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La pasión inestable y permanente

Arana Caballero, Rocío

Abstract

Este trabajo gira en torno a la poesía que actualmente se está publicando en varias editoriales sevillanas. Es un estudio de cuatro poemarios escritos por poetas de diversas edades, uno de ellos cubano afincado en Sevilla, publicados en dos sellos editoriales importantes y muy activos en la vida cultural de la capital andaluza: Renacimiento y Siltolá.

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RESUMEN Este trabajo gira en torno a la poesía que actualmente se está publicando en varias editoriales sevillanas. Es un estudio de cuatro poemarios escritos por poetas de diversas edades, uno de ellos cubano afincado en Sevilla, publicados en dos sellos editoriales importantes y muy activos en la vida cultural de la capital andaluza: Renacimiento y Siltolá. Palabras clave: Poesía actual, Sevilla, siglo XXI, Renacimiento, Siltolá ABSTRACT This paper shows the activity of some poets in Seville, one of them is a Cuban poet who lives in Seville as well. The author wants to analyze the works of four poets from southern Spain, published in two important publishing houses: Renacimiento and Siltolá. Keywords: Poetry, Seville, XXI century, Renacimiento, Siltolá Número 9, Año 2012 La pasión inestable y permanente Rocío Arana Caballero (Universidad Internacional de la Rioja, UNIR) 85 La pasión inestable y permanente Rocío Arana Caballero (Universidad Internacional de la Rioja, UNIR) La pasión inestable y permanente: cuatro calas en la reciente poesía andaluza La poesía, como afirmó el poeta Julio Martínez Mesanza, es esa pasión inestable que llega a tu vida cuando desea... y siempre vuelve: la pasión inestable y permanente1. Se trata de una definición lírica pero certera, que pretendo hacer mía en este trabajo para revisitar algunas publicaciones recientes de poetas andaluces a distintos niveles cronológicos. La poesía es un elemento vivo, que crece con voz propia y recorre vericuetos a veces insospechados. Andalucía es también una región viva, tradicional tierra de poetas. No hay más que ver las antologías publicadas en los últimos años: Y habré vivido. Poesía andaluza contemporánea (Diputación Provincial de Málaga, 2011)2; Los cuarenta principales. Antología general de la poesía andaluza contemporánea (1975-2002), a cargo de Enrique Baltanás (Sevilla, Renacimiento, 2002); Sombra hecha de luz. Antología de la poesía andaluza actual, coordinada por Abel Feu con sello editorial trasatlántico (UNAM); Alzar el vuelo. Antología de la joven poesía sevillana, lanzada en Sevilla por Luna Borge (2006); Lírica andaluza contemporánea (2007), de Fernando Ortíz3 y Entre el XX y el XXI. Antología poética andaluza (II), que Rafael Morales Lomas editó en Barcelona (2009)4. Por no continuar con antologías más puntuales, como la que Francisco Díaz de Castro dedica a La otra sentimentalidad (2003, Fundación J.M. Lara) o Araceli Iravedra a La poesía de la experiencia (2007, Visor)... Hablamos de un espacio muy amplio, polarizado en torno a Granada y Sevilla pero con otros puntos de ignición y respaldado por una tradición literaria que se remonta a los Siglos de Oro. El asunto es tan inabarcable que no tendría sentido historiarlo en estas pocas páginas. Abordaré algunos aspectos puntuales. 1 Julio Martínez Mesanza: conferencia sobre poética y poesía impartida en la Fundación Juan March, 4 de octubre de 2005. 2 Coordinada por José Antonio Mesa, Aurora Luque y Jesús Fernández Aguado, aparece como libro-disco en la colección “La sirena inestable” del centro Cultural “Generación del 27" de la Diputación de Málaga. 3 Actualiza y amplia, con otro enfoque su librito de 1981, Introducción a la poesía andaluza contemporánea. 4 Señalo las más interesantes, simple botón de muestra de una actividad que no parece cesar. Remito al lector interesado a la lista de tres páginas que García Montero tiene colgada en internet. Letral, Número 9, Año 2012 86 La pasión inestable y permanente Rocío Arana Caballero ¿Andalucía, tradicional tierra de poetas? Esta última aseveración ha sido puesta en duda últimamente por la crítica: en Los cuarenta principales, Enrique Baltanás dedica un epígrafe a desmontar lo que él denomina “la divertida monserga de la poesía andaluza” (Baltanás 2002: 13). Hay más poetas andaluces que poetas cántabros por la sencilla razón de que hay más ciudadanos andaluces que ciudadanos cántabros (Baltanás 2002: 15). La dicotomía entre críticos entusiastas y críticos escépticos sobre la supremacía del poeta andaluz ha sido reseñada también por Abel Feu, en Sombra hecha de luz. En ella recalca incisivamente: Al fin y al cabo, la mejor poesía andaluza es la mejor poesía española escrita por andaluces. Y en este árbol, más allá del lugar de nacimiento, es donde dan su fruto los poetas andaluces de finales de siglo XX y principios del actual (Baltanás 2002: 11). No entraré en la polémica, pero lo cierto es que de la conjunción de poetas vivos en una ciudad viva nacen propuestas editoriales, trayectorias vitales y literarias de suficiente interés como para ser estudiadas, al menos en su superficie. Los poetas consagrados (Álvaro Salvador1, Luis García Montero2, Jacobo Cortines y tantos otros)... no necesitan voceros que los señalen. Las publicaciones, jornadas y actividades poéticas de la Fundación Juan Manuel Lara, a través de la colección Vandalia, dirigida por Cortines abren la poesía andaluza hacia el exterior, en un fecundo diálogo representado por Caballero Bonald y Ginferrer durante el pasado ciclo de conferencias celebrado en Sevilla a fines del 2011. Las colecciones poéticas de Renacimiento, lideradas por Abelardo Linares desde el 77 a través de la colección “Calle del Aire” y otras, por no hablar de su labor editorial y la revista homónima, han tenido una amplia difusión. He creído oportuno, entonces, acotar el asunto de mi trabajo y centrarme en el análisis de las últimas obras poéticas de cuatro autores en activo, cuyas diversas trayectorias vitales han confluido en Sevilla. Estudiaré cuatro 1 Catedrático y poeta, incluso antólogo (junto a A. Jiménez Millán y Juvenal Soto) del fenómeno que comento (Antología de la joven poesía andaluza. Málaga: Litoral, 1982), ha publicado múltiples libros en prosa y verso. Señalo dos referencias poéticas ineludibles: Suena una música (poesía 1971-1993).Valencia, Pretextos, 1994 y Ahora, todavía. Sevilla: Renacimiento, 2001). 2 Uno de los poetas más laureados: Premio Adonáis 1982 por El jardín extranjero, Premio Loewe 1993, Premio Nacional de Literatura 1994 por Habitaciones separadas, Premio Nacional de la Crítica 2003 por La intimidad de la serpiente, Premio Poetas del Mundo Latino por su trayectoria (2012)... Letral, Número 9, Año 2012 87 La pasión inestable y permanente Rocío Arana Caballero poemarios publicados en las editoriales Renacimiento y Siltolá durante la última década. Sé que dejo en el tintero grandes poetas, españoles y andaluces de merecido renombre, pero no he hallado otra solución al jeroglífico del tiempo y el espacio que encadena la escritura de cualquier artículo. Intencionadamente he decidido no hacer mención a grupos, corrientes o generaciones, marbetes que se prestan a ser cuestionados por la crítica. El objeto de estudio es demasiado cercano en el tiempo como para proceder a una clasificación en absoluto de moda en estos tiempos. Paulatinamente, críticos y estudiosos han comenzado a huir de encorsetamientos que solo enmarañan lo que debe ser el análisis de los textos poéticos en sí. El orden de aparición de los cuatro autores que voy a analizar atiende a razones estrictamente cronológicas. Además —y atendiendo a la perspectiva trasatlántica—, comenzaré con José Pérez Olivares, poeta cubano afincado en Sevilla, nacido en 1949. Continuaré con los sevillanos Enrique Baltanás, que nació en el año 1952, y Víctor Jiménez, poeta del 57; para finalizar con Pablo Moreno, el más joven de los cuatro (1977). El estudio viene precedido por una escueta reseña sobre la situación poética actual de la capital andaluza, que paso a esbozar. A finales de siglo XX y comienzos de siglo XXI afloran en Sevilla numerosas revistas y colecciones de poesía: desde la prestigiosa Nadie parecía, que nace en 19991 con el sello de la editorial Renacimiento y que dirigen, durante los siguientes cuatro años, el editor Abel Feu y los poetas Enrique García Máiquez y José Mateos; hasta la reciente Isla de Siltolá, pilotada Javier Sánchez Menéndez y que cuenta en su consejo con poetas de la talla de Luis Alberto de Cuenca y Julio Martínez Mesanza; pasando por interesantes proyectos como la revista Númenor, con veinticinco años en su haber bajo el impulso de Fidel Villegas. Es decir, conviven en la capital andaluza sensibilidades dispares y valiosas que, puntualmente son capaces de confluir, por ejemplo, en proyectos como las Veladillas poéticas del Alamillo, coordinadas por miembros del colectivo sevillano “La palabra itinerante”. En el prólogo de su particular antología de poesía sevillana, Alzar el vuelo, José Luna Borge disecciona breve y certeramente las revistas y editoriales poéticas que han surgido en los últimos años en la capital andaluza: Renacimiento, Númenor, Surcos de poesía, La palabra itinerante, La vaca de muchos colores... La antología, publicada en el año 2006, es anterior a la creación de la reciente Siltolá. Luna Borge define en ella al grupo La palabra itinerante como: Un colectivo cultural que se dedica a la acción poética a través de diversas 1 Como merecido homenaje a la revista cubana homónima, que dirigieron Lezama Lima y Ángel Gaztelu entre 1942 y 1944. Letral, Número 9, Año 2012 88 La pasión inestable y permanente Rocío Arana Caballero vías, lenguajes y cauces, en un proceso de análisis y transformación de la realidad. Serían los herederos de la poesía social de los sesenta pasados por el tamiz althuseriano de La otra sentimentalidad (Luna Borge, 14). A continuación, el antólogo reúne una nómina de escritores tan implicados en el colectivo como para firmar un manifiesto: José María Gómez Valero, David Eloy Rodríguez, Juan Antonio Bermúdez, Pedro del Pozo, Manuel Ortega Pérez, Iván Mariscal, Manuel Fernando Macías, Pablo Terradillos y Miguel Ángel García Argüez. Hacer una historia, aún breve, de tantos proyectos interesantes no tendría cabida en estas líneas. A modo de ejemplo y por ser la revista en que se forja el más joven de los poetas que trataré aquí, dejo apuntada la trayectoria de Númenor: una cantera de creadores que, sin formar un grupo compacto a día de hoy, comparten amistad, admiración, exigencia y maestros. No en vano en esa editorial aparecieron poemarios de Miguel d´Ors y de José Julio Cabanillas, y a los encuentros poéticos de otoño que suelen organizar cada año, vienen a recitar maestros como Julio Martínez Mesanza, Carmelo Guillén Acosta, Amalia Bautista, Enrique García Máiquez o Eloy Sánchez Rosillo. En 1999, Jesús Beades gana el premio literario Gerardo Diego que otorga la Diputación de Soria, y varios miembros redactores de la revista viajan a la ciudad castellana, en lo que fue una especie de viaje iniciático que irá seguido de otros (por ejemplo, Pamplona 2003, tras la invitación a recitar en el Museo de Navarra). Así van forjándose el mencionado Beades, Joaquín Moreno, Rocío Arana, Juan José Cerero, Pablo Buentes, Francisco Gallardo y Pablo Moreno, quien obtuvo el accésit del premio Luis Cernuda 2002; así como el del Adonáis 2007 y ganó el premio de poesía Fundación Ecoem en el 2011. Esta fundación sevillana, creada por el empresario Javier Sánchez Menéndez en el año 2004, ha sido un balón de oxígeno para la cultura poética en Andalucía occidental. Surgió con vocación solidaria, dedicándose, durante los primeros años de su andadura, al voluntariado y a la edición de publicaciones educativas, como academia especializada en preparar oposiciones de Enseñanza media. Sin embargo, Sánchez Menéndez siempre tuvo inquietudes culturales: en los noventa coordinó el Aula de Poesía del Ateneo de Sevilla, y a principios de esa década dirigió La Torre, revista literaria del Ateneo de Córdoba. Por fin, en el 2009 se lanza a la edición de poesía con La Isla de Siltolá, un producto impecable que agrupa a diversos poetas. En palabras del mismo Sánchez Menéndez, en una entrevista que concedió a la revista Nuestro Tiempo: Siltolá es una isla que no existe explica . Hace 25 años conocí a Jesús Cotta, él tenía la idea de un sitio que fuera exclusivo para los poetas: Letral, Número 9, Año 2012 89 La pasión inestable y permanente Rocío Arana Caballero Canora. Eso es Siltolá. Y un estilo de vida. Defendemos el libro de un autor a contracorriente, el primer libro de poesía de autor sin premio, y lo que queremos es limpieza y transparencia (Dávalos 84 85). Siltolá publica a poetas reconocidos, como Julio Martínez Mesanza, pero apuesta también por autores noveles, como Corina Dávalos. Parte del éxito de público y crítica obtenido por Siltolá se debe a la creación de una revista, La isla de Siltolá, bajo el patrocinio de un consejo redactor de notable peso específico en el momento cultural y editorial español: Julio Martínez Mesanza, Luis Alberto de Cuenca, José Mateos y Abel Feu. Otra particularidad que brinda atractivo a esta reciente oferta editorial es que cuenta entre sus diversas colecciones con una, “Álogos”, dedicada a la publicación de textos que, en su día, fueron entradas de blog. De esta forma, se nutre de las aportaciones de grandes blogs, como “Por estos andurriales” de José Miguel Ridao, que fue el inventor del neologismo “álogo”, (comentario dejado en la entrada de un blog); “Máster en nubes”, de Aurora Pimentel; “Ah de la vida”, de Juan Antonio González Romano; “Rayos y truenos”, de Enrique García Máiquez, o “Columna de humo”, de José Manuel Benítez Ariza. Todos estos proyectos literarios y otros cuantos que no he podido nombrar, conforman una pléyade cultural en la Sevilla de principios de nuestro siglo: una ciudad viva repleta de poetas vivos. José Pérez Olivares: una voz de allende el mar José Pérez Olivares (Santiago de Cuba, 1949), poeta cubano que reside en Sevilla desde 2003, ligeramente mayor que los otros tres de los que hablaré, es un ejemplo del influjo trasatlántico en jóvenes poetas sevillanos como Jesús Beades, Pablo Moreno o Rocío Arana. El crítico José Luis García Martín lo ha calificado, en la edición digital de la revista “El Cultural” con cuatro acertados adjetivos: “culturalista, meditativo, a ratos aparentemente coloquial, siempre muy literario” (El cultural, 14/06/2000). Es autor de varios poemarios publicados a ambos lados del Atlántico, lo que ya da fe de su condición trasatlántica sostenida con tenacidad y dificultades: A imagen y semejanza (Universidad de la Habana, 1987); Caja de Pandora (Letras Cubanas, 1987); Examen del guerrero (Madrid: Visor, 1992); Cristo entrando en Bruselas (Renacimiento, 1994); Háblame de las ciudades perdidas (Renacimiento, 1999); Lapislázuli (Letras Cubanas, 1999); El rostro y la máscara (UNEAC, 2000), Últimos instantes de la víctima (Instituto Juan Gil-Albert, 2001), Los poemas del Rey David (Tierra de Nadie, 2008). Ha publicado una antología de poesía Letral, Número 9, Año 2012 90 La pasión inestable y permanente Rocío Arana Caballero española, El hacha y la rosa (Renacimiento, 2000.) Sus premios, recibidos también en ambas orillas (el Gil de Biedma de Segovia en 1991, el Alberti de Puerto de Santa María en 1993; pero también el David de La Habana (1982) y el Poesía 13 de Marzo de la misma ciudad en el 85) perfilan una vida siempre en delicado equilibrio trasatlántico. Por fin, y como muestra de su doble vertiente a la hora de publicar y generar un público, en 1998 recibió el Premio Renacimiento de Poesía y en el 2000, el Premio de la Crítica en La Habana. A la nacionalidad cubana del poeta y a su residencia en Sevilla se une su condición de pintor y dibujante, que trasciende poemas y se plasma no solo en el asunto poético de muchas de sus piezas, escritas ante cuadros de Picasso, Ensor, Goya, Velázquez o El Bosco, sino en una forma de escribir “pictórica”. También hay animales raros, frutos de carne pulposa, floraciones que llenan los ojos de una sustancia suavemente mórbida (El hacha y la rosa, 12). Cristo entrando en Bruselas (Renacimiento 1994) es, de los cuatro poemarios en los que me detendré, el más antiguo en el tiempo, y el más complejo en cuanto a temáticas, reminiscencias e intertextualidad. La poesía de Pérez Olivares es descriptiva y misteriosa a un mismo tiempo. Si para el latino Horacio la poesía debía ser, era, igual a la pintura, Pérez Olivares cataliza esa mimesis en su obra, plasmando no solo la realidad de los colores sino la realidad misteriosa y a veces atormentada del interior de los hombres. Al autor le importan los colores, le importan las palabras, pero sobre todo le importan las personas. Y el fondo de miseria y nobleza que late en cada hombre: tal vez sea ésa la explicación al oscuro enigma que es el poema “Defensa de un pintor llamado Francisco”: Lo que soy y he sido se lo debo a Goya. Lo que eres y serás se lo debes a Goya [...] Si no quieres verte en sus pinturas, (cierra los ojos! [...] De todas maneras, la sangre de las ejecuciones seguirá mojando tus pies (Pérez Olivares,17-18). Personas felices y personas torcidas, el placer y la maldad que trasfiguran al hombre, la hermosura que desprende la tentación y la que encierra el perdón divino, la fealdad de ciudades en guerra sublimada por la belleza del arte: ésos son los ejes temáticos sobre los que gira este libro de un poeta Letral, Número 9, Año 2012 91 La pasión inestable y permanente Rocío Arana Caballero trasatlántico venido a incardinarse en el sur de España y responsable de todo un tejido de relaciones que enriquecen a la vieja metrópoli: Miro, a través del agua, ese río que somos (Pérez Olivares 1994). El fluir de un río es tópico recurrente en Cristo entrando en Bruselas, y más allá de las resonancias clásicas que impregnan la poesía de su autor, palpamos su influjo en la cadencia del verso libre, no sujeto a metro clásico pero no por eso exento de musicalidad, y en la propia cadencia del libro. No hay bloques ni divisiones en él, los poemas fluyen en una unidad temática que aúna visiones perturbadoras e intuiciones llenas de una extraña calma. En la mayor parte del poemario destaca la aseveración, que es el canal más directo y sencillo por el que el poeta nos hace llegar sus intuiciones. En esa palabra está la prueba de que lo divino existe y nos rodea [...] Si los niños dijeran a menudo lapislázuli, seguramente no habría tantas guerras (Pérez Olivares, 11). El poema “Lapislázuli” congrega dos de los temas primordiales en la obra de José Pérez Olivares: el color azul como principio vital, como ejemplo de ese fluir de la vida, y el poder de las palabras la magia de las palabras. Por el contrario, es en el poema “Reflexiones del pintor James Ensor” donde la conmiseración ante la fealdad y ruina de las personas alcanza su cumbre: Donde está el horror, ahí debe estar Cristo. Donde está la soberbia, debe estar Cristo. Donde está la indecencia, Cristo también (Pérez Olivares, 37). La “mirada triunfal” de Cristo deslumbra ante tanta humanidad caída, redimiéndola. El otro gran tema que late en el poemario es el sensual, el canto a la voluptuosidad de los cuerpos, tópico que Pérez Olivares afronta de nuevo desde una perspectiva pictórica, a través de la contemplación de los cuerpos pintados en un cuadro. El goce se une así a la sustancia eminentemente fantástica del arte: No puede haber infierno entre tantas dulzuras. Las fronteras del arte no conocen edictos, es el único país donde todo es posible (Pérez Olivares, 12). El arte, según José Pérez Olivares, sirve para retratar la fealdad pero también para dotar al cuerpo humano de un halo sobrenatural, de una belleza mágica. Letral, Número 9, Año 2012 92 La pasión inestable y permanente Rocío Arana Caballero Enrique Baltanás: misterio y desierto Enrique Baltanás (Alcalá de Guadaira, Sevilla, 1952), profesor de literatura en la Universidad Hispalense, es también autor de numerosos libros de poesía, prosa y aforismos, entre los que destacan Ex libris (1994), La tarde en las almenas (1995), Las señales del fuego (1997), Papel de música (Premio Luis Cernuda 1998) y El argumento inacabado (2005). Su labor investigadora se centra en la figura de los hermanos Machado, y recientemente publicó una novela, A punto de dejarlo (Paréntesis, 2012) Con Trece elegías y ninguna muerte (Siltolá, 2010) alcanza su madurez creativa: una plenitud donde la serenidad gana terreno a un cierto desapego o austeridad formal que podía vislumbrarse en el resto de su obra poética. Trece elegías es un libro poderoso, más luminoso y asertivo que los anteriores poemarios de Baltanás. Es un libro que se abre y crece y crece a medida que se lee, como un bosque, igual que un laberinto. Al comenzar a leerlo, uno puede pensar que el libro va a discurrir por la trillada senda del estoicismo bien medido y la frialdad exacta. Pero no. Tras volver algunas páginas, uno se abre a otros mundos gigantescos, como una sinfonía coral que nunca cesa. Los endecasílabos blancos dan paso a las anáforas, un recurso muy utilizado por Baltanás, que sumerge al lector en un círculo obsesivo de belleza. En el poema prólogo se nos invita a transitar por el libro que el autor no duda en definir como un secarral, y se asegura que “sólo con frialdad puedo estrechar las manos/del misterio” (Baltanás 2010: 11). Aquí la palabra “misterio” tiene una connotación positiva, al igual que “frialdad”. Una frialdad que por momentos se tiñe de calidez, y un misterio que sólo se alcanzará por medio de la lógica. En los siguientes poemas el autor no hace otra cosa que afirmar, aunque lo que se afirme sea sólo el propósito de vivir en continua búsqueda. En tales composiciones se alude con mucha frecuencia a la luz, una luz en una cumbre que no se contrapone al misterio, sino que nace de él. Algunos poemas nos muestran a un Baltanás que no entiende su tiempo, ya que sus coetáneos han desterrado el misterio y, por eso, se hallan incapacitados para encontrar la luz. Este empeño de permanecer en el misterio es lo que confiere unidad a todo el libro, traspasado de una ironía lúcida, como ocurre en la elegía II, en la que emplaza al lector al momento en el que los agujeros negros se vuelvan por fin blancos. Baltanás refleja en su libro, como en un espejo deforme, una sociedad que ha dejado de preguntarse porque cree tener todas las certezas, hasta el punto de haber perdido el gusto por indagar: “Yo indago bibliotecas igual que corazones” (Baltanás 2010: 15). Y esta indagación es el tema principal de muchas piezas: en alguna de ellas se realiza una enumeración mítica, Letral, Número 9, Año 2012 99 La pasión inestable y permanente Rocío Arana Caballero El tercer bloque se abre con una cita de Eugenio de Andrade que evidencia el gusto de Pablo Moreno por todo lo portugués. De nuevo la tierra pasa a ser protagonista de los poemas, y en esta ocasión es la tierra del poeta: el Sur. El sur como casa del poeta. El sur como un extraño país en el que nunca llueve, y cuando llega la lluvia es violenta y hermosa. Hacia el final del libro, Moreno regala al lector poemas breves y telúricos unidos a la idea del tiempo como ciclo (todos los fragmentos de esta última parte están titulados con números romanos, pero algunos poseen subtítulos, y muchos de ellos están subtitulados con nombres de meses). Poemas reconcentrados y repletos de metáforas donde la naturaleza meridional está siempre presente. Son piezas de arte menor que condensan una idea, a medio camino entre el aforismo, la greguería y el haiku. En el poema XV, logra su propósito de cantar, celebrar la belleza del mundo. Tras una enumeración lenta y descriptiva de los serenos elementos y colores que definen el paisaje contemplado, viene la reflexión metafórica y tranquilamente gozosa. Bajo la lluvia son las cosas nuevas, por estrenar la vida. Como el perdón, que sucede sin más y nos consuela (Moreno, 77). En esta parte el tema religioso alcanza su cumbre: en el poema X, una invocación a la Virgen en la que el poeta le pide que nos enseñe a mirar la hermosura corporal como ella la contempla. Aunque no lo parezca, se trata de otro texto metapoético, ya que mirar las cosas con ojos verdaderos es esencial para aquel que desea nombrarlas, es decir, crearlas en la poética vanguardista del siglo XX. La contemplación aparece unida a la belleza de la tierra, no podía ser de otro modo en este libro: Virgen de los granados, color de las cerezas. Enséñame a mirar la flor de cada cuerpo (Moreno, 70). Un par de poemas de amor termina de componer una obra madura, en la que la tarea del poeta es solo nombrar, despojado de artificios y con la música del ritmo endecasilábico y las imágenes intuitivas como único adorno. El fin de Pablo Moreno como autor es nombrar una hermosura que se identifica con el color de las cerezas. Letral, Número 9, Año 2012 100 La pasión inestable y permanente Rocío Arana Caballero En resumen, el presente estudio ha pretendido analizar cuatro voces poéticas que, a modo de caleidoscopio o de coral sinfónica, convergen en una región concreta de España. Los protagonistas del artículo son poetas de edades, procedencias, influjos y trayectorias vitales diversos, pero confluyen en la pasión inestable y a la vez permanente que en los últimos años del siglo XX y principios del XXI se ha plasmado en cuatro publicaciones en la ciudad de Sevilla. Letral, Número 9, Año 2012 101 La pasión inestable y permanente Rocío Arana Caballero BIBLIOGRAFÍA Aguado, Jesús; Luque, Aurora y Mesa, José Antonio (Eds.). Y habré vivido. Poesía andaluza contemporánea. Málaga: Diputación provincial, 2011 (libro-disco). Alonso, Raúl. “Todas las caras del tiempo”. En Poesía Digital, marzo 2011, www.poesiadigital.es. Baltanás, Enrique. Los cuarenta principales. 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