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Democracia y honradez : comedia en tres actos y el verso

Domínguez Espejo, Cristobal

Abstract

Rúst.

Full text

DEMOCRACIA Y HONRADEZ COMEDIA EN TRES ACTOS Y EN VERSO POR DON CRISTOBAL DOMINGUEZ ESPEJO Donado á la Biblioteca. ífl^ífb'Ch'an atí r , . e'n-memoria del malog r a c ¡ o po e t a BALTASAi v?' ARTINEZ DURAR. * T MADRID IMPRENTA' DE T» FU ¡Í 't'A N F.T CA L LÉ d e ' LA LIBERTAD , JJÚ M . 29 1 8 7 5 DEMOCRACIA Y HONRADEZ ■.-'.u'JürE'i BIBLIOTECA HOSPITAL K6AL GRANADA Sala: Estante: ¿hü< i c ____ <oo Z L o s t ? ? y DEMOCRACIA Y HONRADEZ UNIVERSITARIA] DE J i a * * * / fí. l l o l * DEMOCRACIA HONRADEZ COMEDIA EN TRES ACTOS Y EN VERSO POR DOS CRISTOBAL DOMINGUEZ ESPEJO IMPRENTA DE T. FORTANET CALLE DE LA LIBERTAD, NÚM. 29 1 8 7 5 La propiedad de esta obra pertenece á su autor, y nadie podrá sin su permiso reimprimirla ni representarla en Es paña y sus posesiones, ni en los países con que baya ó se celebren en adelante contratos internacionales. Queda hecho el depósito que marca la ley. El autor se reserva el derecho de traslación. MIS QUERIDOS HIJOS No es una obra literaria de aspiraciones la que os dedico en prueba de mi paternal cariño, bajo el título Democracia y H onradez. Recibidla, pues, como un retrato exactísimo de mis ideas representadas en sus principales personajes; utilizad la parte moral que encierra; imitad lo que de noble y digno encontréis en ella, despreciando lo ridículo, y habrá conseguido su único objeto vuestro cariñoso padre. E l A utor. José. Man. José. Man. José. Man. José. Man. José. Man. José. Man. José. Man. que mi esposo me escuchara con atención. Concedido. ¡ Que magnifico marido si después no desbarrara! (Aparte.) ¡ Qué feliz soy á tu lado! ¿A los treinta años casada? ¿Y el tiempo qué importa? Nada, muchos al mes se han ahorcado. Vamos, suelta la exigencia que tienes á retaguardia de tu mismo. ¿Estás en guardia? ¡ Es muy sabia la experiencia! No es exigencia, es deber, al cual estoy obligada. Bernarda está enamorada. ¿Nuestra hija? De Jover, el viajante de la casa comercio de don Corbacho; ¡ si vieras qué buen muchacho! ¿Qué me cuentas? Lo que pasa. Es más que listo, es osado. ¡Aguarda! ¿Con que es tan listo? Figúrate, por lo visto lo sacan de diputado. Ya ves, es la gran carrera, y con su mucha osadia... ¡quién sabe! llegará el dia que se calce una cartera. Es un gran novio, ideal, guapo, buen porte, una alhaja, Y que tiene la ventaja (Con ironía), de no tener un real. Que hoy es lo más conveniente José. para poder aspirar á un gran puesto, figurar, y dormir tranquilamente. Man. Ya sabes mi relación, y sólo resta, José... José. Basta ya, basta, ya sé que esperas mi aprobación. Man. ¡Yaya que no lo conquisto! (Aparte.) José. Ni estoy por un yerno osado, ni me gusta diputado, ni lo quiero m ás que listo. Man. Muy pronto lo lias decidido. (Se levanta.) José. Aquí el que no corre, vuela, y al verte correr, Manuela, se echó á volar tu marido. Ya sé por qué mi consorte, hace tiempo, pretendía con empeño, y exigía pasar la vida en la corte. Y, si bien, de ese belen alguna cosa sabía, sin embargo, no creía fueras tú novia también. Man. Es q ue ... José. N o, si no lo extraño, que gusten á las m ujeres los novios... ¡ bab ! ¡ Que si q u iere s! fui sastre y conozco el paño. En fin, ya, como convenga, se arreglará. Man. ¡ Dios nos v alga! (Aparte.) José. Dile á Bernarda que salga. Man. Pero... José. A B ernarda que venga. (En tono fuerte.)—(Váse Manuela.) ¡ Qué mal rato nos aguarda ! ¡ Cómo ha de ser! ¡ Es preciso! al tratar de compromiso u Bern. José. Bern. José. Bern. José. tengo ([ue hablar á Bernarda. Un partido hay que escoger, y pues vejez me cobija, daré un consejo ámi hija, aunque sufra mi mujer. ESCENA II. JOSÉ Y BERNARDA (en traje corto.) Me dejó mamá recado que usted me esperaba...Si, acerca una silla, y ven y siéntate á mi lado. {Se sientan.) Estoy contigo quejoso. ¿Por qué?Confias á tu madre lo que ocultas á tu padre: á un padre tan cariñoso. Medió fatiga...Lo creo, y así me lo figuré; por eso te perdoné con la fé de mi deseo. Un padre es un fiel amigo, y no se falta al respeto, si el más profundo secreto se parte con él; conmigo debes tener confianza y consultar sin temor, que un padre todo es amor, y con él todo se alcanza. Además, voy para viejo, y aunque carezco de ciencia, tengo bastante experiencia para dar un buen consejo. Tú eres joven todavía, y no puedes conocer otro amor que el de mujer, que es un amor sin poesia. Sin embargo, serás madre, y entonces conocerás, Bernarda, y comprenderás todo el cariño de un padre. (Bernarda llora.) Mas... ¿qué es eso? ¿qué te aflige? No, no, no aspiraba á tanto; conten, Bernarda, tu llanto, tu padre así te lo exige. Bern. Déjem e usted derram ar lágrim as, son de alegría. José. Muy bien, muy bien, hija mia, Dios te las sabrá premiar. Que para el hijo obediente, el Dios justo, el Dios severo, á la vez que justiciero, es benigno y es clemente. Quiero que esas relaciones, ántes que el seso te imbuyan terminen, que se concluyan, sin pedirme explicaciones. ¿Me dás palabra? Bern. Os la doy. José. Piensa sólo en disfrutar, que no te podrán faltar aspirantes desde hoy. En busca del bien andamos casi desde que nacemos; mas tan ciegos, que no vemos que ese bien atrás dejamos. Hoy disfrutas de los goces que este pobre mundo ofrece; si asi no te lo parece, Bern. José. Bern. José Bern. José. Bern. José. es porque los desconoces. Que inventó fatalidad colocar sin distinciones, delante las ilusiones, detrás la felicidad. Nunca quise despertar en ti ciertas ambiciones; porque el lujo y las reuniones os suelen perjudicar. Trabajar con desatino fuá siempre tu educación; mas sabrás tu obligación, sea cual fuere tu destino. Vamos, esa frente hermosa levanta: asi; y ¿ cómo vamos de guitarra? ¿adelantamos? Poco. ¡ Cómo! Poca cosa. Pues vete á tu habitación y estudia; que cuando venga don Patricio, que no tenga que corregir la lección. Pediré permiso á madre. Es muy bien hecho, hija mia, y eso es una garantía que satisface á tu padre. Ya tranquilo partiré á mi viaje á Gaeta. Hecha tiene su maleta, que yo misma preparé. (Váse.) j Qué tipo de sencillez, de nobleza y de virtud! 1 Si toda la juventud fuera tal, cual ella es! Si la sociedad del dia estuviese asi montada, no fuera tan ilustrada, pero... más feliz sería. También iba yo sintiendo, aunque débil me condese. (Óyese ruido de romper platos.) ¡Jesús! ESCENA III. JOSÉ. — MANUELA que sale con brío manifestando incomo didad, y después BERNARDA. ¿Qué tropel es ese? Man. La gata, que iba corriendo tras un ratón, y lia quebrado la cazuela y una taza. José. ¡ Si tem bló toda la plaza! Man. P ues ya ves, nada ha pasado. ¿Con que al fin le trastornaste todo el plan á Bernardita? Si no fuera tan bendita. José. ¿Q ué? Man. N ada; que te em peñaste... José. ¿Con que m e empeñé? Manuela, haz por no meter la pata, no vaya á pagar... la gata (Con ironía.) las tazas y la cazuela. Man. Seguro que h a com prendido... (Aparte.) José. T u obligación desconoces; ya te he dicho que no á voces debe tratarse á un marido. Por el más feliz destino de Bernarda, trabajamos; solamente que llevamos los dos opuesto camino. Levita, y en empleado, Man. José. ya sabes que no me peta; bajo de humilde chaqueta hay más de un muchacho honrado. Un artista es siempre amable, y si aspira á posición por medio de aplicación, es doblemente apreciable. El trabajo es la honradez, y ésta, esposa, aunque te asombre, ésta es la gloria del hombre en su propia desnudez. Lo demás son vanidades, humo que se lleva el viento, figuras sin sentimiento, ilusiones, necedades. El trabajo es la virtud; el ocio, padre del vicio; la vanidad, precipicio; la política, inquietud. Vosotras, que habéis nacido para aumento de flaqueza, y que os falta en la cabeza, generalmente, un sentido, por más que no lo notáis, no es extraño que penséis lo contrario, pues no veis ni áun aquello que miráis. Pero en fin, no es conveniente riñamos á última hora; pronto la locomotora nos separa. Felizmente. (Aparte.) ¿Volverás pronto? No sé si será tarde ó temprano; si pronto cura mi hermano, pronto también volveré. Toma las llaves; van todas; Man. José. Ber n . José. Man. José. dichos. José. Bern. José. Man. José. ya sabes, economías, y nada de tonterías que dan en llamarles modas. En la mesa no haya tasa: de Bernarda... nada digo. Descuida; queda conmigo. Pues bien, tu niña y tu casa. (Bernarda desde la puerta.) Las ocho, papá. Marchemos. Di que bajen mi maleta. (ABernarda, que se retira.) Iremos á la glorieta, y allí te despediremos. Ni hay de ello precisión, ni conviene dejar sola la casa; en ella, Manola, se encierra tu obligación. ESCENA IV. — BERNARDA, que sale llorando, y BENITO, que conduce la maleta* Nada de llanto. ¿Hasta cuándo? (Lo abraza.) No sé; ya te avisaré. Que escribas. (Abrazándolo.) Escribiré. Benito, vamos andando. ESCENA V. MANCELA y BERNARDA, la primera con semblante alegre, la segunda, llorosa, recoge sus lágrimas en un paño que lle vará al hombro. Man. Aprovecha la ocasión que se presenta, Manuela; si aqui el que no corre vuela, sé tú ahora un avión. Bernarda, tira ese trapo, quítate ese delantal, que no siempre has de estar mal envuelta en ese guiñapo. Sube á tu cuarto y te viste con un buen traje, el mejor, el del dia del Señor; que bajes de Corpus Criste. Bern. ¿P ara qué esta variación? Man. Celebro al santo del dia; (Váse Bernarda.) hoy todo en casa varia; mando yo la situación. ¡ Cuántas más pobres que ella, labradoras de secano, gastan modista, piano, maestro de baile y doncella! En un tiempo mi marido me fue casi indispensable; después... así, así, pasable; mas posterior... ¡qué he sufrido! Tan sólo se ha de gastar sin llevar peso y medida, en la mesa, en la comida no hay miedo, hasta reventar. Pero nunca una fineza ni gasto en cosa precisa: si se rompe una camisa, andando va ya la pieza. Y remendando y zurciendo vamos la vida pasando; mi hija siempre trabajando, y yo trazando y sufriendo. ¿De qué nos sirve tener ese millón en dinero, cuando ni un triste sombrero se nos permite poner? Ni un mal reloj, ni cadena, lazo, cinturón, botillo, guante, quitasol, cintillo... vamos, ni simple melena! Esto es atroz, insufrible; cuando hasta las tejedoras hoy visten como señoras, vivir así no es posible. He hecho cuanto he podido; pero al padre de Bernarda, con su gramática parda, criólo Dios para marido. ESCENA VI. MANUELA. — PATRICIO, que sale haciendo las más pronun ciadas cortesías, y después BENITO. Patric. No á dar lección de vihuela hoy vengo á la Bernardita; otro objeto mi visita tiene, señora Manuela. Dispénseme si á esta hora me permito visitarla, mejor dicho, molestarla. ' . ............ . . Vw>':■ - ■ ■■■ i : • ■ ■ 7",V • - _ __ , _ ACTO SEGUNDO El mismo salón lujosamente adornado. Una mesa con recado de escribir y en ella un timbre. ESCENA PRIMERA. BENITO Y TOMASA. Tomasa. ¿Con que tan tarde vinieron las señoras? Benito. A las cuatro. Tomasa. ¿Tanto tiempo en el teatro? Benito. Ño, pero después se fueron de baile; el tiempo perdido ahora lo están desquitando; lo que me tiene temblando es la entrada del marido: esa va á ser borrascosa, no sé lo que va á pasar. Tomasa. Cuéntame. Benito. ¿Qué he de contar? Tomasa. Siéntate aquí. Benito. ¡Qué curiosa! (Sesientan.) Tomasa. Dime. Benito. Há dos años se fué nuestro amo. Tomasa. ¿El señorito? Benito. ¡ Quiá, no! El amo Joseito no admite ni el su mercé. Se marchó á ver un hermano que muy malito tenia, diciendo que no volvia hasta verlo muerto ó sano. A esa fecha no se via lujo alguno en esta casa, y tanto es así, Tomasa, que ni cocinera babia. La niña, la señorita, era la que nos guisaba, la que barría, fregaba... Tomasa. ¿Ella? Benito. Sí. Tomasa. ¡ Anima bendita ! Benito. Esa fué la educación que quiso darle su padre; mas la señora, la madre, que está por la ilustración, á fuerza de peticiones consiguió que un don Patricio, un tuno, un charrán de oficio, viniera á darle lecciones de guitarra, aquí á escondías, con maña jarabeaba, y á las dos las enseñaba á hablar y hacer cortesías. ¡Las onzas que ese Nebrija de la casa se llevaba! Y el caso es que se burlaba de la madre y de la hija. Libre aquella de su esposo, «Talegos, ¿para qué os quiero,» dijo, y gastaba el dinero... i de qué modo! ¡ Escandaloso! Yo quisiera ver, Tomasa, junto el dinero quehabia, y saber cómo cabía tanto duro en esta casa. Tomasa. ¿Y don Patricio? Benito. Lo echaron poco menos que á empujones; no sé qué declaraciones hubo, que lo despacharon. Muy honradas, ¡eso sí! La hija es un angelito; la madre... no necesito decirte... Tomasa. Dimelo á mi, que no la puedo aguantar; hay ratos que está furiosa: ¡ qué insufrible, qué orgullosa! No se puede soportar. Benito. Después, ya ves, ha adornado su casa lujosamente, y entra y sale aquí más gente que en casa de un diputado. Manda dos mil desatinos, y en tanto la ves llorando, como de risa ó hadando entre veinte lechuguinos. En cambio, en la señorita jamás se nota mudanza: ni quiere lujo, ni danza, ni le agrada la visita. ¡Qué natural! ¡ Qué obediente! ¡ Qué sencilla ! ¡ Qué sufrida ! Todo placer de la vida le es á ella indiferente. ¡Y lo bien que se ha instruido desde que entró don Severo! ¡ Buen maestro ! ¡Un caballero, qué decente y qué cumplido! ESCENA II. DICHOS Y MANUELA. Man. Muy bien, señores criados; (Selevantan.) asi, tranquilos, serenos, de tertulia, y nada ménos que ocupando mis estrados. ¡Dadme paciencia, Dios mió, para bregar con bozales! ¡Todos, todos son iguales! Benito . Oye, calla, y al avío. (Váse.) Man. Así tengo el alma frita, esto es un dia y otro dia... ¡ ni habrás ido todavía á ver á la señorita! Avisa que no recibo, y vete á cuidar mi ropa; á las cinco que la sopa esté en la mesa, anda vivo. (Váse Tomasa y Manuela se sienta.) ¡Bendito Dios! ¡ Ay, qué vida! Si es estar constantemente disgustada, y ciertamente que me está bien merecida. Hace años disfruté de mucha tranquilidad; quise más felicidad, y perdí la que gocé. Busqué lujo, ostentación, y la ostentación y el lujo á este terreno me trujo, castigo de mi ambición. Yo á mi esposo le oculté la conducta que he seguido; yo he faltado á mi marido si á sus mandatos falté. ¿Qué razón podré alegar el dia de su llegada? ¿Qué podré decirle?... Nada; sólo sentir y llorar. (Llora.) El miedo, el remordimiento, me combaten noche y dia; ni encontrar puedo alegría ni desechar mi tormento. ¿Quién podrá aliviarme, quién, en ese trance fatal? ¡Ay! que hasta sentir el mal no conocemos el bien. Me esfuerzo para buscar á mi pena distracción, mas... en vano, al corazón no se le puede engañar. ESCENA III. MANUELA.— BERNARDA en traje humilde, pero elegante, y después BENITO. Man. ¿Tan pronto te has levantado? Bern. ¡ Si es la una de la tarde! Buenos dias. (Besándola.) Man. Dios te guarde. Bern. Estás triste, ¡ tú has llorado! Man. Me siento así... un mal estar... no sé qué tengo interior, que es tanto más superior cuanto hago por desechar. Mas... nada, no te disgustes. (Bernarda toca el timbre y sale Benito.) Benito. ¿Señorita? jjEnN. A don Servando que venga al punto, volando. (Váse Benito.) Man. Pero, hija mia, no te asustes. Tal vez esta madrugada podrá ser... Bern. Sea lo que sea, con que el médico te vea tampoco se pierde nada. Llega, te pulsa, se entera y te receta á su modo; ya ves qué sencillo es todo. Man. ¿Sencillo? ¡Ojalá lo fuera! (SaleBenito.) Be n it o . ¡Qué feliz casualidad! Al salir iba pasando por la puerta don Servando. BERN. Déjanos. (Vise Benito.) (Manuela toma asiento.) ESCENA IV. MANUELA, BERNARDA Y SERVANDO. Serv. ¿Qué novedad? Bern. Mamá que está algo achacosa. Serv. ¿Y por qué así levantada? Man. Calculo no será nada. (Servando toma asiento junto & Manuela.) Serv. ¿Qué siente usted? Man. TJna cosa' interior... una tristeza... Serv. Venga el pulso: la otra mano; es cuestión de cirujano, hay que cortar la cabeza. Man. ¡Dios le conserve ese hum or! Serv. ¿Qué ha tomado esta mañana? Man. Un chocolate y sin gana. Serv. ¿ Siente usted algún dolor?... Man. Nada. (Vuelve á pulsarla.) Serv. Prepare papel. ( A Bernarda que lo prepara.) No hay miedo: son sabañones, que han salido en los riñones en vez de atacar la piel. Fácil se deja explicar esa interna desazón: claro es, si la picazón no se la puede rascar. (Le receta.) Ya dejo á usted recetado, tome de dos en dos horas su cucharada. Señoras... (Saluda.) Bern. ¿Dice usted?... Serv. Que no hay cuidado. (Váse.) ESCENA V. MANDELA, BERNARDA y después BENITO. Man. ¡ Sabañones! ¡ Cucharada! ¿Qué ha recetado? Bern. Antiestérico. (Entrega la receta á su madre que la rompe.) Man. Pues que se lo tome el médico. Bern. ¿Qué estás haciendo? Man. No es nada. Bern. Pero mamá... Man. ¿Qué, hija mia? Bern. La receta... Man. La he rasgado, eso que me ha recetado, de nada me serviría. Heridas del corazón, sufrimientos de conciencia, no los cura, nó, la ciencia, su médico es la razón. Yo sufro un tormento grande, sin ver de evitarlo el medio, que para mí no hay remedio como Dios no me lo mande. Tormento que he procurado disimular, ocultarte, porque no tomaras parte en mi humor desesperado. Bern. N o comprendo qué te aflija, ni esa desesperación. Man. i Ay, Dios! ¡ que declaración para una madre á una hija! (Benito se presenta entre bastidores sin ser visto Hace dos años y un dia... los recuerdo hora por hora, que el vano afan de señora . mis sentidos absorbía. Dile riendas á mi orgullo, y mandatos despreciando de tu padre, fui gastando un capital que era tuyo. Que en mi loca vanidad, hasta de tí me olvidé, tu dicha sacrifiqué, robé tu felicidad. (Llora.) Bern. Pero... ]\IAN. Orgullo que maldigo con todo mi corazón, que rechaza mi razón, que es hoy mi mayor castigo. Bern. ¡ Por Dios, mamá! no te aflija tal idea de ese modo; áun no lo ha perdido todo, quien tiene al lado su hija. Man. Benito. Man. Bebn. Yo venderé hasta el vestido, oros, adornos, estrado, todo lo que me has comprado, que de nada me ha servido. Yo á papá procuraré conformarlo á su llegada; yo iré á servir de criada, y mi sueldo te daré. Y si mi fuerza no alcanza á mayor necesidad, pediré al Dios de bondad, en quien cifro mi esperanza. Yo le rogaré por tí por más que inútil me crea. Bendita, bendita sea. (Se levanta y la abraza.) Mil veces bendita, sí. ¡ Qué virtud! ¡ Qué abnegación! Ni es virtud ni sacrificio; si en ello te hago un servicio, ¿qué importa mi posición? El hombre, en distinta forma, es cual gusano de seda, que en su capullo se enreda, y en paloma se transforma. Tejiendo va con gran calma hasta el fin de su partida, que es el capullo su vida, y la paloma, su alma. Y ese espíritu que alado á eterna región se eleva, ni lleva honores, ni lleva una alhaja, ni un ducado. Paloma, espíritu, vida que parte de nuestra muerte, tanto más robusta y fuerte, cual fue humilde y abatida. Consuélete esta verdad que en hacerte ver me empeño; BERNARDA Y JOSÉ. José. ¡ H’ja hechicera! (José con los brazos abiertos se dirige á su hija, y ésta al padre en el mismo ademan; de repente ella se cruza de brazos y se inclina de rodillas ante aquél.) José. ¡Qué estoy viendo! ¡Cómo así! ¡ Qué es lo que sucede en casa ! ¡ Ese silencio !... ¿qué pasa? Responde, ¿qué ocurre? Di. Bern. Que indigna me considero de su amor y su alegría. José. ¡Indigna siendo hija mia! ni lo creo, ni lo espero. Bern. Tendióme el diablo sus lazos... José. ¿Con que es decir que un traidor... Bern. ¡Nunca! Conservo mi honor. (Se levanta con valentía.) José. Entonces... ven á mis brazos. (Interin la abraza lleno de gozo, pasa Benito con la maleta). ¡ Oh! respira corazón; sea cual fuere tu pecado, mi perdón anticipado recibe, y mi bendición. ¿Qué delito has cometido? Bern. ¡Ay! soy muy criminal; una pasión infernal me descompuso el sentido. José. Habla, díme, no comprendo... Bern. Quise lucir, quise galas, y para extender mis alas á madre fui seduciendo. Sacrificios le pedia que obstinada me negaba; más yo tanto le lloraba, que al fin me los concedía. De esta manera abusando, pasó un mes y un año entero, gastando á usted su dinero, y á mamá sacrificando. Mi condición de mujer y mi falta de experiencia, de imprudencia en imprudencia me llevaban á placer. Y entre pedir y negar, y llorar y conceder, vióse mi ambición crecer * y mis caprichos saciar. Mamá se desesperaba, yo no por eso cedía; su temor la contenia, pero su amor la obligaba. Nuestra posición llegó á un estado deplorable; una sola es la culpable, y esa culpable soy yo. Tarde el daño conocí, castigadlo como os cuadre; pero... salvad á mi madre, (Afectada.) castigadme sólo á mi. No sed con ella severo, que el cariño maternal no debe ser criminal por ser grande y verdadero. Su silencio, su semblante revelan su sentimiento, que acrecenta mi tormento. José. Déjame solo un instante. JOSÉ solo. O me falta la razón, ó soy un hombre perdido. ¡ Cielos! ¡ Oh! valor te pido, no vaciles, corazón. Valor, sí, valor, prudencia. ¡ A un estado deplorable! ¡ Y Bernarda la culpable siendo la misma inocencia!... ¡No puede ser! ¡imposible! Pero ¿ante mí no se inclina y ella misma se acrimina de una manera terrible? ¿Qué creer? ¡Qué confusión! « ¡Tendióme el diablo su lazo!» Esto es luchar brazo á brazo la razón con la razón. (Dá algunos pasos descompuestos, y con desento nada voz llama á Manuela ) Manuela. ESCENA XI. JOSÉ Y MANUELA. Man. La delincuente ante ti está de rodillas. José. ¿Luego tu también te humillas y ante mi doblas la frente ? Man. José. Man. José. Man. José. Man. José. Benito José. Benito José. De todo soy responsable por ser de todo la autora; vengarte puedes ahora de la exclusiva culpable. Si ser quieres generoso, clava un puñal en mi pecho, y un gran favor me habrás hecho; vivir me es más horroroso. ¡Culpable exclusivamente! (Aparte.) Bernarda lo era también: ¿á quién castigar, á quién? ¿Quién es culpable? ¿quién miente? alzad. ¡Por Dios!.. Levantad, retiraos de mi, al momento. ¡ Entregarme á mi tormento! No ya tanta facultad. Que os vayais de aquí repito. Cruel por demás os mostráis, vivir no quiero. ¿No os vais? (Manuela obedece y se retira.) ¡Dios mió! ¿qué es esto? Benito. ESCENA XII. JOSÉ Y BENITO. ¿Me llamaba usted ? Sí, ven. Tú sabes que has merecido mi confianza, que has sido... Sí señor, lo sé. Pues bien, Ben ito . José. Ben ito . José. Benito . José. Ben ito . José. Benito . José. Benito . respóndeme con franqueza, no me ocultes la verdad; de una leve falsedad me responde tu cabeza. Dime: ¿ quién ha malgastado el capital que dejé? ¡ Dios mió! ¿qué le diré? (Aparte.) ¿No respondes? ¿Te has turbado? ¡El alma se me desgarra! (Aparte.) Pronto dilo ó te desquicio. Pues fué...¿Quién fué?Don Patricio, El maestro de guitarra. Ese tuno, que á su modo engañó á doña Manuela: de ahí salió la carretela, modas, lujo, bailes, todo. Dime, ¿y las acompañaba ? No señor, pero venia sin faltar un solo dia, como ántes, les hablaba del gran tono, de finura, de maneras, de modales, le pillaba los reales, y... ya sabe usted la pura. Eso sí, lo conocieron, y lo echaron á empujones una mañana.¡ Bribones! ¡ cómo al final me perdieron! Y... dime, ¿y la señorita? La misma, tan obediente, tan humilde, tan prudente, la misma; un alma bendita. Ni ella está por diversión, ni por lujo, ni por nada; como una monja, encerrada siempre, puesta en oración. Lo que su madre mandaba, ella al punto obedecía; si que subiera, subia; si que bajara, bajaba. Es una santa, un portento de virtud que Dios le guarda... José. Pronto, dile á mi Bernarda que venga, corre, al momento. (Váse Benito.) El corazón me decia que era imposible, imposible. ¡ Oh! ¡ sacrificio terrible! ESCENA XIII. JOSÉ V BERNARDA. Be r n . ¿Me llama usted? José. ¡Ilijamia! ya ves con cuánta razón mi perdón te anticipé, en mis brazos te estreché, y te di mi bendición. ¿Por qué á tu padre engañaste con ese cuento inventado? ¿ sin incurrir en pecado, por qué así lo confesaste ? Be r n . Pues bien, papá, perdón pido para todos; si acreedora me juzgáis, queredme ahora cual siempre me habéis querido. Mi mamá, por obsequiarme, gastó cuanto en casa habia, y por eso yo quería por ella sacrificarme. Su amor, tan sólo su amor, la causa del mal ha sido; si todo lo hemos perdido, ¿por qué conservar rencor? Evitad que más me aflija. (Afectada.) (José después de uu momento de lucha entre sí.) José. Perdonada está tu madre. Bern. ¡Oh! ¡Dios bendiga á mi padre! (Váse precipitada.) José. ¡Oh! ¡Dios bendiga á mi hija! Ella es el mayor tesoro que darme pudiera el cielo; que no se compra el consuelo que ella me presta, con oro. ESCENA XIY. . JOSÉ, BERNARDA y MANUELA, que precipitada y llorosa llega á su esposo y lo abraza; éste la recibe fríam ente, repi tiéndole con intención los siguientes versos.) José. «Toma las llaves; van todas: »ya sabes, economia.» ¿Recuerdas esto, María? Ya ves el fin de las modas. Man. Sus consecuencias toqué; ¡ bien mi delito he purgado! Bern. Pues lo pasado, pasado. José. Me basta un Señor, pequé. Y aunque viejo, todavía fuerzas para trabajar áun tengo, y para ganar vuestro pan de cada dia. Mas si el hombre está obligado su familia á mantener, deber tiene la mujer de conservar lo ganado. No olvides esta sentencia, y si un capital perdiste, aprovecha el que adquiriste, que un caudal es la experiencia. Si alguna felicidad el mundo ofrece, es escasa, y esa se disfruta en casa, si hay paz y tranquilidad. Hoy no cuentas con bastante recurso; sé más prudente; gasta conforme al presente, mirando siempre adelante. FIN DEL ACTO SEGUNDO. ACTO TERCERO La misma decoración que en el primer acto. Una mesa, y en ella una campanilla. ESCENA PRIMERA. JOSÉ solo, sentado. José. ¡ Pobre hermano, y qué sufrió ! ¡ Cuánto de verlo pasé! ¡ Con qué valor y qué fé á la muerte resistió! Mas... en vano; sucumbió. « José, me dijo, yo muero; »uno solo es mi heredero «cuando deje de existir; «mi testamento haz cumplir: «búscalo en aquel ropero. » ¡Ventura! ¡Felicidad! ¿Dónde moráis, que no os veo? ¡ Ay! tan sólo en el deseo de la triste humanidad. Muy cerca á la realidad de esa ventura llegamos, si al sueño nos entregamos; Severo. José. Severo. José. Severo. José. Severo. José. Severo. ESCENA III. JOSÉ Y SEVERO. ¿Dá usted permiso? ¡ Adelante, mi querido don Severo y amigo particular! ¿Y mi excelente educanda? (Mirando con interés á todas partes.) Está bien, ahi dentro anda. ¿La señora?... Regular. Celebro haberle encontrado en sazón para mi objeto; toda vez que es un secreto, un asunto reservado. (Con misterio.) Hace un mes que mi criada me entregó este paquetito, que su sirviente Benito, le dió con carta cerrada. Contiene una gran sortija de brillantes, esmaltada; la carta es ésta, firmada está á nombre de su hija. (Selas entrega.) Iíoy, haciendo sacabuches, entre confuso y turbado, el referido me ha dado estos dos lindos estuches, diciéndome: «Usted los guarda, » si saber más necesita, » esto es de mi señorita. » ¿De mi hija? De Bernarda. «Es secreto que le pido »no lo revele jamás; »le impondrá de lo demás »la carta que ha recibido.» ( Entrega los estuches, que con lo demás se coloca rán sobre la mesa.) El asunto, la manera, mi responsabilidad; estoy... sin tranquilidad, pues creo lo que no quisiera. Mi sospecha es muy remota, mas en parte se confirma al ver que ni esta es su firma, ni su letra, ni su nota. Como usted comprenderá, no es cosa de anda, vé y díle, y vengo á que lo ventile. José. Y que se ventilará. Severo. Con permiso, me retiro, ántes que Bernarda pueda... José. Está bien. Severo. Pues eso ahí queda. José. Le doy las gracias. Severo. Respiro. (Saluda y váse.) José. ¡Qué cosa más singular! De Bernarda en don Severo, por Benito; saber quiero... y el caso tiene que hilar. Vamos á ver de qué modo dirigimos este asunto, y si tocar puedo el punto que me lo declare todo. Lo primero que hay que hacer es ir los bultos guardando; (Los coloca en un pañuelo.) ¿podrán estarme robando? Benito... ¡no puede ser! (Váse con las cajas y vuelve.) No ha vuelto: tanto mejor; justamente así conviene; si ve algo, se previene, y ¡adiós planes! Pues señor, ya están en mi papelera donde nada han de buscar. ESCENA IV. JOSÉ, BERNARDA Y MANUELA, que con un gran rosario eu la mano , vestida de hábito y apoyada en el brazo de su hija, sale sin dejar de rez r y pasar cuentas todo el tiempo que no hable. Bern.Al fin conseguí sacar Man. á mamá de su huronera. Y ya estoy arrepentida. Ber n .¿Por qué? Man.Me entristece ver... .1 OSÉ. (Mirando á todas partes.) Pues nada de entristecer, Bern. aquí está más distraída. Sin duda, y que mutuamente José. nos iremos animando. En eso estaba pensando, Ber n . en eso precisamente. Ahora mismo me acordé de una manda que os legó mi hermano, y se me olvidó dárosla cuando llegué. ¿Será quizá su retrato? José.Justo. Bern.¿Y lo podemos ver? José.Ahora os 'lo voy á traer. (Váse ) Bern.Así se pasará el rato. Dicen que fue gran figura en talento, y lo tendría; pero... ¡qué mal lo lucia! (Vuelve José con una caja en la mano.) José. Debe estar en miniatura. Bern. ¡ Qué caja más historiada! José. Como cosa de la China; mira. üern. (Lee.) «Para mi sobrina »y mi querida cuñada.» Man. No es eso lo más corriente, y á juzgar por nuestro trato, al mandarnos su retrato nos hace un rico presente. (Con ironía.) Bern. Pero, ¡qué caja más rara! ¿No ves, mamá? Man. Muy bonita. Bern. ¡Digo, hasta su llavecita! José. ¡ Pues ahora vereis qué cara! (José abre la caja y observa el efecto que su vista produce. En ella estarán la carta doblada, cerrada la cajita con la sortija, y abiertos los dos estuches que constituyen el adorno. Bernarda disimula su sorpresa al paso que Manuela se fija en los obje'os.) Man.¡Un adorno! ¡Ay, como el tuyo! Exactamente, igualito. Jo sé .¿ Qué te parece? (A Bernarda.) Ber n .Bonito. (Con indiferencia ) Jo sé.¿Pero es igual á éste el suyo? Man.Este y aquél son iguales. José.¿Y este otro? (Le enseña la sortija.) Man.¡Caso raro! La misma piedra, igual aro é idénticas iniciales. José.Si estos son del Panamá, ¿cómo han de ser?... Man.¿ Quieres verlos? José.¡Quiá! Man.Pero ¿hay más que traerlos? Bern. José. Bern. José. Ber n . José. Bern. José. Man. Bern. José. Ber n . José. Bern. José. Bern. Son estos mismos, mamá. ¡ Los tuyos! Vaya, pues quiero si son los mismos, saber cómo están en mi poder y no en el tuyo.A un platero esta mañana he vendido este adorno. ¿Y qué te han dado? El valor que él ha pesado: cien duros he recibido. ¿Dónde están?Los tiene madre. ¿Con qué autoridad vendiste? (Bernarda no responde.) Pero hija, ¿no me dijiste que los mandaba tu padre? Es verdad; pero temi que papá no los tuviera, y porque no se afligiera pedir no quise, y vendi. ¿Y la sortija? En la Estrella Benito se la vendió al principal.¿Qué le dió? Mil quinientos dió por ella. (Momento de silencio.) Lee. (Le dala carta.) (Lee.) «Señor don Severo Quintana. Muy «señor mió: Benito le dará á| usted una » sortija, que con otras cosas que le irá en tregando, conservará en su poder con » el mayor sigilo. Es un secreto del cual no »me hablará hasta la devolución, que será » exclusivamente á su afectísima amiga, dis- »cipula y S. S. Q. B. S. M.— Bernarda » Utrera y Pulió.» Bern. José. Bern. José. José. José. Benito. José. Esta carta no es mia. ¿Pues de quién es? No lo sé. Lo sabré á fé de José, en lo que queda de dia. Retirarse al comedor el tiempo que necesito. (Vánse Bernarda y Manuela quedando la carta abierta y las alhajas visibles sobre la mesa. .Tose toca la campanilla y sale Benito.) ESCENA Y. JOSÉ Y BENITO. Dáme aquel papel, Benito. (Al llegar Benito á la mesa y reconocer los objetos se sorprende.) ¿Te dá miedo? No señor. Hoy tengo el positivismo que juegas con dos barajas: la historia de esas alhajas me refieres ahora mismo. (Benito no responde.) ¿Con silencio correspondes á esa grande confianza que en tí puse? ¿Tal mudanza pudo h a b e r? ... (Continúa en silencio.) ¿Qué, no respondes? (Sigue callando.) Pues yo te la contaré, ya que tú en callar te empeñas; y, pruebas te daré, y señas de que la sé, te daré. Ni esto en la Estrella has vendió, ni esto lo compró el platero. (Enseñándole respectivamente la sortija y el adorno.) Ben it o . José. Ben ito . José. Ben ito . José. Ben ito . Sí, señor, traje el dinero. ¿De quién? Era... ¿De quién? Mió. (Entrecortado.) ¡ Ah! ya, con que vendedor de los bienes de mi casa; y lo que tú vendes, pasa á tí como comprador? Es decir, finges la venta para sacar mas partido: está todo comprendido. Al fin se aclaró esta cuenta. Vé si con razón sospecho, y al verte turbado, al ver... No puedo más, va á saber si Benito anda derecho. Diez años cuento de estar, mes por mes á su servicio, sin más distracción ni vicio, que el sencillo de fumar. Ésto, y mi sueldo decente, me fueron proporcionando, el ir poco á poco ahorrando un año diez y otro veinte. A doscientos treinta duros ya mi trapillo montaba, cuando á notar empezaba de su casa los apuros. Esta pequeña fortuna emplearla no quería, porque en mis cálculos via una ocasión oportuna. Al fin llegó la ocasión que esa caja representa, y sin dar á nadie cuenta fui nave de salvación. De mi capital saqué José. Bern. José. de esas prendas la valía, pensé en depositaría y á don Severo busqué. Esto dió que trabajar á mi reflexión escasa, pues las faltas de la casa ni á este quise revelar. Y cuando ya discurrí lo que al caso convenia, fingí esta carta, que es mia, y aquí está lo que escribí. Ahora, si usted quiere ver cuán sin razón me aquerella, véalo aquí, que solo á ella se pudieran devolver (Enseñándole la carta.) sus alhajas. ¡Cosa extraña! Si España entera esto viera, (Aparte.) no habría uno que creyera que Benito era de España. Tal belleza encierra esa historia que me has contado, que desde hoy á mi lado tienes cubierto á mi mesa. Que esos nobles sentimientos, sólo se pueden premiar: si se hubieran de pagar áunfaltáran elementos. Hija, niña. ESCENA VI. JOSÉ, BENITO Y BERNARDA. Papaito. Aquí tienes al autor, al criado , al protector al buen amigo , á Benito. Al que dió todo su ahorro de diez años de servir, sin otro fin que acudir de sus amos al socorro. Al que dar publicidad á su honradez no quería, siendo así que hasta exponía su honor y su dignidad. Al que pondrás á comer con cubierto junto á mí, que el sér que se porta asi, servido debiera ser. Ya ves si tengo razón para hacerle distinciones, Ben ito . ¡Fortuna, no me abandones! (Aparte.) Ber n . ¡ Cuál me late el corazón! (Aparte.) José. Y ahora todo en su cajita por gratitud te regalo. Ben ito . Pero... José. No sé , tú allá, dalo. (Váse.) Benito. Pues... tome usté señorita. Bern. ¿Entonces, qué has conseguido? Benito . Todo lo que deseaba. Bern. Si mi padre te lo daba... Ben it o . Con su mandato he cumplido. « Dálo » me dijo, y lo di, ¿y á quién hacerlo mejor que al ángel que tengo amor ? Bern. ¿Túsientes amorá mí? será en caso repentino, porque el amor no se oculta. Ben ito . Pero que lo dificulta la posición, el destino. Nunca el valor suficiente tuve, que se necesita; usté era mi señorita Bern. Benito. Bern. y yo su triste sirviente. Figúrese qué martirio no liabré pasado, ocultando un amor, que fuéaumentando, hasta rayar en delirio. Mas hoy que su posición tanto pudo descender, que no dá entrada á creer que mi afecto es ambición. Hoy que orgulloso me siento al verme favorecido como estoy, hoy he querido descubrir mi pensamiento. Hacedme feliz. (Se arrodilla.) Levanta; amor siento á tus virtudes, que es, Benito, no lo dudes, el amor que más encanta. Hace tiempo que observando vengo, tu pasión ardiente, y por cálculo prudente la mia disimulando. Dáte hoy por satisfecho con esta declaración, que dar participación quiero á mi padre.¡Bien hecho! Dios haga que bien le cuadre; en su cariño confio. Su parecer será el mió. Antes que todo mi padre. (Váse.) que fué bastante crecido. Llegó, y... ¿para qué cansarte? todos vosotros sabéis... así es que no extrañareis mi reserva en esta parte; y á trueque de padecer viendo á tu madre sufrir, y de verte á tí sentir, y sacrificios hacer á Benito, yo ocultaba mi fortuna, pues creia, que á guardar aprendería así, quien ciega tiraba. Quise haceros conocer esa grande indiferencia de amigos, que en la opulencia se os llegaban á ofrecer. Ver si alguno pretendía tu mano, como esperaba, que no ambición le animaba y si amor que á tí sentía. Por estas y otras razones que no son de la ocasión, como es la contribución, las fianzas, los ladrones, etcétera, no he querido dar á luz mi capital; por que, Benito, es un mal, del cual ya estás prevenido. Esa suma ó cantidad, en cierto modo decente, destierra el inconveniente para tu felicidad. (Durante la anterior relación, Manuela se ha ido fijando en ella y distrayéndose paulatinamente de su rezo hasta caérsele el rosario sin notarlo; concluida aquella, lo recoge del suelo, lo besa y se lo guarda en el bolsillo.) Benito. José. Bern. José. Benito, José. Man. José. ¿Cuándo podré y de qué modo pagaros?... ¿Cómo pagar, si lo que has hecho es cobrar, y áun no lo has cobrado todo? ¡Permitidme que os abrace! Ya ves si te lo permito. (La recibe en el brazo derecho.} Y tú, ven también, Benito. (Lo recibe en el izquierdo.) ¡ Bendiga el cielo este enlace! ¡ Soy el hombre más dichoso que hay en todo lo criado! Dios protege al que es honrado, y te premia generoso. (Desecha la figura, José se dirige á Manuela.) ¿Y no te se ocurre nada del asunto que se trata? ¿No puede estar la beata mas que rezando ó callada? Y fijar, como fijé en tu historia la atención, sirviéndome de lección que jamás olvidaré. Son varias ya las lecciones; ya sabes que cada oveja debe andar con su pareja: lo demás son irrisiones. Que el lujo y la vanidad siempre en el orgullo abdican, y todos tres perjudican á nuestra tranquilidad. Y también tendrás presente lo que de disgustos cuesta, á todo el que no se presta á ser, cual debe, obediente. (José se dirige á Bernarda y Benito á Manuela, con quien habla bajo.) Oye, Bernarda, un momento: vas á entrar en nuevo estado, que reclama otro cuidado y un poco más sufrimiento. Sé fiel siempre á tu marido, cuida darle gusto en todo, y no olvides que es el modo de sacar mejor partido. Quiérelo más que á tu madre, derechos para ello tiene; miralo, si á mano viene, con preferencia á tu padre. (Se afecta.) A toda costa procura conservar la paz en casa, que ésta, de la que se casa es la principal ventura. Sé con él siempre obediente, siempre amable y cariñosa; en tu obligación, celosa; con la amistad, consecuente. Gasta siempre economía, aunque el dinero te sobre; nunca le digas nó al pobre que á pedir llegue, hija mia. Al triste presta consuelo y mitiga su aflicción, (Repentinamente se ilumina el escenario con luces de Bengala.) y allá va mi bendición, que es la bendición del cielo. (Bernarda se arrodilla delante, y Benito y Manuela á los costados.) ...VERSITARlM 05 J r .oinoimi'ilua s h fít oaoq «ir y •vvqríisis fsíl éS t&'.bi¡!:£ >li i: ál'; JSífOfí OÍls Blfi j - i:)3ieí). OSlH 93; ,»'i • '¡ í!¡ •' ‘ ■ - !¡Oíi ' 5fíS!:Sr )u :■• ¡ u..'.., ’.i jíjtn sib a.d o qriqijtei-. Eá .eEnain-duo.'! ¿ '■ m b tiB «I iu¡3 , ■ ;;'i ■ír : .. ■■■'■' a ■ ■ :i'i ' <ví‘.i ¡Sí HS Up S35-7Í n o . ' f a —7. / •• -v • ¡yl Ci.