El Santo Cristo de las Azucenas : tradicion granadina
Abstract
Rústica deteriorada
Full text
FRANCISCO JIMENEZ CAMPANA. DE LAS AZUCENAS. (TRADICION GRANADINA.) .Donado d la Biblioteca Universitaria de Granada*., en m em oria del m a lo grad o p o e tá T ^ C/:'TASAR MARTINEZ DÚRA
..■■waaa».. 1 ' DE LAS AZDCENAS. TRAD ICION GRAN A D INA A D. FRANCISCO JIM E NEZ C AM PAÑ A, c o n u.na, c a r t a c r ít ic a D. ANTONIO LOPEZ MUÑOZ. Donado á la BibHotsca Universitaria tío Granada, on memoria, del malo ; grad o p o eta ? \i.TASAR MARTINEZ DÚRAN
! = DE LAS AZUCENAS. TRAD ICION GRAN A D INA - é D. FRANCISCO JIM ENE Z C AM PAN A, c o n u n a. c a r t a c r ít ic a D. ANTONIO LOPEZ MUÑOZ. Donado á la Biblioteca Universitaria tía Granada, iCAloteq ,on m om ería del malo:;*;..yep,SITARIA'1 grad o p o sta zLTASAR MARTINEZ DÚR A 0 £ ■ -5-f¿ a n
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uiieivex Cauijxxñcv l.'V-.-jrj ,:f 0¿h: -MÍJ0S3 8’J! Granada y Enero 1881. fniVído i y corlanm éua ' ir Mi muy querido amigo: Por una. equivocación que -no se explica en V. sino por obra y gracia del cariño que me tiene y á que yo detodas véras. correspondo, juzga V. que puedo darle alguna luz en materias lite rarias, y me honra con la lectura de: sus trabajos poé ticos y con la demanda de mi opinión .acerca de ellos. Esto, que me complace sobremanera pdrqde, según he dicho,’ me da la medida de su aprecio, me apena al 'propio.tiempo, porque'V:, modesto como cumple á su talento y deferente1 coiho cumple á su bondad, hace dastv dé mis1 impresiones y advertencias, que si lleván la garantía dé mi buena voluntad, no pueden en modo alguno llevar la.de! acierló. 1 Peno-ten eáta ocasión, aéngóD. Francisco, me pone V. en más grave'1 apretura pidiendo que formule mi ■juicio publicamente, párá que él sirva de introducción ¡á la presente leyenda; y yó, que no puedo resistir áda tentación de cumplir su'deseo, accedo á él, aunque no:.lraga'mas . que reproducir la graóicísa anécdota-de -aquel qué iustádopor un amigo, suyo para que-hiciera su'prdsehtacion solemne en casa de unos altos se ñores,’la hizo en efecto -con. las -formalidades de-ordé- ■narjza1; y habiéndole-aquellospreguntado al terminarla, -quién -hacia la suya propia, contestó que'nadie,1 porque
-84éí se retiraba de la casa. Paes yo, mi señor D. Francis co, haré una presentación de V. y de su obi;a ai-público; que es un señor m u y encopetadoy Üéso,i sr' álguieh me dirije la pregunta del cuento, contestaré escur riendo el bulto, y ante la opinión quedará V. sin que nadie seguramente extrañe su procedencia, si atiende á sus muchos y relevantes méritos. El Santo Cristo de las Azucenas es una leyenda en la elección de cuyo asunto no ha sida V. en mi sentir muy afortunado^ Sin ser mi intención poner mano ai rada en el sagrado de la creencia, ni mi opinión con traria á la, poesia religiosa, :sino muy respetuosa la primera para con los misterios de la fé, cuya virtud no me es extraña, y muy favorable la segunda al género expresado, fuente de grandes inspiraciones, no acepto de buen gradó esas creaciones poéticas en las. cuales ni se canta un hechd puramente humano, que por serlo interese y conmueva, si es cierta la sabida frase del poeta latino, ni tampoco se remonta el vuelo á las grandezas divinas para encender lá inspiración en los resplandores de lo absoluto y purificar con sus reflejos el alma creyente. Inspira al poeta el fei.voi re ligioso y canta como Herrera, Fray Luis de León, Santa Teresa .de Jesús ó Alberto Lista; quiere ex presar los bellos sentimientos humanos que rebosan en su espíritu, y crea como Rioja, Garcilaso, Quintana ó Espronceda. Y V., mi querido amigo, que tiene gran talento poético y que por lo mismo se halla V. obliga do á rendir estrecha cuenta del empleo quede da y de los servicios que con él presta al mejoramiento.de la cultura y dé las costumbres humanas, porque la poe sía ;es un verdadero elemento de vida social que, bajo
— > 5— Ia íorma y el incentivo del recreo, lleva la savia del bien, es preciso de todo punto que tome empeños más definidos, no encerrando sus alientos en el molde del símbolo ó del prodigio para resolver conflictos, huma nos, sino tocando resortes que sean humanos también. Se. concibe que el poeta, arrobado por la idea de lo sobrenatural, le consagre un himno; pero no que planr tee una acción interesante para desenlazarla, ó por mejor decir, para cortarla con un hecho milagroso; porque lo inesparado, lo imprevisto, lo que está fuera del orden natural de las cosas, no es término lógico de un proceso dramático, siquiera tenga este forma nar rativa, ni por lo mismo interesa ni constituye un mo delo de conducta, toda vez que escapa á la previsión y á la iniciativa de la actividad libre del hombre. V. me dirá que se atiene en esto á la tradición y que por tanto no es de V. sino de la fantasía popular ese desenlace; verdad es; pero yo no acuso á V. por el desenlace, sino por la elección del asunto. Mas aparte del pensamiento y admitido ya con todas sus dificultades, en vencerlas ha dado V. una prueba cumplida de sus brillantes aptitudes. El plan es sobrio, vigoroso y fácil; la estructura gallarda, y la expresión correcta y espléndida. El canto titulado «El Mendigo» tiene un gran relieve dramático; «La tenta ción» es una balada tierna y conmovedora, y en toda la leyenda se ven, siendo este su carácter predomi nante y su mérito principal, rasgos descriptivos que no cederían en propiedad y animación al lienzo más acabado. Verdad es que se notan en la composición algún que otro descuido, algún que otro verso flojo, defectos
II. La tentación. Afino jada y llorosa Y en desmayo la esperanza, En la soledad de un huertoDoña Luz cuenta sus ansias. Acalló la noche lóbrega Y al campo sonríe el alba; Feneció el Invierno y luce La Primavera sus galas: Solo no mueren süs penas, Solo su ventura es; tarda, Porque su padre no vuelve Y D. Pedro torvo anda. Como dichas de la vida Renacen las flores gayas, Mas sus dulces ilusiones - Mustias el-dolor arrastra. Las hondas penas le dejan Flacas las fuerzas del alma, Y su pasión cobra aliento Material y se agiganta. Como encubiertos espías En ciudad circunvalada, Otras nuevas ilusiones De extrañas coisas le hablan; Y observan si sus virtudes Firmes son como murallas Y si el pesar enmohece Del noble pudor las armas.
—48— Confuso, incierto, medroso Su pensamiento divaga Y las ideas informes Discurren como fantasmas. En alas de los deseos Plañideras,,apenadas Cuitas de D. Pedro llegan Enterneciendo' su alma. Luego entre la sombra oscura De las penas, se destaca La hermosa faz de su amado Llorosa, anhelante, pálidd. Y va surgiendo, surgiendo Del mar de sus negras ansias De Avendaño la figura De gentileza bizarra. Amor brilla en sus pupilas, Ardientes son sus palabras, Los brazos abre y un grito Doña Luz del pecho arranca. Y como-.el que se-despierta De pesadilla extremada Y, el corazón palpitante, Mirando las sombras vaga; Así llena de zozobra En la tentación repara Y, libre del riesgo, esquiva A aquella sombra la cara. Nevada como su seno, Como su talle gallarda, Como su aliento olorosa, Como su cariño cándida,
Del viento que la enamora. Estremecida, arrullada, Una azucena contempla ' Doña Luz que la retrata. Y en ella la imagen viendo De su candorosa alma Como en el cristal del rio Su rostro ven las zagalas; Iluminados sus ojos Por la luz de la esperanza, Como á cariñosa amiga A la azucena le habla. —Flor de mis penas testigo Y bañada con mis lágrimas, Fragante copo de nieve, Azucena delicada; Virgen que á Mayo enloqueces, Cáliz, donde se embriaga, Riesgo corre tu hermosura En mi huerto solitaria, Ven á esparcir tus perfumes Y á ostentar tus ricas galas Del Hacedor de, este mundo Ante la imagen sagrada; Que asi en el cielo losángeles Cantando sus alabanzas Llenan los celestes ámbitos De las notas dp sus arpas. Ven, porque.contigo quiero Dejar la flor de mi alma, Hasta que mi padre vuelva, De un altar sobre las aras.
Dios-tendrá allí mi 'pureza De D. Pedro custodiada', Como con-vallas dé arena Del mar las iras quebranta.— Y esto Dona1 Luz diciendo, Cortó la azucena cándida Y el rostro de ángel velando Con tocas negras y-amplias, Con Doña Cuiorrtar, su dueña, Salió, donosa lapada, Con lágrimas en los ojos É incertidumbre en el alma. eoadflyjífoel ene ob III. atiben Dudas. ‘KÍrnon 'ion. lioibcii «gJ •maoqc Y bfílcftnfisn a nriob <03 i 7 faJj’jOfl &(-t • lOr.'l;) V?. , aeJocn añil aooh eos Y “ cíOZOll Iba la noche teádtendo Su manto de pardas nieblas Sobre la luz del crepúsculo Q u e y a moribunda tiembla, Y un apuesto caballero, Que calza ¿tobada .espuela, Del alto Albaicin cruzaba Las enredadas;callejas. Su estoque -de guardamano Miran los bravos; las dueñas Su semblante,,o$a«a> apostura Las tcmcrosas.doncell'as. Y su figura bizarra Al perderse ©nías-revueltas Dulces miradasiy envidias Y maldiciones seHéva-.- ,,: ; ' íj!<
-1U - Mas él no escucha el mormullo Que levanta su presencia Y sigue su mareha, impávido Como unamstátua de piedra. Y cuando, la tarde espira Y las sombras se condensan, Ante una casa moruna Párase, silv.a, y espera. J.a casa de DarulbayduLleva esta morada regia Por nombre, si son verídicas Las tradiciones añejae. Y apesar de sus techumbres Ensambladas, sus chñefas Y sus doradas paredes De hojas y nexos cubiertas, Su gracioso alicatado, ii Sus motes de árabes letras i i t 8 Y sus ricos ajimeces, d ü S Un cristiano vive, en ella. ij í j Q Cristiano noble, que puso, 5 Í1ÍJ Y Como de victoria en muestra vico ■ onQ Sobre las puertas de nácar oilfí íoG Sus armas y sus empresas. vino e á l Cristiano que aquel harén J39 rj¿¡ Tornólo cuasi en iglesia, OÍ í'rjm M La cruz sagrada de Cristo CfíTíOr3 Í J ? . Levantando por doquiera. m o l »c J Y que trocó el alboroto í! 03 Y De las zambras deshonestas q ,ÍA Por las ardientes plegarias, TI r.o:M ud Que su hija á Dios eleva? •nfiíV m Y
io4 i Y —17— Porque es noble y es cristiano Añejo D. Gil Valbuena Y si en el noble repinto - De esta asiática vivienda Es Doña Luz la que mora, Avendaño es quien la espera. Los pasos acelerados, Las puertas que abren ó cierran, Algún pájaro que busca De aquellos muros las grietas, El viento que gime vago, Todo en su pecho resuena Con la voz de la esperanza, Al alma poniendo alerta. Mas en vano, nadie asoma Por aquella oscura reja A hacer dia de su noche, Y D. Pedro se impacienta. Nueva esperanza en su pecho noqése sjiü i’Q ' •vr>LlfeiTARlA'' .o r AEl amor inmenso crea Y en la marcha de la luna Pone el término á sus penas. Mas la luna por el cielo Camina plácida y lenta, 7! T Se esconde entre pardas nubes Y deja en sombras la tierra. Torna á aparecer de nuevo, Blancos celajes ahuyenta, Pero Doña Luz no viene Y el galan se desespera. En el mar de sus amores Esta ciega calma eterna o . ir, ■ ■ ■ /
—13 — Pone rrtiedOéétbsu airotdaltiva Y negras dudas le asedian. ¡Si matando súJ esperanza:; Y desdeñando sus penas1 Doña Luz habrá eseojido i La soledad de una^éelda! ¡Si el aparente desvio Que algunas veces la muestra Habrá engendrado.en su pecho La glacial, indiferencia! ¡O si un mal fiero, atrevido Más que su pasiónextrema Habrá tocado su frente Y en el lechó estará enferma!1 : • / i ¡O si la muerte impasibleEn su vida habrá ¡hecho presa ¡ Y mientras él duda loco Ella en el cielo le espera! Mas una sombra indecisa Se acerca muda á la reja; ■ ¡Ya el sol disipa sus dudas! ■ ¡Afuera el pesarlMiEs-mlla! 1 —Aurora de mi ventura. De mis ojos hechicera, Dulce imam del alba mía, Cielo de dichas süprem'aspnit.o ■’.> ' En la noche ¡de mis duelqs ¡ Ven, hermosa^íyiialborea, >¡uíoo .::L Dame á beber los hechizos De tus miradas serebas: ; ^ ' En las borras cas í del ¡al m m lo r:H Norte mió, no té>¡pierdas;
-19Ángel de este paraíso Abre ó guarda tú sus puertas.— Del ñero volcan hirviente, i Que en sus entrañas se encierra, Roto el cráter por el fuego, Así D. Pedro se expresa, Mientras vehemente aprisiona, Entre las suyas de atleta Blanca mano que un: billete Perfumado le presenta. —Soltad, soltad, atrevido 1 lofí Y cuidad que soy doncella— a jjí e(f Con voz chillona,y cascada si h ó i 7 Dijo la dama encubierta. ¡v ni i i Y dejando aquella mano Tí Como quien vívoras suelta, íü yin / Furioso bramó D. Pedro: iboi nd — ¡Ira de Dios! Es la dueña. r.i>¿[ IV. i Ü« 101 El mendigo. oso ¿ V Apretando entre sus dedos El billete misterioso e.clTc: Y hundiendo el rostro iracundo ibcq ilL De la capa en el embozo, ojo auT Como quien se siente herido Gil fIO.il/. Y busca remedio pronto >IJií iO'l Alejóse de la reja oioinQ De ver la carta ganoso. opa 11 i1'. Y cruzando de las calles ¿ .oiij'í Aquel laberinto lóbrego i'joua9ÍI
-20— De improviso el tibio rayo De una luz le hirió en el rostro. Era la luz de una lámpara, Que (br una ermita en el fondo Ardía, y su llama ténue Medio alumbraba él contorno. Quedóse D. Pedro inmóvil, En la luz fijos los ojos, Con una idea luchando O atrevido ó receloso. Por fin llegóse á la puerta De la ermita, miró y solo Vió á la entrada murmurando Á un viejo menesteroso. Entróse, fijó en el suelo, Ante un Cristo muy devoto, La rodilla, y á la luz Esta carta leyó ansioso: »D. Pedro, creo en tu amor, Mas tengo á tus ansias miedo, Y á escudar voy mi pudor En lucha con el dolor, Ya que centra tí no puedo. »Hasta que torne de Oran Mi padre,'la reja-sola Tus ojos encontrarán, Mientras, mi amoroso afán Por nuestra dicha se inmola. Quiero darte el corazón i > Si llego á ser tu velada, : Puro, sin que la ilusión Recuerde con aflicción •
-2 1 - Ni una caricia vedada. Con una blanca azucena Mi pudor puse en resguardo Ante el Dios que el mal enfrena, Mas sé que no he de ser buena, Si yo también no mé guardo. En vano de tu hidalguía El noble respeto invoco, — Que estás loco—es tu manía, Loco estás y no se fia Mi honor de hablar con un loco. Que en luengas noches agravios Intentó tu amor vehemente, Que trae de otro amor resabios Y tus suspirantes labios Sentí cerca de mi frente. «Espera, pues; yo te juro Que cuando torne de Oran Mi padre, soy de seguro Tu velada y mi amor puro Premiará tu noble afán. »En tanto, cual la azucena, Que puse al pié de la Cruz Del Dios que los cielos llena, Vivirá á tu vista agena Solo para Dios Tu Luz.» — ¡Maldición!— rugió D. Pedro La carta arrugando torvo; Y en este punto el mendigo Plañidero y clamoroso Con voz apagada y lenta
!j;iy«S o! sai soiü; '■ ■ibnq ur!¡~ F-li' yi<l •:iW ;uMt;!,njv / óln,'.l ',üiJmt> Jo o'iJüo ' rOÍjfíStfdA Bí10 íidh;Y üb .hi Ob: i í ii Og i G Y ;[. (i,loi¡.'¡;q rj8 /, BiortSKo-iij no i■ olMaobfil. I '•>■■:! Jü ,[ (_• í M ÍJÍJ A ’• y I ( .'-'Vi-1 ; ¡i il i Ir. A S.OSd’KI r.ui ■-.■l': ! ' p s i b Y , Ü "O Y ,j;fcoqao hjij suJ íj ol' ií /'! £• ? ic-j )0 SJJJ'/ÍO*! r,¡ i¡uó oiqi '/ -'■¡.itjHO y.¡;I .¡.i.u.yíüo Y dí)í.-i.>ci-,-:j,i£? oh j i o :(I uoud Í'A .«gomo-;!'] «ti,¡ oíos áloiCI iioijioifi ; (I t rjiíino i.l no anp 7 v y •- - f : -.jiíIíjU}*Yi f l 0 ¡ J iy íi ' ■i ■ •'i.Jiío o ü j j Y iCjnaiiiiJsov' Bso[;jf noD eooaóJíio jJj-oh tmp ijjJo&no 7 c ' ¡ioouoJj cíbI íicn;¿3Í:i o Y : • " y, sib , i «: iOO'i'ío o<F , - • ■ p.B ; -i'i:) JA . !; F ;.-r. / oh o id urts’l0 AOr.’ Mir/í'-] f 'V;<T '>!> .( •• l';rfJ! j; ' .. f , : !.; i;i . V,J 1 : : i ■-»»« ‘*'i y. . •: - r . , ' /: wj t • • ,,11-, V (i) '19TWH rffiOíih /
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