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La emigración española y el Archipiélago Filipino

Lacalle y Sánchez, José de

Abstract

An. ms. en la port.: "Al eminente ... el Excmo. Sr. D. Melchor Almagro Díaz, su amigo José de Lacalle"

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LA EMIGRACION ESPAÑOLA "vIMPRENTA RE I. VENTURA SARATEI 1881 - - - - X (?loZW LA EMIGRACION ESPAÑOLA Y POR JOSÉ DE L A C A L L E Y S A N C H E Z g r a n a d a IMPRENTA DE VENTURA SARATEI. 1881 R£Í' L LA EMIGRACION ESPAÑOLA JOSÉ DE L A C A L L E Y SA N C H E Z g r a n a d a IMPRENTA DE VENTURA SARATEE 1881 * Los dolorosos acontecimientos que tantas víctimas lian pro ducido entre los colonos españoles de Argelia, son hoy objeto preferente de la pública atención; pues la horrorosa catástrofe de Saida ha herido en sus más íntimos sentimientos á esta noble Nación, que nunca permanece indiferente al sufrimiento de sus hijos. Ya antes de ahora, la prensa periódica y algunos hombres de eminentes conocimientos, habían llamado la atención délos Gobiernos acerca del incremento que iba lomando la emigra ción de nuestras provincias de Levante, que arrancando de nuestro suelo millares de seres, poblaba las tierras argelinas, sin que el ejemplo de los que arrojados por la miseria y las entei m edad es volvían á la madre patria, bastase á impedir un movimiento inlluido poderosamente por engañadoras espe ranzas, alimentadas las más veces por la codicia de especu ladores sin conciencia. Y los que desde hace algunos años abandonan la patria y la familia en busca de una fortuna, no limitan sus expedicio nes á las próximas playas africanas, sino que surcando exten sos mares llevan numeroso contingente á las repúblicas de Améi ica, donde como fruto de su trabajo recogen con frecuen cia abundante cosecha de penalidades y desengaños. I reciso es, pues, confesar que la cuestión de la emigración, una de las más graves que boy agitan á la vieja Europa, ha sido mirada con indiferencia en nuestra patria, basta el mo mento en que sucesos sangrientos han mostrado el desamparo í — en que vivían los intereses españoles colocados en extrañas tierras. Hoy, la Opinión se fija en la suerte de esos infelices que heridos traidoramente por las salvajes hordas africanas, vuelven al suelo natal envueltos en harapos y devorados por la más espantosa miseria; el Gobierno se ocupa del asunto, y la prensa periódica, siempre generosa, llama á todos los co razones y procura aliviar el infortunio de nuestros desgracia dos hermanos. Este poderoso movimiento indica bien que por todos se cree llegado el momento de dar una solución á problema tan im portante, y á este fin se indican varios proyectos, entre ellos uno que tiene por objeto el desarrollo de nuestra agricultura, fun dando colonias agrícolas y ensanchando en gran escala la red de comunicaciones, para ofrecer así también ocupación á las clases jornaleras. Estos planes, debidosá la fecunda iniciativa del activo y celoso Ministro de Fomento, se dirigen por lo tanto á evitar la emigración, y han sido acogidos con entu siasmo por el país, que vé en ellos un valioso elemento para nuestra prosperidad y un medio de abrir nuevos horizontes á la agricultura.'Pero desgraciadamente habrá que vencer grandes dificultades antes de llevar aquellos á la práctica; y aún suponiendo que esto suceda, no se conseguirá, en nuestra humilde opinión, corregir radicalmente el mal que lodos la mentamos. La emigración europea, que aumenta cada dia por causas bien conocidas, no puede evitarse en modo alguno, mientras el bracero no encuentre en el suelo natal medios suficientes para atender con el producto de su trabajo á las numerosas atenciones que hoy agobian á esa como á todas las clases so ciales. En esas provincias españolas abandonadas por los emi grantes, existen ciertamente grandes elementos de riqueza, pero su explotación es hoy deficiente por la falla ó el retrai miento de capitales y la reducida esfera en que las empresas consumen su actividad, razón por la cual el trabajo es poco retribuido y no debe extrañarse que el jornalero que en su país solo puede obtener un mezquino salario de cinco reales, que apenas hasta á satisfacer la primera necesidad de la vida, acuda presuroso allí donde cree ver un medio de aumen tar sus ganancias, aún á costa de peligros y sufrimientos, que juzga preferibles á la miseria que agota sus fuerzas. Por esto dice con gran acierto E. Burke, al tratar de las causas de las emigraciones, que estas son tan naturales como el que las ca pas de aire comprimido se precipiten hacia el aire rarificado. El funesto ejemplo de las clases superiores es también causa determinante de ese movimiento, que priva á la Nación del concurso de millares de brazos; pues hoy que al impulso de funestísimas pasiones se ha despertado esa terrible sed de oro que consume los palacios de los grandes y la modesta vi vienda del obrero, no es posible evitar que el mal se propa gue á las clases trabajadoras que fertilizan nuestras tierras. Creemos por esto, que el impulso de las obras públicas, la fundación de estaciones agronómicas y otras medidas no me nos plausibles, darán en algún tanto resultados satisfactorios, pero no serán suficientes á contener la emigración hácia co marcas más ricas ó menos explotadas. Buena prueba de este aserto es la conducta de esos mismos repatriados que rehúsan hoy el trabajo que les ofrecen en diversos puntos de la Pe nínsula. Convencidos como nosolrps de la dificultad de impedir el movimiento emigratorio, algunos periódicos han iniciado ya la idea de dirigirlo á nuestras provincias de Ultramar, acogien do, como parece que en principio ha hecho el Gobierno, la oferta del Gobernador General de Cuba, que en expresivo te legrama ofrece colocación á gran número de trabajadores. Desde luego, y fundados en las breves consideraciones apun tadas, creimos nosotros que en la necesidad de evitar la repe tición de sensibles desgracias, era llegada la hora de encami nar la emigración hácia regiones donde nuestros hermanos encuentren protección para su familia é intereses y un por venir seguro alcanzado sin penalidadesni grandes sacrificios, prestando al mismo tiempo su poderoso concurso al fomento y desarrollo de comarcas donde ondea la noble enseña de nuestra patria. No creemos, sin embargo, que para este objeto debe fijarse la atención en la Isla de Cuba, existiendo otras posesiones españolas que brindan al colono incalculables bebeneficios y se ven al mismo tiempo necesitadas del apoyo eficaz de la Metrópoli, para salir de la postración y el aban dono en que por causas diversas se encuentran hoy. Ij — 12 — vándose tampoco esos cambios termométricos bruscos y extre mados que tan frecuentes son en otros países. La benignidad del clima y las condiciones físicas del suelo hacen de Filipinas una de las regiones más salubres de la Oceanía, y en ella no se padecen esas terribles endemias que son el azote de otros pueblos tropicales. La disentería es hoy poco frecuente y su desarrollo puede evitarse á beneficio de una buena alimentación y de la fiel observancia de los preceptos de la higiene; esta enfermedad, siempre grave, no ha revestido nunca en el Archipiélago los caracteres alarmantes que tan temible la hacen en algunas colonias, y su intensidad ha dis minuido notablemente desde que han variado en los últimos años las condiciones de la alimentación; por otra parte, los emigrantes españoles, procedentes en su mayoría délas pro vincias meridionales de la Península, son más sobrios que los de las regiones del Norte de Europa, y esta es una circuns tancia en extremo favorable para impedir la invasión de una enfermedad que en último término produce también numero sas pérdidas en las posesiones argelinas. Las fiebres intermi tentes, endémicas en algunas provincias filipinas, no son allí más temibles que en los países europeos, pues con no ser muy frecuentes, ceden generalmente á los preceptos de la cien cia médica y á la traslación á lugares más sanos. Las estadís ticas necrológicas de las islas, presentan, en verdad, páginas luctuosas que entristecen el ánimo y parecen contradecir nuestro aserto; pero si la colonización de Balabac, la de Basilan y últimamente la de Joló, produjeron tantas sensibles perdidas, culpa es de las malas condiciones en que se hicie ron los trabajos y del completo olvido en que se tuvieron los más elementales principios científicos. El dia en que una acer tada dirección dió á los terrenos descubiertos suficiente exten sión y adoptó otras felices disposiciones, disminuyeron sen siblemente las víctimas del paludismo. Esto lo saben bien cuantos médicos han permanecido en aquel país, como saben y aseguran que solo en un pueblo de tanta salubridad existi rían los terribles focos de infección que rodean á la capital del Archipiélago, sin que su presencia desarrollase las más terribles epidemias. Si en cualquiera de nuestras poblaciones hubiese diez ó doce mil chinos albergados en repugnantes — 13 - habitaciones en donde son notables el desaseo y la falta abso luta de cuidados higiénicos que caracteriza á estos hijos del Asia; si existiese un barrio populoso de casas hacinadas, con escasa ventilación, donde los productos y restos de los alimen tos se arrojasen á montones á la via pública, y allí permane ciesen hasta su completa descomposición; si por último, los arrabales chinos de Manila se trasladaran á otro país menos salubre, las consecuencias serian funestísimas, y aquellos fo cos que bajo un clima tropical, pero extremadamente sano, no provocan ninguna alteración en la salud pública, se conver tirían en fecundos manantiales de las más graves afecciones. Las condiciones del clima no pueden ser más favorables que lo son en aquellas islas, donde el europeo no tiene que sufrir las consecuencias de una larga aclimatación, porque desde el momento en que se arriba á su fértil suelo se apre cian las ventajas de un país donde el organismo no sufre esa notable excitación consiguiente al cambio de latitud, pudiendo el emigrante entregarse desde luego á sus hábitos y cos tumbres, siempre que no estén en oposición con los preceptos higiénicos; la naturaleza no altera en aquel clima la norma lidad de sus funciones en los primeros años, y tan solo una abundante y saludable traspiración indica la mayor actividad de algunos órganos glandulares. Cuando la estancia se pro longa, se hace sensible la influencia debilitante del clima, y entonces el organismo presenta síntomas indudables que caracterizan un estado anémico, que no traspasa de ordinario los límites que separan al hombre sano del enfermo. Los pri meros años son, pues, los que mejor se soportan en el Archi piélago, y solo una estancia prolongada puede determinar el desarrollo de un proceso patológico que reclame la vuelta á la Península. Terminando esta sumaria indicación, dire mos que los cuidados de la higiene y un género de vida orde nado, son bastante á mantener la salud en un estado satis factorio; que los trabajos agrícolas hechos en las condiciones convenientes, no son en modo alguno perjudiciales; y por último, que recientes observaciones permiten asegurar que los colonos españoles pueden establecerse en aquellas provincias, mucho más salubres que las vecinas de Argelia. - 14 Desechadas hoy por lodos los Gobiernos las colonias peni tenciarias, cuyos malos resultados son tan evidentes, no pue de pensarse en llevarlas á Filipinas, como ha propueslo al gún autor, porque en aquel país más que en otros, seria fu nesta la instalación de esos focos de inmoralidad, que apor tarían á los sencillos é impresionables habitantes de las islas cuantioso caudal de vicios y hábitos poco conformes con el objeto que perseguimos. Las colonias militares, que en otros países reportan provecho y utilidad, no son posibles en una provincia que afortunada mente no necesita mantener sino un reducido número de sol dados peninsulares, y donde por lo tanto, habria que crear un ejército que las circunstancias no reclaman, y cuya orga nización seria siempre gravosa al Estado. Los diversos sistemas de colonización civil, hasta hoy ensa yados, han mostrado ventajas é inconvenientes no siempre bien apreciados, pero que deben tenerse en cuenta al tratarse del Archipiélago Filipino, que por las circustancias ya enu meradas carece en la actualidad de los elementos que ofrece un país rico y en que las fuentes de la prosperidad se hallan en continuo desarrollo; por esto hoy dehe adoptarse el siste ma de colonización protegida por el Gobierno, fassisleclj sin perjuicio de establecer más adelante el sistema de coloniza ción libre, funnassistcdj que es el de resultados más rápidos y seguros, como lo demuestran los Estados-Unidos y la Aus tralia, que á su poderoso influjo han visto multiplicarse las poblaciones y la riqueza pública, con asombrosa fecun didad. El dia en que la emigración española sea muy numerosa y los capitales afluyan á aquellas regiones, podrá establecerse la venta de los terrenos y las instalaciones agrícolas por grandes propiedades; entretanto, imitando lo hecho por otras nacio nes, podría crearse en la Península una Comisión de Emigra ción, encargada de dirigir el movimiento bácia nuestras pose siones oceánicas, haciendo ver al trabajador las ventajas de su nuevo destino; de fomentar las relaciones comerciales con el Archipiélago, y facilitar por medio de útiles combinaciones el pasaje del colono y su familia y la provisión de útiles de trabajo. El Gobierno, que seguiría así el ejemplo de nuestra Reina Católica, cuando daba pasaje gratuito y toda clase de recursos á los primeros colonos que arribaron áLa Española, ofrecería una prueba más de su acendrado patriotismo, ade lantando fondos que luego recobraría fácilmente; declarando la libre importación de aparatos y máquinas agrícolas; exi miendo á los colonos de todo género de impuestos en los pri meros años, y concediéndoles terrenos apropiados al cultivo. No se nos ocultan las dificultades de la empresa, pero es tal su importancia, que esperamos que el esfuerzo de todos sabrá vencerlas con ánimo decidido y íirme voluntad, pues los capitalistas y comerciantes españoles, empleando una parle de sus fortunas en la explotación de aquellos ricos veneros, alcanzarían resultados ventajosísimos para sus propios inte reses y para los de la patria. La resolución adoptada últimamente por el Sr. Ministro de Ultramar, declarando libre el cultivo del tabaco en Filipinas, favorece mucho estos proyectos, pues que el solo aprovecha miento de aquella planta, será un manantial inagotable de riqueza, esta importante medida que cubre de gloria el nom bre del Sr. León y Castillo, proporciona á nuestras provincias oceánicas un elemento de prosperidad, cuyos hermosos frutos podrán rocoger en breve plazo los que consagren sus fuerzas á esta empresa. Para la realización de nuestros propósitos, es también in dispensable el poderoso apoyo de la prensa, que por medio de sus órganos diarios puede llevar á los pueblos e) conoci miento de aquellas ricas comarcas descubiertas por Magalla nes, que como dijo Mallet, son las menos conocidas de todas Jas colonias europeas y las más dignas de serlo. Llevemos á ellas nuestros gérmenes de actividad, y encontraremos un porvenir seguro bajo un clima benigno y entre un pueblo amante de los españoles, del que no los separan esos terri bles odios de raza, cuyos resultados son siempre tan funes tos, allí tendremos bienestar, amor, riqueza, y sobre lodo, la sin igual satisfacción de contribuir al desarrollo de ese rico florón de la corona española, que admiran boy todas las naciones. Cambien el rumbo nuestros hermanos, y dirigién dose al Oriente, encontrarán en lugar de los espártales de la Argelia, abundantes frutos que le ofrecen las primicias de una — 15 — rica explotación, cjue no existe para ellos en las extensas mesetas del Tell. Concluimos estas líneas inspiradas en los más patrióticos sentimientos, haciendo votos porque nuestras humildes exci-. taciones encuentren un eco entre los distinguidos patricios que hoy rigen los destinos del país, y apoyo en la pública opinión, que contribuya á llevar á la práctica un proyecto de tanta trascendencia para nuestra querida tierra española. . I