Las poblaciones prehistóricas del Levante español a la luz de la investigación antropológica y prehistórica
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Las poblaciones prehistóricas del Levante español ala luz de la investigación antropológica yetnológica J. M. GOMEZ TABANERA (Universidad de Oviedo) INTRODUCCION Desde que afinales del pasado siglo y dentro de la incipiente construcción de la Prehistoria hispana se inició el estudio de las mas viejas poblaciones que pudieron asentarse en el lIamado Levante español, se dara una larga y compleja polémica aún no cerrada, surgida de la interpretación de los datos, por distintos arqueólogos. Estos datos serían en un principio elaborados de acuerdo con concepciones mas o menos subjetivas, que si en un primer momento se forjaron al socaire del positlvlsmo y evolucionismo francés, no tardaron en ser revisados para poder integrarlos en construcciones históricocuiturales y difusionistas. 1Así, pronto, muy pronto, se presentara alas mas tempranas poblaciones de la Iberia mediterranea, como consecuencia de trans-etnizaciones norteafricanas. «Prenociones» de escuela, daran así un protagonismo particular al lIamado horizonte «capsiense», y a presuntas poblaciones paleolíticas lIegadas a I:=J Península desde el Africa Menor. Nacen así teorizaciones lIamadas ahacerse c1asicas,: bien conocidas, y cuyas últimas resonancias mas o menos vergonzantes seguiran siendo mantenidas por L. Pericot 3 (Solutense del Parpalló, vinculado al Ateriense norteafricano, etc.), J. Pérez de Barradas, D. Fletcher, M. Almagro Basch, E. Hernandez Pacheco 4e incluso J. Martínez Santa Olalla (cuando nos habla de dos corrientes, la ibero-sahariana y la hispano-mauritana, como bases del Neolítico hispano),5 así como algún otro. A la vez, 1. Para una visión general u orientación epistemológica sobre el particular, Cf. las obras ya desfasadas de los autores españoles: J. M. DE BARANDIARAN, Breve historia del hombre primitivo, "Anuario de Eusko-Folklore", XI, 1931; JULlO CARO BAROJA, Analisis de la cultura, Barcelona, C.S.I.C., 1949; del italiano J. IMBELLONI, Culturologia, Buenos Aires, Nova, 1953. Para profundizar un tanto en la cuestión Cf. ERNESTO DE MARTINO, Naturalismo e Storicismo nell'Etnologia, Bari, 1941; CARLOS ALONSO DEL REAL, Sociologia pre y protohistórica, Madrid, I.E.P., 1961; G. MONTANDON, Traité d'Ethnologie Culturelle, Paris, Payot, 1934; R. BOCCASINO, Etnologia Religiosa, S.E.1. Turin, 1958. 2. Así, H. OBERMAIER, El hombre fósil, Madrid, 1925; L. PERICOT, La España primitiva, Barcelona, 1950. No puede silenciarse tampoco la obra publicada en lengua catalana de P. BOSCH GIMPERA, Etnologia de la peninsula ibérica, Barcelona, 1932 y diversos trabajos del mismo autor. 3. Cf. L. PERICOT, Las raices de España (discurso de clausura en el XII Pleno del C.S.I.C., 1952), Sur les connexions européennes posibles de Alerien. Etat actual du problême. "Actes du lleme Congrès Panafricain de Prehistoria", Alger, 1952, pago 375 y sobre todo, del mismo autor, Reflexiones sobre la Prehistoria Hispanica (discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia, en Madrid, 10 de diciembre de 1972). Véanse particularmente paginas 56 y57. 4. De los mismos, me refiero concretamente aJ. PEREZ DE BARRADAS, La infancia de la humanidad, Madrid, Germen (s.d.), publicado antes de 1936; D. FLETCHER, Nociones de prehistoria. Valencia, 1932; M. ALMAGRO BASCH, Origen y formación del pueblo hispano, Barcelona, Vergara, 1958; E. HERNANDEZ PACHECO, Prehistoria del solar hispano, Madrid, 1959, sin olvidar aJ. MARTINEZ-SANTAOLALLA, Esquema paletnológico de la Peninsula Hisp{mica, Madrid, 1946. 5. Cf. J. MARTINEZ-SANTAOLALLA, Loc. cito Asimismo J. SAN VALERO APARISI, Perspectiva actual de la historia primitiva de España. Lección inaugural del curso 1956-57, Valencia, 1956, pags. 58-59. 2
18 J. M. GOMEZ TABANERA sin embargo, se hara la distinción entre la Iberia húmeda eIberia seca, diferenciando en aquélla la cornisa cantabrica, mas o menos continuación de los Pirineos atlanticos, hecho éste que hara realidad la configuración de un ambito «tranco-cantabrico» en el que los horizontes del Paleolítico Superior parecen continuar a los mismos vislumbrados en Aquitania. Sera, sin embargo, a partir de 1950, cuando el progreso alcanzado por la ciencia internacional al subrayar los riesgos de las interpretaciones precipitadas en Prehistoria, que pueden dar un pseudovisión de la vida de las poblaciones cuestión, mas si se prescinde de la documentación y aportaciones subsidiarias que hoy pueden brindar disciplinas auxiliares (Geología, Paleoclimatología, Paleontología, Arqueofísica, Ecología, Radiocronología, etc., etc.) y en las que la información y estimación cuantitativa es de tener en cu en ta a la hora de la elaboración cualitativa ... Esta es la fecha quiza, sin embargo, que en lo que se refiere al conocimiento de poblaciones tales como cazadores yrecolectores que se asentaron en el Levante hispano durante el Pleistoceno e inicios del Holoceno, no puede ya basarse meramente en datos y noticias aisladas, pues éstos por fuerza hay que integraries en «sistemas» o «complejos» que habremos de reconstruir mas o menos idealmente, partiendo empero de todos los datos de que dis ponem os, hoy quiza los suficientes para la obtención de un «modelo matematico». De esta forma podremos quiza trascender de añejas interpretaciones histórico-culturales e incluso funcionalistas, dado que al bocetar un sistema compartimental, con concretos componentes experimentales, a estudiar sobre una población, quiza podam os reconstruir en gran parte los sistemas energéticos utilizados por la misma, ya mantenidos mediante autorregulación o regulados por mecanismos de feedback. Hemos de tener en cuenta empero que hoy es imposible, incluso apelando ala mas cuidadossa reconstrucción histórica, conocer todas las fuentes y usos de la energía -alimento, calor, fuerza, etc.- que tuvieron asu disposición durante la Edad de Piedra las bandas o tribus de cazadores y depredadores paleomesolíticos, y que vivieron en el Levante tanta en el Paleolítico como en épocas sucesivas. Esta imposibilidad se acusa aún mas cuando sólo yen muy contadas ocasiones se dispone del analisis estratigratico de unas pocas estaciones, hecho éste que no nos permite aún establecer conclusiones zonales. Naturalmente, se dan realidades incontrovertibles. Así, por ejemplo, hoy ya se puede admitir que en un momento determinado del Neotermal las poblaciones en cuestión fueron afectadas decisivamente por la introducción de economías progresivas y que influyeron en sus tradicionales formas de producción. Adquiere así trascendencia, a partir de entonces, el conocimiento de ciertas técnicas que tenderan mas al usufructo del medio natural que asu depredación. Ello aportara el desarrollo de nuevas técnicas adaptativas, que les permitira enfrentarse asu entorno, sino con nuevos ecosistemas, tras la revisión de los ya existentes. Desde entonces cabe percibir determinadas fluctuaciones en la disponibilidad de los bienes de subsistencia a lo largo del año. Se revisara también el mecanismo de las relaciones sociales con otros pueblos de cultura quiza mas avanzada (y cons~cuentemente la participación en los bienes de éstos), pera también una especie de espíritu cooperativo, por el que se reparten los alimentos entre todo el grupo cuando los recursos son escasos, dando entrada así en la vida comunitaria a nuevas aportaciones y activi dades, que al igual que el tan traído y lIevado arte expresionista, es muy posible que tendiera auna mejor distribución de la energía calórica, lograda por un cazador afortunado, y a beneficio de un grupo mayor que el que pueda ser el constituido por su propio hogar obanda. Hoy quiza, yen una ordenación previa de nuestras adquisiciones, puede admitil'se que en la Edad de Piedra confluyeron en el Levante hispano varios tipos de grupos étni· cos, constituivos de bandas de cazadores y depredadores, que ignoramos si lIegaron aalcanzar realidad tribal. En estos grupos pudieron armonizarse formas tradicionales de vida, con otrélS mas o menos renovadoras, que IIegan con el ideario «agrolítico» a partir del V milenio a. C. Formas alas que, siglos después, habran de imponerse otras aportacias por los primeros prospectores y detentadores del meta I, que proporcionaran
POBLACIONES PREHISTORICAS DEL· LEVANTE ESPAÑOL 19 estabilidad alos viejos sistemas, haciendo viable la recepción de la nueva tecnología, de la que empiezan a ser testigos, y en la que incluso se colaborara con aportes de las industnas tradicionales. 1. Presupuestos etnológicos y antropológicos Uno de los problemas con que se enfrenta el antropólogo a la hora de intentar discernir el contenido cultural de los restos que cabe estudiar de las poblaciones que a caballo entre Pleistoceno yHoloceno, pera que viviendo en la Edad de Piedra nos dejaron el legado de un arte rupestre única ysin parangón posible con el lIamado «arte cuaternario cfmtabro-equitano» es el de suo integración dentro de alguno de los grupos diferenciados en el Mediterraneo Occidental. Cuestión ·ésta que quiza pueda abordarse partiendo del cuadro trazado hace un decenio por Carleton S. Coon en su obra «The Origin of Races»,6 en la que se nos dan ciertos atisbos para la identificación de las citadas poblaciones ypara la que quiza nos sean asimismo muy valiosas las elaboraciones lIevadas a cabo en los últimos años por R. P. Charles, R. Riquet, M. Fusté Ara, S. Alcobé y otros. 7 En su obra, que quiza pasara aser clasica,8 Coon parece afirmar la existencia en el Viejo Mundo y al clausurarse las hasta hoy últimas etapas de la lIamada glaciación wurmiense, es decir, hace unos 13.000 años, de una particular distribución racial en el Viejo Mundo que, particularmente creemos consecuencia de fenómenos cuya explicación no podemos intentar aquí, pero bien conocidos o puestos en evidencia por conspicuos especialistas como, por ejemplo, Von Eickstedt y R. F. Flint,q yque parece demostrar que con los inicios del Holoceno oépoca Neotermal logran diferenciarse las razas que integran la especie humana en cinca subespecies: caucasoides, mongoloides, australoides, congoides ycapoides,10 quedando distribuidas por la Ecúmene de la forma siguiente: los caucasoides en las regiones a la sazón pobladas por la especie humana en Europa yAsia Occidental; los mongoloides en el Oriente de Eurasia (China, etc.) ylos australoides en Sudoeste asiatico eislas adyacentes. Por su parte, el Continente Africano vendria a constituir el hogar exclusivo de los africanos melanodermos y xantodermos (bosquímanos y saans), al darse el hecho de que los paleomediterraneos leucodermos que habrían de asentarse en el Africa Septentrional, ni los antecesores de los actuales bereberes, no habrían logrado arribar o diferenciarse a partir de una «patria caucasoide». Asu vez y por lo que respecta a Asia propiamente dicha, los mongoloides no habían lIegado aún desde China ni al Sudeste de Asia ni aIndonesia. 6. Cf. CARLETON S. COON, The Origin ot Races, Nueva York, Knopf, 1967. Los cuadros de referencia se encuentran en la pagina 661 (map. 13). Mas asequible para el lector hispano es el que puede ver en la pagina 53 de la obra del mismo autor, traducida a la lengua castellana por ARTURO VALLS, Las hazas humanas actuales, Madrid Guadarrama, 1969, aun cuando en el mismo se sitúe a los denominados "capoides" en todo el Africa Septentrional, haciendo a la cuenca mediterranea yen líneas generales zona dominada por "caucasoides", hecho todavía no probado por la actual investigación paleoantropológica, referida a horizontes del Paleomesolítico, pese a recientes estudios de D. FEREMBACH. 7. Remitimos para una visión general de la cuestión a lo que hace ya varios años escribimos en términos parecidos en nuestro trabajo, Los verdaderos artifices del Arte Rupestre animalistico del levante español, incluido en el vol. LXXX de "Revista de Guimaraes". Siguen siendo validas bastantes de las conclusiones de M. FUSTE, contenidas en Raíces prehistórícas del compleio racial de la Península Ibéríca, "Zephyrus", VII, Salamanca, 1956, yEstado actual de la Antropologia prehistóríca de la Península Ibérica. "I Symposium de prehistoria de la Península Ibérica". Pamplona, 1960, pags. 363 yss. También en líneas generales S. ALCOBE, Guia para el estudío antropológico de las poblaciones prehístórícas de España, Madrid, IV Congo Intern. Cienc. Preh. yProtoh., 1954. 8. Ct. Intra nota 6. Dichos puntos de vista fueron asimismo desarrollados en la obra ya citada. del mismo COON, The Livíng Races ot Man, que, como ya se indicó, esta traducida al castellano. 9. Cf. E. VON ElCKSTEDT. Rassenkunde und Rassengeschcíhte der Menschheít. Stuttgart, 1934. Asimismo R. F. FLlNT, Glacial and Quaternary Geology, Nueva York, J. Wiley. 1947. 10. Naturalmente, el insistir aquí en los puntos de vista de C. S. COON, estriba en que, de los mismos, yen términos generales hemos partido desde años atras para nuestra visión general de la Paleoantropología de la España mediterranea y que hoy hemos modificado un tanto, partiendo de adquisiciones mas recientes, fruto de la especulación de A. THOMA. T. DOBNZHANSKY y E. O. WI LSON y D. FEREMBACH, entre otros que tienen en cuenta junta con los procesos étnicos, la Sociología y la Genética.
20 J. M. GOMEZ T ABANERA Partiendo de tales premisas, Coon nos presentara un planisferio del VieJo Mundo con una hipotética dlstribución de las subespecies de la humanidad, dandonos una visión, quiza demasiado «zoológica» de la Ecúmene, aún cuando en la cuarta en cuestión se aprecia ya trazada la lIamada línea Movius, presuponiendo quiza que en el Pleistoceno ninguna populación de la especie humana había logrado expandirse o crecer lo suficiente como para permitir la expansión de una subespecie, o en último término, de una raza al territorio de otra. En la representación cartogratica que nos presentaría Coon Ü en su obra «The Living Races of Mam>, aparte de configurar las cinca grandes regiones del Viejo Mundo en que, asu juicio, se fraguaron respectivamente las cinco subespecies humanas enumeradas anteriormente, se registrarían, con mas o menos aproximación, los Iímites septentrionales que conoció el espacio habitado por el hombre en el Viejo Mundo durante el Pleistoceno. En realidad dichos Iímites hoy quiza sólo pueden fijarse con los datos que nos han proporcionado las zonas periglaciares de Eurasia ylos yacimientos arqueológicos marginales que datan de la Edad de Piedra Tallada y en los que pudieron encontrarse restos fósiles y arqueológicos del hombre cuaternario, así como en virtud de observaciones particulares 12 que no han sido aceptadas unanimemente por todos los cUf.lternaristas. 13 No obstante, hoy, en 1977, pueden quiza darnos luz sobre determinados hechos aún en discusión. Ello no quita que sigan planteandose problemas ecológicos. Asi, en Europa yen una región tan norteña como Escocia, se encuentran restos fósiles de hipopótamos (?) al W. de la actual Iínea de los hielos invernales, y que la casi totalidad de los yacimientos arqueológicos desde el Atlantico al Pacífico, se encuentren del Jado calido de esta línea. En contraste, los yacimientos identificados en el lado frío se sitúan ya en pequeños islotes de clima templado, como ocurre en Hungría, ya en contextos concretos como sucede en Marskkleeberg. En este último lugar, sabemos que los cazadores del Pleistoceno Medio dieron muerte alos mamuts sirviéndose de curiosas acechanzas, haciendo pasar alos proboscídeos pòr un estrecho pasillo migratorio. Quiza sea interesante señalar, yantes de considerar plenamente, las perspectivas aue pueda ofrecer la visión de Coon en el enfoque de nuestro trabajo, subraya:' el hecho de que dicho autor sitúa a la «patri a» caucasoide en toda la extensa región que durante el Pleistoceno se extendía en el Viejo Mundo desde Dinamarca alas costas mediterraneas y desde el litoral atlantico-portugués al Subcontinente Indio, limitando al D. con el Africa Menor, con el Estrecho Gibraltar ydel lIamado «cuerno de Africa» por el Estrecho de Bab-el-Mandeb. En la región de Suez yGaza, existió entonces -nos remontamos a tlempos coetaneos de las última glaciación europea, la de Würmun pasillo terrestre que comunicaba aEurasia cOn Africa, por lo que Coon daría por sentado que pudo ser en esta región, con mas posibilidades que en cualquier otra de la Ecúmene, donde ini· ciaron sus primeros contactos los caucasoides ylos antecesores de los actuales melanodermos africanos, pera también con los que Coon denomina «capoides». De aceptar esto, nos encontraríamos indudablemente en el «cuello de la botelia» en el que se dieron 11. Reproducida en ese trabajo en la figura 2. 12. Cf. AI respecto M. DAY, Guide to Fossi/ Man, Londres, Cassell2,1969. En castellano se ha publicado recientemente yen una cuidada traducción la obra hoy clasica W. E. LE CROS CLARK, rhe Fossi! Evidence for Human Evo/ut/on, escrita hace algo mas de cuatro lustros, por lo que ha queddao obsoleta ante síntesis mas recientes, como son por ejemplo la de J. B. BIRDSELL, Human Evo/ution, Chicag0 2, 1972; G. WARD LASKER, Physica/ Anthrop%gy, Chicago, 1973, yya mas recientemente CLIFFORD J. JOLL YYFRED PLOG, Physica/ Anthrop%gy and Archae/ogy, Nueva York, Knopf, 1976. Ninguna de estas obras permite, empero, adelantar conclusiones que puedan hacerse extensivas a nuestro interés particular en relación con la etnogénesis de las gentes paleomediterraneas, que pudieron vivir en la Península Ibérica en la Edad de Piedra. 13. Hay que tener en cuenta que las concepciones actuales de la mayor parte de los cuaternaristas europeos se basan en una visión poliglacial del Cuaternario, mas que en una visión monoglacial. Dentro de la primera tendencia estan aparte de autores hoy clasicos, aportaciones mas' recientes. Así E. EBERS, Von Grossen Eiszeita/ter, Berlín, Springer, 1957; IAN CORNWALL, Ice Ages, rheir Nature and Effects, Londres, Baker, 1970; KARL W. BUTZER, Environment and Arche%gy, Londres, Methuen, 1972; J. CHAL1NE, Le Quaternaire, París, Doin, 197. Dentro de la visión monoglacial, pese a que la tematica tratada trasciende del punto de vista aquí concretizado, podríamos mencionar el reciente libra de PETER KAISER, Die Rückkehr der G/etscher, Viena, Malden, 1971.
POBLAC/ONES PREH/STOR/CAS DEL LEVANTE ESPAÑOL 21 inicialmente los primeros fenómenos de aculturación y miscegenación entre tres subespecies mas o menos coetaneas del Homo sapiens, iniciandose un proceso irreversible que terminara condicionando la distribución original de las populaciones humanas del Africa, de la misma forma que lo condicionara la transformación climatica que tiene lugar en el Africa Septentrional con la desertización del Sahara afinales del Pleistoceno yel advenimiento de los tiempos neotermales. 14 Cuando esta ocurre, ya el accidente del Viejo Mundo y concretamente el ambito geogratico constituido por la España Septentrional, Francia Occidental (Galia Atlantica) yPirineos ha conocido ya la explosión del I/amado arte rupestre y mobiliar cuaternario, fruto, quizas, de la genialidad de los primeros caucasoides asentados en el N. de la Península Ibérica, Aquitania yregión pirenaica,15 pero también de la actividad de gentes leucodermas que han aparecido en el Mediterraneo asentandose en toda su cuenca y constituyendo la l/amada por P. Graziosi provincia mediterranea del Paleolítico yEpipaleolítico.l 6De admitir esto, cabe preguntarse sobre la etnia aque pudieron pertenecer dichas poblaciones ycon la que, a nuestro juicio, tendremos que re!ncionar las primeras poblaciones prehistóricas del Levante español yque no creemos procedan de la región que I/amamos c€mtabro-aquitana. En el estado de nuestros conocimientos sólo cabe una contestación: son gentes pertenecientes al sub-orden que Coon ha denominado «capoide», aunque nosotros quiza debiéramos denominarlas con otros tratadistas sub-negroides afroseptentrionales circunmediterraneas, y cuyo asentamiento primitivo hoy quiza podamos reconstruir teniendo en cuenta el conocimiento que va lograndose de diversos vestigios antropológicos y arqueológicos.l 7Estos subnegroides que desde luego ypartiendo de recientes trabajos, aceptamos que a la larga pudieran haberse miscegenizado, con otros sustratos étnicos que han puesto en evidencia diversos estudios de C. L. Briggs, G. Camps, M-C. Chamla, D. Ferembach y otros, yen los que indudablemente existe una base europida que le vincula a través del I/amado hombre de CroMagnon y otros tipos a la que Coon asimila ala que denomina «sub-raza caucasica», pudieron muy bien asentarse araíz de progresivo desecamiento dei Africa Menor ylas sabanas saharianas asentarse durante algún tiempo que en el estado actual de investigación no podem os saber, en el litoral mediterraneo de la Península Ibérica que ala sazón conocía determinadas tradiciones leptolíticas. Yen tal caso hacer viable que en el litoral mediterraneo y retro país de la misma, pudieran convivir con «caucasoides» en un estadio cultural de cazadores yreco lectores yde los que ignoramos casi todo en lo que se refiere aorganización socio-económica. A tal etnia oalgún grupo importante, quiza pertenezcan esos tipos de presuntos rasgos negroides (?) que aparacen en el Mesolítico portugués, que encontró Mendes Correa en Muge, denominandole Homo afer taganus y que emparentó con los famosos «negroides de Grimaldi». ¿Qué decir de esto? Quiza re14. Para una visión moderna del continente africano durante el Cuaternario ylas presuntas migraciones que afinales del Pleistoceno conoció el Africa septentrional es muy útil la reciente obra de H. J. HUGOT, Le Sahara avant le Désert, Toulouse, Hespérides, 1974. 15. La bibliografía sobre la cuestión, rebasa toda posibilidad de dar aquí una visión general de la misma e incluso de las tendencias que la inspiran. No obstante, en los últimos años han alcanzado gran relevancia A. LAMING-EMPERAIRE, La signification de l'Art rupestres paléolithique, París, Picard, 1962; A. LEROI-GOURHAN, Préhistorie de l'art occidental, París, Mazenod, 1965. Para una visión general, con vistas asu visita o conocimiento directo, véase para Francia DENIS VIALOU, Guide des Grottes ornées paléolithiques ouvertes au publique, París Masson, 1976, ypara España quiza pueda ser útil la obra colectiva La prehistoria en la cornisa cantabrica, los capítulos debidos a los profesores RIPOLL, BELTRAN y BARANDIARAN. 16. Cf. PAOLO GRAZIOSI, L'arte deli' Antica Eta delia Pietra, Florencia, Sansoni, 1946, pags. 119129; 207-26, donde se trata la cuestión de forma general y sogre la que incidira en L'art paleolithique de la "province méditerranéenne" et ses influences dans les temps post-paléolithiques, en "Prehistoric Art of the Western Mediterranean and the Sahara", Chicago, Aldine, 1964, ymas recientemente L'art paléoépipaléolothique de la province méditerranéenne et ses nouveaux documents d'Afrique du Nord du ProcheOrient, en "Simposio I nternacional de Arte Repestre, Barcelona, 1966", Barcelona, Diputación, 1968. 17. La visión paleantropológica no es aún completa, aun cuando pueda lograrse a grandes rasgos partiendo de los trabajos pioneros del finado M. FUSTE, así como los ya clasicos de R. VERNEAU, en torno a los lIamados "negroides" de Grimaldi, por dicho paraje de la Liguria, y posteriormente los de CHARLES y otros. En el terrena arqueológico hay que tener en cuenta últimas elaboraciones, quiza resumidas en el Coloquio d'Aix -en-Provence, de junio de 1972, y resumidas en la publicación L'Epipaléolithique médiiterranéen, París, C.N.R.S., 1975.
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lt'l M • M > o o M • lX) C'l ,.... C'l • • (Castellón). 17) Tormón, Teruel. 18) Abrigo del Arquero (A:barracín, Teruel). 19) Prado del Navazo, Albarracín, Teruel. 20) Barranco del Cabrerizo, Albarracín, Teruel. 21) Cocinilla del Obispo, Albarracin, Teruel. 22) Abrigos de las Tajadas, Bezas, Teruel. 23) Boniches de la Sierra, Cuenca. 24) Villar del Humo, Cuenca. 25) Cinto de las Letras y Cinto de la Ventana, Dos Aguas, Valencia. 26) Cueva de la Araña, Bicorp, Valencia. 27) Cueva de la Vieja yCueva del Queso, Alpera, Albacete. 28) Monte Mugión, Almanca, Albacete. 29) Tortosilla, Ayora, Valencia. 30) La Sarga, Alcoy (Alicante). 31) Peliciego, Jumilla (Murcia). 32) Monte Arabí, Hellín (Albacete). 33) Minateda, Albacete. 34) Abrigos de Nerpio, Albacete. 35) Chíquita de los Trenita, y abrigos de Vélez-Blanco, AlmelÍa.
24 J. M. GOMEZ TABANERA cordar algunos trabajos hispanos que permitían desarrollar tal perspectiva 18 e incluso atnbuir asu actividad industrial gran parte de la industria microlítica que empezamos a conocer metodológicamente en España 19 yque a nuestro juicio procede del mismo foco del que han surgido otras como puedan ser no sólo las del litoral afro-mediterraneo, desde Haua Ftah, junto aBengasi, Libia, hasta Tanger, Marruecos, sino incluso desde Gibraltar aMarsella, y otras no menos conocidas por nuestros tipólogos, como puedan ser la sudafricana de Smithfield y Winton. En realidad nos encontram os ante un mundo de cazadores y depredadores/ paleomesolíticos organizado en bandas, mas que en tribus, que ocupa y explota todo el area del Viejo Mundo que Coon en su estudio nos presenta poblado, titula «capoide», con particulares virtualidades que en términos generales son recogidas por Elman R. Service y otros autores cuando nos hablan de su modo de vida.2o Este enfoque de la cuestión quiza resulte un tanto extraño al prehistoriador de viejo cuño, ya Que, de aceptarlo, le obliga a introducirse en un mundo en el que se siente ajeno, el mundo de las sociedades tradicionales sin «historia», y por lo tanto el historiador se siente inerme a la hora de «hincarles el diente» como investigador propiamente dicho.:nSin embargo, constituyen sociedades que muy bien puede entender quiza el etnólogo, partiendo como ya se ha dicho de la elaboración previa de modelos» 22 como el que le ofrece, pongamos por caso, grupos como los de los bosqUimanos del desierto de Kalahari, en el Africa del SW y que batiendo continuamente un territorio inhóspito de cientos de kilómetros cuadrados de extensión, han sabido ad:lptar su existencia auna «sabiduría particular que les mueve a resistir desesperadamente a toda modificación de su estructura» 23 yde esta forma, a vivir bajo la dictadura del mito, adecuación ésta que les permitira elaborar a lo largo de generaciones sus propios sírnbolos culturales: dialectos y modismos fonéticos, glifos o convenci 0nes ideograticas, ceremonial, tabúes alimenticios, conocimientos técnicos e industriales, tipos de pintura y tatuaje corporal, tocados, normas terapéuticas, formas de artesanía, etc. 24 La lIamada «revolución neolítica», ya evocada anteriormente, pese ainiciarse hacia el IX milenio en el Creciente Fértil yque como ya dijimos anteriormente, llegó hacia el Vrnilenio a. C. al Levante español, cuando aún en la Europa Atlantica seguiran vigentes, sino el Leptolítico, formas degradadas, lIamadas a ser sustituidas en los 18. D. FEREMBACH, Les cranes épipa/eolithiques de Moita do Sabastiao (Portugal). "Acta Facultatis Rerum Naturalem Universitatis Comenianee, Anthropologia", t. 10, facs. 8, pags. 11-18. 19. Así, por ejemplo, J. FORTEA PEREZ, Los complejos microlaminares y geométricos del epipa/eolitico mediterraneo españo/, Salamanca, Universidad, 1973; F. JORDA y J. FORTEA, El pa/eolitico superior y epipa/eo/itico mediterraneo español en el cuadro del Mediterraneo occidental, Com. al IX Congrés de l'U.I.S.P.P., Niza, 1976 (Coloquio 11). 20. Ct. ELMAN R. SERVICE, Los cazadores (trad. española), Barcelona, Labor, 1973; CARLETON S. COON, The Hunting Peoples, Londres, Cape, 1972; MARSHALL SAHLlNS, Stone Age Economies, Londres, Tavistock, 1974. 21. En este sentido quiza sea interesante referirnos a diversos conceptos que figuran en la obra colectiva, The Concept ot the Primitive (Ed. ASHLEY MONTAGU), Nueva York, The Free Press, 1968 y tener en cuenta que el concepto de Historia para el antropólogo, que difiere un tanto d~1 que sustenta el historiador academicista. En la misma parecían corriente Cf. I RVI NG ROUSE, I ntroducci6n ala prehistoria (ed. española), Barcelona, Bella Terra, 1973, pags. 14 y15. 22. Cf. COLIN RENFREW (Ed.), The Explanation ot Culture Change, Models in Prehistory, Londres Duckworth, 1973. En similar línea, puede considerarse la obra de DAVID L. CLARKE, Analytical Archae/ogy, Londres, Methuen, 1968, en la que consideramos fundamental el cap. 11 (Culture systems: The model) para nuestra visión de la cuestión. 23. Sobre los bosquimanos cabria traer aquí profusa bibliografia, aunque para una visión general basta quiza I. SHAPE RA, The Khoisan Peoples ot South Africa, Londres Routlege, 1930. Desde 1965, esta traducida y publicada en lengua castellana, la bella obra de mayoría original de LAURENS VAN DER POST, El coraz6n del cazador, introducción excepcional aeste mundo perdido infrahistórico. Barcelona, DestiRO, 1965. 24. Ademas de los estudios ya clasicos de M. y V. LEBZELTER, lIevados acabo hace medio siglo, es fundamental, la obra de I. SCHAPERA, The Khoisan people of South Africa: Bushmen and Hottentots, Londres, 1930. La obra citada infra de E. R. SERVICE, presenta una muy densa síntesis en algo mas de dos paginas .120-123), que quiza pueda servirnos a efectos de comparativismo etnografico, para el que también puede ser útil el conocimiento de otros pueblos, como por ejemplo los Hadza. Ct. J. WOODBURN. Hunters and Gatherers. The material culture ot the nomadic Hadza, Londres, British Museum, 1970.
POSLAC/ONES PREH/STOR/CAS DEL LEVANTE ESPAÑOL 25 proxlmos siglos, marcaría para diversos pueblos progresivos el fin de aquel que cabría denominar «el nivel de las bandas de cazadores-recolectores», al incidir en sus tradicionales formas de producción, nuevas e inéditas perfomances. Ignoramos todo ocasi todo en torno alas primeras transformaciones y contactos, en las que, qué duda cabe, se acusaran curiosas fluctuaciones en lo que se refiere a la regularidad de recepción de aquellos que podríamos denominar «nuevos bi~nes de subsistencia». Su adquisición proporcionara sin embargo y a la larga, las bases necesarias para trascender unos milenios mas tarde al Mundo histórico, si es que un sino ineluctable les lIevó aun callejón mortal sin sa'ida. 2. Presupuestos cronológicos e histórico-culturales • Es por otra parte evidente, que nuestro inicial conocimiento de las poblaciones prehistóricas del Levante español, superpuestas sobre aquellas indiferenciadas yanteriores ala diversificación subespecífica de la que hemos partido,25 chocó desde un primer momento no só lo con la escasez de yacimientos arqueológicos que pudieran darnos razón de su presencia, sino mas bien con una postura acientífica eirracional que hoy se nos antoja un tanto aleatoria 26 al haber sido superada en parte por la investigación y técnicas modernas,27 que ha permitido quiza el establecimiento de una cronología que puede ofrecernos de forma fehaciente la sucesión de .Ios horizontes histórico-culturales 28 y que trabajos modernos parecen dejar sentada haciendo desaparecer aquellos puntos olagunas mas importantes. Por lo que respecta ala determinación de las poblaciones prehistóricas de nuestra concreta referencia, parece indudable que la mayor dificultad radicó en la intransigente postura adoptada desde inicios de siglo por H. Breuil y otros pontífices europeos del mundo paleolítico,29 que postularían firme y tercamente en mantener al que habría de denominarse arte expresionista del Levante español, perteneciente al patrimonio cultural de estas poblaciones, dentro de un horizonte cuaternario,30 al juzgarle coetaneo desde su descubrimiento 31 al lIamado arte rupestre cantabro-aquitano, confinado al ambito «franco-cantabrico».32 25. Cf. infra, nota 6. 26. Aquella que ve en Africa yen el denominado "foco capsiense" las bases de las culturas hispanas post-glaciales, y que surgieron de tesis hoy abandonadas en su casi totalidad, impuestas por los pioneros de la prehistoria peninsular. 27. Cf., por ejemplo, y entre las mas recientes elaboraciones, las debidas aJ. FORTEA YJ. APARICIO Y que parecen dejar sentada no sólo las autonomía del ambito peninsular son respecto al africano en el Paleolítico, sino también en el Postpaleolítico. En ese senti do es profundamente esclarecedor el traba;o de E. RI POLL, Cuestiones en torno ala cronologia del arte rupestre postpaleolitico en la Península Ibérica. "Simposio Internacional de Arte Rupestre, Barcelona, 1966", Barcelona, Diputación, 1968, paginas 165-192. 28. Para una clara comprensión de la cronologia adoptada por los distintos autores Cf. el gratico (fig. 3) incluida en el texto. Sigue siendo valido en puntos concretos el trabajo de M. ALMAGRO BASCH, El problema de la revisión de la cronologia del arte rupestre cuaternario, en ;Miscelanea en Homenaje al abate Henri Breuil", Barcelona, Diputación, 1964, siempre que se tengan en cuenta puntualizaciones posteriores no sólo del mismo autor, sino también de SAN VALERO, RIPOLL, JORDA, FORTEA Y GOMEZTABANERA. 29. Aun cuando sobre la cuestión quiza se haya escrita demasiado, podemos remitir aquí a tales posiciones, partiendo del trabajo de H. OBERMAI ER Y P. WERNERT, La Edad Cuaternaria de las pinturas rupestres del levante español, pub. en Mem. de la R. Soc. Esp. Hist. Nat. Tomo XV, Madrid, 1929, y quiza cerrandolas con la de P. BOSCH-GIMPERA, Chronologie de L'Art Levantín Espagnol, en "Act. Symp. InI. d'Art Preh. Valcamonica, 1970". 30. La obra hoy clasica aunque en muchos aspectos superada de H. BREUIL Y R. LANTlER, Les hommes de la pierre ancienne, París, Bayot, 1951, participara en tal punto de vista (pags. 313 yss.), hoy mayoritariamente abandonado por los especialistas, al imponerse, tras las primeras consideraciones de E. HERNANDEZ PACHECO en Las pinturas prehistóricas de las Cuevas de la Araña (Valencia), evolución del arte rupestre en España, Madrid C.I.P.P., 34, 1924, los de M. ALMAGRO cuatro lustros después en, El covacho con pinturas rupestres de Cogul, Lérida, I.E.!., 1952. 31. Dicho descubrimiento fue posterior al del Arte Franco-Cantabrico propiamente dicho yanivel internacional empieza a ser considerado a partir de la publicación por H. BREUIL, de Les peintures quaternaires de la Roca de Cogul, "Bulletí del Centre Excursionista de L1eyda", año I, 1908. 32. Para una visión del mismo, consecuente al momento de revisión son validas H. BREUIL, Quatre Cents Siêcles d'Art Parietal, Montignac, 1952, quiza afinada en la obra de C. ZERVOS, L'Art de l'Epoque du Renne en France, pro!. por el mismo BREUIL, París, 1959.
32 J. M. GOMEZ T ABANERA dentro de un horizonte de nítida agrarización yganadería, aportado desde el Creciente Fértil yel Egeo, yde cuyas tradiciones culturales, incluso históncas, acusara el reflejo; así, por ejemplo, las grandes faldas acampanadas ylos corpiños que dejan el busto al aire se le antojan de c1aro origen minoico-cretense oasianico, yel gran personaje con ostentoso tocado, que se nos presenta en Alpera, lo relacionara con representaciones hititas o anatólicas... En el terrena de tales elaboraciones, Jorda diferenciara el arte expresionista (naturalista) que llega con la primera oleada colonizadora desde Anatolia ySiria y que aportara la ceramica cardial, la agricultura de gramíneas y otras conquistas agrolíticas del mundo asianico, de otro arte mas evolucionado, procedente ya de Egipto y de la región sirio-palestina, que aportara el arte esquematico y convencional, cuya expresiÓl1 se prolonga quizas con las aportaciones del ambito en que habran de imponerse los Ilamados «Pueblos del Mam. 6o CONClUSIONES ECOlOGICAS YSOCIO-ECONOMICAS Podrían enumerarse otras elaboraciones actuales,61 pera ello dilataría excesivamente nuestro discurso, cuyo planteamiento ha surgido de la elaboración de una hipótesis de trabajo en virtud de la cual tanto las poblaciones prehistóricas que se asentaron afinales del Paleolítico yen los inicios del post-glaciar en el Levante españoL como las primeras ya de mesolíticos mediterraneos que las sucederan, carecen de todo vínculo con los caucasoides (y hombres de Cro-Magnon), artífices quiza del arte rupestre y mobiliar cantabro-aquitano. Las gentes levantinas de referencia, y a las que hacemos artífices del arte expresionista del Levante ibérico, seran pues, para nosotros, gentes residuales de una etnia que logró expandirse en los tiempos finales de la última glaciación europea (VVürm) por todo el Africa del Norte conviviendo, sí, con caucasoides norteafricanos y mediterraneo-occidentales que dieron personalidad a la lIamada provincia paleolítica mediterranea. 62 . Sobre esta etnia apenas sabemos nada, pues la Osteología se ha mostrado muy parca en resultados que pudieran iluminarnos decisivamente al respecto. No ocurre empero lo mismo con lo que se refiere a otras poblaciones, alas que se hace ya portadoras de ideales neolíticos, yen las que diversos estudiosos han podido c1aramente diferenciar caracteres subnegroides y negroides 63 que a nuestro juicio abren ciertas perspectivas a nuestra elaboración, que quiza podría cerrarse aquí con ciertas conclusiones o postulados ecol6gicos y socioeconómicos. Por de pronto, que nada se opone aque el retropaís del Levante hispano, marco ecológico de estas bandas de cazadores ya pleistocénicos, ya en la linde de los tiempos neotermales, hubiera podido poner a disposición de las mismas la suficiente cantidad energética para su utilización. Hoy se estima que la producción diaria de energía, por parte. k:Ie ·un hombre sano, es mas o menos 6'91 kilogrametros por segundo, afin de cuentas, 1/600 HP. hora. Teniendo en cuenta a la población infantil, los enfermos ylos adultos débiles, el estudio del Levante español deja suponer que pudo proporcionar aproximadamente con sus recursos faunísticos yvegetales hasta 1/130 HP. hora por persona. Escaso rendimiento que dejaba pocas posibiliciades, lo que hace suponer que mlentras el hombre quedó limitado a dicho nivel, Sl! despliegue no sólo cultural, sino social, tuvo que ser forzosamente restringido. Tal conclusión llegó incluso quiza a ser 60. Tales tesis de JORDA estan recogidas en la publicación citada supra nota 33, y parece configurarse asimismo en F. JORDA, Los tocados de plumas en el arte rupestre levantino, "Zephyrus", XXI-XXII, 1971, pags. 35-72 yen ID, Las puntas de flecha en el arte levantino, "Actas del XIII Congreso Nacional de Arqueologia (Huelva, 1973)", Zaragoza, 1975. 61. Las que parecen desprenderse de la muy reciente contribución de F. JORDA CERDA YJ. FORTEA PEREZ, en El Paleolítico superior y Epipaleolitico mediterrtmeo español en el cuadro del Mediterraneo Occidental, comunicación presentada al IXO Congreso de la U.I.S.P.P., Niza, 1976. Hay que tener en cuenta nuevas perspectivas, como las que abre DALE W. RITTER YERIC W. RITTER, en Prehistoric Pictography in North America ol Medical Signilicance, aportación contenida en "Medical Anthropology" (World Anthropology, Mouton 1976). Pags. 136-228. También, las aún inéditas, del autor del presente trabajo. 62. Cf. PAOLO CRAZIOSI, cit. supra nota 16. 63. Ct. supra nota 17.
POBLACIONES PREHISTORICAS DEL LEVANTE ESPAÑOL 33 peor en la cornisa astur-cantabrica en el post-paleolítico 64 yen la vertiente atlantica, como parecen demostrarlo las evidencias de Mugem (Lisboa) y otros yacimientos del mlsmo horizonte, hecho éste inevitable antes de la recepción de la revolución agrolítica yel conocimiento de la domesticación de ciertos animales. 65 La revolución agraria pudo llegar alas bandas de cazadores y depredadores del Levante e!'ipañol en 'función de un primer conoci(Tliento por vías ignoradas, de una utilización racional de plantas yanimales, hecho que terminó sustituyendo la necesidad de caza y depredación cotidianas. La domesticación vegetal aumentaría el control por parte del hombïe de la energía solar, transformada por el tapiz vegetal. Por ot ro lado la domesticación de los animales le permitiría explotar racionalmente la energía animal contenida en su rendimiento proteínico, utilizando los cauces adecuados. 66 El empleo de utensilios mas eficaces, pasando del simple palo de cavar a la azada y de ésta a otros logros tecnológicos,67 reduciría asu vez el derroche energético, y los nuevos artefactos creados hicieron posible la aplicación a la energía domeñada. De esta forma, la cultura conocería un rapido ascenso al trasmutar los géneros de vida: las bandas de cazadores y recolectores pronto cederían el terrena a comunidades mas complejas, auténticas sociedades tribales,68 en las que se impuso una economía agraria yganadera, ya c1aramente neolítica y que marcó la desapariciói1 de los viejos ideales.' Desaparición que se apreciara en la evolución de las tradiciones artísticas del arte expresionista levantino, al dar entrada anuevas representaciones semióticas con la arribada yelaboración de nuevos idearios que acabaran IIevando el viejo arte naturalista y a través de formas manierísticas hacia la abstracción yel esquematismo que trascenderan a horizontes ya cJaramente históricos. 69 64. Para una visión general de la misma hemos de remitir a obras recientes como J. M. GOMEZTABANERA, Prehistoria de Asturias, Oviedo, Universidad 1974 yM.A. GARCIA GUINEA, et al/ii, La Prehistoria en la cornisa cantabrica, Santander, 1975. En preparación otro, titulado, El Ecosistema paleomesol:tico asturiense del autor de este trabajo, de próxima publicación. 65. Sobre los mismos Cf., ademas de P. PHILlIPS, Early Farmers ot West Mediterranean Europe, Londres, 1975; BARBARA BENDER, Farming in Prehistory. From hunter-gatherer to tood-producer, Londres, Baker, 1975. 66. Cf. PETER J. UCKO yG. W. DIMBLEBY, The domestication and exploition ot plants and animals, Londres, Duckworth, 1969, donde se contiene un importante trabajo de D. R. BROTHWELL. 67. Para tal cuestión remitimos a la obra ya clasica de A. LEROI-GOURHAN, L'homme et la Matière, París, Albin Michel, 1943. 68. Cf. sobre las mismas y para una visión general siempre sugerente para el prehistoriador la obra de MARSHALL D. SAHlINS, Las sociedades tribales, Barce:ona, Labor, 1972. 69. Entre la jungla bibliografica podemos traer aquí dos obras, cuyo contenido hara pensar al estudioso de las Ciencias Humanas que no las conozcan: la de MARIA W. SMITH, The Artist in Tribal Society, Nueva York, Free Press of Glencoe 1969 yRUDOLF ARNHEIM, El pensamiento visual (ed. en lengua castellana), Buenos Aires, Eudeba, 1969. /
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