermenéutico al atender a las pautas culturales un corpus que se piensa tiene relación estable con un contexto y que permite comprender los procesos creativos que hacen significativos los objetos y acciones. La etnografía cobra a partir de sus planteamientos, un puesto dominante a lo largo de todo el proceso de investigación. En opinión de autoras como Anne Balsamo (1996), desde un punto de vista antropológico, por cultura entendemos todo lo que se refiere a la vida social colectiva de un grupo de personas que comparten una localización geográfica, unas tradiciones nacionales o una identidad étnica concreta. Así, analizar desde un punto de vista cultural las relaciones de sexo/género conlleva conocer cómo se entienden los roles de hombres y mujeres en su cultura, qué significado se le da a lo femenino y lo masculino, etc. 2. EL ANDROCENTRISMO EN LA CIENCIA La crítica al androcentrismo y el etnocentrismo aparece en las décadas de 1960 y 1970 en Estados Unidos, y en la década de 1980 en España. Esta crítica está Fundamentos de los estudios feministas y de género (SRM003) 85 Índice ligada a los movimientos feministas y la plantean grupos que, históricamente, además de ser minorías, han sido excluidos. El problema del androcentrismo es el de organización de la información y de criterios acerca de qué es lo más relevante en el análisis de la realidad social. De este modo, es entre los años 1960 a 1975 cuando algunas autoras comienzan a plantear una fuerte crítica al androcentrismo y el etnocentrismo de la teoría antropológica existente hasta aquellos momentos. Comenzaron por revisar las diversas corrientes teóricas y cómo habían tratado o ignorado a las mujeres como objeto de estudio. Se centraron, en primer lugar, en una revisión detallada y crítica de las corrientes evolucionistas y el tratamiento que daban a los dos sexos. La antropología y la etnografía nunca han dejado atrás a las mujeres, el problema es cómo se contempla a hombres y mujeres, qué papel desempeñan, qué se considera relevante o significativo socialmente, qué informantes se eligen. Este es el sesgo androcéntrico de la teoría antropológica. Los hombres son los más importantes, mientras que las mujeres no están, no tienen significación social. Según Lourdes Méndez hubo que esperar hasta 1982 para que ciertas investigadoras demostrasen que el aspecto formal de las producciones lingüísticas no solo es un problema de estilo, sino que forma parte de las relaciones sociales. La cultura nos impregna de tal manera que vemos el mundo muy etnocéntricamente. Tendemos a interpretar las tendencias desde nuestra propia forma de pensar, incluso extrapolándolas al mundo animal y vegetal; así categorizamos como masculino y femenino elementos tales como flores, colores, sonidos, instrumentos, deportes, trabajos, vegetales, coches, etc., y pensamos que se dan estas mismas categorizaciones de género en todas las culturas, cuando no es así. Los estudios de la antropología de las relaciones de sexo/género aparecen como crítica al androcentrismo en ciencias sociales; en antropología, dicha critica es similar a la del etnocentrismo. El androcentrismo considera al hombre centro de estudio o cuestión a estudiar. Desde este punto de vista, existe todo un discurso y universo de valores masculinos que es el dominante. Se valora socialmente aquellas actividades realizadas por los hombres y se infravalora o desprecia las realizadas por las mujeres. Así pues, la crítica al androcentrismo es la crítica a la supremacía de los valores masculinos, por ser una ideología dominante, valorándose las actividades realizadas por los hombres y no tanto las realizadas por las mujeres. Veamos, de una forma escueta, la crítica revisionista que se les hace a los autores evolucionistas en relación a cómo estudian o ignoran la sexualidad, las mujeres y las relaciones de sexo. Presentaremos a continuación las características de la última mitad del siglo xix, junto con las de la primera y la segunda mitad del siglo xx. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 86 Índice 3. RECORRIDO DIACRÓNICO Y CORRIENTES TEÓRICAS ANTROPOLÓGICAS A continuación, vamos a presentar brevemente cómo se ha ido estudiando a las mujeres y las relaciones de género dentro de la disciplina antropológica a lo largo de las diversas corrientes teóricas más importantes de la antropología, denunciando el androcentrismo que ha existido y que, aún hoy en día, existe en gran parte de la comunidad y la producción científica (ejemplo del machismo de nuestra sociedad). Este breve recorrido por corrientes teóricas y décadas, ha ido muy relacionado con el desarrollo de otras ciencias sociales y con el contexto sociocultural de cada momento (principalmente en las sociedades occidentales, donde se ubicaba el pensamiento mainstreaming académico de la universidad). Segunda mitad del siglo xix Evolucionismo: Se conciben los sexos y las «razas» como datos naturales, las mujeres no son sujetos históricos, sus roles y funciones constituyen datos naturales y una serie de estereotipos sexuales reflejados en las distintas fases de la evolución de la humanidad. Interesan los siguientes temas: evolucionismo unilineal (= progreso), averiguar los orígenes de la humanidad, la preocupación por la sexualidad, el ordenamiento de la sexualidad y su regulación, el matrimonio y la familia. Se justifican las relaciones sexo/género en su propia sociedad victoriana. Plantea que la civilización es el culmen de la historia humana, y se caracteriza por la familia nuclear, la monogamia y la subordinación de la mujer. En la crítica al androcentrismo de la producción evolucionista y su enfoque de la evolución de la sociedad, el debate se planteó en la existencia o no del denominado «matriarcado». Los evolucionistas mantenían que la evolución era el progreso. En este concepto de antropología había una pretensión de hacer una historia evolutiva lineal dando una gran importancia al control de la sexualidad, la posición de las mujeres y a las características de la familia. Para estos autores lo sexual es lo natural, lo evolutivo, el progreso. Las mujeres no eran consideradas sujetos sociales porque sus roles eran vistos como naturales. Lo sexual se equiparaba a lo primitivo, bárbaro, se consideraba animalidad descontrolada y solo era atribuida a los hombres. La mujer como ser asexuado que es, es entendida como ángel del hogar. Un control de la sexualidad va a permitir un progreso de la sociedad (así, a los negros se les atribuye una gran carga sexual y también un menor desarrollo). Fundamentos de los estudios feministas y de género (SRM003) 87 Índice En el siglo xix se sientan las bases conceptuales de la antropología. Los puntos fundamentales son: 1. La raza y los sexos: ambos son asuntos naturales. Es decir, tanto unos como otros se consideran datos de la naturaleza, no son una categorización social. Actualmente, nadie habla de la raza como un dato natural, sino como una construcción cultural, una forma de percibir las diferencias físicas de los otros y clasificarlos, pero se sigue pensando en gran medida en el sexo como un dato natural. El planteamiento sería que el sexo es una construcción cultural. 2. La dicotomización de los sexos: el sexo es un asunto natural y es dicotómico. Sexos hay dos y solamente dos, y son complementarios. La heterosexualidad aparece como la norma y el amor como el ideal (que surge en el siglo xix y se consolida en el xx). 3. Debate sobre la evolución: la evolución se iguala a progreso, idea esta heredada de los darwinistas del siglo xviii. Se concede una importancia fundamental a dos factores que pasaremos a exponer a continuación. 3.1. Papel de la familia El interés por la familia tiene como consecuencia el interés por el papel de la mujer. Aquí se encuadra el debate entre los matriarcalistas y los patriarcalistas. Entre los primeros, situamos a Johann Jakob Bachofen, John Ferguson McLennan, Lewis Morgan y Friedrich Engels. Entre los patriarcalistas, a Henry James, Sumner Maine y John Lubbock. En este debate subyace la concepción de que sexos solamente hay dos (visión occidental, etnocéntrica) y de que entre ellos hay una lucha, y esto habría que relacionarlo con la primera ola del movimiento feminista que finalmente acaba limitándose a la lucha sobre la igualdad entre los sexos (lucha por los derechos legales), heredero de la Ilustración y de las ideas de las revoluciones francesa y americana. Esta adscripción, este hecho mujer/naturaleza va a tener una importancia fundamental en el posterior desarrollo de la teoría antropológica, porque durante mucho tiempo se adscribe a la mujer al ámbito del parentesco, se la subsume en es ámbito, y esto va a provocar que uno de los dos sexos (la mujer) no aparezca como sujeto social en la teoría antropológica. 3.2. Papel de la sexualidad Papel de la sexualidad (que es únicamente masculina); el control de la sexualidad supone progreso evolutivo. La sexualidad se iguala a animalidad, descontrol, barbarie. Es decir, que hay una repulsión a toda actividad sexual que no esté regulada (moralidad victoriana respecto a la sexualidad). Esto se debe conectar con la ideología burguesa y la consolidación de la familia nuclear monógama MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 88 Índice como célula base de la organización socioeconómica. Por otro lado, la sexualidad es heterosexual y atributo exclusivo de los hombres, la mujer es mero receptácu lo de la sexualidad de los hombres y de la reproducción. Desde el marxismo, tanto Marx como Engels consideran que los roles y las funciones que desempeñan las mujeres en el marco conceptual del trabajo eran naturales. A Marx se le critica su idealismo respecto a la cuestión, pues se remite a una división espontánea o natural entre los sexos. Primera mitad del siglo xx Hay influencia del psicoanálisis de Freud y una reacción antievolucionista. Se impone la visión androcéntrica. Se produce interés por la sexualidad en la antropología tanto en Margaret Mead como en Bronisław Malinowski. Funcionalismo: se les critica que sugieran que los roles sexuales suponen una cuestión de funciones (no a factores biológicos). Las mujeres procrean y educan a los hijos y los hombres son el sustento del grupo doméstico. Finalmente, se remiten a una explicación de tipo biológico. Su interés acaba derivando hacia el estudio de las instituciones formales, y eso provoca que las mujeres se vuelvan marginales en el debate antropológico. Margaret Mead: se le crítica que, aunque demostró que los comportamientos masculinos y femeninos se determinan socialmente, acabó afirmando la idea de una esencia femenina que tiene que ver con la maternidad. La obra de Mead no tuvo una continuación teórica y de hecho no será retomada hasta los años sesenta del siglo xx con la antropología feminista. Segunda mitad del siglo xx Estructuralismo: Claude Lévi-Strauss es importante por ser un clásico exponente de las teorías del parentesco. El parentesco es un principio fundamental en antropología y, sobre todo, en la antropología de las relaciones de sexo y género. Son formas de sexualidad socialmente organizadas que incluso contradicen las relaciones genéticas reales. Toman la subordinación de la mujer como punto de partida sin necesidad de buscarle explicación. El concepto clave era el intercambio de mujeres, mediadoras entre grupos sociales compuestos por hombres, el punto de partida de esta teoría era la naturalidad del instinto sexual de la mujer, el tabú del incesto. El que la mujer se convierta en objeto de intercambio no era objeto de explicación teórica. Fundamentos de los estudios feministas y de género (SRM003) 89 Índice Neoevolucionismo: se les critica el fetichismo de la importancia de la caza en la especie humana (en el comportamiento de los primates varia). Con la teoría del hombre cazador y, desde el marxismo, el problema, dice Engels, es que la mujer era tema de la propiedad privada (la subordinación es consecuencia de la aparición de la propiedad privada), con esto daba por solucionada la cuestión. 4. LA REACCIÓN CONTRA EL ANDROCENTRISMO. LOS ESTUDIOS SOBRE «LAS MUJERES» Podemos definir al androcentrismo como una perspectiva centralista en la que se considera insignificante socialmente la realidad específica de las mujeres. Como reacción al sesgo androcéntrico, surge en la segunda mitad de la década de 1970 y la de 1980 la denominada «antropología de la mujer», primer paso de la antropología de los géneros (sexo y géneros como principios estructurados de lo social). En su obra El segundo sexo (1949) Simone de Beauvoir empieza a cuestionar la explicación universalista, naturalista y supuestamente neutral que explicaba la situación de la mujer en términos que poco tenían que ver con lo social. Ella argumentaba que «no se nace mujer, se hace», y esta obra supuso un hito clave, el inicio de una fase de crítica teórico-feminista. Diversas autoras, inician un camino esbozado a finales de los años sesenta por científicos sociales, que tratan de retomar la realidad desde una perspectiva sociológica, desde una lógica social. En esta fase, el feminismo tuvo mucha influencia; como movimiento político hizo emerger temas, cuestiones y preguntas que serán abordadas por investigadores/as tanto feministas como no feministas. Aunque existe una articu lación entre el movimiento feminista y los estudios de crítica al feminismo en ciencias sociológicas y antropológicas. Los estudios feministas se pueden dividir en dos grandes etapas: la etapa de crítica y de reelaboración teórica, y la etapa de la renovación de los enfoques teóricos y los conceptos propuestos. En la primera etapa de crítica y reelaboración teórica, se plantea una crítica a la teoría androcéntrica y la reelaboración de esta. La podemos situar a finales de los años sesenta y los objetivos principales van a ser la denuncia del androcentrismo, diversas críticas y reelaboración de las teorías clásicas, consecuencia de esa crítica al androcentrismo, y una elaboración de nuevos conceptos teóricos que intentan explicar el funcionamiento de esa área de la vida social. Todo ello se reflejará en publicaciones de obras tanto individuales como colectivas. Esta fase coincide con la aparición de un movimiento feminista políticamente organizado (en Estados Unidos en los sesenta, en Europa en los años setenta y en MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 96 Índice 6.1. Naturaleza/cultura Sherry B. Ortner (1979) planteó la oposición naturaleza/cultura. Ortner se centra en las estructuras simbólicas, influenciada por Lévi-Strauss. Plantea que el predominio cultural del hombre es universal. Se intenta explicar la universalidad del papel secundario de la mujer. Para ella debe existir una lógica en el pensamiento cultural muy fuerte que explique que en todas las culturas las mujeres estén en un papel subordinado. Esa lógica es la oposición naturaleza/cultura. Todas las sociedades entienden que hay diferencias entre lo natural y lo cultural. A lo primero se le otorga un orden inferior respecto a lo segundo. A las mujeres se las identifica con la naturaleza en todas las culturas y, por tanto, deben ser subsumidas de la misma manera en que la cultura subsume a la naturaleza. Los hombres, por otro lado, estarían más próximos a la cultura. Esta subordinación es debida a: 1. La función reproductiva específica de las mujeres, que les hace estar más cerca de la naturaleza. 2. Razones de tipo social relacionadas con la reproducción. Sus funciones sociales se perciben también más próximas a la naturaleza. Es un problema de valores culturales que hace ver a las mujeres más próximas a ella. Estas construcciones se corresponden con la construcción de los sexos en la vida real. Por ejemplo, se aparta a las mujeres de actividades relacionadas con la racionalidad. La práctica social se ajusta a este concepto. Aunque Ortner ha sido muy criticada, es un punto de vista útil para estudiar las categorías asociadas a hombre o mujer, que son resultado no de las características fisiológicas, sino de ideologías culturales, que dan paso a estereotipos sexuales a la hora de valorar la realidad social. Así, por ejemplo, sirve para justificar salarios más altos en algunas tareas «más duras» que realizan los hombres en determinados trabajos. 6.2. Doméstico/público Michelle Zimbalist Rosaldo (1979) reflexiona sobre la oposición doméstico/público. Rosaldo se centra en las estructuras simbólicas, influida por Max Weber. Plantea que el predominio cultural del hombre es universal, parte del dualismo naturaleza/cultura y le lleva a asociar doméstico y público (mujer y hombre), ambos en oposición. Esto explicaría la asimetría entre los sexos, lo que hoy tiene gran influencia como marco explicativo. Existe en todas las culturas. Lo público es más valorado socialmente que lo doméstico, Fundamentos de los estudios feministas y de género (SRM003) 97 Índice por tanto, al identificarse a la mujer con lo doméstico se la valora menos. Esta oposición se vincu la en último término por la función reproductora, la de madre y la de cuidadora de los hijos e hijas. Rosaldo distingue entre poder y autoridad, entendiendo el primero por la capacidad para influir y la segunda por poder social reconocido. De esta manera, con independencia del grado de poder de la mujer, son los hombres los que tienen la autoridad. Esta desigualdad debe entenderse derivada del hecho de que las mujeres pasan una gran parte de su vida procreando y cuidando a la prole. Para Rosaldo, lo doméstico es aquello que se organiza alrededor de una madre y sus criaturas. Lo público es aquello que incluye a varios grupos de madres con sus hijos. Lo primero está subsumido en lo segundo. Ahora también se trata de que la mujer ocupe su lugar en lo público, por ejemplo, con cuotas de representación en el Parlamento por parte de los partidos políticos. 6.3. Producción/reproducción Karen Sacks (1979) planteó la oposición producción/reproducción. Trabaja desde la influencia del marxismo de Engels y opina que la subordinación de la mujer no es un hecho universal. La dicotomía producción/reproducción está anclada en el feminismo marxista. Propone buscar los orígenes de la desigualdad en las relaciones de producción y distribución, y en las transformaciones producidas. Critica la obra de Engels «Los hombres han sido siempre los procuradores del sustento en las sociedades de cazadores-recolectores», pero se mantiene acorde a sus planteamientos generales. Defiende que la exclusión del trabajo público y social como productor de dignidad y mayoría social es lo que explica la subordinación de las mujeres. Las sociedades de clase socializan el trabajo realizado por los hombres y relegan a lo privado el de las mujeres, lo circunscriben, infravalorándolo, relegándolo a la esfera doméstica. El trabajo de hombres y mujeres debe ser socializado. 7. EL SISTEMA SEXO/GÉNERO Gayle Rubin En 1979, la antropóloga cultural Gayle Rubin escribió el artícu lo: «El tráfico de mujeres: notas sobre la economía del sexo».3 Es importante conocerlo, para lo cual da una serie de claves. Tiene dos partes: 3 Para quien desee acudir a su texto traducido al español: Rubin, Gayle (1986) «El tráfico de mujeres: notas sobre la economía del sexo», en Nueva Antropología, III(30): 95-145. https://cutt.ly/plBWFmN MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 98 Índice 1. Crítica al marxismo (Friedrich Engels y Karl Marx), a Claude Lévi-Strauss y a la corriente psicoanalítica de Sigmund Freud. 2. Definición del concepto sexo/género (fundamental). A partir de esta crítica a las obras de Marx, Engels, Lévi-Strauss y Freud, se propone estudiar el concepto de sistema de sexo/género, del cual da una definición en el artícu lo. Como objetivo plantea averiguar cómo o dentro de qué relaciones una hembra de la especie humana se convierte en una mujer oprimida. Habla además de economía política del sexo. En términos generales, cuando hablamos de economía nos referimos a un sistema por el cual una serie de bienes naturales son transformados en productos de consumo para satisfacer las necesidades humanas. En este sentido, dice que las necesidades sexuales y de reproducción deben ser satisfechas de forma natural, pero no ocurre así, sino que se satisfacen de forma cultural. De igual manera que hay una actividad económica que se satisface de forma cultural, asimismo, toda sociedad tiene un sistema de sexo/género: las actividades sexuales y de reproducción se satisfacen de forma cultural. Sexo, género y procreación son un producto de la actividad humana y están en constante evolución. Desde la antropología y otras ciencias con el fin de diferenciar sistemas económicos y sexuales se han propuesto otros conceptos además del sexo/género: − Modo de reproducción (para distinguirlo de modo de producción) −Patriarcado. La crítica que Rubin hace al concepto de modo de reproducción es que vincu la los dos sistemas y eso reduce la riqueza analítica de ambos. El concepto patriarcado o sistema patriarcal se define como un sistema de relaciones económicas, sociales y políticas donde las diferencias biológicas entre los sexos se construyen en términos de desigualdad y de opresión de un sexo sobre el otro, del conjunto de los hombres sobre las mujeres. La crítica que hace Rubin a dicho concepto es que: − Funde en el mismo término esa evidencia de que todas las sociedades construyen esa área de la vida social y la forma donde se satisface de manera artificial estas necesidades. − La forma empírica y opresiva en que se afirma que la sociedad ha construido su sistema social. Sería un concepto análogo al de capitalismo. Todas las sociedades tienen un modo de producción, y el capitalismo es uno de ellos, concreto, pero pueden existir Fundamentos de los estudios feministas y de género (SRM003) 99 Índice otros modos de producción, otras formas de organizar esas relaciones. De la misma manera, el sistema sexo/género puede ser igualitario o no. La ventaja es que al ser este un término neutro que señala esta área de la vida social, indica que la opresión no es algo estructural e inevitable, sino que es producto de la organización de las relaciones sociales y, por tanto, no intrínseca, cambiable. Con independencia del término usado, lo importante es desarrollar el concepto, describir o analizar esa área de la vida social, la organización social de la sexualidad, la reproducción y las convenciones de sexo y género. La vía que se propone para analizar su funcionalidad es hacerlo a la luz de las teorías del parentesco. ¿Las razones? Que los sistemas de parentesco, con independencia de que estén compuestos por formas de sexualidad socialmente organizadas, articu lan posiciones y categorías que, a menudo, no tienen que ver con la mayoría de los sistemas de parentesco que son formas empíricas del sistema sexo/género. Un ejemplo es el matrimonio entre mujeres en los nuer, en el que una de las mujeres desempeña el papel social de marido. Tras demostrar Gayle Rubin el fracaso del marxismo como teoría plenamente explicativa de la opresión sexual, hace un análisis de la obra de Claude Lévi-Strauss y, a través de él, analiza los sistemas de parentesco. Ve qué tipo de intercambios de relaciones suponen dichos sistemas y, en concreto, a través del análisis del matrimonio, ve cómo este presupone la división sexual y concluye que no tiene nada que ver con la especialización biológica. También que el matrimonio que impone la división sexual lo que hace es crear el género, es decir, la división sexual socialmente impuesta. La división sexual del trabajo exacerba las diferencias y, por tanto, crea el género e impone socialmente la heterosexualidad. Hay sociedades que reconocen el matrimonio homosexual, pero esos sujetos actúan socialmente como miembros de diferentes sexos. Si los sistemas de parentesco modelan las relaciones sexuales de ambos sexos a través de la idea del intercambio de mujeres según Lévi-Strauss, la sexualidad de las mujeres está más constreñida porque su sexualidad responde más al deseo de los otros como imposición social. El género hace una supresión de las semejanzas naturales, así, requiere reprimir algunas, reprimir los rasgos femeninos de los hombres y de las características de todos los individuos, los rasgos masculinos de las mujeres, por tanto, suprime semejanzas y exalta diferencias. En definitiva, las generalidades básicas son: 1. Al organizar la sexualidad humana se crea una simetría y se impone socialmente la heterosexualidad. Ocurre en todos los sistemas de parentesco y en todas las sociedades: cada individuo debe aprender cuál es su destino sexual. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 100 Índice Los hombres y mujeres son diferentes, pero no tanto como el día y la noche. La idea de que son muy diferentes proviene de más allá de la naturaleza. 2. Para analizar cómo los individuos aprenden su destino sexual, Rubin analiza en la obra de Freud cómo va interiorizando a través de diferentes fases su sexualidad. 3. Que nos permite aislar el sexo y el género de los modos de producción de los sistemas económicos, diferenciarlos y contrarrestar esa tendencia de explicar la opresión sexual en términos de opresión económica. Resumiendo, Rubin demuestra que: − Existe una economía política del sexo para organizar la satisfacción de las necesidades sexuales. − Toda sociedad tiene una vida social organizada y una vida sexual igualmente organizada. − Existe una jerarquía de los géneros y una imposición social de la heterosexualidad. − Que el sistema sexo/género es sede de opresión. 8. DEL ESTUDIO DE «LA MUJER» AL ESTUDIO DE LA VARIABLE SEXO/ GÉNERO Y DE LAS RELACIONES JERÁRQUICAS DE GÉNERO En la década de los setenta se habla de roles sexuales y se trata de explicar la variedad de dichos roles. Estos tienen connotaciones funcionalistas, esencialistas e inmovilistas. Hablar de ellos fue un primer paso importante y necesario, porque desnaturalizaba las relaciones entre hombres y mujeres: se pasa a una forma de organización social. De roles sexuales se pasa a hablar de género como un elemento constitutivo de las relaciones sociales que tiene que ver con las formas de percibir las diferencias entre los sexos y que vehiculizan las relaciones de poder (que se basa en cómo se perciben las diferencias biológicas). De manera que existe un control y un acceso diferente a los recursos materiales y simbólicos según se pertenezca a un género u otro, como ya hemos dicho. La antropología del género en los años ochenta del siglo xx Critica el abuso de la categoría «género». El sexo es también una categoría social construida. A base de tanto hablar de género se intentó naturalizar el sexo. Fundamentos de los estudios feministas y de género (SRM003) 101 Índice A finales de los setenta, se cuestiona la categoría «mujeres», que homogeniza una realidad mucho más compleja, puesto que hay que tener en cuenta otros factores de desigualdad: etnia, clase social, opción sexual, etc., (la interseccionalidad). Se critica el sesgo heterosexual de la teoría feminista y aparece la necesidad de estudiar la diferencia. Surge una cuestión clave: la identidad. Es imposible mantener una identidad única para la categoría «mujeres»: hay mujeres jóvenes, viejas, gitanas, lesbianas… Es un resurgir de las diferencias. Este hecho se acompaña de debates políticos en el seno del movimiento feminista. Las diferencias, cada vez más visibles ponen en entredicho una cuestión política en el seno del movimiento feminista. Los intereses de las mujeres no son evidentes, hay que descubrirlos. Se hace, por tanto, necesario un concepto que haga pensar que defina las relaciones entre personas y grupo social. Ese término fue: «género» (sin ese). Género hace referencia al principio estructural de división social. Dicho concepto se elige porque tiene connotaciones sociales, nos hace pensar en lo construido, que se opone a lo físico de la palabra sexo. Introduce el aspecto de las relaciones sociales, esto es, lo relacional, debido a que: 1. La categoría género sugiere que hombre y mujer solo pueden ser pensados por las relaciones que mantienen entre sí. 2. Se define como algo relacionado a distintos sistemas socioculturales (diferentes sistemas de género y sus relaciones con otras categorías: etnia, edad…) y también invita a pensar en cambios, en transformaciones… Es decir, en términos de relación, lo que significa que hablar de antropología de los géneros no implica hablar de la mujer, sino estudiarla en cualquier ámbito de la sociedad. Pero además no solo hay que hablar de relaciones entre los sexos sino también de relaciones intrasexo (dentro del mismo sexo). Advertimos que, aunque las relaciones entre los hombres han sido objeto de estudio, rara vez lo han sido desde la perspectiva del género. Se ha estudiado el hombre en la política, el ejército… y el impacto que ha tenido sobre las mujeres. Hay que esperar a los últimos años para ver aparecer este interés, incipiente aún, en el ámbito académico.4 4 Para profundizar sobre el tema véase el I Congreso Internacional sobre masculinidades e Igualdad: En Busca de Buenas Pŕacticas de Masculinidades Igualitarias desde el Ámbito de la Universidad (cimascigual) celebrado en abril de 2019. http://congresomasculinidades.edu.umh.es MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 102 Índice Sistema sexo/género y masculinidad Las cuestiones de sexo/género se han circunscrito al problema de las mujeres. Ellos estaban por encima de estas relaciones, porque las dominaban. Por ejemplo, en Europa, la historia militar y bélica se ciñe a los hombres, porque es una confrontación directa entre ellos. La evolución de la masculinidad y su impacto sobre las mujeres han estado ausentes de las relaciones sexo/género. También sabemos que todas las cargas sexuales de los símbolos o del lenguaje bélico, las violaciones masivas como una forma de agresión sobre el pueblo oprimido o vencido, las nuevas formas de prostitución… han recaído sobre las mujeres. Sin embargo, solo se relaciona lo bélico, lo militar, con los hombres. En la década de los ochenta del siglo xx surgen los estudios de hombres mayormente realizados por hombres que estudian las relaciones intrasexos e intersexos. Esto a nivel político tiene su correlato con los movimientos por los derechos por los hombres. Critican los derechos de manutención, los logros por la custodia de los hijos… obtenidos en los primeros movimientos feministas. Los hombres que han estado ausentes en estos movimientos, aparecen ahora defendiendo algunas cuestiones, pero ¿constituyen una defensa a su posición? Con independencia de su significado, los hombres aparecen en los lugares de sexo/género que antes solo quedaban para las mujeres. Estudian las relaciones de conflicto o solidaridad entre las mujeres. Es la forma de articu lar la etnicidad, posición de clase y relaciones sociales. Lo que ocurre es que muchas investigaciones, en lugar de incluir estas relaciones sociales intrasexo e intersexo como variables explicativas de la realidad, plantean las cuestiones generales con hombres (caso general) y las mujeres aparecen como caso particu lar. Por tanto, se trata de dotar a las relaciones de sexo (inter e intra) del mismo significado que otros tipos de relaciones. Cuando se habla de «lo social» se sigue pensando en relaciones de clase social. Esta asociación es, en parte, responsable de que otro tipo de relaciones sociales se consideren como algo natural y biológico. Por ejemplo, la división social del trabajo se establece con respecto a los medios de producción naturalizando la división sexual del trabajo. Hay que estudiarla, por tanto, como relación social y con perspectiva de género. Las interrelaciones entre sexo/género, clase y etnicidad La relación entre sexo, género y clase social aborda problemas como el concepto de clase, que no funciona igual para los hombres y para las mujeres. Para los Fundamentos de los estudios feministas y de género (SRM003) 103 Índice hombres, los criterios que rigen son su relación con el capital, con el mercado o con el empleo. Para las mujeres, los criterios son las relaciones con los miembros de su familia, sobre todo con los hombres: padre y marido. La clase a la que pertenece es la del marido. Es, por tanto, importante ver la interacción entre las distintas clases sociales. Las relaciones sexo/género son relaciones estructurales, como las relaciones de clase, están en el origen de todas ellas, se incluyen e interaccionan. Se hace una crítica a la categoría de género. Hay autores y autoras, sobre todo las teóricas feministas francesas, como la socióloga Christine Delphy (1982), que plantean que el sexo es el marcador de la división social, que sirve para reconocer a dominantes y dominados en esa relación de poder. Esta autora piensa que primero se construyó el género y después el sexo. Es la fundadora del feminismo materialista francés, y se ha especializado en las desigualdades sociales relacionando clasismo, feminismo y racismo. Elabora un análisis socioeconómico del sistema patriarcal donde concluye que la discriminación que sufren las mujeres en el mundo del trabajo se sustenta en la explotación que estas sufren por su adscripción en exclusiva al ámbito de lo doméstico y la reproducción. Por otra parte, como sabemos, el sexo también se construye, se eligen algunos elementos físicos y se le atribuyen características sexuales (marcadores físicos). Cuando comparamos el género con el sexo, ¿estamos comparando lo social con lo natural o lo social con lo social? Para no naturalizar el sexo, algunas autoras francesas utilizan mejor el término sexo que género para evitar comparar lo social (género) con lo natural (sexo). En cambio, los anglosajones y las anglosajonas prefieren hablar de género. Reflexionando Terminamos aquí este capítulo, señalando que en la década de los años noventa del siglo xx se deja de hablar de antropología de la mujer (entre los años setenta y la primera mitad de la década de los ochenta), así como de la antropología del género (mujeres estudiando a mujeres como objeto de estudio) y se pasa a la antropología de las relaciones de género (de la perspectiva de estudios de género que resalta la relación jerárquica de poder entre los hombres y las mujeres, lo masculino sobre lo femenino). Es, en esta década, cuando comienzan a incorporarse algunos antropólogos hombres a estos estudios e investigaciones, y ahora se estudia a mujeres y a hombres «en relación», teniendo presente la construcción cultural de las feminidades y de las masculinidades con un enfoque interseccional y con la perspectiva crítica feminista y de género. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 104 Índice En esta década, sobre todo, tiene gran influencia el paradigma del posmodernismo en la propia teoría del feminismo académico y de los estudios de género. Irá tomando fuerza la teoría queer, y el movimiento lgtb irá avanzando en la academia con nuevos conceptos y marcos analíticos, prestados en su mayoría de la propia teoría feminista. Esto lo veremos en la siguiente asignatura del máster y en el capítulo cuarto de este manual, para detenernos en la actual «cuarta ola feminista» y el movimiento de hombres igualitarios y las «nuevas» masculinidades aliadas del feminismo con perspectiva de género. REFERENCIAS Balsamo, Anne. 1996. Technologies of the Gendered Body: Reading Cyborg Women. Durham, Carolina del Norte: Duke University Press. Delphy, Christine. 1982. Por un feminismo materialista. Barcelona: La Sal Clifford, James y George E. Marcus (ed.). 1986. Writing Culture: The Poetics and Politics of Ethnography. Berkeley y Londres: University of California Press. De Beauvior, Simone. 1998. El segundo sexo. Madrid: Cátedra Durán, M.ª Ángeles. 1982. Liberación y utopía: la mujer ante la ciencia. Ed. Akal. García, M.ª Dolores. 1990. «La división sexual del trabajo y el enfoque de género en el estudio de la agricultura de los países desarrollados». Agricultura y Sociedad, 55: 251-277. Fernández de Rota, José Antonio. 2009. «El concepto de cultura en la antropología contemporánea». Seminario Interdisciplinar O(s) sentido(s) da(s) cultura(s). Coordinado por Ramón Maiz. Consello da Cultura Galega. Linton, Sally, 1979. «La mujer recolectora: sesgos machistas en antropología». En Antropología y feminismo, ed. Olivia Harris y Kate Young. Barcelona: Anagrama. Ortner, Sherry B. 1979. «¿Es la mujer con respecto al hombre lo que la naturaleza con respecto a la cultura?». En Antropología y feminismo, ed. Olivia Harris y Kate Young. Barcelona: Anagrama. Rohrlich-Leavitt, Ruby, Barbara Sykes y Elizabeth Weatherford. 1979. «La mujer aborigen: el hombre y la mujer. Perspectivas antropológicas». Antropología y feminismo, ed. Olivia Harris y Kate Young. Barcelona: Anagrama. Rosaldo, Michelle Zimbalist. 1979. «Mujer, cultura y sociedad: una visión teórica». En Antropología y feminismo, ed. Olivia Harris y Kate Young. Barcelona: Anagrama. 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Madrid: Antropólogos Iberoamericanos en Red. https://cutt.ly/2lUZK45 Ortner, Sherry 1972. «Entonces, ¿Es la mujer al hombre lo que la naturaleza a la cultura? AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana, (1)1: 6-21. Madrid: Antropólogos Iberoamericanos en Red. https://cutt.ly/4lUZM2X Téllez, Anastasia. 2001. «Trabajo y representaciones de ideologías de género. Propuesta para un posicionamiento analítico desde la antropología cultural». Gazeta de Antropología, 17: 17. https://cutt.ly/3lUXqrO 2. Bibliografía complementaria Díez Mintegui, Carmen. 2003. «Tradiciones culturales y legitimación del poder masculino». Gazeta de Antropología, 19: 19-15. https://cutt.ly/WlUXaN7 Meñaca, Arantza. 2006. «Presentación: género, cuerpo y sexualidad. cultura y ¿naturaleza?». AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana, (1)1: 1-5. Madrid: Antropólogos Iberoamericanos en Red. https://cutt.ly/8lUXWeY Rubin, Gayle. 1986. «El tráfico de mujeres: notas sobre la economía del sexo». Nueva Antropología, 30: 95-145. México. https://cutt.ly/WlUXGoS Téllez Infantes, Anastasia. 2003. Cine y antropología de las relaciones de sexo-género. Alicante: Ed. Diputación Provincial de Alicante. https://cutt.ly/MlUXVLC —. 2013. «El análisis de la adolescencia desde la antropología y la perspectiva de género». Rev. Interacções. (9)25: 52-73. https://cutt.ly/RlUCN5B —. (ed.). 2017a. Igualdad de género e identidad masculina-Elche: Editorial Universidad Miguel Hernández. https://cutt.ly/TlUVuIB —. (ed.). 2017b. Coeducación y violencia de género. Elche: Ed. Universidad Miguel Hernández. https://cutt.ly/KlUVd4G —. (ed.). 2018. Despejando la senda de la igualdad. Elche: Ed. Universidad Miguel Hernández. https://cutt.ly/UlUVk0B MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 112 Índice antes de que se tomen las decisiones, se realice un análisis de los efectos producidos en mujeres y hombres, respectivamente».2 Para algunas autoras la definición actualmente más completa y detallada nos la facilita el Grupo de expertos del Consejo de Europa (Lombardo 2003): El mainstreaming de género es la organización (la reorganización), la mejora, el desarrollo y la evaluación de los procesos políticos, de modo que una perspectiva de igualdad de género se incorpore en todas las políticas, a todos los niveles y en todas las etapas, por los actores normalmente involucrados en la adopción de medidas políticas. Podríamos decir que hay cinco factores básicos en la estrategia del mainstreaming de género, según la definición del Grupo de expertos del Consejo de Europa, que se refiere principalmente al ámbito de la Unión Europea: 1. Un cambio en el concepto de igualdad de género, más amplio del existente. 2. La incorporación de la perspectiva de género en la agenda política dominante. 3. La inclusión y la participación de las mujeres en instituciones y procesos de toma de decisiones. 4. La prioridad dada a las políticas de igualdad de género y a las que tienen especial relevancia para las mujeres (como, por ejemplo, las políticas social y familiar), con el objetivo de conseguir la igualdad sustancial. 5. Un cambio en las culturas institucional y organizativa. Tres aspectos se pueden destacar en este cambio: a) el proceso político; b) los mecanismos políticos; c) los actores políticos. 3. NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALES DE GÉNERO Vamos a reflexionar brevemente sobre los movimientos sociales siguiendo a Isabel Rauber (2005). Podemos afirmar que (Rauber 2005): Los movimientos sociales tienen características diversas: a) pueden expresar a organizaciones y actores sociales pertenecientes a un mismo sector social, por ejemplo, trabajadores, indígenas, campesinos, desplazados internos, sin techo, etc.; b) pueden articu lar a actores sociales e individuales en torno a una problemática intersectorial, 2 Véase Plataforma de Pekín, párrafos 79, 105, 123, 141, 164, 189, 202, 229, 238, 252, 273. Perspectiva de género y nuevos movimientos sociales. Nuevas masculinidades (SRM004) 113 Índice como, por ejemplo: la lucha por la paz en Colombia, la defensa del Amazonas, o la soberanía alimentaria, etc.; c) pueden constituirse para responder a un tema o problema puntual, coyuntural: ayuda a damnificados por inundaciones, por terremotos, contra actos represivos, contra gobiernos corruptos, etc. Como su nombre indica, su génesis y sus modos de existencia varían, ya que se definen marcados por las identidades, experiencias, dinámicas y problemáticas que enfrentan los actores sociales que le dan cuerpo en cada momento histórico concreto. Generalmente no cuentan con estructuras internas, pero —si las tienen—, estas son flexibles, abiertas. Por lo general, carecen de estatutos, afiliaciones formales… En realidad, son la expresión de una identificación colectiva respecto al tratamiento y enfrentamiento de un tema, de una problemática o de la situación de un sector social. Las mujeres y el género en los movimientos sociales Para autoras como Pilar Álvarez (2012), los estudios que versan sobre política y mujer (desde una visión general) son escasos, lo mismo sucede cuando se hace referencia a la participación de las mujeres en el ámbito de los movimientos sociales. En este segundo caso el hecho es más grave que en el primero, pues los movimientos sociales, y más concretamente los nuevos movimientos sociales (nms), se caracterizan por una visión de la participación política más abierta, con el objetivo explícito de ahondar en formas políticas realmente democráticas y basadas en la horizontalidad. Asimismo, los nms se caracterizan por una voluntad transformadora de la realidad más cotidiana, de aquello que nos afecta directamente, ámbito en el cual no pueden obviarse o ignorarse las relaciones de género. De este modo (Biglia 2003, 3), la mayoría de las investigaciones existentes en décadas pasadas: han mostrado escaso interés por la militancia de las mujeres (como denuncian, entre otras, Harding 1987; Randall 1992). Los trabajos feministas han intentado colmar este vacío dirigiéndose, o bien a analizar las mujeres en los grupos políticos únicamente de mujeres (Hopkins 1999; Hunt 1996; Roseneil 1995; Rowbotham 1992) […] o la participación de estas en los sublevamientos o grupos armados (Ackelsberg 1991; Balzernari 1998; Rovira 1996; Strobl 1996; Vázquez et al. 1996). Sin embargo, y según Álvarez (2012), hay dos trabajos en España sobre relaciones de género en los movimientos sociales que merecen ser mencionados. Por un lado, está la investigación «Dones en moviment. Un análisis de genere de la lluita en defensa de l’Ebre» (2005), coordinada por Alfama y Miró y, por otro lado, la tesis realizada por Biglia (2005) Narrativas de mujeres sobre las relaciones de género en los movimientos sociales. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 114 Índice Feminismo y La Vía Campesina A continuación, vamos a presentar sucintamente algunas reflexiones de la mano de Fernanda Palacios (2012) sobre la influencia feminista en el movimiento social denominado La Vía Campesina en Latinoamérica. Para esta autora, buena parte de los movimientos sociales que han tenido como horizonte la creación de un nuevo «modelo de desarrollo» han considerado, básicamente, la dimensión económico y política como eje análisis, relegando a un segundo plano su dimensión cultural, y dentro ella invisibilizando la variable de género como eje estructurante de la desigualdad social. Por ello Palacios (2012) se planteó como objetivo analizar cómo se ha ido integrando la perspectiva de género en un movimiento concreto que ha reconocido la importancia de integrarla como eje del mismo; siendo este el caso de La Vía Campesina. Se utilizó como metodología el análisis de marcos, el cual permite identificar cómo el movimiento se construye a sí mismo, y cómo configuran tanto el diagnóstico como la solución de su problema. Las principales conclusiones apuntan a que, por un lado, hay una apuesta, básicamente de las secciones femeninas, por posicionar la dimensión de género como un eje estructurante, y por otro, que ha existido cierta permeabilidad del movimiento a esa demanda. También se evidencia la emergencia de una consciencia feminista, más cercana a los llamados «feminismos del tercer mundo» que del occidental hegemónico, que podría, eventualmente, llegar a impregnar al movimiento en su conjunto. Como bien explica Palacios, en América Latina, principalmente entre la década de los setenta y ochenta, se produjo una gran cantidad de estudios e investigaciones empíricas sobre la participación de las mujeres en organizaciones de base y movimientos populares referidos a la extensión de derechos sociales, y, en caso de dictaduras, de reivindicación de derechos políticos. Si bien la producción en esta línea tendió a decaer en los años siguientes, a finales de los noventa nuevamente volvieron a adquirir cierto protagonismo. En esta nueva oleada, sobre todo en los últimos años, ha existido un especial interés por estudiar la participación de mujeres en movimientos vincu lados al medioambiente. La evidencia muestra que principalmente durante los años noventa, la movilización de las mujeres «se produce a partir de situaciones ligadas a la vida cotidiana y a la experiencia y conocimientos medioambientales derivadas de la misma» (Sabaté 2000, 181). Ellas se hacen partícipes de innumerables acciones dispersas por todo el mundo, referidas a la defensa de los recursos Perspectiva de género y nuevos movimientos sociales. Nuevas masculinidades (SRM004) 115 Índice naturales, la protección de la salud de sus hijos/as y del entorno, la utilización de energías limpias y renovables, iniciativas de producción ecológica y sostenible. Para esta autora (Palacios 2012) cabe hacer referencia a la identificación de la gestación de un proyecto feminista dentro del movimiento La Vía Campesina. Este proyecto es bastante cercano a lo que Shiva y Mies (1997) llaman un «feminismo de la subsistencia», pues es un feminismo en que converge una lucha tanto por lo material como por lo simbólico, superando la división entre necesidades básicas y superiores. Así, se critica la hegemonía del pensamiento eurocéntrico que no reconoce los saberes y conocimientos de otras culturas, y que identifica todo «lo otro» como subdesarrollado. Además, prevalece la insistencia en una relación de cierta complementariedad y armonía entre los sexos, al igual que con la naturaleza y el medioambiente. Sin duda, una de las cuestiones más interesantes que se identifican en este movimiento es que actualmente existen ciertas condiciones que están posibilitando que no solo se desarrolle un proyecto feminista en su interior, sino que también el propio movimiento asuma una identidad feminista (Palacios 2012). 4. LA CUARTA OLA FEMINISTA ACTUAL. DEBATE SOBRE LA PROSTITUCIÓN. EL SUJETO POLÍTICO DEL FEMINISMO. Para expertas como Alicia Miyares (2008), Referir la historia del feminismo a partir de oleadas que se producen en determinados contextos históricos no responde a una metáfora casual. El recurso a la utilización metafórica de la ola describe a la perfección lo que el feminismo es, pudimos constatarlo el pasado 8 de marzo, un movimiento social y político que se impone de forma arrolladora por la fuerza desatada en torno a la idea de igualdad. Como advierte Álvaro Tejada (2016): Existen ciertas discrepancias a la hora de contextualizar de forma exacta al movimiento feminista en la historia de la humanidad. La teoría más apoyada y divulgada socialmente es aquella que dicta que comenzó aproximadamente a finales del siglo xix y a principios del siglo xx, cuando se consiguió el derecho al sufragio femenino. Fue entonces cuando se comenzó a hablar de una «primera ola del feminismo». La «segunda ola» apareció durante los años sesenta y setenta, cuyo pilar fundamental fue la liberación de la mujer». Es a partir de la década de 1990 cuando se hablaría de la de «tercera ola feminista» y es ahora, en 2018, tras el 8 de marzo de este año, cuando se comienza a hablar de la «cuarta ola del feminismo». MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 116 Índice Para Tejada (2016): una de las razones por las que la «segunda ola» derivó en una tercera fue la idea de pensar en el feminismo como un movimiento colectivo —y no individualista, como anteriormente se pensaba— que reúne a todas y cada una de las culturas y etnias. Así pues, dejando atrás una concepción más esencialista del feminismo («segunda ola»), el abanico se abrió hacia toda una diversidad femenina, la cual cobra forma a través de varias dimensiones étnicas, de creencias, sexuales, políticas y culturales («tercera ola»), y no solo de una.3 Fue Rebecca Walker (activista política, escritora y editora estadounidense) la pionera en introducir el concepto de tercera ola del feminismo en uno de sus artícu los en la revista Ms,4 escrito en 1992 (Tejada 2016), ella fue la autora que utilizó por primera vez este término «tercera ola» en sus escritos. La tercera ola del feminismo5 o feminismo de tercera ola es para algunos/as autores/as un término identificado con diversas ramas del feminismo, que comenzaría en 1990 y llegaría hasta la actualidad. Si bien no hay consenso sobre esto, lo cierto es que sí hubo en estas décadas una reacción al feminismo de la segunda ola, pues se percibieron ausencias y sesgos importantes entre el colectivo feminista. Por un lado, se denunciaba que no existe un único modelo de mujer, sino que existen múltiples modelos de mujeres y de modos de subordinación si tenemos en cuenta la clase, la etnia, el color de piel, la orientación sexual, la edad, el nivel adquisitivo, la religión, la profesión, su situación familiar, etc. (Tong 2009). Es decir, si tenemos presente la interseccionalidad habría que contemplar los diversos modelos de mujeres que existen en nuestro mundo, y no ceñirse a las mujeres blancas, de clase media, heterosexuales y de países occidentales exclusivamente. Para autoras como Rosemarie Tong esta tercera ola del feminismo como movimiento social huye del esencialismo y la mística de la feminidad, considerada como universal y única. Desde posicionamientos críticos posestructuralistas y posmodernos se cuestiona el concepto de género, identidad, orientación sexual, sexualidad, etc., bebiendo de la teoría queer, el poscolonialismo, el antirracismo, el ecofeminismo, el movimiento lgtbiq+, etc. En esta tercera ola 3 «La interpretación de género y sexo (y su distinción) se mejoró y exaltó; otras corrientes del feminismo se incorporaron: teorías queer, colectivo lgtb, antirracismo, teoría poscolonial, ecofeminismo, transexualidad… En resumen, la sexualidad se comenzó a ver y a tratar desde una perspectiva positiva. Las posturas ante el trabajo sexual o la pornografía también han tomado partida, alterando el paradigma anteriormente establecido por la segunda ola» (Tejada 2016). 4 http://msmagazine.com/ 5 Para quienes deseen profundizar en esto recomendamos las siguientes lecturas: Henry, Astrid. 2003. Not My Mother’s Sister: Generational Conflict and Third-Wave Feminism. Indiana University Press, ISBN 978-0253-21713-4. Gillis, Stacy, Gillian Howie y Rebecca Munford (ed.). 2007. Third Wave Feminism: A Critical Exploration. Palgrave Macmillan. Perspectiva de género y nuevos movimientos sociales. Nuevas masculinidades (SRM004) 117 Índice interesa debatir de manera intensa sobre el sexo, la sexualidad, la prostitución, la identidad sexual, etc., estableciéndose opiniones enfrentadas que enriquecieron la propia teoría feminista. Y es que desde finales del siglo xx y comienzos del siglo xxi han surgido muchos grupos feministas en pro de la igualdad y libertad de las mujeres, entre ellas las Pussy Riot, la organización Femen o las protestas de la Women’s March que han ido allanando el camino para el surgir de esta cuarta ola feminista de la actualidad. La cuarta ola del feminismo Como en tantos y tantos medios de comunicación (blogs, páginas webs, etc.) afirmaban desde marzo de 2018 se aventuraban definiciones (aun discutidas y en elaboración) sobre este nuevo movimiento social feminista en torno al 8 de marzo que comenzaba a definirse como cuarta ola del feminismo. Así, por ejemplo, podríamos considerar que (Miyares 2018): La cuarta ola del feminismo es la última conceptualización del movimiento feminista en la sociedad global del siglo xxi. Se caracteriza por la diversidad de debates alrededor de la desigualdad de las mujeres y la falta de reconocimiento de sus Derechos Fundamentales en los diversos ámbitos de las distintas sociedades a nivel mundial. Esta cuarta ola feminista (De Tito 2017 y Wikipedia 2021) se articu la a través de la creación de contenidos audiovisuales y escritos de carácter filosófico, político, económico, social, ecológico y cultural; académicos o no, y de una gran difusión de los mismos a través de las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales. Se manifiesta de forma reivindicativa a través de convocatorias a nivel nacional o internacional con importantes manifestaciones en las calles (Meza 2017). Esta cuarta ola feminista nos invita a reflexionar, debatir y proponer soluciones prácticas y medidas legislativas que protejan la igualdad de las mujeres, sus derechos fundamentales y ayuden a erradicar la violencia machista en todas las sociedades (Pérez Luna 2018). Reivindica un lugar para las mujeres igual que el que actualmente ocupan los hombres en la sociedad, política, empresa y, en general, en todos los ámbitos donde se toman decisiones. Aboga por la incorporación de la perspectiva de género en nuestra realidad y, especialmente, en las ciencias, el arte, la educación y en la comunicación. El primer evento que podríamos considerar que cumplía estos criterios fue la manifestación feminista conocida como el tren de la libertad (Madrid, 1 MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 118 Índice de febrero de 2014), y la lucha activa y visible, cada vez más numerosa y organizada por redes sociales, ha ido expandiéndose en los años sucesivos hasta manifestarse en numerosas ocasiones y especialmente en las celebraciones del 8 de marzo de 2017, 2018 y 2019 de manera masiva e internacional, como nunca antes habíamos visto. Siguiendo el texto de Gabriela Moriana (2018) (que recomendamos lea nuestro alumnado del máster) debemos recordar que: El grito feminista comenzó a tomar forma en la manifestación del día 3 de junio de 2015 en Argentina, de la mano del movimiento «Ni una menos», por la indignación ante el feminicidio de una adolescente, cuyo novio asesinó y enterró en el jardín de su casa. Aunque, el epicentro de esta movilización fue Buenos Aires, tuvo una trascendencia y repercusión nacional e internacional. En el Estado español, el 7 de noviembre de 2015, el feminismo llenó Madrid en una manifestación multitudinaria sin precedentes contra todas las violencias machistas. Un año después, en 2016, otra marcha exigió el fin de los feminicidios y la violencia contra las mujeres en Argentina, lemas que se repitieron el 19 de octubre en otra manifestación precedida por una huelga laboral de una hora. Pocos días antes, el 3 de octubre, miles de mujeres en Polonia realizaron una huelga de veinticuatro horas contra el proyecto de ley del gobierno que pretendía ilegalizar totalmente el aborto. Las polacas tomaron como modelo la primera huelga nacional de mujeres que tuvo lugar en Islandia en 1975. En Estados Unidos, una masiva marcha de mujeres el 21 de enero de 2017 contra el recién elegido presidente, fueron la advertencia de que las demandas de equidad de género y contra las violencias machistas trascienden las fronteras. A la llamada de «Ni una menos», el 8 de marzo de 2017 el feminismo organizó el primer paro global del trabajo productivo y reproductivo de mujeres internacional. […] En septiembre de 2017 el feminismo español fue convocado al I Encuentro en Elche, con el lema «hacia la huelga feminista del 8 de marzo de 2018». Allí emergió la certeza de que el relevo generacional estaba más que asegurado. Muchas mujeres de todas las edades, pero, sobre todo, muchas jóvenes brillaron. Se pusieron en común las experiencias del 8 de marzo de 2017, los diferentes aspectos de la huelga feminista, las cuestiones prácticas de su organización y los aspectos legales sobre la huelga laboral. Y así se empezó a gestar, para seguir trabajando en ello en el II Encuentro estatal en Zaragoza en enero de 2018, el gran éxito que ha sido la huelga feminista del 8 de marzo de 2018. […] el 8 de marzo de 2018 hemos hecho huelga de cuidados, laboral, de consumo y educativa, «porque si las mujeres paramos, se para el mundo». Para profundizar y reflexionar sobre la cuarta ola feminista recomendamos al alumnado el libro de Nuria Varela (2019) Feminismo 4.0. La cuarta ola, el texto de Alicia Miyares (2018) «La “Cuarta Ola” del Feminismo, su agenda», el texto de Cristina Monge (2018) «La cuarta ola feminista nace indignada: lo personal es Perspectiva de género y nuevos movimientos sociales. Nuevas masculinidades (SRM004) 119 Índice político» de donde resaltamos un par de párrafos de las dos últimas autoras que reproducimos a continuación (Monge 2018): Demasiadas cosas de este 8 de marzo recuerdan al 15M: unos antecedentes que vienen de otras parte del planeta y generan una red global —los paros que se celebran desde hace tres años en Argentina, la convocatoria en más de cuarenta países, el fenómeno #MeToo…—, un movimiento feminista constante y militante que ha mantenido la llama todos estos años, la emergencia con toda su potencia y frescura de mujeres jóvenes que por primera vez se organizaban para pintar pancartas y comprar pintura morada, el desborde de cualquier organización o institución previa, el uso protagonista de las redes sociales como forma de comunicación que emula a la forma de organización del movimiento, la pluralidad de manifiestos y consignas que significa que cada cual hace suya la reivindicación a su manera, la ausencia de liderazgos personales y jerarquías organizativas, el respaldo y la simpatía del 80 % de la ciudadanía —como decía esta encuesta de Metroscopia—,6 y, sobre todo, la vocación inclusiva y de mayorías para recoger el sentir y la indignación del 99 % de la población. Con esto no quiero decir que este 8 de marzo sea una réplica del movimiento de los indignados, ya que tiene rasgos propios y diferentes que habremos de indagar, pero no olvidemos que en el fondo de la reivindicación del 15M, y en esa interpelación que hacía no solo al Estado, sino también a la necesidad de una sociedad organizada y democrática, subyacía una reivindicación clásica del movimiento feminista: lo personal es político. Segun Miyares (2018): Si, ciertamente, como todo apunta, nos encontramos ante «la cuarta ola» del feminismo ha de tener una agenda propia que la caracteriza y que, preservando lo ya alcanzado, sea capaz de analizar críticamente el tiempo presente. Conviene, pues, comenzar, a afianzar en qué puede o debe consistir esa agenda. Para otras expertas feministas como Luisa Posada (2019)7 «esta cuarta ola está girando fundamentalmente sobre la violencia sexual», pues, en su opinión: Tenemos claro que es una violencia que se estructura en un sistema de desigualdad que es el patriarcal, un sistema de dominación que se está convirtiendo hoy en día en un nuevo paradigma de patriarcado. Y es lo que yo llamaría patriarcado violento, que se expresa de muchas formas: violencia física, acoso, maltrato, pornografía, prostitución, trata… La cuarta ola sería la rebelión contra esa violencia. En el «cómo» de este 6 https://cutt.ly/YlBPSQL 7 https://cutt.ly/Mn83ARQ MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 120 Índice movimiento, se está generando una nueva reclamación de igualdad que ya no es solo la política y social —que desde luego lo es— sino también la igualdad económica. El feminismo hoy, sobre todo el de las jóvenes, es anticapitalista, porque se trata de reclamar la igualdad en su sentido profundo político, social y económico. Por último, y para reflexionar sobre el papel de los hombres en este movimiento social de la cuarta ola feminista, recomendamos el texto de Lucho Fabbri (2018) titulado «La ola feminista cuestiona la masculinidad como dispositivo de poder», de donde reproducimos el siguiente párrafo: Siempre que se hable de varones y feminismos, cualquiera sea la dimensión de la ola, hay un exceso de espuma. Qué podemos o no ser, cuándo, dónde y cómo, si nuevas o tradicionales, si hegemónicas o en plural. Más allá de la pregunta por la identidad (feminista) o la participación (en los feminismos) de los varones, nos cabe preguntarnos; ¿En qué sentido interpela esta cuarta ola a la masculinidad como proyecto político? Compartimos algunas ideas con el deseo de que esta ola nos lleve más lejos. En el marco del momento histórico que los feminismos vienen denominando como «cuarta ola», signado por altos grados de movilización y articu lación a nivel global, de transversalidad, radicalidad y capacidad de incidencia política, se reactualizan algunos debates en torno a la posibilidad de los varones de devenir feministas, de participar en la agenda del movimiento, y sobre cómo hacerlo. […] Esa relación que los feminismos nos interpelan a transformar es precisamente la relación de poder forjada al calor del dispositivo de masculinidad. Por ello es que devenir feministas, para los sujetos socializados en la masculinidad, es embarcarnos en una lucha contra nosotros mismos y los monstruos cotidianos que nos habitan, contra nuestros propios machismos y violencias, contra los mecanismos en los que fuimos socializados y entrenados para llegar a ser lo que somos. En esta cuarta ola, además de que el uso de las nuevas tecnologías ha favorecido la movilización a nivel global, y de la incorporación masiva de mujeres jóvenes, se está subrayando cómo existe una estrecha alianza entre patriarcado y neoliberalismo, los cuales se proyectan de manera muy singular sobre los cuerpos, la sexualidad y las capacidades (reproductivas, por ejemplo) de las mujeres. Si el patriarcado se inscribe sobre el cuerpo de las mujeres, en este siglo xxi lo que se subraya es cómo la explotación y la violencia que sufre la mitad de la humanidad es global y cómo el discurso neoliberal, tanto en lo económico como en lo estrictamente político, favorece que las mujeres permanezcan en estado de subordinación. Por todo ello, no es casualidad que determinadas cuestiones se hayan convertido en visibles —acoso sexual, agresiones sexuales—, otras hayan recuperado vigor en el debate —prostitución— e incluso han aparecido nuevos debates —vientres de alquiler o maternidad subrogada—. Perspectiva de género y nuevos movimientos sociales. Nuevas masculinidades (SRM004) 121 Índice El actual debate sobre la prostitución dentro del feminismo A finales del 2019 surge explícitamente dentro del ámbito académico español, en sus universidades, un enfrentamiento de dos posicionamientos antepuestos entre las expertas y expertos en estudios de género sobre la prostitución: el enfoque regulacionista y el enfoque abolicionista. Este debate, que llevaba años estableciéndose en otros foros y en el propio activismo feminista, ve ahora la luz y se traslada a jornadas, congreso, conferencias, investigaciones y actos dentro de las propias universidades de nuestro país. El 17 de octubre de 2019 se presenta la Red Académica de Estudios sobre Prostitución y Pornografía, que desde un posicionamiento crítico apuesta por la abolición de la prostitución entendiéndolas como un tipo de violencia de género. Sus integrantes, profesorado universitario, rechazan «normalizar» la prostitución como un trabajo, relacionan directamente la prostitución con la trata de niñas y mujeres con fines de explotación sexual8 y apuestan por desarrollar más investigaciones científicas sobre el tema que sirvan para sostener sus ideas abolicionistas. Frente a ese posicionamiento, existen veinte universidades que han creado, también en octubre de 2019, un ciclo de conferencias donde debatir dentro del ámbito académico sobre el trabajo sexual, posicionándose más en el lado regulacionista y bajo el argumento de que en la universidad hay libertad de cátedra y objetividad, por lo que defienden la libertad de expresión en torno al tema de la prostitución.9 A su vez, los grupos de hombre «feministas» o igualitarios también se posicionan en este debate, aunque de forma aún minoritaria (Arratibel, 2019; Salazar Benítez 2018). El sujeto político del feminismo Por otra parte, si bien es cierto que otro debate importante se ha ido fraguando desde hace años dentro del propio feminismo académico, es en el verano de 2019 cuando en un curso de verano organizado por la Escuela de Feminismo Rosario 8 Recomendamos visionar el Congreso Internacional de Violencia de Género: La Trata de Mujeres y Niñas con Fines de Explotación Sexual organizado por la Universidad Miguel Hernández de Elche (desde el Grupo de Investigación Economía Cultura y Género) eculge Elche. En la dirección http://congresotrata2018.edu.umh.es/ se encuentran disponibles todas las grabaciones de las conferencias del congreso. 9 Quien desee profundizar en este debate sobre la prostitución puede acudir a: – https://cutt.ly/8lBP0ud (en El País) – https://cutt.ly/xlBAwTX (en El Diario) – https://cutt.ly/ylBAihv (en El País) – https://cutt.ly/glBAxW1 (en El Diario) – https://cutt.ly/ClBAEm1 (en Wordress) MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 128 Índice identitario, ya que la mayoría de las estructuras comunitarias —muy especialmente las de marcado carácter religioso— sitúan a las mujeres en posición de desventaja cuando no de sumisión. De manera que es fácil detectar cómo en muchísimos contextos las mujeres sufren una acumulación de causas de discriminación que se suman a la que padecen por razón de género (es la denominada discriminación múltiple o, preferiblemente, interseccional). Todos estos factores deberían bastarnos para estar convencidos/as de que debemos tomarnos todos/as, también los hombres, el género en serio. Y ello pasa por varios objetivos entrelazados que deberían acercarnos al ideal de una democracia auténticamente paritaria, en la que nadie por razón de su sexo sufriera discriminaciones y en la que desaparecieran las relaciones jerárquicas que siguen existiendo entre la mitad masculina y la femenina. Ese reto pasa necesariamente por la deconstrucción de la masculinidad patriarcal y del modelo político, jurídico y económico generado a semejanza de ella. Y ello supone, claro está, y, al mismo tiempo, un papel activo y comprometido de los hombres en la lucha por la igualdad. Este programa, auténticamente revolucionario en cuanto a que supone la revisión de unas estructuras de poder consolidadas, ha de llevarnos a una definición más plural y justa del mismo concepto de «humanidad», de forma que acabemos con la identificación «humanidad-varonidad» (Wittig 2006, 80) y la ajustemos no solo a las exigencias que plantean las diferencias de género, sino también a todas las que derivan de las múltiples y diversas identidades. Desde esta perspectiva, el punto de llegada debería ser la construcción de un nuevo paradigma —la ciudadanía como igualdad diferenciada (Salazar, 2010)— y la garantía jurídica de la dignidad de cada individuo desde el parámetro del «libre desarrollo de la personalidad». La masculinidad patriarcal Betty Friedan (2009, 17), autora de un libro de referencia como La mística de la feminidad, afirmaba en el prólogo que en 1997 escribió para una reedición de dicha obra que en el nuevo siglo «son los hombres los que tienen que progresar hacia una nueva manera de pensarse a sí mismos y de concebir la sociedad». De esta manera, ponía el dedo en una de las llagas que continúan hoy impidiendo que la igualdad de género sea efectiva: la construcción social y cultural de la masculinidad. A pesar de los muchos cambios que las conquistas de las mujeres han provocado en los contextos democráticos, los hombres siguen siendo educados para convertirse en los legítimos detentadores del poder y la autoridad. Son los sujetos activos por excelencia, los proveedores, los hacedores. Son instruidos en el arte de la conquista y Perspectiva de género y nuevos movimientos sociales. Nuevas masculinidades (SRM004) 129 Índice de la guerra, en el dominio del espacio público y de los saberes, en la posesión de las mujeres como objetos sin los que no sería posible la reproducción. Se definen por sus actividades, por lo que consiguen, por el éxito que alcanzan y no tanto por cómo son. Desde niños, y muy especialmente en la adolescencia, son educados para desconfiar de su interior y para proyectarlo todo hacia afuera. El espacio privado, por el contrario, es el territorio de las mujeres, el de la reproducción, el de los afectos y los cuidados. Un espacio que los varones contemplan como «refugio moral y emocional alejado de la potencialmente corrupta esfera pública del trabajo y la política» (Seidler 2007, 95). El patriarcado se ha basado históricamente en una serie de repartos binarios —público/privado, razón/emoción, cultura/naturaleza— que han servido de pilares a una diferenciación jerárquica entre hombres y mujeres. Unas estructuras que el estado liberal consolidó a través de argumentos filosóficos y herramientas jurídicas, de manera que se produjo una identificación entre «razón» y «masculinidad» (Seidler 2000). Ello tuvo dos consecuencias: 1.ª) provocó la aparición del feminismo como movimiento reivindicativo y como teoría política; 2.ª) mantuvo, en estrecha alianza con el capitalismo, la concepción del hombre como ciudadano, como productor y titular de derechos, como político y como guerrero. De esta manera, el patriarcado continuó mostrando sus fauces y se reforzó la heteronormatividad (Wittig 2006). La familia burguesa, una estructura esencial para el orden económico y político, subrayó el reparto de roles y funciones. Un reparto que fue consolidado por el derecho civil, siguiendo la estela que marcara el Código Civil francés de 1804, en el cual se proclamaba que «el marido debe protección a la mujer, esta sumisión al marido» (artícu lo 213). Los ordenamientos jurídicos asumieron como referente del buen comportamiento el propio del hombre heterosexual: todavía hoy nuestro Código Civil habla de «la diligencia del buen padre de familia». De esta manera, la familia liberal contemporánea se apoyó en tres principios: a) las profundas diferencias entre el hombre y la mujer en cuanto al reconocimiento de derechos políticos y sociales; b) la división rígida de roles sexuales; c) una estructura interna de carácter patrimonial y autoritario. De todo ello podemos deducir cómo la masculinidad se ha configurado de acuerdo con dos parámetros básicos: 1. El lugar privilegiado del varón en la sociedad, es decir, su posición de proveedor, de titular del poder económico y político, de autoridad en el contexto familiar y de legítimo detentador de la violencia. Como consecuencia de ese MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 130 Índice lugar social y político, los varones sentirán como naturales sus derechos y prerrogativas, al tiempo que «lo masculino» se identifica con «lo universal». 2. El rechazo de todos los valores, actitudes y aptitudes consideradas como propias de las mujeres, todo ello de manera paralela a la afirmación insistente de las actitudes y comportamientos estimados masculinos. O sea, ser hombre consiste, básicamente, en no ser mujer. Es decir, la masculinidad se ha forjado, por una parte, sobre principios tales como la autoridad, el orden, la violencia y, por otra, mediante el rechazo de otros como la ternura, la capacidad de diálogo o la interdependencia. De esta manera, la masculinidad patriarcal es homofóbica, y no solo por su identificación excluyente con la heterosexualidad, sino también por el rechazo de todas las opciones, valores y actitudes que se ligan a lo femenino. Esta negación obliga a los varones a demostrarse permanentemente a sí mismos y a los demás que son hombres de verdad. Es decir, que cumplen con la masculinidad normativa, que no defraudan las expectativas de género. De esta manera, y como bien ha analizado Pierre Bourdieu (2006), «la virilidad, entendida como capacidad reproductiva, sexual y social, pero también como aptitud para el combate y para el ejercicio de la violencia es fundamentalmente una carga». De esta manera, el denominado desde el feminismo «contrato sexual» (Pateman 1995), entendido como pacto que configura las relaciones de poder en el ámbito privado y que es presupuesto del «contrato social» determina la identidad masculina hegemónica vincu lada siempre al ejercicio del poder y la ciudadanía. Esta conexión con el poder plantea, a su vez, determinados condicionantes de la subjetividad masculina, tales como la búsqueda de objetivos pragmáticos, la servidumbre de una permanente actividad o la autosuficiencia económica. El hombre ha de convertirse en un héroe y para eso es socializado desde niño. Para cumplir la función social de proveedor, frente a la nutricia que realizan las mujeres en el ámbito privado, y para responder al canon competitivo que supone tener que demostrar siempre la hombría. El héroe necesita en ocasiones recurrir a la violencia para alcanzar o mantenerse en el poder —todo ejercicio de poder la implica, conlleva un elemento coactivo que puede degenerar en violencia—, para restaurar el orden por él diseñado o, simplemente, para sancionar la sumisión de los y las que deben admirarlo y obedecerlo. De esta manera, la conexión masculinidad-poder-violencia forma el triángulo sustentador del patriarcado y es el que ha provocado a lo largo de los siglos las más crueles violaciones de los derechos de las mujeres (así como de los que no han compartido el trono del patriarca). En este sentido, la «cultura de la guerra» es la máxima expresión Perspectiva de género y nuevos movimientos sociales. Nuevas masculinidades (SRM004) 131 Índice de una violencia que se proyecta en todos los ámbitos sociales y que remite además a una manera no pacífica de resolución de los conflictos. Una violencia que detectamos también en el sistema económico dominante, que se ajusta como un guante a los caracteres de la masculinidad patriarcal, y que, en general, alcanza un carácter estructural y simbólico desde el que debemos analizar la subordinación de las mujeres. Por otra parte, el «contrato sexual» que ha marcado la diferenciación jerárquica masculino/femenino ha operado en el ámbito privado y familiar a través de tres vectores: 1.º) un reparto jerárquico de espacios, tiempos y responsabilidades; 2.º) una socialización de los hombres y de las mujeres en valores, pautas de conducta y roles asociados a ese reparto binario; 3.º) una concepción de la paternidad, frente a la de la maternidad omnipresente y cuidadora, basada en el papel de mantenimiento del orden, la ausencia y la desvincu lación de lo emocional. Esta concepción diferenciadora y jerárquica de lo masculino y lo femenino ha encontrado, además, su plasmación en un derecho de familia que ha reproducido esos esquemas, así como en una concepción del amor —el llamado «amor romántico»— que, durante siglos, y todavía hoy en buena medida, ha lastrado la autonomía de las mujeres. Es decir, toda esa estructura de poder, en lo privado y en lo público, se ha visto acompañada de una concepción de las relaciones afectivas y sexuales marcadas por: 1.º) la consideración del hombre como sujeto y de la mujer como objeto; 2.º) la negación de la individualidad de la mujer y su mantenimiento en un lugar subalterno; 3.º) la abnegación, el sufrimiento y la renuncia como sublimación del sentimiento amoroso. 6. EL MOVIMIENTO DE HOMBRES POR LA IGUALDAD. ASOCIACIÓN DE HOMBRES POR LA IGUALDAD DE GÉNERO Nuevos hombres, nuevos métodos Como apuntábamos con anterioridad, a pesar de las conquistas que las mujeres han ido alcanzando, al menos en los países democráticos, y de los consiguientes cambios sociales y culturales que ello ha provocado, los hombres continúan socializándose de manera mayoritaria de acuerdo con la normativa hegemónica de género forjada por el patriarcado. Siguen siendo educados para ajustarse a los cuatro prototipos que, según Moore y Gillette (1993), simbolizan las esferas controladas por el varón: el rey (poder, autoridad), el guerrero (la violencia), el mago (el saber) y el amante (la conquista sexual). MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 132 Índice A su vez, y en cuanto han dominado la esfera pública, esta se ha construido a imagen y semejanza de lo que Adrienne Rich (2011, 203) denomina «cultura unilateral masculina». Es decir, la masculinidad hegemónica ha impuesto sus valores y jerarquías en el ámbito de la política, la economía, los saberes y, en general, en la manera de concebir la razón humana. De ahí la necesidad de que, en paralelo al proceso de deconstrucción de la masculinidad tradicional y de reconocimiento de nuevas masculinidades, generemos una nueva «racionalidad pública» (Guasch 2006, 73). El objetivo de revisar la masculinidad hegemónica exige varias acciones complementarias. Las más importantes tienen que ver con las instancias socializadoras, en cuanto que a través de ella se prorroga o, por el contrario, se revisa el orden cultural. Es necesario, pues, incidir en ámbitos como el sistema educativo, los medios de comunicación o la publicidad, además de, por supuesto, en el principal espacio socializador del individuo que es la familia. En este sentido, es más necesaria que nunca una «educación para la ciudadanía» que tenga presente la dimensión de género y que, por tanto, incluya de manera específica y también transversal la mirada sobre las subjetividades masculina y femenina, así como sobre las relaciones personales y sociales que se dan entre ellas. Para ello, y con carácter previo, es necesario incidir en el ámbito científico y en la generación y difusión del conocimiento. En este sentido, de una parte, es necesario que asumamos, valoremos y reivindiquemos las aportaciones del feminismo como teoría política y como propuesta crítica y de emancipación. De otra, es preciso extender y consolidar las reflexiones sobre las masculinidades, lo cual exige fomentar los análisis y estudios «transdisciplinares» que aporten propuestas alternativas al modelo patriarcal. Ello implica romper con las lógicas binarias, con las abstracciones que encubren injusticias, con la racionalidad que olvida que el ser humano también tiene emociones y sentimientos. Frente a ello, urge reivindicar un sujeto relacional, dialogante, atento a las necesidades de los otros y las otras, empático, lo cual ha de proyectarse a su vez en cómo entendemos el «pacto» y las reglas mediante las cuales organizamos nuestra convivencia. Todo esto debería estar muy presente en la labor de investigación y análisis que han de realizar las unidades de igualdad previstas en todos los ministerios (artículo 77 lo 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres), así como, por ejemplo, las que se han ido creando en las universidades (da 12.ª lo 4/2007 que reformó la Ley Orgánica de Universidades). Al mismo tiempo, es necesario fomentar los grupos de reflexión, cursos, jornadas y seminarios en los que se aborde la condición masculina, así como estrategias comunicativas que permitan ofrecer a la sociedad modelos alternativos de hombres. Debemos seguir Perspectiva de género y nuevos movimientos sociales. Nuevas masculinidades (SRM004) 133 Índice insistiendo en la formación en género de los profesionales de ámbitos como la educación, el derecho, la sanidad o la seguridad, introduciendo la variable de la masculinidad. Y habrá que propiciar la aparición de centros o programas que atiendan a varones en crisis, los cuales han de jugar un papel esencial en la prevención de problemas como la violencia de género. En paralelo, habría que generar complicidades cada vez mayores entre los grupos de hombres por la igualdad y los colectivos de mujeres. En la medida en que unos de los factores condicionantes de la desigualdad de género es la división público/privado y de los correspondientes roles y responsabilidades asociados a ese binomio, una de las transformaciones esenciales de nuestro modelo de convivencia pasa por superar la doble frontera público masculino/privado femenino. Ello implica, entre otras cuestiones, garantizar del denominado derechodeber de corresponsabilidad que habría de traducirse en una participación igual de hombres y mujeres en los trabajos domésticos y de cuidado. Solo así será posible armonizar la vida privada y familiar con la laboral, lo cual sigue siendo hoy en día uno de los principales obstácu los en el acceso de las mujeres a lo público. Ello debería ir acompañado de una revalorización social y económica de dichos trabajos, así como de una evolución en el mismo concepto de «paternidad» y, correlativamente pues, también en el de madre, que permitan configurar unos espacios familiares más democráticos y paritarios. Estos cambios que habrían de producirse en el contexto familiar nos llevan, a su vez, a la necesidad de plantearnos la revisión de un modelo de convivencia marcado por las exigencias del patriarcado y de la heteronormatividad. En este sentido, el reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo ha supuesto un avance sustancial que habría de continuar con un proceso que vaya eliminado los paradigmas y las reglas jurídicas que todavía hoy marcan el derecho de familia. Un derecho que debería construirse sobre los principios de la autonomía de la voluntad y la diversidad. La revisión de la masculinidad hegemónica ha de suponer, a su vez, el reconocimiento de la diversidad de maneras de «ser hombre». Es decir, lo masculino no remite a un único modelo, son varias y cada vez más complejas las maneras de construir la subjetividad masculina. Ello, a su vez, nos lleva a la necesidad de seguir avanzando en la garantía de los derechos vincu lados con las opciones afectivas y sexuales del individuo. Se trataría de avanzar desde la prohibición de discriminación por razón de orientación sexual a la construcción «en positivo» de un derecho al libre desarrollo de la afectividad y la sexualidad (Salazar 2010b). MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 134 Índice Todos los cambios apuntados, que hunden sus raíces en lo privado, pero que tienen una indudable proyección pública, han de ir acompañados a su vez, y como antes apuntábamos, de un cambio en los valores y en los métodos que presiden un «contrato social» hecho a imagen y semejanza de los varones. Sería preciso incorporar nuevas herramientas, muchas de las cuales están conectadas con las habilidades que las mujeres han desarrollado en el entorno privado y a través de la que ha sido su función principal, la de cuidadoras. Es necesario, pues, que entendamos la «democracia paritaria» como un objetivo que implique la revisión del orden patriarcal y la definición de unas reglas del juego en las que incorporemos una visión más interdependiente y empática del «otro». En la que finalmente la denominada «ética del cuidado» (Gilligan 1986), con todo lo que supone de reconocimiento de la intersubjetividad, la solidaridad o la ternura, traspase dos fronteras: la de la división público/privado y la de los géneros masculino y femenino. Justo ahora es más urgente que nunca erosionar un modelo económico patriarcal, depredador y competitivo, y pensar en fórmulas alternativas como las que, por ejemplo, está aportando la economía feminista. Y es necesario, por supuesto, incorporar incluso a nivel internacional nuevas pautas de gestión pacífica de conflictos y un nuevo concepto de seguridad. Lo cual implica, de manera primordial, el abandono de las exigencias verticales y jerárquicas propias de la masculinidad tradicional. Como bien ha señalado Miguel Lorente (2009, 274), los hombres, que han llevado la voz a lo largo de la historia, ahora no pueden permanecer en silencio. Tienen mucho que decir sobre lo que han callado y mucho que callar sobre lo que han vociferado. Por ello, han de asumir el compromiso que supone revisar un contrato que históricamente han firmado hombres y mujeres desde una posición desigual. De ahí que no haya mejor manera de cerrar estas páginas que asumiendo, en su literalidad, los objetivos que se marcaron en el Congreso Iberoamericano de Masculinidades y Equidad que, organizado por la Asociación de Hombres Igualitarios aHige de Cataluña, se celebró en Barcelona los días 7 y 8 de octubre de 2011.17 El congreso, de carácter multidisciplinar e internacional, se articu ló en torno a tres ejes: la investigación en masculinidad, el activismo o movimiento de hombres por la equidad y la intervención y políticas dirigidas a hombres que fomenten la equidad. El segundo día tuvo lugar un foro de debate sobre «El movimiento de hombres por la igualdad: retos y oportunidades», del que finalmente surgiría una declaración en la que se contienen los puntos que deberían constituir la «agenda común de los hombres por la igualdad». En concreto, en ella se proponían una serie de retos que deberían constituir la agenda en la lucha por la igualdad: 17 Página web del congreso: http://cime2011.ciutatactiva.com/home/presenta.html Perspectiva de género y nuevos movimientos sociales. Nuevas masculinidades (SRM004) 135 Índice El rechazo del ejercicio del poder patriarcal y la renuncia a los privilegios que de él se derivan. 1. La denuncia de todas las formas de violencia machista hacia las mujeres, el fomento de la revisión crítica del sexismo interiorizado, desarrollando un trabajo de sensibilización y prevención de esta violencia entre los hombres; y la apuesta por la defensa de los derechos humanos y la resolución pacífica de los conflictos. 2. El rechazo de otras violencias machistas (bullying, homofobia, transfobia). 3. La promoción de la corresponsabilidad de los hombres y los cuidados compartidos, con especial referencia a la responsabilidad de los hombres en nuestro propio cuidado y el de las personas dependientes y mayores, apoyando medidas de conciliación de la vida laboral y personal. 4. El impulso de la paternidad activa y responsable, fomentando la implicación de los padres y la mejora de las habilidades para la crianza, siendo incluidos en los cursos de preparación al parto, primeros cuidados y cuidado de la madre. En este sentido, se reivindican los permisos de maternidad y de paternidad sean iguales, intransferibles y pagados a cargo de la Seguridad Social al 100 % del salario. 5. La apuesta por la coeducación en la comunidad educativa para transmitir valores que ayuden a crecer, también a los chicos, como agentes activos de igualdad. Esto ha de servir para prevenir el abandono escolar, las conductas disruptivas, el maltrato entre el alumnado y las actitudes machistas que acaban perjudicando la formación de la población adolescente. 6. La apuesta por un lenguaje igualitario, que no represente ni sostenga el modelo de dominación sexista. 7. La defensa de las cuotas paritarias y de presencia de mujeres y hombres, tanto en los cargos de responsabilidad pública y empresarial, como en las tareas de cuidado y enseñanza. 8. El reconocimiento de las diferentes formas de ser hombre, así como los derechos cívicos y humanos de las distintas expresiones de la sexualidad, superando la patologización, la homofobia y la transfobia. 9. La revisión de las expresiones de nuestra sexualidad basadas en el dominio, para disfrutar de una sexualidad libre, respetuosa y consentida. De ahí la posición en contra de la trata de seres humanos vincu lada a la prostitución y a la explotación sexual de menores. 10. La mejora de la salud física y emocional de los hombres, visibilizando los costes de las formas dañinas de ser hombre, que reducen nuestra esperanza y calidad de vida, además de generar graves problemas de salud pública. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 136 Índice REFERENCIAS Alfama, Eva y Neus Miró (coord.). 2005. Gènere i Moviments Socials. Una mirada a la participació de les dones a la Plataforma en Defensa de del Ebre. Valls: Cossetània. Álvarez Molés, Pilar. 2012. Movimientos sociales, relaciones de género y cultura. El caso de los gaztetxes en la capv. País Vasco: Ed. Emakunde. https://cutt.ly/MlOIlcY Badinter, Elisabeth. 1992. XY, La identidad masculina. Madrid: Alianza. Biglia, Barbara. 2003. «Transformando dinámicas generalizadas: Propuestas de activistas de Movimientos Sociales mixtos». Atenea Digital, 4: 1-25. —. 2005. Narrativas de mujeres sobre las relaciones de género en los Movimientos Sociales. 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MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 144 Índice La Ley para la Reforma Política posibilitó que las propias cortes franquistas firmaran su aniquilación, al propio tiempo que daban el visto bueno a la instauración de un sistema completamente distinto al que ellas habían sustentado, permitiendo acallar —al menos momentáneamente— a aquellos sectores más reacios a la reforma, intentando encauzar una situación ya irreversible: la necesidad de un cambio político. Los grupos feministas, básicamente, argumentaban su no participación en la falta de democracia, por entender que las elecciones no se habían realizado en condiciones suficientes de libertad (la no legalización de algunos partidos políticos, la no concesión de amnistía total para los delitos políticos, etc.), y en la ausencia de organizaciones de mujeres que estuvieran en condiciones de competir electoralmente dado el carácter asambleario del movimiento y la falta de un programa político concreto, que hacía inviable presentar candidatas en una contienda electoral. A esto se añadía que la mayoría del movimiento rechazaba la clásica organización de los partidos y sindicatos, que respondía a patrones patriarcales. Todos estos aspectos contribuían a situar al movimiento feminista en una posición de debilidad frente a los partidos políticos. 1.2. Mujeres y hombres en la Constitución de 1978 El texto constitucional no establece diferencias entre los hombres y las mujeres. Donde dice «ciudadanos» hay que entender ciudadanos y ciudadanas, donde dice «todos» hay que entender hombres y mujeres. Se utiliza el sujeto universal que, tal y como se desarrolla con más detenimiento en la asignatura SRM011, es un falso sujeto universal. No obstante, existen algunas excepciones a esta regla general. La primera es la del artícu lo 32.1 ce: «El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica». La referencia expresa a hombres y mujeres en este artícu lo es considerada por una parte de la doctrina como la consagración del principio de plena igualdad jurídica entre ambos. Sin embargo, este reconocimiento resulta reiterativo, dado que la Constitución ya contempla con carácter general la plena igualdad jurídica. ¿Por qué se incide entonces en la plena igualdad entre el hombre y la mujer en el derecho al matrimonio? Es posible que esta insistencia responda, implícitamente, al reconocimiento de una especial desigualdad en el matrimonio. Esta es una institución en la que la mujer ha tenido y sigue teniendo unas condiciones desiguales e inferiores a los hombres. En realidad, esta inferioridad, hasta la entrada en vigor de la Constitución, estaba regulada jurídicamente y representaba una obligación legal. Derecho, igualdad y discriminación (SRM005) 145 Índice La segunda referencia se produce en el artícu lo 35.1 ce, donde se reitera el principio de igualdad y no discriminación por razón de sexo: Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo. La doctrina mayoritaria sigue planteando la referencia a la no discriminación por razón de sexo de este artícu lo como una consecuencia particu larizada del principio de igualdad. Sin embargo, una lectura detallada, relacionada con la realidad social en la que se mueve el mundo de la producción, nos podría acercar a la intención del constituyente en relación con esa voluntad, reiterativa, del principio de igualdad: se trata del trabajo remunerado, puesto que no todos los trabajos lo son (el trabajo doméstico es un claro ejemplo de ello). El artícu lo 35 está referido al mercado de trabajo, ámbito de especial interés para el Estado, que no tiene ningún inconveniente en limitar la libertad de las partes contratantes al cumplimiento de las condiciones laborales mínimas que determina y regula el derecho laboral. Aunque la Constitución hace una referencia especial a lo no discriminación por razón de sexo, se sigue discriminando a las mujeres. Actualmente, y después de varios años de igualdad jurídica y la prohibición de discriminación por razón de sexo, las mujeres todavía siguen estando en una situación de desigualdad, tanto en los niveles de ocupación como en lo referente al salario. Por tanto, es normal que el constituyente insista en la igualdad y la prohibición de discriminación por razón de sexo, dado que este es un ámbito especialmente discriminatorio para las mujeres. La voluntad igualatoria está referida al sexo femenino. La discriminación en el trabajo por esta razón es una manifestación más de las que afectan a las mujeres y que tienen un origen histórico, aunque lo más importante no es su origen sino su continuidad, a pesar de las medidas que se han adoptado. La Constitución realiza también una excepción por razón de sexo en el artícu lo 57.1: La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 146 Índice La discriminación por razón de sexo que incluye este artícu lo ha tenido una consideración por la doctrina muy diferente. En un primer momento, se contemplaba como una excepción al principio de igualdad, sin más justificación que la que se deriva de la tradición. Algunas autoras, en los años ochenta del siglo pasado afirmaban que el artícu lo 57.1 CE no es una excepción al principio de igualdad, sino que se trata de una discriminación por razón de sexo (de la que además eran conscientes los constituyentes que permitieron que se plasmara en el texto constitucional). Después de un estudio pormenorizado en el que se analizan argumentos como la tradición, el poder de autonomía de la Corona y la función del rey como servicio, llegan a la conclusión de que el artícu lo 57 ce es una vulneración al principio de igualdad (Mellado Prado, Gómez Sánchez 1984). Finalmente, parece existir una tendencia tanto en el ámbito político como doctrinal acerca de la discriminación que representa para las mujeres de la familia real la regulación del artícu lo 57 ce, incluso alguna propuesta de reforma constitucional. La cuarta diferenciación en el tratamiento constitucional entre hombres y mujeres se encuentra en el artícu lo 58 ce: «La Reina consorte o el consorte de la Reina no podrán asumir funciones constitucionales, salvo lo dispuesto para la Regencia». En este artícu lo se establece que la consorte del rey tendrá tratamiento de reina, pero al consorte de la reina le está prohibido igual tratamiento. La cuestión es por qué no puede tener tratamiento de rey el consorte de la reina. La lectura del texto podría llevar a afirmar que existe una discriminación por razón de sexo en favor de la mujer, pero no es así. Es necesario incorporar al análisis la realidad que tienen las mujeres y los hombres, incluidos los pertenecientes a la monarquía. La constitución intenta evitar la coexistencia nominal de reina y rey cuando la que desempeña las funciones constitucionales es la reina. 1.3. La igualdad como solución al problema de la discriminación Fuera de los casos señalados anteriormente, la Constitución, para resolver el problema de la discriminación de las mujeres, opta por fórmulas admitidas en la teoría constitucional. Regula la igualdad como principio, valor y como derecho público subjetivo, a la vez que determina la prohibición de discriminación a personas o grupos que por poseer unas características inmutables han sido histórica (Barrère 1997) y jurídicamente situadas en posición de desigualdad en relación con el grupo dominante. Los artícu los que hacen referencia a la igualdad en la Constitución española son el artícu lo 1.1, el 9.2 y el 14 ce; a través de ellos se pueden extraer reglas y pautas de Derecho, igualdad y discriminación (SRM005) 147 Índice comportamiento de los poderes públicos para eliminar las desigualdades no solo desde las normas, sino también a través de las actividades de los poderes públicos encaminadas a eliminar los obstácu los que impidan la igualdad. Estos artícu los, a pesar de ser fundamentales para el desarrollo constitucional en un sentido igualitario, no motivaron grandes conflictos en su redacción (Ventura 1999). La igualdad hay que relacionarla con el Estado, y una muestra de ello es el artículo 1.1 ce, que la sitúa como un valor superior que debe inspirar todo el ordenamiento jurídico. Entre estos valores que la propia Constitución señala como superiores ( libertad, justicia, igualdad y pluralismo político), la igualdad, de acuerdo con la interpretación del Tribunal Constitucional (sstc 8/1983, 53/1983 y 75/1983), se proyecta con una eficacia trascendente de modo que toda situación de desigualdad persistente a la entrada en vigor de la norma constitucional […] deviene incompatible con el orden de valores que la Constitución, como norma suprema proclama. La igualdad, al vincu larla al Estado, viene necesariamente redefinida a través de los valores que se predican del Estado social y democrático que, evidentemente, modifican de forma sustancial su contenido tal y como se entendían en el Estado liberal. En este sentido, nuestra Constitución incorpora con respecto a la igualdad lo que el profesor Rubio Llorente (1991) denomina el cambio de significado de este principio. Aunque las constituciones siguen refiriéndose a la igualdad, esta ya no es considerada como una igualdad formal, es decir, una igualdad como punto de partida sino una igualdad como resultado final, en la medida que se deben corregir las desigualdades que genera la sociedad. La mención de no discriminación por razón de sexo que contempla el artículo 14 ce no cabe duda que está referida al sexo femenino, como así lo explicitó la única diputada de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Libertades Públicas una vez aprobado el texto, puesto que, aunque no se diga de forma explícita, existía una situación de hecho y de derecho de inferioridad de las mujeres (Ventura 1999, 142). La consideración de las mujeres en la legislación anterior a la Constitución, más exactamente hasta el año 1975, era la de una menor de edad. La vincu lación de los valores a la forma del Estado representa un hecho de gran trascendencia jurídica. Implícitamente se incorpora al texto constitucional el cambio de significado con respecto a la igualdad: «la igualdad no es un punto de partida sino una finalidad…» (Rubio Llorente 1991). La igualdad material debe entenderse desde una doble dimensión: como un punto de partida que sitúa a los poderes públicos ante la necesidad de establecer un conjunto de medidas para conseguir que los ciudadanos tengan unas condiciones similares para el ejercicio de los derechos MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 148 Índice y como un punto de llegada para evaluar que el resultado final es realmente igual (Garriga 2001). Los constituyentes no solo incorporan el cambio de significado del principio de igualdad, sino que además trasladan al texto constitucional una determinada estructura de las normas fundamentales. Así, se recoge la igualdad desde categorías diferentes, como valor superior del ordenamiento jurídico y como principio. Esta doble dimensión de la igualdad refleja la importancia que el constituyente le ha asignado: por una parte, será un valor y estará en el propio fundamento del Estado, nacido en la Constitución del 1978; pero, al mismo tiempo, será inspirador de principios y generador de reglas prescriptivas en cuanto que principio. Parece no cuestionarse que la igualdad es un valor y a la vez un principio, pero, en realidad, cuando hablamos de igualdad ¿de qué igualdad estamos hablando? ¿Nos referimos a la igualdad de iure o a la igualdad de facto? O, lo que es lo mismo, ¿a la igualdad formal y la igualdad real o sustancial, como también se denomina? Se ha intentado identificar la igualdad con conceptos diferentes e incluso contrapuestos, es decir, por una parte, estaría la formal, y, por otra, la real o material, e incluso se ha identificado esa contraposición en nuestro texto constitucional mediante la identificación del artícu lo 14 con la igualdad formal y del artícu lo 9.2 con la igualdad real. La igualdad formal surge como una conquista de la revolución liberal contra el antiguo régimen, y se identifica con el carácter general de la ley, en tanto que expresión de la voluntad de la mayoría, caracterizada por la generalidad y la abstracción. Todos los ciudadanos son iguales ante la ley; son iguales en las normas y en su aplicación. Posteriormente, y a raíz de las aportaciones marxistas y socialistas, se toma conciencia de la insuficiencia del concepto de igualdad entendido exclusivamente en sentido formal. La pretensión de paliar esta insuficiencia conduce a la aparición del Estado social. La contraposición entre igualdad formal e igualdad real todavía sigue presidiendo los debates de parte de la doctrina como si, en realidad, se tratara de dos planteamientos diferentes integrados en un mismo sistema jurídico que, a la vez, dificulta la adopción de algunas medidas para la corrección de discriminaciones porque normalmente se antepone la idea de la igualdad formal sobre la pretensión de conseguir la igualdad real. La igualdad formal ha demostrado su incapacidad para solucionar los valores del Estado social, y su aplicación estricta puede llegar incluso a desvirtuar los postulados del aquel, pero ello no significa que en el Estado social se abandone la idea de la igualdad en la ley y de la igualdad en la aplicación de la ley, concreción de la igualdad formal, sino que en la elaboración y aplicación de la ley Derecho, igualdad y discriminación (SRM005) 149 Índice debe incorporarse el concepto de eliminación de la discriminación como puente (Rodríguez Piñeiro 1986, 76) para garantizar la no arbitrariedad de los poderes públicos y la igualdad real entre la ciudadanía, al menos, en aquellos aspectos que se consideren relevantes. La eliminación de la discriminación va a ser el elemento que interactúe entre la voluntad del legislador y el operador jurídico para conseguir la igualdad real. En principio las discriminaciones pueden ser de distintos tipos, pero el constituyente incorporó aquellas sobre las que existe un consenso: la raza, el sexo, etc. Estas discriminaciones sobre las que existe un consenso deben presidir la actividad de los legisladores y los operadores jurídicos, no tanto para observar si las leyes en su aplicación contribuyen a su eliminación, si no para integrar en la elaboración y en la aplicación de la norma las respectivas situaciones, prioridades y necesidades de mujeres y hombres de cara a promover la igualdad entre los mismos y analizar los efectos sobre las respectivas situaciones. La distinción que se ha venido estableciendo en estos años por los operadores jurídicos en relación a la igualdad, igualdad en la ley y en la aplicación de la ley, que de acuerdo con la doctrina del Tribunal Constitucional garantiza el artícu lo 14 ce, a nuestro entender, deja de tener sentido, dado que la igualdad hay que vincu larla al artícu lo 1.1 ce, tanto si se trata de la igualdad como valor o como principio, y al Estado social y democrático. Si partimos de la idea de que la sociedad crea desigualdades, la finalidad de la norma estará en solucionar estas desigualdades, pero el problema radica en cuáles son las desigualdades que tienen relevancia suficiente para que se intenten eliminar desde esa norma. Muchas superan el marco técnico-jurídico, por lo que las medidas estrictamente jurídicas resultarían insuficientes. Pero existen otras diferencias que deberían ser relevantes para el derecho, dado que sitúan la mayor parte de la ciudadanía en condiciones tales de desigualdad que les impiden el ejercicio de los derechos fundamentales, en las mismas condiciones que al resto de los ciudadanos. La Constitución contempla el sexo como una condición propicia a la discriminación, en referencia claramente al femenino como colectivo desfavorecido y, por ello, prohíbe la discriminación por tal motivo (Martín Vida 2003). Sin embargo, todavía no está suficientemente demostrado que la inclusión del sexo en el texto constitucional contribuya a solucionar el problema de la desigualdad de las mujeres. Parece como si existiera una prohibición expresa de trato diferente con respecto a los rasgos allí señalados (sexo); en definitiva, como si esa reconceptualización de la igualdad como resultado no se pudiera aplicar a las circunstancias señaladas en ese artícu lo. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 150 Índice La consideración de que existe una prohibición expresa de trato diferente en las circunstancias señaladas en el artícu lo 14 ce (raza, sexo, etc.), es parcial o, más bien, contraria a la propia Constitución. El principio recogido en este artícu lo acerca de la prohibición de discriminación no debe entenderse como un principio aislado y, por tanto, que pueda entrar en contradicción con el texto constitucional. Aunque la redacción del artícu lo 14 ce no contribuya a clarificar esta cuestión, la igualdad que plantea no puede desvincu larse de la concreción del valor que inspira este principio, que debe su origen al mismo valor de igualdad recogido en el artícu lo 1.1 ce como fundamentador de un Estado social y democrático que tiene como misión, entre otras, eliminar los obstácu los que impiden a los ciudadanos ser iguales (Rodríguez Piñeiro 1986). El sexo ha sido, y sigue siendo, un factor de relevancia social que tiene implicaciones jurídicas desfavorables para las mujeres. Históricamente, estas han sido relegadas en la sociedad, y esta marginación ha alcanzado la categoría de norma. Aunque en la actualidad no sucede de la misma manera, el sexo femenino sigue siendo un factor relevante que aparentemente no se tiene en cuenta, pero en la práctica resulta determinante para el desarrollo de las relaciones sociales y, por tanto, de las relaciones jurídicas. El sexo es un factor importante que sitúa a todas las mujeres en una categoría jurídica inferior en relación al hombre, por el simple hecho de pertenecer a ese grupo. Es por ello que las normas jurídicas y la Constitución tienen efectos diferentes según se aplique a las mujeres o a los hombres por la posición de subordinación o dominación que ocupan. 2. LA INFLUENCIA DEL DERECHO ANTIDISCRIMINATORIO EN LAS LEYES DEL ESTADO EN MATERIA DE IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN POR RAZÓN DE SEXO El denominado derecho antidiscriminatorio ha tenido una influencia importante en nuestro país, así como los diferentes mandatos y recomendaciones de organismos internacionales sobre igualdad y no discriminación que han influido en los poderes públicos a la hora de adoptar medidas para la igualdad de mujeres y hombres. Para ello se han articu lado una serie de políticas públicas, algunas de carácter obligatorio, otras de carácter promocional, con la intención última de garantizar la igualdad. En esta línea se han aprobado leyes de igualdad tanto en el ámbito autonómico como estatal. El significado de estas leyes es el reconocimiento jurídico de que Derecho, igualdad y discriminación (SRM005) 151 Índice los hombres y las mujeres son iguales en dignidad humana y en derechos y deberes. Algún sector de la doctrina ha afirmado reiteradamente que no hacía falta una legislación específica sobre esta materia porque se entendía que este reconocimiento está contemplado en todos aquellos textos jurídicos que establecen la dignidad del hombre. Sin embargo, diferentes análisis y estudios de la realidad confirman que existe una gran diferencia en el ejercicio de los derechos a favor de los hombres que refleja los diferentes grados de dignidad en el que viven unas y otros. La persistente desigualdad en el ejercicio de los derechos de más de la mitad de la población evidencia la inefectividad del principio de igualdad contemplado en todas las constituciones democráticas. La activación del principio de igualdad en el Estado constitucional ha posibilitado, por una parte, la ampliación de la titularidad de los derechos reconocidos en un primer momento, sobre todo de los de participación política, a los hombres que, por sus condiciones de raza, de capacidad y de propiedad, estaban excluidos y, mucho más tarde, se amplió a las mujeres. Otra consecuencia, no menos importante, de la activación del principio de igualdad ha sido la de contribuir a la transformación del Estado que ha pasado de ser un Estado al que no le interesaban las desigualdades existentes en la ciudadanía, a otro que ha incorporado a su preocupación la necesidad y obligación de eliminarlas. Este hecho trajo como consecuencia el reconocimiento de nuevos derechos, los denominados derechos sociales, y, a la vez, una reconceptualización de la igualdad: la igualdad ya no será la igualdad formal del Estado liberal, sino que se buscará la igualdad como resultado final. La aprobación de las leyes de igualdad ha permitido el reconocimiento legal de conceptos desarrollados por el derecho antidiscriminatorio y, también desde el punto de vista doctrinal, supone un paso adelante en la consolidación de los debates sobre el derecho a la igualdad efectiva de las mujeres. Ya no será necesario buscar, continua y reiteradamente, argumentos acerca de si la igualdad de mujeres y hombres es un derecho, porque la ley así lo contempla y además obliga a la eliminación de la discriminación. A pesar de este reconocimiento, el pensamiento feminista analiza los efectos de las normas y la necesaria reconducción de sus postulados al cuestionamiento del sistema sexo/género. Uno de los debates que se plantea acerca de las leyes de igualdad es si la ley establece un genuino derecho de las mujeres diferente al de los hombres o sí realmente se limita a ser consecuente con la igualdad que propugna la Constitución. En nuestra opinión, las leyes de igualdad no otorgan a las mujeres derechos diferentes a los establecidos en la Constitución, lo que establecen son mecanismos para hacerlos efectivos, fundamentalmente aquellos en los que las mujeres encuentran más obstácu los para su ejercicio. MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 152 Índice Reconocer la titularidad de los derechos y no garantizar el ejercicio de estos es incumplir el principio de igualdad jurídica e indirectamente y, de alguna manera, se puede llegar a cuestionar la titularidad, porque ¿de qué sirve reconocer derechos si en la práctica no se pueden ejercitar? Para dar cumplimiento a la igualdad jurídica en el ámbito de los derechos fundamentales, esta debe estar presente en los dos aspectos de los derechos: titularidad y ejercicio. Una estricta igualdad jurídica aplicada a los derechos fundamentales requiere que no se produzcan diferencias ni en su titularidad ni tampoco en su ejercicio. Las leyes de igualdad regulan una serie de materias que afectan a la dimensión práctica de la efectividad del principio de igualdad, esto es, si las mujeres y los hombres tienen los mismos derechos y si las mujeres sufren discriminaciones en relación a estos, es a ellas a las que se les está violando este principio de igualdad y, por tanto, se requerirá de una ley específica de garantías jurídicas para eliminar esta situación. 2.1. Las comunidades autónomas y la igualdad de mujeres y hombres La estructura territorial del Estado ha configurado un mapa autonómico en el que todo el territorio está organizado en comunidades y ciudades autónomas con numerosas competencias que se han venido ampliando sucesivamente. Los Estatutos de Autonomía que se elaboraron y aprobaron desde los años ochenta hasta el 2005 se limitaron a reconocer la igualdad jurídica entre las mujeres y los hombres, incidiendo algunos de ellos en reproducir el artícu lo 9.2 de la Constitución que instituye a los poderes públicos en garantes de la igualdad real y efectiva. Los años transcurridos desde la aprobación de los primeros estatutos hasta la actualidad han sido unos años en los que el debate sobre la igualdad y la no discriminación por razón de sexo ha tenido una presencia, hasta ahora, impensable tanto en la opinión pública como en el ámbito académico y, finalmente, se ha plasmado a nivel legislativo, primero a través de la aprobación de leyes autonómicas sobre igualdad de mujeres y hombres, y después en los Estatutos de Autonomía que son la norma institucional básica de las comunidades autónomas. Quizá una de las influencias más destacables para este avance en materia de igualdad en nuestro país haya sido la influencia que han tenido las políticas que la Unión Europea ha venido desarrollando en ese sentido desde los años ochenta, sobre todo en el ámbito de sus competencias, para incrementar la igualdad entre mujeres y hombres. También, cabe destacar el ámbito internacional las conferencias mundiales sobre la mujer auspiciadas por las Naciones Unidas y, concretamente, Derecho, igualdad y discriminación (SRM005) 153 Índice la IV Conferencia Mundial de las Mujeres celebrada en Pekín (1995) en la que se aprobó la Plataforma de Acción con 156 medidas cuyo contenido ha influido de una manera considerable en los estados firmantes y en la Unión Europea. Cabe recordar como ejemplo más destacable la incorporación del mainstreaming, término acuñado en la plataforma de Pekín y que ha representado un gran avance en las políticas de igualdad incorporando la necesidad de rediseñar políticas transversales. La creación del Instituto de la Mujer y su clara influencia en las políticas públicas representaba un ejemplo a seguir por las cc. aa. y, así en la mayoría de estas se crearon organismos con funciones parecidas en el ámbito de su competencia. Incluso algunas cc. aa. avanzaron en el desarrollo de las políticas de igualdad y aprobaron leyes al respecto en el ámbito autonómico. Es evidente que todos estos acontecimientos favorecieron que los parlamentos autonómicos, en los que se inician las últimas modificaciones estatutarias a partir del año 2006, no pudieran obviar esta problemática y, si bien no recogen todo lo que sería deseable de acuerdo con las propuestas en materia de igualdad realizadas por expertas en derecho constitucional, sí que representan un avance con respecto a los anteriores Estatutos de Autonomía. Las reformas no solo afectan al ámbito competencial, sino que centran su interés en establecer un mayor reconocimiento y garantía de los derechos de la ciudadanía contemplando y desarrollando derechos e instrumentos para hacer efectiva la igualdad de mujeres y hombres en todos los ámbitos. Los Estatutos de Autonomía establecen, con respecto a los derechos, referencias a aquellos reconocidos en la Constitución española y en el ordenamiento de la Unión Europea. Así como a los instrumentos internacionales de protección. Pero, sobre todo, vincu lan a los poderes públicos autonómicos con estos derechos y con la obligación de velar por su cumplimiento. Por otra parte, cabe destacar que el legislador autonómico, en términos generales, ha tenido una mayor sensibilidad a la hora de regular con rango de ley materias relacionadas con la igualdad de mujeres y hombres. Las primeras leyes de igualdad se han aprobado en las cc. aa. Los gobiernos autonómicos, en el ámbito de sus competencias, han iniciado un proceso de regulación con rango de ley de acciones para la igualdad de las mujeres. Todas las comunidades autónomas cuentan con legislación en materia de igualdad de mujeres y hombres, aunque algunas no tengan leyes específicas al respecto. El contenido de estas leyes difiere bastante de unas a otras no solo en los ámbitos que regulan, sino también en el carácter imperativo o de sensibilización. Algunas de ellas se acercan más a la idea de lo que sería un plan de igualdad que a una ley, MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 256 Índice CONTENIDOS 1. LAS MUJERES EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN Y EL CONOCIMIENTO 1.1. La brecha digital y las mujeres El concepto de brecha digital (digital divide) se popularizó en la década de los noventa como indicador de progreso y avance en base a la incorporación de las tic en sus sociedades. La medida mostraba desigualdad entre países y regiones (en términos de infraestructuras, coste y número de usuarios), en lo que respecta a su utilización (accesibilidad a las tic y competencias formales e informales), así como en relación a las personas potencialmente usuarias, teniendo en consideración sus dimensiones de género, edad, origen étnico o estatus socioeconómico (Rogers 2001). Las brechas digitales son reflejo de las distintas fracturas sociales; es decir, quienes tienen menos recursos y oportunidades, también presentarán más riesgo de exclusión en la sociedad de la información y del conocimiento (Van Dijk y Hacker 2003; van Dijk 2012; Hargittai y Hsieh 2013). En 2001, la ocde declara la lucha a la brecha digital. Las tic son herramientas fundamentales para el desarrollo social y personal mediante las cuales es posible promover un crecimiento económico global y, a nivel individual, adquirir ventajas que contribuyen a jugar un papel en la sociedad. Como instrumentos analíticos, utilizamos el concepto de primera brecha digital para hablar del acceso a las tic (la existencia de servidores, ancho de banda, ordenadores, etc.), de segunda brecha digital para referirnos a la capacidad para manejar las herramientas digitales (las habilidades y competencias necesarias) y de tercera brecha digital para hablar de la apropiación (el tipo de utilización y preferencias de uso) (Van Dijk y Hacker 2003; Castaño 2008; Harigatti y Walejko 2008). La población con competencias digitales, capaz de utilizar las tic, puede vehiculizarlas para adquirir otros recursos, esenciales para la vida, como la educación, la salud, la información, el empleo, e incluso adquirir derechos y libertades o tener capacidad de compra. A lo largo del tiempo, la primera brecha digital de género se ha ido cerrando (Gil-Juárez, Feliu y Vall-llovera 2011), entre otras cosas por la aparición de los dispositivos móviles conectados y la influencia positiva de las políticas de alfabetización digital. Sin embargo, esa brecha sigue existiendo cuando otras fuentes de desigualdades estructurales interseccionan entre sí. Las mujeres pobres, rurales o con menores credenciales educativas presentan una menor presencia en la sociedad del conocimiento, bien por una falta de acceso (primera brecha digital), bien por falta de Las mujeres en la sociedad del conocimiento (SRM009) 257 Índice competencias digitales (segunda brecha digital), lo cual, suele estar relacionada con un menor interés por estas herramientas o menor intensidad en su uso (tercera brecha digital). Por ejemplo, Maria João Simões (2011) sugiere que las mujeres adultas pasan menos tiempo y muestran menos interés por estas herramientas. Pero, alrededor de este tema suelen repetirse algunos mantras que refuerzan los estereotipos negativos sobre las mujeres y las tecnologías, su supuesta tecnofobia o rechazo a estas. Se dice, por ejemplo, que las mujeres participan en menor medida que los hombres en actividades políticas o de juego, a pesar de que los datos no confirman esa hipótesis. La conclusión no puede ser que las mujeres y las chicas no estén interesadas en las tecnologías y no quieran participar de la sociedad del conocimiento, sino que tienen intereses diferentes a los hombres y a los chicos, asumiendo una perspectiva propia (Harding 1986; Haraway 1988; Longino 1990). El diseño de las tecnologías está trazado con marcas de género (gender script según Madeleine Akrich 1992) que impulsan el consumo de niños o de niñas. Los estudios cts (ciencia, tecnología y sociedad) han mostrado que los productos se diseñan para un grupo social con marcas de género invisible, por ejemplo, en las maquinillas de afeitar, la pornografía, etc. También en el ámbito del software, donde Friz y Gehl (2016) han señalado que Pinterest ofrece contenidos diferentes dependiendo del perfil del usuario o usuaria; muestra contenidos e imágenes relacionadas con representaciones tradicionales de masculinidad hegemónica o de feminidad tradicional porque los algoritmos del programa identifican y refuerzan los estereotipos de género. En esa misma línea de trabajo debemos mencionar la conducta de las empresas tecnológicas cuando quieren fomentar el consumo femenino, diseñando productos de color rosa. La industria rosa de los videojuegos (pink software) también ofrece productos específicos para chicas, algunos con propuestas que promueven la igualdad y los valores de justicia y solidaridad; pero, en general, el mercado trivializa las necesidades de las mujeres o personas con otras identidades de género reforzando su situación de discriminación y vulnerabilidad. 1.2. La inclusión de las mujeres en la sociedad del conocimiento La participación de las mujeres en la sociedad del conocimiento no se reduce a la utilización de las tic; otra línea de reflexión relevante es su representación en los estudios y las profesiones del ámbito tecnológico (Valian 1997; Xie y Shauman 2003; Castaño 2008; González Ramos, Vergés y Martínez 2017), así como en la producción de contenidos más allá de pertenecer a un colectivo profesional u otro. Los datos indican que la brecha de género es muy importante en todos los niveles MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 258 Índice académicos. Por ejemplo, según datos de la Subdirección General de Estadística y Estudios del Ministerio de Educación y Formación Profesional, en el curso 20172018, las mujeres matricu ladas en alguna especialidad de informática representaban alrededor del 17-18 % en FP básica, media o superior; según la Subdirección General de Coordinación y Seguimiento Universitario, Sistema Integrado de Información Universitaria, en el curso 2016-17, las mujeres suponían el 12 % del alumnado en informática y el 28 % en las ramas de ingeniería, industria y construcción. También el informe europeo She Figures, confirmaba una tendencia similar en todos los países de la Unión Europea, en el campo de las stem (es decir, un poco más amplio, del área de matemáticas, ciencia, tecnología e ingeniería), donde las mujeres siguen estando infrarrepresentadas a nivel universitario o de estudios de máster (32 %). El debate teórico de las últimas décadas ha tratado de identificar las causas por las que las chicas parecen menos atraídas por las vocaciones tecnológicas, aportando diversas explicaciones: 1) las capacidades naturales diferenciales entre chicos y chicas, 2) las preferencias y estímulos recibidos por niños y niñas en su entorno social y, en relación a las mujeres adultas, 3) los obstácu los relacionados con la segregación del mercado laboral. Respecto a la primera de las explicaciones, la mayoría de los estudios neurológicos y psicológicos, que comparan las competencias de hombres y mujeres rechazan la existencia de capacidades o niveles de inteligencia diferentes que expliquen la segregación de género (Spelke 2005; García-Pérez 2011). Otras investigaciones sugieren que la brecha de género en la elección de estudios de las niñas y de los niños está relacionada con: i) el entorno social ii) familiar de las niñas y niños, iii) el diferente trato recibido por maestros y maestras, iv) la imagen que se tiene de las profesiones, y v) los estereotipos construidos sobre las tecnologías en relación al sexo (Eccles et al. 2000; López-Sáez et al. 2008; García-Pérez et al. 2011). Respecto a los obstácu los relacionados con la segregación en el mercado laboral, las teóricas han destacado que las sociedades se organizan históricamente en torno a la división sexual del trabajo, es decir, hombres y mujeres realizan diferentes tareas que reciben una valoración económica, social y simbólica diferente (Murdock y Provost 1973; Hartmann 1994). Las economistas Barbara Reskin y Patricia Roos (1990) afirman que el mercado laboral segrega a las mujeres en empleos que reciben menos recompensas económicas y de prestigio. Precisamente, el sector de las tecnologías es un sector dinámico y prestigioso, con buenos salarios, por lo que esta teoría explicaría la situación de infrarrepresentación femenina en él. Otros autores han señalado que las mujeres suelen incorporarse a los nuevos espacios profesionales, desapareciendo más tarde cuando esas áreas se prestigian como si fuese la caja de un mago (Etzkowitz y Ranga 2011); ello habría ocurrido Las mujeres en la sociedad del conocimiento (SRM009) 259 Índice con la informática en los años setenta, en la geología en el siglo xix o con la neurología en la década de los noventa. Otros estudios de carácter cualitativo sugieren que los factores que desaniman a las mujeres en este sector son la cultura del trabajo, la masculinidad hegemónica y la identidad profesional fuertemente masculinizada (Cockburn 1983; Kvande 1999; Faulkner 2007). Desde este punto de partida, diversos trabajos exploran cuáles son los mecanismos de inclusión de las mujeres en las profesiones tecnológicas. Para ello es preciso reenfocar la cuestión no como un problema centrado en las mujeres o en sus roles como madres o cuidadoras, sino en la necesidad de cambiar estructuralmente las organizaciones para incluir a las personas diversas que, de hecho, conforman sus empresas. De este modo, se estimula la puesta en marcha de otra cultura empresarial, políticas positivas laborales como la conciliación, la flexibilidad de horarios, etc., que requilibre la situación de desigualdad inicial a la que se enfrentan las mujeres (Kelan 2002; Faulkner y Lie 2007, González et al. 2017). Las organizaciones deben procurar no solo incorporar, sino también retener y promocionar el talento femenino, ajustando la organización del trabajo dentro y fuera de las oficinas (el teletrabajo es cada vez más habitual), y estableciendo mecanismos de evaluación de méritos y de recompensas más equitativos; en definitiva, creando una cultura de igualdad y justicia. Estos cambios deben trasladarse también a las personas que integran las organizaciones: superiores, compañeros, hombres y mujeres, y de estas mismas en sus entornos sociales: familia, redes sociales, amistad… En este espacio, las relaciones deben ser más igualitarias, con la plena asunción de que el trabajo de cuidado es de corresponsabilidad compartida, independientemente del sexo de sus integrantes. A nivel conceptual se han acuñado dos conceptos muy populares que conviene conocer, «segregación horizontal» y «segregación vertical», para denotar la desigual distribución de las mujeres en los diferentes campos de conocimiento y a lo largo de sus trayectorias profesionales, respectivamente. Precisamente porque pareciera como que las mujeres se van perdiendo por el camino durante su trayectoria profesional en las organizaciones, es muy común utilizar la metáfora de la «cañería que gotea». Aunque es más correcto hablar de un «suelo pegajoso», que alude al hecho de que las mujeres se han incorporado en todos los sectores económicos y tipos de organizaciones, pero en las categorías profesionales inferiores, sin posibilidades de ascender hacia categorías superiores. Si atendemos al mismo problema desde la cúspide de las relaciones jerárquicas de una organización solemos emplear el término: «techo de cristal». Las mujeres pueden participar en la construcción de la sociedad del conocimiento también como productoras y consumidoras de información (según Remedios Zafra, MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 260 Índice «prosumidoras», 2012), independientemente de cuál sea su orientación profesional. Desde sus inicios, se pensó que internet sería una estructura horizontal capaz de erradicar las desigualdades existentes en la sociedad, principalmente de género y étnicas (Plant 1995, Haraway 1995). Sin embargo, esta posición utópica ha sido cuestionada por diversas autoras, señalando que las estructuras de poder y de desigualdad social también se reproducen en las redes sociales. Asimismo, que el hecho de que no exista una marca de género no implica su eliminación sino únicamente la invisibilización de los rasgos discriminantes o de desigualdad (Rheingold 1993; Zoonen 2001). Para analizar los sesgos de género debemos medir la participación de las mujeres como prosumidoras y la cantidad de contenidos relacionados con las mujeres en internet. Anuradha Uduwage (2014) afirma que, en 2008-2009, las editoras mujeres en Wikipedia representaban el 16 % y aportaban el 9 % de las ediciones totales. También afirmaba que los artícu los con mayor participación femenina y de temáticas femeninas, respectivamente son susceptibles de provocar controversia con mayor frecuencia. En cambio, esta participación inferior de las mujeres se contrapone a las cifras manejadas por las empresas de márquetin, que estiman la presencia de las mujeres en redes sociales en un porcentaje del 7 % mayor que los hombres. Se trataría, sobre todo, de mujeres de unos 35 años, que trabajan por cuenta ajena y que aseguran que sus decisiones de compra se han visto influidas por contenidos procedentes de esas mismas redes sociales (38 %). Las redes sociales y los contenidos digitales en internet han ido creciendo según una lógica neoliberal y los valores imperantes en la sociedad patriarcal, sin realizar ningún tipo de reflexión en torno a los riesgos y los estereotipos que estamos reproduciendo ni, por tanto, evaluando las consecuencias sociales. Así, algunas autoras han denunciado que se actúa para demandar una restauración de los derechos de las personas solo cuando las faltas o los delitos se han cometido; mientras que socialmente no se consideran importantes las infracciones en las que se incurre consciente o inconscientemente en las redes sociales (Adam 2005, Penny 2014). Así, a diario se producen multitud de micromachismos, algunos de ellos inconscientes, como con el lenguaje no inclusivo o incluso ofensivo, o intencionales como los ciberacosos. Son tantos los ataques recibidos por las usuarias de internet que se ha extendido el uso del término «trol» para señalar a quien acosa y veja a otra persona (o grupo social) con argumentos machistas e hirientes. Pero las redes sociales también son unas herramientas valiosas para la movilización social y la lucha feminista. Elisabeth Friedman (2005) destaca que internet es un instrumento primordial para la generación de discursos locales. Es decir, vivencias locales que pueden extrapolarse y provocan un impacto globalizado mediante la difusión en las redes sociales; lo cual contribuye a superar el aislamiento social que Las mujeres en la sociedad del conocimiento (SRM009) 261 Índice padecen las mujeres en sociedades opresivas y machistas. Las asociaciones feministas que apoyan la igualdad de género utilizan las tic para comunicarse, compartir conocimiento y desarrollar estrategias comunes de reivindicación. Estas pueden organizarse a nivel internacional agrupando entidades locales, tanto para apoyarse mutuamente como para visibilizar de manera externa el objetivo de la lucha colectiva. Además, las tic pueden proporcionar información y recursos a mujeres concretas, ofreciendo información cualificada y anónima sobre cuestiones relevantes para ellas, pero que, en principio, les estaría vedada debido a situaciones de pobreza u opresiones de índole patriarcal, cultural, religiosa… Por ejemplo, pueden conseguir información sobre salud reproductiva censurada en sus comunidades de origen (González Ramos 2017). Diversos estudios sugieren que donde las mujeres constituyen una minoría, espacios hacker, gamers, etc., estas tienden a sufrir con mayor probabilidad agresiones verbales o micromachismos. También en los espacios fuertemente marcados de género, espacios feministas donde las mujeres reivindican su derecho a expresión, demandan igualdad de oportunidades y denuncian los privilegios masculinos hegemónicos. Algunos de estos espacios son atacados y se han visto obligados a cerrar, como el espacio gamer que organizaban un grupo de diseñadoras de videojuegos en 2017 en Barcelona o la página feminista Locas del coño. Las mujeres suelen ser víctimas del castigo social, las acusaciones y los prejuicios tanto en los espacios sociales físicos como en los virtuales. Esta práctica pretende desincentivar la agencia de las mujeres, que realizan una labor propia en las redes sociales; pero se puede combatir mediante la organización, el apoyo y la solidaridad, además de la denuncia pública y judicial. 1.3. Las mujeres y la lucha por el libre acceso de los bienes inmateriales Puesto que la información representa el nuevo medio por el cual accedemos a los derechos sociales y al logro de fuentes de bienestar, es primordial que las mujeres tengan acceso a este bien inmaterial. Para ello, como hemos dicho, hay que trabajar sobre la infrarrepresentación de las mujeres y su invisibilidad tanto en el uso como en la producción de contenidos. Es decir, hay que sumar a un mayor número de mujeres, prosumidoras, diseñadoras, creadoras de contenidos, que añadan su «punto de vista» (standpoint, Haraway 1988); que no tengamos únicamente una visión androcéntrica determinada por la mayoría numérica que suponen los hombres creadores, diseñadores, profesionales y superiores jerárquicos en las organizaciones MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 262 Índice tecnológicas. Por otra parte, hay que monitorear la visibilidad de las mujeres, es decir, que estas, en cuanto personas físicas trabajando en el sector o representadas en contenidos informacionales específicos, sean visibles para todas y todos. Solo de este modo se combatirá el prejuicio negativo atribuido a las mujeres en las tecnologías. Por último, debemos estar vigilantes sobre las múltiples violencias de género que se producen en las redes sociales y entornos virtuales. Desde el punto de vista de los derechos de las mujeres, resulta esencial garantizar que internet sea entendido como un espacio público, seguro y libre de violencias, un espacio de para la distribución de información, solidaridad y empoderamiento (Adam 2005; Colman 2017; Sierra 2018; González Ramos 2019). 1.4. Conceptos básicos de « software libre» y «conocimiento libre» En las últimas décadas han aparecido y se han ido extendiendo en la escena internacional organizaciones sociales que propugnan la «liberación», es decir, la disposición libre de información en las redes sociales. Su fundamento descansa en dos argumentos básicos: por un parte, se considera que el conocimiento ha de ser « libre» puesto que es «un bien público que beneficia a la colectividad en general y permite el desarrollo igualitario» (Wikipedia, «Conocimiento libre», https://cutt.ly/ zl7eD6h). Por otra, los cambios sociales constatan la dificultad de seguir aplicando los derechos tradicionales de exclusividad intelectual únicamente a sus creadores porque tales derechos los suelen ostentar grandes empresas (propietarias de los medios de comunicación y del entretenimiento), demarcan objetos cuyo patrimonio no es de nadie o es cuestionable (explotación de ciertas invenciones, variedades biológicas, pequeñas piezas de diseño industrial o incluso gestos, como el one-click de los ratones) o, finalmente, porque el mismo proceso creativo de nuevas obras se ve constreñido por los derechos preexistentes. Podemos definir los conceptos «conocimiento libre» y «conocimiento abierto» como toda creación intelectual cuya titularidad de derechos de exclusiva se puede utilizar libremente, sin las restricciones que sobre ella establece la legislación de propiedad intelectual o industrial aplicable. Los orígenes y núcleos de referencia de este movimiento son, fundamentalmente: 1) el movimiento de software libre (free software) que inspira el proyecto Creative Commons, y 2) la Open Access Initiative, surgida y centrada en el ámbito de la literatura académica. Haremos un resumen de ambos procesos a fin de entender mejor qué los impulsa y cómo se estructuran. Las mujeres en la sociedad del conocimiento (SRM009) 263 Índice 1.5. El movimiento del « software libre» y las licencias Creative Commons En 1986, Richard Stallman publicó el Manifiesto gnu, en el que declaraba su motivación para crear una alternativa «libre» al sistema operativo Unix. Dicho sistema recibió el nombre de gnu (acrónimo recursivo que significa «gnu no es Unix»). Con la finalidad de asegurar que cualquier persona pudiese ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, cambiar y/o mejorar dicho software, se redactó una licencia de cesión de derechos de propiedad intelectual, denominada gnu General Public License (gPl) extensible a cualquier persona que la usase. Poco tiempo después, Stallman coordinó un nuevo proyecto en la Free Software Foundation cuya finalidad era garantizar que todas las personas pudieran ejercer «cuatro libertades»: i) libertad de usar el programa con cualquier propósito, ii) libertad de estudiar cómo funciona y adaptarlo a las propias necesidades, iii) libertad de distribuir copias y iv) libertad de mejorar el programa y hacer públicas las mejoras. Así, las personas autoras que ceden sus derechos mediante la licencia gPl permiten su uso a cualquier persona a cambio de que: 1) durante su reutilización siempre se de acceso al código fuente del programa y 2) las obras derivadas que se generen estén sometidas al mismo tipo de licencia y de las mismas condiciones de distribución. La cesión es irrevocable en la medida en que la persona usuaria respete las condiciones de la licencia. Pero la filosofía inspiradora del movimiento software libre fue objeto de muchas suspicacias; sobre todo, en el ámbito de su desarrollo comercial. Por ello, se ha venido reiterando que el término inglés free ha de entenderse en su acepción de «libre», no de «gratuito». No se impide la comercialización de este tipo de software cuando se acompaña de la prestación de servicios o del suministro de otros bienes. Las reticencias del sector comercial motivaron también la aparición de la Open Source Initiative (osi), promovida por Eric Raymond en 1998, que se centra en la disponibilidad del código fuente y de las posibilidades de desarrollo exponencial, mejora de la seguridad e interoperabilidad, entre otros. Esta iniciativa pretende adoptar un discurso más «neutro» ideológicamente, aceptando que las licencias acreditadas con la marca osi permitan la «no contaminación», es decir, que un programa osi pueda utilizarse total o parcialmente para generar un programa «propietario». En este contexto, también surge la organización sin ánimo de lucro Creative Commons (cc), fundada entre otros, por Lawrence Lessig. Inspirada en la licencia gPl, la cc propone facilitar modelos de licencias que permitan liberar de forma sencilla el uso, la distribución y, en su caso, la modificación de toda clase de obras de propiedad intelectual (excepto el software para el que, precisamente, cc recomienda el uso de la licencia gPl). cc propone el uso de varias cláusulas tipo que MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 264 Índice pueden combinarse por la persona autora para configurar una licencia de cesión de derechos propia, que también es irrevocable en la medida en que la persona licenciataria la respete. Así, todas las licencias cc incorporan, necesariamente, la cláusula de «Reconocimiento» de la autoría (Attribution, by) en virtud de la cual cualquier explotación de la obra autorizada por la licencia requerirá la mención expresa de a quién corresponde su creación. Las restantes cláusulas a las que las personas licenciantes pueden acogerse son las siguientes: −La cláusula «No Comercial» (Non commercial, nc) autoriza cualquier uso no comercial de la obra. En cambio, si se pretende usar la obra para actividades lucrativas, se ha de solicitar autorización previa, lo que permite a la persona licenciante que pueda obtener, si lo desea, una retribución económica. − La cláusula «Sin obras derivadas» (No derivate works, nd) permite copiar, distribuir y exhibir la obra, pero no alterarla o transformarla. − La cláusula «Compartir Igual» (Share alike, sa) establece que quien quiera transformar la obra o crear una obra derivada tendrá que hacerla accesible en las mismas condiciones de licencia establecidas en la obra original. Creative Commons también incluye en su sitio web la posibilidad de que quienes lo deseen liberen su obra al dominio público. Este es uno de los aspectos fundamentales en que se diferencian el sistema anglosajón y el europeo de copyright (o sobre propiedad intelectual). En el primero, cuando la obra se dedica al dominio público, se declara simplemente un uso «sin derechos reservados»; en cambio, en España y en otros estados de Europa continental y Latinoamérica, la legislación solo reconoce el dominio público de la obra una vez agotado el período de vigencia de los derechos de explotación, y aun entonces subsisten algunos derechos que pueden ser ejercitados por las personas herederas o por las Administraciones públicas. 1.6. Las iniciativas open access El punto de partida de las iniciativas open access (oa), suele situarse en una reunión del Open Society Institute (osi) del 1 y 2 de diciembre de 2001, en la que se elaboró la Budapest Open Access Initiative. Esta declaración se ha ido suscribiendo por personas investigadoras, universidades, laboratorios, bibliotecas, administraciones, revistas, editoriales, sociedades académicas y entidades afines de todo el mundo. La Iniciativa tiene como objetivo el acceso gratuito y en línea a la literatura científica, entendiendo por «acceso abierto» la Las mujeres en la sociedad del conocimiento (SRM009) 265 Índice disponibilidad gratuita en internet público, lo que permitiría a cualquier usuario leer, descargar, copiar, distribuir, imprimir, buscar o usarla con cualquier propósito legal, sin ninguna barrera financiera, legal o técnica, fuera de las que son inseparables de las que implica acceder a internet mismo. La única limitación en cuanto a reproducción y distribución y el único rol del copyright en este dominio, deberá ser dar a los autores el control sobre la integridad de sus trabajos y el derecho de ser adecuadamente reconocidos y citados. La oai recomienda dos estrategias complementarias del libre acceso: el «autoarchivo» de sus artícu los por parte de las personas investigadoras, según estándares definidos que permitan tratarlos como un único fondo de archivo; y las denominadas «publicaciones periódicas de acceso abierto», que «no podrán invocar restricciones de acceso por asuntos del copyright del material que publican», por lo que «no cargarán cuotas de suscripción ni acceso y buscarán otras formas para cubrir sus gastos». A partir de la Budapest Open Access Initiative se han ido sucediendo otras declaraciones institucionales, tanto colectivas como individuales, de entre las cuales hay que destacar por su trascendencia la Declaración de Principios para «[c]onstruir la Sociedad de la Información: un desafío global para el nuevo milenio» (2003). En ella, se afirma que «el desarrollo de las tic brinda ingentes oportunidades a las mujeres, las cuales deben ser parte integrante y participantes clave de la Sociedad de la Información», comprometiéndose «a garantizar que la sociedad de la información fomente la potenciación de las mujeres y su plena participación, en pie de igualdad, en todas las esferas de la sociedad y en todos los procesos de adopción de decisiones», así como a «integrar una perspectiva de igualdad de género y utilizar las tic como un instrumento para conseguir este objetivo». Para el cumplimiento de dichos objetivos, la cumbre que dio lugar a esta declaración apoyó explícitamente el software libre y la promoción del acceso universal, con las mismas oportunidades para todos, al conocimiento científico y la creación y divulgación de información científica y técnica, con inclusión de las iniciativas de acceso abierto para las publicaciones científicas. Es importante señalar que incluso una vez alcanzada la aspiración de crear una sociedad digital caracterizada por el open access seguiríamos teniendo cuatro barreras: 1) barrera de filtrado y censura (puesto que muchas organizaciones, empresarios y gobiernos quieren limitar lo que se puede ver), 2) barreras de lenguaje, puesto que la mayor parte de los contenidos en línea están en inglés o en una única lengua, 3) barreras de acceso a discapacitados (pues la mayor parte de sitios web no son MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 272 Índice alfabetización comunicativa deben atender a seis dimensiones: ideológica, del lenguaje, tecnológica, estética, de producción y de recepción. Se trata de ofrecer en todas las etapas educativas las posibilidades cognitivas y prácticas para usar de manera libre, crítica y creativa las nuevas tecnologías en un entorno digital. Y, si este es el mandato educativo en lo que respecta a usos de los medios, no es menos urgente compaginarlo con la urgencia de capacitar a los más jóvenes en el desarrollo de relaciones sexuales y afectivas horizontales e igualitarias. En cada una de las dimensiones puede establecerse una formación para la conciencia de la propia identificación corporal, el reconocimiento de las emociones y el diagnóstico cultural de aquellos estereotipos y prejuicios que condicionan las relaciones. Asimismo, la educación en materia de comunicación implica desarrollar nuevas interpretaciones, crear lenguajes colectivos que generen una riqueza expresiva y representativa en favor de la pluralidad de experiencias. La educación afectivo sexual tiene, pues, un importante aliado en esta materia puesto que ambas son excelentes oportunidades de convertir la esfera pública de comunicación en un espacio verdaderamente intercultural e inclusivo para la transformación y mejora social. En definitiva, podemos establecer tres propuestas relacionadas con las competencias mediáticas necesarias para la igualdad: 1) el derecho a la inclusión digital, 2) derecho a una educación igualitaria y libre de marcas de género discriminatorias y sexualizadas, y 3) derecho a la capacitación tecnológica que fomente el empoderamiento de las chicas, así como de personas con identidades de género diversas. En las últimas décadas se han ido elaborando una serie de derechos fundamentales entre los que se incluye el derecho a la información y a la comunicación, el denominado derecho a la «inclusión digital», que pretende asegurar el acceso, utilización y apropiación de las tic de toda la ciudadanía, incluyendo, especialmente. a quienes forman parte de grupos vulnerables o tradicionalmente excluidos (López y Samek 2009). Tres conceptos claves son fundamentales en la consecución de este derecho fundamental: conectividad, accesibilidad y comunicabilidad. Según Duarte y Pires (2011): La conectividad, en este caso se refiere principalmente a la oferta y a la provisión de infraestructura y de equipos que permiten la conexión tecnológica a la red global de tecnologías de información y comunicación. Accesibilidad, se refiere a los programas que permiten y ayudan a la apropiación social de las infraestructuras y equipos tecnológicos, la cual, en un primer momento, se centra en la capacitación tecnológica. Por último, […] la comunicabilidad se genera con el uso libre de las tic, sin impedimentos, de manera que este uso permita que diversas acciones sean capaces de influir e incluso modificar, las relaciones socioeconómicas, políticas y culturales de los actores involucrados. Las mujeres en la sociedad del conocimiento (SRM009) 273 Índice El derecho a una educación igualitaria pretende superar los estereotipos negativos de género que expulsan a las niñas y a las mujeres de los entornos tecnológicos, profesionales y del mundo digital. Por otra parte, según la Declaración de la Sociedad Civil en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (2003): ha de promoverse la creación de programas educativos con perspectiva de género y con entornos de aprendizaje adecuados para habilitar a las niñas y mujeres durante todo su ciclo vital, como formadoras y líderes de la sociedad. En el contexto del Estado español se cuenta, además, con diferentes medidas normativas dentro de la Ley Orgánica para la igualdad de mujeres y hombres, y en la Ley Orgánica contra la Violencia de Género que. Especialmente. hacen referencia a dos ámbitos fundamentales: revisar los contenidos en todos sus niveles, desde la escuela primaria hasta el universitario, aplicándoles una perspectiva de género, e intensificar los estudios sobre igualdad en las materias y grados donde se establezca una especial relación (Ventura, Senent y García 2011). En cuanto al tercer derecho a la capacitación tecnológica, se trata de elaborar políticas de alfabetización digital adecuadas a la diversidad existente en las sociedades contemporáneas y que fomenten el empoderamiento tecnológico de las niñas y de colectivos con identidades de género diversos. Para ello se han de elaborar herramientas y contenidos que estimulen la participación de las mujeres, «en tanto agente activo y primario de cambio en la posesión, formulación, utilización y adaptación de las tic» (Declaración de la Sociedad civil… op. cit. 2003). Muy especialmente, allí donde las mujeres sean creadoras de tecnología en general, y de software y conocimiento libre en particu lar. Dicha participación debe contribuir a visibilizar y trabajar con autonomía en aquellos colectivos que están actualmente infrarrepresentados en las redes sociales, mayoritariamente androcéntricas. Así los derechos fundamentales deben ir encaminados a visibilizar a las mujeres en los contenidos científicos o sus diseños y aportaciones al avance del conocimiento; a comprometer a las entidades responsables en el aumento del número de mujeres en los espacios de poder, y a procurar la desaparición de las marcas de género discriminatorias o vejatorias hacia las mujeres y personas con identidades de género diversas. REFERENCIAS Adam, Alison. 2005. Gender, Ethics and Information Technology. Gordonsville: Palgrave MacMillan. Alain Ambrosi, Valèrie Peugeot y Daniel Pimienta. 2006. Palabras en Juego. Enfoques multiculturales sobre las Sociedades de la Información. C & F Éditions. https://cutt.ly/Zl7xnWQ MANUAL DE IGUALDAD EFECTIVA DE MUJERES Y HOMBRES EN EL ÁMBITO PÚBLICO Y PRIVADO 274 Índice Aparici, Roberto y Osuna, Sara. 2015. «Comunicación transmedia». En La educación mediática y los profesionales de la comunicación, dirs. Alejandro Buitrago, Eva Navarro y Agustín García Matilla. 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Decolonizar el discurso pedagógico desde la interseccionalidad de género, cultura y clase social. 2. Módulo II: estrategias educativas no sexistas. 2.1. Conocimiento y aprendizaje situado. 2.2. Análisis crítico de estrategias discriminatorias. 2.3. Estrategias de transformación. Referencias. Bibliografía básica y complementaria. INTRODUCCIÓN La asignatura de «Educación No Sexista» pretende acercar los retos de una formación para la ciudadanía crítica a las pedagogías feministas, desde las que hacer propuestas de análisis crítico y situado de estrategias discriminatorias hacia una educación inclusiva, intercultural y democrática que, desde la interseccionalidad de saberes y políticas, busca el empoderamiento y la transformación social. Su relevancia en el máster deriva de la necesidad y exigencia de posibilitar el acceso de todas las personas a una educación de calidad, que las prepare para la participación ciudadana en un mundo complejo y plural. Esto supone la revisión de las grandes finalidades y principios de la modernidad (y de la idea de la educación como instrumento útil para la igualdad), lo que nos acerca a posturas epistemológicas, políticas y pedagógicas de radicalización de la democracia y de las estrategias educativas que vincu lan los conocimientos y competencias desarrolladas en otras materias del máster con el ámbito educativo tanto formal (instituciones educativas) como informal (familia, contexto social, redes, medios de comunicación). [Document text truncated for crawler view.]